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El Bello Evangelio Que
Permite Que El Espíritu Santo More En Los Creyentes
< Isaías 9:6-7 >
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos
es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable,
Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de
su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre
su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde
ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”
¿Qué es lo que permite al Espíritu
Santo morar en los creyentes? |
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El bello evangelio del agua y el Espíritu |
Para recibir el Espíritu Santo, necesitamos
tener fe en el evangelio del agua y el Espíritu. A nuestro Señor se le
conoce como: Maravilloso, Consejero, Dios Poderoso. Nuestro Señor se refirió
a Él mismo como el camino al Cielo. Jesucristo presentó a todos el don
del bello evangelio.
En este mundo, hay muchas personas que todavía
viven en la oscuridad sin embargo. Ellos intentan escapar de esta oscuridad
pero debido a que no conocen el bello evangelio, nunca pueden escapar
de sus pecados. En cambio se marchitan por sus creencias en las doctrinas
falsas. En contraste, para aquellos que buscan la verdad, ellos encontrarán
el bello evangelio y vivirán el resto de sus vidas llenos de las bendiciones
de Dios. Yo creo que es una bendición especial de Dios que me permita
ayudarlos a encontrarse con el bello evangelio y que sean limpiados de
sus pecados.
Por lo tanto la libertad del pecado sería
imposible sin Su bendición. Si nosotros hemos conocido al Señor y hemos
recibido el Espíritu Santo entonces nosotros somos muy bendecidos. Lamentablemente,
mucha gente no está consciente que la bendición de Dios proviene de la
fe en este bello evangelio.
Dios está bendiciendo los resultados de
creer en el bello evangelio que se nos fue dado por Jesucristo, Su Hijo
unigénito. Jesús es el que nos salva de los pecados del mundo y nos bendice
con Su misericordia. Nadie mas puede salvarnos de nuestros pecados y nos
ayuda a borrar la culpa en nuestros corazones. ¿A quién le sería posible
salvarse de sus propios pecados y del dolor de la muerte eterna?
Dios nos dice, “Hay camino que parece
derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16:25).
Las personas establecen sus propias religiones y se conducen hacia la
destrucción y muerte. Muchas religiones se jactan de que ellos dan énfasis
a la justicia y muestran sus propias maneras de salvar a las personas
de sus pecados, pero es sólo es posible mediante el evangelio del agua
y el Espíritu que nuestro Señor nos dio, que podemos salvarnos de todos
nuestros pecados. Sólo Jesús es el Salvador que puede salvar a los pecadores
de sus pecados.
En Juan 14:6, nuestro Señor dijo, “Yo
soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por
mí.” Él dio Su propia carne y sangre a aquellos en su camino a la
muerte. Él también se refirió a Él mismo como el camino, y la verdad,
y la vida. Dios dice que si uno no cree en el bello evangelio de Jesús,
el tal no puede entrar en el Reino de Cielo.
Nosotros debemos creer en el evangelio del
agua y el Espíritu, ser perdonados de nuestros pecados y creer que Él
es nuestro Salvador para entrar en el Reino de Cielo.
¡Una vez en antiguo Israel!
“Aconteció en los días de Acaz hijo de
Jotam, hijo de Uzías, rey de Judá, que Rezín rey de Siria y Peka hijo
de Remalías, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para combatirla;
pero no la pudieron tomar” (Isaías 7:1).
Israel era originalmente una nación. Sin
embargo, Israel se dividió en sur y norte. El templo de Dios estaba en
Jerusalén de Judea del sur dónde Roboam, el hijo de Rey Salomón, gobernó.
Después, Jeroboam, uno de los siervos de Salomón, estableció otra nación
en el norte y entonces Israel se dividió. De ese tiempo en adelante, la
fe en Dios se deterioró. La deterioración de la fe se volvió la fuente
de las religiones heréticas de hoy. Jeroboam así se volvió el creador
de los herejes. Él enmendó la ley de Dios debido a que necesitaba conservar
su trono y por consiguiente, se volvió el padre de los herejes. Él creó
una religión diferente para su pueblo en Israel, el Reino del Norte. Inclusive
él intentó invadir Judá, en el Reino del sur. Casi pasaron 200 años, y
las relaciones entre los dos reinos no cambiaron.
Sin embargo, Dios habló a través de Isaías,
“Ha acordado maligno consejo contra ti el sirio, con Efraín y con el
hijo de Remalías, diciendo: Vamos contra Judá y aterroricémosla, y repartámosla
entre nosotros, y pongamos en medio de ella por rey al hijo de Tabeel.
Por tanto, Jehová el Señor dice así: No subsistirá, ni será. Porque la
cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rezín; y dentro de
sesenta y cinco años Efraín será quebrantado hasta dejar de ser pueblo.
Y la cabeza de Efraín es Samaria, y la cabeza de Samaria el hijo de Remalías.
Si vosotros no creyereis, de cierto no permaneceréis” (Isaías 7:5-9).
En ese momento, Dios profetizado a través
de Isaías al Rey Acaz, pero el rey no tenía fe en Él. Acaz estaba sumamente
angustiado de que él ni siquiera podría ofrecer resistencia contra el
ejército de Siria, pero oyendo acerca de la invasión de Siria e Israel
en alianza con algún otro, él se estremeció de miedo. Pero el siervo de
Dios, Isaías, vino a él y le dijo, “En menos de sesenta y cinco años,
Israel norte será desecho. Y la mala conspiración que los dos reyes han
planeado nunca se hará realidad.”
El siervo de Dios le dijo al Rey Acaz que
buscara una señal de Dios. “Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola
ya sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto” (Isaías 7:11).
“Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos
a los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios? Por tanto, el Señor
mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un
hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:13-14). Ésta fue Su profecía:
Que Él salvaría a Su pueblo de sus pecados.
¿Quién es el enemigo de Dios?
El enemigo de la humanidad es el pecado
y el pecado es originado por Satanás. ¿Y quién es el Salvador de nuestros
pecados? El Salvador no es nadie más que Jesucristo, el Hijo de Dios.
El hombre fundamentalmente tiene debilidades de la carne y por consiguiente
no puede sino cometer pecado. Él está bajo el poder de Satanás. Una gran
cantidad de gente todavía visitan a adivinos e intentan vivir sus vidas
exactamente como estos falsos profetas les instruyen que lo hagan. Ésta
es la evidencia directa de que ellos están bajo el mando de Satanás.
El Señor dio a Isaías la evidencian de la
salvación, diciendo que una virgen daría a luz un niño y lo llamarían
Emmanuel. Fue el plan de Dios enviar a Jesús en semejanza de carne pecadora
de hombre y hacer que Él salvara a los pecadores de la opresión de Satanás.
De acuerdo con la profecía, Jesús vino a este mundo para nacer como hombre
de la Virgen María.
Si Jesús no hubiera venido a nosotros, nosotros
todavía estaríamos viviendo bajo el reino de Satanás. Pero Jesús vino
a este mundo y fue bautizado por Juan y murió en la Cruz para darnos el
bello evangelio que salvaría a todos los pecadores de sus pecados. Por
lo tanto, muchas personas creyeron en el bello evangelio, recibieron el
perdón de sus pecados y se volvieron hijos de Dios.
Aun hoy día, muchos teólogos arguyen acerca
de si Jesucristo es Dios u hombre. Los teólogos conservadores dicen “Jesús
es Dios,” pero los Nuevos Teólogos se retuercen sosteniendo que Jesús
era el hijo bastardo de José. ¡Eso es una aserción lamentable!
Algunos Nuevos teólogos dicen que no pueden
creer que Jesús tenía la habilidad de caminar sobre el agua. Ellos dicen,
“Jesús realmente caminó en sobre una pequeña loma bajo el agua sobre el
horizonte y Sus discípulos, viéndolo de lejos pensaron que Él estaba caminando
sobre el agua.” En los tiempos actuales, Doctores de la Divinidad que
pertenecen a la Nueva escuela de Teología no son del todo grandes hombres
de la teología. La mayoría de ellos escogen creer lo que ellos pueden
comprender en la Biblia.
Para dar otro ejemplo, la Biblia dice que
Jesús alimentó a 5,000 personas con dos peces y cinco barras de pan. Pero
ellos permanecen muy escépticos con respecto a este milagro. Ellos lo
explican en las condiciones siguientes. “Las personas eran seguidoras
de Jesús y estaban hambrientos hasta la muerte. Así que Jesús les pidió
a Sus discípulos que reunieran toda la comida sobrante. Entonces un hijo
le dio su comida, y todos los otros adultos estaban emocionados y sacaron
su propia comida. Así después de que ellos habían reunido toda la comida
y habían comido, doce quedaron de sobras.” Este tipo de teólogos simplemente
intentan hacer que la Palabra de Dios encaje en su propia y muy limitada
comprensión.
Creer en la verdad de Dios es simplemente
tener fe en el bello evangelio que Dios dio. La fe no significa creer
en cosa sólo porque parece tener sentido sino creer en algo más allá debido
a que no lo parece. Si podemos comprenderlo o no, debemos confiar en Él
y aceptar Sus palabras tal y como está escrita.
El hecho de que Jesús vino a nosotros como
el Hijo del Hombre significa que fue enviado a salvarnos de todos nuestros
pecados. Jesús quien es Dios vino a esta tierra para salvarnos. Isaías
había profetizado que Él vendría a nosotros como el Hijo del Hombre, nacido
de una virgen.
En Génesis 3:15, el Señor Dios dijo a la
serpiente, “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente
y la simiente suya; Ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el
calcañar.” Esto significa que Dios había planeado enviar a Jesús,
en la apariencia de hombre, como nuestro Salvador para salvar la humanidad
de sus pecados.
¿En la Biblia, está escrito, “¿Dónde
está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que
el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.”
(1 Corintios 15:55-56). La picadura de muerte es el pecado. Cuando
un hombre peca, la muerte le hace su esclavo. Pero nuestro Señor prometió,
“La simiente de la mujer aplastará su cabeza.” Esto significa que Jesús
destruiría la picadura del pecado que Satanás trajo.
Jesús vino a este mundo, fue bautizado para
llevarse todos nuestros pecados y fue crucificado y juzgado por ellos.
Él salvó de sus pecados a todos aquellos que creen en el bello evangelio.
Cuando Adán y Eva pecaron, Dios prometió salvar a la humanidad del poder
de Satanás. En el mundo moderno, el enemigo de Dios son aquellos que no
creen en el bello evangelio.
¿Por qué Jesús nació en este mundo?
Dios nos dio la ley y el bello evangelio
para salvarnos de nuestros pecados. Bajo la ley de Dios, las personas
se volvieron pecadoras en Su presencia. De la misma manera, la ley fue
dada para que las personas pudieran llegar a conocer sus pecados. Cuando
las personas se volvieron esclavas del pecado y de la propia ley, nuestro
Señor vino a este mundo para cumplir los requisitos justos de la ley.
Jesús nació bajo la ley. Él nació en la
época de la ley. La razón por la que las personas necesitaron la ley fue
porque ellos necesitaban reconocer sus pecados para recibir el perdón
por ellos. Las personas sólo limpian la suciedad de su ropa cuando ellos
se dan cuenta que están sucias. De la misma manera para reconocer sus
pecados, las personas deben conocer la ley de Dios. Si no hubiera ninguna
ley, no habría ningún pecado, y Jesús no habría tenido que venir a este
mundo.
Si usted conoce la ley de Dios, entonces
usted tiene una oportunidad para conocerlo. Nosotros conocimos la ley
y por consiguiente pudimos aprender sobre nuestros pecados. Sólo después
de que nosotros conocimos nuestro pecado Jesucristo nos trajo el bello
evangelio para creer en él. Si Dios no nos concediera la ley, entonces
nosotros no seríamos pecadores y el juicio no existiría. Así, Dios nos
dio la ley y nos presentó al bello evangelio para salvar a todos los pecadores
de sus pecados.
La ley que debe existir entre el Creador
y Su creación es la ley de la salvación de Dios. Ésta es la ley del amor.
Dios le dijo al hombre, “mas del árbol de la ciencia del bien y del
mal no comerás” (Génesis 2:17). Ésta era la ley que Dios nos concedió,
y la ley se volvió la base del amor con que Dios nos salvó de todos nuestros
pecados. La ley de la salvación tenía su fundamento en el perdón de nuestros
pecados. Dios nos dice que Él es nuestro Creador y que todo vino a existir
según Su voluntad. Esto significa que Dios es el Ser Absoluto y que las
personas deben creer en la ley de salvación que fue cumplida a través
del bello evangelio.
El Dios Absoluto es completamente bueno.
El amor de Dios para este mundo lo incitó a sacrificar a Su Hijo unigénito
que se volvió el Salvador de todos los pecadores. Si Dios nos creó y no
nos hubiera dado el bello evangelio para salvarnos de nuestros pecados,
nosotros habríamos levantado quejas contra Él. Pero Dios quiso salvarnos
de nuestra propia destrucción y por consiguiente estableció la ley de
la salvación. Debido a que gracias a la ley, pudimos comprender nuestros
pecados y mirarlos directamente, empiece a creer en el bello evangelio
de Jesús. Cuando nosotros violamos la Palabra de Dios, nos manifestamos
como pecadores ante la ley, y después todo los pecadores nos arrodillamos
para rogar por Su misericordia de perdón de pecado ante Dios.
Jesús nació de una mujer y vino a este mundo
para salvar a la humanidad del pecado. Jesús vino a este mundo como hombre
para cumplir el plan de Dios para nosotros. Nosotros creemos en Su bello
evangelio. Por consiguiente, nosotros alabamos al Señor.
Algunos se quejan, ¿“Por qué Dios me hizo
tan frágil que caigo en el pecado tan fácilmente y he sufrido tanto por
mi mal?” Pero Dios nunca quiso que sufriéramos. Él nos permitió sufrir
debido a que éramos escépticos acerca del evangelio de Jesús. Dios nos
dio ambos, el sufrimiento y el bello evangelio para que tuviéramos el
mismo poder como Él como Sus hijos. Éste fue Su plan.
¡Pero los demonios dicen, “No! ¡No! ¡Dios
es un dictador! Prosiga y viva como usted lo desea. ¡Sea independiente!
¡Hagan sus fortunas a través de sus propios esfuerzos!” Los demonios también
intentan bloquear la creencia de la humanidad en Dios. Pero los que escogen
vivir aparte de Dios son barreras para Su para la salvación. Jesús vino
a este mundo y llamó aquellos que están bajo el poder de Satanás a renunciar
a sus pecados. Nosotros no debemos vivir apartados de Dios.
El hombre nace siendo pecador destinado al Infierno.
No hay verdad en esta tierra que no cambia.
Pero el bello evangelio de Jesús es la verdad inalterable. Por consiguiente,
las personas pueden depender de esa verdad y pueden ser liberados del
poder de Satanás. La humanidad heredó los pecados de Adán y Eva y sin
la intervención de Cristo se condenaría al fuego del Infierno. En cambio,
gracias a Su sacrificio, el hombre fue bendecido con el poder volverse
un hijo de Dios. “Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora
en angustia” (Isaías 9:1). Dios envió a Su Hijo a este mundo y glorificó
a aquellos que creen en la bella salvación.
“El pueblo que andaba en tinieblas vio
gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció
sobre ello” (Isaías 9:2).
Hoy, esta palabra se hace realidad en usted
y en mí. Creyendo en el bello evangelio, nosotros fuimos bendecidos con
la vida eterna que no podemos llevar en esta tierra. Jesucristo salvó
la humanidad de todos los pecados del mundo y a aquellos que creen en
el bello evangelio, les dio la vida eterna y el Reino de Cielo.
Él derramó la bella luz del evangelio sobre aquellos que
no tenían esperanza
El hombre es como la niebla, existe durante
algún tiempo pero pronto desaparece de este mundo. Su vida es así, como
las plantas anuales y la hierba. La hierba retiene su fuerza de vida por
sólo unos meses durante el año y desaparece según la Providencia de Dios.
Todo es vanidad en nuestras vidas sin sentido como esa hierba. Pero Dios
dio el bello evangelio a nuestras almas exhaustas y con Su justicia, nos
hizo Sus hijos. ¡Esto es una gracia asombrosa! Nuestras vidas sin sentido
se volvieron en vidas eternas gracias al amor de Dios y nosotros también
fuimos bendecidos con el derecho para ser hechos Sus hijos.
He aquí la confesión de un alma que fue
bendita con la gracia de Dios creyendo en el bello evangelio.
“Yo nací en una familia que no creyó en
Dios. Por consiguiente, yo pensé lo bonito que era para mi madre orar
a los dioses del cielo y tierra por el bien de mi familia todas las mañanas
con un cuenco de agua delante de ella. Como yo estaba creciendo, no conocí
el valor o la razón de mi existencia que me hizo creer que no importaba
realmente si yo vivía o me moría. Debido a que yo no me valoraba, yo viví
en la soledad.
Este tipo de vida me agotó así que me apresuré
a casarme. Mi vida matrimonial era buena. Yo no tenía nada más que desear,
así que yo viví una vida tranquila y serena. Entonces tuve un hijo y desde
ese tiempo descubrí que el amor comenzó a aparecer en mí. Empecé a perder
mis deseos egoístas y también temí la pérdida de aquellos que estaban
cerca de mí.
Así, empecé buscando Dios. Yo era frágil
e incapaz y por consiguiente, necesitaba que un Ser Absoluto guardara
a mi amado. Así que yo empecé a asistir a la iglesia pero mi fe era poco
diferente a la de mi madre cuando ella oró delante del cuenco de agua-
mi oración sólo se basaba en los vagos temores y esperanzas.
Una vez, asistí a una pequeña reunión de
la iglesia local y mientras yo estaba orando, las lágrimas empezaron
a caer de mis ojos. Sentí vergüenza e intenté detener el llanto, pero
las lágrimas continuaron. Las personas alrededor de mí pusieron sus manos
en mi cabeza y me felicitaron por recibir el Espíritu Santo. Pero yo estaba
descarriada. Yo ni siquiera estaba familiarizada con la Palabra de Dios
y mi fe en Él sólo era vaga, tanto que yo no tenía confianza que esta
fuerza fuera del Espíritu Santo.
La iglesia a la que yo asistí estaba asociada
con el Movimiento Carismático Pentecostés, y muchos tenían experiencias
como las mías y casi todos hablamos en lenguas. Un día, fui invitada a
una reunión de reavivamiento guiada por un pastor que las personas decían
estaba lleno del Espíritu Santo. El pastor reunió numerosas personas en
la iglesia y dijo que Él sanaría a alguno de sinusitis ya que estaba en
sus poderes espirituales el hacerlo. Sin embargo, yo pensé que la sinusitis
era una enfermedad fácilmente sanada en los hospitales, yo estaba más
interesada en saber cómo él había recibido el Espíritu Santo. Después
cuando que el pastor parecía tener éxito en sus esfuerzos de sanidad,
empezó a alardear que él podía predecir si un estudiante de la escuela
secundaria tendría éxito o no en su examen para ingresar a la universidad.
Muchas personas alabaron sus poderes como si estos vinieran de Dios.
Sin embargo yo no podía entenderlo. Y yo
no podía decir que el poder que el pastor tenía, tenía algo que ver con
el Espíritu Santo. Yo pensé que no era importante si él podía sanar la
sinusitis o predecir a alguien si tendría éxito en un examen o no. Así
que, yo no podía tomar sus milagros como obra del Espíritu Santo.
El poder y amor de Dios que yo tenía en
la mente eran diferentes de lo que yo vi. Por esa razón, dejé de asistir
a esa iglesia y evité a las personas que creyeron en los poderes del pastor.
Después de eso, yo asistí a una iglesia tranquila, que escogí debido a
que creí que se daba más énfasis a la Palabra de Dios. Ahí aprendí de
la ley y a través de ella supe que yo era muy injusta. Dios se volvió
el objeto de mi temor y aprendí que yo no podía parecer honorable en Su
presencia y que Su Espíritu parecía estar rechazándome.
En Isaías 59:1-2 está escrito, “He aquí
que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado
su oído para oir; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros
y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro
para no oír.” Esto parecía encajar en mi situación. Era imposible
para mí volverme Su hija y recibir el Espíritu Santo debido a que todo
lo que yo hice o pensaba era pecado.
Yo temí a Dios y consistente hice oraciones
de arrepentimiento. Nadie me dijo que lo hiciera, pero yo quería ser honorable
delante de Dios. Debido a que yo era pecadora, ofrecí aun más seriamente
mis oraciones de arrepentimiento. Pero estas oraciones no lavaron mis
pecados. Todos lo que yo hacía era para mostrarle mi sinceridad y mis
pensamientos así que mis pecados todavía estaban en mí. En ese tiempo,
empecé a quejarme contra Dios. Yo deseaba ser perfecta a Sus ojos pero
yo no podía, así que mis quejas y pecados se me amontonaron.
Durante este tiempo de confusión religiosa,
mi padre recibió un golpe. Él sufrió durante 40 días en las salas de operaciones
y camas de hospital antes de que él falleciera. Y no pude orar una sola
vez por mi padre. Yo era una pecadora, así que yo pensé que si oraba por
mi padre, su dolor sólo empeoraría. Me apené por mi falta de fe y deseé
seguir a Dios pero no pude, así que continué quejándome y me alejé de
Él. Mi vida religiosa acabó así. Yo pensé si yo creyera en Él, Su Espíritu
moraría en mí y yo encontraría paz, pero ése no era el caso. Después de
eso, mi vida se fue más aun sin sentido y yo viví en el miedo e infelicidad.
Pero el Señor no me abandonó. Él me encausó
a conocer a un creyente que había recibido el Espíritu Santo de verdad
a través de la Palabra de Dios. Yo aprendí de esta persona que Jesús había
tomado nuestros pecados a través de Su bautismo por Juan y que Él se había
sido juzgado por ellos en la Cruz. Por consiguiente, todos los pecados
de este mundo, incluyendo los míos, fueron todos perdonados. Cuando yo
oí y vine a entender esto, yo podía ver que todos mis pecados fueron limpiados.
Dios me ayudó a recibir el perdón por mis pecados, me dio la bendición
del Espíritu Santo y me concedió una vida pacífica. Él me guió silenciosamente,
a una clara comprensión de lo bueno y de lo malo y me dotó del poder para
superar las tentaciones de este mundo. Él contestó mis oraciones y me
ayudó a vivir una vida justa y que vale la pena. Yo de verdad doy gracias
a Dios por darme el Espíritu Santo.”
Cada uno de nosotros es bendecido con la
gracia del Señor y es capaz de recibir el Espíritu Santo. Yo le agradezco
al Señor que nos haya dado Su bello evangelio. Dios bendijo al justo con
tal felicidad. Los corazones de los justos son alegres. El Señor nos concedió
felicidad eterna. Nosotros conocemos cómo es la salvación preciosa de
Dios, es amor y gracia y nosotros estamos agradecidos por ello. El Señor
nos dio felicidad a través del bello evangelio del Cielo. Esto es algo
que no puede comprarse con dinero. Dios nos envió el Espíritu Santo así
como el bello evangelio para hacernos felices y justos. El bello evangelio
es lo que bendice nuestras vidas. El Señor nos dio el bello evangelio
y Él está feliz de que los justos disfruten una vida bendita.
Como está escrito en Lucas, María dijo,
“porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí
la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel
se fue de su presencia” (Lucas 1:37-38). En el momento que María creyó
en las bellas palabras de Dios, tal como lo había dicho por Su ángel,
Jesús fue concebido. De la misma manera, a través de su fe, el justo concibe
el bello evangelio en su corazón.
“Porque tú quebraste su pesado yugo,
y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián”
(Isaías 9:4). Satanás causó todo el dolor, enfermedades, y opresión
en nuestras vidas y somos demasiado débiles para superarlo. Pero Dios
nos ama y así Él nos ama y luchó con Satanás y lo derrotó.
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos
es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable,
Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo
dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David
y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia
desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”
(Isaías 9:6-7).
Dios prometió glorificarnos como Sus hijos
a través del bello evangelio que Jesús trajo. Él derrotó a Satanás de
acuerdo con Su promesa y nos liberó del poder de Satanás.
El Señor vino a la tierra y con Su poder
prometió llevarse toda la oscuridad de pecado. Así que nosotros también
llamamos a nuestro Señor, Maravilloso. Él ha hecho muchas cosas maravillosas
para nosotros. La decisión de Dios de venir a este mundo como el Hijo
del Hombre fue un misterio. “Venid luego, dice Jehová, y estemos a
cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán
emblanquecidos; Si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca
lana” (Isaías 1:18).
El Señor prometió salvarnos de nuestros
pecados y darnos el perdón eterno. Jesús está es llamado el Maravilloso,
de acuerdo con esto, Él ha hecho obras milagrosas para nosotros. “Llamará
su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno.” Dios,
como nuestro Consejero, planeó nuestra salvación con el bello evangelio
y llevó a cabo Su plan para salvarnos eternamente de nuestros pecados.
Dios es mucho más sabio que el hombre. En
Su sabiduría Jesús fue bautizado por Juan y murió en la Cruz a fin de
salvarnos de todos nuestros pecados. Éste es trabajo misterioso que Él
hizo por nosotros, y es la ley de amor la que nos salvó de todos nuestros
pecados. La ley del amor es el evangelio de verdad que nos lleva a recibir
el Espíritu Santo a través del agua y Su sangre.
El Señor dice en Isaías 53:10, “Con todo
eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento.” Jesús
hizo Su alma una ofrenda de pecado para hacer la voluntad de Dios. Él
pasó todos los pecados del mundo a Su Hijo, Jesucristo, y le hizo sufrir
el dolor de la crucifixión para que Él fuera juzgado por ellos. Éste es
el bello evangelio que salvó la humanidad de sus pecados por última vez.
Cristo ofreció Su vida por nosotros, pagó el precio del pecado y nos bendijo
con la salvación.
El sistema sacrificatorio de Dios
¿Cuántos pecados tomó Jesús a
través de Su bautismo por Juan? |
Los pecados pasados, presentes y futuros desde los
tiempos del principio hasta el del fin |
La Biblia habla de una ofrenda que producía
una vez el perdón por los pecados de un día. Un pecador tenía que traer
un animal sin mancha y poner sus manos en la cabeza del animal para pasar
en este sus pecados. Entonces él tenía que degollar el sacrificio y dar
su sangre al sacerdote. Y el sacerdote tomaba algo de la sangre del animal
y lo ponía en los cuernos del altar de las ofrendas quemadas y derramaba
el resto sobre la base del altar.
De esta manera, él podía ser perdonado por
los pecados de un día. La imposición de manos era la manera en que un
pecador pasaba sus pecados al sacrificio. Aquellos que ofrecieron sus
sacrificios de acuerdo con el sistema sacrificatorio podían recibir el
perdón por sus pecados. El sistema sacrificatorio era la manera en que
nosotros expiábamos nuestros pecados en el tiempo antes de que Jesús se
llevara todo el pecado.
Dios también había fijado el Día de Expiación
para que el pueblo de Israel pudiera hacer la expiación por los pecados
cometidos en el curso de un año entero. El sacrificio tenía lugar en el
décimo día del séptimo mes. Dios puso a Aarón, el sumo sacerdote, como
el que pasaba los pecados del año de todo el pueblo de Israel sobre la
víctima propiciatoria. El ritual se llevó a cabo de acuerdo con el plan
de Dios. El perdón de pecados vino de Su sabiduría y amor por la humanidad.
Éste es Su poder.
“Los cuernos del altar de ofrenda quemada”
son “el Libro de la vida”(Apocalipsis 20:12), dónde están escritos
los pecados de la humanidad. La razón por la que el sacerdote ponía la
sangre de la ofrenda de pecado en los cuernos del altar de ofrendas quemadas
era para borrar los nombres y sus transgresiones escritas en el Libro
de la vida. La sangre es la vida de toda la carne. El sacrificio se llevó
los pecados del Israelita y la víctima propiciatoria fue degollada para
pagar el precio de pecado. Dios les hizo matar un animal sacrificatorio
para aceptar el juicio de sus pecados. Ésta era una señal de Su sabiduría
y amor por nosotros.
Jesucristo vino a este mundo como una ofrenda
por el pecado para lograr el plan de Dios. Jesús se llevó los pecados
del mundo a través de Su sacrificio. Si nosotros miramos las palabras
de esta promesa, vemos, “Mas él herido fue por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y
por su llaga fuimos nosotros curados” o “mas Jehová cargó en él
el pecado de todos nosotros.”
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos
es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable,
Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de
su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre
su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde
ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Isaías
9:6-7).
La promesa misteriosa y maravillosa era
que Jesús llevaría a cabo la voluntad de Dios y daría toda la paz de los
creyentes llevándose los pecados del mundo. La promesa de Dios era una
promesa de amor por que Él planeó traer paz a toda la humanidad. Esto
es lo que Dios nos prometió, y esto es lo que Él hizo.
Mateo 1:18 dice, “El nacimiento de Jesucristo
fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen,
se halló que había concebido del Espíritu Santo.”“Jesús” significa
el Salvador, el que salvará a Sus pueblo de sus pecados. “Cristo” significa
el Rey Ungido. Jesús no tenía ningún pecado, y Él es nuestro Rey y Salvador
que nació de una virgen para salvar a Sus pueblo de sus pecados.
“Y dará a luz un hijo, y llamarás su
nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto
aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta,
cuando dijo” (Mateo 1:21-22).
Jesús tomó todos los pecados del mundo con Él a través
de Su bautismo
Está escrito en Mateo 3:13-17, “Entonces
Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas
Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes
a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos
toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió
luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu
de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de
los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.”
Juan el Bautista aparece en este pasaje.
¿Por qué Jesús tuvo que ser bautizado por Juan? Jesús tuvo que ser bautizado
para asumir todos los pecados en el mundo, y llevarlos con Él según el
plan de Dios.
“Y el principado sobre Su hombro” (Isaías
9:6). Aquí “el principado” significa que Jesús es el que tiene
la autoridad como el Amo del Cielo, el Rey del mundo. Ésta es la autoridad
concedida sólo a Jesucristo. Jesús hizo una cosa maravillosa al llevarse
todos los pecados de la humanidad. Esta cosa maravillosa fue ser bautizado
por Juan. Lo que Jesús quiso decir diciendo “Así conviene que cumplamos
toda justicia” es que quitar todos los pecados del mundo era correcto
y justo.
Romanos 1:17 dice, “Porque en el evangelio
la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas
el justo por la fe vivirá.” La rectitud de Dios es revelada en el
evangelio. ¿Realmente el verdadero evangelio del agua y el Espíritu revela
la justicia de Dios? ¡Sí! El verdadero evangelio es que Jesucristo se
llevó todos los pecados del mundo a través de Su bautismo y crucifixión.
El evangelio del agua y el Espíritu es el bello evangelio en el que la
justicia de Dios se revela. ¿Cómo se llevó Jesús los pecados del mundo?
Él se los llevó todos cuando Juan lo bautizó en el río Jordán.
“Toda justicia” es “pasan dikeosinin”
en griego. Esto significa que Jesús se llevó todos los pecados de la humanidad
en de la manera más justa y maravillosa. Significa que la limpieza que
Jesús hizo de todos los pecados del mundo fue completamente clara y justa.
Jesús tuvo que ser bautizado por Juan para borrar los pecados del mundo.
Dios sabía que el bautismo de Jesús era
completamente necesario para traer paz a la humanidad. Jesús no podía
volverse nuestro Salvador, si Él no se hubiera sido bautizado por Juan
y hubiera derramado Su sangre en la Cruz. Jesús sirvió como la ofrenda
de pecado llevándose todos los pecados del mundo.
Dios dice en Isaías 53:6, “Todos nosotros
nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová
cargó en él el pecado de todos nosotros.” Jesús tenía que aceptar
todos los pecados del mundo para hacer la voluntad de Dios. Ésta es la
razón por la que Jesús vino como ofrenda de pecado en carne de un hombre
y fue bautizado por Juan.
Jesús tenía que aceptar todos los pecados
de la humanidad y ser juzgado por ellos para que Él pudiera cumplir el
plan de Dios y expresar así Su amor hasta la muerte. Cuando Jesús emergió
del agua después de Su bautismo, Dios dijo, “Este es mi Hijo amado,
en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17).
Un niño nos es nacido
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos
es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable,
Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).
Jesús es el Hijo de Dios. Jesús es el Dios de la creación que creó el
universo entero. No sólo es el Hijo del Omnipotente Dios, sino que también
es el Creador y el Rey de paz. Jesús es el Dios que dio felicidad a la
humanidad.
Jesús es el Dios de la verdad. Él se llevó
todos nuestros pecados, nos salvó, y nos dio paz. ¿Hay pecado en este
mundo? No, no hay ningún pecado. Es la razón por la que nosotros podemos
decir confiadamente que no hay ningún pecado es porque nosotros creemos
en el bello evangelio que dice que Jesús lavó todos los pecados del mundo
a través de Su bautismo y sangre en la Cruz. Jesús no nos miente. Jesús
pagó el precio de pecado con Su bautismo y Su sangre. Él nos permitió
a todos los que creímos esto que fuéramos hechos Sus hijos y nos dio la
paz a todos. Él nos ha hecho vivir como Sus hijos santificados en la fe
por la eternidad. Yo alabo al Señor y le doy gracias a Él.
¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!
Juan 1:29 dice, “El siguiente día vio
Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo.” Jesucristo aparecía de nuevo delante de Juan
el Bautista un día después de que Él se llevara todos los pecados del
mundo a través de Su bautismo. Juan el Bautista testifico de Jesús diciendo,
“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” Él
testifica de nuevo en Juan 1:35-36, “El siguiente día otra vez estaba
Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí,
dijo: He aquí el Cordero de Dios.”
Jesús era el Mesías que vino como el Cordero
de Dios, así como Dios había prometido en el Antiguo Testamento. El Mesías
Jesucristo vino a nosotros como el Maravilloso, Consejero y Dios Poderoso,
y fue bautizado para salvarnos de todos nuestros pecados. Un niño nos
fue nacido. Él aceptó todos los pecados del mundo a través de Su bautismo
por Juan, pagó el precio del pecado, y se vino a ser el Príncipe de Paz
que nos da la paz y la remisión de todos nuestros pecados. “He aquí
el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”
Alguna vez la gente no tenía ninguna otra
opción más que morir por sus pecados. Los humanos fueron destinados a
cometer innumerables pecados debido a su naturaleza pecadora y en el futuro
serían condenados al Infierno. Ellos llevaron vidas miserables; ninguno
de ellos podía entrar o siquiera soñar con entrar en el Reino de Dios
debido a sus debilidades. Jesucristo que es nuestro Dios aceptó todos
sus pecados cuando Él fue bautizado por Juan en el río Jordán y fue crucificado
como resultado del juicio por este mal. En Su muerte, Cristo dijo, “consumado
es”(Juan 19:30). Éste fue el clamor de Su testimonio al hecho de que
Jesús salvó a toda la humanidad de sus pecados y muerte, y que Él absolutamente
liberó a cualquiera que creyó en el bello evangelio.
“He aquí el Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo” ¿Usted sabe dónde están todos los pecados del
mundo? ¿No están todos en el cuerpo de Jesucristo? ¿Dónde todos los pecados
y transgresiones que nos humillan en este mundo? Todos fueron transferidos
a Jesucristo. ¿Dónde están todos nuestros pecados? Ellos están en la carne
de Uno con el principado en Su hombro; ellos están en la carne del Omnipotente
Dios.
Todos los pecados, ¡Desde el nacimiento hasta la tumba!
Nosotros cometemos pecado a lo largo de
nuestras vidas. Nosotros cometimos los pecados desde el día en que nacimos
hasta el día en que tuvimos 20. ¿Adónde se fueron todos estos pecados
durante 20 años? Ellos se transfirieron a la carne de Jesucristo. Los
pecados que nosotros cometimos entre las edades de 21 y los 40 también
se pasaron a Jesús. No importa cuántos años viva una persona, los pecados
que él cometió desde el principio de su vida hasta que el fin, fueron
transferidos a Jesucristo. Todos los pecados que la humanidad cometió,
empezando por Adán y hasta la última persona en esta tierra, se transfirieron
a Jesús. Incluso los pecados de nuestros hijos y nietos ya se pasaron
a Jesús. Todos los pecados se transfirieron a Jesús en el momento que
Él fue bautizado.
¿Sigue habiendo pecado en este mundo? No.
No queda ninguno. No queda ningún pecado en el mundo debido a que nosotros
creemos en el bello evangelio que Jesucristo nos dio. ¿Usted tiene pecado
en su corazón? ¡No, Amén! Nosotros creemos en el bello evangelio que dice
que Jesucristo nos salvó de todos nuestros pecados. Nosotros alabamos
al Omnipotente Jesús por hacer este trabajo maravilloso para nosotros.
Jesucristo restauró nuestras vidas perdidas.
Ahora nosotros creemos en el bello evangelio por lo que podemos vivir
con Dios. Incluso las personas que eran enemigos de Dios–los pecadores
que no tenían ninguna otra opción sino el esconderse en los bosques oscuros–pueden
salvarse ahora de sus pecados creyendo en el bello evangelio.
El bello evangelio nos enseña que el Señor
lavó todos nuestros pecados limpiándonos cuando él fue bautizado por Juan,
fue crucificado y resucitó. Nosotros nos volvimos los hijos santificados
de Dios creyendo en el evangelio de Jesús. Jesús ofreció Su propio cuerpo
como la ofrenda por nuestros pecados. Él, el Hijo del Omnipotente Dios
que nunca cometió un solo pecado en este mundo se llevó todos los pecados
del mundo y salvó a todos que creemos en Él. Isaías 53:5 dice, “Mas
él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el
castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”
Jesús se llevó todos los pecados del mundo,
incluyendo pecado original y los pecados actuales y no omitió una sola
trasgresión. Él pagó el precio del pecado con Su muerte en la Cruz y por
eso nos salvó de todos nuestros pecados. Jesús lavó todos los pecados
del mundo a través de este bello evangelio. Nosotros hemos encontrado
la nueva vida a través de Jesús. Aquellos que creen en este bello evangelio
no son más unos muertos espiritualmente. Nosotros ahora tenemos la vida
nueva y eterna, Jesús pagó todo el precio de nuestro pecado. Nosotros
nos hemos vuelto hijos de Dios creyendo en el bello evangelio de Jesucristo.
¿Usted cree que Jesucristo es el Hijo de
Dios? ¿Usted también cree que Él es su Salvador? Lo creo. Jesucristo es
la Vida para nosotros. Nosotros encontramos la nueva vida a través de
Él. Nosotros fuimos destinados para morir debido a nuestros pecados y
transgresiones. Pero Jesús pagó el precio del pecado a través de Su bautismo
y muerte en la Cruz. Él nos liberó de la esclavitud de pecado, del poder
de la muerte, y las ataduras de Satanás.
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El Señor es el Dios que nos salvó de nuestros
pecados y se vino a ser el salvador de todos los que creemos en Jesús.
Cuando miramos Hebreos 10:10-12, 14 y 18, podemos ver que el Señor nos
santificó para que no hubiera ninguna necesidad más de recibir la remisión
de pecados. Nosotros entramos en el Reino de Dios creyendo en Jesús. Nosotros
fuimos destinados para morir por nuestros pecados y transgresiones, pero
podemos ahora entrar en el Cielo y disfrutar la vida eterna creyendo en
el bautismo de Jesús y Su sangre.
“El buen pastor su vida da por las ovejas”
(Juan 10:11). Nuestro Señor vino a este mundo para salvarnos de los
pecados del mundo a través de Su bautismo, Su muerte en la Cruz, y Su
resurrección. Él también da el gozo de la vida en el Espíritu Santo a
aquellos que han recibido la remisión de sus pecados creyendo en esta
verdad. Gracias, Señor. Su evangelio es el bello evangelio que puede darles
la vida en el Espíritu Santo a los creyentes. ¡Aleluya! Yo alabo al Señor.
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