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Vivan con sus corazones en el Señor
< Mateo 6:21-23 >
“Donde está tu tesoro, allí estará su corazón. La lámpara del cuerpo
es el ojo. Si, pues, tu ojo estuviere sano, todo tu cuerpo estará
luminoso; pero si tu ojo estuviere enfermo, todo tu cuerpo será
tenebroso, pues si la luz que hay en ti es tinieblas, ¡qué tales
serán las tinieblas!”
La lección de la Escritura de hoy dice: “La lámpara
del cuerpo es el ojo. Si, pues, tu ojo estuviere sano, todo tu cuerpo
estará luminoso”. Nuestros corazones son inconstantes como la
lluvia de verano. La mente del hombre es así. Sin embargo, el Señor
dijo: “La lámpara del cuerpo es el ojo”. Lo que el Señor
quiere decir con esto es que el cuerpo entero se llenaría de luz
si nuestros ojos están sanos, y que debemos considerar dónde poner
nuestra mente que viene y va.
Ya que el ojo es la lámpara del cuerpo, cuando el
ojo está sano, el cuerpo entero estará lleno de luz; pero cuando
el ojo está enfermo, el cuerpo entero está lleno de tinieblas. Cuando
nuestro corazón está sombrío, todo lo que vemos está en las tinieblas.
Pero, si meditamos acerca del Evangelio del agua y el Espíritu una
vez más, nuestro corazón se enciende. Cuando el Señor hablar sobre
el ojo de una persona, Él se refiere al corazón de fe.
Nuestros corazones no son firmes. Sus corazones y
el mío van y vienen. Nuestros corazones se balancean a veces. Cuando
meditamos sobre el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestros corazones
aman al Señor, pero poco después, estamos destinados a amar al mundo
debido a nuestros pensamientos carnales. Esto nos habla sobre lo
qué nuestros corazones deberían considerar.
El ojo es la lámpara del cuerpo. Por tanto, debemos
pensar en el señor y poner todo nuestro corazón en difundir el Evangelio
del agua y el Espíritu. Cuando pensamos en lo perfectamente que
el Señor ha limpiado nuestros pecados, nos damos cuenta de cómo
nuestros corazones han sido limpiados. Tal y como nuestro Señor
dijo en el Antiguo Testamento: “Aunque vuestros pecados fueran
como la grana, quedarán blancos como la nieve. Aunque fueran rojos
como la púrpura, vendrían a ser como la lana” (Isaías 1:18).
El Señor ha borrado todos nuestros pecados perfectamente nuestros
pecados al tomar todos los pecados del mundo sobre si mismo a través
del bautismo que recibió de Juan y de ser crucificado en el Nuevo
Testamento.
Debemos concentrarnos en el Evangelio del agua y el
Espíritu. Aunque nuestros corazones vayan para adelante y para atrás
ocasionalmente entre el Señor y el mundo, debemos poner nuestra
mente en difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Damos gracias
al Señor por haber borrado sus pecados y los míos. Debemos mantener
en nuestro corazón que el Señor ha borrado en nuestros corazones
todos nuestros pecados como una nube (Isaías 44:22). Nuestros corazones
se iluminaron cuando pensamos en el señor que borró todos nuestros
pecados.
“El ojo es la lámpara del cuerpo”. Ya que nos
hay ninguna otra manera de que nuestro corazón y nuestra alma se
iluminan sin el Señor, nuestros corazones se llenan espiritualmente
de luz ante Dios cuando pensamos en el Señor. Nuestros corazones
van de adelante para atrás entre lo espiritual y lo carnal, pero
cuando ponemos nuestro corazón en el Señor, que borró nuestros pecados,
y pensamos en el Evangelio que nos dice que el Señor llevó la carga
de los pecados de todos el mundo y los borró todos de una vez por
todas, no podemos sino dar gracias a Dios y amar a Dios todavía
más.
Por tanto, deseamos aún más difundir este Evangelio
del agua y el Espíritu a otros. Cuando ponemos nuestro corazón en
el Señor y Su obra justa mediante la cual el Señor borró nuestros
pecados, nuestros corazones se iluminan, y, como resultado, muchas
almas reciben la salvación. Cuando pensamos en el Señor y le damos
gracias con fe, nuestros corazones se humedecen espiritualmente.
Esto quiere decir que se humedecen de abundantes bendiciones de
salvación. Entonces nuestros corazones se hacen justos, buenos y
preciosos a los ojos de Dios, y llegan a tener ambiciones para hacer
la obra justa de Dios.
Podemos dejar nuestros corazones en la luz o en la
oscuridad. ¿Dónde deberíamos dejar nuestros corazones? No hay ninguna
duda de que necesitamos poner nuestro corazón en el área donde el
Señor ha borrado nuestros corazones. Además, como el Señor no sólo
ha borrado nuestros pecados, sino que también nos ha hecho sus hijos,
debemos poner nuestros corazones en Su Reino celestial.
Debemos dar gracias a Dios con nuestra fe por sus
bendiciones que nos salvaron a nosotros, que nos podíamos más que
morir por nuestros pecados y convertirnos en hijos del diablo; pero
Él envió a Jesucristo e hizo que le bautizaran, llevó todos nuestros
pecados del mundo a la Cruz, y sangró para borrar todos nuestros
pecados de una vez por todas. Es muy importante donde pongamos nuestros
corazones. Puede ser que nuestros corazones se apeguen a las bendiciones
de salvación que Dios nos dio o a los pensamientos carnales injustos
que provienen del mundo y la carne. Dependiendo de donde fijemos
nuestros corazones, la diferencia de resultados es enorme. Podemos
decidir entre este camino o el otro, y aunque nuestros corazones
oscilen, quiero decirles que debemos poner nuestros corazones en
la salvación que Dios nos dio. Debemos dedicar nuestros corazones
al hecho de que Dios nos dio el Reino de los cielos y Sus bendiciones.
Cuando dedicamos nuestros corazones a esa área donde
Dios ha borrado todos nuestros pecados, como una nube espesa, y
los ha hecho blancos como la nieve; y cuando rezamos a Dios, Él
escucha y responde nuestras oraciones. Debemos dedicar nuestros
corazones a Dios y a la obra espiritual con la creencia de que Dios
está contento con nuestra obra de difundir el Evangelio del agua
y el Espíritu. Entonces, podemos experimentar cómo nuestros corazones
se iluminan y cómo la obra de Dios progresa enormemente. Les digo
cómo nos podemos convertir en los hombres de sus bendiciones al
ser utilizados para la obra feliz y bendita.
Queridos hermanos y hermanas, cuando dedicamos nuestros
corazones a difundir el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestros
corazones están contentos. Cuando vivimos en este mundo, a veces
desfallecemos y a veces caemos en los deseos carnales. No hay ni
una sola persona justa que no caiga. Sin embargo, lo que importa
s dónde ponemos nuestros corazones aunque seamos así. ¿Dónde pone
cada uno de nosotros su corazón? Si por casualidad lo tienen en
las tinieblas, espero que lo saquen a la luz.
Intentamos difundir el Evangelio al resto del mundo.
¿Cómo debemos hacerlo? Estoy ansioso, como lo estuvieron los israelitas
cuando se encontraban ante las invulnerables murallas de Jericó
al entrar en la tierra de Canán por primera vez. El primer obstáculo
de los israelitas fueron las murallas de Jericó. Las murallas de
Jericó eran muy sólidas y seguras. No podían ser echadas abajo con
lanzas y espadas. Como estaban construidas con piedras muy grandes,
no podía ser derruida fácilmente. El pueblo de Jericó estaba en
lo alto de la fortaleza, así que a pesar de todos los esfuerzos
de los israelitas por derruirla, simplemente los contemplaban y
se burlaban de los israelitas desde arriba. Poniendo ruedas en grandes
troncos de árbol, los soldados intentados empujar para romper la
puerta de la ciudad, pero era imposible, ya que la fortaleza era
demasiado segura. Sin embargo la ciudad fue derruida cando los israelitas
tuvieron fe en Dios y obedecieron Su Palabra de promesa en su totalidad.
Estamos necesitados de la misma fe. En nuestra época,
si no ponemos los corazones en Dios, no podemos llevar a cabo la
misión de difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. No obstante,
si ponemos nuestros corazones en Dios, sé que es posible difundir
el Evangelio del agua y el Espíritu al resto del mudo. Si no tenemos
fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, no podemos difundir el
Evangelio, y consecuentemente esté mundo estará destinado a la destrucción.
Mientras hemos estado intentando difundir el Evangelio
del agua y el Espíritu al resto del mundo hasta ahora hemos encontrado
muchas dificultades. Decidimos publicar los libros de nuestra misión
sobre el Evangelio del agua y el Espíritu en muchos idiomas diferentes
y enviarlos a todo el mundo. Al publicarlos y distribuirlos hemos
podido difundir el Evangelio verdadero al mundo entero.
Ahora, mientras pensamos en difundir el Evangelio
del agua y el Espíritu al resto del mundo, y dedicamos nuestros
corazones a ello, nuestros corazones se iluminan. Ustedes y yo estamos
todavía en la carne, así que si dedicamos nuestros corazones al
Señor, nuestros corazones están contentos y se hacen adecuados para
trabajar para el Evangelio ante Dios. Por otra parte, si no dedicamos
nuestros corazones a difundir el Evangelio, sino que los dedicamos
a las cosas terrenales, nuestros corazones se ensucian. Aunque nuestros
corazones vayan de adelante para atrás entre la carne y el espíritu,
es importante fijar nuestros corazones en el Evangelio del agua
y el Espíritu. Como está escrito: “Porque donde está vuestro
tesoro, allí estará vuestro corazón”, dependiendo de dónde pongamos
nuestro corazón, podemos convertirnos en gente de la luz ante Dios
o en gente inútil. Cuando dedicamos nuestros corazones a Dios, podemos
ser gente útil para Dios y para otras personas. Y podemos ser gente
bendita como Abraham y los siervos de Dios que pueden compartir
el Evangelio que da vida con todo el mundo.
Pongamos nuestros corazones en el Señor. Aunque vivamos
en este mundo, debemos fijar nuestros corazones en el Señor. Aunque
nuestros corazones vayan de adelante para atrás, espero que pongan
sus corazones en el Evangelio del agua y el Espíritu y en las bendiciones
que el Señor les ha conferido, en vez de ponerlos en el mundo. ¿Cuántas
bendiciones de la carne y el espíritu nos ha dado Dios a través
del Evangelio del agua y el Espíritu? Además, a través de este Evangelio
¿cuántas bendiciones de salvación nos ha dado? Cuando pensamos en
esto, no podemos dejar de dedicar nuestros corazones a Dios. También
vale la pena consagrar nuestros corazones a Dios. Vale la pena consagrar
nuestros corazones al Evangelio. Vale la pena consagrar nuestros
corazones a la gran salvación que borró todos nuestros pecados.
Es correcto dar gracias al Señor y glorificarle, y vale la pena
trabajar por el Evangelio del agua y el Espíritu. Le damos gracias
a Dios por hacernos Sus hijos. El Señor nos dio el Cielo y está
justificado que consagremos nuestros corazones al Señor.
Espero que fijen sus corazones en el Señor. Sus corazones
y el mío pueden ser caprichosos a veces e ir de adelante hacia atrás,
pero siempre deberíamos volver nuestros corazones a Dios y vivir
por la obra del Señor. Al andar por la calle, si vemos algo bonito,
nuestros ojos y nuestro corazón lo siguen durante un instante, pero
debemos volver inmediatamente el corazón hacia el Señor y dárselo
a Él.
En el capítulo 6 de Mateo, el Señor habla explícitamente
de las cosas materiales: “Porque donde está vuestro tesoro, allí
estará vuestro corazón” ¿Qué es este tesoro en nuestros corazones?
¿Qué significa este tesoro para ustedes y para mí? ¿Es el Señor?
¿Son las bendiciones del Señor? ¿O es el mundo? ¿Es el dinero del
mundo? ¿Cuál de estas cosas es?
El tesoro es el Señor. Si creen que este tesoro es
alguna cosa material, por favor, cambie de opinión. Es porque el
maestro de todas las cosas materiales es el Señor. Sin embargo,
¿podemos vivir sin cosas materiales? No. Por otra parte, ¿no son
las cosas materiales del Señor también? Sí, son del Señor. Él dice:
“Porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón”.
Por tanto, si ponen sus tesoros en Dios, todo les vendrá a ustedes.
Todo se les proveerá mientras caminan hacia la justicia.
Sin embargo, algunos falsos predicadores enseñarán
este verso como “si trayendo grandes ofrendas significara que su
fe es grande”. “No acumulen sus tesoros en la tierra, sino en el
cielo, en otras palabras, paga grandes diezmos y ofrendas a la iglesia”.
Y escriben: “Porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro
corazón” en el sobre para las ofrendas y lo hacen pasar.
Esta es una falsa enseñanza. El objetivo de las iglesias
terrenales es prosperar en el mundo, por tanto, sólo les importa
ser los primeros en la clasificación de la competición por el dinero.
Estaría bien si lo utilizaran para la justicia, pero lo utilizan
para satisfacer su codicia. Son tan buenos en la competición por
el dinero, que citan este tipo de versos de la Biblia para pedir
dinero a los cristianos, y hacerles traer todos sus ahorros mensuales
en nombre de la iglesia.
Algunos predicadores promueven la construcción de
nuevos edificios para iglesias, tomando dinero de los miembros de
la iglesia. ¿Es esto justo?: “Porque donde está vuestro tesoro,
allí estará vuestro corazón”. Ya que todo lo que les preocupa
es el edificio de la iglesia, es ahí donde tienen su tesoro. Los
miembros de una iglesia alardean de su edificio de 15 millones de
dólares como si asistiendo a una iglesia así fuera algo honorable
y soberbio. Si examinamos sus pensamientos por rayos X, probablemente
estarán vacíos. Por supuesto sus corazones están vacíos también.
Como ponen sus corazones en el edificio de 15 millones de dólares,
no pueden ver que Jesús ha borrado todos sus pecados como una nube
espesa con el Evangelio del agua y el Espíritu. Hay mucha gente
penosa que no puede ver que Dios les ha hecho Sus hijos y les ha
dado Su Reino de los Cielos.
Por el contrario, para nosotros los que somos nacidos
de nuevo, nuestro Señor es el tesoro. Todas las bendiciones de misericordia
que nuestro Señor nos ha conferido — como Su salvación, haciéndonos
hijos de Dios, dándonos el Reino de los Cielos, borrando nuestros
pecados, y haciéndonos justos — son nuestros tesoros. No hay
nada más valioso que esto. Como el himno dice: “Prefiero tener a
Jesús antes que ora o plata”, no hay honor en este mundo que sea
más valioso que tener al Señor Jesús. No hay nada más valioso que
la salvación que el Señor nos ha dado.
Por tanto, ustedes y yo debemos difundir el Evangelio
del agua y el Espíritu a los corazones de la gente. Debemos sujetar
nuestros corazones que van de adelante hacia atrás y dedicarlo a
la obra del Señor. Si le damos al Señor nuestro corazón, no obramos
inútilmente, sino que podemos entrar en el Reino del Señor. A veces
hacemos cosas inútiles, pero hacemos una obra más útil y seremos
alabados por el Señor, y seremos respetados por la gente.
El capítulo 6 de Mateo habla de este asunto en profundidad:
“Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se
os dará por añadidura. No os inquietéis, pues, por el mañana; porque
el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada
día su afán”. Ustedes y yo debemos poner nuestros corazones
en Él y en Su obra. Primero debemos buscar Su Reino y Su justicia.
¿Cómo nos salvó Dios? Él limpió nuestros pecados tan blancos como
la nieve a través del agua, la sangre y el Espíritu Santo. Él ha
borrado todos nuestros pecados como una nube espesa, y los ha dejado
tan blancos como la nieve. Debemos dar gracias a Dios y al Señor
que es nuestro perfecto Salvador. Y debemos buscar primero Su Reino
en nuestros corazones.
Es la voluntad de Dios que el Evangelio del agua y
el Espíritu sea difundido al mundo entero, para que los que deban
creer en él, crean en él; y los que no deban, no. Debemos dar las
mismas oportunidades de escuchar el Evangelio a todo el mundo para
cumplir la voluntad de Dios. Debemos hacer esta obra.
Por cierto, el verdadero tesoro para ustedes y para
mí es el Señor. Pongan sus corazones en el Señor. Aunque tengamos
muchos defectos, fijemos nuestros corazones en el Señor. Consagremos
nuestros corazones al Señor y difundamos el Evangelio del agua y
el Espíritu tan a menudo como sea posible.
Aleluya. Damos gracias a Dios por ayudarnos a poner
nuestros corazones en el Señor.
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