|
Estén alerta de
los falsos profetas que solo van detrás de su dinero
< Mateo 7:13-29 >
“Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa
la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella
entran. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta es la senda que
lleva a la vida, y cuán pocos son los que dan con ella! Guardaos
de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de
ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.
¿Por ventura se recogen racimos de los espinos o higos de los abrojos?
Todo árbol bueno da buenos frutos, y todo árbol malo da frutos malos.
No puede árbol bueno dar malos frutos, ni árbol malo frutos buenos.
El árbol que no da buenos frutos es cortado y arrojado al fuego.
Por sus frutos, pues, los conoceréis. No todo el que dice: ¡Señor,
Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad
de mi Padre, que está en los cielos. No todo el que dice: ¡Señor,
Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad
de mi Padre, que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día:
‘¡Señor, Señor!, ¿no profetizamos en tu nombre, y en nombre tuyo
arrojamos los demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’
Yo entonces les diré: ‘Nunca os conocí, apartaos de mí, obradores
de iniquidad’. Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone
por obra, será el varón prudente, que edifica su casa sobre roca.
Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron
sobre la casa; pero no cayó, porque estaba fundada sobre roca. Pero
el que me escucha estas palabras y no las pone por obra, será semejante
al necio, que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, vinieron
los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa, que
se derrumbó estrepitosamente.”
Con la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu,
nuestro Señor nos ha dado la habilidad de diferenciar a los verdaderos
profetas de los falsos profetas, y Su verdadera Iglesia de las falsas
iglesias. En Mateo 7:15-20 Jesús dijo: “Guardaos de los falsos
profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas por
dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Por ventura
se recogen racimos de los espinos o higos de los abrojos? Todo árbol
bueno da buenos frutos, y todo árbol malo da frutos malos. No puede
árbol bueno dar malos frutos, ni árbol malo frutos buenos. El árbol
que no da buenos frutos es cortado y arrojado al fuego. Por sus
frutos, pues, los conoceréis”.
Nuestro Señor nos dijo que nos guardásemos de los
falsos profetas. Y tal y como nos avisó, debemos desconfiar de los
falsos profetas. Cuando un pastor se niega a predicar el Evangelio
del agua y el Espíritu, la Palabra de Dios, entonces no está cumpliendo
adecuadamente su ministerio. ¿Cómo puede un pastor llamarse a sí
mismo ministro de Dios cuando ni siquiera resuelve el problema del
pecado en su congregación con el Evangelio del agua y el Espíritu?
Tales mentirosos solo se preocupan de su imagen pública,
actuando hipócritamente como si fueran serios y santos cuando predican,
y al final, todo lo que predican a sus congregaciones es que respeten
la ética y la moral del mundo. La moral y la ética no deben ignorarse,
por supuesto. Pero lo que los pastores deben hacer no es solo dar
importancia a la vida ética, sino que deben predicar el Evangelio
del agua y el Espíritu. Esto se debe a que los pecados de la gente
deben limpiarse creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu,
ya que pecan todos los días.
“Falsos profetas” aquí son todos los que se oponen
a la verdad. Los pastores mismos deben haber sido redimidos de sus
pecados al haber creído en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Cualquiera que ejerza de ministro como pastor o predicados sin conocer
el Evangelio del agua y el Espíritu y haber nacido de nuevo, es
un penoso falso profeta. La Biblia los llama “falsos profetas”.
Nuestro Señor nos dijo: “Guardaos de los falsos
profetas”. De verdad debemos tener cuidado con esa gente. Todos
ustedes deben apartarse de estos mentirosos en este mundo, porque
no pueden solucionar el problema de sus pecados.
La Biblia nos dice en Tito 3:10-11: “Al sectario,
después de una y otra amonestación, evítale, considerando que está
pervertido; peca y por su pecado se condena”. Este pasaje se
refiere a los que todavía tienen sus pecados intactos aún cuando
afirmen creer en Jesús. Su fe afirma que es correcto seguir siendo
pecadores aunque crean en Jesús; por tanto, están cometiendo una
pecado grave contra el Señor. ¿Cómo pueden seguir siendo pecadores
cuando afirman creer en Jesucristo como su Salvador? Al profesar
este tipo de fe, lo único que hacen es pecar contra el Señor por
su cuenta.
Cuando dicen que sus pecados permanecen en ellos en
presencia del Señor, demuestran la creencia equivocada de que todavía
deben ser condenados por sus pecados. Aún así creen que considerarse
a sí mismos como pecadores ante el Señor es la manera correcta de
creer. Estos creyentes, sin embargo, no son verdaderos santos ante
el Señor, sino que nos no más que mentirosos. Jesús nos dijo que
tuviéramos cuidado con estos falsos profetas y sus seguidores.
Debemos tener en mente de lo que la Biblia nos avisa:
tener cuidado con esta gente como falsos profetas, falsos pastores
y falsos predicadores.
Jesús dijo que podemos conocer
a los falsos profetas por sus frutos
Nuestro Señor dijo, refiriéndose a los falsos profetas:
“Por sus frutos los conoceréis”. Por sus frutos podemos conocer
a los falsos profetas. ¿Qué tipo de frutos distingue a los falsos
profetas? Nuestro Señor preguntó retóricamente: “¿Por ventura se
recogen higos de los abrojos?”. Tal y como los abrojos no pueden
dar buenos frutos, los pastores que no han sido redimidos de sus
pecados y que por tanto siguen siendo pecadores, no pueden ayudar
a la gente a nacer de nuevo. Solo dan cristianos pecadores, mientras
que los trabajadores nacidos de nuevo dan santos sin pecado y los
alimentan. Si un pastor no puede convertir a los pecadores en gente
sin pecado a través del Evangelio del agua y el Espíritu, es claramente
un falso profeta.
Tal y como el Señor dijo que un árbol se conoce por
sus frutos, si sus frutos de fe son muy diferentes de los de los
justos que han recibido la remisión de los pecados, entonces sabemos
que son mentirosos y falsos profetas. Los falsos profetas se visten
de ovejas y llevan a sus seguidores por el mal camino, engañándoles
con sus dulces palabras. Muchos son engañados por estos falsos profetas,
porque por afuera parecen santos. Por tanto, la Biblia nos avisa
para que no nos engañen estos mentirosos, diciendo: “Pues esos
falsos apóstoles, obreros engañosos, se disfrazan de apóstoles de
Cristo; y no es maravilla, pues el mismo Satanás se disfraza de
ángel de luz” (2 Corintios 11:13-14).
Haciendo honor a su nombre de falsos profetas, solo
enseñan a sus congregaciones como vivir virtuosamente, a no cometer
pecados, y a ser amable con los otros. Pero por dentro, son como
lobos hambrientos que explotan a sus congregaciones para conseguir
su dinero. Sus sermones llegan a la misma conclusión invariablemente,
dicen a su congregación que vivan virtuosamente, y que todo lo que
tienen que dar a Dios es dinero. Puede que digan muchos sermones
diferentes a su congregación, pero al final, todos sus sermones
se reducen a decir a sus seguidores que ofrezcan mucho dinero a
Dios. Sus sermones tienen un objetivo obvio: ellos mismos quieren
ganar más dinero. No les importa la salvación de su congregación.
No les importa lo que les ocurrirá a sus cristianos pecadores, incluidos
ellos, mismos en el último día. No quieren escucharnos por mucho
que hayamos intentado compartir con ellos este Evangelio verdadero
del agua y el Espíritu. Estos pastores son sin duda los falsos profetas.
La Biblia nos dice que podemos conocer a los falsos
profetas por sus frutos. Podemos distinguirlos viendo si predican
o no la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra
de Dios, y examinando si alguno de sus seguidores llegó a creer
en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y a recibir la
remisión de sus pecados a través de ellos. Por supuesto, ellos predican
aparentemente la Palabra de Dios, pero no surge ninguna obra de
salvación de los que predican. Al creer en la Palabra del Evangelio
del agua y el Espíritu, no solo podemos saber si son verdaderos
o falsos profetas por su fe, sino que además no seremos engañados
por esos mentirosos. El Evangelio del agua y el Espíritu es el barómetro
que separa a los falsos profetas. Por tanto, nosotros, los nacidos
de nuevo del agua y el Espíritu (Juan 3:1-10) somos el pueblo de
Dios y Sus siervos, que pueden diferenciar los malos árboles de
los buenos.
Examinemos ahora las características de los falsos
profetas detalladamente. La primera característica de los falsos
profetas es que cada uno de ellos tiene pecados ante Dios. Por tanto,
si un determinado ministro es un pecador ante Dios, entonces es
un falso profeta. Alguien así, dirá sin duda a su congregación día
tras día que se presenten ante Dios solo con dinero. Y no estará
interesado en el Evangelio del agua y el Espíritu en absoluto, ni
creerá en él. Un pastor así es un falso profeta. Estos profetas
ven a su congregación como una mera fuente de ingresos. No les importa
que sus seguidores hayan nacido de nuevo o no, todo lo que les interesa
es el dinero.
No sé si han escuchado uno de estos sermones alguna
vez, pero cada sermón de un falso profeta tiene que ver con el dinero
de una manera u otra. Sus sermones pueden ser así: “Hermanos y hermanas,
debemos vivir según la Palabra de Dios. En Deuteronomio 28 Dios
dijo que si honras a tus padres, Él te dará tal y cual bendición”.
Pero aunque empiecen sus sermones de esta manera, todos acaban diciendo
que las bendiciones de Dios dependen de cuánto dinero ofrezcamos.
Pero esta no es la manera para que recibamos bendiciones
terrenales y celestiales de Dios. Por el contrario, todas las bendiciones
provienen de la fe que cree en la Palabra del Evangelio del agua
y el Espíritu, la Palabra de Dios. Es a aquellos que escuchan y
creen en esta Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a los
que Dios da esta bendición de salvación, así como todos las demás
bendiciones de la tierra. Sin embargo la conclusión de los sermones
de los falsos profetas gira en torno al dinero invariablemente.
Puede que hablen de la Ley, pero cuando dicen: “Sirvan a Dios bien;
den ofrendas a su iglesia, y respeten a su pastor”, lo que están
diciendo realmente es: “Traigan mucho dinero, si ofrecen fajos de
dinero a Dios, serán bendecidos”. Así es como intentan engañarles.
Y la única intención de sus ministerios yace en el dinero. Enseñan
a la gente a dar más ofrendas, diciendo: “Cuanto más ofrendas den,
más bendecidos serán y más rápido crecerá su fe”. Pero los que creen
en el Evangelio del agua y el espíritu y entienden este mensaje
no son engañados por estos mentirosos.
Debemos escapar del engaño
de los falsos profetas
Jesús dijo: “Guardaos de los falsos profetas, que
vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas por dentro son lobos
rapaces”. Los falsos profetas son como lobos. Se presentan en
frente del rebaño con vestiduras de ovejas, pero tienen corazón
de lobo, y muestran dientes afilados para devorar al rebaño, obsesionados
con el dinero. Según la Biblia, todos los falsos profetas no son
más que lobos. En vez de difundir el Evangelio de la nueva vida
a su rebaño, conducen a sus seguidores a otra cosa que no es el
Evangelio del agua y el Espíritu; y al hacer esto, roban su dinero
y llenan sus almas de pecados mortales. Los que hacen esto son los
falsos profetas.
No todo el mundo se da cuenta de que los falsos profetas
no valen para nada. Pero, como los falsos profetas de este mundo
son tan habilidosos con el engaño y como la gente es propensa a
no reconocer las mentiras de los falsos profetas, estos pueden engañar
fácilmente a mucha gente con hábiles lenguas. Hoy en día, la confusión
se apodera de mucha gente, ya que hay demasiados mentirosos por
todas partes. Pero la verdad es que los mentirosos no ejercen más
que malas influencias en todo el mundo.
Hasta las cosas de este mundo tienen imitaciones.
Por ejemplo, algunas carnicerías ponen en sus escaparates imitaciones
de carne hechas de plástico. A primera vista, pueden pensar que
es carne de verdad porque parece fresca y apetitosa. Pero cuando
miras más de cerca, te das cuenta de que no es carne de verdad,
sino que es solo una imitación. Uno se puede sentir estafado. Lo
mismo pasa con el pan: al tiempo que hay un pan real, cocido con
harina, también hay un pan de imitación hecho de plástico. ¿Puede
alguno de ustedes comerse esa imitación? Por supuesto que no. Es
simplemente incomestible, ya que estaba hecho de plástico para que
pareciese pan de verdad. Pero por muy real que parezca, comer plástico
solo puede causarle problemas de salud graves e incluso la muerte.
Este pan falso es exactamente como todo lo que los falsos profetas
predican.
Hermanos y hermanas, por muy atractivos que sean los
líderes de sus iglesias, por mucho que les amen, y por muy bien
que les trates, si no les predican la Palabra del Evangelio de la
remisión de los pecados que les permite nacer de nuevo del agua
y el Espíritu, deben darse cuenta que pertenecen a los falsos profetas.
Toda esta gente son falsos profetas que no son más que asalariados
espirituales. La Biblia nos dice claramente que tengamos cuidado
con esta gente.
Nuestro Señor describió a los falsos profetas como
lobos voraces. ¿Todavía están bajo el cuidado de estos falsos profetas?
Está gente no está explotando su dinero, sino que, lo que es aun
más grave, están robando sus almas. Todo lo que estos falsos profetas
quieren es sacarles el máximo de dinero posible para construir una
iglesia más grande y mejor; mientras que sus almas vayan camino
del fuego del infierno o no, no les importa en absoluto. ¿Qué deberían
hacer ahora? Deben conocer al árbol por sus frutos. Cualquiera que
solo hable de dinero cada vez que abre la boca, cuya palabras giran
en torno a su avaricia por el dinero inevitablemente, no es más
que un asalariado y un falso profeta.
Así podemos conocer a los falsos profetas por sus
frutos. ¿Entonces cuáles son estos frutos de los falsos profetas?
Son los frutos del engaño que defraudan a las almas de la gente.
En otras palabras, sus frutos son malos en sí mismos. Los falsos
profetas intentan decir que ustedes están sin pecado y que todo
va bien, siempre y cuando les des dinero. Y dicen que todo va bien
si rezan con arrepentimiento, eres santificado y, por supuesto,
traes mucho dinero a la iglesia. Todos estos son los frutos de los
falsos profetas.
¿Cómo son sus frutos malos entonces? Los frutos de
sus malvados ministerios se presentan intentando incrementar sin
cesar sus congregaciones en número cuando llevan sus iglesias como
si fueran negocios. ¿Qué técnicas emplean para atraer a más gente
a sus iglesias? Entre otras tantas, una de las técnicas más notorias
es ofrecer premios y recompensas terrenales a sus seguidores por
traer más gente a sus iglesias. Por ejemplo, ofrecen un gran frigorífico
a alguien que traiga a la iglesia 20 miembros nuevos al año; un
aparato de aire acondicionado de alto rendimiento a quien traiga
30 miembros nuevos; un utilitario a quien traiga 50 miembros nuevos;
y un coche familiar a quien traiga 200 miembros nuevos al año. Al
ofrecer grandes premios como estos, los falsos profetas exhortan
a sus seguidores a traer aún más miembros a su redil. Puede que
piensen que todo esto es increíble, pero no me estoy inventando
ninguna historia, sino que esto es lo que está ocurriendo en algunas
comunidades cristianas de todo el mundo.
¿Cuán malvado es esto? ¿Es la Iglesia de Dios solo
un banco o un centro comercial? Y una vez han atraído a más miembros
de la iglesia, ¿qué les hacen los falsos profetas? Dios les daría
Su aprobación si predicaran el Evangelio del agua y el Espíritu
y ayudaran a sus seguidores a recibir la remisión de los pecados,
pero todos podemos ver claramente que el dinero es lo único que
les interesa.
Entonces, ahora que los falsos profetas han atraído
almas a sus iglesias, ¿cómo les predican? “Jesús les quiere. Por
cierto, a aquellos que han venido a nuestra iglesia por primera
vez les daremos un lujosa sombrilla de primera calidad, uno para
cada hermano y hermana; una sombrilla extra grande que pueden usar
con sus novias”. Creen que si los nuevos miembros vienen a sus iglesias
por los premios, al final se convertirán en un mayor de la iglesia
o en diáconos (aunque no conozcan el Evangelio del agua y el Espíritu)
y llenarán las arcas de la iglesia con todo tipo de ofrenda, desde
el diezmo hasta ofrendas de acción de gracias, y esta y la otra
ofrenda hasta el día en que mueran; entonces, en general, sería
una empresa rentable.
Para estos falsos profetas, la pequeña inversión de
hoy se traduce efectivamente en el enorme provecho de mañana. Por
eso los falsos profetas celebran estas reuniones con premios; si
fueran a sufrir una pérdida, de ninguna manera las celebrarían.
Digamos que, de 500 miembros nuevos, sólo un 10% de ellos se quedasen,
entonces aún sería rentable, dado que estos 50 miembros llenarían
las arcas de las iglesias durante toda su vida. Estos son los frutos
de los falsos profetas.
En Corea, esta comercialización del cristianismo ha
sido tan desenfrenada que hace poco se hizo una canción que se burlaba
de esto. La letra empezaba así más o menos: “Nos dijeron que fuéramos
a su iglesia; y nos dijeron que creyéramos en Jesús; entonces nos
pidieron dinero, dinero y dinero”. De lo único que hablan los falsos
profetas es de dinero, dinero, y más dinero. Uno de ellos podría
decir: “Construyamos un templo santo y consagrémoslo a nuestro Dios.
Hermanas y hermanos, Dios quiere bendecirnos aquí. En el libro de
Habacuc, Dios le dijo al profeta Habacuc que construyera Su Templo.
Y Dios también dijo que aquellos que nos se unieran a esta tarea
serían maldecidos. El pasaje nos dice que los que dieron mucho por
el Templo recibieron grandes bendiciones de Dios. ¡Presten atención
a este pasaje del libro de Habacuc!”. Entonces escribe el pasaje
de Habacuc en una pancarta y la cuelga en lo alto, trae a un predicador
evangelista para provocar emociones y va pasando el cepillo. Entonces
le dice al diácono que cada uno debería pagar 300 metros cuadrados
de suelo; los mayores al menos 1500 metros cuadrados; y los miembros
normales 5000 ladrillos. Se forma un comité de construcción y empieza
a sacarle dinero a la congregación como si le fuera la vida en ello.
Hermanos y hermanas, si se necesita una iglesia más
grande para Dios, entonces se debe construido. No digo que esto
sea en sí malo. Pero si no es necesario, si la iglesia actual es
suficientemente grande para albergar a toda la congregación, ¿se
debe construir una más grande? Los falsos profetas están tan interesados
en el dinero que encuentran cualquier excusa para sacarles cada
vez más dinero a sus congregaciones, y la motivación por esta innecesaria
y gratuita por la expansión de la iglesia no es más que otra excusa.
No hace más que decir que debemos ofrecerles montones de dinero
para servir al Señor bien, y si alguien cumple sus órdenes, declaran
que su fe es grande. Algunos de ellos muestran un gráfico para tomar
nota de todo, para mostrar qué diácono dio tal cantidad de dinero
o diezmo. Hacen imposible que la gente sin dinero vaya a sus iglesias.
Esta es la fe misma de los falsos profetas, y estos son sus frutos.
Debemos hacer la voluntad
de Dios Padre
Queremos hacer la voluntad de Dios Padre. No debemos
llevar a cabo nuestra propia voluntad obstinadamente, sino hacer
cada buena obra según la voluntad del Padre. ¿Quién puede hacer
la voluntad de Dios Padre? Solo Sus hijos pueden. ¿Quién está dispuesto
a hacer la voluntad de Dios Padre? Los que están dispuestos a hacer
la voluntad de su Padre son solo Sus hijos. Por tanto, solo los
que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden seguir la
voluntad del Padre. Y, como hemos recibido la remisión de los pecados
al creer así, y nos hemos convertido en Sus hijos, estamos siguiendo
la verdadera voluntad de Dios Padre. Hacer la voluntad del Padre
es recibir la remisión de los pecados creyendo en el Evangelio del
agua y el Espíritu, y dejar que todo el mundo sea librado de todos
sus pecados. Esto es lo que significa “hacer la voluntad del Padre
celestial”.
Sin embargo hay muchos falsos profetas en la comunidad
cristiana de hoy en día. Obran iniquidad en vez de hacer la voluntad
de Dios. Dios rechazará a estos mentirosos el último día. Estos
falsos profetas se quejarán a Dios cuando sean rechazados: “Pero
Señor, ¿por qué nos rechazas cuando hemos trabajado sin descanso
por Ti? ¿No profetizamos tanto por Ti? ¿No profetizamos para que
todo el mundo crea en Ti? ¡Expulsamos demonios en Tu nombre, curamos
a los enfermos, y construimos y dedicamos las iglesias más grandes
para Ti! ¡Enviamos miles de misioneros de nuestra confesión, y construimos
miles de iglesias por todo el mundo! ¿Cómo puedes decir que no me
conoces, cuando hice todas esas cosas por Ti? ¿No hay algo raro
aquí? ¿No es esto demasiado injusto? ¿No me estás haciendo algo
horrible? ¿Tienes la enfermedad de Alzheimer?”. Le dicen al Señor:
“¿No hemos profetizado, expulsado demonios y hecho muchos milagros?”
Y así se exponen a sí mismos como trabajadores fieles de Dios, y
protestan.
Pero nuestro Señor les dirá: ¿Quién os dijo que me
sirvierais, vosotros que obráis iniquidad? ¿Quién os dijo que propagarais
Mi nombre? ¿Quién os dijo que enseñarais la Palabra? ¿Os dije Yo
que construyerais iglesias? ¿Os dije que expulsarais demonios? ¿Quién
os dijo que trabajarais robando Mi nombre, obradores de iniquidad?
¿Quién os dijo que trabajarais? ¿Quién dijo que os consagrarais?
¡Apartaos de mí, obradores de iniquidad, porque no tengo nada que
ver con vosotros! Si no hubierais hecho estas cosas, hubiera sido
mucho más fácil para Mis siervos de verdad el haber difundido el
Evangelio del agua y el Espíritu; pero no habéis hecho más que entorpecer
sus esfuerzos. Acabasteis haciendo la obra de Satanás como siervos
del diablo. Ahora, junto con el diablo, ¡sed echados al fuego eterno
del infierno, siervos de Satanás! ¡Escuchad, ángeles! ¡Que estos
siervos de Satanás sean echados a la oscuridad!
Lo que debemos entender es que estos falsos profetas
y los que no han nacido de nuevo, serán todos abandonados por nuestro
señor. Su final es acabar en el fuego eterno del infierno. Debemos
reconocer que, entere la gente religiosa de hoy, hay mucho que serán
echados a este lugar.
“¡Lo sabremos cuando estemos en el infierno! Pero
he oído que el infierno estaba ya lleno. ¿Habrá sitio para mí? ¡A
lo mejor Dios me manda al cielo porque no hay sitio en el infierno!”.
Hay mucha gente que dice cosas tan osadas, descabelladas y estúpidas
como esta. No tienen de qué preocuparse, porque hay un número incontable
de personas destinadas al infierno, que es un sitio suficientemente
amplio como para acomodarlos a todos ellos y tener espacio de sobra.
Échenle un vistazo a las estrellas del cielo. Es más
que probable que algunas de las estrellas que vemos ahora hubieran
existido miles de millones de años atrás y desaparezcan pronto.
¿Saben qué grande es esta galaxia? Cuando observamos la galaxia
en el cielo de la noche, a muchas de sus estrellas les costó miles
de millones de años luz llegar hasta que nosotros las podamos divisar.
¿Y cuántas estrellas hay? Si esto es posible, ¿no habrá sitio suficiente
en el infierno para ustedes?
Dios es eterno, y Su divinidad Omnipotente abarca
el infinito universo. Nuestro Señor es omnisciente, omnipotente
y omnipresente. No hay lugar alguno en el universo en el que Él
no esté, y no hay nada que no pueda hacer. ¿Creen entonces que nuestros
Señor se vería forzado a dejar que los pecadores entraran al Cielo
por no haber suficiente sitio en el infierno para poner a todos
los pecadores y falsos profetas? Si uno pensara bien sobre Dios
cuando mirase al cielo o los maravillosos fenómenos de la naturaleza,
dejaría su escepticismo y diría: “Oh Dios mío, lo mejor es creer”.
“Porque desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su
eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las obras. De manera
que son inexcusables” (Romanos 1:20).
Debemos conocer a los falsos profetas y mediante qué
mentiras engañan a los descarriados. Si los seguimos ciegamente,
todos acabaremos en el infierno. Nuestro Señor dijo: “Aquel,
pues, que escucha mis palabras y las pone por obra, será el varón
prudente, que edifica su casa sobre roca”. A propósito de lo
que dijo Jesús: que todo el que escucha la Palabra de Dios y la
pone en práctica es como aquel que construye su casa sobre roca;
los únicos que escuchan la Palabra de Dios son los nacidos de nuevo.
Solo los que han sido limpiados de sus pecados al creer en el Evangelio
del agua y el Espíritu pueden hacer la voluntad del Padre.
Solo los nacidos de nuevo edifican la casa de su fe
en el Reino de los cielos. Al creer en la Palabra del Evangelio
del agua y el Espíritu y mantenerse firmes en la Palabra, estamos
construyendo nuestra casa de fe. Dicha casa que está construida
con fe nunca se viene abajo. Más adelante, cuando las inundaciones
sobrecojan al mundo, los huracanes bramen, y se nos vengan encima
los maremotos, como hemos edificad nuestras casas sobre roca, y
como esta roca nos protege de todas las olas, nuestras casas nunca
se vendrán abajo. Por el contrario, los que creen en Jesús sin haber
nacido de nuevo han edificado sus casas sobre arena, sobre sus propios
pensamientos, y por lo tanto el Día del Juicio Final, sus casas
se derrumbarán estrepitosamente. Por muy bien que hayan construido
sus casas en sobre arena, cuando lleguen las inundaciones y el agua
se cuele en las casas, los cimientos se caerán y las casas se derrumbarán
estrepitosamente.
Hermanos y hermanas, todos ustedes deben tener cuidado
con los falsos profetas que no conocen el Evangelio del agua y el
Espíritu, y por lo tanto no han nacido de nuevo, y que conducen
a la gente al camino ancho de la destrucción.
Un árbol bueno da buenos
frutos
Un árbol que es bueno de verdad, da buenos frutos.
Ya que el árbol en sí es bueno, está destinado a dar buenos frutos.
Los nacidos de nuevo son como los árboles que creer al lado de un
río, siempre dan buenos frutos según la estación del año, por muy
insuficientes que sean. Un árbol bueno, si está bien cuidado por
el granjero, con fertilizantes y agua, da sin falta buenos frutos.
Los justos no dan los frutos de Su justicia solamente porque así
lo deseen, sino porque escuchan la Palabra de Dios y creen en ella.
Los buenos frutos provienen de los justos. Todo árbol bueno da buenos
frutos.
¿Y qué hay de ustedes? ¿Son árboles buenos espiritualmente?
¿Se han convertido en el pueblo de Dios que ha recibido la remisión
de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu?
¿Han sido salvados de sus pecados al creer en el Evangelio del agua
y el Espíritu, y se han convertido así en justos? Solo los justos
son verdaderos santos ante Dios. Solo los que creen en el Evangelio
del agua y el Espíritu pueden ser los siervos de Dios.
Jesús dijo que un árbol se conoce por sus frutos espirituales,
así todos los que no hacen más que hablar de dinero son falsos profetas.
Pero los que predican el Evangelio del agua y el Espíritu y dan
los frutos de la justicia son los verdaderos profetas. Si los pastores
están obsesionados con el dinero y armar jaleo para construir sus
iglesias, aún cuando muchas de sus congregaciones han sido suspendidas
y se esfuerzan para que les llegue el dinero, ¿cómo podrían describirlos
como buenos árboles? ¿Se complace Dios realmente cuando edifican
sus escandalosas e innecesarias grandes iglesias? ¿Se complace con
los cristianos ciegos que llenan las enormes iglesias?
Hermanos y hermanas, de toda la gente, al menos ustedes
deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y difundirlo
a todo el mundo. Para todos nosotros, nuestras vidas en esta tierra
son efímeras, y dentro de poco nos presentaremos ante Dios. Una
vida dedicada a difundir el Evangelio del agua y el Espíritu para
que otros puedan recibir la remisión de los pecados es la vida correcta
a los ojos de Dios. Aquellos que guían a otros para que puedan alcanzar
la justicia de Dios al escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu
con sus oídos, entenderlo con sus mentes, y creer en él con sus
corazones, y así ser salvados de sus pecados al confesar su fe con
sus labios; sólo estos son los árboles buenos que dan buenos frutos.
En esta era, todos nosotros debemos difundir el Evangelio
del agua y el Espíritu, la Palabra de Dios, a todo el mundo. Debemos
enseñarles a los otros quiénes son realmente los falsos profetas.
Últimamente hemos estado repartiendo nuestros verídicos del Evangelio,
y hemos estado recibiendo con frecuencia llamadas de nuestros lectores
que nos pedían que les enseñásemos quiénes son los falsos profetas.
Para nosotros, difundir el Evangelio del agua y el
Espíritu es como llevarlos hasta Dios y librarlos de la explotación
de los mentirosos. Debemos enseñar a todo el mundo quiénes son los
mentirosos y cuál es la fe correcta, y predicar el verdadero Evangelio
del agua y el Espíritu para que todo el que crea sea salvado de
sus pecados.
Lo que debemos comprender es que la senda estrecha,
la senda difícil, es la senda que nos lleva a la vida. Pero no hay
mucha gente que llama a la puerta estrecha y la busque. Aún así
debemos continuar difundiendo la verdad del Evangelio del agua y
el Espíritu a todo el mundo. Y debemos avisar a los que van camino
de la destrucción de que están siendo engañados por falsos profetas.
Esto es lo que usted y yo, que creemos en el Evangelio del agua
y el Espíritu, debemos hacer. Nuestro Señor dijo: “Yo soy la
luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá
luz de vida” (Juan 8:12). Y nuestro Señor dijo que nosotros,
los justos, también somos la luz del mundo. También dijo: “Nadie,
después de haber encendido una lámpara, la cubre con una vasija
ni la pone debajo de la cama, sino que la coloca sobre el candelero
para que los que entren vean” (Lucas 8:16). Debemos hacer brillar
la luz de la fe que conoce y cree en el Evangelio del agua y el
Espíritu, para que todo el que vea esta luz, venga a ella, y tenga
esta luz también.
En conclusión, déjenme reiterar la amonestación principal
que les he hecho a todos ustedes. En estos días del final de los
tiempos, debemos cumplir con nuestra tarea de difundir el Evangelio
del agua y el Espíritu. Debemos hacer la voluntad de Dios Padre
continuamente, por muy difíciles que sean nuestras circunstancias.
Cuanto más oscuro es este mundo, más difundimos este Evangelio,
porque es durante estos días del final de los tiempos cuando hay
más gente que debe ser librada de los pecados del mundo y de sus
falsos profetas. Continuemos plantando la semilla del Evangelio
del agua y el Espíritu con aún más determinación y devoción.
Regreso a la Lista
|