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El poder del Evangelio del agua y el Espíritu
< Mateo 13, 31-43 >
«Otra parábola les propuso, diciendo: Es semejante el reino
de los cielos a un grano de mostaza que toma uno y lo siembra en
su campo; y con ser la más pequeña de todas las semillas, cuando
ha crecido es la más grande de todas las hortalizas y llega a hacerse
un árbol, de suerte que las aves del cielos vienen a anidar en sus
ramas. Otra parábola les dijo: Es semejante el reino de los cielos
al fermento que una mujer toma y lo pone en tres medidas de harina
hasta que todo fermenta. Todas estas cosas dijo Jesús en parábolas
a las muchedumbres, y no les hablaba nada sin parábolas, para que
se cumpliera el anuncio del profeta, que dice: “Abriré en parábolas
mi boca, declararé las cosas ocultas desde la fundación del mundo”.
Entonces, dejando a la muchedumbre, se vino a casa, y sus discípulos
se le acercaron, diciéndole: Explícanos la parábola de la cizaña
del campo. El, respondiendo, dijo: El que siembra la buena semilla
es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son
los hijos de reino; la cizaña son los hijos del maligno; el enemigo
que la siembra es el diablo; la siega es la consumación del mundo;
los segadores son los ángeles; a la manera, pues, que se recoge
la cizaña y se quema en el fuego, así será en la consumación del
mundo. Enviará el Hijo del hombre a sus ángeles y recogerán de su
reino todos los escándalos y a todos los obradores de iniquidad,
y los arrojarán en el horno del fuego, donde habrá llanto y crujir
de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino
de su Padre. El que tenga oídos que oiga».
Espero y deseo que el Evangelio del agua y el Espíritu se difunda por todo
el mundo. Sé que Dios abrirá la puerta a todo el mundo, incluidas
las regiones más remotas del mundo, para que este Evangelio del
agua y el Espíritu se proclame por todo el mundo. Sé que el verdadero
Evangelio se difundirá enérgicamente y será testificado a todo el
que busque la Verdad, sin dejar a nadie de lado. Sé que, ya lo quieran
o no, la Gran Comisión de Dios, que propaga el Evangelio del agua
y el Espíritu a todo el mundo, será cumplida en el futuro. También
creo que a través de nosotros Dios difundirá el Evangelio por el
mundo entero, porque Él lo ha decidido así.
Dios es también el Maestro de la historia del mundo como está escrito
en el Salmo 127, 1: «Si Yavé edifica la casa, en vano trabajan
los que la construyen. Si no guarda Yavé la ciudad, en vano vigilan
sus centinelas». Esto es como cuando Corea del Sur llegó hasta
la semifinal del Mundial de 2002. Mi país, Corea del Sur, nunca
había pasado de la primera ronda de un Mundial y nunca había ganado
un partido, pero en el pasado Mundial, llegó hasta la semifinal.
Estoy seguro de que esta es la providencia de Dios y Sus bendiciones.
Para difundir el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo,
Dios se aseguró de que Corea del Sur se conociera en todo en mundo.
Sé que Dios ayuda a gente en muchos sitios para buscar primero el
Reino y Su Justicia.
Estoy seguro de que todos ustedes están dispuestos a servir al
Evangelio de la Justicia de Dios. Por tanto debemos rezar más fervientemente
para que se difunda el Evangelio del agua y el Espíritu. Necesitamos
más medios materiales para apoyar nuestros ministerios, es decir
nuestros libros cristianos. Nuestro Señor nos pide: «Con las
riquezas injustas haceos amigos, para que cuando estas falten, os
reciban en los eternos tabernáculos» (Lucas 16, 9). Sin embargo,
no podemos apoyar los ministerios sin recursos materiales, porque
nuestros propios recursos son limitados.
Por tanto, debemos rezar para que Dios nos de más medios materiales.
Sé que si rezamos a Dios, nos dará más bendiciones materiales de
las que tenemos ahora, y obrará en nuestras vidas. Como oramos para
que obtener ayuda monetaria para difundir el Evangelio por todo
el mundo, sé que Dios conoce bien nuestras intenciones y contestará
nuestras oraciones.
Rezamos a Dios con confianza. Todo lo que tenemos que hacer es
pedir ayuda a Dios poniendo nuestra fe en Él, y predicar el Evangelio
del agua y el Espíritu por todo el mundo. Cuando trabajamos con
fe para difundir el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios escuchará
nuestras oraciones y obrará.
Dios se complace cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu
a todo el mundo. Sé que este Evangelio será difundido más ampliamente
que ahora, para que nadie de este mundo quede sin oír el Evangelio
del agua y el Espíritu. Es mi ardiente deseo que el Señor haga todas
estas cosas en los próximos años.
¿Cuál es el poder del Evangelio del agua y el Espíritu
que es como un grano de mostaza?
Acabamos de leer Mateo 13, 31-43. Los versos 31 y 32 dicen: «Otra
parábola les propuso, diciendo: Es semejante el reino de los cielos
a un grano de mostaza que toma uno y lo siembra en su campo; y con
ser la más pequeña de todas las semillas, cuando ha crecido es la
más grande de todas las hortalizas y llega a hacerse un árbol, de
suerte que las aves del cielos vienen a anidar en sus ramas».
Jesús dijo que el Reino de Dios es como un grano de mostaza que
un hombre sembró en su campo. Nuestro Señor dijo que el grano de
mostaza es la semilla más pequeña de todas, pero cuando crece y
se convierte en un árbol, es más grande, de manera que las aves
del cielo anidan en sus ramas. Nuestro Señor habló del poder del
Evangelio a través de Su parábola. Dicho de otra manera, a través
del poder de este Evangelio verdadero, Dios ha permitido que los
pecadores reciban la remisión de los pecados, que sean librados
de la esclavitud de sus pecados, y así recibir una vida nueva llena
de paz.
En resumen, este pasaje nos muestra cómo el poder del Evangelio
del agua y el Espíritu obra para expandir Su Reino. En esta parábola,
el Reino de los Cielos se refiere al Reino de Dios, y el grano de
mostaza se refiere al Evangelio del agua y el Espíritu.
Cuando la gente se encuentra por primera vez con este Evangelio
del agua y el Espíritu, puede parecer algo muy pequeño y de poco
valor, pero para los que lo aceptan en sus corazones, la grandeza
del Reino de Dios se cumple es sus espíritus. Se refiere al proceso
por el que un nacido de nuevo se convierte en un obrero que trabaja
para Su Reino. En otras palabras, el Reino de Dios empieza y se
perfecciona a través de la fe en la Palabra del Evangelio del agua
y el Espíritu, cuyo poder es como el de un grano de mostaza. Cuando
creemos en este Evangelio del agua y el Espíritu que Jesús nos ha
dado, nos convertimos en los hijos de Dios, y los que se han convertido
en Sus hijos, algún día se convertirán en siervos de Dios que guíen
a los pecadores hacia Dios. Jesús nos dijo a través de la parábola
que los siervos de Dios construyen el Reino de Dios, acogen a muchos
pecadores en sus brazos y los llevan hasta el Señor.
El Señor no habló sin parábolas
Mateo 13, 34-35 dice: «Y no les hablaba nada sin
parábolas, para que se cumpliera el anuncio del profeta, que dice:
“Abriré en parábolas mi boca, declararé las cosas ocultas desde
la fundación del mundo”».
¿Cuáles son las cosas ocultas desde la fundación del mundo? Son
el Evangelio del agua y el Espíritu que puede construir el Reino
de Dios. Nuestro Señor ha mantenido en secreto el poder del Evangelio
del agua y el Espíritu, el Evangelio del Cielo.
En otras palabras, a través de Sus parábolas el Señor habló de
cómo el Reino de Dios puede construirse en este mundo. Podemos ver
que a través de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu
Su Reino se construye en la tierra. Dicho de otra manera, a través
de la fe de esta gente sin pecado que no ha nacido de nuevo por
el poder del Evangelio del agua y el Espíritu, se construye el Reino
de Dios. Por eso el señor ha convertido a Sus creyentes en el pueblo
de Dios con poder del Evangelio del agua y el Espíritu, para que
no les falte nada a nuestros espíritus para convertirse en el pueblo
de Dios.
Al darnos el poder de este Evangelio, el Señor nos ha dado la perfección
a todos y cada uno de nosotros, y nos ha permitido convertirnos
en el pueblo de Dios y en los obreros de Su Reino. Por tanto, a
través de estos obreros, muchos pecadores están escuchando la Palabra
del Evangelio del agua y el Espíritu, el verdadero Evangelio, y
se reúnen en torno a sus enseñanzas. Así son salvados de sus pecados,
convirtiéndose en el pueblo del Reino de Dios que recibe todas Sus
bendiciones y protección. Este es el poder del Evangelio del agua
y el Espíritu.
El poder del Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad perfecta
del Reino de Dios. Este poder del Evangelio establece el Reino de
Dios y que convierte a los pecadores en el pueblo de Dios permitiéndoles
nacer de nuevo. Cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu
el Reino de Dios se construye en nosotros, los pecadores se convierten
en el pueblo de Dios y los esclavos del mundo se convierten en obreros
de Dios. Muchos que antes pertenecían a Satanás pueden convertirse
en gente del Reino de Dios al poner su fe en el poder del Evangelio
del agua y el Espíritu.
Por eso cuando el Señor habló del Evangelio del agua y el Espíritu,
dijo que el Reino de Dios es como un grano de mostaza. Esta Verdad
que Jesús dijo, acerca del Reino de los Cielos que es como un grano
de mostaza que un hombre plantó en su campo, es un secreto escondido
por Dios. El Dios de la trinidad lo planeó antes de la fundación
del mundo.
Satanás y sus debilidades hicieron que la humanidad no pudiera
evitar caer en el pecado y ahogarse en él. Pero Dios nos ha dado
una manera a través de la que podemos convertirnos en el pueblo
de Dios. Por eso nuestros Señor dijo: «Es semejante el reino
de los cielos a un grano de mostaza que toma uno y lo siembra en
su campo». En otras palabras, el Reino de Dios, está escondido
en el misterio del poder del Evangelio del agua y el Espíritu.
Por tanto, cuando la gente cree en el Evangelio del agua y el Espíritu,
recibirá la remisión de los pecados y serán justos. Todos se convertirán
en el pueblo de Dios por su fe en el verdadero Evangelio. También
se convertirán en obreros de Dios por la fe. A través de este Evangelio,
los hijos malditos se convertirán en el objeto de las bendiciones
de Dios. Aparte de esta fe en el Evangelio del Evangelio del agua
y el Espíritu, nada más puede convertirles en los benditos. ¿Se
convirtieron en el pueblo de Dios sólo creyendo en la sangre de
la Cruz? Lo que les ha convertido completamente en el pueblo de
Dios y les ha dado forma de obreros de Su Reino es el poder del
Evangelio del agua y el Espíritu.
El Señor de este poder del Evangelio del agua y el Espíritu no
es otro sino nuestro propio Señor. Ustedes y yo no deberíamos subestimar
el poderoso Evangelio del agua y el Espíritu, porque fue nuestro
Señor quien vino a este mundo y nos dio este Evangelio con Su gracia.
A primera vista, este verdadero evangelio puede parecerse al pseudo-evangelio
que cree sólo en la sangre de la Cruz, pero el Evangelio del agua
y el Espíritu se sitúa en una dimensión completamente distinta de
la de otros evangelios.
Debemos convertirnos en el pueblo de Dios al creer en la Verdad
del Evangelio del agua y el Espíritu. A través de este Evangelio,
debemos ser librados de nuestros pecados, y convertirnos en el pueblo
de Dios y en Sus estimados obreros. Debemos predicar este poderoso
Evangelio del agua y el Espíritu a aquellos que siguen siendo esclavos
de Satanás. Cuando hagamos esto, mucha gente podrá recibir la remisión
de los pecados.
Jesús habló de este misterio del Cielo en parábolas para que no
todo el mundo las entendiera. Él dijo que el Reino de los Cielos
es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo; y
aunque el grano es pequeño al principio, con el tiempo se convierte
en un árbol y las aves del cielo anidan en sus ramas. Cuando la
gente no tenía fe en este poderoso Evangelio del agua y el Espíritu,
todos eran esclavos de Satanás, sólo para llegar a la muerte. Pero
gracias a los que creen en este Evangelio, el pueblo de Dios se
levantó en esta tierra, y muchos recibieron las bendiciones de Dios.
¿Hay algún otro poder verdadero del Evangelio aparte del Evangelio
del agua y el Espíritu? No lo hay. Si alguien todavía se pregunta:
«¿Es correcto que crea en el Evangelio del agua y el Espíritu y
siga este Evangelio? ¿Hay otro verdadero Evangelio aparte de este?».
Les pido que dejen de lado esas tonterías.
Los practicantes de la religión de este mundo son como la semilla
que cayó en el borde del camino. Creen que sólo por haber convertido
sus religiones al cristianismo e intentar vivir lo mejor posible,
creen en Dios correctamente. Pero el hecho es que ni siquiera pueden
convertirse en campos pedregosos porque no pueden reconocer la Palabra
de Dios. Bloqueados por el sólido muro de la religión, no se dan
cuenta de lo pecadores e insuficientes que son.
Incluso ahora, esta gente debe saber lo llena, de deseos carnales
que está, conocerse a sí misma y buscar la Palabra de Verdad. En
otras palabras, deben creer que nuestro Señor, al darnos el poder
del Evangelio del agua y el Espíritu, ha borrado todos nuestros
pecados de una vez por todas, y nos ha salvado perfectamente. Todos
debemos creer, y convertirnos en hijos de Dios. Después debemos
dar gracias a Dios.
Aún así hay quien no cree y todavía duda. Dios está decepcionado.
«¿Es este el poder del Evangelio o no? ¿Debo creer así o no?». A
todos aquellos que dudan, les pido que dejen de lado sus dudas y
se aseguren de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Un grano de mostaza es pequeño pero tiene un potencial
enorme
Jesús dijo que el Reino de Dios es como un grano de mostaza que
un hombre sembró en su campo. ¿Qué tamaño tiene un grano de mostaza?
Es tan pequeño que a penas se puede ver con los ojos desnudos. Y
mientras lo miras, si respiras demasiado fuerte, se puede volar.
Así es un grano de mostaza. ¿Cómo, entonces, puede este grano convertirse
en un árbol, siendo tan pequeño? Todo el mundo se hace la misma
pregunta. Pero una vez la semilla germina, crece hasta ser un árbol
enorme. Entonces puede servir a los pájaros para anidar, dar sombra
para cobijarse del calor abrasador, y parar el viento y dar cobijo
de la lluvia.
Cuando nos encontramos por primera vez con el Evangelio del agua
y el Espíritu, podemos pensar: «¿Qué tiene de especial?». Pero al
referirse a este Evangelio el Señor dijo que era un misterio guardado
desde la fundación del mundo. Dijo en el pasaje de hoy: «Abriré
en parábolas mi boca, declararé las cosas ocultas desde la fundación
del mundo». Una de las parábolas dice que el Cielo es como un
grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
El Reino de Dios emerge a través de los que creen en el Evangelio
del agua y el Espíritu. Jesús dice que a través de los que han nacido
de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu, el Reino de Dios
se expande y Su pueblo surge. Tal y como una llama puede convertirse
en un gran fuego y quemar todo un bosque, a través los que difunden
el Evangelio del agua y el Espíritu mucha gente se convierte en
hijos de Dios.
Por eso no debemos pensar que no hay nada de especial en el Evangelio
del agua y el Espíritu, ni tampoco, en nuestra ignorancia debemos
pensar: «Estoy seguro de que hay algo mejor que el Evangelio del
agua y el Espíritu. Mucha gente en este mundo han investigado y
hecho estudios. ¿Significa esto que todo lo que los teólogos han
estado diciendo no es cierto?» Si esto es lo que ustedes piensan,
deben olvidar estos pensamientos.
Deben darse cuenta de que un grano de mostaza, que aparentemente
no tenía valor y era ignorado por todos, al final se convirtió en
un árbol enorme. Admitan el hecho de que es el poder del Evangelio
del agua y el Espíritu lo que ha hecho que ustedes y yo, que hemos
sido pecadores, seamos justos.
¿Han sido borrados sus pecados mediante la doctrina de la santificación
gradual o la doctrina calvinista de la justificación? ¿Se han convertido
en justos al asistir al movimiento pentecostal que hace hincapié
en sus experiencias místicas personales? La Teología, las doctrinas
y la justicia del hombre no tienen el poder de borrar los pecados
de la humanidad. Sólo el poder del Evangelio del agua y el Espíritu
puede borrar nuestros pecados, convertirnos en el pueblo de Dios
y hacernos el pueblo del Reino de Dios, construyendo este Reino
en la tierra.
¿Quién construye es Reino de los Cielos? El Reino de los Cielos
se construye mediante los que creen en el poder del Evangelio del
agua y el Espíritu. Incluso antes de la fundación del mundo, Dios
nos escogió en Cristo, nos predestinó en Cristo, y nos hizo Su pueblo
en Cristo. En resumen, Dios Padre planeó nuestra salvación en Jesucristo
Su Hijo. Es decir, gracias a que Jesucristo nació en este mundo,
fue bautizado, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos
y así nos salvó, ha hecho posible que nos convirtamos en hijos de
Dios al creer en el poder del Evangelio del agua y el Espíritu.
Al hacer todas estas cosas, nos ha permitido alabar a Dios, creer
en Él y darle gracias. Nos ha hecho alabar la gloria de Dios.
Por tanto hemos llegado a conocer la voluntad de Dios para nosotros,
que había sido mantenida en secreto desde la fundación del mundo.
A través de nuestra fe revelada en Su parábola del sembrador, podemos
entender la Palabra de Dios. El Cielo, el Reino de Dios, pertenece
a los que tienen este tipo de fe. Dicho de otra manera, el Reino
de los Cielos pertenece a los que creen en el Evangelio del agua
y el Espíritu.
Sólo los espiritualmente sabios merecen la Verdad. Los que son
tercos espiritualmente sólo se adhieren al conocimiento predominante,
aunque haya resultado no ser cierto. Se suele decir que nunca pensamos
dos veces aquellos asuntos que la mayoría apoya. Así, muchos cristianos
ni siquiera piensan acerca de las falacias de su fe, porque la mayoría
absoluta de los cristianos creen que la sangre de la Cruz es la
única verdad de su salvación. Por eso el cristianismo de hoy en
día está lleno de creyentes ciegos.
Sin embargo, no es correcto que tengamos una fe fuerte en cualquier
cosa. Tener fe en Jesús según nuestras ideas como las religiones
del mundo, como si fuera una asunto de credo religiosa, no es creer
en el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu. Antes de conocer
el Evangelio del agua y el Espíritu, no teníamos el Evangelio de
Dios que borra nuestros pecados. Convertirnos en hijos de Dios no
es algo factible sólo para los siervos con poder como el Apóstol
Pablo o Pedro.
Pero a pesar de esto, los que no conocen el Evangelio del agua
y el Espíritu dicen: «¿Cómo puede un hombre estar sin pecado? Eso
sólo es posible para los siervos de Dios especiales y poderosos
como Abraham, Isaac, Jacob, Elías, Ezequiel o Daniel», y afirman
que aunque creamos en Jesús, no nos convertimos en siervos de Dios
necesariamente. Se hicieron cristianos sólo porque el cristianismo
les parecía la mejor de las religiones del mundo; porque la Biblia
les parece un gran texto y una verdad, algo que sentían que debían
saber; porque se sintieron tocados por el amor de Jesús en la Cruz;
porque no creer les parecía un pecado, pero creer les haría más
sabios; porque parecerían más cultos si creían en Dios; porque tendrían
más clase si caminaran elegantemente con la Biblia en sus manos,
sentándose en la iglesia, rezando y escuchando la Palabra; y porque
pensaron que se convertirían en grandes intelectuales si escuchaban
las discusiones sobre Nietzsche, Hegel u otros grandes pensadores
del mundo.
En resumen, muchos cristianos quisieron conseguir personalidades
atractivas cuando se convirtieron al cristianismo. Dicho de otra
manera, no había casi nadie que de verdad estuviera sin pecado al
creer en Jesús, que perteneciera al pueblo de Dios, que se convirtiera
en Su hijo, que se convirtiera en justo, y que se convirtiera en
un obrero de Dios valioso; casi nadie creyó en Jesús con el deseo
de tener la misma fe que los justos y los siervos de Dios tuvieron
en la Biblia, ni de vivir su vida como ellos la vivieron.
Sin embargo, nuestro Señor no quiere que seamos meros practicantes
de la religión. Sólo quiere que creamos en el Evangelio del agua
y el Espíritu, que tiene el poder de convertirnos en hijos de Dios
y de construir Su Reino en este mundo. Mis queridos hermanos, ¿No
creen que el Evangelio del agua y el Espíritu nos ha convertido
en hijos de Dios?
El Evangelio del agua y el Espíritu nos ha dado la misma fe que
la de Abraham. ¿Cómo creyó Abraham? Él creyó en la Palabra de Dios
con esperanza, a pesar de su desesperación. Su fe era así: «Señor,
aunque Tu Palabra no me parezca que se haya cumplido, estoy seguro
de que se cumplirá totalmente, porque eres mi Dios omnipotente».
Nuestra fe presente es la misma que la de Abraham que Dios aprobó.
La fe de Sara también es la misma que la nuestra. ¿Cómo pudo Sara
concebir un hijo? Se quedó embarazada cuando creyó en la promesa
de Dios: «¿Hay algo imposible para Yavé? A otro año por este
tiempo volveré, y Sara tendrá ya un hijo» (Génesis 18, 14).
Era humanamente imposible que Sara concibiera un hijo. Tenía casi
90 años entonces. Pero esto se cumplió porque Sara y Abraham creyeron:
«Como Dios nos lo ha prometido, nos dará un hijo el año que viene
por estas fechas». Por supuesto, Sara no creía en la promesa al
principio, pero al final creyó aunque fuera humanamente imposible.
Sara podía haber pensado: «He vivido mucho tiempo, pero esta es
la primera vez que oigo algo tan gracioso. Hace diez años que tuve
la menopausia y por tanto es imposible que tenga un hijo ahora.
Dios dice cosas muy extrañas». Pero cambió de opinión y dijo: «Pero
como Tú lo has dicho, creo».
Abraham y Sara tuvieron un hijo, y estaban tan felices que le llamaron
Isaac. El nombre Isaac significa «risa». Abraham tuvo un hijo cuando
tenía 100 años. Abraham estaba muy contento. Así que cuando Isaac
fue destetado, Abraham hizo una gran fiesta.
Mis queridos hermanos, cuando Abraham tenía 75 años dejó su casa
según la promesa de Dios, y a los 100 años, tuvo un hijo. ¿Cuánto
tiempo esperó y durante cuánto tiempo había sido guiado? Abraham
era un hombre de fe que siguió la Palabra de Dios, aunque no podía
ver las posibilidades en la circunstancias. Por eso Dios aprobó
la fe de Abraham como la verdadera fe en Dios.
El mismo principio de fe puede ser aplicado a nosotros. Dios nos
dice que a través del poder del Evangelio del agua y el Espíritu,
nos ha hecho Su propio pueblo, dejando de ser pecadores. El Señor
dijo que ha borrado todos nuestros pecados, incluso los que cometeremos
en el futuro, al tomarlos sobre Sí mismo a través de Su bautismo
y al expiarlos con Su sangre en la Cruz. Aunque esto parezca imposible,
es la realidad.
Mis queridos hermanos, tengan fe en el poderoso Evangelio del agua
y el Espíritu. Está escrito en la Biblia: «Ahora bien: es la
fe, la garantía de lo que se espera, la prueba de las cosas que
no se ven» (Hebreos 11, 1). Por tanto, cuando se aferran a la
Palabra de Dios, las promesas de las bendiciones de Dios serán suyas.
Pero si no lo hacen, las perderán.
Hay un proverbio coreano que dice que la sal de a cocina no está
salada a no ser que se use. Por mucha sal que tengan en su casa,
su comida sólo está salada si le ponen sal; si no, su comida no
está salada. Así, deben aferrarse a la Palabra escrita de Dios con
fe. A no ser que lo hagan, el Evangelio del agua y el Espíritu será
completamente inútil para ustedes, por mucho poder que tenga. Si
Dios les dice que ha borrado todos sus pecados con el poder del
Evangelio del agua y el Espíritu, entonces deben aferrarse al verdadero
Evangelio con fe. Si, por esta fe, se aferran a la Palabra de Dios,
este Evangelio será suyo.
Mis queridos hermanos, les pido que crean que el grano de mostaza
en esta parábola es el Evangelio del agua y el Espíritu. La fe en
el Evangelio del agua y el Espíritu es fe como un grano de mostaza.
Puede parecer diminuto, pero hay un gran poder en él, y cuando crece,
se convierte en un árbol enorme y da muchos frutos. El Evangelio
del agua y el Espíritu hace posible que recibamos la remisión de
los pecados, no sólo a mí, sino a todos los que escuchan y creen
en esta Palabra.
La Palabra del Evangelio del Cielo se difunde como
levadura
Leamos Mateo 13, 33 juntos. «Es semejante el reino de los cielos
al fermento que una mujer toma y lo pone en tres medidas de harina
hasta que todo fermenta».
Aquí el Señor habló mediante otra parábola, diciéndonos que el
Reino de Dios prevalecerá sobre el mundo entero a través del Evangelio
del agua y el Espíritu. El Reino de Dios se extenderá así. Mientras
que el pasaje que acabamos de explicar, Mateo 13, 31-32, habla de
que el Reino de Dios se cumple en nuestros espíritus, el verso 33
habla del poder del Evangelio del agua y el Espíritu que se difunde
en este planeta. Cuando aquí se dice: «El Reino de los Cielos es
como el fermento que una mujer toma y lo pone en tres medidas de
harina hasta que todo fermenta», quiere decir que este poder del
Evangelio se difundirá por todo el mundo. El Reino de Dios se refiere
al Reino de Dios y el fermento que la mujer puso en tres medidas
hasta que todo fermentó se refiere al Evangelio del agua y el Espíritu.
El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad perfecta que lleva
a los pecadores al Reino justo de Dios. Él difundirá este poderoso
Evangelio por todo el mundo al final de los tiempos. Él propagará
el Evangelio por todos los rincones del mundo, para que todos hayan
oído este verdadero Evangelio sin excepción.
Jesús dijo que el Reino de los Cielos es como el fermento que se
pone en tres medidas de harina. ¿Cuánto es una medida de harina?
Antiguamente la harina se vendía en medidas, de una medida, a dos,
tres y en adelante. Tres medidas de harina no eran una cantidad
pequeña, sino una cantidad considerable de harina suficiente para
dar una fiesta en un pueblo.
Jesús dijo que el Reino de los Cielos es como el fermento que se
pone en tres medidas de harina. Esto significa que aunque el Evangelio
del agua y el Espíritu es tan pequeño como un grano de mostaza,
cuando esta Verdad se siembra en este mundo, se propagará a los
corazones de toda la gente de este mundo. En otras palabras, el
Evangelio del agua y el Espíritu, que es el Evangelio del Reino
de los Cielos, se difundirá a lo largo y ancho del mundo, para que
todo ser viviente escuche esta Palabra sin excepción. También significa
que el poder de este Evangelio es suficiente para salvar a todo
el mundo del pecado. Este Evangelio es más que capaz de salvar a
todo el mundo, y será difundido por toda la tierra.
Así que cuando leo este pasaje, tengo plena confianza en que la
Palabra de Dios se difundirá por todo el mundo. Hay tantas islas
en el mundo de las que nunca he oído. Pero incluso en esos países
remotos, el verdadero Evangelio será sembrado, y no quedará ningún
país en el que este Evangelio no haya entrado. Lo sé porque Jesús
dijo que el Reino de los Cielos es como el fermento que se pone
en tres medidas de harina. Sin falta, este Evangelio del agua y
el Espíritu se predicará por todo el mundo: entrará incluso en Corea
del Norte, y no sólo a los países árabes, sino a las pequeñas y
remotas islas. Esto se debe a que el Señor mismo dijo que el Evangelio
del agua y el Espíritu es como el fermento.
Aunque nosotros mismos no tengamos poder o bienes materiales suficientes,
el Evangelio del agua y el Espíritu es tremendamente poderoso, y
se difundirá sin duda por el mundo entero. ¿No es así? Por eso deber
preparar con fe nuestra habilidad para predicar el Evangelio del
agua y el Espíritu.
«El verdadero Evangelio se difundirá por todo el mundo con toda
seguridad. Llenará el mundo entero. Teniendo esta fe, ¿qué debemos
hacer?». Cuando pensamos de este modo, nos damos cuenta de que toda
la creación pertenece a Dios y llegamos a la conclusión de que debemos
orar al Señor para que nos de los medios materiales para predicar
este Evangelio por todas partes. Debemos rezar a Dios para que nos
de cien veces más de lo que tenemos ahora—no, mil veces, un millón
de veces más, para que podamos predicar el Evangelio a todo rincón
remoto de este mundo en el menor tiempo posible.
Como Dios nos habló de este poderoso Evangelio y nos lo reveló
antes de la fundación del mundo, con seguridad lo difundirá por
todo el mundo. Sé, por supuesto, que lo cumplirá muy pronto. Mi
fe no está sin fundamento, sino que tiene sus raíces en la Palabra
de Dios, para que pueda creer fielmente en la Palabra de Dios desde
el fondo de mi corazón.
Si un granjero sólo se pregunta: «¿Lloverá o no?» y sólo observa
el tiempo, no recogerán mucha cosecha cuando el otoño llegue. Cuando
la Palabra de Dios lo dice, debemos tener fe en Su Palabra, diciendo:
«¡Sí! Pasará tal y como está escrito». Y la Palabra del agua y el
Espíritu nos permite creer que esta Palabra nos convierte en el
pueblo de Dios y entrar en el Reino de Dios. Debemos darnos cuenta
de que el poderoso Evangelio del agua y el Espíritu es la Palabra
de Verdad de la remisión de los pecados, y debemos darnos cuenta
de que este Evangelio llenará el mundo entero. Debemos creerlo.
Yo mismo lo creo. ¿Creen ustedes también?
¿Conocen el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Creen que el Evangelio
del agua y el Espíritu es la Verdad que les permite convertirse
en el pueblo del Reino de Dios? ¿Creen que el Evangelio del agua
y el Espíritu cubrirá el mundo entero? Dios nos lo ha revelado hoy.
Al revelar este Evangelio al mundo entero, Dios cumplirá Su plan.
Pasemos a Mateo 13, 36-43: «Entonces, dejando a la muchedumbre,
se vino a casa, y sus discípulos se le acercaron, diciéndole: Explícanos
la parábola de la cizaña del campo. El, respondiendo, dijo: El que
siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo;
la buena semilla son los hijos de reino; la cizaña son los hijos
del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la siega es
la consumación del mundo; los segadores son los ángeles; a la manera,
pues, que se recoge la cizaña y se quema en el fuego, así será en
la consumación del mundo. Enviará el Hijo del hombre a sus ángeles
y recogerán de su reino todos los escándalos y a todos los obradores
de iniquidad, y los arrojarán en el horno del fuego, donde habrá
llanto y crujir de dientes. Entonces los justos brillarán como el
sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos que oiga».
Mis queridos hermanos, debemos tener oídos para oír. «Señor, dame
oídos para oír y entender la Palabra de Dios». Así debemos rezar
a Dios para pedirle ayuda. Los discípulos de Jesús vinieron a Él
y dijeron: «Explícanos la parábola de cizaña del campo». Entonces
el Señor les dijo: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del
hombre».
Así, el que difunde la Verdad del Evangelio del Reino de los Cielos
es Dios mismo, y es Jesús que vino como hombre. ¿Qué es el campo,
es decir el objeto al que Jesús predica Su Palabra? Este objeto
es la palabra misma. Todo el que vive en este mundo es el campo.
Entonces Jesús dijo: «Las buenas semillas son los hijos del Reino».
Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, son los que
pertenecen al Reino de Dios.
En resumen, la buena semilla es el Evangelio del agua y el Espíritu,
y podemos convertirnos en hijos de Dios al creer en este Evangelio.
Los hijos de Dios son las buenas semillas, y al mismo tiempo, cosechan
la buena semilla obedeciendo al Señor. En realidad, todos hemos
sido salvados de nuestros pecados mediante la Verdad del Evangelio,
y entonces nos hemos dedicado a difundir la Palabra de salvación.
Como Jesús dijo que el enemigo que sembraba la cizaña es el Diablo,
entonces es el Diablo el que sembró y plantó los falsos evangelios
en los corazones de la gente. La cizaña crece más rápidamente, pero
cuando la miramos de cerca, podemos ver que es diferente al arroz.
La cizaña tiene rayas blancas detrás de sus hojas. Las taras fingen
ser justas. Fingen ser más virtuosas y tener menos pecado. Del mismo
modo en que una flor de imitación es más espléndida que una flor
de verdad, la cizaña parece más fuerte que el grano de verdad. Como
la Ley de Gresham dice: «El dinero sucio quita todo bien», la cizaña
ha predominado durante la historia del cristianismo y se ha convertido
en la absoluta mayoría del cristianismo. Pero lo que está claro
es que la cizaña debería recogerse y echarse al fuego.
Jesús dijo que la cizaña son los hijos del Maligno
Jesús dijo que la cizaña son los hijos de Satanás y que el enemigo
que sembró la cizaña es el Diablo. El Diablo las plantó. El enemigo
de Dios, nuestro enemigo, es el Diablo. Jesús dijo que la buena
semilla, por otro lado, es sembrada por los hijos de Dios. Él dijo
que la buena semilla es el Hijo del Hombre y que es la Palabra de
Jesús que vino encarnada en un hombre.
Nuestro Señor vino a esta tierra y nos ha salvado a través del
Evangelio del agua y el Espíritu: nuestro Señor tomó todos nuestros
pecados en Su bautismo, murió en la Cruz, se levantó de entre los
muertos, y así nos salvó. Antes de creer en esta Palabra, debemos
creer primero que Jesús es Dios mismo. Debemos creer antes que Jesús
es Dios, el Hijo de Dios, y nuestro Salvador, y también debemos
creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, que nos dice que nos
ha salvado, que el Salvador Jesús nació en este mundo y tomó todos
los pecados cuando cumplió 30 años.
Aunque Jesús naciera en este mundo encarnado en un hombre para
ser nuestro Salvador, es fundamentalmente la misma entidad que Dios
mismo. Pero aún así, no alardeó de Su Divinidad, sino que vivió
33 años de vida humilde, todo para poder salvarnos. Se puso de nuestra
parte, tomó todos nuestros pecados, pagó la pena por nuestros pecados,
murió en nuestro lugar, se levantó de entre los muertos, volvió
a la vida mediante Su poder para poder devolvernos a la vida, completó
nuestra salvación y se ha convertido en el Dios de nuestra perfecta
salvación.
La Biblia declara que Jesús es el verdadero Dios de la vida eterna
(1 Juan 5, 20). Por eso debemos creer en Jesús como nuestro Dios.
Debemos creer que Jesús, como Dios e Hijo de Dios, se ha convertido
en nuestro Salvador. Nuestro Salvador cumplió el Evangelio del agua
y el Espíritu en esta tierra. Nos habló del Evangelio del agua y
el Espíritu, y cumplió Su Palabra de la profecía en este verdadero
Evangelio con Su propio cuerpo al venir a este mundo. También nos
hizo creer y predicar este Evangelio de poder, la Palabra del Evangelio
del agua y el Espíritu.
Los sembradores de las malas semillas son los hijos del Diablo.
Por eso Jesús dijo que los que difunden las buenas semillas son
los hijos del Reino de los Cielos, y los que siembran las malas
semillas, la cizaña, son los hijos del maligno. Los dos se distinguen
así. La cizaña y el grano verdadero no se parecen. Puede que a los
ignorantes les parezcan similares, pero a cualquiera que las examine
de cera, no le parecen iguales. La cizaña tiene rayas blancas en
la parte de detrás de sus hojas, que son más gruesas y verdes. Pero
la cizaña se vendrá abajo. ¿Se caen las cizañas porque son débiles?
No. Se caen porque Dios no las aprueba.
Nuestro Señor nos habló con exactitud sobre este Evangelio del
agua y el Espíritu que construye el Reino de Dios y que nos permite
entrar en este Reino. En otras palabras, mediante el Evangelio del
agua y el Espíritu, podemos diferenciar el grano de la cizaña. Sin
embargo, mucha gente no lo sabe, porque es un misterio para ellos.
Por eso el Señor nos lo ha revelado.
El Señor continuó explicando Su parábola diciendo: «La siega
es la consumación del mundo; los segadores son los ángeles; a la
manera, pues, que se recoge la cizaña y se quema en el fuego, así
será en la consumación del mundo. Enviará el Hijo del hombre a sus
ángeles y recogerán de su reino todos los escándalos y a todos los
obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno del fuego, donde
habrá llanto y crujir de dientes».
Jesús dijo que enviaría a Sus ángeles en el final de los tiempos.
Dijo que no seríamos nosotros los que recogeríamos la cizaña y la
echaríamos al fuego del infierno, sino que Dios, Jesucristo mismo,
enviará a Sus ángeles para arrancar la cizaña y recogerla para echarla
en el fuego. Jesús también dijo que los justos serían reunidos y
que brillarían como el sol en el Reino de su Padre. El verdadero
grano, en otras palabras, vivirá brillando con gloria en el granero
de Dios, el Reino de los Cielos, pero la cizaña vivirá sufriendo
en el infierno por siempre jamás.
¿Son ustedes el verdadero grano?
En la parábola del trigo y la cizaña, es crucial averiguar quién
es el verdadero grano y quién es la cizaña. A través de la parábola,
podemos ver cómo el Evangelio del agua y el Espíritu nos permite
entrar en el Reino de Dios, y convertirnos en hijos de Dios; podemos
ver que el Evangelio del agua y el Espíritu es el único verdadero
Evangelio que salva a todo pecador de sus pecados; y podemos ver
que nuestro Señor nos dijo que los evangelios de la cizaña, aunque
se parezcan al verdadero Evangelio, son totalmente diferentes al
Evangelio del agua y el Espíritu.
El Evangelio del agua y el Espíritu que estamos predicando es más
que suficiente para ser propagado por todo el mundo. Se difundirá
sin falta. Sin importar que seamos insuficientes, el Evangelio del
agua y el Espíritu será predicado. Este no es sólo nuestra tarea,
sino la obra de Dios, y Él a cumplirá con toda seguridad.
Mis queridos hermanos, ¿por qué se convirtió la cizaña en cizaña?
¿No se debe a que escucharon y aceptaron los evangelios de las cizañas
predicados por los hijos del maligno? ¿Cómo nos hemos convertido
en hijos de Dios? ¿No se debe a que los que se convirtieron primero
en hijos de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu,
predicaron la Palabra del poder del Evangelio del agua y el Espíritu
a nosotros? Sí, hemos sido pecadores ante Dios, pero cuando escuchamos
y creímos en el verdadero Evangelio, el Evangelio del verdadero
grano, nos convertimos en los justos. Del mismo modo en que la cizaña
y el grano real son esencialmente diferentes, debemos averiguar
si somos el grano real o la cizaña. Debemos dibujar una línea divisoria
en nuestros corazones.
Deben preguntarse a así mismos: «¿Estoy en la parte del grano verdadero?
¿O estoy ahora en la parte de la cizaña?» Todavía quedan oportunidades.
Lo que está claro es que cuando el fin de los tiempos venga, Dios
atará la cizaña y la echará al fuego eterno. Y dijo que para la
cizaña: «Habrá llanto y crujir de dientes».
Por muy insuficientes que seamos en nuestras acciones, y por muchas
clases de pecado que cometamos, debemos creer que a través del poder
del Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos ha convertido
a ustedes y a mí, los que estábamos destinados al infierno, en hijos
de Dios. Debemos creer que el Evangelio del agua y el Espíritu nos
ha convertido en justos. Debemos creer que sólo el Evangelio del
agua y el Espíritu es la Verdad de la salvación.
Y debemos confesar: «Señor, Tú eres el Cristo y el hijo del Dios
vivo». Tal y como Pedro reconoció que Jesús es el Hijo de Dios,
Dios mismo, y el Salvador, nosotros también lo creemos y debemos
hacer la misma confesión de fe. Al hacerlo, nuestra fe ha sido aprobada
y elogiada por Dios, y nos hemos convertido en Sus hijos, Sus obreros,
y los obreros de la Iglesia. Todos nosotros, ustedes y yo, debemos
creer que el Evangelio del agua y el Espíritu es la única verdad
y que sólo este Evangelio ha borrado nuestros pecados.
«¿Debo ir hacia aquí o hacia allá? No puede ir en esta dirección,
al menos no por el momento. Tengo que dejar un espacio. No pondré
toda mi esperanza aquí. No creo que esto sea todo lo que hay». ¿Hay
alguien que, habiendo puesto un pie, todavía duda si poner el otro
pie o no? Sólo el Evangelio del agua y el Espíritu les ha salvado
de todos sus pecados. Sólo el poder de este Evangelio del agua y
el Espíritu es suficiente para dejarnos sin pecado. Nada más puede
hacerlo. Como está escrito en Hecho de los Apóstoles 4, 12: «En
ningún otro lado hay salvación, pues ningún otro nombre nos ha sido
dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos»,
no hay otro nombre, que no sea el de Jesucristo, que haya limpiado
nuestros pecados al darnos el poder del Evangelio del agua y el
Espíritu. Él nos ha limpiado completa y perfectamente. Aunque nuestros
pecados sean como la grana, quedarán blancos como la nieve (Isaías
1, 18).
En Su parábola del sembrador y los cuatro campos, nuestro Señor
dijo: «Desde el principio, adorasteis ídolos, no reconocisteis ni
escuchasteis Mi Palabra, sino que estabais llenos de pasiones mundanas
y hedonistas. No podéis evitar ser echados al fuego por sus pecados.
Pero vine a salvaros y a cumplir la salvación a través del poder
del Evangelio del agua y el Espíritu. He borrado vuestros pecados.
Al ser bautizados, al morir en la Cruz, y levantarse de entre los
muertos, os he salvado de todos vuestros pecados. Entonces deberíais
creer en lo que he hecho por vosotros y convertiros en el pueblo
de Dios. ¿No queréis creer y convertiros en el pueblo de Dios? ¿No
queréis se el pueblo de Dios? ¿No queréis entrar en el Reino de
los Cielos? ¿No queréis venir al Reino de Dios que he preparado
para vosotros?».
Nuestro Señor nos está diciendo: «Si os quiero tanto, si os querré
para siempre, ¿por qué no aceptáis Mi amor?». Esto es lo que el
Señor nos dice q todos nosotros, a toda la gente del mundo, a través
de la parábola del sembrador.
Básicamente, habíamos dejado a Dios y habíamos adorado a otros
ídolos. Habíamos sido la semilla del maligno y nacimos en este mundo
con doce tipos de pecado, destinados a vivir nuestra vida entera
para dar el fruto del pecado. Siempre habíamos cometido actos malvados,
y habíamos sido carnales, pasionales y hedonistas. Así, habíamos
sido tan malvados que era simplemente imposible que nos convirtiéramos
en hijos de Dios por nuestra cuenta.
Pero para salvar a esta gente, Dios mismo vino a este mundo encarnado
en un hombre y cuando cumplió 30 años, fue bautizado para tomar
todos nuestros pecados. Aceptó todos nuestros pecados a través de
Su bautismo, y fue a la Cruz para ser crucificado. Y al derramar
toda Su sangre y al morir, dijo: «Todo está acabado» (Juan 19,
30). En otras palabras, gritó: «¡Os he salvado!». Y al levantarse
de entre los muertos, el Señor se ha convertido en nuestro Salvador.
Ahora nos pregunta: «Os he salvado. Os he dado la Palabra del Evangelio
del agua y el Espíritu. ¿Creéis? He cumplido vuestra salvación al
tomar todos vuestros pecados con Mi bautismo, muriendo en la Cruz,
y levantándome de entre los muertos. ¡Creéis estas cosas que hice
por el amor que os tengo?».
Mis queridos hermanos, habíamos sido cizaña. Adán y Eva, nuestros
antepasados, se convirtieron en cizaña engañados por Satanás. Pero,
si fueron salvados al creer en la Palabra de Dios, nosotros también,
podemos ser salvados al creer en Su Palabra.
Ahora tienen una oportunidad. Jesús les está preguntando: « Nacisteis
siendo cizaña, pero ahora ¿queréis convertiros en el grano verdadero?».
Ahora todo depende de vosotros. Si creemos que está bien convertirse
en los siervos de Satanás, y dejamos que nuestros corazones se queden
como están, seguiremos siendo la cizaña. Pero, si pensamos: «Aunque
sea insuficiente, no quiero acabar siendo siervo del Diablo. Quiero
convertirme en hijo de Dios, a pesar de mis insuficiencias. Señor,
por favor, ten piedad de mí y acéptame», entonces debemos admitir
que estamos destinados al infierno, y debemos creer que el Señor
nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Esta
gente puede convertirse en el grano verdadero.
A través de la parábola del trigo y la cizaña, Dios nos pregunta
a qué lugar pertenecemos, es decir, si somos cizaña o trigo. ¿A
qué lugar quieren ustedes pertenecer? Cuando el Diablo les provoca
para que piensen: «Pero, me gusta la cizaña, me da igual ir al infierno»,
deben decir: «¡No! Puede que viva una vida desgraciada en este mundo,
pero quiero vivir feliz en la siguiente vida. Quiero vivir en un
lugar donde haya amor. Quiero ser recompensado. Al final, quiero
ir a ese buen lugar. Aunque mis acciones sean insuficientes, me
gustaría ser un obrero de la Iglesia de Dios y vivir por Su Justicia».
Les suplico que tengan este corazón que busca la Justicia. Esto
es lo que deben hacer.
A través de la parábola del trigo y la cizaña, el Señor nos dijo
que el Evangelio del agua y el Espíritu es fiel. Nuestro Señor comparó
el Evangelio del agua y el Espíritu a un grano de mostaza, y también
comparó el Reino de los Cielos al fermento. Aunque un grano de mostaza
es diminuto, crecerá y se convertirá en un gran árbol donde los
pájaros hacen su nido. La levadura se esparce y difunde mucho. El
Evangelio del agua y el Espíritu es más que capaz de cubrir el mundo
entero.
Sé que esto pasará a ser verdad en un futuro cercano, porque el
Señor dijo:
«Y sucederá a lo postrero de los tiempos
que el monte de la casa de Yavé
será consolidado por cabeza de los montes,
y será ensalzado sobre los collados,
y se apresurarán a él todas las gentes» (Isaías 2, 2).
Y creemos que cuando un nuevo mundo nazca al final de los tiempos,
los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu brillarán como
el sol en el Reino de los Cielos. ¿Lo creen? Ustedes y yo viviremos
nuestras vidas brillando como el sol. Jesús dijo que cuando llegue
el momento, los justos brillarán como el sol.
¿Qué tipo de vida es la que brillará como el sol? Es la vida gloriosa
en el Reino de los Cielos. ¿Quién dijo Jesús que viviría allí? Los
justos vivirán allí. ¿En qué creen los justos? Creen en el poder
del Evangelio del agua y el Espíritu. ¿A quién siguen? Siguen a
nuestro Señor. Doy gracias a Dios.
Incluso cuando predico esta Palabra, siento que a través de esta
Palabra nos dará consuelo y nos beneficiará, pero a los que sigan
siendo cizaña esto les parecerá demasiado aburrido y cansado. Pero
debido a su perspectiva terca, sus corazones están demasiado endurecidos
para escuchar la voz tierna del Señor. Cuando pienso a lo que tendrán
que enfrentarse en el futuro, siento pena por ellos. Por eso no
puedo dejar de predicar el verdadero Evangelio. El Evangelio del
agua y el Espíritu se difundirá por todo el mundo sin falta, y lo
cubrirá todo.
Y los que creen en este Evangelio entrarán en el cielo aunque sean
insuficientes en sus acciones, pero los que están en la parte de
la cizaña serán echados al infierno por muy correcto que sea su
comportamiento. La cizaña está destinada a ser echada al fuego eterno.
Por eso me da pena.
Cuando llegue el final de los tiempos, los felices y los desdichados
serán distinguidos claramente. Mientras predico la palabra, hay
veces en las que no sé en qué debo centrarme. Si ignorara a la cizaña
y sólo pensara en la gloria que nos espera, predicaría la Palabra
con alegría, incluso bailando. Pero no puedo estar contento porque
hay todavía mucha gente en este mundo que no conoce el Evangelio
del agua y el Espíritu que les puede convertir en el campo bueno.
Espero y rezo por que se den cuenta de lo malvados, pasionales,
e insuficientes que han sido ante Dios, y que han estado destinados
al infierno; y que por eso, sólo al creer en el Evangelio del agua
y el Espíritu pueden convertirse en hijos de Dios y alcanzar la
fe. El camino hacia la fe es largo. Tienen toda la vida por vivir.
Somos obreros de Dios. Así que doy gracias a Dios. Trabajemos duro
o no, la voluntad de Dios será cumplida. Quiero que los siervos
de Dios, Sus santos, y Su Iglesia por todo el mundo tengan fe en
la Palabra de Dios. No es cuestión de decir: «Vamos a hacer algo».
En realidad se trata de decir: «Dios lo ha dicho, y así se cumplirá».
En otras palabras, es cuestión de tener fe en la Palabra, aceptar
el reto, rezar y pedir, y creer que el Señor nos dará poder para
cumplir Su obra.
Dios quiere salvar a la cizaña de sus pecados. Por eso intentamos
predicar el Evangelio del agua y el Espíritu hasta los lugares más
remotos de la tierra. Sé que al iluminar los corazones de muchos
para que reconozcan y crean en la Palabra del Evangelio del agua
y el Espíritu, Dios les dejará entrar en el Reino de los Cielos.
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