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Los Cuatro Misterios Escondidos en las
Cubiertas del Tabernáculo
< Éxodo 26:1-14 >
“Harás el tabernáculo de diez tapices de lino torcido,
de material azul, de púrpura y de carmesí. Y los decorarás con querubines,
obra de fina artesanía. Cada tapiz será de 28 codos de largo y de
4 codos de ancho. Todos los tapices tendrán la misma medida. Cinco
tapices se unirán el uno con el otro; y también los otros cinco
tapices se unirán el uno con el otro. Harás lazos de hilo azul en
la orilla de cada tapiz del extremo de la unión, y lo mismo harás
en la orilla del tapiz del extremo en la otra unión. Harás cincuenta
lazos en el primer tapiz, y otros cincuenta en el extremo del tapiz
de la otra unión, estando los lazos contrapuestos, uno frente al
otro. También harás cincuenta ganchos de oro con los cuales unirás
los tapices el uno con el otro, de manera que el tabernáculo forme
un solo conjunto. Asimismo, harás tapices de pelo de cabra para
la tienda que estará sobre el tabernáculo, once tapices en total.
Cada tapiz será de 30 codos de largo y de 4 codos de ancho. Los
once tapices tendrán una misma medida. Unirás cinco tapices en un
conjunto, y seis tapices en el otro conjunto. Doblarás el sexto
tapiz para que vaya en la parte frontal del tabernáculo. Harás cincuenta
lazos en la orilla del tapiz del extremo, en la primera unión; y
otros cincuenta lazos en la orilla del otro tapiz, en la segunda
unión. Asimismo, harás cincuenta ganchos de bronce, los cuales meterás
en los lazos, y juntarás la tienda de manera que forme un conjunto.
El sobrante de los tapices de la cubierta, que es de medio tapiz,
colgará hacia la parte posterior del tabernáculo. Y el codo de un
lado y el otro codo del otro lado, que sobran a lo largo de los
tapices de la tienda, colgarán sobre los lados del tabernáculo,
a un lado y al otro, para cubrirlo. También harás para el tabernáculo
una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y sobre ésta
habrá una cubierta de pieles finas.”
Las Cubiertas del Tabernáculo
Ahora volvemos nuestra atención a las cubiertas del
Tabernáculo. Las cubiertas del Tabernáculo fueron hechas en cuatro
capas. Cuando Dios le dijo a Moisés que construyera el Tabernáculo,
Él le dio instrucciones detalladas. Únicamente, la primer cubierta
podía ser vista desde dentro del Tabernáculo, cubriendo las tablas
del Tabernáculo y todos sus utensilios dentro. Esta cubierta tapaba
las tablas del Tabernáculo, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo,
las cubría hasta el piso. Y estaba hecha de los hilos azules, púrpura,
escarlata y el fino lino torcido, y hermosas imágenes de querubines
se encontraban tejidas también.
La primer cubierta fue hecha de dos juegos principales
de tapices unidos uno al otro, cada juego estaba formado de cinco
tapices unidos unos a otros. Para unir estos dos juegos principales
de cortinas unas a otras, cincuenta ganchos de lino torcido fueron
hechos en las orillas de los tapices. Lazos de oro estaban unidos
a estos ganchos de lino torcido, uniendo los dos juegos de tapices
para hacer una sola cubierta grande.
La primer cubierta del Tabernáculo fue hecha con diez
tapices, las cuales estaban unidas en dos juegos de tapices mas
grandes. Su largo era de 28 cubos. Un cubo son 45 cm aproximadamente,
así que el largo era de 12.6 m aproximadamente en medidas actuales,
mientras que el ancho de cada tapiz era de cuatro cubos, 1.8 m.
Cinco tapices fueron unidos primeramente para hacer dos juegos de
tapices, y entonces estos juegos eran unidos uno al otro con cincuenta
ganchos de lino torcido y con cincuenta lazos de oro. Es así como
la primera cubierta del Tabernáculo fue completada. Pero había tres
cubiertas más. La primer cubierta del Tabernáculo fue hecha tejiendo
tapices con diseños artísticos de querubines con hilos azules, púrpura,
escarlata y el fino lino torcido.
Esto fue para mostrarnos el camino al Reino del Cielo.
Por ejemplo, el hilo azul usado para la primer cubierta del Tabernáculo
se refiere al bautismo que Jesús recibió de Juan para tomar los
pecados del mundo. Al ser bautizado, Jesús tomó todos los pecados
del mundo (Mateo 3:15). Debido a que Jesús tomó los pecados del
mundo sobre Su propio cuerpo a través de Su bautismo, este bautismo
ahora es lo que corresponde a la salvación (1 Pedro 3:21).
Esta segunda cubierta del Tabernáculo estaba hecha
de pelo de cabra (Éxodo 26:7). Su largo era mayor que el de la primer
cubierta por 90 cm. En 30 cubos, el largo era de 13.5 m, y en 4
cubos, el ancho era de 1.8 m. La cubierta era hecha de once tapices,
unidas unas a otras en dos juegos de tapices, uno con cinco y el
otro con seis tapices. Estos dos juegos entonces se unían unos con
otros con ganchos de bronce.
Esta segunda cubierta del Tabernáculo, hecha de pelo
de cabra, nos dice que Jesús nos ha hecho santos con la justicia
de Dios. Viniendo a esta tierra, cuando nuestro Señor cumplió 30,
Él fue bautizado por Juan por Su propia voluntad, y Él aceptó los
pecados del mundo sobre Sí Mismo. Como resultado de esto, el Señor
cargó los pecados del mundo de una vez por todas, y de esta manera
sé convirtió en nuestro Salvador. Por lo tanto, la segunda cubierta,
la cubierta blanca de pelo de cabra, nos dice que Jesucristo quién
se convirtió en el chivo expiatorio al hacernos sin mancha con Su
bautismo y sangre.
La tercera cubierta del Tabernáculo estaba hecha de
pieles de carnero teñidas de rojo, lo cuál nos dice que Jesús cargó
nuestros pecados al ser bautizado, los cargó hasta la Cruz, derramó
Su sangre y fue condenado, y de esta manera nos liberó de todos
nuestros pecados.
La cuarta cubierta del Tabernáculo estaba hecha de
pieles de tejon. El significado de las pieles de tejón es que Jesucristo,
cuando se le mira desde Su apariencia externa, no tenía nada deseable
en Él. Pero ciertamente Él es Dios Mismo. Las pieles de tejón nos
muestran un retrato de Jesucristo quién sé humilló a Sí Mismo hasta
lo sumo al nivel de los seres humanos para salvarnos de los pecados
del mundo.
Examinemos ahora estas cuatro cubiertas del Tabernáculo
con mayor detalle.
El Significado Espiritual
de la Primer Cubierta del Tabernáculo

Los materiales usados para la primera de las cuatro
cubiertas del Tabernáculo fueron hilos azules, púrpura, escarlata
y fino lino torcido. Estaba hecha de tal manera que los cuatro colores
serían claramente visibles desde dentro del Tabernáculo. También,
diseños artísticos de ángeles estaban tejidos en el, para que miraran
el Tabernáculo desde arriba. El significado espiritual en cada uno
de estos cuatro hilos es como sigue.
El misterio del hilo azul manifestado en los materiales
de la primer cubierta del Tabernáculo es que el Mesías, de una sola
vez por todos, aceptó todos los pecados de todo el mundo a través
de Su bautismo. Él vino a esta tierra y fue bautizado por Juan el
Bautista, el representante de la humanidad, para cargar todos los
pecados del mundo, al igual que la ofrenda del sacrificio del Antiguo
Testamento aceptó las iniquidades de los pecadores pasadas a ellos
a través de la imposición de manos. Y también nos dice de la verdad
acerca de que Jesús lavó todos los pecados del mundo al llevar la
condenación de estos pecados todo de una sola vez.
El hilo púrpura, por otro lado, nos dice que Jesucristo
quién vino a esta tierra es el Rey de reyes y el absoluto Dios Mismo
para nosotros. Nos dice que Jesús es Dios Mismo en Su esencia. El
hilo escarlata manifestado en el Tabernáculo nos dice que Jesús,
habiendo aceptado de una sola vez todos nuestros pecados a través
del bautismo que Él recibió de Juan, derramó Su sangre sobre la
Cruz y de esta manera vicariamente llevó el sacrificio y la condenación
de nuestros pecados por nosotros.
El bautismo de Jesús y Su muerte sobre la Cruz era
lo mismo que el sistema de sacrificios del tiempo del Antiguo Testamento
en donde ofrendas sin defecto aceptaban las iniquidades de los pecadores
a través de la imposición de manos y sangraban a muerte para llevar
la condenación de estos pecado. De igual manera, en el Nuevo Testamento,
Jesús fue bautizado, fue a la Cruz y derramó Su sangre y ahí murió.
La Biblia se refiere a Jesucristo como la ofrenda
del sacrificio. El nombre “Jesús” significa “él salvará
a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Y el
nombre “Cristo” significa “el Ungido.” En el Antiguo Testamento,
tres clases de personas eran ungidas; los reyes, los profetas y
los sacerdotes. Por lo tanto, el nombre “Jesucristo” significa que
Él es el Salvador, Dios Mismo, el Sumo Sacerdote del Reino del Cielo,
y el Señor de la eterna verdad. Al venir a esta tierra, ser bautizado
por Juan, y derramando Su sangre, Él ha llegado a ser nuestro verdadero
Salvador.
De esta manera, la primer cubierta del Tabernáculo
revela que el Mesías vendría a través de los hilos azules, púrpura,
escarlata y el fino lino torcido y por consiguiente salvaría de
sus pecados y condenación a todos aquellos que creen en Él. Estos
ministerios no son otra cosa que el bautismo de Jesús y Su sangre
sobre la Cruz. El misterio de la salvación manifestado en esta primer
cubierta de cuatro colores es que el Mesías vino a esta tierra,
tomó los pecados de la humanidad al ser bautizado, fue crucificado
a muerte y se levantó de entre los muertos.
Con estos ministerios, Jesucristo ha salvado de sus
pecados a aquellos que creen en Él, y los ha convertido en Su pueblo.
Jesucristo es el Rey de reyes y la ofrenda del sacrificio que ha
borrado las iniquidades de los pecadores, y Él ha liberado a aquellos
que creen de todos sus pecados y condenación.
El Significado Espiritual
de la Segunda Cubierta del Tabernáculo

El material usado para la segunda cubierta del Tabernáculo
fue pelo de cabra. Esto nos dice que el Mesías que vendría justificaría
a la humanidad liberándolos de sus pecados y de su condenación por
estos pecados. Nos muestra, en otras palabras, que para que los
seres humanos reciban la justicia de Dios, es absolutamente necesario
que ellos crean en el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu.
La justicia de Dios ha lavado nuestros corazones tan blancos como
la nieve, y por consiguiente nos ha otorgado recibir la remisión
de nuestros pecados.
El Significado Espiritual
de la Tercer Cubierta del Tabernáculo

El material usado para la tercer cubierta del Tabernáculo
fueron pieles de carnero teñidas de rojo. Esto manifiesta que el
Mesías vendría a esta tierra, tomaría los pecados del mundo al ser
bautizado, al ser crucificado, y por consiguiente se convirtió en
la ofrenda del sacrificio por los pecados de Su pueblo. La sangre
que Jesucristo derramó sobre la Cruz dio la paga de la muerte por
los pecados del mundo. En otras palabras, nos dice que Jesucristo
Mismo llegó a ser la ofrenda del sacrificio y de esta manera salvó
a Su pueblo de sus pecados (Levítico 16).
En el Día de la Expiación, dos chivos para el sacrificio
se preparaban para tomar todos los pecados del pueblo de Israel.
Uno de ellos era una ofrenda del sacrificio de expiación que era
dado a Dios por sus pecados. En ese tiempo, el Sumo Sacerdote imponía
sus manos sobre la cabeza de este primer chivo expiatorio, pasaba
todos los pecados de Su pueblo sobre el de una sola vez. Entonces
tomaba su sangre, rociándolo al lado oriente del propiciatorio,
y rociándola siete veces sobre el propiciatorio. Es así como se
daba a Dios la ofrenda expiatoria del pueblo de Israel.
Entonces, delante de los testigos de los Israelitas
reunidos alrededor del Tabernáculo, el Sumo sacerdote ponía sus
manos sobre el otro chivo expiatorio y pasaba el equivalente de
los pecados de un año del pueblo de Israel. Esto era para dar a
todo el pueblo de Israel la convicción de que todos los pecados
del año que había transcurrido eran quitados de ellos a través de
la imposición de las manos del Sumo Sacerdote. Este chivo era entonces
enviado al desierto a morir con todos sus pecados (Levítico 16:21-22).
Esta fue la promesa de Dios acerca del Mesías que vendría a esta
tierra, tomaría los pecados del mundo al ser bautizado por Juan
el Bautista (Mateo 11:11-13, 3:13-17), llevaría la condenación de
estos pecados al ser crucificado voluntariamente, y por consiguiente
salvar a Su pueblo de todos sus pecados.
El Significado Espiritual
de la Cuarta Cubierta del Tabernáculo

Las pieles de tejon muestran nuestra propia imagen,
al igual que la imagen del Señor cuando Él vino a esta tierra. Nuestro
Señor vino a esta tierra en semejanza de hombre para llamar a los
pecadores y hacerlos justos. Las pieles de tejon también nos dicen
que Jesucristo no se exaltó a Sí Mismo cuando vino a esta tierra,
sino más bien sé humilló a Sí Mismo como un hombre de humilde cuna.
En el tiempo del Antiguo Testamento, Dios dijo a través
de Sus profetas que el Mesías vendría y liberaría a los pecadores
de esta tierra de sus iniquidades. Podemos ver que Dios realizó
la Palabra de profecía hablada a través de Sus siervos con el bautismo
de Jesús y con Su sangre sobre la Cruz. Esta promesa profética es
la Palabra del pacto de que el Mesías no solamente llevaría los
pecados del pueblo de Israel sino además todos los pecados y la
condenación de todos en este mundo, y que Él salvaría a todos Sus
creyentes y los convertiría en Su propio pueblo.
Éxodo 25 habla de los materiales usados para construir
el Tabernáculo. Estos materiales del Tabernáculo incluidos los hilos
azules, púrpura, escarlata, el fino lino torcido, el pelo de cabra,
las pieles de carnero teñidas de rojo, las pieles de tejon, el oro,
la plata, el bronce, las especias, el aceite y las piedras preciosas.
Todos estos materiales manifiestan que el Mesías vendría a esta
tierra y salvaría a Su pueblo de sus pecados a través de Su bautismo
y de Su derramamiento de sangre. Como tal, escondido en las cubiertas
del Tabernáculo está el plan profundo de la salvación que Dios hizo
para salvar a Su pueblo de sus pecados.
¿Por qué Dios ordenó que se usaran los hilos azules,
púrpura y escarlata como los materiales de las cubiertas del Tabernáculo?
¿Y por qué ordenó usar pelo de cabra, pieles de carnero y pieles
de tejon? Debemos prestar cuidadosa atención al plan que Dios hizo
para liberarnos de los pecados del mundo. Debemos creer en los ministerios
manifestados en los hilos azules, púrpura y escarlata, a través
de los cuales Jesús ha salvado a Su pueblo de sus pecados, como
están, y por consiguiente debemos ser salvos de nuestros pecados
y convertirnos en el pueblo de Dios. Debemos, en otras palabras,
conocer y creer en el plan de Dios manifestado en las cubiertas
del Tabernáculo.
Por Cuatro Métodos
Las cuatro cubiertas del Tabernáculo nos dicen de
la forma en la cual Dios nos ha liberado detalladamente de nuestros
pecados: El Mesías vendría a esta tierra en la carne, tomaría los
pecados del mundo con Su bautismo recibido de Juan, sería crucificado
por el castigo de estos pecados, y remitiría los pecados de Su pueblo
y los salvaría de sus pecados con Su propia sangre. Sin embargo,
esta salvación se completa solo para aquellos que creen en el Mesías
como su Salvador. Todos debemos creer que Jesucristo, como se manifiesta
en los materiales de las cubiertas del Tabernáculo, ciertamente
vino por Su bautismo y por la Cruz, y por consiguiente nos salvó
de una sola vez por todas de todos nuestros pecados.
De acuerdo a las profecías de los hilos azules, púrpura
y escarlata manifestados en las cubiertas del Tabernáculo, el Hijo
de Dios vino a nosotros como la ofrenda del sacrificio del tiempo
del Nuevo Testamento, fue bautizado y derramó Su sangre crucificado
a la Cruz. Aún mas, al creer en el Mesías revelado en las cubiertas
del Tabernáculo, podemos dar a Dios la ofrenda de fe que nos salva.
Como tal, debemos creer en la verdad manifestada en
los hilos azules, púrpura y escarlata. Si alguien no viene ante
Dios y falla en dar la ofrenda de fe creyendo en los ministerios
de Jesús manifestados en los hilos azules, púrpura y escarlata,
él / ella serán destruidos con seguridad por sus propios pecados.
Pero si alguien cree en esta verdad, entonces por su fe en la salvación
él / ella puede ir delante de Dios en todo tiempo como Su hijo.
El Tabernáculo nos muestra que nadie que no crea en Jesucristo quién
llegó a ser la ofrenda del sacrificio y que fue manifestado en los
hilos azules, púrpura y escarlata podrá jamás entrar en el Reino
de Dios.
Así las cubiertas del Tabernáculo nos muestran el
camino al Cielo. Debemos encontrar el camino para entrar en el Reino
del Cielo creyendo en la verdad revelada en los hilos azules, púrpura
y escarlata. Cualquiera que desee entrar en el Reino de Dios debe
primero tener resuelto su problema con el pecado creyendo en la
verdad de la remisión del pecado manifestado en los hilos azules,
púrpura y escarlata. Como tal, ya sea que la gente entre en la Iglesia
de Dios creyendo en esta verdad, o ya sea que sean rechazados por
Dios por su incredulidad, es una elección que ellos deben hacer.
Desde luego, nuestras conciencias tienen la libertad
de creer o no en la verdad de la salvación revelada en las cubiertas
del Tabernáculo. Pero también debes reconocer que el resultado de
no creer en esta verdad será muy catastrófico para que alguien lo
soporte. Sin embargo, para que nosotros entremos en la resplandeciente
Casa de Dios de acuerdo a Su voluntad, debemos ser para siempre
salvos de nuestros pecados creyendo en el bautismo que el Mesías
recibió de Juan y en la sangre de la Cruz. Todos deben aceptar y
creer en sus corazones que este bautismo del Mesías y Su sangre
sobre la Cruz han remitido todos sus pecados. Solo cuando ellos
crean de esta manera podrán recibir la remisión eterna del pecado
y entra en la gloria de Dios.
La primer cubierta del Tabernáculo estaba tejida de
cuatro diferentes hilos, y estaba puesta bajo la segunda cubierta
hecha de pelo de cabra. Esto nos muestra el hecho de que fuimos
capaces de recibir la remisión del pecado basados en los ministerios
de Jesús: Su bautismo y Su propia sangre. Como tal, la remisión
del pecado que hemos recibido creyendo en la justicia de Dios esta
basada en nuestra fe en los hilos azules, púrpura, escarlata y el
fino lino torcido manifestado en la primer cubierta. Para ver cuan
cierto es este hecho, vayamos a la Palabra de la Biblia abajo.
Isaías 53:6 afirma, “mas Jehová cargó en él el
pecado de todos nosotros.” Hebreos 9:28 declara, “así también
Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos.”
Y 2 Corintios 5:21 afirma, “Al que no conoció pecado, por
nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia
de Dios en él.” Todos estos pasajes, por lo tanto, nos dicen
que nuestra salvación ha sido cumplida sobre la base de los cuatro
ministerios de Jesús acerca de la salvación manifestada en el fino
lino y en los hilos azules, púrpura y escarlata usados para la primer
cubierta del Tabernáculo. El que Cristo Mismo haya colgado de un
árbol y vicariamente llevó la condenación de nuestros pecados sobre
Su propio cuerpo esto fue posible por el hecho de que Él primeramente
tomó los pecados al ser bautizado por Juan, y no es solamente en
La Cruz que Él llevó los pecados del mundo.
Cuando Jesús tomó todos los pecados del mundo al
ser bautizado y de esta manera llevó sufrimientos de muerte sobre
la Cruz para expiarlos, Él no tenía miedo. Al contrario, ¡Él estaba
gozoso! ¿Por qué? Porque ese fue el mismísimo instante para que
“cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15). Para liberarnos
de nuestros pecados, Jesús fue bautizado y derramó Su sangre sobre
la Cruz. Hizo eso porque Él nos amó. Es por eso que Él vino a esta
tierra, fue bautizado por Juan y derramó Su sangre sobre la Cruz,
y voluntariamente bebió de la copa del sacrificio. Es debido a que
el Señor tomó nuestros pecados y manchas a través de Su bautismo
por lo que pudo derramar Su sangre en el Calvario y vicariamente
llevó la condenación de nuestros propios pecados.
Los Ganchos Que Unieron la
Primer Cubierta del Tabernáculo Estaban Hechos de Oro
La primer cubierta del Tabernáculo fue hecha de dos
juegos de cinco cortinas, las cuales se unían la una a la otra con
ganchos de oro. Esto en realidad nos muestra que podemos entrar
en el Reino del Cielo solo cuando creemos en la verdad de la remisión
del pecado manifestado en los hilos azules, púrpura y escarlata.
El que los dos juegos de cinco cortinas estuviesen unidas la una
a las otra con cincuenta ganchos de oro nos muestran que podemos
ser salvos de todos nuestros pecados solo cuando tenemos una fe
total en Su salvación. En la Biblia, el oro denota la verdadera
fe que cree en la Palabra de Dios.
Como tal, todos y cada uno de nosotros debemos ciertamente
creer en toda la Palabra de Dios. Es de particular importancia para
nosotros tener fe en la verdad manifestada en el hilo azul. La sola
crucifixión de Jesús, por si y en si misma, no tienen efecto en
nuestra salvación. ¿Por qué? Porque antes de Su crucifixión, primero
tuvo que haber un proceso del bautismo de Jesús por el cual los
pecadores podían pasar sus pecados sobre Jesucristo. La Cruz es
efectiva para nuestra salvación solo cuando creemos que Dios Padre
hizo que Jesucristo aceptara los pecados del mundo al ser bautizado.
¿Que Nos Dice el Fino
Lino Torcido en el Tabernáculo?
Nos dice que Dios ha trabajado entre nosotros en acuerdo
con Su elaborada Palabra de verdad. El Mesías ciertamente vino a
esta tierra y llevó nuestros pecados y la condenación a través del
bautismo que Él recibió de Juan y en la sangre de la Cruz. Y nos
dice que Su salvación ya ha sido cumplida tal como Él lo prometió
en Su Palabra.
En el tiempo del Nuevo Testamento, nuestro Señor de
hecho vino a esta tierra, tomó nuestros pecados al ser bautizado
por Juan, sangró hasta morir, llevó toda la condenación de nuestros
pecados, y de esta manera ha cumplido todas las promesas de la salvación.
Al ser bautizado por Juan y crucificado, nuestro Señor completó
y llevó a cabo la voluntad de Dios Padre. El pacto que Dios hizo
con Su pueblo de Israel fue todo cumplido a través de Su Hijo Jesús.
¿Quién, entonces, debería poner mayor atención a esta
verdad? ¿Solo el pueblo de Israel? ¿Tú y yo?
El hecho de que la primer cubierta del Tabernáculo
fuese unida con cincuenta ganchos de oro demanda una fe real de
nosotros. Nos muestra que podemos entrar en el Reino de Dios solo
cuando conocemos y creemos que Jesús ha lavado todos nuestros pecados
a través de Sus ministerios manifestados en los hilos azules, púrpura,
escarlata y el fino lino torcido usados para la primer cubierta
del tabernáculo.
En otras palabras, nos muestra que la remisión del
pecado es recibida solo creyendo en la Palabra de verdad. A través
de la Palabra del Antiguo y del Nuevo Testamento, Dios ciertamente
nos está mostrando en detalle que podemos obtener nuestra verdadera
salvación solo si creemos que el bautismo y la sangre de la Cruz
manifestado en las cubiertas del Tabernáculo nos ha salvado de todos
nuestros pecados.
Dios ciertamente nos ha otorgado el ser lavados de
todos nuestros pecados y hemos llegado a ser tan blancos como la
nieve creyendo en la verdad revelada en los hilos azules, púrpura,
escarlata y el fino lino torcido usado para la primer cubierta del
Tabernáculo. Y Dios le ha permitido solo a aquellos que tienen esta
fe entrar en Su Reino. Debemos conocer acerca de las cubiertas del
Tabernáculo y creer en ellas. Creyendo en Jesucristo quién ha venido
a nosotros a través de los ministerios de los hilos azules, púrpura
y escarlata, ciertamente podemos adquirir la aprobación para llegar
a ser hijos de Dios y recibir la gloria de entrar en Su Reino.
Cuándo el Mesías nos ha salvado de todos nuestros
pecados a través de Sus obras manifestadas en los hilos azules,
púrpura y escarlata, ¿cómo podemos no creer en el profundo y vasto
amor de Dios con la salvación y rechazarla? ¿Cómo podemos rechazar
la remisión de nuestros pecados y el Reino del Cielo, la cuál puede
ser adquirida solo por fe? Todos debemos creer en Jesucristo como
nuestro propio Salvador quién nos ha salvado de los pecados del
mundo al ser bautizado y derramando Su sangre sobre la Cruz. Solo
entonces podemos llegar a ser el pueblo de Dios.
Aquellos que no creen en la verdad de los hilos azules,
púrpura y escarlata manifestados en la primer cubierta del Tabernáculo
ciertamente no pueden lavar sus pecados por fe. Aquellos que no
creen en esta verdad no pueden llegar a ser hijos de Dios. Es por
eso que debemos creer en la verdad de la salvación revelada en los
hilos azules, púrpura y escarlata usados para las cubiertas del
Tabernáculo, y de esta manera debemos recibir la vida eterna.
La Cubierta del Pelo de Cabra
Fue Más Grande que la Primer Cubierta del Tabernáculo
La segunda cubierta hecha de pelo de cabra era más
grande que la primer cubierta del Tabernáculo. Esto significa que
aquellos que se oponen a Dios no pueden ver ni una parte de la verdad
revelada en la primer cubierta del Tabernáculo. Realmente existía
una necesidad de ocultar el misterio de la remisión del pecado manifestado
en los hilos azules, púrpura y escarlata de la primer cubierta del
Tabernáculo. Esto se debió ha que Dios ha dispuesto que solo aquellos
que sean reverentes y le teman puedan entrar en Su Reino creyendo
en los ministerios de Jesús manifestados en los hilos azules, purpura
y escarlata.
Esto también es por lo que Dios colocó un querubín
al este del jardín del Edén, y una espada de fuego la cual giraba
en todas direcciones, para guardar el camino al árbol de la vida,
después Él sacó al hombre que había caído en pecado (Génesis 3:24).
La verdad que le otorga a alguien entrar en el Reino del Cielo no
es permitido que sea vista por cualquiera sin creer en Dios. Es
por eso que Dios hizo la cubierta del Tabernáculo con pelo de cabra
ligeramente más grande que la primer cubierta del Tabernáculo.
La segunda cubierta del Tabernáculo nos muestra que
podemos llegar a ser justos solo cuando recibimos la remisión del
pecado manifestado en la primer cubierta. Puesto de otra manera,
Dios ha permitido solo a aquellos que creen en Su Palabra con temor
y reverencia, y que por lo tanto sostienen el evangelio de la verdad,
lleguen a ser Su pueblo. Debido a que así es como Dios ha determinado
que sea, Él no permite que cualquiera llegue a ser Su hijo sin primero
creer en la verdad del azul, púrpura y escarlata de la remisión
del pecado puesta por Él. La voluntad de Dios es que aquellos cuyos
corazones son malvados no puedan nunca darse cuenta ni siquiera
de una partecita del misterio de los hilos azules, púrpura y escarlata.
La Segunda Cubierta del Tabernáculo
Estaba Hecha con Pelo de Cabra, y Sus Ganchos Estaban Hechos de Bronce
El significado espiritual de los ganchos de bronce
denotan el juicio por los pecados de la gente. Los ganchos de bronce
nos dicen que todos los pecados requieren el justo pago de su deuda.
Como tal, los ganchos de bronce contienen la verdad de que Él Mesías
tuvo que derramar Su sangre sobre la Cruz debido a que Él tuvo que
venir a esta tierra y tomar los pecados del mundo todo de una sola
vez al ser bautizado. Debido a que el Mesías primeramente tomó nuestros
pecados del mundo a través de Su bautismo que Él recibió de Juan,
entonces Él pudo llevar la condenación de estos pecados del mundo
con la sangre que Él derramó sobre la Cruz.
De los ganchos de bronce, podemos descubrir la ley
de Dios que nos dice que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23).
Por lo tanto, debemos reconocer que Dios cumplió el juicio de nuestros
pecados a través del Mesías. Ya que Jesucristo fue bautizado por
Juan y sangró a muerte sobre la Cruz, el juicio de todos los pecados
de la humanidad fue totalmente completada.
Cuando vamos ante Dios, tú y yo debemos pensar en
nuestras conciencias acerca de lo que es la verdad. Vivimos en este
mundo cometiendo pecados cotidianamente con nuestro corazón, pensamientos
y actos. Sin embargo, el Mesías aceptó también todos estos pecados
actuales que cometemos cada día, dio la paga de estos pecados con
el precio de Su propia vida, y de esta manera completó por nosotros
nuestra salvación. Nuestras conciencias ante Dios están destinadas
a secarse y a morir, si no tenemos fe en esta verdad. De esta manera,
todos nosotros debemos creer ahora en esta verdad para que nuestras
moribundas almas puedan ser salvas y vivir nuevamente.
¿Desea nuestro corazón creer en la verdad manifestada
estos ganchos de bronce? La verdad que los ganchos de bronce nos
está diciendo es que mientras que no podíamos evitar el ser condenados
por nuestros pecados, el Mesías tomó nuestros pecados al ser bautizado
y por nosotros fue condenado vicariamente por todos estos pecados.
Jesús ciertamente llevó toda la condenación del pecado de una vez
por todas con Su bautismo y con la sangre de la Cruz. Al hacer eso,
Jesucristo nos ha dado fe y nos ha otorgado el entrar en el Reino
de Dios.
Cuando alguien tiene pecado en su corazón ante Dios,
entonces él/ella debe ser lanzado al infierno. Debido a nuestros
pecados, todo lo que merecíamos recibir era la muerte eterna. Pero
el Mesías se convirtió en la ofrenda vicaria del sacrificio por
nuestros pecados y de esta manera nos salvó de toda su condenación.
Se supone que debíamos ser castigados con el infierno por nuestros
pecados, sin embargo creyendo que el Mesías fue vicariamente castigado
en lugar nuestro, ahora podemos entrar en el reino de Dios.
Creyendo en esta verdad en nuestro corazón, debemos
ser remitidos de nuestros pecados del mundo y escapar de la condenación
de nuestros pecados es para realizar estas obras de la salvación
que el Mesías aceptó los pecados del mundo al ser bautizado por
Juan, y fue crucificado por estos pecados del mundo. Conociendo
y creyendo en esta verdad, no solo debemos recibir la remisión del
pecado, sino que también debemos ser salvos de la condenación por
el pecado.
Tenemos que creer que el Mesías pudo aceptar nuestros
pecados sobre Sí Mismo y llevó la condenación de estos pecados solo
por venir a esta tierra y primeramente recibir Su bautismo en la
forma de la imposición de manos. Si el Mesías tomó todos nuestros
pecados del mundo a través del bautismo que Él recibió de Juan,
y si Él fue crucificado para dar la paga de estos pecados, entonces
también nosotros debemos creerlo. A aquellos que así creen, Dios
da vida nueva.
Debido a que estábamos destinados al infierno por
nuestros pecados, el Mesías aceptó nuestros pecados y murió en nuestro
lugar, de esta manera llevó la condenación de nuestros propios pecados.
Para nosotros que sé supone debíamos morir condenados por nuestros
pecados, nuestro Seños en lugar nuestro llevó esta condenación por
amor a nosotros. Si el Señor fue crucificado a muerte para salvarnos
del juicio de nuestros pecados, debemos creerlo.
Debemos aceptar la salvación del Señor en nuestra
alma, en lo profundo de nuestro corazón, no por nuestra voluntad
carnal sino por nuestra fe espiritual en Su Palabra. Todos y cada
uno de ustedes, que ahora han leído este mensaje, deben creer en
esta verdad en su corazón. Debido a que el Mesías nos ha salvado
con Su bautismo y derramamiento de sangre, aquellos que creen ciertamente
pueden ser salvos.
Si la gente no cree que está destinada al infierno,
entonces no verán la necesidad de ser salvos creyendo en el Mesías
quién vino por los hilos azules, púrpura y escarlata. Pero si la
gente ciertamente cree que está destinada a ir al infierno, entonces
claramente podrá ver su necesidad y ser salva creyendo en este Mesías
quién vino por los hilos azules, púrpura y escarlata. Es por eso
que Jesús dice, “Los sanos no tienen necesidad de médico,
sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”
(Marcos 2:17). Así, cuando ellos creen en esta verdad en su
corazón, entonces recibirán la remisión del pecado en su corazón.
Si nos vemos nosotros mismos medidos por la Ley ante
Dios, entonces no podríamos ser capaces de negar que expresamente
somos pecadores, y que estamos maldecidos eternamente por los pecados.
No solamente debemos admitirlo a nosotros mismos que estamos destinados
al infierno debido a nuestros pecados, sino que también debemos
tener un ardiente deseo de evitar tal condenación, para que podamos
ser lavados de todos nuestros pecados creyendo en este mensaje.
Este es el único camino de vida para evitar la justa condenación
de todos nuestros pecados por fe.
Sin nuestra fe en los ministerios de Jesús manifestados
en los hilos azules, púrpura y escarlata usados para la primer cubierta
del Tabernáculo, ciertamente estaríamos encarando ahora mismo el
infierno. El bautismo que el Mesías recibió y la sangre que Él derramó
sobre la Cruz están íntimamente relacionadas a la salvación de nuestras
almas.
Debido a que nacimos como descendientes de Adán y
por lo tanto pecadores, estábamos destinados al infierno. Por lo
tanto, debemos admitir ante Dios que todos somos pecadores en dirección
al infierno, pero ¿admites esto? Cuando Dios nos mira, Él ve que
estábamos destinados al infierno, y cuando de la misma manera nos
vemos a nosotros mismos ante Dios, nosotros, también, vemos que
estábamos destinados al infierno. Se debe a que tú y yo estábamos
destinados al infierno por lo que nuestro Salvador vino a esta tierra
para salvarnos de nuestros pecados.
Al venir a esta tierra, ser bautizado, derramando
Su sangre y muriendo, nuestro Señor cumplió Su obra de salvarnos.
Si básicamente no hubiésemos estado destinados al infierno, no hubiese
habido necesidad de que el Señor hiciese esta obra de la salvación.
Pero claramente, aunque nosotros los nacidos de nuevo no tenemos
pecado ahora en nuestro corazón, nosotros, también, antes éramos
todos pecadores.
Quienquiera que sea pecador seguramente debe ir al
infierno. La paga del pecado es muerte. Esto significa que ciertamente
los pecadores deben ser arrojados al infierno. Pero aquellos que,
por fe, reciben el regalo de la remisión del pecado dado por nuestro
Señor Jesucristo obtienen vida eterna. Cuando tú y yo creemos en
Jesús el Mesías como nuestro Salvador, el Señor nos salvó en Su
amor por nosotros de toda la condenación de los pecados. ¡Amen!
¡Aleluya!
Debemos Examinarnos Nosotros
Mismos y Ver Si Tenemos en Nuestro Corazón la Verdadera Fe Dada por
el Señor
Mirémonos a nosotros mismos. ¿Hemos tú y yo creído
de acuerdo a la ley de la Palabra de Dios? Si es así, entonces,
¿qué nos habría ocurrido ante Dios? ¿No íbamos a ser condenados
por Dios por nuestros pecados? Nuestro Dios, no es un Dios injusto
que no castiga al pecador. Debido a que Dios es santo y justo, Él
no tolera el pecado. Dios nos ha dicho que ciertamente Él arrojará
al infierno a todos aquellos que son pecadores ante Él por no creer.
Él nos ha dicho que los arrojará en el feroz infierno
que arde con fuego y azufre en el cual ni siquiera los gusanos morirán.
Dios arrojará al infierno a todos aquellos que traten de lavar sus
pecados por su cuenta propia y que se consuelan sus corazones por
sí mismos. Es por eso que el Señor dijo a tal gente, “Nunca
os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23).
Como tal, debemos creer en el Mesías, y debemos creer
en el bautismo que Él recibió cuando vino a esta tierra, en la sangre
de la Cruz y en Su resurrección de entre los muertos. ¿Por qué?
Porque fundamentalmente hablando, todos éramos pecadores ante Dios
y por lo tanto estábamos destinados al infierno. Es por eso que
el Mesías vino por los hilos azules, púrpura y escarlata, dio la
ofrenda del sacrificio por la salvación con Su propio cuerpo, y
de está manera borró todos nuestros pecados. Por consiguiente debemos
creer que el Señor fue bautizado y sacrificado, todo esto por nosotros.
Si nosotros mismos no podemos darnos cuenta que estábamos destinados
al infierno, entonces nada tenemos que ver con el Señor.
Sin embargo, mucha gente no piensa que ellos mismos
estaban condenados al infierno por sus pecados. Piensan que están
demasiado bien como para consultar a sus doctores. Tal gente es
la que considera a Jesús como un buen hombre de buena conducta,
un hombre de respeto y un maestro, y ellos también son los que creen
en Jesús para pretender ser gente de carácter. Nuestro Señor le
dijo a tal gente, “Los sanos no tienen necesidad de médico,
sino los enfermos” (Mateo 9:12). Tienen que examinar ahora mismo
sus corazones detenidamente desde el punto de vista bíblico, para
que no terminen en el infierno.
La razón por la cual creemos en el Mesías es para
ser remitidos de nuestros pecados creyendo en Él como nuestro Salvador.
No es para construir nuestra propia virtud por lo que creemos en
el Mesías. Mas bien, se debe a nuestros pecados por lo que es absolutamente
necesario para ti y para mi creer en el Mesías. Por esto creemos:
Jesús el Mesías nació en esta tierra; Él fue bautizado por Juan
a la edad de 30; Él cargó los pecados del mundo y derramó Su sangre
con Su crucifixión; Él sé levantó de entre los muertos en tres días;
Él ascendió al Cielo; Y Él ahora sé sienta a la diestra de Dios
Padre –todas estas cosas dan testimonio de nuestra remisión del
pecado. Debido a que estas cosas fueron las obras del Salvador quién
nos ha liberado de nuestros pecados, ciertamente necesitamos creer
en todas ellas, no dejando nada afuera.
En nuestros pensamientos, puede que este bien hacer
las cubiertas del Tabernáculo tan solo tejiendo algún hilo grueso,
pero en la Biblia Dios explícitamente dio las especificaciones detalladas
de cómo debían ser hechas, como algunos ganchos debían ser hecho
de oro y otros de bronce. ¿Por qué crees que Dios ordenó eso? Él
ordenó eso debido a que todas estas cosas querían revelarnos su
significado espiritual. Es por eso que no podemos desechar ninguna.
Ciertamente Debemos Creer
en el Bautismo y en la Sangre de Jesucristo Quién Sé Ha Convertido
en el Mesías
Debido a nuestros pecados, teníamos que ser lanzados
al infierno, pero Jesucristo el Mesías vino a esta tierra y nos
ha salvado de nuestros pecados. Ciertamente Jesús fue bautizado,
crucificado y derramó Su sangre. Como tal, es ilegal para nosotros
solo decir que estamos sin mancha sin primero creer en nuestro corazón
en el bautismo de Jesús y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz.
Jesús, quién se ha convertido en el Mesías, ciertamente vino a esta
tierra para salvarnos, ciertamente aceptó los pecados de la humanidad
sobre Su propio cuerpo a través de Su bautismo, llevó nuestro castigo
y murió, sé levantó de entre los muertos y por consiguiente llego
a ser nuestro verdadero y eterno Salvador. Jesús nos ha salvado
de esta manera ya que solo entonces podemos ser remitidos de todos
nuestros pecados al creer en este Jesús.
Para completar la obra de la salvación, el Mesías
tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista y entonces morir en
la Cruz. Esto significa que desde el principio, estábamos para ser
condenados por nuestros pecados. Pero de hecho, ahora ya no necesitamos
llevar esta condenación. ¿Por qué? Debido a que el Mesías no tenía
pecado y por lo tanto no tenía que ser condenado ciertamente aceptó
nuestros pecados que fueron pasados a Él, y Él fue vicariamente
condenado por todos nuestros pecados. De esta manera, es por creer
de todo corazón en el bautismo de Jesús y en Su sangre de la Cruz
por lo que hemos sido liberados de toda la condenación de nuestros
pecados.
Podemos ver calcomanías que dicen “¡Jesús te ama!”
en las ventanas traseras de muchos carros. ¿Es todo lo que Jesús
quiere que sepas? La salvación de nuestro Señor no fue hecha solo
por esas palabras. Él quiere hacerte saber, “Yo te amo mucho. Por
lo tanto, Yo he perdonado tus pecados. Solo cree en Mí, y Yo te
haré Mi hijo.” El Mesías ciertamente fue bautizado y crucificado,
y derramó Su sangre y murió, todo para liberarnos de nuestros pecados.
El Señor ciertamente nos ha salvado y nos ha liberado del juicio
que nos esperaba.
El Señor se convirtió en nuestro medico para sanar
la enfermedad de nuestros pecados. Al venir a esta tierra, ciertamente
Él aceptó nuestros pecados sobre Su cuerpo al ser bautizado, fue
crucificado y sangró hasta morir, ciertamente se levantó de entre
los muertos, y por consiguiente nos ha salvado. Cuando con toda
seguridad estábamos destinados al infierno por nuestros pecados,
el Señor ya nos ha sanado de la enfermedad causada por nuestros
pecados. Debemos ser sanados de nuestros pecados a través de la
fe correcta.
Si la gente no fuera a ser arrojada al infierno aunque
son pecadores, entonces no tendrían necesidad de que el Mesías viniera
a la tierra y derramara Su sangre. Pero la razón por la que la gente
absolutamente debe creer en Jesús se debe a que ciertamente tienen
una temida enfermedad de pecado que los guía al infierno. De hecho,
la gente que tiene esta temida enfermedad de pecado no puede evitar
ser arrojada al infierno, y es por eso que sin lugar a dudas deben
creer en el bautismo y la sangre de Jesús quién se convirtió en
el Mesías.
Todos los que tienen pecado en sus corazones están
por recibir el castigo del infierno con toda seguridad, ya que cuando
se trata de la ley de Dios, la paga del pecado es muerte para todos.
Puesto de una manera sencilla, si alguien tiene el mas pequeñito
pecado en su corazón, entonces él / ella será arrojado al infierno.
Es por eso que Jesús tuvo que venir a nosotros. Así que cuando verdaderamente
creemos en el Mesías quién perfectamente ha borrado todos nuestros
pecados, entonces podemos ser salvos de todos nuestros pecados.
Debemos creer en Jesús como nuestro Salvador, y debemos creer exactamente
de acuerdo a lo que Él ha hecho por nosotros.
Jesús es ciertamente Dios Mismo el Creador real.
Pero Él puso a un lado Su divina gloria y ciertamente encarno en
hombre durante un tiempo, todo para liberte a ti y a mi, a quienes
Él amó, del temible castigo del pecado y del infierno, destrucción
y maldiciones. Y ciertamente Él fue bautizado, crucificado, resucitado
y entonces ascendió al Cielo. Esta es la verdad. No podemos considerar
esta verdad a la ligera, como si fuera un chiste. Creer esta verdad
no es una opción para ti. Con toda seguridad debemos creer esta
verdad en nuestro corazón y debemos conocerla con toda seguridad
también.
¿Tenían pecado los corderos y los chivos usados como
la ofrenda del sacrificio? Los animales no tienen ni la más remota
idea de lo que el pecado es. Pero debido a que estos animales aceptaron
los pecados del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento a través
de la imposición de manos, ellos ciertamente tenían que ser matados
vicariamente en lugar de ellos. ¿Por qué? Porque la paga del pecado
es muerte, y esto es lo que Dios ha determinado. Así que la ofrenda
del sacrificio del Día de la Expiación que aceptó todos los pecados
del pueblo de Israel también tenia que morir ciertamente. Así que
fue por la misma razón que Jesucristo tuvo que morir, ya que Él
llevaba todos los pecados del mundo a través de Su bautismo.
¿Realmente para quienes fueron realizadas estas obras?
Fueron ciertamente para ti y para mí. Entonces, ¿es algo que podamos
creer o no? La gente no cree debido a que está en total ignorancia
de la seriedad de su enfermedad del pecado. Pero si ellos conociesen
el hecho de que serán arrojados al infierno al infierno por el más
pequeñito pecado, entonces no serian capaces de considerar la salvación
de Jesucristo el Mesías como algo opcional, algo que pueden o no
creer sin ninguna consecuencia.
Si la gente tiene pecado, aun uno pequeñito como un
grano, entonces serán arrojados en el infierno. Serán destruidos.
Todo lo que hagan en esta tierra eventualmente terminara con una
eterna maldición. Aquellos que piensan que está bien tener pecado
están profundamente alucinados. La consecuencia del pecado es sin
duda muerte. Desde luego, existe mucha gente que aparentemente vive
sus exitosas vidas aunque tienen pecado en su corazón. Los jóvenes
son capaces de adorar a las celebridades, soñando con conocerlas
algún día. Pero, ¿duraran para siempre sus aparentes vidas espléndidas?
Muchos de ellos se vuelven miserables cuando sus quince minutos
de fama se desvanecen.
Existe alguna gente para la que todo lo que hace le
sale mal. Antes que conocieras al Señor, tú, también, estabas en
esta situación, cuando nada realmente salía de la manera en que
lo querías. Como si estuvieras viviendo una vida en maldición, lo
que pensabas era algo seguro no resultaba como deseabas, y lo que
pensabas que iba bien finalmente se caía. Puede que hayas soñado
en grande, pero realmente nada se materializaba, y el sueño sé hacia
más y más pequeño, hasta que finalmente desaparecía. Cuando te diste
cuenta que aun el más pequeño de todos tus sueños no podía concretarse,
entonces al final tus sueños sé hacían pedazos.
¿Por qué era esta situación? Era debido a los pecados
que estaban en sus corazones. La gente que tiene pecado en su corazón
nunca puede ser feliz. Dios nunca los bendice, no importa cuanto
lo intenten. Si existe gente que aparentemente es exitosa a pesar
de ser pecadora, debes darte cuenta que Dios los ha abandonado.
Deberías saber que aunque sus vidas actuales parezcan exitosas,
Dios se ha dado por vencido y están destinados al infierno. Si este
mundo hubiese sido llenado con los que están sin pecado, no habría
habido necesidad de la existencia del infierno. Pero ciertamente
Dios ha creado el infierno, y Él lo ha creado para aquellos que
tienen pecado en su corazón.
Dios ordenó hacer la primer cubierta del Tabernáculo
con los hilos azules, púrpura y escarlata para ciertamente dar la
remisión del pecado a nuestro corazón. Y también revela que cuando
llegara el tiempo del Nuevo Testamento, Jesucristo tomaría los pecados
del mundo al ser bautizado por Juan, y que Él entonces sería crucificado
a muerte para llevar la condenación de estos pecados. Nuestro Señor
ciertamente se convirtió en el Salvador de los pecadores.
Es por eso que Él dio la remisión del pecado a los
pecadores a través de Sus obras de los hilos azules, púrpura y escarlata.
¿Te das cuenta de esto ahora? Jesucristo ciertamente fue bautizado
en el Río Jordán para tomar nuestros pecados y Él fue crucificado
y derramó Su sangre para dar la paga por estos pecados. Él fue bautizado
para llevar nuestros pecados. ¿Crees que Jesús murió sobre la Cruz
debido a que primeramente Él tomó nuestros pecados a través del
bautismo que Él recibió de Juan?
En Nuestra Carne, Tú
y Yo Fuimos Como Pieles de Tejon
La cuarta cubierta fue hecha de pieles de tejon. Tejon
es el nombre traducido de un mamario llamado “Tachash” en hebreo
en el Antiguo Testamento. Ha sido traducido a diferentes mamarios
–por ejemplo, “vaca marina” (NIV), “foca” (ASV), “piel de cabra
fina” (NLT) y “marsopa” (NASB). No podemos identificar exactamente
que mamario es este. Los filólogos bíblicos coinciden que el origen
de esta palabra “Tachash” es un derivado de origen extranjero. De
cualquier forma, el mamario “Tachash” fue el animal cuyas pieles
fueron usadas para hacer la cuarta cubierta del Tabernáculo. Y probablemente
es seguro asumir que esta cubierta no era hermosa y no ofrecía cualidades
atractivas.
Esta cuarta cubierta de pieles de tejon implica que
Jesucristo vino a esta tierra en semejanza de hombre. Más aún, Él
no tenía nada atractivo en Su apariencia. La Biblia describe Su
apariencia diciendo, “Subirá cual renuevo delante de él, y como
raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos,
mas sin atractivo para que le deseemos.” (Isaías 53:2)
El Hijo de Dios vino a esta tierra en semejanza de
hombre de humilde nacimiento esto fue para salvarnos a quienes no
podíamos sino solo vivir vidas vergonzosas hasta el día de nuestra
muerte. Cuando Dios nos ve, a los descendientes de Adán, Él ve también
que nada tenemos de atractivo como la piel de esta cubierta. Aún
más, a nosotros solo nos gusta cometer pecado. Igual que los sucios
tejones, los seres humanos solo están interesados en alimentar sus
propios estómagos, desde su nacimiento hasta el final. Esta es la
razón actual por la que Jesús vino en semejanza de hombre, y por
la que fue afligido con sufrimiento.
Solo aquellos que realmente conocen la seriedad de
su naturaleza pecaminosa pueden creer en el Mesías y ser salvos
de sus pecados y de su condenación. Como tal, aquellos que ignoran
sus propios pecados, y aquellos que no conocen ni creen en la condenación
de sus pecados, no califican para recibir la remisión del pecado.
Dios nos dice que tal gente no es mejor que las bestias (salmos
49:20).
Aunque hemos sido creados en la semejanza de la imagen
de Dios, no todos aceptan el amor de Dios. Aquellos que no creen
en el plan de salvación de Dios no pueden recibir la remisión del
pecado en su corazón, y por lo tanto están para ser destruidos como
las bestias que perecen. Se debe a que Dios tuvo un plan para los
seres humanos por lo que Él los hizo en semejanza de Su imagen.
Observa mas de cerca lo que los demás hacen o piensan.
No me estoy refiriendo a ti en particular, sino que me refiero a
toda la humanidad. La mayoría de la gente ni siquiera conoce a su
propio Creador quién los hizo. Además, muchos de ellos afirman que
ellos no cometen pecado, y que son mejores que todos los demás.
¿Cuan obtusos y necios son los seres humanos? Aquellos que no conocen
a Dios están llenos de arrogancia. Cuándo nos comparamos los unos
con los otros, ¿qué diferencias reales pueden realmente encontrar?
¿Qué tan mejores o peores realmente somos? Y sin embargo la gente
aun lástima a otros solo por perseguir sus propios intereses egoístas
-¿Cuan equivocado es esto?
No podemos ni siquiera imaginarnos cuantos pecados
cometemos todos en contra de Dios en el tiempo de una vida. No estoy
diciendo esto solo para despreciar el carácter humano, sino que
solo señalo el hecho que aunque Dios ha creado a los seres humanos
para ser preciosos, la mayoría de ellos aun no se dan cuenta que
ciertamente serán destruidos por sus pecados. La gente no sabe como
ocuparse de sus almas; no pueden preparar un futuro para sí mismos;
no reconocen la Palabra de Dios; y no quieren creer en Él aunque
no tienen otra opción para evitar su destrucción eterna. Ni más
ni menos que esta gente es la que no es mejor que las bestias.
Pero Dios Nos Abandono a
Nuestra Destrucción
Para salvarnos de nuestros pecados, ciertamente, Jesús
vino a esta tierra, y para borrar todos nuestros pecados, Él fue
bautizado, derramó Su sangre sobre la Cruz y sé levantó de entre
los muertos. El Señor de esta manera se convirtió en nuestro verdadero
Salvador. Debemos creer en esta verdad. ¿Lo crees? De casualidad,
estas diciendo, de entre tu ignorancia y falta de conocimiento bíblico,
“¿Cuál es el problema? Si creemos en Jesús de alguna manera, entonces
¿todos iremos al Cielo?” Y existen aquellos que también dicen, “si
creemos solamente en la sangre de la Cruz, entonces el Cielo es
nuestro.” Pero, ¿es esta fe realmente correcta?
Dios es, de hecho, el Dios de la verdad. Él es quién
nos habló acerca de Su plan, quién completó la obra de la salvación
exactamente de acuerdo a Su Palabra, quién nos ha dado la remisión
del pecado y quién se encuentra con nosotros a través de esta verdad.
Dios está vivo. Dios aún ahora está aquí, con todos y cada uno de
nosotros. La gente que tiene pecado en su corazón no debería de
tratar de engañar a Dios. Si la gente tiene pecado en su corazón
y sus conciencias se los están comiendo, entonces deben de resolver
este problema creyendo en el bautismo que Él recibió y en la sangre
que Él derramó. Los pecaminosos deben creer en la verdad de que
debido a que estaban destinados al infierno, el Señor los ha salvado
de todos sus pecados a través de Su bautismo y de Su sangre sobre
la Cruz.
No existe absolutamente nadie que sea incapaz de resolver
el problema de sus pecados creyendo en el agua y en la sangre. Pero
aunque nuestro Señor nos ha salvado a través del agua, la sangre
y el Espíritu (1 Juan 5:6-8), si de nuestra parte no reconocemos
y creemos en este hecho y por consiguiente somos destruidos, entonces
somos totalmente responsables del resultado. Todos nosotros debemos
confesar ante Dios, “Estoy destinado al infierno ya que soy pecador.
Pero yo creo en el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu.”
Debemos tener tal fe. Debemos creer en nuestro corazón que el Señor
nos ha salvado de todos los pecados a través del agua, la sangre
y el espíritu. Con nuestro corazón y nuestra fe sincera, debemos
unirnos nosotros mismos a la verdad manifestada en el evangelio
del agua y el Espíritu. Solo entonces podemos ser salvos de todos
nuestros pecados.
Como tal, deben entender todas estas cosas y deben
creer en su verdad. Sin siquiera conocer la verdad que está manifestada
en el Tabernáculo y el evangelio del agua y el Espíritu, alguna
gente cree, “Debido a que creo, yo iré al Cielo aunque tenga pecado.”
Pero Dios dijo que todo el que tuviera pecado será lanzado al infierno;
Él no dijo que no serian arrojados en el infierno aunque tengan
pecado solo porque creen en Jesús. Esto te dirige a convertirte
en el más necio de todos. Al decir que irán al Cielo solo porque
creen en Jesús, cuando, de hecho, creen de cualquier forma que quieren,
es la reflexión de una fe necia, ignorante y completamente ciega.
Algunos otros dicen, “Yo no he visto una sola persona
que haya sido lanzada al infierno, ni tampoco he visto a alguien
que haya entrado al Cielo. No lo descubriremos sino hasta el Día
del Juicio.” Pero ciertamente existe el Cielo y el infierno. ¿Acaso
solo existen las cosas que podemos ver con nuestros ojos? ¿Puedes
ver el aire con tus ojos? Ciertamente también existe el reino de
lo que no se ve. Todos los pecadores que no creen en Dios debido
a que no pueden verle a Él son como las bestias que perecen.
Como tal, la gente debe darse cuenta que si tiene
pecado en su corazón, será destruida, y ellos por lo tanto deben
creer en el evangelio del agua y el Espíritu, y escapar del juicio
de Dios. Los sabios son aquellos que, aunque no hayan cometidos
muchos males hacia la gente alrededor de ellos, a pesar de eso reconocen
que han cometido muchos males en contra de Dios, y por lo tanto
admiten que seguramente sean juzgados cuando muy pronto estén delante
de Él.
No deberíamos morir a causa de nuestra ignorancia
y desdeño por Dios y Su justo Juicio. Ciertamente Él condenara a
todos y a cada pecador con el eterno fuego del infierno. Si la gente
es destruida por no creer en la verdad manifestada en el Tabernáculo
aunque lo han oído, entonces ellos deben ser hijos de Satanás. Lo
que el Mesías desea de nosotros es que todos nosotros tenemos la
fe que nos capacita para recibir la remisión del pecado y entrar
en el Reino del Cielo.
Dios No Nos Creó Como Juguetes
Cuando Dios nos hizo seres humanos, Su propósito fue
capacitarnos para vivir sin ser atormentados por el pecado, sino
para siempre disfrutar la vida eterna, el esplendor y la gloria
con Dios como Sus propios hijos. Para no enviarnos al infierno,
el Mesías fue bautizado, tomó los pecados del mundo, derramó Su
sangre sobre la Cruz, y de esta manera borró todos nuestros pecados.
Cuando Dios nos ha amado tanto, si no reconocemos este amor sino
que a medias creen en la salvación que Él nos ha dado, entonces
seguramente que no escaparemos de la ira de Dios.
Dios nos ha liberado de nuestros pecados sacrificando
a Su propio Hijo. Es debido a que el Mesías fue bautizado para llevar
todos nuestros pecados sobre Su propio cuerpo y se dio a Sí Mismo
como el sacrificio de nuestra ofrenda por el pecado y ciertamente
Él nos ha salvado de todos los pecados del mundo. Es debido a que
estábamos destinados al infierno por nuestros pecados por lo que
el Señor tuvo misericordia de nosotros, y es debido a esto que Él
fue bautizado, sangró a muerte, sé levantó de entre los muertos,
y por consiguiente nos ha salvado y convertido en los hijos de Dios.
Dios nos hizo como juguetes.
Hace un tiempo, cuando una hermana de mi iglesia estaba
en la universidad, tuve la oportunidad de asistir a su exhibición
de su graduación. Ahí, en esta galería de arte, me encontré con
varias pinturas. Una de las obras pintadas por la clase que se graduaba
eran un lienzo retratando a Adán y a Eva comiendo del árbol del
conocimiento del bien y del mal, titulado, “¿Acaso Dios hizo a los
seres humanos como unos juguetes?” Alguien dibujo una respuesta
a esta pregunta abajo del lienzo, diciendo. “Dios estaba aburrido,
así que nos hizo como Sus juguetes.”
Nada puede ser más equivocado que esta respuesta.
¿Por qué, entonces, Dios hizo el árbol del conocimiento del bien
y del mal, y después decirle a Adán y a Eva que no comieran de el?
Después de todo, Él ya sabía que iban a comer de sus frutos, y sin
embargo Él hizo el árbol y les dijo que no comieran de el. Cuándo
ellos comieron, entonces Él los saco del Jardín del Edén por caer
en el pecado. Entonces, Él les dijo que los pecadores serían enviados
directo al infierno. ¿Por qué Dios hizo esto? ¿Realmente Dios nos
creó porque estaba aburrido y no tenía un juguete? ¿Acaso Él hizo
a la humanidad debido a que estaba demasiado aburrido y ya no podía
soportarlo? ¡Claro que no!
Hermanos y hermanas, lo que Dios realmente deseaba
hacer era convertirnos en Su propio pueblo, hacernos inmortales,
y vivir con nosotros felizmente para siempre. La providencia de
Dios en permitir todas estas cosas a la humanidad fue para hacernos
seres inmortales que disfruten esplendor y gloria eterna y quienes
viven eternamente glorificados. Así, cuando tú y yo, engañados por
Satanás, estábamos caídos en el pecado y estábamos destinados al
infierno, Dios envió a Su Hijo Unigénito a esta tierra para salvarnos.
Y haciendo que el Hijo se bautizara y tomara los pecados del mundo,
derramara Su sangre y se levantara de entre los muertos, Dios nos
ha salvado de Satanás.
Sin embargo, innumerable gente tiene esta grotesca
y mala interpretación de que Dios de alguna manera nos hizo Sus
juguetes para aliviar Su aburrimiento. Entre ambos, existen aquellos
que dejan de creer en Jesús y aquellos que nunca creyeron en Él
desde el principio, existen aquellos que en su amargura contra Dios,
dicen, “¿Por qué Dios me creó para hacerme sufrir? ¿Por qué insiste
en que tengo que creer? ¿Por qué dice que me dará la salvación si
creo, pero no si no creo no?” Ellos dicen tales cosas debido a que
no conocen la profunda providencia de la salvación que Dios ha dado
a la humanidad.
Esta profunda providencia del Mesías fue para aceptarnos
como el pueblo de Dios y por consiguiente convertirnos en Sus propios
hijos, permitiéndonos disfrutar toda la Gloria y el esplendor del
Cielo como Su propia familia. Este es el propósito de Dios al crear
a la humanidad. Personalmente, tampoco podía entender esta verdad
hasta que nací de nuevo por el agua y el Espíritu. Pero después
que recibí la remisión del pecado y nací de nuevo, llegue a saber,
“¡Ah! ¡Así es que por esto me hizo el Señor!”
¿Que es lo que el Mesías ciertamente hizo para tomar
nuestros pecados cuando Él vino a esta tierra hace más de 2,000
años? ¿Qué es lo que Él hizo para llevar nuestros pecados? ¡Él recibió
el bautismo y derramó Su sangre! Y todos estos fueron actos de justicia
y sacrificios de justicia para borrar nuestros pecados.
Aquí está la razón por la que ciertamente debemos
creer en Dios, y por la que debemos creer en Jesucristo como nuestro
Dios el Salvador. Se debe a que tú y yo habíamos estado destinados
al infierno por lo que Dios Mismo tuvo que venir personalmente a
esta tierra para salvarnos. En otras palabras, Jesús tuvo que ser
bautizado por Juan, tuvo que morir sobre la Cruz, y tuvo que levantarse
de entre los muertos. La razón por la que en realidad creemos en
la remisión del pecado revelada en los hilos azules, púrpura y escarlata
es para que podamos ser remitidos de todos nuestros pecados. Es
para cumplir la providencia de Dios hacia nosotros por la que debemos
tener fe. Y cuando ciertamente creemos en la salvación del Señor,
no lo hacemos para el beneficio de alguien más, sino para nuestro
propio beneficio.
Ahora Estamos a Tiempo de
Creer en la Verdad de la Salvación de Dios
Si alguien desea alcanzar la siguiente realización,
entonces esta persona debe hacer a un lado su equivoca fe ahora
mismo y creer en el evangelio del agua y el Espíritu en el corazón:
“Yo no sabia que estaba destinado al infierno. Yo solo creí porque
se me dijo que Jesús borró mis pecados. ¡Pero mi fe estaba basada
en un entendimiento defectuoso! Ahora debo aprender lo que es correcto
y basar mi fe en un conocimiento sólido. Hasta ahora, había creído
equívocamente, sin embargo no es demasiado tarde. Todo lo que tengo
que hacer es aceptar, a partir de ahora, que yo estaba destinado
al infierno por mis pecados, creer en mi corazón que el Mesías me
ha salvado a través de Su bautismo y derramamiento de sangre, y
entonces recibir la remisión de mis pecados. ¡Así que estaba destinado
al infierno!”
De hecho, solo un puñado de Cristianos tenían el apropiado
y correcto entendimiento del evangelio del agua y el Espíritu cuando
primeramente comenzaron a creer. Para mí, también, ciertamente tomó
10 años desde que me convertí en Cristiano para darme cuenta totalmente
que Jesús tomó los pecados del mundo con Su bautismo y fue crucificado
a muerte sobre la Cruz, y solo entonces fui realmente salvo creyendo
nuevamente en Jesús como mi propio Salvador. Así que después de
10 años después de haber llegado a ser Cristiano, yo me deshice
de mí equivoca fe, y llegue al entendimiento apropiado del evangelio
del agua y el Espíritu, y creí correctamente. Pero para otros, tal
vez, puede que les tome más de 20 años conocer la verdad y creer
nuevamente.
Cuando tal gente llega a darse cuenta, aún después
de 20 años, que Dios planeó salvarlos a través del agua y el Espíritu,
entonces deben creer que Jesús fue bautizado y crucificado por sus
pecados. Nada puede ser más perverso ante Dios que conocer la verdad
y sin embargo rehusarse a creer. Pero si creyeran en el evangelio
del agua y el Espíritu ahora, aún después de vivir 10, 20 años como
Cristianos, ¿es esto algo malo? ¡Claro que no! Absolutamente no
existe nada vergonzoso acerca de esto. Cuando la gente verdaderamente
conoce y cree en la remisión de los pecados manifestada en los hilos
azules, púrpura y escarlata, entonces realmente serán salvos. Fe
en el evangelio del agua y el Espíritu es lo que agrada a Dios.
Yo espero que todos ustedes crean en esta salvación que ciertamente
ha sido lograda, cuyo cumplimiento vino a través de los hilos azul
y escarlata.
Las cubiertas del Tabernáculo fueron hechas en detalle
elaborado. Solo viendo el hecho que las pieles de carnero teñidas
de rojo fueron colocadas sobre la cubierta hecha de pelo de cabra,
y que las pieles de tejon fueron puestas encima de estas, podemos
ver la clara manifestación de la verdad de que estábamos destinados
al infierno, pero nuestro Señor vino a esta tierra, verdaderamente
tomó nuestros pecados al ser bautizado, y llegó a ser la ofrenda
del sacrificio por estos pecados nuestros derramando Su sangre y
muriendo sobre la Cruz. Todos podemos creer en el evangelio del
agua y el Espíritu. Que el Señor verdaderamente nos ha salvado a
través de la obra de Jesús manifestada en los hilos azules, púrpura
y escarlata. Las cubiertas del Tabernáculo no tienen otra cosa que
el misterio de la salvación.
Lo que es importante no es solo aprender acerca de
la Biblia. Lo que agrada a Dios no es solamente aprender, sino creer
–esto es, si la Biblia nos dice que Dios determino salvarnos a través
de las obras de Jesús reveladas en los hilos azules, púrpura y escarlata,
entonces tú y yo debemos verdaderamente aceptar esto en nuestro
corazón y creerlo. Es así como podemos agradar a Dios. Si en nuestro
corazón ciertamente escuchamos la Palabra de Dios, reconocemos nuestros
pecados y creemos en el bautismo del Señor y en la sangre de la
Cruz, entonces verdaderamente podemos recibir la remisión de nuestros
pecados. Pero si no creemos en esta remisión dada por el Señor,
y en vez de eso creemos en Él solo como un asunto teórico, entonces
continuaremos siendo atormentados por una conciencia culpable.
Si no resolvemos el problema de nuestros pecados actuales
creyendo en el agua y el Espíritu, entonces esta conciencia culpable
continuara devorando nuestro corazón. Sin embargo, si creemos en
el evangelio del agua y el Espíritu, entonces seremos libres de
una conciencia culpable, porque cuando estamos sin pecado al recibir
la perfecta remisión del pecado, ¿cómo podemos estar atormentados
por el pecado de nuevo? Es así como verdaderamente debemos creer.
Debemos creer en el evangelio del agua y el Espíritu y tener resuelto
el problema de todos nuestros pecados. Aquellos que fallan en hacer
esto no tienen otra opción que continuar con la atadura del pecado.
La vida es muy corta y llena de sufrimiento. Dios
permite el sufrimiento a cada ser humano. ¿Cuál es la razón por
la cual Dios permite que suframos? Se debe a que a través de nuestro
sufrimiento por el pecado, Èl quiere que nos demos cuenta de lo
valioso del evangelio del agua y el Espíritu, que creamos en este
evangelio y que por consiguiente seamos verdaderamente absueltos
de nuestros pecados. Él trajo el sufrimiento del pecado a ti para
que llegues a creer en tu corazón que el Mesías ha lavado tus pecados
a través de Su bautismo y en la sangre de la Cruz. El no creer en
el evangelio del agua y el Espíritu como la verdad es la cosa más
necia que se puede hacer. Los pecados de la humanidad pueden ser
limpiados solo por la fe que verdaderamente cree en el evangelio
del agua y el Espíritu.
Dios nos está diciendo que resolvamos el problema
de nuestros pecados creyendo en el verdadero evangelio. Por lo tanto,
debemos ciertamente creer en Jesús, el verdadero Salvador. Tú, también,
ciertamente debes creer en tu corazón en Jesucristo como tu Salvador
personal. Debes admitir tus pecados ante Dios, creer en el evangelio
del agua y el Espíritu y por consiguiente ser salvo. Cuando crees
en tu corazón en el bautismo de Jesús el Salvador y en Su sangre
de la Cruz, entonces ciertamente serás remitido de todos tus pecados.
Solo cuando creemos en el bautismo de Jesús y en la sangre de la
Cruz como la verdad podremos ser salvos de todos nuestros pecados.
El Orden de las Cubiertas
Coincide Exactamente con el Orden de Nuestra Salvación
Cuando se trata del orden de nuestra salvación, la
prioridad es primeramente reconocer con toda honestidad que desde
el mismo instante en que nacimos en este mundo, todos hemos sido
pecadores como tejones, la bestia que perece. Y debemos creer que
con toda seguridad íbamos a ser puestos para morir y ser lanzados
en el infierno por nuestros pecados. Más aún, también debemos creer
que para ser liberados de nuestros pecados, ciertamente necesitamos
una ofrenda del sacrificio, y como tal, el Mesías tuvo ciertamente
que venir y llevar nuestros pecados al ser bautizado. Debemos creer
que nuestro Salvador no debía ser un ser humano, sino Dios Mismo.
Y debemos creer que Jesús el Salvador ciertamente nos ha salvado
de todos nuestros pecados a través de Su bautismo y la Cruz.
Si no fuese este el caso, entonces Dios hubiese hecho
solo dos cubiertas sobre el Tabernáculo. Si la salvación pudiera
ser alcanzada haciendo a un lado el bautismo de Jesús, entonces
no hubiera habido necesidad de hacer cuatro cubiertas separadas
del Tabernáculo, y Dios la hubiera cubierto únicamente con pieles
de tejon y pieles de carnero. Pero, ¿acaso fueron usadas solamente
estas dos cubiertas? ¡No! El Tabernáculo tenía que ser cubierto
por cuatro cubiertas diferentes; las cortinas tejidas de los hilos
azules, púrpura, escarlata y el fino lino torcido; otra cortina
hecha de pelo de cabra; y una cubierta más de pieles de carnero;
y la ultima hecha de pieles de tejon.
Debemos creer en la verdad como es –esto es, Jesús
aceptó todos nuestros pecados al ser bautizado, murió sobre la Cruz,
y por consiguiente salvó nuestras almas sucias y dignas de lástima
destinadas al infierno por nuestros pecados, haciéndonos el propio
pueblo de Dios. Este es el misterio escondido en las cuatro cubiertas
del Tabernáculo, y el orden en el cual fueron colocadas en el Tabernáculo
no es ni más ni menos que el orden de nuestra salvación.
Para unir la primer y la segunda cubierta del Tabernáculo,
ganchos de oro y bronce fueron necesitados. Y en la orilla de los
dos juegos de cortinas que juntas formaban cada cubierta, se hicieron
aros de hilo azul. Pero para aquellos que solo creen en la sangre
de la Cruz, es imposible conocer lo que significan los ganchos de
oro y bronce unidos a los aros azules. Solo aquellos que creen en
el evangelio del agua y el Espíritu pueden entender y creer en la
verdad escondida en las cuatro cubiertas.
Los aros de hilo azul se refieren al bautismo que
Jesús recibió en el Rió Jordán. ¿Por qué, entonces, la gente no
cree en el bautismo a través del cual Jesús aceptó los pecados del
mundo, sino que solo cree en la sangre de la Cruz? Se debe a que
no creen en la Palabra de Dios como es. Cuando profesamos creer
en Jesús, no podemos creer en Él correctamente quitándole o poniéndole
a la Palabra de Dios. Debemos creer en la Palabra de Dios exactamente
como es con un “sí.”
Entre la mucha gente que afirma creer en Jesús, la
mayoría de ellos cree solo en la sangre que Él derramó sobre la
Cruz, haciendo a un lado el bautismo que Él recibió. Es por eso
que muchos Cristianos no pueden entender el misterio de la verdad
manifestado en las cubiertas del Tabernáculo. Y es por eso que los
Cristianos de la actualidad no creen en la remisión real del pecado
mismo que el Mesías ha completado perfectamente. Creen en Jesús,
todo en vano, al igual que alguno de los fundadores de las religiones
del mundo. Como tal, muchos Cristianos están de hecho caminando
sobre el camino equivocado. Pecan cada día, y sin embargo afirman
que pueden ir al Cielo solo por arrepentirse cada día. Esto explica
porque la gente secular del mundo denuncia a los Cristianos frecuentemente.
Cuándo les preguntamos a los Cristianos, “¿Cómo y
conque clase de fe puede resolver el problema de tus pecados?” entonces
la mayoría dice, “Podemos resolverlo ofreciendo oraciones de arrepentimiento
mientras creemos en el derramamiento de la sangre de Jesús sobre
la Cruz.” Cuándo les preguntamos, “entonces, ¿realmente has resuelto
el problema del pecado en tu corazón?” ellos responden, “en realidad,
yo aun tengo pecado en mi corazón.” La gente que tiene pecado en
su corazón no es aun el pueblo de Dios. Tal gente esta afuera de
Jesucristo. Deben venir a Jesucristo creyendo en el evangelio del
agua y el Espíritu pronto.
Debemos conocer en detalle el método exacto con el
que nuestro Señor ha borrado todos nuestros pecados, como realmente
es. Es por cargar los pecados del mundo a la Cruz a través del bautismo
que ciertamente Él recibió de Juan y derramando Su sangre por lo
que el Señor ciertamente ha borrado todos nuestros pecados. Si deseamos
entrar en la presencia de Dios, entonces debemos entrar creyendo
en nuestra salvación tejida con los hilos azules, púrpura y escarlata.
No importa con cuanta devoción alguien haya creído en Dios, es posible
que él / ella haya malinterpretado y creído equívocamente todo este
tiempo. Para que nosotros entremos en el Reino del Cielo, debemos
aceptar la salvación hecha de los hilos azules, púrpura y escarlata
a través del cual el Mesías ciertamente ha borrado nuestros pecados,
como la verdad, y creerla.
Si nuestra fe ante Dios esta equivocada, entonces
debemos corregirla y creer nuevamente de la manera correcta, no
importa la frecuencia. Debemos creer en la salvación, el Señor ciertamente
tomó nuestros pecados los lavó a través de Su bautismo, como la
verdad. Debemos ciertamente creer que el Señor tomó todos nuestros
pecados de una vez por todas con Su bautismo, y que Él llevó la
condenación de nuestros pecados a través de la sangre de la Cruz.
Con la fe real en los ministerios de Jesús manifestados
en los hilos azules, púrpura y escarlata del Tabernáculo, podemos
encontrarnos con el Mesías. A través del Tabernáculo, ahora hemos
sido capaces de tomar el evangelio del agua y el Espíritu con mayor
definición, y darnos cuenta que su fe esta fundada sobre la verdad
manifestada en los hilos azules, púrpura, escarlata y el fino lino
torcido. La fe de una importancia critica que ahora debemos tener
es aquélla que ciertamente cree en el corazón en la salvación hecha
de los hilos azules, púrpura y escarlata.
Ahora estamos escuchando y aprendiendo acerca de la
verdad que ésta en el Tabernáculo hecha de los hilos azules, púrpura,
escarlata y el fino torcido. El Mesías está esperando por nosotros
ahora, habiendo ciertamente remitido todos nuestros pecados a través
de Sus obras manifestadas en los hilos azules, púrpura y escarlata.
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Dios té está exhortando a creer en esta verdad con
todo tu corazón. ¿Continuas teniendo pecado en tu corazón? Entonces,
debes reconocer claramente ante Dios cuan oscuros y sucios son los
pecados de tu corazón, confesar tus pecados, creer en la verdad
revelada en los hilos azules, púrpura y escarlata, y por consiguiente
recibir la remisión de todos tus pecados. Cuando verdaderamente
creas que Jesús ya ha remitido todos tus pecados, entonces podrás
pasara todos tus pecados que se encuentren en tu corazón sobre Él
y recibir Su perfecta remisión del pecado.
Todos debemos creer, en nuestro corazón, en la remisión
del pecado hecha de los hilos azules, púrpura, escarlata y el fino
lino tejido que Dios ciertamente planeó para nosotros. Dios nos
ha dado el evangelio hecho de estos maravillosos ministerios de
Jesús, con los hilos azules, púrpura y escarlata, y de esta manera
nos ha permitido recibir la remisión del pecado y disfrutar de todo
el poder y de toda la autoridad como Sus propios hijos. El Señor
nos ha concedido ser salvos de todos nuestros pecados y condenación,
recibir vida eterna, al creer, en las obras de la salvación dadas
a nosotros y manifestadas en los hilos azules, púrpura y escarlata.
Yo doy gracias al Señor por hacer posible que nosotros
seamos salvos creyendo en la verdad manifestada en los hilos azules,
púrpura, escarlata y el fino lino tejido. Creyendo en esta verdad,
podemos ser remitidos de todos nuestros pecados y entrar al reino
del Cielo por fe. ¡Aleluya!
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