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El Velo Que Fue Rasgado
< Mateo 27:50-53 >
“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz,
entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó
en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;
y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían
dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después
de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron
a muchos.”
El Lugar Santísimo era el lugar en donde Dios habitaba.
Y solo el Sumo Sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo una
vez al año, en el Día de la Expiación, llevando la sangre del chivo
expiatorio para la remisión de los pecados de los Israelitas. Él
hacia esto debido a que el Lugar Santísimo del Tabernáculo, la Casa
de Dios, era un lugar santo donde no se podía entrar a menos que
tomara la sangre del sacrificio, sobre cuya cabeza las manos sé
imponían para borrar las iniquidades de los pecadores. Puesto de
otra manera, aún el Sumo Sacerdote no podía evitar la condenación
de Dios a menos que él hubiese recibido la remisión de sus pecados
ofreciendo un sacrificio antes de entrar en Su presencia.
¿Cuándo fue el velo del templo rasgado? Fue rasgado
cuando Jesús derramó Su sangre y murió sobre la Cruz. ¿Por qué tuvo
Él que derramar Su sangre y morir? Porque Jesús el Hijo de Dios,
al venir a esta tierra en semejanza de hombre, tomó todas las iniquidades
de los pecadores al ser bautizado por Juan en el Río Jordán. Debido
a que Jesús tomó todos los pecados del mundo a través de Su bautismo,
Jesús pudo terminar con toda la condenación del pecado solo si Él
derramaba Su sangre sobre la Cruz y moría. Es por eso que el velo
que separaba al Lugar Santísimo del Lugar Santo en la casa de Dios
fue rasgado desde arriba hasta abajo. Esto significa que la pared
del pecado que había separado a la humanidad de Dios cayó de una
vez por todas.
En otras palabras, a través del bautismo que Jesús
recibió y de la sangre que Él derramó sobre la Cruz, Él ha hecho
desaparecer todos los pecados. Con el bautismo y la sangre de Jesucristo,
Dios Padre ha borrado todos nuestros pecados de una vez por todas
y abrió el camino al Cielo, así que cualquiera puede entrar ahora
al Cielo creyendo en este bautismo y derramamiento de la sangre
de Jesús.
Cuando Jesús murió sobre la Cruz, la oscuridad cayó
en donde Él se encontraba durante tres horas. Habiendo cargado sobre
Sus hombros todos los pecados del mundo a través de Su bautismo
en el Río Jordán, Jesús, crucificado y acercándose a Su muerte,
clamo, “Elí, Elí, ¿lama sabactani?” Que significa, “Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Entonces,
Él dijo Sus ultimas palabras, “¡Consumado es!” Y luego murió.
Y entonces en tres días Él se levantó de entre los muertos, dio
testimonio durante 40 días, y luego ascendió al Cielo ante los ojos
de Sus muchos discípulos y seguidores.
¿Abandonó el Padre realmente
a Jesús?
El dolor que Jesús sufrió fue tan intenso que Él sintió
como si Su Padre lo hubiese abandonado. El sufrimiento de la condenación
por el pecado fue enorme. Debido a que Jesús tomó los pecados del
mundo siendo bautizado por Juan, es verdad que Él fue separado momentáneamente
por el Padre cuando Él llevó la condenación del pecado sobre la
Cruz. Dios Padre tuvo que castigar a todo aquel que pecó, y debido
a que todos los pecados del mundo fueron pasados sobre Jesús. Jesús
tuvo que ser traspasado y derramó Su sangre sobre la Cruz. Dios
Padre tenía que castigar a cualquiera que tuviera pecado, y debido
a que todos los pecados fueron puestos sobre Jesús, Jesús tuvo que
ser traspasado y derramar Su sangre sobre la Cruz como castigo por
estos pecados.
Debido a que Jesús, quién es Dios Mismo en Su esencia,
tomó todos los pecados de la humanidad al ser bautizado, los pecados
del mundo pasaron sobre Su propio cuerpo santo. Así que Jesús, habiendo
tomado los pecados del mundo, ahora tenia que ser separado de Dios
Padre durante un momento, sufrió muerte de Cruz para dar la paga
por el pecado, y de esta manera salvar a la humanidad de todos sus
pecados. Es por eso que Jesús tuvo que pasar por el sufrimiento
extremo de la condenación del pecado, y el porque Dios Padre no
podía hacer otra cosa que volver Su Rostro de Su Hijo momentáneamente.
Pero esto no significa que Jesús fue abandonado por
Su Padre por siempre. Eso significa que Jesús tenia que llevar la
condenación vicaria de nuestros pecados, y por lo tanto Él tenia
que ser separado del Padre solo momentáneamente. Pero mientras Jesús
clamaba en Su dolor, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
Se debió a que Jesús sufrió tal agonía extrema por el pecado que
hemos sido salvados de la condenación. Fuimos gente que tenía que
ser abandonada por Dios debido a nuestros pecados, pero Jesús tomó
nuestros pecados, sufrió el dolor de la condenación del pecado sobre
la Cruz, y, aún más, fue abandonado por el Padre durante un momento
por amor a nosotros.
Puede que tú ya sepas esto, después de la construcción
del Templo, durante el reinado del Rey Salomón, el Tabernáculo fue
sustituido por el Templo. Pero las bases del sistema del Tabernáculo
aun continuaron aplicándose al Templo exactamente como se aplicaron
antes de su construcción. Así que también había un velo que separaba
al Lugar Santísimo del Lugar Santo del Templo. Y en el mismo momento
en que nuestro Señor clamó sobre la Cruz, “Elí, Elí, ¿lama sabactani?”
este velo del Templo fue rasgado desde arriba hasta abajo. La verdad
hablada por este evento es que debido a que nuestro Señor ha lavado
nuestros pecados con el bautismo que recibió y la preciosa sangre
que Él derramó sobre la Cruz, la puerta del Cielo ahora ha sido
abierta, para que todos los que crean puedan entrar. Ahora, creyendo
en el evangelio del agua y el Espíritu, todos podemos entrar al
Cielo por fe.
A través de la revelación del sistema del Tabernáculo,
la gente del Antiguo Testamento también creyó que Jesús vendría
como el Mesías, y por lo tanto, también fueron remitidos de todos
sus pecados y se convirtieron en hijos de Dios. En el Nuevo Testamento,
toda la justicia de Dios acerca de la remisión del pecado fue cumplida
de una sola vez para todos cuando nuestro Señor fue ciertamente
bautizado en el Río Jordán y cuando murió sobre la Cruz. La razón
por la que tenemos corazones agradecidos, habiendo oído y creído
en el evangelio de la remisión del pecado que el Señor nos ha dado,
se debe a que tenemos el evangelio del agua y el Espíritu.
Por nosotros mismos, no podríamos ser liberados del
pecado, pero debido a la verdad de la salvación que Dios nos ha
dado a través del agua y el Espíritu, hemos podido ser remitidos
de nuestros pecados creyendo en esta verdad. Creyendo en el evangelio
del agua y el Espíritu que Jesús nos ha dado, nuestros pecados han
desaparecido y ahora podemos entrar en el Reino del Cielo por la
fe. Dado esto, ¿cómo no podríamos dar gracias a Dios? Solo podemos
darle gracias a Él, ya que sabemos que la puerta del Cielo fue quebrada
desde arriba hasta abajo en el momento que nuestro Señor murió.
Estas son las maravillosas noticias que nos dicen que nuestro Señor
tomó todos los pecados del mundo a través del bautismo que Él recibió
en el Río Jordán, llevó la condenación del pecado con Su sangre
sobre la Cruz, y por lo tanto nos libero del pecado a todos aquellos
que creemos.
El hecho de que el velo fue rasgado de arriba abajo
cuando Jesús murió sobre la Cruz nos enseña la verdad de que ahora
en este tiempo, aquellos que han sido limpiados del pecado creyendo
en el evangelio del agua y de la sangre pueden todos entrar al Cielo.
Esta es la evidencia definitiva de la verdad de la salvación que
el Señor nos ha concedido. Debido a que somos pecadores, había una
pared de pecado que nos bloqueaba, impidiéndonos acercarnos a Dios,
pero con Su bautismo y con la sangre, Jesús ha hecho desaparecer
esta pared de pecado de una vez por todas. El que Dios haya rasgado
el velo del Templo de arriba abajo significa que cualquiera que
cree en el bautismo a través del cual el Hijo de Dios tomó todas
las iniquidades de los pecadores y en la sangre de la Cruz ahora
podemos ser totalmente limpiados de nuestros pecados y de esta manera
entrar al Cielo sin impedimentos. De esta manera Dios nos ha salvado
del pecado.
De arriba abajo como la evidencia de estas obras de
la salvación que Él completó. Por lo tanto, Hebreos 10:19-22 afirma,
“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar
Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo
y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos
con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los
corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.”
Cuando Jesús murió sobre la Cruz, la entrada del Lugar
Santísimo se abrió totalmente mientras su velo era rasgado, y esta
puerta abierta del Lugar Santísimo aquí es la Palabra de Dios del
evangelio que abrió un camino nuevo y vivo al Cielo. Aquí, en la
Biblia nos dice una vez más que todos los pecados de nuestros corazones
y cuerpos fueron borrados a través de Su bautismo (el agua pura)
y de Su sangre, y por lo tanto, podemos ser limpiados por nuestra
total seguridad de fe en Su perfecta salvación.
Por esto, yo doy toda mi gratitud a Dios. No podíamos
entrar al Cielo sin importar cuanto lo intentáramos, pero para tal
gente como nosotros, Jesús nos ha salvado de todos nuestros pecados
con estos actos justos como Su bautismo y Su sangre sobre la Cruz,
y Él ha abierto la puerta totalmente, todo para que solo aquellos
que creen en el evangelio del agua y el Espíritu puedan entrar al
Cielo. Ahora se ha hecho posible que nosotros seamos limpiados de
nuestros pecados y entremos al Cielo por la fe que cree en el evangelio
del agua y el Espíritu.
Debido a que el Señor ha abierto la puerta del Cielo
para nosotros siendo bautizado y crucificado, ahora podemos lavar
nuestros pecados y entrar al Cielo creyendo en esta verdad. Entonces,
¿cómo no dar gracias a Dios? No podemos agradecerle lo suficiente
por Su sacrificio de amor. La puerta-velo del Lugar Santísimo fue
rasgada por el bautismo que Jesús recibió para tomar nuestros pecados
y por la ofrenda del sacrificio de Su cuerpo que Él realizó vicariamente
al ser condenado por estos pecados nuestros.
Existe Solo un Camino
para Entrar al Cielo
Debido a que creemos en el bautismo de Jesús y en
la sangre de la Cruz, entraremos al Cielo. No existe otro camino
para entrar al Cielo sino solo creyendo en este evangelio de la
verdad. Es por creer en lo que Jesús ha hecho por nosotros que podemos
entrar al Cielo, ya que Dios ha hecho tales obras por aquellos que
creen en el evangelio del agua y el Espíritu.
Es por eso que los Cristianos no pueden entrar al
Cielo a través de sus propios esfuerzos, o por otras formas hipócritas.
Dios ha determinado que solo aquellos que han sido limpiados de
sus pecados creyendo en el bautismo que Jesús recibió y por el derramamiento
de Su sangre que podemos entrar al Cielo. Aquellos que creen en
esta verdad son aquellos que creen que Jesús es el Hijo de Dios,
Dios Mismo y el eterno Salvador que nos ha salvado del pecado a
través de Su bautismo y derramamiento de sangre. Es ese tipo de
gente a la que Dios le ha permitido el lavado de sus pecados. Solo
a través del bautismo que Jesús recibió y el sufrimiento que Él
soportó sobre la Cruz, Dios Padre ha permitido a aquellos de nosotros
que creen en esto para al Reino del Cielo por fe.
¿Necesitamos dinero para entrar al Cielo? Si este
fuera el caso, estaríamos obteniendo nuestra salvación pagando por
ella, y por lo tanto esta no puede ser la salvación que es dada
gratuitamente por el Señor. Para que nosotros entremos al Cielo,
no necesitamos mas que la fe que cree en el evangelio del agua y
el Espíritu. En otras palabras, ningún pago, acción o esfuerzo de
nuestra parte son necesarios. Nada que viene del carácter humano
es necesario para entrar al Cielo. Para que nosotros califiquemos
para entrar al Cielo, Dios no demanda ningún esfuerzo, acto, voluntad,
compensación o bondad de nosotros.
Solo existe algo que es absolutamente necesario para
que nosotros entremos al Cielo, y esto es la fe que cree en el bautismo
del lavado del pecado que Jesús recibió en el Río Jordán y en el
sacrificio que Él realizó al derramar Su sangre sobre la Cruz para
nuestra propia remisión del pecado. No existe otra forma. La única
cosa que necesitamos es la fe que cree en el evangelio del bautismo
y la sangre de Jesús. Es por eso que para que nosotros recibamos
la remisión del pecado y entrar al Cielo, debemos creer en el evangelio
del agua y el Espíritu que Jesús ha realizado.
Jesús, el Señor del amor, ha completado nuestra perfecta
salvación a través del evangelio del agua y el Espíritu. Debido
a que Jesús ha completado la salvación de la remisión del pecado,
si los pecadores creyeran esta verdad del evangelio de todo corazón,
ellos pueden ser salvados de todos sus pecados. Nuestro Señor ha
remitido todos nuestros pecados, ya sea que tengamos muchos o pocos
pecados, y Él ha capacitado a quien sea para entrar al Cielo pero
solo por la fe.
El que Jesús haya abierto la puerta del Cielo, para
que los pecadores puedan entrar creyendo en el evangelio del agua
y el Espíritu, es la gracia de la salvación que es verdaderamente
especial. “¡El Señor fue bautizado para llevar todos mis pecados
y murió en la Cruz por mí! ¡Él ha lavado mis pecados y abrió la
puerta del Cielo para mí! ¡Él me amó tanto que fue bautizado, derramó
Su sangre y cumplió mi remisión del pecado de esta manera!” De esta
manera, cuando tú así creas en esta verdad de la salvación, entraras
al Cielo por esta fe.
El que la gente crea en Jesús como su Salvador no
es tan difícil, sino que es, de hecho, mas bien fácil, ya que todo
lo que tienen que hacer es tan solo aceptar y creer en sus corazones
los hechos ya cumplidos que Jesús logró cuando Él vino a esta tierra.
Debido a que Jesús ha borrado todos nuestros pecados y nos a liberado
de ellos a través de Su bautismo en el Río Jordán que recibió de
Juan el Bautista, y a través de la sangre que derramó sobre la Cruz
y a través del Espíritu, cuando creemos en este Jesús en nuestro
corazón, seremos todos salvos.
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”
(Juan 8:32). Ya sea que nuestros pecados sean grandes o pequeños,
siendo bautizado y derramando Su sangre, Jesús ha hecho que todos
desaparezcan. Es por creer en este evangelio del agua y el Espíritu,
la verdad que nos libera del pecado, el que podamos recibir nuestra
salvación eterna y encontrar la libertad de esta salvación verdadera.
Al cumplir este evangelio del agua y el Espíritu,
nuestro Señor ha abierto la puerta del Cielo a todo lo ancho. Nuestro
Señor vino a esta tierra, fue bautizado, murió sobre la Cruz y se
levantó de entre los muertos en tres días, esta verdad, el evangelio
del agua y el Espíritu, nos ha colocado cerca de Dios, y nos ha
permitido hacer que el Cielo sea nuestro en un futuro cercano. Ahora,
si tú deseas entrar al Cielo, así como ser libre del pecado y llegar
a ser hijo de Dios, entonces debes recibir tú remisión del pecado
creyendo en el bautismo de Jesús y en la sangre de la Cruz. Es esta
fe la que té permitirá recibir la remisión del pecado y guiarte
hacia la puerta del Cielo.
El Señor conoce todo acerca de nosotros. Él sabe cuando
nacimos y Él sabe todo acerca de los pecados que hemos cometido
y que vamos a cometer. Y Él también sabe que sin importar cuanto
lo intentemos, no podemos hacer desaparecer nuestros pecados por
nosotros mismos. Debido a que el Señor nos conoce tan bien, Él Mismo
ha borrado todos nuestros pecados con Su bautismo y con la sangre
de la Cruz.
¿Por qué Vino Jesús a Esta
Tierra?
El nombre Jesús significa Salvador. Jesús nació sobre
esta tierra debido a que nuestra salvación del pecado no es realizable
por ningún ser humano, sino que solo recae dentro de la provisión
del poder divino. De esta manera, el nacimiento de Jesús tenia un
propósito claro. Es por eso que para salvar a la humanidad de todos
sus pecados, Jesús nació sobre esta tierra a través del cuerpo de
una virgen. En otras palabras, Jesús nació a través del cuerpo de
una mujer por amor a los pecadores que heredaron el pecado debido
a la trasgresión de Adán y Eva. Para convertirse en el Salvador
que salva a todos los pecadores de este mundo de todas sus iniquidades,
el Señor vino a este mundo, concebido en el cuerpo de una virgen
por el poder de Dios.
Nuestro Señor nació en esta tierra a través del cuerpo
de Su propia creación para que Él Mismo pudiera ser nuestra ofrenda
sin mancha. Y cuando el tiempo llego, paso a paso Él procedió con
Su plan para traernos la salvación. Cuando nuestro Señor cumplió
30, fue bautizado en el Río Jordán. Para lograr el propósito de
Su nacimiento en esta tierra, Jesús tuvo que aceptar los pecados
del mundo siendo bautizado, y así se cumplió esta tarea el que Él
fuera bautizado por Juan (Mateo 3:13-17).
Cuando pasaron tres años desde que Jesús aceptara
los pecados del mundo a través de Su bautismo, fue crucificado.
Debido a que nuestro Señor fue bautizado y a que tomó los pecados
del mundo, Él fue condenado vicariamente por nuestros pecados. A
través del bautismo dado por Juan el Bautista y a Su sangre de la
Cruz, el Señor ha hecho desaparecer todos los pecados, y por lo
tanto Él ha permitido a aquellos que creen ser salvos de sus pecados.
No importa en que clase de ignorancia se encuentre
a si misma la gente, en que debilidades estén atrapados o la clase
pecadores que puedan ser. Dios nos ha capacitado a nosotros creyentes
del evangelio del agua y el Espíritu entrar al Cielo, el Reino del
Señor. Fue para dar la paga por el pecado el que Jesús fuera bautizado
en el Río Jordán y derramó Su sangre sobre la Cruz. Debido a la
salvación que Jesús ha completado pagando la deuda de nuestros pecados
y sacrificándose a sí Mismo, aquellos de nosotros que creemos ahora
pueden ser lavados solo por la fe en el evangelio del agua y el
Espíritu. Esta es la verdad fundamental del Cristianismo y el centro
de la remisión del pecado.
El Señor vino a este mundo para convertirse en el
Salvador de todos los pecadores de este mundo. Y el Señor ciertamente
ha salvado a todos nosotros del pecado. El Señor ha concedido a
todos los pecadores, sin importar quienes sean, entrar al Cielo
por creer en Sus obras.
Este es el amor del Señor. Se debe a que nuestro Señor
nos amó tanto que Él fue bautizado y derramó Su sangre para salvarnos.
Para liberarnos del pecado, a nosotros quienes Él amó tanto como
a Su propio cuerpo, nuestro Señor completó la salvación siendo bautizado
y derramando Su sangre. Fuimos pecadores que continuaríamos pecando
hasta el día de nuestra muerte. Atormentados por nuestros pecados,
solo continuábamos alejando de Dios más y más. Para salvar a tal
gente como nosotros, el Señor tuvo que completar las obras de la
salvación que nos permite estar unidos a Él.
Nuestro Señor nos ha salvado con el amor de Dios a
nosotros que erramos pecadores. Para salvarnos a nosotros pecadores
de nuestras iniquidades, Él ha completado la justicia y el amor
de Dios recibiendo Su bautismo y derramando Su sangre. Nosotros
quienes creemos en este evangelio estamos tan agradecidos por lo
que el Señor ha hecho que las palabras simplemente son insuficientes
para expresar la gratitud en fe mientras nos inclinamos ante Él.
La verdad de la remisión del pecado que nuestro Señor nos ha dado
es un amor tan noble y absoluto que no tiene palabras lógicas, ni
las palabras dulces podrían describirlo nunca.
Hace mas de 2,000, ninguno de nosotros había nacido
en ese tiempo. Fue hace aproximadamente 2,000 años que el velo del
Templo terrenal y el Templo celestial del Reino de Dios se abrieron.
No estábamos ni siquiera en la matriz de nuestra madre en ese tiempo,
pero el Señor ya sabia todo acerca de nosotros. Él sabía que naceríamos
y que todos viviríamos de acuerdo a nuestra propia manera independiente.
Y el Señor me ha amado –no solo a mí, sino que Él te ha amado a
ti y a todos de igual manera. El Señor nos ha amado tanto que Él
ha concedido a todos los pecadores entrar al Cielo creyendo en el
evangelio del agua, la sangre y el Espíritu (el bautismo de Jesús
y Su sangre de la Cruz), Jesús ha completado nuestra salvación del
pecado.
El que el velo del Templo sé rasgó de arriba a abajo
es verdaderamente un evento sorprendente. ¿Cómo pudo este velo del
Lugar Santísimo rasgarse, solo porque Jesús murió? Este velo era
como las alfombras de hoy. Tenia un tejido grueso y sólido. En Palestina,
aún en la actualidad podemos encontrar estos velos gruesos tejidos
como las alfombras. Están tejidos tan solidamente que se dice que
se requieren cuatro caballos jalando en direcciones opuestas para
romperlos. ¿Qué tan fuerte es un caballo? Sin embargo el velo que
era tan fuerte que hubiera requerido cuatro caballos para rasgarlo
de arriba hacia abajo cuando murió Jesús.
¿Por qué fue rasgado el velo? Fue rasgado porque Jesús
había lavado los pecados que estaban en los corazones de la humanidad,
fue rasgado debido a que Jesús había completado todas Sus justas
obras siendo bautizado y crucificado a muerte. Aceptando los pecados
del mundo a través de Su bautismo y siendo condenado sobre la Cruz,
Jesús abrió el camino para aquellos que creen en la entrada al Cielo.
Todo lo que tú tienes que hacer ahora es tan solo creer. El Señor
ha abierto la puerta al Cielo para que tú puedas entrar tan solo
creyendo.
¿El Bautismo y la Sangre,
Ambos, son Esenciales para Nuestra Salvación?
Fue de acuerdo al método de salvación planeado aún
antes del tiempo del Antiguo Testamento en que manos fueron impuestas
sobre la cabeza de Jesús, un ritual que estaba reservado solo para
la ofrenda del sacrificio. Debido a que fue la ley de la salvación
puesta por Dios para que la ofrenda del sacrificio aceptara todos
los pecados con la imposición de manos y con la muerte, Jesús, viniendo
a salvarnos por siempre como nuestra ofrenda del sacrificio, pudo
borrar todos nuestros pecados solo por recibir Su bautismo, una
forma de la imposición de manos. Es por eso que para entrar al Lugar
Santísimo, aún el Sumo Sacerdote tenía que asegurarse de llevar
la sangre de la ofrenda del sacrificio la cual había tomado los
pecados con la imposición de manos.
Entonces, ¿por qué el Sumo Sacerdote tenía que entrar
en este lugar con la sangre? Porque la vida de la carne está en
la sangre, Dios se la dio al Sumo Sacerdote para hacer expiación
por su alma antes de entrar ante Su presencia (Levítico 17:11).
Toda la gente tenía que morir por sus pecados, pero debido a que
Jesús tomó todos los pecados de la humanidad al ser bautizado en
el Río Jordán (todos los pecados fueron pasados sobre Jesús con
Su bautismo) y los cargó todos, Jesús fue crucificado y de esta
manera nos salvó con la sangre que Él derramó, con Su propia vida.
Esto nos dice que cuando los pecadores vienen ante Dios, ellos ciertamente
deben llevar consigo la fe que cree en el agua y en la sangre. Solo
cuando creemos de todo corazón en el agua del bautismo de Jesús
y en la sangre que Él derramó podemos escapar de la condenación
por nuestros pecados.
Ahora, Jesús ha lavado todos los pecados, para que
nadie tenga que ofrecer oraciones de arrepentimiento, o ayunos,
o dar ofrendas por su remisión del pecado. No tenemos que hacer
oraciones de arrepentimiento, ni tenemos que ser castigados por
nuestros pecados, ya que Jesús ya ha dado la ofrenda de la remisión
del pecado y de la condenación. Todo lo que tenemos que hacer es
creer con nuestro corazón en la salvación manifestada en los hilos
azules, púrpura y escarlata.
Todo lo que todos tienen que hacer es creer en el
bautismo que Jesús recibió representado por el hilo azul que se
usó para el Tabernáculo del Antiguo Testamento, y creer en la sangre
que Jesús derramó sobre la Cruz como su hilo escarlata. Y en la
verdad que está manifestada en el hilo púrpura usado para la Puerta
del Tabernáculo de que Jesús es el Rey en Su esencia fundamental.
Como tal. Si somos lavados de nuestros pecados creyendo en la remisión
del pecado manifestados como los hilos azules, púrpura y escarlata,
y creemos que toda nuestra condenación ha terminado ya, entonces
cualquiera de nosotros ahora puede entrar al Reino del Cielo. Este
evangelio es el mismo evangelio del agua y el Espíritu.
¿Porqué Fue rasgado el Velo
del Templo Cuando Jesús Murió sobre la Cruz? Consideremos Esto Una
Vez Más

Los hilos azules, púrpura y escarlata manifestados
en el Antiguo Testamento son el evangelio que trae la bendición
de recibir la remisión del pecado y de entrar en el Reino del Cielo
a aquellos que creemos. Es por eso que el velo fue rasgado cuando
Jesús, habiendo sido bautizado, murió sobre la Cruz. Para aquellos
que creemos en Jesús, esta es la verdad del evangelio del agua y
el Espíritu dado por Dios Mismo. Ah, se debe a que Jesús fue bautizado
por Juan en lugar mío y el que Él haya derramado Su sangre y muriera
sobre la Cruz, y de esta manera haya dado saldado el pago a la muerte,
la paga del pecado. Al morir sobre la Cruz, Jesús dijo, “consumado
es,” y fue en este momento que Él abrió el camino para que nosotros
entráramos en el Reino del Cielo.
Jesús vino a esta tierra para salvar a aquellos que
estaban separados de Dios por la muralla de pecados que ellos no
podían evitar sino seguir construyendo. Esta fue la propia voluntad
de Dios, pero al mismo tiempo también fue la orden de Dios Padre
y Su amor hacia nosotros. Obedeciendo la voluntad del Padre, Jesús
recibió el bautismo que pasó los pecados del mundo sobre Su propio
cuerpo. Fue debido a que Jesús cargó los pecados del mundo a través
de Su bautismo por lo que Él fue a la Cruz, fue crucificado, derramó
Su sangre y murió, sé levantó de entre los muertos en tres días,
y de esta manera completó Sus obras para la salvación. Estos son
los ministerios manifestados en los hilos azules, púrpura y escarlata,
la remisión del pecado que libra a los pecadores de sus iniquidades,
y el cumplimiento del sistema de sacrificios.
Se debe a que Jesús a completado la salvación con
Sus ministerios el que la puerta del Cielo, la cual hasta el momento
ningún hombre ha podido cruzar, ahora ha sido abierto. Esto demuestra
que la puerta de la salvación ya no se abre con la imposición de
manos o con la sangre de un animal que era usado para la ofrenda
del sacrificio del Antiguo Testamento, pero ahora esta abierta con
la fe que cree en el bautismo que Jesús recibió y con la sangre
que Él derramó sobre la Cruz. El que el velo se haya rasgado manifiesta
el cumplimiento de la salvación, el que Dios haya en este tiempo
capacitado a cualquiera que conozca y verdaderamente crea en el
evangelio del agua y el Espíritu completado por el Señor para entrar
al Cielo. Es por eso que el velo del Templo tuvo que ser rasgado.
Tú debes entrar en el Reino del Cielo con la fe que
cree en el bautismo de Jesús y en la sangre de la Cruz. Jesús quien
no tuvo pecado en lo mas mínimo vino a esta tierra encarnado en
semejanza de hombre y fue bautizado por Juan para aceptar todos
nuestros pecados (Mateo 3:15). Aún más, nuestro Señor dio la vida
de Su cuerpo como la paga de nuestros pecados y se ha convertido
en la ofrenda eterna de expiación que debemos tomar con nosotros
cuando nos acercamos a Dios. Por lo tanto, todos nosotros debemos
creer en esta sangre que Jesús derramó después de haber sido bautizado
como nuestra salvación. Para liberar a la humanidad del pecado y
convertirlos en el propio pueblo de Dios, Jesús abrió la puerta
del Cielo rasgando Su propio cuerpo.
Cuando se habla de que Jesús nos salvó, debemos saber
que Él no solamente derramó Su sangre sobre la Cruz. Tres años antes
de morir sobre la Cruz, Él ya había tomado los pecados al ser bautizado
en el Río Jordán. Así que Jesús fue bautizado por Juan por amor
de toda la humanidad y entonces fue crucificado por soldados Romanos.
Aún antes de que tú y yo naciéramos en este mundo, Jesús ya había
limpiado todos nuestros pecados al ser bautizado y al derramar Su
sangre.
El que Jesús fuera bautizado por Juan fue el método
de salvación que Él completó con toda certeza para tomar de antemano
nuestros pecados de una sola vez. Y la sangre que Él derramó fue
el pago por la deuda de todos esos pecados. Debido a que Jesús es
Dios Mismo, el bautismo que recibió y la sangre que derramó sobre
la Cruz ciertamente constituyen nuestra salvación del pecado. Este
fue el sacrificio perfecto que Él realizó por la salvación de toda
la humanidad. ¿Crees que la Palabra del evangelio del agua y el
Espíritu ha limpiado nuestros pecados y nos ha liberado de todos
nuestros pecados y de la condenación?
A través del Bautismo de
Jesús y de la Sangre de la Cruz, Todos los Pecados de la Humanidad
Ahora Han Sido Lavados
Fue para lavar los pecados de la humanidad el que
Jesús fue bautizado por Juan. Si observamos los ministerios de la
salvación de Jesús y hacemos de lado este bautismo de Jesús de Su
vida publica, entonces la salvación de la humanidad planeada en
Jesucristo antes de la fundación del mundo se convertiría en mentira.
Aun antes de la fundación, Jesús estaba preparando el ser bautizado
para tomar los pecados de la humanidad y derramar Su sangre.
Es por eso que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista,
el representante de toda la humanidad, y de esta manera aceptó todos
los pecados (Mateo 11:11-12; Mateo 3:15). Para que Jesús lavara
las iniquidades de los pecadores el ser bautizado fue el método
de salvación. Jesús tomó las iniquidades de los pecadores y las
lavó, y en vez de que muriéramos por nuestros pecados, Él murió
vicariamente en nuestro lugar, y al hacerlo de esta manera ha liberado
de todos sus pecados y condenación a aquellos que creen en esto.
A través de este método (el método de ser bautizado), Jesús pudo
tomar todos los pecados de la humanidad derramando Su sangre sobre
la Cruz. “Porque así conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo
3:15). El que Jesús haya sido bautizado en el Río Jordán significo
que Él tomó todos los pecados de nosotros pecadores.
Hermanos y hermanas, son incapaces de creer que Jesús
vino a esta tierra hace más de 2,000 años, que Él fue bautizado
cuando cumplió 30, y que Él derramó Su sangre por ustedes, ¿solo
porque no vieron esto con sus propios ojos? Pero conociendo todas
nuestras deficiencias, Dios ya había planeado nuestra salvación
con el agua y con la sangre desde antes de la fundación del mundo,
y enviando a esta tierra a Jesucristo con Juan el Bautista de acuerdo
a este plan, Él ha completado la salvación de todos nosotros. Para
capacitarnos y darnos cuenta y conocer toda esta verdad, Dios ha
hecho que Sus siervos escribieran Su Palabra. A través de Su Palabra
escrita, Dios ha revelado todo acerca del plan de salvación y su
cumplimiento a toda la humanidad. Él ha permitido a cualquiera el
darse cuenta a través de la Palabra escrita de Dios la verdad acerca
del bautizo de Jesús por Juan en el Río Jordán para tomar todos
nuestros pecados.
Ahora todos nosotros debemos creer en el bautismo
que Jesús recibió y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz como
nuestra propia salvación. Aunque no lo hemos visto con los ojos
de la carne, debemos creer en nuestros corazones. La verdadera fe
viene a nosotros cuando está basada sobre Su Palabra. El Señor le
dijo a Tomas, “Bienaventurados los que no vieron, y creyeron”
(Juan 20:29). Jesús te ha salvado a ti y a mí con el bautismo
que Él recibió y con la sangre que Él derramó. Dios ha permitido
que cualquiera que crea en esto entre en el Cielo.
Es por eso que Dios rasgó el velo del Templo cuando
Jesús murió sobre la Cruz. Jesús derribó la muralla de pecado que
nos había bloqueado a nosotros la humanidad de Dios. Lo que Jesús
hizo fue más que suficiente para derribar todo el muro de pecado.
Él lo ha hecho posible para que todos entren al Cielo sin impedimentos
totalmente solo creyendo en este evangelio del agua y el Espíritu
con el corazón. Yo doy gracias a nuestro Señor por darnos esta verdad,
para que todos verdaderamente entremos en el Cielo si tan solo creemos
con el corazón.
¿Cuan grande este evento, el que Jesús haya nacido
sobre esta tierra en el cuerpo de una simple criatura para salvar
a los pecadores? Realmente es un evento impresionante, aún cuando
lo comparamos con Su creación del mundo. Desde luego es un asunto
de que el Señor, el Creador quién hizo todas las cosas, creara Su
creación, pero el que Creador llegara a ser igual que una de Sus
creaciones, tomara los pecados del mundo al ser bautizado y fuera
crucificado, no puede ser cualquier otra cosa que el gran acontecimiento
de la salvación.
¿Cómo el Creador Mismo pudo convertirse en una de
Sus creaciones? Sin embargo Jesús, Dios Mismo, sé humilló a sí Mismo
a tal grado que aún fue bautizado por Juan el Bautista, el representante
de la humanidad, en el Río Jordán. ¿Cuan sorprendente es este acontecimiento?
Pero esto no es el final, ya que Jesús sé humilló hasta lo sumo,
obedeciendo al punto de Su muerte, para soportar innumerables sufrimientos
sobre la Cruz, para derramar Su sangre y morir. Todas estas cosas
no pueden ser otra cosa que el amor de Dios, Su misericordia y Su
inmerecida gracia.
Todos los pecados de la humanidad fueron completamente
lavados de una sola vez con el bautismo del Señor y con Su sangre
en la Cruz. Y habiendo rasgado el velo del Templo, Jesús se levantó
de entre los muertos en tres días, y ahora Él desea encontrarnos
en la verdad a todos aquellos que la creemos. De esta manera, las
obras del Señor que han salvado a los pecadores son un evento que
es mayor y más grande que todas Sus obras de la creación que hizo
este universo y todas las cosas en él. El nacimiento de Jesús, Su
bautismo, Su muerte sobre la Cruz, Su resurrección, ascenso y regreso,
y que Él nos haya hecho Sus propios hijos son obras del amor de
Dios.
Nuestro Señor te ha salvado a ti y a mí de todos los
pecados. Nuestro Señor te ha liberado a ti y a mí de una sola vez
de los pecados del mundo a través del evangelio del agua y el Espíritu.
Por lo tanto, conviértete en justo por fe y da gracias a Dios. Dios
ha distribuido sobre nosotros Su bendición en su totalidad. ¿Lo
crees?
Hermanos y hermanas, tú y yo hemos sido gente que
no podía evitar el ser arrojados en el infierno. Hemos sido de aquellos
que no podían evitar ser destruidos por nuestros pecados y de vivir
nuestras vidas en tristeza, pero el Señor nos ha salvado del pecado
con la salvación que Él planeo aún antes de la fundación del mundo.
No teníamos otra opción que la de vivir nuestras vidas sentados
en medio de nuestros pecados, lamentando, resintiendo y maldiciendo
nuestro destino, pero para capacitar a tal gente como nosotros para
entrar al Reino del Cielo, el Señor nos ha liberado de todos nuestros
pecados. Nuestro Señor así se ha convertido en el Señor de nuestra
salvación.
Jesús nos ha dado el evangelio del agua y el Espíritu,
y Él también ha garantizado nuestra remisión del pecado. Jesús Mismo
se ha convertido en el Señor de la salvación. Jesús tomó los pecados
del mundo en nuestro lugar, por nosotros, y de esta manera se ha
convertido en nuestro perfecto Salvador.
¿Crees en el Bautismo que
Jesús Recibió y en la Sangre que Él Derramó?
Nuestra liberación del pecado es completada creyendo
en el bautismo que Jesús recibió y en la sangre de la Cruz. Para
salvar a los pecadores creyendo en Jesús como el Salvador, deben
asegurarse de considerar en orden Su bautismo y la Cruz, y ellos
deben creer que es por la unión de estos dos que la perfecta salvación
es cumplida.
De casualidad, ¿estas considerando no creer que Jesús
fue bautizado y que murió sobre la Cruz? ¿No estas ignorando el
bautismo que Jesús recibió de Juan y te rehúsas a creer en ello?
La justicia de Dios fue completada debido al bautismo que Jesús
recibió y fue el proceso a través del cual Él tomó las iniquidades
de los pecadores, y de la muerte que Él sufrió derramando Su preciosa
sangre fue la condenación de nuestros pecados. Como tal, cuando
tú y yo profesamos creer en Jesús, debemos creer en ambos, en Su
bautismo y en la sangre de la Cruz como una sola salvación.
Dios escribió la necesidad del bautismo y del derramamiento
de la sangre de Jesús en Su Palabra, y sin embargo mucha gente aún
insiste que ellos solo necesitan creer en la sangre de la Cruz para
ser salvos. Si tú eres uno de ellos, entonces debes reconsiderar
seriamente tus creencias, darte la vuelta, y creer en ambos, los
dos son básicos. Si tu no lo haces, sino que solo crees en la sangre
de la Cruz, entonces terminaras convirtiendo los ministerios de
la vida publica del Señor en vanidad. Si de casualidad tienes esta
fe, entonces debes volverte de esta fe defectuosa y tener la verdadera
fe de la que se habla a través de toda la Biblia. Sin Su bautismo,
¿qué importancia tendría Su muerte sobre la Cruz para nosotros?
Si Jesús no hubiese sido bautizado por Juan el Bautista, Su muerte
no hubiese tenido nada que ver con nuestros pecados.
Hermanos y hermanas, si ustedes borrasen sus nombres
de una deuda, ¿acaso no tendrían que llevar dinero real y pagarle
a quien le deben? Los deudores tienen que entregar dinero por la
cantidad correspondiente a sus deudas, y solo entonces pueden borrar
sus nombres de la lista. De igual manera, para dar el pago de nuestros
pecados, Jesús aceptó tales pecados e iniquidades nuestras a través
de Su bautismo y los borró derramando Su sangre.
A través del bautismo que Él recibió, el Señor ciertamente
quitó todos nuestros pecados, y por esto Él pudo ser condenado por
todos nuestros pecados derramando Su sangre. Para pagar una deuda,
el sentido común dicta que uno debe traer un valor que corresponde
a esta deuda. Si los deudores no traen el dinero y tan solo afirman
haber pagado sus deudas y demandan que sus nombres sean borrados
de la lista, ¿borraran sus nombres? Sin importar cuan seriamente
crean que sus nombres han sido borrados, la realidad es que sus
nombres aún permanecen grabados en la deuda.
Así como los deudores pueden ser liberados de sus
deudas únicamente cuando pagan, para que nosotros pecadores recibamos
la remisión del pecado, debemos tener en nuestros corazones la fe
que cree que nuestros pecados fueron pasados a Jesús a través del
bautismo que Él recibió. Nosotros mismos no dimos este bautismo
que pasó nuestros pecados sobre la cabeza de Jesús.
Pero a través de un intermediario llamado Juan el
Bautista, fuimos capaces de pasar nuestros pecados sobre Jesús.
Jesús quién fue bautizado por Juan el Bautista cargó sobre Sus hombros
los pecados del mundo, fue a la Cruz, derramó Su sangre y murió.
Creyendo en Su bautismo, lo que corresponde y recibiendo la salvación,
a través de la cual Jesús tomó nuestros pecados y nos ha salvado,
podemos recibir la prueba de nuestra salvación. Creyendo en lo que
nuestro Señor ha hecho por nosotros en nuestro corazón, ahora podemos
recibir la remisión del pecado. ¿Por qué? Porque a través de Su
bautismo y sangre, nuestro Señor nos ha dado vida nueva.
Cuando Jesús murió sobre la Cruz, el velo del Lugar
Santísimo fue rasgado en dos partes, la tierra tembló, las rocas
rodaron, las tumbas fueron abiertas y muchos cuerpos de los santos
que habían dormido se levantaron. A través de estos eventos, Dios
mostró que Él levantaría a aquellos que creen en Su Palabra, que
Jesucristo vendría y borraría todos los pecados de la humanidad.
Él mostró que Jesús ciertamente sé levantó de entre los muertos
y que aquellos que creen en Jesús ciertamente resucitarían. Jesús
no solamente nos salvó del pecado, sino que Él también nos ha dado
vida nueva a nosotros que estábamos espiritualmente muertos. Fue
para darnos vida nueva el que Jesús fue bautizado, murió sobre la
Cruz y vivió nuevamente. Dios nos permitido entrar en Su Santa Ciudad
y el vivamos ahí por siempre. Yo doy mi verdadero agradecimiento
a Él con mi fe.
El lugar en el que vivirán aquellos que han recibido
la remisión es el Cielo. Así que cree que aquellos que han recibido
la remisión del pecado sobre esta tierra entraran todos en el Cielo
y vivirán en él. El Cielo pertenece a aquellos que han recibido
la remisión del pecado. Creer en el evangelio del agua y el Espíritu
y nacer de nuevo no son dos cosas separadas, sino que es lo mismo.
Si alguien cree en el evangelio de la Palabra del
agua y el Espíritu, entonces esta persona nace de nuevo en el mismo
instante en que cree. Cuando los pecadores reciben la remisión del
pecado, se convierten en los propios hijos de Dios, y, a Sus hijos,
Dios otorga el Cielo como obsequio. Aunque en la carne no tenemos
obras propias, viendo una sola cosa, nuestra fe que cree en el Salvador,
nuestro Señor nos ha dado la remisión del pecado y el Cielo como
Sus regalos para nosotros.
El hecho de que nuestro Señor vino a esta tierra,
que Él fue bautizado y que Él derramó Su sangre, es toda verdad.
Cuando Jesús murió sobre la Cruz, Él ya había tomado los pecados
del mundo con Su bautismo. Antes de que Jesús fuese crucificado,
habiendo sido bautizado de antemano por Juan, Él ya estaba cargando
los pecados del mundo. Así que se debió a que Jesús llevó sobre
Sus hombros todos los pecados del mundo al ser bautizado por lo
que tuvo llevar el castigo de la ley declarando que la paga del
pecado es muerte. Para que Jesús salvara a la humanidad del pecado,
Él tuvo que morir sobre la Cruz mientras que cargaba los pecados
del mundo que tomó con Su bautismo.
Cuando Jesús fue crucificado, la gente que lo clavó
a Él no era judía, sino que eran soldados Romanos. Jesús fue crucificado
por soldados Gentiles. Derramando toda Su sangre por causa de nuestros
pecados, Jesús clamó. “¡Consumado es!” con Su último aliento. En
el mismo instante, el velo del Templo fue rasgado en dos de arriba
abajo. Más aún, la Biblia también nos dice que la tierra tembló,
las rocas se partieron y las tumbas fueron abiertas; y que muchos
de los cuerpos de los santos que habían dormido también se levantaron
(Mateo 27:51-52). Cuando el centurión y los soldados Romanos vieron
lo que pasó cuando Jesús murió sobre la Cruz, ellos dieron testimonio,
“Verdaderamente éste era Hijo de Dios.” (Mateo 27:54). Dios
hizo que la boca de estos soldados Gentiles testificaran, “Jesús
era el Hijo del Dios viviente.”
Ahora, aquellos que deben testificar el verdadero
evangelio por todo el mundo somos ni más ni menos que nosotros,
los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu. Es a través
del evangelio el agua y el Espíritu que todo el mundo es cambiado.
Cuando la gente recibe la remisión del pecado de Jesús, son transformados
espiritualmente sin siquiera tratar, porque el Espíritu Santo viene
a habitar en sus corazones. Y los corazones de los justos nacidos
de nuevo son renovados cada día, ya que en la Iglesia de Dios constantemente
escucha el evangelio del agua y el Espíritu. Ellos llegan a oír
la Palabra, alaban a Jesús, y mientras ellos alaban, experimentan
que las letras son grabadas en sus corazones, de esta manera renovando
sus corazones cada día. Los justos tienen sus corazones transformados
continuamente y ellos pueden sentir estos cambios tangibles en ellos
mismos.
Y viendo nuestras vidas cambiadas, quienes han llegado
a ser justos, los incrédulos vienen a dar testimonio, “Ellos realmente
son salvos. Son verdaderamente Cristianos, el pueblo de Dios.” De
esta manera, nuestra remisión del pecado no es la clase de salvación
que solamente es probada por nosotros. El centurión Romano y los
soldados testificaron esta verdad, que Jesús como el Hijo de Dios
salvó a los pecadores de sus pecados del mundo cuando Él fue crucificado.
De esta manera, Dios Mismo dio testimonio a aquellos que creen en
la verdad de que Jesús nos ha salvado de todos nuestros pecados
con el agua y con la sangre.
El Evangelio del Agua y el Espíritu que Hizo que
aún el Demonio se Rindiera
El evangelio del agua y el Espíritu es la salvación
ante la cual aún el Demonio se ha rendido. Cuando Jesús dijo, “Consumado
es” en Su muerte, el Demonio pudo haber dicho, “¡Ah, esto es
mortificante, pero no hay nada que pueda hacer! Él esta en lo correcto.
Ya no existe pecado en este mundo. ¡Todo el mundo esta completamente
limpio sin excepción! ¡Me carcome el corazón, pero nada puedo hacer
al respecto!”
En otras palabras, el Demonio mismo no pudo evitar
reconocer esta salvación que Jesús completó. Pero él aún continua
tratando de estorbar que vivan sus vidas de fe a aquellos que han
recibido la remisión del pecado. Ya que aquellos que creen en el
evangelio del agua y el Espíritu completado por Jesús son hijos
de Dios, ellos se esfuerzan en vivir para Él. Pero para el Demonio,
esto solo puede significar que hay menos siervos suyos que están
esclavizados en el pecado, así que trata de evitar que los siervos
de Dios esparzan esta verdad por todo el mundo.
Si aquellos que han recibido la remisión del pecado
continúan predicando el evangelio del agua y el Espíritu, entonces
habrá aún más gente que sea remitida del pecado. Es por eso que
Satanás hunde sus dientes en las debilidades de la gente y no la
suelta, estorbándolos para que al menos una persona sea desviada
de seguir a Jesús.
Incitando los corazones de la gente al decirles, “¡Maten
a Jesús!”, el Demonio hizo que le crucificaran a Él. Pero justo
cuando el Demonio pensó que todo terminaba, Jesús, crucificado y
muriendo, clamó a gran voz, “¡Consumado es!” Satanás estaba
impactado por esto. Lejos de desviarlo, al tomar los pecados a través
de Su bautismo en el Río Jordán y muriendo sobre la Cruz, Jesús
había completado justamente la salvación que libra a la humanidad
del pecado y de la condenación, el Demonio estaba en la ignorancia
acerca de esta sabiduría de Dios. Él pensó que todo terminaría si
tan solo mataba a Jesús sobre la Cruz, pero este no fue el caso.
Después de tomar los pecados del mundo a través de Su bautismo,
Jesús completo la remisión del pecado de los pecadores al dar Su
cuerpo sobre la Cruz y morir.
Jesús ya ha pagado toda la deuda del pecado. Así que,
el pecado ya no puede encontrarse en la gente. ¿Por qué? Porque
de acuerdo a ley que declara que la paga del pecado es muerte, Jesús
ya ha muerto en lugar de los pecadores. Debemos creer que fue debido
a que Jesús tomó todas las iniquidades de los pecadores en el Río
Jordán que Él pudo morir vicariamente en lugar de los pecadores.
“Consumado es” Esto es lo que Jesús gritó sobre
la Cruz con Su último aliento. Debido a que Jesús murió, el Demonio
ya no puede decirnos, “Tu tienes pecado, ¿o no?” Debido al nacimiento
de Jesús, Su bautismo, Su muerte sobre la Cruz, Su sangre y resurrección,
el Demonio sufrió una aplastante derrota ante Jesús. Aunque el Demonio
ha dañado nuestra relación con Dios haciéndonos pecar todo el tiempo,
al final, debido a la sabiduría de Jesús el Hijo de Dios, Su lavamiento
del pecado y la condenación, finalmente no pudo evitar el ser derrotado
totalmente.
Cuándo tú crees en el bautismo de Jesús y en la sangre
de la Cruz, ¿aún tienes pecado? ¡Claro que no! El decir que no tenemos
pecado es algo que simplemente no puede ser dicho con la conciencia
de la carne, pero creyendo en el bautismo y en la sangre de Jesús,
ahora somos capaces de declarar atrevidamente que estamos limpios.
¿Crees en la verdad de que Jesús tomó nuestros pecados siendo bautizado
en el Río Jordán, murió sobre la Cruz en lugar nuestro, y por lo
tanto nos ha salvado? Por nuestra fe en esta verdad, ahora podemos
decir que no tenemos pecado. Y de hecho, no puede existir pecado
para nada en nuestros corazones, ni siquiera uno pequeño como una
monedita. Es por eso que los corazones agradecidos saltan en nosotros
ante Dios, dando gracias con fe.
“Dios, mi fe puede no ser tan grande, pero aún con
una fe que es tan pequeña como un grano de mostaza, aún así yo te
doy gracias. Yo era alguien que no podía entender Tú gran amor,
pero aún así Tú entraste en mi corazón, y así con mi fe que cree
en el evangelio del agua y el Espíritu, ahora yo tengo Tú amor en
mi corazón. Mi corazón está agradecido contigo cada día, ya que
Tú Señor habitas en mi corazón y estas conmigo. Por darme este corazón,
yo doy toda mi gratitud a Ti.” De esta manera, nuestro Señor nos
ha dado corazones agradecidos. Y nuestro Señor nos bendice diariamente.
Así que no solo yo, sino también cualquiera que escucha
y cree en la verdad de Su perfecta salvación, claramente todos están
sin pecado en sus corazones. Debido a que creemos en la verdad del
agua y el Espíritu, hemos recibido la bendición de la salvación,
do convertirnos en los propios hijos de Dios. Y Dios de todo corazón
quiere que todos se den cuenta que no hay forma de que ellos sean
salvos de todos sus pecados si no creen en el nacimiento de Jesús
y en Su bautismo y sangre, de volverse a Él y creer en esta verdad.
Hechos 4:12 declara, “Y en ningún otro hay salvación;
porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en
que podamos ser salvos.” Nosotros creemos en Jesús como nuestro
Salvador. En aquellos que creen en esto, saltan los corazones agradecidos.
Por lo tanto, tenemos corazones agradecidos con el Señor. Nuestro
Señor nos ha dado la salvación y también Él nos ha dado corazones
agradecidos. El Señor nos ha dado vida eterna. No podemos evitar
glorificar al Señor con nuestra gratitud por darnos a todos estas
abundantes bendiciones.
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 |
Aún si nuestra fe es tan pequeña como un grano de
mostaza, si aun continuamos creyendo lo que Jesús ha hecho por nosotros
en nuestro corazón, todos podemos ser salvos. Ruego a todos se den
cuenta que no hay nada más que hacer por nuestra salvación que solo
creer, conocer esta salvación que Dios nos ha dado gratuitamente
y creerla. Se debe a que la remisión del pecado no puede ser obtenida
a través de nuestro propio esfuerzo, por eso Dios unilateralmente
borró todos nuestros pecados por Sí Mismo y nos ha dado Su salvación
a aquellos de nosotros que creemos. Ahora, todo lo que queda por
hacer es recibir la remisión del pecado por fe.
Hay un dicho en Corea que dice, “Si te gustan mucho
las cosas gratuitas, te quedaras calvo.” En la lengua inglesa, su
equivalente podría ser, “No existe un almuerzo gratuito.” Esto es
ciertamente correcto; nada en la vida nos llega gratis. Y ridiculizamos
a aquellos que esperan recibir regalos sin dar nada. Sin embargo,
ser salvo e ir al Cielo se logra creyendo en el evangelio del agua
y el Espíritu. El atrevimiento para recibir el regalo de Dios es
una bendición ante Dios. Yo oro para que te des cuenta que Dios
se regocija al ver nuestros corazones limpios, y que ver esto, provoca
que Él nos tome en Sus brazos.
Amamos la gracia gratuita de Dios. Y no podemos evitar
dar gracias a Dios: Nuestro Señor vino a esta tierra, recibió Su
bautismo por agua, derramó Su sangre la Cruz. Y de esta manera abrió
la puerta del Cielo. Al rasgar el velo del Lugar Santísimo de arriba
a bajo, Él ha concedido que cualquiera que nazca de nuevo por creer
en el evangelio del agua y el Espíritu entre en el Reino del Cielo.
Tú, también, debes entrar al Cielo creyendo en este evangelio del
agua y el Espíritu en tu corazón.
Yo agradezco que nuestro Señor se bautizara, derramara
Su sangre, se levantara de entre los muertos, y por la gracia que
de esta manera abrió la puerta de la remisión del pecado para nosotros.
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