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Los Misterios Espirituales Escondidos
en el Arca del Testimonio
< Éxodo 25:10-22 >
“Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud
será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su
altura de codo y medio. Y la cubrirás de oro puro por dentro y por
fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor. Fundirás
para ella cuatro anillos de oro, que pondrás en sus cuatro esquinas;
dos anillos a un lado de ella, y dos anillos al otro lado. Harás
unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro. Y meterás
las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca
con ellas. Las varas quedarán en los anillos del arca; no se quitarán
de ella. Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré. Y harás
un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y
medio, y su anchura de codo y medio. Harás también dos querubines
de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio.
Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro
extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines
en sus dos extremos. Y los querubines extenderán por encima las
alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno
enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines.
Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás
el testimonio que yo te daré. Y de allí me declararé a ti, y hablaré
contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que
están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para
los hijos de Israel.”

El tema de hoy es el Arca del Testimonio. El Arca
del Testimonio, media 113 cm de longitud, 68 cm de ancho y 68 cm
de altura, estaba hecha de madera de acacia y recubierta con oro
puro. Dentro de esta Arca, había dos tablas de piedra grabadas con
los Diez Mandamientos y una vasija de oro con el maná, y después,
la vara de Aarón también fue añadida. Entonces, ¿qué nos dicen los
tres artículos colocados dentro del Arca del Testimonio? A través
de estos artículos, me gustaría proporcionar una amplia explicación
de los tres ministerios de Jesucristo. Ahora examinemos la verdad
espiritual manifestada en estos tres artículos colocados dentro
del Arca del Testimonio.
Las Dos Tablas de Piedra
Grabadas con la Ley

Las dos tablas de piedra grabadas con la Ley que fueron
colocadas dentro el Arca del Testimonio nos dicen que Dios es el
Hacedor de la Ley quien nos ha dado Su Leyes. Romanos 8:1-2 afirma,
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque
la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la
ley del pecado y de la muerte.” De este pasaje, podemos
ver que Dios ha establecido dos leyes en nuestro corazón: la ley
de vida y la ley de la condenación.
Con estas dos leyes, el Señor ha traído condenación
y salvación a todos los seres humanos. Primero que nada, podemos
reconocer a través de la Ley que somos pecadores inevitablemente
destinados al infierno. Sin embargo, a aquellos que conocen su naturaleza
pecaminosa y destino de condenación, Dios ha dado Su ley de la salvación,
“la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús.” Dios se ha
convertido en el verdadero Salvador para todos al darles estas dos
leyes.
El Maná Contenido en la Olla
de Oro
En la olla de oro que también se encontraba en el
Arca contenía maná. Cuando el pueblo de Israel pasó 40 años en el
desierto, Dios les dio comida de los cielos, y los Israelitas vivían
con este maná cocinándolo de varias maneras. Y era como semilla
de cilantro blanco, y sabia como a waffle hecho con miel. Este maná
que Dios le dio al pueblo de Israel sostenía sus vidas hasta que
entraron a la tierra de Canaàn.
Esto nos dice que nosotros, los creyentes de hoy,
también debemos de comer el pan de vida con el cual deben alimentarse
los hijos de Dios mientras estemos en este mundo y hasta el día
en que entremos al Cielo. Pero existen momentos en que deseamos
tener el pan del mundo en lugar de la Palabra de Dios. Aún así,
lo que los hijos de Dios deben vivir verdadera y ciertamente antes
de alcanzar la tierra espiritual de Canaàn es la de Palabra de Dios,
la cual es el verdadero pan de vida espiritual que desciende del
Cielo.
Uno nunca se cansa de tener siempre el pan de la vida
verdadera. Entre mas tenemos este pan espiritual, mayormente se
convierte en la vida verdadera para nuestras almas. Pero si nos
alimentamos con el pan de las enseñanzas del mundo en lugar de hacerlo
con la Palabra de Dios, nuestras almas terminaran finalmente muertas.
Dios ordena al pueblo de Israel poner el maná que
descendió de los cielos en una vasija y guardarlo ahí. Como se muestra
en Éxodo 16:33, Dios dijo, “Toma una vasija y pon en ella un gomer de
maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros
descendientes.” El maná que descendió del cielo era el pan de la
verdadera vida para las almas del pueblo. “Y te afligió, y te
hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías
tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no
sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca
de Jehová vivirá el hombre” (Deuteronomio 8:3).
¿Quién Es Entones el Verdadero
Pan de Vida para Nosotros?
El bautismo que Jesucristo recibió para tomar nuestros
pecados sobre Su cuerpo y Su crucifixión y derramamiento de sangre
son nuestro verdadero pan de vida. Al darnos Su carne y Su sangre,
Jesucristo se ha convertido en el pan de vida eterna. Como nos dice
Juan 6:48-58: “Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron
el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende
del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo
que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para
siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la
vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo:
¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre,
y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come
mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré
en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y
mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe
mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre
viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también
vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros
padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá
eternamente.”
Nuestro Señor dijo, “Este es el pan que descendió
del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron;
el que come de este pan, vivirá eternamente.” ¿Cuál era “el
pan que descendió del cielo?” Quería decir la carne y la sangre
de Jesús. En la Biblia, la carne de Jesús nos habla que Jesucristo
tomó los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el bautista
en el Río Jordán. Y la sangre de Jesús nos dice que debido a que
Jesús fue bautizado, Él cargó los pecados del mundo y llevó la condenación
del pecado al ser crucificado.
El maná en la vasija era colocado en el Arca del Testimonio
y era el pan de vida para los Israelitas cuando estaban en el desierto,
y en el tiempo del Nuevo Testamento, su significado espiritual se
refiere a la carne de Jesús. Esta verdad nos muestra el bautismo
a través del cual Jesucristo tomó las iniquidades de todos los pecadores
y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz. Debido a que Jesucristo
tomó todos los pecados del mundo sobre Su cuerpo a través de Su
bautismo y el derramamiento de Su sangre, y muriendo sobre la Cruz,
Su bautismo y la sangre han llegado a ser la fuente eterna de vida
nueva que permite a los creyentes nacer de nuevo.
La carne que Jesús rindió para tomar las iniquidades
de los pecadores a través de Su bautismo y la sangre que Él derramó
sobre la Cruz son el pan de vida que permite a los pecadores recibir
la remisión del pecado. Por lo tanto debemos darnos cuenta porque
Jesús dijo, “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis
su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Juan 6:53).
¿Quién Es Mayor?
Cuando vemos Juan 6, podemos ver que la mayoría de
los Judíos consideraban a Moisés mayor que Jesús. Cuando Jesús vino
a esta tierra, la preguntaban, “¿Eres mayor que nuestro padre
Moisés?” De hecho, ellos consideraban a Moisés como él más grande
de todos. Debido a que los Judíos no habían reconocido a Jesús como
el Mesías, lo veían a Él como una llaga en el ojo. Así que lo retaban
preguntándole, “¿Eres mayor que Moisés?” El pueblo de Israel
creía en JHV Dios, y llegó un hombre joven de solo 30 años de edad
afirmando, “No como vuestros padres comieron el maná, y murieron;
el que come de este pan, vivirá eternamente.” Es por eso que
llegaron a comparar el poder de los dos, Moisés y Jesús.
Como Jesús declaró después, “Antes que Abraham,
Yo soy,” Él es mayor que cualquier ser humano de toda la historia
humana, ya que Él es el Creador Mismo. ¿Cómo simples criaturas aún
se atreven a retar a su Creador? Aún así, alguno aún dice que Jesús
solo es un gran maestro, meramente uno de los cuatro sabios en la
historia humana. ¡Que blasfemia! Jesús es Dios, el Rey de reyes,
y el Creador de todo el universo. Él es el Dios omnisciente y omnipotente.
Sin embargo Él se humilló y vino a esta tierra en semejanza de hombre
para salvarte a ti y a mí de todos nuestros pecados y de la muerte
eterna, y llegar a ser nuestro verdadero Salvador.
Jesucristo dijo, “Escrito está en los profetas:
Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al
Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto
al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre.”
Al final, Jesús estaba diciendo que Él es el Cristo que los Judíos
habían estado esperando. Pero fallaron al no entender lo que Jesús
estaba diciendo, incapaces de entender o de aceptarlo, y esto dio
como resultado un malentendido muy serio, mientras que se preguntaban,
“¿Cómo puedes darnos tu carne para comer? ¿Estás diciendo que obtendremos
la vida eterna si en verdad comemos tu carne y bebemos tu sangre?
¿Crees que somos alguna clase de caníbales?”
Pero aquellos que comen la carne de Jesús y beben
Su sangre vivirán por siempre. La carne de Jesús es el pan de vida.
La sustancia real del maná que fue puesto en esta vasija, el pan
de vida, es la carne y la sangre de Jesucristo. Al venir a esta
tierra y dando Su carne y sangre, Jesús nos ha concedido el comer
el pan de vida y recibir la vida eterna.
¿Cómo, entonces, pueden todos comer la carne de Jesús
y beber Su sangre? La única manera de comer la carne de Jesús y
de beber Su sangre es creyendo en el bautismo de Jesús y bebiendo
Su sangre de la Cruz. Debemos comer la carne de Jesús y beber Su
sangre por fe. Para darte a ti y a mí la remisión del pecado y capacitarnos
para vivir por siempre en el Reino del Cielo, nuestro Señor ha borrado
nuestros pecados de una vez y para siempre al ser bautizado y al
derramar Su sangre, y por lo tanto se convirtió en la comida para
nuestras almas. Ahora, creyendo en la Palabra de Dios del agua y
el Espíritu, debemos comer esta comida espiritual y recibir la vida
eterna.
Permítame testificar con mas detalle como podemos
comer la carne de Jesús y beber Su sangre. Como tú y yo sabemos
bien, Jesucristo vino a esta tierra y tomó los pecados de la humanidad
siendo bautizado por Juan a la edad de 30 años, y entonces, Él llevó
toda la condenación de nuestros pecados sangrando a muerte sobre
la Cruz. Es por creer en esta misma verdad el que podamos comer
Su carne y beber Su sangre. El lavamiento del pecado fue completado
al pasar los pecados de la humanidad sobre el cuerpo de Jesús a
través del bautismo que Él recibió. El beber Su sangre significa
que así como Jesús fue bautizado y derramó Su sangre sobre la Cruz,
esta sangre que Él derramó llevó la condenación de nuestros pecados.
Como tal, aquellos que creen en la sangre de Jesús
en su corazón están satisfechos de su sed, ya que la condenación
de todos sus pecados terminó completamente con el castigo de la
Cruz que Jesús llevó. Debemos darnos cuenta de esta verdad. Y debemos
creer en ella. Debido a que Jesucristo vino a esta tierra y aceptó
nuestros pecados al ser bautizado, creyendo en esta verdad hemos
sido limpiados de todos los pecados de una vez y para siempre.
Dios nos dijo que comiéramos la carne de Jesús y bebiéramos
Su sangre por fe. Debido a que Jesús tomó todos los pecados a través
del bautismo que Él recibió de Juan, quitando las iniquidades de
todos, y debido a que Él dio Su cuerpo al castigo de la Cruz y derramó
Su preciosa sangre, los corazones de aquellos que creen ahora están
limpios y sin sed, ya que han lavado todos sus pecados y dejado
toda la condenación del pecado por fe. Es por eso que Jesús dijo,
“Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera
bebida” (Juan 6:55).
Certísimo, este Jesús verdaderamente es el Salvador,
el Hijo de Dios quién ha lavado nuestros pecados y llevado la condenación
de nuestros pecados. Para liberarnos de la ley que declara que la
paga del pecado es muerte, para lavarnos de todos nuestros pecados,
y para liberarnos de todo nuestro castigo, Él, el Salvador e Hijo
de Dios, dio Su propio cuerpo sobre la Cruz, derramó Su sangre,
y de esta manera lavó los corazones de aquellos que creen y han
apagado se sed. Este es el efecto de la carne y de la sangre de
Jesús.
Jesús es el Salvador que se hizo cargo de los pecados
y de la condenación del mundo. Jesús es el Salvador que aceptó los
pecados de la humanidad a través del bautismo que Él recibió, quien
fue crucificado y derramó Su sangre para llevar la condenación de
estos pecados. Fue porque Jesús aceptó los pecados del mundo pasados
de nosotros a Él para que el castigo del pecado que Él llevó siendo
crucificado pudiera llegar a ser el castigo de nuestros propios
pecados.
Es por creer en la verdad del agua y el Espíritu que
podemos recibir la remisión del pecado. Todos ustedes deben creer
en el bautismo de Jesús y en el derramamiento de Su sangre como
su propia remisión del pecado. Es por creer en este evangelio de
la verdad el que podamos comer y beber la carne y la sangre de Jesús
espiritualmente. En otras palabras, es por creer que Jesús el Hijo
de Dios vino a esta tierra, tomó nuestros pecados a través de Su
bautismo, y llevó toda la condenación de nuestros pecados sobre
la Cruz para que podamos llegar a ser de aquellos que son capaces
de comer Su carne y de beber Su sangre. Al comer el bautismo de
Jesús y la sangre que Él derramó sobre la Cruz como nuestra propia
comida de la remisión del pecado, podemos ser remitidos de todos
nuestros pecados. Es a través de esta fe que hemos sido capaces
de recibir la remisión de nuestros pecados, convertirnos en hijos
de Dios y vivir por siempre en el Reino de Dios.
La Vara de Aarón que Floreció
Entre los objetos colocados dentro del Arca del Testimonio,
la vara de Aarón que floreció se refiere a Jesucristo como el eterno
Sumo Sacerdote del Reino del Cielo. También nos dice que la vida
eterna es encontrada en Él. Para facilitar nuestro entendimiento
de esto, volvamos a Números 16:1-2: “Coré hijo de Izhar, hijo
de Coat, hijo de Leví, y Datán y Abiram hijos de Eliab, y On hijo
de Pelet, de los hijos de Rubén, tomaron gente, y se levantaron
contra Moisés con doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel,
príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de renombre.”
El pasaje aquí nos dice que de entre los Levitas,
250 lideres famosos de la congregación se unieron y se levantaron
en contra de Moisés. Ellos dijeron, “¿Qué han hecho ustedes, Moisés
y Aarón, por nosotros al guiarnos fuera de la tierra de Egipto?
¿Nos han dado viñedos? ¿Nos han guiado a un oasis? ¿Que han hecho
por nosotros? ¿Nos han traído al desierto solo para morir al final
en la arena? ¿Cómo pueden llamarse ustedes siervos de Dios? ¿Acaso
Dios solo obra a través de ustedes?” En otras palabras, se levantaron
en rebelión contra el liderazgo de Moisés y Aarón.
En ese entonces, Dios dijo a Corè, Datàn, On y a otros
lideres de la congregación que lideraban la rebelión, “y toma
de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes
de ellos, doce varas conforme a las casas de sus padres; y escribirás
el nombre de cada uno sobre su vara.” Entonces Dios dijo, “Y
florecerá la vara del varón que yo escoja, y haré cesar de delante
de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra
vosotros” (Números 17:5). En el versículo 8, vemos que “Y
aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio;
y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido,
y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras.”
Entonces en el versículo 10, vemos, “Y Jehová dijo
a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que
se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas
de delante de mí, para que no mueran.” Es así como la vara de
Aarón que floreció llegó a ser guardada dentro del Arca del Testimonio.
Esto muestra que Aarón, un descendiente de Levi, fue
ungido como el Sumo Sacerdote del pueblo de Israel. Moisés era el
profeta de Dios, y Aarón y sus descendientes eran los Sumos sacerdotes
del pueblo de Israel. Dios Mismo había encomendado las responsabilidades
del Sumo Sacerdote terrenal a Aarón. Dios había mostrado un sistema
de sacrificios a Moisés, en donde el pueblo de Israel traía las
ofrendas sacrificiales y las ofrecía a Dios siempre que pecaban,
y Él convirtió a Aarón en supervisor del ofrecimiento de estas ofrendas
de acuerdo a los requisitos del sistema de sacrificios.
Aunque Dios había confiado todas las obligaciones
sacerdotales a Aarón el Sumo Sacerdote, aún existía gente que retaba
y se revelaba contra el sacerdocio, y es por eso que Dios hizo florecer
la vara de Aarón, demostrando que su sacerdocio vino de Dios. Entonces
Él hizo que el pueblo de Israel guardara esta vara dentro del Arca
del Testimonio para que recordaran esta lección. Es así como las
dos tablas de la Ley, la vasija que tenía el maná y la vara de Aarón
que floreció fueran colocadas dentro del Arca del Testimonio. ¿A
que se refieren estos tres objetos espiritualmente? Se refieren
a los ministerios de Jesucristo nuestro Salvador.
¿Que Ministerios Completó
Jesucristo para Borrar Todos Nuestros Pecados?
Primero, Él completó el ministerio de Profeta. Él
es el Alfa y la Omega. Él conoce el principio y el fin, y Él nos
ha enseñado todo acerca de lo primero y lo último. Nuestro Señor
sabia que ocurriría con la humanidad, a ti y a mí, si hubiésemos
permanecido en pecado.
Segundo, Jesús se ha convertido en el eterno Sumo
Sacerdote del Reino del Cielo. Él vino a esta tierra debido a que
Él quería salvarnos del pecado convirtiéndose en nuestro propio
Salvador Personal, para salvarnos totalmente llegando a ser nuestro
verdadero Sumo Sacerdote del Reino del Cielo.
Tercero, Jesucristo es nuestro Rey. La Biblia declara,
“Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY
DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apocalipsis 19:16). Él es el mismo
Creador de todo el universo, y así tiene la autoridad de gobernarlo
todo.
Todos debemos darnos cuenta que Jesucristo, quién
es nuestro verdadero Rey, el Profeta quién nos ha enseñado la verdad
de nuestra salvación del pecado, y el eterno Sumo Sacerdote del
Cielo, ahora se ha convertido en nuestro verdadero Salvador.
Nuestro Señor nos ha liberado a ti y a mí del pecado,
nos ha convertido en el pueblo de Dios, Sus hijos y Sus obreros,
y Él nos ha capacitado para hacer obras buenas. Él ha hecho que
nuestras almas nazcan de nuevo para que puedan vivir vidas nuevas
aún en esta tierra, y Él nos ha dado vida nueva para que cuando
llegue el tiempo, Él pueda levantar nuestros cuerpos y capacitarnos
para vivir por siempre con Él en el Cielo. ¿Quién es Jesucristo
para ti y para mí? Él es nuestro verdadero Salvador. Y Jesucristo
es nuestro Profeta, nuestro eterno Sumo Sacerdote y nuestro Rey.
Aunque no deseamos desobedecer la voluntad de Dios,
somos tan insuficientes y débiles que no podemos evitar pecar todo
el tiempo. Si continuamos viviendo así, morir así y luego estar
ante Dios, ¿cuál es el lugar apropiado para que vayamos? ¿Será el
Cielo o el infierno? Si todos nosotros fuéramos a ser juzgados de
acuerdo a la Ley que declara, “La paga del pecado es muerte,” ¿no
seriamos todos destruidos? Él que ha salvado a tal gente como yo
del pecado y de la destrucción y se ha convertido en nuestro Salvador
es Jesucristo. Él Mismo vino a esta tierra, nos amó, y se ha convertido
en el Salvador que nos ha liberado de los pecados, y de esta manera
llega a ser el Gran Pastor de Su rebaño.
Juan 3:16 afirma, “Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que
en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Dios nos amó
a ti y a mí tanto que Él Mismo vino a esta tierra por nosotros,
fue bautizado para tomar los pecados del mundo, fue crucificado
y murió sobre la Cruz, sé levantó de entre los muertos de nuevo,
y por lo tanto se ha convertido en nuestro verdadero Salvador. Por
lo tanto, creyendo en Jesucristo quien se convertido en el Salvador
de nuestros corazones, hemos llegado a ser aquellos que están limpiados
de sus pecados, quienes han recibido el regalo de la salvación,
lo cual nos ha permitido llegar a ser hijos de Dios y obtener la
vida eterna.
Existe una cosa de la cual debemos estar absolutamente
seguros de creer ante Dios. Se debe a que Dios nos ha amado, y para
borrar nuestros pecados, Él vino a esta tierra encarnado en semejanza
de un hombre, fue bautizado, murió sobre la Cruz, se levantó de
entre los muertos, y por lo tanto se ha convertido en nuestro verdadero
Salvador. Es por comer la carne de Jesús y por beber Su sangre por
la fe en nuestro corazón que la vida eterna nos puede ser añadida.
Debido a que nada puede ser mas claro que este hecho, no podemos
más que reconocer esto y creerlo.
Debemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre
por fe. Y cualquiera puede tener esta fe que reconoce y cree como
es en el evangelio del agua y el Espíritu completado por Jesús.
¿Qué más hay para nosotros que creer? No podemos hacer mas que ponernos
en contra de Dios. Somos rápidos para desobedecer a Dios y pecar.
Pero Dios aún así té salvó a ti y a mí de todos nuestros pecados
de una sola vez, ya que Él nos ama a todos.
¿Cómo habló Dios de Su salvación
en el Tiempo del Antiguo Testamento?
¿A través de que método, entonces, nos ha salvado
el Señor? En el Antiguo Testamento, Él habló de esta salvación a
través de los colores manifestados en la puerta del Tabernáculo
y en las vestiduras usadas por el Sumo Sacerdote. Los colores de
los hilos azules, púrpura y escarlata, y el fino lino torcido manifestado
en la puerta del Tabernáculo son la revelación que nos muestra Su
perfecta salvación. Y sobre las vestiduras del Sumo Sacerdote, sé
añadió hilo de oro.
El hilo azul nos dice que Jesucristo vino a esta tierra
como nuestro Salvador y tomó nuestros pecados al ser bautizado.
El hilo púrpura nos dice que Jesucristo es el Rey de reyes y Dios
el Creador que hizo el universo. El hilo escarlata nos dice que
debido a que Jesucristo tomó nuestros pecados a través de Su bautismo,
Él cargó los pecados del mundo y fue condenado por ellos sobre la
Cruz derramando Su sangre y muriendo, por lo tanto nos dio la salvación
que nos ha liberado de la condenación de todos nuestros pecados.
El fino lino torcido significa la elaborada Palabra
del Antiguo y Nuevo Testamento la cual nos dice que nuestro Señor
vino a esta tierra, fue bautizado, murió sobre la Cruz, sé levantó
de entre los muertos, y de esta manera borró los pecados de aquellos
que verdaderamente creen, limpió sus espíritus haciéndolos blancos
como la nieve, y los salvó. El hilo de oro significa la fe que cree
en lo que Jesucristo ha hecho por nosotros. Es por eso que el hilo
de oro resplandece. Tú y yo no tenemos nada de que jactarnos, sino
solo cuando de todo corazón creemos en lo que Jesucristo, Dios Mismo
y el Hijo de Dios, ha hecho por nosotros. Verdaderamente podemos
ser vestidos con el amor de Dios, recibir Sus bendiciones, y ser
apreciados por Él solo teniendo fe en losa justos actos que Él ha
hecho. Esto es lo que Dios nos está diciendo a través del Tabernáculo.
Debemos darnos cuenta de lo que Dios nos está diciendo
a través del Arca del Testimonio que fu colocada dentro del Tabernáculo.
Debemos conocer y creer que Jesucristo vino a esta tierra, tomó
los pecados de la humanidad y todos los nuestros al ser bautizado
por Juan el Bautista, llevó nuestra condenación del pecado muriendo
sobre la Cruz, y se levantó de entre los muertos para vivir de nuevo.
A través del Arca del Testimonio, Dios está manifestando que verdaderamente
debemos creer en Jesucristo como nuestro propio Salvador. Como nuestro
propio Dios. Aquellos que creen en el bautismo de Jesús como la
toma de nuestros propios pecados, en el derramamiento de la sangre
de Jesús en la Cruz como su propia muerte, en Su resurrección como
su propia resurrección –estos son aquellos a quiénes Dios ha salvado.
Así que, ¿a quién se refiere el Tabernáculo? Se refiere
a Jesucristo. Nos dice del método de salvación con el cual Jesucristo
nos ha salvado a ti y a mí de nuestros pecados. En el Nuevo Testamento,
fue Jesucristo quién fue bautizado y murió sobre la Cruz, de esta
manera borró todos nuestros pecados, lavándolos todos, siendo condenado
por todas nuestras iniquidades y salvándonos de todos los pecados
de una sola vez y para siempre.
En el Antiguo Testamento, era el ofrecimiento de un
sacrificio lo que salvaba a los pecadores aceptando sus iniquidades
mientras imponían sus manos sobre su cabeza, y derramando su sangre
y muriendo. El Antiguo Testamento describe la muerte de la ofrenda
del sacrificio que tomaba los pecados de estos pecadores a través
de la imposición de manos y que moría en lugar suyo como una muerte
expiatoria. El sistema de sacrificios en el Antiguo Testamento,
cuando se yuxtapone al Nuevo testamento, se refiere a Jesucristo,
quién logró el evangelio del agua y el Espíritu, y quién vino por
el bautismo y por la sangre.
¿Quién, entonces, creó y dispuso esta ley de la salvación?
Dios nuestro Salvador la puso. Dios estableció la ley de la salvación
que libera a los pecadores del pecado, y Él nos ha dado esta ley
a nosotros. En el Arca del Testimonio estaban las dos tablas de
la Ley, la vasija del maná, y la vara de Aarón que floreció, y todas
estas cosas nos hablan acerca de los atributos y ministerios de
Jesucristo.
La vara de Aarón que floreció nos dice que Dios nos
salva cuando creemos en Jesucristo quién espiritualmente se ha convertido
en el Sumo Sacerdote del Reino del Cielo y en nuestro Gran Pastor.
La vasija del maná también nos habla acerca de la carne y de la
sangre de Jesucristo quién se ha convertido en nuestro pan de vida.
Las dos tablas de piedra de la Ley también nos dicen que Dios es
el Hacedor de la Ley. Las leyes establecidas por Dios son la ley
del pecado y de la muerte, y la ley de la remisión del pecado y
de la salvación. Como nuestro Dios, Jesús ha establecido la ley
de vida y la ley de la condenación para nosotros.
De esta manera, el Arca del Testimonio y todo lo que
en el hay hablan de Jesucristo. Es por creer en Jesucristo como
nuestro Salvador que podemos ser limpiados de todos nuestros pecados
y recibir nuestra salvación, no importa cuan insuficientes y débiles
podamos ser, si aceptamos y seguimos las dos leyes que Jesucristo
ha establecido, entonces podemos ser pecadores una vez, y entonces
llegar a ser justos recibiendo la remisión de todos nuestros pecados
una vez más y de esta manera llegar a ser el propio pueblo de Dios.
¿Lo crees?
Ahora en el tiempo presente, casi todos los Cristianos
por todo el mundo son propensos a creer en Jesús en vano, ya que
ellos no conocen la verdad manifestada en el Tabernáculo. Ellos
creen que pueden recibir la remisión del pecado creyendo solamente
en la sangre de la Cruz de Jesús. En otras palabras, ellos creen
que Jesús los ha salvado solo con la sangre de la Cruz. Pero, ¿acaso
Jesús tan solo murió en la Cruz por nuestra salvación? ¿Es todo
lo que Él hizo por nuestra redención? ¿Acaso Él no, al contrario,
tomó todos los pecados del mundo de una vez por todas al ser bautizado
por Juan (Mateo 3:13-15, 1 Pedro 3:21, 1 Juan 5:6)?
Sin embargo los Cristianos de hoy solo creen en la
sangre de Jesús de la Cruz, y solo reciben la mitad de la remisión
del pecado. Así, habiendo sido remitido de su pecado original al
creer en Jesucristo como el Salvador, ofrecen sus oraciones de arrepentimiento
cada día tratando de lavar sus pecados actuales por sí mismos. ¿Cuan
contradictoria es esta salvación? Es como lavar solo la mitad de
sus pecados por fe, y luego tratar de lavar el resto por su propio
esfuerzo.
Cuándo la situación es así, ¿cómo puedo evitar predicar
continuamente uniendo el bautismo y la sangre de Jesús? Hasta ahora,
muchos Cristianos de este mundo, aparte de los Cristianos del periodo
de la Iglesia Primitiva, han creído en una salvación a medias. ¿No
es por eso que la gente ahora cree en la Cristiandad como si fuera
solamente una religión mundana?
No hace mucho, una mujer llamada Valeria Jones de
los Estados Unidos recibió la remisión del pecado después de leer
el primer volumen de esta serie del Tabernáculo. Antes de que ella
leyera este libro, ella ya había leído varias de nuestras publicaciones.
Aunque ella estaba de acuerdo con lo que nuestros libros decían,
ella no podía llegar a estar totalmente convencida del evangelio
del agua y el Espíritu. Ella nos dijo que aún tenia duda, y se preguntaba,
“Esto parece ser correcto, pero entonces ¿por qué no hay mucha gente
predicándolo?” Pero ella confesó que cuando terminó de leer el primer
volumen de la seria del Tabernáculo, ella llegó a tener una fe clara
de la salvación, creyendo que el evangelio del agua es correcto,
que es la misma verdad manifestada en el tabernáculo.
Un lector de Benin del mismo libro también nos escribió,
“Quedara grandemente sorprendido al saber que después de recibir
la remisión del pecado por leer su libro, he dejado mi iglesia.
¿Porqué deje la iglesia a la que asistía? Porque ellos predicaban
la doctrina de la santificación incremental, que no se enseña en
la Biblia. Esta doctrina de la santificación incremental era totalmente
contraria a la Biblia. Ya que seguían enseñando que yo debía y podía
ser santificado cuando en realidad mi carne nunca puede ser santificada,
era insoportable para mi escuchar tales sermones.
Es por eso que salí de esa iglesia y me separe de
ella. Debido a que he recibido la remisión de mis pecados por leer
su libro, no tuve otra opción que la de dejar la iglesia a la que
había estado asistiendo y ahora me separe de ella. Así como nosotros
que hemos atravesado todo esto y ahora nos hemos convertido en el
pueblo de fe y nos hemos unido con la Iglesia de Dios, toda la gente
de este mundo también puede cambiar si tan solo conocen la verdad,
“Y conocerás la verdad y la verdad te hará libre.””
El Arca del Testimonio del Tabernáculo también manifiesta
a Jesucristo. Esta Arca del Testimonio estaba colocada en la parte
más profunda del Tabernáculo. Uno solo podía verla levantando el
velo del Tabernáculo y entrando en el, y después levantando el velo
del Lugar Santísimo y caminando hacia dentro. En otras palabras,
la puerta del Tabernáculo estaba colocada en el este, y el Arca
estaba colocada en el oeste en la parte de atrás del Tabernáculo.
No Se Quitaran las Varas
del Arca
Éxodo 25:14-15 dice, “Y meterás las varas
por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca con ellas.
Las varas quedarán en los anillos del arca; no se quitarán de ella.”
¿Qué significan estos versículos? Con estos versículos, Dios nos
está diciendo que debemos servir al evangelio del agua y el Espíritu
dedicándonos nosotros mismos a Él. El evangelio se esparce solo
cuando nos entregamos nosotros mismos a Su obra. Para servir al
Señor al entregarnos nosotros mismos al evangelio eso es seguir
el camino de la Cruz que nuestro Señor caminó antes que nosotros.
Es por eso que Él dijo a Sus discípulos, “Si alguno quiere venir
en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Marcos
8:34).
Para esparcir el verdadero evangelio por todo el mundo,
se necesita tremendo sacrificio, perseverancia y sufrimiento. Podemos
descubrir esto viendo cuanto sufrió por el evangelio del agua y
el Espíritu el Apóstol Pablo: “¿Son ministros de Cristo?
(Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante;
en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas
veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos
uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres
veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago
en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros
de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles,
peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar,
peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos,
en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además
de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación
por todas las iglesias” (2 Corintios 11:23-28).
Sin embargo, aquellos que se aman a sí mismos más
que al Señor quién se dio a Sí Mismo para liberarlos de toda la
condenación y no pueden darse ellos mismos por el Reino de Dios.
No existe un camino fácil para servir al evangelio del agua y el
Espíritu. ¿Cómo puede un granjero esperar una buena cosecha sin
sudar?
De esta manera, el Arca del Testimonio deberá ser
cargada por nuestros sacrificios. El Rey David en una ocasión trató
de llevar el Arca en una carroza nueva jalada por bueyes, en lugar
de cargarla con sus hombres con las varas como se suponía que debían
cargarla. En su camino, los bueyes tropezaron, y un hombre llamado
Uza extendió sus manos hacia el Arca de Dios y la tomó. La ira del
Señor sé encendió en contra de Uza, y Dios lo hirió ahí por su error.
Uza murió ahí por causa de Su Arca (2 Samuel 6:1-7). Así que David,
aterrorizado por esto y en ese día temeroso del Señor, llevó el
Arca a casa de Obed-Edom geteo. Solo cargando el Arca sobre los
hombros de sus hombres pudo él llevarla a su castillo tres meses
después. Como lo ilustra esta historia, debemos cargar el Arca del
Testimonio exactamente como Dios nos dijo, con nuestra sangre y
con nuestro sudor, con nuestros sacrificios, con una devoción que
no retrocede a Su evangelio.
Aquellos que realmente han recibido la remisión del
pecado con enorme gratitud están más que gozosos de entregarse a
sí mismos al Señor quién sé ha entregado a Sí Mismo por nosotros.
Damos nuestra gratitud una y otra vez al Señor, nuestro Salvador
y Dios. Damos gracias por permitirnos servir al evangelio sobre
esta tierra.
Todos estamos maravillados y gozosos por este hecho
de ensueño, que el Señor nos haya escogido para servir este evangelio
de la verdad, seguirle a Él y vivir la clase de vida que le agrada
a Él. Tan solo permitirnos conocer la verdad hubiera sido suficiente
para saturarnos con gozo, mas sin embargo el Señor nos ha permitido
servir este evangelio. Habiéndonos dado tales bendiciones, ¿cómo
seria posible que no le diéramos las gracias? Damos toda nuestra
gratitud a Dios. Es por eso que estamos dispuestos a sacrificarnos
nosotros mismos para esparcir el verdadero evangelio de esta santa
tarea de evangelismo mundial, sin importar el tiempo, el esfuerzo
o nuestras posesiones.
El que hayamos recibido la remisión del pecado, de
hecho, por sí mismo es algo por lo cual estamos infinitamente agradecidos.
Pero Dios no se ha detenido ahí, sino que Él aún nos ha otorgado
encontrar y esparcir esta verdad, el evangelio del agua y el Espíritu
- ¿no es esto, sino una bendición mas para nosotros?
¿Quién más se atreve a servir este evangelio del agua
y el Espíritu? No cualquiera puede servir este evangelio. ¿Pueden
hacerlo los políticos? ¿Los Mandatarios? ¿Los Presidentes? No importa
que tan altas sean los posiciones sociales de la gente, si no conocen
y no creen en el evangelio del agua y el Espíritu, nunca podrán
servir el verdadero evangelio. Sin embargo Dios nos ha dado una
oportunidad inmerecida y ciertamente nos otorgó a nosotros servir
este evangelio. ¡Que bendición tan grande es esta!
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Doy gracias a Dios por la gracia que nos ha salvado,
porque Él nos ha amado. Hermanos y hermanas, creemos que Jesucristo
es nuestro Dios y Salvador. Somos el pueblo de Dios que come la
carne de Jesús y bebe Su sangre a través de nuestra fe espiritual.
La Biblia dice que Jesús no es Dios de muertos, sino de vivos (Lucas
20:38), y aquí los vivos se refiere a ni mas ni menos que aquellos
que han recibido vida eterna creyendo en el evangelio del agua y
el Espíritu. Quien sea que no crea en la verdad de este evangelio
está espiritualmente muerto, y quien sea que crea está espiritualmente
vivo. Dios es ciertamente el Dios de aquellos que creen en el evangelio
del agua y el Espíritu.
Hermanos y hermanas, Jesús Mismo nos ha dado la remisión
del pecado a través de Su propia carne y sangre. Debes darte cuenta
que si no crees está verdad, entonces no tienes parte con Jesucristo.
Jesucristo te da bendiciones celestiales, vida eterna y la remisión
de tus pecados. ¿Quién es Aquel que sé ha convertido en el Pastor
que te otorga bendiciones eternas, quién te guía y quién te guarda?
Es Jesucristo el Consumador del evangelio del agua y el Espíritu
es este Dios. Espero y oro para que todos y cada uno crean en este
Jesús como su Dios.
En cuanto a mí, no solamente creo en esta verdad y
ahora sirvo a Dios, sino que siempre continuare haciéndolo en el
futuro. Pero, ¿y tú? ¿Crees en el evangelio del agua y el Espíritu?
¿Crees que debes habitar en la Iglesia de Dios y en el amor de Cristo
por tú fe? Vamos todos a vivir nuestras vidas creyendo en el evangelio
del agua y el Espíritu hasta el día en que nos encontremos con nuestro
Señor.
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