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La
Ofrenda de la Remisión del Pecado Dada en el Propiciatorio
< Éxodo
25:10-22 >
“Harán también un arca de madera de acacia,
cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo
y medio, y su altura de codo y medio. Y la cubrirás de oro puro
por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor.
Fundirás para ella cuatro anillos de oro, que pondrás en sus cuatro
esquinas; dos anillos a un lado de ella, y dos anillos al otro lado.
Harás unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro.
Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar
el arca con ellas. Las varas quedarán en los anillos del arca; no
se quitarán de ella. Y pondrás en el arca el testimonio que yo te
daré. Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de
dos codos y medio, y su anchura de codo y medio. Harás también
dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos
extremos del propiciatorio. Harás, pues, un querubín en un extremo,
y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio
harás los querubines en sus dos extremos. Y los querubines extenderán
por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus
rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros
de los querubines. Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y
en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. Y de allí me declararé
a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los
dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que
yo te mandare para los hijos de Israel.”
El Propiciatorio

Un cubo es la distancia que hay de la punta de la
mano al codo. En la Biblia, un cubo se estima en 45 cm aproximadamente
en medidas actuales. La distancia del propiciatorio era de dos y
media cubos, y cuando se convierte al sistema métrico, esta distancia
es de 113 cm. Y su ancho de uno y medio cubos, midiendo 67.5 cm
aproximadamente. Esto nos proporciona una idea general del tamaño
del propiciatorio.
El Arca del Testimonio fue hecha de madera de acacia
y recubierta con oro por dentro y por fuera. Pero el propiciatorio,
que estaba colocado sobre el Arca, estaba hecho de oro puro. Y en
ambos lados, se colocaron querubines con las alas extendidas, cubriendo
la tapa del Arca-esto es, el propiciatorio-y el querubín miraba
hacia el propiciatorio. El propiciatorio es el lugar en donde Dios
otorga Su gracia sobre aquellos que vienen a Él por fe.
Cuatro anillos de oro fueron colocados en cada esquina
del Arca. Dos anillos de oro fueron puestos de cada lado, y varas
fueron puestas a través de los anillos para que el Arca pudiera
ser cargada. Esas varas estaban hechas de madera de acacia y estaban
recubiertas con oro. Poniendo las varas a través de los dos anillos
en un lado y los otros anillos en el otro lado, Dios se aseguró
que dos personas pudieran levantarla y cargarla. Y nuestro Señor
dijo, “Y de allí me declararé a ti.”
Dios hizo que los Israelitas cargaran el Arca del
Testimonio junto con el propiciatorio al poner varas a los lados
del Arca. Esto significa que Dios desea que proclamemos el evangelio
por todo el mundo. Lo mismo se aplicaba al altar del incienso-esto
es, también se colocaron anillos en ambos lados, varas fueron puestas
a través de estos anillos, y se hizo que dos personas cargaran el
altar. Esto, también, significa que debemos pedir la ayuda de Dios
siempre que encaremos dificultades, y que también debemos orar para
que se proclame el evangelio por todo el mundo a donde sea que vayamos.
En el Arca del Testimonio, tres artículos fueron puestos
en la vasija de oro del maná, la vara de Aarón que floreció y las
dos tablas de piedra del Pacto. ¿Qué significa esto? Primero, la
vasija de oro del maná significa que Jesús da vida nueva a los creyentes.
Una vez Él proclamó, “Yo soy el pan de vida; el que a
mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed
jamás” (Juan 6:35).
La vara de Aarón que floreció nos dice que Jesucristo
es el Señor de la resurrección y que Él nos vida eterna. Las tablas
de piedra del Pacto nos dicen que inevitablemente estamos condenados
a muerte ante la Ley. Sin embargo, la misericordia de Dios es tan
grande que cubre toda la condenación de nuestros pecados que la
Ley ha maldecido. El propiciatorio encajaba perfectamente como la
tapa del Arca para que la maldición de la Ley saliera. Dios ha completado
el propiciatorio con el sacrificio perfecto de Su Hijo Jesús. Cada
creyente en el evangelio del agua y el Espíritu puede por lo tanto
ir atrevidamente ante el trono de la gracia, el propiciatorio.
La Preciosa Sangre Que Fue
Rociada sobre el Propiciatorio
Debemos descubrir cual es el misterio escondido en
el propiciatorio. Una vez al año, el Sumo Sacerdote tomaba la sangre
de la ofrenda del sacrificio y entraba al Lugar Santísimo. Entonces,
rociaba esta sangre de la ofrenda del sacrificio sobre el propiciatorio
exactamente siete veces. Dios dijo entonces que Él sé encontraría
con los Israelitas sobre el propiciatorio. Dios se encuentra con
quien sea que tenga la misma fe que la que tenía el Sumo Sacerdote,
esto es, la fe en Su remisión del pecado revelada en el sistema
del sacrificio.
La sangre del sacrificio rociada sobre el propiciatorio
muestra el justo juicio de Dios del pecado y Su misericordia sobre
la humanidad. En el Día de la Expiación, el décimo día del séptimo
mes, Aarón el Sumo Sacerdote imponía sus manos sobre la ofrenda
del sacrificio para pasar todos los pecados anuales del pueblo de
Israel. Entonces, cortaba su cuello para sacar su sangre, tomaba
esta sangre dentro del velo y la rociaba sobre el propiciatorio
(Levítico 16:11-16).
A través de la sangre que era rociada, Dios se encontraba
con los Israelitas y les daba la bendición de la remisión del pecado.
Era la gracia de Dios sobre los Israelitas por lo que Él había establecido
el sistema del sacrificio. Con la imposición de manos sobre el animal
del sacrificio y su sangre, Dios justamente borró sus pecados y
les dio Su misericordia, la remisión de sus pecados por gracia.
¿Cómo, entonces, podemos recibir esta gracia? ¿Con
que Palabra ha borrado Dios todos nuestros pecados de una vez por
todas? Dios nos ha capacitado para que nos demos cuenta que debemos
tener la fe que sabe y cree en la verdad manifestada en el sistema
de sacrificios para que nosotros tengamos la capacidad de recibir
el regalo que Él ha distribuido sobre nosotros. Dios hizo esto posible
para que Su justicia fuese cumplida con estos dos factores; la imposición
de manos sobre la cabeza del sacrificio y su sangre. Este sacrificio
del Antiguo Testamento se refiere ni más ni menos que al bautismo
que Jesucristo recibió y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz.
Por nuestros propios pecados, Jesucristo el Hijo de
Dios fue bautizado por Juan para tomar los pecados del mundo, sé
convirtió en la ofrenda del sacrificio sobre la Cruz para dar la
paga de estos pecados, murió por nosotros y sé levantó de entre
los muertos para darnos vida. El bautismo que Jesús recibió y Su
derramamiento de sangre sobre la Cruz fue por darnos la remisión
del pecado, y ellos son la gracia de las verdaderas bendiciones
que permite a aquellos que tienen tal fe encontrarse con Dios. El
evangelio del agua y el Espíritu es la verdad que ha establecido
la base de la fe verdadera que permite a los pecadores recibir la
remisión del pecado de parte de Dios. Jesucristo llegó a ser la
ofrenda del sacrificio por nuestros pecados. Él llegó a ser el puente
de la verdad que nos permite ir a Dios el Santo Padre.
Una vez más, podemos encontrar la evidencia conclusiva
para esta verdad en los colores de los cuatro hilos que fueron usados
para la puerta del Tabernáculo: los hilos azules, púrpura y escarlata,
y el fino lino torcido. Los cuatro hilos de la puerta del Tabernáculo,
en otras palabras, nos proporcionan las claves del verdadero evangelio.
La primer pista es el misterio del hilo azul manifestado
en la puerta del Tabernáculo. Este misterio es que Jesucristo fue
bautizado por Juan, esto quiere decir que Él tomó nuestros pecados
del mundo. Nuestro Señor, en otras palabras, aceptó nuestros pecados
que Juan pasó sobre Él. Es por eso que Él apresuró a Juan a que
lo bautizara diciendo, “Deja ahora, porque así conviene
que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15).
El Segundo misterio es el hilo púrpura manifestada
en el Tabernáculo. El color “púrpura” es el color del rey. Jesucristo
es el Rey de reyes quién vino a esta tierra como el Salvador de
la humanidad para liberarlos del pecado. Él dejó la gloria del Cielo
y vino a esta tierra para borrar nuestros pecados. Jesucristo es
Dios Mismo en Su esencia, pero para salvarnos de todos nuestros
pecados, Él vino a esta tierra, fue bautizado y crucificado en obediencia
a la voluntad del Padre. Para borrar todos nuestros pecados, en
otras palabras, Dios dejó el trono de gloria del Cielo y nació del
cuerpo de la Virgen Maria en esta tierra para salvar a los pecadores.
Por lo tanto, debemos creer que Dios mismo tenía que nacer del cuerpo
de una virgen, ser bautizado y derramar Su sangre sobre la Cruz,
todo de acuerdo a la promesa que Él hizo al Profeta Isaías 700 años
antes.
El tercer misterio es el hilo escarlata. Implica la
sangre de Jesús. Esta verdad manifiesta que Jesús completó la misión
de la salvación de Dios derramando Su sangre sobre la Cruz. Su derramamiento
de sangre sobre la Cruz era un castigo reservado para los criminales
más despiadados. Con el castigo de los pecados que Jesús llevó a
través de Su bautismo, todos los pecados de la humanidad fueron
juzgados. Al ser crucificado y derramando Su sangre, Él llevó la
condenación de todos los pecados del mundo y así nos ha liberado
del pecado. Al aceptar nuestros pecados a través de Juan y a través
de Su bautismo y obedeciendo al Padre hasta la muerte, Dios ha salvado
a todos los pecadores de sus iniquidades.
¿Puedes darte cuenta que Jesús terminó con toda la
condenación del pecado y ha convertido a los creyentes en hijos
de Dios llevando vicariamente nuestra propia condenación con Su
castigo de la crucifixión? Dios hizo estas cosas para que nosotros
creyéramos en esta verdad y recibiéramos vida eterna. Jesús fue
bautizado y después condenado sobre la Cruz eso significa que Él
nos ha salvado del pecado. Es por eso que Él clamó con Su ultimo
aliento, “¡Consumado es!” (Juan 19:30) Jesús proclamó con
gran gozo y descanso que Él había completado nuestra salvación del
pecado de acuerdo a la voluntad de Dios Padre.
Finalmente, el fino lino torcido implica que Jesús
es Dios de la Palabra. Él revela la voluntad de Dios a través de
Su justa y elaborada Palabra. En todas partes del Antiguo Testamento,
Él dijo por adelantado que vendría a este mundo y salvaría a toda
la humanidad con Su bautismo y crucifixión. Entonces Él cumplió
todas Sus promesas precisamente en el Nuevo Testamento. Es por eso
que la Biblia afirma, “En el principio era el Verbo, y el Verbo
era con Dios, y el Verbo era Dios... Y aquel Verbo fue hecho carne,
y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito
del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1, 14).
Esta verdad nos ha permitido ser lavados de todos
nuestros pecados y hacerlos tan blancos como la nieve. El bautismo
que Jesús recibió y Su derramamiento de sangre no es otra cosa que
la imposición de manos y la expiación del juicio del sistema de
sacrificios. Se debe a que Jesús cargó todos los pecados del mundo
sobre Su propio cuerpo y se debe a que derramó Su sangre sobre la
Cruz. Cómo Jesús fue bautizado para cargar nuestros pecados por
nosotros, y fue a la Cruz y derramó Su sangre sobre ella, esta verdad
es lo que se ha convertido en la expiación que ha lavado nuestros
pecados.
El bautismo que nuestro Señor recibió cuando vino
a está tierra como hombre y la sangre que Él derramó sobre la Cruz
son la verdad manifestada en los hilos azules, púrpura y escarlata.
Jesús nació en esta tierra hace 2,000 años, tomó los pecados de
este mundo al ser bautizado, murió sobre la Cruz, sé levantó de
entre los muertos en tres días, después dio testimonio durante 40
días, y entonces ascendió a la diestra del trono de Dios-esta es
la verdad manifestada en los hilos azules, púrpura y escarlata.
Dios nos está diciendo que creamos en esta verdad, que Él nos ha
salvado de todos los pecados al borrarlos totalmente.
Cuando creemos en esta verdad, Dios nos dice, “Ahora,
ustedes han llegado a ser Mis hijos. Ustedes no son pecadores. Ustedes
son Mi pueblo y ya no son pecadores. Yo los he salvado de todos
sus pecados, condenación y maldiciones. Yo los he salvado con Mi
amor incondicional. Debido a que ustedes son tan amados por Mí,
Yo los he salvado sin ninguna condición. Debido a que te amo, Yo
te he salvado por Mi cuenta propia. No solamente té he amado, sino
que te he demostrado Mi amor de esta manera. Mira la sangre de Mí
sacrificio. Esta es la evidencia de Mi amor por ti. Yo te he mostrado
esta evidencia.”
Cuando llegamos al Señor como los pobres en espíritu,
Él nos mostró que Él nos ha salvado con los hilos azules, púrpura
y escarlata. El Señor vino a esta tierra, fue bautizado, fue despreciado
y condenado a muerte sobre la Cruz, sé levantó de entre los muertos
y ascendió al Cielo. Dios recibe a quien sea que crea en Su amor
de la salvación.
Dios otorga la gracia de la salvación sobre aquellos
que creen. Su salvación ha convertido a simples criaturas en los
propios hijos de Dios. Dios nos está diciendo, “Ahora ustedes son
Mis hijos. Ustedes son Mis hijos e hijas. Ustedes ya no son criaturas,
sino Mi propio pueblo. Yo he expiado todos sus pecados a través
de Mi Hijo Jesús. Ahora Yo te he hecho Mi pueblo, y ustedes se han
convertido en Mi pueblo por fe.” Dios no solamente ha salvado a
los pecadores, sino que Él les ha otorgado el que sean Sus propios
hijos.
Dios llamó propiciatorio a la tapa del Arca del testimonio
en el Tabernáculo. Dos querubines fueron colocados mirando hacia
abajo sobre el. ¿Por qué dijo Dios que sé encontraría con el pueblo
de Israel encima del propiciatorio. La razón para esto era que Dios
remitió los pecados del pueblo de Israel aceptando la sangre del
animal del sacrificio sobre el cual todos sus pecados eran pasados
con la imposición de manos.
Dios dijo eso, en otras palabras, debido a que Él
quería darle a la gente de Israel la remisión de sus pecados como
un regalo haciendo pasar sus pecados sobre la ofrenda del sacrificio
imponiendo sus manos sobre su cabeza, y haciendo que esta ofrenda
del sacrificio diera el pago por estos pecados de forma vicaria
a favor de ellos, todo para borrar las iniquidades de Su pueblo.
Debido a que Dios no podía encontrase con los pecadores sin la ofrenda
expiatoria, fue a través de esta ofrenda sacrificada que Él borró
sus pecados y se encontraba con ellos.
Todos nacen en este mundo con pecado como descendientes
de Adán. Por lo tanto todos tienen pecado, y nadie puede tener un
encuentro sin la ofrenda sacrificada. Por esto Dios dijo que Él
aceptaría la ofrenda sacrificada que expiaba los pecados de los
israelitas y sé encontraba con ellos arriba del propiciatorio.
Dios hizo que el pueblo de Israel pusiera el décimo
día del séptimo mes como el Día de Expiación. Él hizo que el Sumo
Sacerdote pasara un año de pecados de los Israelitas sobre la ofrenda
del sacrificio y que diera esta sangre del sacrificio a Él. En ese
día, los pecados del pueblo de Israel eran remitidos por todo un
año, y esto se debía a que en este día, el Sumo Sacerdote daba la
ofrenda del pecado por ellos.
El Sistema de sacrificios
del Antiguo Testamento para la Liberación de los Pecadores de Sus
Iniquidades
Como dice Levítico 1:4. “Y pondrá su mano
sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya,”
todos los pecados de un pecador eran ciertamente pasados sobre el
chivo expiatorio por la imposición de manos sobre la cabeza del
sacrificio. Dios acepta gustosamente la clase de ofrenda que es
dada con la fe que verdaderamente cree en Su Palabra. Este era el
primer paso esencial del sistema de sacrificios que Dios había establecido
para Su pueblo Israelita.
Entonces la persona cortaba su garganta y sacaba su
sangre, y daba esta sangre a los sacerdotes. Entonces el sacerdote
colocaba esta sangre sobre los cuernos del altar de la ofrenda quemada,
poner su carne sobre el altar y quemarla, y de esta manera ofrecerla
a Dios como la ofrenda del sacrificio por los pecados del pecador.
Esta era la ley de la salvación qye Dios puso para que realmente
se remitieran los pecados de los pecadores.
Sin embargo, en el Día de la Expiación, el décimo
día del séptimo mes, Dios permitió a Su pueblo ofrecer un sacrificio
que podía remitir un año de sus pecados. En ese día, el Sumo Sacerdote,
el representante de todos los Israelitas, tenía que preparar dos
chivos. “Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos;
una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer
Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová,
y lo ofrecerá en expiación” (Levítico 16:8-9). Él tenía que
poner sus manos sobre la cabeza del primer chivo para que todos
los pecados de un año de todos los Israelitas pudieran ser pasados
al sacrificio. Entonces él extraería su sangre degollándolo, iba
al Lugar Santísimo, y rociaba la sangre con su dedo sobre el propiciatorio
en el lado este, y ante el propiciatorio lo rociaba siete veces.
Al aceptar esta sangre de la ofrenda del sacrificio, Dios lavaba
sus pecados y los aprobaba como Su propio pueblo.
Después de esto, el Sumo Sacerdote salía del Tabernáculo.
Y daba el otro chivo ante la presencia del pueblo de Israel. Para
realmente pasar los pecados de su pueblo, él imponía sus manos nuevamente
sobre la cabeza de la ofrenda del sacrificio. Entonces él confesaba,
“Yo paso todos los pecados que mi pueblo ha cometido durante este
pasado año sobre esta ofrenda.” Después de esto, enviaba la ofrenda
al desierto por la mano de un hombre apropiado.
Este chivo tenía que ser enviado al árido desierto
para morir (Levítico 16:20-22). Esto nos dice que los pecados del
pueblo de Israel fueron totalmente remitidos de una sola vez por
todas dando la ofrenda por el pecado que era dado en el Día de la
Expiación.
Estos chivos expiatorios eran la sombra anticipada
de ni más ni menos que de Jesús. Esta ofrenda por el pecado manifiesta
la verdad de la salvación que Jesucristo completó siendo bautizado
por Juan y siendo crucificado para borrar los pecados de todos en
este mundo. Dios prometió encontrarse con el pueblo de Israel encima
del propiciatorio cuando ofrecían el sacrificio legal a través del
Sumo Sacerdote. El pueblo de Israel consideraba preciados al Sumo
Sacerdote y al propiciatorio, ya que era el Sumo Sacerdote el que
daba la ofrenda por el pecado cada año por ellos, y el propiciatorio
era en donde sus iniquidades eran perdonadas.
De la misma manera, Jesús nos reconcilio con Dios,
habiendo ofrecido un sacrificio eterno por nuestros pecados con
Su cuerpo a través de Su bautismo y derramamiento de sangre. Es
por eso que no podemos agradecer lo suficiente al Señor Jesús, por
lo que tenemos que creer en Su bautismo juntamente con Su crucifixión.
El Propiciatorio Selló las
Dos Tablas de Piedra de los Diez mandamientos Que Fueron Colocados
dentro del Arca del Testimonio
Sobre el Monte Sinaí, Dios ordenó a Moisés colocar
dentro del Arca del Testimonio dos tablas de piedra con los Diez
Mandamientos y sellar el Arca con el propiciatorio. Dios hizo eso
porque Él quería otorgar su misericordiosos amor sobre el pueblo
de Israel, ya que ellos no podían guardar la Ley. En otras palabras,
debido a que Dios no podía tratar con el pueblo de Israel quién
pecaba cada día con Su justa Ley que declara que la paga del pecado
es muerte. Esto, también, fue para dar la remisión del pecado al
pueblo de Israel.
El pueblo de Israel era, en otras palabras, muy insuficiente
ante Dios para guardar Su Ley con sus obras. Así que Dios les dio
el sistema de sacrificios con la Ley. Fue para hacer que ellos fueran
limpios de todos sus pecados a través de la ofrenda del sacrificio.
Esto nos muestra que para borrar los pecados del pueblo de Israel,
Dios les demandó que pasaran sus pecados sobre su cabeza, y matarlo
degollándolo por causa de ellos. Dios dio la ley de Su amor de la
salvación junto con la ley de Su justa ira para el pueblo de Israel.
Como tal, también necesitamos creer en las verdades pivótales de
la verdad de la salvación de Dios; el bautismo que el Mesías recibió
de Juan y la sangre que Él derramó sobre la Cruz.
El animal del sacrificio por la ofrenda por el pecado
en el Antiguo Testamento era el cuerpo del Mesías en el Nuevo Testamento.
Las ofrenda del sacrificio que nos fue dado en la Escritura era
la misericordia del amor de Dios que borra todos nuestros pecados.
Ahora como antes, para ser remitidos de todos nuestros pecados,
absolutamente necesitamos la ofrenda del sacrifico de la expiación.
Desde hace mucho, para borrar los pecados de la humanidad, debe
haber la justicia de Dios y la misericordia de Su amor.
Debido a que la justicia de Dios debe juzgarnos si
tenemos pecado, tuvimos que levar nuestros pecados pasándolos a
la ofrenda por el pecado. Como se dice en Corea, “Odia el pecado,
pero no odies a los pecadores,” Dios odia nuestros pecados, pero
no odia nuestra alma. Para que Dios borre los pecados de nuestra
alma, necesitábamos poner nuestras manos sobre la ofrenda del sacrificio,
sacar su sangre y dársela a Él. En el Antiguo Testamento, el que
Dios expiara los pecados del pueblo de Israel significa que Dios
aceptaba sus ofrendas del sacrificio y de esta manera remitía sus
pecados.
Para el pueblo de Israel, el único hacedor de la Ley
es Dios. Jehová, quién sé reveló a Sí Mismo ante el pueblo de Israel,
es Él que existe por Sí Mismo. Al igual que reconocemos a Dios como
único legislador de la Ley, debemos reconocer que Él es nuestro
Dios y aceptemos el sistema de sacrificio que Él puso para borrar
nuestros pecados. A través del sistema de sacrificio que Dios estableció,
podemos darnos cuenta de cuanto Dios nos ha amado y cuan justamente
Él nos ha liberado del pecado. Y a través de la Ley de Dios, también
podemos darnos cuenta que simplemente no podemos guardar Sus mandamientos.
En nuestra esencia, hemos sido idolatras ante Dios, cometiendo toda
clase de iniquidades y trasgresiones. Por lo tanto, no podemos más
que admitir que estábamos destinados al infierno por nuestros pecados
en cualquier momento. Es por eso que Dios Mismo tuvo que venir a
nosotros como el Salvador.
Jesucristo dio Su cuerpo como sacrificio por los pecados
del mundo para siempre. Sé ofreció a Sí Mismo exactamente en la
misma manera en que era dada la ofrenda del pecado del Antiguo Testamento,
especialmente la que se muestra en el pasaje del Día de la Expiación:
por la imposición de manos sobre la cabeza del sacrificio y por
el derramamiento de su sangre. Las dos tablas de la piedra en el
Arca del Testimonio y el propiciatorio eran absolutamente necesarias
para el pueblo de Israel para recibir la remisión de sus pecados,
ya que Dios concedió a aquellos que creen en la justa Ley de Dios
y en Su promesa de vida para recibir nueva vida. Hoy, la Ley que
muestra la justicia de Dios y la Palabra de verdad que trae salvación
eterna del pecado permite, no solamente, al pueblo de Israel sino
además a todos nosotros encontrarnos con Dios y recibir vida eterna.
Tú y yo estamos viviendo en esta era, debemos conocer
y creer quién es nuestro Dios, lo que Él nos esta diciendo, y a
través de lo que Él ha hecho podemos recibir la remisión de nuestros
pecados. A través de la verdad de los hilos azules, púrpura y escarlata,
y el fino lino torcido manifestado en la puerta del Tabernáculo
del Antiguo Testamento, Dios te ha llamado a ti y a mí, nos aceptó,
y nos ha dado la fe que cree en esto.
El Hilo Azul Implica Exactamente
el Bautismo Que Jesús Recibió
Veamos Mateo 3:13-17: “Entonces Jesús vino
de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan
se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú
vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene
que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después
que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron
abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y
venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es
mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.”
A través de las ofrendas dadas bajo el sistema de
sacrificios del Antiguo Testamento, Dios Padre ciertamente mostró
que Él pasaría todos los pecados del mundo sobre Su Hijo Unigénito
Jesucristo. Juan el Bautista de hecho bautizó a Jesús para cumplir
toda la justicia de Dios. Debido a que los pecados del mundo ciertamente
fueron pasados sobre Jesús mientras era bautizado por Juan, aquellos
que creen esto pueden ser remitidos de todos sus pecados de su corazón.
Este bautismo que Jesús recibió tiene un significado
completamente diferente del bautismo de agua que la gente recibe
normalmente como un ritual para ser Cristianos. En otras palabras,
el bautismo en agua que la gente recibe es una señal meramente externa
de su conversión a la religión Cristiana. Jesús fue bautizado en
el Río Jordán para tomar todos los pecados del mundo con la imposición
de manos de Juan el bautista el representante de toda la humanidad.
El bautismo que Jesús recibió fue el bautismo que cumplió la promesa
de la salvación eterna, de la remisión del pecado que Dios estableció
a través del sistema de sacrificios en el Levítico. Que Jesús tomó
los pecados del mundo siendo bautizado personalmente y sangró hasta
morir sobre la Cruz para dar la paga de estos pecados es el amor
de Dios por la humanidad y la perfecta remisión del pecado.
Fue para salvarnos de todos los pecados del mundo
que Dios Padre hizo que Su Hijo fuera bautizado por Juan. “Deja
ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15).
“Así” aquí significa que Jesús tomaría los pecados de toda la humanidad
siendo bautizado. Debido a que Juan bautizó a Jesucristo, nuestros
pecados fueron pasados sobre Él. Fue debido a que Jesucristo tomó
nuestros pecados con Su bautismo que Él derramó Su sangre y murió
en nuestro lugar. El bautismo que Jesús recibió es el amor de Dios
de sacrificio y de la remisión de los pecados. Después de que ciertamente
aceptó que todos nuestros pecados pasaran sobre Él, Él fue sumergido
en el agua. Esa sumersión implica Su muerte. Y que Él haya salido
del agua testifica Su resurrección por adelantado.
Jesús Es Nuestro Creador
y Salvador
Es verdad que Jesucristo quién vino a nosotros es
Dios Mismo quién creó el universo y todas las cosas en el. Génesis
1:1 dice, “En el principio creó Dios los cielos y la tierra,”
y Génesis 1:3 dice, “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
Juan 1:3 también afirma, “Todas las cosas por él fueron hechas,
y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Jesucristo
ciertamente creó todo el universo junto con el Padre y el Espíritu
Santo.
Filipenses 2:5-8 afirma, “Haya, pues, en
vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual,
siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa
a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma
de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición
de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la
muerte, y muerte de cruz.” Él es el verdadero Creador quién
hizo este mundo y nos creó a nosotros la humanidad. Para liberarnos
del pecado, este Mismo Señor vino a nosotros como hombre, tomó los
pecados del mundo al ser bautizado por Juan, derramó Su sangre por
causa de este bautismo, y de esta manera nos salvó de todos estos
pecados.
El Mesías ciertamente hizo que los Israelitas formaran
las puertas del Tabernáculo tejiendo hilos azules, púrpura y escarlata
en el fino lino torcido. El que Él haya hecho que usaran los hilos
azules, púrpura y escarlata para las puertas del Tabernáculo manifiesta
Su intención de salvar a toda la humanidad de sus pecados del mundo
con el bautismo que Jesús recibiría de Juan, y para dar el pago
con Su sangre sobre la Cruz.
En el Antiguo Testamento, los pecadores traían su
ofrenda del sacrificio al Tabernáculo y pasaban sus pecados sobre
el imponiendo sus manos sobre su cabeza ante el altar de la ofrenda
quemada. Entonces él sacaba su sangre degollándola, y daba esta
sangre a los sacerdotes. Entonces los sacerdotes daban esta ofrenda
a Dios poniendo la sangre sobre los cuatro cuernos del altar de
la ofrenda quemada, así como derramando el resto en el piso.
En el Día de la Expiación, cuando el Sumo Sacerdote
tomaba la sangre de la ofrenda del sacrificio sobre cuya cabeza
él había colocado sus manos en el Lugar Santísimo y la rociaba sobre
el propiciatorio, Dios aceptó esta sangre de la ofrenda del sacrificio
como el juicio vicario sobre Su pueblo. ¿Porqué tenía que matar
al animal del sacrificio? Porque había tomado todos los pecados
de los Israelitas a través de la imposición de manos del Sumo Sacerdote
sobre su cabeza. Su sangre era, en otras palabras, el resultado
de esta imposición de manos. Así, Dios aceptaba la sangre de este
animal del sacrificio y olía el dulce aroma de su carne quemada
sobre el altar, y de esta manera remitía los pecados del pueblo
de Israel.
También en el tiempo del Nuevo Testamento, Jesús vino
exactamente a esto. Para tomar nuestros pecados y llevar la condenación
del pecado, nuestro Señor tuvo que venir a esta tierra a través
del cuerpo de la Virgen María, y Él completó la salvación siendo
bautizado por Juan y derramando Su sangre sobre la Cruz. Los hilos
azules, púrpura y escarlata es en realidad el evangelio manifestando
la verdad que Jesús, Dios Mismo, fue bautizado y crucificado.
Se debe a que Jesús tomó nuestros pecados con Su bautismo
el que Él haya sido crucificado, derramó toda Su sangre, murió,
se levantó de entre los muertos en tres días, y así sé convirtió
en el Salvador de nosotros los que creemos, sentándose a la diestra
del trono de Dios. Jesucristo ha otorgado a aquellos que verdaderamente
creen en Él como su Salvador y llamar a Dios Abba, Padre, siendo
remitidos de todos sus pecados de una vez y para siempre ante Dios
Padre. Este es el misterio de la verdad escondida en los hilos azules,
púrpura y escarlata.
A través de Su bautismo y de la sangre de la Cruz,
el Mesías completó el limpiado de nuestros pecados y llevó la condenación
de nuestros pecados por nosotros. Ahora, Él se ha convertido en
el Salvador del mundo. Como tal, debemos creer que la puerta del
Tabernáculo en el Antiguo Testamento fue hecha tejiendo los hilos
azules, púrpura y escarlata sobre el fino lino torcido, y también
debemos creer que en el Nuevo Testamento, el Mesías nuestro Salvador
ciertamente vino a esta tierra, tomó todos los pecados del mundo
con Su bautismo, y llevó la condenación de todos los pecados sobre
la Cruz-de esta manera, debemos recibir la remisión de nuestros
pecados.
Cómo Cristiano, ¿Cuanta Atención
Estas Prestando a Su Palabra?
Éxodo 25:22 afirma, “Y de allí me declararé
a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los
dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que
yo te mandare para los hijos de Israel.” ¿Cuan cerca estas,
entonces, al evangelio del agua y el Espíritu, el evangelio de la
expiación? ¿Desde donde dijo el Señor que hablaría a aquellos de
ustedes que creen en Jesús como el Salvador? En Éxodo 25:22, Él
dijo que nos daría todos Sus mandamientos desde arriba de la cubierta
del propiciatorio del Arca del Testimonio. Al pueblo de Israel en
el Antiguo Testamento, Dios dijo que Él les hablaría acerca de todo
desde el propiciatorio.
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Debes darte cuenta que esta es la promesa de Dios
que Él guiaría sus vidas después de darte la remisión del pecado
a través de la ofrenda legal del sacrifico y convirtiéndote en Su
pueblo. Dios nos está diciendo que no importa cuantos de ustedes
que creen en el Cristianismo y traten de ser guiados por el Señor,
si tu crees en Jesús mientras que permaneces en la ignorancia de
la verdad del evangelio del agua y el Espíritu, entonces Él no puede
guiarte. Como tal, si realmente deseas ser guiado por el Señor,
primero debes conocer y aceptar la verdad de la remisión del pecado
que te ha remitido tus pecados todo de una sola vez, y entonces
esperar Su guía.
Hay una cosa que yo quiero decirte, y es que si deseas
ser hijo de Dios, y deseas ser parte de Su Iglesia, primero debes
ser remitido de tus pecados creyendo en el evangelio del agua y
el Espíritu, el misterio de los hilos azules, púrpura y escarlata.
Solo después de esto puedes también recibir los mandamientos del
Señor hablados a ti desde arriba del Arca del Testimonio.
Debemos recordar y creer que el Señor siempre comandado
y guiado nuestras vidas cuando tenemos fe en el evangelio del agua
y el Espíritu que nos ha permitido recibir la reemisión del pecado.
¿Estas ahora recibiendo las ordenes del Señor dadas a ti desde arriba
del propiciatorio? ¿O sigues al Señor basado en tus propios sentimientos?
Tus propios sentimientos y emociones no pueden construir
tu fe, sino solo guiarte a la confusión. Si deseas seguir los mandamientos
de Dios hablados a ti desde arriba del Arca del Testimonio, entonces
debes darte cuenta y creer que los hilos azules, púrpura y escarlata,
y el fino lino torcido del que se habla en el Tabernáculo son la
remisión del pecado que Dios nos ha dado.
¡Aleluya! Yo doy gracias a Dios por el bautismo del
Señor, la sangre de la Cruz, y Su poder y amor que nos ha salvado
de todos los pecados del mundo.
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