|
El Altar del Incienso
< Éxodo
30:1-10 >
“Harás asimismo un altar para quemar el
incienso; de madera de acacia lo harás. Su longitud será de un codo,
y su anchura de un codo; será cuadrado, y su altura de dos codos;
y sus cuernos serán parte del mismo. Y lo cubrirás de oro puro,
su cubierta, sus paredes en derredor y sus cuernos; y le harás en
derredor una cornisa de oro. Le harás también dos anillos de oro
debajo de su cornisa, a sus dos esquinas a ambos lados suyos, para
meter las varas con que será llevado. Harás las varas de madera
de acacia, y las cubrirás de oro. Y lo pondrás delante del velo
que está junto al arca del testimonio, delante del propiciatorio
que está sobre el testimonio, donde me encontraré contigo. Y Aarón
quemará incienso aromático sobre él; cada mañana cuando aliste las
lámparas lo quemará. Y cuando Aarón encienda las lámparas al anochecer,
quemará el incienso; rito perpetuo delante de Jehová por vuestras
generaciones. No ofreceréis sobre él incienso extraño, ni holocausto,
ni ofrenda; ni tampoco derramaréis sobre él libación. Y sobre sus
cuernos hará Aarón expiación una vez en el año con la sangre del
sacrificio por el pecado para expiación; una vez en el año hará
expiación sobre él por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová.”

El Altar del Incienso
Era un Lugar de Oración
El altar del incienso estaba hecho de madera de acacia,
y era cuadrado, medía un cubo (45 cm) en ambos lados de ancho y
de largo, y dos cubos de altura. Colocado dentro del Lugar Santo,
el altar del incienso estaba recubierto con oro en su totalidad,
con una cornisa de oro en todo su derredor. Cuatro aros de oro fueron
colocados bajo su cornisa para sostener sus varas usadas para cargarlo.
Sobre este altar del incienso, nada más sino solamente el aceite
de la unción y el incienso dulce para ser usados (Éxodo 30:22-25).
El altar del incienso era en donde estaba el incienso
de la oración que era ofrecido. Pero antes de que oremos en el altar
del incienso, primero debemos encontrar si somos aptos para orar
o no en este altar a Dios. Cualquiera que busque ser apto para orar
ante el santo Dios primero debe llegar a estar sin pecado lavando
sus pecados por fe. Para hacer eso, uno debe ser limpiado de todos
sus pecados por la fe de la ofrenda quemada y del lavamanos.
Dios no escucha las oraciones de los pecadores (Isaías
59:1-3). ¿Por qué? Debido a que Dios acepta solo a aquellos que
han sido lavados de todos sus pecados creyendo en el evangelio del
agua y el Espíritu. Dios ha lavado todos nuestros pecados por la
verdad manifestada en los hilos azules, púrpura, escarlata y el
fino lino torcido. En otras palabras, Dios sé agrada en escuchar
la oraciones solamente de los justos (salmos 34:15, 1 Pedro 3:12).
La Naturaleza y la Realidad
de Todos los Seres Humanos
Cuando observamos de cerca, vemos que todos los seres
humanos, incluidos tú y yo, fundamentalmente nacimos como una semilla
pecaminosa, y por lo tanto todos pecamos. Todos y cada uno es una
semilla de maldad. Debido a que la gente nació originalmente con
pecado, no pueden evitar hacer obras malvadas. Piensa en ti mismo,
quienquiera que seas. Podemos admitir ante Dios que hemos sido perversos
que no podíamos evitar el ser arrojados en el infierno. Por encima
de todo, cuando juzgamos nuestros actos ante Dios, llegamos a reconocer
de acuerdo a la ley de Dios que declara que la paga del pecado es
muerte, simplemente no podemos escapar de Su justo juicio por el
pecado.
Debido a que lo que sale de los corazones de los seres
humanos son solo pensamientos malvados, homicidios, adulterios,
orgullo, insensatez, y así sucesivamente, cometemos estas cosas
siempre que se nos presenta la oportunidad (Mateo 7:21-27). ¿Cómo
pueden los corazones de los seres humanos que fundamentalmente nacieron
como semillas de maldad y que no pueden evitar pecar siempre que
las circunstancias y las oportunidades se presenten, aún el no sentirnos
avergonzados ante Dios? Es imposible a través de esfuerzos hechos
por hombres. Pero solo hay una única que nos permite ser libres
de la vergüenza ante Dios, y esta aquí. Todos debemos conocer y
creer en la verdad hecha con los hilos azules, púrpura, escarlata
y el fino lino torcido, la verdad que nos capacita para ser lavados
de todos nuestros pecados y de esta manera estar delante de Dios
sin vergüenza. Como tal, todos nosotros necesitamos absolutamente
el evangelio del agua y el Espíritu.
Ninguno de nosotros puede negar el hecho que estábamos
todos destinados al infierno por nuestros pecados, solamente nos
quedaba admitir este destino. Y para aquellos que reconozcan ante
Dios que están destinados al infierno, no es tan difícil creer en
el corazón en la salvación que Dios les ha dado. Cuando estemos
frente a Dios con sinceridad y honestidad, no podremos engañosamente
esconder nuestro corazón de Él, así que llegamos a reconocer lo
justo de la justicia de Dios. Todos están posicionados en tal lugar
que no pueden evitar el ser castigados por sus pecados por el justo
juicio de Dios.
La justa ley de Dios que declara que la paga del pecado
es muerte no es una ley a la que los pecadores le puedan dar la
vuelta con sus propios pensamientos o con su fe religiosa. Debido
a que la Ley de Dios es detallada, exacta y justa, obliga a quién
quiera permanecer ante ella a admitir que él / ella está destinado
al infierno por sus pecados. Todos los pecadores llegan a darse
cuenta que no pueden escapar del juicio de Dios aún por el mas pequeño
de sus pecados.
Por lo tanto, estamos necesitados de un Salvador que
nos libere a todos del pecado, y tenemos que descubrir quién es
este Salvador. Este es Jesucristo, el Salvador de toda la humanidad.
Él es el Salvador que vino a esta tierra, quién fue bautizado por
Juan para tomar los pecados del mundo, quien llevó las iniquidades
de todos los pecadores siendo crucificado y derramando Su sangre,
quién por lo tanto nos ha salvado de todos nuestros pecados.
Todos nosotros mal interpretamos que el recibir la
remisión del pecado seria extremadamente difícil. De hecho, habíamos
pensado que podíamos ser salvos sí nos sabíamos la Biblia completamente,
o que nuestra salvación requería de alguna clase de obras buenas.
Pero la verdad de la salvación dada por Dios era diferente. Esta
verdad de la salvación abrió y mostró el camino para nosotros para
ser salvos de todos nuestros pecados examinando nuestra conciencia
ante la Ley de Dios, reconociendo todos los pecados que se encuentran
en nuestro corazón, y creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
Esta verdad tuvo su anticipada sombra en la puerta del Tabernáculo.
La remisión del pecado de la humanidad viene de la
verdad de la preciosa salvación completada a través de los hilos
azules, púrpura, escarlata y el fino lino torcido. Es por creer
en esta verdad que todos pueden recibir la remisión eterna del pecado
de una vez por todas. Para hacer eso, todos deben reconocer que
están destinados al infierno por sus pecados y creer en el evangelio
manifestado en los hilos azules, púrpura y escarlata, de esta manera
reciben la remisión del pecado de una vez por todas. El evangelio
que Dios nos ha dado es el evangelio que se encuentra en el evangelio
de verdad retenida en los hilos azules, púrpura, escarlata y en
el fino lino torcido.
Todos deben creer en este evangelio de la verdad,
ya que si no creen en la verdad retenida en este evangelio, entonces
no pueden ser libres de sus pecados. Pero aquellos que creen en
esta verdad de la salvación que Dios ha completado con el evangelio
del agua y el Espíritu son suficientemente dignos para ser salvos
de todos sus pecados y convertirse en los hijos propios de Dios.
Como tal, para llegar a ser aquellos que pueden ir ante Dios y orara
a Él. Debemos primero creer en la verdad del agua y el Espíritu,
el evangelio de la remisión del pecado. Cuando somos salvos de todos
nuestros pecados conociendo el verdadero evangelio y creyendo en
el en nuestro corazón, entonces llegamos a estar calificados para
orar a Dios. La fe que nos permite orar a Dios se obtiene creyendo
en nuestro corazón en el evangelio del agua y el Espíritu, el evangelio
de Dios.
Esta mal intentar orara a Dios sin la fe que sabe
y cree en la verdad de los hilos azules, púrpura y escarlata manifestada
en la cortina-puerta del Tabernáculo. Tal fe apunta a cometer los
pecados de blasfemia y burla en contra de Dios. ¿Cómo podemos llegar
a ser enemigos de Dios rehusándonos creer en la verdad manifestada
en el Tabernáculo con nuestro corazón?
Cuando rehúsas creer en Jesucristo quién vino por
la verdad de los hilos azules, púrpura y escarlata, es un atajo
para tener enemistad con Dios. Las almas que continúen cometiendo
el pecado de despreciar la santidad de Dios son aquellos que no
creen en la salvación que Dios ha completado para ellos, sino que
creen de acuerdo a sus propios pensamientos y de su propia opinión.
Tales almas son aquellas que, cubriéndose a sí mismos con las vestiduras
de las hojas de la higuera llamada “hipocresía” desprecian el amor
y la misericordia de Dios.
Pero debes darte cuenta que aunque esta gente puede
ser capaz de engañar su propio corazón, no puede escapar del juicio
de Dios. Aquellos con tal incredulidad serán condenados para sufrir
un terrible castigo de pecado por la justa ley de Dios. ¿Por qué?
Por que ni buscaron conocer el evangelio del agua y el Espíritu
con el cual el Señor ha borrado sus pecados, ni creen en este evangelio.
Cuándo nuestras conciencias están sucias aún ante
nuestros propios ojos, ¿cómo podemos esconder nuestros pecados del
santo Dios? ¡Esto simplemente es imposible! Cualquiera que busca
esconder sus pecados sé quedará fuera del amor y de la misericordia
de Dios. Aquellos que engañan sus propios corazones terminaran como
los malvados siervos del demonio que engañan a Dios y a sus semejantes
los seres humanos. La misma noción de que de alguna manera engañen
a Dios solo cubriéndose sus propios ojos es un reflejo de su arrogancia
que viene de sus envanecidos pensamientos. De hecho, aquellos que
confían en sus propios pensamientos son aquellos que retan el evangelio
del agua y el Espíritu, y que buscan convertirse en siervos de Satanás
por su propia voluntad.
La gente debe darse cuenta que aunque puedan ser capaces
de engañar sus propios corazones, nunca podrán engañar a Dios. Y
deben de cambiar sus mentes para creer de acuerdo con la Palabra
de Dios. ¿Cómo podría alguien lavar sus pecados sin creer en el
evangelio del agua y el Espíritu? Como está escrito que la paga
del pecado es muerte, ningún pecador que engañe su corazón ante
Dios jamás podrá escapar del juicio. Si reconocemos la Ley de Dios,
entonces es claro que todos estamos destinados al infierno por nuestros
pecados. Como tal, todos aquellos que buscan ir ante Dios deben
ser salvos creyendo en la verdad del evangelio manifestado en la
puerta del Tabernáculo.
Sin embargo, debido a muchos ha n fallado en darse
cuenta del hecho que ellos han de ser condenados por sus pecados,
también fallaron en aceptar en sus corazones el evangelio de la
salvación que ha venido por la verdad de los hilos azules, púrpura
y escarlata, y como resultado, todos se dirigen al infierno. Sin
importar si ya son Cristianos o no, aquellos que no crean en el
evangelio del agua y el Espíritu encararan el mismo castigo. Como
tal, no debemos engañar nuestras propias conciencias ante Dios,
pero cede en tu corazón al evangelio del agua y el Espíritu, y reconozcan
y crean en este evangelio de la verdad.
Debemos Lavar Nuestros Pecados
Creyendo en la Palabra de la Verdad
La gente tiene dos conciencias: una es la conciencia
de la carne, y la otra es la conciencia de la fe con respecto al
evangelio de la verdad. Debemos ser honestos a estos dos reinos,
pero de estos dos, no podemos fallar a tener, en particular, la
conciencia de fe que reconoce el evangelio de la verdad. Debemos
examinar la conciencia de nuestra fe ante la Palabra de Dios; creer
que Jesús aceptó nuestros pecados siendo bautizado, fue condenado
sobra la Cruz, y de esta manera nos ha salvado, y lavó, por esta
fe, los pecados de nuestra conciencia. Me irrita que aún cuando
esta es la verdad que posiblemente no pude ser más definitiva, aún
existe gente que no cree en el evangelio de la verdad.
Existe un orden de fe para limpiar nuestra conciencia.
Primero, debemos reconocer y confirmar el hecho que estamos destinados
al infierno, y segundo, debemos creer en nuestro corazón que nuestro
Salvador vino a esta tierra, fue bautizado por Juan por nuestros
pecados, murió sobre la Cruz, sé levantó de los muertos, y de esta
manera nos ha salvado de todos los pecados. los pecadores deben
ser salvos de sus iniquidades y recibir la vida eterna por su fe
en el evangelio del agua y el Espíritu que así está manifestada
en los hilos azules, púrpura y escarlata.
A pesar del hecho de que debemos ser salvos de nuestros
pecados, alguna gente aún no cree, aunque que conocen acerca de
la remisión del pecado completada a través de los hilos azules,
púrpura y escarlata. ¿Cómo pueden hacer esto? Seguramente, deben
ser responsables de todas las consecuencias de sus propias creencias.
Sí tan solo hubiéramos conocido la verdad manifestada en los hilos
azules, púrpura y escarlata pero no hubiésemos creído, entonces
seguiríamos en pecado, y si aún estamos en pecado, entonces ¿no
tendríamos que ser juzgados por nuestros pecados de acuerdo a la
ley de Dios? Todos y cada uno de nosotros, masculinos o femeninos,
todos teníamos que ser salvos del pecado creyendo en el corazón
en la verdad de la salvación que Dios ha completado a través de
los hilos azules, púrpura y escarlata.
La gente debe tener la clase de fe que los salva de
sus pecados. Deben de tener la fe que solamente cree en el evangelio
del agua y el Espíritu. ¿Crees en el evangelio manifestado en los
hilos azules, púrpura y escarlata, el que él Señor cargó todos nuestros
al ser bautizado y nos ha salvado con Su derramamiento de sangre
sobre la Cruz? Cuándo primero piensas en ti mismo, ¿admites el hecho
que ciertamente estabas destinado al infierno? ¿Te das cuenta que
mientras que estábamos destinados al infierno, el Señor a pesar
de todo nos salvó de nuestros pecados con la verdad manifestada
en los hilos azules, púrpura y escarlata?
Debes darte cuenta que fue para encargarse de todos
nuestros pecados que el Señor vino a esta tierra, fue bautizado
y derramó Su sangre. Para borrar tus pecados y los míos, nuestro
Señor vino a esta tierra en semejanza de hombre, aceptó de una sola
vez los pecados de toda la humanidad sobre Su propio cuerpo al ser
bautizado por Juan en el Río Jordán a la edad de 30 años, y llevó
la condenación por el pecado de una vez por todas siendo crucificado
y derramando Su sangre. De una sola vez, Dios ha remitido todos
los pecados de aquellos que creen.
Podemos ser salvos de todos nuestros pecados creyendo
en la verdad manifestada en los hilos azules, púrpura y escarlata.
Debemos examinar y confirmar si realmente hemos sido salvados de
todos nuestros pecados por esta verdad. Debemos tener la fe que
cree en Jesucristo quién vino de los hilos azules, púrpura y escarlata
como el Salvador. Como dice la Biblia, “Porque con el corazón
se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”
(Romanos 10:10). Romanos 10:17 también declara, “Así que
la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”
Esta Palabra de Cristo nos dice que somos salvos por
creer en la salvación completada en los hilos azules, púrpura y
escarlata. La remisión del pecado no es algo que se obtiene creyendo
con nuestros propios pensamientos, sino que es algo que se toma
creyendo en nuestro corazón en la salvación que ha venido por los
hilos azules, púrpura y escarlata. La fe que verdaderamente nos
puede liberar del pecado es la fe que cree en el evangelio del agua
y el Espíritu.
¿Debemos, entonces, orar a Dios poniendo nuestra fe
en esta verdad? ¡Desde luego! Siempre tenemos que dar todas las
oraciones y suplicas en el Espíritu, habiendo ceñido nuestros lomos
con la verdad (Efesios 6:14, 18). Pero entonces, ¿cuál es esta verdad?
Es el evangelio que nos dice que nuestro Señor vino
a esta tierra para salvarnos, fue bautizado por Juan el Bautista
a la edad de 30, cargó los pecados del mundo, fue crucificado en
ambos sus pies y sus manos, fue escupido, derramó Su sangre, y de
está manera ha lavado nuestros pecados. Debemos confesar que es
por nuestra fe en esta verdad que nuestra remisión del pecado ha
sido completada. Nuestro Señor nos ha salvado de nuestros pecados
siendo condenado por los pecados del mundo a través de Su bautismo
y por la sangre de la Cruz.
“Señor, Tú me amaste tanto que me convertiste en Tú
propio hijo.” Es así como debemos confesar nuestra fe. Cuando todo
lo que teníamos era tan solo pecado, nuestro Señor aun a nos ha
dado la capacidad para entrar en el Reino del Cielo borrando todos
nuestros pecados a través de Su bautismo y crucifixión. Todos debemos
creer en esta verdad y recibir la vida eterna.
¿Que razón existe para que no creas en esta verdad?
En cuanto a mí, no tendría nada que decir si el Señor no hubiese
sido bautizado para salvarme de mis pecados, y sin embargo por amor
a mí, Él de hecho fue bautizado, derramó Su sangre y de esta manera
me salvó de mis pecados. ¡Así que yo creo! No existe razón por la
que todos nosotros no creamos en este evangelio. Está claro que
si los pecadores no creen en la verdad del evangelio del agua y
el Espíritu, entonces seguramente serán arrojados en el infierno.
Pero yo quiero que todos y cada uno de ustedes sean salvos ahora
del pecado creyendo en el evangelio de los hilos azules, púrpura
y escarlata.
Hubo una vez un tiempo en que yo mismo había permanecido
como pecador aunque yo profesaba creer en Jesús. Deseando ser un
buen Cristiano, trate muy duro de no tener vergüenza bajo el Cielo.
Pero contrario a mis deseos, yo continuaba una y otra vez; la única
consolación era que cuando me comparaba a mí mismo con otros, pensaba
que por lo menos de alguna manera era mejor que ellos. Sin embargo,
mi conciencia continuaba diciéndome que yo aún tenia pecado, y ya
que la paga del pecado es muerte de acuerdo a la ley de Dios, era
alguien que estaba destinado al infierno por mis iniquidades.
Después de una década de mi vida con preocupación
y legalismo, yo estaba casi muerto espiritualmente. Sin embargo,
Dios me despertó por gracia en que Jesucristo fue bautizado por
mí y tomó mis propios pecados. No solamente tomó mis pecados, sino
todos los pecados de cada uno en todo el mundo. Entonces Él llevó
la condenación de estos pecados cargándolos a la Cruz siendo crucificado
y muriendo sobre ella, se levantó de los muertos, y de esta manera
se ha convertido en mi verdadero Salvador quién aun ahora vive.
Cuando llegue a conocer este evangelio de la verdad, no podía creer
en el. Y creyendo que Jesucristo se ha convertido en mi Dios de
la salvación a través de Su bautismo y Su derramamiento de sangre
sobre la Cruz, todos mis pecados han sido lavados. Yo he recibido
la remisión del pecado en mi corazón por fe.
No es debido a que sabía bien todo acerca de la Palabra
de Dios que yo recibí la remisión de mis pecados, sino que fui remitido
de mis pecados debido a que conocía los pecados de mi propia conciencia,
pasé estos pecados sobre Jesucristo a través de Su bautismo, y creí
en mi corazón que Jesús fue condenado sobre la Cruz para dar la
paga por mis pecados. Se debe a que recibí esta remisión del pecado
que ahora yo vivo mi vida predicando el evangelio. Tú y yo somos
iguales; no existe en realidad no hay diferencia entre nosotros.
Al igual que tú, yo también me dirigía al infierno,
y al igual que tú, yo también he recibido la remisión del pecado
creyendo en el mismo evangelio del agua y el Espíritu. Creyendo
en el evangelio con el cual el Señor ha borrado nuestros pecados,
tú y yo de igual modo, ambos, hemos sido salvados por la fe. Así
que yo doy gracias al Señor. Se debe a que de esta manera ahora
tenemos la conciencia de fe al recibir la perfecta remisión del
pecado a través del agua y el Espíritu por ello ahora somos capaces
de ir ante Dios y orar a Él como Sus propios hijos que han recibido
la remisión del pecado.
Como nos dice la Biblia que la fragancia para el altar
del incienso estaba hecha del santo aceite de la unción y del dulce
incienso, Jesús nos ha hecho limpios lavando todos nuestros pecados
con el evangelio de verdad. En la era antigua del Antiguo Testamento,
el pueblo de Israel tenía que hacer este incienso y quemarlos sobre
el altar exactamente como Dios lo ordenó. Así que dentro del Lugar
Santo, el incienso era quemado y su aroma se elevaba cada día. Este
incienso significa orar a Dios.
En la era del Nuevo Testamento, para que quemes este
incienso en el Lugar Santo, primero debes creer en el evangelio
de la verdad y recibir la remisión del pecado en tú corazón. En
otras palabras, es creyendo en el evangelio de la verdad que uno
puede quemar el incienso de la oración. ¿De que otra manera podemos
quemar el incienso en la misma manera que durante el tiempo del
Antiguo Testamento? Podemos quemar el incienso de la oración por
fe, ya que Jesucristo ha borrado nuestros pecados y nos ha salvado.
Debido a que nuestro corazón ha sido limpiado por fe cuando recibimos
la remisión del pecado, ahora podemos quemar el incienso ante Dios
con nuestras fervientes oraciones.
Creemos que por nuestra fe con todo el corazón en
el evangelio del agua y el Espíritu todos nuestros pecados fueron
pasados sobre Jesucristo, y Jesucristo vicariamente llevó la condenación
de nuestros pecados en lugar nuestro. Tú corazón y mi corazón de
está manera han llegado a estar totalmente limpios. Ya que todos
los pecados en nuestro corazón fueron pasados sobre Jesús a través
del bautismo que Jesús recibió de Juan, entonces todos tus pecados
fueron lavados y borrados de una vez por todas. Ya no queda mas
ningún pecado en tu corazón. Debido a que nuestros pecados fueron
borrados y limpiados creyendo en el evangelio, ahora podemos ir
ante el santo Dios y pedir Su ayuda. El que podamos orar a Dios
esta fundado sobre nuestra fe, el que hayamos recibido la remisión
del pecado por creer definitivamente en el evangelio, el cual ahora
es el fondo de nuestro sincero corazón.
Hermanos y hermanas, vayan ante el altar del incienso
y oren constantemente. “Padre, por favor ayúdame. Esta es la situación
en la que me encuentro, y esto es lo que necesito. Yo deseo esparcir
el verdadero evangelio y vivir en justicia. Padre yo deseo vivir
una vida virtuosa apropiada para alguien que verdaderamente ha sido
remitido del pecado. Y deseo dar los frutos de la justicia. Dame
fe en Ti. Yo deseo vivir mi vida de acuerdo a Tu voluntad.” De esta
manera, el pedir por las necesidades de uno es de lo que se trata
la oración. Es acerca de pedir la ayuda de Dios de acuerdo a Su
justicia.
Probablemente también tienes varias pasiones y deseos.
Debido a que hemos llegado a ser justos por nuestra fe en el evangelio
del agua y el Espíritu que nos ha justificado, ahora es hecho posible
que nosotros le pidamos a Dios por todas las cosas con nuestra oración.
Aquellos que son capaces de orar a Dios por Su ayuda son los dichosos.
Ahora que todos nosotros hemos recibido la remisión de nuestros
pecados creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu, no existe
duda de que todos podemos orar a Dios.
Aquellos que, por su fe en Dios y en el evangelio
del agua y el Espíritu, han recibido la remisión del pecado en sus
corazones de menos ya están calificados para acercarse al santo
Dios y solicitar Su ayuda. Y todos los creyentes nacidos de nuevo
inevitable e instintivamente vienen a orar para la ayuda del Padre
en sus vidas, al igual que un niño llora pidiendo ayuda a sus padres
cuando él / ella está en dificultades. La fe que les ha traído la
remisión del pecado no solo es la fe que les permite llamar a Dios
su Padre, sino a que además les permite orar en todo tiempo pidiendo
la ayuda del Padre como Sus propios hijos e hijas. Debido a que
Dios ciertamente se ha convertido en nuestro propio Padre por nuestra
fe, ahora estamos listos para pedir Su ayuda a través de nuestras
oraciones de acuerdo a nuestras necesidades.
Yo, desde luego, no se cómo han sido tus oraciones
personales o como han sido recibidas por Dios después que recibiste
la remisión del pecado. Pero lo que si se es que cuando oras a Dios
para capacitarnos a unirnos con Su Iglesia y esparcir el evangelio,
Él ciertamente responde nuestras oraciones. Es en este proceso es
que podemos orar por otros. Al principio, todos oran solamente por
las necesidades de su carne. Pero por la obra del Espíritu Santo,
llegamos a darnos cuenta que estamos en urgente necesidad de orar
por otros, y así llegamos a entregarnos nosotros mismos para orar
por la salvación de otras almas y al esparcimiento del evangelio
del agua y el Espíritu por todo el mundo. ¿Por qué? Porque las oraciones
de los santos nacidos de nuevo son guiadas por el Espíritu Santo.
El Seños nos ha dicho, “Mas buscad primeramente el reino
de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo
6:33).
Pero entre los nacidos de nuevo, aquellos que están
espiritualmente inmaduros no saben como orar por las cosas correctas,
ya que no han experimentado la respuesta de Dios a sus oraciones.
Esto se debe a que aun no conocen cuan poderosa es la fe en la justicia
de Dios. Aquellos de poca fe no solamente no saben sí sus oraciones
serán respondidas o no, pero más aun, están acechados por la duda.
Como tal, deben orar junto con aquellos que creyeron
antes que ellos. Aquellos cuya fe es joven dudan al orar a Dios.
Y cuando oran, entonces solo piden lo que ellos quieren –“dame,
dame, dame.” Pero si los jóvenes en la fe se unen con la Iglesia
aún sin una gran fe en Dios, aún pueden aprender lo que es la verdadera
oración, ya que sus predecesores en fe en la Iglesia están orando
por la justicia de Dios. También, debido a que el Espíritu Santo
da la fe de la oración a aquellos que están unidos con la Iglesia.
Gradualmente llegan a orar por la justicia de Dios. “La oración
eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).
Las fieles oraciones de los santos nacidos de nuevo
quienes tienen el derecho de orar a Dios valen mucho. Las oraciones
de aquellos que tienen fe en Dios ciertamente tienen respuesta de
Él. Cuando la gente ora a Dios, para que sus oraciones sean respondidas
por el Padre, Él responde sus oraciones exactamente de acuerdo a
su fe. Como tal, cuando los predecesores de la fe se reúnen y oran
por aquellos que siguen sus pasos y por la justa obra de proclamar
el evangelio, llegan a experimentar grandes maravillas. Si te unes
junto a tus predecesores de fe quienes creen en Dios, serás grandemente
ayudado no solo con la gracia de la salvación sino en otros aspectos
de la vida, Él responde nuestras oraciones. Es por eso que todos
necesitamos la fe que esta unida a la Iglesia de Dios.
Cuando oramos por las cosas que agradan a Dios, nuestra
fe se vuelve tremendamente osada. Como hijos espirituales emulando
la oración eventualmente llegan a tomar tales oraciones como suyas
y maduran, nosotros también mas adelante llegamos a orar a Dios
Padre por nuestros propios problemas. Aquellos que haciendo esto
verdaderamente creen en Dios entonces llegan a caminar por fe sobre
el camino siguiendo la verdad real. Como nos dice la Biblia que
los justos vivirán solo por fe, llegan a vivir no solamente para
sí mismos, sino para la salvación de otras almas.
¿Cómo nos ganamos la posición para orara a Dios? La
ganamos naciendo de nuevo a través de nuestra fe en el evangelio
del agua y el Espíritu dado por Dios. Es solo a aquellos que han
recibido la remisión del pecado creyendo en el evangelio del agua
y el Espíritu que la osadía de fe les es dada y que le permite a
uno a orar a Dios Padre. La fe es un regalo de Dios. Para ganar
la posición de orar es recibiendo la gran bendición de la fe de
Dios.
Entre los muchos Cristianos creyentes sobre este planeta,
¿cuánto crees que de ellos estén calificados para orara con tal
fe? ¡No muchos! Uno de los muchos regalos de Dios es, primero que
nada, que hemos llegado a tener la fe que nos ha salvado de nuestros
pecados con la verdad manifestada en los hilos azules, púrpura y
escarlata. Y lo segundo es que hemos recibido el poder y la aprobación
de orar a Dios como Sus hijos propios; y tercero, que hemos llegado
a tener la fe que nos permite vivir como obreros de Dios.
Dios No Responde las Oraciones
de los Pecadores
Algunos pecadores, aunque profesan creer en Jesús,
oran a Dios para borrar sus pecados subiendo a una montaña y gritando
el nombre del Señor incesantemente. Aún en noches frías y con viento,
suben a la montaña, cubren sus cuerpos con sabanas de plástico,
y aunque frecuentemente son temerosos, aún así oran fervientemente
con toda su devoción. Pero sus oraciones son solo huecos en el vacío
del espacio.
Aunque oran toda la noche, no tienen ninguna fe en
que Dios realmente responderá sus oraciones. La razón por la que
oran tan devotamente a pesar de esta falta de fe se debe a que oran
para lucirse ante otros, meramente como una exhibición. Sus oraciones
no son contestadas. De hecho, ellos saben en su conciencia que sus
oraciones no están llegando a Dios, ya que aun tienen pecado en
su corazón. Debido a que les falta recibir la remisión de sus pecados,
no hay respuesta a sus muchas oraciones, no importa cuanto oren,
lloren, se lamenten y griten con todas sus fuerzas, y hagan toda
clase de cosas para pedirle a Dios lo que desean.
Lo que necesitan entender es que el requisito previo
para orar a Dios se da solo cuando primeramente reciben la remisión
del pecado. Pero debido a que muchos pecadores no tienen alternativa
hasta que lleguen a conocer el evangelio del agua y el Espíritu,
no pueden evitar continuar viviendo sus vidas de fe como pecadores.
Cuando la gente no esta limpiada de una vez por todas creyendo en
su corazón en el evangelio del agua y el Espíritu dado por el Señor,
entonces sus oraciones son de hecho en vano. Siempre que los pecadores
tratan de orar a Dios, sus conciencias gritan, “¿Crees que tus oraciones
llegaran a Dios? ¡Sigue soñando! ¡Todas son en vano!” Así que mientras
siguen orando a Dios, “Dame esto, dame lo otro,” sus oraciones ciertamente
son infructuosas.
“Antes de que ores a Mí, primero recibe la remisión
del pecado.” Esta es la voluntad de Dios. Cuando aquellos que no
han recibido la remisión del pecado oran a Dios, se dan cuenta de
su experiencia que sus conciencias no consienten con su razón. Cuando
los pecadores oran, continúan diciendo, “Dame esto, Señor, y también
dame eso,” pero no hay respuesta a sus oraciones. Lejos de eso,
sus conciencias solo les dicen, “¡No hay manera! ¡Tus oraciones
se van sin respuesta, debido a que estas lleno de pecado!” Cuándo
aun en sus propias conciencias los pecadores no pueden tolerar su
fe, ¿cómo es posible que puedan engañar a Dios, cómo pueden ser
aprobados por Él y cómo pueden sus oraciones ser respondidas? Los
pecadores simplemente no califican para orar a Dios. Lejos de eso,
aún sus propios corazones desconfían de sus oraciones.
Nuestras Oraciones Comienzan
a Ser Respondidas Cuando Somos Justificados por la Fe
Pero las oraciones de muchos que fueron pecadores
antes comienzan a ser respondidas una vez que reciben la remisión
de sus pecados creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu manifestado
en los hilos azules, púrpura y escarlata del Tabernáculo. Aquellos
que creen en el evangelio del agua y el Espíritu en el centro de
su corazón pueden ser insuficientes por su cuenta propia, pero pueden
ir ante Dios por fe, y por fe pueden orar con osadía a Él, pidiéndolo
por sus necesidades. Cuando aquellos que han recibido la remisión
del pecado por fe oran a Dios de acuerdo a Su voluntad, entonces
llegan a orar intrépidamente.
Pero cuando están orando para su propia carne, en
ocasiones se sienten indignos. Nosotros los justos somos los más
felices cuando oramos para que se esparza el evangelio del agua
y el Espíritu, por las almas de otros. Cuando oramos por un dinámico
esparcimiento del evangelio, sin estar atrapados por ningún estorbo
de la carne, entonces podemos vencer cualquier obstáculo de nuestras
limitaciones a través de las oraciones de fe. Pero en ocasiones,
nos sentimos frustrados cuando somos incapaces de vencer tales obstáculos
por fe. En tiempos como esos, todo lo que podemos hacer es orar,
y creer que Dios responderá eventualmente. Y con toda seguridad,
con el tiempo damos testimonio que esta oración es respondida por
Dios.
Lo que debemos hacer es orar y esperar, no preguntarnos
impacientemente el porque nuestras oraciones no son respondidas
inmediatamente. Dios quiere que oremos por fe, y creemos que si
nuestras oraciones están en armonía con la voluntad de Dios, entonces
Él las responderá cuando llegue el tiempo. Y cuando recibimos la
remisión del pecado por fe, y cuando oramos por fe en nuestras vidas,
entonces veremos de primera mano la experiencia de que muchas de
nuestras oraciones son ciertamente contestadas.
Pero, ¿has vivido por fe de esta manera? Si es así,
entonces verdaderamente puedes orar a Dios. Cuando nos examinamos
nosotros mismo una vez mas, nos damos cuenta que estábamos destinados
al infierno, también nos damos cuenta una vez mas que podemos estar
calificados para orar solo recibiendo la remisión del pecado a través
de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Como tal,
debemos recordar con toda seguridad que aquellos que pueden orar
son aquellos que han recibido la remisión del pecado creyendo que
el Señor ha borrado todos los pecados de todo el tiempo de sus vidas
con el evangelio del agua y el Espíritu.
Entre aquellos que no han nacido de nuevo, existen
muchos que se sienten orgullosos de sí mismos. ¿Y tú? ¿Tienes algo
de que enorgullecerte? ¿Son fuertes tus brazos? ¿Son fuertes tus
piernas? No importa cuan fuertes puedan ser nuestros cuerpos, ni
siquiera aguantan virus comunes de gripa, ni pueden resistir durante
mucho tiempo ninguna fuerza física marginalmente, mostrando su verdadera
debilidad. ¿Puedes darte cuenta cuan débiles son los seres humanos?
Podemos morir por una mordedura de mosquito, o caer muertos por
una roca que nos cae mientras caminamos. No somos nada. Si alguien
expresa una sola frase que hiere nuestro orgullo, nuestros corazones
pueden ser heridos tanto que quedamos medio muertos. ¿No es este
el caso? ¡Claro que lo es!
¿Cuanta gente muere antes de llegar a los 60? Existe
un incontable numero de personas que muere aun antes de llegar a
los 30. Tales seres débiles no son ni más ni menos que los seres
humanos. La fuerza eterna de los seres humanos no puede hallarse
por ninguna parte. ¿Acaso tales seres tan débiles, entonces, se
endurecen solo en su corazón y no creen en la Palabra de Dios en
el centro de su corazón? No teniendo nada de que sentirse orgullos,
ni el pretender ser fuertes para algo –esto es lo que son los seres
humanos.
Como tal, debemos darnos cuenta de nuestras propias
debilidades, reconocer nuestras deficiencias y pecados, creer en
el evangelio de verdad completado con los hilos azules, púrpura
y escarlata en nuestro corazo, y de esta manera ganar la calificación
para orara a Dios. Debemos tener fe en Dios. Para tener esta fe
que agrada a Dios en el centro del corazón, la gente primero debe
creer en el evangelio del agua y el Espíritu, pero existen muchos
que aun no creen en el. ¿Podrías haber ganado el derecho de orar
a Dios por otro evangelio aparte de este evangelio del agua y el
Espíritu? ¿Podrían tus pecados haber sido borrados si Jesús, al
venir a esta tierra, no hubiese tomado tus pecados al ser bautizado
por ti? ¿Podrías haber pasado tus pecados del corazón sobre Jesús
y lavarlos sin creer en el bautismo que Jesús recibió?
¡La respuesta es no, no, y absolutamente no! Se debe
a que Jesús cargó los pecados del mundo con el bautismo recibido
de Juan, que fue crucificado y llevó la condenación de todos los
pecados con Su propia sangre. ¿Puedes entonces ser salvo sin el
bautismo de Jesús y la Cruz? ¡Claro que no! El que Jesús fuese bautizado
fue para tomar nuestros pecados de una vez por todas y para lavarlos,
para limpiar nuestros pecados. Y el que fuera crucificado fue para
llevar el castigo de nuestros pecados. Es por creer en esta verdad
del evangelio del agua y el Espíritu que hemos sido remitidos de
todos nuestros pecados.
Así, podemos ir ante Dios en cualquier momento y confesar
atrevidamente, “Señor, soy insuficiente, pero debido a que Tú me
has salvado con Tú agua y sangre, ahora yo estoy limpio. Tú viniste
a esta tierra, de una sola vez tomaste mis pecados siendo bautizado,
cargaste estos pecados del mundo a la Cruz. Fuiste castigado por
ellos y te levantaste de entre los muertos, y por hacer esto, Señor,
Tú realmente has llegado a ser el Dios de la salvación. Es con mi
fe en esta verdad que yo creo en Ti.” Cuando guardamos nuestra fe,
en otras palabras, siempre podremos ir a Dios y orar a Él a pesar
de nuestras deficiencias. Podemos orar por la expansión de Su Reino,
podemos orar por nuestros hermanos y hermanas, y podemos orar por
las otras almas que están por recibir la remisión del pecado.
Es solo cuando la gente cree en el evangelio del agua
y el Espíritu que siempre podrán estar sin ninguna vergüenza bajo
los cielos. Pero el no tener esta fe en el evangelio del agua y
el Espíritu, alguna gente tratará de llenar el vacío con algo mas
–debes darte cuenta que tales esfuerzos son completamente vanos.
Es por eso que sus corazones están atormentados y estresados, convirtiendo
sus vidas en miseria. Ya sea en la verdad o en la mentira, todos
quieren creer en algo. Considérense ustedes mismos.
Examínense ustedes mismos para ver si realmente creen
en el Señor con la fe que cree en el evangelio del agua y el Espíritu,
o si no crees en este evangelio del agua y el Espíritu. El Señor
ha borrado tus pecados con el agua y con la sangre –si crees en
esto, entonces, ¿existirá pecado en tu corazón? Si realmente crees,
en el fondo de tu corazón y de tu espíritu, en este evangelio del
agua y el Espíritu, entonces seguramente no existe ningún pecado,
con la fe de todo tu corazón en esta verdad, recibe la verdadera
remisión de todos tus pecados ahora.
Debido a que Dios nos ha dado nuestra remisión del
pecado a través de la verdad manifestada en los hilos azules, púrpura,
escarlata y el fino lino torcido, ahora hemos recibido esta eterna
remisión del pecado. Y debido a esto, aquellos que creen en esta
verdad han llegado a ser hijos propios de Dios, vestidos en la gracia
que les permite venir ante Él. Por lo tanto, tenemos que amarnos
los unos a los otros, entender las deficiencias los unos de los
otros, servir a la obra del Señor hasta el final, y entonces ir
a Él y permanecer ante Su presencia.
| ¿Desea
saber más acerca del Tabernáculo? Por favor haga
clic en el banner de abajo para obtener su libro gratis sobre
el Tabernáculo |
 |
Aquellos que han recibido la remisión del pecado aman
a todos los pecadores. Los corazones de los justos desean que cada
pecador conozca la verdad manifestada en los hilos azules, púrpura
y escarlata y que nazcan de nuevo. Pero existe cierta clase de gente
que ciertamente no puede amar a la gente. Este es el pecador obstinado
–los Cristianos que engañan sus propias conciencias de fe y se mienten
a sí mismos pensando que creen en Dios aunque permanecen en pecado.
Creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu y
recibiendo la remisión del pecado en nuestro corazón, todos debemos
defender nuestras conciencias de fe. Corramos nuestra carrera bien
hasta el final, guardando nuestras conciencias de fe y no perdiéndola.
Y cuan parezca que alguien esté atravesando un tiempo espiritual
difícil, entonces ayúdense los unos a los otros y tómense los unos
de los otros fuertemente. No importa lo que pase, los justos no
deben abandonar la Iglesia. Si los justos abandonan la Iglesia de
Dios, morirán inmediatamente, dejar la Iglesia de Dios es como perder
tu propia casa. Perder tu casa es como perder tu refugio, y así
tu corazón no encontrara descanso ni comodidad en ningún lado, y
morirás al final.
La Iglesia de Dios es un lugar en donde Sus ovejas
son alimentadas, se les descanso y liberación. Como tal, cuando
las ovejas pierden su fuerza y llegan a cansarse, la Iglesia de
Dios ayuda sus corazones para que sean fortalecidos escuchando la
Palabra. Cuando aceptes la Palabra creyéndola en tu corazón, entonces
el Espíritu Santo en ti sé regocijara, sus corazones también serán
fortalecidos, y, como resultado final, recibirás la vida eterna.
Todos nosotros los justos damos gracias a Dios. Agradecemos
al Señor, ye que para calificarnos para orar, Él nos ha dado el
evangelio del agua y el Espíritu. ¡Aleluya! Yo oro al Dios vivo
que nos permita confiar en Él y vivir por fe.
Regreso
a la Lista
|