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【Capítulo 12-2】 < Apocalipsis 12:1-17 > Abraza Tú Martirio con Una fe Atrevida



< Apocalipsis 12:1-17 >


El capitulo 12 nos muestra como la Iglesia de Dios encarará sus tribulaciones de los últimos tiempos. El versículo 1 dice, “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.” “Una mujer vestida del sol” aquí se refiere a la Iglesia de Dios sobre la tierra, y la frase “y con la luna debajo de sus pies” significa que la Iglesia de Dios aún está balo el gobierno del mundo. Esto nos dice que la Iglesia de Dios en esta tierra, y los santos que le pertenecen, glorificaran a Dios siendo martirizados.

La frase “y sobre su cabeza una corona de doce estrellas,” muestra que la Iglesia peleará contra Satanás en los tiempos finales y será martirizada por fe. Como nos dice la Palabra de Dios, la Iglesia de Dios ciertamente triunfará. Aunque Satanás, para destruir nuestra fe, nos amenaza de muchas maneras, nos hace sufrir, y eventualmente aún demandará nuestras vidas, aún así defendemos nuestra fe y seremos martirizados en justicia. Esta es la victoria en fe.

En el primer periodo de la Iglesia Primitiva, muchos santos que nos precedieron también fueron martirizados. Este martirio no viene por nuestra propia fuerza, sino por el Espíritu Santo que habita en nuestros corazones.

De la frase “una mujer vestida del sol,” la “mujer” aquí se refiere a la Iglesia de Dios y que esta “vestida con el sol” significa que la Iglesia será duramente perseguida. Aún en medio de las temibles tribulaciones y plagas de los tiempos finales, los salvos defenderán su fe con firmeza y nunca se rendirán a Satanás. ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo en sus corazones hará que estén de pie y peleen contra Satanás, y les dará la fe que nunca se rinde a ninguna amenaza o persecución aún a costa de sus vidas.

También, aquellos que han puesto su esperanza en el Reino del Cielo creen en la Palabra de Dios que les dice que las plagas de las siete trompetas terminarán pronto y seguirán las plagas de los siete tazones que eliminaran la tierra, ellos nunca se rinden ante Satanás.

Aquellos que saben y creen que no les espera un mejor mundo si se rinden a Satanás nunca se doblegaran ante él. Las plagas de los siete tazones que serán derramadas sobre el Anticristo y sus seguidores los devorarán sin descanso y sin misericordia. Los santos que saben todo acerca de estas plagas, el 100% de ellos, nunca arrojará su fe debido a las amenazas, ya que el Espíritu Santo obrara en sus corazones. El Espíritu Santo que mora en nosotros nos dará la fuerza para permanecer firmes en contra de Satanás, vencerle y ser martirizados.

Cuando pase la plaga de la cuarta trompeta y las plagas de la quinta y sexta trompeta lleguen, el “martirio” vendrá a nosotros. Aquellos que defiendan su fe y sean martirizados son solo los que han nacido de nuevo por el agua y el Espíritu. Cuando desciendan las plagas de las siete trompetas, el Anticristo tendrá autoridad, permitida por Dios, temporalmente sobre el mundo.

Sabiendo que su autoridad solo durará un momento, el siervo de Satanás, el Anticristo, perseguirá a aquellos que sirven a Jesucristo como su Señor, para que él pueda tomar a tanta gente como sea posible al infierno. Pero aquellos que pasado todos sus pecados sobre Jesús a través de Su bautismo no se rendirán ante la persecución del Anticristo, sino con firmeza defienden el evangelio dado por Jesucristo y serán martirizados.

Así que el martirio es la evidencia de la fe. Aquellos que tienen esta evidencia tendrán el Reino del Milenio, y el Cielo y la Tierra Nuevos preparados por el Señor. esto se aplica a todos aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu esparcido por todo el mundo. La Biblia nos dice que casi todos los santos nacidos de nuevo serán martirizados durante estos últimos tiempos.

Pero aquellos que, queriendo evitar el martirio, abandonan su fe del agua y el Espíritu, se ponen del lado del Anticristo, lo sirven y lo adoran a él como si fuera Dios, morirán por las plagas de los siete tazones y por las manos del mismo Anticristo. Su muerte nunca constituirá su martirio, sino una muerte inútil y vana. Cuando Satanás y el Anticristo sean arrojados al infierno, esta gente caerá juntamente con ellos.

Traicionando a Jesucristo para evitar su martirio y aminorar la aflicción de las tribulaciones, aunque sea un poco, será la cosa más necia que podamos hacer. Cuando las plagas de las siete trompetas terminen y aquellos que han defendido su fe sean martirizados, las plagas de los siete tazones arrasarán pronto toda esta tierra, dejando pocos sobrevivientes. Lo que es claro es que aquellos que han recibido la remisión del pecado ciertamente serán martirizados, y que para que nosotros no traicionemos a nuestro Señor en este momento de martirio, debemos preparar nuestra fe ahora creyendo con el conocimiento apropiado de los tiempos finales y con el entendimiento correcto de la Palabra.

Hemos recibido la remisión de nuestros pecados, y cuando seamos martirizados, experimentaremos un gozo que hasta entonces no hemos conocido, ya que Dios nos fortalecerá. Que nuestra fe sea claramente puesta en nuestros corazones por que tú y yo estamos destinados a ser martirizados para el Señor. Cuando pase este momento del martirio, Dios ciertamente nos dará nuestra resurrección y rapto, permitirá que seamos glorificados en el Reino del Milenio, nos dará Su Cielo y Tierra Nuevos, y hará que reinemos y nos permitirá vivir en riqueza por siempre –si con firmeza creemos en estas cosas, nuestro mismo sufrimiento será transformado en nuestro gozo.

El Apóstol Pablo dijo, “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Romanos 8:18). Mientras servia al evangelio, Pablo sufría enormemente, golpeado hasta casi morir en más de una ocasión. Pero creyendo que este sufrimiento era para la gloria de Dios, el dolor de Pablo se convirtió en su tremendo gozo. Y de acuerdo a lo escrito en la historia y en las costumbres, casi todos los apóstoles, incluyendo a Pablo, fueron martirizados. Se dice que Pedro fue crucificado bocabajo en una Colina del Vaticano. Y los primero lideres de la Iglesia, incluyendo a Policarpo, y muchos otros santos cantaban alabanzas a Dios aún mientras eran quemados sobre una estaca. Tales cosas no habrían sido posibles si Dios no hubiese fortalecido a Sus santos.

Aún mientras había tales santos fieles en ese tiempo, existieron también aquellos que traicionaron su fe. Origen, un teólogo, quién es altamente reconocido entre los teólogos de la actualidad, fue alguien que oyó el evangelio directamente de los apóstoles., sin embargo cuando el tiempo de su martirio llegó, se escapo, su vida le fue dada mientras sus santos compañeros fueron martirizados. Esto no habría sido posible si no hubiese negado todo lo que Jesús había hecho por él. Origen así fue el representante de aquellos que niegan la divinidad de Jesús. Pero a pesar de su traición, los teólogos de la actualidad lo colocan muy en alto entre los más reconocidos teólogos.

¿por qué Origen escapó el martirio mientras que los otros santos lo abrazaron? No fue porque el poder de voluntad de Origen fuese débil mientras que el de los otros santos era fuerte. Los santos que fueron martirizados mientras alababan a Dios lo hicieron porque ellos creían en lo que Pablo había dicho–esto es, “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” En otras palabras, ellos podían llevar su sufrimiento actual porque creían en la Palabra de Dios de la promesa de que Él los resucitaría, los raptaría y les daría Su Reino del Milenio.

Debemos darnos cuenta claramente que el martirio vendrá a nosotros. Aquellos que viven sus vidas de fe con un conocimiento claro de este hecho son diferentes de los demás. Aquellos que creen que la imagen de los santos martirizados del periodo de la Iglesia Primitiva es su propia imagen pueden tener una vida de fe que es fuerte, digna y osada, ya que toda la Palabra de la Biblia será su propia historia. Siempre viven con la fe que puede abrazar el martirio–esto es, viven creyendo siempre que después de su martirio, Dios les dará su resurrección y rapto, y el Cielo y la Tierra Nuevos que Él planeo y preparó para ellos de antemano.

Aquellos que creen en esto siempre pueden vivir una vida osada de fe, ya que saben que su fe los prepara para su final, cuando sean capaces de morir alabando a Dios. Y debido a que esto no es un simple asunto doctrinal, sino de fe real, aquellos que no crean totalmente en esta Palabra y en el evangelio serán los primeros en vendernos al Anticristo. Es por eso que una vez que tú y yo nos damos cuenta que vamos a ser martirizados, nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia de Dios, que tienen la misma fe que nosotros y que estarán con nosotros por siempre, son muy importantes para nosotros. Los siervos de Dios, Su pueblo y Su Iglesia–todos son preciosos para nosotros también.

Los santos del periodo de la Iglesia Primitiva tenían una fe que era aun más profunda que la de nosotros que vivimos ahora en los tiempos finales. Ellos creían en su martirio, en que venía su resurrección y rapto, y en el Reino del Milenio, así como en la Tierra y Cielo Nuevos. Es por eso que ellos vivían sus vidas de fe como si estuvieran viviendo en el tiempo de la Gran Tribulación, como si el regreso del Señor fuera inminente. Así que cuando nosotros, que vivimos en la era de la inminente llegada del tiempo de la Gran Tribulación leemos acerca de ellos, sus historias nos parecen más reales y vividas, ya que ellos también, conocían y creían en toda la Palabra de Dios sobre la Tribulación, martirio, resurrección y rapto.

Debido a que vivimos nuestras vidas con los tiempos finales acercándose a nosotros ante nuestros propios ojos, debemos preparar nuestra fe para el martirio fuertemente en nuestros corazones. Satanás retará a quienquiera que crea en el agua y en la sangre de Cristo, tratando de derribar su fe. Para no rendirse a este reto de Satanás, debemos llevar el evangelio del agua y el Espíritu a nuestros corazones, reexaminar su fuerza una vez más con nuestra esperanza en el Cielo y la Tierra Nuevos, y asegurarnos que esta fe nuestra no se pierda hasta el momento mismo de nuestro martirio.

La razón por la que los santos del periodo de la Iglesia Primitiva defendían su fe desesperadamente es porque ellos también habían conocido y creído en toda la Palabra de la Escritura sobre la Tribulación, el martirio, la resurrección y rapto. Tú y yo, también, seremos martirizados. Yo moriré, y tú también –todos moriremos por defender nuestra fe. Tal vez yo sea el primero en ser arrastrado y asesinado, esto por si mismo puede parecer un prospecto atemorizante, pero al final, no tenemos nada que temer, ya que la conclusión lógica de evitar el martirio seria el negar nuestra fe, algo que absolutamente no podemos hacer. 

Después de todo, Dios será glorificado a través de nuestro martirio, y Él ha puesto esto como nuestro destino. Así que esto es algo por lo que tenemos que atravesar por lo menos una vez. Ya que no podemos evitar, ni escapar el pasar por ello, en lugar de eso corramos hacia ello con toda la fuerza y saltémoslo atrevidamente. Tenemos la autoridad del Rey que nadie más tiene, y también tenemos esperanza en las bendiciones eternas. Así que, siempre podremos orar a Dios para que nos fortalezca, y darle más gloria a Él. Creyendo sin temer en nuestro martirio, recibiremos un gozo aún mayor. Esto es de gran gloria para Dios, y una gran bendición para nosotros.

Dios escribió el Libro del Apocalipsis para hablarnos acerca del martirio de los santos, su resurrección y rapto, el Reino del Milenio, y el Cielo y la Tierra Nuevos. Así que, conociendo el Apocalipsis es lo mismo que tener una fe definitiva en este declinante mundo. El camino al Cielo y la Tierra Nuevos no puede ser recorrido sin el evangelio del agua y el Espíritu. Y esta fe no puede ser confirmada sin pasar a través del martirio. Por lo tanto, yo espero y oro que ataras fuertemente tu fe en tu corazón, creyendo que no traicionaras el evangelio sino que serás martirizado cuando el tiempo llegue, y mires hacia delante con tu fe. Tu vida de fe entonces cambiara drásticamente partir de ese momento.

No moriremos en vano, atrapados en las garras de Satanás. Siguiendo la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones, moriremos para defender nuestra fe. Este es el mismo martirio. El día de nuestro martirio ciertamente vendrá. Pero no tememos, ya que sabemos que aunque nuestros cuerpos serán asesinados por Satanás, Dios nos hará vivir nuevamente en cuerpos gloriosos. También sabemos que nuestro martirio será seguido rápidamente por nuestra resurrección y rapto, y todo lo que nos espera a partir de ese momento es la bendición de vivir en el Reino del Milenio y de reinar eternamente en el Cielo.

Hace mucho tiempo, el Emperador Romano Nerón incendio Roma para reconstruir la ciudad. Cuando los ciudadanos Romanos se enfurecieron por esto, él culpó a los Cristianos del incendio y los masacró indiscriminadamente. De la misma manera, cuando los desastres naturales golpeen al mundo durante la Gran Tribulación, el Anticristo nos culpará a nosotros los santos de todas las plagas, nos acusará falsamente y nos asesinará.

Así que debemos orar a Dios a partir de ahora, para que nos de la fe del martirio, la fe con la cual podremos morir. Si no abandonamos nuestra fe y somos martirizados, la gloria de Dios aparecerá. Pero si abandonamos nuestra fe, nos rendimos al Anticristo y lo aceptamos como a Dios, seremos arrojados al fuego eterno. En otras palabras, si oramos a Dios por la fe con la cual podamos vencer al Anticristo, nuestro Señor nos dará la fuerza y el poder, pero si no ponemos firmeza en nuestros corazones y traicionamos nuestra fe, Él solo tendrá el infierno para dárnoslo.

Permíteme contarte una pequeña historia de la Guerra de Corea. Las tropas de Corea del Norte llegaron a una cierta iglesia en el lado Sur del campo, donde un diacono llamado Chudal Bae estaba como encargado. Viendo que el patio de la iglesia estaba sucio, un soldado invasor le dijo al diacono que lo limpiara. Pero este diacono se rehusó a hacerlo, diciendo que tenía que guardar santo el día del Señor. Los soldados, impacientándose, amenazaron matarlo ante toda la congregación si no limpiaba el patio. Pero el diacono continuo rehusándose, diciendo que él tenía que defender su fe, eventualmente lo mataron. Con el tiempo, algunos Cristianos le llamaron a esto martirio, pero esto no fue martirio. ¿Por qué? Porque el martirio es morir por la obra justa –esto es, revelar la gloria de Dios. El morir por la necedad de uno mismo usando como pretexto a Dios esta muy alejado de constituir el martirio.

¿Podemos arrojar el amor de la salvación que Dios nos ha dado? Debido a nuestras manchas y pecados, Jesucristo tomó todos nuestros pecados sobre Si Mismo con Su bautismo y fue crucificado a muerte, si no podemos rendir nuestra total devoción a este amor a muerte de nuestro Señor, mucho menos podremos deshacernos del evangelio que nos da el Cielo y la Tierra Nuevos por amor a la carne que simplemente desaparecerá con nuestra muerte. Nacimos en este mundo destinados a ser salvos, a predicar el evangelio de la salvación a todo el mundo sobre esta tierra, y a morir mientras predicamos. No te olvides que la fe de los santos que han recibido la remisión del pecado, esto es, nuestro propio destino es el vivir por fe y ser martirizados para vencer el reto de fe de Satanás por amor a la gloria que Dios nos concederá.

Tenemos tantas limitaciones y estamos tan llenos de manchas que no podemos dar gloria a Dios con nada. Para la gente como nosotros, Dios nos ha dado la oportunidad de dar una gran gloria al Señor, y esto no es otra cosa que nuestro martirio. No lo evites. Creamos en Dios quien suavizará el tiempo de la Tribulación si se lo pedimos, y tomándonos de nuestra esperanza por la herencia del Cielo y la Tierra Nuevos, venzamos nuestros sufrimiento temporal que pasara muy rápido. Vivamos creyendo que el Señor no permitirá un sufrimiento muy grande a aquellos que han vivido fielmente para Él, ni permitirá que nada haga que traicionen su fe, sino que Él nos protegerá y nos concederá una gracia mayor y más abundante.

Dándonos cuenta que seremos martirizados, necesitamos la experiencia de encarar tribulaciones, perseverando a través del sufrimiento y trabajando para el Señor. A través de tales cosas, creceremos en fe a través de la experiencia de caminar con el Señor, y cuando el tiempo final llegue, seremos capaces de encarar nuestro martirio con la fuerza dada por el Señor. Si permanecemos sin tener ninguna experiencia de sufrir por el Señor, de la devoción a Él, o del trabajo y sacrificio para Él, el temor nos sobrecogerá cuando llegue el tiempo de nuestro martirio con la llegada de la Gran Tribulación. Solo aquellos que han sufrido y vencido el dolor antes, podrán golpear su sufrimiento una vez más.

Yo oro a Dios porque tu vida de fe sea aquella que sufre por el Señor y que vence sobre todo, y que cuando el momento del martirio llegue, tú también estés entre los fieles que pueden recordarle a sus corazón y que confiesen con sus labios que todas estas cosas son su propia gloria permitida a través de las bendiciones y gracia de Dios.

Si tú desesperadamente deseas tomar el reino del Cielo con tu fe, el Cielo y la Tierra Nuevos seguramente serán tuyos. Dios desea que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4).