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【Capítulo 20-2】 < Apocalipsis 20:1-15 > ¿Cómo Podemos Pasar de Muerte a Vida?



< Apocalipsis 20:1-15 >


Dios nos dice que cuando Él haga desaparecer este mundo y nos de en vez de eso el Cielo y la Tierra Nuevos, Él resucitará a cada pecador que haya vivido antes en esta tierra y haya estado durmiendo en su tumba. Aquí el versículo 13 dice, “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos.” El cuerpo de un hombre que se ahoga en el mar es muy seguro que sea comido por los peces, mientras que uno que se queme hasta morir, virtualmente no dejará ninguna forma para reconocerle. Sin embargo la Biblia nos dice aquí que cuando lleguen los tiempos finales, Dios los resucitará a todos a la vida y los juzgará para enviarlos al Cielo o al infierno, sin importar si fueron tragados por Satanás, asesinados por el Hades o quemados a muerte.

Ante Dios está el Libro de la Vida, en el cual están escritos los nombres de aquellos que entraran en el eterno Reino del Cielo. También está el Libro de las Obras, el cual tiene los nombres y pecados de todos aquellos que serán arrojados en el infierno. En este Libro de las Obras están escritos todos los pecados que uno ha cometido mientras vivió sobre esta tierra. Todas estas cosas han sido determinadas por Dios en Su providencia.



El Señor Tiene Dos Clases de Libros


Dios ya ha clasificado a la gente en dos categorías mutuamente exclusivas de acuerdo a Su propio y justo criterio. Ha sido determinado por Dios que todos los muertos sean resucitados, y entonces se presenten ante Sus dos libros y que sean juzgados. En el Libro de la Vida están escritos solo los nombres de aquellos que han creído en Jesús mientras estaban en esta tierra, recibieron la remisión de sus pecados, y así está determinado que entren al Cielo. Por lo tanto, el juicio final de Dios depende de en cual de los dos libros esté escrito el nombre de uno. En otras palabras, Dios ya ha dispuesto quién entrará al Cielo y quién será arrojado al infierno.

Por lo tanto, Dios levantará a todos los muertos para que vivan de nuevo, abrirá Sus Libros, y verá en cual de los dos libros están escritos sus nombres. Entonces, Él enviará a aquellos cuyos nombres están escritos en el Libro de la Vida al Cielo, pero aquellos cuyos nombres no están escritos en este Libro de la Vida, en contraste, en lugar de eso serán arrojados en el infierno. Debemos asegurarnos de saber y creer en estos hechos establecidos determinados por Dios.

Para decidir quién será enviado al Cielo y quién será enviado al infierno, Dios resucitará a todos los muertos y los juzgará. Ha sido decidido por Dios que Él juzgará de acuerdo a si sus nombres están escritos en el Libro de la Vida o en el Libro de las Obras (los Libros del Juicio).

Existen dos lugares que Dios ya ha establecido para todos los que estarán ante Él. No son ni más ni menos que el Cielo y el infierno. El infierno es el lago de fuego en donde hay ardientes flamas y azufre. Dios ha determinado que aquellos cuyos nombres no estén escritos en el Libro de la Vida sean arrojados en el lago de fuego, mientras que aquellos cuyos nombres estén escritos en este Libro de la Vida serán bienvenidos en el Cielo.

En el Cielo, el Árbol de la Vida se encuentra cerca del río del agua de vida, que da 12 frutos diferentes de acuerdo a cada temporada. En este hermoso Cielo, los santos no tendrán ni enfermedad ni dolor, sino que vivirán felizmente por siempre con Dios. Debemos creer en el hecho que Dios ha decidido dar este Cielo a los santos.

Por otro lado, aquellos que no creen en Jesús tienen sus nombres escritos en el Libros de la Obras. Debido a que todas las obras que los pecadores han cometido mientras estaban en esta tierra están escritas en estos Libros, Dios nos dice que Él los arrojará a todos en el lago del fuego, para castigarlos por sus pecados grabados en este Libro, y pos su pecado de no creer en Jesús. Lo que es de suma importancia aquí es en cual Libro están escritos tú nombre y mi nombre.

Mientras vivamos en este mundo, debemos darnos cuenta que la vida sobre esta tierra no es todo lo que existe. Como nos dice el Salmo 90:10, “Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos.” Aún si fuéramos a vivir 70 u 80 años, tarde o temprano todos estaremos ante Dios. Y entonces cuando finalmente estemos ante nuestro Señor, todo lo que importará es en cual Libro están escritos nuestros nombres, ya sea en el Libro de la Vida o en el Libro de las Obras (los Libros del Juicio), ya que esto determinará si somos bienvenidos en el Cielo o arrojados en el lago de fuego. Debemos llegar a reconocer que la vida sobre esta tierra no lo es todo.



Aquellos Cuyos Nombres Están Escritos en el Libro de la Vida


Veamos Lucas 16:19-26: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.”

Con este pasaje, Jesús nos enseña que el Cielo y el infierno ciertamente existen. Como el hombre rico en este pasaje, mucha gente no cree en la existencia del Cielo y el infierno. Abraham es el padre de la fe. Cuando aquí dice que el mendigo Lázaro fue llevado al seno de Abraham, significa que, así como Abraham creyó en la Palabra de Dios, Lázaro también creyó en Jesús como su Salvador, recibió la remisión de sus pecados, y por lo tanto fue al Cielo. Mientras vivimos en este mundo, todos necesitamos contemplar y meditar acerca de los destinos de Lázaro y del hombre rico.

Dios nos dice a todos en este mundo, la vida sobre esta tierra para nada lo es todo. No importa con cuanta labor uno haya vivido sobre esta tierra, no solamente no será capaz de vivir 70 u 80 años cuando mucho, sino que además todo lo que quedará de él / ella será solo labor y tristeza.

Por lo tanto, al vivir nuestras vidas todos debemos prepararnos para el más allá. Y también debemos pasar nuestra fe a nuestros hijos, para que ellos, también, puedan ir al buen lugar. ¿Cuan trágico será para un hombre, habiendo vivido su vida sobre esta tierra, que finalmente esté frente a Dios solo para ser juzgado por Él y sea arrojado en el lago de fuego?

Ningún hombre puede cambiar lo que ha sido decidido por Dios, el que todos aquellos cuyos nombres estén escritos en el Libro de las Obras serán arrojados en el lago de fuego. Entonces, solo existe un camino para que nosotros evitemos el lago de fuego, y este camino es el de asegurarnos que nuestros nombres estén escritos en el Libro de la Vida. Para escapar del lago de fuego, no existe otro camino que el de tener nuestros nombres escritos en el Libro de la Vida.

Entonces, ¿cómo pueden nuestros nombres estar escritos en este Libro de la Vida? Así como Lázaro fue enviado al seno de Abraham, así nosotros debemos recibir la remisión de nuestros pecados conociendo y creyendo en el justo acto de Dios (Romanos 5:18) a través de Su Palabra. Solo entonces podremos entrar al Cielo. Para que nuestros nombres estén escritos en el Libro de la Vida, debemos creer en Jesús. Jesús es Dios Mismo y nuestro Mesías. Mesías significa Quién salva a aquellos que cayeron en pecado. Solo Jesús nos puede salvar, quién, debido a nuestros pecados, están de otra manera están destinados a ser juzgados por Dios y ser arrojados en el lago de fuego. 

¿Quién sobre esta tierra puede estar sin cometer ningún pecado ante Dios, y quién entre nosotros es 100 por ciento santo en obras? ¡Nadie! Debemos darnos cuenta que debido a que todos estamos llenos de limitaciones, no podemos evitar el caer en pecado, y por estos pecados nuestros estamos destinados a ser arrojados en el lago de fuego.

Pero Dios envió a Jesús a esta tierra para salvarnos, a quienes no podíamos sino ser arrojados en el lago de fuego por nuestros pecados. El nombre ‘Jesús’ significa ‘Él que salvará a Su pueblo de sus pecados’ (Mateo 1:21). Por lo tanto, podemos entrar al Cielo solo cuando creamos en la verdad de que Jesús vino a esta tierra y nos salvó de todos nuestros pecados con Su acto de justicia.



Entonces, ¿Quién Será Arrojado en el Lago de Fuego?


Apocalipsis 21:8 nos dice quién será arrojado en el lago de fuego: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”

Primero que nada, ¿a quién se refiere la Biblia con la palabra “cobarde?” Esto se refiere a aquellos Cristianos nominales que han fallado en recibir la remisión de todos sus pecados a través del evangelio del agua y el Espíritu, y por lo tanto están aterrorizados ante Dios aunque de algún modo ellos creen en Jesús. Dios ha decidido que tal gente sea arrojado en el lago de fuego. Dios también ha determinado que aquellos que son incrédulos, abominables, asesinos, fornicarios, hechiceros, idolatras y mentirosos sean todos arrojados en el infierno.

Tradicionalmente, han existido muchos idolatras en Corea. Aún ahora, es común ver gente inclinándose ante las imágenes de la propia creación de Dios y ofreciendo oraciones. La gente hace eso debido a que son ignorantes y necios. Dios aborrece el que la gente adore imágenes sin vida como si fueran divinas.

Dios creó al hombre a Su propia imagen (Génesis 1:27). La humanidad también es amo de toda la creación. Es por eso que debemos creer en Dios. Debido a que somos semejantes a la propia imagen de Dios, existimos por siempre, as como Dios Mismo existe por siempre. Existe un mundo eterno para nosotros después de nuestra muerte. Es por eso que Dios nos ha dicho que le adoremos a Él, el único Dios eterno. Entonces, ¿qué pasará cuando nos inclinemos ante lo que meramente es la creación de Dios? Estaremos cometiendo un gran pecado ante Dios, ya que estaremos practicando lo que Dios aborrece más: la idolatría. La humanidad puede ser tan necia y tan estúpida. Dios ha decidido, debemos darnos cuenta, que aquellos que tienen esta clase de fe inapropiada serán todos arrojados en el lago de fuego.

La gente que sea arrojada en el infierno morirá dos veces. Esto es lo que el Mismo Dios ha determinado. La primera muerte viene al final de sus atribuladas vidas sobre esta tierra, después de caminar este agotado mundo. Frecuentemente se dice que primeramente caminan en cuatro pies, luego en dos pies y finalmente entres pies, solo para morir al final, no es ni más ni menos que la misma humanidad. 

Después de morir una vez de esta manera, cuando la gente esté ante Dios como pecadores, todos encararan su juicio, y es en este tiempo en que la segunda muerte, una que nunca terminará, sino que durará por siempre, los visitará, en la forma de ser arrojados en el lago de fuego. Si por lo menos fueran a morir en este lago de fuego, por lo menos serian librados de su sufrimiento. Pero en este lugar, aunque fervientemente desean morir, la muerte huirá de ellos.

Todos tenemos un deseo de vivir por siempre, nunca encarar la muerte. De hecho, la existencia de la humanidad es ciertamente eterna, tal como la gente lo desea. Es por eso que la Biblia, cuando uno muere, no lo describe como morir, sino como dormir. Por lo tanto, todos debemos escapar de la segunda muerte que nos arrojará en el lago de fuego. Todos debemos darnos cuenta de lo que tenemos que hacer para que nuestros nombres estén escritos en Libro de la Vida. Y para tener nuestros nombres escritos en el Libro de la Vida, debemos creer en Jesús correctamente.

La gente frecuentemente piensa que Jesús, Buda, Confucio y Mohamed son solo hombres, que está bien tan solo vivir como una buena persona. Es por eso que no pueden entender el porque insistimos que solo deben creer en Jesús. Pero todos estos son pensamientos erróneos. Tú y yo, así como todos los demás en este mundo, no somos nada más que mera creación y seres humanos ante Dios. Pero cuando vemos el nacimiento de Jesús y lo que Él logró mientras estuvo en esta tierra, todos podemos darnos cuenta que Él no es solamente un hombre como el resto de los otros Sabios. El es Dios Mismo, quién, para salvar a la humanidad, vino a esta tierra en forma de hombre, tomó todos nuestros pecados a través de Su bautismo, recibió todo el castigo de nuestros pecados por nosotros, y así completó Su obra de liberar a la humanidad del pecado.

El nacimiento de Cristo fue diferente del ordinario nacimiento de la gente. Los bebés nacen de la unión de un hombre y una mujer. Pero Jesús nació de una virgen que no conoció hombre. Para salvarnos a nosotros los seres humanos, y en cumplimiento de la Palabra de profecía predicha hace más de 700 años a través del Profeta Isaías, Jesús, quién es Dios Mismo, nació en esta tierra en carne de hombre, a través del cuerpo de una virgen (Isaías 7:14). Y mientras estuvo en esta tierra no solamente levantó a los muertos y sano a los enfermos e incapacitados, también Él hizo que todos los pecados del mundo desaparecieran.

Dios, el Señor de la creación quién hizo todo el universo, vino a esta tierra y Él mismo se convirtió en un hombre durante un tiempo, todo para salvar a la humanidad de sus pecados. La razón por la cual debemos creer en Jesús es, primero que nada, porque Él es Dios Mismo. Segundo, porque Él quitó todos nuestros pecados, para que nuestros nombres se escriban en el Libro de la Vida, y nos convirtiera en hijos de Dios sin pecado. Una vez que se nace en esta tierra, todos debemos morir una vez, y después de nuestra muerte todos debemos ser juzgados.

Pero Jesús vino a esta tierra, tomó todos nuestros pecados con Su bautismo recibido de Juan, fue juzgado en la Cruz en lugar nuestro, y de esa manera nos capacito a aquellos de nosotros que creemos en Él, para que vivamos con Él por siempre en el eterno Reino del Cielo. En otras palabras, para liberarnos del juicio por los pecados Dios Mismo nos limpió de todos nuestros pecados. Es por eso que todos debemos creer en Jesús, Quién que se ha convertido en el Salvador.

Jesús no es tan solo un hombre. Debido a que Dios le prometió a la humanidad que Él la salvaría, y debido a que para cumplir está promesa Él vino a esta tierra en la carne de un hombre a través del cuerpo de una virgen, y debido a que Él ciertamente salvó a todos de sus pecados, todos debemos creer en Jesús, quién es Dios Mismo. Cuando creemos en Jesús correctamente, nuestros nombres son escritos en el Libro de la Vida. Dios nos dijo que solo naciendo de nuevo del agua y el Espíritu podía un hombre ver y entrar en el Reino del Cielo. Todos debemos creer en Jesús.



Jesús Quién se Convirtió en el Camino al Cielo


Entonces, debemos saber exactamente cómo Jesús ha hecho que todos nuestros pecados desparezcan. Viniendo a esta tierra, Jesús fue bautizado por Juan en el Río Jordán (Mateo 3:13-17). Él recibió Su bautismo de Juan para que pudiese tomar todos los pecados de la humanidad (incluyendo los tuyos y los míos). A través de Juan el Bautista, el representante de toda la humanidad, cada pecado de toda la humanidad fue pasado a Jesús. Así, después de tomar todos los pecados del mundo sobre Sí Mismo a través de Juan, luego Jesús derramó Su sangre sobre la Cruz y murió sobre ella. Después, Él se levantó de los muertos en tres días.

Nuestro Señor ha prometido que cualquiera que cree en Él recibirá vida eterna. Dios ha determinado que quienquiera que cree en la verdad de que Jesús tomó todos sus pecados sobre Él Mismo y recibió todo el castigo por estos pecados sobre la Cruz no será arrojado en el lago de fuego, sino que tendrá su nombre escrito en el Libro de la Vida. 

Jesús dice en Juan 14:6, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” La humanidad debe creer en Jesús quién se ha convertido en el camino al Cielo. Jesús es nuestro Salvador, Jesús es nuestro Dios. Jesús es la única y real verdad en este mundo. Y Jesús es el Señor de la vida. Para asegurarse que nuestros nombres estén escritos en el Libro de la Vida y que así seremos bienvenidos en el Reino del Cielo, todos debemos creer en Jesús.

Debido a que Jesús ciertamente tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo recibiendo Su bautismo de Juan el Bautista en el Río Jordán, debemos creer en Él, Quién es el Salvador de la expiación. Y es debido a que Jesús completó toda nuestra salvación siendo crucificado y derramando Su sangre sobre la Cruz como el castigo de nuestros pecados para que tú y yo ahora podamos entrar al Cielo.

Jesús ha decidido quién debe ser arrojado en el lago de fuego. Aquellos que no creen y que son cobardes serán todos arrojados en el lago de fuego. No solamente ellos mismos serán arrojados en el lago de fuego debido a su incredulidad, sino que también sus hijos y descendientes que vengan. Para alcanzar el bienestar físico y espiritual de uno mismo, todos deben cierta y absolutamente creer en Jesús.



¿Que Hubiese pasado si Jesús no Hubiese Recibido Su Bautismo?


Dios es el único que da Sus bendiciones o maldiciones a cada ser humano. Es por ello que debemos creer en Él. ¿Sabes porque las vidas de mucha gente son tan miserables y porque caen las naciones? Se debe a que Dios dice que Él maldeciría a aquellos que lo odian y que adoran ídolos por dos o tres generaciones venideras. Pero también Él dijo que bendeciría por mil generaciones a aquellos que sirven, aman a Dios y guardan Sus mandamientos (Éxodo 20:5-6).

Esto no quiere decir que si alguien cree en Jesús como él quiere, él / ella serán bendecidos incondicionalmente. Uno debe creer en Jesús con el conocimiento correcto de Él. En otras palabras, si la gente cree que Jesús es Dios Mismo quién vino a esta tierra, que Él limpió todos sus pecados tomando estos pecados sobre Sí Mismo con Su bautismo, y que Él se ha convertido en su verdadero Salvador siendo crucificado en su lugar–si creen, en concreto, que Jesús es su Dios propio y su propio Salvador–Dios dijo que entonces Él bendeciría a aquellos que creen por mil generación por venir.

Pero al mismo tiempo, Dios también nos ha prometido que Él maldecirá por tres, cuatro generaciones por venir a aquellos que no creen en Jesús. Es por eso que todos, sin importar quién sea él / ella, deben creer en Jesús, y el porque todos deben conocer y creer en la verdad de nacer de nuevo por el agua y el Espíritu. Aquellos que tiene tal fe serán perdonados de todos sus pecados, recibirán la vida eterna, entrarán al Cielo, así como también recibirán, mientras estén en la tierra, todas las bendiciones que Dios le dio antes a Abraham.

Todos debemos morar en esta Palabra que Dios ha decidido para nosotros, y nuestra fe debe estar en acuerdo con la Palabra como esta escrita. Debemos darnos cuenta y creer en el hecho que aquellos que no creen en Dios serán lanzados en el lago de fuego, pero aquellos que creen, en contraste, tendrán sus nombres sus nombres escritos en el Libro de la Vida y serán bienvenidos en el Cielo y la Tierra Nuevos. Y también debemos creer que aquellos de nosotros que creen vivirán de nuevo. El que nosotros nazcamos de nuevo solo es hecho posible por el evangelio del agua y el Espíritu.

Así como nadie puede vivir sin agua, el evangelio del agua y el Espíritu es, junto con el evangelio de la sangre, críticamente importante para nuestra salvación. Cuando Jesús fue bautizado, Él tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo. Y fue sumergido en el agua y luego emergió del agua. Esto significó Su muerte sobre la Cruz y Su resurrección. En otras palabras, nuestro Señor fue juzgado por todos nuestros pecados en lugar nuestro. Y la salida del agua del Señor significa Su resurrección. Esto también significa nuestra propia resurrección, de aquellos de nosotros que creemos.

Creemos totalmente que Jesús tomó nuestros pecados con Su bautismo. ¿Si Jesús no hubiese recibido Su bautismo, que habría sido de nosotros? No hubiera forma para que escapáramos del lago de fuego. Así como sin lluvia nadie puede vivir en este mundo, el planeta tierra existe debido al agua. De la misma manera, esto nos muestra cuan importante es el bautismo de Jesús para nosotros. También, Su muerte sobre la Cruz es igual de importante, ya que esto quiere decir que Él fue juzgado en lugar nuestro. Si queremos ser liberados de la maldición y del juicio de Dios, absolutamente debemos creer en Jesús. Y si queremos ser limpiados de nuestros pecados, debemos creer que todos nuestros pecados fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado.

La fe Cristiana nunca es la clase de religión que hace que la gente tiemble de miedo. Todos deben creer en Jesús. Los nacidos de nuevo deben venir a la Iglesia nacida de nuevo y escuchar la Palabra para ser nutrido en la fe.

Alguna gente afirma que uno debe creer en Jesús y hacer buenas obras para ser salvo y recibir bendiciones, pero todo esto son solo fraudulentas afirmaciones de mentirosos. Desde luego, debemos vivir como Cristianos virtuosos haciendo buenas obras, pero en lo que se refiere al problema fundamental de nuestra salvación, nuestra naturaleza es tan malvada que ninguno de nosotros podrá vivir en esta carne al 100 por ciento. Es por eso que aquellos que afirman que uno debe ser salvo a través de las buenas obras son todos mentirosos que engañan a la gente y que ignoran el evangelio del agua y el Espíritu.

Cuando nos reconocemos a nosotros mismos que fundamentalmente estamos destinados a cometer pecados, cuando meditamos de la Palabra escrita de Dios sobre el bautismo que Jesucristo recibió y en la Cruz que Él cargó por nosotros, y cuando aceptamos todas estas cosas, solo entonces podemos llegar a ser justos, cuyos corazones están sin mancha y calificar para entrar al Cielo. Antes de que el Espíritu Santo more en nosotros y nos guié, ninguno de nosotros podrá jamás ser bueno, no importa que tan duro lo intentemos.

Dios nos salva haciendo desaparecer todos nuestros pecados. En lugar de arrojarnos al lago de fuego que arde por siempre, Él ha escrito nuestros nombres en el Libro de la Vida, nos ha dado el Cielo y la Tierra Nuevos, y, como las novias se han adornado a si mismas para el Novio, Él, también, nos ha dado las más limpias y las más hermosas casas, jardines y flores. Y Él también quitará toda enfermedad de nosotros y vivirá con nosotros por siempre en Su Reino. Debemos creer en Jesús por el bienestar de nuestra vida en el más allá, pero también debemos creer en Él por nuestras vidas presentes. Por el bienestar de nuestros hijos, también, debemos creer.

¿Quieres ser bienvenido en el Cielo, o quieres ser arrojado en el lago de fuego? ¿Qué clase de herencia pasaras a tus propios hijos? Aún si encaras algunos problemas y sufrimientos por tu fe en Jesús, aún así debes creer en Él, al hacer eso grandes bendiciones vendrán para ambos, tú y tus hijos.

Mis amados santos, a través de Su Palabra, Dios nos ha dicho la razón por la que debemos predicar el evangelio del agua y el Espíritu, y también la razón por la que nuestras familias deben ser salvas. Yo doy gracias a Dios.