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【Capítulo 21-2】 < Apocalipsis 21:1-27 > Debemos Tener la Clase de Fe Que Es Aprobada por Dios



< Apocalipsis 21:1-27 >


Dios nos ha dado el Cielo y la Tierra Nuevos. Dios nos dice que lo que ves ahora, el primer cielo y tierra, y todas sus pertenencias, desaparecerán todas, y que Él nos dará en lugar de eso un cielo nuevo y una tierra nueva, un mar nuevo, y renovará todas las cosas en este universo creado recientemente. Esto significa que el Señor Dios dará el Cielo y la Tierra Nuevos como Su regalo a los santos que han tomado parte en esta primera resurrección. Esta bendición es un regalo de Dios que Él otorgará a Sus santos, quiénes han recibido la remisión de sus pecados.

Por lo tanto, Dios dará esta bendición a los santos que han participado en esta primera resurrección. Esta bendición es permitida solo a aquellos santos que, creyendo en el santo evangelio del agua y el Espíritu dado por Jesucristo, han recibido la remisión de sus pecados. Así nuestro Señor se convertirá en el Novio de los santos. A partir de ahora, todo lo que les queda por hacer a las novias es ser vestidas con la protección del Novio, las bendiciones y el poder como las esposas del Cordero, y el vivir en gloria en Su majestuoso Reino por siempre.

Este pasaje también nos dice que la Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén, descendió del Cielo. Esta no era una ciudad ordinaria, ya que dice que la Ciudad era tan hermosa como una novia adornada por su esposo, descendiendo del Cielo.

Dios ha preparado una santa ciudad para los santos. Esta Ciudad es la ciudad de Jerusalén, el Templo de Dios. Este Templo es solo preparado para los santos de Dios. Y ha sido planeada para los santos durante todo el tiempo en Jesucristo, aún antes de que el Señor Dios creara este universo. Por lo tanto, los santos no pueden evitar el dar gracias al Señor Dios con su fe y dar gloria a Él por este regalo de gracia.

Todas estas cosas–el que los santos son hechos el pueblo de Dios y que así Él se ha convertido en su Dios- son la gracia otorgada por Dios y un regalo que los santos han recibido de Él por creer en la Palabra de salvación del agua y el Espíritu.

Por lo tanto, todos aquellos que son bendecidos para entrar en el Templo del Señor y vivir con Él, darán gracias y gloria a Dios por siempre, ya que la Escritura nos dice que Dios limpiará sus lagrimas, y no habrá más muerte, ni llanto, ni más sufrimiento, y que las cosas anteriores pasarán. Aunque la tristeza, el llanto, el lamento y la tristeza abundan en este mundo ahora, en el Cielo y la Tierra Nuevos, todas estas cosas habrán pasado. Aquellos que vivan en el Cielo y la Tierra Nuevos dados por el Señor no derramarán mas lagrimas de tristeza, o se lamentaran en dolor por la perdida de sus seres queridos, nunca más.

Cuando llegue el tiempo de la entrada de los santos en el Cielo y la Tierra Nuevos, el primer cielo, la primer tierra y todas sus tristezas simplemente desaparecerán, y todo lo que les espera a los santos será vivir sus vidas de gloria llenos de todas las bendiciones con Dios en este Cielo y Tierra Nuevos por siempre. Dios habrá quitado todas las imperfecciones del primer mundo y hará este nuevo mundo perfecto.

El pasaje principal del capitulo 21 nos dice del Cielo y la Tierra Nuevos, que seguirán a la completa exterminación de este mundo, después que pase el Reino del Milenio descrito en el capitulo 20. Con el capitulo 20, cualquiera cosa que aún sea remotamente relacionado con esta tierra ha terminado totalmente. Ha pasado la era del Anticristo (la Bestia), los profetas falsos, sus seguidores y aquellos que no han creído en Dios sino que se han opuesto a Él en este mundo. Así que como todos ellos fueron arrojados al fuego cuando el Reino del Milenio llego a su termino, ahora el único lugar en que pueden ser vistos es en el infierno.

Así, en el capitulo 21, Dios nos dice acerca del Cielo y la Tierra nuevos que Él dará a los santos, un lugar de perfección en donde nunca se encontrará ningún pecador. Así como cuando tú quieres ver animales salvajes vas a un zoológico, cuando este tiempo llegue, cualquiera que quiera ver a Satanás tendrá que hacer un viaje al infierno.

En el lugar en donde Dios nos dará el Cielo y la Tierra Nuevos, nuestro Señor, también, vivirá con nosotros. Dios también ha hecho para nosotros la Santa Ciudad con una hermosa naturaleza y resplandecientes jardines verdes. Cuando lleguen el Cielo y la Tierra Nuevos, todas las cosas del primer mundo y todas sus imperfecciones habrán desaparecido, solo la verdad existirá, y los santos perfectos reinarán todo el Reino del Cielo por siempre y siempre.



No te Decepciones de Tú Condición Actual


Esta era presenta es una era de tinieblas y desesperanza. La esperanza no se encontrará en ningún lado en esta era, cuyo futuro está nublado con incertidumbre. Es por eso, que en ocasiones, nos sentimos frustrados y débiles aunque estamos predicando el evangelio. En cuanto a mi, mi corazón ha estado caído debido a esto, pero mientras leo la Palabra del Apocalipsis y explico sus pasajes, me he dado cuanta que los santos y siervos de Dios no tienen de que entristecerse cuando encaren los tiempos finales. Haciendo que me de cuenta que las tribulaciones y sufrimientos presentes son solo efímeros, y que un mundo brillante me espera justo ante mis ojos, Dios ha fortalecido mi corazón para que nunca más este perturbado.

Si míranos solamente nuestra condición actual, nuestras vidas ciertamente son depresivas, tristes y sin interés, y somos propensos a decepcionarnos por los incesantes problemas que nos visitan mientras servimos al evangelio. Pero debido a todas las bendiciones que nos esperan de parte del Señor, aunque no pueden ser vistos por los ojos de la carne, nuestros corazones están libres de toda desorientación, y en lugar de eso son llenos por un gran gozo y una gran esperanza. La razón por la que no hay absolutamente necesidad de que vivamos en tristeza se debe a que nuestro Dios ya nos ha dado Su Tierra y Cielos Nuevos.

¿Crees en el Cielo y la tierra Nuevos? Aunque no lo has experimentado, ¿has meditado en ello alguna vez? 

Esta tierra, también, tiene algunos lugares hermosos. Cuando hablamos de un buen ambiente de vida en este mundo, normalmente hablamos acerca de los árboles, pastizales verdes cerca de ríos, flores en los campos y gente buena. También debe haber agua clara fluyendo, y no debe tener gente mala, ni falta de ningún bien. Cuando tales condiciones se dan, decimos que es el ambienta más maravilloso. Pero en el Cielo, todo es perfecto, mucho más y mejor de lo que el mejor lugar de todo el mundo pueda jactarse.

Entonces, la pregunta es para quiénes Dios ha preparado y traerá del Cielo esta Santa Ciudad construida tan perfectamente. Dios ha hecho esta Ciudad para nadie más que para los santos. Es por eso que podemos olvidar todo acerca de esta tierra. Aunque viviremos en gloria en el Reino del Milenio, en el siguiente mundo, en el Cielo y Tierra Nuevos descritos en el capitulo 21. El cual Dios verdaderamente quiere darnos, viviremos con el Señor en una gloria aún mayor. Para hacer eso, Dios nos ha salvado enviando a Jesucristo, y nos resucitará y nos raptará. Al vivir con el Señor en cuerpos hechos perfectos como el Cuerpo de Jesús resucitado nos da una imagen fotográfica perfecta de la vida de gloria y bendición que nos espera.

Para darnos el Reino del Cielo y la Tierra Nuevos, Dios nos ha hecho nacer sobre esta tierra, y Él nos ha salvado. Si los santos viven en este mundo con el conocimiento de la profunda providencia de Dios, todos pueden vivir bien, sin encarar ninguna dificultad, ni sufrir tristeza o encarar depresión. Viendo alo que el Señor ha hecho y lo que Él hará por nosotros en el futuro, todos podemos vivir emprendedora y positivamente. 

Pero si nos vemos a nosotros mismos y el estado sin esperanza de la política, la economía y las sociedades de esta tierra, no hay otro camino que el de caer en la desesperación. Tú y yo nunca debemos olvidar que Dios nos ha dado el Cielo y la Tierra Nuevos, y que el Cielo es nuestro. Esta es la realidad. Este es un hecho. Aún si este mundo trata de entristecerte, nunca te entristezcas, ni te enojes, solo ve en al Señor. Y vive tú vida con esperanza, creyendo que el Señor ciertamente ha dado el Cielo y la Tierra Nuevos a Sus santos.

Dios dijo que Él haría a todas las cosas nuevas. Él le dijo a Juan que escribiera estas palabras, porque Él haría todas las cosas nuevas, “porque estas palabras son fieles y verdaderas.” Aquellos que tomen parte en la primera resurrección también tomarán parte de todas las bendiciones de vivir en el lugar en donde Dios habrá hecho todas las cosas nuevas. Esto es algo de lo que ni siquiera podemos soñar con nuestros pensamientos hechos por humanos, pero es algo que Dios ha preparado para Sus santos. Los santos y todas las cosas así, darán toda la gloria, las gracias, el honor y la alabanza a Dios por siempre por realizar esta gran obra.

La Biblia dice que “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1).” En otras palabras, aunque no podemos ver estas cosas con nuestros ojos, estas son verdad a pesar de todo. Tuvimos la esperanza de ser salvos de todos nuestros pecados y creyendo en nuestra salvación ciertamente hemos sido salvos. Después de ser salvos, debido a que quisimos y tuvimos la esperanza de vivir por siempre en un mundo perfecto y total, al que nada le falta, Dios ciertamente ha realizado esta esperanza para nosotros. Todo lo que hemos querido y todo por lo que hemos tenido esperanza se hará realidad, ya que todas nuestras esperanzas son verdaderas.

En el capitulo 10 de Apocalipsis, cuando el Señor habló a Juan a través de Su ángel quien se paró sobre el mar y la tierra, y cuando Juan trató de escribirlas, Dios le dijo que no lo hiciera. Entre las cosas que el Señor habló, existen ciertas cosas que Él no permitió que se escribieran, porque estos son los misterios que Él solo revelará a nosotros los santos.

Este misterio no es otra cosa que nuestro rapto. Para saber exactamente en que punto ocurrirá nuestro rapto, primero debemos darnos cuenta que la séptima trompeta de Dios es la pista decisiva para resolver este misterio. Entonces, ¿cuándo sonará la séptima trompeta? La séptima trompeta sonará poco después de que los primeros tres años y medio del periodo de siete años de la Gran Tribulación hayan pasado. Es aquí cuando la resurrección y rapto de los santos vendrá. Y cuando termine el rapto, las plagas de los siete tazones le seguirán.

Hace unos años, di una conferencia de avivamiento con un tema llamado “Las Siete Iglesias de Asia menor.” También escribí un libro sobre estas siete iglesias del Asia menor, y su contenido corresponde a lo que he explicado aquí en este presente pasaje. Cuando miro los sermones del libro, puedo sentir que aunque los tiempos han cambiado mucho, la Palabra de Dios no ha cambiado ni tantito a pesar del paso de los años.

¿Deseas vivir en el Cielo y la Tierra Nuevos en el lugar que Dios ha preparado para ti y para mi? Las imperfecciones de este mundo ya no se no encuentra más aquí. Cuando Dios dijo que Él haría todas las cosas nuevas, alguna gente podría interpretar esto diciendo que Él transformaría lo que ya existía aquí, como un reciclaje. Pero a partir del capitulo 21, absolutamente es un mundo nuevo, completamente diferente del pasado. Los nacidos de nuevo tomarán parte en este Cielo y Tierra Nuevos hechos completamente nuevos por Dios, ya que ellos son los que han tomado parte de los atributos divinos. En otras palabras, se debe a que se han convertido en los que tomaran parte del reino divino.

En lugar de basar todos nuestros pensamientos sobre conceptos materiales, debemos pensar en dimensiones espirituales. Es mi oración que todos ustedes sean la clase de santos y de siervos que creen en lo que Dios realmente ha dado a nuestras almas, y que creen, en fe, que estas cosas, aunque están por ser realizadas, ciertamente se harán realidad. Dios nos ha dado grandes bendiciones.

Dios dijo que Él dará la fuente del agua de vida gratuitamente a aquellos que tienen sed. Esta Palabra no se refiere al evangelio del agua y el Espíritu. Cuando la gente cree que Dios los ha liberado de su sed dándoles Su evangelio sobre esta tierra y salvándoles de todos sus pecados, esto, también, es un tipo de agua de vida para beber. Pero el pasaje aquí no solo se refiere a esto, sino que se refiere la verdadera agua de vida que será bebida en el Cielo y la Tierra Nuevos, en donde quienquiera que beba esta agua de vida nunca morirá, su cuerpo será convertido en uno como el del Señor, y él / ella vivirá por siempre con Él.

Nuestro Señor Dios ha planeado y realizado todas estas cosas, desde el mismo principio hasta el final. Todas estas cosas que el Señor ha hecho, las hizo por Sí Mismo y para Sus santos. Como tal, los santos ahora son llamados por Dios como pertenecientes a Cristo, y se han convertido en los verdaderos hijos de Dios de acuerdo a Su plan. Aquellos que han llegado a ser santos creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu ahora pueden darse cuenta, de su fe en este gran amor de Dios y Sus maravillosas obras, que no hay nada que les falte a ellos nunca y por eso dar gracias siempre y alabar al Señor.

Como dijo el Señor, “Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida,” Él ciertamente ha dado la fuente del agua de vida a Sus santos y les ha permitido disfrutar la vida eterna. Este es el regalo más grande que Dios ha concedido a Sus santos. Ahora los santos están para vivir por siempre en el Cielo y la Tierra Nuevos y beber de la fuente del agua de vida, de la cual nunca más tendrán sed jamás. En otras palabras, ahora los santos se han convertido en hijos de Dios quiénes tendrán vida eterna, igual que el Señor Dios, y vivir en gloria. Yo doy gracias y gloria al Señor Dios una vez más por darnos esta gran bendición.



La fe en el Verdadero Evangelio nos Permite Vencer al Mundo


El Apóstol Juan ahora regresa a su tiempo presente. El versículo 7 dice, “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.” “El que venciere” se refiere aquí a aquellos que defienden su fe dada por el Señor. Esta fe permite a todos los santos vencer todos los problemas y todas las tentaciones. Nuestra fe en el Señor Dios y el verdadero amor al evangelio del agua y el Espíritu dado por Él es lo que nos da la victoria sobre todos los pecados del mundo, sobre el juicio de Dios, sobre nuestros enemigos, sobre nuestras propias debilidades y sobre la persecución del Anticristo.

Yo doy gracias y Gloria a nuestro Señor Dios por darnos la victoria sobre todo. Los santos que creen en el Señor Dios pueden vencer al Anticristo con su fe, ya que para cada uno de ellos, nuestro Señor Dios ha dado esta fe con la cual ellos pueden triunfar en su lucha contra todos sus enemigos. Dios ha permitido ahora a los santos, que así han vencido al mundo y al Anticristo con su fe, heredar Su Cielo y Tierra nuevos. Yo doy gracias y alabo a nuestro Dios por darnos esta fe tan fuerte.

Dios dijo que para aquellos que vencieren, Él dará como su herencia Su Cielo y Tierra Nuevos, en donde no hay ni lagrimas, ni tristezas, ni preocupaciones. Solo aquellos que vencieren merecerán recibirlo. La fe de esta victoria es la fe en el evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado. Esta es la fe con la cual podemos vencer al mundo, nuestros pecados, nuestras propias debilidades y al Anticristo.

Como recompensa por nuestra fe que vence al Anticristo, muy pronto recibiremos el Cielo y la Tierra Nuevos de parte de Dios. Debido a que recibiremos todas estas bendiciones por nuestra fe, podemos vencer por sobre todos los esquemas de todos nuestros enemigos por fe. Aquellos que vencen creen en la Palabra de Dios sin importar lo que los demás les digan, y defienden su fe en la verdad de que el Señor ha quitado todos sus pecados. Aquellos de nosotros que, después de haber recibido la remisión de nuestros pecados y habiendo nacido de nuevo, están ahora viviendo en los tiempos finales, deben vencer los esquemas del Anticristo con fe.

Podemos vencer las tribulaciones de corta duración con nuestra fe en la verdad de que el Señor nos ha dado Su Cielo y Tierra Nuevos, así como toda la riqueza, el esplendor y la gloria. Cuando un mundo mejor nos espera, ¿en la realidad traicionaremos al evangelio de esta fe? Cuando un mejor mañana llegue, cuando sorprendentes cosas nos esperan si tan solo perseveramos a través de un día, ¿no seremos capaces de sostenernos ante las tribulaciones de hoy? Todos podemos perseverar.

La Biblia nos habla frecuentemente acerca de ‘la fe, la esperanza y el amor’ como las virtudes esenciales que los santos deben guardar en sus mentes. Aquellos que tiene esperanza tienen mayor capacidad para vencer las tribulaciones presentes creyendo que todas estas bendiciones que Dios les ha dado a ellos son la realidad. Y debido a que las plagas de los tiempos finales solo duran un breve tiempo, y debido a que Dios también dará a Sus santos formas para escaparse, todos podemos perseverar a través de las plagas, a partir de este momento y en lo sucesivo, ya entró el Cielo y la Tierra Nuevos y podemos vivir ahí en el reino de la fe.

En el reino de la fe, todo esta Palabra debe tocar tu corazón a través de la fe, en vez de la piel en la carne. Cuando sea así, tu corazón se volverá fuerte mientras se renueva esta nueva fuerza y tendrás esperanza.

Todos los santos serán martirizados en los tiempos finales. Viendo la esperanza que hemos puesto en el Cielo y la Tierra Nuevos, somos más que capaces de abrazar el martirio con un vigor renovado.

En Su esencia, nuestro Señor Dios es el Dios de la verdad y es el Dios del amor. Entonces, ¿quién es la gente que fundamentalmente es cobarde ante Dios? Estos son los que han nacido con el pecado original y que no se han limpiado de todos sus propios pecados con la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu dado por el Señor. Debido a que en su esencia ellos adoran más a los malvados que lo que adoran a Dios, ellos claramente se han convertido en siervos de Satanás. Es porque ellos adoran más la maldad ante el Señor Dios, y debido a que ellos aman y siguen las tinieblas más que a la luz, ellos son cobardes ante el Señor Dios. Todos aquellos que son cobardes ante Dios tomarán parte del lago de fuego ardiente y de azufre.

Es un hecho establecido que esta gente, que por si mismos son en sí tinieblas debido a los pecados de sus corazones, no tienen otra opción que temer a Dios. Mientras las almas de aquellos que pertenecen a Satanás aman las tinieblas, ellos son cobardes ante Jesús quien se ha convertido en la luz. Es por ello que deben tomar su maldad y sus debilidades a Dios y recibir la remisión de sus pecados ante Él. Aquellos que no creen en el evangelio del agua y el Espíritu dado por el Señor son los más grandes pecadores ante Dios y son Sus enemigos.

Mientras sus almas pertenecen al abominable, y debido a que se oponen a Dios, aman y cometen cada pecado que existe, siguen falsas señales, adoran toda clase de ídolos y hablan toda clase de mentiras. Por el justo juicio de Dios todos ellos serán arrojados en el ardiente lago con fuego y azufre. Este es su castigo de la segunda muerte.

La segunda muerte será la sentencia para la gente que será enviada al infierno, y estos son los que son cobardes, que no creen, que son abominables, que son asesinos, sexualmente inmorales, hechiceros e idolatras, quiénes, junto con el Anticristo y sus seguidores, no aceptan el amor de Dios ahora. Los que no creen en Él son los más perversos. La Biblia nos dice que todos estos malvados serán arrojados en el lago ardiente con fuego y azufre. Es por eso que la Biblia lo llama la segunda muerte.

Aquellos que tomen parte en la segunda resurrección no morirán aún cuando sean arrojados al fuego, y para este mismo propósito de ser arrojados al fuego, serán resucitados en cuerpos que vivirán por siempre.

Los que no creen en Dios serán levantados nuevamente para ser arrojados en el lago de fuego y azufre. La segunda resurrección, la cual traerá sufrimiento eterno en el fuego del infierno sin morirse, esto está reservado para toda esta gente que no cree.

Poco después del derramamiento de los siete tazones que contienen las siete plagas, el Reino del Milenio será completado, y cuando sus mil años pasen, los santos se moverán al Cielo y la Tierra nuevos. En la frase, “yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero,” la esposa del Cordero aquí se refiere a aquellos que han sido salvados por el evangelio del agua y el Espíritu dado por Jesucristo y creyéndolo.



La Gloria y la Belleza de la Santa Ciudad Son Mayores que Cualquier Descripción


La ciudad de Jerusalén se refiere a la Santa Ciudad en donde los santos vivirán con su Novio. Esta Ciudad que vio Juan ciertamente era fantástica y hermosa. Era majestuosa en tamaño, adornada con piedras preciosas por dentro y por fuera, limpia y clara. El ángel le mostró a Juan en donde vivirían con su Novio las novias de Jesucristo.

Imagínate vivir en un palacio construido con piedras preciosas. En esta Ciudad construida con doce diferentes clases de piedras preciosas, aquellos que se convertirán en las novias del Cordero vivirán por siempre. Esta Ciudad es el regalo de Dios que Él otorgará a la esposa del Cordero. El pasaje nos dice que la ciudad de Jerusalén brilla esplendorosamente, y su luz es como una piedra preciosa, como piedra de jaspe, clara como el cristal.

Por lo tanto, la Gloria de Dios está con la Ciudad y con todos aquellos que en ella viven. El dominio de Dios es de luz, y así solo aquellos que han sido limpiados de todas sus tinieblas, debilidades y pecados pueden entrar a esta Ciudad y vivir en ella. Como tal, para entrar a esta Santa Ciudad, todos debemos creer solamente en la verdadera Palabra del evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos ha dado.

El pasaje dice que la Ciudad tiene una gran y muy alto muro con doce puertas. Y dice que sobre las puertas hay nombres escritos, y que estos son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel. Dios nos dice que Él cierta y realmente ha preparado esta Ciudad para que está rodeada por un muro muy alto y grandioso, para Sus santos.

Esta es una indicación espiritual de que el camino para entrar en esta Santa Ciudad es muy difícil. En otras palabras, nos dice que el ser salvos de todos nuestros pecados ante Dios es imposible por medio del esfuerzo humano o por medio de las cosas materiales de este mundo creado por Dios. Para ser liberados de todos nuestros pecados y entrar en la Santa Ciudad de Dios, se requiere absolutamente que tengamos la misma fe que los doce discípulos de Jesús, la fe que cree en la verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Como tal, nadie que no tenga esta fe en el evangelio del agua y el Espíritu jamás podrá entrar a esta Santa Ciudad.

La Ciudad esta custodiada por doce ángeles que están firmes como porteros designados por el Señor Dios. Por otro lado, la frase, “nombres escritos sobre ellas (puertas),” nos dice que ya se ha decidido quiénes serán los dueños de esta Ciudad, ya que los dueños no son otros que Dios Mismo y Su pueblo, y la Ciudad pertenece al pueblo de Dios que ahora se han convertido en Sus hijos. 

Esta santa Ciudad tiene tres puertas en cada una de sus cuatro direcciones al norte, al sur, al este y al oeste. Yo estoy seguro que el Señor menciono estas tres puertas específicamente aquí para decirnos que ellas están especialmente relacionadas al evangelio en el cual creemos. 1 Juan 5:7-8 afirma que hay tres que dan testimonio del verdadero evangelio, en ambos, en el Cielo y en la tierra. Solo aquellos que creen en estos tres testigos, en ambos, en el Cielo y en la tierra, pueden entrar al Cielo. Nosotros, los nacidos de nuevo, creemos en el Dios Trino y Su justo acto de salvación a través del agua, la sangre y el Espíritu.

El hecho de que los nombres de los doce apóstoles estén escritos sobre los doce cimientos del muro de la Ciudad nos dice que el Señor ha hecho exactamente como Él lo prometió, que Él no borrará sus nombres del Libro de la Vida sino que los escribirá.

Un estadio, ‘Stadion’ en Griego, es una unidad de medida para distancias, aproximadamente 600 pies (185 m) en medidas actuales. Cuando la Biblia nos dice que cada lado del cuadro de la Ciudad en el Cielo mide 12,000 estadios, nos está diciendo que cada lado mide 2,200 Km. (1,390 millas) aproximadamente. También se nos dice que la longitud, el ancho y la altura miden lo mismo. El majestuoso tamaño de la Ciudad nos dice cuan grande y glorioso es el Reino de Dios.

El significado bíblico del número cuatro es sufrimiento. La fe que el Señor demanda de nosotros no es algo que cualquiera pueda tener, pero solo se puede tener esta fe por aquellos que acepten la Palabra de Dios como es, aún si no la pueden entender totalmente con sus propios pensamientos de hombre.

Como Cristiano, es imposible entrar en la Santa Ciudad de Dios solo creyendo en la Cruz de Jesús, y que el Señor es Dios y Salvador. Igual que nuestro Señor Mismo dijo, nadie puede entrar en el Reino de Dios a menos que él / ella nazca de nuevo por el agua y el Espíritu. La gente puede nacer de nuevo solo cuando crea que todos sus pecados fueron pasados a Jesús cuando Él fue bautizado por Juan el Bautista, y que Él expió sus pecados derramando Su sangre y muriendo sobre la Cruz en su lugar.

La frase, “pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio,” nos dice que solo aquellos cuya fe es como el oro–esto es, solo aquellos que verdaderamente creen en Dios–pueden entrar. Nos dice que la fe que permite a alguien entrar en la Santa Ciudad del Señor es la clase de fe que cree la Palabra de Dios como está escrita, nadie es puro y libre de todas las cosas mundanas. En otras palabras, nos dice que uno debe aceptar la Palabra de Dios acerca de nacer de nuevo del agua y el Espíritu en toda su pureza, verdaderamente creer en esta Palabra, y hacer que su fe sea refinada.

Los cimientos del muro de la Ciudad están adornados con toda clase de piedras preciosas, diciéndonos que podemos ser alimentados por diferentes aspectos de la fe de la Palabra de nuestro Señor. Debemos tener una fe disciplinada, no solo la fe en el evangelio del agua y el Espíritu o de esperanza por el Cielo y el Reino del Milenio. Esta fe entrenada también viene a través de la Palabra de Dios mientras permanecemos en los sufrimientos presentes.

El Señor ha dado a los santos no solo Sus bendición de la remisión de sus pecados, sino también la bendición del cumplimiento de su esperanza, que aquellos que son perdonados de sus pecados entrarán en el Reino del Milenio y en el Cielo. Nosotros los santos solo podemos agradecer a Dios por capacitarnos para entrar al Cielo y Tierra Nuevos, en donde ni tristeza ni dolor se hallan jamás.

Los santos que van a entrar en la Santa Ciudad necesitan tener mucha paciencia mientras estén sobre esta tierra, permaneciendo firmes anclados en el centro de su fe. En otras palabras, aquellos que creen el Palabra de verdad hablada por el Señor Dios necesitan gran perseverancia para defender su fe. Cuando el tiempo final llegue, la era del Anticristo, el enemigo de la fe, llegará.

Este Anticristo, como sirvo de Satanás, traerá gran persecución a mucha gente de fe, buscando hacer que traicionen su fe. Si la gente se pone del lado del Anticristo y abandona su fe, no solo el Reino del Milenio y el Cielo quedarán fuera de su alcance, sino que también serán arrojados en el infierno junto con Satanás.

Por lo tanto, entre las pruebas, y las plagas de los tiempos finales, todos necesitamos perseverancia que nos permita defender nuestra fe resueltamente, ya que está perseverancia que no titubea es lo que hará nuestro el Cielo y la Tierra Nuevos.

El vivir en el Cielo y la Tierra Nuevos es como vivir en los brazos de nuestro Señor. Debido a que Jesucristo, quién ha llegado a ser la luz de este nuevo mundo, resplandece sobre esta santa tierra como su luz, no hay necesidad de que la luna o el sol brillen ahí. Jesucristo es nuestro Salvador, Creador y Juez, y en el Cielo y la Tierra nuevos Él es Dios quién vive con nosotros. Por Él entramos al Cielo y de Él las bendiciones fluyen. Los santos no tendrán más que hacer que solo alabar a este Señor.

En la Versión Reina Valera, versículo 24 está escrito lo siguiente: “Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.” Cuando aquí dice que la gloria de la tierra es traída al Cielo, esto no se refiere a aquellos que ha reinado sobre la primera tierra, ya que son ricos, traerán sus riquezas al Cielo y la Tierra Nuevos. La tierra aquí se refiere a la tierra del Reino del Milenio.

Aunque los santos son salvos y entraran en el Reino del Milenio todos de la misma forma, sin embargo les será dada diferente autoridad, algunos reinando sobre diez ciudades y otros sobre cinco, dependiendo de su esfuerzo para predicar el evangelio mientras vivieron en el primer mundo.

Lo que el versículo 24 nos dice es que estos reyes que tienen diferente autoridad se moverán al Cielo y la tierra Nuevos. En otras palabras, aquellos que reinaron en el Reino del Milenio entrarán al Cielo y la Tierra Nuevos como reyes trayendo junto con su fe en el Señor toda su gloria y honra. Por lo tanto, no tiene nada que ver con esta primera tierra en donde todos nosotros estamos viviendo ahora mismo.

Debido a que el Cielo y la Tierra Nuevos, en donde esta localizada la Santa Ciudad, ya esta llena por la santa luz, no puede haber noche ahí, ni ningún malvado. Entre ambos por igual en este mundo, Cristianos y no Cristianos, todos aquellos que no conocen la verdad del evangelio del agua y el Espíritu son difamadores, abominables y mentiroso. Por lo tanto, ellos no pueden entrar en la Santa Ciudad. Debido a que cualquiera que cree en el evangelio del agua y el Espíritu puede entrar al Cielo, este evangelio del agua y el Espíritu es la llave al Cielo y la llave para la remisión del pecado. Tú debes darte cuenta que cuando reconozcas y creas que Dios te ha dado esta llave, tu nombre será escrito en el Libro de la Vida. Y cuando aceptes la verdad de este evangelio, serás revestido en la bendición de entrar a esta Santa Ciudad.

Cree que la santa Ciudad ya ha sido dada a nosotros. Y vive tu vida apropiadamente, con esperanza.

Debido a que todo lo que estamos encarando en el tiempo presente es medido por el sistema de valores de este mundo secular, no podemos imaginarnos lo que la verdadera felicidad es. Pero cuando medimos con la vara de medir de Dios, todos podemos darnos cuenta que aquellos que tienen al Cielo en sus posesiones son los que son verdaderamente felices. ¿Por qué? Porque tarde o temprano, las cosas del mundo desaparecerán. Sin ofrecernos ningún lugar en donde poner nuestra esperanza, todos ellos desaparecerán mientras que las tribulaciones y las plagas son traídas al final, de acuerdo al plan de Dios. Nada puede ser más necio que alguien ponga su esperanza en tales cosas de la carne que simplemente se pudrirán y se reducirán a cenizas.

Pero en contraste, aquellos que coloquen su esperanza en el eterno Reino del Cielo que no se podrirá ni se quemará, son los que son bendecidos. Solo aquellos que están sin pecado pueden entrar en la Santa Ciudad de Jerusalén preparada por Dios, la gente más feliz en este mundo son aquellos que tienen al Cielo en sus posesiones, cuyos pecados han sido todos perdonados y limpiados.

Debemos vivir nuestras vidas bendecidos por Dios, como los que dan Gloria a Él por darnos el Cielo y la Tierra Nuevos, y que nos dedicamos nosotros mismos a predicar el verdadero evangelio que permite a cada alma entrar al Cielo.

Vivamos en tales bendiciones, seamos amados por Dios, y, cuando estemos ante la presencia de nuestro Señor, vivamos por siempre entre Sus brazos.