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[3-10] < Juan 4:1-24 > ¿Quién adora en Espíritu y Verdad?



< Juan 4:1-24 >

“Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”



¿Qué significa tener fe para adorar a Dios en Espíritu y Verdad?


Hoy me gustaría explicarles lo que significa esto. El Señor dijo: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). Esto significa que debemos ser movidos por el Espíritu Santo cuando adoramos a Dios, es decir ser movidos por Dios mismo. ¿Qué tipo de fe se necesita para adorar a Dios en espíritu y verdad? Es el tipo de fe que nos pide que adoremos a Dios al creer que el Señor cargó con todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán y que también cargó con la condena de todos esos pecados. En otras palabras, adoramos a Dios en espíritu y verdad gracias al don del Espíritu Santo que hemos recibido de Dios al aceptar la remisión de los pecados en nuestros corazones por fe. Como creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, estamos obligados a confesar nuestra fe y decir: “Dios es mi Señor y mi Dios”. 

El Señor dijo: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). Esto significa que debemos lavar nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y adorar a Dios espiritualmente. En otras palabras, el Señor nos está diciendo que adoremos a Dios a través de nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. 

Leamos Mateo 3:13-17 para entender cómo podemos adorar a Dios de esta manera. Este pasaje describe qué ocurrió cuando Jesús fue bautizado. Voy a leerlo: “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. 

Aquí vemos que Jesús fue al río Jordán. Antes de esto, Juan el Bautista había estado predicando y gritando al pueblo de Israel: “¡Arrepentíos, raza de víboras! ¡Volved a Dios! El día de Su juicio está cerca y el hacha está puesta en la raíz de los árboles. Quien no vuelva a Dios de todo corazón será cortado y arrojado al fuego. ¡Así que arrepentíos de corazón! ¡Volved a Dios!” Jesús fue a Juan el Bautista y le pidió que le bautizase. Pero Juan el Bautista se negó al principio diciendo: “¿Cómo me pides que te bautice yo a Ti cuando soy yo quien necesita ser bautizado por Ti?” Para Juan esto era inconcebible.



Los dos significados del bautismo administrado por Juan el Bautista


Hay dos tipos de bautismo que Juan el Bautista administró. El primero es el bautismo del arrepentimiento, por el que llamó a todo el mundo a volver a Dios. Y el segundo es el bautismo de Jesús, a través del que el Señor cargó con todos los pecados del mundo para siempre. Este es el bautismo a través del que Juan el Bautista pasó todos los pecados del mundo a Jesús de una vez por todas. Al principio Juan el Bautista se negó a bautizar a Jesús, diciéndole: “Yo necesito ser bautizado por Ti, ¿pero Tú vienes a mí?”. Sin embargo, Jesús le dijo: “Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia”. Esto significa que era la justicia de Dios que Jesús cargase con los pecados del mundo para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista y salvar a toda la raza humana de sus pecados. 

Sin embargo, muchos cristianos no entienden completamente este pasaje de las Escrituras. Así que dicen: “¿Dónde dice la Biblia que nuestros pecados fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado por Juan el Bautista?”. Debemos examinar aquí si todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús para siempre cuando fue bautizado por Juan el Bautista. Esto es lo que Jesús mismo dice en Mateo 3:13-15. Y si esto es lo que Jesús está diciendo, solo puede significar que todos los pecados del mundo fueron pasados a Su cuerpo cuando fue bautizado por Juan el Bautista. Pero, muchas personas, a pesar de esta verdad, todavía preguntan dónde está la prueba. Puedo asegurarles que la prueba se encuentra en el capítulo tres de Mateo, donde se dice que los pecados del mundo fueron pasados a Jesucristo “de una vez por todas” a través de Juan el Bautista si estudian la Palabra de las Escrituras correctamente. Los escépticos no tienen ninguna prueba de lo contrario. 

Quiero pasar unos minutos para verificar una vez más que Jesús cargó con los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Les pido que consideren esto objetivamente una vez más. Esto es lo que Jesús le dijo a Juan el Bautista junto antes de ser bautizado: “Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia”. La palabra “así” aquí se refiere a el acto del bautismo que Juan el Bautista le dio a Jesús, es decir, Jesús dijo que era correcto que Él cargase con los pecados de este mundo al ser bautizado por Juan el Bautista. “Toda justicia” aquí significa que Jesús nos dejaría sin pecados al cargar con todos los pecados cometidos por nosotros en este mundo. En otras palabras, la justicia de Dios consiste en dejar a todo el mundo sin pecados. Es absolutamente incorrecto intentar establecer nuestra propia justicia de la carne y así levantarnos contra la justicia de Dios. 

La cara usada de un trapo siempre está sucia, mientras que la cara no usada está limpia. Pero la justicia de la humanidad está más sucia que ese trapo. Sin embargo, la gente se engaña pensando que, solo por haber hecho unas pocas cosas buenas, su conciencia está limpia. Sin embargo, de la misma manera en que nunca se lavarían la cara con un trapo por muy limpio que parezca, no pueden entrar en el Reino de los Cielos al confiar en su justicia humana. Así que, como la justicia de la humanidad es como un trapo, los seres humanos no pueden estar sin pecados a los ojos de Dios por muchas buenas obras que hagan. Como hemos nacido como descendientes de Adán, no podemos convertirnos en hijos de Dios por nuestra cuenta. Esto se debe a que, por muchas buenas obras que hagan los seres humanos, todos nacen con pecado por naturaleza. 

Al contrario que la justicia de la humanidad, la justicia de Dios es perfecta. La justicia de Dios es esta: como los seres humanos son incapaces de vivir según la Ley de Dios, Jesús mismo ha eliminado todos los pecados cometidos por todo el mundo al cargar con ellos a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista y recibió el castigo de la crucifixión. Esta es la justicia de Dios. Cuando Jesús estaba a punto de ser bautizado por Juan el Bautista, le dijo: “Conviene así que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:14). ¿Cuál es el significado real de este pasaje? Esto significa que, cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, cargó para siempre con todos los pecados que hemos cometido y cometeremos desde el día en que nacimos en este mundo hasta el día en que morimos a través de este bautismo. 

Quiero explicar mejor esto utilizando el texto original en griego. La frase “conviene así” en Mateo 3:15 es “ουτως (hutos)” y “πασαν δικαιοσυνην” en griego. Cuando Jesús fue bautizado dijo que “era para el cumplimiento de toda la justicia de Dios que Juan el Bautista tenía que bautizarle y Él tenía que recibir este bautismo”. Esto es lo que quiere decir “ουτως (hutos)” y “πασαν δικαιοσυνην (pasan dik-ah-yos-oo’-nayn)” en el texto original. La palabra “ουτως (hutos)”, que se traduce como “así” en español, significa “de esta manera”, “de la manera más adecuada” y “de ninguna otra manera”. La siguiente palabra, “δικαιοσυνην (dik-ah-yos-oo’-nayn)”, significa “lo más correcto”. Esto no es mi propia interpretación, sino que está escrito en griego, que es uno de los idiomas más claros. 

Por eso Dios hizo que el Antiguo Testamento se escribiese en griego. El texto original del Nuevo Testamento estaba escrito en griego. El Antiguo Testamento, sin embargo, se escribió en hebreo, un idioma arameo. En español la palabra “amor” denota todo tipo de amor, desde el amor de los padres y los hijos hasta el amor romántico que las parejas tienen. Por el contrario, el griego tiene palabras específicas para describir diferentes tipos de amor. Por ejemplo, el amor de Dios se expresa con la palabra “ágape”. Esta palabra se refiere al amor incondicional de Dios. Su uso es diferente al del amor usual entre seres humanos. La palabra “amor” se usa de manera global en inglés. Se utiliza para describir todo tipo de amor, desde el amor de los padres al amor romántico, e incluso el amor propio. Pero el griego distingue el amor de Dios con la palabra específica “ágape”. El amor entre amigos se expresa con “philia”. El amor romántico entre los miembros del sexo opuesto se denomina “eros”.

Así que, en la Biblia, donde se dice: “Pues conviene así que cumplamos toda justicia”, es decir “ουτως (hutos)” y “πασαν δικαιοσυνην (pasan dik-ah-yos-oo’-nayn)” en griego, significa que la justicia de Dios había determinado que Jesús cargase con todos los pecados de la humanidad cuando fue bautizado. En otras palabras, Jesús estaba diciendo a Juan el Bautista: “Lo más adecuado y correcto es que Me bautices. No hay otra manera para cargar con los pecados de la humanidad para siempre si no es recibiendo el bautismo de ti. Así que debo ser bautizado por ti. Debo llevar la salvación más justa a la humanidad al recibir el bautismo de ti”. Cuando Jesús dijo: “Pues conviene así que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15), estaba expresando Su deseo de cumplir la justicia de Dios. Cuando Juan el Bautista escuchó a Jesús decir esto, le dejó. 

Cuando Jesús salió del agua después de ser bautizado, se escuchó la voz de Dios: “Este es Mi Hijo amado, en quien tengo Mi complacencia”. ¿Qué significa esto? Dios Padre estaba diciendo: “De la forma más adecuada, al ser bautizado por Juan el Bautista, el representante de la humanidad, Mi Hijo ha cargado con todos los pecados de los seres humanos para su salvación perfecta”. En otras palabras, Dios estaba diciendo que Su Hijo tenía que cargar con los pecados de la humanidad. Y estuvo complacido en Su Hijo. Dios no podría haber tenido complacencia en Su Hijo si no le hubiese obedecido, pero como el Hijo había sido bautizado en obediencia a Su voluntad, Dios se complació en Él. 

Como Jesucristo cargó con todos los pecados que cometemos con nuestros cuerpos, corazones y debilidades de la forma más adecuada y correcta, tuvo que llevarlos a la Cruz y ser condenado por ellos. Antes de morir en la Cruz, Jesús oró a Dios Padre: “Padre, por favor, aparta de Mí este cáliz si es posible. Pero hágase Tu voluntad y no la Mía. He cargado con todos los pecados de la humanidad al ser bautizado. Y por eso debemos cargar con todas las maldiciones de la humanidad en Mi cuerpo. Tengo mucho miedo, Padre. Si hay alguna manera de librarme, no quiero ser crucificado. ¿No puedo eliminar todos los pecados de la humanidad al llevarme al Cielo? ¿Tengo que ser crucificado sin falta?”. 

Nuestro Señor agonizó de esta manera. Sin embargo, como dice la Biblia: “Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13), la Ley de Dios decía que los seres humanos más malditos y horribles tenían que ser crucificados y sangrar hasta morir. Esa era la ley de Dios para ejecutar a los pecadores más malvados. Así que, Dios Padre le dijo a Jesús: “Mi Hijo, ¿no has cargado con todos los pecados de la humanidad? ¿No le has dicho a Juan el Bautista que cumplirás toda la justicia al hacer esto? ¿Acaso no fuiste bautizado por Juan el Bautista de esta manera y no cargaste con todos los pecados del mundo Una vez cargaste con los pecados de la humanidad, todas sus maldiciones descansaron sobre Ti. Por tanto, debes cargar con estas maldiciones con Tu cuerpo.” Nuestro Señor entonces se decidió a seguir esta voluntad del Padre. 

Al contrario que nuestro Señor, quien agonizó tanto por esta decisión, Sus discípulos le acompañaron y se quedaron dormidos porque estaba cansados. Así que el Señor les dijo: “¿Tan cansados estáis? ¿No os podéis quedar despiertos ni un poco? El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. Volved a dormir y descansar. He cargado con los pecados de la humanidad a través de Mi bautismo, y al ser bautizado, cumpliré vuestra perfecta salvación”. Poco después de decirles esto a los discípulos, nuestro Señor fue arrestado por los soldados romanos por la traición de Judas. Fue juzgado en la corte de Pilato, azotado y despreciado, y cargó con una Cruz de madera pesadas a Sus espaldas. El cuerpo de Jesús estaba lleno de heridas por los 39 azotes que recibió. Pero, aun así, fue obligado a cargar con el instrumento de Su propia ejecución como era costumbre. Sufrió mucho bajo el peso de la Cruz. Al ver esto, un hombre llamado Simón de Cirene, movido por su compasión llevó la Cruz de Jesús por Él. 



La Palabra de Jesús


Jesús le dijo a Juan el Bautista: “Si no me bautizas, no puedo salvar a la humanidad perfectamente. Por tanto, debo ser bautizado por ti de la manera más adecuada”. Entonces fue bautizado por Juan. Y Dios Padre dio testimonio de esto. Sobre la cabeza de Jesús saliendo del agua después de Su bautismo, Dios dijo: “Este es Mi Hijo amado, en quien tengo Mi complacencia”. Cuando leemos este pasaje en el texto original, podemos darnos cuenta de lo siguiente: “Al ser bautizado de la manera más adecuada, Jesús ha completado nuestra salvación justa. No nos dijo que no teníamos pecados, aunque los tuviésemos. Pero, a través de Juan el Bautista, el último profeta y Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento, Jesús aceptó todos los pecados de la humanidad, ya fueran cometidos en sus corazones o cuerpos, de la misma manera en que los pecados del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento pasados al animal vivo del sacrificio cuando el Sumo Sacerdote ponía las manos sobre el animal. 

En realidad, el Señor ha cumplido la salvación más adecuada a través de este bautismo. El texto original griego de la Biblia tiene este significado claramente. Así que he dejado claro esto en mis libros y en nuestros boletines. Lo hago porque no quiero que la gente haga afirmaciones infundadas y diga: “¿Dónde está escrito en la Biblia que todos nuestros pecados fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado?”. No hay que dudar de esto. Jesús ha cumplido la salvación más justa al ser bautizado de la manera más adecuada y sin falta. 

¿No es cierto que Jesús nos ha salvado de todos nuestros pecados para siempre al aceptarlos todos cuando fue bautizado? Si nuestros pecados no hubiesen sido pasados a Jesús y hubiesen permanecido intactos en nuestros corazones, ¿cómo podemos hacer afirmaciones infundadas de que hemos recibido la remisión de los pecados y cómo podemos decirle a Dios que somos justos y llamarle Padre? Esto es solo posible porque nuestros pecados fueron pasados a Jesús para siempre cuando fue bautizado de la manera más justa posible, podemos creer verdaderamente en Jesús como nuestro Salvador y recibir el Espíritu de Dios de Dios Padre. Por eso podemos obedecer el mandamiento del Señor y “adorarle en espíritu y verdad”. Creemos que todos los pecados que hemos cometido y cometeremos desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos fueron pasados a Jesucristo cuando fue bautizado; creemos que Jesús fue condenado en la Cruz en nuestro lugar; creemos de todo corazón en la Palabra del Antiguo y Nuevo Testamento a los ojos de Dios; y somos los que hemos recibido la remisión de los pecados y adorar a Dios en espíritu y verdad. Esto es lo que significa adorar a Dios en espíritu y verdad. 

Quiero hacerles una pregunta en este momento. ¿Fueron pasados a Jesús todos nuestros pecados cuando fue bautizado o no? Por supuesto que sí. Este no es un mero dogma, sino que es la Verdad fundamental. Se trata de creer en la Palabra escrita. Se trata de creer en la Verdad. No es un credo de una secta. Pero, a pesar de esto, muchos pastores hoy en día no conocen el texto original ni tienen el deseo de buscarlo y por eso no lo pueden aplicar. Cuando mis sermones son traducidos, el significado puede cambiar drásticamente dependiendo de qué palabras se utilizan. Por ejemplo, cuando digo que nuestros pecados fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado, dependiendo de la palabra utilizada para traducir el verbo pasar, puede tener un significado diferente. En coreano utilizo la misma palabra coreana para “pasar”, pero el traductor puede utilizar una palabra diferente que es adecuada para el contexto. 

De esta manera, solo una persona que conoce el texto original de las Escrituras puede aplicarlo correctamente. Cuando alguien lee el texto original puede ver qué dice la Biblia. Aunque se me olvide lo demás, no se me olvidarán las palabras “ουτως (hutos)” y “πασαν δικαιοσυνην (pasan dik-ah-yos-oo’-nayn)”. He memorizado estas palabras para conocer su significado como la palma de mi mano. Estas palabras significan “de la manera más adecuada”, “lo más correcto” o “de ninguna otra manera”. Significan que Jesús ha eliminado nuestros pecados de la manera más justa al ser bautizado por Juan el Bautista. Este es el significado que el bautismo de Jesús. Y a través de este bautismo todos nuestros pecados fueron pasados a Jesús, y al creer en esto hemos llegado a nuestra verdadera salvación. Por eso Jesús dijo en el capítulo 4 de Juan: “Dios es Espíritu y los que le adoran deben adorarle en espíritu y verdad”. Los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el bautismo de Jesús, y los que se han convertido en hijos de Dios al recibir el don del Espíritu Santo en sus corazones, pueden adorar a Dios en espíritu y verdad. Dios se deleita en aceptar la adoración de estas personas. Busca a los que adoran de la manera correcta. 

En el pasaje de las Escrituras de hoy vemos que Jesús se separó de Judea y se fue a Galilea y pasó por Samaria. En aquel entonces, Samaria era la región que había experimentado muchas invasiones enemigas en Israel, desde Babilonia a Siria. Así que las mujeres en Samaria habían sufrido mucho por estas invasiones extranjeras, de la misma manera en que muchas mujeres coreanas sufrieron bajo el dominio colonial japonés. Como resultado, los habitantes de Samaria no pudieron mantener su linaje judío puro. Hay varias naciones en el mundo que, hasta el presente, dicen ser étnicamente homogéneas y puras, pero en realidad, esto no es cierto. De cualquier manera, Jesús fue a Galilea solo al pasar por esta región de Samaria. 

De camino llegó a la ciudad de Sicar donde estaba el pozo de Jacob a mediodía. Esa era la hora más calurosa del día. Cansado del viaje, Jesús se sentó junto al pozo y una mujer de Samaria fue al pozo a sacar agua bajo el sol abrasador. Entonces Jesús le pidió agua a esta mujer. Los discípulos habían ido a la ciudad a comprar pan y por eso Jesús estaba solo cuando la mujer de Samaria fue al pozo. Debemos ponernos en la situación de esta mujer. Había ido al pozo pensando que no habría nadie, pero había un hombre joven sentado junto al pozo. Y este hombre le dijo: “Dame agua”. La mujer le dijo entonces: “¿Cómo es que Tú, siendo judío, me pides agua a mí, una mujer de Samaria?”. Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10). 

La mujer le dijo a Jesús: “¿Cómo vas a darme agua cuando Tú eres el que me ha pedido agua? ¿Tienes un cubo? Ni siquiera tienes un cubo, ¿cómo me vas a dar agua? ¡No tiene sentido lo que dices!”. Encontramos este suceso en Juan 4:11-14: “La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. La mujer hablaba con bastante confianza, ya que le dijo a Jesús: “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla” (Juan 4:15). 

Dicho de otra manera, hubo una discusión entre Jesús y esta mujer junto al pozo. “Dame agua”, le preguntó a Jesús la mujer. “¿Cómo es que Tú, un judío, me pides agua?”, contestó la mujer. Jesús le dijo: “Si me hubieses pedido agua sabiendo quién soy, te habría dado agua vida”. La mujer dijo: “¿Cómo vas a darme agua si no tienes un cubo?”. Jesús le pidió a la mujer que le trajese a su marido. Las primeras rondas fueron empate. En la tercera ronda Jesús estaba contra la pared. Pero, en la cuarta ronda, Jesús le dijo a la mujer que fuese a buscar a su marido. 

La mujer estaba sorprendida y dijo: “No tengo marido”. Jesús le dijo entonces: “Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad” (Juan 4:17-18). La mujer pensó para sí misma: “Lo sabe todo sobre mi vida pasada y mis cinco maridos anteriores, y el sexto hombre con el que vivo no es mi marido”. Ahora se había acabado la discusión. La mujer aceptó su derrota y le dijo a Jesús al final: “No eres un hombre ordinario, sino un profeta. Dios ha enviado a Sus profetas al pueblo de Israel de vez en cuando. Como lo sabes todo sobre mí, está claro que eres un profeta”. 

En aquel entonces la mujer había tenido cinco maridos y ahora vivía con el sexto hombre. Cuando el Señor le dijo que el hombre con el que vivía no era su marido, le dijo: “¡Eres un profeta! ¿Cómo lo sabes todo sobre mí? Tienes razón”. Jesús dijo aquí que el hombre con el que vivía la mujer de Samaria no era su marido. Esto implica que su verdadero marido era Jesucristo. En la Biblia, el marido suele ser Jesucristo. Aunque la mujer había vivido con seis hombres diferentes, ninguno de ellos era su verdadero marido. ¿Qué significa esto? En este mundo hay muchas personas que creen en el dinero como si fuera su marido y como su Dios. Piensan que el dinero es su marido y su Dios. Pero este dinero no puede ser el Dios de nadie. El dinero no dura para siempre. Viene y se va. En vez de protegernos, puede arruinarnos. Cuando la gente acumula riquezas, normalmente busca la fama. Para estas personas la fama se convierte en su marido y están dispuestas a arriesgar sus vidas para conseguir la fama que buscan. 



La búsqueda incorrecta de la fama 


Incluso los cristianos buscan la fama por muchas razones inválidas. Por ejemplo, había un teólogo que ni siquiera creía en la divinidad de Jesús. Este teólogo fue a prisión por ser cristiano y al final fue martirizado por Jesús. Pero su razón por el martirio era completamente inválida. Entregó su vida para defender su reputación como teólogo, pensando: “Soy un teólogo. He sido amenazado de muerte por mi fe en Jesús, pero si evito el martirio perderé mi reputación como teólogo. Así que, para defender mi honor, debo aceptar mi martirio”. 

Los líderes de la iglesia primitiva que aprendieron directamente de los doce Apóstoles, los discípulos de Jesús son los Padres de la Iglesia. Algunos de estos Padres de la Iglesia, como Origen, negaron la divinidad de Jesús. Pero, incluso estas personas fueron martirizadas para defender su propia reputación. Estas cosas ocurren todo el tiempo. Durante la Guerra de Corea hubo un hombre llamado Chudal Bae, quien fue ejecutado por los soldados de Corea del Norte por negarse a obedecer sus órdenes. Los soldados de Corea del Norte, después de ocupar la aldea de Bae, tomaron prisioneros o mataron a los propietarios de las tierras, mientras que perdonaron la vida a los arrendatarios. Como agricultor arrendatario, la vida de Bae fue perdonada. Sin embargo, cuando los soldados de Corea del Norte escucharon que Bae no trabajaba los domingos por su fe cristiana, quisieron probarle. Así que un domingo le pidieron a Bae que barriese el patio, pero él se negó diciendo que no podía trabajar en un día santo. Los soldados de Corea del Norte se rieron de su creencia, diciendo que Dios no se iba a enfadar solo porque barriese el patio una vez. También le amenazaron de muerte si no seguía sus órdenes. Aun así Bae se negó a obedecerles. 

Los soldados se enojaron con la desobediencia de Bae y lo ataron a un árbol y le dijeron: “Esta es tu última oportunidad. Si barres el patio podrás vivir otro día, pero si no lo barres el patio morirás hoy. ¿Qué eliges?”. Pero Bae se negó y al final los soldados lo mataron. Después de su muerte, la congregación de su iglesia lo nombraron diácono póstumo, alabándole por haber sido martirizado y haber entregado su vida para santificar el domingo. Este joven murió una muerte sin sentido para obtener fama solamente. Después de todo, ¿importa que comamos, echemos una siesta y barramos el patio un domingo? 

El domingo nos enseña a defender nuestra fe en que el Señor ha eliminado todos nuestros pecados. Nos enseña a creer que Dios ha eliminado todos nuestros pecados y a creer en este Evangelio. La Palabra de Dios debería ser siempre interpretada espiritualmente, nunca literalmente. Si guardamos el domingo estrictamente, no podremos ni utilizar la electricidad. Después de todo, el Antiguo Testamento dice que todo el mundo en la casa, siervos y siervas e incluso el ganado debe descansar en Sabbat. 

Muchos teólogos coreanos murieron durante la Guerra de Corea para guardar el Sabbat. La Iglesia Presbiteriana Kosin en Corea tuvo muchos mártires, y antes de ella, estaba la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en Corea. En estas denominaciones, incluso los laicos fueron martirizados por el Sabbat. Así que, en Corea, las denominaciones que se enorgullecen de guardar el Sabbat incluyen la Iglesia Adventista del Séptimo Día y la Iglesia Presbiteriana de Jaegun en Corea. Los creyentes de la Iglesia Presbiteriana de Jaegun en Corea no hacían fuego los domingos. Pensaban que era escandaloso que saliese humo de la chimenea los domingos. Pero aun así comían. Utilizaban electrodomésticos eléctricos para cocinar. Lo único que les importaba era que nadie viese humo salir de la chimenea. 

La Iglesia Presbiteriana de Koryeopa, salida de la Iglesia Presbiteriana de Jaegun en Corea, recibió su nombre porque afirmaba seguir la fe antigua, y de ahí salió otra denominación llamada Iglesia Presbiteriana de Hapdongpa por su llamada a la unidad. Como resultado de este sectarismo, decenas de diferentes denominaciones presbiterianas fueron creadas, desde Kosin a Korye y Kosin Reformada, Honam Kosin, etc. Así es como aparecieron las diferentes denominaciones presbiterianas. En cualquier caso, cuando vemos de cerca a los seguidores de estas denominaciones que son famosas por el martirio podemos ver que murieron por sus propias reputaciones. Estas muertes fueron en vano. No debemos entregar nuestras vidas por estas cosas tan triviales. Si se nos pide que barramos el patio el domingo, debemos barrerlo y después descansar. No vale la pena arriesgar la vida por cosas tan triviales. 

Algunos estudiantes de seminario estudian mucho para convertirse en pastores famosos. Pero, algunos de ellos mueren de cansancio antes de graduarse. Esto se debe a que buscan la fama. Algunas personas arriesgan sus vidas por la fama, mientras que otras las arriesgan por dinero. Estas personas intentan servir a Dios con fama y dinero. Algunas personas siguen a Soka Gakkai, un movimiento religioso nuevo de Japón, y quieren cantar el nombre del Lotus Sutra cuando el sol se levanta por el Este, creyendo que esto les dará prosperidad. ¿Y qué hay de los católicos? Recitan el Avemaría todo el tiempo, orando: “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo....Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores”. Los budistas tienen sus cánticos que repiten constantemente: “Namo Amitabha Buddhaya”. 

Esto, queridos hermanos, es la religión del hombre. Sus seguidores practican estas cosas inútiles. De esta manera, muchas personas sirven a Dios como una religión. También hay personas que sirven a Dios por placer. La mujer samaritana del pasaje de las Escrituras de hoy tenía seis maridos y consideró a cada uno de ellos su dios. Sin embargo, ni el dinero, ni la fama, ni el placer o el poder pueden ser el Dios de nadie. Así que el Señor le dijo: “El hombre con el que vives ahora no es tu marido”. Y la mujer le contestó: “Tienes razón. Lo sabes todo. Tienes toda la razón”. 

Mis queridos hermanos, por mucho que adoremos el dinero, el placer o la fama, nunca pueden ser nuestro verdadero Dios. Solo Jesucristo es el verdadero Salvador y Dios para nosotros. Por eso la mujer samaritana admitió esto cuando Jesús le dijo que el hombre con el que vivía no era su marido y por eso lo llamó profeta. Entonces le dijo: “Eres un judío y yo una samaritana. Los samaritanos adoran en esta montaña, pero los judíos dicen que Jerusalén es el lugar donde hay que adorar”. Para ello es necesario saber un poco de historia. Puede que recuerden al Rey Rehoboam y al Rey Jeroboam, quienes reinaron sobre Judá e Israel después de Salomón. Rehoboam era el hijo de Salomón. Después de la muerte de Salomón Israel quedó dividido en dos reinos, con diez tribus que se rebelaron contra Rehoboam y establecieron un reino con Jeroboam, que había sido siervo de Salomón. Este reino del norte se llamó Israel y también fue conocido como Samaria. El reino de Rehoboam, por otra parte, solo retuvo la lealtad de las tribus de Judá y Benjamín, y fue llamado el Reino de Judá. 

Así es como Israel fue dividido en Judá y Samaria. Después de esto los samaritanos establecieron el decimoquinto día del octavo mes como día de adoración y adoraron a un becerro de oro en una montaña en Samaria. Por el contrario, el Reino de Judá adoró al Señor Dios el décimo día del séptimo mes. Por este contexto histórico la mujer samaritana dijo: “¿Acaso no deben adorar en Jerusalén los judíos?”. ¿Qué contestó Jesús? Pasemos a este suceso en la Biblia: “Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:21-24). ¿Qué significa esto? Significa que Dios está buscando a los que adoran en espíritu y verdad. Dicho de otra manera, a Dios no le importa dónde adoren ni a qué denominación pertenezcan. Estas cosas no tienen importancia. 

La mujer samaritana también le preguntó a Jesús: “Este pozo nos lo dio Jacob. ¿Eres tú mayor que Jacob?”. Espiritualmente hablando, esto se refiere a las diferencias entre denominaciones. Estaba diciendo a Jesús: “Este pozo de Jacob ha existido durante mucho tiempo. ¿Estás diciendo que Tu agua es mejor que el agua de este pozo? Jacob, nuestro padre, cavó un pozo tan profundo para que nuestro ganado pudiese beber de él. El agua de este pozo es tan maravillosa. ¿Pueden darnos agua que es mejor que esta?”. Esto es lo que estaba diciendo la mujer. ¿Qué es lo que implica? Implica que la mujer samaritana le estaba hablando a Jesús desde la perspectiva de su propia secta. 

¿Acaso no son así muchos cristianos? Simplemente alardean de sus denominaciones, sin saber cómo deben creer en Dios o cómo Jesucristo les ha salvado y no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Este pozo de Jacob tenía miles de años. Muchos cristianos alardean de la larga historia de sus denominaciones. Los presbiterianos hablan como si su denominación tuviera miles de años. En realidad, la historia del presbiterianismo solo tiene 500 años. 

Los primeros seminarios fueron creados en el siglo XVIII. En el siglo XVIII surgió la teología protestante, como la presbiteriana y baptista. Su historia no es tan larga, ya que solo tiene 300 años. En el 313 d.C. el Emperador Constantino emitió el Edicto de Milán, que estableció la religión de la Iglesia Católica como la religión oficial del Imperio Romano. Desde entonces y hasta la aparición de Lutero en el siglo XV, el mundo vivió en la Edad Oscura. Durante esos tiempos, la Iglesia Católica confiscaba la propiedad de la gente simplemente acusándola de herejía. Así es como la Iglesia Católica ejercitó un poder enorme. Durante la Edad Media nadie podía enfrentarse a la Iglesia Católica y sobrevivir, ni siquiera los reyes. 

En Inglaterra, una iglesia diferente fue establecida cuando el Papa se negó a concederle al rey de Inglaterra la anulación de su matrimonio para que pudiera volver a casarse. Todos conocen esto. Esa iglesia fue establecida precisamente porque la Iglesia Católica se negó a darle al Rey Enrique VIII la anulación que quería. Y se llama la iglesia anglicana. La Iglesia Anglicana es una fusión de catolicismo y protestantismo y conserva la mayoría de los rituales católicos, pero incorpora doctrinas protestantes. Hay otro grupo de iglesias protestantes, conocidas como la Iglesia Reformada, que fueron mucho más radicales en su rechazo del catolicismo. 

¿Qué importa lo antigua que sea la historia de su denominación? ¿Qué importa lo profundo que fuese el pozo de Jacob? Por muy profundo que fuese el pozo de Jacob, toda el agua que la gente sacaba de él se acababa y después volvían a tener sed. El agua que sacaban para el día se acababa al final del día. No tenían otro remedio que volver al pozo el día siguiente. Esta agua tenía que sacarse día tras días. Lo mismo ocurre con las denominaciones. Por muy arraigadas que estén en la historia y la tradición, sus doctrinas humanas no pueden saciar la sed de los corazones de la gente. No pueden dar la verdadera agua vida. Solo los que tienen la Palabra de nacer de nuevo del agua y el Espíritu, la Palabra de Jesús, pueden obtener el agua de la fuente de la vida eterna. 

En otras palabras, alcanzamos nuestra salvación finalmente y obtenemos el agua eterna solo cuando recibimos la remisión de los pecados al creer de corazón que Jesús cargó con todos nuestros pecados de la manera más adecuada y justa a través de Su bautismo y que los ha eliminado con Su muerte en la Cruz. No deben alardear de sus denominaciones. La mujer samaritana en el pasaje de las Escrituras de hoy alardeó de su sectarismo, pero cuando Jesús le dijo que le daría el agua de la vida eterna, y que nunca tendría sed si bebía de esa agua, le pidió que se la diera. Entonces el Señor le dijo que le llevase a su marido. 



La condición previa de recibir la remisión de los pecados 


Para recibir la remisión de los pecados, primero deben darse cuenta de que son pecadores. Y también deben darse cuenta de que lo que han conocido, creído y seguido hasta ahora no era el verdadero Dios. Deben creer que Jesucristo solamente es su Dios y su Salvador. Aunque el Señor quiera darles la remisión de los pecados y la bendición de nacer de nuevo del agua y el Espíritu no puede hacerlo si no saben si han encontrado a Dios o no. Si han encontrado a Dios entonces no necesitan encontrar la manera de buscarlo de nuevo. Lo que quiero decir es que, los que han recibido la remisión de los pecados una vez no tienen que recibirla de nuevo. La remisión de los pecados solo se recibe una vez. Su efecto dura para siempre. Cuando escuchan la Palabra de Dios se convierte en una fuente que nunca se vacía. 

Todos los pecados que hemos cometido con nuestra carne fueron pasados a Jesús. ¿Seguimos siendo pecadores o estamos sin pecados? Por supuesto que estamos sin pecados. Todos los pecados que cometen en este mundo fueron pasados a Jesús. Esta es la razón por la que podemos adorar a Dios en la verdadera fe. Los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu podemos adorar a Dios ahora por la verdadera fe. Como Jesús tomó todos nuestros pecados para siempre a través de Su bautismo, no tenemos más pecados. Se ha convertido en nuestro verdadero Salvador. Por tanto, si quieren recibir la verdadera remisión de los pecados de Jesús, primero deben darse cuenta claramente de qué tipos de pecados han heredado de sus padres y de que son pecadores que no pueden evitar pecar todo el tiempo en este mundo. 



El Señor le dijo a la mujer samaritana: “Trae a tu marido”


“No tengo marido”, dijo la mujer. “Tienes razón. Has tenido cinco maridos y el hombre con el que vives no es tu marido”, dijo Jesús. La mujer lo admitió y dijo: “Tienes razón”. Mis queridos hermanos, puede que hayan vivido en este mundo confiando en el dinero, la fama, el placer, la religión o en sí mismos, ¿pero les han salvado estas cosas? ¿Ha eliminado sus pecados el dinero? ¿Ha eliminado sus pecados el poder? No, por supuesto que no. Ni el dinero, ni la fama, ni el poder, ni la religión, ni ustedes mismos pueden salvarles. Estas cosas no pueden salvarles de sus pecados. Ni el dinero ni la fama les puede dar la salvación. Deben darse cuenta de que por mucho dinero que ofrezcan a la iglesia o templo, este dinero no puede eliminar sus pecados, aunque donen todas sus posesiones. El dinero no puede ser su Dios. El dinero no puede ser su Salvador. Pero, a pesar de esto, muchas personas piensan que el dinero es todo lo que necesitan. Incluso en la muerte la gente piensa que necesita dinero. Fíjense en cómo se celebran los funerales hoy en día. Cuestan miles o decenas de miles de dólares, como si un ataúd caro o una lápida opulenta importasen para su destino final. 

El que vayan al Cielo o al infierno no tiene nada que ver con el dinero. No tiene nada que ver con sus posesiones materiales; no tiene nada que ver con su placer, ni con su fama. No tiene nada que ver con ustedes tampoco. Solo pueden ir al Cielo si creen en Jesús, en Su bautismo y Cruz. Por mucho poder que tengan, no pueden entrar en el Reino de los Cielos con su propio poder. Cuando el presidente Park Chung-Hee murió, representantes de varias religiones, incluyendo el budismo, protestantismo y catolicismo fueron al funeral y se turnaron para orar por él. Esto se hizo para que por lo menos una de las deidades recibiese a Park en la otra vida. 

Sin embargo, cierto pastor dio un sermón que decía: “Cosecharás lo que siembres”. Muchos coreanos le aplaudieron por decir esto. El presidente Park fue un dictador y mató a mucha gente durante su dictadura. Así que la gente decía: “Park ha matado a mucha gente, es justo que él también sea ejecutado”. En vez de ser un día de consuelo, se convirtió en un día de condena. Entonces un sacerdote católico encendió incienso y oró: “Santos, oremos por esta alma. San Padre, intercede por esta alma”. Cuando estuve hospitalizado vi muchos rituales iguales. Se conoce como el último sacramento, en el que un sacerdote recita largas oraciones por el alma que se ha ido. Vi esto demasiadas veces y me cansé de verlo. ¿Qué tipo de oraciones son estas? Piden a los santos que están en el Cielo que oren a Dios Padre por el alma de la persona que está muriendo, para que sea librada del infierno. 

De esto se trata la religión. Pero, por muchas oraciones fervientes que se ofrezcan, ¿puede esta religión salvar a alguien? ¿Nos salva el dinero? ¿Nos salva la fama? ¿Nos salva el poder? ¿Nos salvamos a nosotros mismos? No, nada de esto puede salvarnos. Pero, muchas personas piensan que pueden alcanzar la salvación al confiar en sus propios medios. En realidad, estas creencias dan risa. 

Está escrito en Juan 4:18-19: “Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta”. Mis queridos hermanos, desde el día en que nacimos, estábamos destinados a morir. Todos estábamos destinados a ir al infierno. ¿Qué dijo David en Salmos? Leamos Salmos 51:5 y veamos qué dijo: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”. ¿Qué significa esto? David dijo aquí que nació en iniquidad y que su madre lo concibió en pecado. Esto significa que los seres humanos heredan los pecados de sus padres desde el día en que nacen, y que nacen en este mundo con los pecados de sus antecesores de la fe en sus corazones. Así que esto se conoce como el pecado original. Esto se refiere al pecado con el que nace todo el mundo como descendiente de Adán. 

Como todos los seres humanos nacen con este pecado original sin excepción, cometen los doce tipos de pecados en sus vidas constantemente. Este pecado florece durante las cuatro estaciones y los doce meses del año, desde el asesinato hasta la codicia, hurto, adulterio e insensatez. Por mucho que la gente intente decidir no cometer más pecados el año que viene, acaba pecando de nuevo. De la misma manera en que hay doce meses en un año, cometemos doce tipos de pecados durante el año y lo hacemos de nuevo el año siguiente. Está en nuestra naturaleza humana cometer pecados hasta que morimos. 

David creyó en Dios ardientemente. ¿Cómo de fuerte era su fe? Era tan fuerte que admitió su verdadero ser a Dios y confesó que nació en iniquidad y fue concebido en pecado. Esta era la confesión de fe de Dios: “Para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio” (Salmos 51:4). Dicho de otra manera, Dios hizo esta confesión de fe: “Señor, creo que Tu juicio es correcto. Si dices que has borrado mis pecados, entonces lo has hecho; si dices que no has borrado mis pecados, no lo has hecho. Como nací con estos pecados, no puedo evitar cometerlos. Tu juicio es completamente correcto. Creo en Ti completamente”. 

Mis queridos hermanos, si quieren recibir la remisión de los pecados, deben creer en la Palabra de Dios completamente. Si no creen, insistirán en seguir sus propios pensamientos erróneos. El General Naamán fue sanado de su lepra gracias al Señor. Pero ¿qué pensó al principio cuando se le dijo que tenía que bañarse en el Río Jordán? Pensó: “El Señor me dijo que me lavase en el Río Jordán, pero estoy seguro de que los ríos de mi país son mejores que el Jordán. Preferiría bañarme en uno de esos ríos que en el Río Jordán”. Si Dios les dice que se bañen en el Río Jordán, entonces deben bañarse en el Río Jordán. En otras palabras, deben deshacerse de sus propios pensamientos y creer en la Palabra de Dios. 

El Señor nos ha dicho que recibiésemos las bendiciones de nacer de nuevo del Evangelio del agua y el Espíritu. Jesús cargó con todos nuestros pecados al ser bautizado en el Río Jordán, eliminó todos nuestros pecados con el agua y la sangre al morir en la Cruz y nos ha dado el Espíritu Santo como resultado. Gracias a esta obra del Señor, hemos sido bendecidos para nacer de nuevo como criaturas nuevas. Todo lo que tenemos que hacer es creer en esta Palabra de Dios tal y como es. ¿Nacimos en este mundo por nuestro propio deseo? No, nacimos en este mundo a pesar de nuestros deseos. También, a pesar de nuestros deseos, nos convertimos en pecadores y en hijos de Dios. Solo tienen que creer en esto para alcanzar su salvación. No hay otra manera de creer. El Señor dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Dios Padre está buscando a los que adoran en espíritu y verdad. Dijo claramente que los que le adoran deben “adorarle en espíritu y verdad”.

La bendición que Dios da a los que van a Él por creer en el bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz, y al creer que el Señor es su Salvador, es la bendición de nacer de nuevo del agua y el Espíritu. Estas personas adoran a Dios en espíritu y verdad. Los que adoran a Dios al aceptar la remisión de los pecados a través del agua y el Espíritu que les da Jesús son los que adoran a Dios verdaderamente; y adorar a Dios con el Espíritu Santo de corazón y con la verdadera fe es la verdadera adoración. Algunos de nosotros adoramos a Dios en verdad, pero muchos no. ¿Y ustedes? 

¿Son personas que adoran a Dios en espíritu y verdad? Espero sinceramente que sean adoradores así. Los que no creen que todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado todavía tienen pecados en sus corazones y no tienen fe. El formato de la adoración es el problema. Pueden adorar a Dios donde ustedes quieran. El Señor dijo: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:24). ¿Qué importa que adoren a Dios aquí o allí? Si han recibido la remisión de los pecados, no importa dónde adoren. 

Las denominaciones no valen para nada. Da risa que tantos cristianos alardeen de la historia de sus denominaciones y su tradición cuando solo tienen 300 años de historia. Al principio, cuando no estaba bien informado, pensaba que estas denominaciones tenían miles de años. Solía pensar: “Como han pasado 2,000 años desde que nació Jesús, estas denominaciones deben tener por lo menos 1,000 años”. Pero, cuando aprendí la verdadera historia, me di cuenta de que fue solo en el siglo XVIII cuando empezaron a surgir seminarios. La fundación de la Iglesia Presbiteriana también es más reciente. Mientras que el presbiterianismo es muy común en Corea, no lo es en el resto del mundo; en los Estados Unidos, por ejemplo, la Iglesia Baptista tiene mucha más influencia. 

Lo que quiero decir es que los rituales de adoración y las diferencias entre denominaciones no importan en absoluto. Lo que importa de verdad es que recibimos la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y después adoramos a Dios por esta verdadera fe. Esto es lo que significa adorar a Dios en espíritu y verdad, y esta es la manera de adorar a Dios cuando nacemos de nuevo del agua y el Espíritu. Dios quiere que nazcamos de nuevo del agua y el Espíritu primero como prioridad, y que después le adoremos. Esta es la adoración que Dios quiere de nosotros. 

Quiero acabar mi sermón aquí, ya que es bastante tarde y muchos de ustedes están cansados. Estoy seguro de que entienden el mensaje principal del sermón de hoy sin que predique más. Gracias a Jesús podemos adorar a Dios en espíritu y verdad. Le doy gracias a Dios desde el fondo de mi corazón por permitirnos adorarle en espíritu y verdad. Estoy agradecido porque, a través de Su bautismo, Jesús cargó con todos los pecados que cometemos en este mundo con nuestra carne. Estoy muy agradecido porque cargó con todos los pecados que cometemos de corazón. Todos los pecados que hemos cometido por nuestras debilidades fueron pasados a Jesús. Como resultado, no tenemos pecados. Somos justos. Aunque todavía tenemos debilidades, estamos sin pecados. Doy gracias a Dios por convertirnos en personas justas.