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[3-11] < Juan 4:1-19 > ¿Qué significa nacer de nuevo verdaderamente?



< Juan 4:1-19 >

“Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.”



La reunión de resurgimiento espiritual de hoy trata de contestar la pregunta: ¿Qué significa nacer de nuevo verdaderamente? Como ya saben, hoy en día la frase nacer de nuevo se utiliza de cualquier manera en varios círculos, incluyendo entre políticos y otras religiones. Puede que hayan escuchado a algunos políticos decir que su partido debe nacer de nuevo, o a alguien decir que su familia debe nacer de nuevo. La gente habla de nacer de nuevo constantemente. ¿Pero qué significa nacer de nuevo en realidad? Nacer de nuevo significa nacer con una nueva vida. Pero me pregunto cuántas personas que hablan de este renacimiento conocen su verdadero significado y no solo su aparente significado. Lo más probable es que la gente piense que puede nacer de nuevo cuando cambia sus pensamientos y comportamiento. 

Sin embargo, el verdadero significa de nacer de nuevo se explica de esta manera: su persona antigua ya no existe y nacen como personas nuevas, gracias a Dios. En otras palabras, ya no son los que eran en sus vidas pasadas, sino que se han convertido en personas nuevas y ahora pertenecen a Dios, de la misma manera en que Abram se convirtió en Abraham y Saúl en Pablo.

Cuando leemos la Biblia vemos que Saúl se levantó contra Dios y Sus creyentes. Su trabajo era perseguir a los creyentes del Señor como un perro de caza. Antes de conocer a Jesús estaba convencido de que esto era lo correcto. Sin embargo, cuando Saúl encontró al Señor se dio cuenta de la Verdad y su nombre nuevo fue Pablo, una persona completamente diferente.

Cuando nacemos de nuevo de verdad a través del Señor, nosotros también cambiamos nuestros nombres. No recibimos nombres de bautismo como hacen los católicos, pero nuestras vidas se convierten en vidas completamente nuevas. Esto significa que, si lavamos nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestras vidas y pensamientos cambian fundamentalmente. Nacemos de nuevo como hombres y mujeres nuevos. De la misma manera en que Saúl ya no era el mismo y se convirtió en Pablo, nosotros ya no somos los mismos; gracias al Espíritu Santo nos damos cuenta de que dentro de nosotros hay una nueva persona que pertenece a Dios. Esto es lo que significa nacer de nuevo verdaderamente. 

Los que no han nacido de nuevo no pueden decir: “El renacimiento ocurre cuando se cree en el Evangelio del agua y el Espíritu”. Intentan que este concepto encaje con sus pensamientos mundanos y carnales. Así que cambian por fuera como nacidos de nuevo erróneamente. Pero sabemos que el renacimiento significa ser salvados de todos nuestros pecados y nacer de nuevo como personas sin pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. 

Estamos reunidos aquí hoy para entender bien qué significa nacer de nuevo. Como pueden ver en los panfletos de la reunión de resurgimiento de hoy, debajo del título principal, hay un subtítulo en letra pequeña que dice “La fuente eterna que calma su sed para siempre”. Esto se escribió para enseñarles que cuando nacen de nuevo ya no tienen sed nunca más. 

Entonces, ¿qué significa esto exactamente? Significa que, cuando encontramos el Evangelio del agua y el Espíritu, lo conocemos y creemos en él, la sed espiritual de nuestras almas se calma. Es un hecho indisputable que la gente no solo necesita el pan de la carne, sino también el pan del espíritu mientras vive en este mundo. Si alguien cree en el Evangelio del agua y el Espíritu puede obtener este pan espiritual en su corazón. Al contrario que las bestias, los seres humanos tienen deseos espirituales. Así que, cuando estos deseos espirituales no se satisfacen, sufren por su sed por ellos. Esto es la muerte por inanición de las almas. Para poder saciar esta hambre del alma debemos tener la Palabra de Dios que constituye el pan del Espíritu. 

¿Cuál es entonces el pan del alma para la humanidad? Es la Palabra del Evangelio de agua y el Espíritu en nuestros corazones por fe. Los nacidos de nuevo siempre tienen la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que constituye el pan del alma y así pueden saciar la sed de los que tienen sed espiritual. El Señor dijo en Juan 4:14: “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. Algunas personas aquí han visto esta Palabra cumplirse en sus corazones, pero hay otros cuyo caso no así y por tanto todavía tienen sed. 

Mis queridos hermanos, el Señor vino a buscarnos a través del Evangelio del agua y el Espíritu y nos ha dado la remisión de los pecados. Ahora que hemos recibido la remisión de los pecados todavía está con nosotros como el Espíritu Santo. Y se ha convertido en la fuente de agua que brota a la vida eterna. ¿Entonces qué significa que el Señor está con nosotros como el Espíritu Santo? Esto significa que, si nos alimentamos de la Palabra de Dios por fe, esta Palabra saciará nuestras almas y las renovará. La Palabra es la fuente que sacia nuestras almas. Incluso en este momento, esta fuente sigue brotando en los corazones de los que han recibido la remisión de los pecados. Asimismo, la fuente del Espíritu Santo que ha venido a nosotros nunca se seca, por mucho tiempo que haya pasado desde que nacimos de nuevo y sin importar las circunstancias. Por mucha agua que saquemos de ella, sigue sin tener fondo. Cuando pensamos que vamos a tocar el fondo, sigue brotando. 



Una fuente que brota perpetuamente es fundamentalmente diferente a las fuentes normales


Las fuentes normales se secan con el tiempo, pero una fuente que brota perpetuamente nunca se seca porque tiene agua eterna. Como existe esta fuente de agua, sigue emanando. Cuando nacimos de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, aparece en nuestros corazones una fuente que brota para siempre. Así que esta agua sigue brotando desde dentro de nuestros corazones junto con la Palabra de la remisión de los pecados. Cada vez que escuchamos la Palabra de Dios, esta fuente espiritual brota. Esto se debe a que el Señor es la fuente y nos proporciona agua perpetuamente. 

Mis queridos hermanos, el Señor dijo que tiene agua para darnos. Quiere darnos esta fuente a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Ahora que hemos recibido la remisión de los pecados y hemos nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, hemos bebido de la fuente de vida perpetua. Por tanto, nunca tendremos sed. Esto es posible gracias al misterio maravilloso de nacer de nuevo y de recibir las bendiciones de Dios que están escondidas en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Pueden ver qué bendición tan maravillosa es el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿O piensan que han nacido de nuevo por haber llevado una vida piadosa? Si no encuentran al Señor, quien vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, no podrán nacer de nuevo de verdad. Esta es la Verdad y el amor milagroso de Dios. 

Una vez nacemos tenemos que morir. ¿Cómo puede la gente recibir la remisión de sus pecados y nacer de nuevo? Como todos los seres humanos nacen en este mundo y deben morir en algún momento, y como estas vidas terrenales acaban una vez, ¿cómo puede una persona nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? Los pensamientos del hombre hacen que esto sea imposible. Sin embargo, el Señor nos hizo recibir la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu y nos ha bendecido para nacer de nuevo a través de este Evangelio celestial. Esta es la bendición maravillosa del Señor que solo se concede a los que han encontrado la gracia de salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu bendito. Nacer de nuevo es el amor especial de Dios y Su don de la remisión de los pecados. Todas estas bendiciones y la gracia de la remisión de los pecados se encuentran en el Evangelio del agua y el Espíritu.

Todo el mundo ha pecado y se ha alejado de Dios y por tanto debe ser destruido. No éramos ninguna excepción a esta regla, pero como escuchamos la Palabra de la remisión de los pecados y creímos en ella, pudimos recibir esta vida nueva. Como esta es la bendición de Dios que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu, solo los que creen en este Evangelio pueden nacer de nuevo. Y mientras vivimos nuestras vidas, podremos darnos cuenta más profundamente de la bendición que tenemos al haber recibido vida nueva de Dios a través del Evangelio del agua y el Espíritu. 

El Señor nos dijo: “Venid a Mí, todos los sedientos y bebed todo lo que queráis”. El Señor nos ha dado Su agua eterna. Hemos experimentado este milagro en nuestras vidas gracias al Señor. Nuestras almas, que estaban sedientas constantemente antes, ahora han recibido vida nueva a través del Evangelio del agua y el Espíritu para no volver a tener sed. En esta reunión de resurgimiento, me gustaría seguir compartiendo la Palabra de cómo podemos estar sin pecados y nacer de nuevo de verdad. Estoy muy agradecido por esta gracia que el Señor nos ha dado y no puedo dejar de darle gracias una vez más.



Los que se han convertido en samaritanos espirituales


En el pasaje de las Escrituras de hoy vemos al Señor caminando hacia Galilea y pasando por cierta ciudad, que estaba en la tierra de Samaria, para ayudarles a entender mejor. También quiero pasar un tiempo explicando la historia de Samaria. La tierra de Samaria solía ser el Reino de Israel del Norte. Cuando el Reino de Israel del Norte se corrompió y cayó en el caos espiritual, Sargón II, el sucesor de Salmanasar, el rey de Asiria, lo invadió y lo conquistó. En aquel entonces, el rey Sargón deportó y esclavizó a todos los hombres del Reino del Norte de Israel y le dio la tierra a su propio pueblo. Las mujeres se quedaron en el Reino del Norte de Israel y los asirios las tomaron como sus esposas. Como resultado de los matrimonios después de la deportación y asentamiento, los habitantes de Samaria se convirtieron en una raza mixta. En otras palabras, hubo una mezcla forzada de los israelitas con los gentiles. Por esta misma razón los samaritanos eran despreciados por los judíos.

En la lectura de las Escrituras de hoy vemos que el Señor se encontró con una mujer en esta tierra de Samaria. Cuando el Señor le pidió agua a la mujer, ella le dijo: “¿Cómo tú, siendo judío, le pides agua a una samaritana?”. Como he explicado antes, en aquel entonces los samaritanos eran completamente despreciados y maltratados por los judíos. Aunque ambos eran israelitas, los judíos se negaban a tener nada que ver con los samaritanos. Podemos ver fácilmente cuánto desprecio recibían los samaritanos a nivel personal y espiritual. Así que, no es extraño que la mujer samaritana estuviese sorprendida cuando Jesús le pidió agua. La verdad es que el hecho de que Jesús, un judío, inició una conversación con ella, una samaritana, era muy extraño en aquellos tiempos. Pero, nuestro Señor no solo habló con la mujer samaritana en este suceso, sino que a menudo visitó y se alojó en la tierra de Samaria. Esta es una prueba evidente de que nuestro Señor intentó llegar a los samaritanos. El Señor quiso darle Su agua viva a los que sabían que eran malvados. 

Como podemos ver en el pasaje de las Escrituras, el Señor se fue de Judea y entró en Samaria. Primero debemos pensar en la apariencia del Señor. Nuestro Señor nació en este mundo con un estatus social bajo, como hijo de José, un carpintero de Nazaret. Su apariencia externa era desaliñada y no tenía nada de lo que alardear en cuanto a Su apariencia externa. Quizás por eso vemos por qué muchos judíos en la Biblia despreciaban tanto a Jesús. Como ocurre hoy en día, en aquel entonces había muchas personas que rechazaron a Jesucristo y se levantaron contra Él. El Señor dejó a estas personas y se fue a la tierra de Samaria. Los habitantes de la tierra de Samaria no tenían ninguna virtud, solo vergüenza. Tenía muchos fallos, personalmente y en su religión. 

Es un hecho histórico que Samaria era considerada una nación de bajo estatus. El Rey Salomón, al que todos conocen muy bien tuvo un siervo llamado Jeroboam. Salomón sirvió a Dios fielmente al principio, pero después se corrompió espiritualmente, y cuando esto ocurrió Dios dijo que le daría la mitad de Israel a Jeroboam. Y después de la muerte de Salomón, Jeroboam se convirtió en el rey del Reino del Norte de Israel como Dios había prometido. Sin embargo, después de subir al trono del Reino del Norte de Israel, Jeroboam se preocupó mucho. Se convirtió en rey prácticamente de la noche a la mañana, aunque era un mero sirviente. Por eso seguramente no pudo evitar preocuparse por su reinado. Así que, para evitar que su autoridad fuese menospreciada, construyó otro templo en esa región. El templo ya estaba establecido en Jerusalén, pero como estaba dentro del Reino del Sur de Judá, Jeroboam construyó otro templo en su territorio. 

El problema empeoró. También cambió la fecha del Día de la Expiación para Israel, que era el décimo día del séptimo mes, al decimoquinto día del octavo mes, y obligó a sus súbitos a observar esta nueva fecha como el Día de la Expiación. Además, también creó ídolos y los puso dentro del templo de Dios para que fuesen adorados. Fue completamente abandonado por Dios. 

En el cristianismo, los malvados son los que han caído en el pecado de Jeroboam. Así de grave fueron los pecados de Jeroboam. Los samaritanos son considerados los descendientes de Jeroboam que heredaron su fe errónea. Así que, en cuestiones de fe, los samaritanos no tenían nada de lo que estar orgullosos. 

Pausemos un momento para pensar en esto. Es muy difícil para a gente conocerse a sí misma. Precisamente porque la gente no se conoce a sí misma hay un famoso refrán que dice: “Conócete a ti mismo”. Es absolutamente imperativo que nos demos cuenta de quiénes somos. De vez en cuando nos encontramos con buenos cristianos que dicen: “Esta persona ha cometido tantos pecados que irá al infierno. Pero yo soy diferente”. Pero las personas dicen estas cosas porque no se conocen a sí mismas. Cuando su fe en la Palabra de Dios se hace más profunda y se conocen a sí mismos, se dan cuenta de que no son diferentes a los pecadores que critican.

Debemos entender cuántas debilidades tenemos. Incluso en este momento, nuestro Señor está buscando a los samaritanos. Viene a buscar a los que viven en este mundo y se dan cuenta de que son seres malos y están llenos de fallos como los samaritanos. Como vemos en el pasaje de las Escrituras de hoy, nuestro Señor pasó por Samaria y allí se encontró con una mujer y la salvó. 

Si hay una cosa de la que estaban orgullosos en la tierra de Samaria, derivada de los judíos, era el pozo de Jacob. La Biblia dice que Abraham, el antecesor de Jacob, cavaba un pozo allá donde iba. Hoy en día el negocio de perforar pozos también es muy importante en Oriente Medio. Como la región está dominada por el desierto, el agua es más valiosa que el petróleo. Por tanto, el agua se obtiene perforando la tierra.

Por supuesto, el pozo en las Escrituras no tiene solo un significado literal como fuente de agua física. Espiritualmente hablando, el pozo de Jacob simboliza planta la Iglesia de Dios. En otras palabras, el que Abraham, el antecesor de Jacob, cavase pozos allá donde fuese, implica que plantaba iglesias allá donde iba. Como sabemos bien, Jacob, el nieto de Abraham, no recibió bendiciones con su propio esfuerzo. Lo que hizo fue vestirse de la gracia de Dios con la ayuda de su madre Rebeca. En pocas palabras, Jacob era una persona astuta que no podía recibir las bendiciones de Dios por su cuenta como los samaritanos, pero gracias a la ayuda de su madre pudo recibir las bendiciones del Señor. Espiritualmente hablando, su madre aquí se refiere a la iglesia.

Pasemos al pasaje de las Escrituras de hoy. Está escrito que una mujer samaritana fue al pozo de Jacob a sacar agua. Pensemos en qué significa esto. Los samaritanos tenían este pozo, que era el legado de su antecesor de la fe. Sin embargo, todo lo que tenían era el pozo, mientras que la fe de Jacob no les había llegado. Aunque los samaritanos tenían el pozo de Jacob en su ciudad, habían caído espiritualmente y por eso habían heredado una fe corrupta en vez de tener la herencia correcta de la fe. A pesar de sacar agua del pozo de Jacob y beber de ella, no podían saciar su sed, ni una sola vez. Los samaritanos tomaban agua del pozo de Jacob, pero seguían teniendo sed. Si hubiesen conocido a Jacob bien espiritualmente, habrían recibido la remisión de los pecados. En vez de heredar la fe de Jacob, habían heredado enseñanzas y rituales corruptos. 

Mis queridos hermanos, cualquier iglesia que haya heredado estos rituales no tiene más que creencias dogmáticas. Hablando de dogmas, probablemente no hay un país donde esas creencias tradicionales estén más arraigadas que en Israel. Los judíos eran legalistas y tenían sectas. En el presente, el sistema dogmático de los judíos se ha relajado bastante. Ocasionalmente vemos en la televisión que las mujeres en Israel viven de una manera muy moderna. Esto habría sido imposible con la fe legalista de los judíos en el pasado. Los judíos han visto como sus dogmas se han desintegrado, pero si hay una cosa de la que pueden estar orgullosos es de los restos del cristianismo. Eso es todo lo que tienen. No estoy intentando degradar su fe en absoluto. Lo que estoy diciendo es que lo importante de la verdadera fe no es visible para ellos, y esto es creer en Jesucristo como el Salvador. 

Para entender la interrelación entre el dogma y la fe es necesario tener un conocimiento rudimentario de las varias corrientes de la teología, y por eso me gustaría pasar algún tiempo explicando esto. En el presente hay dos corrientes globales de teología. Una es la teología conservadora y la otra la teología liberal. La teología liberal está dividida en la teología crítica y la progresiva. Como dice el nombre, la teología crítica entiende las Escrituras desde un punto de vista crítico. Hay algunos teólogos críticos en Corea y niegan que Jesucristo caminase sobre las aguas y que alimentase milagrosamente a 5,000 personas con cinco panes y dos peces.

Los que siguen la teología progresista son defensores del cambio social a través de la fe. Dicen: “Los que están sufriendo opresión política deben ser liberados. Debemos levantarnos contra los opresores y encontrar la libertad. De la misma manera en que el pueblo de Israel escapó de la esclavitud en Egipto, los cristianos deben ser libres. Debemos levantarnos contra cualquier gobierno opresor”. Estas son las cosas que dicen. Suelen participar en protestas. Los defensores de esta teología progresiva no creen en la Biblia tal y como es, sino que solo aceptan algunos aspectos de ella si encajan con su orientación progresista. En otras palabras, en vez de buscar la construcción del Reino de los Cielos, creen selectivamente en las Escrituras que hablan de cosas terrenales. De esta manera, su fe no es verdadera porque buscan la justicia social y la igualdad. 

Por ejemplo, muchos cristianos progresistas critican el consumo extremo y la desigualdad profunda y buscan instigar reformas sociales para mitigar estos problemas. Están convencidos de que esto es por el bien de sus países y están orgullosos. Por supuesto, no hay duda de que los cristianos deben amar sus países y orar por ellos. Sin embargo, si de verdad aman a sus países, deben hablar sobre cómo cada individuo puede nacer de nuevo. Esto se debe a que, para que la nación prospere, el individuo debe prosperar primero; y cuando el individuo recibe la remisión de los pecados y se convierte en pare del pueblo perfecto de Dios, solo es cuestión de tiempo que la nación prospere.

En el otro extremo de la teología liberal está la teología conservadora, que es la que seguimos nosotros. Esta teología conservadora se trata de creer en la Palabra de Dios tal y como es. Sin embargo, seguir la Palabra de Dios al pie de la letra puede ser un problema. La fe de algunas personas en el Evangelio del agua y el Espíritu se ha mezclado con las creencias legalistas. Los que hacen demasiado hincapié en la Ley acaban siguiendo dogmas en vez de la sustancia de Dios. La teología conservadora no es necesariamente mala en su forma original. Se trata de creer en la Palabra de Dios tal y como es. Sin embargo, se ha transformado en dogmas corruptos. 

El deber de la Iglesia de Dios es guiar a los creyentes a vivir una vida adecuada y sanar las heridas de sus corazones con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, pero el cristianismo moderno no ha cumplido esta tarea. El pozo de Jacob y la tierra de Samaria en las Escrituras de hoy simbolizan estas iglesias. Cualquier iglesia que no tenga el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la verdadera sustancia de la fe, no puede saciar la sed espiritual por mucho que crean. Esto se debe a que su fe es un pozo vacío. 

Samaria tenía el pozo de Jacob. Pero no había pan verdadero allí. De manera similar, aunque hay muchas iglesias en estos tiempos, pocas de ellas tienen el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu que tiene la Iglesia de Dios. Isaías 28:9-10 dice: “¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿a los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá”. Como dice la Biblia, los pastores de estas iglesias falsas preparan sus sermones tomando prestado de un libro y otro o de sermones. Pero no hablan lo que es verdaderamente importante. No tienen la verdadera sustancia. El Evangelio del agua y el Espíritu es el único que es la verdadera sustancia de la Palabra. Los predicadores de hoy en día encuentran dificultades a la hora de preparar sus sermones porque no tienen la verdadera fe y no han recibido la remisión de los pecados. Así que acaban robando los sermones de otras personas de vez en cuando, plagiando.

Parece que me he ido por las ramas. De cualquier manera, Samaria tenía un pozo cavado por Jacob. Pero la gente de allí no podía saciar su sed espiritual con el agua de ese pozo. Esto se debe a que la tierra de Samaria había sido corrompida espiritualmente. Desde los días de Jeroboam no habían adorado al Señor según la ley y los estatutos de fe. Los ídolos se habían convertido en sus dioses y habían caído en la corrupción espiritual total. 



Debemos ver la realidad


Y debemos, sin duda, confiar en el Evangelio del agua y el Espíritu que está contenido en la Palabra de Dios. Por tanto, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu solamente. Pero los cristianos de estos tiempos no ven la Palabra de Dios correctamente ni conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando el cristianismo entró en Corea por primera vez, muchos creyentes por los menos leyeron la Palabra de Dios diligentemente. De estas creencias legalistas surgieron muchos movimientos de arrepentimiento. Sin embargo, hoy en día, los cristianos coreanos no tienen esta fe. No tienen el Evangelio del agua y el Espíritu. Ni siquiera creen cuando se les predica la Palabra. 

Como resultado, cada vez se inclinan más hacia una fe llena de emociones. Cuando adoran a Dios cantan himnos con fervor, con todo tipo de instrumentos musicales de fondo. Entonces sienten que algo espiritual se despierta en sus corazones. Así que piensan por su cuenta que Dios se complace con sus alabanzas emocionales y ruidosas. Sin embargo, esto no es más que emoción humana. Estos son sus sentimientos espirituales que salen de sus propios esfuerzos, pero en realidad, Dios no se complace. 

Por si fuera poco, hay muchos profetas autoproclamados hoy en día. Como representante de estos falsos profetas, por ejemplo, hay una organización que dice que el rapto ocurrirá el 28 de octubre. Hace poco conocí a un reportero del Ganwon Daily y pareció sorprendido cuando le dije que había muchos pastores coreanos que decían que iban a ser raptados el 28 de octubre. Pero esa es la cruda realidad. Reúnen a gente ingenua utilizando la doctrina del 28 de octubre. Probablemente no sepan cómo de pervertidas están estas cosas. Incluso en Europa, la cuna de la fe cristiana, estas creencias místicas se propagaron cuando el cristianismo estaba ascendiendo. 

Muchas iglesias en estos tiempos son como los samaritanos. Su fe es como una cáscara vacía. Al principio empezaron con una fe formalista. Pero su fe no se pudo mantener con este dogma. Así que tendieron hacia el misticismo y ahora que no es suficiente utilizan las emociones de la gente. Cualquier fe que confíe en las emociones es incorrecta. 

En algunos países hay pastores del ministerio musical. Estos pastores han estudiado música profesional y su ministerio es la música. En Corea estos pastores también han empezado a aparecer en los últimos años. Por supuesto que es necesario evangelizar a través de la música. Sin embargo, si se hace incorrectamente, puede acabar tocando solo las emociones de la gente y esto es problemático. Solo incita las emociones de la congregación. Por muy bien que lleven los sentimientos de la gente hacia Dios y por mucho que les enseñen doctrinas cristianas, no valen para nada. Esto se debe a que los que tienen estas creencias, es decir, los que beben de esta agua, tendrán más sed espiritual. Aunque la gente copie, aprenda, memorice y crea en todas las doctrinas cristianas, sin fe en el Evangelio del agua y el Espíritu solo queda la sed espiritual. Y no acaba solo con la sed espiritual. Por esta sed y sus pecados acaban recibiendo las maldiciones eternas. 

Parece que las doctrinas cristianas enseñadas por varias denominaciones de hoy en día dan fe a muchas personas y les dan seguridad. Sin embargo, a medida en que pasa el tiempo, el aire espiritual se contamina tanto que la gente no puede respirar para sobrevivir. Como ningún dogma cristiano es perfecto, sus creyentes están destinados a sufrir y morir. 

Lo mismo ocurre con las creencias emocionales. En primer lugar, la gente se siente bien según sus emociones. Sin embargo, cuando caen en sus propios pecados y quedan atrapados en ellos, no pueden escapar. Al final están destinados a morir por sus pecados. Cuando los cristianos de hoy cometen transgresiones, Satanás les acusa de estas transgresiones y no pueden escapar de esta acusación y mueren por ello. Todo el mundo peca. La única manera de escapar del pecado es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. No hay ninguna otra manera. Si no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu perecerán en cuerpo y espíritu. Todo puede parecer estar bien al principio, pero al final serán poseídos por demonios y no podrán controlarse. 

Así que, los que simplemente insisten en la tradición, se aferran a su dogma y buscan solo la plenitud de sus emociones, son como la mujer samaritana. Estas doctrinas cristianas no pueden saciar completamente la sed espiritual de la mujer samaritana que fue a sacar agua. Esta agua puede saciar su sed durante unas horas, pero pronto tendrá fe de nuevo. De hecho, si no reciben la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, no pueden tratar su sed espiritual. El Señor dijo “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. Como dice la Biblia, si escuchamos el Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra del Señor, aunque sea una sola vez, y creemos en ella, recibiremos la remisión de los pecados y no tendremos sed jamás. Y la Palabra del Señor y Sus bendiciones seguirán fluyendo en nosotros. 

Mis queridos hermanos, si reciben la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, podrán escapar de los pecados del mundo para siempre y ser justos para siempre. Todo lo que nos da el Señor es eterno. Por el contrario, las cosas que dan los seres humanos no pueden durar para siempre. En otras palabras, mientras que la remisión de los pecados ofrecida por el Señor a través del Evangelio del agua y el Espíritu es eterna, lo que el hombre da es efímero y solo dura poco tiempo. Por ejemplo, digamos que van a una reunión de resurgimiento y muchos de sus problemas son resueltos. Aun así, si la solución no vino del Evangelio del agua y el Espíritu, todo es en vano. Lo que no viene del Evangelio del agua y el Espíritu es simplemente un espíritu malvado mentiroso y no tiene importancia para nosotros. 

Algunos revitalistas dicen en sus sermones: “¡Recibid el fuego! ¡Nos hemos convertido en la familia de Dios!”. Entonces la gente cree temporalmente que se ha convertido en el pueblo de Dios. Pero, aunque crean así, a medida que pasa el tiempo, sufrirán de sed espiritual de nuevo. 

Lo mismo ocurre con el movimiento comunal que se ha puesto de moda entre algunos cristianos. Los defensores de este movimiento dicen: “Debemos vivir como hermanos en Cristo. Vamos a construir una comunidad propia como han hecho otros movimientos. Podemos vivir una vida simple y maravillosa. Muchas personas mirarán nuestras vidas ejemplares y creerán en Jesús”. Aprenden de los católicos, que han estado en este movimiento durante mucho tiempo. Aunque muchos cristianos participan voluntariamente en este movimiento, hay límites. Esto se debe a que la vida de esas comunas y su fe no son eternas. 

En vez de intentar saciar nuestra fe espiritual en otro sitio, debemos escuchar solamente la Palabra del Señor. Debemos preguntarnos: “¿Qué nos dijo nuestro Señor? ¿Cuál es el significado profundo de esta Palabra?”. La Palabra de Dios tiene vida eterna, la fuente que nunca se seca, la remisión eterna de los pecados y el camino para ser justos para siempre. Pero los que no tienen un conocimiento correcto de la Palabra de Dios y no han bebido del agua de Dios intentan interpretar esta Palabra según sus reglas morales humanas. Dicen: “Debemos creer que quien crea en Jesús ha sido salvado”. Entonces gritan el nombre del Señor tres veces y creen que se han convertido en el pueblo de Dios. 

Dan el siguiente testimonio: “El Señor es Mi Maestro. He abandonado el budismo y los ídolos. Dios solo es mi Dios. ¡Creo!”. Pero, mis queridos hermanos, ¿es esto lo que significa realmente creer en Jesús? No, por supuesto que no. Esto es simplemente cambiar la religión. ¿Qué pensarán estas personas cuando lean el pasaje de las Escrituras de hoy? Pensarán: “Vemos que la mujer samaritana fue al pozo a sacar agua. Así que debemos ir al pozo a sacar agua también. El que la mujer fuese al pozo a sacar agua es lo mismo que ir a la iglesia a menudo para escuchar la Palabra. Como tenemos que alimentarnos de la Palabra a menudo, debemos ir a la iglesia a menudo también. No debemos dejar de ir a la iglesia, ya sea el culto de oración matutino o de la tarde, o una reunión de renacimiento espiritual”. De esta manera, interpretan la Palabra desde una perspectiva humana según las normas morales del mundo. Pero este pasaje no tiene un significado tan simple. 

En Corea hay una organización llamada “el Comité Cristiano sobre Prácticas Éticas”, que afirma que el cristianismo es bueno y se debe vivir una vida recta y virtuosa. Hay muchos teólogos, pastores y laicos que participan en este movimiento. Dicen: “Todos los cristianos deben ser buenos”. Pero esto es incorrecto. Los cristianos no deben ser buenos. Si una persona es verdaderamente cristiana, entonces es cuestión de tiempo que la persona sea buena sin intentarlo. 

Por su propia naturaleza, es inevitable que los seres humanos estén llenos de fallos. Por muchas que las organizaciones como el Comité Cristiano de Prácticas Éticas llamen a los cristianos a vivir una vida moralmente recta, sin la remisión de los pecados no pueden evitar convertirse en hipócritas. Hablando a los fariseos lavados con cal, Jesús les dijo: “Arrepentíos, raza de víboras”. Solo porque la gente crea en Jesús de cualquier manera, no significa que todos se puedan convertir en hijos de Dios. La Biblia dice claramente que, para convertirse en el pueblo justo de Dios, deben recibir la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Esto significa que sus propias virtudes y buenas obras no son la respuesta a sus problemas. No hay nada que podamos hacer por nuestra cuenta para alcanzar en la salvación. En el pasaje de las Escrituras de hoy, la mujer samaritana no reconoció a Jesús al principio, aunque iba todos los días a sacar agua. En otras palabras, no reconoció el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu. Jesús le dijo en ese momento: “Si supieses quién te está pidiendo agua, le habrías pedido agua viva”. 

Mis queridos hermanos, multitud de iglesias en la actualidad están engañando a sus congregaciones con doctrinas cristianas inútiles en vez de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicen que, si la gente simplemente cree en Jesús como su Salvador, todos podrán ser el pueblo de Dios y nacer de nuevo. Dicen que se puede nacer de nuevo mientras se duerme o se ora. Hay muchas maneras en la que esto ocurre, pero dicen que cualquiera puede nacer de nuevo solamente al creer en Jesús. Sin embargo, nuestro Señor no va a nadie que crea en estos caminos y doctrinas incorrectos. Solo viene a los que saben que son pecadores malvados. Es a estas personas precisamente a las que viene el Señor mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, de la misma manera que la mujer samaritana en el pasaje de las Escrituras de hoy.

Hay muchas cosas que coexisten en la gente, desde la carne al corazón, los pecados, la ley de la salvación, la conciencia humana y la Ley de Dios. Pero, a pesar de esto, todo el mundo quiere la misma cosa. Es la liberación de la conciencia. En otras palabras, la gente quiere que sus espíritus sean verdaderamente liberados. Por mucho conocimiento que se tenga sobre las doctrinas ortodoxas cristianas, no se puede evitar estar atado a los pecados y convertirse en esclavo de las iniquidades. Esta persona anhelará verdadera libertad. Y Dios dijo que iría a estas personas esclavizadas por sus pecados que anhelan la libertad de sus espíritus. 

El Señor no va a los que escoden sus pecados, de la misma manera en que Adán se cubrió con hojas de higuera. Dicho de otra manera, el Señor no va a los que se rodean completamente de doctrinas cristianas. Aunque fuera a ellos, se iría diciendo: “Sois demasiado perfectos”. Mis queridos hermanos, deben dejar de lado todas esas doctrinas inútiles ahora. Y deben darse cuenta de quién son ante Dios. Deben mirar el problema del pecado de sus almas directamente, llevarle este problema a Dios y pedirle ayuda. Entonces Dios vendrá a ustedes y resolverá este problema por ustedes.

Por el contrario, si se cubren con hojas de higuera después de pecar como Adán y Eva y se esconden, aunque el Señor haya venido a buscarles, entonces no podrán conocerle. Es como rechazar las vestiduras nuevas con las que el Señor está intentando vestirles, y decirle: “No me gusta esa ropa. Me gustan mis vestiduras doctrinales”. Acabarán rechazando la Palabra de Dios de la remisión de los pecados. Esto se debe a que, desde fuera, las doctrinas parecen perfectas. Están cubiertas de brillantes y cosas atractivas, no se mojan cuando llueve y no se pudren cuando les entra agua. Pero estas doctrinas que parecen perfectas tienen un fallo fatal: evitan que la Palabra de Dios entre. 

Mis queridos hermanos, si están llevando las vestiduras de las doctrinas, deben quitárselas. Por mucho que conozcan las doctrinas, si tienen pecados en sus corazones, siguen siendo pecadores. Por mucho que conozcan la Biblia, si no conocen al Señor correctamente y su corazón sigue teniendo pecados, son pecadores. Por tanto, deben abrir sus corazones ahora, dejar que salgan el problema de sus pecados y dejar que se resuelvan los pecados al confiar en la Palabra de Dios solamente. Solo entonces podemos recibir la remisión de los pecados.



El Señor viene a los que están sufriendo por el problema de los pecados y agonizando por cómo nacer de nuevo


¿Qué significa esto? Esto significa que nuestro Señor viene a los que anhelan profundamente tener la fuente eterna para no tener sed. Y esto significa que el Señor resuelve el problema de los pecados perfectamente con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu para estas personas y les da la salvación. 

Volvamos al pasaje de las Escrituras de hoy: Cuando la mujer samaritana fue al pozo a sacar agua, Jesús le pidió que le diera agua. Al igual que esta mujer, todos los samaritanos tenían que sacar agua todos los días. ¿Qué significa esto? Ya he explicado anteriormente, al principio de mi sermón, que el pozo en Samaria simboliza una iglesia que no tiene nada más que un caparazón vacío. Así que esto alude al hecho de que muchos cristianos de hoy en día están asistiendo a todo tipo de eventos y reuniones todos los días por su propio fervor. En otras palabras, aunque la verdadera Palabra del Señor esté delante de ellos, no pueden ver al Señor porque están demasiado ocupados haciendo obras inútiles por su cuenta. Están tan ocupados que ni siquiera tienen tiempo de escuchar la Palabra del Señor correctamente. 

La mujer samaritana que conoció a Jesús en el pasaje de las Escrituras de hoy era una de las muchas personas que iban al pozo a sacar agua todos los días. Como todo el mundo, ella tampoco tenía buena ética o fe. Así que, cuando el Señor le pidió agua, no tenía agua para darle. Cuando vemos la situación de la mujer samaritana, podemos ver un reflejo del cristianismo actual. Los cristianos del presente están luchando con el problema de los pecados en sus corazones como esta mujer samaritana. Si siguen atados a las doctrinas o tradiciones de sus iglesias, mientras se enfrentan al problema de los pecados en sus corazones, no podrán escapar de ellos. Necesitan un valor excepcional para escapar de ese lugar. 

¿Cómo era la mujer samaritana que se parece a los cristianos de hoy en día? Era valiente, honesta y sincera. Cuando el Señor le dijo: “Si supieses quién te está pidiendo agua, Me pedirías agua viva y yo te la daría”, ella contestó sin pensarlo dos veces: “Señor, dame esta agua”. No era su cuerpo el que tenía sed, sino su espíritu. Por eso aceptó la Palabra del Señor completamente y le pidió agua viva. Con este tipo de valor, la mujer samaritana recibió el agua viva de Jesucristo. Había conocido al Mesías allí mismo. Y solo tenemos que ver lo contenta que estaba esta mujer cuando su espíritu se liberó. 

Mis queridos hermanos, esta era es la era en la que necesitamos valor como la mujer samaritana. Una vez escuché a alguien decir que estaba demasiado frustrado cuando escuchaba la Palabra predicada por la iglesia “ortodoxa”. Así que, pensando que la verdad se encontraba en la herejía, fue a otra iglesia acusada de herejía. Pero, sorprendentemente, esta persona dice que ha recibido la verdadera remisión de los pecados en la iglesia que se declaró una herejía. De esta manera, escuché un testimonio de que la verdad no se encuentra en la doctrina ortodoxa, sino en la herejía. Hablando de la regeneración y renovación del Espíritu Santo, el Señor dijo en Tito 3: “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo” Según este pasaje, los que confiesan ser pecadores son herejes. Y los que dicen que han nacido de nuevo al creer en Jesús, aunque sus pecados estén intactos, también son herejes. Las denominadas iglesias ortodoxas son las que son herejes. 

Está escrito en Juan 4:11-12: “La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?”. Aquí, la mujer samaritana estaba dudando del poder del Señor, preguntándole: “¿Eres mayor que Jacob, quien cavó este pozo?”. De la misma manera que muchas personas de sus días, y la mayoría de las personas de hoy en día, la mujer samaritana estaba cuestionando a Jesús basándose en Su apariencia física. Le estaba preguntando: “¿Cómo puedo recibir agua viva de Ti, cuando no tengo nada para sacar agua y el pozo es demasiado profundo? ¿De verdad me puedes dar agua viva? ¿Eres mayor que todos los que conozco? No lo pareces. ¿Eres mejor que todos los pastores? ¿Eres mejor que todas las denominaciones y todos los teólogos? ¿Eres tú mayor que Jacob?”. 

El que la mujer samaritana le hiciese estas preguntas al Señor indica que no se dio cuenta de cómo Jesús era mucho mayor que cualquier tradición o doctrina. ¿Qué es la verdad? Jesús es el Creador que creó el universo. Es el Hijo del Dios vivo, el Maestro de todas las cosas y el Señor de los que han sido salvados. Es también Jesús quién dio gracia a Jacob. Por tanto, el hecho de que el Señor sea mayor y más honorable que Jacob es una Verdad que no se puede negar y no necesita más explicación.

Sin embargo, hay personas que, sin darse cuenta de esta realidad, hace preguntas estúpidas como la mujer samaritana del pasaje de las Escrituras de hoy, diciendo: “Vuestra iglesia es muy pequeña. ¿Qué voy a ganar de este lugar? Vuestra apariencia externa es más baja que la de un diácono de mi iglesia, ¿cómo vas a darme agua viva para que no tenga sed de nuevo? ¿A qué seminario habéis ido? ¿Cuántos años habéis estudiado teología?”. Los que dicen estas cosas a los predicadores del Evangelio del agua y el Espíritu todavía no tienen bastante sed. No conocen el sufrimiento del infierno. No conocen el dolor profundo de los pecados. No pueden ver claramente cómo están muriendo de sed ahora y cómo esta sed no puede satisfacerse por mucho que beban. Imaginen un paciente cuyo apéndice acaba de reventar diciéndole al médico: “¿Cuánto tiempo ha estudiado medicina? ¿Tiene credenciales como especialista? ¿Es de buena calidad su bisturí?”. ¿Cómo puede alguien decirle estas cosas cuando su apéndice ha reventado y está en situación grave? 

Recientemente vi una comedia titulada Los Fugitivos. Hay una escena en la película en la que el protagonista recibe un disparo y va a un veterinario para que le saque la bala. Pero el veterinario no tiene anestesia, así que hace que el protagonista muerda un hueso de perro para no gritar y le saca la bala. De esta manera, si están muriendo de herida de bala, no les importa si es un veterinario o un carnicero quien les cure la herida. No les importaría quién les ayudase. No insistirían en ser tratados por un doctor en medicina con credenciales acompañados de enfermeras con buena formación. 

El mismo principio se aplica a sus vidas de fe. Las credenciales de formación de los que predican el Evangelio a sus denominaciones no son importantes. La gente insiste en estas cosas inútiles solo porque no saben lo crítica que es su situación. No están convencidos de que vayan a ir al infierno. Pero, si supiesen que iban a ser arrojados al infierno en unos años, ¿no intentarían hacer todo lo posible por evitarlo desde el momento que se dieran cuenta? Para alguien que está desesperadamente enfermo, el sanador no tiene que ser un médico cualificado. De la misma manera, cuando predicamos el Evangelio, no importa si somos pastores cualificados o zapateros. ¿Están de acuerdo? Si la gente supiera que va a ser arrojada al infierno en un par de años, vendrían aquí corriendo como un enjambre. Se postrarían sobre nosotros y nos enseñarían a nacer de nuevo. Estoy seguro de que veremos a muchas personas. 

Mis queridos hermanos, los necios no saben que sus almas están muriendo por sus pecados. Además, no se dan cuenta de lo que necesitan. Por tanto, para que el problema de nuestros pecados sea resuelto y podamos limpiar nuestros pecados, debemos ser humildes ante el Señor. Para nacer de nuevo y recibir la fuente de agua eterna para no tener sed nunca, deben conocer el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él. Si nacen de nuevo ahora, beberán del agua eterna para no tener sed nunca más, incluso cuando vayan al Reino de Dios. Deberían saber que el Evangelio del agua y el Espíritu es eficaz no solo en este mundo, sino también en el Reino de Dios.

¿Qué deben considerar cuando ven a alguien predicando el Evangelio del agua y el Espíritu a ustedes? Deben considerar creer en este Evangelio y aceptarlo de todo corazón. Pero, antes de hacerlo, debemos darnos cuenta de que el Evangelio del agua y el Espíritu no es una mera doctrina del cristianismo. Cuando ven a alguien que predica la Palabra, deben preguntarse a sí mismos: “¿Es esta persona discípulo de Jesús verdaderamente? ¿Tiene esta persona el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Está predicando la Palabra de Dios viva en vez de un dogma cristiano podrido?”. Deben poder diferenciar estas cosas. Si no están seguros de cómo diferenciar a esta gente, pueden hacerlo fácilmente al comprobar si lo que están diciendo es la Palabra de Dios sobre el Evangelio del agua y el Espíritu. Si están predicando la palabra del hombre, no son siervos de Dios; si están predicando la Palabra de Dios sobre el Evangelio del agua y el Espíritu, son el pueblo de Dios. Si alguien es una persona de Dios que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, esta persona predicara la Palabra del Señor y su regeneración, en vez de alardear de su denominación o doctrinas.

Como he explicado anteriormente, los samaritanos en el pasaje de las Escrituras de hoy eran de sangre mezclada. Así que tenían una fe impura y sincrética. Esto no significa que los judíos tuviesen razón. Si los judíos tuviesen la fuente de la vida surgiendo de ellos, tendríamos que seguir sus tradiciones y doctrinas ortodoxas. pero no tenían esta fuente de la vida eterna. Jesús se fue de Judá y entró en Samaria. Por tanto, debemos seguir a este Jesucristo sin falta.

Mis queridos hermanos, los seres humanos son demasiado insensatos e imperfectos. Aunque el Señor vino a buscarnos repetidamente para darnos la vida eterna, muchas personas le han parado con obstáculos de sus denominaciones y doctrinas. Como resultado, perdieron la oportunidad que aparece solo unas pocas veces en la vida. Si tienen pecados, abran la puerta de sus corazones al Señor y acepten a Jesucristo y Su Palabra en sus corazones. Deben revelar sus debilidades con sinceridad ante la Palabra, resolver el problema de todos sus pecados y encontrar la respuesta para la vida eterna y la regeneración. 



Los que tienen sed por la vida eterna 


Aquí, sentados entre nosotros, están los que han bebido del agua eterna para no tener sed nunca más. Pero, el culto de hoy es para los que anhelan beber de esta agua. En otras palabras, no es solo una reunión de resurgimiento, sino que es una reunión para las almas perdidas. Todo este tiempo, aunque hemos intentado con todos nuestros esfuerzos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, muchas personas se niegan a escuchar este Evangelio, ya que sus corazones y oídos están tapados con las falsas doctrinas del cristianismo. Sin embargo, a través de esta reunión de resurgimiento, predicaremos de nuevo el Evangelio del agua y el Espíritu del Señor. Lo predicaremos sin cesar. El Señor dijo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo” (Apocalipsis 3:20). Pero esto no significa que nuestro Señor les visite en persona y llame a las puertas de sus corazones en persona. Sino que los visita sin falta a través de los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. 

Está escrito en Juan 4:13-14: “Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. Para los que rechazan el Evangelio del agua y el Espíritu y se niegan a creer en él, sus pecados permanecerán intactos en sus corazones, y cualquier traza de paz que hayan tenido desaparecerá. ¿Qué hay de los que ya se han alimentado de la Palabra del Señor y han recibido la vida eterna? El Espíritu trabaja en sus corazones con del Evangelio del agua y el Espíritu. Y el Espíritu Santo hace que la fuente de la vida eterna brote de sus corazones para siempre. Estas personas han llegado a un punto en el que su sed ha sido saciada para siempre y nunca volverán a tener sed. Esto es algo que solo saben los que han probado el Evangelio del agua y el Espíritu por fe.

Pasemos a Juan 4:15-19: “La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta”. Aquí pueden ver a la mujer samaritana confesando sus pecados al Señor y admitiendo sinceramente que no estaba satisfecha con su vida. Aunque tenía cinco maridos, ninguno de ellos la había satisfecho y ahora estaba viviendo con un hombre que no era su marido.

Mis queridos hermanos, para nacer de nuevo de verdad y recibir el agua viva del Señor y no tener sed nunca más, debemos hacer lo que hizo la mujer samaritana. Dicho de otra manera, debemos tener claridad y confesar nuestros pecados ante el Señor para que sean resueltos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra del Señor. Al mismo tiempo, debemos darnos cuenta de que no teníamos satisfacción en las vidas religiosas que habíamos vivido. Solo entonces podemos encontrar la verdadera satisfacción. De la misma manera en que el Señor lo sabe todo acerca de nosotros, Sus siervos que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, que están sirviendo la voluntad del Señor, pueden resolver el problema de los pecados para todos los pecadores. 

Para llevar a un entendimiento más profundo de qué es nacer de nuevo, leamos Juan 3:3. “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Como dice la Biblia, los que no han nacido de nuevo no pueden diferenciar la Iglesia de Dios de las iglesias del mundo. No pueden saber si han nacido de nuevo o si otros han nacido de nuevo. Esta es una característica común de los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y por tanto no han nacido de nuevo. El Señor dice que estas personas no pueden ver el Reino de Dios. En otras palabras, no pueden reconocer la Iglesia de Dios. Este pasaje significa: “Si alguien nace de nuevo de verdad al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, puede ver el Reino de Dios”. Los que hemos nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu sabemos exactamente si hemos nacido de nuevo o no. De la misma manera en que la Biblia dice que el Espíritu Santo conoce todo el gozo de Dios, aquellos a los que el Espíritu Santo ha descendido después de nacer de nuevo pueden reconocer la Iglesia de Dios y Su Reino. 

La gente piensa que creer en Jesús como su Salvador y nacer de nuevo son dos cosas diferentes. Esto es lo que más confunde a los cristianos de todo el mundo. Piensan que, si creen en Jesús como su Salvador, nacerán de nuevo, pero no saben cuándo. Sin embargo, la Biblia dice que estas dos cosas son completamente diferentes. El Señor dijo: “Si no se nace de nuevo del agua y el Espíritu, no se puede entrar en el Reino de los Cielos”. Es absolutamente crucial que entendamos esta Palabra del Señor correctamente.

Algunas personas encontraron el Evangelio del agua y el Espíritu solo después de creer en Jesús durante diez años. Pero otras nacen de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu después de haber creído en Jesús durante 50 años. Pero, hay muchas personas que, a pesar de creer en el Señor durante toda su vida, no pueden nacer de nuevo porque no han encontrado el Evangelio del agua y el Espíritu. Al no poder nacer de nuevo, cuando mueren piensan: “Señor, perdona a este pecador”. ¿Dónde irán estas personas entonces? No quiero hablar de ello. Es un final terrible. Cuando miramos a estas personas, parece que están viviendo una vida de fe buscando a Dios, pero en realidad están viviendo una vida espiritualmente maldita y desesperada. Lo que los pecadores tienen en sus corazones no tiene lugar en el Reino de Dios. Puede que piensen: “Como he abandonado la idolatría y he creído en Dios, aunque fuera en el último minuto, me perdonará”. 

¿Saben lo frío que es Jesús? Cuando leemos el capítulo 21 del Apocalipsis, vemos que la Biblia habla del trono blanco del juicio. Dice que, aquel cuyo nombre esté escrito en el Libro de la Vida entrará en el Reino de los Cielos, pero si su nombre no está escrito en él, será arrojado en el lago de fuego y azufre. Si una persona no nace de nuevo, Jesús no tolerará a los pecadores, aunque hayan creído en Él y hayan profetizado en Su nombre. Jesús es la perfecta Verdad. La Verdad que nunca puede comprometerse con la mentira. 

Si pasamos a Juan 3, vemos a un fariseo llamado Nicodemo. Aunque este hombre creía en Jesús, no había nacido de nuevo. Vemos que nuestro Señor le habló a Nicodemo en Juan 3, 5 de la siguiente manera: “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. ¿Qué dijo aquí Jesús? ¿Se nace de nuevo de verdad el agua y el Espíritu? ¿O se puede nacer de nuevo al creer en Jesús sin el agua y el Espíritu? La Biblia dice claramente que una persona nace de nuevo solo del agua y el Espíritu. Los ingredientes que permiten que la gente nazca de nuevo deben ser el agua y el Espíritu. En otras palabras, una persona puede nacer de nuevo solo si cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Las Escrituras dicen que solamente creer en Jesús es diferente a nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto dice claramente que nacer de nuevo es posible solo a través del agua y el Espíritu. No se nace de nuevo de repente un día después de creer en Jesús durante un tiempo, ni tampoco se nace de nuevo cuando se tiene una visión orando. 

Jesús dijo en Juan 3:8: “El viento [b] sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. Esto significa que, aunque los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu hablan la Verdad, los que no han nacido de nuevo no pueden entenderlo todo. A pesar de que nuestro Señor ha mostrado la Verdad de nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, muchas personas no entienden la Palabra del Señor correctamente.



Los que no tienen el Espíritu de Dios


Los que no tienen el Espíritu de Dios, por mucho que prediquen la Cruz, no pueden hacer que los que les escuchan nazcan de nuevo. La probabilidad de que estas personas nazcan de nuevo es nula. Por eso nuestro Señor dijo específicamente que uno debe nacer de nuevo del agua y el Espíritu. Los que tienen un espíritu humilde, cuando escuchan la Palabra de Dios predicada por los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, o cuando leen libros escritos por los nacidos de nuevo, lo entienden enseguida. Esto no es una mentira en absoluto. Estas cosas son posibles porque los que han creído en el Evangelio del agua y el Espíritu enseñan este Evangelio con el conocimiento adecuado de que la salvación ha entrado en sus corazones. 

El Evangelio del agua y el Espíritu, que descendió de la Era Apostólica, fue escrito y predicado por los nacidos de nuevo que tenían el Espíritu Santo, y, por tanto, nadie que no tenga este Espíritu en sus corazones puede entender su significado profundo. Pedro dijo: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva” (1 Pedro 3:21). El agua del que la Biblia habla es el bautismo que recibió Jesús. En otras palabras, el que alguien tenga que nacer de nuevo del agua significa que tiene que nacer a través del bautismo que Jesús recibió en el Río Jordán. A través de este bautismo de Jesús todos los seres humanos deben limpiar sus pecados. Pero, multitud de cristianos siguen sin poder nacer de nuevo, aunque crean en Jesús como su Salvador, y todo esto es porque no entienden la Verdad del bautismo y solo la consideran un ritual religioso. Todo lo que hacen es decir a ciegas que creen en el Señor, cuando en realidad no tienen el conocimiento para conectar el bautismo de Jesús con la Cruz. 

El Señor nos dio la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a nosotros. Sin embargo, si los seres humanos no saben cuál es la intención de esta Palabra, no pueden nacer de nuevo. Esto es cierto también acerca de escribir cartas de amor. Si le dijeran a su mujer: “Las rosas están floreciendo y los pájaros están cantando”. Si su mujer les contestaría: “Por supuesto que sí, es primavera. Todo el mundo lo sabe”, entonces esto significa que no sabe lo que hay en su corazón. Si le dicen a su mujer: “La luna es tan brillante esta mañana” y ella contesta: “Es brillante porque es luna llena”, entonces no conoce sus sentimientos profundos. Decirle que la luna está tan llena y brillante es decirle que su corazón por ella está brillando como la luna y que los pájaros están cantando significa que el mundo es tan bello porque la aman. De esta manera, si la otra persona no conoce sus intenciones o verdaderos sentimientos, no podrán tener una relación sincera con esa persona. Por la misma razón, debemos tener el conocimiento correcto del Evangelio del agua y el Espíritu de Dios. 

Mis queridos hermanos, nuestro Señor nos dijo a todos que debemos nacer de nuevo del agua y el Espíritu sin falta. El agua y el Espíritu aquí se refiere al “Evangelio del agua y el Espíritu”. Por tanto, si se niegan a nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, estarán burlándose de Jesús. Esta gente no puede evitar seguir siendo pecadores sucios y tener sed en sus corazones siempre. Y tienden a caer en algún tipo de visión extraña, misticismo o grupo religioso que hace hincapié en la plenitud de las emociones humanas. De la misma manera en que todo tiene una causa y efecto, como el Señor nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu, los que creen en él pueden limpiar sus pecados y nacer de nuevo. De esta manera, el resultado de la fe para los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu es recibir la remisión de los pecados y convertirse en hijos de Dios. 

Pasemos a Juan 3:6-7 para terminar mi sermón: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, [a] espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”. Mis queridos hermanos, si alguien nace en este mundo como un ser humano cree en Jesús solamente como una de las muchas religiones de este mundo, esta persona es de la carne. Algunas personas creen en Jesús como su Salvador porque se les dice que Su poder es mayor que el de cualquier ídolo. Así que memorizan los Diez Mandamientos y el Padrenuestro, ofrecen el diezmo con regularidad, y van a todas las reuniones de oración matutinas y reuniones de resurgimiento. Estas personas son también de la carne. Su fe no es más que una fe religiosa del mundo. El Señor dijo que lo que nace de la carne es carne y lo que nace del Espíritu es espíritu. 

Debemos distinguir la carne del Espíritu claramente cuando se trata de la fe. La fe en el Evangelio del agua y el Espíritu es del Espíritu, mientras que la pasión de la carne es toda de la carne. Seguir al Señor ante Dios después de recibir la remisión de los pecados es ser espiritual, pero seguir a Jesús sin recibir la remisión de los pecados es practicar una fe carnal. Los que dicen creer en Jesús como su Salvador, aunque tengan pecados en sus corazones son los que pertenecen a la carne, los que no han nacido de nuevo todavía. Como sus pecados siguen intactos, serán condenados por ellos. Por mucho que intenten creer en Jesús, si lo hacen sin el Evangelio del agua y el Espíritu, sus corazones son pecadores y no pueden nacer de nuevo al final, porque lo que es de la carne es carne. Todavía son pecadores. Por el contrario, los que admiten ante Dios que son pecadores, reconocen que están destinados a ir al infierno por sus pecados, y creen en la Verdad de la salvación que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu, son los que pertenecen al Espíritu. En otras palabras, son las personas espirituales que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu.

Mis queridos hermanos, los que ponen humildemente el problema de los pecados y de la remisión de los pecados ante la Palabra de Dios, e intentan resolverlo por fe, son los que están cerca de Dios. De esta manera, alguien que se puede revelar a sí mismo ante la Palabra de Dios es alguien que puede nacer de nuevo del agua y el Espíritu. Solo estas personas son las que han nacido de nuevo verdaderamente al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. 

La mayoría de nosotros, si no todos, fuimos buenos cristianos en el pasado, pero, aun así, todavía teníamos pecados en nuestros corazones. Ya hiciésemos lo que complace a Jesús o lo contrario, todos teníamos pecados. Pero ahora debemos escuchar bien el Evangelio del agua y el Espíritu y nada más. Debemos abrir nuestros corazones a la Palabra de vida del Señor. La Palabra de Dios es muy importante. La Biblia describe esta Palabra como la Palabra de la vida. 

Si la gente nace de nuevo de la Palabra del Espíritu, es decir, de la Palabra del Evangelio del agua viva y el Espíritu, será salvada de todos sus pecados. El Espíritu Santo descenderá en sus corazones. Y el Espíritu Santo se convertirá en una fuente que brota en sus corazones, saciando los corazones de la gente. ¿Cómo pueden ser estas cosas posibles? Esto se debe a que el Espíritu Santo está en nuestros corazones.

Además, como el Espíritu Santo conoce la profundidad de Dios, los que han recibido la remisión de los pecados y el Espíritu Santo pueden dar la Verdad de la salvación a los demás. Puede que se estén preguntando: “No tengo pecados, ¿cómo he recibido la remisión de los pecados? Ni siquiera pensé en ir al Cielo, pero ¿cómo me convertí en alguien que puede ir al cielo?”. La respuesta es simple: todo ocurrió porque creyeron en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibieron la remisión de los pecados como resultado. Y ahora que hemos recibido la remisión de los pecados, no debemos estar decepcionados y seguir predicando este Evangelio del agua y el Espíritu hasta el fin.

Nuestro Señor nos ha dado el Espíritu Santo para los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu. Y nos ha dado agua viva, como dijo: “Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed, mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”.

Quiero repetirlo: Los que han recibido la remisión de los pecados y el Espíritu Santo en sus corazones al creer en la Palabra del Señor nacen de nuevo a través de la Palabra de Dios y reciben el agua viva para no volver a tener sed. Solo alguien que haya nacido de nuevo a través del Evangelio del agua y el Espíritu puede predicar esta Palabra de Dios. Por el contrario, nadie que no haya nacido de nuevo puede darle el agua viva a nadie. Los que escuchan los sermones predicados por alguien que no ha nacido de nuevo acaban en la misma situación. No pueden nacer de nuevo por mucho que escuchen atentamente los sermones predicados por estos pastores. En mi pasado yo tampoco pude nacer de nuevo, aunque hubiese escuchado durante diez años multitud de sermones predicados por los líderes religiosos que no habían nacido de nuevo. A pesar de escuchar estos sermones durante mucho tiempo, no podía nacer de nuevo. 

En las comunidades cristianas actuales, hay demasiados líderes que no han nacido de nuevo. Sus sermones son completamente inútiles para la gente que quiere nacer de nuevo. Esto se debe a que una persona puede nacer de nuevo solo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, la verdadera Palabra de Dios. Por tanto, pueden nacer de nuevo solo si escuchan a alguien que ya cree en el Evangelio del agua y el Espíritu y por tanto tiene dentro el Espíritu Santo. Al escuchar a alguien cuyo corazón está habitado por el Espíritu Santo, no pueden nacer de nuevo, sin importar cuánto le escuchen. Recuerden esto claramente. 

El Señor dijo claramente en Juan 3:5: “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Esta es la Palabra del Dios Todopoderoso. ¿Todavía creen que pueden nacer de nuevo a través de sus esfuerzos? Si fuera así, los nacidos de nuevo no serían necesarios en este mundo ni tendríamos que predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. No necesitarían la ayuda de nadie, ya que pensarían que con esfuerzo podrían nacer de nuevo algún día. Pero, mis queridos hermanos, quiero decir de nuevo que no pueden nacer de nuevo por su cuenta. Por su cuenta, ¿pueden entender el Evangelio del agua y el Espíritu? 

Me gustaría terminar mi sermón ahora. Mi corazón está siempre abierto a los que quieren nacer de nuevo de verdad. Si quieren estudiar la Palabra de Dios, estaré encantado de estudiar con ustedes; si quieren nacer de nuevo del agua y el Espíritu, o si anhelan tener la fuente que sacia su sed para siempre, estoy siempre disponible para darles consejo. Les estoy diciendo ahora claramente que pueden nacer de nuevo sin falta al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. De la misma manera en que la mujer samaritana conoció al Salvador, ustedes también pueden nacer de nuevo al creer en Jesús como su Salvador, quien ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu.