Sermons

[3-13] < Juan 3:16 > Su verdadero yo y el amor del Señor



< Juan 3:16 >

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”



Les doy la bienvenida a nuestros hermanos creyentes. Estoy agradecido por poder predicar la Palabra del Señor en esta iglesia. Y me gustaría darle las gracias al ministro y a su mujer que están sirviendo al Señor aquí, así como a todos los santos reunidos aquí. 

El tamaño de esta congregación ha aumentado desde la última vez que estuve aquí. Espero que ustedes también hayan encontrado paz en el Señor. Debemos volver a la Palabra y ver qué está diciendo Dios en este momento. 

La Biblia dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Este pasaje está sacado de Juan 3:16, un versículo que conocemos bastante bien. Este versículo dice que Dios de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Aunque todos conocemos muy bien este pasaje de las Escrituras, hay otro versículo importante que explica el don de la salvación y el amor de Dios por nosotros. En otras palabras, esto implica que Dios nos ha dado la bendición de la salvación. 

Está escrito aquí en el pasaje de hoy que Dios amó de tal manera al mundo. ¿A quién se refiere el mundo aquí? Se refiere a toda la raza humana, a nosotros. Se refiere a que Dios amó a todo el mundo, a todos y cada uno de nosotros individualmente. También está escrito que Dios nos dio a Su único Hijo, es decir, que Dios nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu a todos individualmente y nos ha salvado. Por tanto, cuando los que no han recibido la remisión de los pecados en sus corazones al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu escuchan que la Biblia dice que Dios Padre les ha dado a Su único Hijo, se dan cuenta que el Señor ha borrado todos sus pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. El que el Señor nos enviase a Su Hijo Jesucristo como nuestro Salvador es lo mismo que decir que eliminó todos nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. 

¿De verdad conocen la justicia de Dios y creer en ella? No tengo palabras para expresar lo profundamente agradecido que estoy porque el Dios exaltado nos haya salvado a seres tan débiles de todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. El que Dios nos diese a Su único Hijo en este mundo significa que nos ha dado la salvación verdadera. El que enviase a Su Hijo Jesús a este mundo, en otras palabras, significa que nos ha salvado de los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. En este momento, quiero que pensemos una vez más en lo maravilloso que es el amor de Dios y nos demos cuenta de su profundidad a través del Evangelio del agua y el Espíritu. 

Para entender este amor de Dios correcta y precisamente, primero debemos examinarnos a nosotros mismos para ver exactamente qué tipo de personas somos ante Dios. Si no nos vemos correcta y claramente como pecadores ante Dios, no podemos entender lo que la Biblia quiere decir con que Dios amó tanto al mundo que le dio a Su único Hijo. Si no reconocemos esto, no podremos entender lo grande que es el amor de Dios. Así que es absolutamente importante saber quiénes somos a los ojos de Dios, y que el Padre envió a Su Hijo Jesucristo para borrar todos nuestros pecados. Sócrates dijo: “Conócete a ti mismo”. Sin embargo, incluso los que no conocen el amor de Dios no se dan cuenta de sus naturalezas pecadoras. Conocer las debilidades e insuficiencias propias y entender el amor de Dios está relacionado. Esto es parecido a la medicina, por muy buena que sea la medicina, si no se dan cuenta de que la necesitan desesperadamente, la medicina no tendrá efecto. 

En el pasaje de las Escrituras de hoy el Señor nos está hablando sobre la remisión de los pecados y la salvación. De la misma manera en que una persona enferma necesita un médico desesperadamente, los pecadores también necesitamos un Salvador que pueda salvarnos de nuestros pecados. Por esta misma razón Dios Padre nos dio a Jesús, Su único Hijo. Esto se debe a que todos nosotros nacimos como pecadores y estamos manchados de pecados, y por tanto necesitamos el Evangelio del agua y el Espíritu que elimina nuestros pecados. 



¿Qué debemos hacer para recibir la salvación especial ofrecida por Dios?


¿Por qué creen que estoy hablando de esto al principio de mi sermón? Esto se debe a que muchas personas no se dan cuenta de sus naturalezas verdaderas y esta es la razón por la que no pueden entender el gran amor del Señor. Si nos damos cuenta de lo pecadores que somos a los ojos de Dios, esto pondrá el amor del Señor más cerca de nosotros y podremos empezar a creer en él. Si no pueden sentir o experimentar el amor de Dios, esta es una prueba de que no se han dado cuenta de lo malvados que son. La razón por la que muchas personas no aceptan el amor de Dios por fe es que no ven que son pecadores horribles a los ojos de Dios. ¿Cuánto se conocen a sí mismos? Es absolutamente indispensable que nos demos cuenta de lo insuficientes que somos ante Dios. Debemos darle gracias a Dios y alabarle por darnos Su gracia de salvación. Esto se debe a que, aunque éramos pecadores destinados a pecar para siempre, nos hizo personas perfectamente justas. 

Ahora debemos ver de nuevo lo que el Señor mismo dijo acerca de los seres humanos en Marcos 7:21-2: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”. En este pasaje el Señor está explicando qué tipos de pecados cometen los seres humanos todo el tiempo y cómo se han convertido en pecadores desesperados. A través de este pasaje deberíamos ver una vez más quiénes somos, algo que no sabíamos o que habíamos olvidado. El Señor hizo una lista de los doce tipos de pecados de la humanidad. ¿Qué dijo que es el primer pecado que sale del corazón humano?



El Señor dice que todos somos malvados


Mis queridos hermanos, nuestra existencia como seres humanos es tal que albergamos todo tipo de pensamientos malvados durante todas nuestras vidas, no lo podemos evitar. Como seres humanos todos tenemos muchos pensamientos malvados que pasan por nuestras mentes continuamente y los albergamos y practicamos hasta el día en que morimos. Y por eso no somos más que pecadores manchados ante el Señor. Pero, a pesar de esto, algunas personas se engañan pensando: “No tengo tantos pensamientos malvados. No tengo pensamientos malvados. Es bastante duro soportar todos los pensamientos buenos que tengo, ¿cómo voy a soportar los malos?”. Sin embargo, incluso estas personas malvadas se dan cuenta de que entre los muchos pensamientos que tienen en 24 horas, la mayoría son malvados. Aunque la gente no pueda admitir sus propios pecados, la verdad es que todo el mundo comete pecados continuamente. 

Esto es exactamente de lo que está hablando Jesucristo, quien siempre dice la verdad. Así es exactamente cómo Dios ha definido la humanidad. Mis queridos hermanos, Jesucristo es el Dios que creó los cielos y la tierra. De la misma manera en que un fabricante de juguetes sabe todo lo que hay dentro del juguete que ha creado, lo que el Señor nos dijo, lo dijo porque nos conoce perfectamente. De esta manera, nuestro Señor conoce nuestro estado mejor que nosotros. Lo sabe todo acerca de cómo caímos en el pecado por la tentación de Satanás y cómo acabamos dejando a Dios como resultado. Satanás vino a nuestros antecesores y los engaño, confundiendo sus pensamientos. Al principio, Adán y Eva pecaron tentados por Satanás, y este pecado entró en sus corazones, y así surgieron los doce pecados de Marcos 7. Y la Biblia dice que estos pecados siguen existiendo en nuestros corazones mientras vivimos. 

¿Y ustedes? ¿Piensan que son buenas personas porque no pueden verse a sí mismos? Es casi imposible que estas personas confusas reciban la remisión de los pecados, el don del amor de Dios. La Biblia dice que los que no se conocen a sí mismos ante Dios, y los que piensan por su cuenta que son virtuosos, no pueden recibir la remisión de los pecados ofrecida por Dios, sino que siguen siendo pecadores. Por tanto, si quieren creer en el amor de Jesús, primero deben darse cuenta de qué tipo de pecadores son, cuántos pensamientos malvados tienen ante Dios y el hombre, y entonces ser limpiados de todos estos pecados poniendo su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. 

Los que no se conocen a sí mismos están pensando probablemente: “He venido a la iglesia hoy como una buena persona, pero el pastor está predicando algo que es contrario a mis pensamientos. Su sermón es completamente contrario a mis pensamientos. Esperaba que predicase sobre vivir virtuosamente, pero me está acusando de ser una persona completamente malvada”. Escuchen, por favor, si tienen algún pensamiento como este, les pido que piensen sobre sí mismos una vez más. Deben cambiar sus pensamientos completamente. Por tanto, les pido que se conozcan a sí mismos y que entiendan completamente que sus mentes y corazones están siempre pensando en el mal y hacer el mal. Dios le dijo a esta gente que creyese en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es Su amor. 



¿Quién nació como descendiente de Adán?


Todos los seres humanos nacen como descendientes de Adán, y mientras que todo el mundo puede hacer el bien, su naturaleza fundamental es tal que no pueden hacer el bien que quieren hacer, sino solo el mal que no quieren hacer. Todos hacemos el mal. Somos semillas del mal practicando el mal; así somos todos los humanos. Un cardo solo produce espinos por mucho que se corte y se cuide. Lo mismo pasa con los seres humanos. De esta manera, como todos los seres humanos nacieron malvados desde el principio, no podemos evitar tener pensamientos egoístas y malvados por mucho que intenten vivir bien, y por tanto no pueden evitar hacer el mal continuamente. 

Desde nuestro nacimiento éramos obradores de maldad. Todos nuestros pensamientos son para nuestros intereses propios y seguimos estos pensamientos egoístas. Cuando intentamos hacer el bien, nos encontramos moviéndonos por cálculos fríos y egoístas. Así que, a veces intentamos esconder nuestras obras malvadas con unas pocas obras buenas, y con estas obras buenas intentamos establecer nuestra propia justicia. 

En Isaías 59, refiriéndose a la maldad de la humanidad, el Señor dijo: “Salen de huevos de víbora y tejen telarañas... Y sus pies corren hacia el mal”. Como el Señor dijo aquí, siempre tenemos pensamientos malvados y hacemos cosas malas. Yo también era como ustedes antes de conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Antes de conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, me odiaba a mí mismo por tener pensamientos malvados y practicar el mal. Yo me levanté ante otras personas y les prediqué la Palabra de Dios sin conocerme a mí mismo. Cuando pienso en esto, estoy muy avergonzado. Pero ahora que creo en el Evangelio del agua y el Espíritu, ya no soy así. Como creo en el Evangelio del agua y el Espíritu que me dio el Señor, el Espíritu Santo ha venido a mi corazón, y por eso ahora mi corazón desea resolver el problema de los pecados de lo demás. 

Mis queridos hermanos, si se miran a sí mismos correcta y detenidamente, se darán cuenta de que son personas malvadas que cometen pecados continuamente. La mente del hombre es malvada y todos viven una vida egoísta. Todos los seres humanos son malvados por naturaleza, pensando en su propia comodidad e intereses. Así es como éramos antes de encontrar el Evangelio del agua y el Espíritu, antes de conocer a Jesús, que constituye nuestra justicia, y como resultado, estamos practicando la justicia de Dios en nuestras vidas, por lo menos hasta cierto punto. Si conocemos los pecados malvados con los que nacimos, entonces sabremos que éramos pecadores ante Dio y el hombre. Y seríamos culpables. Estas personas pasan la vida entera escondiéndose y camuflándose bajo la sombra del pecado. Y de esta manera, si todo el mundo siempre hubiese tenido pensamientos malvados y practicado la maldad según la naturaleza de la humanidad, este planeta habría sido destruido hace mucho tiempo. 

Esta es la razón por la que la gente tuvo que enseñar ética. Era necesario hacerlo en un mundo lleno de personas malvadas. Se dice que las personas sin educación son como animales. Sin embargo, incluso los que tienen educación cometen más hechos malvados que los que no tienen educación, porque todo el mundo es malvado al nacer. Esto se debe a que todo el mundo es malvado. Por tanto, para que todos los seres humanos reciban la remisión de los pecados y el don del Espíritu Santo, deben necesariamente creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios les ha dado y que les permite vivir una vida recta. Para que esto ocurra, la Iglesia de Dios es indispensable. 

A veces nos encontramos con personas que desearían que hubiese una guerra nuclear. Parece que desean esto porque nada les va bien. Como no están contentos con sus vidas miserables, sienten que no es justo que todo el mundo sea miserable también. Así que desean que haya una guerra nuclear que destruya a todos los ricos y prósperos, y piensan que así estarán contentos. Pero ¿cómo cambiarían de opinión cuando tuviesen más prosperidad como la gente a la que odian? Por supuesto que piensan que una guerra nuclear sería desastrosa. Mis queridos hermanos, deben entender esto, que estas personas son ustedes mismos. Los que son dañados por otras personas en este mundo no deben culpar a Dios. Esto se debe a que todos tenemos corazones así de egoístas como los demás. Todos nacemos egoístas sin remedio y somos personas con mentes malvadas. 

Me doy cuenta de que algunos de ustedes pueden estar pensando que soy demasiado franco y brusco. Pero sé que es mejor para ustedes que sea transparente, sincero y franco. Hay muchos predicadores hoy en día que dan sermones pretenciosos en este mundo y es difícil entenderlos. Dicen en sus sermones: “Debemos vivir una vida santa ante Dios. Debemos vivir con virtud”. Sin embargo, mis queridos hermanos, ¿puede alguno de nosotros, que nació con pecados, vivir una vida santa ante Dios? ¿Podemos vivir con virtud? Si nuestros pensamientos son virtuosos, ¿podemos practicarlos en nuestras vidas? No, no es así. Estamos llenos de pensamientos malvados, y por eso ¿cómo puede alguien mandarnos vivir virtuosamente? Estos sermones no hacen otra cosa que traer más confusión y vacío a sus almas. 

Piensen en esto una vez más. La razón por la que sus corazones están más preocupado e insatisfechos es que no pueden practicar el bien. Muchos líderes religiosos y predicadores dan falsos sermones solo para consolar los corazones de los obradores de iniquidad y engañarles. Por eso gritan a la congregación que no pueden evitar practicar el mal: “¡Vivan con virtud!”. Entonces alguien en la congregación, al haber escuchado este sermón y sin conocerse a sí mismo, se decide a vivir virtuosamente desde ese momento, pensando: “De acuerdo, me he decidido a vivir con virtud. No he podido hacerlo hasta ahora, pero de ahora en adelante viviré con virtud”. ¿Qué ocurrirá entonces? Tanto los predicadores como la congregación se estarán engañando a sí mismos porque ya se han engañado a sí mismos. 

Mis queridos hermanos, no culpen a otros por sus obras malvadas. Sin embargo, algunas personas culpan a otras por sus hechos malvados sin conocer su verdadera naturaleza. Suelen pensar: “No valgo para creer en Dios. Mi naturaleza fundamental tiene pensamientos malvados solamente, y entonces ¿por qué me dice Dios que viva virtuosamente? Así que, aunque creo en Jesús, mi naturaleza no lo quiere y por eso no puede creer más”. De esta manera acaban abandonando sus vidas de fe. 

Mis queridos hermanos, para creer en Jesús como su Salvador, no necesitan su propia justicia. Todos los que están aquí reunidos hacen buenas obras, pero no están aquí porque sepan bien hacer el bien. Están aquí por la única razón de ser redimidos de sus corazones, y por eso están en la Iglesia de Dios, sentados aquí, escuchando la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso Dios nos está diciendo constantemente que pensemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Lo hace porque sabe todo acerca de qué tipo de pecadores somos y el tipo de vidas que vivimos. Y este Dios santo tiene compasión por nosotros y nos ama, nos ha salvado de los pecados del mundo para siempre a través del Evangelio del agua y el Espíritu y nos está diciendo que recibamos esta salvación. 

En otras palabras, como somos incapaces de vivir con virtud, Dios nos ha hecho ir a Él para eliminar nuestros pecados para siempre a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, los que no conocen su verdadera naturaleza e intentan esconder sus pecados no pueden recibir la gracia de Dios de la verdadera salvación y acaban levantándose contra el amor de Dios. Y siguen cometiendo pecados arrogantes ante Dios. Estoy seguro de que ninguno de nosotros querría ser una persona así. Debemos recordar siempre que practicamos el mal de esta manera porque nosotros mismos somos malvados todo el tiempo. 



Dios dijo que del corazón del hombre sale la fornicación 


¿Qué más dijo el Señor que sale de nuestros corazones? Dijo que la “fornicación” sale del corazón. Los corazones de todo el mundo están llenos de muchos deseos carnales y por eso siempre están dispuestos a cometer obscenidades. Si nuestras imaginaciones obscenas se reflejasen en un espejo, estaríamos tan avergonzados que no podríamos levantar la cabeza. Aunque no cometamos actos sexualmente inmorales físicamente, como tenemos fantasías en nuestras mentes, somos unos pervertidos a los ojos de Dios. Cuando los hombres se encuentran con mujeres hermosas en la calle, empiezan a imaginar cosas obscenas. Tanto los hombres como las mujeres, cuando ven a alguien atractivo, no pueden pasar de largo, sino que desean verlo con sus propios ojos. Cuando no pueden practicar sus pensamientos obscenos porque se preocupan de lo que dirán los demás, tienen fantasías acerca de todo tipo de cosas obscenas cuando están solos en sus habitaciones. Tan solo con ver cómo Internet está lleno de imágenes sexuales explícitas, podemos darnos cuenta inmediatamente de lo obscena que es la raza humana. 

Mis queridos hermanos, somos personas que pasan sus vidas pensando en obscenidades y haciendo cosas obscenas. ¿Tengo que ser más específico? ¿Qué pasa cuando vemos películas o programas de televisión con contenido sexual? Aunque nos tapemos los ojos con las manos con indignación, siempre hay algo que nos lleva a seguir mirando entre los dedos. Algunas mujeres llevan poca ropa y utilizan sus cuerpos como instrumentos de lascivia. Por supuesto, una mujer puede querer mostrar su cuerpo hermoso hasta cierto grado, pero cuando veo personajes de televisión con sus caderas expuestas, me recuerda que el fin del mundo está cerca. Pero no podemos culparles a ellos solamente. Esto significa que somos nosotros los que disfrutamos ver la lascivia que esas estrellas de televisión nos envían utilizando sus cuerpos. Como dijo el Señor: “Del corazón del hombre salen pensamientos malvados, adulterios, fornicaciones”, estamos llenos de inmoralidad sexual. Podemos ver por qué nuestro Señor dijo estas cosas con todo detalle. 

El Nuevo Testamento menciona frecuentemente a los fariseos y estas personas eran tan legalistas que, incluso cuando se trataba de comer, creían que tenían que lavarse las manos y los brazos antes de comer. Un día, un fariseo invitó a Jesús y a Sus discípulos a cenar. Los discípulos comieron sin lavarse las manos. Los fariseos, al darse cuenta de esto, se quedaron horrorizados y empezaron a hablar mal de los discípulos de Jesús, pensando: “Estas personas son tan ignorantes y sucias. No podemos tener nada que ver con ellas”. Así que Jesús les dijo a los fariseos que despreciaron a Sus discípulos: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. El corazón de todo el mundo está lleno de estas cosas por naturaleza, y los seres humanos los cometen durante todas sus vidas”. 

Mientras que los fariseos solo vieron la apariencia externa de los discípulos de Jesús y los despreciaron por ser sucios, Jesús veía la verdadera sustancia del pecado dentro de todo el mundo y dijo que eso es lo que es sucio de verdad. ¿Quién dijo la verdad? Lo que Jesús dijo era verdadero y correcto. El Señor dijo que lo que sale del corazón del hombre es lo que ensucia al hombre, y también dijo que vino a salvar a estas personas sucias. Cuando no podíamos evitar estar atrapados en la lujuria y los pensamientos malvados durante toda nuestra vida, el Señor vino a este mundo a salvarnos de todos estos pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. 

Por eso, es absolutamente indispensable que pongan su fe en el pasaje de las Escrituras de hoy: “Dios amó tanto al mundo que le entregó a Su único Hijo”. Después de todo, cuando el Señor vino al mundo, eliminó todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando pienso en este Evangelio, y cuando pienso en el amor del Señor, estoy muy agradecido por la gracia de Dios y mi corazón rebosa de bendiciones indescriptibles. Estoy seguro de que esto también es cierto de los que se han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. 



El Señor dice que todos somos ladrones


Mis queridos hermanos, la tercera cosa que el Señor dijo que sale del corazón humano es el deseo de robar. No son solo los ladrones violentos los que roban en este mundo. La gente normal y la gente educada roba a los demás y vive con lo que gana robando. Robar y atracar a alguien es un crimen terrible. Sin embargo, lo que es aún más terrible es robar a otras personas de manera silenciosa y legal, utilizando la mente y aprovechándose de lagunas legales. No tengan demasiada confianza para decir: “Nunca he robado nada en mi vida”. Miren dentro de sus corazones. ¿Acaso nunca han querido tomar las pertenencias de otras personas? ¿Acaso nunca han querido robar algo, pero han tenido demasiado miedo de ser descubiertos? Estoy seguro de que todos han tenido estos pensamientos en algún momento de sus vidas. Si esto es verdad, ¿quiénes somos ante Dios? ¡Somos ladrones! Como dijo el Señor, todos somos ladrones. 



El Señor dice que todo el mundo es un asesino


El Señor siguió diciendo que los seres humanos también son asesinos. De hecho, no pasa ni un día sin que escuchemos noticias de un asesinato, de hijos que matan a su padre y madre, e incluso de padres que matan a sus hijos. Un marido es capaz de matar a su mujer, sus amigos e incluso a sí mismo. Cuando se pelean con alguien y se enojan, estoy seguro de que piensan: “Quiero matarle”. En realidad, matar a alguien no es la única forma de asesinato. El deseo de matar a alguien es lo mismo que la acción del asesinato. Por ejemplo, si están separados de sus padres, pueden pensar: “Me gustaría que muriesen pronto. ¿Por qué no se mueren en algún sitio callados?”. Es horrible decir estas cosas, pero es la realidad. Lo mismo ocurre con cualquier relación. Ya sea entre esposos, padres e hijos, o amigo, todos tenemos deseos asesinos en algún momento, aunque ninguno de nosotros sea capaz de cometer asesinato. 

Pero no expresamos estos pensamientos totalmente; todo ser humano tiene pensamientos asesinos en algún momento u otro. Si confesamos lo que hay en nuestros corazones y decimos: “Hace tiempo deseaba que estuvieses muerto, pero ahora veo que esto estaba mal pensar así, lo siento”, no podremos confiar en nadie en este mundo. De esta manera vivimos escondiendo nuestros pecados los unos de los otros. Por eso solo ustedes pueden conocerse a sí mismos y por eso ustedes mismos deben darse cuenta de esto y reconocerlo. 

Mis queridos hermanos, como dijo el Señor, en nuestros corazones hay fornicación, robo, adulterio, envidia, maldad, engaño y orgullo. Estos deseos malvados no surgen solo una vez en la vida. En realidad, como nacimos fundamentalmente con estas cosas malvadas, están siempre con nosotros desde que nacemos hasta que morimos, surgiendo periódicamente. Esto es cierto hasta el día en que nuestras vidas se acaban, hasta que nuestros cuerpos dejan de respirar. Es cierto incluso para todos los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Ha pasado un mes desde la última vez que les vi y puedo imaginar lo difícil que ha sido para ustedes vivir con estos deseos malvados todo este tiempo. Aunque no haya visto sus problemas personalmente, los puedo sentir. Todos somos asesinos, adúlteros y envidiosos, llenos de codicia y practicando la lujuria. Aquí el adulterio y la lujuria suenan muy parecidos, pero deben darse cuenta de que la lujuria se refiere a todo lo que es lascivo de palabra, pensamiento y acción, mientras que el adulterio se refiere a tener pensamientos lascivos mientras que se finge no ser lascivo. 

Entonces, ¿admiten que son seres malvados como hizo Jesús? Yo tenía estos pensamientos malvados. Cuando pienso en quién era antes de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, puedo ver que tenía estos deseos malvados en mi corazón. Así que estoy inmensamente agradecido y bendecido por este pasaje aquí que dice: “Dios amó al mundo tanto que envió a Su único Hijo”. Por naturaleza, no era más que un montón de maldad, pero al enviar a Su único Hijo a este mundo, y con el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios Padre ha eliminado todos los pecados que he cometido. ¿Cuánta suerte tengo? Lo mire como lo mire, solo puedo darle gracias al Señor que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. 

¿Qué habría pasado si el Señor no hubiese venido a este mundo encarnado? ¿Cómo sería este mundo si no nos hubiese salvado a los que solo piensan cosas malvadas de todos nuestros pecados para siempre a través del Evangelio del agua y el Espíritu? Habríamos seguido siendo personas lascivas y blasfemas. En vez de creer en Jesucristo, habríamos hecho cosas pecadoras hasta nuestra muerte. Nos habríamos opuesto a ciegas a las opiniones de la gente, las habríamos parado y nos habríamos hecho arrogantes e insensatos. Queridos hermanos, ¿saben qué significa insensatez? Esto significa ser tan insensato que parece que estemos locos. Sin la salvación del Señor, podríamos haber hecho cosas locas hasta la muerte en vano. No solo una vez, ni dos veces, sino hasta el día en que muriésemos, habríamos seguido haciendo cosas estúpidas, tenido pensamientos arrogantes, blasfemado a Dios, levantado contra Él con un ojo malvado, cometido actos lascivos, sido codiciosos, cometido adulterio, asesinato y robo y tenido pensamientos obscenos y malvados. Los que estamos sentado aquí hoy y todos los seres humanos somos así por naturaleza. 



Sin embargo, Dios nos ha salvado de todos los pecados porque nos ama


Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo”. La palabra mundo aquí se refiere a nosotros, a toda la humanidad. En otras palabras, Dios amó a esta raza de víboras cuyos pensamientos son malvados y que comete pecados siempre, esta semilla de maldad destinada al infierno, mereciendo ser arrojada a un vertedero y ser quemada, y Dios envió a Su único Hijo y nos salvó de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque éramos completamente inútiles, Dios nos amó tanto que nos hizo perfectamente justos a través de Su único Hijo. 

Durante el resto de esta semana, seguirán escuchando acerca del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, y podrán entender completamente cómo el Señor nos ha salvado a seres humanos tan malvados y cómo ha eliminado todos nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, y así no podrán evitar alabar a Dios ahora mismo. De esta manera, cuando reciban la remisión de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, podrán tener un conocimiento más profundo del amor de Dios y Su gracia y darle gracias siempre de corazón. Cuanto más tiempo pasa más agradecidos estarán. Por supuesto, al principio pueden decir: “No soy un pecador tan malvado. No cometo esos pecados”, pero en su momento entenderán la Palabra del Señor y se darán cuenta exactamente de que el Señor dijo que su naturaleza fundamental es malvada y de que Dios les ha salvado de estos pecados malvados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. 

Mis queridos hermanos, no son los que no cometen pecados los que son salvados por Dios, sino que los que cometen pecados hasta el día en que mueren son los que son salvados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu ante Dios. Algunos pueden pensar que son bueno, pero la verdad es que no hay nadie que tenga virtud en este mundo. Los seres humanos somos incapaces de hacer el bien. Si alguien piensa que está haciendo el bien, es un mentiroso e hipócrita. Estas personas están fingiendo ser virtuosas. Es lo mismo que sonreír a alguien mientras se esconde un cuchillo a las espaldas y se le maldice por dentro. Nuestro Señor dejó claro que el hombre es incapaz de hacer ningún bien. Dijo que los seres humanos son asesinos, adúlteros, ladrones, lascivos, orgullosos, tienen un ojo malvados y son insensatos. Dijo que son los seres humanos los que producen pecados, es decir, todo el mundo comete los doce tipos de pecados constantemente y durante toda su vida para acabar en el infierno. 

Como dijo el Señor tan adecuadamente, es fundamentalmente imposible que los seres humanos vivan con virtud, y, por tanto, no pueden evitar hacer cosas malvadas y cometer pecados desde el día en que nacimos hasta el día en que morimos, desde el día de nuestro nacimiento hasta nuestra vejez. Y por eso, la salvación no se obtiene de Dios al intentar vivir con virtud. En realidad, debemos darnos cuenta de quiénes somos, admitir que no podemos evitar cometer pecados por nuestra naturaleza fundamental y pedirle al Señor que nos salve. Esta es la única cosa que pueden hacer para alcanzar la verdadera salvación y obtener la remisión de los pecados. 

Junto al púlpito hay algunos crisantemos muy bonitos. Creo que esta vez he dicho el nombre de la flor bien. De todas formas, ¿por qué creen que estos crisantemos están floreciendo aquí? La respuesta es tan fácil. Esto se debe a que la planta es un crisantemo. ¿Qué tipo de flor producirían los seres humanos ya que nacen con pecados? Producen la flor del pecado. Aún peor, la flor que producen no es solo un tipo de pecados, sino doce de estos pecados. Cuando hoy tenemos un deseo lascivo, nacen flores obscenas para manchar los ojos y manos con inmoralidad sexual, y cuando mañana tengamos deseos asesinos, de ellos saldrán flores asesinas para hacernos cometer asesinatos indirectamente, aunque no matemos a nadie físicamente. 

Mis queridos hermanos, las flores y todas las cosas naturales revelan sus verdaderos seres exactamente como fueron creadas, pero los seres humanos son la única excepción a esta regla. Por su naturaleza se disfrazan de mentiras y después se revelan a sí mismos. Mientras esconden sus seres feos y sus corazones malvados, hacen turnos para cometer un pecado después de otro, teniendo deseos asesinos hoy y adúlteros mañana, y el día siguiente deseando robar. Cuando vuelven al punto de partida después de haber cometido todos los doce pecados, siguen cometiéndolos de nuevo. Estos pecados se cometen una y otra vez y muy a menudo mientras se cometen nuevos pecados y suelen olvidar los pecados que han cometido. Después de pecar durante un tiempo puede que piensen: “Espera, no debería cometer pecados así”, pero en ese momento acaban cometiendo otro pecado y se olvidan de los pecados que han cometido antes. Se dice que un pez tiene una memoria que dura tres segundos. Cuando pescan un pez, aunque cometan un error y lo pierdan, si utilizan el cebo inmediatamente de nuevo, seguramente pescarán ese pez otra vez. Esto se debe a que los peces tienen una memoria tan corta que no pueden recordar el cebo que acaban de morder. 

¿Qué hay de sus memorias humanas? Mientras que son más largas que tres segundos, no duran más de 30 horas. Cuando pasa medio día, algunas personas no se acuerdan de los pecados que han cometido. Por supuesto, no todo el mundo es igual. Nos arrepentimos de los pecados que cometemos hoy diciendo: “No tendría que haber hecho esto. ¿Por qué lo he hecho?”. Sin embargo, cuando llega el mañana y empezamos a cometer nuevos pecados, los pecados de ayer desaparecen simplemente como una niebla de sus memorias. Como cometemos los mismos doce tipos de pecados repetidamente durante los doce meses del año, nos olvidamos fácilmente de qué pecados y cuándo los hemos cometido. Así que, aunque los seres humanos cometen pecados hasta el día en que mueren por vejez, siguen diciendo: “No he cometido tantos pecados en mi vida”. En otras palabras, es precisamente porque los seres humanos cometen tantos pecados, como no son más que un montón de pecados pasan toda la vida cometiendo pecados sin darse cuenta de que han pecado. 

Mis queridos hermanos, estoy convencido de que, si entienden completamente lo que el Señor les está diciendo hoy, será muy beneficioso para ustedes, más que si se gastaran montones de dinero y pasaran toda la vida aprendiendo filosofía en la universidad. Esto se debe a que, a través de la Palabra del Señor, pueden darse cuenta de sus verdaderas naturalezas pecadores que no habían conocido hasta ahora. Pueden entender que, aunque el corazón del hombre desea hacer el bien, es incapaz de practicarlo. Si alguien dice que puede hacer cosas buenas, esta persona no es más que un hipócrita. 

Mis queridos hermanos, debemos darnos cuenta de lo sucios y malvados que somos a los ojos de Dios. Solo entonces podemos aceptar el gran amor de la salvación de Dios, y al creer en este amor, podemos recibir la remisión de los pecados a través de Jesucristo. Esto significa que pueden ser salvados a través del Evangelio del agua y el Espíritu y disfrutar de la gloria del Reino de los Cielos, solo si saben quiénes son. Entonces, ¿qué pasa con los que no se dan cuenta de que son obradores de iniquidad? En vez de entender el amor de Dios, lo rechazan. ¿Quién puede comprender el amor de Dios? Los que se conocen a sí mismos. Solo alguien que se conozca a sí mismo y se dé cuenta de su perversión fundamental como seres humanos puede entender cuánto le ama Dios, aceptar este amor y darle gracias por él. 

Mis queridos hermanos, hoy hay muchos cristianos que dicen creer en Jesucristo. Pero muy pocos de ellos tienen un conocimiento completo de su naturaleza. Cuando piensan en sí mismos, muchos tienen pensamientos engañados: “Soy básicamente una buena persona, pero a veces cometo pequeños errores”. Esto no es más que una ilusión. Así que, aunque estas personas dicen amar a Jesucristo y creer en Él, tanto su amor como su fe son extremadamente pequeños. Este tipo de fe es una fe falsa. Solo alguien que se conozca a sí mismo correctamente y admita que es un pecador puede recibir la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, les pido que crean que solo los que se conocen a sí mismos correctamente pueden ser salvados. 



¿Qué dijo nuestro Señor acerca de los seres humanos?


El Señor dijo que nuestra naturaleza fundamental comete doce tipos de pecados constantemente durante toda la vida porque nacemos con estos pecados. Cuando pensamos de verdad acerca de esto, vemos que es cierto. De la misma manera en que las flores florecen, cometemos pecados hoy con nuestros corazones lascivos, y mañana robamos con un corazón codicioso. Cometemos los doce tipos de pecados de esta manera. Mis queridos hermanos, debemos tener el conocimiento adecuado de nuestra naturaleza. Solo cuando nos conocemos bien podemos darle gracias a Dios por Su gran amor. Solo cuando nos conocemos a nosotros mismos es posible que creamos en Jesucristo como nuestro Salvador y alabemos a Dios a pesar de nuestras insuficiencias. 

Si no nos conocemos a nosotros mismos, nuestra fe no podrá crecer. Aunque tengan algo de fe, si su maldad sale a la superficie, se darán por vencidos y se sentirán defraudados diciendo: “¿Por qué soy tan patético?” y acabarán separándose del Señor. Sin embargo, los que se conocen a sí mismos no se sienten defraudados. Siempre están agradecidos por el amor del Señor que les ha salvado y no podrán evitar gritar: “¡Señor, tienes razón! ¡Te alabo para siempre, Señor!”. “El Señor me amó tanto que me dio a Su único Hijo y me salvó completamente. Ha salvado a una persona sin valor como yo. Me ha librado de todas estas terribles iniquidades. Aunque sea tan insuficiente, aunque estaba destinado a ir al infierno, y aunque estaba destinado a ser maldecido, el Señor me ha salvado”. Al tomar esto en sus corazones, empiezan a dar gracias a Dios con su fe por Su gracia infinita. 

Mis queridos hermanos, a veces nos engañamos a nosotros mismos tanto que pensamos que somos buenos. Antes y después de recibir la remisión de los pecados, seguimos considerándonos personas virtuosas. Miren a la gente de su alrededor. ¿Hay alguien que diga: “¿Soy malvado, soy un ser sucio, soy una persona malvada”? La mayoría solo piensa: “Bueno, soy bastante decente; no soy una persona tan mala”. ¿Pero cuál es la verdad? Nadie es decente de verdad. Mientras vivimos nuestras vidas, tenemos pensamientos indecentes, seguimos haciendo una cosa mala tras otra, y una y otra vez perdemos la esperanza cuando nos miramos a nosotros mismos. Esta es la verdad fundamental. Por naturaleza, nunca fuimos rectos desde el momento en que nacimos. ¿Están de acuerdo con esto? 

Es cierto que yo deseo hacer cosas buenas y justas todo el tiempo mientras vivo en el Señor. Pero, a pesar de este deseo bueno, todavía tengo pensamientos malvados de vez en cuando, y me odio a mí mismo por tenerlos. Esto se debe a que sé muy bien que todos los doce tipos de pecados en la Biblia están presentes en mi corazón, aunque no los ponga en acción. Así que no puedo evitar admitir quién soy y estar de acuerdo con lo que dijo el Señor. No puedo evitar darle gracias al Señor por salvar a un pecador tan desgraciado como yo. 

Mis queridos hermanos, debemos entender quiénes somos completamente. Donde dice aquí en el pasaje de las Escrituras de hoy: “Dios amó tanto al mundo”, la palabra mundo se refiere a nosotros, y nosotros somos los pecadores que cometen los doce tipos de pecados. Esta es la verdad absoluta e irrefutable. Solo los líderes religiosos ignorantes que dicen: “Los seres humanos nacieron como un trozo de papel blanco. Dependiendo de lo que se dibuje en este papel, algunos de nosotros nos convertimos en personas maravillosas, y otros en personas malvadas. Así que debemos intentar vivir con virtud. Debemos vivir una vida recta”. El hombre es incapaz de hacer el bien por su cuenta. 

Solo cuando creemos de corazón que Jesucristo ha borrado todos nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, y solo cuando recibimos la remisión de los pecados, podemos empezar a practicar la justicia de Dios a pesar de nuestras insuficiencias porque su corazón está limpio y purificado. 



¿Qué les ocurrirá a los que no se conocen a sí mismos?


Está escrito en Mateo 7: “¿Acaso no profetizamos en Tu Nombre, expulsamos demonios en Tu Nombre e hicimos muchos milagros en Tu Nombre?”. Este pasaje significa que, aunque piensen que son personas virtuosas y hayan hecho muchas cosas buenas, si no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y, por tanto, no han recibido la remisión de los pecados, serán arrojados al infierno al final. Hoy, sabemos que hay muchas personas que solo creen que deben vivir virtuosamente y con justicia, y que siguen siendo engañadas por falsos profetas durante sus vidas, y que irán directamente al infierno el último día en vez de ir al Cielo. Mis queridos hermanos, nuestra salvación del pecado no se obtuvo al añadir ni una solo buena obra, ni siquiera un 0,001 por ciento de buenas obras. Es solamente por la obra de Jesucristo que los doce tipos de pecados que hemos cometido con nuestras acciones han sido redimidos. En otras palabras, como el Señor que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu aceptó todos nuestros pecados y fue castigado por ellos, todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu hemos recibido nuestra perfecta salvación. 

De hecho, aunque los seres humanos proclamen practicar la virtud en términos relativos, no pueden practicar la virtud absoluta. Sócrates no era un cristiano, pero nos dejó uno de los proverbios más famosos: “Conócete a ti mismo”. Como este proverbio dice, debemos poder vernos a nosotros mismos. Si nos conocemos a nosotros mismos, nos daremos cuenta aún más de que somos pecadores, y también creeremos en el Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha dado el Señor. Entonces recibiremos la gracia bendita del Señor y Su amor aún con más abundancia e iremos al Cielo. El amor de Dios y Sus bendiciones no se reciben yendo a un culto, arrollidándose u orando, mientras que no se tiene ningún interés en conocernos a nosotros mismo, y creyendo que somos buenas personas. ¿Lo entienden? Si hay alguien así, Dios les dirá: “Sois hipócritas, siervos del Diablo”. 

Mis queridos hermanos, recibir la bendición de la salvación es más fácil para los que van ante el Señor admitiendo su verdadera naturaleza que para los que se arrodillan ante Dios y le oran hasta que les duelen las rodillas y empiezan a sangrar. Los primeros entrarán en el Cielo, porque recibirán la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que ha venido por el amor de Dios. Estas personas admiten enseguida que tienen pensamientos malvados, adulterios, robos, codicia, contención, ojo malvado, orgullo e insensatez en sus corazones y confiesan ante Dios: “Sí, Señor, tienes razón. No soy más que un montón de pecados. Pero sé que el Evangelio del agua y el Espíritu que me has dado es mi salvación”. Los que hacen esta confesión de fe serán salvados de todos sus pecados. Sin embargo, ¿qué diría nuestro Señor si practicásemos la hipocresía ante Su presencia y le dijésemos los siguiente? “Señor, te amo. Entregaré mi vida por ti. Iré a un país extranjero como misionero para ayudar a los pobres. Venderé mi casa por ti y te ofreceré el dinero para construir una iglesia”. Dios responderá de la siguiente manera: “¿Debería estar impresionado porque me ofreces vender tu casa para construir una iglesia cuando el universo entero es mío? Esto no es lo que necesito. Todo lo que te pido es que conozcas y creas en el Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de la remisión de los pecados que te he dado. Si haces esto serás salvado del pecado”. 

Como saben muy bien, Dios no quiere posesiones materiales de nosotros. Pero, a pesar de esto, muchas personas intentan “ayudar” a Dios, como si el Dios Todopoderoso fuese pobre. En otras palabras, aunque los seres humanos no son más que meras criaturas, se preguntan qué deben ofrecer a Dios, el Creador de todas las cosas. Pensar así es ser arrogante e ignorante ante Él. Solo deben tener estos pensamientos si quieren arruinar completamente su vida de fe. Incluso los líderes de la iglesia mienten entre sus dientes para robar a la congregación, diciendo: “Si ofrecen muchas posesiones materiales a Dios, estarán bendecidos”. Esto no es más que defraudar a la gente en el nombre del Señor. Es usar al Señor para obtener beneficios y satisfacer su propia codicia, no hacer lo que cualquier siervo recto del Señor debería estar haciendo. Estas personas no pueden considerarse siervos del Señor. Dios no quiere que le construyan una iglesia, como si quisiese sus posesiones. En otras palabras, Dios no es tan tacaño que solo les bendecirá si hacen donaciones enormes a sus iglesias y si no ofrecen posesiones materiales. Les pido que se den cuenta claramente de que esta no es la voluntad de Dios, sino que es algo que solo los falsos profetas enseñan. 

Hoy, muchos pastores en la faz de la tierra están defendiendo su propia justicia en vez de reconocer a Dios y creer en Su justicia. A través de sus iglesias terrenales, alardean de sus virtudes y siguen demostrándolas, y al hacer esto buscan ser exaltados. Por ejemplo, quieren ser respetados por sus congregaciones con reuniones de oración matutinas de 40 días o 100 días de oraciones. Y cuando alguien hace algunas obras buenas, se le considera un hombre con buena fe, pero cuando alguien no hace buenas obras, esa persona se considera un hombre de poca fe. ¿Cómo responderían a esta acusación los que se considera que no tienen fe? Intentarían ser aún más diligentes, pensando: “Como no puedo hacer lo que otros hacen tan bien, me debe faltar fe. No voy a las oraciones matutinas y mi fe debe ser pequeña por eso”. 

Solo en esta ciudad, ¿cuántos pastores y cristianos están atados a estos pensamientos incorrectos? Por supuesto, no hay nada malo en ir a los servicios de oración matutina y hacer obras buenas, pero, como todo esto está basado en un conocimiento erróneo desde el principio, las consecuencias también son las incorrectas. Esto se debe a que es imposible que alguien crea en Jesucristo sin darse cuenta primero de sus naturalezas pecadoras. 

Han pasado más de 30 años desde que creí en Jesucristo, y durante los primeros diez años no sabía quién era. Así que intenté hacer buenas obras y vivir con virtud siempre. Pensé que no solo debería ofrecer mis servicios voluntariamente cuando mi iglesia necesitase reparaciones o pintura, sino que también debía ofrecer donaciones económicas, por muy pequeñas que fueran, si la iglesia pasaba por dificultades económicas. Así que intenté hacer que mi fe en Dios creciese pensando: “Solo me faltan unas pocas cosas. Pero Jesús ha borrado todos mis pecados y por eso todo lo que tengo que hacer ahora es vivir con virtud a los ojos de Dios”. Sin embargo, incluso hasta entonces, no me conocía a mí mismo muy bien. No sabían completamente lo pecador que era y cómo estaba viviendo con tantos pecados terribles. Solo después de que hubiesen pasado diez años, me di cuenta de que era un pecador. Antes de eso, cuando veía a una mujer atractiva, e incluso cuando salían deseos lascivos en mi corazón, no pensaba que estaba siendo obsceno. Solo pensaba que era culpa de la mujer por tentarme, no que mi corazón fuese lascivo. Sin embargo, al final me di cuenta de que las obscenidades e iniquidades siempre estaban en mi corazón. Todo lo que estaba haciendo era intentar suprimir mis pecados, mientras que mi corazón estaba lleno de todo tipo de iniquidades prohibidas por Dios. 

¿Qué piensan que me pasó cuando me di cuenta de que era un pecador horrible? Al ver mi naturaleza pecadora, empecé a odiarme a mí mismo. Sin embargo, al mismo tiempo, también me pregunté cómo era posible que un hombre joven fuese indiferente a mujeres atractivas. La Biblia estaba diciendo que, aunque no haya cometido fornicación con mis acciones, si tengo pensamientos lascivos, es como si hubiese cometido adulterio. Dice que, si alguien tiene pensamientos lascivos sobre una mujer u hombre, esta persona ya ha cometido adulterio. A través de esta Palabra de Dios me di cuenta de que era un pecador. Descubrí que, cuanto más intentaba no tener estos pensamientos lascivos, más pensaba en cosas lascivas. Al final, me resultó tan difícil seguir creyendo en Jesús que llegué a pensar: “¡No tengo remedio! Otras personas pueden vivir una vida de fe recto, pero yo no puedo. Debería dejar de tener fe. Debo haber creído en Jesús demasiado pronto. Habría sido mejor creer en Jesús justo antes de morir. De esta manera podría haber muerto dando gracias al Señor y gritando aleluya. Pero empecé a creer en Jesús demasiado tarde y ahora soy miserable porque ni me pueden atraer las mujeres. Habría sido mejor no haber conocido a Jesús como mi Salvador”. 

Sin embargo, por aquel entonces ya había conocido la Palabra de Dios y Su Ley, y por eso no podía dejar de pensar en Jesús como mi Salvador. Pero, a pesar de si creía en Jesús o no, era un pecador y todos los pecadores están destinados al infierno. Un día, mientras me sentía atormentado de esta manera, de repente tuve el siguiente pensamiento: “Como el amor de Dios es abundante, me ha debido salvar de todos mis numerosos pecados. Estoy seguro de que ha eliminado todos mis pecados. ¿Cómo ha hecho esto entonces?”. 

En aquel entonces, no había nadie que pudiese contestar esta preguntar por mí. Así que, desde ese día empecé a leer y estudiar la Biblia diligentemente. Solo después de esta búsqueda incesante, me di cuenta del Evangelio del agua y el Espíritu que constituye la justicia del Señor. “Soy así de malvado. No puedo evitar cometer pecados así durante toda mi vida. Estaba destinado a ir al infierno desde el principio, y no tengo justicia. Pero el Señor todavía me amó por Su propia voluntad, a pesar de mis pecados, y así cargó con todos ellos sobre Su cuerpo al ser bautizado y pagó la condena de mis pecados en la Cruz en mi lugar. Así que, al morir en mi lugar, pagó el precio de mis pecados. Y al levantarse de entre los muertos al tercer día y ascender a los Cielos se ha convertido en mi perfecto Salvador”. Me di cuenta de del Evangelio del agua y el Espíritu por la gracia de Dios. 

Mis queridos hermanos, como he compartido mi vida con ustedes, mi corazón estaba atormentado incluso después de haber creído en Jesucristo. Sin embargo, cuando me conocí a mí mismo y entendí el Evangelio del agua y el Espíritu, la verdadera fe entró en mi corazón. No pude evitar darle gracias a Dios de todo corazón. El Apóstol Pablo dijo: “Regocijaos siempre, orar sin cesar y en todo dad gracias”. Como dice este pasaje, los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu pueden regocijarse siempre por fe. Yo me pude regocijar porque el Señor tomó todas mis insuficiencias a través el bautismo que recibió de Juan el Bautista. En otras palabras, como creí en el Evangelio del agua y el Espíritu pude darle gracias a Dios. Si fuese salvado de mis pecados por mis propios méritos o mis virtudes, entonces no necesitaría darle las gracias a Dios. ¿Por qué estaría agradecido a Dios si fuese salvado por mi bondad y virtud? Es el Señor quien nos ha salvado través del Evangelio del agua y el Espíritu. 

Esta es la Verdad. No hay nada que hayamos hecho por nuestra cuenta para recibir la salvación de nuestros pecados. Como pecadores, lo único que hemos hecho ha sido cometer un pecado tras otro, pero a pesar de esto, el Señor tomó todos esos pecados para borrarlos con el Evangelio del agua y el Espíritu y nos salvó de todos ellos. Ahora que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en este amor del Señor podemos entrar en el Cielo y no podemos evitar tener gozo siempre. A pesar del hecho de que no podemos evitar cometer pecados, hemos sido salvados del pecado al creer en el amor del Señor y Su justicia, ¿cómo no vamos a estar contentos y agradecidos? 

Cometemos pecados porque somos seres insuficientes. Y, aunque está en nuestra naturaleza cometer pecados siempre, podemos tener gozo continuamente al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando las debilidades de nuestras acciones quedan expuestas, podemos decirle al Señor: “Señor, muchas gracias por haber salvado a un hombre tan insuficiente como yo. Estoy muy contento”. De la misma manera, cuando hacemos algo bien, podemos decirle al Señor: “Señor, gracias por salvarme, por vivir dentro de mí y por permitirme hacer estas obras justas. A través de mí, Señor, estás predicando el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la remisión de los pecados del hombre, y por eso te doy gracias por esto, Dios. Me estás utilizando como instrumento de tu obra justa. Te doy gracias, Señor, estoy lleno de gozo”. Tanto en nuestros éxitos como en nuestros fracasos, siempre podemos darle gracias a Dios por fe, y siempre podemos tener un corazón lleno de gozo. 

Si fuésemos buenos nadadores, nadie nos ayudaría si cayésemos al agua. Sin embargo, si alguien que no sabe nadar cae en el agua, entonces alguien tiraría un flotador para salvarle. De esta manera, como no podemos nadar en este mundo, es decir, como siempre somos insuficientes y hacemos el mal, el Señor nos ha salvado para siempre a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Les pido que crean en esta verdad de todo corazón y lo recuerden siempre. 

Mis queridos hermanos, somos pecadores completamente a los ojos de Dios y Jesucristo es nuestro perfecto Salvador. Es el Salvador que nos libró de todos nuestros pecados de nuestros corazones y acciones. Si hay algo que tenemos, es pensamientos malvados y acciones pecadoras. Pero nuestro Señor ha ayudado a personas como nosotros para siempre a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso siempre le estamos dando gracias con nuestra fe. Mis queridos hermanos, como personas que tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos darnos cuenta de lo grande que es el amor de la salvación de Dios. Dicho de otra manera, debemos examinar exactamente cómo hemos sido salvados de todos los pecados que hemos cometido durante todas nuestras vidas y cómo hemos llegado a esta verdadera fe. Y debemos estar agradecidos a Dios por esto. Algunos de ustedes todavía están pensando: “Me doy cuenta de que cometo pecados todo el tiempo, pero no estoy seguro de cómo Dios ha eliminado todos mis pecados. No puedo creer que el Señor haya eliminado mis pecados completamente. Me pregunto si he recibido la vida eterna o no”. Si esto es lo que están pensando, les pido que piensen en la Palabra del Evangelio del agua y el Evangelio que nos dio el Señor: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que le dio a Su único Hijo, para que quien crea en Él no muera, sino tenga vida eterna”. 

Mis queridos hermanos, como proclama la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, Dios envió a Su único Hijo para ser nuestro Salvador. Y este Hijo de Dios cargó con nuestros pecados al ser bautizado por Juan y derramar Su sangre en la Cruz, y así nos ha salvado de los pecados del mundo para siempre. Así es como Dios nos ha salvado a todos. ¿Han recibido esta salvación de Dios por fe? Muchos de ustedes están diciendo que sí ahora, pero estoy seguro de que algunos de ustedes todavía no han aceptado el Evangelio del agua y el Espíritu completamente en sus corazones. Pero no hay de qué preocuparse. 

La semana que viene podrán aprender más acerca de esta salvación de la Palabra de Dios y a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Si mantienen la mente abierta esta semana, escuchan atentamente la Palabra de Dios y aceptan la justicia de Dios en sus corazones, podrán recibir la verdadera remisión de los pecados. Serán salvados de todos los pecados que cometen, se convertirán en persona justas y entrarán en el Reino de los Cielos. Dios amó tanto al mundo, y a todos nosotros, que envió a Su Hijo a pecadores tan perversos como nosotros, y pasó todos los pecados a Su Hijo a través del agua de Su bautismo. Al sacrificar a Su valioso Hijo después de tomar todos nuestros pecados, Dios nos ha salvado de todos nuestros pecados a pesar de nuestras insuficiencias. 

¿Tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu? Nosotros, y todo el mundo, somos inadecuados ante Dios. Dios no ha salvado a los sabios y virtuosos que pueden practicar la justicia, sino a los pecadores insuficientes. Como el Señor tenía un método de salvación, pudimos ser justos e hijos de Dios por fe. A los ojos de Dios nos hemos convertido en personas que han recibido la perfecta remisión de los pecados. Aunque creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, los que creen que todavía tienen pecados en sus corazones siguen siendo pecadores. Son pecadores porque no conocen el amor de Dios ni el Evangelio del agua y el Espíritu. Espero que se den cuenta de lo mucho que Dios nos ama, y cómo nos ha salvado de los pecados del mundo a través de Su maravillosa Verdad de la salvación, para que reciban la bendición preciosa de convertirse en la gente justa de Dios perfectamente y entren en el Reino de los Cielos.