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[3-22] < Mateo 9:9-13 > La justicia del Señor es absolutamente necesaria para nosotros porque siempre cometemos pecados



< Mateo 9:9-13 >

“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Porqué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”.



Los que están bien no necesitan un médico 


El contenido principal del pasaje de las Escrituras que acabamos de leer hoy habla de la escena en la que Jesús estaba comiendo en la casa de un publicano llamado Mateo y los fariseos le criticaron por comer con estos pecadores. Nuestro Señor les dijo: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Mateo 9:12). 

Lo principal aquí es la diferencia entre el punto de vista de los practicantes de la religión y el punto de vista de Jesús. Desde el punto de vista de los fariseos, consideraron que Jesús y Sus discípulos estaban comiendo con pecadores y esto no tenía sentido. Los practicantes de la religión de aquellos días pensaron que su estilo de vida era mucho mejor que el de los discípulos. Cuestionaron cómo Jesús, este “Gran Maestro”, podría estar comiendo con el publicano llamado Mateo. Cuestionaron cómo Jesús podía pensar en comer con un publicano que se consideraba traidor de su propio país. Mateo, el publicano mencionado aquí, era como alguien que trabaja en el ministerio de hacienda, y en aquel entonces los israelitas pensaban que los publicanos se ganaban la vida chupando la sangre de la gente recolectando tantos impuestos. Pero Jesús y los discípulos fueron a la casa de este Mateo y comieron con él y sus amigos. Por eso los fariseos criticaron a Jesús y Sus discípulos. 

Pero la realidad es que nuestro Señor vino a este mundo a llamar a los pecadores. El Señor fue a la casa de un pecador y comieron con allí porque vino a llamar a los pecadores en este mundo. Pero los fariseos tenían una opinión diferente. ¿Acaso no eran así? ¿Acaso no pensaron así, aunque el Señor quiso salvar a los pecadores y convertirlos en Sus discípulos? 

En la Palabra de hoy vemos que el Señor está diciendo algo muy importante a los fariseos. Dijo: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Mateo 9:12). Queridos hermanos, desde el punto de vista de Jesús, consideraba que una persona como Mateo y los fariseos eran todos pecadores. A los ojos del Señor, todos éramos pecadores. Todos los seres humanos son insuficientes y débiles y cometen pecados durante toda su vida. Y, si eso no fuese suficiente, nacemos con pecados desde el mismo nacimiento. Por eso necesitamos a Jesús, nuestro Salvador. Pero ¿cómo miraron estas personas religiosas a esta persona llamada Mateo y a Jesús? ¿Desde qué perspectiva mira la gente religiosa a alguien cuando cree en Dios? Los practicantes de la religión no se conocen a sí mismos bien y siempre alardean de su propia justicia ante la presencia de Dios. La gente religiosa intenta alardear de sus propios méritos ante Jesús. Por eso el punto de vista de los practicantes de la religión y el de Jesús son opuestos. 

Estos practicantes de la religión intentaron mostrar su santidad a Jesús, quien es Dios. Pero Jesús les dijo que solo necesitaban la salvación porque eran pecadores que mentían y codiciaban como Mateo. Jesús no solo consideró pecador al publicano Mateo, que era un pecador público y un traidor de su país, sino también a los fariseos. Para Jesús, estas personas que cobraban impuestos a su pueblo para el Imperio Romano y también estaban metiendo en sus bolsillos los impuestos en exceso no eran los únicos pecadores. Toda la gente que nace en este mundo no puede evitar ser pecadora. Por eso Jesús nos dice: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. Es decir, se estaba refiriendo a nosotros claramente. Estaba diciendo que somos las personas que cometen pecados siempre durante toda la vida. 

Jesús dijo aquí que todos los que están enfermos necesitan un médico, que todos necesitamos a Jesús porque todo el mundo es imperfecto y está manchado por sus pecados. Somos personas que siempre son imperfectas y no podemos evitar pecar como Mateo, el publicano. A los ojos del Señor, todo el mundo es insuficiente ante Él. Todo el mundo es pecador y comete pecados desde el momento de su nacimiento hasta que muere. 

Sin embargo, ¿cómo miran a la gente como Mateo los que no se conocen a sí mismos? Miran a una persona como Mateo como “una persona con la que no asociarse”. ¿Acaso no piensan así? Pero, a los ojos de Jesús, no somos diferentes a una persona como Mateo. Somos las mismas personas insuficientes que cometen pecados siempre. Somos personas que no pueden evitar cometer pecados desde el momento en que nacemos en este mundo hasta que morimos. Por eso el Señor dijo que los que están enfermos con pecados necesitan un médico como Jesús. A los ojos de Jesús todos somos pecados que cometen pecados. La gente comete pecados desde el momento en que nace en este mundo hasta que envejece y muere, pero los practicantes de la religión piensan que son diferentes a personas enfermas como Mateo. 

Sin embargo, quiso que todos nos convirtiésemos en personas que desean Su misericordia. Nuestro Señor quiso que todos nos convirtiésemos en personas que desean Su misericordia. El Señor quiso que toda la humanidad tuviese el deseo por la misericordia de Dios. El Señor quiso darnos el Evangelio del agua y el Espíritu a los que buscamos la misericordia de Dios, diciendo con un corazón sincero: “Señor Dios, muéstrame misericordia. Quiero vivir una vida recta después de nacer de nuevo en este mundo y he intentado decidirme a vivir una vida recta, pero sigo cometiendo pecados y cayendo constantemente en el pecado. Soy una persona que comete pecados constantemente. Señor, por favor, ten misericordia de mí y sálvame de todos mis pecados. Señor, ¿cómo me salvaste de todos mis pecados?”

El Señor quiere que busquemos la misericordia de Él de manera sincera. A los ojos del Señor, los seres humanos debemos pedirle que nos muestre misericordia y buscamos la manera de recibir la remisión de los pecados de Dios. Esto es lo que la humanidad debe pedirle a Jesucristo y por lo que debe orar. Primero debemos reconocer en nuestros corazones que somos pecadores que cometen pecados desde el momento en que nacimos hasta que morimos. Y entonces debemos creer que el Señor nos ha salvado a los que estamos enfermos por el pecado y de todos los pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor quiso conocer a una persona como Mateo que buscó Su ayuda para ser salvado de todos sus pecados con un espíritu pobre. Dios quiso ver el corazón de esta persona que buscaba Su ayuda al depender del Evangelio del agua y el Espíritu porque tenía muchas debilidades y no tenía ninguna justicia propia. Por tanto, el Señor dijo: “Porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, al arrepentimiento”.

¿Qué tipo de persona quiere Dios salvar de sus pecados? ¿A quién quiere Dios dar la vida eterna también? El Señor vino a este mundo a dar la salvación y la vida eterna a los que creen de todo corazón en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor no vino a este mundo para llamar a la gente que pensaba que no comete pecados y a los que intentan vivir una vida santa por su cuenta. El Señor vino a este mundo para llamar y dar verdadera salvación a todos los que no podían cumplir la Ley de Dios correctamente. Debemos creer que el Señor ha venido a llamar a estas personas que son imperfectas, débiles y no tienen mucha justicia propia, y debemos creer también que ha eliminado todos sus pecados. Por eso el Señor dijo: “Porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13). 

Es así de verdad. A los ojos del Señor, no tenemos ninguna justicia ante la presencia de Dios, pero el Señor vino a salvarnos por el agua y el Espíritu a los que solo cometemos pecados hasta que somos ancianos. Como dijo el Señor: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”, todos los seres humanos debemos recibir la salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Los seres humanos necesitamos el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos dio porque cometemos pecados desde el momento en que nacemos hasta que morimos. No necesitaríamos un médico espiritual si pudiésemos vivir una vida justa y no habría necesidad del Evangelio del agua y el Espíritu del Señor. De la misma manera en que una persona enferma necesita un médico, está mal decir que la humanidad enferma de pecado no necesita al Señor, quien manifestó el Evangelio del agua y el Espíritu. Desde el punto de vista del Señor, todos los seres humanos necesitan la misericordia del Señor. Como la humanidad es tan débil es siempre imperfecta, siempre comete pecados y siempre es débil. 

Sin embargo, ante la presencia de nuestro Señor, ¿cómo son estos practicantes de la religión? Se presentan ante el Señor intentando alardear de su propia justicia en vez de pedirle misericordia. Dicen que son diferentes de todos los demás pecadores. Piensan que son fundamentalmente diferentes de la gente que no cree en Dios. Así, los practicantes de la religión no pueden recibir misericordia del Señor por esta razón. Por tanto, toman sus pecados por sí mismos y van al infierno por su cuenta. 

Para no caer en la condena debemos reconocer que somos personas que no tienen nada justo en nuestras vidas por nuestras obras y que nos hemos convertido en personas que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado. Una persona que puede recibir la salvación de Dios es alguien que reconoce ante Dios que es pecadora completamente y acepta el Evangelio del agua y el Espíritu con un corazón que busca la misericordia de Dios. Quien recibe la verdadera salvación de esta manera es alguien que conoce la justicia del Señor y puede aceptar en su corazón la Palabra de Dios de que el Señor ha eliminado todos sus pecados por el Evangelio del agua y el Espíritu. Así, solo los que creen y dependen solo de la justicia de Dios pueden recibir la salvación de los pecados. Y solo los que saben que siempre necesitan la justicia del Señor pueden recibir la salvación de todos sus pecados. EL Señor ve la fe de estas personas y les da la salvación. Los que han creído en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la justicia del Señor, han recibido la salvación por fe. 



Los seres humanos necesitan el Evangelio que es la justicia del Señor en todo momento 


Cometemos pecados las veinticuatro horas del día, así que necesitamos la justicia del Señor en todo momento, todos los días, todas las semanas, todos los meses, todos los años y toda la vida. Necesitamos la gracia del Señor, quien vino a este mundo y tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo para siempre al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Si necesitamos la gracia de la salvación que fue cumplida por el Señor, quien fue juzgado en la Cruz porque había tomado todos nuestros pecados sobre Su carne al ser bautizado por Juan el Bautista. ¿Por qué es así? Porque los seres humanos cometemos pecados todos los días porque somos imperfectos. Nosotros necesitamos la gracia del Señor todos los días y estamos enfermos desde un punto de vista espiritual. Siempre necesitamos la justicia del Señor porque todos somos insuficientes. Para eliminar nuestros pecados, nuestro Señor recibió el bautismo, fue crucificado y se convirtió en nuestro Salvador al resucitar de entre los muertos. Así, necesitamos la gracia de salvación todos los días. Debemos vivir en la gracia de salvación que nuestro Señor nos ha dado. Mientras vivimos en este mundo hoy, mañana y todos los días, necesitamos la gracia de la salvación que el Señor nos ha dado por el Evangelio del agua y el Espíritu. 

Hoy tenemos aquí un hermano que ha vuelto a la Iglesia después de dos años de servicio militar. Un hermano joven como él puede caer en muchos pecados mientras vive en un lugar sin la Iglesia de Dios. En momentos como este, un hombre joven necesita la gracia del Señor que nos salvó al venir a este mundo, tomar todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y ser crucificado en la Cruz. La gente que está en la Iglesia de Dios ahora necesita esta gracia de salvación todos los días. Nuestro Señor tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo para siempre y recibió el juicio de todos nuestros pecados porque somos insuficientes. Queridos hermanos, ¿necesitan la gracia del Señor todos los días o no? La necesitan todos los días. El Señor salvó a la gente débil como nosotros que necesita Su gracia todos los días. 



Sin embargo, algunas personas se presentan ante el Señor alardean de su propia justicia en vez de buscar Su misericordia


Los practicantes de la religión se acercan al Señor para alardear continuamente de sus buenas obras, diciendo: “Señor, he hecho muchas obras justas esta semana. He trabajado como voluntario tres veces esta semana. He ofrecido mucho dinero, he dado muchos diezmos, he dado muchas ofrendas de acción de gracias y he dado testimonio de Ti mucho esta semana”. Traen su propia justicia de esta manera cuando se presentan ante el Señor. 

Sin embargo, ¿qué pasa con la gente que cree en el amor del Señor, la gente que cree que el Señor eliminó todos sus pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu y que el Señor se ha convertido en su Salvador eterno? Al contrario que estos practicantes de la religión buscan la misericordia de Dios cuando se presentan ante la presencia de Dios, cuando oran y cuando ofrecen adoración en un culto. Se presentan ante el Señor sin nada porque conocen sus fallos ante la presencia de Dios. Por tanto, estas personas cantan alabanzas al Señor y piensan en la letra de esas alabanzas y reconocen que son así. Y le dan gracias al Señor quien las salvó y en el Evangelio del agua y el Espíritu de nuevo. Y reciben fuerzas espiritualmente cuando hacen esto. Reciben fuerzas espiritualmente al alabar la justicia de Dios y van de un lado para otro y hacen las obras que el Señor les ha confiado. 

¿Y ustedes? ¿Pertenecen a la categoría de estos practicantes de la religión o no? Alguien que dependa de la gracia del Evangelio de la salvación que el Señor nos ha dado es alguien que busca la misericordia del Señor. Estas personas están complaciendo el corazón del Señor. Los que viven así son aprobados por el Señor. Ocasionalmente, hay veces en las que estamos llenos de nuestra propia justicia cuando nos presentamos ante la presencia del Señor. Y a veces vamos ante Dios llenos del Espíritu Santo. Sin embargo, no somos así en todo momento. Lo importante aquí es que el Señor se complace con los que se presentan ante Él al tener fe en la justicia del Señor y el amor del Señor y darle gloria a Dios. Dios acepta a estas personas. 



Todos teníamos almas enfermas por el pecado


Nuestro Señor habló sobre la salvación de las personas enfermas de pecado, diciendo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. Queridos hermanos, ¿éramos personas enfermas de pecado ante la presencia de Dios? ¿Éramos personas sanas o enfermas de pecado ante el Señor? Todos estábamos enfermos de pecado. Es decir, todos éramos personas insuficientes. 

Todos los cristianos de todo el mundo no deben poner demasiada importancia en su justicia e intentar alardear ante el Señor. No quiero que intenten acumular su propia justicia. Caín le llevó a Dios los productos de la tierra, como tomates, calabazas, patatas y grano. Caín le llevó estos productos de la tierra en la que había trabajado y ofreció estas cosas a Dios, pero Dios no aceptó estas ofrendas. 

¿Qué nos está diciendo el Señor? Nos está enseñando que Dios no acepta la justicia de los humanos. Sin embargo, los creyentes cristianos de todo el mundo llevan su propia justicia a Dios como Caín. Han hecho mucho trabajo de ayuda en nombre del Señor. Han evangelizado sus ciudades. Han cristianizado sus ciudades. Y le han dado muchas cosas a la gente sin hogar. Han tratado a muchas personas enfermas con médicos. Han pagado procedimientos quirúrgicos a 100 personas ciegas durante un año. Entonces hablan de esto orgullosos diciendo: “Hemos donado y costeado operaciones a 100 personas ciegas que ahora pueden ver de nuevo. Hemos evangelizado muchos países costeando esta obra”. Los cristianos están centrados en mostrar su propia justicia de esta manera. 

Sin embargo, Dios no quiere que la gente haga esto. Dios quiere que la gente acepte la justicia de Jesús, quien se convirtió en el médico y curó a todas las personas enfermas de pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios nos advierte a los que creemos en Su justicia que nos salvó de los pecados del mundo y Su juicio. El Señor tomó todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista y recibió el juicio de todos nuestros pecados al ser crucificado y nos resucitó a todos los que estábamos muertos. El Señor nos salvó en medio de la destrucción y nos hizo hijos de Dios y obreros de Dios que pueden predicar la justicia de Dios por todo el mundo. El Señor quiere que vayamos a Él con esta fe. Dios quiere que le demos gracias al que nos hizo personas justas y quiere que la gente que está enferma de pecado y no conoce Su justicia vaya a Él por fe. 

Debemos ir al Señor porque estamos muy agradecidos por Su salvación que ha eliminado nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu. Y debemos depender de la justicia del Señor para predicar esta salvación a otra gente. Como estamos tan agradecidos por la gracia de salvación que hemos recibido de Dios, nos dedicamos a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo. Debemos ir al Señor para cumplir las obras que el Señor nos ha confiado para darle gracias al Señor que ha cumplido todas estas cosas. Así, varias veces por semana celebramos cultos para compartir la Palabra de Dios y orar, y para alabar al Señor. Dios se complace con estos cultos que le ofrecemos. Le doy gracias al Señor por tomar todos nuestros pecados sobre Sí mismos y eliminarlos. Le doy gracias por fe por hacernos personas sin pecados. Y también estoy muy agradecido por habernos hecho Sus obreros que pueden hacer la obra justa. 

La gente de todo el mundo ha caído en las religiones, y aún más, los líderes cristianos de hoy en día solo predican la sangre derramada en la Cruz sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso debemos enseñarles acerca de la justicia del Señor. Debemos predicar a todo el mundo y enseñarle que el Señor ha salvado a toda la humanidad de sus pecados y juicio, nos ha hecho a los verdaderos creyentes hijos de Dios, nos ha dado la vida eterna, nos ha dado las riquezas eternas, poder y bendiciones. Los líderes cristianos de todo el mundo deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y predicarlo primero entre ellos, después a todos los creyentes de sus iglesias y entonces a toda la gente del mundo. Primero deben creer en esta obra de salvación y predicar a las almas perdidas que el Señor tomó todos los pecados del mundo sobre Sí mismo al ser bautizado, ser juzgado en la Cruz por esos pecados, derramar Su sangre y morir en la Cruz y así se ha convertido en nuestro Salvador eterno al resucitar de entre los muertos. Deben predicar por fe el amor de Dios y la salvación de Dios que ha salvado a toda la humanidad. Alardean de esto y predican esta verdad cuando desde el púlpito. Y deben alabar esto y desear predicar este maravilloso Evangelio por todo el mundo. 

Por ejemplo, cierta mujer llamada María le echó a Jesús un frasco de alabastro con un aceite perfumado muy caro que costaba el salario de un año. Rompió el frasco y le puso el aceite aromático caro en la cabeza a Jesús. Entonces Judas vio esto y dijo indignado: “¿Por qué ha dejado Jesús que esta mujer le eche este perfume tan valioso en la cabeza? ¿No sería mejor vender ese aceite caro y darles el dinero a los pobres?”. 

¿Qué dijo Jesús entonces? Jesús les dijo a Sus discípulos: “¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis” (Mateo 26:10-11). El Señor sabía que moriría en la Cruz porque tomó todos los pecados del mundo sobre Su carne al ser bautizado por Juan el Bautista. Y se convirtió en nuestro Salvador eterno al resucitar de entre los muertos. Estaba hablando de esto. Entonces, Jesús les dijo: “De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella”. 

Por muchas buenas obras que hagamos en la carne, hay muchas personas enfermas y pobres en este mundo. Esto se debe a que la humanidad sigue estando enferma y comete pecados continuamente porque se ha alejado de Dios, y Satanás está gobernando este mundo. Y los seres humanos siguen muriendo y sufriendo tribulaciones por esto. Y solo cuando empiezan a sufrir enormemente empiezan a pensar en volver a Dios. El Señor cierra los ojos y finge no ver a estas personas que hacen estas coas y sufren cosas injustas ahora. El Señor está dejando que ocurran estas cosas para juzgarles el Día del Juicio. Por tanto, a los ojos del Señor, esta mujer que arrojó el aceite aromático en la cabeza de Jesús era una persona justa. 

¿Desaparecerá la pobreza si ayudamos constantemente a los pobres? Por supuesto, es mejor que no ayudarles. ¿Qué cambiará esto? ¿Vale la pena que los cristianos de hoy hagan cosas justas como ayudar a los pobres sin cesar? Los cristianos debemos conocer el amor de Dios y creer que Dios ha eliminado todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu y entonces predicar este Evangelio. Debemos ayudar a la gente con el propósito de predicar este Evangelio. Sin embargo, los cristianos de hoy en día dejan de lado la justicia de Jesús, quien es el médico de los que están enfermos por el pecado y dejan de lado la salvación de Jesús que salvó a la humanidad mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. En vez de intentar ayudar a la gente de manera carnal, lo que hacen es alardear de su propia justicia y decirle a todo el mundo que crea en Jesús siguiendo su justicia. De esta manera, están alardeando de su propia denominación y establecen a sus fundadores y líderes. Esto es incorrecto. 

El punto de vista de estos practicantes de la religión y el de Jesús era diferente. Cuando Jesús miró a Mateo, vio que cometía pecados y necesitaba a Jesús siempre. Mateo era una persona que no podía evitar morir si no fuese por Jesucristo. Habría sido destruido sin Jesús. Era una persona destinada a ir al infierno si Jesús no hubiese tomado los pecados de esta persona sobre Sí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista y no hubiese sido crucificado y convertido en el Salvador de esta persona al resucitar de entre los muertos. Así, Jesús era absolutamente necesario para esta persona, y Jesús es también es el médico de todos. 



Sin embargo, ¿cómo son estos practicantes de la religión?


El Señor les dijo a estos practicantes de la religión que no tienen razón. El Señor les dijo: “No sintáis orgullo de vuestra justicia. No tenéis ninguna justicia. La justicia de la que alardeáis no es nada y es totalmente inválida. Aunque ayudéis a personas que están muriendo y hayáis proporcionado tratamiento médico con su dinero que hayáis ganado con vuestros esfuerzos, y aunque hayáis vivido así durante toda vuestra vida, estas buenas obras son inválidas si habéis odiado o mentido a alguien en vuestra vida”. El Señor dice a estos practicantes de la religión que alardean de su justicia: “Conoced vuestros pecados y sabed que no sois rectos ante Dios. Sabed que cometéis muchos pecados constantemente. Pedidle a Dios que tenga misericordia de vosotros y recibid la remisión de los pecados aceptando Su amor de salvación que el Señor os ha dado a toda la humanidad”. El Señor quiere encontrar a estas personas enfermas de pecados y salvarlas completamente. 

El punto de vista de estos practicantes de la religión y el de Jesús son diferentes. La fe de los creyentes cristianos hoy también es incorrecta. ¿Cuál es la diferencia entre el cristianismo y el budismo? Cuando vemos programas de TV cristianos hoy en día, vemos que le dicen a la audiencia que compren equipo de grabación para poder predicar el Evangelio por todo el mundo. Y por eso les piden a los televidentes que llamen a un número de teléfono concreto y así les hacen pagar cierta cantidad por esa llamada telefónica e ingresan los beneficios en la cuenta bancaria de esta empresa de televisión cristiana. Les dicen que así podrán comprar el equipo necesario para dar testimonio de Jesús por todo el mundo. Así, le preguntan al público que llame a su teléfono designado varias veces para apoyar a su empresa de televisión cristiana. Y yo pensaba que solo los programas de televisión cristiana hacían esto. 

Pero estuve viendo un programa de TV budista y estaba haciendo lo mismo. Estaba diciendo que, si el público llamaba a la línea del programa budista, podrían comprar equipo de grabación para poder propagar la esencia de Buda en el mundo budista. No hay ninguna diferencia entre el cristianismo y el budismo. Incluso piden dinero de la misma manera. Los líderes cristianos de hoy dicen que los cristianos reciben bendiciones si ofrecen mucho dinero y ofrecen el diezmo por fe. Los farsantes en el cristianismo mienten diciendo que los que son religiosos son sanados de sus enfermedades y se hacen ricos cuando oran mucho. ¿Y qué hacen los budistas? Dicen que sus hijos serán prósperos y sus deseos se cumplirán si dan muchas limosnas, oran mucho y se postran ante las estatuas budistas. Esto no es diferente al cristianismo. Dicen que, cuando un creyente hace ciertas cosas, recibe ciertas cosas. 



El Señor no se complace con esta fe


El Señor no se complace con esta fe de los practicantes de la religión. El Señor no se complace con esta fe que los practicantes de la religión de todo el mundo tienen. Pero Dios se complace con Sus obreros que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y trabajan para predicar este Evangelio. Debemos reconocer nuestras debilidades y desear la misericordia del Señor y creer en la justicia del Señor todos los días. El Señor se complace con los que somos así y nos aprueba. Y el Señor nos confía la obra de servir al Evangelio. 

Queridos hermanos, deben recibir la remisión de sus pecados primero si creen en el Señor. Solo así recibirán la salvación y todo el juicio. Entonces pueden empezar a ayudar a otros después de haber recibido la remisión de los pecados. Necesitamos la justicia del Señor todos los días incluso después de recibir la remisión de los pecados por fe. Así, vivimos la vida de fe por esta gracia. El Señor se complace con nosotros, los que hacemos lo que nos pide el Señor así y predicamos el Evangelio del Señor como nos lo ordenó. 

Debemos vivir nuestra fe correctamente. Debemos conocer la justicia de Dios antes de vivir nuestra fe. Debemos creer en la verdad de Dios. El Señor dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). El Evangelio del agua y el Espíritu no es nada más que la Verdad. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que nos salvó de todos nuestros pecados. Debemos vivir nuestra fe después de recibir la salvación de nuestros pecados al creer en esto. Después de recibir la salvación de nuestros pecados, debemos servir al Señor y predicar la justicia del Señor a todo el mundo. 

Pero los practicantes de la religión no conocen esta verdad del Evangelio y alardean de su propia justicia ante la presencia del Señor. Ofrecen sus vidas como misioneros y se dedican a ser voluntarios y a orar por la noche arriesgando su salud. Todas estas cosas son el fruto de la tierra que Caín le había ofrecido a Dios. Y le ofrecen estas cosas terrenales al Señor. 

El Señor no se complace con estas cosas. El Señor dijo claramente: “Misericordia quiero, y no sacrificio” (Mateo 9:13). Todos los seres humanos deben buscar misericordia de Dios. El Señor quiere que una persona que busca misericordia del Señor diga sinceramente: “Señor, ten piedad de mí”. El Señor no quiere que la gente le ofrezca sacrificios a ciegas. Dios no quiere que le ofrezcamos una mesa adornada con comida y le digamos que coma y después pedirle que nos dé bendiciones. Nuestro Señor no quiere estas cosas. El Señor no se complace con nosotros cuando le ofrecemos muchas cosas por nuestros propios méritos y le pedimos que nos dé algo condicionalmente. El Señor quiere que vayamos ante el Señor con gratitud porque nos ha salvado mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Y el Señor se complace con alguien así que obra creyendo que es una persona que necesita siempre la justicia del Señor. 

Cuando miramos las vidas espirituales de los creyentes cristianos de todo el mundo, podemos ver claramente que están llenos de hipocresías religiosas y fallos. Deben cambiar su pensamiento. Debemos leer la Palabra de Mateo 9:14-17: “Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente”. 

Queridos hermanos, no podemos entender la Palabra del versículo 17 si la interpretamos en el contexto de la cultura coreana. ¿Por qué? Porque habla de vino en odres, pero los coreanos no ponemos vino en odres. Ponemos licor en un tarro o en un barril de madera. Sin embargo, la cultura de esta región como aparece en las Escrituras es la cultura palestina. La gente de esta región usaba la piel de cabras u ovejas tanto porque era una cultura ganadera. Despellejaban a una cabra u oveja y secaban la piel, le echaban sal y la dejaban que se secase al sol. Cuando estaba seca hacían unos sacos con esta piel cosiendo ambos lados de estas pieles para meter bebida en ellas. Esto es lo que significa odre. 

Cuando le vino fermentaba en esta odre durante mucho tiempo, el vino se estropeaba porque la odre está hecha de piel. Empieza a podrirse. Después de mucho tiempo una odre puede acabar siendo comida por las polillas o desgastándose. ¿Qué ocurriría si se pusiese vino nuevo en una odre vieja? Que el vino nuevo se saldría. No se podría beber. Lo que quiere decir esta Palabra de Dios es que la gente debe cambiar la forma de pensar que solía tener en su vida religiosa. 

Si alguien se presenta ante Jesús después de darse cuenta de sus pecados, puede limpiar todos sus pecados por la fe que cree en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. Entonces se convierte en un hijo de Dios. El Señor quiso que los seres humanos fueran así. El Señor quiso que recibiésemos de Dios en vez de ofrecerle nada. El Señor quiso que recibiésemos la salvación y la vida eterna de Él y la salvación de convertirse en hijos Suyos. 

Sin embargo, si la gente intenta aceptar las enseñanzas de esta Palabra de Jesús con sus pensamientos arraigados con los que solían vivir sus vidas espirituales antes, este nuevo vino de la Palabra se saldrá y se echará a perder en vez de guardarse en el corazón. Este vino de esta Palabra poderosa hace que la odre vieja se rompa y entonces esta Palabra se cae al suelo y es inútil. Los practicantes de la religión de este mundo deben cambiar sus pensamientos fundamentales sin demora. Los cristianos de hoy en día han practicado sus vidas religiosas durante tanto tiempo porque no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu ni creen en él. Esto significa que tienen que ir ante Dios creyendo solo en la sangre de Jesús en la Cruz. Practican sus vidas religiosas insistiendo en que debemos hacer sacrificios al Señor porque el Señor se sacrificó por nosotros primero y que debemos entregarle nuestras vidas al Señor también. Sin embargo, debemos vivir una vida de fe de ahora en adelante. 

Debemos saber ahora que son pecadores que cometen pecados todos los días en la presencia del Señor. Deben reconocer que son personas que cometen pecados hasta el momento en que mueren. Y deben saber que no pueden limpiar sus pecados al ofrecer las oraciones de penitencia o llorar y lamentarse. Así, deben aceptar por fe la remisión de los pecados que el Señor nos ha dado. 

El Señor dijo: 

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta:

si vuestros pecados fueren como la grana, 

como la nieve serán emblanquecidos; 

si fueren rojos como el carmesí, 

vendrán a ser como blanca lana. 

(Isaías 1:18). 

El Señor tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista y recibió el juicio por todos nuestros pecados al derramar Su sangre en la Cruz. Se convirtió en nuestro Salvador eterno al morir así y ser resucitado. El Señor nos dejó blancos como la nieve al salvarnos de todos los pecados así. Por tanto, todo el mundo debe creer en este Evangelio de salvación. Todo el mundo debe creer en esto y venir a Dios con gratitud. Todo el mundo debe darle gracias a Dios porque está sin pecados en su corazón. El Señor ordenó a los discípulos que predicasen esta valiosa Verdad del Evangelio a la gente y debemos ser estas personas de fe que predican esta Verdad con gratitud. 

Los cristianos de todo el mundo están enfermos de pecado ante el Señor. Pero la realidad es que no saben que tienen la enfermedad del pecado. Son personas que están enfermas por el pecado y tiene que recibir la misericordia del Señor para vivir, pero no lo saben. Por tanto, deben buscar la misericordia de Dios. Deben buscar la misericordia del Señor, pegándose en el pecho y orando sinceramente: “Señor, ten misericordia de mí. Sálvame. Señor, no he vivido con justicia y no he ofrecido el diezmo y soy una persona que solo tiene pensamientos carnales todos los días. Soy así. Por favor, Señor, sálvame. Seré salvado si me salvas, Señor, porque no puede ser salvado e iré al infierno si no me salvas”. Debemos tener un corazón honesto y puro. Debemos tener un corazón así de humilde. 

No debemos presentarnos ante el Señor como los fariseos, diciendo: “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano” (Lucas 18:11-12). Los que han vivido una vida espiritual de esta manera ahora deben cambiar su forma de pensar ante el Señor. Debemos mirarnos a nosotros mismos desde la perspectiva del Señor, en vez de la nuestra. ¿Qué tipo de fe debemos tener para ir ante la presencia del Señor y complacerle? El Señor se complace con los que se presentan ante Él al creer en Su amor y Su justicia en vez de en su propia justicia. Debemos vivir una vida espiritual que le dé gloria a Dios por gratitud por la salvación del Señor. Queridos hermanos, ¿es esto cierto o no? Es cierto. 

El pasaje de las Escrituras es muy simple y fácil de entender. Podemos memorizarlo completamente. Sin embargo, muchas personas no entienden lo que dice este Palabra. El Señor dijo: “Porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, al arrepentimiento”. Este versículo significa que nadie está sin pecados en este respecto. Todo el mundo tiene pecados, porque está escrito: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Pero, a pesar de esto, el Señor vino y nos salvó a los seres humanos por Su justicia cuando no podíamos evitar ir al infierno. Como el Señor nos amó tanto, tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo al ser bautizado, fue crucificado hasta morir en la Cruz y nos salvó al resucitar de entre los muertos. Hemos sido salvados del pecado por fe por esta salvación. El Señor nos ha llamado pecadores y ha eliminado todos nuestros pecados por este Evangelio del agua y el Espíritu y nos ha hecho hijos de Dios. El Señor ha hecho que los pecadores sean justos sin ninguna traza de pecado. El Señor vino a este mundo para cumplir esto por nosotros. 

Sin embargo, la gente no entiende el pasaje de las Escrituras de hoy y se condena siempre. Piensan que es cierto que tienen pecados, aunque crean en Jesús. Piensan que es adecuado llamar al Señor en su estado de pecadores. Piensan que, cuando van ante el Señor, deben ir como pecadores siempre y que deben ser personas con pecados, y no personas sin pecados. Además, como el Señor dijo que una persona enferma necesita un médico y una persona sana no lo necesita, no entienden esto e insisten firmemente en que deben ser pecadores siempre. Así, siguen siendo practicantes de la religión. Y, aunque no tienen nada justo, siguen alardeando de su justicia. Por tanto, no pueden recibir la remisión de los pecados y lo pierden todo al ser engañados por farsantes. Los cristianos pecadores están siendo engañados por ellos. 

El Señor dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). El Señor vino a este mundo a salvarnos al tomar todos los pecados a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, fue crucificado en la Cruz y resucitó de entre los muertos. El Señor vino al mundo de esta manera para hacernos hijos de Dios sin pecados. 

Sin embargo, los líderes religiosos de hoy, que son como jornaleros, han venido a robar a la gente. Estos líderes religiosos roban a la gente pidiendo ofrendas, tiempo, esfuerzos y todo. Deben saber claramente que alguien que tiene pecado en su corazón no puede ir al Cielo, aunque crea en Jesús. Por tanto, la gente que está viviendo una vida espiritual engañada por estos farsantes religiosos irá al infierno. No deben vivir vidas espirituales inútiles engañados por estos farsantes. He hablado de estas cosas mucho últimamente. Las Escrituras hablan de estas cosas claramente, pero la gente no lo sabe. ¿Por qué no lo sabe? Porque interpreta la Palabra de Dios de manera carnal. 

No ha habido ni una sola persona justa originalmente, porque está escrito: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Todo el mundo era un pecador. Sin embargo, el Señor vino a este mundo a salvarnos al ser bautizado por Juan el Bautista, fue crucificado en la Cruz y resucitó de entre los muertos. Por tanto, después de esta obra de salvación, todos los que conocen este hecho se han convertido en justos. Todos se han convertido en hijos de Dios. 

Queridos hermanos, no debemos interpretar la Palabra de Dios de manera carnal. Deben leer la Palabra de forma espiritual. Y debemos mirarnos a nosotros mismos desde el punto de vista del Señor. Y debemos ver si el Señor ha eliminado todos nuestros pecados desde el punto de vista del Señor. Debemos ver si somos personas que necesitan al Señor todos los días desde el punto de vista del Señor. Debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Toda la gente del mundo debe volver al Evangelio de Dios por fe. Todo el mundo debe volver a Dios creyendo en Su justicia. Y debemos predicar este Evangelio del agua y el Espíritu continuamente por el mundo entero. 

Todavía hay muchas almas perdidas en este mundo. Hemos predicado esta Verdad del Evangelio a través de nuestros libros electrónicos y nuestros libros impresos. No toda la gente del mundo que usa Internet ha visitado nuestra página Web. Hemos distribuido este Evangelio verdadero entre la gente perdida de este mundo. Ahora tenemos planes de hacer folletos para presentar este Evangelio del agua y el Espíritu a la gente que no puede usar Internet. Trabajaremos de esta manera para que todo el mundo pueda encontrar al Señor. Esperamos y oramos para que muchas personas enfermas de pecado encuentren al Señor a través de nuestros ministerios. 

¡Aleluya!