¡Hola amados de Dios! (Porque si Dios te trajo hasta esta página web es porque te ama).
Mi nombre es Marcos, aunque me dice "Mark". Soy de Argentina y alguna vez estuve perdido en el caos de la vida, del mundo. Durante años, deambulé sin rumbo, sin propósito, atrapado por el peso de mis pecados, abrumado por la culpa y la confusión. Traté todo lo que pude para encontrar paz—asistiendo a los servicios de la iglesia, orando con fervor y buscando consuelo en mi propia fuerza—pero nunca parecía ser suficiente. Me sentía distante de Dios, incierto de Su amor y atrapado en un ciclo de fracasos.
Entonces un día, un amigo me presentó las enseñanzas del Evangelio del Agua y el Espíritu. Al principio, no lo entendí. Sonaba extraño—el bautismo de Jesús, el concepto del agua y el Espíritu, la idea de que Jesús asumió todos los pecados del mundo a través de Su bautismo y Su muerte. Pero a medida que leí las Escrituras y comencé a comprender esta poderosa verdad, todo cambió.
Aprendí que Jesús no solo murió por nuestros pecados en la cruz—también asumió los pecados del mundo cuando fue bautizado por Juan. El momento en que comprendí esto, sentí como si una carga se levantara de mis hombros. Fue como si se encendiera una luz dentro de mí, y por primera vez entendí verdaderamente que Jesús había quitado mis pecados. Su bautismo no fue solo un acto de obediencia; fue el momento en que llevó mis pecados, y a través de Su sacrificio, me limpió.
Esta realización no solo cambió mi comprensión de la salvación—transformó toda mi vida. Ya no me sentía atrapado por la culpa. Empecé a sentir la presencia del Espíritu Santo en mi corazón, guiándome, consolándome y dándome la fuerza para vivir una vida justa. El peso de mis errores pasados ya no tenía poder sobre mí, y encontré paz en el amor de Dios que sobrepasaba todo entendimiento.
Comencé a vivir de manera diferente. Vi el mundo a través de una nueva perspectiva, y mi corazón se llenó de un profundo deseo de vivir conforme a la voluntad de Dios. Podía sentir al Espíritu trabajando dentro de mí, ayudándome a crecer en la fe, y empecé a reconocer la santidad a la que Dios me había llamado. Pensaba que no merecía esta transformación porque me sentía como oveja perdida, pero por la gracia de Dios, me estaba convirtiendo en el hombre que Dios siempre había querido que fuera. "Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros."
(Isaías 53:6)
A través del Evangelio del Agua y el Espíritu, ya no era el Marcos que luchaba con el pecado. Era una nueva creación, limpiado por el agua del bautismo y el Espíritu de Dios. Mi vida había cambiado, y me sentía como un santo, justo ante Dios, no por nada que hubiera hecho, sino por la gracia que Él me había mostrado.
"quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia..."
(1 Pedro 2:24)
Que la paz de Dios sea con todo el que lea este testimonio.