The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 10-6] < Juan 10:1-19 > ¿Es Jesús la puerta de la salvación?

< Juan 10:1-19 >
“‘De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.’ Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. Volvió, pues, Jesús a decirles: ‘De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.’ Volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras.”
 
 
Refiriéndose a sí mismo, Jesús dijo, “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). ¿Quien podría atreverse a hacer esa afirmación? Sólo Jesús es el Dios verdadero que puede describirse a sí mismo así. Aquellos que creen en la palabra de la remisión de los pecados que Jesús nos ha dado pueden ser liberados de todos sus pecados y recibir la nueva vida. Incluso como no pudiéramos evitar el ser destruidos y malditos por nuestros pecados, el Señor se ha convertido en nuestro verdadero Salvador y por lo tanto no tenemos otra sino agradecerle. Todo el mundo estaba para sufrir la terrorífica ira de Dios por sus pecados. Pero, ¿y usted? ¿Ha encontrado al Salvador quien lo ha liberado de todos sus pecados? Quienes se han reunido con el Salvador son aquellos que han recibido la remisión de los pecados por saber y creer en el poder del Evangelio del agua y el espíritu.
 
 
A través de la puerta del Tabernáculo también, Dios mostró el bautismo y la sangre de Jesús
 
Debemos recordar la verdad que se manifestó en la puerta del Tabernáculo y creer en ello. En el atrio exterior del Tabernáculo, había 60 pilares, y al este se encontraba su puerta, midiendo 9 m. de longitud por 2.25 m. de altura. Y la valla del atrio estaba rodeada de lino blanco, medía de 22.5 m. de los lados este y oeste y 45 m. los lados norte y sur. Pero sólo la puerta del atrio del Tabernáculo fue tejida con hilo azul, púrpura, escarlata y fino lino. Del ancho total del atrio, que mide 22.5 m., la puerta tenía 9 m., y por lo tanto cualquiera podía encontrarla fácilmente.
El lino blanco que se utilizó para la valla del atrio del Tabernáculo representa nuestra remisión de los pecados y la santidad de Dios. Cuando miramos este lino blanco, pensamos, naturalmente, en limpieza, y cuando relacionamos esto con el alma de la gente, nos recuerda alguien cuyo corazón está libre de pecado por creer en el Evangelio del agua y el espíritu. Aquellos que han recibido la remisión de los pecados de Dios les da gusto el conocer y tener compañeros que también han recibido la misma remisión de los pecados. Pero el pecaminoso no sólo es reacio a tener compañeros justos, sino también es reacio a ir ante Dios Santo. Debido a sus pecados, el pecador está rodeado de oscuridad que le impide acercarse a la luz del Evangelio del agua y el espíritu, y es natural que no le guste la luz al principio. Entonces, si usted se inquieta ante la luz, debe darse cuenta que debido a sus pecados, ha surgido un muro para separarle de Dios, y cuando usted reconoce esto, debe encontrar la verdad y resolver el problema de sus pecados.
Si se da cuenta de que está sufriendo la enfermedad mortal de sus pecados que le enviará directamente al infierno, entonces, más que cualquier otra cosa, necesita el Evangelio del agua y el Espíritu absolutamente. Si alguien sabe que está obligado a ir al infierno por sus pecados, entonces, es obvio que debe estar buscando un Salvador que pudiera liberarlo. Sin embargo muchos en este mundo no buscan la remisión de los pecados que Jesús les ha dado a través del Evangelio del agua y el espíritu, incluso cuando son pecadores y deben buscar a Jesús quien es su Salvador. Son como el hombre del Salmo 49:12 que, aunque en honor, no se da cuenta y perece como las bestias.
Viniendo a los pecadores de este mundo, el señor quiso salvarlos de todos sus pecados con el Evangelio del agua y el espíritu. Por lo tanto no sólo fue nuestro Señor bautizado por Juan el Bautista para borrar todas las iniquidades de los pecadores, pero él también arrastró todos sus pecados de una vez por todas, derramando su sangre en la Cruz. Habiendo hecho estas cosas, Él está esperándonos. De esta forma, por la puerta del atrio del Tabernáculo también, nuestro Señor hizo todos los preparativos para la remisión de los pecados habiéndose tejido con hilos azul, púrpura y escarlata, y se convirtió así en la puerta de la salvación para nosotros para que pudiéramos ser salvados de nuestros pecados. Aquí se encuentra la razón de por qué todos los pecadores ahora deben creer en Jesús como su Salvador. Para convertirse en la puerta de la salvación para nosotros los pecadores, Jesús mismo llegó a nosotros con el Evangelio del agua y el espíritu para remitir todos nuestros pecados.
Cuando Jesús cumplió 30 años en este mundo, quitó todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista (Mateo 3:13-17), y cumplió toda justicia al ser crucificado y derramar su sangre (Juan 19:30). Y al levantarse de entre los muertos al tercer día (Mateo 28), completó la salvación de todos los pecadores de sus iniquidades. Por lo tanto, Él hizo posible que cualquier persona que quiera ser salvada reciba la remisión de los pecados al creer en el bautismo que recibió y la sangre que derramó en la Cruz. Debemos creer que todas estas cosas se hicieron por nosotros, para la remisión de nuestros pecados. Como Dios ha determinado que cualquier persona que no cree en Jesús como Salvador no puede recibir la remisión de los pecados, todos los que ahora quieren recibir esta remisión de los pecados y entrar en cielo deben creer en el lavado de los pecados y la condena de los pecados que Jesús cumplió mediante el bautismo que recibió y la muerte que sufrió en la Cruz, cuando llegó a este mundo, y así deben convertirse en hijos de Dios que han limpiado todos sus pecados.
Ahora bien, aquellos que tratan hoy de limpiar sus pecados creyendo sólo en la sangre de la Cruz deben aprender la verdad del Evangelio del agua y el espíritu. Si no había conocido el Evangelio del agua y el espíritu y por lo tanto, había creído sólo en la sangre de Jesús en la Cruz, entonces, usted debe darse cuenta que su conocimiento del verdadero Evangelio está sólo a medias. El hecho de que quienes piensan sólo en la sangre de Jesús continúan encontrando una y otra vez que no han sido perfectamente remitidos de sus pecados, es la prueba de que siguen estando llenos de pecado incluso después de creer en Jesús por un largo tiempo.
La fe de aquellos que profesan que se salvan aunque creen sólo en la sangre que derramó Jesús en la Cruz es claramente problemática. Así que reprendiendo su fe, Jesús les dijo, “¿sólo morí para ustedes? ¿No fui también bautizado por Juan el Bautista, y que no soporté los pecados del mundo también por ustedes?” Todo pecador debe darse cuenta de cuán ilimitada y justa es la obra del bautismo y de la sangre de Jesús, la obra que ha salvado a la humanidad de todos sus pecados y del castigo, y debe creer en esta obra de salvación con acción de gracias. Si alguien se da cuenta sólo de que tan aterrador es el castigo del pecado, reservado para el pecador, entonces no tiene otra opción más que estar infinitamente agradecido por esta salvación de Jesús.
 
 
¡Reciba la salvación de la verdadera remisión de pecados por la fe!
 
Como usted vive en este mundo, ¿desea recibir la remisión de los pecados y vivir felizmente? ¿O desea vivir una vida maldita por toda la eternidad por rechazar el Evangelio del agua y el Espíritu que trae la remisión de los pecados a usted? Todo mundo quiere recibir la eterna remisión de los pecados, para que todo vaya bien y ser feliz, si no para otros, por lo menos para sí mismo. Pero desmintiendo este deseo de vivir una vida bendita, los pecadores son simplemente incapaces de recibir el amor y las bendiciones de Dios, no importa que tan duro lo intenten. Hay algunas personas para quienes todo lo que hacen es maldecido, tanto así que sentimos lástima por ellos. Pero no saben la razón de por qué viven una vida tan maldita. La razón es realmente muy simple: es porque ellos no han sido lavados de todos sus pecados por la fe.
Hay algunas personas para quienes, a pesar de que profesan creer en Jesús, todo lo que hacen termina en el fracaso. Esto es porque hay una pared del pecado que les separa de Dios. Es debido a que los malvados no están en paz con Dios, que estaban malditos. Cuando nosotros profesamos el creer en Jesús, entonces, tenemos que examinarnos a si mismos para ver si realmente entendemos y creemos en el Evangelio del agua y el espíritu, o simplemente creemos ciegamente en Jesús como nuestro Salvador, incluso sin tener idea de lo que es este Evangelio del agua y el espíritu. Debemos creer correctamente, y sólo cuando creemos en el Evangelio del agua y el espíritu podemos decir que creemos en Jesús correctamente.
Hay algunas personas que se consideran a sí mismas como buenos cristianos, incluso mientras permanecen con pecado por no creer en el Evangelio del agua y el espíritu. Necesitamos darnos cuenta de que quien tiene pecado ante Dios Santo está atado a vivir una vida condenada, debido al pecado, y que con el fin de ser totalmente liberado de esta vida de pecado, debe nacer de nuevo creyendo en el Evangelio del agua y el espíritu. Por lo tanto, incluso si la gente cree en Jesús como su Salvador, si lo hace sin conocer el Evangelio del agua y el espíritu, entonces su fe es toda en vano. Todos nosotros por lo tanto debemos darnos cuenta de la gravedad del pecado, y también debemos darnos cuenta que podemos ser bendecidos por Dios sólo cuando aprendemos y recibimos la verdad del Evangelio del agua y el espíritu y recibimos la remisión de los pecados por la fe.
Tenemos que entender esta profunda gravedad del pecado, por ninguna otra razón que el hecho de que Jesús mismo nos ha dicho en romanos 6:23, que “la paga del pecado es muerte”. Si Jesús dijo que la paga del pecado es la muerte y, entonces, esto sólo puede significar que todos aquellos que tienen pecado, deben, o recibir la remisión de los pecados o ser destruidos por sus pecados. Es más que probable para los pecadores el fallar en todo lo que hacen, como si una serie de desgracias recayera sobre ellos. Pero necesitan hacer una pausa por un momento y considerar la posibilidad de que la razón de esto es debido a sus pecados. Debemos recordar los mandamientos de Dios y si ahora nos damos cuenta de que la corriente interminable de esa infelicidad y maldiciones es debido al hecho de que hay pecado en nuestros corazones, entonces debemos creer en el Evangelio del agua y el espíritu, ya que el momento ha llegado para que creer en él.
Dios nos dio su Ley para que nos diéramos cuenta de que la muerte espera a quien ha pecado (Romanos 3:20). Y como todos y cada uno de los pecados que todos los pecadores han cometido están escritos en sus corazones, Dios quiere que limpien todos estos pecados creyendo en el Evangelio del agua y el espíritu. Todos los pecados que las personas cometen por romper los mandamientos de Dios están escritos en sus corazones. Por la Ley de Dios, por lo tanto, se convierten en pecadores, viven vidas malditas y al final terminan frente a su destrucción. Tan pronto como sea posible, incluso en este momento, cada pecador ahora debe creer en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y su sangre derramada en la Cruz, y debe ser completamente lavado de sus pecados por esta fe.
Toda la gente está atada a vivir en este mundo en futilidad, sólo para convertirse en un puñado de polvo, y, después de esto, para enfrentar el juicio de Dios que le espera. Pero si cree que está establecido por Dios que nuestras vidas terminen en tales vacíos sin objetivo, entonces usted está gravemente equivocado. Por el contrario, el Evangelio de la remisión de los pecados, dado por Dios está disponible para todos, y todas la bendiciones de Dios van a ser otorgadas sobre quien cree en este Evangelio. Ahora que todos pueden limpiar sus pecados por la fe, gracias al Evangelio del agua y el espíritu que trae la remisión de los pecados, permitido por Dios, es mi más sincera esperanza y oración que todos ustedes verdaderamente limpien todos sus pecados y se conviertan en hijos de Dios por la fe. Por creer en el Evangelio del agua y el espíritu, todo mundo puede limpiar sus pecados y entrar en el Reino de Dios. Por eso, el Evangelio del agua y el Espíritu es una absoluta necesidad para todos nosotros.
Describiendo nuestras vidas, Dios dijo, “Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos (Salmos 90:10).” Así vivamos de 80 a 120 años en este mundo, lo que es mandatorio es que conozcamos y creamos en el Evangelio del agua y el Espíritu. No sería tal problema si nuestras vidas fueran a terminar con nuestra muerte física, sino que para todos y cada uno de nosotros, nos espera una vida eterna. Por eso es absolutamente importante que todos puedan conocer y creer en la real Verdad, porque podemos ser hijos de Dios y vivir felices para siempre en su Reino sólo si lavamos todos los pecados de nuestras almas, creyendo en el Evangelio del agua y el espíritu.
Por eso, Jesús se ha convertido en la puerta del Reino de los Cielos. Para salvarnos de nuestros pecados y darnos la bienvenida al Cielo, Jesús mismo tomó nuestros pecados al ser bautizado, quitó la condenación de los pecados de todos derramando su preciosa sangre en la Cruz y con ello se convirtió en nuestro perfecto Salvador. Al convertirse en la puerta del Cielo por Él mismo, Jesús ha permitido a cualquier persona que ha recibido la remisión de los pecados, el entrar en el Cielo. Como Juan 10:2 dice, “Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.” Jesús es el Pastor de las ovejas que ha recibido la remisión de los pecados, la puerta del Cielo, el verdadero Pastor y Dios mismo quien nos conduce al Reino eterno de Dios. Nuestro Señor vino a este mundo como nuestro Salvador y se sacrificó por nosotros. A aquellos que creen en el Evangelio del agua y el espíritu, nuestro Señor nos ha abierto las puertas de la salvación ampliamente y permitido el Reino de los cielos.
 
 
El recibir a Jesús no es solo decir, “Yo Creo en Jesús”
 
Recibir a Jesús en el corazón es creer que Jesús es Dios mismo y el Salvador para todos los que creen en el Evangelio del agua y el espíritu. En nuestros corazones tenemos fe en el bautismo de Jesús y su sangre en la Cruz. También creemos que Jesús es el hijo de Dios. Esta es nuestra fe. Aquellos que creen en el Evangelio del agua y el espíritu creen que Jesús es su Salvador y toman el Evangelio del agua y el espíritu como testimonio de fe.
Hermanos y hermanas, ¿creen ustedes que Jesús es el Salvador? ¿Admiten en sus corazones que Jesús es el verdadero Salvador? Jesús es el Hijo de Dios. Pero al mismo tiempo, es nuestro Salvador. Jesús es el Hijo de Dios y nuestro Salvador, y para lavarnos de todos nuestros pecados, Él los aceptó de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista, fue a la Cruz y fue crucificado para derramar su sangre y morir. Todos ustedes deben infaliblemente creer en esto. No deben permitirse ustedes mismos ser destruidos por no creer. Ustedes deben creer que el bautismo de Jesús y su preciosa sangre fueron todo para ustedes.
Ahora bien, los que aún están por creer en esta Verdad del Evangelio deben creer en el bautismo y la sangre de Jesús con sus corazones. Debemos creer sinceramente en este bautismo de Jesús y en Su sangre en la Cruz, la Verdad de la remisión de los pecados, y debemos agradecer a Dios. Debemos creer en esta verdad justo en este momento sin falta, porque no hay otra manera para salvarse, sino creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu y convertirse en hijos de Dios. Aquellos que no creen en el Evangelio del agua y el espíritu con sus corazones, aún no son hijos de Dios. Por lo tanto, es mi más sincera esperanza y oración que todos ustedes crean en este Evangelio, porque no hay más tiempo que perder. ¡Crean ahora! Entonces se convertirán en hijos de Dios, serán lavados de todos sus pecados y disfrutarán toda su gloria y esplendor.
Jesús es la puerta del Cielo, y también es su portero. Al convertirse en nuestro propio Dios y nuestro propio Salvador, Jesús nos ha salvado de nuestros pecados, y nos ha dado la fe clara y segura que nos permite alcanzar la salvación y entrar en el Cielo. No podemos más que agradecer a nuestro Señor por su amor misericordioso.
 
 
Debemos creer que solo Jesús es el buen Pastor y perfecto Salvador
 
Dijo nuestro Señor, “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” (Juan 10:11-13). El asalariado aquí se refiere a aquellos que trabajan sólo para alimentar su propia carne. Como lo denota la Palabra en sí, son aquellos que son contratados para trabajar por una recompensa. En las comunidades cristianas de hoy, los asalariados son aquellos que no difunden la verdad del Evangelio del agua y el espíritu, pero en su lugar predican doctrinas falsas y fingen ser pastores sólo para buscar sus propios intereses.
Jesús dijo en Juan 10:14-15, “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, 10:15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.” Jesús es nuestro verdadero Pastor, y somos siervos de Dios que creemos y predicamos el Evangelio del agua y el espíritu que Jesucristo nos ha dado. Porque Jesús sabía muy bien por qué pecamos y qué debilidades tenemos, este verdadero Pastor aceptó todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, y quitó la condena de nuestros pecados ofreciendo su propio cuerpo en la Cruz, todo con en el fin de salvarnos. En el pasaje anterior, Jesús dijo que el buen pastor da su vida por las ovejas. Así también, Jesús obedeció la voluntad de Dios padre completamente, hasta el punto de ser bautizado y crucificado e incluso morir.
El Señor nos, dijo “deben difundir el Evangelio del agua y el espíritu por todo el mundo, porque hay muchas personas que aún están por llegar a mi rebaño.” Jesús acepta como hijos de Dios sólo a aquellos que creen en su bautismo y en su sangre. En otras palabras, Jesús ha dado su gracia de la remisión de los pecados sólo a aquellos que creen que Él, que vino por el agua y la sangre, ha lavado todos sus pecados, y es sólo a estas personas que Él las ha convertido en hijos de Dios. Así como la ofrenda del sacrificio del Antiguo Testamento derramaba su sangre y sufría la muerte debido a la imposición de manos, era porque Jesús fue bautizado por Juan el Bautista que derramó su sangre, murió en la Cruz y resucitó de la muerte.
Viendo la fe de quienes creen en esta verdad, Dios los ha hecho sus propios hijos. Jesús el buen Pastor escucha las oraciones de los hijos de Dios, los vigila, los guía, los protege y los bendice. Creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu con nuestros corazones, por lo tanto, debemos recibir la remisión de los pecados, entrar en la Iglesia de Dios, caminar con Jesús el buen Pastor y vivir una vida bendita guiada por Dios. Debemos creer sinceramente que el Señor es nuestro Salvador y nuestro buen Pastor.
 
 
Dios exhorta y salva a los pecadores que son como cabras
 
Las personas verdaderamente lamentables son los pecadores que se mezclan entre el pueblo de Dios. En la Biblia, las ovejas generalmente se refiere al pueblo de Dios que cree en el Evangelio del agua y del espíritu, mientras que las cabras se refiere a aquellos que, a pesar de profesar el creer en Jesús, no han recibido realmente la remisión de los pecados en sus corazones. En general, estas cabras entran en la Iglesia de Dios fingiendo ser ovejas, y engañan a Sus siervos y Santos, así como a sí mismos. Estas personas parecidas a las cabras son tan buenas imitando ovejas que se oyen y actúan como tales, pero son el tipo de personas que no se arrepienten incluso después de revelar su verdadera cara. Pero al igual que una cabra nunca puede tolerar a una oveja, independientemente de qué tan bien la imite, esas personas son todavía espiritualmente pecadoras, sin importa que tan virtuosamente vivan en sus vidas carnales.
Estas cabras, porque saben que no son las ovejas, intentan cubrirse a sí mismas con su propia fuerza. Por lo tanto, las cabras parecen más fuertes que las ovejas. Pero son las ovejas las que tienen al pastor, y son ellas las que, habiendo recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el espíritu, están haciendo la obra del Señor. Hay miles de millones de cristianos en todo el orbe. Sin embargo, muchos de ellos son realmente las cabras que todavía no han recibido la remisión de los pecados, y por lo tanto, debemos todos orar por ellos y predicarles el Evangelio del agua y el Espíritu.
Juan 10:16 nos dice, “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” Nuestro Señor dijo aquí que Él tiene otras ovejas que no son de este rebaño de las ovejas de Dios, y que Él tiene que llevarlas al rebaño también. Traer pecadores que todavía son como cabras al rebaño de Dios, es lo que hacen sus siervos. El rebaño de Dios aquí se refiere a aquellos que ayudan en esta obra. Por eso Jesús dijo, “Los pecadores recibirán la remisión de los pecados y estarán bajo un pastor”. En nuestros corazones, usted y yo realmente debemos creer en el Evangelio del agua y el espíritu, la Verdad de la salvación que Cristo Jesús nos ha dado y por esta fe vivir nuestras vidas en Su Iglesia… con el Señor.
Jesús dijo en Juan 10:17, “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.” De hecho, Jesús dio su vida para salvar las nuestras. Aceptó nuestros pecados de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista (Mateo 3:13), y murió en nuestro lugar al dar su vida en la Cruz (Juan 19:30). Jesús hizo todas estas cosas para salvar nuestras vidas, y por eso es que Dios Padre nos ama a Él y a nosotros.
Que Jesucristo viniera a este mundo, fuera bautizado y derramara su sangre en la Cruz, fue porque Dios había mandado a su Hijo a liberarnos de nuestros pecados. A aquellos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios les ha dado el derecho a remitir los pecados de todos, difundiendo el Evangelio del agua y el Espíritu. Doy todo mi agradecimiento a Dios Padre por redimir todos nuestros pecados con el agua, la sangre y el Espíritu, por hacernos sus propios hijos, por salvarnos de la muerte y por permitirnos el vivir eternamente con Él en su Reino de los Cielos. El poder de convertirnos en los propios hijos de Dios pertenece a Jesús. Dios Padre ha dado a su hijo el poder y la autoridad para salvarnos de nuestros pecados. Y para borrar nuestros pecados, Jesús cumplió su obra de salvación llevándose nuestros pecados a través de su bautismo y muriendo por nosotros en la Cruz.
Fundamentalmente, Jesús es el Hijo de Dios y Dios mismo también. Esto significa que Dios se ha convertido en nuestro propio Salvador. El nacimiento de Jesucristo el Mesías en este mundo, el bautismo que recibió de Juan el Bautista, su muerte en la Cruz, su resurrección y su ascensión, todo fue debido al hecho de que Jesús obedecía las órdenes del Padre. Por lo tanto, al ser bautizado, muriendo en la Cruz, levantándose de entre los muertos de nuevo por nosotros y ahora sentado a la diestra del trono de Dios, Jesús ha dado la remisión de los pecados, el Espíritu Santo y el eterno Reino de Dios a todos los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Por creer en Jesús el Mesías, nos hemos no sólo salvado de todos nuestros pecados, pero también hemos recibido la bendición de glorificar a Dios, porque nos hemos convertido ahora en su propio pueblo. Ahora bien, debido a que sólo Jesús es la puerta a través de la cual podemos entrar al Cielo, debemos ser salvados al conocer y creer el Evangelio del agua y el Espíritu que Él nos ha dado. Infaliblemente, debemos de saber la Verdad, que Dios mismo llegó a este mundo, que fue bautizado, que murió en la Cruz, que resucitó de entre los muertos y que así nos ha salvado de todos nuestros pecados y de la condena, y debemos creer en esta Verdad sin falta.
El Evangelio del agua y el Espíritu no fue hecho por el hombre, sino por Dios mismo. Todos fuimos hechos por Dios, y este creador, Dios mismo se convirtió en un hombre para salvar a su pueblo de pecado, fue bautizado por Juan el Bautista para asumir nuestros pecados y fue crucificado y derramó su preciosa sangre y soportó la condena de nuestros pecados. Con ello, Dios ha traído la remisión de los pecados y la vida eterna a aquellos que creen en esta Verdad. Es cuando conocemos y creemos en este Jesús como nuestro Salvador, que somos capaces de glorificar a Dios. Doy todo mi agradecimiento al Señor por bendecirnos para creer en Cristo Jesús y darnos el Evangelio del agua y el Espíritu. Hemos recibido nueva vida y nos hemos convertido en los propios hijos de Dios.

Como nos hemos convertido en hijos de Dios sin pecado por creer en el Evangelio del Mesías del agua y el Espíritu, entraremos en el Reino del Milenio y en el eterno Reino de Dios, y gozaremos de todas sus bendiciones y autoridad por siempre. Es absolutamente imprescindible para ustedes, que se den cuenta y crean aquí que todos ustedes disfrutarán de la autoridad de Dios y vivirán para siempre en el Cielo en un estado sin pecado. Como el Mesías, Jesús recibió gran autoridad de Dios Padre, y mediante el ejercicio de esta autoridad, personalmente nos ha salvado de nuestros pecados con su bautismo, la sangre y la resurrección. Cada día, con nuestra fe, alabamos este Jesucristo que es la puerta del rebaño, la puerta de la salvación… y el guardián de los cielos.