The New Life Mission

Sermones

Tema 24: SERMONES PARA LOS QUE SE HAN CONVERTIDO EN NUESTROS COLABORADORES

[24-4] < Isaías 1:10-18 > Dios ha eliminado los pecados del mundo

< Isaías 1:10-18 >
«Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana».
 
 
No tenemos nada de lo que alardear ante la presencia de Dios. Lo que tenemos que hacer es llevar a cabo Su obra justa como nos lo pida.
Hoy quiero predicar un sermón sobre el pasaje de las Escrituras de hoy continuando el sermón que compartí con ustedes ayer. Hablé del Libro del Éxodo y el Libro de Reyes 1 sobre el hecho de que los israelitas sustituyeron a Dios con becerros de oro y los adoraron en vez de a Dios y como resultado la ira de Dios cayó sobre ellos y fueron destruidos. La Palabra de Isaías 1 que hemos leído hoy es la misma enseñanza que la de la Palabra que compartí ayer. Los israelitas, tanto del rey del Sur como del Norte, tomaron estos becerros de oro como sus dioses y los adoraron en el templo ofreciendo sacrificios un par de veces al año según la estación. Adoraron a estos becerros incluso el Día de la Expiación y Dios no pudo tolerar sus pecados más cuando los vio. Los israelitas establecieron a estos becerros de oro como sus dioses, quemaron incienso y ofrecieron holocaustos a estos becerros de oro. Queridos hermanos santos, ¿cómo pudo pasar esto? Sin embargo, esta ofrenda tan horrenda se hizo oficial para los israelitas. Este servicio de adoración se hizo oficial. Así, adorar a becerros de oro se convirtió en una tradición para los descendientes de Israel.
Está escrito:
«Oíd, cielos, y escucha tú, tierra;
porque habla Jehová:
Crié hijos, y los engrandecí,
y ellos se rebelaron contra mí. 
El buey conoce a su dueño,
y el asno el pesebre de su señor;
Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad,
generación de malignos, hijos depravados!
Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás» (Isaías 1:2-4).
Por tanto, Isaías, el Profeta, regañó a los israelitas con furor porque los israelitas habían abandonado al Señor. Esto significa que lo habían llamado mentiroso. Los israelitas habían sustituido a Dios con becerros de oro. En aquel entonces, los israelitas adoraron a Dios con los sacerdotes que habían establecido y adoraron también a un becerro de oro. Así que Dios dijo:
«¿Para qué me sirve, dice Jehová,
la multitud de vuestros sacrificios?
Hastiado estoy de holocaustos de carneros
y de sebo de animales gordos;
no quiero sangre de bueyes,
ni de ovejas, ni de machos cabríos.» (Isaías 1:11).
Dios no podía soportar que los israelitas se presentarán ante Él y le cortaran el cuello a los corderos o machos cabríos, pusieran la sangre en los cuernos del altar de los holocaustos, cortaban su carne en trozos y la quemasen en el altar de los holocaustos. Los israelitas deberían haber quitado los becerros de oro si hubiesen reconocido a Dios. Pero no lo hicieron. Así que Dios estaba diciendo que no podía soportar el hecho de que estuviesen adorándole mientras adoraban a los becerros de oro como dioses suyos también. Dios estaba diciendo: “¿Qué es eso que les ofrecéis a los ídolos mientras me adoráis a Mí?”. Así, Dios no pudo soportar esto. Esto significa que era difícil para Dios soportar a los israelitas cuando le ofrecían sacrificios. Era muy difícil para Dios soportar esto. Dios no pudo soportar las iniquidades de los israelitas porque hacían el mal con estas reuniones sagradas (Isaías 1:13).
¿Cómo pudo el Dios de Israel tolerar a los israelitas como Su pueblo cuando estaban aceptando a los becerros de oro y a los dioses gentiles como sus dioses? Esto significa que no estaban agradecidos y no fueron leales. Fueron la gente que se había burlado de Dios al cometer el mal ante la presencia de Dios. Así, Dios dijo que no les escucharía aunque le pidiesen ayuda y orasen mucho. Esto se debe a que sus manos estaban llenas de sangre. Dios estaba diciendo: “¿Cómo pudo escuchar vuestras oraciones cuando estáis haciendo tanto mal?”.
Así el Señor estaba avisando a los israelitas:
«Lavaos y limpiaos;
quitad la iniquidad de vuestras obras
de delante de mis ojos;
dejad de hacer lo malo; 
aprended a hacer el bien;
buscad el juicio, restituid al agraviado,
haced justicia al huérfano,
amparad a la viuda» (Isaías 1:16-17).
 
 
Sin embargo, Dios estaba dispuesto a borrar sus pecados
 
Queridos hermanos, leamos la Palabra de Isaías 1:18 juntos. Está escrito:
«Venid luego, dice Jehová,
y estemos a cuenta:
si vuestros pecados fueren como la grana,
como la nieve serán emblanquecidos;
si fueren rojos como el carmesí,
vendrán a ser como blanca lana».
Dios estaba diciendo: “Razonemos junto y veamos cuántos pecados tenéis. Habéis cometido muchos pecados, empezando con el pecado de haberme sustituido, vuestro Dios, con becerros de oro; habéis cometido estos pecados de no reconocerme; el pecado de hacerme mentiroso; el pecado de establecer ídolos y ofrecer sacrificios ante Mí; el pecado de desobedecer Mi Palabra; el pecado de desobedecer y rebelarse contra vuestros padres; el pecado de abusar de personas como viudas y huérfanos; y el pecado de abusar de los pobres y los débiles”.
Por tanto, Dios dijo: “Venid luego, dije Jehová, y estemos a cuenta”.
“Venid y razonemos y veamos lo numerosos que son vuestros pecados y cuántos pecados habéis cometido contra Mí. Y también quiero que sepáis cuánto os amo y quién es vuestro Dios. Quiero ser vuestro Dios para hacer que vuestros pecados desaparezcan completamente. Por tanto, traed vuestro pecados ante Mí y razonemos juntos para estar en paz conmigo. No cometáis el mal ante Mí más y tengamos una relación buena. Poned todos vuestros pecados ante Mí y reconocedlos: dejad todos vuestros pecados ante Mí y resolvedlos, empezando por el pecado de adorar a ídolos, el pecado de sustituirme, a vuestro Dios, con los becerros de oro, el pecado de ignorarme aún más que los gentiles, el pecado de burlaros de Mí, el pecado de hacerme mentiroso, el pecado de cambiar a los sacerdotes como queréis, el pecado que habéis cometido contra vuestro pueblo y los débiles y desesperados, y el pecado de mentir y robar todo tipo de cosas. No puedo sufrir esto más porque quiero que tengáis la remisión de todos estos pecados. Quiero borrar todos estos pecados y haceros nuevos. Quiero bendeciros. Así que seamos reconciliados”.
El Señor les dijo esto a los israelitas. Pero Dios también nos lo está diciendo a todos los que estamos cometiendo pecados mientras vivimos en estos tiempos. El Señor nos lo está diciendo a nosotros.
Incluso ahora, los cristianos han sustituido a Dios con becerros de oro según los deseos de su carne y los han adorado. Esto significa que la gente está adorando a Dios por sus objetivos carnales. No solo esto, sino que también están incumpliendo la Ley y los mandamientos de Dios todos los días. Así, el Señor quiere eliminar todos los pecados que están cometiendo. Nuestro Señor vino al mundo y eliminó todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado en Su cuerpo personalmente, derramar Su sangre en la Cruz y resucitar de entre los muertos.
Dios ha eliminado todos nuestros pecados para siempre. Dios Padre envió a Su Hijo a este mundo, le hizo recibir el bautismo de Juan el Bautista y derramar Su sangre en la Cruz, y así borró todos nuestros pecados. Esto significa que el Señor tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo al ser bautizado y fue juzgado al ser crucificado por esos pecados, incluyendo todos los pecados que cometemos por nuestras debilidades, el pecado de tener becerros de oro ante Dios o adorar ídolos, el pecado del hurto, el pecado de blasfemia de Dios o tomar el nombre de Dios en vano, el pecado que cometemos con nuestras debilidades en las relaciones humanas, el pecado que cometemos contra nuestros padres, el pecado que cometemos los unos contra los otros y entre amigos, y estos pecados surgen de nuestros corazones y hacen daño a otras personas por odio. Y esto significa que el Señor nos ha salvado a los que creemos en Él al resucitar de entre los muertos.
Por tanto, nada puede evitar que los que creemos en esta Verdad vayamos ante la presencia de Dios porque Dios Padre envió a Su único Hijo a este mundo y eliminó todos nuestros pecados por el Evangelio del agua y el Espíritu. Como el Señor es Dios sabía lo débiles que somos y eliminó nuestros pecados. Así que no hay razón por la que no podamos ir ante Dios por muy insuficientes que seamos. Esto significa que todo el mundo puede ir ante el Señor al creer en la promesa de la Verdad del Señor que dijo:
«Venid luego, dice Jehová,
y estemos a cuenta:
si vuestros pecados fueren como la grana,
como la nieve serán emblanquecidos;
si fueren rojos como el carmesí,
vendrán a ser como blanca lana».
Queridos hermanos, debemos confesar esto cuando vayamos ante la presencia de Dios: “Dios, he cometido estos pecados. Sin embargo, el Señor me ha limpiado loe pecados tan blancos como la nieve”. Por tanto, debemos ir ante la presencia de Dios al recibir la remisión de los pecados al creer en el hecho de que el Señor ha eliminado todos nuestros pecados que eran rojos como el carmesí.
No hay nadie en este mundo que sea perfecto porque todo el mundo es insuficiente. No solo los israelitas, sino que todo el mundo es así. Si los israelitas fuesen así, entonces la gente que vive en esta era del Nuevo Testamento es así también. Esto se debe a que la Palabra del Antiguo Testamento se escribió para ayudarnos a entender a nosotros, los que vivimos en esta era del Nuevo Testamento. Por tanto, cuando vamos ante la presencia de Dios, cuando creemos en Jesucristo, el Hijo de Dios Padre, como nuestro Salvador, y cuando queremos recibir la remisión de nuestros pecados de Dios, debemos aprender cómo Jesucristo eliminó todos nuestros pecados e ir ante la presencia de Dios creyendo en esto. Podemos alcanzar esta bendición de Dios al aprender y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando nuestra fe es así, el corazón de Dios se llena de luz y nuestros corazones también. Por esta razón Dios está dando esa Palabra a toda la humanidad. Por tanto, todo el mundo debe conocer a Jesucristo, el único Hijo de Dios Padre, quien se ha convertido en nuestro Salvador; y debemos conocer esta perfecta salvación al creer en la justicia de Dios.
 
 
Debemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre para recibir la remisión de sus pecados y volver a la vida
 
Está escrito: «Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente» (Juan 6:53-58).
Está escrito en Juan 6:56: «Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros». El Señor siguió diciendo: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero» (Juan 6:54).
Jesús nos está diciendo “comed Su carne y bebed Su sangre”. ¿Por qué nos dice Jesús continuamente que comamos la carne de Jesús y bebamos Su sangre? ¿Quiere que seamos caníbales? Jesús es el Hijo de Dios Padre y el Dios Santo. Entonces, ¿por qué nos sigue diciendo que debemos comer Su sangre y beber Su sangre?
Jesús dijo, acerca de Sí mismo: “Yo soy el pan de vida que viene del Cielo”. Esto significa que Jesús vino a este mundo para darnos el pan de vida y hacernos recibir la vida nueva al comer este pan de vida. El Señor está diciendo que ha venido como el pan de vida para salvar nuestras almas que han muerto a causa de nuestros pecados. Así, el Señor dijo: “Quien coma Mi carne y beba Mi sangre recibe la salvación y la nueva vida”. Por tanto, debemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre según esta Palabra de Jesús.
Queridos hermanos, ¿hay alguna manera de comer la carne de Jesús y beber Su sangre? No podemos comer la carne de Jesús ni beber Su sangre físicamente. Solo hay una manera de comer la carne de Jesús y beber Su sangre: solo es posible cuando lo hacemos por fe. Podemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre por la fe en la Verdad.
Está escrito: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Hebreos 11:1). Así, podemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre por la fe en la Palabra. Entonces, ¿en qué debemos creer para comer Su carne y beber Su sangre? ¿Qué ha hecho el Señor con la carne y la sangre del Señor de las que habla? Para comer la sangre de Jesús, debemos saber cómo Jesús se vistió de la carne humana y vino a este mundo y tomó todos los pecados sobre Sí mismo. Podemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre cuando sabemos cómo Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo y eliminarlos.
 
 
Comamos la carne de Jesús y bebamos Su sangre por fe
 
Leamos la Palabra del Evangelio de Mateo 3:13-17: «Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3:13-17).
Jesús nació en un establo en la ciudad de Belén. Unos 700 años antes de que Jesús viniese al mundo, Dios profetizó a través del Profeta Isaías diciendo: «Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel» (Isaías 7:14). Y tal y como se profetizó, Jesús nació en este mundo encarnado en un hombre a través del cuerpo de una virgen, María. El Hijo de Dios Padre se vistió de la carne de un hombre y vino a este mundo como el Salvador de los seres humanos, y Su nombre era Jesús. Su nombre “Jesús” significa “Salvador”. Y la palabra Cristo se refiere al Rey ungido. El nombre de Jesucristo implica que nos ha salvado de todos nuestros pecados al descargar Sus tareas de Rey, Sacerdote y Profeta. Jesús se vistió de la carne humana y vino a este mundo como el Sumo Sacerdote celestial para cargar con todos nuestros pecados sobre Sí mismo como el Rey de reyes. Asimismo, vino a este mundo como el Profeta para enseñarnos que se ha convertido en nuestro verdadero Salvador.
Jesús vino a este mundo así y cuando tenía treinta años, Jesús se apareció ante Juan el Bautista cuando estaba bautizando a la gente en el Río Jordán. En Mateo 3:13-15 podemos ver por qué Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. Está escrito: «Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3:13-14). En aquel entonces, Juan el Bautista se negó al principio cuando Jesús le pidió que le bautizase. Juan el Bautista ya sabía que Jesús es Dios y el Salvador y que era una persona humilde comparada con Él. Así, al principio, Juan el Bautista tenía miedo de bautizar a Jesús y se negó a hacerlo.
Entonces Jesús contestó y le dijo en Mateo 3:15: “Permíteme hacer ahora pues conviene así que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó”. Esta es una Palabra simple y amable, pero fue un mandamiento solemne de Dios. Jesús le dijo a Juan el Bautista: “Pues conviene así que cumplamos toda justicia”. Jesús dijo que eso debía hacerse para cumplir la justicia de Dios, y estaba hablando de la razón por la que el Señor había venido a este mundo y había sido bautizado por Juan el Bautista. Esto significa que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir la justicia de Dios.
Mateo 1:21 dice que Jesucristo vino a este mundo para salvar a Su pueblo de todos sus pecados. Queridos hermanos, toda la gente del mundo ha sido creada a imagen u semejanza de Dios. Y todas estas personas disfrutarán de la vida eterna. La humanidad ha caído en el pecado y la muerte al dejarse engañar por Satanás, pero en realidad, esto fue permitido bajo la providencia de Dios. La voluntad de Dios Padre para nosotros es hacernos disfrutar de la vida eterna como hijos de Dios Padre. Jesucristo, el Hijo de Dios Padre, había venido a este mundo según esta voluntad de Dios Padre para cumplir este plan. Por tanto, recibimos la remisión de los pecados si conocemos la obra justa que Jesucristo ha cumplido.
Aquí “toda justicia” en Mateo 3:15 se refiere a todas las obras justas. Entonces, ¿cuál es la obra justa? Se refiere al bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista para tomar los pecados del mundo sobre Sí mismo. En nuestras expresiones comunes diarias hablamos de recibir el bautismo del agua, el bautismo del dinero o incluso el bautismo de fuego. El bautismo significa tener algo vertido por todo el cuerpo. Hace tiempo no había sistema de alcantarillado como ahora. Solíamos coger agua de un contenedor de caucho grande y después de utilizarla para lavar los platos la arrojábamos a la carretera. A menudo, la gente que iba de camino al trabajo o a la escuela era salpicada con agua sucia. Esto es exactamente lo que significa bautismo con agua sucia, y es una expresión que se sigue utilizando hoy en día. Una vez vi el Festival de la Tomatina de España en la televisión y todos los participantes quedaban cubiertos de jugo de tomate. En otras palabras, todos quedaban bautizados con jugo de tomate. De esta forma, el bautismo significa estar cubierto por todo el cuerpo con algo.
¿Entonces por qué recibió Jesús el bautismo de Juan el Bautista? Jesús fue bautizado por Juan el Bautista personalmente para cumplir toda la justicia de Dios. Es decir, Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista para tomar los pecados de todo el mundo sobre sí mismo.
Entonces, ¿cómo tomó Jesús todos los pecados del mundo sobre Sí mismo? Juan el Bautista era un siervo escogido por Dios. Dios lo envió a pasar todos los pecados de la humanidad a Jesús. En otras palabras, fue enviado a bautizar en Jesús. Este Juan el Bautista era la persona que Dios envió a este mundo como representante de la humanidad. En resumen, era el representante de la humanidad que fue enviado para pasar todos los pecados del mundo a Jesús al bautizarle.
En el Antiguo Testamento, podemos ver que solo los descendientes de Aarón podían convertirse en Sumos Sacerdotes, y que este Sumo Sacerdote representaba a todos los israelitas cuando pasaban sus pecados anuales al chivo expiatorio el Día de la Expiación (Levíticos 16:20-22). De la misma manera, Juan el Bautista fue establecido como representante de toda la humanidad que pasaría los pecados de toda la humanidad a Jesús. Esta verdad está claramente escrita en Mateo 11:11-14: «De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir»
Por otro lado, Dios prometió enviar a Su Hijo en la carne humana de un Salvador. Y Dios envió a Su Hijo para eliminar todos los pecados de los seres humanos como lo prometió, y Jesucristo es la Persona que Dios envió a este mundo según Su promesa. Dios Padre envió a Su Hijo a este mundo e hizo que Su Hijo tomase todos los pecados de la humanidad sobre Si mismo para ser bautizado por Juan el Bautista.
Así, Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. Por tanto, la escena en la que Jesús recibió el bautismo aparece aquí en Mateo 3:15-16: «Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él». El que Jesús fuese bautizado por Juan el Bautista, el representante de la humanidad, significa que Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo personalmente al ser bautizado por él. En el Antiguo Testamento, había una ley establecida por la que el Sumo Sacerdote pasaba los pecados anuales de los israelitas al chivo expiatorio mediante la imposición de manos sobre un animal. Y según esta ley, Jesús pudo tomar todos los pecados del mundo sobre Sí mismo para siempre al recibir el bautismo voluntariamente de Juan el Bautismo. Esto significa que, al recibir el bautismo de Juan el Bautista, el representante de la humanidad, Jesús tomó los pecados sobre Sí mismo todos los pecados de la gente que había vivido en este mundo, los pecados de toda la gente que nacerá en el futuro, los pecados de los 65,000 millones de personas que viven en este planeta. Jesús tomó todos los pecados de mañana, los pecados de hace diez años, los pecados de hace 100 años y todos los pecados hasta el fin de la tierra. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista voluntariamente para tomar sobre Sí mismo los pecados de todas las personas sin excepción hasta el fin del mundo.
En aquel entonces, Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista en el río Jordán para tomar todos nuestros pecados para siempre. Entonces, cuando Jesús fue bautizado y entró en el agua y salió inmediatamente del agua, la Biblia dice lo siguiente: «Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3:16-17). Esta voz del cielo dijo: “Este es Mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia”. Esto significa que Dios Padre estaba tan complacido porque toda la justicia se había cumplido cuando Su Hijo Jesús tomó todos los pecados de la humanidad sobre Sí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista, el representante de toda la humanidad, según Su voluntad; Dios Padre estaba tan lleno de gozo porque Su Hijo Jesús obedeció Su voluntad.
Queridos hermanos, ¿podríamos haber recibido la salvación de nuestros pecados si Jesús no hubiese obedecido el plan de Dios Padre aunque Jesús es el Hijo de Dios? Dios Padre le dijo a Su Hijo que tomase todos los pecados de este mundo sobre Sí mismo al ser bautizado, pero nuestros pecados no habrían sido eliminados si Jesús no hubiese obedecido la voluntad del Padre. Entonces, Dios Padre estaba complacido porque Su Hijo Jesucristo vino a este mundo y fue bautizado para tomar sobre Sí mismo los pecados de la humanidad y obedeció la Palabra de Dios Padre. Así que la voz del cielo dijo: “Este es Mi Hijo amado en quien tengo mi complacencia”.
En otras palabras, esto significa que Jesús, quien recibió el bautismo de Juan el Bautista ahora es el Hijo de Dios y que mientras que los humanos solo cometemos pecados durante toda la vida, Jesús, el Dios y el Hijo de Dios Padre, tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo para siempre al recibir el bautismo. Apliquemos esta Verdad a una persona como ejemplo. Todos los pecados fueron pasados a Jesucristo, todos los pecados desde el momento en que una persona es creada en el vientre materno, y desde el momento en que nace, desde la cuna, hasta el momento en que nace la persona, hasta que va a la tumba, y hasta el momento en que da el último suspiro. Hay muchos seres humanos que viven y mueren en este mundo y el Señor cargó con todos los pecados de hasta la última persona que viva y muera en este mundo al ser bautizado en el Río Jordán. Queridos hermanos, habrá un final en este mundo en algún momento. Por tanto, el Señor creará unos cielos y una tierra nuevos para que los que hayamos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu vivamos allí.
Por tanto, podemos comer la carne de Jesús por fe al creer en el bautismo que recibió. ¿Por qué fe podemos comer la carne de Jesús? Podemos comer Su carne al creer que Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo mediante Su bautismo. Somos personas que han cometido y cometerán muchos pecados ante la presencia de Dios, pero nuestro Señor recibió el bautismo de Juan el Bautista para cargar con todos esos pecados sobre Sí mismo. Nuestros pecados han sido pasados a la carne de Jesús porque Jesús recibió el bautismo. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para cargar con todos los pecados. Voy a explicarles esta Verdad de manera ilustrativa. Imaginemos que soy Juan el Bautista, Jesús es este micrófono y este pañuelo son los pecados del mundo. Cuando Juan el Bautista fue al río Jordán, puso las manos sobre Jesucristo, como ahora yo estoy poniendo las manos sobre este micrófono. Entonces, todos nuestros pecados fueron pasados a Jesucristo a través de los brazos y manos de Juan el Bautista, de la misma manera en que este pañuelo ha pasado al micrófono a través de mis brazos y manos.
Así, nuestros pecados, todos los pecados de la humanidad, han sido pasados a Jesús a través de la imposición de manos de Juan el Bautista. Queridos hermanos, deben creer en esto. Comemos la carne de Jesús y bebemos Su sangre cuando creemos en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Jesús dijo que podemos tener vida solo si comemos Su carne y bebemos Su sangre. Por tanto, los que creemos en esto podemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre. Cualquiera puede comer la carne de Jesús por fe.
En el pasaje de las Escrituras de hoy Dios dijo:
«Venid luego, dice Jehová,
y estemos a cuenta:
si vuestros pecados fueren como la grana,
como la nieve serán emblanquecidos;
si fueren rojos como el carmesí,
vendrán a ser como blanca lana» (Isaías 1:18).
Dios pudo decir esto porque nuestro Señor tomó todos los pecados del mundo cuando fue bautizado, incluyendo todos mis pecados, todos sus pecados y todos nuestros pecados que cometeremos hasta que muramos. Nuestro Señor nos ha dado la verdadera salvación. Nuestros pecados están escritos en las tablas de nuestras conciencias (Jeremías 17:1) y todos estos pecados han sido pasados a Jesús a través de Juan el Bautista, que es nuestro representante, el siervo escogido por Dios. Debemos comer la carne de Jesús al creer en esto. Debemos pasar todos los pecados a Jesús.
 
 
Jesús ahora carga con nuestros pecados en la Cruz mediante Su bautismo
 
Leamos Juan 1:29 juntos: «El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».
El día siguiente, es decir, el día después de que Jesús recibiese el bautismo, Juan el Bautista vio a Jesús que se le acercaba y dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Hay muchas personas con el nombre de Juan en las Escrituras. Y la persona que bautizó a Jesús aquí es Juan el Bautista. Juan el Bautista, quien bautizó a Jesús, dio testimonio de Él. El día después de que Juan el Bautista bautizase a Jesús, Juan vio a Jesús que se le acercaba y dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Jesús había tomado los pecados del mundo sobre Sí mismo a través de Su bautismo. ¿Cómo pudo Jesús cargar con los pecados del mundo? Jesús tomó los pecados del mundo sobre Sí mismo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Esta es la razón por la cual Juan el Bautista miró a Jesús y dio testimonio de que es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Esta palabra significa que todos nuestros pecados han sido pasados a Jesús. Debemos conocer esta verdad.
Hay un himno que cantamos a menudo: “¡Regocijad! Jesús nació, del mundo Salvador; y cada corazón tornad a recibir al Rey, a recibir al Rey. Venid a recibir al Rey”. Como la letra de este villancico Jesús vino a este mundo y tomó sobre Sí mismo todos nuestros pecados mediante el bautismo; es decir, los pecados que cometemos en este mundo, los pecados que cometemos desde nuestra concepción, y los pecados que cometemos hasta que morimos y vamos a la tumba. Esta es la prueba de la Palabra de que los pecados del mundo han sido pasados a Jesús. Juan el Bautista dio testimonio: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Aquí, el pecado del mundo se refiere a todos los pecados desde el momento en que Dios creó a la humanidad y todos los pecados que la humanidad cometerá hasta el final de los tiempos en este mundo. Así, declaramos que los pecados del mundo fueron pasados a Jesús en el momento en que Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista, y esto es exactamente lo que significa: que todos los pecados de la humanidad fueron pasados a Jesús y toda la justicia se cumplió. Está escrito: «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3:15). Todos nuestros pecados y todas nuestras faltas que hemos cometido en este mundo y que cometeremos mientras vivamos fueron pasados a Jesús. ¿Lo entienden?
Queridos hermanos, cometeremos pecados mañana, ¿no es así? ¿Cometeremos pecados o no? Sí que lo haremos. Probablemente haya algunas personas que se decidan a no hacer nada malo mañana, pero no hay ni una sola persona en este mundo que sea perfecta aún en sus pensamientos. Aunque hayamos decidido no cometer pecados miles de veces, ¿cuál es el resultado? Ha sido siempre en vano.
Sin embargo, todos los pecados que hemos cometido hasta ahora han sido pasados a Jesús. Esta es la razón por la que recibimos a Jesús como Salvador de la humanidad. Por tanto, debemos creer en la carne de Jesús cuando creemos en Él. Debemos creer que Jesús, al ser bautizado, recibió sobre Su cuerpo todos nuestros pecados y los pecados de la gente de este mundo, y que cargó con los pecados del mundo en la Cruz, fue crucificado, derramó Su sangre y murió en la Cruz, diciendo: “Está acabado” (Juan 19:30). Y debemos creer que Jesús se convirtió en nuestro Salvador al ser resucitado de entre los muertos al tercer día. Esta es la fe de comer la carne de Jesús y beber Su sangre. Así, mientras Jesús estaba en este mundo, dijo que quien coma Su carne y beba Su sangre tiene vida eterna.
Queridos hermanos, si todavía no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, irán al infierno, por mucho que vayan a la iglesia; sus corazones se marchitan cuando hay pecados en sus corazones. No pueden ir ante la presencia de Dios si no tienen pecados porque sus almas están oscurecidas. Aunque oren, Dios no les contesta. Y no pueden orar a Dios con confianza si quieren. ¿Por qué? Porque sus pecados les separan de Dios. Por tanto, debemos creer en el hecho de que Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismos para siempre al recibir el bautismo de Juan el Bautista y llevó los pecados del mundo hasta la Cruz y los eliminó diciendo: “Está acabado”.
Debemos creer en la carne y la sangre de Jesús. Debemos creer que Jesús tomó todos nuestros pecados por Su bautismo y derramó Su sangre en nuestro lugar para entregar Su vida por nosotros en la Cruz y darnos vida nueva. Así, al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, hemos recibido la vida eterna mientras recibimos la remisión de los pecados al mismo tiempo. Ahora tenemos la vida eterna por fe aunque seamos insuficientes. Ahora tenemos vida eterna por fe aunque seamos insuficientes. Por tanto, damos gracias a Dios Padre, quien nos ha dado la remisión de los pecados. Al creer en la carne y la sangre de Jesús, nos hemos convertido en personas sin pecados como hijos de Dios aunque seamos insuficientes en muchos aspectos.
Hemos seguido al Espíritu Santo por fe al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Hemos seguido a Dios al creer en el Señor que nos salvó por Su carne y sangre, y por tanto podemos vivir dando aún más gracias. Esta es la razón por la que Dios nos dijo:
«Venid luego, dice Jehová,
y estemos a cuenta:
si vuestros pecados fueren como la grana,
como la nieve serán emblanquecidos;
si fueren rojos como el carmesí,
vendrán a ser como blanca lana» (Isaías 1:18).
El Señor dijo aquí: «Si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana», y esto significa que nuestro Señor ha eliminado todos nuestros pecados mediante Su sangre y carne. Los israelitas habían traído a los becerros de oro y los habían puesto en el lugar de Dios adorándolos como sus dioses, pero Dios estaba diciendo que nuestro Señor ha eliminado incluso esos pecados. Y este pasaje de las Escrituras puede aplicarse a nosotros también: Dios está diciendo que quiere razonar con nosotros sobre cuánto hemos pecado y ver si los pecados que hemos cometido son más grandes o más pequeños que todos los pecados que ha borrado. Queridos hermanos, el Señor ha eliminado todos nuestros pecados para siempre.
 
 
El Libro de Romanos habla de lo mismo
 
Leamos el Libro de Romanos. Romanos 5:12-17 dice: «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia»
La Biblia declara que el pecado vino al mundo a través de un hombre. Toda la humanidad cayó en el pecado a través de una persona. Dios había creado a la pareja de Adán y Eva como los primeros seres humanos, pero cometieron pecados porque estaban atrapados en la decepción de Satanás, y como resultado no creyeron en la Palabra de Dios. Desde ese momento, el pecado vivió en Adán y Eva. Por tanto, por esto todo el mundo, que es descendiente de Adán y Eva, nació como pecador. Todo el mundo ha heredado los pecados de sus antecesores. La muerte ha reinado incluso entre la gente que no ha cometido pecados todavía porque todos hemos heredado el pecado desde el nacimiento. La raza humana se ha convertido en una raza de pecadores. El Señor dijo que el pecado reina sobre un pecador como un rey. Así, la descendencia de la humanidad se ha convertido en la descendencia del pecado.
Ilustremos esto comparando la naturaleza humana con la semilla de una planta. Si plantamos un crisantemo en el suelo, solo un crisantemo saldrá de esa semilla. De la misma manera en que una planta nace y crece y da flores y también da su propio fruto, el primer hombre, Adán, se convirtió en un pecador y todo el mundo, sus descendientes, tiene pecado desde su nacimiento. Por tanto, la semilla del pecado sigue extendiéndose y todas las personas que nacen en este mundo se convierten en pecadoras aunque no hayan cometido ni un solo pecado.
Y como el precio del pecado es la muerte, el juicio ha caído sobre la humanidad entera, ya que la ley de Dios debe juzgar el pecado de manera absoluta. Así, la muerte reina sobre las personas como un rey. Y el pecado estaba dentro de los corazones de todo el mundo incluso antes de que Dios diera la Ley a los israelitas y a los seres humanos. Sin embargo, no consideraron el pecado como pecado cuando no conocían la Ley de Dios. Pero todo el mundo tenía pecados y por tanto la muerte descendió sobre todos ellos.
Sin embargo, como todas las personas se convierten en pecadoras a través de una persona, Adán, todo el mundo puede ser justo por una Persona, Jesús, y nos ha salvado al venir a este mundo, tomando todos los pecados sobre Sí mismo al recibir el bautismo de Juan el Bautista, siendo crucificado y resucitado de entre los muertos. Esto significa que todos los pecados de la raza humana han sido eliminados porque todos nuestros pecados han sido pasados a Jesucristo y pagados por Su bautismo y derramamiento de sangre. Adán nos pasó el pecado a sus descendientes, pero Jesús vino a este mundo y se convirtió en nuestro Salvador al ser bautizado, morir en la Cruz, y ser resucitado de entre los muertos. De esta manera, Jesús eliminó todos nuestros pecados. Así, somos los que no tenemos pecados si creemos en Jesús como el Salvador que vino por el agua y la sangre (1 Juan 5:6-8).
El que una persona esté sin pecados o no depende de si la persona cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Podemos ser salvados de todos nuestros pecados solo al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Jesucristo es el tema central de esta Palabra y Su Evangelio puede resumirse de la siguiente manera: Jesucristo vino a este mundo y cumplió la obra justa de borrar todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, cargar los pecados del mundo en la Cruz, ser crucificado y derramar Su sangre en la Cruz para luego resucitar de nuevo. Nos convertimos en personas sin pecados al creer en la obra justa de salvación de Jesús. Recibimos la remisión de los pecados al creer en el hecho de que Jesús ha eliminado todos nuestros pecados y los ha hecho tan blancos como la lana y la nieve. Dios Padre planeó borrar nuestros pecados a través de Su Hijo. Y el Hijo de Dios vino a este mundo según la voluntad del Padre y se convirtió en nuestro Salvador al hacer toda la obra justa de eliminar todos nuestros pecados al tomarlos sobre Sí mismo al ser bautizado, crucificado y resucitado de entre los muertos. Dios Padre envió a Su Hijo a este mundo y eliminó todos nuestros pecados para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu para salvar a toda la humanidad. Por tanto, nos hemos convertido en personas sin pecados al creer en esto.
Ahora, quien crea en este camino de salvación quedará limpio de todos sus pecados para siempre. Aunque seamos insuficientes, todos nuestros pecados han sido eliminados al creer en la salvación de Jesucristo. Nos convertimos en personas sin pecados. Esta es la bendición de la remisión de los pecados que Dios nos ha dado a los seres humanos. Esta es la bendición de nacer de nuevo que Jesús nos da. Recibimos la remisión de los pecados al creer en esta Verdad en nuestros corazones aunque no paguemos dinero por ella. Debemos aceptar esta Verdad de salvación con gratitud por fe de esta manera: “Dios Padre, no tengo nada bueno ante Ti, pero creo que Tú has enviado a Tu Hijo a este mundo para eliminar mis pecados porque Me amas. Y has pasado todos mis pecados a Tu Hijo; Tú has juzgado a Tu Hijo en mi lugar al hacer que fuese crucificado y muriese en la Cruz; y nos has salvado, a los que creemos que has resucitado a Tu Hijo, de la destrucción y los pecados. Estoy muy agradecido. Soy insuficiente, pero creo en Ti, mi Dios, con gratitud. Acepto el Evangelio del agua y el Espíritu en mi corazón. No puedo hacer nada ante Ti, mi Dios. Lo único que tengo que hacer es tener fe que acepte el amor y la justicia de Dios con mi corazón. Acepto Tu amor, mi Dios. Gracias, Dios”.
Queridos hermanos, aceptamos el don de la salvación que Dios nos ha dado al confesar esta fe verdadera de esta manera. Aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu en nuestros corazones es la fe que nos permite recibir la salvación.
 
 
No hagan que el que da gratuitamente se avergüence de sus manos
 
Supongamos que una persona quiere hacer un regalo y que es un regalo muy valioso. Sin embargo, ¿estaría bien que la persona que recibe el regalo pensase que debe pagar el regalo y después recibirlo? Estaría insultando a la persona que le dio el regalo.
De la misma manera, Dios ha preparado el don para nosotros. Dios dice: “He preparado este don de salvación para todos nosotros. Para poder eliminar todos vuestros pecados, he enviado a Mi Hijo a este mundo, pasando todos vuestros pecados a Mi Hijo, juzgando a Mi Hijo en vuestro lugar, haciendo morir a Mi Hijo en vuestro lugar y resucitando a Mi Hijo de la muerte para daros la vida eterna. Mi Hijo tomó todos vuestros pecados sobre Sí mismo de manera justa y los eliminó al ser juzgado por esos pecados. Mi Hijo es la garantía de que todos vuestros pecados han sido eliminados. A través de Mi Hijo, os doy este don de salvación que ha eliminado todos vuestros pecadores”.
“Recibid este don”. Cuando Dios nos habla de esta manera, debemos decir: “Sí. Gracias, Señor. Estoy muy agradecido” y creer en esto y aceptarlo con acción de gracias y obediencia. Entonces Dios estará complacido con nosotros por creer en Su Palabra.
Hemos tenido una relación incómoda con Dios por culpa de los pecados que se interpusieron entre Él y nosotros, pero esta relación incómoda es restaurada cuando aceptamos este don de salvación de Dios. Debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu para cambiar esta relación incómoda entre Dios y nosotros. Dios nos ha hecho hijos Suyos. Los seres humanos mueren después de haber vivido en este mundo, pero viviremos de nuevo después de morir y viviremos con Dios eternamente en Su Reino. Por eso nos salvó Dios.
El don de la salvación que Dios nos ha dado es diferente al pecado heredado de Adán. Toda la humanidad heredó el pecado a través de Adán y por tanto la humanidad continúa pecando hasta el momento de la muerte. Pero el Señor ha eliminado todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado y derramar Su sangre.
Nos convertimos en pecadores desesperados si entendemos lo que nos dice la Ley de Dios. Si una persona intenta convertirse en una persona justa cumpliendo la Ley, debe pedir perdón a Dios continuamente si comete un pecado de nuevo incluso después de haber orado por perdón por los pecados que acaba de cometer. Cometemos pecados continuamente desde que nacemos hasta que morimos, y el pecado nos molesta. Sin embargo, recibimos la remisión de los pecados para siempre si aceptamos en nuestros corazones el don de la salvación que Dios Padre nos dio para eliminar todos nuestros pecados a través de Su Hijo Jesús. Los seres humanos estamos cometiendo pecados continuamente hasta que morimos, pero el Señor eliminó todos nuestros pecados para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
Por tanto, si aceptamos en nuestros corazones este don de salvación que Dios Padre nos ha dado a través de Su Hijo, la salvación eterna se cumple para siempre y el efecto de esta salvación dura eternamente. La salvación que el Señor nos ha dado es eterna. Nuestros pecados nos molestan continuamente, pero Dios hace que la bendición de esta salvación que nos Dios mantenga a los creyentes continuamente.
Aquí está la gran diferencia: ¿Han sufrido continuamente mientras eran pecadores? ¿Sufrieron o no continuamente? Sí que sufrieron. Entonces, ¿qué ocurre cuando aceptan el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones? Que disfrutan del gozo de la salvación continuamente.
El que el Señor haya borrado los pecados del mundo es una de las mejores noticias del mundo. El que Jesús cumpliese toda justicia al ser bautizado por Juan el Bautista no es algo que se puede o no pueda creer. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que debemos creer absolutamente. El Señor dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6). Podemos recibir la remisión de los pecados solo a través de la fe que cree en la justicia de Dios e ir al Reino de Dios por fe. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad de la salvación para toda la humanidad. Jesús vino a este mundo y nos salvó al recibir el bautismo de Juan el Bautista, ser crucificado y resucitar de entre los muertos. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad eterna de la salvación. Es la Verdad que no cambia durante toda la eternidad. Las Escrituras dicen que una persona que ha recibido la salvación por fe es una persona que ha recibido la nueva vida.
Jesús vino a este mundo y se convirtió en nuestro Salvador al ser bautizado por Juan el Bautista, ser crucificado y resucitado de entre los muertos. Ahora, quien reconozca el Evangelio del agua y el Espíritu y acepte esta salvación en su corazón, recibe la salvación de sus pecados. También recibirán la remisión de los pecados y la vida eterna si creen en que todos sus pecados han sido pasados a Jesús y que Jesús tomó todos sus pecados a través de Su bautismo y el juicio en la Cruz. Ahora, quien haya recibido la verdadera remisión de los pecados a través de la justicia de Jesús no morirá eternamente porque está escrito: «El que come de este pan, vivirá eternamente» (Juan 6:58). Jesús también dijo: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero» (Juan 6:54). Nuestros cuerpos y almas mueren una vez, pero vivirán de nuevo. Una persona que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu ha recibido la vida eterna. La vida eterna es la bendición mayor entre todas las bendiciones.
Hace unos días, uno de los cantantes de pop más famosos de Corea murió de un ataque al corazón repentino. El otro día vi la noticia en la televisión y sus amigos y conocidos fueron a prestar sus respetos. Nuestros corazones estaban tan llenos de tristeza cuando vimos a esta gente llorar. Su relación podría haber sido la más bella de todas mientras estaban vivos, pero lloraban porque estaba muerto. Una persona muerta no tiene nada que decir, y no hay felicidad para los muertos. Está escrito: «Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» (Hebreos 9:27). Todo el mundo nace en este mundo una vez, pero recibe la pena por sus pecados porque no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu. Mientras una persona está viva, todavía tiene la esperanza de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, pero no tiene esperanza después de morir si no ha sido salvada.
Si alguien no recibe la remisión de los pecados y sigue viviendo con sus pecados intactos en su corazón, en otras palabras, si muere sin recibir la salvación que Dios le dio, será arrojada al fuego del infierno que nunca se apaga. Esta persona sufrirá en el infierno durante toda la eternidad. Esta no es una noción que salga de los pensamientos humanos, sino una verdad eterna. Por tanto, cuando una persona muere después de vivir en este mundo, todas sus amistades lloran por la muerte de esa persona. Es muy triste ver a una persona morir cuando no ha sido salvada y cuando no ha recibido la remisión de los pecados cuando estaba viva. Así, cuando una persona muere, la familia llora mucho. El padre del cantante que murió recientemente también murió de un ataque al corazón poco antes de la muerte de su hijo. Este cantante heredó los problemas de corazón de su padre y había pasado por dos operaciones de corazón. Como cantante profesional sacó a la venta tres álbumes. Tuvo bastante éxito como cantante profesional. Sus canciones fueron populares, pero ahora está muerto. No hay esperanza para los muertos.
Es bonito estar vivo. Estar vivo es bueno. Una persona viva puede sonreír y saber lo que es sentir gozo, ira, pena y felicidad. Estar vivo es bueno. Pero morir es muy triste. Es triste morir. Hay un dicho que dice: “Los hombres muertos no cuentan historias” y no hay nada que decir durante toda la eternidad cuando uno muere. Después de morir, el cadáver empieza a oler mal y debe enterrarse rápidamente. Una persona no puede encontrarse con un muerto aunque quiera y no puede reconciliarse con ese muerto. No se puede hacer nada con una persona muerta. No vale de nada llorar por una persona muerta.
Hay una canción que dice: “Hay una tumba en la montaña e incluso el cantar de un ave es triste”. Una persona que fue amada murió y fue enterrada en esa montaña. Cuando uno echa de menos a esa persona y va a la tumba de la montaña, la persona muerta no está allí y solo hay una tumba y solo las aves van allí a cantar. Incluso el cantar de los pájaros es triste para el visitante porque su corazón está triste.
Pero es bello y bendito recibir una nueva vida. Es inmensamente bello vivir para siempre. Queridos hermanos, el hecho de estar vivos es bello. No quiero que sean pesimistas acerca de su vida. Es tan bello estar vivo después de recibir esta nueva vida al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Es esto cierto o no? No piensen en suicidarse por muy desesperados que estén. Vivimos en la gloria espléndida de Dios gracias a la justicia de nuestro Señor. Nos hemos convertido en personas que vivirán eternamente como reyes gracias a la justicia de Jesucristo que nos ha salvado para siempre por el agua y la sangre. Pueden recibir la vida eterna si hacen que la justicia de Jesucristo sea suya. Jesús vino a este mundo y tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo al ser bautizado y se convirtió en nuestro Salvador al cargar con todos nuestros pecados en la Cruz, ser juzgado y morir en la Cruz, y ser resucitado de entre los muertos. Recibieron la remisión eterna de los pecados y una nueva vida cuando creyeron en este Jesús de corazón. Los que tienen pecados en sus corazones son como “muertos vivientes”. Sin embargo, una persona que haya recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu vive durante toda la eternidad. Así, debemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre por fe.
Leamos la Palabra del Libro de Hebreos 10:9-18.
«Y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado» (Hebreos 10:9-18).
Está escrito: «En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre» (Hebreos 10:10).
En este versículo, “esa voluntad” se refiere a la voluntad de Dios Padre, quien quiso enviar a Su Hijo a este mundo y hacer que eliminase todos nuestros pecados. Esta es la voluntad de Dios Padre para nosotros. Así, este versículo significa que, según esa voluntad de Dios Padre para nosotros, Jesucristo ofreció Su cuerpo para siempre como sacrificio puro por todos nuestros pecados para que fuésemos santificados perfectamente.
Dicho de otra manera, el pasaje de la Biblia dice: «Mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre», significa que Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo a los treinta al recibir el bautismo sobre Su cuerpo. Para tomar todos nuestros pecados sobre Sí mismo Jesucristo fue bautizado. Todos nuestros pecados fueron pasados a Jesús a través de Su bautismo. Y Jesús cargó con esos pecados del mundo hasta la Cruz y fue crucificado para recibir el juicio por nuestros pecados. De esta manera, Jesús derramó la sangre y murió en la Cruz, y eso significa que Jesús cargó con el juicio y la muerte en nuestro lugar. Y el que Jesús fuese resucitado de entre los muertos significa que el Señor ha encontrado una vida nueva para los que creemos en esta salvación.
 
 
“Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6)
 
Dios ha puesto todos nuestros pecados sobre Jesús, la iniquidad de toda la gente. Esto significa que Dios Padre ha puesto sobre Jesús todos los pecados de la raza humana a través de Juan el Bautista. Está escrito: «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados» (Isaías 53:5). Jesús fue crucificado y derramó la sangre en la Cruz y sufrió el dolor de que le escupiesen y le azotasen porque tomó todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista. Tomó todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista. Jesús gritó justo antes de dar Su último suspiro: «Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:46). Esto nos demuestra claramente que nuestro Señor sufrió el dolor de la condena de los pecados de los seres humanos. Como Jesús tomó todos los pecados de este mundo sobre Sí mismo mediante Su Bautismo, Dios Padre tuvo que juzgar a Jesús aunque es el único Hijo de Dios Padre. Así, esto significa que Dios Padre tuvo que juzgar a Su Hijo porque tomó todos los pecados de la humanidad sobre Sí mismo al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Por tanto, Dios Padre apartó la cara de Su Hijo y le juzgó y Su Hijo sufrió mucho dolor. ¿Por qué hizo esto Dios Padre? Esto lo hizo para salvar a todos los seres humanos de sus pecados para adoptarlo como hijos de Dios. Como Dios Padre pudo resucitar a Su Hijo después de un poco, Dios nos ha salvado a los seres humanos a través del sacrificio de Su Hijo. Este es el amor de Dios Padre. Está escrito: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).
Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista y fue crucificado hasta morir en la Cruz y eliminó todos nuestros pecados para siempre y nos hizo santos al ser resucitado. Queridos hermanos, ¿creen en esta Verdad? Está escrito: «Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados» (Hebreos 10:11). Una persona no puede ser salvada perfectamente mediante el sacrificio del Antiguo Testamento. Espiritualmente hablando, los pecados no se borran cuando cometemos pecados a diario y ofrecemos oraciones de penitencia al Señor y le pedimos perdón a diario. El precio del pecado es la muerte. Esta es la ley de Dios. Una persona debe recibir el juicio absolutamente si comete pecados. Debe morir para pagar el precio del pecado.
Sin embargo, para salvarnos de todos los pecados del mundo, Dios Padre envió a Su Hijo perfecto, a este mundo y le pasó todos los pecados para siempre mediante el bautismo y los eliminó eternamente. Dios Padre no nos salvó con la sangre de machos cabríos y becerros, sino con la sangre de Su Hijo (Hebreos 9:12). El Señor ha borrado todos nuestros pecados eternos para siempre. Por tanto, los que vivimos en esta era del Nuevo Testamento debemos saber que los pecados de nuestros corazones no pueden ser eliminados con tan solo creer en la sangre de Jesús derramada en la Cruz y decir: “Dios, por favor, perdona mis pecados. Perdona mi pecados de nuevo”. En Corea, hay un proverbio que dice: “Hasta los chinches tienen cara”. Esto significa: “Deben avergonzarse de sí mismo cuando hagan cosas malas una y otra vez”. Es vergonzoso que una persona que cree en Jesús cometa pecados todos los días y pida perdón por esos pecados todos los días. Pero, a pesar de esto, por mucho que pidamos perdón por nuestros pecados diarios, esos pecados no desaparecen. Por tanto, todos recibimos la salvación al creer en el bautismo que Jesucristo recibió de Juan el Bautista y Su sangre derramada en la Cruz.
Dios nos dijo: «Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:16-18). Por tanto, debemos ir ante la presencia de Dios con acción de gracias al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que es la justicia del Señor. Debemos darle gloria a Dios con acción de gracias creyendo en su verdadero Evangelio. Asimismo, debemos hacer la obra de Dios con acción de gracias y fe en el Evangelio del agua y el Espíritu que es la justicia de Dios. Debemos regocijarnos ante la presencia de Dios. Si tenemos muchos fallos incluso después de haber creído en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos reconocer que el Señor se ha llevado incluso esos pecados con Su bautismo y que ha recibido el juicio por esos pecados. Aunque no tengamos pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que es la justicia de Dios, cometer pecados es pecar, es decir, el pecado es pecado. Por tanto, debemos reconocer este pecado e ir al río Jordán donde Jesús fue bautizado por Juan el Bautista cuando reconozcamos que hemos cometido pecados. Esto es para confirmar que incluso estos pecados fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán.
La Ley de Dios está viva durante la eternidad. Por tanto, los pecados que cometemos son pecados. Debemos reconocer nuestros pecados así y confirmar si Dios ha borrado esos pecados cuando somos tan insuficientes, y creer que Dios los ha borrado. Al decir: “Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia”, Jesús fue bautizado por Juan el Bautista y eliminó todos nuestros pecados para darnos toda justicia. Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista y eliminó nuestros pecados para darnos toda la justicia. Así que, al creer en esta Verdad, no tenemos más pecados. Como el Señor ha eliminado todos nuestros pecados, podemos ir ante la presencia de Dios en cualquier momento con un nuevo corazón y vivir una vida digna haciendo la obra justa.
Por tanto, estamos muy agradecidos a Dios. Dios nos ha salvado perfectamente para siempre. Le doy gracias a Dios. Creo en Él. Como está escrito: «Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Romanos 5:20), como somos tan insuficientes ante la presencia de Dios, podemos aferrarnos a la justicia de Dios más firmemente reconociendo nuestras debilidades y viviendo esta vida espiritual aún con más lealtad al creer en la justicia de Dios. Podemos seguir la voluntad de Dios con más devoción.
 
 
Una persona que es rica en su justicia está viviendo una vida de fe incorrecta
 
Una persona que conoce sus propias debilidades y fallos conoce el amor de Dios, que es la justicia de Dios. Esta persona da gracias a Dios debido a sus debilidades por la fe que sabe que Dios ha eliminado sus pecados completamente para siempre. Así, esta persona vive su vida espiritual con lealtad y acción de gracias ante la presencia de Dios. Si se han aferrado solamente a la sangre de la Cruz hasta ahora, deben dejar esta fe equivocada. De ahora en adelante, cuando crean en Jesús deben creer en el bautismo de Jesús y la sangre derramada en la Cruz como su salvación. Jesús fue bautizado para eliminar todos nuestros pecados, y murió y resucitó para recibir el juicio por esos pecados y nos dio nueva vida a los que creemos en Él. Deben creer en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y Su sangre derramada en la Cruz como una verdad sola en sus corazones. Deben creer en ambas cosas como una. ¿Lo entienden?
Está escrito: «Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad» (1 Juan 5:6). Jesús nos ha salvado de los pecados del mundo mediante el agua, la sangre y el Espíritu y ahora recibimos la remisión de los pecados al creer en este Evangelio del agua y el Espíritu en nuestros corazones. Ahora podemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre al creer en esta Verdad.
Sin embargo, es bastante penoso que muchas personas que creen en Jesús en estos tiempos crean solamente en la sangre de Jesús derramada en la Cruz. Es bastante insensato que estén llorando todos los días sin saber que Jesús tomó sobre Sí mismo todos sus pecados al ser bautizado. Así, siguen solamente los deseos de su carne. Hablando espiritualmente, acaban adorando a becerros de oro y como resultado no pueden recibir la bendición de la remisión de los pecados en sus corazones. Entonces, no pueden estar agradecidos al Señor.
Sin embargo, ¿qué nos dice la Palabra acerca del tratamiento de nuestros pecados?
La Biblia dice:
«No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades,
Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.
Porque como la altura de los cielos sobre la tierra,
Engrandeció su misericordia sobre los que le temen.
Cuanto está lejos el oriente del occidente,
Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones» (Salmos 103:10-12).
Está escrito: «Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados» (Hebreos 10:12-14).
¿Nos ha hecho perfectos a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu el Señor o no? Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo perfectamente para siempre al recibir el bautismo y borrar todos esos pecados derramando Su sangre. ¿Ha eliminado Dios todos estos pecados o no? Sí los ha borrado. Por tanto, el Dios Trinitario es el Dios Misericordioso para nosotros. Es el Dios Santo. Es el Dios del amor. Es el buen Dios. Es el Dios justo. Es el Dios de la justicia. El Señor nos salvó de los pecados del mundo así.
Por otro lado, nuestros pecados no serían eliminados aunque creyésemos en Él durante la eternidad si el Señor no hubiese tomado nuestros pecados al recibir el bautismo. Entonces, aunque el Señor muriese en la Cruz cien veces, ¿qué tendría eso que ver con nuestros pecados? El que Dios sea justo significa que es muy justo. El Señor tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista, el representante de la humanidad, y murió en la Cruz para eliminar nuestros pecados. Y esto significa que el Señor se convirtió en nuestro Salvador al morir y resucitar de entre los muertos. Deben creer en la justicia de este Señor justo. No deben creer en Jesús a ciegas como el amor de Dios según su imaginación.
Deben conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos saber que el Señor ha eliminado todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Y deben estar agradecidos a Dios por fe. Y debemos creer que el Señor ha eliminado todos nuestros pecados de manera justa. Jesucristo, el Hijo de Dios Padre, vino a este mundo para salvarnos de nuestros pecados. ¿Cómo podríamos recibir la remisión de los pecados si no creyésemos que el Señor ha borrado todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu? El Señor ha eliminado todos nuestros pecados para siempre durante la eternidad y de manera infinita.
El Señor tomó sobre Sí mismo todos nuestros pecados, los pecados que cometemos desde que nacemos hasta que morimos, para siempre al ser bautismo; y se convirtió en nuestro Salvador al ser crucificado y resucitar de entre los muertos para siempre. ¿Creen en esto? Creo en el amor de Dios y la justicia de Dios al mismo tiempo. Creo de verdad. Por eso estoy feliz. Es maravilloso porque estoy feliz y es tan bueno. Estoy muy agradecido.
Está escrito en la Palabra: «Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré» (Hebreos 10:15-16). Cada persona tiene una mente y un corazón. Nosotros debemos tener la Palabra de testimonio en nuestros corazones y mentes que nos dice que nuestros pecados han sido eliminados. Debemos saber esto en nuestros corazones. Debemos creerlo en nuestros corazones. Debemos saber en nuestros corazones y en nuestras mentes que teníamos pecados, pero todos fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado. El bautismo de Jesús es el elemento indispensable para cumplir la justicia de Dios. Por tanto, si no conocemos la justicia de Dios, no podemos creer en Jesús correctamente porque no tendremos un conocimiento claro de lo que es la salvación. Algunas personas creen que debemos creer y no tenemos que entender específicamente. Pero, solo creer en Jesús a ciegas sin el conocimiento de la Verdad no es una fe verdadera. Esta es una fe supersticiosa. Esta no es la fe verdadera. La fe verdadera se establece solamente sobre la verdad. El Señor dijo: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Este versículo significa que debemos conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu.
Por tanto, al entender y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu en nuestros corazones y nuestros pensamientos, debemos saber que todos nuestros pecados han sido eliminados. ¿Lo entienden? ¿Creen en este verdadero Evangelio? Cuando conocemos y creemos en esta Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu basado en la Palabra de Dios, la Verdad se organiza en nuestros corazones y pensamientos.
Está escrito: «Añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado» (Hebreos 10:17-18). ¿Necesitan otras ofrendas para eliminar sus pecados ahora que Jesucristo ha eliminado todos sus pecados para siempre? No, no necesitan hacer más ofrendas para sus pecados. ¿Todavía tienen pecados en sus corazones? No tienen pecados. Toda la gente de este mundo no tiene pecados si cree. Jesús ha eliminado todos los pecados del mundo.
Sin embargo, la gente tiene pecados en sus corazones porque no lo sabe. La gente está siendo engañada por el diablo. Por eso cree que está viviendo en agonía y desesperación. El Señor ha eliminado todos nuestros pecados y por tanto nos ha hecho vivir con gozo y acción de gracias. Así hemos podido vivir con ayuda y las bendiciones de Dios mientras oramos al Señor: “Creo en el Señor”. No tenemos nada más que decir. Y lo único que tenemos que hacer es dar testimonio del Evangelio del agua y el Espíritu. Y una persona que escuche este Evangelio verdadero no tiene nada que hacer sino creer en él.
La gracia de la salvación de Dios es tan inmensa que es más profunda que el océano y más alta que el cielo. La gracia de la salvación del Señor es inmensa. Una nave espacial rusa subió al cielo y la Señorita Soyun Lee, la primera astronauta de Corea, iba en esa nave. ¿Llegaría esa nave al final del cielo si no parase? No habría fin si la nave siguiese subiendo durante la eternidad. La gracia de la salvación de Dios es más alta que este cielo. Es justa. La salvación del Señor no sería razonable si solo borrase los pecados de unas personas y no de otras. El Señor ha eliminado todos los pecados de la gente por igual mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor ha borrado todos los pecados de incluso los que le sustituyeron con becerros de oro como sus dioses.
Sin embargo, hay algunas personas que todavía tienen pecados, y hay personas que no creen en la justicia del Señor. El Señor ha borrado todos sus pecados, pero no pueden recibir la remisión de sus pecados si hacen de Dios un mentiroso y dicen que Dios ha eliminado sus pecados. Dios juzgará definitivamente a estas personas por sus pecados. Estas personas que hacen de este Dios de amor y justicia un mentiroso están cometiendo blasfemia contra el Espíritu de Dios. Son las personas que blasfeman contra la obra del Espíritu de Dios.
Queridos hermanos, ¿creen en el Evangelio del agua y el Espíritu con el que el Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados? Estoy seguro de que sí creen y yo también creo. Oremos. “Dios, por favor, deja que el Evangelio del agua y el Espíritu sea difundido a muchos cristianos de todo el mundo. Hazles creer en este Evangelio verdadero para que sean salvados de todos sus pecados”.
 
 
Una advertencia para ustedes
 
Leamos del Evangelio del Juan 12:20-26: «Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará».
En el versículo 26 el Señor dijo: «Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará» (Juan 12:26). ¿Es esta la Palabra de verdad o no? Sí, es la Verdad infalible.
 
 
Debemos seguir al Señor si queremos servirle
 
No podemos complacer al Señor con nada. Para complacer al Señor, debemos hacer las cosas que el Señor quiere que hagamos; debemos seguir las cosas que el Señor quiere que sigamos. Solo entonces podemos servir al Señor.
El Señor dijo antes de morir en la Cruz: “Que allí donde esté, Mi siervos también estén”. Dios se complace con la gente que sirve al Señor, la gente que sirve la justicia del Señor, la gente que vive como manzanas ornamentales (Éxodo 25:35) para la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu. Dios está muy complacido con estas personas. El Señor dijo que Su Padre honraría a estas personas.
¿Quién es la gente amada a los ojos de Dios? Son los que siguen al Señor y sirven al Evangelio del Señor. Si quieren recibir el Amor del Señor, entonces sigan al Señor. Para ello, hagan la obra que complace al Señor con la Iglesia de Dios. Entonces serán honrados por el Señor. Ser honrados significa ser amados por el Señor, ser bendecidos por el Señor y ser cuidados por el Señor. Es todo lo positivo. Por tanto los que seguimos al Señor somos muy valiosos.
El Señor dijo: «De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto» (Juan 12:24). El Señor dijo esto solo un poco antes de morir en la Cruz, y esta Palabra se refiere a que iba a ir a la Cruz y ser crucificado hasta morir porque había tomado todos los pecados del mundo mediante Su bautismo. Estaba diciendo que produciría mucho fruto al sacrificarse. Y nuestro Señor cumplió esta promesa que Dios le había hecho a Abraham. Al sacrificarse, Jesús cumplió esta Palabra completamente como promesa hecha a Abraham de que sus descendientes serían tantos como las estrellas del cielo (Génesis 22:17). Jesús la cumplió obedeciendo la voluntad de Su Padre. En realidad, Dios ha multiplicado a los descendientes espirituales de Abraham a través de Su justicia cumplida por el Señor Jesús. El Señor nos ha dado esta Palabra a los que vivimos en el presente.
Si servimos la justicia del Señor y la seguimos por fe, recibiremos las bendiciones abundantes de Dios. Puede parecernos que nada nos va bien, pero todo sale bien. Después de encontrar la justicia del Señor y seguirle hasta ahora, todo lo que mi corazón deseaba se cumplió. Muchas veces quería hacer algo para predicar la justicia del Señor, y el Señor me ayudó. Esto ocurre cuando servimos y seguimos la justicia del Señor. El Señor nos ayuda cuando servimos al Evangelio del agua y el Espíritu.
Están pensando: “Hemos servido al Evangelio tanto hasta ahora que nuestras lenguas se van a salir de la boca, pero el pastor debe estar diciendo que debemos trabajar aún más ya que está hablando del fruto que daremos en el futuro. Esto es lo que nos está diciendo hoy. Sé lo que va a decir a continuación”. Ustedes están pensando esto, ¿verdad?
Es verdad. Hemos servido al Señor diligentemente en circunstancias adversas. Aunque estábamos cansados seguimos orando al Señor y le servimos con lealtad; y continuaremos sirviendo al Señor en el futuro. Entonces el Señor nos ayudará como nos ha ayudado hasta ahora. El Señor lo arregla todo. Nos dará aún más.
Los científicos nos dicen que el nivel del agua del océano incrementará 6 metros si el glaciar del Polo Norte se derrite. Y dicen que 1/3 ya se ha derretido. Solo queda 2/3 y dicen que se derretirá más rápidamente. Los científicos han averiguado que tardará en derretirse entre 30 y 50 años, pero ahora han corregido este cálculo y dicen que serán entre 20 y 30 años. Pero ahora están pensando que pasará aún antes. Pero a pesar de esta advertencia la gente de este mundo se casa, come y bebe y sigue viviendo feliz como nos dicen las Escrituras. El Señor nos dijo en las Escrituras que el día de la destrucción vendría sobre nosotros como en los días de Noé, pero la gente no está interesada en estas cosas.
Sin embargo, solo tenemos que predicar este Evangelio un poco más. Somos los últimos trabajadores que trabajan como manzanas decorativas (Éxodo 25:34-37) para la obra de predicar el Evangelio en este mundo. En el futuro habrá muchos descendientes de Abraham por todo el mundo que escucharán este Evangelio del agua y el Espíritu que estamos predicando y del que estamos dando testimonio. Por tanto, multitud de personas volverán como hijos del Señor en los últimos días.
Están muy cansados, ¿verdad? Sus cuerpos están tan cansados mientras sirven el Evangelio que a veces pienso que debería aprender medicina tradicional coreana para curarles con hierbas y remedios medicinales. Yo he sufrido mucho por culpa de mi úlcera, así que he estado tomando medicinas occidentales durante 10 años. No me he puesto bien a pesar de tomar estos medicamentos recetados por el hospital y cuando como siento como si estuviese masticando arena. Es muy incómodo comer y me siento muy débil. Por eso, le pedió a Dios que me ayudase y Dios contestó mis plegarias. Ahora estoy mucho mejor porque uno de los miembros de nuestra iglesia encontró un remedio con hierbas de la montaña y me hizo una medicina. Me la he estado tomando y es muy buena para mis problemas de estómago. Ahora no me canso aunque esté predicando durante dos horas. Puedo predicar durante más de tres horas. Puedo predicar durante más de 10 horas. Puedo predicar muchas horas aunque ustedes se duerman.
Cuando parece haber un problema físico, Dios nos da la mejor medicina. Dios no nos ignora a nosotros ni nuestros problemas físicos. Aquí está el ministro Hanlim Lee, y este ministro Lee tiene problemas de digestión y no podía comer bien hasta el punto en que no podía hacer la obra de Dios. Pero ahora, después de tomarse estas hierbas, el ministro Lee está mucho mejor y puede hacer la obra de Dios bien también. Nuestros antecesores utilizaban las hierbas medicinales, pero la gente de hoy en día ignora estos métodos. Sin embargo, después de tomar esa medicina he podido digerir bien la comida y estar más fuerte, e incluso tengo la cintura más delgada porque he perdido mucha grasa en la zona del estómago. Seguro que aquellos de ustedes que estén más gruesos se habrán sentido interesados por esto, ¿no? Es cierto. Ayuda a la digestión y da energía. Una persona que no tenga problemas de digestión no lo necesita, pero una persona que sufre indigestión debería tomarse esta medicina. Cuando una persona toma esta medicina para la digestión le ayuda mucha y además no tiene efectos secundarios, da energía y ayuda a perspirar. Además también tiene efectos beneficiosos para la piel de las mujeres. Una persona sin problemas de digestión no tiene que tomarse esta hierba, pero si tienen problemas de digestión, deben tomarla. Creo que Dios nos da las medicinas necesarias y otras cosas para servir bien al Evangelio.
Según la velocidad de propagación del Evangelio del agua y el Espíritu, este mundo está yendo hacia la destrucción al mismo paso. Las hambrunas han llegado a límites extremos. En 2 o 3 años el ambiente alimentario será afectado gravemente. El período del caballo negro está en pleno efecto ahora. Habrá calamidades irreversibles en este mundo cuando llegue el período del caballo blanco. En ese momento estar vivo será un infierno. Cuando llegue ese momento las catástrofes naturales serán devastadoras y habrá un dictador absolutista que suba al poder.
En el presente estamos en el período de la hambruna. Como está escrito en las Escrituras, este es el período en el que un puñado de trigo es muy caro. Estos tiempos están aquí. Hay muchos factores que se darán juntos al final de los tiempos de repente. No habrá comida; el nivel del mar subirá, habrá tormentas devastadoras por todo el mundo; habrá terremotos y otros desastres naturales con más frecuencia; y habrá nuevas epidemias abundantes. Habrá desastres naturales como que la luz del sol se hará demasiado fuerte o demasiado débil.
Entonces, los corazones de la gente del mundo serán crueles y malvados. Habrá muchos casos de asesinatos todos los días. Cuando esto ocurra, ¿cuánto podrá vivir una persona en este mundo? ¿Cómo podremos sobrevivir? La destrucción del mundo llegará así.
Como en los tiempos de Noé, la destrucción llegará de repente. Noé hizo el arca como Dios le ordenó y después entró en el arca antes de que empezase el diluvio, pero el sol se salió y se puso de la misma manera todos los días hasta el día en que llegó el diluvio. Por fin, cuando llegó el día de la destrucción, Dios le dijo a Noé que entrase en el arca primero, y después con todos los animales en parejas, y entonces Dios cerró la puerta del arca. Cuando la puerta se cerró, empezaron los truenos y relámpagos y la lluvia empezó a caer de repente y llovió así durante cuarenta días. Además de los seres vivos en el arca de Noé, Dios destruyó a toda criatura viviendo fuera del arca sin excepción.
La destrucción del mundo entero llegará a este mundo en el futuro cercano, pero esta vez por fuego. No suelo dar sermones acerca de este tema. Ya hablé bastante de esto en el Libro del Apocalipsis hacer unos años. Así que no predico acerca de esto ahora. Es bastante difícil no deprimirse sin hablar de estas cosas.
Lo que estoy intentando decir es que el fin del mundo vendrá pronto si hacemos esta obra de predicar el Evangelio un poco más. Dios nos bendecirá cuando sirvamos al Evangelio. Entonces, ¿están preocupados los hermanos y hermanas jóvenes de no poder casarse? No se preocupen, hermanos solteros. Todos se casarán.
Sirvamos al Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor dijo que Dios Padre honrará a los que sirvan el Señor. Como está escrito: “Los justos vivirán por fe” (Romanos 1:17), si servimos al Evangelio, todo estará bendecido, incluyendo nuestro corazón, nuestro cuerpo, nuestras familias, nuestro ambiente, etc.
Sin embargo, aunque alguien haya nacido de nuevo, si esa persona no sirve al Señor, morirá seguramente. Esto no es algo que me haya inventado yo. El Señor dijo que estará con el que le sirve con lealtad. El Señor también dijo que Dios Padre honrará a esa persona que sirva al Señor. Por eso queremos vivir la vida que sirve al Señor.
¿Lo entienden? Le doy gracias a Dios.
¡Aleluya!