The New Life Mission

Sermones

Tema 21: Evangelio de Marcos

[Capítulo 5-2] < Marcos 5:25-43 > Aquellos que creen sólo en el Señor

< Marcos 5:25-43 >
“Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido muchas cosas de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: ‘Si tocare tan solamente su manto, seré salva.’ Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ‘¿Quién ha tocado mis vestidos?’ Sus discípulos le dijeron: ‘Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?’ Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: ‘Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote.’ Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: ‘Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?’ Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: ‘No temas, cree solamente.’ Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. Y entrando, les dijo: ‘¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme.’ Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dijo: ‘Talita cumi’; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.”
 
 
El Señor les otorga su gracia a quienes piden su ayuda. Cuando Jesús estaba viajando, a veces en el camino se encontraba con ciegos o leprosos y le rogaban que los sanara, diciendo: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!” Jesús, entonces, podía sanar a los leprosos y abrir los ojos de los hombres ciegos, bendiciéndoles con sus milagros. Estas personas se acercaban a Jesús porque creían que sólo Él, podía sanar sus enfermedades. Así, si realmente buscamos al Señor y lo procuramos, Él vendrá a nosotros a través de su palabra, su poder y de varias otras maneras. Y Él responderá a los deseos de nuestros corazones con su poder y su método.
Aquí en el pasaje de las Escrituras de hoy, vemos a una cierta mujer que sufría de hemorragia durante doce años. A pesar de que esta mujer había visto muchos médicos, todavía no podía ser sanada no importa cuánto dinero pagaba. Probablemente, ella trató de todo tipo de medicamentos sin importar el costo. Un día, la mujer escuchó que Jesús pasaría por su pueblo. Ella sabía quien era Jesús, ya que había escuchado de Él. En otras palabras, de oír de los grandes milagros y señales que Jesús realizó en varias ocasiones, como resucitar a muertos, sanar a los leprosos y los cojos, ella sabía quién era Jesús. Y llegó a creer que si Jesús era capaz de realizar esos milagros; su enfermedad se podía sanar sólo por tocar sus prendas de vestir.
Así, aunque la mujer estaba en medio de una gran multitud, se abrió paso a través de esta bulliciosa muchedumbre, tratando de acercarse más a Jesús. Y entre todo ese tumulto, silenciosamente tocó las prendas de Jesús. Quizá tan suavemente que, cualquier persona común, no se hubiera percatado de ello. Ella tenía la creencia de que incluso el más mínimo contacto podría sanarla.
 
 
La hemorragia es una enfermedad en que el sangrado no cesa
 
Imaginen el sangrar sin fin. Cuando no hay suficiente sangre en tu cuerpo, se sufre de anemia y cuando empeora, incluso mueres. Es imposible para quienes padecen de esta condición el llevar una vida normal. Por lo tanto se pueden imaginar cuán desesperadamente esta mujer anhelaba ser sanada de su sufrimiento. Haciendo cuenta de cómo esta mujer había gastado tanto dinero para sanarse, y que había visto a tantos doctores, podemos ver cuán desesperada estaba.
Su condición no había mejorado incluso después de probar todas las medicina y haber visto todos los médicos, pero una vez que ella tocó las prendas de Jesús, su hemorragia paró inmediatamente. Ella había dejado de sangrar. Sabiendo todo esto, Jesús preguntó quien tocó su vestimenta. ¿Jesús, el Hijo de Dios, preguntó esto porque realmente no sabía quien lo tocó, aun cuando sabía que ese poder había salido de Él? ¿O era para amonestar a la mujer por tocar su ropa sin permiso, que he hizo esta pregunta? La respuesta es no. Jesús estaba preguntando porque ya sabía la fe de la mujer, y Él quería enseñar esta fe a otros también. Por lo tanto, después de escuchar la respuesta de la mujer, Jesús le dijo a ella en medio de la multitud que los rodeaba: “Hija, tu fe te ha sanado. Ve en paz y se sanada de tu aflicción.”
Aquellos reunidos por oír rumores de Jesús, no tenían el tipo de fe que esta mujer tenía. Habían llegado porque querían para ver si los rumores eran verdaderos, y si así fuera, entonces tener sus problemas resueltos. Si realmente creyeran que Jesús era el Hijo de Dios, entonces no habrían atestado y bloqueado su camino, sino que en lugar, habrían abierto camino para Él, acercándosele educadamente y pidiendo ser salvados. Como Jesús sabía lo que traían en mente las personas que se reunieron allí, Él intencionalmente preguntó quien tocó sus prendas para hacerles comprender la verdadera fe. Y sólo por su fe, esta mujer fue liberada para siempre de la aflicción que la había atormentado por tanto tiempo.
Mis compañeros creyentes, si tienen un deseo, y le piden a Jesús ayuda con su fe sincera, entonces el Señor les responderá. Realmente, ¿Cuál es la enfermedad incurable para nosotros los seres humanos? ¿Cuál es esa enfermedad que, como la de la hemorragia que estaba sufriendo la mujer, no se pueda sanar con ninguna medicina? No es otra que la enfermedad del pecado que está en nuestros corazones. Estoy seguro de que también han visto muchas religiones diferentes en su deseo de recibir la verdadera remisión de los pecados. Ustedes han conocido muchos líderes religiosos y hombres de gran renombre, ¿pero realmente fueron sanados de su enfermedad del pecado?
Ninguna religión en este mundo puede nunca sanar la enfermedad del pecado que está en nuestros corazones. Sin embargo, si vamos a nuestro Señor, si creemos en Él, el Señor puede erradicar todos estos pecados que están en nuestros corazones. Si van ante el Señor con esta fe, entonces el Señor sanará todos tus pecados. No hay nadie que no se pueda sanar, si sólo tiene suficiente fe como la mujer que sufría de la hemorragia, y si él/ella, sólo va ante el Señor con tal fe. Todo el mundo puede ser sanado. Y eso nos está enseñando el pasaje de las Escrituras de hoy.
 
 
La mujer que sufría la hemorragia tenía fe en Jesús como su Salvador
 
La mujer en el pasaje de las Escrituras de hoy tenía la creencia de que si nadie más podía, entonces Jesús seguramente sanaría su enfermedad y que ella podría ser sanada sólo por tocar su ropa. Por lo tanto ella anhelaba ver a Jesús con todo su corazón. Es porque ella había llegado a creer así, que podría ser sanada su aflicción. También, nosotros acostumbrábamos atormentarnos por nuestra incapacidad para obtener el perdón de los pecados. Habíamos practicado varias religiones, tratando de resolver el problema del pecado. A pesar de que teníamos la idea, no sabíamos que teníamos que tener fe ante Jesús. Peor aún, no hemos tenido ninguna fe en lo absoluto. Sin embargo, cuando creímos que íbamos a recibir la remisión de los pecados si creyéramos en Jesús y cuando fuimos ante el Señor con un corazón de anhelo y escuchamos el Evangelio del agua y el espíritu, y cuando aceptamos esta palabra con el corazón y creímos en Él, finalmente nos curamos de la enfermedad de nuestros pecados.
Está escrito: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, herido molido por nuestros pecados;
el castigo de nuestra paz fue sobre él,
y por su llaga fuimos nosotros sanados” (Isaías 53:5).
Como dice de este pasaje, es porque Jesús pagó el precio de nuestros pecados en nuestro lugar, que fue sanada la enfermedad de nuestros pecados. Debido a que Jesús fue herido en nuestro lugar cuando debimos haber sido nosotros, y porque a Él lastimaron en lugar de nosotros, y como Él fue el reprendido en vez de nosotros, cuando teníamos que haber sido nosotros, fuimos liberados de nuestros pecados para disfrutar de paz y ser sanados. Todo esto surgió sólo por el poder de Jesús.
Si sólo van a Jesús y creen en Él, entonces, así como la fuente de la hemorragia de la mujer se secó, ustedes serán también completamente sanados de la enfermedad del pecado, de raíz. Puesto que el Señor ya ha hecho todo por ustedes, todo lo que tienen que hacer es llegar ante su presencia. A pesar de que ninguna religión o filosofía en este mundo pueda sanarlos de su aflicción del pecado, si encuentran a Jesucristo, creyendo que sólo Él puede sanar la enfermedad del corazón, serán hechos nacidos de nuevo. En otras palabras, todos y cada uno de ustedes que van ante el Señor por la fe, creyendo que sólo Él puede sanar la enfermedad, recibirán el perdón de los pecados. Es lo que el pasaje de las Escrituras de hoy nos está enseñando.
No hay ningún líder religioso que nos pueda sanar de nuestra enfermedad del pecado, no importa que tan dotado pueda estar ni que tanto ejercite poderes paranormales. Podrán tener algún alivio temporal de esos líderes religiosos, pero no pueden resolver su problema fundamental del pecado. Seguirán teniendo el problema del pecado, que aún queda sin resolver dentro de ustedes.
Por el contrario, si ustedes creen en el Señor, y ante su presencia lo escuchan con la firme convicción de que Él borraría de verdad todos sus pecados, entonces recibirán la remisión de los pecados de seguro. Esto es lo que está diciendo aquí nuestro Señor. Nuestro Dios es tal que, infaliblemente otorga su gracia a toda la gente que va ante el Señor con un deseo sincero de recibir su misericordia. El Señor responde también a nuestra oración sin falta, si sólo le ponemos nuestra fe, creemos en Él y le pedimos con todo nuestro corazón. La fe que deberíamos tener no es la que dice: “Dios probablemente contestaría mi oración,” sino uno dice: “¡Dios seguramente me responderá!” Si la mujer que padecía de hemorragia no tenía esa fe, entonces ella no habría sido sanada de su aflicción no importa cuánto tocara las prendas de vestir de Jesús.
 
 
El relato relacionado con la hija de Jairo
 
La sinagoga judía, como la iglesia de hoy, era un lugar de reunión, y Jairo era el jefe de una de ellas. Tuvo una hija que se estaba muriendo de una enfermedad grave y como él creía que Jesús podía sanar su hija, Jairo le había suplicado a Él que fuera a su casa y lo acompañó a su regreso. Fue en este transcurso que Jesús encontró a la mujer que sufría de hemorragia. Y mientras que la mujer era sanada, Jairo escuchó de su sirviente que su hija estaba muerta.
Al oír esto, aquellos alrededor de Jairo le dijeron que no llevara a Jesús a su casa. Probablemente pensaban que no había nada que Jesús podía hacer ya que la hija ya estaba muerta, o tal vez estaban tratando de encontrar gracia sólo para sí mismos. Sin embargo, Jesús no se detuvo, pero continuó hacia a la casa de Jairo, diciéndole: “No temas; sólo cree.”
Cuando Jesús llegó a casa de Jairo y vieron a la gente de allí llorando fuerte, dijo: “¿Por qué hacen esta conmoción y lloran? La niña no está muerta, sino dormida.” A pesar de que la gente ridiculizó a Jesús por decir esto, estrechó la mano de la niña y dijo: “¡Talita cumi!” La niña, entonces, se levantó de inmediato y anduvo. Si se traduce, la frase “¡Talita cumi!” quiere decir: “¡Pequeña niña, te digo a ti… levántate!”
Cuando el Señor curaba a los enfermos, Él no les decía que se podían sanar si cumplieran la Ley fielmente o hicieran muchas buenas acciones. Sólo les dijo que no temieran y creyeran en Él. Esto significa que si sólo creemos en el Señor Jesús, entonces nuestros deseos se harán realidad. Incluso los muertos pueden ser resucitados a la vida. Todos y cada uno de los problemas se pueden resolver. Eso es lo que nuestro Señor dice a nosotros a través del pasaje de las Escrituras de hoy.
El problema, sin embargo, es que más a menudo no contamos con algo distinto de Jesús. A pesar de que sabemos que es inútil el pedir ayuda a alguien, todavía creemos en nuestras mentes carnales; “Será diferente esta vez. Estoy seguro que será diferente.” Por lo tanto, debemos audazmente echar a un lado todas esas inclinaciones y reconocer que sólo Jesús puede resolver nuestros problemas y sólo Él puede hacer realidad nuestros sueños. Y ustedes deben darse cuenta de que sus problemas se resuelven sólo cuando piden al Señor su ayuda, confiando en Él y diciendo: “Señor, creo sólo en ti.” Esto es lo que nuestro Señor está diciéndonos aquí.
Todo lo que tenemos que hacer es sólo creer en Jesús. Sólo tenemos que creer que nuestros pecados han desaparecido gracias al sacrificio de Jesús. Jesús vino a esta tierra hace un mucho, mucho tiempo, y Él ya tomó consigo todos nuestros pecados al ser bautizado en el río Jordán. Si sólo creemos que Jesús asumió todos los pecados cometidos desde el día en que ustedes nacieron, hasta el día en que mueran, todos y cada un de los pecados cometidos tanto por su corazón, como con sus actos, entonces seguramente recibirán el perdón de los pecados y se convertirán en una persona justa.
Como nuestro Jesús es Todopoderoso, fiel y verdadero, si oramos a Él y le tenemos fe, nos responderá sin falta. Sin embargo, el problema es que en lugar de confiar en Él y pedirle su ayuda, ponemos más confianza en los mentirosos que nos rodean. Vamos con uno y con otro charlatán, pidiendo su ayuda y ofreciendo todo lo que tenemos, y cuando eso no funciona, sólo entonces volvemos a Jesús y buscamos su ayuda. Quizá por eso, Jesús esperó a que la hija del líder de la sinagoga muriera, en el pasaje de las Escrituras de hoy. Quizás Él, esperó a que muriera, para que Jairo pusiera toda su esperanza sólo en Jesús.
¿Cuál es la voluntad de nuestro Señor para con nosotros? “Si tienes tus propios medios, intenta todo lo que puedas y si eso no funciona, entonces pídeme ayuda.” Yo, entonces, resolveré tus problemas.” ¿Esto es lo que el Señor nos está diciendo? No, ¡por supuesto que no! Sólo nos mira tranquilamente y espera que podamos confiar en Él totalmente. Y Él hace intercesión al padre para nosotros (Romanos 8:34). Él está esperando que le tengamos fe. En otras palabras, el Señor está esperando que Oremos a Él con suficiente fe.
Tenemos que cumplir la voluntad del Señor. A pesar de que estamos muy propensos a renunciar a nuestras expectativas después de orar, nuestro Señor quiere ayudarnos. Eso es porque es el Dios viviente y nuestro Salvador. Nadie en esta tierra nos puede ayudar, sólo el Señor. Así que confiemos todos en el Señor, creyendo que Él infaliblemente nos ayudará siempre que necesitemos su ayuda. Nuestras oraciones, entonces, serán contestadas de seguro.
A pesar de que muchas de nuestras oraciones son contestadas, de vez en cuando vemos que algunas oraciones no son respondidas. Esto sucede cuando nuestras oraciones no corresponden con nuestra fe. Sucede cuando tenemos dudas incluso mientras oramos. El Señor dijo lo siguiente en Santiago 1:6-8: “Pero pida con fe, no dudando; por que el que duda, es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.” En otras palabras, quien ora mientras duda, no debe esperar que el Señor conteste su oración. Estas personas son de doble ánimo. Así que si sus peticiones no tienen respuesta a pesar de que oran constantemente, deberían examinarse ustedes mismos para ver si realmente tienen o no fe.
Si su oración es por sus propios deseos, esas oraciones no son respondidas tampoco. Refiriéndose a esto, se dice en Santiago 4:3, “Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” Entre los asistentes de la iglesia en la actualidad, hay algunos que de repente comienzan a asistir por las mañana a encuentros de oración o ayunan y oran. Cuando se les pregunta para que están orando, dicen que piden a Dios el ayudarles en sus nuevos negocios o para que sus hijos sean admitidos en la Universidad. Si su negocio es para la gloria del Señor, o si quieren que sus hijos vayan a la Universidad para servir al Señor mejor, Él aceptaría su oración con placer. Pero si su oración está motivada por sus deseos de hacer más dinero para satisfacer sus propios deseos, y quieren que sus hijos vayan a una buena escuela para agrandar su ego, entonces Dios nunca les responderá. Nunca deben por lo tanto, orar para satisfacer sus propios deseos carnales.
Encontramos muchos problemas en nuestras vidas. Esto es, precisamente, por qué necesitamos la ayuda del Señor. Pero ¿cuánto creemos en el Señor? ¿Cuánto confiamos en Él? El Señor está esperando a que pongamos toda nuestra fe en Él nada más. Esta esperando que tengamos esa fe. La hija de Jairo fue revivida. La niña se levantó con en el mandato único del Señor, “¡Talita, cumi!/ ¡Niña, a ti te digo, levántate!” Ella se levantó, sólo cuando el Señor lo había mandado.
Todos pasamos a través de muchas dificultades y sufrimos el problema del pecado en nuestras vidas reales. Y para encontrar una solución a estos problemas, vemos muchas religiones y a muchas renombradas personas, probando diferentes métodos, pero lejos de encontrar la solución, terminamos incluso con más sufrimientos. ¿A quien nos debemos entonces dirigir para encontrar la solución a todos los problemas de nuestras vidas? ¿Es al Señor, o deberíamos buscar un medio mundano? ¿Cómo hizo la mujer que sufría de hemorragia para encontrar su cura? ¿Cómo fue la hija de Jairo resucitada a la vida? Piensen en cual es la verdadera solución a los problemas de su vida.
Lo que todos nosotros debemos aprender del pasaje de las Escrituras de hoy, es que el problema del pecado nunca puede resolverse a través de cualquier ser humano. Entonces, ¿cuál es la solución para el problema de nuestros pecados? Cuando nuestro Señor fue bautizado en el río Jordán, Él tomó todos los pecados de todos en este mundo, y así es cómo se resolvió el problema de nuestros pecados. El Señor borró todos los pecados de ustedes y los míos. Y Él fue a la Cruz. Como Su cuerpo fue crucificado mientras soportaba todos nuestros pecados, Él pagó el precio de nuestros pecados en nuestro lugar, aunque éramos nosotros quienes debían haberlos borrado. A causa de este sacrificio, Él resolvió completamente el problema de nuestros pecados. Se logró solo por Jesús.
El Señor nos amó tanto que, ofrendó así su vida por nosotros, y ahora quiere que creamos sólo en Él. Y si sólo creemos en el Señor, derramará sus infinitas bendiciones sobre nosotros. ¿Aunque han recibido la remisión de los pecados, pueden ustedes realmente encomendar su vida entera a Él con fe? ¿Realmente creen que Él les ayudará? ¿Creen ustedes que los bendecirá? ¿Creen realmente sólo en el Señor? Todos nosotros necesitamos examinar nuestra fe.
Mis compañeros creyentes, la fe es todo acerca de la Palabra-hablada de Dios. Tenemos que empezar a acumular el conocimiento de Dios en nuestras mentes. Debemos seguir aprendiendo. Debemos, por tanto, continuar nuestras vidas en este mundo por la fe. Si sólo asistimos a iglesia con regularidad y creemos que es suficientemente, pereceremos en cualquier momento. Cuando ustedes y yo escuchemos la Palabra, debemos escuchar atentamente y creer en la Palabra de Dios con todo el corazón. ¿Creen ustedes que los mensajes que estoy predicando son de la Palabra de Dios? Si no pueden creer esto, entonces significa que no creen en Jesús tampoco. Compañeros creyentes, les pido que todos crean esta enseñanza. ¿Cuál es la verdadera fe? No es otra que creer en la Palabra-hablada de Dios. De hecho, todos nosotros debemos tener fe verdadera. También es necesario el poder examinar su fe para discernir si es o no la verdadera fe. Si su fe es tal que creen completamente en la Palabra-hablada de Dios, Él responderá a sus oraciones de acuerdo con esta fe. Estoy absolutamente seguro de que Dios les dará todo lo que ustedes pidan.
Los amonesto a todos ustedes para que aprendan sobre la fe y tengan fe. Ustedes prosperarán si tienen fe, pero si no tienen, y no la conocen, ni intentan aprender al respecto, insistiendo obstinadamente en su propio camino y dando prioridad a sus propios pensamientos carnales, entonces, ustedes perecerán al final. Aunque innumerables personas conocieron a Jesús y le siguieron, no todos los que lo conocieron, realmente lo siguieron, así como sólo uno de cada diez leprosos sanados regresaban a Jesús y le daban las gracias a Él (Lucas 17:12-17). Esto demuestra que la mayoría de ellos no tenían fe verdadera.
Queridos compañeros creyentes, debemos vivir por la fe, y debemos llevar nuestra vida de fe con el pleno conocimiento de quien es nuestro Señor. Sobre todo, debemos descansar todas nuestras esperanzas sólo en Él, y con este tipo de fe en el Señor, debemos vivir nuestra fe, y entonces así recibir sus innumerables bendiciones a lo largo de toda nuestra vida. Si están luchando con problemas difíciles, ustedes deberían encomendar todo al Señor con fe. Y deberían buscar orientación en los siervos de Dios y de sus santos, para que todos oremos por ustedes con un sólo corazón. Y si realmente no tienen suficiente fe, aprendan a tener fe de sus compañeros Santos y buscar su ayuda, y entonces, podrán llevar una vida bendita.