The New Life Mission

Sermones

Tema 19: Efesios

[Capítulo 5-6] < Efesios 5, 18-21 > Servir al Señor es la manera de estar llenos del Espíritu Santo

< Efesios 5, 18-21 >
«No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Someteos los unos a los otros. Someteos unos a otros en el temor de Dios».
 
 
El pasaje de las Escrituras de hoy está sacado de Efesios 5, 18-21, y me gustaría centrar mi sermón en el versículo 18 en particular: «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu». Antes de este pasaje, el Señor nos dijo a todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu: «Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias» (Efesios 5, 3-4). Este pasaje se nos dio a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor dijo que para los que se han convertido en justos por fe: «Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo» (Efesios 5, 13). Entonces nos dijo en el pasaje de las Escrituras de hoy que estuviésemos llenos del Espíritu Santo. Nuestra tarea para hoy es averiguar cómo interpretar este pasaje correctamente, y cómo estar llenos del Espíritu Santo en nuestras vidas.
El que debamos «estar llenos del Espíritu» (Efesios 5, 18), no significa que debamos dejarnos llevar por nuestras emociones. En realidad significa que debemos tener la plenitud del Espíritu de Dios en nuestras vidas. Para ello el Señor nos dijo que no estuviésemos embriagados con vino.
¿Cómo podemos asegurarnos de que estamos llenos del Espíritu Santo como el Señor nos pidió? Estar llenos del Espíritu Santo es estar inmersos en la voluntad de Dios. En otras palabras, llenarnos de Dios en todos los aspectos de nuestras vidas significa tener la plenitud del Espíritu. Todos los que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu tienen atributos carnales y espirituales. Así que los experimentamos en nuestras vidas, pero aún así, la dirección de nuestras vidas debe estar firmemente arraigada en los objetivos espirituales que Dios nos ha marcado.
 
 
Cuando nos sumergimos completamente en la obra de Dios, podemos tener la plenitud del Espíritu Santo
 
Anteriormente en Efesios 5, 3, el Apóstol Pablo nos dijo: «Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos», y en el pasaje de las Escrituras de hoy dice: «Estad llenos del Espíritu Santo» (Efesios 5, 18). ¿Cómo entonces podemos estar llenos del Espíritu Santo? Todos nosotros podemos estar llenos del Espíritu Santo si nos sumergimos en la obra de Dios en todo lo que hacemos, ya sea un trabajo, estudiar en la escuela o llevar un negocio. Para ello es absolutamente indispensable escuchar la Palabra de Dios que nos está dando a través de Su Iglesia. Si sus mentes están preocupadas con la obra de Dios, como dónde plantar una Iglesia y a quién predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, entonces pueden decir que tienen la plenitud del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es Dios. Por tanto, si nos sumergimos en la obra de Dios, seremos guiados por el Espíritu Santo. Nuestro deseo es establecer la Iglesia de Dios y predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Si oramos por esta obra de predicación del Evangelio y nos preparamos por ella en nuestras vidas, conseguiremos la plenitud del Espíritu en cuestión de tiempo.
Está escrito en Efesios 5, 18: «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución antes bien sed llenos del Espíritu». Si beben demasiado, se embriagarán. Pero si piensan en la obra de Dios, desean saber cuál es Su voluntad, y participan en las cosas que complacen a Dios, estarán llenos del Espíritu Santo. ¿De qué otra manera podemos conseguir la plenitud del Espíritu a no ser que dediquemos nuestras vidas a la obra de Dios y la predicación de Su Evangelio? Si caminamos hacia la luz como deben hacer los hijos de la luz, entendemos qué es la voluntad de Dios, oramos por la obra de Dios que se revela a través de la Iglesia, buscamos lo que la Iglesia de Dios necesita y lo que toda alma necesita, y deseamos de todo corazón servir al Señor, podemos estar llenos del Espíritu en nuestras vidas.
¿Y ustedes? ¿Están participando en la obra de Dios de edificar Su Iglesia? ¿Cuánta atención están prestando a la obra de Dios, ya sea plantando Iglesias en el extranjero o sirviendo a las almas perdidas de su alrededor? Si piensan siempre en la obra de Dios que salva a las almas y orar por la predicación del Evangelio, estarán llenos del Espíritu Santo. Si por el contrario se embriagan con el mundo, pensando que nada importa ya porque han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y que no irán al pecado, entonces no podrán tener la plenitud del Espíritu. Solo cuando hacen la obra de Dios su vida podrá estar inmersa en el Espíritu de Dios.
 
 
Cuando oramos a Dios para que se haga Su voluntad, tenemos un solo corazón con Dios
 
Cuando somos un solo corazón con Dios en nuestras oraciones, estamos siendo guiados por el Espíritu Santo. Todo santo debe cuidar de la obra del Espíritu en vez de la obra del mundo. Todos los santos que han recibido la remisión de los pecados deben estar inmersos en la obra del Espíritu. Probablemente sepan bien que los santos pueden estar llenos del Espíritu Santo solo si están inmersos en la obra del Espíritu en vez de en las cosas del mundo. No debemos dejar de estar inmersos en la obra del Espíritu y dejarnos llevar por las cosas del mundo. Es absolutamente imperativo que sepamos cuál es la voluntad de Dios, nos sumerjamos en Su obra y dediquemos todas nuestras fuerzas a la obra del Señor, para que la voluntad de Dios se cumpla en el mundo. Entonces podremos conseguir la plenitud del Espíritu Santo.
La experiencia nos dice que cuando predicamos a otros el Evangelio del agua y el Espíritu, nosotros quedamos inmersos en la plenitud del Espíritu. De hecho, la vida de los justos es una vida llena del Espíritu Santo. Nosotros tenemos un mundo separado de este mundo, un mundo lleno del Espíritu Santo.
¿De qué está lleno este mundo? Hablando espiritualmente, este mundo se refiere a uno en el que todos los santos pueden vivir una vida justa por los demás. Cuando vivimos en este mundo espiritual con la plenitud del Espíritu Santo sus corazones se renuevan, se llenan de gozo. Cuando hacen la obra de Dios así, pueden experimentar la plenitud del Espíritu en sus vidas.
Algunos de ustedes pueden pensar que este gozo es solo la satisfacción que reciben cuando hacen un bueno trabajo, y se pregunten cómo es esta plenitud del Espíritu. Pero lo que debemos entender ahora es que cuando hacen la obra de Dios, el Espíritu Santo obra con ustedes. Por eso pueden conseguir la plenitud del Espíritu. Por tanto es muy importante que prestemos la atención necesaria a la obra de Dios. Si hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no debemos estar interesados en el mundo, sino que debemos prestar atención a la obra de Dios. Solo cuando participamos en la obra que complace a Dios podemos tener la plenitud del Espíritu. Dicho de otra manera, la plenitud del Espíritu puede conseguirse solo cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu y lo servimos.
El Apóstol Pablo nos avisó a todos en el pasaje de las Escrituras de hoy: «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Someteos los unos a los otros. Someteos unos a otros en el temor de Dios» (Efesios 5, 18-21). Cuando cantan himnos para alabar a Dios su corazón está inmerso en Su amor. Cuando se sumerjan en la obra de Dios, estarán llenos del Espíritu Santo en poco tiempo.
 
 
El Apóstol Pablo nos dijo que nos sometiésemos los unos a los otros por temor a Dios
 
Pablo dijo que estaríamos llenos del Espíritu Santo si le damos gracias al Señor temiendo a Dios y alabándole mientras confiamos en el Evangelio del agua y el Espíritu. La Biblia también dice que la plenitud del Espíritu se consigue cuando vivimos en la luz, pensamos en Dios, nos preocupamos de Su obra y la llevamos a cabo.
Les voy a hacer una pregunta: mientras vivimos con fe en este mundo, ¿cuánto pensamos en la obra de Dios? ¿Cuánto nos preocupamos por la obra de Dios más que en nuestros propios asuntos? Todos nosotros debemos examinarnos individualmente para ver cuánta atención le estamos prestando a la obra de Dios. Ya he dicho esto en diferentes ocasiones, pero si no hacen la obra de Dios, aunque hayan recibido la remisión de los pecados, y si solo van a la iglesia los domingos, este culto puede degenerar en un ritual formal. Las vidas de fe de estas personas serán aburridas, pesadas y difíciles. Debemos adorar a Dios con nuestros corazones, preocupándonos de Su obra en nuestras vidas diarias y siguiendo Su voluntad todo el tiempo. Cuando dejamos nuestras ocupaciones mundanas y nos reunimos para adorar, debemos orar a Dios con un corazón para pedirle ayuda, para que cure las heridas de nuestros corazones con la Palabra de Dios, y crezcamos en la fe. Cuando vivimos así, el culto que le ofrecemos a Dios nos da muchos beneficios y le da gloria a Dios. Este culto bendito que se nos ofrece a través del Evangelio del agua y el Espíritu es lo que nos da la plenitud del Espíritu.
 
 
¿Nos preocupamos por el deseo de Dios y lo que nos ha encomendado en nuestras vidas?
 
Es absolutamente imperativo que todos sepan lo que Dios quiere de nosotros y la obra que nos ha encomendado, y también debemos hacer todos los preparativos necesarios para la obra de Dios y llevarla a cabo. Entonces podemos recibir la plenitud del Espíritu.
Aunque hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no podemos conseguir la plenitud del Espíritu a no ser que sirvamos a la obra de Dios con lealtad. Quien no predique el Evangelio del agua y el Espíritu, que constituye la justicia del Señor después de haber recibido la remisión de los pecados al creer en este Evangelio verdadero, estará corrupto al final. Podemos sustentar nuestras vidas de fe y seguir estando llenos del Espíritu Santo cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha traído la remisión de los pecados.
Por tanto, si no servimos a esta obra de la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu aunque creamos en este Evangelio, entonces será imposible mantener nuestras vidas de fe, y la fe de nuestras almas también se corromperá. Si creemos de verdad en el Evangelio del agua y el Espíritu, entonces tendremos que prestar atención a la salvación de otras almas, no solo a nosotros mismos. Deberíamos prestar atención a la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu. Si no podemos predicar el Evangelio directamente, debemos apoyar el ministerio del Evangelio desde detrás de la mejor manera en que podamos, ya sea mediante contribuciones monetarias, servicios voluntarios, u oraciones. Mientras vivimos con fe, debemos apoyar al ministerio del Evangelio de todas maneras posibles. Esto se debe a que al servir a la obra de Dios, nuestros corazones consiguen la plenitud del Espíritu.
 
 
¿Cuándo se sumergen nuestros corazones en la justicia de Dios?
 
El Evangelio del agua y el Espíritu constituye la justicia de Dios. Cuando servimos este bello Evangelio, tenemos a Dios y le glorificamos. Pero a no ser que nos preocupemos de la justicia de Dios en nuestras vidas diarias, no podemos servir al Evangelio de repente. Por tanto, debemos pensar en la justicia de Dios todo el tiempo y hacer Su obra por fe. Por supuesto, como hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestros corazones viven en la paz del Señor aunque a veces nos veamos inundados por tanto trabajo. Para predicar el Evangelio debemos planear la obra de Dios con tiempo y orar a Dios con detalles para conseguir hacer esta obra. Si dejamos de plantar iglesias o no servimos al Evangelio del agua y el Espíritu de otra manera, acabaremos perdiendo nuestra fe.
 
 
Todos nosotros deseamos estar llenos del Espíritu Santo
 
¿De verdad quieren estar llenos del Espíritu? ¿Por casualidad hay alguien que esté pensando: «Estoy demasiado cansado para interesarme en la plenitud del Espíritu»? Si viven en la plenitud del Espíritu, sus corazones estarán llenos de gozo ante todo. Así que, cuando predico la Palabra de Dios, me siento tan bien como si viviese en otro mundo.
Al predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, podemos tener los corazones llenos del Espíritu Santo. No sería una exageración decir que todo el mundo, incluidos nosotros, está obsesionado con algo. Los psiquiatras dicen que todo el mundo tiene algún tipo de enfermedad mental de una manera u otra. Entonces, ¿los psiquiatras mismos también tienen enfermedades mentales? Sí, ellos también. Los médicos y los pacientes viven en la locura. Con locura quiero decir completamente inmersos en una cosa u otra. Así que en este contexto estar loco significa estar obsesionado con algo.
Cualquier gozo que venga de estar obsesionado con las cosas de este mundo no dura. Quizás la locura no sea una palabra apropiada para aplicarla a la obra de Dios, pero si están locos por la obra de Dios y se sumergen en ella, sus mentes se aclararán, habrá gozo en sus corazones y sus vidas valdrán la pena. La plenitud del Espíritu solo al pueden conseguir los que, después de recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, sirven al Señor con toda devoción y trabajan en la obra de Dios en sus vidas diarias. Por el contrario, los que no prestan atención a la obra de Dios no pueden estar llenos del Espíritu Santo. Además, solo los que están inmersos en la obra de Dios pueden recibir y disfrutar todas las bendiciones que están en la obra de Dios. Así que les pido que estén llenos del Espíritu Santo todos los días al servir al Evangelio del agua y el Espíritu con más lealtad. Recuerden que solo pueden conseguir la plenitud del Espíritu cuando se preocupan de la obra de Dios y sirven al Señor con lealtad. No deben olvidar esta verdad pura.
La plenitud del Espíritu solo se consigue cuando creemos en la justicia de Dios y la servimos. Es absolutamente imposible que estén llenos del Espíritu sin creer en la justicia de Dios ni servir a Su obra. Tampoco es posible conseguir la plenitud del Espíritu sin escuchar la Palabra de Dios en las reuniones de Su Iglesia. Por tanto, deben unirse a la obra de Dios confiando en Su justicia. Solo entonces podrán estar llenos del Espíritu Santo en su vida. Solo cuando viven con fe unidos a sus hermanos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, pueden conseguir la plenitud del Espíritu.
 
 
Los peligros de la autocomplacencia
 
No debemos sucumbir a la autocomplacencia, y estar satisfechos con solo recibir la remisión de los pecados. No podemos permitirnos sentarnos sin hacer nada y no hacer la obra de Dios. Si de verdad hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos entender cuál es la voluntad de Dios y servir a Su obra en unidad. Solo entonces podremos ser gente de fe que camine con Dios siempre. Aunque hayamos recibido la remisión de los pecados y estemos sin pecado, si vivimos como si no tuviésemos que servir a la justicia de Dios por fe, y no prestamos atención a lo que hace la Iglesia de Dios, no podremos conseguir la plenitud del Espíritu. Ahora que han recibido la remisión de los pecados, deben servir a la justicia de Dios, seguir Su voluntad, preocuparnos por Su obra, orar por ella y vivir con nuestros hermanos santos en unidad. Esta vida que se vive conociendo la justicia de Dios y teniendo fe en ella es la verdadera vida de fe que se vive con la plenitud del Espíritu.
Entre nosotros hay personas que no quieren servir al Evangelio de la justicia de Dios a pesar de haber recibido la remisión de los pecados. Pero ¿es correcto que un santo redimido sirva a las cosas del mundo en vez de servir al Evangelio de la justicia de Dios? No, por supuesto que no. Si están preocupados por los asuntos del mundo y no hacen la obra de Dios aunque hayan recibido la remisión de los pecados, no podrán recibir las bendiciones de Dios. Esta gente no puede ver la obra bendita de Dios en sus vidas. Aunque Dios les bendiga, no podrán ver esto con sus ojos. Así que acaban haciendo cosas estúpidas. Por el contrario, los que están benditos por Dios saben qué es la obra que Dios les ha encomendado y son fieles a ella.
Dios se complace con alguien que haga Su obra según Su voluntad. Cuando miro a nuestros santos redimidos, a veces veo a gente que no quiere hacer la obra de Dios a pesar de haber recibido la remisión de los pecados. Aún es peor, algunos de ellos quieren que les sirvan. Pero es un gran gozo para los redimidos servir a los demás. Aún así algunos santos no se dan cuenta de esto, así que desean ser servidos por los demás. Si solo quieren ser servidos por los demás y se niegan a servir a Dios y predicar el Evangelio de la justicia, su fe no puede crecer. Cuando hacen la obra de Dios, pueden confiar en su fe y obrar diligentemente. Mientras vivimos en este mundo, a veces otros nos sirven, y a veces servimos a los demás. Por supuesto, el problema es que algunos queremos que todo el mundo nos sirva. Esto está mal. Si de verdad queremos experimentar la plenitud del Espíritu, ver con nuestros propios ojos que Dios está caminando con nosotros, y tener toda confianza en que nos está bendiciendo según todas Sus promesas, debemos decidirnos a servir la obra de Dios ante todo. Si de verdad amamos a Dios así, amamos Su obra y servimos a las demás almas sinceramente, muchas almas recibirán la remisión de los pecados. Aunque suframos muchas pérdidas, si otra persona se salva de todos sus pecados gracias a su trabajo, entonces esto es suficiente para que nuestros corazones estén llenos de gozo y del Espíritu Santo. Su vida de fe empieza a ir por el mal camino cuando se niegan a servir a Dios y les piden a los demás que les sirvan. Las creencias egoístas son la raíz de todos los factores que les hacen separarse de una vida llena del Espíritu.
 
 
Intenten hacer la obra de Dios
 
Hacer la obra de Dios es la manera de conseguir la plenitud del Espíritu. Después de todo, ¿no están contentos nuestros corazones cuando hacemos la obra de Dios? Estoy seguro de que todos hemos experimentado esto mientras servimos a la justicia de Dios. Cuando invitamos a alguien a cenar, no solo es nuestro invitado el que está contento, sino que nosotros también estamos contentos de hacer feliz a nuestro invitado. El gozo que sienten cuando sirven a la justicia de Dios es mucho más grande, y no se puede describir. Este gozo es diferente al de los placeres carnales. Así, todos los que sirven a la justicia de Dios pueden vivir con la plenitud del Espíritu que les da un gozo maravilloso todo el tiempo.
Los que se niegan a hacer la obra del Señor y solo se preocupan de sí mismos no pueden vivir vidas de fe correctas. Pero los que dedican sus vidas enteras a Dios y se lo confían todo a Dios viven vidas llenas de fe y de gozo; además están en paz y disfrutan de muchas bendiciones.
Cuando pasamos a Hechos de los Apóstoles 20, 35, vemos al Apóstol Pablo citando a Jesús: «Es más bendito dar que recibir». Como Pablo citó de la Palabra de Dios aquí, servir a la justicia del Señor es la mayor bendición de todas. Sin embargo, el problema es que algunos de nosotros tenemos un concepto distinto de las bendiciones de Dios. Si vivimos para predicar el Evangelio del Señor, Él nos dará Su gracia de muchas maneras. Por supuesto, no hacemos la obra del Señor solo para que se nos recompense. Pero esto no cambia el hecho de que el Señor nos da Su gracia a todos los que servimos y predicamos el Evangelio de la justicia. Esta gente trabaja sin descanso para predicar el Evangelio de Dios y reciben Su gracia. Aunque el Señor se ocupe incluso de los que no le sirven, hay un límite. Él añade más gracia a los que sirven a la justicia del Señor. Pero el Señor es tacaño con los que son tacaños con Él. Los que están completamente dedicados al Señor y llenos de Su justicia están vestidos de la gracia abundante del Señor. Así que les pido que se den cuenta de esto y sirvan a la justicia del Señor, porque esta es la vida santa de fe que vale la pena vivir. La plenitud del Espíritu viene de vivir una vida así. En otras palabras, están llenos del Espíritu Santo cuando hacen la obra de Dios y sirven a Su justicia. Además al servir a la justicia de Dios, le podemos alabar.
Piensen por un momento en los que tienen a su alrededor, los que han ido por el mal camino. Hay muchas personas que una vez vivieron con fe con nosotros en la Iglesia de Dios pero se fueron después. ¿Qué tiene toda esta gente en común? Que odiaba servir al Señor. Los que se separaron de la obra de Dios y de Su Iglesia no desean hacer la obra del Señor y solo quieren que les sirvan.
Esta gente no predica el Evangelio del agua y el Espíritu porque no quiere ser perseguida. Pero aún así, solo quiere que los demás la sirvan y espera recibir las bendiciones de Dios incondicionalmente. Además, como estas personas son muy tacañas en la obra de Dios, solo se preocupan de sus propios asuntos. Si viven así, significará que sus corazones están en un mal lugar, y por tanto acabarán separándose de la Iglesia de Dios. Aún peor, se separarán de Dios por completo, del Salvador que les ha librado de todos sus pecados. Al final abandonarán al Señor Dios como Caín. ¿Por qué abandonó Caín al Señor Dios? Por culpa de su propia justicia.
 
 
Si hemos recibido la remisión de los pecados, es cuestión de tiempo que sirvamos a la justicia de Dios
 
El gozo que viene de servir a la justicia de Dios es indescriptible. Como nuestro Señor ha borrado todos nuestros pecados, y estamos sin pecados al creer en el Señor y ya no estamos destinados a ir al infierno, ¿qué más tenemos que hacer en este mundo? ¿Qué gozo puede haber en nuestras vidas a no ser que los justos prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu para revelar la justicia de Dios? No puede haber gozo para nosotros si no servimos a Dios de todo corazón. De hecho nuestro gozo está determinado por lo mucho que confiemos en la justicia del Señor y sigamos Su voluntad, cuanto más lo hagamos, más gozo sentiremos. Por tanto, los que no hacen mucho por servir al Señor, no pueden encontrar ningún gozo en vivir con fe y seguir la voluntad de Dios. Esta gente no puede encontrar nada excitante en la Iglesia porque lo que ocurre en ella no tiene nada que ver con ella. Por el contrario, los que sirven al Evangelio del Señor de todo corazón están llenos de gozo indescriptible cuando ven que las almas reciben la remisión de los pecados gracias a la Iglesia de Dios. Estos santos consideran el éxito de la Iglesia de Dios como su propio éxito. Como creen que ellos son glorificados cuando Dios es glorificado, son un mismo corazón con Dios. Así es como los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden caminar con Dios como Enoc en el Antiguo Testamento. Todos nosotros debemos ser gente de fe y soportar todo sufrimiento con Jesucristo y ser glorificados con Cristo.
Si no tuviésemos nada que hacer después de recibir la remisión de los pecados, nuestras vidas serían demasiado aburridas. Si no servimos al Evangelio del agua y el Espíritu ni participamos en la obra de la Iglesia de Dios para apoyar el ministerio del Evangelio, nuestras vidas en este mundo no tendrán sentido. ¿Qué emoción tendríamos si no tuviésemos nada que hacer para servir al Evangelio del agua y el Espíritu? Simplemente estaríamos como en una rueda, nos levantaríamos todas las mañanas, desayunaríamos, iríamos a trabajar o a la escuela, volveríamos a casa, nos iríamos a la cama, y el día siguiente empezaríamos el ciclo de nuevo. ¿Tendría alguna emoción una vida así? No, simplemente se aburrirían pensando en vivir una vida tan repetitiva y vacía día tras día.
Como gente de fe justa, ¿cuál es su entretenimiento? ¿Cómo pasan el tiempo? Para los que hemos recibido la remisión de nuestros pecados, nuestro pasatiempo es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, el único y verdadero Evangelio de Dios. Por supuesto, estoy hablando en metáforas, porque estoy seguro de que cada uno tiene un pasatiempo diferente, pero espiritualmente, sabemos que nuestro pasatiempo común en la Iglesia de Dios es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Cuál es nuestro pasatiempo como personas que han recibido la remisión de los pecados? Como justos, participar en la obra de dios es nuestro pasatiempo.
¿No es nuestro pasatiempo predicar el Evangelio del agua y el Espíritu? Algunas personas se enfadan conmigo cuando les digo que crean en el Evangelio del agua y el Espíritu y reciban la remisión de los pecados, y me dicen: «¿Por qué me dice estas cosas tan desagradables si le he dicho que no le voy a escuchar más?» Yo les digo: «Mi pasatiempo es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, así que mi vida sería demasiado aburrida si dejase de predicar el Evangelio. Les estoy predicando el Evangelio porque es mi pasatiempo». Por supuesto, predico el Evangelio del agua y el Espíritu para la salvación de las almas, pero también es mi deber predicar el Evangelio y por eso no debo dejar de hacer esta obra. Además el Espíritu Santo está en mi alma, y por eso es mi vocación predicar el Evangelio. Por eso le digo a todo el mundo: «¿Por qué no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y reciben la remisión de los pecados? Es maravilloso recibir la remisión de los pecados. Yo estoy muy contento de haber sido redimidos de mis pecados. Ustedes también estarán contentos cuando reciban la remisión de sus pecados. Sus vidas cambiarán por completo. Esto se debe a que, cuando reciben la remisión de los pecados, no solo serán librados de todas las maldiciones de la destrucción, sino que también recibirán la vida eterna y encontrarán verdadero gozo».
Si los santos no tienen nada que ver con servir al Señor, esta vida en el mundo será insoportable. Sé esto por mi propia experiencia me ha enseñado, como hubo algún tiempo en que no podía servir al Señor durante un año y medio aunque deseaba hacerlo. Durante este tiempo, cuando mis circunstancias no me dejaron servir al Evangelio del agua y el Espíritu, me di cuenta de lo maravillosa que es la bendición de servir al Evangelio del agua y el Espíritu cuando puedo. Patrick Henry, un luchador americano de la independencia, dijo: «¡Dadme la libertad o la muerte!» Así es como me sentí cuando me encontré en una situación en la que no podía servir al Evangelio del agua y el Espíritu. Era tan miserable que hubiera preferido morir que vivir una vida sin sentido. Estaba tan frustrado que incluso prefería que Dios se me llevase de este mundo. Así que imaginen lo contento y agradecido que estuvo cuando pudo servir a la justicia del Señor.
Mis queridos hermanos, como los redimidos tienen al Espíritu Santo viviendo en nuestros corazones, debemos hacer lo que le complace al Espíritu. Precisamente como tenemos al Espíritu Santo, nuestros corazones pueden estar contentos solo si servimos al Evangelio del agua y el Espíritu del Señor. Esto se debe a que el Espíritu Santo se complace cuando servimos al Evangelio. Así que, como el Espíritu Santo vive en nuestros corazones, y se regocija cuando servimos a la justicia del Señor, nuestros corazones se regocijan cuando servimos al Señor. Por tanto, todos debemos venir a la Iglesia, escuchar la Palabra, orar a Dios y participar en Su obra para predicar el Evangelio por todo el mundo. Es la vocación natural de cada santo justo servir al Evangelio de Dios de todas maneras posibles. Es absolutamente importante darse cuenta de que hagan lo que hagan como santos justos, ya beban o coman, deben hacerlo todo para servir a Dios. Incluso el comer y el beber se hacen por Dios. Así que les pido que se den cuenta de que la plenitud del Espíritu se encuentra en servir a la justicia de Dios.
¿Piensan que hay otra manera de estar llenos del Espíritu Santo? ¿Piensan que pueden conseguir la plenitud del Espíritu si oran mucho, como piensan muchos cristianos equivocados? No, no es así. El Espíritu Santo desciende sobre ustedes cuando creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y reciben la remisión de los pecados en sus corazones. Esto significa que el Espíritu Santo no viene a sus corazones solo porque oren mucho, como dicen muchos cristianos que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Estos cristianos equivocados, por culpa de su absoluta ignorancia, creen que el Espíritu Santo viene a sus corazones cuando oran mucho. Por supuesto, cuando oran, pueden llegar a entender la voluntad de Dios. Pero el Espíritu Santo nunca entra en los corazones que tienen pecados. Esto se debe a que el Espíritu Santo, como el nombre sugiere, es fundamentalmente santo, y por tanto no puede vivir en un corazón sucio. El Espíritu Santo solo vive en los corazones limpios de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, y gobierna en su corazones. Pero si no servimos al Evangelio del agua y el Espíritu, el Espíritu Santo estará callado en nuestros corazones. Solo cuando servimos a Dios, aunque sea nuestro último día en la tierra, el Espíritu Santo en nuestros corazones estará contento de obrar en nuestras vidas. De lo contrario la obra del Espíritu Santo en nosotros se marchitará.
 
 
Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu están más llenos de gozo cuando predican la justicia del Señor
 
Para los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿qué es el pan espiritual que sustenta sus vidas? La predicación del Evangelio del agua y el Espíritu constituye la justicia de Dios y es nuestro pan espiritual, y esto es lo que sustenta nuestras vidas. Todos los que nos hemos convertido en personas justas, recibimos el aliento espiritual y la vida misma cuando servimos y predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu. La obra de la vida que hacen los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu es servir a la justicia de Dios. Puede que piensen que no sé lo que digo, pero esta es la verdad.
¿Piensan que sus corazones estarían libres de problemas si no predicasen la justicia de Dios en sus vidas? No, no sería así. Si nuestros corazones estuviesen contentos aunque no participásemos en la obra de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo, muchos de nosotros viviríamos así. ¿Acaso no habríamos hecho lo que gratificase a nuestra propia carne durante toda nuestra vida? Pero si hubiésemos vivido así, no habríamos estado contentos. Esto se debe a que, hagamos lo que hagamos en este mundo, no hay mayor gozo que el de predicar y servir al Evangelio de Dios. Por eso hemos dedicado todas nuestras vidas a la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu.
Cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu y servimos a la voluntad de Dios, nuestros corazones rebosarán de gozo aunque sea difícil para nuestra carne. ¿Qué ocurriría si viviésemos una vida carnal en vez de servir al Evangelio de Dios? Escojan cualquier actividad favorita en la que puedan pensar, ya sea ir de compras todo el día, pasar una tarde placentera en una galería de arte, o practicar su deporte favorito. ¿Creen que alguna de estas cosas les aportaría una satisfacción profunda a sus corazones? No, sus corazones no tendrían ninguna satisfacción duradera. Por el contrario, estarían dolidos en su corazón. Cuando los nacidos de nuevo que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu solo persiguen los placeres del mundo en vez de servir a este Evangelio con lealtad, por alguna extraña razón sus corazones no están bien aunque reciban gratificación en su carne. La razón es que nuestros corazones están llenos del Espíritu Santo. En el momento en que recibimos la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, el Espíritu Santo se convirtió en nuestro Maestro. Así que nuestros corazones están traumatizados cuando buscamos los placeres carnales porque somos el pueblo de Dios y el Espíritu Santo vive en nuestros corazones como nuestro Maestro. La otra cara de esta moneda es que nuestros corazones se regocijan solo cuando hacemos lo que complace al Espíritu Santo, porque tenemos al Espíritu Santo en nuestros corazones. Por eso Él nos da gozo cuando servimos al Señor, y gime por nosotros cuando vamos por el mal camino. Así, al llenarnos de gozo cuando servimos al Señor, y al hacernos sentir culpables con Sus gemidos cuando vamos por el mal camino, el Espíritu Santo nos permite vivir por la voluntad del Señor. Así es como Dios bendice a los justos en todos los aspectos de sus vidas.
Mis queridos hermanos, piensen por un momento sobre si están viviendo con una fe correcta. Pregúntense lo siguiente: «He sido salvado de todos mis pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y ahora pertenezco a la Iglesia de Dios. Pero ¿estoy sirviendo de verdad al Señor para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu? Aunque Dios no me llamó para ser pastor, ¿estoy sirviéndole sin cesar para predicar Su Evangelio?» Aunque no puedan predicar el Evangelio del agua y el Espíritu directamente, si están sirviendo al Señor de varias maneras, ya sea mediante contribuciones materiales, oraciones o mediante su valioso tiempo, deben saber que están viviendo con la fe correcta.
Por supuesto, el problema es que no todos somos así. De hecho, algunos de nosotros podemos pensar: «He sido salvado de todos mis pecados, pero no quiero servir al Señor. Solo estoy interesado en lo que puedo conseguir de la Iglesia de Dios. Además, no he servido a nadie antes, así que no sabría cómo hacerlo aunque quisiera». Si están pensando así, les pido que sigan intentando servir a Dios. Pongan sus mentes en la predicación del Evangelio y vean qué sucede si empiezan a apoyar el ministerio del Evangelio. Cuando confían en la justicia de Dios y le sirven, podrán entender lo que significa estar llenos del Espíritu Santo. Cuando sirvan al Evangelio y den el fruto de la justicia de Dios, el Espíritu Santo, que vive en sus corazones, estará lleno de gozo. Es muy importante que se examinen a sí mismos para ver si están sirviendo al Señor o no. Mírense de cerca y pregúntense si su fe es correcta o no. Esto significa que, aunque hayan sido salvados, deben examinarse a sí mismos para ver si están viviendo por fe o no correctamente.
¿Están preocupados por lo que ven en sí mismo? ¿Se están preguntando cómo pueden servir al Señor cuando no tienen ni dinero ni tiempo? Pero Dios ya les ha dado la oportunidad de servirle aunque sus circunstancias sean difíciles. Les ha bendecido para que sirvan al Evangelio del agua y el Espíritu, no con lo que tienen, sino con lo que Dios les ha dado. En otras palabras, Dios les ha dado fe en Su Palabra para que puedan servir al Evangelio del agua y el Espíritu solo si se deciden a hacerlo. Les pido que se den cuenta de esto.
No se limiten a decir: «No tengo ni tiempo ni dinero para servir al Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Cómo puedo servir al Señor cuando no tengo nada?» Aunque no tengan ni tiempo ni dinero, siempre hay alguna manera u otra de servir el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios ya ha hecho todo por ustedes para que puedan servir al Evangelio del agua y el Espíritu a pesar de sus fallos. Si se niegan a servir al Señor, pensando que Dios no les ha dado nada para servir al Evangelio del agua y el Espíritu, les pido que oren a Dios. Pídanle que les dé la fe correcta y les bendiga con prosperidad, salud y tiempo suficiente para poder servir a Dios. Él les dará todo lo que necesiten. Así cuando sirvan a Dios, el Espíritu Santo les dará gozo y felicidad a sus corazones a través de este servicio.
Es absolutamente importante que todos sepamos qué significa vivir con una fe correcta. Deben darse cuenta aquí de que, solo porque hayan sido salvados de sus pecados, y solo porque vayan a la Iglesia de Dios, esto no significa que se vayan a convertir en personas de fe automáticamente.
Los placeres de la carne cambian. Con el paso del tiempo, los placeres carnales desaparecerán sin dejar rastro. En contraste, el gozo que reciben al servir al Señor, unirse a la Iglesia, y trabajar por Dios y Su Evangelio es eterno. Lo recordarán para siempre. Si dedican sus corazones a la justicia del Señor y le sirven en todo lo que hacen, el gozo de recibir la remisión de los pecados y de tener al Espíritu Santo en sus corazones se quedará con ustedes hasta el día que entren en el Reino de los Cielos. Recibirán las bendiciones de Dios todos los días, y siempre encontrarán Su ayuda en sus vidas diarias. Experimentarán todas estas cosas maravillosas si viven por fe. Así que les pido con educación pero firmemente que no se pierdan ninguna reunión de la Iglesia de Dios, y que participen siempre en su obra de predicar el Evangelio.
Mis queridos hermanos, vivamos todos por fe para predicar el Evangelio de la justicia de Dios y vivir una vida santa. En vez de servir al Evangelio sin ganas y contra nuestra voluntad, sirvámoslo con alegría y por fe, y disfrutemos del Evangelio del Señor donde estemos. Entonces nuestros corazones estarán llenos de gozo y conseguiremos la plenitud del Espíritu. Todos los que estamos aquí reunidos, hermanos y hermanas, hemos nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y espero y oro por que todos vivamos con esta fe común para servir al Señor en nuestras vidas. Los que sirven al Señor sin egoísmo tienen la plenitud del Espíritu Santo en sus corazones. Le puedo garantizar esto a todo el mundo.
En contraste, los que solo piensen en sí mismo y no quieran servir al Señor, no pueden tener la plenitud del Espíritu. El que estén o no llenos del Espíritu Santo depende de lo fielmente que sigan al Señor y lo diligentemente que sirvan al Evangelio. Así que espero que todos nosotros sigamos siendo fieles a Dios hasta el final llenos del Espíritu Santo.

¡Aleluya!