The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 12-1] < Juan 12, 1-8 > Inviertan todo su dinero en una causa valiosa

< Juan 12, 1-8 >
«Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis».
 
 
Jesús encomendó a María por ungirle con perfume y reprendió a Judas por criticarla
 
Jesús resucitó a Lázaro de entre los muertos, al hermano de María y Marta. Agradecidas a Jesús, María y Marta hicieron una fiesta en honor a Jesús. Además, María llevó una libra de aceite aromático caro, ungió los pies de Jesús y se los lavó con su pelo. Entonces la casa se llenó de la fragancia del aceite. 
Judas, uno de los discípulos de Jesús, no aprobó lo que María estaba haciendo. Así que la criticó diciendo: «¿Cómo puedes malgastar un perfume tan caro?». El perfume que María derramó sobre los pies de Jesús era muy caro y costaba el salario de un año de un trabajador. Judas pensó que lo estaba malgastando, pero Jesús estaba ahí sentado sin reprender a María. Así que él mismo la reprendió. 
Judas le dijo a María: «¿Por qué has malgastado este perfume tan caro cuando lo podríamos haber vendido por tres denarios y habérselos dado a los pobres?». Cuando Judas dijo esto, ni Lázaro ni los demás discípulos de Jesús dijeron nada. Se quedaron callados porque Judas parecía tener razón. Pero a pesar de esta crítica de Judas, María no lo lamentó. María sabía muy bien que si hubiese vendido el perfume y les hubiese dado el dinero a los pobres, podría haber dado de comer a muchos. Pero María estaba preparando a Jesús para Su funeral, porque sabía que iba a morir en la Cruz por sus pecados. En otras palabras, estaba expresando su gratitud a Jesús. 
Judas es el hombre que, después de haber seguido a Jesús como su maestro, acabó traicionándolo por dinero. En aquel entonces el aceite aromático que María le dio a Jesús era suficiente para comprar un campo de 7,000-10,000 pies cuadrados. Así que Judas, que no conocía la gracia de Dios, no pudo evitar pensar en su mente que María estaba malgastando dinero. Simplemente no podía entender qué había en la mente de María cuando ungió los pies de Jesús con el perfume. María estaba dispuesta a ofrecer a Jesús todo lo que tenía sin pensarlo dos veces porque ella sabía que Jesús era el Mesías y el Salvador. Como María sabía que Jesús había cargado con todos sus pecados y que iba a morir en la Cruz, se complació en ungir al Señor con ese perfume tan caro. 
Aunque Judas era un discípulo de Jesús, no creía que Jesús fuera el Hijo de Dios. Solo pensaba que Jesús era una figura humana excepcional y por eso le seguía. Judas llamaba a Jesús rabí, en vez de Señor, hasta el final (Mateo 26, 25; 49). Judas no se dio cuenta de que Jesús era el Hijo de Dios y Su Salvador que le podía salvar de todos sus pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y por eso acabó traicionando a Jesús por 30 monedas de plata. 
Entonces Jesús reprendió a Judas por criticar a María. Dijo: «Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis». Así, en vez de reprender a María, el Señor la encomendó. 
 
 
Es mejor ungir los pies de Jesús con aceite aromático que ayudar a los pobres
 
¿Qué es más valioso: ayudar a los pobres durante un tiempo o ungir los pies de Jesús con aceite aromático para el día de Su entierro? Es más valioso ungirle los pies a Jesús con aceite aromático. Entre enviar miles de paquetes de harina a Somalia y ofrecerle un poco de dinero al Señor para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿qué es más importante? Es más importante hacer la ofrenda para la causa de la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos recordar que el dinero que gastamos para la obra de Dios está mejor invertido que el dinero que gastamos en cualquier otra causa del mundo. 
María gastó sus posesiones en Jesús para la extensión de el Evangelio del agua y el Espíritu. La Biblia dice que cuando María ungió los pies de Jesús con una libra de perfume y le lavó los pies con su pelo, la habitación se llenó de la fragancia del perfume. Aquí debemos darnos cuenta de que las contribuciones que hacemos para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu permiten que muchas personas reciban la remisión de los pecados. Esto se debe a que, de la misma manera en que la habitación se llenó del perfume, el Evangelio del agua y el Espíritu se predicará por todo el mundo. Por eso debemos servir al Evangelio confiando en que las ofrendas que hacemos por el mismo ayudan a muchas personas a recibir la remisión de los pecados. 
El Señor elogió a María por lo que hizo. Dijo que allá donde se predicase el Evangelio, este suceso sería recordado. María sabía que Jesús iba a morir en la Cruz y por eso le llevó su tesoro más preciado para prepararle para Su funeral. Jesús nos dijo que recordásemos la ofrenda de María por el bien del Evangelio. La proclamación del Evangelio del agua y el Espíritu se consigue a través de personas como María, es decir sobre los que pueden ofrecer una libra de perfume caro al Señor por el Evangelio. Creo que todavía hay muchos santos como María y por eso el Evangelio del agua y el Espíritu está siendo predicado.
Jesús dijo: «Yo estoy en el Padre y el Padre está en Mí». Todo está en Jesús. En Jesús está la salvación, en Jesús está la justicia de Dios, en Jesús estuvo la creación del mundo, y todo en este mundo está en Jesús. Jesús se convirtió en nuestro Salvador cuando éramos pecadores. Por tanto debemos ofrecerlo todo a Jesús. Debemos gastar nuestras posesiones por el Evangelio del agua y el Espíritu y ofrecer todas nuestras fuerzas, habilidades y dones al Señor. Predicar el Evangelio del agua y el Espíritu es la obra más valiosa del mundo y el dinero que se gasta por el Evangelio de Dios es el dinero mejor gastado del mundo. Ofrecer las posesiones materiales del mundo para el servicio del Evangelio del agua y el Espíritu es servir a Dios mismo. 
Cuando Jesús vuelva en Su Gloria con todos los ángeles santos, se sentará en el trono de Su gloria para juzgar a todas las naciones. Reunirá a todas las naciones ante Él y las separará como un pastor separa a las ovejas de las cabras. Entonces pondrá a los justos a Su mano derecha y a los pecadores a la izquierda (Mateo 25, 31-33). Entonces Jesús les dirá a los justos que estarán a Su derecha: «Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí» (Mateo 25, 34-36).
Los justos a Su derecha se quedarán sorprendidos y le preguntarán: «Señor, ¿cuándo cuidamos de Ti?». Entonces Jesús les dirá: «Lo que hicisteis por los nacidos de nuevo que creen en Mí, lo hicisteis por Mí. Así que quiero recompensaros».
 
 
Ofrecer sus posesiones materiales para la predicación del Evangelio de Dios es la obra más valiosa
 
Es una obra valiosa ofrecer las posesiones materiales al Señor y ofrecerse a uno mismo sean cuales sean nuestras circunstancias. Jesús dijo que allá donde se predique el Evangelio se recordaría cómo María ungió Sus pies con perfume. En otras palabras, Jesús dijo que estas acciones deben recordarse e imitarse. No importa la cantidad que ofrezcan a Dios. Lo que importa es que se ofrezcan completamente a la obra de Dios y que prediquen el Evangelio del agua y el Espíritu con sus tesoros. El dinero que ofrezcan a Dios se utiliza para el Evangelio. Se utiliza para una causa valiosa para salvar a muchas almas de todo el mundo que todavía no han recibido la remisión de los pecados. 
María ofreció sus tesoros a Jesús y toda la casa se llenó de la fragancia del perfume. De la misma manera, los nacidos de nuevo deben ofrecer sus tesoros para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios, y gracias a estas ofrendas el mundo está lleno del conocimiento del verdadero Evangelio, como el agua cubre el mar (Isaías 11, 9). ¿Creen en esto, queridos hermanos? Debemos utilizar nuestras posesiones materiales adecuadamente. Debemos darnos cuenta de que cuando nuestras posesiones se utilizan para la obra de Dios, nuestros tesoros reciben el uso más valioso y adecuado. Estas posesiones no deben ser utilizadas para uno mismo o por una causa efímera del mundo, sino por Dios. Por eso la obra de predicar el Evangelio de Dios es la tarea más preciada del mundo. 
No solo es importante ofrecer nuestros tesoros al Señor, sino también saber cómo utilizarlos de la manera más adecuada. Utilizamos nuestros recursos especialmente para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Sus contribuciones tan preciadas se utilizan para financiar nuestro ministerio por todo el mundo y plantar nuevas iglesias en Corea. Están siendo utilizadas para una causa valiosa, para dar nueva vida a las almas de todo el mundo. ¿No es esta la mejor manera de gastar nuestro dinero? Después de todo, ¿qué es más valioso que salvar a las almas perdidas?
Ahora están ofreciendo sus posesiones materiales a la obra más valiosa. De hecho están ofreciendo la fragancia pura y maravillosa del Evangelio por todo el mundo. Sus contribuciones son aún más valiosas porque se las han ofrecido a Dios en vez de gastarlas en ustedes mismos. No creo que hayan ofrecido su dinero después de haber gastado algo en un estilo de vida opulento. Estoy seguro de que se han apretado el cinturón para ofrecer lo más posible a Dios. Estas contribuciones tan valiosas están siendo utilizadas para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, y esta es la obra más valiosa. De la misma manera en que la casa de María se llenó de la fragancia cuando ungió los pies de Jesús con perfume, el Evangelio del agua y el Espíritu cubre todo el mundo gracias a los tesoros que le ofrecemos a Dios. Estos tesoros que ofrecemos por el Evangelio son de un valor incalculable. 
Proverbios dice lo siguiente acerca de una mujer virtuosa: 
«Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? 
Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. 
El corazón de su marido está en ella confiado, 
Y no carecerá de ganancias. 
Le da ella bien y no mal 
Todos los días de su vida. 
Busca lana y lino, 
Y con voluntad trabaja con sus manos. 
Es como nave de mercader; 
Trae su pan de lejos. 
Se levanta aun de noche 
Y da comida a su familia 
Y ración a sus criadas. 
Considera la heredad, y la compra, 
Y planta viña del fruto de sus manos. 
Ciñe de fuerza sus lomos, 
Y esfuerza sus brazos. 
Ve que van bien sus negocios; 
Su lámpara no se apaga de noche» (Proverbios 31, 10-18).
También está escrito: «Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra» (Proverbios 31, 23). ¿Qué significa este pasaje? Significa que cuando termina su trabajo la mujer virtuosa va a las puertas de la ciudad y le da todos los halagos al marido diciendo: «Es todo gracias a la instrucción de mi marido». El Señor, que es nuestro Novio, quiere que seamos una mujer virtuosa como esta. La mujer virtuosa somos nosotros, los que hemos recibido la remisión de los pecados y estamos trabajando para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Nuestras posesiones materiales deben utilizarse para el Evangelio del agua y el Espíritu. Todos debemos saber que nuestros tesoros deben utilizarse para una causa valiosa, y esta causa es la obra de Dios. 
Le doy gracias a nuestro Señor, quien nos ha salvado y nos ha permitido utilizar nuestros tesoros por Su verdadero Evangelio.