The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 13] < Juan 13, 1-17 > ¡Para hacernos saber que el Señor ha limpiado nuestros pecados!

< Juan 13, 1-17 >
«Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis».
 
 
¿Por qué lavó Jesús los pies de Pedro?
 
Como ustedes ya saben, Pedro era el discípulo más cercano a Jesús, e hizo una confesión de fe clara en el Señor como su Salvador, Hijo de Dios y Rey de reyes. «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16, 16). En las palabras del pasaje de las Escrituras de hoy Jesús dijo mientras le lavaba los pies a Pedro: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después» (Juan 13, 7). Aquí debemos contemplar por qué Jesús lavó los pies de Pedro y por qué dijo esas cosas, y veremos el significado profundo de las mismas. 
Jesús ya sabía que Pedro le negaría tres veces en el futuro y que pecaría ante el Señor. Por lo tanto, Jesús estaba lavándole los pies para limpiar todos los pecados e iniquidades que Pedro cometería en el futuro. El Señor le lavó los pies a Pedro para enseñarle que le estaba quitando todos los pecados que cometería en el futuro. El Señor lo hizo así porque después de ascender a los Cielos le sería difícil mantener una relación con Pedro si tenía el más mínimo pecado. El Señor probablemente quería enseñarle esto porque Pedro no conocía las intenciones de Jesús. El Señor quería enseñarles a los discípulos, mediante una experiencia de la vida cotidiana, que conocía sus corazones y sabía que cometerían pecados. El Señor les lavó los pies porque no quería dejar nada desatado en Su relación con los discípulos, incluyendo a Pedro. 
Queridos hermanos, no podemos tener una verdadera relación con el Señor santo si hay tensión entre nosotros, ya que al intentar vivir como discípulos de Jesús cometemos pecados. Cuando tenemos pecados en nuestros corazones, nuestra relación con el Señor se hace distante. Por tanto, el Señor lavó los pies de los discípulos y les enseñó a través de esta experiencia que ya había borrado todos los pecados de los discípulos mediante el bautismo que recibió. Jesús es el Creador Santo y el Hijo de Dios Padre y vino a este mundo encarnado en un hombre. Jesús es el Creador de todas las cosas, nuestro Dios y Salvador. Hoy quiero que pensemos en la Palabra de Jesús, nuestro Salvador, quien dijo: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después» (Juan 13, 7).
Si tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, entenderán la Palabra del Evangelio de Juan, capítulo 13. Este suceso tuvo lugar antes de que Jesús fuese crucificado y después de haber sido bautizado. Esta Palabra era una enseñanza muy importante para Sus discípulos y también lo es para nosotros. A través de la cena de Pascua, Jesús les mostró a los discípulos el tipo de fe que debían tener para poder deshacerse de todos los pecados que cometerían en sus vidas. En la cena de Pascua, después de haber partido el pan y pasado el vino a los discípulos, Jesús quiso lavarles los pies. Espiritualmente el Señor nos está diciendo: «No os dejéis engañar por el Diablo. Ya cargué con vuestros pecados en el río Jordán cuando Juan el Bautista me bautizó». Por tanto, Jesús dijo en Juan 13: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después» (Juan 13, 7).
 
 
¿Por qué dijo eso Jesús?
 
En el pasaje de las Escrituras de hoy, en Juan 13, 1, está escrito: «Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin». Como dice esta palabra, Jesús ya sabía que le había llegado el momento de ser crucificado y de ascender a Dios Padre. Jesús quería tener la última cena con los discípulos antes de morir en la Cruz porque los amaba y ellos iban a permanecer en el mundo. Por tanto, está escrito: «Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después» (Juan 13, 3-7).
Sin embargo, en aquel entonces, Pedro no podía entender la voluntad tan profunda de Jesús por lavarles los pies. Pedro no entendía que el Señor le estaba lavando los pies porque sabía que iba a pecar en el futuro y que sería un pecador que no podría tener una relación ante Dios si no lo hacía. Al lavarle los pies a Pedro el Señor le mostró que le había limpiado de los pecados que cometería en el futuro. Jesús les lavó los pies a Pedro y a los demás discípulos antes de volver al Reino de Dios porque si no lo hacía serían pecadores. Pedro y los demás discípulos solo pudieron entender las intenciones de Jesús después de Su resurrección. Pudieron entender la profunda voluntad de Jesús que decía: «He borrado los pecados que cometeréis en el futuro». Jesús hizo esto para que no se perdieran y acabasen a manos de Satanás, el Diablo, por culpa de sus pecados. 
Las Escrituras nos dicen que la intención de Jesús cuando le lavó los pies a Pedro era la verdad de la fuente de agua que había en el Tabernáculo (Éxodo 30, 17-21). Los sacerdotes podían ir ante la presencia de Dios para ofrecer sacrificios cuando se lavaban las manos y los pies todos los días en la fuente de bronce. Dios había establecido la ley de salvación y la escondió en el secreto de lavar la suciedad con el agua de la fuente de bronce. Incluso en el Nuevo Testamento, la intención de Dios era lavar toda la suciedad y los pecados de los discípulos de Jesús y hacer que estuvieran limpios como los sacerdotes cuando se lavaban en la fuente de bronce del Antiguo Testamento. 
Como con este método de lavar los pecados en el Antiguo Testamento, nuestro Señor nos dio la remisión de los pecados a todos los pecadores al librarnos de nuestros pecados y ser juzgado mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre derramada en la Cruz. Quien haya recibido la remisión de los pecados al creen en el Evangelio del agua y el Espíritu sabrá de qué elemento importante para eliminar los pecados está hablando Jesús en el pasaje de las Escrituras de hoy. Antes de morir en la Cruz después de haber sido bautizado según la promesa del Antiguo Testamento, mientras tomaba la cena de Pascua, Jesús le lavó los pies a Pedro para enseñarles a los discípulos que había eliminado sus pecados personales perfectamente para siempre. 
El Señor estaba diciendo: «No sabéis por qué os estoy lavando los pies ahora. Pero lo sabréis en el futuro. Sabréis por qué os he lavado los pies si os dais cuenta del motivo por el que fui bautizado en el río Jordán». Nosotros seremos libres de nuestros pecados eternamente si sabemos que Jesús nos ha salvado de todos nuestros pecados personales y lo vemos en el suceso con Pedro. Para poder ser libres de los pecados eternamente debemos saber que Jesús borró todos nuestros pecados a través del bautismo que recibió en el río Jordán y debemos entender la Palabra de Dios que dice: «Está terminado» cuando fue crucificado en la Cruz. Debemos entender, mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, que el Señor borró los pecados de este mundo para siempre. El Señor borró nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista y cargar con nuestros pecados hasta la Cruz, donde derramó Su valiosa sangre. 
Queridos hermanos, miren con cuidado si tienen pecados o no después de creer en Jesús, y si creen en Él correctamente o no. Si creen en Jesús correctamente, estarán libres de pecado al haber creído en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿No es así?
Jesús es Dios y lo creó todo. Dios lo ve todo y sabía muy bien que Satanás nos engañaría a los discípulos de Jesús en el futuro. El Diablo quiere engañarnos para que no sepamos que Jesús ha resuelto el problema de nuestros pecados. Por tanto, los discípulos de Jesús tenían que saber claramente que el Señor es el Salvador que ha borrado sus pecados sin falta. 
Sin embargo, vean la actitud de Pedro en el pasaje de las Escrituras de hoy: «Señor, ¿tú me lavas los pies?». Pedro tenía una fe tremenda en Jesús. Era un hombre de fe y dijo: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». Lo que quiso decir era: «Señor, eres mi Dios, mi Salvador, y el Hijo de Dios Padre». Sin embargo, nuestro Señor sabía que incluso Pedro, que tenía una fe tan fuerte, pecaría en este mundo por las debilidades de la carne después de la muerte de Jesús en la Cruz, Su resurrección y ascensión a los Cielos. Por tanto, nuestro Señor quiso decirle que había limpiado todos esos pecados. En otras palabras, como el Diablo les diría falsamente que eran pecadores cuando los discípulos pecaran, el Señor les lavó los pies para protegerlos del ataque del Diablo. Así Jesús lavó los pies de los discípulos por su bien. Jesús tomó todos sus pecados y todos los pecados del mundo sobre Sí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. Jesús quería que entendiésemos esto. 
No solo los discípulos de Jesús, sino también nosotros debemos saber esta Verdad y confirmarla para no caer en la trampa de Satanás. Ustedes pueden convertirse en siervos de Dios solo si tienen una fe segura en que han recibido la salvación de todos sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si fuesen atacados por Satanás por no tener esta fe, no podrían convertirse en siervos de Dios sin pecados. Solo los nacidos de nuevo que han recibido la salvación perfecta y no tienen pecados pueden ser predicadores del Evangelio de Dios. Solo los santos están cualificados para esta tarea. 
Sin embargo, son esclavos de la carne ahora y no siervos de Dios, si no tienen la fe que les permite estar limpios de todo pecado. Pueden convertirse en parte del pueblo del Señor sin pecado alguno solo si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque tengan debilidades después de haber recibido la remisión de los pecados, pueden dar gracias a Dios siempre mientras vivan su fe al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Para hacernos entender toda la Verdad de salvación nuestro Señor dijo antes de lavarle los pies a Pedro: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después».
¿Han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Han creído con el conocimiento correcto de la Verdad que Jesús borró todos sus pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y al derramar Su sangre en la Cruz? A los que han contestado positivamente, me gustaría preguntarles: «¿Si hemos recibido la remisión de todos los pecados al creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, ¿podemos ser pecadores de nuevo por los pecados que cometemos después de haber recibido la salvación?». No, no podemos ser pecadores de nuevo. No pueden ser pecadores si creen que el Señor ha borrado todos sus pecados mediante Su bautismo y Su sangre en la Cruz. Los que se han convertido en justos una vez al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu del Señor, no pueden ser pecadores de nuevo. Si todavía están preocupados por los pecados que han cometido después de recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, deben volver al río Jordán y creer que sus pecados fueron pasados a la cabeza de Jesús cuando fue bautizado para tomar todos los pecados del mundo sobre Sí mismo para nuestra salvación. Allí deben pensar en el hecho de que Jesús borró todos sus pecados para siempre mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista y volver a confirmar que Jesús es su verdadero Salvador. Solo entonces podrán vivir en la Verdad. Si creen en Jesús como su Salvador, deberán saber y creer que todos sus pecados han sido pasados al cuerpo de Jesús mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista. No importa la situación en la que se encuentren, no deben olvidar que se han convertido en hijos de Dios si creen en el bautismo, la muerte y la resurrección de Jesús. 
Queridos hermanos, nos hemos convertido en justos eternamente al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu porque el Señor hizo la obra justa para tomar todos los pecados del mundo y pagar por ellos derramando Su sangre. Nosotros y todos los pecadores del mundo pudimos recibir la salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Son ustedes verdaderos pecadores aunque crean en el Evangelio del agua y el Espíritu? No. ¿Son personas justas? Sí. Crean en la justicia del Señor y den gracias al Señor. Por supuesto que cometemos pecados después de haber recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu porque la carne es débil, pero Jesús borró todos esos pecados. No podemos evitar pecar. Por eso Jesús tomó todos los pecados del mundo entero para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista. 
¿Por qué se nos llama justos en vez de pecadores aunque sigamos cometiendo pecados? Porque el Señor quitó nuestros pecados y derramó Su sangre en la Cruz por esos pecados que cometemos por nuestras debilidades después de haber recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como Jesús tomó incluso los pecados que cometemos hasta que morimos mediante Su bautismo, estos pecados han sido borrados y nosotros somos justos si creemos en la justicia de Jesús. Jesús habló de esto en el Evangelio del agua y el Espíritu. Los discípulos de Jesús probablemente no podrían haber sido Sus discípulos si el Señor hubiese ascendido al Cielo sin hablar de esta Verdad claramente. 
 
 
La implicación de la fuente de bronce en el Antiguo Testamento se cumplió en el Nuevo Testamento
 
En aquel entonces, cuando Jesús quiso lavarle los pies, Pedro se negó diciendo. «¿Cómo vas a lavarme Tú los pies. No dejaré que pase». Sin embargo, Jesús dijo: «Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo. Debo lavarte los pies. Solo entonces podrás ser mi verdadero discípulo y las cosas que he hecho por ti serán perfectas y no en vano». El que Jesús lavase los pies de los discípulos significa que Jesús limpió todos los pecados que los discípulos habían cometido y que cometerían desde entonces en el mundo. Después de que Jesús resucitase y ascendiese al Reino del Padre después de ser bautizado por Juan el Bautista y morir en la Cruz, el resto de los once discípulos, incluyendo Pedro, siguieron cometiendo pecados por las debilidades de la carne. Lo mismo nos ocurre a los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor tomó todos los pecados que cometemos por nuestras debilidades a través de Su bautismo. Por tanto, podemos ser perfectos y predicar el Evangelio del agua y el Espíritu solo cuando tenemos fe en el Evangelio verdadero. El Señor lavó los pies de Pedro para hacernos entender que ya había tomado los pecados sobre Sí mismo. 
Como he dicho anteriormente, la obra del Señor de lavar los pies de Pedro era el cumplimiento de la Palabra de la fuente de bronce del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, los sacerdotes ponían agua en la fuente de bronce y se lavaban la suciedad de las manos y los pies antes de entrar al Lugar Santo. De manera similar, Jesús salvó a los discípulos de los pecados que cometerían en el futuro al lavarles los pies. Aarón, en el Antiguo Testamento, podía ir ante la presencia de Dios si se lavaba las manos y los pies en la fuente de bronce. Por tanto, el agua de la fuente de bronce del Antiguo Testamento manifestaba la justicia de Dios de que todas las iniquidades de los sacerdotes habían sido lavadas y habían recibido el juicio mediante el sistema de sacrificios. Como Dios había lavado todos los pecados de los pecadores con el agua, los israelitas de aquel entonces podían presentarse ante Dios por fe. Nosotros no podríamos haber ido ante la presencia de Dios con seguridad si no hubiera sido por la Palabra de Dios contenida en esta fuente de bronce y la Palabra del Señor que cumplió esta Palabra en el Nuevo Testamento por la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos dar gracias por la ley de salvación que el Señor nos dio a través del sistema de sacrificios, que consiste en la imposición de manos y en el juicio sustitutivo del animal sacrificado. 
Queridos hermanos, el Señor pudo sufrir la pena de la Cruz porque había recibido el bautismo en el río Jordán antes de que naciésemos en este mundo, y pudimos recibir la remisión de los pecados al creer en esta Verdad. Jesús lavó los pies de Pedro antes de morir en la Cruz para solidificar la fe en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista. Pedro no podía entender el corazón de Jesús en ese momento, pero después pudo entenderlo claramente cuando vio al Señor después de la resurrección.
Cuando Pedro, quien amaba a Jesús, se negó y dijo: «No me lavarás los pies jamás», Jesús contestó: «Si no te lavare, no tendrás parte conmigo». Entonces Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza». El Señor contestó: «El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos» y puso fin a la discusión. 
 
 
Jesús sabía que Pedro, el más cercano de Sus discípulos, le negaría tres veces en la corte de Pilatos
 
Como ustedes ya saben, Pedro, el discípulos más cercano a Jesús, fue el que le negó tres veces en la corte de Pilatos. Jesús le lavó los pies a Pedro antes de este pecado. Pedro dijo: «Entregaré mi vida por Ti», pero el Señor le dijo a Pedro el pecado que cometería: «De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces» (Juan 13, 38). Entonces Pedro dijo: «Eso nunca ocurrirá. No pecaré así pase lo que pase. No te dejaré, Señor, a no ser que la muerte nos separe». Sin embargo, ¿qué ocurrió? Después de un tiempo, Pedro negó a Jesús tres veces tal y como Jesús lo había predicho. Nuestro Señor había tomado incluso ese pecado de Pedro a través del bautismo que recibió en el río Jordán y le recordó esta verdad una vez más a Pedro al lavarle los pies. 
Este hecho está recogido en Mateo 26, 69-75: «Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente» (Mateo 26, 69-75).
En ese momento solo había una muchacha haciendo tareas en la corte de Pilatos. La sierva le dijo a Pedro: «Tú también estabas con Jesús de Galilea. Eres Su seguidor». Podemos ver que lo negó dos veces diciendo: «No, no soy Su seguidor. No soy uno de ellos. No le conocía» y entonces negó a Jesús y lo maldijo una tercera vez. 
Queridos hermanos, los discípulos de Jesús eran débiles en la carne. Jesús sabía exactamente qué tipo de pecados cometerían Sus discípulos que le habían seguido durante tres años. Esto significa que el Señor ya conocía las debilidades de los humanos. Por eso Jesús dijo: «Si no te lavare, no tendrás parte conmigo». Cuando Jesús dijo: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después», quería decirles a los discípulos que había tomado todos los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista. A través de esto, Pedro entendió a Jesús, le siguió y continuó siendo un discípulo que creía que Jesús es Dios, el Salvador, y el Pastor. Aunque Pedro tenía una fe tan fuerte cuando Jesús estaba vivo y sin problemas, maldijo al Señor cuando estaba en la corte de Pilatos. No sabemos qué dijo Pedro cuando maldijo a Jesús, pero la palabra maldición es una expresión extrema en cualquier caso. Pedro mismo no sabía que se iba a encontrar en una situación tan desesperada y que iba a negar a Jesús con maldiciones, pero Jesús conocía muy bien las debilidades de Pedro. Por tanto, el Señor le lavó los pies a Pedro y dijo: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después». El Señor estaba diciendo que había tomado los pecados de Pedro, los demás discípulos y todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu mediante el bautismo que recibió. Aunque Pedro creía en Jesús como el Salvador, lo negó por miedo a la muerte. Esta es la debilidad que tiene todo ser humano. Debemos saber correctamente que el Señor conoce estas debilidades de los seres humanos y que ha borrado incluso los pecados que cometerían los discípulos por culpa de sus debilidades al lavarles los pies. 
Jesús les lavó los pies a los discípulos durante la Fiesta de la Pascua para sembrar en sus corazones la siguiente Verdad: «Tomé incluso los pecados que cometeréis en el futuro cuando fui bautizado y he recibido vuestro juicio. Me he convertido en vuestro Salvador perfecto. Soy vuestro Dios y el verdadero Salvador que os ha salvado de todos los pecados del mundo». Los que vivimos en esta era en la que prevalece el pecado debemos creer en esta Verdad para recibir la verdadera salvación y entrar en el Reino de los Cielos. Nosotros nos hemos podido convertir en discípulos de Jesús gracias a esta fe. Somos los verdaderos discípulos que siguen a Jesús al creer en la verdadera remisión de los pecados manifestada en el Evangelio del agua y el Espíritu y seguiremos manteniendo esta fe en el futuro. 
 
 
Somos las personas que siempre cometen pecados
 
Como seres humanos débiles cometemos muchos pecados mientras vivimos en este mundo. Esto sigue siendo igual incluso después de recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por supuesto no debemos cometer pecados intencionadamente, pero cuando estamos en situaciones desesperadas mientras intentamos hacer la voluntad del Señor, mentimos sin saberlo y pecamos por los deseos de la carne. Los seres humanos son seres que pecan así por las debilidades de la carne. No es que neguemos la verdad de que Jesús es nuestro Salvador, pero lo que ocurre es que no podemos evitar mentir cuando estamos en una situación desesperada. Cometemos pecados sin tener nada que ver con la voluntad del Señor cuando seguimos los deseos de la carne. El pecado surge por los deseos de la carne. Sin embargo, gracias a Dios, nuestro Señor conoce nuestras debilidades carnales y nos ha salvado de todos estos pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, el Señor quería que Sus discípulos pensasen en el Evangelio del agua y el Espíritu cuando les lavó los pies. Jesús se convirtió en nuestro verdadero Salvador hasta el último momento. Se ha convertido en el perfecto Salvador que ha borrado todos los pecados de los pecadores hasta el final. 
Entonces, cuando Pedro negó a Jesús una, dos y tres veces en la corte de Pilatos, Jesús miró a Pedro. Cuando sus ojos se encontraron, el corazón de Pedro se sobresaltó porque estaba tan avergonzado en su conciencia al recordar lo que Jesús le había dicho. Imaginen lo avergonzado que Pedro debería haberse sentido después de haber jurado que nunca negaría a Jesús. Pero Jesús lo sabía de antemano. Por eso Jesús dijo antes de que todo esto pasara: «Si no te lavare, no tendrás parte conmigo». En otras palabras, quería decirles a Pedro y a los discípulos: «Yo sabía que cometeríais pecados mayores en el futuro y por eso os lavé los pies, porque no quería que fueseis pecadores de nuevo. He recibido el juicio por esos pecados y me he convertido en vuestro perfecto Salvador. Creed en el bautismo que recibí de Juan el Bautista por vosotros eternamente. Aunque seáis débiles, he sido bautizado por Juan el Bautista porque os amo. Por tanto, mi obra de borrar vuestros pecados es eterna. La salvación de Mi amor por vosotros es eterna».
Esta Verdad está escondida en el Evangelio del agua y el Espíritu. Queridos hermanos, ¿lo entienden? Jesús les dijo esto a los discípulos porque creer en el Evangelio del agua y el Espíritu es una fe muy importante que debemos tener. 
En el pasaje de las Escrituras de hoy leemos: «Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos» (Juan 13, 9-10).
Ahora, queridos hermanos, hemos recibido la remisión de los pecados originales con los que nacimos de nuestras madres e incluso de todos los pecados que cometemos después de creer en Jesús por el bautismo que Jesucristo recibió de Juan el Bautista. No tenemos más pecados. Jesucristo dijo que había tomado sobre Sí mismo los pecados que cometemos después de recibir la remisión de los pecados. Y por eso era necesario que Jesús les dijese a los discípulos antes de morir en la Cruz: «He cargado con vuestros pecados. Los he eliminado todos. He tomado todos los pecados que cometeréis en el futuro mediante el bautismo que he recibido de Juan el Bautista. Los he eliminado todos». Por tanto, el Señor lavó sus pies porque era necesario plantar la confirmación de la fe en ellos. 
Por supuesto esto no significa que podamos cometer pecados intencionadamente todo el tiempo por las debilidades de la carne. Lo importante es saber que nuestro Señor fue bautizado por Juan el Bautista para borrar todos los pecados del mundo y que el Señor ha salvado perfectamente a los que creen en esta Verdad y los ha hecho justos. Esto significa que todo el mundo, ya sean pecadores o justos, debe ser librado de la culpa de sus conciencias por los pecados que cometen al creer en esta Palabra de que el Señor nos ha limpiado para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y creen en él? Jesús no solo limpió nuestras cabezas y cuerpos, sino también nuestras piernas. Esto significa que el Señor tomó sobre Sí mismo incluso los pecados que cometemos después de recibir la salvación mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Juan el Bautista señaló a Jesús y dijo: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). A través de esta Palabra, Juan nos dice que Jesús tomó todos los pecados de los pecadores mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista y que recibió todas las condenas por esos pecados en la Cruz. Debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón; debemos creer que todos los pecados fueron pasados a Jesucristo para siempre cuando fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. También debemos creer que el Señor tomó incluso los pecados que cometemos como Pedro cuando se manifiestan nuestras debilidades humanas en este mundo si meditamos sobre el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista. 
Nosotros debemos realizar la siguiente confesión de fe: «Señor, gracias. De la misma manera en que lavaste los pies de Pedro porque sabías que Pedro haría cosas embarazosas, Tú has eliminado mis pecados al ser bautizado por Juan el Bautista porque sabía cómo iba a ser yo». No pueden decir que han recibido la remisión de los pecados si no lo entienden. Jesús ya conocía los pecados que Pedro iba a cometer y por eso fue bautizado, para borrar incluso esos pecados graves. Aunque han recibido la salvación al creer en Jesús, no pueden dejar de ser pecadores si no se convierten en verdaderos discípulos de Jesús y no pueden recibir la salvación eterna por los pecados que cometerán en el futuro. Una persona que ha recibido la remisión de los pecados irá a la derecha del trono de Dios Padre por la fe que cree en los sucesos de Belén, del río Jordán, de la Cruz y de la resurrección de Jesús. Solo podemos dar toda la gloria, alabanza y gratitud a Dios por esta fe. 
En el último capítulo del Evangelio de Juan podemos ver que el Jesús resucitado fue al Mar de Galilea a buscar a Pedro. Jesús encontró a Pedro y le preguntó: «¿Me amas más que éstos?». Pedro le contestó: «Sí, Señor; tú sabes que te amo». Entonces el Señor le dijo: «Apacienta mis corderos». Esta fe tan firme de Pedro fue posible porque creyó en la verdad demostrada cuando Jesús le lavó los pies. La fe de Pedro se hizo firme porque entendió y creyó en el significado de que el Señor le lavase los pies. 
 
 
«Sí, Señor; tú sabes que te amo» (Juan 21, 16)
 
Leamos la Palabra de Juan 21, 15. El Jesús resucitado se les apareció a los discípulos y les habló. Está escrito: «Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos» (Juan 21, 15).
Como pueden ver en este pasaje de las Escrituras, Jesucristo le confió Sus corderos a Pedro: «Apacienta mis corderos». Esto fue posible porque Pedro era Su discípulo y había recibido la remisión de los pecados por lo que era una persona perfectamente justa y el siervo perfecto de Dios por fe. Jesús no podría haberle confiado Su pueblo a Pedro si hubiese sido n pecador eternamente por cometer pecados por las debilidades de su carne. Sin embargo, cuando Jesús preguntó: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos», Pedro confesó su fe diciendo: «Sí, Señor; tú sabes que te amo». Pedro pudo finalmente entender el significado de cuando el Señor les lavó los pies antes de ser crucificado. 
Queridos hermanos, escuchemos detenidamente las palabras de Pedro una vez más: «Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas» (Juan 21, 17).
Esta confesión de fe de Pedro surgió del don de salvación que el Señor le había dado a Pedro. Si Jesús no hubiera lavado los pies de los discípulos como está escrito en Juan 13, ¿cuál habría sido la respuesta de Pedro cuando se le apareció el Señor resucitado y le preguntó: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos”? Debemos pensar en esto. Seguramente habría dicho: «Señor, tengo muchos pecados. Soy un picador. No puedo amarte, Señor, más que estas personas». Sin embargo, ¿qué le respondió Pedro, quien había recibido la gracia de salvación. Pedro confesó sinceramente: «Sí, Señor; tú sabes que te amo» (Juan 21, 16).
Queridos hermanos, deben saber que esta confesión salió del corazón sincero de Pedro. Esta confesión de fe era la confesión de fe que creía que el Señor había borrado todos sus pecados. Si Pedro no tenía la fe en que el Señor había borrado sus pecados para siempre, mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, incluso los pecados que cometió después de creer en Jesucristo, ya fuesen pecados cometidos con sus manos o sus pies, habría vuelto a ser un pecador aunque hubiese creído en Jesús. Sin embargo, el Señor no dejó que Sus amados discípulos acabasen así. La salvación de Pedro fue la perfecta salvación de Jesús. La fe de Pedro estaba basada en la remisión de los pecados originada en el bautismo de Jesús y Su muerte en la Cruz. 
¿Es esto cierto o no? Debemos tener una fe que diga: «Señor, sabes que te quiero. ¿Cómo no voy a amarte cuando me has salvado perfectamente?». ¿Cómo no vamos a amar al Señor cuando ha borrado todos nuestros pecados, todos los pecados del mundo? No podemos hacerlo. Si el Señor solo nos hubiese dado la remisión de los pecados cometidos hasta que creímos en Jesucristo como el Salvador y tuviésemos que orar para arrepentirnos de los pecados que cometemos todos los días después de creer para ser redimidos, tendríamos pecados en nuestros corazones porque no rezaríamos oraciones de penitencia todos los días por pereza. 
¿Cómo podríamos amar al Señor si fuésemos pecadores? No podemos amar al Señor si somos pecadores. ¿Cómo podríamos creer en el Señor entonces? No podríamos creer en el Señor. ¿Cómo podríamos seguir al Señor? No podríamos seguirle aunque quisiéramos. Sin embargo, Jesús tomó sobre Sí mismo todos los pecados que cometemos por nuestras debilidades mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista. Como el Señor es nuestro perfecto Salvador y ha borrado todos los pecados que cometemos en este mundo, podemos creer en el Señor y amarle. Yo no podría creer en el Señor ni podría hacer Su obra como testigo del Señor si no hubiese borrado todos mis pecados. ¿Son ustedes así también?
Cuando Pedro le dijo al Señor: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo», Jesús le contestó: «Apacienta mis corderos». El Señor les confió Sus corderos a las personas que han recibido la remisión de los pecados perfectamente. En aquel entonces, el Señor le preguntó tres veces a Pedro: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos”. Y Pedro confesó por fe: «Sí, Señor; tú sabes que te amo». Esta era la confesión de fe que salió de la fe que cree en el Señor. Al igual que la fe de Pedro, nuestra fe no cree por nuestra propia voluntad. Quiero que recuerden que nuestra fe viene de creer en la justicia del Señor. 
 
 
El amor y la fe que salen de la voluntad propia fracasan, pero creer que el Señor nos salvó es la verdadera fe
 
Cuando amamos a alguien e intentamos mantener ese amor solo con nuestra voluntad, ese amor acaba desvaneciéndose cuando nuestra voluntad se debilita. ¿Qué ocurre si la persona a la que se ama nos ama mucho? Que el amor con esa persona se mantiene aunque haya debilidades. 
Queridos hermanos, el amor de Dios hacia nosotros es así. Su amor es tan grande que no le importa que seamos débiles. Por tanto, nuestra fe en la justicia de Dios es la fe manifestada por el amor y la perfecta salvación de Dios, no por nuestra propia voluntad. Esto significa que amamos a Dios y le servimos como obreros Suyos gracias al amor de Dios y no a nuestras habilidades carnales. Si creemos en la justicia de Dios por nuestra voluntad somos como otras tantas personas que han dejado la fe y han llegado a maldecirla porque se cansaron de creer lealmente para luego acabar pecando. 
Sin embargo, el Señor, que nos ama tanto, ha borrado todos nuestros pecados y nos ayuda siempre. El Señor ha borrado los pecados como en el caso de Pedro, sin excepción. Esto es cierto. No podemos evitar fracasar en nuestra vida espiritual si creemos en Dios solo mediante nuestra voluntad, nuestro amor y nuestra fe carnal. Sin embargo, somos verdaderos creyentes y tenemos una fe sólida porque tenemos el amor del Señor que nos ha salvado perfectamente por el Evangelio del agua y el Espíritu.
Queridos hermanos, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu somos hijos de Dios. Nos hemos convertido en Sus hijos y en personas justas gracias al amor del Señor. Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu no tenemos pecados. La salvación que hemos recibido no viene del amor humano o de la fe carnal, sino que viene del amor de Dios y Su justicia. Ahora vivimos con fe como personas justas, personas que han nacido de nuevo, y personas que irán al Reino de los Cielos por la fe en Su ley de salvación eterna. Como ahora tenemos la justicia manifestada del amor de Dios, vivimos alabando la justicia de Dios eternamente y tenemos una vida espiritual gracias a Dios. Hermanos y hermanas, ¿creen en la justicia de Dios?
Por tanto Jesús dijo: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 4, 10). Hubo una salvación verdadera porque el plan de Dios para salvarnos de los pecados se cumplió perfectamente a través del Evangelio del agua y el Espíritu. No podríamos haber sido salvados de los pecados si no hubiese sido por el amor de Dios y el Evangelio del agua y el Espíritu. Hemos recibido la salvación por fe en la salvación de la remisión de los pecados que Dios nos ha dado, la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nos hemos convertido en personas justas ante la presencia de Dios al creer en esta Verdad. 
Hay muchas personas en el mundo que viven por fe con su propia voluntad diciendo: «Seguiré al Señor hasta la muerte». Sin embargo, la fe voluntaria o el amor voluntario de una persona no valen nada. No son el amor, la fe o la creencia reales. Salen simplemente de la voluntad temporal de un humano y las emociones humanas pueden cambiar en todo momento. A veces hay personas que creyeron en Jesús con su propia voluntad al principio y dejaron de vivir espiritualmente porque se llenaron de pecados de nuevo. Por tanto debemos tener una fe basada en el amor perfecto del Señor al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no una fe basada en nuestra propia voluntad. Jesús, quien nos ama tanto, nos ha salvado de todos los pecados personales, incluyendo los pecados terribles que hemos cometido queriendo o sin querer, mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, el Señor reunió a los discípulos antes de morir en la Cruz y les lavó los pies para enseñarles lo definitiva que era la salvación que les había dado. Debemos convertirnos en personas que creen en el amor grande de Dios y en la obra de salvación. 
 
 
«Lo entenderás después»
 
En aquel entonces, cuando Jesús quiso lavarles los pies a los discípulos, solo Pedro se negó tercamente diciendo: «No me vas a lavar los pies. Jesús, no lo hagas. Nunca voy a dejar que me los laves». Después de esto Jesús dijo: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después».
Entonces, ¿cuándo entendió Pedro esta voluntad de Dios? Cuando Jesús se le apareció a Pedro de nuevo después de haber muerto en la Cruz y resucitado de entre los muertos. Pedro, el discípulo más cercano de Jesús, entendió perfectamente, aunque tarde, el significado del amor del Señor y de la Palabra que el Señor le había dicho. Los que tenemos fe en el Evangelio del agua y el Espíritu debemos dar gloria y alabanza a Dios al creer que Jesús tomó nuestros pecados sobre Sí mismo hasta el final. 
¿Hablamos un poco más acerca de Pedro? Después de que Jesús muriese en la Cruz, Pedro estaba pescando en el mar con los demás discípulos. Jesús se le apareció cuando estaba ejerciendo su antigua profesión de pescador. Entonces Jesús reunió a los discípulos. Cuando llegaron a la orilla, comieron juntos el desayuno que Jesús le había preparado. Entonces Pedro entendió el significado profundo de lo que le había dicho el Señor: «Mas lo entenderás después». Entonces se dio cuenta de lo siguiente: «Jesús me dio la verdadera remisión de los pecados, incluso los pecados que cometo por mis debilidades y los pecados que cometeré en el futuro».
Después de desayunar, cuando Jesús le preguntó a Pedro: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?», Pedro hizo una confesión de fe profunda y le dijo: «Sí, Señor; tú sabes que te amo». Esto implica: «¿Cómo no voy a amarte cuando tú me has amado así? Sabes que Te amo. Mi amor por Ti se ha manifestado a través de Tu amor». Pedro finalmente pudo conocer el significado de la Palabra de Dios: «Mas lo entenderás después».
 
 
Los doce discípulos predicaron el Evangelio arriesgando sus vidas
 
Después de este suceso, ¿cómo fueron las vidas de Pedro y los discípulos al conocer la profunda voluntad de Jesús? Predicaron el Evangelio del agua y el Espíritu hasta la muerte, arriesgando sus vidas. Los doce discípulos dieron testimonio de Jesús sin importarles sus vidas durante la época terrible del Imperio Romano, cuando los seguidores de Jesús eran perseguidos severamente y ejecutados por sus opresores. Sé que probablemente haya gente que se pregunte por qué había doce discípulos en vez de once cuando Judas, uno de los discípulos de Jesús, se ahorcó después de traicionar a Jesús. Pero después de que Judas muriese los discípulos escogieron a Matías para que cubriera su puesto. Después el Señor escogió a Pablo y entonces hubo doce Apóstoles y Pablo. Todos los doce Apóstoles de Jesús fueron martirizados. Sin embargo, muchas personas creyeron en Jesús y recibieron la salvación a través de los discípulos que dieron testimonio de Él hasta la muerte diciendo: «Jesús ha borrado todos tus pecados. Jesús os ha salvado al tomar todos vuestros pecados sobre Sí mismo al ser bautizado en el río Jordán y derramar Su sangre en la Cruz. Creed en esta Verdad y recibid la remisión de los pecados».Nosotros también hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu ahora gracias al testimonio de esos discípulos. También nos hemos convertido en discípulos de Jesucristo por el amor de Jesús y Su perfecta salvación. 
Queridos hermanos, ¿creen en esto? Nos hemos convertido en discípulos de Jesús, pero no porque seamos grandes. Nos hemos convertido en discípulos de Jesucristo porque Él nos ha amado tanto. Jesús lavó los pies de Pedro y los demás discípulos para mostrar Su amor inmenso por nosotros. Él ha limpiado nuestros pecados para enseñarnos que cometemos pecados en este mundo. Le doy gracias al Señor por este amor tan profundo. Alabado sea el Señor. 
Está escrito en el Evangelio de Juan 13, 12-17 «Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis».
Hace un tiempo, Jesús le dijo a Pedro: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después». Queridos hermanos, Jesús lavó los pies de los discípulos en aquel entonces para demostrar claramente que es el perfecto Salvador que sirvió a los pecadores y los hizo justos. Jesús fue ejemplo personalmente de servicio al lavarles los pies a Sus discípulos para enseñarles la verdad siguiente: «Debéis ser justos primero para servir a los que serán justos más tarde como Yo os he servido». Por tanto, en la Iglesia de los nacidos de nuevo, los que se han convertido en el pueblo de Dios primero sirven a los hermanos y hermanas que se convertirán en el pueblo de Dios más tarde como lo hizo Jesús. Por supuesto que pueden surgir disputas por las debilidades humanas, pero debemos darnos cuenta de que nos hemos convertido en quien somos gracias al sacrificio y el servicio de nuestros predecesores de la fe. 
 
 
Dos implicaciones en el suceso en el que el Señor les lavó los pies a los discípulos
 
En el Evangelio de Juan 13 hay dos significados en el hecho de que Jesús les lavase los pies a los discípulos durante la Pascua. Son la “salvación” y el “servicio”. Estas dos cosas todavía existen en la Iglesia. Estoy diciendo que estas dos cosas están presentes en nuestra Iglesia en este momento. Ustedes reciben la salvación al escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él a través de la Iglesia de Dios y Sus siervos. Dios les está sirviendo a ustedes, a los que están en la Iglesia, a través de Sus siervos que fueron antes que ustedes. 
Aunque parezca que están sirviendo a la Iglesia de Dios y a Dios, ustedes están siendo servidos por el Señor. El Señor siempre nos ama primero y nos sirve primero. Por eso el Señor dijo que un estudiante nunca es mayor que su maestro. Queridos creyentes, debemos servir a otras personas como Jesús nos sirve a nosotros. Estoy diciendo que deben servir a la gente que viene detrás de ustedes. Esta es la obra de predicar el Evangelio y la verdadera vida de fe. Nuestro Señor les lavó los pies a los discípulos para enseñarnos esta verdad. 
Al escribir esta Palabra en las Escrituras, el Señor nos dio la bendición de convertirnos en justos al recibir la infalible remisión de los pecados sin ser engañados por Satanás, el Diablo. El Señor nos ha hablado acerca de la perfecta salvación y la obra de la remisión de los pecados al lavarles los pies a Pedro y los demás discípulos. En la fiesta de la Pascua que aparece en las Escrituras, el Señor nos está mostrando que se ha convertido en nuestro Salvador perfecto. Queridos hermanos, ¿creen ustedes en esto? ¿Creen que Jesús ha borrado sus pecados completamente? Crean en esto. Podemos recibir la remisión de los pecados solamente si creemos en este Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado. 
Queridos hermanos, los seres humanos somos seres débiles que son engañados fácilmente por Satanás, el Diablo, si no tenemos cuidado. Satanás nos dice: «¿Cómo no vais a tener pecados si siempre estáis pecando? Sois pecadores si habéis cometido pecados». Entonces nosotros le refutamos a Satanás diciendo: «No somos pecadores. ¿Cómo vamos a ser pecadores si Jesús tomó todos los pecados del mundo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Qué pecados tenemos y qué deuda debemos pagar cuando el Señor ha pagado toda la deuda del pecado completamente?». No hay pecado en este mundo cuando lo miramos a la luz del Evangelio del agua y el Espíritu.
Por tanto, todo lo que Satanás, el Diablo, dice no es verdad para nosotros. Sin embargo, sus palabras pueden parecer verdad cuando pensamos carnalmente sin creer en el Evangelio de Jesucristo. Por tanto, debemos grabar en nuestros corazones la Verdad de la salvación de la remisión de los pecados manifestada por el Evangelio del agua y el Espíritu mientras vivimos en este mundo. La Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu significa que Jesucristo, el Hijo de Dios, nos salvó perfectamente de los pecados del mundo al ser bautizado y derramar Su sangre en la Cruz. 
Los discípulos pudieron estar libres porque Jesús les había lavado los pies. Dios Padre nos hizo hijos de Dios al limpiarnos completamente a través de la justicia de Jesús, e hizo que los que creemos en Su justicia seamos el pueblo justo de Dios. 
Doy gracias sinceramente y alabo al Señor que nos ama así.