The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 4-9] < Génesis 4, 1-24 > ¿Quién es Abel y quién es Caín ante Dios?

< Génesis 4, 1-24 >
«Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará. Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara. Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc. Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec. Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados. Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta. Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama. Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; Mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: Que un varón mataré por mi herida, Y un joven por mi golpe. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será».
 
 
En primer lugar, Dios les enseñó el Evangelio de la justicia a Adán y Eva, al vestirlos con túnicas de piel. Este Evangelio es la Verdad mediante la cual, Adán y Eva recibirían la salvación de todos sus pecados por fe. Abel era un hombre que heredó la fe de sus padres. Por tanto, la fe de Abel fue aprobada por Dios cuando ofreció al primogénito de su rebaño y su grasa como su fe. Entonces, ¿qué tipo de personas son las semillas de Abel desde una perspectiva espiritual? Los descendientes de Abel son los que ofrecen el sacrificio de la fe en la justicia de Dios. Dios ha aceptado la fe de esta gente y les ha dado las bendiciones espirituales del Cielo.
Pero, ¿por qué no aceptó Dios la ofrenda de Caín? Porque Caín ofreció su sacrificio como quiso. Como el sacrificio de Caín no coincidía con el sacrificio establecido por la providencia de salvación, Él no lo aceptó. La gente suele pensar que está bien ofrecer cualquier sacrificio, siempre y cuando se haga con sinceridad, pero en realidad no es así. Está escrito en la Biblia que Abel ofreció al primogénito de su rebaño y su grasa. Lo que esto significa es que debemos ir ante Dios con fe en la salvación que Él ha completado por nosotros.
 
 
¿Qué tipo de personas son los descendientes de Abel?
 
En el pasaje de las Escrituras de hoy, el hecho de que haya dos sacrificios diferentes, representados por Caín y Abel, significa que existen dos linajes espirituales que han pasado de generación en generación. Los descendientes de Abel son los que han ofrecido sacrificios a Dios por fe, creyendo en el Evangelio de Verdad que Dios les dio a sus antecesores de la fe. En otras palabras, hay gente que ofrece sacrificios a Dios con fe en la justicia de Dios. Hay gente que ha heredado la fe de Abel. Nosotros también somos descendientes de Abel, si es verdad que hemos recibido la remisión de los pecados por fe en los sacrificios de redención que Dios ha establecido. Somos los que hemos recibido las bendiciones del Cielo al ofrecer sacrificios de fe.
Pero los descendientes de Caín no son así. Son los que han ofrecido sacrificios a su propia manera, sin importarles lo que Dios quiere. Como resultado, se han levantado contra la justicia de Dios y se han ganado la destrucción y el castigo del infierno.
Caín ofreció un sacrificio a Dios al tomar el fruto de la tierra como una ofrenda según sus pensamientos, pero Abel ofreció sacrificios a Dios al ofrecer al primogénito de su rebaño y su grasa, es decir, mediante la fe en la justicia de Dios. Si comparamos las acciones de estos dos hombres desde una perspectiva humana, vemos que Abel no era mejor que Caín. Pero, a la luz de la Verdad de Dios, Abel tuvo fe en la justicia de Dios y fue más honesto que Caín.
Así el sacrificio de Caín, ofrecido con el fruto de la tierra, era un sacrificio carnal, pero por el contrario, el sacrificio de Abel, ofrecido con el primogénito del rebaño puro y su grasa era un sacrificio espiritual. El sacrificio de Abel se ofreció con la fe en la justicia de Dios. Abel siguió la fe de sus padres y creyó, así que ofreció el mismo sacrificio a Dios. La grasa mencionada aquí se refiere al Espíritu Santo, que es Dios. Adán y Eva fueron salvados de sus pecados al tener fe en la Palabra de Dios que había borrado su vergüenza. Dios había matado a un animal y los había vestido con túnicas de piel. Su fe era la misma que la nuestra, que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, si creemos en la justicia de Dios ahora, esta fe será como la de Abel. Para salvarnos de los pecados del mundo, Jesús se ofreció como propiciación eterna para toda la humanidad. El primogénito del rebaño se convirtió en un sacrificio que tomó todos los pecados de Adán y Eva, y los nuestros, y murió en nombre de la humanidad para devolverle la vida que había perdido.
Después del martirio de Abel, este llamó a Dios: «Querido Dios, tuve fe en que el Señor me salvaría de mis pecados al ofrecerse a Sí mismo como sacrificio. ¿Acaso no creí bien? Creo según Tu Palabra, pero he muerto perseguido. ¿Es mi fe correcta?». La sangre que derramó Abel gritó desde el suelo a Dios (Génesis 4, 10). La verdad es que la fe de Abel había sido aceptada por Dios.
¿Qué significa el nombre de Abel? Significa respiración también vanidad, o transitoriedad. Las personas que se dan cuenta de que la vida es temporal y que desean recibir la salvación, son descendientes de Abel, espiritualmente. Por fe ofrecen sacrificios con el primogénito del rebaño y su grasa, y estos sacrificios apuntan hacia el Evangelio del agua y el Espíritu.
En lugar de Abel, Dios dio a Adán y Eva a Set, y Set tuvo un hijo, Enós. El significado del nombre Enós, es «hombre mortal». Nos dice que los que aceptan que debían ser destruidos por sus pecados, se convierten en hijos de Dios y reciben las bendiciones del Cielo al tener fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, que Dios dio a sus antecesores. Por tanto, los descendientes de Caín son los que no creen en la justicia de Dios y la rechazan, pero los benditos que tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu son los descendientes de Abel y Enós.
 
 
Incluso hoy en día, los descendientes de Abel y los de Caín coexisten en este mundo
 
Los descendientes de Abel son los que creen en la Palabra de Dios, y los descendientes de Caín son los que creen en las palabras del mundo. ¿Quiénes son los descendientes de Abel? Los que creen en la Palabra de Dios, como los hijos de Adán, Set, Enós, Sem y Abraham, así como nosotros, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu en la actualidad. Hay gente cuya fe es aprobada por Dios por creer en la justicia de Dios y darse cuanta de que son seres frágiles. Los descendientes espirituales de Abel son los imperfectos y débiles. Por otro lado, los descendientes de Caín son los que tienen una voluntad fuerte y son fuertes físicamente, pero al final son los que se levantan contra Dios.
Los descendientes de Abel y Caín han seguido multiplicándose. Los descendientes de Abel son los que admitieron que tenían que morir por sus pecados si no creían en la justicia de Dios. Son los que aceptan el hecho de que son pecadores y deben ser maldecidos por Dios.
Pero, Dios hace Su obra mediante los descendientes de Abel que aceptan que son débiles, en vez de los descendientes de Caín, que se creen justos. Dios predica el Evangelio por todo el mundo utilizando a los descendientes de Abel. A través de los que son débiles, Dios ha creado la fe en la justicia de Dios para seguir predicando. La fe de los descendientes de Abel ha pasado de generación en generación.
Nosotros no nos convertimos en personas justas por ser mejores que nadie. Al tener fe en la justicia de Dios, pudimos ser justos. Nuestra salvación fue posible, no gracias al oro o la plata, sino a la fe en el bautismo que Jesucristo recibió y Su sangre, que nunca muere. Los descendientes de Abel no tenían otra opción que creer y confiar solo en la justicia de Dios, ya que sabían que eran imperfectos. Pero los que creen en su propio poder, y fingen ser mejores y más inteligentes en sentido físico, son descendientes de Caín.
En este mundo, solo los que se dan cuenta de su debilidad en la carne pueden tener la fe de Abel. Por tanto, todos los que no tienen justicia de la carne, pueden recibir las bendiciones que vienen del Cielo mediante la fe en la justicia de Dios. En otras palabras, los que son débiles en la carne, pueden recibir las bendiciones de Dios al tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Mientras que la gente que no tenga nada de lo que alardear en este mundo, nada en lo que confiar, y sea débil, crea en el Evangelio del agua y el Espíritu, podrá ser justa como los antecesores de la fe.
No deben quejarse si sus padres carnales no les dejaron un legado. Sino que tienen que estarles agradecidos por haberles dado la oportunidad de ser descendientes de Abel, al no dejarles riqueza ni salud. Si sus padres les hubiesen dejado una fortuna, de manera que no les faltase nada, ¿habrían creído en el Evangelio del agua y el Espíritu que contiene la justicia de Dios? Es fácil para los ricos de este mundo ser descendientes de Caín. Si los padres dejan mucho dinero a sus hijos, estos se convertirán en descendientes de Caín y será su ruina espiritual.
Hace mucho tiempo yo me quejaba: «Podría haber vivido bien en este mundo si mis padres me hubiesen dejado algo de dinero. Hay un dicho que dice que tiene que haber pasto para poder criar vacas. Yo no tengo nada, ni siquiera puedo abrir un negocio pequeño». Pero después de nacer de nuevo, me di cuenta de que Dios llamaba a los pobres, a los débiles, a los olvidados y a los enfermos de este mundo, y que les daba la fe de Abel. Si tuviésemos dinero y poder en el mundo, seríamos con Caín. Espero que se den cuenta de que es fácil ser como Abel, ya que recibimos las bendiciones del Cielo cuando admitimos ser débiles y fáciles de romper. La razón por la que Dios nos puso espinos en nuestro camino de la vida, es que quiso que admitiésemos que somos débiles e imperfectos, y así volvamos a Dios. Debemos estarle agradecidos por esto. Debemos darnos cuenta de que las bendiciones de la carne que tienen los más inteligentes y poderosos, desde un punto de vista humano, no son las bendiciones del Cielo.
Estamos agradecidos a Dios por salvarnos, aunque seamos débiles y mortales. Cuando era niño, mis padres pensaban que moriría pronto, porque era muy débil. Cuando muriera, querían deshacerse de mi cuerpo, pero no morí. Mi madre me mantuvo con vida alimentándome con sopa de arroz fino, porque sus pechos estaban secos. Quizás, por esta razón, cuando saludaba a los ancianos de mi vecindario, les oía decir: «Oh Dios mío, han sobrevivido y ahora estás muy grande. Tus padres no te dieron un nombre durante años porque pensaban que te ibas a morir».
Debió ocurrir algo parecido cuando Abel o Enós nacieron. Cuando Caín nació, lloraba tan fuerte y su cuerpo era tan robusto, que le llamaron Caín, que significa «posesión». Pero cuando Abel y Enós nacieron, parecían tan débiles y que se iban a morir, y los llamaron Abel, que significa «vanidad», y Enós, que significa «el que se rompe fácilmente». Pero, Abel y Enós recibieron las bendiciones de salvación de Dios porque tuvieron fe y confiaron en Él. Yo también era tan débil que la gente se preguntaba si crecería y sería un hombre normal, pero ahora soy un siervo de Dios por Su gracia.
En nuestra casa hay dos cachorros. Uno de ellos está enfermo y el otro sano, pero el sano no engorda por mucho que coma. Así que yo me he encariñado con el enfermo. Dios da más amor a los débiles. Entre nosotros, los que son débiles creen en la justicia de la Palabra de Dios y confían en Él más que los demás. Esta gente es salvada y se convierte en hijos de Dios. Si observamos a la gente desde el punto de vista de Dios, los perdidos, los ciegos, los cojos, los inválidos, los que se rompen con facilidad, y los que están vacíos en sus corazones, reciben el amor de Dios mucho más. Por eso se dice que Dios es el Dios de Jacob. Esaú era un hombre peludo, fuerte y con gran carácter. Pero Jacob era un hombre débil y enfermo.
 
 
¿Están en las filas de Abel o en las de Caín?
 
¿Están en las filas espirituales de la fe de Abel? Si no es así, ¿tienen la fe de Caín? En carne y espíritu, ¿tienen algo de lo que alardear? La gente que piensa que es mejor que los demás, está en las filas de Caín porque hacen alarde de su propia justicia, en vez de la justicia de Dios. Sin embargo, entre los que se encuentran vacíos en su corazón, los que solo puede vivir con la gracia de Dios por ser tan débiles, y los que solo viven por confiar en la justicia de Dios, hay muchos que entran en las filas de Abel espiritualmente. Por eso es difícil recibir las bendiciones espirituales para los que tienen algo de lo que alardear en la carne.
Las personas reciben las bendiciones espirituales al creer en la justicia de Dios. La gente que tiene fe en la justicia de Dios, no solo recibe las bendiciones para sí misma, sino que ayuda a otras personas a recibirlas, al llevarlas por el camino de la salvación espiritual. Pero la gente carnal, que no sabe lo valiosas que son las bendiciones espirituales, busca las cosas de este mundo, y dice que son maravillosas.
Deben dar gracias a Dios por sus debilidades e imperfecciones. Quizás, si piensan que tienen muchas cosas de las que alardear en términos carnales, examínense objetivamente y descubran lo débiles e imperfectos que son. De hecho ningún ser humano tienen nada de lo que alardear. ¿Cómo puede una persona alardear de algo ante Dios? No tenemos nada bueno. Los que son buenos de verdad, son los que tienen fe en la justicia de Dios y la predican. Sin Cristo, no tenemos nada bueno.
Antes de nacer de nuevo, el Apóstol Pablo se consideró una persona respetable. Pero después de haber conocido al Seño, vio la verdad y aceptó que estaba perdido. Se dio cuenta de que todo lo que había considerado como bueno en el pasado, no era más que basura ante la Verdad del Señor. Entonces dijo que todo lo que había considerado beneficioso para él en el pasado, ahora era basura (Filipenses 3, 7-8). Pablo había alardeado mucho de sus virtudes carnales. Por eso, cuando le pidieron que dijera cosas carnales de las que pudiera alardear, él contestó: «Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» (Filipenses 3, 5-6). Entonces se examinó desde una perspectiva espiritual y dijo: «Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen» (1 Corintios 11, 30). Espero que ustedes también se den cuenta de que son imperfectos ante Dios.
Del mismo modo en que Caín y Abel ofrecieron diferentes sacrificios, hay dos tipos de fe en este mundo, y los resultados de estos tipos de fe son completamente diferentes. Un grupo recibe las bendiciones, pero el otro está maldito aunque crea en Dios. Desde el principio, la gente en las filas de Caín ha rechazado la justicia de Dios. Sin embargo, la gente que está en las filas de Abel ha aceptado la justicia de Dios y ha creído en ella, y por eso Dios acepta su fe.
La gente que está en las filas de Caín construye una ciudad por sí misma. Caín construyó una muralla para defenderse de sus enemigos. Lo hizo porque confió en su poder más que en el poder de Dios.
Pero, la gente que está en las filas de Abel cree en la justicia de Dios y confía solo en Dios porque sabe que es imperfecta. Esto se debe a que creen que solo Dios les protege de todos los peligros y les da bendiciones. ¿Están sus corazones en las filas de Abel o en las de Caín? Debemos examinar esto detenidamente. Si queremos recibir las bendiciones de Dios, debemos estar entre las filas de Abel. Debemos creer en la justicia de Dios, y por fe debemos seguir la justicia de Dios. Por el contrario, si no creemos en la justicia de Dios y nos levantamos contra ella con nuestro propio poder, estaremos en las filas de Caín. Debemos tener la misma fe que Abel. Dios nos da las bendiciones divinas del Cielo a los que estamos en las filas de Abel, cuando creemos en la justicia de Dios.
 
 
Caín se separó más de Dios
 
Caín se separó cada vez más de Dios. Por tanto, sus descendientes se separaron más de las bendiciones de la fe en la justicia de Dios. En el pasaje de las Escrituras de hoy, se muestra el linaje de los descendientes de Caín, y entre sus descendientes, Lamec mató a un hombre por haberle herido. Dios dijo que si Caín debía recibir venganza siete veces, Lamec la recibiría setenta y siete veces.
Así los corazones de los descendientes de Caín se hicieron tercos y malvados, y se separaron de la justicia de Dios. ¿Por qué se separaron de Dios? Si buscamos la causa, encontraremos que el sacrificio de su antecesor, Caín, no era el correcto. Está escrito que Caín había ofrecido el fruto de la tierra como sacrificio, pero Abel había ofrecido al primogénito de rebaño junto con su grasa. Por eso, el sacrificio del fruto de la tierra separó a sus descendientes de Dios. Caín no se dio cuenta entonces de que se estaba separando de la justicia de Dios por culpa de su fe. Él ofreció el fruto de la tierra como ofrenda a Dios con toda sinceridad y con mucho esfuerzo. Pero no se dio cuenta de que se estaba convirtiendo en un enemigo de la justicia de Dios.
Sin embargo, la fe errónea de Caín le hizo distanciarse por completo de la justicia de Dios, y nunca pudo volver a ella. Si Caín hubiese dejado de ser tan terco ante Dios, podría haber recibido Sus bendiciones. Si Caín hubiese visto el sacrificio de su hermano y hubiese pensado: «Debo ofrecer un sacrificio agradable a Dios como ha hecho mi hermano», no se habría convertido en enemigo de Dios, y podría haber vivido bien con su hermano por fe. Pero no pudo hacerlo porque su terquedad no le dejó olvidar su orgullo por su propia justicia. Por lo tanto Caín se separó más de Dios porque no reconoció sus propios errores.
 
 
¿Por qué se separan de la justicia de Dios los cristianos de hoy en día?
 
Como la gente ofrece sacrificios incorrectos a Dios, se separa cada vez más de Dios. Si la gente rechaza la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, que revela la justicia de Dios, se separan todavía más de la justicia de Dios. La gente suele pensar: «Debo tener fe en Dios de todo corazón. ¿Por qué me iba a separar de Dios por no creer en el Evangelio del agua y el Espíritu?». Pero en realidad, no tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu es un atajo para alejarse más de la justicia de Dios. La gente sigue estando maldita por culpa de sus pecados porque se resiste al Evangelio del agua y el Espíritu, que contiene la justicia de Dios.
La gente se aleja de Dios porque no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu que manifiesta la justicia de Dios. Así que, seamos quien seamos, debemos creer en el Evangelio de Verdad que contiene la justicia de Dios. ¿No creen que hay mucha gente que intenta acercarse a Dios mediante sus propios esfuerzos? La gente intenta desesperadamente unirse a Dios mediante sus esfuerzos, como oraciones matinales, ayuno y oración, oraciones en la montaña, oraciones nocturnas, servicio social, trabajo misionero, actividades para recaudar fondos, bazares, etc. Sin embargo, como la gente no cree en la justicia de Dios, contenida en el Evangelio del agua y el Espíritu, se separa del Dios Santo. Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, también podemos alejarnos de Dios si no nos mantenemos cerca del Evangelio de la justicia. Acercarse a Dios es acercarse a Jesucristo al tener fe en el que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu. Si nos alejamos de la justicia de Dios, revelada en el Evangelio de la Verdad, al final nos alejaremos de Jesucristo.
Por tanto, los que trabajan para el Evangelio deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y predicarlo tan a menudo como puedan. Esto se debe a que lo que une a la gente con Dios es el Evangelio del agua y el Espíritu. Si apreciamos la justicia de Dios, viviremos más cerca de Él. Para que los pecadores estén más cerca de Dios, deben tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu que contiene la justicia de Dios. Si no creemos en este Evangelio y ofrecemos el fruto de la tierra a Dios, nos separaremos de Dios. El fruto de la tierra se refiere a todo lo que sale de la carne humana; es decir, los pensamientos humanos, la justicia humana, la voluntad humana, el deseo humano, la terquedad humana y el sacrificio humano.
Lo que nos mantiene cerca de Dios es el Evangelio del agua y el Espíritu, mientras que lo que nos separa es la ofrenda del fruto de la tierra. Caín no se dio cuenta de lo incorrecto que era intentar ser aceptado por Dios con sus propios pensamientos, diligencia y esfuerzos. Sin embargo, si alguien quiere estar cerca de Dios, ¿no creen que tiene que darse cuenta de su fe errónea y arrepentirse? Para que una persona corrija su fe, debe creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios y acercarse al Señor. Si embargo, como Caín no admitió su error, incluso después de haber visto que Dios no aceptaba su fe, se alejó de Dios al final.
Si no predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, después de haber recibido la remisión de los pecados, estaremos alejándonos de la justicia de Dios. Es posible que, incluso los nacidos de nuevo, quieran satisfacer los deseos carnales. Si hacemos esto, no podremos unirnos a la voluntad de Dios. Si no nos quedamos cerca del Evangelio del agua y el Espíritu y no lo predicamos, degeneraremos espiritualmente. La ofrenda que nos aleja de Dios es la ofrenda del fruto de la tierra, pero la ofrenda que nos acerca a Dios es el primogénito del rebaño y su grasa.
Caín mató a su hermano. ¿Por qué mató a su hermano, cuando tenía que haberle amado? Porque Caín pensó que su ofrenda era más adecuada que la de Abel. Esto significa que creyó que acercarse a Dios con la justicia propia era la manera correcta de recibir la aprobación de Dios. Así he se quedó disgustado cuando Dios no aceptó su ofrenda, y amenazó a su hermano: «La próxima vez, ofrece a Dios el fruto de la tierra, como yo, tu hermano mayor. ¿Por qué ofreces sacrificios según tus deseos? ¿No crees que aceptaría nuestras ofrendas si ofrecemos las mismas cosas?».
Caín le dijo a Abel esto, pero como su hermano no le escuchó, lo mató. Si su hermano pequeño le hubiera escuchado, ¿creen que Caín lo hubiera matado? ¿Por qué mataría a su querido hermano pequeño? Era el único pariente que estaba por debajo.
Pero la fe de Abel era firme. «Querido hermano mayor, cuando padre y madre pecaron ante Dios, ¿cómo les salvó Dios del pecado? Mira esta túnica. ¿No crees que la salvación se consiguió con un sacrificio? ¿No se nos dijo que el sacrificio tomó todos los pecados de nuestra madre y nuestro padre y murió en su lugar? ¿No es cierto que nosotros pecamos también? Si es así, ¿no debemos ir a Dios con el primogénito de nuestro rebaño como ofrenda para la remisión de nuestros pecados?». «Querido hermano mayor, el sacrificio que has ofrecido a Dios es incorrecto. Debes cambiarlo. No debes ser tan terco ante Dios. ¡Querido hermano! Escucharé lo que tengas que decir. ¿Quieres que te ayude con la cosecha? Haré lo que me pidas. Pero mi sacrificio es correcto. Ofrezcamos este sacrificio juntos». ¿Creen que Abel no le dijo eso a su hermano?
Como Caín no pudo dejar de lado su justicia, mientras estaban los dos en el campo, mató a su hermano Abel. Queridos hermanos, ¿por qué mató a Abel en el campo y no en casa? Porque tenía que hacerlo lejos de su madre y padre. En otras palabras, en aquel entonces, Adán, Eva y Abel eran la Iglesia de Dios. Pero uno de los miembros de la Iglesia fue asesinado cuando estaba fuera de la Iglesia con un hombre que no había nacido de nuevo. En el capítulo 3 del Génesis, la serpiente asesinó a Eva espiritualmente cuando estaba lejos de Adán. Si no quieren morir espiritualmente, deben unirse a la Iglesia, obedecer sus mandamientos y recibir su protección siempre.
Quien quiera recibir las bendiciones de la vida eterna e ir al Cielo, debe creer en Jesucristo, que es el cordero primogénito, como nuestro Salvador, y ofrecer el sacrificio correcto por fe. Es decir, debemos recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta fe es necesaria para que una persona reciba la salvación del pecado. Caín fue al infierno porque no tenía esta fe, y por esta fe Abel fue al Cielo.
¿Como puede una persona que se ha separado de Dios por sus pecados, recibir la remisión de los pecados? Esa persona recibe la remisión de los pecados a través de un cordero. Como Caín se resistió a ofrecer este sacrificio de fe, sus pecados se amontonaron. Al principio, Caín se apartó de Dios por culpa del sacrificio que ofreció y que no le dio la remisión de los pecados. Después se distanció todavía más de Dios porque no podía dejar de lado sus pensamientos. Al final, por culpa de esta fe, acabó matando a su hermano.
Caín se escondió después de matar a su hermano, y Dios le preguntó: «Caín, ¿dónde está tu hermano?». Caín le contestó: «¿Acaso soy el pastor de mi hermano?». Dios dijo: «La sangre de tu hermano clama desde el suelo ¿y dices que no sabes dónde está? Sé que lo has matado con una piedra, ¿y dices que no sabes nada? La tierra ha recibido la sangre de tu hermano y Me está llamando. Tu conciencia me está llamando. ¿No te dice tu corazón que has matado a tu hermano? ¿Crees que no lo sé? ¿Crees que puedes esconder lo que has hecho?». Caín contestó: «Pero ya está muerto, ¿qué puedo hacer? Dios, me estás presionando, y mi castigo es más de lo que puedo soportar. Hoy me has sacado de la faz de la tierra, me esconderé de Ti y seré un fugitivo y vagabundo en la tierra, y si alguien me encuentra, me matará».
Desde aquel entonces, Caín tuvo miedo de su familia y de la gente. Caín se convirtió en un enemigo de sus padres y todo el mundo le evitaba. Se preguntarán cómo es que había otras personas en aquel entonces. Adán y Eva no solo tuvieron a Caín y Abel, sino que vivieron 930 años y tuvieron muchos hijos. Sus hijos tuvieron a su vez más hijos, y el número de personas creció.
Si no aceptan el Evangelio del agua y el Espíritu, serán juzgados por sus pecados e irán al infierno como precio por sus pecados. Caín se convirtió en un fugitivo y vagabundo por culpa de sus pecados. Como tenía miedo de que le mataran, vivió siempre con miedo a la muerte. ¿No creen que debería haberse sometido a Dios? Caín habría recibido la remisión de los pecados si hubiera pensado: «No tendría que haber matado a mi hermano. No tendría que haber ofrecido el fruto de la tierra a Dios. Debo cambiar», y hubiera ofrecido un cordero diciendo: «Este cordero ha muerto como sacrificio en mi lugar. Por favor, permíteme recibir la remisión de los pecados, como mi hermano». Pero Caín no lo hizo.
Sin embargo, Dios llamó a Caín de nuevo y le dio una marca de salvación para que él también pudiera recibir la remisión de los pecados. Esto significa que Dios le dio a Caín la marca de la salvación, es decir, el Evangelio del agua y el Espíritu, que dice: «He borrado todos tus pecados, incluso el asesinato». Pero Caín se alejó del Señor Dios al final y vivió en la tierra de Nod al este del Edén. La tierra en la que vivió era de nómadas. Caín era el representante de la vida maldita en la que la gente tenía que cargar con sus pecados y ser destruida. Incluso ahora los descendientes de Caín dicen: «Si tengo que ir al infierno, iré. ¿Por qué temer?».
 
 
Los hijos de Caín fueron carnales al final
 
Caín abandonó a Dios y tuvo hijos con su mujer. Tuvo a Enoc, y este tuvo a Irad, Irad Mehujael, y este a Metusael, y Metusael a Lamec. Entonces Lamec tomó a Ada como esposa y tuvo a Jabal y Jubal, y Jabel se convirtió en el padre de los que viven en tiendas y tienen ganado. La vida de un ser humano empieza con comida, ropa y techo. Su hermano Jubal se convirtió en el padre de los que tocan la flauta y el arpa, y esto significa que la gente que se ha apartado de Dios busca el placer, después de haber cubierto las necesidades de comida, ropa y techo.
La segunda mujer de Lamec, Zila, dio a luz a Tubal-Caín. Era instructor de todo artesano de bronce y hierro. Esto significa que era herrero. Significa que era el padre de los que hacían espadas y lanzas calentando metales al fuego. Con estos tres hombres empezó la civilización humana. A través de los hijos de Caín, empezaron las culturas de la guerra, el placer y la agricultura. Toda la humanidad intenta ocuparse de la comida, ropa y techo antes que nada. Cuando estas necesidades están cubiertas, buscan los placeres. Cuando estos placeres prevalecen, empiezan las guerras. ¿Cómo se destruye la humanidad que ha negado el Evangelio? A través de las guerras. La historia de la humanidad marcará su final con una guerra. Dios nos está diciendo que la historia de la humanidad, que ha negado el Evangelio, empezó así y terminará así.
La gente que ha abandonado el Evangelio del agua y el Espíritu, mata a otras personas porque sus corazones están heridos. Siempre piensan que los demás les han causado daños. Por eso matan a otras personas para vengarse, y justifican estos actos. Buscan excusas para sus pecados: «No tuve más remedio que hacerlo» y se levantan contra Dios siempre. Por eso se separan cada vez más de Dios y acaban en el infierno. Esto se debe a que se han alejado del Evangelio. Por eso la gente va al infierno porque se han alejado del Evangelio.
Aquellos de ustedes que no hayan recibido la gracia de Di, deben poner todas sus fuerzas en cuidar a las ovejas. Si queremos colaborar en algún ministerio, debemos poner todas nuestras fuerzas en predicar el Evangelio. Debemos vivir por el Evangelio. Esto es lo que debemos hacer. No somos herreros, ni tocamos la flauta, ni nos preocupamos solo por la comida, la ropa y dónde dormir. Con la vida que Dios nos ha dado, debemos cuidar de las ovejas junto con el pueblo de Dios. Jesús le habló a Pedro. Le preguntó: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?». Después dijo: «Apacienta mis corderos» y «Pastorea mis ovejas» (Juan 21, 15-17). Todos los santos que han nacido de nuevo son ovejas espiritualmente.
La gente que está cerca de Dios es la que ha aceptado el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando comemos o bebemos, hagamos lo que hagamos, debemos hacerlo por la gloria de Dios (1 Corintios 10, 31). Por eso predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, lo seguimos, y lo servimos. Servir al Evangelio es estar cerca de Dios. ¿Entienden que aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu es aceptar la justicia de Dios y acercarse a Él? ¿Se dan cuenta de que alejarse del Evangelio del agua y el Espíritu es alejarse de Dios y hacer esto nos condena? La gente que ha negado el Evangelio del agua y el Espíritu, se levanta contra Dios. Por eso, hay una gran diferencia entre el resultado de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y los que no creen. Espero que recuerden que creer o no en el Evangelio del agua y el Espíritu tiene consecuencias distintas: una cosa trae bendiciones y la otra, maldiciones. En estos tiempos debemos entender el poder y la bendición del Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
El amor de Dios quiso salvar a Caín
 
«Caín, he borrado tus pecados. Así que estás sin pecados». Por eso, Dios le dio a Caín la Palabra como marca de la salvación. Pero Caín no creyó en la Palabra y abandonó a Dios. Caín dejó a Dios, no porque hubiese cometido muchos pecados, sino porque rechazó la Palabra de Dios. Además, recibió la maldición porque rechazó el amor de Dios.
En este mundo hay dos tipos de personas espirituales: la familia de Abel y la familia de Caín. Sus caracteres se determinan por su ocupación. Caín era agricultor y Abel pastor Si no amamos el Evangelio del agua y el Espíritu, no lo predicados, es decir, si no cuidamos de las ovejas, acabaremos siendo agricultores como Caín. He visto a muchas personas alejarse de Dios después de haber creído en el Evangelio de la justicia de Dios. Me pregunto: «Ese hombre solía tener el Evangelio. Pero con el tiempo, ¿cómo se ha podido mover tan lejos del Evangelio de la justicia de Dios?».
Hace poco leí un libro de un predicador que una vez predicó el Evangelio del agua y el Espíritu, pero era muy malo. No pude encontrar ni una sola línea en el libro que declarase el verdadero Evangelio. No había ni rastro del Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Por qué dejó el Evangelio? ¿Porque pecó más que nosotros? ¿Porque no conocía la Biblia como nosotros? No. Se convirtió en este tipo de persona porque se alejó del Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, siguió los pasos de Caín. No ha servido a otras almas; solo ha servido a su propia carne como Caín, que labró la tierra.
¿Quién habría pensado que seguir la fe de Caín podría traer tales consecuencias? ¿Quién sabía que la diferencia entre el Cielo y el infierno está en esta Verdad, en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Quién sabía esta Verdad que dice que por muy imperfectos que seamos, si ofrecemos el sacrificio correcto, iremos al Cielo por fe y recibir todas las bendiciones de Dios? Pero nuestro Dios nos ha dado el Cielo al hacernos saber el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios nos ha permitido vivir por este Evangelio de Verdad como pastores de Dios que cuidan de las ovejas en Su Iglesia.
Debemos saber con exactitud lo valioso que es el Evangelio del agua y el Espíritu. Este Evangelio genuino nos hizo nacer de nuevo y nos ha hecho disfrutar de la vida eterna en el Cielo al hacernos hijos de Dios. Este Evangelio ha borrado todos nuestros pecados, y como resultado, el Espíritu Santo ha entrado en nuestros corazones. El Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio de Verdad que Jesucristo cumplió. Este Evangelio es el Evangelio de la salvación que se cumplió según el plan de Dios, y es el Evangelio de las bendiciones que se nos ha dado a la humanidad. Por tanto, debemos darnos cuenta del hecho de que separarnos del Evangelio del agua y el Espíritu es separarnos de Dios. Los nacidos de nuevo vivimos para difundir este Evangelio. Le doy gracias a Dios por permitirnos recibir la remisión de los pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
Queridos hermanos, no se alejen del Evangelio del agua y el Espíritu. No se separen de él. Si se unen a la iglesia de Dios, podrán estar más cerca del Evangelio del agua y el Espíritu. No puedo dejar de pedirles esto. ¿Por qué? Porque dentro del Evangelio del agua y el Espíritu está Dios, la vida eterna, Jesucristo, el Espíritu Santo y la Verdad que nos permite estar salvos. Los que siempre necesitamos es Jesucristo, ya estemos en tiempos de paz o de guerra. Cuando nos acercamos al Evangelio del agua y el Espíritu, podemos servir a la iglesia de Dios y predicar el Evangelio. Podemos cuidar de los hermanos y hermanas que están predicando el Evangelio del agua y el Espíritu. Podemos vivir para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Podemos servir al Evangelio. Si hacemos esto, Dios nos dará todo lo que nos ha prometido. Amen al Evangelio y obedezcan la voluntad de Dios al servir al Evangelio.
 
 
Recibimos las bendiciones cuando nos unimos a la justicia de Dios
 
La gente que posee el Evangelio del agua y el Espíritu no tiene pecados en su corazón y disfruta la vida eterna. Pero los que no tienen el Evangelio del agua y el Espíritu tienen pecados en el corazón y recibir el juicio. Los primeros saben que no tienen pecados en sus corazones. Pero los otros saben que tienen pecados en sus corazones, que les espera el juicio y que irán al infierno.
El diablo nos dice que descartemos el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero si perdemos el Evangelio del agua y el Espíritu, lo perderíamos todo. Cuando Dios nos creó, decidió recrearnos en Su gracia del Evangelio del agua y el Espíritu. Queridos hermanos y hermanas, cuando sirvan al Señor, consideren el valioso Evangelio. La vida sin el Evangelio del agua y el Espíritu es un atajo hacia la maldición y la destrucción. Pero si estamos juntos con el Evangelio del agua y el Espíritu, estaremos bendecidos. Si caminamos juntos con el Evangelio del agua y el Espíritu, se nos abrirán todas las puertas. Espero que aprendan este principio. No deben ignorarlo. No deben dejarse engañar por los falsos evangelios. Si tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, lo tendrán todo.
Cuando estaban en el campo, Caín mató a su hermano pequeño. Entonces lo enterró. Nadie sabía que Caín había matado a Abel. Ni siquiera Adán y Eva. Pero, cuando Dios se le apareció a Caín y dijo: «Caín, ¿dónde está Abel, tu hermano?». Caín contestó: «¿Acaso soy el pastor de mi hermano?». El corazón de Caín se llenó de orgullo. En el pasado no le importaba estar en la presencia de Dios. Pero ahora, como su corazón estaba lleno de pecado y estaba maldito, Caín pensó que no podía estar ante Dios.
Los que unen sus corazones con la voluntad de Dios, reciben bendiciones y paz en sus corazones. Sin embargo, el corazón de los que no se unen a Dios está siempre maldito. Dios quiso que Caín matase a un cordero y se lo ofreciese, y por tanto recibiese la remisión de los pecados. Pero Caín se levantó contra la voluntad de Dios, no unió su corazón con Dios, fue terco, y mató a su hermano. Por tanto tuvo pecado en su corazón, y por culpa de este pecado, fue maldito. Se dio cuenta de esto. Los que no se unen a Dios, están malditos y desolados. Tienen el pecado escrito en sus corazones. Adán y Eva se convirtieron en pecadores porque no creyeron en la Palabra de Dios, e incluso Caín pudo recibir la remisión de los pecados si ofrecía un cordero a Dios. Pero se convirtió en un completo pecador porque no compartió su corazón con la voluntad de Dios. En realidad, si no nos unimos a Dios, nos convertimos en pecadores, pero si nos unimos al Evangelio del agua y el Espíritu de Dios, podemos recibir la remisión de los pecados y convertirnos en justos.
Como hijos de Adán, nacieron pecadores, pero Caín y Abel no se dieron cuenta de que eran pecadores antes de ofrecer los sacrificios. Después de ofrecerlos, Caín siguió siendo terco y rechazó la remisión de los pecados que Dios le dio, y se convirtió en un verdadero pecador. Dios le dijo a Caín: «¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra». La tierra aquí se refiere a los corazones de la gente. ¿Contra quien están dirigidos los pecados del corazón de Caín? Contra Dios. «Has pecado. Has matado a tu hermano pequeño. No hay nadie como tú. Eres malvado. Eres un asesino. Has cometido un pecado grave». Los pecados del corazón de Caín lo denunciaron ante Dios porque había pecado contra Dios.
Como Caín no se unió a la Verdad de Dios de la remisión de los pecados, se convirtió en un completo pecador. Dios les había dado a Adán y Eva el Evangelio con el que pudieran recibir la remisión de los pecados, y también se lo dio a sus hijos. Mientras que el hermano pequeño se convirtió en una persona justa al creer en este Evangelio, Caín siguió siendo un pecador porque no unió su corazón con la voluntad de Dios. Caín representa a todas las personas malvadas que rechazan la justicia de Dios.
¿Cómo se convierten las personas en personas malvadas ante Dios? Si no unen sus corazones con el Evangelio del agua y el Espíritu, que trae la remisión de los pecados, seguirán siendo pecadores malvados. Recibir la salvación de Dios no tiene nada que ver con los propios méritos. Jesucristo borró todos nuestros pecados mediante Su bautismo y Su sangre derramada en la Cruz. Si aceptamos esto diciendo: «Señor, has borrado mis pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu» y creemos en esto, podemos recibir la remisión de los pecados, y podemos ser justos. Si nos unimos con el Evangelio, no tendremos pecados en nuestros corazones. Pero si no nos unimos con el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestros pecados seguirán intactos.
La salvación de estos dos hermanos, Caín y Abel, no tiene nada que ver con sus acciones. No importa quién actuó correctamente ante Dios o ante sus padres. Desde el punto de vista carnal, Caín había sido mejor. Como servía a Dios con el fruto de la tierra, pueden imaginarse lo bueno que era con sus padres. El que una persona sea pecadora o no tiene que ver con que su corazón esté unido a la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, que Dios nos ha dado. Entonces, ¿con qué debemos unir nuestros corazones? Con la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, mediante la que se muestra la justicia de Dios.
 
 
El Evangelio del agua y el Espíritu es así
 
Nuestro Señor vino al mundo y tomó todos nuestros pecados mediante su bautismo. Entonces, murió en la Cruz y resucitó de entre los muertos Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista diciendo: «Déjame hacer ahora porque conviene así que cumplamos toda justicia» (Mateo 3, 15). Nuestros pecados fueron pasados a Jesús para siempre en ese momento. Así, la muerte de Jesucristo se ha convertido en mi muerte, y Su resurrección se ha convertido en mi resurrección. Podemos recibir la remisión de los pecados al creer en este Evangelio de Verdad en nuestros corazones. Si unimos nuestros corazones con el Evangelio del agua y el Espíritu, podemos recibir la remisión de los pecados.
Por el contrario, si no unimos nuestros corazones con el Evangelio del agua y el Espíritu, no podemos escapar del estado de pecadores, y como Caín, seremos cada vez peores pecadores. ¿Qué le dijo Dios a Caín? Le dijo: «Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra» (Génesis 4, 12). Esta fue la maldición de Caín. Los que no unen sus corazones con la justicia de Dios, el Evangelio de Dios, solo reciben maldiciones. Esta gente se está maldiciendo a sí misma y además maldicen a otras personas.
En Génesis 4, 12 Dios dijo: «Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra». Por mucho que nos esforcemos por vivir religiosamente, con pasión, por muchas buenas obras que hagamos o por mucho que trabajemos para ganar dinero, todo será en vano. Las personas así no pueden ser justas. La gente que no une sus corazones con el Evangelio, no puede recibir las bendiciones de la carne. No solo esto, además sus corazones nunca estarán bendecidos, aunque vivan creyendo en la religión, ofreciendo oraciones de penitencia, haciendo buenas obras, etc. Este pasaje está diciendo que esa gente trabaja duro pero no se hace rica.
Nadie quiere ser pobre. Por tanto la gente trabaja. Pero las cosas no siempre salen bien. ¿Por qué? Porque un pecador irá al infierno después de haber vivido una vida maldita por no haber unido sus corazones con Dios. Los pecadores que no creen en la justicia de Dios, son malditos por Dios.
¿No es difícil para la gente vivir? Hay muchas personas que no tienen nada que comer mañana si no trabajan hoy. No hay muchas personas que vivan sin preocuparse por cómo vivir. Dios dijo: «Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza». No habrá fuerza. Significa que todo es en vano por mucho que una persona trabaje. Esta es la maldición para los que no unen sus corazones con el Evangelio de la remisión de los pecados.
Cuando vemos a Caín desde un punto de vista carnal, no parece que haya hecho nada malo. Sin embargo, la causa de su maldición es que no unió su corazón con las obras de salvación que Dios había hecho por él. Como su corazón no estaba lleno de la justicia de Dios, mató a su hermano pequeño, que había unido su corazón con Dios. Si alguien quiere estar maldito por dios, todo lo que tiene que hacer es unirse al Evangelio de Verdad. Al hacer esto, la persona estará maldita con la muerte.
Caín también fue maldito con no poder vivir en el mismo sitio durante mucho tiempo, como está escrito: «Un fugitivo y un vagabundo serán en la tierra». Esto significa que no puede vivir en un solo lugar Significa que tendría que ir de un lado para otro. Los que no se unen con Dios, no pueden estar satisfechos con lo que hacen, y como no pueden poner su corazón en una cosa, viven con maldiciones, cambian de trabajo a menudo, se divorcian y se cambian de casa muchas veces.
Antes de que el ministro Choi de la Iglesia de Pocheon, que ahora es un siervo del Evangelio y de Dios, recibiera la remisión de los pecados, solía trabajar en una fábrica conduciendo una elevadora. Tenía que pagar una deuda y por eso trabajaba duro todos los días, para pagar mes a mes la deuda. Pero sus deudas no parecían saldarse. Así que, durante el invierno, cuando no había trabajo, le resultaba muy difícil seguir adelante.
Pero, después de convertirse en un obrero del Evangelio, ¿ven qué vida tan feliz vive? Por supuesto ahora trabaja para el Evangelio. Pero la verdad es que ahora todos sus esfuerzos no son en vano, sino que cuentan en el Cielo. En el pasado, aunque tuvo que trabajar duro, la tierra no le dio nada, pero ahora puede vivir una vida valiosa difundiendo el Evangelio por todo el mundo al servir a la Iglesia y enviando productos a la oficina principal de nuestra misión, lo que le produce muchos beneficios con poco trabajo.
La gente que tiene pecados en sus corazones, tiene miedo. Caín tenía miedo y agonizaba porque pensaba que la gente le mataría por sus pecados. Como los que no han nacido de nuevo tienen pecados en sus corazones, tienen miedo y sus corazones no están unidos al Evangelio del agua y el Espíritu de Dios, ni tienen fe. La persona que vive sintiéndose como una víctima, porque piensa que le van a hacer daño. Si no nos unimos a la Verdad, tendremos maldiciones a todas horas. Sin embargo, la gente que ha unido sus corazones con el amor de la Verdad de Dios, recibirá grandes bendiciones. Por esta razón debemos unirnos a Dios. ¿Lo entienden? Si Dios fuera malvado, no tendríamos que unirnos a Él, pero como es tan misericordioso y bueno, debemos unirnos a Él. Si una persona se niega a unirse a Dios, esta persona es muy terca. Lo que estoy diciendo aquí es que, si una persona tiene una mente normal, ¿por qué no se va a unir a Dios como Abel?
Está escrito: «Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará. Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara» (Génesis 4, 13-15).
Dios le dio a Caín una oportunidad: «He borrado tus pecados y trasgresiones. Únete a Mi Palabra de Verdad una vez más. Si estás en esta situación por no haberte unido a Mí, intenta unirte a Mí de nuevo». Pero, ¿qué hizo esta persona al final? Caín se fue y vivió en la tierra de Nod, al este del Edén. Esto significa que vivió como un fugitivo después de abandonar a Dios. Caín es el representante de la gente que no une sus corazones con Dios. Entre la gente que vive en este mundo, los que no han recibido las bendiciones de Dios es como Caín.
En Dios, está la salvación, las bendiciones, la vida eterna, el amor y el camino a seguir. Dios ha preparado todo esto. Todo lo que tenemos que hacer es creer en Dios y seguir a la Iglesia uniendo nuestros corazones con ella. Caín es el representante de los que no aceptan las bendiciones de la gracia de Dios y no unen sus corazones con Él.
Algunos predicadores malinterpretan el pasaje de las Escrituras de hoy diciendo: «Dios no aceptó a Caín porque ofreció el fruto de la tierra que no era útil, porque se pudre, en vez de haber ofrecido sacrificios con sinceridad». Esto no es así. Cuando Caín se enfadó con Dios cuando no aceptó su sacrificio, podemos ver que había ofrecido el fruto de la tierra de la mejor calidad: aunque ofreció lo mejor que podía, como Dios no lo aceptó, y como su hermano pequeño le dijo que ese sacrificio no era el correcto, Caín se sintió muy frustrado y mató a su hermano. Debemos darnos cuenta de que es un pecado no unirse a Dios y no caminar por fe.
 
 
Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu también hacen cosas malas durante su vida
 
Esto es cierto. Sin embargo, no morimos por nuestros pecados porque creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios le dijo a Caín: «Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara». ¿Qué es esta marca? Es el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios le dio la marca de la salvación. Así que hizo que nadie pudiese matar a Caín. ¿Qué tipo de marca nos ha dado Dios? Nos ha dado la marca de la salvación que nos permite recibir la remisión de los pecados. Nos ha dado la Palabra del agua y el Espíritu. Ahora, nadie, ni siquiera el diablo o la gente, puede hacernos nada a los justos.
Sin embargo, tenemos un corazón malvado que no quiere unirse a Dios. Pero, como el Señor ha borrado todos los pecados, incluso el de no querer unirse a Él, para que podamos estar junto a Él, todo lo que tenemos que hacer es unirnos a Dios de nuevo. Si unimos nuestros corazones con Él diciendo: «Querido Dios, he obrado mal. Tú tienes razón. El Señor lo hizo así. Ha borrado todos nuestros pecados. Ha borrado los pecados que cometo por mis imperfecciones. Cuando Jesús fue bautizado, todos mis pecados se pasaron a Él. Creo en Él», nuestra relación con el Señor se restaura, compartimos comunión con Él y recibimos bendiciones abundantes.
Pero Caín se fue sin aceptar esta marca hasta el final y vivió en la tierra de Nod. ¿Qué pasa cuando alguien no se une a Dios? Que recibe una maldición. A veces los justos hacen cosas malas, pero no debemos convertirnos en personas como Caín. Si nos unimos al Evangelio de Dios y reconocemos nuestros fallos, recibiremos todas las bendiciones de Dios. Debemos darnos cuenta de lo importante que es que nos unamos a la justicia de Dios. Al unirnos a la justicia de Dios, podemos recibir la remisión de los pecados, recibir bendiciones y vivir una vida bendita. Pero si no nos unimos, recibimos las maldiciones, nos convertimos en hijos del diablo, pasamos por malos momentos en el mundo, y al final vamos al infierno. Por tanto, espero que se den cuenta de que esta unión es muy importante. Aunque el Señor ha borrado todos nuestros pecados, si no compartimos nuestros corazones con la Palabra de Verdad, no podremos tener fe en esta Verdad. Si nos unimos, podremos creer en la Verdad. Incluso ahora mismo, muchas personas reciben la maldición y van al infierno porque no se unen con el Evangelio de Dios con el corazón, como Caín.
He visto a muchas personas miserables que han vivido como Caín. Conozco a unas cuantas ahora. ¿Qué quieren hacer? ¿Quieren unir sus corazones con el Evangelio o quieren levantarse contra él? Si se unen a él, recibirán las bendiciones de Dios. Pero si se levantan contra él, recibirán todas las maldiciones. Será así. Si se han unido de corazón a Dios, ya habrán recibido todas las bendiciones, aunque no las puedan ver. Cuando llegue el momento, todas las bendiciones se cumplirán. Los que no han unido sus corazones con Dios, aunque no visto las maldiciones todavía, las recibirán con el tiempo. ¿No creen que la Palabra es temible y maravillosa? Todas las cosas que el Señor ha dicho, se cumplirán hasta el último punto. Esta es la verdad. Los que no se unen a Dios, serán destruidos. Por tanto debemos unirnos a Dios.
Se dice que hace mucho tiempo, cuando los ascetas estaban sentados en sus casas y decían: «Va a venir alguien que está a 3 millas de aquí», esa persona llegaba en una hora sin falta. Es como decir: «Lo creas o no». Sin embargo, los justos saben con claridad si una persona va a recibir una bendición o una maldición. Podemos decir: «Esta persona seguirá viviendo con maldiciones» y «Esta persona, aunque es imperfecta, será bendecida». Estas cosas están claras a los ojos de la fe. ¿Cómo lo sabemos? Lo sabemos porque la Palabra de Dios lo dice.
Delante de nosotros hay un camino hacia las bendiciones y otro hacia las maldiciones. Lo que estoy intentado decirles es que, si es posible, ¿por qué no tomamos el camino de las bendiciones y vivimos con esas bendiciones por fe, en vez de ser malditos por no unirnos a Dios? Si nuestros corazones han hecho mal, tenemos que cambiar, y si nuestros corazones son demasiado orgullosos para seguir a Dios, debemos romperlos. ¿Por qué no romperlos? Los pensamientos de las personas no son siempre correctos. Como nuestros pensamientos son malvados, es fácil convertirse en enemigos de Dios. ¿No era Caín así? Los que serán maldecidos por Dios no se unen a Él.
¿También fue maldito Ismael? Abraham tuvo a Isaac e Ismael, pero aunque Isaac recibió las bendiciones de Dios, Ismael fue maldecido. ¿Por qué? Porque Isaac era el hijo prometido por Dios, mientras que Ismael era el hijo de la carne. El primero era el hijo del Evangelio, mientras que el otro era el hijo de la Ley (Gálatas 4, 22-25).
Queridos hermanos, aunque no seamos perfectos, debemos unir nuestros corazones con Dios. Aunque seamos imperfectos, si no unimos a Dios, recibiremos las bendiciones de Dios, pero si no nos unimos, moriremos con Su maldición. Espero que se unan a Dios. También quiero que se unan al Señor más. ¿Quieren hacer esto? Deben unirse con el Evangelio. Dios ha redimido todas sus acciones. Jesús ha completado toda la justicia al ser bautizado, morir en la Cruz, y resucitar. Así se convirtió en el Salvador de todos los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
¿Cuál es el bien y el mal del que habla Dios?
 
«Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante» (Génesis 4, 3-5).
Cuando la gente se presenta ante Dios le trae las cosas que Dios les ha dado. Si alguien se presenta ante Dios con sus propias acciones justas, será maldito. Dios no respetó a Caín y su sacrificio. Entonces Caín se enfadó tanto que su semblante decayó. ¿Por qué se enfadó tanto Caín? Porque pensó: «No he hecho nada malo pero Dios no ha aceptado mi sacrificio. No sé porqué, mi sacrificio es mejor que el de Abel». Estaba diciendo que él tenía razón y Dios no. Por eso se enfadó.
Pero Dios dijo: «¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta». Aquí Dios habla del bien. ¿Qué bien podemos llevar a cabo ante Dios? Tener la fe en la obra de Dios, en el hecho de que Jesucristo, que es el Primogénito, ha borrado nuestros pecados. La buena obra es creer de corazón en todas las obras de la justicia de Dios para salvar a los humanos del pecado al venir al mundo, ser bautizado para tomar los pecados, morir en la Cruz para pagar el precio del pecado y resucitar de entre los muertos. La mejor obra que podemos hacer es tener fe en la obra que Jesús, que es Dios, hizo en este mundo cuando se encarnó en un hombre. Además Dios hizo todas esas obras para salvarnos, pero si ignoramos la obra que Dios ha hecho por nosotros, seremos malvados. El bien no consiste en ofrecer muchos sacrificios a Dios, sino que consiste en tener fe en las obras que Jesús ha hecho por nosotros.
Los seres humanos, que han recibido su propia concepción del bien y el mal después de comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, juzgan el bien y el mal por su cuenta. Sin embargo, como todos los humanos vienen del mismo antecesor pecador, Adán, no tienen ninguna buena cualidad. Por eso la Biblia dice: «Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (Romanos 3, 10-12).
La concepción del bien y el mal en la sociedad humana cambia con el tiempo y según la sociedad. Esto significa que una virtud en una sociedad puede ser un vicio en otra. Por tanto las virtudes son relativas y no están basadas en la Palabra de la Verdad.
Solo Dios es bueno. Por eso nuestra verdadera virtud es aceptar la obra que Dios ha hecho por nosotros. Dios Padre envió a Su único Hijo para salvarnos y le pasó todos nuestros pecados. Al juzgar a Su Hijo en vez de a nosotros, ha borrado todos nuestros pecados y nos ha salvado. Por eso Dios Padre nos ha salvado a través de Su Hijo. Por tanto, aceptar la obra que el Hijo de Dios ha hecho por nosotros, es hacer algo bueno ante Dios. Esto es bueno.
La verdadera virtud no consiste en hacer muchas buenas obras ni en servir a Dios como queramos, sino que consiste en aceptar la obra que Dios ha hecho por nosotros, la salvación. Esto es devolver la gracia a Dios, y hacer el bien. ¿Entienden el concepto del bien y del mal? Aquí Dios nos enseña el concepto del bien y del mal. ¿Cuál es el verdadero bien? El ser salvados al aceptar la obra de la salvación que Dios ha completado, es decir, el aceptar el amor de Dios.
 
 
¿Cuál es la fe correcta?
 
Les voy a dar un ejemplo. Imaginemos que tienen un siervo. Este siervo comete un pecado y va a recibir la pena de muerte. Pero digamos que aman mucho a este siervo, y para salvarlo, envían a su único hijo para morir en su lugar. Entonces su hijo salvaría a este siervo al tomar sus pecados, ser juzgado y morir en su lugar. Pero si el siervo no creyese en la salvación que ustedes han cumplido mediante su hijo, ¿cómo se sentirían? Ustedes, los amos, lo que el siervo debe hacer es recibir la salvación que su hijo ha cumplido, es decir, que el siervo debe aceptar su amor. ¿Ven lo que quiero decir con esta historia? El verdadero bien del que habla Dios es aceptar el amor de Dios con gran gratitud.
Sin embargo, Caín no aceptó el amor de Dios tal y como es, y pensó que ofrecer sus propios méritos a Dios era hacer el bien. Por eso Dios le reprendió diciendo: «¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él» (Génesis 4, 7). Dios estaba diciendo algo así: «¿Por qué estás tan enfadado? Si hubiese algo bueno en lo que has hecho, ¿por qué no lo habría aceptado? Cuando tus padres pecaron, yo los salvé evitando que fueran juzgados, al matar a un animal por sus pecados y hacerles que llevasen su piel. ¿No has cometido pecados? Si es así, ¿por qué no me ofreces al primogénito como hizo Abel? ¿No deberías haberme ofrecido un animal por fe según lo que Yo te he enseñado: «Por mí este animal ha muerto”» ¿No deberías haberte presentado ante Mí con fe en el camino de salvación y el sacrificio que Yo te he enseñado? ¿No crees que hay que recibir la salvación de esa manera? ¿No crees que Jesús, el Primogénito de las ovejas, murió para salvarte? ¿No es esto el bien? ¿No es esta la verdadera salvación?».
Pero Caín dijo: «No voy a hacer lo mismo que mi hermano pequeño. No voy a ofrecer un cordero, poner las manos sobre su cabeza, partirlo por la mitad y ofrecérselo a Dios. No voy a hacer eso, ni hablar. Por favor, Dios, mira. Echa un vistazo a mis antebrazos», y entonces, amontonó los productos de su ofrenda, tales como patatas, maíz, piñas, plátanos, etc. sobre una roca grande, y dijo: «Querido Dios, por favor, acepta estos productos».
Dios dijo: «Caín, ¿qué vida te pueden dar estas ofrendas? El sacrificio que Yo acepto, debe tener vida, es decir, sangre. Como está escrito: “Porque la vida de la carne en la sangre está” (Levítico 17, 11), si quieres ser salvado de tus pecados, debes pasarlos al sacrificio que tiene sangre, mediante de la imposición de manos. Entonces tienes que matarlo, derramar su sangre y ofrecerme su carne quemándola en el altar». Este era el Evangelio de Dios que Adán y Eva aprendieron. Incluso ahora Dios no ha cambiado: Dios envió a Su único Hijo, Jesucristo, para salvarnos. Ese Hijo nos salvó al cargar con nuestros pecados, mediante Su bautismo, y al derramar Su sangre en nuestro lugar.
«Porque la vida de la carne en la sangre está» (Levítico 17, 11). Para darnos nueva vida a los que estábamos destinados a morir, Jesús vino al mundo, tomó todos nuestros pecados mediante Su bautismo, y fue clavado en la Cruz en nuestro lugar. Tiene sentido que Jesús fuese ejecutado, pero ¿por qué fue crucificado y derramó Su sangre? Porque el Señor había tomado todos los pecados del mundo mediante Su bautismo, y ahora tenía que derramar Su sangre para pagar el precio de los pecados y poder salvarnos perfectamente. Por eso Jesús, que había tomado los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, fue clavado en la Cruz.
Dios Padre nos amó tanto que nos salvó entregando a Su único Hijo. Para salvarnos, Jesús tomó todos nuestros pecados al ser bautizado en el río Jordán, derramar Su sangre en la Cruz, resucitar al tercer día y ascender a los Cielos donde está sentado a la derecha de Dios Padre. Por tanto, no tener fe en el único Hijo es malvado, mientras que tener fe en Él es hacer el bien. El conocimiento del bien y del mal pertenece a Dios únicamente.
Pero si no creemos en las obras de Jesús y ofrecemos a Dios nuestros propios méritos mediante sacrificios, ¿sería eso piedad para Dios? No, porque hacemos las cosas a nuestra manera sin hacer caso de lo que dicen nuestros padres. Hacer lo que hace felices a los demás es tener piedad filial.
La separación entre el bien y el mal la conoce solo Dios. Por eso Dios le dijo a Caín: «Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta». Mediante estas palabras, Dios está diciendo: «Si has hecho el bien ante Mí, ¿por qué te pones rojo? Si te presentaste ante Mí creyendo en la Verdad de que te he salvado, ¿por qué te enfadas? Porque no crees en Mi Palabra. Como no crees en Mí, insistes en tus virtudes».
La salvación no es algo que hayamos creado. Hemos recibido la salvación de nuestros pecados al tener fe en la justicia de Dios; recibimos la salvación al aceptar la virtud de Dios. Está escrito: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 4, 10). Queridos hermanos, Dios nos ha creado, y cuando estábamos destinados a ir al infierno por haber sido engañados por Satanás, Dios preparó un sacrificio. En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran animales, pero en el Nuevo Testamento, la ofrenda del sacrificio fue Jesús, el Cordero de Dios. Ahora podemos recibir la salvación de Dios, ejercer la piedad filial hacia Dios, y aceptar la obra de salvación de Dios que nos ha salvado. ¿No es así, queridos hermanos?
Hay una historia antigua en Corea sobre dos personas que recibieron un premio a la piedad filial. Una persona recibió el premio porque sirvió a sus padres con gran devoción, pero más tarde apareció otra persona con un premio mayor a la piedad filial. Así que el primero dijo: «Tengo que averiguar qué hizo para conseguir un premio mayor que el mío», y entonces observó la conducta de este hombre al acercarse a él. Cuando el segundo hombre fue a su casa, dijo: «Madre, estoy en casa», y la madre contestó: «Hizo, siéntate y estira los pies». Entonces estiró los pies, la madre le quitó los calcetines, le puso los pies en un recipiente con agua, le lavó los pies, y se los secó con una toalla. Entonces la madre dijo: «Hijo, te voy a preparar algo para comer, así que quédate en tu habitación y come», y le dio a su hijo todo su amor y devoción. Todo lo que el hijo tenía que hacer era aceptar el amor.
Al principio, el primer hombre empezó a insultarle. «Este hombre no tiene piedad filial. Debería lavarse los pies él mismo. ¿Cómo le puede pedir a su madre que se los lave? ¡Qué hijo tan malvado!». Pero después de haber pasado unos días juntos, se dio cuenta de que la madre, que era viuda, era feliz cuando servía a su hijo. Entonces entendió: «El verdadero amor filial consiste en hacer feliz a los padres. Esta madre se siente muy feliz cuando se sacrifica por su hijo, en vez de recibir algo de é. Por eso la piedad filial de este hombre consiste en hacer lo que su madre quiere que haga. Como este hombre sabe lo que su madre quiere, lleva a cabo el amor filial al estirar los pies cuando se lo pide, y al comer cuando ella le prepara comida».
Si de verdad queremos ejercer la piedad filial hacia Dios y hacer que Su corazón se regocije, todo lo que tenemos que hacer es aceptar Su amor de salvación con gratitud. Debemos averiguar cuál es la intención de Dios para nosotros, y unir nuestro corazón con esa intención. Esto significa que debemos aceptar el Evangelio mediante el que Dios nos ha salvado, en vez de hacer buenas obras. Debemos recibir la salvación con fe en el Evangelio tal y como es, en la obra que el Hijo de Dios, Jesucristo, hizo en la tierra. Al creer en esto, Dios estará complacido y estaremos unidos con Dios porque la salvación de Dios estará en nuestros corazones. Queridos hermanos, ¿entienden esto?
Debemos saber la definición del bien y el mal. No creer en las obras llevadas a cabo por Jesús, entregarse a Dios de una manera egoísta, y mostrar amor solo cuando se desea, es malvado. A los que dicen: «¿Acaso no expulsé demonios e hice milagros en Tu nombre, Señor?» el Señor les dirá: «Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad» (Mateo 7, 21-23). Sin creer en la salvación que Jesús ha cumplido por nosotros, pueden hacer muchas obras, esforzarse mucho, donar mucho dinero y hacer muchos sacrificios diciendo que todo eso es para el Señor. Pero si el Señor les juzga por haber obrado iniquidad, ¿no se sentirán avergonzados? Como han hecho tantos esfuerzos por Él, acaso no le reprocharían: « ¿Cómo me has podido hacer esto?».
Dios quiere que recibamos la salvación y que disfrutemos de la vida eterna. Quiere que vivamos una vida espiritual. Está escrito: «Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Timoteo 2, 3-4). Queridos hermanos, ¿lo entienden? Nuestro concepto del bien y del mal debe cambiar. Si no aceptamos las obras de Jesús, seremos malvados. Esto es practicar la iniquidad.
 
 
«Si hicieres el bien, ¿no serás aceptado?»
 
Lo más virtuoso que podemos hacer es aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones, el Evangelio mediante el que se completó la justicia de Dios. Es aceptar el Evangelio de la justicia de Dios como la Verdad de la salvación del pecado. Esto es el bien ante Dios.
«Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él» (Génesis 4, 7). El deseo de desafiar a Dios está en todo el mundo; el deseo de desafiar a la Verdad está en todo el mundo. Si es posible, la gente desea desafiar a Dios. La Biblia nos dice que esta blasfemia está dentro de nuestros corazones (Marcos 7, 22). Pero debemos darnos cuenta de que esto es malvado, y debemos arrepentirnos y cambiar. Al hacer esto debemos aceptar la obra que Jesucristo ha hecho tal y como es, y debemos creer en ella tal y como es. Entonces debemos seguirla.
«Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta» (Génesis 4, 7). Si no creemos en Jesucristo de todo corazón, pecaremos. Sin tener fe en Jesucristo, aunque visitemos orfanatos y residencias de ancianos para consolarlos y aunque donemos 1000 millones de dólares a la caridad, seguiríamos pecando. Esto es establecer la propia justicia, en vez de hacer alarde de la justicia de Dios. Esta es la obra contra Dios que nos destruirá. Aunque queramos desafiar a la Palabra de Dios, debemos controlar este impulso. Debemos confesar: «Estaba equivocado. La Palabra de Dios tenía razón». Debemos darnos cuenta de esto, volver a Dios y aceptar Su obra de salvación tal y como es.
Queridos hermanos santos, debemos tener el concepto correcto del bien. Aceptar la obra justa que Dios ha hecho por nosotros es una gran virtud. La obra que Dios está haciendo a través de Su Iglesia y Su Palabra es lo mejor. Está escrito: «Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación» (1 Samuel 15, 22-23). Dios se regocija cuando obedecemos la Palabra de Dios. Cuando no la aceptamos estamos sirviendo a ídolos. Esto significa que cometemos el pecado de servir al Diablo.
En nuestras vidas de fe nos preguntamos: «¿Qué es lo correcto?». Todo el mundo tiene un concepto del bien y del mal. Sin embargo, debemos reconocer el hecho de que solo Dios es bueno y que solo Dios puede establecer el concepto del bien y del mal. Por eso, les estoy diciendo que debemos deshacernos de nuestros conceptos del bien y del mal. Si no lo hacen, serán expulsados del Jardín del Edén. No entrarán en el Cielo. Debemos dejar que Dios decida lo que es el bien y el mal.
Mientras vivimos nuestras vidas de fe, no debemos tener nuestro propio concepto de lo que está bien y lo que está mal. A través de la Iglesia, Dios nos habla, nos cuida y nos guía. Debemos entender que la Palabra de Dios es sagrada y que lo que nos dice es correcto. Cuando escuchemos la Palabra de Dios, no debemos pensar: «La Palabra dice esto, ¿pero debemos hacer lo que dice?».
Por el hecho de que Abel hubiese ofrecido al primogénito de su rebaño, podemos ver que es una prueba de que sus padres, Adán y Eva, le enseñaron la fe correcta. Cuando sus padres, es decir, sus líderes espirituales, le enseñaron la Palabra de Dios, Abel la aceptó y creyó en ella tal y como es. Abel: «Dios salvó a mis padres de esta manera, un cordero tuvo que ser sacrificado» y entonces unió su corazón con el Evangelio de Verdad.
Pero Caín no creyó y en vez de recibir las bendiciones de Dios, fue maldito al seguir su propia justicia. Incluso ahora, muchos cristianos rechazan el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios y solo creen en la sangre derramada en la Cruz según sus propios pensamientos. Estas personas son malvadas.
Mientras viven sus vidas de fe, ¿no es cierto que sus propios pensamientos aparecen frecuentemente? Cuando tenemos que hacer una obra, nuestros pensamientos emergen. La justicia de la carne sale de nuestra carne. Sin embargo, pase lo que pase, para poder seguir la justicia en vez de los pensamientos carnales, debemos seguir a Dios y a la Iglesia diciendo: «¿Qué dice Dios acerca de esto? ¿Qué nos enseña el líder en este caso?». La Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia son buenas.
Por el contrario, si no quieren que Dios ni la Iglesia les guíen, caerán en sus propios pensamientos y se alejarán de Dios. Incluso Caín se apartó de Dios y mató a su propio hermano al final, porque había caído en su propia justicia, al traer un sacrificio diferente al de Abel y que Dios no aceptó. Si hubiese acudido a Adán, le hubiese contado su problema, y hubiese seguido su consejo, ni él ni sus descendientes habrían caído en la maldición. Pero insistió en que sus pensamientos eran correctos. ¿Podemos los seres humanos hacer buenas obras ante Dios? Los seres humanos son una manifestación del mal. Los que intentan ser virtuosos por sus propios esfuerzos, pensando que son buenos, son los peores, que se levantan contra Dios.
¿Saben qué religión de este mundo va contra Dios más? El budismo. Los budistas creen que se pueden convertir en dioses. El budismo, que dice: «Si una persona hace buenas obras y es austera, se puede convertir en un dios», es la religión que más se levanta contra Dios. Este budismo prevalece en este mundo. En Europa Occidental en concreto, el budismo está expandiéndose. La razón por la que el budismo está activo en una región dominada por el cristianismo, se debe a dos hechos: en primer lugar, el cristianismo sin el Evangelio de Verdad no puede traer la verdadera salvación y por eso la gente busca en el budismo un cierto misticismo oriental. En segundo lugar, como el cristianismo legalista y doctrinal no es muy diferente del budismo, que busca las propias virtudes, el budismo entró en la sociedad cristiana sin ningún rechazo.
Sin embargo, ¿pueden los seres humanos convertirse en dioses por sus propios esfuerzos? No, nunca. Pensar que una persona se puede convertir en un dios si hace buenas obras, y practica la austeridad, es desafiar a Dios. Si la gente insiste en sus propias virtudes, no está practicando ninguna virtud, como está escrito: «Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios» (Marcos 10, 18).
No saben cuánto va a durar su justicia o su obstinación en esta vida. Pero si vivimos como Caín y ofrecemos nuestros propios pensamientos, ¿podremos recibir la salvación o no? No. ¿Cómo la podemos recibir? Si piensan: «¿Para qué sirve creer en Jesús? Todo lo que tengo que hacer es vivir con rectitud sin hacer daño a los demás», nunca podremos recibir la salvación. Esta es una virtud humanística.
La gente que no reconoce su maldad y no se arrepiente de al maldad, se levanta contra la iglesia de Dios, del mismo modo en que Caín mató a Abel. Si alguien se da cuenta de que ha hecho mal, esa persona debe arrepentirse y cambiar. Pero Caín, que puso su justicia antes que nada, mató a su hermano Abel, que era justo. ¿Qué hizo mal el hermano pequeño? Del mismo modo en que Dios salvó a sus padres dándoles túnicas de piel, su hermano quiso recibir la remisión de los pecados mediante el sacrificio de un cordero, entonces ¿qué hizo mal? ¿Qué le hizo a Caín para que este le matase en el campo?
Esta es la conducta malvada de los que no hacen el bien ante Dios. Como Caín tenía el mal en su corazón, mató a su hermano pequeño, que hacía el bien. Por eso la Biblia dice: «No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas» (1 Juan 3, 12). De verdad, si no nos negamos ante la Palabra de Dios, seremos como Caín. Si no nos negamos a nosotros mismos, estaremos cometiendo un asesinato.
Queridos hermanos, Abel recibió la salvación. Adán y Eva también fueron salvados. Set también fue salvado. Sin embargo, los descendientes de Caín estuvieron malditos. Hay muchos descendientes de Caín, y son los que insisten en que el Evangelio del agua y el Espíritu no es cierto, aunque Jesús les haya salvado mediante ese Evangelio. La Biblia nos dice que Jesús recibió el bautismo para cargar con nuestros pecados y borrarlos, y que pagó la pena de esos pecados al morir en la Cruz derramando Su sangre. Nuestro Señor nos ha salvado perfectamente, pero ¿cómo puede la gente decir que no es así? Debemos darnos cuenta de que es un pecado grave no descartar nuestra justicia.
 
 
Una persona que no cree según la Palabra de Dios es como Caín
 
Dios no aceptó a Caín ni su sacrificio. Como Caín no aceptó su ofrenda con gozo, Caín se enfadó mucho. Su cara se puso roja y empezó a resoplar. «Dios no acepta mi ofrenda. No puede ser. Mi hermano, el estúpido, se ha pasado el día jugando, pero ahora mata un cordero y lo pone sobre una roca, y Dios acepta su sacrificio, pero el mío no. Yo había preparado mi sacrificio con gran devoción. Había presentado el fruto de la tierra que me costó tanto trabajo conseguir. Pero Dios no lo ha aceptado». Caín se enfadaba cada vez más. Caín disfrutaba pecando y levantándose contra Dios. Le gustaba demasiado. Caín quiso desafiar a Dios, desobedecerle, así como desafiar las instrucciones de sus padres.
Queridos hermanos, ¿por qué la gente que no acepta el Evangelio se enfada con Dios y con los justos? Porque esta gente es malvada y sus corazones son arrogantes, por lo que cree que es justa. Dios le dice a esta gente: «Si queréis recibir la remisión de los pecados, ofreced un cordero. Pasarle los pecados mediante la imposición de manos sobre la cabeza del animal que tenga la sangre del sacrificio, y después traédmelo muerto en vuestro lugar. ¿Acaso no teníais que morir vosotros? Vosotros teníais que haber muerto, pero os dije que os salvaría si pasabais vuestros pecados a este animal, lo matabais, recogíais su sangre y me lo ofrecíais. Pero, ¿por qué no escuchasteis Mi Palabra y me ofrecisteis sacrificios por vuestra propia voluntas? ¿Por qué ofrecéis cosas de las que alardeáis? Son cosas sucias que no puedo aceptar. ¿Os alteráis porque no las acepto? Sois unos desagradecidos e ingratos».
Caín y Abel ofrecieron sacrificios a Dios, y entonces cayó fuego del cielo para quemar la ofrenda de Abel. Es decir, este fuego tuvo que venir de Dios. Por eso el fuego del altar de los holocaustos se llama el fuego del Señor Dios. El sacrificio de Abel, el primogénito de su rebaño y su grasa, se había quemado, pero el fruto de la tierra ofrecido por Caín se quedó intacto. Esto demuestra que Dios no aceptó este sacrificio. Por eso Caín se exasperó tanto y se levantó contra Dios.
Los cristianos se enfadan con Dios diciendo: «He sufrido mucho por Ti, pero ¿por qué no has borrado mis pecados ni me has dado paz? ¿Por qué me estás haciendo sufrir?». ¿Es correcto enfadarse con Dios? Si creyesen en la Verdad y ofreciesen un sacrificio por fe, Dios les daría bendiciones. Pero, ¿por qué hacen todo como les place y luego se enfadan con Dios?
En el futuro, muchos cristianos se quejarán al Señor. «¿A caso no he profetizado, expulsado demonios, y hecho muchos milagros en Tu nombre, Señor? ¿Cómo dices que no me conoces?». Cuando hacen esto, el Señor ni se inmutará y les dirá: «¡Apartaos de Mí, obradores de iniquidad!». Ese día, todos los descendientes de Caín, y Caín mismo, seguirán quejándose diciendo: «Dios, eres demasiado duro. ¿Nos has engañado?». ¿Creen que Dios les ha engañado? Ellos han engañado a Dios. La verdad es que Dios les ha prometido salvación a través de un sacrificio animal. Pero, ¿cómo pudieron intentar recibir esta salvación a través de su propia devoción y sus oraciones de penitencia? Esta gente será apartada ese día.
Caín mató a su hermano Abel. El resultado de no obedecer la Palabra de salvación de Dios llevó a Caín a matar a su propio hermano. Si creemos en Jesús de una manera incorrecta, estaremos cometiendo un asesinato. La gente que no ha nacido de nuevo me asusta. Cuando esta gente ve que algo les causa dolor, nos amenazan diciendo que van a impedir que hagamos la obra de Dios si no les escuchamos. Cuando fuimos a Rusia a predicar el Evangelio, solo unas pocas personas recibieron la remisión de los pecados y empezaron a hacer la obra del Evangelio con nosotros. Entonces, los pastores que habían trabajado con estas personas en el pasado les amenazaron diciendo que si no trabajaban con ellos de nuevo, propagarían un rumor y dirían que son herejes. Estos pastores son los descendientes de Caín.
Si seguimos la fe de Caín, seremos como estas personas. Si no creemos en la Palabra de Dios y sus enseñanzas, seremos enemigos de Dios, enemigos de los justos y siervos del Diablo. Hay mucha gente que no ha nacido de nuevo y por eso insulta a Dios cuando les ocurre cualquier contratiempo. Dicen: «He vivido por el Señor hasta ahora, ¿por qué me pasan estas cosas? ¿Por qué estoy peor?».
Dios nos ha enseñado la fe correcta y la incorrecta para que tengamos la fe correcta. Al comparar la fe de Abel y la de Caín, Dios nos está avisando de que no debemos caer en el pecado de Caín. Ofrecer oraciones de penitencia es como ofrecer el sacrificio de Caín. Es el sacrificio del fruto de la tierra.
Los que no han nacido de nuevo son como Caín. La gente que cree en Jesús, pero no cree en Jesucristo, que ha venido por el agua, la sangre y el Espíritu, es como Caín. Actúa como Caín. Se enfada a todas horas. Dice que es mejor que los demás y alardea de su fuerza y su justicia. Estas personas dicen: «Somos una denominación grandiosa. ¿Por qué ustedes, una denominación diminuta, dicen que nosotros no creemos correctamente?». El Señor dijo: «El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado» (Mateo 13, 33). Si añadimos una pequeña cantidad de levadura en una gran cantidad de pasta de harina de trigo, se mezcla con toda la harina. Esto significa que, aunque el número de personas que ha recibido la remisión de los pecados no es muy elevado, esta fe se difundirá a todo el mundo en poco tiempo.
¿Quién es Abel? Una persona nacida de nuevo. ¿Quién es Caín? Representa a los cristianos pecadores que no han nacido de nuevo. Debemos entender el hecho de que, los que no han nacido de nuevo, son como Caín. La gente que no ha nacido de nuevo es como Caín, sin excepción. Por eso la Biblia dice: «No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas» (1 Juan 3, 12). ¿Cuál es la característica de la fe de Caín? Que creyó según sus propios pensamientos. Incluso ahora mismo, los que creen según sus pensamientos, diciendo: «Si ofrezco oraciones de penitencia ahora, Dios me perdonará», deben darse cuenta de que son como Caín y cambiar.
Queridos hermanos, la gente que no ha nacido de nuevo por no tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu dice cosas horribles a los nacidos de nuevo. «La gente se salva aunque no crea en el Evangelio del agua y el Espíritu». Entonces los persiguen. Esta conducta es la misma que la de Caín, cuando mató a Abel. Pero aún así, no pueden matarnos si Dios no lo permite.
Todos los que no creen en la Palabra de Dios tal y como es, son como Caín. ¿Saben cuántas personas como Caín hay en este mundo? Actualmente el 99,9 % de los cristianos de todo el mundo son como Caín. No es que Caín no creyese en Dios. Además le ofreció un sacrificio. Sin embargo, en realidad, Caín no tenía fe en Dios. Tenía demasiada justicia. El resto de su vida no fue buena, puesto que le esperaba la maldición.
Debemos tener la fe espiritual de Abel. El Señor dice: «He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas» (Mateo 10, 16). Vivamos siendo tan sabios como una serpiente y tan puros como una paloma. Espero que sean fieles a la justicia de Dios.