The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 15-3] < Juan 15, 1-12 > La enseñanza de Dios sobre la verdadera vida de fe

< Juan 15, 1-12 >
«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado».
 
Esta tarde me gustaría hablarles sobre la verdadera vida de fe a través de la Palabra de Juan 15. El pasaje de las Escrituras de hoy nos habla de la verdadera vida de fe espiritual. En otras palabras, este pasaje nos dice cómo vivir una vida de fe correcta ante Dios. 
En primer lugar, Dios quiere que creamos correctamente sabiendo que Jesucristo es el verdadero Salvador que nos salvó de los pecados del mundo. Y también quiere que sepamos que este Señor creó el universo y nos salvó de todos los pecados. Y las Escrituras nos dicen que vivir con fe con esta convicción es la verdadera fe y la verdadera creencia. 
 
 
¿Cuál es la verdadera fe? 
 
Dios nos dice que Jesucristo es nuestro Dios que nos salvó de los pecados del mundo y que es el Salvador que nos salvó de todos los pecados para siempre. Estamos viviendo la verdadera vida de fe al saber y creer que este Señor es nuestro Dios. 
El Señor dice frecuentemente: «Permaneced en Mí» en Juan 15. Dios Padre es el labrador y el Señor es la verdadera vid; por lo que nosotros somos las ramas de la vid. Por tanto, el Señor nos está diciendo que las ramas deben permanecer en la vid firmemente. Nosotros somos las ramas que no pueden mantener la vida si no permanecemos en la vid, y el Señor nos está diciendo que vivamos por fe creyendo en el Señor, ya que es el Maestro de nuestras vidas. El Señor nos está diciendo que creamos en Jesús, que nos ha salvado de los pecados del mundo y que creamos que es Dios. El Señor es quien nos dio la remisión de los pecados y una vida nueva. El Señor es nuestro Dios, que borró todos nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu y el Creador que creó el universo y todo lo que hay en él. Por tanto, debemos creer en Jesús como nuestro Salvador y como nuestro Dios; y por eso debemos creer que Dios nos ama y nos ha salvado de los pecados del mundo para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu; debemos saber que Jesucristo nos ha hecho el pueblo del Cielo y que nos ha dado las bendiciones del Cielo. Damos mucho fruto espiritual y espontáneamente cuando nos unimos a Jesucristo al permanecer en Él con esta fe. Esto es lo que el Señor nos está diciendo a través de la parábola de la vid que hemos leído. 
El Señor nos ayuda a dar mucho fruto espiritual. Está escrito en el pasaje de las Escrituras de hoy: «Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto». El Señor limpia el corazón con la Palabra de la Verdad para que demos mucho fruto si creemos que Jesucristo es el verdadero Salvador y el verdadero Dios. Sin embargo, si no recibimos el fruto de la remisión de los pecados, seremos cortados de la vid por no creer en la justicia de Jesucristo. Una persona que cree en Dios a través del Evangelio del agua y el Espíritu debe saber que Jesucristo es nuestro Creador y nuestro Dios. El Señor ha hecho que esta gente que vive por fe en el Evangelio del agua y el Espíritu tenga más fe para dar aún más fruto de la fe. 
El Señor dice: «Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado» (Juan 15, 3). El Señor está diciendo que el Señor se ha convertido en nuestra justicia, nos ha salvado de los pecados por la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Creemos en la justicia del Señor como nuestra salvación. El Señor limpió todos nuestros pecados mediante el agua y el Espíritu Santo para siempre y nutre nuestros corazones para que podamos vivir según el Evangelio de Verdad correctamente por fe. Y el Señor nos da la habilidad de hacer la obra del Señor por fe y cumplirla. El Señor es nuestro Dios que está siempre con nosotros hagamos lo que hagamos y nos ayuda a dar mucho fruto de salvación al predicar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Además ha hecho que la gente que no cree en Jesucristo como el Creador o que nos ha salvado de todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu no pueda dar ningún fruto de salvación espiritualmente. El Señor dice que Dios Padre es el labrador y Jesús es la verdadera vid y nosotros somos las ramas de la vid; pero el Señor sigue diciendo: «Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará». El Señor dice claramente que daremos mucho fruto de salvación espiritualmente si permanecemos en Él al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, pero que nos cortará de la vid si no permanecemos en Él. Sin embargo, siempre limpia a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu para que demos mucho más fruto. El Señor dice esto para limpiar nuestros pecados al borrarlos mediante el Evangelio del agua y el Espíritu y nos hace vivir por fe porque nutre siempre nuestros corazones con esta Verdad. Dios nos ha hecho el pueblo de Dios mediante Su justicia. Esto se debe a que Él es el verdadero Dios para los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Dios nos ama y nos amará eternamente en el futuro, y además nos hace dar mucho fruto. Por tanto, una persona que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu recibe muchas bendiciones debido a esta fe en la justicia del Señor, ya que somos las ramas de la vid que dan mucho fruto espontáneamente cuando permanecemos en el Señor. Sin embargo, las ramas moriremos si no permanecemos en el Señor. Nadie puede mantener su vida si se separa de la vida del Señor. 
Por tanto, todos debemos creer que Jesucristo es nuestro Maestro, el mismo Dios que Dios Padre, el verdadero Salvador que borró todos nuestros pecados para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestro Pastor que siempre nos cuida, y nuestro Dios que vive con nosotros eternamente. Recibimos las bendiciones por la fe que cree en la justicia de Dios. Esto significa que podemos dar mucho fruto espiritual por la fe que cree en la bendición y la habilidad que Dios nos da. Dios nos da este poder. Por tanto, la verdadera fe consiste en creer en Jesucristo como Dios y creer que Dios obra en la gente que cree que este Dios es el Salvador que nos ha salvado de todos los pecados del mundo. 
Jesús es la vid y Su Padre es el labrador. Recibimos la salvación si creemos que Jesucristo creó todas las cosas y que es el Dios que borró todos nuestros pecados para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu porque nos amó mucho. Esto significa que el Padre de Jesucristo es el labrador de la vid y nos nutre y guía con la Palabra de la Verdad al tiempo en que nos cuida para que podamos creer correctamente por fe. Una persona que cree que Dios obra así es un verdadero creyente que tiene la fe verdadera. 
David confesó su fe en el Libro de Salmos, capítulo 23: 
«Jehová es mi pastor; 
nada me faltará. 
En lugares de delicados pastos 
me hará descansar; 
Junto a aguas de reposo me pastoreará».
David pudo confesar su fe de esta manera porque tuvo la fe de que Dios era su Pastor que le protegía y que le cuidaba siempre. David sabía muy bien qué tipo de Persona era su Dios y por eso creyó en Él. Por tanto, David recibió las bendiciones de Dios abundantemente y disfrutó el gozo de ser liberado de sus enemigos. Esto significa que David vivió con bendiciones abundantes de Dios con esta fe en Dios. David pudo vivir una vida bendita porque tuvo la verdadera fe y pudo confesar su fe en Dios incluso en medio de la mayor crisis de su vida. En el Antiguo Testamento, una persona pudo recibir estas bendiciones y gloria por su fe en Jehová Dios. 
Entonces, ¿cómo se explica esto en el Nuevo Testamento? En el Nuevo Testamento, debemos tener fe en que Jesucristo es el mismo Dios que Dios Padre y que nos ha salvado de todos los pecados del mundo para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu porque nos amó tanto aunque fuésemos pecadores. Jesucristo, que es el verdadero Dios como Dios Padre vino a nosotros primero y tomó todos nuestros pecados para siempre mediante el bautismo que recibió de Juan el bautista y murió en la Cruz y resucitó de entre los muertos al tercer día para salvarnos eternamente. Debemos creer en esta Verdad bíblica. Debemos creer que nos dio vida eterna y sigue con nosotros después de darnos la vida y se convirtió en nuestro Pastor. Y seguirá guiándonos y cuidándonos. Debemos creer que el Señor es nuestro Pastor eterno que nos dará la felicidad eterna y la vida nueva al cuidar de nosotros. Si tenemos una fe así, disfrutaremos de una gloria mayor de la que David disfrutó. 
La verdadera fe es la fe que cree que Jesucristo es nuestro Dios y Salvador. Debemos tener fe dentro de nosotros que crea: «Jesucristo es Dios y me ama. Ha borrado todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu porque me ama. E incluso murió en la Cruz y resucitó de entre los muertos. Dios nos amó y se convirtió en nuestro Pastor para cuidar de nosotros y guiarnos durante todas nuestras vidas». Una persona que cree así es una persona que cree en Jesucristo. Una persona que tiene esta fe vive eternamente con Dios. 
Está escrito en el pasaje de las Escrituras de hoy: «Yo soy la vid». Aquí el sujeto “Yo” es «Jesucristo.» Pero algunas personas no entienden esta Palabra e insisten que son líderes divinos de sus denominaciones respectivas. Por eso, estas personas dicen que sus seguidores morirán espiritualmente inmediatamente si les abandonan. Sin embargo, quiero que sepan que el sujeto es Jesús, que es igual que Dios, y no un predicador de este mundo. 
 
 
La implicación del pasaje: «La palabra que os he hablado»
 
Después el Señor dijo: «Y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto». En el versículo 3 dijo: «Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado». Entonces, ¿qué significa la palabra que os he hablado? Significa el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor ha borrado todos nuestros pecados mediante la Palabra del Evangelio. Estoy diciendo que el Señor ha hecho la obra de borrar los pecados mediante la Palabra de Su poder (Hebreos 1, 3). Las Escrituras dicen que el Señor nos limpia para que demos aún más fruto. Significa que nos ha limpiado mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Cuál es la fe que nos hace permanecer en el Señor? Es la fe que cree lo siguiente: «Jesús es Dios. Dios, el Salvador, nos ama. Sigue amándome ahora y me amará en el futuro». Vivimos por esta fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Vivir en el Señor es saber que el Señor se vistió de carne humana y vino a este mundo para borrar todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él. Cuando permanecemos en Él por fe, el Señor también permanece en nosotros y nos ayuda a dar más fruto. 
El Señor ha completado nuestra salvación sin incluir nuestra voluntad o nuestro plan. Nuestra voluntad o nuestros méritos fueron excluidos completamente de la salvación con la que Dios nos ha salvado. La gente que ha nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu ha sido limpiada al creer en la Palabra que el Señor nos ha dado. El Señor dijo: «Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí», y esto significa que una rama da frutos naturalmente si permanece en la vid. 
Cuando creemos que Jesús ha borrado todos nuestros pecados por Su amor infinito por nosotros y sabemos que se ha convertido en nuestro Pastor y le seguimos, nos guiará correctamente según Su sabiduría. Quiero decir que el Señor permanecerá en nosotros, y nos hará dar mucho fruto naturalmente y nos bendecirá. Hermanos y hermanas, ¡qué bendición tan maravillosa y que obra tan asombrosa! ¿Es cierto o no? 
Les digo de nuevo que la verdadera vida de fe consiste en creer que Jesucristo es el mismo Dios que Dios Padre. Y este Dios vino al mundo encarnado en un hombre y tomó todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista. Así Jesús completó nuestra salvación al ser resucitado de entre los muertos al tercer día después de haber sido crucificado en nuestro lugar porque había cargado con los pecados del mundo al ser bautizado. La fe que cree que Jesucristo nos hizo el pueblo de Dios y se convirtió en nuestro Pastor es la verdadera fe y empieza al creer que Dios cuidará de nosotros eternamente si dependemos de Él completamente. No podemos encontrar la verdadera fe en ningún otro lugar. 
Nuestra vida espiritual, la de los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, es la vida de fe bendita en Jesucristo. Creer en Dios y la vida de fe espiritual no son cosas difíciles. Debemos darnos cuenta de cuánto nos ama Jesús, el verdadero Dios, y de cómo nos ha salvado mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Y todo estará bien si creemos que ha resuelto nuestro problema de los pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, y se ha convertido en nuestro Pastor para cuidarnos y guiarnos para siempre. Si hacemos esto, todo se resolverá. Esta es la verdadera vida de fe. 
Por desgracia todavía hay muchas personas que no conocen la justicia de Jesucristo. Algunas personas ni siquiera creen que Jesús es el mismo Dios que Dios Padre. Hoy en día, hay varias organizaciones en el cristianismo que trabajan para el movimiento ecuménico, y que están más interesadas en conseguir su meta que en saber que Jesús es Dios. Algunas personas dicen que Jesús es solo Jesús y que no es Dios. No podemos decir que esta gente crea que el Señor nos ha salvado mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Tienen posiciones prestigiosas en las organizaciones cristianas y promueven activamente varios movimientos como el movimiento de la purificación social y el movimiento de la unidad social, que no son la verdadera fe. Muchos de estas personas no creen que Jesús sea Dios. 
Además hay muchos partidos teológicos en las comunidades cristianas. Aunque piensan en el cristianismo como una religión y estudian las Escrituras y reconocen a Jesús como su Salvador, siguen teniendo la opinión de que hay salvación en otras religiones. Nunca han sabido que Jesús es el verdadero Dios. Esto se debe a que se niegan a creer en la verdad de que Jesús ha borrado todos nuestros pecados para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Estas son las personas que creen en las cosas carnales y no en la salvación espiritual que está manifestada en las Escrituras. 
Asimismo hay muchos cristianos que no pueden permanecer en el Señor porque no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu aunque creen que Jesús sea Dios. La gente así no puede permanecer en Dios porque se niega a aceptar que el Señor ha borrado todos nuestros pecados para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, y que ha borrado incluso los pecados del pasado, presente y futuro completamente. 
 
 
El Señor nos dijo que permaneciésemos en Él 
 
¿Cómo podemos permanecer en el Señor? Es posible solo cuando creemos que Jesús es Dios y el Señor que ha borrado todos nuestros pecados para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicho de otra manera, una persona que cree que Jesús es Dios y que ha borrado todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu permanece en el Señor. Sin embargo, una persona que no cree en esto no puede permanecer en el Señor. 
El Señor nos dijo que permaneciésemos en Él, pero ¿cómo podemos permanecer en el Señor que es santo? ¿Qué tipo de fe debemos tener? Debemos dejar que nuestros pecados sean borrados de nuestros corazones primero porque Dios está sin pecado. Y debemos creer que Jesús vino a este mundo y borró nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu para poder borrar nuestros pecados. 
El Señor se vistió de ser humano temporalmente para borrar nuestros pecados, pero Él es Dios. Él es el Dios que creó el universo y todas las cosas. Este Dios se vistió de ser humano y vino al mundo para salvarnos de todos los pecados del mundo. Y tomó todos nuestros pecados mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista y derramó Su sangre al ser crucificado. Al ser resucitado de entre los muertos, nos ha salvado a todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Recibimos la remisión de los pecados y permanecemos en el Señor si creemos así. Incluso después de recibir la remisión de los pecados, podemos permanecer en el Señor cuando tenemos fe en que Jesucristo es Dios y nuestro Salvador. Dios nos ama y es nuestro Pastor que cuida de nosotros. Y el Señor permanece en una persona que cree en Él de esa manera. Esta es la verdadera fe que nos permite permanecer en el Señor. Todo está bien cuando creemos que Jesús es Dios. Debemos tener esta fe incluso después de recibir la remisión de los pecados. 
Aunque una persona sea cristiana, no es nada si no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu. Solo saber que es natural que un cristiano no tenga pecados no es suficiente para ser un cristiano verdadero que permanece en Jesucristo. Para permanecer en Cristo, debemos saber que Jesucristo es Dios y que nos amó y borró todos nuestros pecados para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu y que es nuestro Pastor porque nos ama incluso ahora; y debemos saber también que nuestro Señor y Pastor contesta nuestras oraciones, nos guía por el camino justo y cuida de nuestros futuros también. 
Si no creemos en estos hechos bíblicos, nuestra vida espiritual será en vano. No podemos nacer de nuevo si insistimos que hemos recibido la remisión de los pecados mediante la sangre en la Cruz sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Por mucho que digamos tener fe, no tendrá sentido. Una persona así no puede vivir su vida de fe dependiendo de la justicia de Jesús porque no la conoce. Esto se debe a que está separado de Jesús por sus pecados. Por tanto, todos debemos saber que Jesucristo es el Señor que nos salvó de los pecados del mundo y saber que es el mismo Dios que Dios Padre. Debemos creer en la justicia de Jesucristo si tenemos que ver con Él. 
Recibimos la bendición de la salvación si creemos en Jesús correctamente en el Evangelio del agua y el Espíritu que Él cumplió. No podemos depender de Dios si no conocemos la justicia de Dios. No podemos depender de Jesucristo si no sabemos que es el verdadero Dios. Sin este conocimiento, no solo no podremos depender de Él, sino que tampoco podremos creer en Él ni seguirle. 
Por tanto, una persona que no sepa que Jesús es Dios intenta cultivar su propia vida. Su vida estaría libre naturalmente si confiase en el Señor, pero en realidad intenta vivir por sus propios esfuerzos. La fe consiste en confiar completamente en Dios. Confiar en Dios significa creer y depender de Él. Sin embargo, muchas personas no pueden confiar en Jesús de esta manera. Hay muchos cristianos que saben que Jesús es su Salvador pero no pueden creer que sea el verdadero Dios. Pero las Escrituras dicen claramente que Jesucristo es el verdadero Dios (1 Juan 5, 20). Por tanto, es esencial que crean en la justicia de Dios. 
 
 
«¿Quién decís que soy?»
 
Un día, durante Su ministerio público, Jesús fue a la región de Cesárea de Filipo con sus discípulos. Y Jesús les preguntó a sus discípulos quién decía la gente que Él era. Sus discípulos contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas» (Mateo 16, 14). En aquel momento había muchas personas que no reconocían a Jesús. Como no podían reconocer que Jesús era Dios, la gente decía que era un profeta y que era la reencarnación de Elías. 
Entonces Jesús les preguntó a Sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mateo 16,16). Pedro creyó que Jesús es el verdadero Dios y el Hijo de Dios y Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos». 
Después de confirmar que Jesús era el mismo que Dios Padre a Sus discípulos, Jesús habló de la pasión que iba a sufrir en el futuro. Está escrito en el Evangelio de Mateo 16, 21: «Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día». Hasta este momento Jesús no había hablado del sufrimiento que pasaría en el futuro, sino que mostró muchas pruebas de que era el Hijo de Dios. Pero ahora les estaba diciendo lo que ocurriría en el futuro ahora que sabían que era Dios. 
Pedro, que era impetuoso y tenía un carácter muy fuerte, oyó lo que Jesús dijo sobre la pasión e intentó pararle diciendo: «Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca» (Mateo 16, 22). Pedro probablemente deseó en su corazón que Jesús se llevase bien con ellos y realizara milagros para curar a los enfermos. Además, con un corazón humanístico, no le gustaba el hecho de que el Maestro al que seguía fuera a sufrir y a morir. Pero Jesús reprendió a Pedro por intentar pararle y le dijo: «¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres» (Mateo 16, 23). Hace unos momentos, Jesús había elogiado a Pedro por confesar quién era, pero ahora estaba reprendiendo a Pedro y llamándole siervo de Satanás por intentar poner obstáculos a la pasión de Jesús. Esto se debe a que Pedro no entendió claramente la razón por la que Jesús vino a este mundo e intentó interferir en Su obra. Y esto es lo que Satanás quería. 
¿Cuál era la misión de Jesús al venir a este mundo? ¿Cuál es la razón por la que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista? Resolver el problema de nuestros pecados. Esta era la voluntad de Dios y de Jesús. No podríamos haber recibido la remisión de nuestros pecados si Jesús no hubiese sufrido y muerto por nosotros. Satanás no quería que Jesús sufriese ni muriese porque sabía lo que ocurriría. Satanás hizo todo lo posible para convencer a la gente para que no recibiese la remisión de los pecados y fuera al infierno. Por tanto, Jesús llamó a Pedro Satanás. 
Cuando creemos en Jesús como Dios y en Dios Padre podemos creer que vino al mundo en la carne de un hombre para resolver el problema de nuestros pecados. Recibió el bautismo de Juan el Bautista y fue crucificado en la Cruz. Con esta fe pura, podemos recibir la salvación de nuestros pecados. Y podemos saber que Jesús nos salvó perfectamente al resucitar de entre los muertos y que se convirtió en nuestro Pastor eterno para cuidarnos y hacernos dar mucho fruto espiritual. 
Quiero reiterar el hecho de que la fe es en vano si no se cree que Jesús es Dios aunque se crea que es el Salvador. Una persona con esta fe no es diferente a una persona que cree en una de las muchas religiones del mundo si rechaza esta verdad. Jesús es nuestro Dios de justicia. Es el Dios de todo el mundo. Es el verdadero Maestro del universo entero y todo lo que hay en él. 
Queridos hermanos, ¿creen que es el verdadero Dios? Deben saber esto. Esta verdadera fe empieza con este conocimiento. La fe de una persona es en vano si no cree en esto aunque vaya a la iglesia. Por mucho que digan: «Creo en el Evangelio del agua y el Espíritu. No tengo pecados», todo se viene abajo si no creen que Jesús es Dios. Entonces no pueden creer en la justicia de Dios porque no saben cómo venerar a Dios, depender de Él y buscar Su ayuda. 
Pero nosotros sabemos esto y creemos en esto. No debemos pensar que hemos llegado, sino que debemos intentar tener una fe más fuerte. Es fácil pensar que todo el mundo ha recibido la salvación de la misma manera al escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu, pero nosotros tenemos la fe correcta porque somos diferentes y creemos en la divinidad de Jesús y en la justicia de Dios. Nos hemos convertido en los predecesores de fe con esta convicción. 
Permanecemos en el Señor por esta fe si creemos que Jesús es nuestro Dios y que es nuestro Salvador que nos salvó a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, el Señor de la justicia vive en nosotros, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Queridos hermanos, ¿no es cierto esto? 
Está escrito en Juan 15, 5-6: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden». Permanecemos en el Señor al creer en la justicia del Señor y podemos dar mucho fruto cuando el Señor permanece en nosotros. Podemos dar mucho fruto si sabemos que Jesucristo es nuestro Dios y Pastor porque somos uno con el Señor. 
Ponemos mucho esfuerzo en predicar el Evangelio del agua y el Espíritu en nuestro país, Corea, y en todo el mundo. Pero primero debemos saber que podemos dar mucho fruto naturalmente si creemos primero que Jesucristo es nuestro Dios y permanecemos en la justicia del Señor. Como Dios Padre es el labrador de la vid nos ayuda a dar mucho fruto. Aunque ahora predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu en este mundo con todas nuestras fuerzas, el trabajo que hacemos es débil. ¿Pero cuál es el resultado? ¿Qué gran cosecha de fruto de salvación hemos recogido con nuestros esfuerzos débiles? Hemos recogido más fruto de salvación del que nos imaginábamos. Nuestro Dios permanece en nosotros y nos bendice por lo que hemos estado haciendo para que podamos recoger miles, cientos de miles y miles de millones de frutos. Por eso el Señor dijo: «Porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden».
No podemos hacer nada sin la justicia del Señor. Y entonces nos convertiríamos en una rama seca que se corta y se arroja al fuego si no creyésemos en Jesús como en Dios y no permaneciésemos en Él. Por tanto, debemos saber claramente que Jesús es nuestro Dios. Por tanto, debemos saber que Jesús es nuestro Dios. Debemos creer que Jesús es nuestro Dios y que se ha convertido en nuestro Pastor al salvarnos de los pecados y que nos da muchas bendiciones mientras vivimos en este mundo, incluyendo la bendición de dar mucho fruto de salvación El Señor nos da todas las cosas cuando creemos en esto. Creer es lo primero que debemos hacer. 
No creer que Jesucristo es Dios es ser como una rama que no está en la vid. Las ramas así se arrojan al fuego para calentar un cuarto o para quemar basura. Sin embargo, si creemos que Jesucristo es Dios, quien nos ha creado, Dios obra en nosotros, nos protege, nos cuida y nos bendice. Nos bendice eternamente. Yo creo en esto. Saber esta verdad es más importante que la fe ciega. Es muy importante. 
Queridos hermanos, ¿les falta algo? ¿Son sus obras insuficientes? ¿Saben y creen que Jesús es Dios? ¿Creen que Jesús les ha salvado de sus pecados? ¿Creen que se ha convertido en su Pastor? ¿Creen que es nuestro Pastor eternamente? Todo está bien si creen en esto. Cuando viven con esta fe y este sentimiento, Dios obrará en ustedes y les ayudará a hacer la misma confesión que David, porque el Señor hace mayores milagros cuando se unen con la Iglesia y viven según Su voluntad. Usted dará gracias a Dios al confesar:«Mi copa está rebosando». El Señor nos bendice con las bendiciones rebosantes mientras hacemos esto durante toda nuestra vida. Esta es la Palabra de nuestro Dios y no nuestras palabras. 
Cuando les he hablado en el servicio de esta mañana, solo podría haber hablado durante unos minutos si Jesús no fuese Dios. No podría hacerlo si alguien me dijera que predicase algo que hubiese escuchado de otras personas o hubiese visto en la televisión o en una película. Algunas personas hacen esto y predican sobre cosas que han visto o escuchado y así parecen más interesantes. Pero yo no puedo hacerlo. No puedo predicar las palabras de otras personas. No lo puedo hacer bien. 
Pero puedo comunicar la Palabra de Jesús porque creo en la Palabra de Dios y porque Dios Padre y Jesús son uno. Puedo predicar vigorosamente que Jesús es Dios y que nos bendice como nuestro Salvador y Pastor. Esto es posible porque creo que Jesús y Dios Padre son el mismo Dios. No podría predicarlo si Jesús no fuese Dios. 
Algunas personas piensan que pueden predicar muy bien. Hace algún tiempo, un pastor que había plantado una iglesia pequeña tuvo que irse de viaje para atender una cuestión de la iglesia muy importante. El viaje duró una semana y tuvo que buscar a alguien que predicase mientras estaba de viaje. En esta congregación había un anciano que era profesor de universidad. Así que este pastor le pidió al anciano que predicase durante la reunión de oración de la mañana, la adoración del miércoles y la del domingo porque estaría de viaje durante una semana. 
El anciano que tenía que predicar no estaba contento con los sermones del pastor. No le gustaban porque pensaba que sería mejor que el pastor dividiese los sermones en introducción, argumentos principales y conclusión, y que utilizase parábolas e ilustraciones que el pastor nunca utilizaba. Y pensaba que él podría hacerlo mucho mejor. Ahora su oportunidad de predicar había llegado. Así que este anciano puso en práctica todo su conocimiento durante una semana. Cuando el pastor volvió, el anciano le dijo que era muy difícil predicar aunque antes pensaba que era fácil. Le dijo que no podía predicar más después de una semana entera a pesar de todo el conocimiento académico que había conseguido en el mundo y de todos los versículos de la Biblia que conocía. 
La verdad consiste en predicar la Palabra de Dios de manera que no resulte difícil para los creyentes nacidos de nuevo. Aunque no tengan conocimiento del mundo, pueden predicar la Verdad con vigor cuando están detrás del púlpito con la Biblia abierta. Como Jesús es Dios, quien creó el universo y nos salvó mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, no podemos quedarnos sin nada que predicar de Su Palabra de Verdad. ¿Alguna vez se sienten cansados de mis sermones? 
Tendrán éxito si saben que Jesús es Dios y viven confiando y creyendo en este Dios solamente. Tendremos éxito si estamos en Su Iglesia y hacemos la obra que nos ha confiado en la Iglesia mientras vivimos en este mundo. Pero fracasaremos si no creemos que Jesús es Dios. Esta es la verdad absoluta. 
Creemos que Jesús es Dios. Creemos que Jesús es nuestro Dios y que es el Dios omnipresente del universo. ¿Creen en esto? Dios dijo: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra». Entonces Dios dijo: «Que sea la luz; y la luz se hizo». Y este Dios es Jesús, que vino a salvarnos de los pecados. Dijo: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos». 
Jesús también dijo que contesta todas nuestras oraciones si creemos que Jesús es Dios y permanecemos en Él. El Señor nos da todo lo que le pedimos en nuestras oraciones. Él nos prometió: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Mateo 7, 7). ¿Es esto cierto o no? Como Jesús dijo: «En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos», cuanto más fruto damos, más gloria recibe Dios y nosotros podemos convertirnos en Sus discípulos. 
El Señor dijo: «Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado». El Padre amó a Su Hijo Jesús. Y Jesús nos ama. Por tanto, debemos conocer a Jesucristo como Dios y permanecer en Él por fe. Permanecemos en Él cuando creemos en Él. Nosotros vivimos con Él. Nos convertimos en un cuerpo, una familia con el Señor. Esto se consigue cuando creemos en Su amor de la Verdad. 
Dios nos ha dado un nuevo mandamiento de creer en esta verdad. Está escrito: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros» (Juan 13, 34). Hermanos y hermanas, la gente que cree que Jesús es Dios, es decir, la gente que cree que este Dios les ha salvado del pecado y se ha convertido en nuestro Pastor, no puede evitar amarse. 
No podemos evitar amarnos los unos a los otros porque todos somos personas amadas por Dios. Sin embargo, ¿puede la gente que no cree en esta Verdad amarse? ¿Puede amarse la gente que no cree que Jesús es Dios? 
Nuestro Señor nos dijo que permaneciésemos en el amor del Señor. Nos dijo que creyésemos que este Dios nos ama, y nos pidió que permaneciésemos en Él al recibir la salvación por fe. Nuestros corazones se llenan de gozo cuando permanecemos en Él y sabemos cuánto nos ama Dios y cómo borró nuestros pecados y nos hizo el pueblo de Dios. Nuestros corazones se llenan de gozo cuando sabemos que Dios borró nuestros pecados perfectamente porque nos amó y nos sigue amando como nuestro Pastor y que nos ama así. Queridos hermanos, ¿están llenos de gozo? ¿Estarían contentos si no supiesen que Dios les salvó, amó y que les amará eternamente? 
Nosotros somos las personas amadas por Dios. Somos las personas a las que Dios ama. Estoy tan contento de que el Dios Todopoderoso nos ame aunque seamos débiles e insuficientes. Esto nos da la fuerza para vivir con gozo en este mundo difícil. Por tanto, Dios nos dio esta Palabra para hacer que nuestra vida esté llena de gozo. ¿Creen en eso? Sé que creen en esto. Quiero que todos los que no creen en esto escuchen esta Palabra continuamente y crean. ¿Qué razón hay para no creer cuando nuestro Dios nos ama tanto? Sería el peor pecado a los ojos de Dios el que Él nos amase y nosotros no creyésemos en ese amor. Nosotros también nos sentimos defraudados cuando se rechaza nuestro amor. Es lo mismo para el Señor. 
Estoy tan contento de poder predicar a todos los que son amados por Dios. Pero es muy difícil predicar a las personas que no son amadas por Dios. Tengo que predicar con todas mis fuerzas. Por eso es tan difícil predicar la Palabra de Dios a los pecadores y no nos proporciona ningún gozo. Es una batalla espiritual. ¿Por qué? Porque una persona no puede convertirse en parte de la familia de Dios si no es parte de Su pueblo. 
Dios nos ama. Dios nos ha salvado de los pecados y del Diablo. Este Dios nos ama durante toda la eternidad. Creo en este amor. Sé que ustedes también creen en este amor. 
¡Aleluya!