The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 18-1] < Juan 18:1-14 > No sean como Judas

< Juan 18:1-14 >
«Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno. Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber? Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron, y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo».
 
 
Esta mañana he vuelto de mi viaje al Centro de Discípulos de Inje donde he trabajado. Me gustó estar en Inje, ya que no hacía tanto calor como aquí.
La Pascua está cerca. Aunque nosotros no observamos las fiestas cristianas porque lo consideramos hipócrita, los cristianos nominales las observan de manera estricta y religiosa. Esta semana es Semana Santa, la última semana de la cuaresma según el calendario cristiano y por eso me gustaría que meditásemos acerca de Juan 18:14 y la vida de Judas Iscariote.
 
 
¿Engañó Judas a Satanás para que traicionase a Jesús?
 
Cuando Jesús fue con Sus discípulos al Jardín de Getsemaní cerca de Cedrón, sabía que le había llegado la hora de morir en la Cruz y de volver a Dios Padre. Como Jesús había visitado este jardín a menudo con Sus discípulos, Judas conocía este lugar bastante bien.
Como uno de los doce discípulos de Jesús, Judas era el encargado de la caja del dinero. En términos modernos, Judas era el tesorero. Sin embargo, como las personas roban cuando se presenta la oportunidad, Judas solía robar dinero de la caja y gastarlo en sus cosas. Judas era muy avaro, y entonces se enteró de que los sacerdotes, los líderes religiosos del judaísmo, querían matar a Jesús, y los guió donde estaba Jesús a cambio de 30 monedas de plata. Judas traicionó a Jesús.
Con Judas como su guía, los sacerdotes y los fariseos entraron en el jardín donde estaba Jesús, junto con una tropa armada con linternas, antorchas y armas. Pero Jesús no intentó escapar, ya que sabía que le había llegado la hora de volver a Dios Padre. En vez de huir, les dijo: «Soy Yo a quién buscáis». Y los que fueron a arrestarle cayeron al suelo impresionados por su actitud.
Aunque la Biblia describe este suceso de manera breve, es cierto que Jesús no estaba contento cuando fueron a arrestarle. Aunque sabía lo que iba a ocurrir, seguramente sintió rencor por los que fueron a arrestarle cuando dijo: «Soy Yo a quién buscáis». Era normal que se sintiera así, ya que estas personas no sabían que era el Hijo de Dios y querían matarle aunque había venido al mundo a salvarnos. Pero al mismo tiempo Su corazón estaba decidido y dispuesto a sufrir todo lo que le esperaba. Así que Jesús dijo: «Soy Yo a quién buscáis» y los que fueron a arrestarle tan decididos no pudieron evitar caer al suelo temerosos.
Como Jesús es Dios podría haber vencido a sus enemigos fácilmente aunque le hubiesen atacado con espadas. Sin embargo, aunque Jesús podía haberse defendido fácilmente porque era Dios Todopoderoso, como había venido al mundo a salvar a toda la raza humana, no ejerció Su poder. Si hubiese utilizado Su poder para quitarle la vida a los que querían arrestarle, no habría sido arrestado. Aunque Jesús hubiese sido atacado con todas las tropas del imperio romano, podría haber vencido fácilmente.
Cuando leemos Lucas 4:28-30, vemos que muchos intentaron matar a Jesús por predicar la Palabra de Dios en una sinagoga. Llenos de furia intentaron expulsar a Jesús de la aldea, llevarle al borde de un acantilado y empujarle. Pero Jesús caminó en medio de esta multitud sin ser dañado porque nadie se atrevió a pararle. Tenía poder para prevalecer sobre cualquier persona.
¿Entonces por qué no escapó Jesús de Sus enemigos aunque ya lo había hecho anteriormente? Porque sabía que le había llegado la hora de volver a Dios Padre. Aunque Jesús estaba en este mundo encarnado en un hombre durante un tiempo, no era una criatura como nosotros. Era Dios mismo. Sin embargo, en vez de apelar a Su divinidad, igual a la de Dios Padre, se humilló como un siervo. Para salvarnos del pecado abandonó temporalmente Su majestad, gloria y poder y se convirtió en un siervo humilde.
Jesús les preguntó una vez más a los soldados que se acobardaron: «¿A quién buscáis?» y les dijo que era Jesús de Nazaret. Les pidió que no hiciesen daño a los discípulos que estaban con Él. Dijo esto porque no quería perder a ninguno de Sus discípulos amados mientras oraba a Dios Padre: «De los que me diste, no perdí ninguno» (Juan 18:9). Así se cumplió la oración que había ofrecido unas horas antes: «Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese» (Juan 17:12). Aunque Jesús vio cómo Judas le había traicionado y entregado, y aunque sabía que Pedro le negaría tres veces, amó a Sus discípulos hasta el final.
Esto no se debe a que la gente de aquel entonces tuviese mucho poder para crucificar a Jesús, sino a que Jesús se lo permitió. Cuando Jesús fue llevado ante Pilatos, este no le encontró ninguna culpa. Así que Pilatos intentó liberar a Jesús diciendo: «Tengo el poder de liberarte. Háblame. Si me lo pides, puedo liberarte». Sin embargo, Jesús no dijo nada. ¿Tenía Pilatos poder para liberar a Jesús? Sin el permiso de Jesús, Pilatos no podía haber arrestado ni liberado a Jesús. Nuestro Señor no dijo nada porque había venido al mundo a hacer la obra de salvar a los seres humanos del pecado. No fue ejecutado porque no tuviera poder para evitarlo. Como Jesús había aceptado todos los pecados del mundo a través de Su bautismo, tuvo que morir en la Cruz. Y tuvo que convertirse en nuestro Salvador verdadero al levantarse de entre los muertos, y derrotó a Satanás al cumplir todas Sus obras de salvación perfectamente. Por eso Jesús no dijo nada.
Sin embargo, cuando los siervos de los sacerdotes intentaron arrestar a Jesús, Pedro atacó a uno de ellos, llamado Malco, y le cortó la oreja. Desde un punto de vista humano este acto se puede entender perfectamente. Como Pedro estaba dedicado completamente a Jesús, su Maestro, era solo cuestión de tiempo que intentara prevenir Su arresto. Sin embargo, Pedro hizo esto por su propia cuenta, porque no entendió por qué Jesús había venido al mundo.
Jesús había venido al mundo a resolver el problema de los pecados de la humanidad con el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso aceptó todos los pecados del mundo para siempre a través de Juan el Bautista. Pedro sirvió a Jesús a Su lado y escuchó miles de veces que el Señor moriría y resucitaría, pero Pedro no entendió lo que significaba. En vez de intentar evitar que le arrestasen, Pedro debería haberse dado cuenta de que le había llegado la hora al Señor. En vez de elogiar lo que Pedro hizo, Jesús le reprendió diciendo: «Retira tu espada» porque Dios Padre le había confiado la obra de la salvación para cargar con los pecados del mundo para siempre al ser bautizado y morir por ellos en la Cruz, y por tanto Jesús tenía que beber ese cáliz de sufrimiento.
Judas Iscariote no debe confundirse con Judas, otro discípulo de Jesús, que escribió el Libro de Judas. Aunque Iscariote era también un discípulo de Jesús, traicionó a Jesús y lo entregó a las autoridades judías. Esto ocurrió porque Jesús había aceptado todos los pecados del mundo a través de Juan el Bautista y por tanto tuvo que ser crucificado hasta morir.
Entonces, ¿por qué fue Judas el que traicionó a Jesús? ¿Había alguna razón en particular por la que Jesús le utilizó como instrumento? ¿Cómo puede ser que un discípulo de Jesús entregase a Su propio Maestro a la muerte? De toda la gente del mundo, ¿por qué escogió Dios a Judas? Porque Judas no creía en Jesús como el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad, aunque había servido a Su lado.
Piensen en lo que Judas hizo. Llevó a las autoridades judías y a los fariseos hasta Jesús para que le arrestaran y le entregasen a Pilatos, el gobernador. Aunque Judas había seguido a Jesús durante tres años, nunca creyó que Jesús fuese Dios, nunca. Solo quería captar la atención de la gente mediante los milagros que Jesús hacia y estaba cegado por su avaricia por el dinero de la caja que tenían.
En aquella época, los sacerdotes judíos estaban enfrentados con el imperio romano. Eran traidores y ladrones. Esto significa que Judas se había unido a los líderes religiosos de Israel que no solo traicionaban a su propia nación, sino también al imperio romano. Y lo hizo todo por 30 monedas de plata.
Incluso sin Judas Jesús habría seguido Su camino. Como había cargado con todos los pecados del mundo a través del bautismo de Juan el Bautista, tenía que ser crucificado hasta morir sin falta. Así que, aunque Judas no hubiese traicionado al Señor, había muchas personas que lo habrían podido hacer.
Pero, ¿por qué fue Judas específicamente quién le traicionó? No les estoy haciendo esta pregunta porque Judas fuese un discípulo de Jesús y me sienta mal por él, sino porque quiero explicar por qué, entre todo el mundo, fue Judas quien le traicionó. ¿Por qué fue Judas quien traicionó a Jesús? Es verdad que también hubo otras personas responsables de la muerte de Jesús, desde los sacerdotes hasta los soldados romanos y los fariseos, pero Judas jugó un papel más decisivo. Todo el mundo debería ser utilizado para el bien, pero ¿por qué fue utilizado Judas, un discípulo de Jesús, para el sufrimiento de Jesús en Su obra de salvación? Pensemos en esto.
Las películas y las series de televisión suelen tener villanos. Pero los actores que tienen estos papeles suelen encasillarse en estos papeles de villanos en sus carreras. En Corea hubo una época en la que las películas anticomunistas estaban de moda y un actor, llamado Gosung Dok, que ha fallecido, solía hacer el papel de villano de soldado de Corea del Norte en muchas películas. En aquel entonces muchos surcoreanos todavía sentían rencor por el régimen de Corea del Norte, y por eso la gente odiaba al actor porque siempre hacía el papel de soldado de Corea del norte malvado que masacraba a civiles inocentes. Como la gente solía comparar al personaje de la película con el actor, veían a Dok como a un hombre malvado, mientras que cualquiera que matase a soldados de Corea del Norte se consideraba un héroe. Por eso, incluso los actores son odiados cuando hacen el papel de villanos.
Entonces, ¿por qué hizo el papel de villano un discípulo de Jesús? Aunque Judas había seguido a Jesús durante tres años, no reconoció que fuese Dios. ¿No le reconoció porque Jesús era humilde y no había nada atractivo en Su apariencia? Es poco probable, ya que Judas vio lo que el Señor era capaz de hacer y tendría que haber sabido que Jesús era el Hijo de Dios. Jesús incluso resucitó a los muertos. ¿Hay alguien en este mundo que pueda resucitar a los muertos? No, por supuesto que no. Solo Jesús puede resucitar a los muertos y curar a los ciegos.
Hay una película coreana llamada Hallelluiah, que es una parodia del cristianismo en Corea. En esta película aparece un charlatán que finge un pastor y contrata a personas sin hogar para que se hagan pasar por cojos o ciegos y así poder hacer falsos milagros.
Pero los milagros y señales que Jesús mostró no eran falsos. Jesús curó a muchas personas en este mundo y salvó muchas vidas. Su Palabra era la Verdad. No tenía maldad. ¿Por qué traicionó Judas a Jesús y se puso de parte de los líderes religiosos y los fariseos? Porque no tenía fe en Jesús como Dios. Por eso su alma fue arrebatada por Satanás, para ser utilizada para el peor papel del mundo.
Pensemos en nosotros mismos. Examinémonos para ver si hay alguien entre nosotros que esté siendo utilizado para el mal. ¿Dónde están siendo utilizados? Todos nacemos como seres humanos y estamos destinados a dejar una marca en la historia antes de desaparecer, aunque solo sea un grano de arena. ¿Para qué están siendo utilizados? ¿Están siendo utilizados para el mal? ¿O están siendo utilizados para una causa justa?
Judas traicionó a Jesús porque no creía que Jesús fuese el Hijo de Dios ni su Salvador. No podría haber hecho esto si hubiese creído en Jesús. Comparen a Judas con Pedro. Cuando Jesús estaba a punto de ser arrestado, Pedro sacó su espada y le cortó la oreja a Malco, uno de los hombres que había ido a arrestar al Señor. Si el Señor no le hubiese parado los pies, Pedro hubiese matado a ese hombre. Pedro arriesgó su vida para defender a Jesús. Su fe era diferente a la de Judas, que era incorrecta.
¿Y qué hay de ustedes? ¿Debemos traicionar a Jesús y perseguir a Sus siervos justos? Pensemos en esto un momento. Si no creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu ni en Jesús como el Hijo de Dios y nuestro Salvador, seremos como Judas. No tenemos más remedio que ser como Judas si no creemos que Jesús es el verdadero Pastor de la humanidad y nuestro Salvador. En otras palabras, si su corazón se desvía del Evangelio del agua y el Espíritu y se pone de parte de los pecadores, serán utilizados por el Diablo.
El hombre no es nada. Nuestras vidas dependen de lo que creemos. Si creemos en lo que es cierto, es decir en el Evangelio del agua y el Espíritu, y servimos a esta causa justa y la seguimos hasta el final a pesar de nuestras debilidades, seremos justos. Si, por otro lado, se ponen de lado de los malvados, acabarán cometiendo actos malvados aunque no quieran. ¿Qué tipo de personas debemos ser? ¿Y en qué tipo de personas nos estamos convirtiendo?
Consideremos nuestras vidas un momento. Debemos pensar en cuántos años nos quedan, y es fácil calcularlo. Digamos que su esperanza de vida es de 80 años. Puede parecer mucho tiempo, pero si piensan en ello, no es tanto. Los años pasan muy deprisa cuando terminan sus estudios, encuentran trabajo, tienen hijos y una familia, y pronto son hombres decrépitos. Esto es inevitable para todo el mundo; nadie puede parar el tiempo y todos nos hacemos viejos y morimos. La vida no es gran cosa. Cuando nacemos, es inevitable enfermar y morir al hacernos viejos, y así es la vida de todo ser humano. La vida es insignificante. Estoy seguro de que lo saben aunque sean jóvenes.
Como les he dicho antes, cuando estaba a punto de graduarme, me agobiaba la idea de cómo iba a acabar mi vida. En aquel entonces no conocía el Evangelio del agua y el Espíritu, y así que decidí que ya estaba muerto y que no era diferente a una persona que estaba en la tumba.
Nuestras vidas no tienen sentido, pero hay otra vida que vale la pena vivir y que todos podemos tener. ¿Cómo podemos vivir esta vida? Nuestras vidas sin valor pueden tener sentido cuando somos salvados al creer en Jesús como nuestro Salvador y en el Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha dado. ¿Qué consecuencias habrá si no creemos en Jesús como nuestro Salvador? No deben esperar hasta el final de sus vidas para averiguar cuáles son las consecuencias; por eso debemos averiguarlo mientras vivimos, en este mismo instante. Por muy maravillosa que sea su vida sin Jesús, las consecuencias son obvias para todo el mundo.
¿Qué me habría pasado si no creyese en Jesús como mi Salvador? Que creería en otra religión. Y actuaría según mis creencias. ¿Qué pasaría entonces? Satanás sería mi guía y le seguiría con mis pensamientos malvados que me llevarían a hacer cosas malvadas. No hay duda de que habría vivido una vida malvada. Todo el mundo sabe esto.
Judas tampoco sabía lo que estaba haciendo. Pero en la última cena, Jesús le identificó como el traidor diciendo: «El que ha metido Su mano en el plato Conmigo me traicionará» (Mateo 26:23). En los días de Jesús, la gente solía comer pan mojándolo en un plato con vinagre. En la última cena, Judas fue el único que metió su pan en el plato con Jesús. Aunque los doce discípulos estaban reunidos alrededor de la mesa, Judas fue el único que metió el pan en el plato de vinagre con Jesús. Por eso Jesús dijo que el que había metido la mano en el plato con Él era el traidor.
Judas podía haber sacado su mano del plato y fingido que no había pasado nada. Los demás discípulos estaban perturbados por lo que Jesús había dicho y por eso le preguntaron: «¿Soy yo el que te traicionará, Señor?». Pero Judas sabía a quién se refería el Señor. En aquel momento, el Diablo se apoderó de Judas completamente y en ese momento Judas fue a los sacerdotes y fariseos para traicionar al Señor. Los sacerdotes le dieron 30 monedas de plata y Judas llevó a sus oficiales al Jardín de Getsemaní donde estaba Jesús. Allí entregó a Jesús a los sacerdotes para que lo crucificaran. Después de esto Judas se dio cuenta de lo que había hecho.
Deben examinarse a sí mismos para ver si creen que Jesús es real o no. Y dependiendo de su respuesta, sabrán quién son, si de verdad creen en Jesús como su Salvador o en otra cosa. Ustedes saben la respuesta mejor que nadie. Nadie desconoce la verdad sobre sí mismo, siempre y cuando no se esté engañando. Todo el mundo sabe en qué cree y cómo cree, y lo que hará en el futuro.
 
 
Pensamos en nuestra condición espiritual actual
 
En esta Semana Santa me gustaría pedirles que piensen en su condición espiritual en vez de pensar en el sufrimiento de Jesús. Pregúntense si se están convirtiendo en Judas. Incluso entre los cristianos que dicen creer en Jesús como su Salvador, hay muchas personas como Judas. No es cierto que no sepan quién son. Se están engañando a sí mismos. Así que deben dejar de engañarse, arrepentirse del mal que hacen, volver a Dios y entregarse a Él cuanto antes para creer que Jesús es Dios y darle gracias. Y deben recibir todas las bendiciones que Dios les ofrece. Si ustedes son como estos cristianos, deben arrepentirse cuanto antes. ¿Por qué querrían ser utilizados para el mal como Judas? Espero y oro que se arrepientan y vuelvan a los brazos del Señor.
Dependiendo de a quién seguimos, podemos ser utilizados para el bien o el mal. Es como lo que pasa en la escuela: si un estudiante va con el grupo equivocado, este estudiante puede ir por el mal camino, pero si va con buenos estudiantes, le irán bien los estudios. De la misma manera, si son amigos de personas buenas, serán buenos, pero si van con charlatanes, se convertirán en charlatanes.
Por encima de todo no deben dejarse llevar para ser utilizados para el mal y acabar estando malditos y siendo destruidos para siempre como Judas, a pesar de creer en Jesús. Pueden evitarlo si no se engañan a sí mismos. Si saben que han ido por el mal camino, todo lo que tienen que hacer es admitirlo, reprenderse, y arrepentirse para volver al buen camino. Tienen que rectificarse y creer en lo que es bueno. Entonces pueden ser personas perfectas.
Una persona que sigue sus instintos es como un animal. El Libro de Judas habla de los que siguen sus propios instintos, que son como animales (Judas 1:10) Si hay alguien que sea como Judas entre nuestros ministros, colaboradores y santos en la Iglesia, espero que se arrepientan y crean en Jesús como el Hijo de Dios y su Salvador.
De cierta manera, Judas Iscariote es un hombre penoso. Lo que le ocurrió a Judas después de ser utilizado por el Diablo está explicado claramente en Mateo 27:2-5: «Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó».
Después de que Judas traicionase a Jesús se dio cuenta de que había sido utilizado por el Diablo. Así que devolvió las 30 monedas de plata a los sacerdotes, pero estos le dijeron que tendría que sufrir las consecuencias de su traición. Se dio cuenta de que era demasiado tarde para cambiar las cosas y por eso acabó suicidándose porque no podía soportar el sentimiento de culpa.
El suicidio es un pecado grave ante Dios. Por eso el Antiguo Testamento dice: «Ninguna cosa mortecina comeréis» (Deuteronomio 14:21). Cuando Judas se dio cuenta de su error, debería haberse arrepentido, pero en vez de eso intentó librarse de su culpa a su manera.
 
 
Crean en Jesús como su Salvador
 
Si no creen en Jesús como su Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, crean en Él según este Evangelio ahora mismo. Piensen en el bautismo y la Cruz de Jesús. El bautismo de Jesús fue el medio por el cual cargó con todos los pecados del mundo, y en la Cruz fue maldito por ustedes. ¿No es esto cierto? ¿Por qué fue bautizado y crucificado Jesús para derramar Su sangre? En vez de pensar en el sufrimiento de Jesús en la Cruz, piensen en la razón por la que tuvo que ser bautizado y crucificado.
Jesús tuvo que cargar con nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista y tuvo que derramar Su sangre en la Cruz para pagar el precio de estos pecados, y así salvarnos a todos los que creemos. Jesús fue bautizado y crucificado por nuestros pecados. Como no podíamos resolver el problema de nuestros pecados por nosotros mismos, Jesús, que no tenía pecados, tuvo que venir a redimirnos y por eso fue bautizado y crucificado en nuestro lugar.
Si pensamos en nuestro destino vemos que no podemos dejar de pecar en nuestra vida entera. Estamos destinados a pecar hasta que somos arrojados al infierno. Pero Jesús nos amó tanto que no quiso dejarnos en el infierno. Por eso Jesús vino al mundo encarnado en un hombre, cargó con los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, y murió en la Cruz en nuestro lugar.
¿Se dan cuenta ahora de que el bautismo de Jesús también se encuentra en la Cruz? Si pensamos profundamente en la obra de la salvación del Señor en vez de simplemente mirar el resultado de lo ocurrido en la Cruz, podemos darnos cuenta de que Jesús fue crucificado porque había cargado con todos nuestros pecados para siempre a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Jesús fue bautizado y crucificado en nuestro lugar por nuestros pecados. Y al levantarse de entre los muertos dio testimonio del cumplimiento de nuestra salvación. Así es como debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. No debemos pensar de manera abstracta en el bautismo de Jesús, Su sangre derramada en la Cruz y Su resurrección. El bautismo de Jesús, Su sangre y Su resurrección son una Verdad. Esta Verdad se encuentra en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, debemos entender claramente qué relación tiene esta Verdad con nosotros.
Tienen que pensar en el bautismo de Jesús, Su sangre derramada en la Cruz y Su resurrección en relación con ustedes mismos. Cuando hagan esto se darán cuenta de que todo está relacionado con ustedes. Nosotros también estamos relacionados. A través del Evangelio del agua y el Espíritu, todos debemos convertirnos en la nación de Dios, y debemos cumplir Su voluntad al hacer Su obra en unidad. Si viviésemos separados en vez de vivir nuestra fe juntos, incluso después de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no podríamos hacer la obra de Dios ni recibir Sus bendiciones. Por eso debemos reunirnos para adorar a Dios juntos. Allí, en la Iglesia de Dios, están los que predican la Palabra de Dios y los que la escuchan. Todos los que están reunidos allí escuchan el Evangelio del agua y el Espíritu y lo sirven. No hay nada en este mundo que sea irrelevante. Todo está relacionado con todo.
Incluso Judas está relacionado con ustedes. Piensen en esto. Del caso de Judas podemos aprender mucho y darnos cuenta de que no debemos ser como él, y si ya están actuando como Judas, deben hacer todo lo posible por corregirse. Por tanto, deben escuchar la Palabra de Dios, y nunca pensar en separarse de ella como si no estuviese relacionada con ustedes; y considerar toda la Palabra en relación con sus vidas.
Dios es importante para ustedes. ¿Van a decir: “No tengo nada que ver con Dios?”. ¿Cómo no va a ser importante para ustedes? ¿Acaso no fue gracias a Dios que fueron salvados en este mundo del pecado a través del Evangelio del agua y el Espíritu cuando Satanás les tenía atrapados? ¿Cómo pueden decir que Dios no es importante para ustedes?
Gracias a Dios nacimos, y gracias a Dios recibimos la remisión de los pecados y pudimos evitar algunas maldiciones. Gracias a Dios ya no tenemos que ir al infierno. Así que, ¿cómo podemos decir que no tenemos ninguna relación con Dios? ¿Cómo podemos vivir el resto de nuestras vidas como si no tuviésemos ninguna relación con Dios, cuando en realidad tenemos una relación con Dios importante? Nuestra relación con Dios es muy estrecha. Debemos darnos cuenta de esto.
El hecho de que Dios nos haya salvado de los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu muestra claramente que tenemos una relación estrecha con Dios, quien vino a este mundo para salvarnos de nuestros pecados, cargó con ellos al ser bautizado por Juan el Bautista y pagó el precio de los mismos en la Cruz con Su propia vida. Y completó nuestra salvación al levantarse de entre los muertos. El que Jesús naciera en este mundo, tomase nuestros pecados al ser bautizado, y cargase con todos los pecados hasta la Cruz, todas estas cosas son completamente indispensables para nosotros. Esto se debe a que estas obras fueron completadas para erradicar nuestros pecados.
La traición de Judas y el arresto de Jesús que hemos visto en el pasaje de las Escrituras son relevantes para nosotros. Jesús fue arrastrado a Gólgota porque había cargado con nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. No hay ningún otro motivo. Jesús fue crucificado para borrar todos nuestros pecados y fue condenado en nuestro lugar. Por eso todo lo que Jesús hizo en este mundo nos incumbe.
De la misma manera en que la obra de salvación del Señor es relevante para todos los que creemos en Él, también es relevante para todo el mundo. Todos deben escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu a través de Jesucristo. En vez de ser irrelevante, el Evangelio del agua y el Espíritu es absolutamente indispensable para todos. Y a través de esta Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, todos deben reparar su relación con el Señor como Sus verdaderos discípulos y siervos, y no como Judas.
Si no tienen nada que ver con Jesús, o si no tienen fe en el Señor como su Salvador y acaban entregándole a la muerte como Judas, serán destruidos. Serán arrojados al infierno al final. Si son como Judas, les pido que crean en el Evangelio del agua y el Espíritu cuanto antes y que escapen de las maldiciones de Satanás. Les pido de todo corazón que se libren de una vida tan maldita como la de Judas. Es su propia decisión. ¡Aleluya!