The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 18-4] < Juan 18:28-40 > Mediten sobre la Verdad de Dios

< Juan 18:28-40 >
«Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua. Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie; para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir. Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón».
 
 
Nuestras vidas son muy complicadas en este mundo. Tenemos muchos problemas y nos preocupamos. Así que cuando oramos a Dios le encomendamos nuestras mentes al Señor. El mundo es duro y a medida que ocurren cosas malas, nos preocupamos y amargamos. El ser humano es como un árbol al que le da el viento. Cuando el viento sopla en diferentes direcciones, el árbol se mueve con el viento, y de la misma manera las personas van de un lado a otro según las circunstancias, pensamientos y ambientes. Todo el mundo está influenciado por sus circunstancias.
Por ejemplo, cuando un hombre de negocios está preocupado con sus negocios es difícil para él no pensar en sus negocios incluso cuando está en una reunión de adoración. Nos pasa lo mismo a todos. Mantener la fe no es tan fácil como parece. Pero aún así debemos calmar nuestros corazones y dejar de lado nuestras preocupaciones. Solo cuando aclaremos nuestras mentes ocupadas podremos adorar a Dios de verdad.
Sé muy bien que ustedes son como yo. Cuando sus mentes están preocupadas con algo serio, esta preocupación está constantemente en sus mentes. Mientras vivimos en esta sociedad tan compleja que cambia constantemente, nuestras mentes están ocupadas con todo tipo de problemas. Pero en realidad puede que solo sea nuestra mentalidad la que hace que la situación sea complicada. Después de todo si tenemos comida, vestidos y alojamiento, el resto de los problemas no son tan graves. Quizás los seres humanos intentan resolver el problema de las necesidades básicas de manera complicada cuando en realidad se puede resolver fácilmente.
Pero aún así, soy completamente consciente de que es muy difícil para nosotros defender la fe en estos últimos tiempos. Pero aún así debemos vivir con fe sin dudar, aclarando nuestras mentes y rindiéndolas ante el Señor y siempre escuchando la Verdad del agua y el Espíritu.
 
 
Los sucesos que tuvieron lugar hace 2000 años
 
El pasaje de las Escrituras de hoy describe los sucesos que tuvieron lugar hace 2,000 años. Después de ser arrestado, Jesús fue llevado ante Caifás, el Sumo Sacerdote en aquel entonces y fue interrogado por Sus pecados. Pero como sabemos bien Jesús no tenía pecados, y aún así los judíos le odiaban.
Hay un proverbio coreano antiguo que dice: «Si se sacude a cualquier persona fuerte, se encuentra polvo». Como este proverbio, nosotros somos personas llenas de polvo. Pero Jesús no tenía polvo por mucho que se le sacudiera. Estaba completamente sin pecados. Por eso Caifás, quien interrogó a Jesús, lo entregó a Pilatos, el gobernador romano. Los judíos no podían encontrar ningún pecado en Jesús por mucho que intentasen impugnarle de pecado y juzgarle según la Ley de Dios.
Solo había una manera de poder encontrar alguna falta que justificase ejecutar a Jesús como castigo por su ofensa. Tenían que aplicar la ley romana a Jesús. Si aplicaban la ley romana a Jesús sería inevitable culparle. En aquel entonces muchas personas seguían a Jesús como el Rey de los judíos, ya que pensaban que Jesús les libraría de la opresión del imperio romano. Creían en esto porque Jesús había hecho muchos milagros, incluyendo alimentar a 5,000 personas en el desierto con cinco panes y dos peces cuando oró sobre ellos.
Según la ley romana era un crimen que la nación de Israel creyese que Jesús era su Rey. Después de todo, ¿cómo puede haber dos gobernantes en un país? El imperio romano tenía un único gobernante y, aunque Israel era un estado tributario, era un acto de rebelión coronar a otro rey. En otras palabras, Jesús fue condenado por el crimen de traición. Por tanto, según la ley romana, Jesús tenía que sufrir el castigo de la crucifixión reservado para los criminales más malvados. Esto es lo que Caifás, el Sumo Sacerdote, tenía en mente, y por eso entregó a Jesús al Pretorio del gobernador colonial romano.
El pasaje que acabamos de leer hoy describe la escena del último juicio de Jesús que tuvo lugar hace 2,000 años. Cuando leemos esta Palabra de Verdad que muestra varios sucesos de la antigüedad, nos acercamos más a Dios. Aunque nuestras mentes están llenas de pensamientos complicados, por la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, nuestros corazones pueden volver a Dios para ser sometidos a Él y encontrar nuevas fuerzas. Nuestros corazones están llenos de esta Verdad. A través del pasaje de las Escrituras de hoy, estamos siendo testigos de sucesos del pasado, y a través de esta Palabra de Dios llegamos a temer a Dios.
 
 
Pilatos interrogó a Jesús
 
Mientras Jesús estuvo detenido en el Pretorio, Pilatos les preguntó a los judíos: «Qué acusación traéis contra este hombre?.» Los judíos dijeron: «Si no fuese un hombre malvado, ¿te lo habríamos traído? Este Hombre es malvado.» Pilatos les contestó: «Esto parece ser un asunto religioso y por eso debéis juzgarle como queráis. Pero este Hombre, Jesús, no parece un mal Hombre. Así que juzgadle vosotros. ¿Por qué me lo habéis traído sin motivo?». Entonces los judíos dijeron: «No tenemos autoridad para ejecutar a nadie». Esto nos demuestra que querían matar a Jesús. Los castigos establecidos por la ley romana incluían la crucifixión, que era un método extremadamente cruel de ejecución reservado para los peores criminales. Como la ley judía no había establecido la ejecución, Dios buscó la manera de cumplir Su Palabra aplicando la ley romana de la ejecución.
Aunque los judíos querían matar a Jesús, estaban muy arraigados en el judaísmo y eran muy legalistas. Como la Ley requería que observasen el sábado no podían matar a Jesús ese día. Cuando el sol se ponía el viernes, empezaba el sábado, y según la Ley, los judíos no podían hacer ningún trabajo el sábado. Así que querían que Pilatos ejecutase a Jesús antes del sábado, para que así no tuviesen que trabajar para matar a Jesús el sábado. Los judíos tampoco podían entrar en las casas de los gentiles, y por eso no entraron en el palacio de Pilatos y gritaron desde fuera pidiendo que Pilatos ejecutase a Jesús. En términos actuales sería como manifestarse delante de un edificio del Gobierno.
Cuando volvió a su palacio Pilatos siguió interrogando a Jesús. Llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres el Rey de los judíos?». Entonces alguien supuestamente habría dicho: «Ese Hombre se llama el Rey de los judíos y muchas personas le llaman el Rey de los judíos». De hecho, Caifás, el Sumo Sacerdote, les había dicho a los judíos: «Conviene que un hombre muera por la nación» (Juan 18:14). ¿En quién estaba pensando Caifás cuando dijo esto? Se estaba refiriendo a Jesús. En otras palabras, Caifás pensaba que entregar a Jesús a los romanos y ejecutarlo traería la paz al pueblo judío. Y esto era cierto en cuanto a la paz política.
Muchos israelitas de ese momento estaban siguiendo a Jesús como rey de los judíos. Si hubiese surgido un rey de los judíos, el pueblo de Israel habría sido completamente aniquilado por el ejército del emperador romano. El hecho de que una colonia estableciese su propio rey constituía una rebelión clara, y entonces los judíos habrían sido castigados por rebelión. Por eso Caifás, el Sumo Sacerdote, dijo que convenía sacrificar a un hombre por toda la nación judía.
Los fiscales a veces hacen preguntas con trampa cuando interrogan a los sospechosos. Tienen una manera de hacer preguntas para atrapar al sospechoso si da la respuesta incorrecta. De la misma manera, Pilatos siguió interrogando a Jesús preguntándole: «¿Eres el Rey de los judíos?». Esta pregunta la hizo para intentar culpar a Jesús, ya que Pilatos quería acusarle de alta traición. Pero Jesús le dijo: «¿Es esta tu pregunta o la has escuchado de alguien? ¿Es eso lo que los demás dicen de mí?». Entonces Pilatos siguió preguntándole a Jesús: «Tu propia nación y los sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?». Entonces Jesús dijo: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí». Jesús contestó la pregunta de Pilatos diciendo que Su Reino no era de este mundo. Así que Pilatos volvió a preguntar: «¿Eres rey entonces?».
 
 
Jesús contestó: «Mi reino no es de este mundo»
 
Nuestro Señor Jesús y Su interrogador, Pilatos, estaban hablando de dimensiones completamente distintas. Pilatos estaba interrogando a Jesús de la manera normal siguiendo el procedimiento estándar e intentando hacer que Jesús admitiese que era el Rey de los judíos. Pilatos quería hacer que Jesús admitiese que había cometido traición y sentenciarle a muerte y por eso le hiso estas tres preguntas cortas. Pero nuestro Señor Jesús le contestó de manera inesperada. Le dijo: «Mi Reino no es de este mundo».
Cuando Pilatos siguió: «¿Eres el rey de los judíos?», Jesús le contestó diciendo: «Tienes razón. Como tú dices, soy el Rey, pero Mi Reino no es de este mundo. Y por este motivo nací en este mundo: para salvar al mundo. Vine no solo por el pueblo judío, sino por toda la gente del mundo. Nací en este mundo para dar testimonio de la Verdad y salvar a todo el mundo». Dijo que todo el mundo que era de la Verdad escucharía Su voz. Como Pilatos no pudo entender la respuesta de Jesús, preguntó una vez más qué era la verdad.
El interés de la gente del mundo es muy diferente al nuestro. Mientras que los nacidos de nuevo están interesados en las cosas espirituales, la gente secular está interesada en los asuntos carnales. La gente de la carne solo está interesada en lo que ocurre en el mundo presente y no quiere saber nada de los sucesos bíblicos, que son importantes lecciones espirituales. Las vidas de las personas están centradas en los aspectos visibles y materialistas y cada vez se alejan más de los asuntos espirituales.
Podemos ver esto en la conversación que Pilatos tuvo con Jesús. Pilatos hizo unas preguntas muy realistas, pero Jesús habló de cosas espirituales. Jesús era el Rey de los judíos. El Rey aquí es el Rey de los judíos. Los judíos son los descendientes de Abraham a quien Dios llamó para ser Su pueblo escogido. Dios dijo que era el Maestro de los judíos. En otras palabras, Dios y Jesús son los Reyes espirituales de los judíos.
 
 
Pilatos no encontró culpa alguna en Jesús
 
Jesús era el Rey de los perdidos en este mundo, Su Líder y Su Guía. Vino para dar testimonio de la Verdad. Y nuestro Señor dio testimonio de la Verdad. ¿Qué es la Verdad? Que Dios Padre amó tanto al mundo que envió a Su único Hijo a este mundo, pasó los pecados del mundo a Su Hijo, entregó a Su Hijo para ser crucificado y lo levantó de entre los muertos. En otras palabras, el que Jesucristo haya borrado todos nuestros pecados es la Verdad. Jesús vino a este mundo para hacer esta obra y dar testimonio de ella.
Así que, mientras estaba en la corte de Pilatos, Jesús dio testimonio del Reino de los Cielos y la Verdad: «Yo soy el Rey de los judíos. He venido para salvar a las almas perdidas. Y he venido a dar testimonio de la Verdad». El Señor nació en este mundo a través del cuerpo de la Virgen María, cargó con los pecados del mundo al ser bautizado por Juan, fue sentenciado a muerte y murió en la Cruz, y al tercer día resucitó para salvarnos. Esta es la Verdad. Debemos creer en esta Verdad de Dios. La razón por la que el Señor vino a este mundo era cumplir la justicia de Dios que salva a todo el que cree en esta Verdad y da testimonio de ella.
Pilatos preguntó: «¿Qué es la verdad?» No podía entender qué era la Verdad. La gente de hoy en día tampoco la entiende. Duda siempre y se pregunta: «¿Qué es la verdad». En la entrada principal de la Universidad Nacional de Seúl hay una pancarta con un lema excelente que dice: «El lugar donde se busca la Verdad». ¿Qué es la Verdad entonces? Es simple. La Verdad es que Jesucristo vino a este mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Pero muchas personas siguen sin conocer esta Verdad como Pilatos.
Incluso después de interrogar a Jesús, Pilatos no encontró ninguna culpa en Jesús. Así que salió del Pretorio y les dijo a los judíos que querían matar a Jesús: «No encuentro ninguna culpa en este Hombre. Pero tenéis la costumbre de liberar a un criminal en la Pascua, vuestra fiesta más importante. ¿Queréis que libere a este Hombre o al famoso ladrón Barrabás?». Si Pilatos hubiese liberado a Jesús por su propia iniciativa, los judíos se habrían enojado. Por eso hizo esta pregunta para intentar llegar a un acuerdo y poder liberar a Jesús porque era inocente. Los judíos gritaron: «No liberes a este Hombre, libera a Barrabás». Barrabás era un criminal malvado.
 
 
Los que están condenados a la muerte pueden encontrar vida en Jesús
 
Cuando Pilatos preguntó a los judíos a quién querían liberar, ellos le pidieron que liberase a Barrabás, un criminal brutal, en vez de Jesús. La vida de Barrabás fue perdonada gracias a Jesús. Barrabás, que era un ladrón condenado a muerte, recibió su vida gracias a Jesús, que era la Verdad. Y esta era la voluntad de Dios para Jesús. Tres años antes de estar en la corte de Pilatos, Jesús ya había aceptado todos los pecados de la raza humana al ser bautizado, y por tanto tuvo que someterse al castigo de la crucifixión para pagar el precio de todos los pecados de la humanidad. Lo hizo para cumplir la Verdad y para dar testimonio de la Verdad, y por eso nuestro Jesús aceptó este castigo. Jesús aseguró que esta Verdad sería testificada a través de este castigo injusto en la corte de Pilatos.
El que Jesús salvase a Barrabás, el ladrón, y muriese en su lugar, muestra la Verdad que ha salvado a los pecadores al pagar la condena de todos los pecados del mundo. Jesús nos ha salvado al cargar con todos los pecados de la humanidad a través de Su bautismo, muerte en la Cruz y resurrección. Esta es la Verdad de la salvación. Esta es la Verdad que nuestro Señor nos está diciendo a través del suceso de Barrabás.
Ahora estamos escuchando una Verdad muy antigua, que data de hace más de 2,000 años. En este siglo hay muchos problemas en el mundo, pero debemos volver nuestras mentes ocupadas a la Verdad. Debemos humillar nuestros corazones, creer en esta Verdad y dar toda la gloria a Dios. Debemos darle gracias a Dios desde lo más profundo de nuestros corazones por salvarnos y debemos vivir nuestras vidas de fe predicando esta Verdad por todo el mundo.
Estamos viviendo es tiempos complejos. ¿Cómo esta todo el mundo? Nuestras mentes están llenas de preocupaciones. Los estudiantes están ocupados con sus estudios, y los empresarios están ocupados con sus negocios. Y tienen todo tipo de preocupaciones. Pero hay una verdad que no cambia. Esta Verdad es que Jesucristo nos ha salvado. Y según esta Verdad, nuestro Jesucristo volverá pronto. Debemos llevar nuestras mentes ocupadas ante el Evangelio del agua y el Espíritu para limpiarlas y debemos vivir solo por fe. Así es como podemos vivir con fe.
La fe consiste en buscar a Dios, quien nos ha salvado. La religión, por otra parte, consiste en elevarse al estado de dioses. La verdadera fe creer en el Señor que nos ha salvado y medita sobre el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Verdad. Incluso en nuestras vidas ocupadas debemos pensar en esta Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado y debemos creer en él. Esta es la vida de fe verdadera.
En este momento estamos meditando sobre la Palabra que explica cómo el Señor vino al mundo hace mucho tiempo para salvarnos, aunque éramos como Barrabás. Una vez más nos hemos encontrado con la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu testificado por Jesucristo, quien entregó Su propio cuerpo por nosotros. Sin olvidar esta Verdad debemos creer en ella para siempre, amar y alabar al Señor temiéndole, buscar ayuda de este Rey de reyes y recibir Su ayuda en nuestras vidas, dar testimonio de Jesucristo por todo el mundo y después ir a encontrarnos con nuestro Señor cara a cara.
Mis queridos hermanos, cuando sus mentes se llenen de preocupaciones, deben volver al Señor de esta Verdad que no cambia nunca. Solo entonces podrán encontrar la paz con la Verdad. Hoy han escuchado una vez más cómo nuestro Señor dio testimonio de la Verdad en este mundo y cómo nos ha salvado de los pecados. ¿No están contentos de escuchar esto una vez más? ¿No se aclaran sus mentes? ¿O acaso se preocupan más?
En vez de tener tranquilidad, ¿se sienten aún más preocupados? ¿Se preguntan por qué estoy habando de lo mismo si ya lo saben? Estoy diciendo esto una vez más porque nuestros corazones se separan de la fe para ir al mundo. ¿De qué más vamos a hablar si no hablamos del Señor? Predicar acerca de lo que el Señor ha hecho por nosotros es lo único que vale la pena.
Les quiero hacer una pregunta: ¿Qué satisface sus almas? La Palabra de Verdad. ¿A quién pertenece este mundo? Como creación del Señor, todo en este mundo le pertenece. Nosotros también estamos incluidos en esto. ¿En quién estamos viviendo? Estamos viviendo en el Señor. Por muy complejo que sea el mundo y por muy radicalmente que esté cambiando, la verdad es que todo está en la Palabra de Dios. Esto es cierto.
 
 
La mejor manera de vivir es pensar siempre en Jesús
 
Mi esperanza y deseo es que el Evangelio del agua y el Espíritu sea predicado hasta el fin del mundo cuanto antes y que Jesús vuelva enseguida. A parte de pensar en Jesús y hacer Su obra, todo lo demás es aburrido y pesado. Amo al Señor ante todo y estoy más contento cuando hago Su obra. ¿Se sienten así también ustedes? Queridos hermanos, cuando sus mentes estén preocupadas, intenten hacer la obra del Señor. Entonces sentirán el gozo de la plenitud del Espíritu en sus corazones. Cuando piensen en los problemas de este mundo, tendrán dolor de cabeza, pero cuando piensen en las cosas del Espíritu, sus corazones estarán llenos de gozo.
Deseo que el Evangelio del agua y el Espíritu sea predicado por todo el mundo y que Jesús vuelva pronto. ¿Ustedes también lo desean? Como este mundo no durará para siempre, debemos hacer todo lo posible mientras podamos seguir trabajando y debemos cumplir nuestra misión antes del retorno de Jesús.
¿Qué busca la gente de fe en este mundo? El Espíritu Santo. Quiere que el Espíritu Santo viva en sus corazones. Esta era es la era del Espíritu Santo, que se recibe al creer en Jesús, como está escrito: «Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
Y en los postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños» (Hechos de los Apóstoles 2:16-17). Así que todo el mundo busca al Espíritu Santo. La multitud de libros escritos sobre el Espíritu Santo indica que la gente está interesada en el Espíritu Santo.
Estamos distribuyendo nuestros libros espirituales en varios idiomas a todo el mundo. Nuestros lectores nos dan respuestas diferentes, pero la mayoría está de acuerdo en que estos libros contienen la Verdad que explica los elementos más básicos de la fe a los cristianos que no han nacido de nuevo. En el último libro resalto el papel del Espíritu Santo para los que anhelan que el Espíritu Santo esté en sus vidas. En ese libro explico que para estar lleno del Espíritu Santo, primero hay que creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y después de leer este libro, muchos de nuestros lectores han meditado acerca del Evangelio del agua y el Espíritu de nuevo. Pronto nos darán la buena noticia de que han recibido la verdadera remisión de los pecados, que han recibido el Espíritu Santo al creer en esta Verdad.
Debemos seguir dando testimonio de la Verdad hasta el día en que vuelva el Señor. Todos los días recobramos fuerzas gracias a esta Verdad de que el Señor ha borrado todos los pecados del mundo al ser bautizado y crucificado, y que así nos ha permitido ser Sus creyentes para evitar el juicio.
Me gustaría hablar de lo siguiente: debemos defender el Evangelio del agua y el Espíritu hasta el final mientras vivimos en este mundo temiendo a Dios y predicando el Evangelio, y debemos hacer que nuestras mentes descansen con fe.
 
 
Prediquemos efectivamente el Evangelio del agua y el Espíritu
 
No debemos preocuparnos aunque nos cansemos de predicar el Evangelio. Tenemos la Verdad que permite que nuestros corazones descansen. Lo que el Señor cumplió en este mundo nos da ánimos y paz. ¿En quién encontramos riquezas? En el Señor. ¿En quién encontramos fuerzas para vivir en este mundo? En Jesús. De hecho, todo se encuentra en el Señor. Toda la creación pertenece al Señor junto con todas las riquezas y bendiciones. Las cosas mejores y más maravillosas vienen de arriba. En otras palabras, todo lo que es bueno en el mundo proviene del Señor. Todo lo malo proviene de Satanás.
Este año me gustaría establecer una base firme para la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo, para que sigamos haciendo la obra del Señor. Debemos mantener nuestros corazones limpios ante Dios. Lleven sus corazones preocupados con las cosas del mundo ante el Señor de la Verdad. Quiero que nuestros corazones estén gobernados por la Verdad. Para ello debemos leer y escuchar la Palabra de Dios, volver a Su obra y buscar a Dios. Los Apóstoles nos pidieron que buscásemos a Jesús para hacernos perfectos. Fieles a su petición debemos buscar siempre a Jesucristo.
Le damos gracias a nuestro Señor. Nos postramos ante el Señor y le damos gracias por dar testimonio de la Verdad y por darnos esta Verdad de salvación. Todos somos como Barrabás, pero para librarnos del pecado y la condena, el Señor fue bautizado y crucificado en nuestro lugar. A través de esto nos ha salvado a todos.
Una vez más le doy gracias al Señor.
¡Aleluya!