The New Life Mission

Sermones

Tema 21: Evangelio de Marcos

[Capítulo 15-1] < Marcos 15, 1-15 > El Rey de todos los hombres nos salvó como a Barrabás

< Marcos 15, 1-15 >
«Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. Y Pilatos les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. Respondiendo Pilatos, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale! Pilatos les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! Y Pilatos, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado».
 
 
Hoy hemos leído Marcos 15, 1-15. Como han leído en el capítulo de las Escrituras de hoy, Jesús estaba bajo juicio en el patio de Pilatos. Está escrito que los sacerdotes, escribas y el consejo judío entregaron a Jesús a Pilatos. 
Durante el ministerio de Jesús, los líderes religiosos judíos, especialmente los fariseos, le odiaron mucho. Según estas personas Jesús parecía muy humilde pero como decía ser el Hijo de Dios y el Mesías y hacía muchos milagros, le empezaron a odiar. De hecho muchas personas fueron sanadas y recibieron favor de los milagros de Jesús y por eso le siguieron. También se sintieron muy aliviados por sus mensajes santos en un tiempo de mucho sufrimiento. Pero a pesar de esto se convirtió en un asunto político que le llevó a su muerte. 
Como todos ustedes saben, el Israel de aquel entonces era una colonia del Imperio Romano. Estaba en la misma situación que Corea durante la ocupación japonesa que tuvo lugar entre los años 1910 y 1945. Durante la colonización japonesa, Japón dio nacionalidad japonesa a los coreanos mediante la política de unificación y así esclavizó al pueblo coreano. Gobernaron a los coreanos y trataron a nuestros antecesores como esclavos si estaban en contra de Japón. Incluso obligaban a muchas mujeres coreanas a ser mujeres de compañía de los soldados japoneses. 
De la misma manera, Israel se convirtió en parte del inmenso Imperio Romano como una colonia más. El Imperio Romano envió a Pilatos como gobernador de Judea porque temía que el movimiento independentista de los israelitas intentase elegir a un líder propio y librar al país de la esclavitud romana. El Imperio Romano temía que esto ocurriese. Los romanos estaban especialmente preocupados por que Jesús fuese ese líder ya que lo llamaban el Rey de los judíos y muchas personas le seguían. Esto también era un problema para los líderes religiosos de Israel como los sacerdotes, los escribas y los fariseos. La gente quería más a Jesús que a estos líderes y maestros judíos, así que le seguían más que a cualquier otro líder judío. 
Por eso el nombre de Jesús era conocido dentro y fuera de Israel y esto era un problema para los líderes romanos y judíos. Los sacerdotes y los líderes de Israel estaban preocupados. Incluso para los escribas, funcionarios del Estado, los fariseos y los líderes religiosos, Jesús era un problema. No es extraño que fuesen tan hostiles hacia Jesús porque antes de que Jesús apareciera ellos recibían más respeto que nadie.
 
 
Jesús vino para salvar a los pecadores
 
Jesús no tenía nada atractivo a los ojos de los que eran respetados por el público. La Biblia dice lo siguiente acerca de Su apariencia: 
«Subirá cual renuevo delante de él,
y como raíz de tierra seca; 
no hay parecer en él, 
ni hermosura; le veremos, 
mas sin atractivo para que le deseemos» (Isaías 53, 2). Según este pasaje, parecía un hombre alto, pero a parte de esto no tenía ninguna otra característica definida. Pero cuando los líderes religiosos vieron a la multitud siguiendo a Jesús y alabándole entre gritos de “Hosanna” temieron que su religión judía se viniese abajo por su culpa. Los israelitas solían seguir la Ley pero cada vez se hicieron más legalistas, especialmente porque ahora tenían a un líder religioso contra el que luchar y tenían miedo de perder su posición. El Imperio Romano también temía que hubiese revueltas contra Roma. 
Por esta razón los líderes religiosos de aquel entonces no estaban contentos con Jesús y al final le acusaron falsamente ante Pilatos diciendo: «Este hombre dice que es un rey y tiene muchos seguidores, y por eso puede ser una amenaza contra el Imperio Romano porque puede llegar a iniciar un movimiento independentista». Pilatos sabía que Jesús no era el tipo de persona que iniciaría revueltas populares. Si Jesús fuese este tipo de criminal, tendría una apariencia dura, pero era muy humilde y dócil. 
Los líderes judíos acusaron a Jesús de todo tipo de crímenes falsos diciendo: «No solo afirmó ser el rey de los judíos, sino que además intentó empezar una revuelta contra el Imperio Romano», pero a los ojos de Pilatos Jesús no era ese tipo de persona. Pilatos le dio a Jesús la oportunidad de defenderse diciendo: «Esta gente te está acusando de muchos crímenes, ¿verdad? ¿Por qué no te defiendes y dices algo?», pero Jesús se quedó callado. Pilatos estaba maravillado. Los hombres comunes suelen inventarse excusas cuando son acusados de algún crimen. Pero Jesús no se defendió aunque le estuviesen acusando falsamente. 
Como todos sabemos, Jesús decidió ser crucificado para pagar por todos nuestros pecados porque cargó con todos los pecados del mundo cuando fue bautizado por Juan el Bautista. Nunca quiso ser un rey político o un líder religioso causando una revolución popular. No quiso crear una nueva religión para ser su líder. Como Jesucristo, que es Dios mismo, vino al mundo para salvar a todo el mundo de sus pecados y para ello se presentó en la corte de Pilatos para cumplir su misión. Por eso no le contestó a su interrogación. 
Hermanos y hermanas, todo país tiene sus fiestas tradicionales. Todos los países tienen leyes en las que se perdona la condena a un criminal durante las fiestas. Como todos sabrán, en nuestro país el Presidente suelta a algunos criminales durante nuestras fiestas. Israel está a punto de celebrar la Pascua. En esta fiesta se conmemora el día del Éxodo de Egipto, que era una de las fiestas más importantes en Israel. En esta fiesta había una tradición en la que se soltaba a ciertos criminales. Los israelitas reunidos en la corte de Pilatos para pedirle que soltase a un criminal según su costumbre, intentaron convencer al gobernador diciendo: «Ha sido siempre nuestra costumbre soltar a un prisionero cada Pascua, ¿vas a hacerlo también?». 
Entonces Pilatos dijo: «¿Queréis que suelte al que se llama rey de los judíos?». 
«¡No!»
«Entonces, ¿a quién queréis que suelte?». 
«Danos a Barrabás». 
Barrabás era un asesino que empezó una revuelta contra el Imperio Romano. Convenció al pueblo y cometió crímenes como robos, incendios, etc.; y reclutó a soldados para que se levantasen contra el Imperio Romano. Era un hombre cruel y brutal comparado con Jesús. Pero el público dijo algo completamente inesperado cuando se le preguntó a quién quería que soltase. Empezaron a gritar: «Crucifica a Jesús porque dice ser el rey de los judíos. Danos a Barrabás». 
Pilatos decidió contentar a la multitud, así que liberó a Barrabás y azotó a Jesús para después crucificarlo. Pilatos al final cedió a la multitud. 
 
 
¿Por qué se presentó Jesús en la corte de Pilatos como pecador y por qué tuvo que ser crucificado?
 
Las acusaciones no eran completamente incorrectas. Jesús se llamó el Rey de Israel. Pilatos le preguntó: «¿Eres el Rey de los judíos?». Entonces Jesús le contestó: «Tú lo has dicho» (Marcos 15, 2). Cuando Pilatos escuchó a la gente acusar a Jesús diciendo que era el rey de los judíos, Pilatos le preguntó que si eso era cierto. 
«Tú lo has dicho». El Señor lo admitió claramente. 
En ese momento se le declaró culpable. Era lógico que los israelitas dijeran: «Los judíos solo tienen un rey, el emperador romano. ¿Cómo podemos tener otro rey? Es un rebelde y merece la muerte. Tiene que ser ejecutado». Aunque Jesús admitió ser el rey Pilatos sabía la verdad. Supo quién decía la verdad cuando conoció a Jesús cara a cara. En cuanto vio a Jesús supo que no era el tipo de persona que empieza una rebelión. 
Los políticos escuchan al público para ganarse su confianza. En aquel entonces Pilatos era el gobernador de Israel y estaba en una situación en la que no podía negar las demandas de los judíos. Tenía que complacer a la multitud que gritaba para que liberase a Barrabás, y también al emperador romano que le había nombrado gobernador de Israel. Por eso entregó a Jesús para que fuese crucificado y liberó a Barrabás aunque no pensase que era culpable. 
 
 
¿Qué significa que Jesús murió por un criminal cruel como Barrabás?
 
Jesús es el Rey de los judíos. Esto significa que es el Rey de todo el mundo, incluidos nosotros, los que buscamos a Dios. Jesucristo, que es Dios, es el Salvador que vino a salvar a los seres humanos del pecado. Es el Salvador, que vino al mundo encarnado en un hombre para salvar a su pueblo, que estaba destinado a ir al infierno por sus pecados. Para salvarnos de nuestros pecados tomó todos nuestros pecados al ser bautizado y pagó el castigo por todos estos pecados en nuestro lugar. 
En la corte de Pilatos, Barrabás fue liberado en vez de Jesús y fue sentenciado a ser crucificado. Antes de su crucifixión fue azotado cuarenta veces menos una, y su carne se desgarrada cada vez que los ganchos del látigo tocaban su cuerpo. Nuestro Señor recibió este castigo que solo los criminales brutales reciben. Y fue clavado en la cruz, diseñada para los criminales que cometían crímenes atroces. Según el Antiguo Testamento, los que cuelgan de una Cruz están malditos por Dios (Deuteronomio 21, 23). Desde el punto de vista judicial romano, Jesús era un hombre malvado porque afirmaba ser el rey del Imperio Romano mientras el emperador vivía. Por eso crucificaron a Jesús. 
Aún así nuestro Señor fue castigado en la Cruz en vez de Barrabás por una razón diferente. En otras palabras no fue crucificado por las leyes romanas. Jesús había cargado con todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y por eso tuvo que pagar por esos pecados. Era inevitable que muriese en la Cruz y se levantase de entre los muertos para darnos la salvación completa. Escogió ser crucificado para salvarnos de los pecados, la destrucción y el castigo eterno, así como para darnos una nueva vida y quitar nuestros pecados completamente. Esta es la razón por la que Barrabás fue liberado y el Señor fue crucificado. 
Barrabás era un hombre malvado con una mente débil que pecaba todos los días. Hablando espiritualmente, este Barrabás se refiere a nosotros. Representa a todos los seres humanos. De la misma manera en que Dios salvó a Barrabás al ser colgado en la Cruz, también nos salvó a nosotros. Está escrito que tomó todos nuestros pecados mediante su bautismo y que somos sanados por sus heridas. Jesús es Dios y el Salvador, que vino a salvar a la humanidad. Como Jesús cargó con todos nuestros pecados, pudo cargar con estos pecados y llevarlos a la Cruz y derramar su sangre por nuestros pecados. Barrabás era un hombre que no podía evitar morir por sus pecados, pero Jesús lo salvó. Sé que todos somos como Barrabás. 
Para salvar a Barrabás de todos sus pecados, Jesús tuvo que sufrir en la Cruz. Por eso Jesús soportó su juicio con calma. Desde un punto de vista humano, no fue un juicio justo, pero en un sentido espiritual sí lo fue. Como el Señor tomó todos los pecados del mundo, tuvo que ser azotado, crucificado, y resucitado para darnos la salvación. Por eso lo hizo. 
Jesús vino a este mundo para salvar a personas como Barrabás y para ello tuvo que cargar con todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, y después tuvo que morir en la Cruz por esos pecados. Por esto no se defendió ante Pilatos de la siguiente manera: «No, no es cierto. Cuando dijo que era rey, quería decir que era un rey espiritual, no político. No tengo ninguna intención de reinar sobre estas personas. Me están acusando porque tienen celos espirituales». Si Jesús se hubiese defendido de esta manera, podría haber evitado ser crucificado. Pero está escrito: «El precio del pecado es la muerte, pero el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor» (Romanos 6, 23). Como tomó todos los pecados del mundo, tuvo que seguir la ley justa de Dios y ser crucificado para después ser resucitado para salvarnos. Esta es la única manera de cumplir la salvación por nosotros. 
¿Se preguntan si Jesús tuvo que ser crucificado? Sí. Jesús tuvo que morir en la Cruz para salvarnos de los pecados del mundo porque todos esos pecados se le pasaron cuando fue bautizado. Después fue resucitado de entre los muertos. Y quien crea en esto puede ser liberado de todos sus pecados y recibir la salvación. Jesús es nuestro verdadero Salvador. Es el Salvador de todos los creyentes y no de los que no creen. Jesús nos salvó de nuestros pecados, pero esta salvación es solo efectiva para los que creen; para los que no creen Jesús no puede ser su Salvador. 
¿Quién es Jesús, quien fue clavado en la Cruz? Debemos tener el conocimiento correcto y la verdadera fe. No hay nada más importante que esto. Jesucristo es Dios. Como Rey de reyes y verdadero Dios, vino a este mundo encarnado en un hombre, tomó los pecados por su bautismo, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y nos salvó completamente. No debemos olvidar el hecho de que Jesucristo, quien es Dios mismo, nos salvó a través del bautismo del agua y el Espíritu. 
Jesucristo, que es Dios, no tenía por qué sufrir tanto, ser odiado y humillado y sufrir un dolor insoportable. Pasó por todas esas cosas por una sola razón. Esta razón era salvar a la raza humana, incluidos nosotros, del castigo y el pecado. Sabía que sus hijos sufrirían por los pecados, y por eso bajó del Cielo, cargó con los pecados de todo el mundo y nos salvó para ser la gente santa de Dios. 
 
 
Un ejemplo
 
Había una vez un país donde la gente era corrupta y pecadora. El rey y sus vasallos se reunieron un día para hablar de este problema. Al final de la reunión llegaron a la conclusión de que deberían reforzar las leyes ya que la gente estaba cometiendo tantos crímenes. Por tanto, crearon leyes nuevas. Estas leyes nuevas decían que se amputarían las manos de los que robasen, y se les sacarían los ojos a los que cometiesen adulterio. Crearon leyes estrictas y se las comunicaron al pueblo. Estas leyes entraron en vigor ese mismo día. En todas las calles había carteles con las consecuencias de estos crímenes. La gente tenía miedo. Con el castigo en mente, los que solían cometer crímenes empezaron a temblar. 
Pero un día el hijo del rey cometió adulterio. El príncipe fue el primero en violar una de las leyes nuevas. El rey dijo: «Si hacemos excepciones, las leyes no valdrán para nada. Traed al príncipe y hacedle lo que la ley dice». Entonces el príncipe estaba a punto de ser castigado y se le iban a sacar los ojos. Tanto el príncipe como su padre estaban muy tristes. El rey tenía que dar buen ejemplo a sus vasallos pero al mismo tiempo no podía soportar ver cómo le sacaban los ojos a su hijo. Tras mucho pensar en esto, tomó una decisión. Sugirió que se le sacara un ojo a él y otro a su hijo, ya que el príncipe no podría gobernar en el futuro sin poder ver. Según la ley, celebraron un juicio y llevaron a cabo el castigo en frente del pueblo. Como resultado, las leyes del país se establecieron de manera sólida y el número de crímenes descendió. 
Como en esta historia, el castigo de los pecados debe seguir lo que dicen las leyes. El que el Señor fuese crucificado fue el veredicto justo de Dios, que se basa en su Ley: «El castigo del pecado es la muerte». Dios nos dio la Ley hace mucho tiempo. Por ejemplo: «Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie» (Éxodo 21, 24). Esta era la Ley. 
Sin embargo, los seres humanos nacimos como pecadores que no pueden cumplir la Ley completamente. Aunque los seres humanos fueron creados a imagen de Dios, cayeron presa de las tentaciones de Satanás y pecaron contra Dios. Pero Dios no pudo enviarnos al infierno, así que envió a su Hijo a este mundo para recuperar a su pueblo y convertirlo en un pueblo justo a través del bautismo de su Hijo, su crucifixión y resurrección. 
¿Por qué fue crucificado Jesús? Porque fue bautizado por Juan el Bautista para salvarnos de nuestros pecados. Por eso tuvo que ser crucificado. ¿Por qué tuvo que venir Jesús a este mundo? Para salvarnos de forma justa, adoptarnos como sus hijos y darnos las bendiciones eternas. La gente de fe debe entender la razón por la que Jesús fue crucificado. Debemos darnos cuenta de que Jesucristo sufrió un castigo tan horrible e indescriptible para salvarnos de nuestros pecados. Debemos saber que este es el amor de Dios. Este proceso es la salvación justa de Dios. 
Cuando creemos en Jesucristo, quien nos salvó mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, Satanás no puede molestarnos. A pesar de nuestras debilidades, seguimos siendo hijos de Dios y su pueblo santo porque Jesucristo tomó todas nuestras debilidades y dolores, y murió por nosotros para después levantarse de entre los muertos y nos salvó de esta manera. 
Este es el tema principal del sermón de hoy. El criminal Barrabás era el mayor criminal de todos. El que fuese liberado y Jesús fuese crucificado implica que Jesús nos ha salvado al ser bautizado y pagar el castigo por todos nuestros pecados. Seguramente ya saben esto. Sin embargo, aunque lo sepan, quiero que piensen en el sacrificio que Jesús hizo por nosotros. Incluso las personas que dicen que tienen fe no piensan en el hecho de que Jesús se sacrificó por ellos. No consideran el Evangelio del agua y el Espíritu, y saben que son salvados al creer en este Evangelio, pero no piensan en el sufrimiento de Jesús, ni en su amor. Debemos centrarnos en este aspecto de ahora en adelante. 
¿Cuánto amor tuvo Jesús por nosotros para ser desnudado, azotado, cubierto de heridas sangrientas y caminar hacia su ejecución con una corona de espinos clavada en su cabeza? Su cuerpo estaba cubierto de heridas. Los soldados romanos clavaban a los criminales en la cruz con clavos en las manos y los pies. La piel empezaba a desgarrarse y la sangre salía cada vez que el corazón latía o que el criminal respiraba. A medida en que la sangre salía del cuerpo, la persona empezaba a desangrarse. «¡Está terminado!» (Juan 19, 30). Jesús entregó su alma con estas últimas palabras. 
La razón por la que Jesús murió tan rápidamente fue probablemente que no estaba muy sano. No es importante que muriese rápidamente o despacio. Todo lo que debemos recordar es que murió para eliminar nuestros pecados. Debemos meditar sobre esta parte y estar agradecidos. Le doy gracias a Jesús por sufrir por su amor infinito por nosotros. No puedo dejar de dar gracias al Señor por eliminar nuestros pecados y salvarnos completamente. 
Digamos con todo orgullo: «Gracias por sufrir por mí, Señor». Bien. Debemos poder expresar nuestra gratitud por Dios. Es muy natural sentirse agradecido y decir: «Gracias» y recordar esta gracia siempre.
El Señor que nos salvó vive en nuestros corazones siempre. Nuestro Señor nos puede decir: «Gracias por reconocerlo» cuando recordamos su ministerio de salvación y le agradecemos lo que hizo cuando escuchamos su Palabra. Debemos darle gracias a Dios desde lo más profundo de nuestros corazones.