The New Life Mission

Sermones

Tema 21: Evangelio de Marcos

[Capítulo 16-1] < Marcos 16, 1-20 > El Señor nos ha dado la verdadera salvación

< Marcos 16, 1-20 >
«Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo. Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron. Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán».
 
 
Queridos hermanos, ¿cómo han pasado estos días? Como saben hoy es el domingo de Pascua. Por tanto, quiero predicar un sermón sobre la resurrección de Jesús. Espero que este sea un buen momento para pensar en la resurrección de Jesús a través de la Palabra del Señor. El pasaje de las Escrituras de hoy describe lo que ocurrió el primer día después del sábado cuando resucitó Jesús. 
 
 
La resurrección de Jesús está relacionada con lo demás que nos ha dado
 
Lo importante es que Jesús resucitó pronto por la mañana el primer día después del sábado. El que Jesús resucitase el primer día después del sábado en particular significa que Jesús ha creado un nuevo mundo para nosotros. 
Pensemos en este durante un momento. ¿Qué significa el sábado espiritual para los hijos de Dios que servimos y creemos en Jesús como nuestro Salvador? Dios creó el universo entero y todo lo que hay en él en el quinto día de la creación, y después creó al hombre a su imagen y semejanza. Y el Señor descansó el día siguiente, ya que el séptimo día era el día final de la creación. Y el Dios Creador nos dio el mismo descanso que Él disfrutó después de crear el mundo. En realidad, este sábado espiritual que el Señor nos ha dado es una bendición inmensa. Jesucristo vino a este mundo y nos dio muchas cosas sin reserva, y una de estas cosas maravillosas es este descanso. El que el Señor nos diese este descanso significa que llenó nuestros corazones con descanso y relajación eternos. Esto significa que Dios venció a Satanás mediante el Evangelio del agua y el Espíritu en este mundo que estaba lleno de guerras y batallas espirituales con todo tipo de tentaciones y pecados, y nos dio descanso en este mundo al poner fin a este sufrimiento. Quiero que crean y acepten este descanso espiritual que Dios nos dio y que es una bendición enorme. 
Como ya he dicho, Dios descansó después de crear el universo y todo lo que hay en él. Estaba contento con el hombre que había creado el sexto día, así que el séptimo día descansó y designó este sábado como día de descanso. En el Antiguo Testamento podemos ver que Dios consideraba el sábado un día muy importante. Uno de los mandamientos de Dios era guardar el sábado. Por tanto, encontramos muchos pasajes de las Escrituras en el Antiguo Testamento que hablan de cómo Dios bendice a su pueblo cuando observa el sábado. De lo contrario, lo maldice. Esto significa que, como Dios le dio a su pueblo un descanso bendito y verdadero, no guardar el sábado es lo mismo que ignorar su amor. El sábado implica que Dios creó al hombre y le dio descanso, y que quiso vivir con nosotros eternamente en el Paraíso. 
Y en el Nuevo Testamento este sábado tiene un significado más concreto, ya que representa el verdadero descanso del Señor Jesús. El significado completo del sábado espiritual se manifestó en el sacrificio eterno de Jesús, quien vino a este mundo, tomó todos los pecados de la humanidad personalmente a través del bautismo por agua que recibió de Juan el Bautista, murió en la Cruz, y resucitó de entre los muertos. La justicia de Dios que Jesucristo ha cumplido con su bautismo y su sangre nos ha dado vida nueva y el verdadero descanso. En realidad, el Señor fue resucitado de entre los muertos después de morir en la Cruz para darnos este descanso verdadero a los que creemos en Jesús. Para salvarnos perfectamente Jesús recibió el bautismo y murió en la Cruz. Así que Dios Padre también resucitó a su Hijo de esta muerte por nosotros. Dicho de otra manera, para darnos descanso verdadero, el Señor ha cumplido todas estas obras de salvación al venir a este mundo y ser bautizado, morir en la Cruz y resucitar de entre los muertos. Por tanto, este descanso que el Señor nos ha dado no es como el descanso del mundo, sino un descanso eterno en las almas de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Hemos recibido este verdadero descanso y relajación eternos al recibir la remisión de los pecados en nuestros corazones porque el Señor vino a este mundo. 
Sin embargo, algunas personas no pueden recibir este verdadero descanso porque tienen pecado en sus corazones aunque el Señor ya les haya dado este perfecto descanso. Estas personas están involucradas en una guerra espiritual contra estos pecados que siguen en sus corazones y tienen siempre miedo a ser destruidos por estos pecados. Dios se lamentaba en el Antiguo Testamento porque su pueblo no quería disfrutar de este descanso aunque ya lo hubiese recibido. El Señor le dijo a Israel que lapidase a cualquier persona que no respetase el sábado. 
Para ayudar a entender esto mejor vamos a leer el Libro del Éxodo 31, 12. Está escrito: «Habló además Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá. Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó» (Éxodo 31, 12-17). 
Podemos ver también en el Libro de Jeremías y Ezequiel en el Antiguo Testamento que Dios dijo que traería la calamidad a cualquier persona que no guardase el sábado. Un ejemplo de esto es la historia de un hombre que recogió palos en el sábado mientras Israel estaba en el desierto. Y los que lo encontraron recogiendo palos lo llevaron a Moisés y Aarón y ante toda la congregación. Entonces Dios le dijo a Moisés: «Este hombre tendrá que morir, y toda la congregación le tirará piedras fuera del campamento». Así que, como Dios le había ordenado a Moisés, toda la congregación se presentó fuera del campamento y le tiró piedras hasta matarlo (Números 15, 32-36). 
Como les estoy diciendo esto y ya he mencionado el sábado varias veces, los que hayan venido a esta Iglesia por primera vez pensarán: «¿Es esta Iglesia Adventista del Séptimo Día?». No somos adventistas. Solamente estamos confirmando la importancia del sábado según las Escrituras para recordar que el Señor resucitó el día después del sábado. 
Pero, ¿por qué tiene tanta importancia el sábado en las Escrituras hasta el punto en que los que no lo guardaban tenían que ser lapidados? En el cristianismo hay personas que dicen que hay que observar el sábado. Dicen: «Debemos observar el sábado para recibir la salvación de Dios. No podemos hacer nada el sábado». Esta secta se llama la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Y no debemos prestar atención a estos cristianos que basan sus doctrinas en interpretaciones arbitrarias. Pero lo importante es darse cuenta del verdadero significado de la Palabra de Dios, y no dar importancia al sábado como hacen los adventistas. 
Nuestro Señor vino al mundo para quitar los pecados de todas las personas del mundo. En otras palabras, el Señor vino para hacernos su pueblo y llevarnos a su Reino para vivir con Él eternamente. El Señor vino al mundo para quitar todos los pecados al ser bautizado y recibir la pena por estos pecados en la Cruz. El Señor resucitó al tercer día después de morir en la Cruz y dio testimonio de su resurrección durante cuarenta días. Ahora está sentado a la derecha de Dios Padre. Jesús cumplió estas obras de salvación para convertir a los pecadores en hijos de Dios. 
Entonces, queridos hermanos, ¿dónde podemos encontrar pruebas de que nos hemos convertido en hijos de Dios a través de este ministerio? El verdadero descanso dentro de nosotros es la prueba de que somos hijos de Dios. El hecho de que podemos experimentar este descanso es la prueba de que el Señor nos ha convertido en sus hijos perfectos. El verdadero descanso bendito está dentro de nuestros corazones y por eso le damos gracias a Dios. Para recibir este descanso, el Señor nos dio la salvación. Por tanto, podemos decir que hemos recibido este verdadero descanso gracias al ministerio de salvación del Señor y su amor por nosotros. Esta es la razón por la que las Escrituras dan tanta importancia al descanso espiritual y al sábado. 
Para poder darnos el verdadero descanso en nuestros corazones, el Señor vino a este mundo, fue bautizado, pagó la pena por nuestros pecados al ser crucificado en nuestro lugar, derramó su sangre, murió en la Cruz, y resucitó de entre los muertos. El Señor pasó por tantas dificultades para darnos el verdadero descanso mediante la remisión de los pecados. 
Sin embargo, hay muchos cristianos que no conocen este ministerio de salvación y dicen: «Dios, tengo pecados en mi corazón. Soy un pecador ante la presencia de Dios». Dios les contesta a estas personas: «Todo el que profane el sábado morirá y será arrancado de mi pueblo». En otras palabras, quien no reconozca y acepte este descanso del Señor no puede ser hijo de Dios. Esto significa que lo arrancará de entre su pueblo. Esto también significa que el Señor juzgará a los que sigan siendo necios a pesar de saber que ha borrado sus pecados y que les ha dado el verdadero descanso diciendo: «Dios, soy pecador de nuevo. No has borrado todos mis pecados». 
Todos los cristianos deben conocer este descanso que el Señor nos ha dado. Esta es la razón por la que Dios habla tanto de la importancia del descanso de Dios y del sábado a través de las Escrituras. Como pueden ver en el Libro del Génesis, el Señor dice que descansó el séptimo día después de crear el universo y todo lo que hay en él y que bendijo ese día y lo declaró santo. 
El Señor resucitó de entre los muertos y nos salvó perfectamente para darnos las bendiciones, el descanso y la santidad junto con la remisión de los pecados. Nuestro Señor nos dio la gracia de gobernar sobre todas las cosas de este mundo y de tomar lo que necesitásemos. Todas las bendiciones que hemos recibido vienen de Dios Padre. Estoy diciendo que el Señor nos ha dado todas estas bendiciones que estamos disfrutando. 
Queridos hermanos, al celebrar el domingo de Pascua no debemos pasarlo cantando: «¡Jesús ha resucitado! ¡Aleluya!» y comiendo cosas deliciosas como si fuese una celebración cualquiera. Deben saber que el Señor resucitó y que esto significa que hemos recibido una vida nueva a través del Señor resucitado y que el Señor nos ha dado esta perfecta remisión de los pecados y el descanso a todos los creyentes verdaderos. Jesucristo, quien tomó todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista y morir en la Cruz en nuestro lugar, resucitó en un día como este. Y el Señor resucitó perfectamente con su poder y nos dio el descanso y la bendición de la remisión de los pecados a todos los que creemos en Él. La resurrección del Señor incluye el ministerio de salvación que Jesús cumplió por nosotros. Si una persona no puede darse cuenta de esta verdad contenida en la resurrección del Señor, aunque diga creer en Jesús, no puede disfrutar de la bendición de convertirse en un hijo de Dios perfecto por mucho que crea en Jesús. Repito que el objetivo de la resurrección de Jesús era darnos la vida nueva y el descanso. 
 
 
Nuestra salvación se manifiesta en el sistema de Tabernáculo
 
Vamos la leer la Palabra del libro del Éxodo 27, 9-19. 
«Asimismo harás el atrio del tabernáculo. Al lado meridional, al sur, tendrá el atrio cortinas de lino torcido, de cien codos de longitud para un lado. Sus veinte columnas y sus veinte basas serán de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata. De la misma manera al lado del norte habrá a lo largo cortinas de cien codos de longitud, y sus veinte columnas con sus veinte basas de bronce; los capiteles de sus columnas y sus molduras, de plata. El ancho del atrio, del lado occidental, tendrá cortinas de cincuenta codos; sus columnas diez, con sus diez basas. Y en el ancho del atrio por el lado del oriente, al este, habrá cincuenta codos. Las cortinas a un lado de la entrada serán de quince codos; sus columnas tres, con sus tres basas. Y al otro lado, quince codos de cortinas; sus columnas tres, con sus tres basas. Y para la puerta del atrio habrá una cortina de veinte codos, de azul, púrpura y carmesí, y lino torcido, de obra de recamador; sus columnas cuatro, con sus cuatro basas. Todas las columnas alrededor del atrio estarán ceñidas de plata; sus capiteles de plata, y sus basas de bronce. La longitud del atrio será de cien codos, y la anchura cincuenta por un lado y cincuenta por el otro, y la altura de cinco codos; sus cortinas de lino torcido, y sus basas de bronce. Todos los utensilios del tabernáculo en todo su servicio, y todas sus estacas, y todas las estacas del atrio, serán de bronce» (Éxodo 27, 9-19). 
En esta Palabra, Dios le dijo a su pueblo que hiciese el patio del Tabernáculo y que dentro del patio construyese el Tabernáculo, la Casa de Dios donde Él moraría. Los israelitas necesitaban los materiales para construir el Tabernáculo, pero hoy quiero hablar del significado de los pilares de madera y del lino blanco. Incluso hoy en día debemos asegurar los pilares para poder construir una casa de madera. Por eso se necesitaban pilares para construir el patio del Tabernáculo donde viviría Dios. En aquel entonces se utilizaron pilares de madera, y su altura era de 2,5 metros. Para construir el patio del Tabernáculo primero se tuvieron que levantar 60 pilares de madera en los cuatro rincones y se tuvieron que plantar firmemente en el suelo conectándolos con ganchos y bandas, y después sobre estos pilares se colgaron las sábanas de lino blanco. Por tanto, nadie podía mirar dentro del patio desde fuera. Dios les dijo a los israelitas que hiciesen el patio del Tabernáculo de esta manera para que no se pudiese ver desde fuera lo que había dentro. Incluso hoy en día cuando vamos al campo, a veces vemos que hay postes con sábanas blancas. Este Tabernáculo de Dios que aparece en la Palabra de hoy es muy similar. 
Me costaría mucho tiempo hablar del sistema del Tabernáculo con todo detalle. Por tanto, voy a hablar del significado de los pilares de madera. Si el lino blanco simboliza la santidad de Dios, los pilares simbolizan la Verdad de salvación que Jesús cumplió al venir a este mundo. ¿Cómo puede un pilar representar esto? Quiero que escuchen detenidamente lo que voy a decir ahora ya que puede resultar un poco complicado. Los pilares que formaban el patio del Tabernáculo tenían como un tapón encima. Y sobre este tapón había ganchos que conectaban los pilares con unas bandas. También se podían fijar los pilares con unas cuerdas que se ataban a unas estacas de bronce. Los pilares de madera se podían caer con el viento y por eso se cubrió la parte superior de cada pilar con una tapa de plata para poder conectar los pilares con bandas y atarlas con cuerdas en las estacas de bronce. Miremos la parte inferior de los pilares. En la parte inferior de los pilares había un encaje para que se mantuviesen firmes. Y estos encajes estaban hechos de bronce. Esta estructura es similar a una tienda de campaña, ¿no creen? 
Debemos aclarar lo que acabo de decir: las tapas que había encima de los pilares y las bandas eran de plata, mientras que los encajes eran de bronce. ¿Entonces qué significa cada uno de estos metales de los que habla la Biblia? La plata simboliza la gracia de Dios y el bronce simboliza el juicio de Dios. En otras palabras, podemos decir que la tapa de plata simboliza la gracia de salvación que Jesucristo nos dio, es decir, el hecho de que Jesús tomase los pecados de este mundo sobre sí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista. Entonces, ¿qué simboliza el encaje de bronce de la parte inferior de los pilares? Esto significa que, después de tomar todos los pecados sobre sí mismo, Jesús cargó con todos estos pecados hasta la Cruz y recibió el juicio y la pena del pecado por nosotros. 
Queridos hermanos, ¿lo han entendido esto? Los pilares de madera del patio del Tabernáculo nos manifiestan la verdad de que Jesús nos ha salvado. Todos los pilares de madera del patio del Tabernáculo nos muestran la gracia de salvación que nuestro Señor nos ha dado a los que éramos pecadores. Jesucristo vino a este mundo y nos salvó perfectamente al tomar todos nuestros pecados habiendo recibido el bautismo y habiendo resucitado de entre los muertos después de morir en la Cruz. Esto fue profetizado y decidido cuando Dios les dijo a los israelitas cómo construir el Tabernáculo en el Antiguo Testamento con todo detalle. 
No habríamos recibido la salvación ni nos habríamos convertido en hijos de Dios si el Señor no hubiese tomado todos nuestros pecados a través de su bautismo. Seríamos pecadores si el Señor no hubiese tomado todos nuestros pecados sobre Sí mismo y no hubiese recibido la pena por los pecados en la Cruz. Jesucristo, quien resucitó de entre los muertos, ha cumplido el ministerio de salvación completamente al darnos esta vida bendita a los que creemos en Él. 
Debemos recordar la ilustración de este Tabernáculo que aparece en el Libro del Éxodo, y lo que significan estos pilares. Para construir el Tabernáculo se necesitaban pilares de madera y cada pilar se plantaba en un encaje de bronce y se cubría con una tapa de plata. Quiero recordarles que la tapa de plata y el encaje de bronce representan cómo Jesucristo tomó nuestros pecados al ser bautizado y al pagar la pena de todos esos pecados por nosotros. Además simbolizan que Jesucristo nos dio la vida eterna al resucitar de entre los muertos después de morir en la Cruz. A través de los pilares del Tabernáculo, debemos entender y reconfirmar la importancia del bautismo del Señor, la sangre que derramó en la Cruz, y su resurrección. Hoy es el domingo de Pascua, y no solo debemos comer huevos duros y decir frases hechas como: «Jesús resucitó. Nosotros también resucitaremos y recibiremos una vida nueva. Con el domingo a la vuelta de la esquina, debemos ser la luz y la sal del mundo». No debemos considerar la Pascua una fiesta cualquiera. 
Jesús vino a este mundo encarnado en un hombre y tomó todos los pecados del mundo sobre sí mismo al ser bautizado en el río Jordán cuando cumplió los 30 años. Después se convirtió en el verdadero Salvador de los que creen en Jesucristo que fue resucitado al tercer día después de morir en la Cruz para pagar por los pecados del mundo. El encaje de bronce en el que se apoyaban los pilares del Tabernáculo simboliza el juicio que el Señor tuvo que recibir por nuestros pecados. Y la tapa de plata significa que el Señor nos cubrió con su gracia de salvación. Por tanto debemos creer que Jesucristo resucitó para salvar a los pecadores y darnos una vida nueva. Debemos entender la resurrección del Señor y Su promesa de salvar nuestras almas y llevarnos al Reino eterno de Dios para vivir con Él eternamente aunque nuestros cuerpos físicos mueran. Queridos santos, le damos la bienvenida al domingo de Pascua y quiero que creamos en esta promesa de salvación que Dios nos ha dado y que pongamos nuestra esperanza en el Reino de Dios para convertirnos en personas de fe que piensan en términos simples: «Jesús murió en la Cruz durante la Cuaresma. Seguramente fue horrible para Él, pero el domingo de Pascua resucitó. Aleluya. Amén». Debemos entender claramente la verdad de que Jesucristo murió por la pena de nuestros pecados y que resucitó para darnos una vida nueva. 
Es absolutamente claro que nuestro Señor fue resucitado y nos salvó de nuestros pecados perfectamente y nos dio este verdadero descanso y una vida nueva. El Evangelio de Juan nos dice que el Jesús resucitado se les apareció a los discípulos y dijo: «Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo» (Juan 20, 21-22). Tal y como está escrito, nuestro Señor nos dio el Espíritu Santo como don después de resucitar. Está claro que nuestro Señor Jesucristo nos dio el Espíritu Santo y nos hace perfectos y gloriosos. 
Entonces, ¿cómo podemos recibir este Espíritu Santo bendito? No es tan difícil. Una persona ha recibido el Espíritu Santo si cree en el bautismo de Jesucristo y su muerte en la Cruz. Cualquier persona que reciba el Espíritu Santo, y no solo la bendición de la remisión de los pecados, lo hace al tener fe en su bautismo y muerte en la Cruz. 
Veamos qué tipo de fe debe tener una persona para recibir el Espíritu Santo a través de la Palabra del Evangelio de Mateo 3, 13-17. 
 
 
«Porque conviene así que cumplamos toda justicia» 
 
«Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3, 13-17). 
Como pueden ver, este pasaje dice claramente que cuando Jesús salió del agua después de ser bautizado, vio al Espíritu de Dios descendiendo sobre Jesús en forma de una paloma. Los cielos se abrieron cuando Jesús salió del agua después de haber recibido el bautismo de Juan el Bautista. Y la voz de Dios salió del Cielo diciendo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia». 
Queridos hermanos, primero debemos recibir la remisión de los pecados en nuestros corazones para recibir el Espíritu Santo de Dios. Esto se debe a que nuestros corazones deben estar completamente limpios y sin pecado para poder tener el Espíritu Santo en ese espacio vacío. ¿Cómo podemos recibir la remisión de nuestros pecados en nuestros corazones? Como ya sabemos, debemos creer en el bautismo que recibió el Señor. Podemos recibir la remisión de todos nuestros pecados para siempre si creemos en el hecho de que todos nuestros pecados fueron pasados a Jesús cuando recibió el bautismo de Juan el Bautista que era el representante de la humanidad. Esto también ocurría cuando los israelitas pasaban sus pecados al chivo expiatorio cuando el Sumo Sacerdote le ponía las manos sobre la cabeza en el Antiguo Testamento (Levítico 16, 21). Y Dios solo les da el Espíritu Santo a los que han recibido la remisión de los pecados. El Espíritu Santo es el don de Dios para los que han recibido la remisión de los pecados al creer que Jesús vino al mundo y cargó con todos nuestros pecados cuando fue bautizado. 
Cuando Jesús fue bautizado, se sumergió en el agua, lo que simboliza Su muerte en la Cruz por nuestros pecados, y cuando salió del agua se simbolizó Su resurrección. Creer en el bautismo de Jesús es creer en el acto de la salvación, su bautismo por agua, su sangre derramada en la Cruz, y su resurrección. Por tanto, la bendición de la remisión de los pecados la reciben las personas que creen en este bautismo que incluye el ministerio de la salvación de Jesucristo, y que estas personas también reciben el Espíritu Santo en sus corazones por fe. La fe que nos permite recibir el Espíritu Santo es la fe que cree que todos nuestros pecados han sido pasados al Señor a través del bautismo que recibió en el río Jordán. El Antiguo Testamento nos ha dicho que el Señor nos ha salvado perfectamente a través del simbolismo de los pilares del Tabernáculo. Y esta Palabra dice que Jesucristo vino a este mundo en el Nuevo Testamento y tomó los pecados de la humanidad al ser bautizado, recibió la pena de los pecados al ser crucificado en la Cruz, y se convirtió en nuestro perfecto Salvador al ser crucificado hasta morir en la Cruz, por lo que se convirtió en nuestro perfecto Salvador al ser resucitado al tercer día. Si creen en todas estas Palabras y en el ministerio de salvación del Señor que se manifiesta en el Antiguo y el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo de Dios descenderá como una paloma a sus corazones. 
Queridos santos, les quiero hacer esta pregunta de nuevo. ¿Cuándo y cómo tomó Jesús nuestros pecados para hacer que recibiésemos la remisión de nuestros pecados? El Señor tomó todos nuestros pecados, incluyendo los pecados de sus descendientes, y de todas las personas del mundo, y cargó con ellos cuando fue bautizado en el río Jordán por Juan el Bautista. ¿Cuántos pecados cometemos mientras vivimos en este mundo? Cometemos pecados continuamente hasta el momento en que morimos. Pero Jesús tomó todos estos pecados y los eliminó para siempre mediante la remisión de los pecados. Justo antes de que el Señor fuese bautizado, le dijo a Juan el Bautista: «Permíteme hacer ahora pues conviene así que cumplamos toda justicia» (Mateo 3, 15). ¿Qué significa cumplir toda justicia? Significa que el Señor tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo. Esto significa que, mientras que el Sumo Sacerdote solo pasaba los pecados anuales de los israelitas mediante la imposición de manos en el Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento el Señor vino a este mundo para cargar con los pecados de la raza humana, desde Adán hasta la última persona que nacerá en el fin del mundo, al ser bautizado por Juan el Bautista y cargar con estos pecados y ser juzgado por ellos. La razón por la que Jesús fue crucificado y murió en la Cruz fue pagar por los pecados del mundo. Por tanto, después de decir: «Está terminado» y morir en la Cruz, Jesús fue resucitado de entre los muertos al tercer día para darles la remisión de los pecados a los que creen en esta Palabra y para darles el don del Espíritu Santo. 
Queridos hermanos, hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el bautismo del Señor. Hemos recibido la remisión de los pecados que cometemos con nuestra carne sucia, y hemos sido limpiados por tener fe y creer en el bautismo de Jesús. Como el Señor nos dijo mediante los pilares del patio del Tabernáculo en el Antiguo Testamento, Jesucristo nos dio la gracia de la salvación bendita al cargar con todos nuestros pecados a través de su bautismo y al recibir el juicio por esos pecados. Jesús murió en la Cruz para pagar por todos nuestros pecados y se convirtió en nuestro Salvador al ser resucitado de entre los muertos. Queridos hermanos, ¿creen en esto? Nuestras almas estaban en el camino de la muerte por nuestros pecados pero volvieron a la vida a través de la fe que cree en este bautismo. 
Podemos recibir la remisión de los pecados en nuestros corazones y el Espíritu Santo de Dios al mismo tiempo si creemos en que Jesucristo tomó todos nuestros pecados a través de su bautismo y al pagar la pena de esos pecados en nuestro lugar al ser crucificado. El Espíritu Santo de Dios puede vivir en nuestros corazones cuando creemos que Jesús resucitó de entre los muertos y se convirtió en nuestros perfecto Salvador. 
El Señor dijo: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu» (Romanos 8, 1). Aunque somos seres insuficientes con muchos pecados, somos los hijos de Dios perfectos que han recibido una vida nueva de parte del Señor porque el Espíritu Santo vive en nuestros corazones. Al darle la bienvenida a este domingo de Pascua, debemos entender cómo nos salvó y cómo nos dio una vida nueva. Jesucristo fue resucitado y nos dio la vida eterna. Como nuestro Señor resucitó, nuestras almas también van a resucitar y entraremos en el Reino de los Cielos y viviremos felices alabando a Dios eternamente. Quiero que sepan que recibimos estas bendiciones por fe en la resurrección del Señor. 
Queridos hermanos, quiero que crean de corazón que el Señor les ha dado esta vida nueva al resucitar de entre los muertos. Y quiero que vivan con la esperanza de entrar en el Reino de los Cielos por esta fe. 
El mundo es un lugar muy deprimente. Dentro de poco, este mundo será aún más deprimente por todos los pecados de esta generación. ¿Cómo podemos escapar de este mundo y recibir la perfecta salvación y la vida nueva? No hay otra manera que recibir la salvación por fe en Jesucristo. No podemos recibir la remisión de los pecados ni la salvación ofreciendo oraciones de penitencia y santificándonos. ¿Cómo se puede resolver el problema de los pecados ofreciendo estas oraciones de penitencia cuando somos seres humanos insuficientes que cometen pecados a diario? Cualquier persona que diga: «Podemos recibir la remisión de todos nuestros pecados si ofrecemos estas oraciones de penitencia» está mintiendo. Hay muchos estafadores religiosos que les roban el dinero ganado con el sudor de su frente a los creyentes. Esto significa que hay estafadores como los vendedores ambulantes que llevan traje y venden relojes de imitación. 
La única manera de recibir la salvación de los pecados es tener fe en el bautismo del Señor. Le doy gracias a Dios por venir a este mundo, tomar todos nuestros pecados al ser bautizado, pagar el precio del pecado en la Cruz, y darnos una nueva vida al ser resucitado de entre los muertos. Le doy gracias a Dios por darnos esta salvación, el verdadero descanso y el Espíritu Santo.