The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 6-5] < Génesis 6:5-12 > Hemos alcanzado la salvación al creer en la justicia de Dios

< Génesis 6:5-12 >
«Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová. Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé. Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam y a Jafet. Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra».
 
 
¿Qué pensamientos erróneos tiene la gente hoy en día?
 
Está escrito en la lectura de las Escrituras de hoy: «Noé era un hombre justo, perfecto en todas sus generaciones». Pero la mayoría de cristianos piensan que no pueden convertirse en personas justas y creen que solo es posible para personas especiales como Noé o Abraham. Estos pecadores cristianos que no creen en la justicia de Dios ni la conocen creen que están en lo correcto basándose en su interpretación errónea de Romanos 3:10: «No hay ninguno justo, ni uno solo». Basándose en este versículo solo se niegan a creer en la Verdad de que cualquiera puede convertirse en una persona justa cuando recibe la remisión de sus pecados y que se nace de nuevo creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu. Este es un pecado grave que rechaza el amor de la salvación de Dios.
Piensan que Romanos 3:10 se ajusta a su fe presente y por eso la mayoría de los cristianos de hoy en día se refugian en este pasaje e intentan aplicarlo a sus vidas de fe. En otras palabras, piensan que es normal que sus corazones tengan pecados, y por eso creen que la verdadera fe consiste en arrepentirse de sus pecados todos los días e intentar no cometer ningún pecado. Por lo tanto, muchos de ellos no entienden cuándo la Biblia dice en Génesis 6:9: «Noé era un hombre justo». Piensan que la gente como Noé es diferente, que son siervos especiales de Dios que van a las oraciones de la mañana todos los días, ayudan con regularidad, rezan toda la noche y guardan toda la Palabra de Dios en sus vidas.
Sin embargo, estos pensamientos y creencias están equivocados por completo. En primer lugar, deben entender que este pasaje de Romanos 3:10-18 describe la naturaleza del hombre en su estado pecador, antes de ser hecho justo. Hay muchos pecadores mencionados en la Biblia. Pero la mayoría de cristianos de hoy en día piensan que es imposible ser como Noé por mucho que crean en Jesús. Además piensan que cualquiera que diga ser justo ante Dios es estos tiempos es una persona arrogante. Así que concluyen erróneamente que quien diga ser justo al creer en Jesús tiene una fe equivocada y hacen preguntas retóricas: “¿Hay algún justo en el mundo?”. Pero la verdad es que Noé era un hombre justo, y esto no es algo que nos hayamos inventado, sino que es lo que Dios dijo.
Pero a pesar de esto los cristianos de hoy en día siguen dudando que pueda haber gente justa en este mundo y cuestiona la base bíblica de nuestra fe, incluso preguntándose si nuestra Biblia es diferente a la suya. Así que cuando se dan cuenta de que nuestra Biblia es la misma que la suya, se quedan perplejos. Todo este tiempo pensaban que no había personas justas, pero la Biblia dice claramente que sí que hay personas justas. Por eso se presentan ante un dilema difícil y no saben qué creer. Se dan cuenta de su falta de conocimiento bíblico y se avergüenzan de sí mismos. En los próximos años, muchos más cristianos se darán cuenta de que han estado atados a las doctrinas cristianas enmascaradas como la verdad. Entonces se dan cuenta de que pueden ser salvados de sus pecados y convertirse en personas justas al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Saben cuántas veces la Biblia menciona a los justos? He mirado una concordancia y el resultado es no menos de 200 veces. Por ejemplo, en Proverbios 4, 18 dice: «Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto». En el Nuevo Testamento, la Biblia dice: «Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga» (Mateo 13:43). Hay muchos pasajes que hablan de los justos, como Santiago 5:16: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho». Salmos 1:1 dice, refiriéndose a los justos:
«Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado».
Y las Escrituras concluyen:
«Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá» (Salmos 1:5-6).
De esta manera, la Biblia nos dice claramente que quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu puede convertirse en una persona justa. Como pueden ver, hay muchos pasajes en la Biblia mencionan a los justos, y estos pasajes nos dicen que, aunque habíamos sido pecadores, nos hemos convertido en personas justas al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, el único Evangelio que contiene la justicia de Dios.
Pueden preguntarse: “¿Cómo puede pasar tal cosa?”. El Apóstol Pablo escribe que es gracias a la gracia de Dios, porque escribe que hemos sido «justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús» (Romanos 3:24). Por lo tanto, deben darse cuenta de que se han convertido en personas como Noé. De hecho, cualquiera puede convertirse en una persona justa si cree en el Evangelio del agua y el Espíritu que ha cumplido la justicia de Dios. Entonces es muy importante oponernos a las enseñanzas erróneas de los falsos profetas de hoy en día que han enseñado todos estos días que no hay nadie justo en este mundo. Aunque la Biblia dice en Romanos 3:10: “No hay ninguno justo, ni uno solo”, esto significa que todo el mundo ha nacido como un pecador por naturaleza.
 
 
¿Cuál es la verdadera razón por la que Jesús vino a este mundo?
 
Jesús vino a este mundo para salvar a los pecadores de este mundo de todos sus pecados, dejarlos sin pecados y convertirlos en el pueblo de Dios. Todos nosotros éramos pecadores malvados ante Dios, pero al creer en Jesucristo como nuestro Salvador que nos ha salvado, hemos sido salvador de todos nuestros pecados y nos hemos convertido en personas justas para siempre. Pero con sus creencias erróneas, muchos cristianos pecadores todavía piensan que no hay nadie justo en este mundo. Todos estos cristianos deben arrepentirse de su fe equivocada, creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que contiene la justicia de Dios y recibir la remisión de los pecados en sus corazones.
Incluso ahora mismo hay muchos cristianos que siguen ignorando la Verdad del agua y el Espíritu y creen equivocadamente en sus doctrinas erróneas, legalistas que han sido inventadas por sus pensamientos humanos. Su conocimiento de Jesús es erróneo y su fe también está equivocada. Por eso muchos cristianos hoy en día siguen siendo pecadores a pesar de creer en Jesús como su Salvador.
Si un cristiano sigue siendo pecador después de creer en Jesús como su Salvador, ¿por qué va a creer nadie en Jesús? Quiero explicar esto con un ejemplo. Imaginen que entre nosotros hay alguien que tiene muchas deudas. Alguien se da cuenta de esto y paga todas sus deudas. ¿Seguirá esa persona teniendo deudas o no? Como todas sus deudas han sido pagadas, ya no es un deudor. Pero si esta persona sigue considerándose un deudor durante el resto de su vida, estará cometiendo un grave error y ofendiendo a la persona que pagó su deuda.
Cualquiera que crea de verdad en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu no tiene ningún pecado en su corazón. Si todavía creen que tienen pecados en sus corazones a pesar de creer en Jesús, deben darse cuenta de que Jesús les ha hecho personas justas al venir a este mundo, ser bautizado por Juan el Bautista y derramar toda Su sangre en la Cruz. Quien crea en esta Verdad según la que Jesús cumplió la justicia de Dios en este mundo puede convertirse en una persona justa por fe. Todos los cristianos deben darse cuenta y creer que el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad del Evangelio.
Por tanto, los cristianos de hoy en día deben escapar de sus pensamientos erróneos de la carne y creer en Jesús como su Salvador, quien vino y cumplió la justicia de Dios. Pueden convertirse en personas justas solo cuando se da cuenta de la verdadera manera de creer en Jesús en la Palabra de Dios y solo cuando entienden la justicia de Dios correctamente. En particular, para los cristianos que han sido atados por la fe legalista, cuanto más tiempo creen en Jesús, más pecadores son, y por tanto cada vez son menos felices. ¿Cómo puede ser? Lloran por sus pecados ante Dios porque no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu que cumplió la justicia de Dios, y por tanto sus pecados siguen teniendo pecados.
Aunque digan creer en Jesús como su Salvador, sus pecados siguen intactos en sus corazones. La mayoría de ellos creen en el Jesús crucificado por pena. En otras palabras, creen en Jesús como si le estuviesen haciendo un favor, apreciando el sacrificio que hizo en la Cruz por ellos, aunque no entienden lo que el Señor ha hecho por ellos. ¡Qué equivocación! ¿Debemos tener pena de Jesús o al revés? Jesús dijo: «Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos» (Lucas 23:28).
Debemos examinarnos a nosotros mismos para ver cómo debemos creer en Jesús para convertirnos en personas justas.
 
 
Noé también cometió pecados en la carne como nosotros
 
Está escrito que la maldad del hombre era grande en el mundo durante los días de Noé. El que la maldad del hombre fuese grande en el mundo significa que estaba lleno de pecados hasta rebosar. Así que Dios decidió eliminar a estas personas malvadas de la tierra. Y le pesaron los pecados de la raza humana y la caída de los justos. El mundo estaba llenó de personas malvadas, y estas personas malvadas cometieron pecados no ordinarios, el pecado que Dios aborrece más. El pecado que Dios odia más es el de mezclar la verdadera fe con la fe falsa. En los días de Noé todo el mundo era malvado. de la misma manera, la gente que vive en estos tiempos también es malvada.
¿Cómo de malvada puede ser la humanidad? Su maldad e inimaginable. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi llevó a cabo un genocidio sistemático matando en las cámaras de gas a millones de judíos simplemente por ser judíos. El Holocausto no solo se cobró unas pocas vidas, sino que destruyó aproximadamente seis millones de vidas. El Ejército Imperial de Japón, famoso por el maltrato a los prisioneros de guerra, llevó a cabo una guerra biológica secreta en una unidad que realizaba experimentos en seres humanos vivos. Era conocida como la Unidad 731, y llevó a cabo todo tipo de experimentos y vivisecciones en personas vivas sin utilizar anestesia, utilizando tanto a prisioneros de guerra como a civiles para desarrollar armas y hacer pruebas, incluyendo una guerra de gérmenes, armas químicas y explosivos. Unas 10.000 personas fueron asesinadas de la manera más inhumana posible. Por eso decimos que los seres humanos pueden ser peores que los animales. Y esto demuestra que los tiempos en los que vivimos son peores que los días de Noé.
Noé estaba viviendo entre esta gente malvada. Pero Génesis 6:8 nos dice: «Noé encontró gracia a los ojos del Señor». Este pasaje significa que aunque Noé era un hombre como todos los demás de sus días, él solo encontró gracia a los ojos de Dios. Noé era un ser humano como los demás. Recibió el don de la salvación de Dios. Este don de Dios se refiere a Su gracia. Y por eso la Biblia dice que Noé era un hombre justo, perfecto en sus generaciones, porque había encontrado el don de la gracia de Dios.
Entonces, ¿acaso no va a haber el mismo don de la salvación de Dios para nosotros? Este don no es otro que el Evangelio del agua y el Espíritu. A los ojos de Dios, somos más que personas malvadas. Todos los seres humanos son malvados ante Dios. Sin embargo, si uno cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, esta persona será salvada del pecado y se convierte en una persona justa.
Hay muchas personas en este mundo, tanto cristianos como no cristianos que no saben que son pecadoras. Si estas personas malvadas practicasen todos los pensamientos malvados que salen de sus mentes, vivirían una vida inhumana. Lo mismo pasa con nosotros: si practicásemos nuestros pensamientos malvados, seríamos como bestias. Por eso hay leyes seculares en este mundo y la Ley de Dios en la Biblia que nos impiden llevar a cabo nuestros deseos malvados. Sin embargo, si fuésemos libres para hacer todo lo que quisiésemos en este mundo, cometeríamos los mismos pecados que Hitler. ¿Admiten entonces que son malvados?
Pero a pesar de esto, Dios nos ha salvado de todos nuestros pecados, aunque nuestros corazones están llenos de suciedad, pensamientos malvados, deseos adúlteros, celo y hurtos, pero a menudo dejamos que esta naturaleza actúe y cometemos pecados con nuestras acciones. ¿Entonces nos salvó Dios de nuestros pecados? Nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Esto significa que, como Noé, podemos ser personas justas si encontramos la gracia de la salvación de Dios. En otras palabras, si creemos en el Evangelio de la salvación de Dios, no solo seremos salvados de todos nuestros pecados, sino que además seremos justos ante Dios.
¿Quiénes son los que se levantan más contra la justicia de Dios en este mundo? Son los cristianos de hoy en día que intentan establecer su propia justicia en vez de creer en la justicia de Dios, y esta gente se levanta contra Dios. Si alguien se niega a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu como la Verdad de salvación, aunque esta persona no sea justa y sea malvada ante Dios, es la persona más malvada en este mundo. Dios llama arrogantes y trata igual que a Satanás a los que intentan hacerse justos a través de sus obras justas. Los arrojará a todos al infierno con el Diablo.
 
 
¿Cómo recibía el pueblo de Israel la remisión de los pecados en el Antiguo Testamento?
 
En el Antiguo Testamento, cuando un israelita cometía pecados, tenía que llevar un animal puro al Tabernáculo y ofrecer este animal a Dios según Sus requisitos para redimir sus pecados. Para ofrecer este sacrificio verdadero, el pecador tenía que pasarle los pecados al animal mediante la imposición de manos sobre su cabeza, después sacarle la sangre y entregársela al sacerdote. Solo cuando las iniquidades del pecador eran pasadas al animal del sacrificio podía ser limpiado de sus pecados. De la misma manera, la gente del Antiguo Testamento podía recibir la remisión de los pecados al llevar un cordero o una cabra puros, pasarle los pecados mediante la imposición de manos sobre su cabeza y matar al animal en lugar del pecador. Entonces Dios los salvaba por su fe, por ofrecer un sacrificio según los requisitos del sistema de sacrificios justo establecido por Él. Esta era la salvación que había venido por la gracia de Dios, Su misericordia y Su amor. De esta manera, la gente de Israel era redimida de sus pecados ofreciendo un sacrificio según los requisitos de este sistema de sacrificios, gracias a la justicia de Dios.
Sin embargo, aunque los israelitas cometían pecados todos los días, no podían ofrecer un sacrificio cada vez que pecaban y por tanto Dios estableció el sacrificio del Día de la Expiación que se ofrecía una vez al año (Levítico 16). Así que el Día de la Expiación el Sumo Sacerdote llevaba dos machos cabríos para ser ofrecidos a Dios. Uno de ellos era sacrificado en el Tabernáculo después de que el Sumo Sacerdote le pusiese las manos en la cabeza para pasarle los pecados de la gente. El Sumo Sacerdote ponía las manos sobre el otro macho cabrío, pasaba los pecados de los israelitas sobre él ante la puerta de la corte del Tabernáculo mientras la gente miraba, pero el segundo macho cabrío era el chivo expiatorio y era liberado en el desierto en vez de ser sacrificado en el Tabernáculo.
Este Día de la Expiación fue fijado el décimo día del séptimo mes de cada año. Ese día, Aarón, el Sumo Sacerdote pasaba todos los pecados anuales mediante la imposición de manos sobre la cabeza. Este animal aceptaba los pecados de los israelitas y moría por los israelitas pagando el precio de sus pecados con su muerte y limpiando sus pecados.
El sacrificio del Día de la Expiación era una sombra del camino de la salvación que Dios abrió por nosotros. En otras palabras, Dios nos salvó de una manera similar al enviar a Jesucristo, el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo, a este mundo en vez de matarnos por nuestros pecados.
 
 
¿Cómo recibió la gente del Nuevo Testamento la remisión de los pecados?
 
¿Cómo podemos ser liberados de todos nuestros pecados y convertirnos en gente justa? Probablemente sepan muy bien que Jesucristo vino a este mundo para salvar a los pecadores al principio del Nuevo Testamento. El Hijo de Dios sin pecados vino a este mundo para aceptar los pecados del mundo al ser bautizado y cargar con la condena del pecado en nuestro lugar al ser bautizado cuando derramó Su sangre hasta morir. Tres años antes de morir en la Cruz, aceptó todos los pecados de la raza humana para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. Dios Padre pasó todos los pecados del mundo a la cabeza de Su Hijo a través de Su bautismo y libró a Su Hijo en la Cruz para morir por nuestros pecados en nuestro lugar. Y Dios Padre nos está diciendo: “Creed en Mi justicia. Quien crea en mi justicia será vestido de la gracia de la salvación y será un hombre justo. Podéis recibir la remisión de todos sus pecados a través del sacrificio justo de Mi Hijo”.
El que nos hayamos convertido en personas justas al creer en la justicia de Dios significa que no podemos ser justos mediante nuestros esfuerzos. Jesucristo ha cumplido la justicia de Dios y nos hemos convertido en personas justas al creer en el bautismo de Cristo y Su sangre. Dicho de otra manera, el Evangelio del agua y el Espíritu es la verdadera justicia de Dios que Jesucristo nos dio. El don de Dios Padre para nosotros es que Jesús cargase con nuestros pecados a través de Su bautismo y derramase Su sangre por ellos en nuestro lugar, como dice la Biblia: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» (Juan 3, 16).
¿Y qué hay de ustedes? ¿Creen en la justicia de Dios? Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos poseer la justicia de Dios. Como Jesucristo cargó con todos nuestros pecados a través de Su bautismo que recibió de Juan el Bautista y derramó Su sangre en la Cruz, podemos decir que nos hemos convertido en personas justas a los ojos de Dios, porque creemos en Su justicia.
En la Biblia los justos son los que están sin pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. No hay nada que añadir o eliminar de esta Verdad. Si Jesucristo aceptó todos nuestros pecados a través de Su bautismo y murió en nuestro lugar para eliminar todos nuestros pecados, todos los que creemos en esta Verdad somos personas justas. ¿Es esto creíble o difícil de creer? Solo al creer en la justicia de Dios nos hemos convertido en personas justas. La Biblia dice que esta es la gracia de Dios.
 
 
En esta era del Nuevo Testamento, ¿quién puede encontrar la gracia de Dios como Noé?
 
Quien esté sin pecados al creer que Jesucristo aceptó todos nuestros pecados cuando fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, y que derramó Su sangre y murió en la Cruz en nuestro lugar, es una persona que ha encontrado la gracia de salvación de Dios. Todo gracias a la obra de Dios que nos ha convertido en Su pueblo. Esto significa que nos hemos convertido en personas justas por fe por la perfecta salvación que ha sido cumplida por Jesucristo.
No hemos recibido Su gracia y limpiado nuestros pecados por orar mucho a Dios, sino que hemos encontrado la gracia de salvación al creer en la justicia de Dios. ¿Lo entienden ahora? Si nos convirtiésemos en personas justas al observar todas las Leyes de Dios, ¿quién sería justo? Nadie podría ser justo cumpliendo la Ley de Dios.
Pasemos a Gálatas 3, 10-11: «Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá». Si alguien está intentando convertirse en una persona justa ante Dios haciendo buenas obras y viviendo correctamente, esta persona pertenece a las obras de la Ley y por tanto sigue bajo la maldición de la Ley.
Es muy importante que todos entendamos la Ley de Dios por Su gracia. La gracia de Dios es el don de la salvación. Todo don tiene un donante y un destinatario, y no requiere ningún pago. Les voy a poner un ejemplo. Digamos que alguien me da un reloj muy caro como un regalo para darme las gracias por algo que hice por él. ¿Estará esta persona contenta si le doy dinero para darle las gracias por el regalo? No, puede que se ofenda. Un verdadero regalo se ofrece de corazón y gratuitamente. Un verdadero regalo se ofrece de corazón sin esperar nada a cambio, y se debe aceptar con gratitud. Lo que Dios quiere de todo el mundo es que acepte Su don de salvación con acción de gracias.
A todos los que éramos pecadores, Dios nos ha dado el don de salvación que nos hace justos a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Al recibir este don por fe, debemos convertirnos en personas justas y sin pecados, pero también nos hemos convertido en Sus hijos e hijas que heredarán el Reino de los Cielos. Este es el don de Dios que no puede ser comparado ni con el reloj más caro. Dios nos ha dado el don que nos ha hecho justos. Nos está diciendo: “He cargado con todos vuestros pecados. He eliminado todos vuestros pecados al ser bautizado y derramar Mi sangre por vosotros. Como he erradicado todos vuestros pecados, seréis hijos Míos si creéis en esta Verdad. Os he hecho justos a través de Mi Hijo Jesucristo. Os he dado Mi gracia de salvación como un don. Os he hecho hijos Míos”. Dios nos ha dado este don. ¿Qué harán ustedes entonces? ¿Lo aceptarán o lo rechazarán? Todos deben aceptar este don. Así es como Noé encontró la gracia de la salvación de Dios.
En la era del Antiguo Testamento, el pueblo de Israel recibía la remisión de los pecados al ofrecer un animal como sacrificio, pero hoy en día la remisión de los pecados se recibe creyendo que Jesucristo vino a este mundo, cargó con todos nuestros pecados a través de Su bautismo y nos hizo justos al ser crucificado y derramar Su sangre valiosa. Todo lo que tenemos que hacer para estar sin pecados es aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu en nuestros corazones y creer en él, y así seremos justos seguro. Todo lo que se necesita es la fe en que Dios borró todos nuestros pecados para siempre con el Bautismo de Jesús y Su sangre. Si aceptan en su corazón, como aceptarían cualquier regalo, que Jesús eliminó todos sus pecados a través de Su bautismo y pagó la condena de sus pecados en su lugar, serán personas justas.
¿Entienden lo que significa cuando la Biblia dice que el hombre es justificado solo por la gracia de Dios? Esto significa que pueden convertirse en personas justas, no solo haciendo obras buenas, sino aceptando en su corazón la obra de la justicia que Jesucristo ha hecho tal y como es. Hemos sido salvados por la gracia misericordiosa de Dios. Si no fuese por la gracia de Dios, ¿cómo podemos convertirnos en personas justas? A todos los que creen en la justicia de Dios Jesús les ha dado una nueva vida al cargar con nuestros pecados en el Río Jordán a través de Su bautismo, derramando Su sangre en la Cruz y entregando Su vida por nosotros.
Está escrito en Isaías 53:5:
Mas él herido fue por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados;
el castigo de nuestra paz fue sobre él,
y por su llaga fuimos nosotros curados.
La Biblia dice claramente que fuimos sanados por Sus heridas. Esto significa que Jesucristo nos salvó de los pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, derramar Su sangre en la Cruz y levantarse de entre los muertos. Dios nos está diciendo: “Os he hecho justos. Os he dado el don de la justicia. Convertiros en Mi gente justa por fe”. Solo podemos ser justos por la gracia de Dios; nadie se ha convertido en una persona justa por sus buenas obras. Al creer en el bautismo de Jesucristo y Su sangre derramada en la Cruz, hemos sido liberados de todos nuestros pecados y nos hemos convertido en personas justas.
Son justos solo por la gracia de Dios, nadie se ha convertido en una persona justa por sus buenas obras. Al creer en el bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz, hemos sido liberados de todos nuestros pecados y nos hemos convertido en personas justas. En otras palabras, el Evangelio del agua y el Espíritu es Su don gratuito para nosotros, y todo lo que hemos hecho es encontrar la gracia de Dios al creer en este don de salvación. Cuando recibimos el don de salvación de Dios, ¿podemos pagarlo? No, por supuesto que no. Si lo intentásemos pagar, ofenderíamos a Dios, porque este don habla de Su amor por nosotros.
¿Cómo podemos entrar en el Reino de los Cielos los que vivimos en esta era presente? Es muy obvio que podemos entrar en el Reino de los Cielos solo si recibimos la remisión de los pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Si fuésemos al Cielo por nuestras obras virtuosas, ninguno entraría en el Cielo. Después de todo, ¿no hemos cometido pecados hoy también? ¿No nos enojamos fácilmente a la mínima provocación? Incluso cuando vamos por la carretera nos quejamos si el conductor que va detrás va demasiado rápido y si el de delante va demasiado despacio. Pero, aunque tenemos tantos fallos, Dios Padre nos amó tanto que en vez de hacernos morir por nuestros pecados, envió a Su Hijo a este mundo, le pasó todos nuestros pecados y pagó toda la condena del pecado al crucificarlo. Por tanto, si creemos en esta Verdad, todos podemos convertirnos en personas justas y en hijos de Dios para entrar en el Reino de los Cielos. En otras palabras, nuestra salvación no se alcanza mediante nuestras obras, sino al creer en la justicia de Dios.
Todas las religiones del mundo hacen hincapié en las obras justas. Toda religión enseña que una persona puede ascender al Cielo a través de su piedad. Incluso en las comunidades cristianas hay muchas personas que enseñan hoy en día que el Cielo se puede alcanzar mediante la devoción propia. He oído hablar de una persona que nunca se perdió una oración matutina en 30 años. Esto es un gran logro. Pero, ¿puede alguien entrar en el Reino de los Cielos a través de esta devoción y piedad? No, es imposible. Si se pudiese entrar en el Cielo al no cometer ningún pecado, no tendríamos ninguna esperanza. Si alcanzásemos en Reino de los Cielos a través de nuestras obras, ¿cuántos podríamos entrar? Como todas nuestras buenas obras son demolidas cuando cometemos un solo fallo, tendríamos que asegurarnos que todo lo que hacemos fuera perfecto durante toda nuestra vida. Pero, ¿podemos hacer esto?
Por eso nuestro Señor nos dijo que había preparado el camino al Cielo para nosotros diciendo: «Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6). Jesús preparó el camino al Reino de los Cielos. Cargó con todos los pecados del mundo en el río Jordán a través de Su bautismo y derramó Su sangre en la Cruz por nosotros. Esta es la Verdad que hace posible que entremos en el Cielo.
Hay un himno coreano que dice: “Nos volveremos a ver en la otra orilla del río Jordán”. ¿Por qué podemos vernos en la otra orilla del río Jordán? Porque Jesús cargó con todos nuestros pecados para siempre en el río Jordán, al ser bautizado por Juan el Bautista por nosotros. En el Antiguo Testamento, los israelitas pasaban sus pecados a un animal mediante la imposición de manos, pero en el Nuevo Testamento todos los pecados del mundo fueron pasados al cuerpo de Jesucristo cuando fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán.
La palabra Jordán es Yarden en hebreo, que significa descendiente. Por tanto, espiritualmente hablando el río Jordán es el río de la muerte. Josué 3 dice que cuando el pueblo de Israel cruzó el río Jordán para entrar en la tierra de Canaán, y cuando los sacerdotes que llevaban el Arca del Testimonio entraron en el río Jordán, este río rápido se paró y se convirtió en tierra seca. En el Nuevo Testamento, Jesucristo fue bautizado en el río Jordán por Juan el Bautista y así cargó con todos los pecados del mundo y eliminándolos completamente. Y por eso decimos que el Señor preparó el camino del Cielo en el río Jordán para todos los que creemos en esta Verdad.
Conozco a alguien que después de ir a la iglesia durante tres años dijo que todos los pastores son ladrones. Hoy en día cualquiera puede convertirse en un anciano de la iglesia si hace una donación monetaria considerable. Y los cristianos de hoy en día lloran todo el tiempo, cada día, y así son recompensados como señal de su buena fe. Así que si alguien dona mucho dinero a su iglesia, recibe el puesto de anciano, y si llora mucho se convierte en diácono. Cualquier persona con un micrófono puede convertirse en un revitalista si sabe cómo dar un buen espectáculo en vez de abrir la Biblia y predicar el Evangelio del agua y el Espíritu tal y como está escrito en las Escrituras. Cuando la congregación crece de esta manera, se construye un edificio enorme. Como las mujeres suelen ser emotivas, cuando sus emociones están a flor de piel, se quitan los anillos de boda y los dejan en la bandeja de la recolecta pensando: “Sé que es mi alianza, pero no puede ser más valiosa que servir a Dios”. Y los pastores solo hacen hincapié en las obras legalistas, escondiendo la Verdad de que todo el mundo puede entrar en el Reino de los Cielos si cree en la justicia de Dios.
Yo he recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio de Dios, el Evangelio del agua y el Espíritu. La gracia de la salvación concedida por Dios es el bautismo que Jesús recibió en el río Jordán y la sangre que derramó en la Cruz. La experiencia religiosa propia, como hablar en lengua, no es la verdadera salvación, sino simplemente un producto de nuestras emociones. Antes de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibir la remisión de los pecados, yo solía tener visiones. Sin embargo, aunque tuviese visiones y hablase en lenguas, los pecados de mi corazón no desaparecían.
Para poder ir al Cielo, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibir la remisión de los pecados en nuestros corazones. Mis pecados no desaparecían por mucho que orase y suplicase. Sin embargo, cuando creí en la Verdad de que Jesús había pagado todo el precio de mis pecados al ser bautizado en el río Jordán y morir en la Cruz, todos mis pecados fueron eliminados para siempre. Como Jesús eliminó todos mis pecados, gracias a esta gracia de salvación que me dio, ahora me he convertido en un hombre justo por fe. Como está escrito: «Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé.» (Génesis 6:9), y por eso soy un hombre justo.
¿Podemos seguir teniendo pecados aunque nuestro Señor tomase todos los pecados del mundo? Los pecados del mundo son los pecados que se han cometido en el mundo, todos y cada uno de los pecados cometidos por todos los seres humanos desde el nacimiento hasta la muerte. Cuando Jesús fue bautizado en el río Jordán, todos estos pecados fueron pasados a Su cuerpo y entonces ¿cómo podemos tener pecados los que creemos en esta Verdad? El don de la salvación que Dios nos dio es gracias a que el Señor tomó todos nuestros pecados y solo se lo ofrece a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Al ser bautizado por Juan el Bautista, Jesús cargó con todos los pecados del mundo para siempre, y al ser crucificado, pagó el precio de nuestros pecados. Esta es la redención eterna que Jesús cumplió para siempre para redimir nuestros pecados. Dios nos ha dado el don de la salvación que es más valioso que el oro. Nos ha dado un don de salvación que no puede compararse con cualquier tesoro del mundo, y este don nos permite vivir en el Reino de los Cielos para siempre.
Si quieren recibir la gracia de Dios de Jesucristo, deben estar de acuerdo con la Palabra de Dios. La gracia de salvación de Dios ha sido entregada a este mundo para llenarlo en abundancia. El don de Dios puede recibirse si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. A pesar de esta verdad increíble, hay muchas personas que no pueden recibir esta gracia de salvación.
Les voy a poner un ejemplo. Donde el río Amazonas desemboca en el Océano Atlántico, la desembocadura es tan ancha que los que la ven por primera vez no pueden distinguir el mar del río. Imaginen que unos pescadores naufragaron en una tormenta e iban a la deriva en la desembocadura del río Amazonas. Se morían de sed, pero como el río es tan ancho, pensaron que seguían en el mar y no se dieron cuenta de que estaban rodeados de agua potable. Podían haber bebido, pero no lo hicieron porque pensaron que era agua salda. Cuando vieron a alguien pasar por fin, les pidieron agua, pero los hombres de ese barco no entendían por qué les pedían agua cuando estaban rodeados de ella, así que les gritaron: “Bebed el agua que tenéis alrededor”. Pero por desgracia, algunos de ellos no se lo creyeron y se murieron de sed.
Esto explica la situación espiritual de muchos cristianos que viven en estos tiempos. Jesús no solo eliminó todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu, pero también les ha dado Su gracia de salvación a todos los que creen en Él. Cuando el Señor vino a este mundo, cargó con todos los pecados de la raza humana al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán.
Sin embargo, la gracia de Dios de la remisión de los pecados es tan grande que nadie puede recibirla si no es por fe. Como la gente de hoy en día no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu no puede creer en él. Pero Dios ya nos ha dado Su gracia para que podamos entrar en el Reino de los Cielos por fe. Nuestro Señor nos prometió: «si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.» (Isaías 1:18). De esta manera, el Señor nos dio el Evangelio del agua y el Espíritu que ha eliminado todos nuestros pecados. Recibimos la remisión de los pecados mediante la gracia de Dios. Los pecados no se eliminan gradualmente, sino que todo pecado es redimido para siempre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio con el que Jesús erradicó todos nuestros pecados. Dios nos ha dado el don de salvación y esta es Su gracia. Como he encontrado la gracia de la salvación de Dios, entraré en el Reino de los Cielos. Pero si no fuese por la gracia de la salvación de Dios, ¿cómo podría ser un hombre justo y cómo podría ir al Reino de los Cielos?
La Biblia dice: «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús» (Romanos 3:23-24). ¿Cuál es la verdadera redención de los pecados? Es la verdad bíblica de que el Señor cargó con todos nuestros pecados a través de Su bautismo, derramó toda Su sangre en la Cruz, y se levantó de entre los muertos. En otras palabras, hemos sido justificados libremente por la gracia de Dios. Como el Hijo de Dios cargó con nuestros pecados a través de Su bautismo y los eliminó, podemos morir con Jesucristo por fe. Solo por decir creer en Jesús como su Salvador no significa que sus pecados hayan sido borrados incondicionalmente. Sus pecados solo son eliminados si creen que cuando el Señor vino a este mundo por su salvación, tomó todos sus pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y pagó la condena de sus pecados al derramar Su sangre en la Cruz. Esta es la gracia de salvación de Dios. Dios es quien nos ha vestido en su gracia de salvación.
Hay un himno que dice:
“No sé por qué la gracia inmensa de Dios,
Se me ha hecho conocer,
No sé tampoco por qué el amor de Cristo me redimió para
Él”.
La gente de fe en el Antiguo Testamento también se hizo justa al entender la justicia de Dios.
Dios dice que perdona incluso los pecados que cometeremos en el futuro. Esto significa que no nos condena por nuestros pecados futuros. Aunque la salvación se alcanza a través del Evangelio del agua y el Espíritu, algunas personas pueden cuestionar esto diciendo: “Todos los pecados que he cometido hasta ahora han sido pasados a Jesús, ¿pero qué ocurre con los pecados que cometeré en el futuro?”. ¿Cargó Jesús incluso con esos pecados que cometeremos en el futuro? Sí, cargó con todos ellos, sin importar cuándo los cometemos.
Nadie puede evitar cometer pecados aunque sea sin quererlo. Así que, como el Señor eliminó todos nuestros pecados futuros con el Evangelio del agua y el Espíritu y los resolvió, ya no los tiene en cuenta. Esto significa que Jesús también tomó todos nuestros pecados futuros al ser bautizado en el río Jordán. Como todos los pecados pertenecen a los pecados de este mundo, ya sean pasados o futuros, y Jesús cargó con todos estos pecados a través del bautismo recibido de Juan el Bautista, hemos sido salvados al creer en este Evangelio del agua y el Espíritu.
Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos entrar en el Reino de los Cielos, y la Biblia dice: «a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.» (Romanos 3:26). Aunque somos pecadores por naturaleza, y como el Señor eliminó todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado, todos los que creemos en esto nos convertimos en justos por fe. Hace casi 2000 años Jesús eliminó todos los pecados que cometemos hasta que morimos mediante Su bautismo y sangre. Dios dice que está tan lleno de amor y Su amor es tan grande que cargó con los pecados del mundo a través de Su Hijo. ¿Entonces creen que Jesús cargó con todos los pecados de nuestras vidas al ser bautizado y pagó el precio de nuestros pecados al derramar Su sangre en la Cruz? El Señor tomó no solo nuestros pecados, sino también los pecados de nuestros antecesores y descendiente. Así que quien crea en esta Verdad es justo por la gracia de Dios.
Les pido que crean en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón y reciban el verdadero don de la salvación. Y si quieren saber más acerca de esta Verdad, vengan a la Iglesia de Dios y pregunten.
¿Entran en el Cielo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu o mediante sus propias obras? La Biblia dice que Noé era un hombre justo y perfecto en todas sus generaciones. Al encontrar la gracia de la salvación de Dios Noé se convirtió en un hombre justo. En estos tiempos también, los que encuentran la gracia de Dios al creer en la salvación que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu son justos para entrar en el Reino de Dios, mientras que los que intentan entrar en el Cielo por sus propias obras aunque digan creer en Jesús, serán arrojados al infierno, porque estas personas confían en su propia justicia en vez de la justicia de Dios. Al darnos Su gracia abundantemente como un río caudaloso, Dios nos está diciendo que el Cielo pertenece a quien cree en esta Verdad. Esta es la promesa de Dios y Su gracia de salvación maravillosa.
Recuerden que es por la gracia de Dios que hemos sido salvados a través de fe. A pesar de esto, muchos cristianos todavía intentan recibir la remisión de los pecados ofreciendo sus oraciones de penitencia, ya que su fe está basada en una interpretación errónea y corrupta de la Palabra de Dios. La verdadera Palabra de Dios es como agua viva. Nuestro Señor dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6). Jesucristo, el Hijo de Dios preparó el camino para el Reino de los Cielos a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
El Señor dijo que, aunque todos los demás pecados pueden ser perdonados, el pecado de blasfemar contra el Espíritu Santo no se puede perdonar. Este pecado de blasfemar al Espíritu Santo es negarse a creer en la obra de salvación de Jesús, es decir, no creer en Su encarnación y su nacimiento en este mundo, Su bautismo en el río Jordán, Su crucifixión y resurrección. Quien cometa este pecado será arrojado al infierno seguramente. La gente va al infierno no porque Dios no haya eliminado sus pecados, sino porque se niegan a creer en la obra de salvación cumplida por Dios. Como Dios es verdaderamente justo, no ha dejado los pecados intactos de nadie. Las enseñanzas calvinistas de la Iglesia Presbiteriana defienden la doctrina de la selección y la predestinación, afirmando que Jesús tomó los pecados de algunas personas y otras no, pero Dios no es así de arbitrario. Si Dios fuese así de subjetivo, no podríamos confiar en Él. Por eso Dios cargó con todos nuestros pecados a través de Su bautismo sin dejar ni uno. Y ha preparado el camino de la salvación para todo el mundo, para que cualquiera pueda entrar en el Cielo creyendo en Jesucristo, quien vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta es la gracia de la salvación de Dios.
¿Acaso les puede enviar al Cielo la Iglesia Presbiteriana? ¿Hay cualquier otra denominación u organización misionera que les pueda enviar al Cielo? No, no es así. Solo la Palabra Encarnada de Dios que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu nos salva de todos los pecados del mundo para siempre y nos lleva al Reino de los Cielos. Toda la Palabra de las Escrituras habla de esta obra de Jesucristo.
Pero, a pesar de esto, encontramos a muchos falsos cristianos hoy en día que no puedo entender cuál es la explicación. Hay demasiados cristianos que alardean de algo que no tiene nada que ver con su salvación, y tienen su orgullo en su afiliación a su denominación y en sus mártires y larga historia. Pero estas personas son igual de pecadores, que no tienen conocimiento del Evangelio del agua y el Espíritu. Todos los días sacan sus pecados y lloran debajo de la Cruz, orando con lágrimas: “Señor, por favor, perdóname todos mis pecados; soy un gran pecador”. Pero Jesús aborrece estas oraciones y a todos los que no conocen el don de la salvación de Dios cumplido a través de nuestro Salvador e intentan eliminar sus pecados con tan solo la Cruz.
Si no conocen la Verdad de que Jesús les salvó a través del Evangelio del agua y el Espíritu, deben aprender de alguien que lo conozca. Y cuando entienden al final que Jesús ha eliminado sus pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, deben obedecer y aceptar este Evangelio en sus corazones por fe y dar gracias al Señor. Hay demasiados cristianos que siguen siendo pecadores a pesar de decir creer en Jesús, todo porque creen en las doctrinas cristianas erróneas que dicen que el Señor eliminó solo sus pecados originales y no han resuelto completamente el problema de sus pecados diarios. Deben darse cuenta de lo mucho que Dios aborrece a estas personas. Al ser bautizado y derramas Su sangre, Jesús resolvió nuestro pecado original pero también todos y cada uno de nuestros pecados personal para siempre.
¿Dónde en la Biblia está escrito que Jesús tomó solo el pecado original? ¿Acaso una madre cambia solo un pañal a medias y le dice a su bebé que se encargue del resto? Cuando, incluso los seres humanos no pueden ni soñar con hacer algo tan estúpido, ¿acaso el Dios justo va a hacer esto con nosotros? Cuando una madre que espera un bebé prepara pañales para su bebé, ¿prepara solamente un par de ellos? No, la madre prepara suficientes pañales para varios días o semanas. Así, incluso los padres de la carne esperan el nacimiento de un bebé y lo preparan todo. ¿Cuánto más va a preparar Dios nuestra salvación? Si la intención de Dios es hacernos hijos Suyos y llevarnos al Cielo, ¿acaso no planeó eliminar nuestros pecados perfectamente, lo cumplió y nos dijo que confiásemos en Él?
Cuando nuestro Dios eliminó todos nuestros pecados, ¿eliminó solo nuestro pecado original y dejó nuestros pecados personales intactos? No, por supuesto que no. Cuando Jesús murió en la Cruz, Sus últimas palabras fueron: “Está terminado”. ¿Qué terminó Jesús en este mundo? Con el Evangelio del agua y el Espíritu terminó la obra de borrar los pecados del mundo. Cumplió toda la justicia de Dios para darnos ahora la verdadera remisión de los pecados a quien confíe en la justicia de Jesucristo y crea en Él como su Salvador.
Está escrito en Hebreos 10:10-12: «En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,». En Hebreos 10:17-18 la Biblia también nos dice: «Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. m Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado».
Dios dijo aquí que no recordaría nuestros pecados. ¿Por qué dijo esto Dios? Porque el Señor había tomado todos nuestros pecados en la Cruz y se levantó de entre los muertos. Al creer con fe en esta Verdad, Dios no recuerda nuestros pecados y debilidades sean cuales sean.
El que Dios ya no recuerde nuestros pecados no significa que perdone nuestros pecados a ciegas aunque tengamos pecados, sino que significa que a través de Su bautismo nuestro Señor ya cargó con todos los pecados que cometemos en nuestras vidas diarias. Por eso el Señor dijo que, como creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, no recuerda más nuestros pecados. Dijo esto porque no necesita recordar nuestros pecados, ya que los ha eliminado con el Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, la Biblia dice que Dios recuerda los pecados de los que no creen en la remisión de los pecados cumplida por Jesús.
Cuando la Biblia dice: «Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado» (Hebreos 10:18), significa que el Señor ha eliminado todos los pecados del mundo. Con el Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor erradicó todos nuestros pecados completamente y perfectamente para que no tengamos que ofrecer sacrificios por nuestros pecados. Así nuestro Dios nos ha dado Su gracia de salvación.
Mis queridos hermanos, la gracia de Dios no consiste en asegurar la prosperidad y el bienestar carnales en el mundo. ¿Cómo podría una cosa tan trivial llamarse la gracia de Dios? Todas estas cosas son bendiciones adicionales sobre los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor es nuestro Dios que eliminó todos nuestros pecados para siempre al cumplir Su justicia, y Jesucristo es nuestro verdadero Salvador. ¿Creen en esto? Quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu se vestirá de la gracia de Dios y podrá entrar en el Reino de los Cielos.
Satanás puede intentar engañarles con falsas doctrinas, cuestionando cómo pueden convertirse en personas justas cuando están tan llenos de fallos. Pero a pesar de esto, todos podemos decir que nos hemos convertido en personas justas al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y como hemos recibido la remisión de los pecados mediante la gracia de salvación de Dios, todos iremos al Cielo. Como la intención de Dios es enviarnos al Cielo, y ha completado todos Sus planes con el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿hay alguna razón por la que no podamos entrar en el Cielo por fe? ¿Entramos por nuestras propias obras? No, por supuesto que no. Entramos en el Cielo gracias al Evangelio del agua y el Espíritu de Dios. Como Jesús eliminó todos nuestros pecados al sacrificar Su cuerpo por nosotros para siempre, ahora quien crea en esta Verdad puede entrar en el Reino de Dios por la obra de salvación del Señor.
Si creen que son demasiado débiles para vencer a Satanás por su cuenta, crean simplemente en el Evangelio del agua y el Espíritu. Den testimonio de la Palabra del Evangelio que contiene la justicia de Dios. Entonces podrán vencer a Satanás. Sabiendo que Satanás intentaría engañarnos, Dios puso Su Palabra por escrito para que la gente de las siguientes generaciones leyese esta Palabra de Dios y fuese salvada de sus pecados.
Como personas que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿tienen pecados o siguen sin pecados? No tienen ningún pecado. Quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu ha encontrado la gracia de la salvación de Dios. De la misma manera en que Noé fue perfecto en su generación porque había encontrado la gracia de la salvación de Dios, nosotros también somos perfectos en nuestra generación. Noé era un hombre justo, incluyendo a Abraham y todos los antecesores de la fe. Entre toda la gente que vive en el presente, solo los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu han encontrado la gracia de salvación de Dios.
Les doy gracias a Dios por darnos este maravilloso Evangelio del agua y el Espíritu. ¡Aleluya!