The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 6-8] < Génesis 6, 13-22 > Noé, un siervo fiel de Dios

< Génesis 6, 13-22 >
«Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera. Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura. Una ventana harás al arca, y la acabarás a un codo de elevación por la parte de arriba; y pondrás la puerta del arca a su lado; y le harás piso bajo, segundo y tercero. Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá. Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán. De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo, para que tengan vida. Y toma contigo de todo alimento que se come, y almacénalo, y servirá de sustento para ti y para ellos. Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó».
 
 
Cuando llueve me acuerdo de alguien. Es uno de nuestros antecesores de la fe, Noé. Noé sabía que Dios iba a traer un Diluvio en esos días, hizo un arca para prepararse para el desastre y se salvó a sí mismo y a su familia. La gente de aquel entonces era extremadamente violenta. En aquel entonces, la maldad era grande en la tierra. En aquel entonces, el estado espiritual de la gente era horrible porque los hijos de Dios cayeron en la trampa de la belleza de las hijas de los hombres y las tomaron como esposas. Así, Dios decidió juzgar al mundo.
Pero Dios había vestido a Noé y su familia con la gracia de salvación Dios le dijo a Noé que construyese un arca que le salvaría a él y a su familia del juicio de Dios. Dios iba a juzgar los pecados del mundo y por eso dijo: “Construye un arca, como te lo he ordenado. Construye el arca de madera de gofer, construye cuartos dentro y cúbrela por dentro y fuera con brea”.
El arca de Noé era un barco grande con forma de caja de madera. Aproximadamente un cubito eran 50 cm, y la longitud del arca de Noé era de 300 cubitos, es decir 150 m (500 pies) y su ancho era de 25 cm (83 pies). Y su altura era de treinta cubitos (15 m o 50 pies). ¿Pueden imaginar el tamaño del arca? La longitud de un campo de fútbol, es decir, la longitud de la línea de banda es de 100-110 m, así que pueden estimar lo larga que era el arca que hizo Noé.
El arca que hizo Noé espiritualmente representa nuestra salvación de los pecados. La madera de gofer tiene la característica de crecer hacia arriba. Así, esta madera revela el significado espiritual de que Dios nos salvará con la Verdad eterna, es decir, la Palabra de Dios.
Cuando se construye un barco de madera, por muy bien que esté hecho, tendrá algunos agujeros. Y por eso, Dios le dijo a Noé que cubriese el arca por dentro y fuera con brea. La brea es un agente adhesivo y Noé cubrió el arca por dentro y por fuera con ese adhesivo. Si no hubiese cubierto el arca con brea, el agua habría entrado en el arca. Durante los tiempos de Noé la lluvia cayó durante 40 días causando una inundación, y como el arca iría de un lado a otro a la deriva, estaba en peligro de chocarse. Si el arca se hubiese chocado con algo y se hubiese roto, el agua habría entrado en el arca y se habría hundido, así que para evitarlo, Dios le dijo a Noé que la cubriese por dentro y por fuera con brea.
El que Dios le dijese a Noé que cubriese el arca por dentro y fuera con brea nos demuestra Su plan: Cómo conseguir nuestra salvación espiritual. No debemos intentar recibir la salvación de los pecados que cometemos solo con nuestras acciones exteriores, sino que debemos recibir la salvación de todos nuestros pecados por dentro y por fuera. Debemos recibir la salvación de los pecados que cometemos, no solo con nuestras acciones, sino también con nuestros corazones. Solo entonces podremos confesar: “He recibido la salvación de todos los pecados ante Dios”. Todos nuestros pecados interiores y exteriores deben ser eliminados con la fe que cree en el hecho de que Jesús llevó nuestros pecados a la Cruz al recibir el bautismo de Juan Bautista en el río Jordán. Solo entonces podremos recibir la remisión de los pecados por dentro y por fuera en nuestros corazones por fe. La salvación por la que el Señor nos ha salvado de los pecados del mundo debemos ser perfeccionados completamente por dentro y por fuera. Nuestro Señor ha eliminado todos nuestros pecados para siempre y de una vez mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
En el Libro del Génesis 6, 16 está escrito: «Una ventana harás al arca, y la acabarás a un codo de elevación por la parte de arriba; y pondrás la puerta del arca a su lado; y le harás piso bajo, segundo y tercero». Dios le dijo a Noé que hiciera solo una ventana para el arca y que la pusiera lo más alto posible, cerca de la parte superior. Si Dios no le hubiese dicho a Noé que hiciese un agujero de ventilación, es decir, una ventana, todos los animales dentro se habrían ahogado.
Además, el hecho de que Dios le dijese a Noé que hiciese un arca con tres pisos representa la verdad de que Dios, la Santa Trinidad, ha completado nuestra salvación. Esto significa que Dios Padre había hecho un plan para nuestra salvación: Dios Hijo, Jesús, ha borrado todos nuestros pecados al completar el Evangelio del agua y el Espíritu, y el Dios el Espíritu Santo está dando testimonio de que la obra hecha por Dios Padre y Dios Hijo es perfecta.
Además, Dios no le dijo a Noé que hiciese un timón. Esto se debe a que Dios mismo dirigiría el arca. El único barco en el mundo sin timón era el arca de Noé, y Dios tomó el cargo de capitán de ese barco. Sin timón el arca no podría responder en situaciones de peligro, pero sé que Dios protegió personalmente a los que estaban a bordo.
La obra de Noé era hacer que la humanidad recibiese la salvación al salvarla del juicio de Dios. Por eso Noé construyó el arca según el mandamiento de Dios y le dijo a la gente del mundo, que estaba llena de maldad, que el juicio de Dios llegaría y debían entrar en el arca. Sin embargo, no creyeron las palabras de Noé. Pero todas los seres vivos guiados por Noé pudieron salvar sus vidas al entrar en el arca. Si Noé no hubiese construido el arca, ¿podrían haber recibido la salvación esos seres vivos?
El mundo anterior fue destruido por el Diluvio y un nuevo mundo, es decir nuestro mundo, apareció. Dios puso Su plan en marcha y a través de la familia de Noé abrió un nuevo mundo Es decir, a través de los ocho miembros de la familia de Noé la humanidad siguió descendiendo en el mundo después del Diluvio. Las razas de color negro, blanco y amarillo vienen todas de los descendientes de Noé. Los hijos de Noé que habían obedecido la Palabra de Dios por fe eran una familia bendecida por Dios. Noé y su familia, que habían compartido la voluntad de Dios al creer en la Palabra de Dios, recibieron las bendiciones de Dios, pero la maldición de Dios descendió sobre los que se resistieron a la Palabra de Dios.
A la gente de aquel entonces, Noé le dio la Palabra de Dios que decía: “Si queréis recibir la salvación proporcionada por Dios, debéis entrar en el arca”. Noé había construido el arca para toda la gente en la manera que Dios había especificado y comunicó a toda la gente el mensaje de que todo el mundo tenía que entrar en el arca para recibir la salvación. Sin embargo, los que entraron en el arca fueron los ocho miembros de la familia de Noé, y el resto del mundo murió por rechazar la Palabra de la salvación. Así que Dios no tuvo otro remedio que juzgarles por sus pecados. Esto se debe a que la maldad era grande en los corazones de la gente y todo el mundo era corrupto. Sin embargo, Noé encontró la gracia en los ojos de Dios. En aquel entonces, Noé era un verdadero siervo de Dios y un predicador. Ningún miembro de la familia de Noé ni de los animales murió, sino que todos vivieron.
En aquel entonces Noé entregó la Palabra de Dios a la gente diciendo: “Dios juzgará pronto al mundo por agua”. Sin embargo, muchas personas rechazaron la Palabra de Dios entregada por Noé, y al final, fueron destruidas. Si la gente de aquel entonces hubiese escuchado el consejo de Noé de corazón, habría sido salvada de la destrucción y habría recibido la bendición de Dios. Noé les suplicó diciendo: “Pronto habrá un gran diluvio, así que debéis entrar en el arca porque he preparado todas las cosas dentro incluyendo comida”. Pero la gente del mundo rechazó las advertencias de Noé y no creyó en ellas diciendo: “El mundo está bien como está, ¿de qué hablas?”.
De la misma manera en que Noé construyó un arca durante los últimos días del primer mundo, nosotros debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a la gente del mundo durante estos últimos días de este mundo. Los que creemos en la justicia de Dios debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a toda la gente del mundo. Como Noé, creemos en la Palabra de Dios; y como Noé somos los obreros de Dios que debemos hacer la obra de salvar a la gente de sus pecados. Estos tiempos son como los días oscuros de Noé. En aquel entonces los hombres justos habían sido cautivados por la belleza de las hijas del hombre y las tomaron como mujeres. Y como aquellos días, hoy el cristianismo ha caído en una religión mundana y está llevando a los espíritus de mucha gente al pecado y la destrucción.
Hoy en día, entre los cristianos de hoy en día, los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu son una minoría. Lo que es peor, los santos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y creen en Él, son odiados por los pecadores cristianos que no han nacido de nuevo. Sin embargo, la gente que es pobre de espíritu ante Dios acepta el Evangelio del agua y el Espíritu con gozo y nos escribe cartas de agradecimiento. Todavía hay muchas personas así que necesitan la salvación y por eso estamos predicando este Evangelio por fe diligentemente.
Somos los siervos de Dios que predican las buenas noticias de la salvación a la gente, como Noé. Somos los últimos corredores de la carrera de relevos del Evangelio. Los predecesores de la fe que predicaron el Evangelio del agua y el Espíritu corrieron por el Evangelio predicándolo delante de nosotros, y ahora nos han pasado el relevo a los últimos corredores. Cuando tomamos el relevo del Evangelio y corremos la última vuelta el mundo acabará. Al igual que Noé fue el último corredor de la carrera espiritual durante los días de Noé, en estos tiempos somos los últimos corredores que estamos predicando el Evangelio del agua y el Espíritu.
En la actualidad, el cristianismo del mundo está completamente corrupto y por eso todos los cristianos están lejos de la justicia de Dios. Ahora estas son las personas cuyos corazones y mentes están corruptos por no conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero los justos se reúnen y ofrecen adoración a Dios gracias al Evangelio del agua y el Espíritu. Ahora, al tener fe en la justicia de Dios, los justos estamos predicando la justicia de Dios en este mundo. Debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo para que la voluntad de Dios se cumpla pronto. Como Dios aprueba nuestra fe, la gente que busca la Verdad aprueba el hecho de que estamos predicando el Evangelio que predicamos es el Verdad. Somos como Noé, quien vivió una vida de predicador del Evangelio durante los últimos días del primer mundo. Esto significa que somos los últimos corredores entre los predicadores del Evangelio del agua y el Espíritu.
En la puerta del Tabernáculo se revela el Evangelio del agua y el Espíritu. Ahora, debemos predicar el Evangelio del agua, la sangre y el Espíritu, es decir el Evangelio del hilo azul, púrpura y escarlata, a todo el mundo para que puedan pasar por el Tabernáculo y entrar en el Lugar Santo. Por supuesto, cuando llegue el momento en que no podamos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, no podremos predicar el Evangelio, pero hasta ese momento debemos reunir fuerzas y predicar este Evangelio. Podemos predicar el Evangelio y como Noé debemos predicar la voluntad de Dios durante el mayor tiempo posible.
Durante los días de Noé, muchas personas no creyeron en la Palabra de Dios, pero Noé siguió construyendo el arca durante cien años. Cuando la gente vio a Noé construyendo el arca en la montaña, debió pensar que Noé estaba loco. Seguramente hicieron comentarios sarcásticos diciendo que si Noé hubiese trabajado tendría mucho dinero y si hubiese estudiado durante cien años, habría aprendido mucho. Sin embargo, Noé siguió la Palabra de Dios y construyó un arca durante cien años. Pero, ¿pueden imaginar lo ridículo que habría parecido y lo mucho que habría escuchado a la gente decir que estaba loco mientras construía el arca que Dios le había ordenado construir?
La gente de hoy en día puede hacernos lo mismo a los que creemos y predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicen cínicamente: “¿Es posible la salvación de los pecados solo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Debemos creer en el hilo azul, púrpura y escarlata?”. Sin embargo, la Biblia dice que el Evangelio del agua y el Espíritu es el verdadero Evangelio. Por eso creemos en este Evangelio verdadero y se lo predicamos a los demás. Entre los cristianos, por muy grande que sea la fe de una persona y aunque la persona sea justa si no cree en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, todos sus pecados seguirán intactos en los corazones de esas personas.
Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu seguimos viviendo hasta el fin del mundo dando testimonio de Jesucristo, quien vino por el hilo azul, púrpura y escarlata. Debemos darnos cuenta de que somos los predicadores del Evangelio del agua en estos últimos días. Por tanto, aunque la gente no crea en él, debemos seguir predicando el secreto del verdadero Evangelio escondido dentro de los hilos azul, púrpura y escarlata como Noé. Dios nos ha hecho líderes espirituales como a Noé. En estos últimos días, hay muchas personas que son mejores que nosotros en muchos aspectos, pero Dios nos utiliza a nosotros, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, como siervos de Su justicia. En estos tiempos, quien escuche la Palabra de Dios y entre en el arca puede salvar su vida y vivir en el nuevo mundo. Pero, incluso ahora, la mayoría se niega a entrar en la Iglesia de Dios.
Entre toda esa gente, Dios nos escoge a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu para ser predicadores de Dios y construir el arca. ¿Creen que Dios nos ha hecho predicadores del Evangelio como a Noé? Le doy gracias a Dios por hacernos Sus predicadores. Además, estoy agradecido a Dios por permitirnos vivir dentro del arca. En estos tiempos hay muchas personas que no son creyentes, y como Dios nos ha escogido le doy muchas gracias.
Antes de los días de Noé había muchas personas que creían en Dios, pero en tiempos de Noé, cuando los hijos de Dios vieron la belleza de las hijas del hombre y las tomaron como sus esposas, la corrupción espiritual cubrió el mundo. Era como los justos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu hoy en día reconociesen a los que creen en falsos evangelios como hijos de Dios. Si una persona justa aprueba la siguiente afirmación: “La gente puede recibir la salvación teniendo fe en la sangre derramada en la Cruz sin el Evangelio del agua y el Espíritu” esa persona estaría cometiendo el pecado de adulterio espiritual. Dios no obra en la gente que no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Además, Dios no obra con la gente que ha rechazado la fe en la justicia de Dios.
Incluso durante los días de Noé, entre todo el mundo, Dios escogió a Noé, quien había mantenido la verdadera fe, y Noé obedeció la voluntad de Dios. Podemos ver en el pasaje de las Escrituras de hoy que Noé era un hombre de fe que creyó en la Palabra de Dios. El hecho de que Noé construyese el arca durante cien años muestra que era un hombre de fe verdadera. Noé poseía la fe en la Palabra de Dios. Si Noé no hubiese creído en la Palabra de Dios, no podría haber construido el arca ni durante 5 años, y mucho menos 50. Seguramente fue difícil para Noé y los miembros de su familia construir columnas y hacer aposentos con madera de gofer y cubrir el arca con brea hecha por ellos. Pero, ¿cuánto más difícil sería hacerlo mientras sus vecinos se reían de él diciendo que estaba loco? Probablemente quiso dejar de trabajar muchas veces. Por tanto, Noé, que construyó el arca por la fe en la Palabra de Dios sin quejarse durante cien años, era un hombre de fe verdadera.
 
 
Me acuerdo de alguien cuando llueve
 
Cada vez que llueve me acuerdo de alguien. Se llama Noé. Debemos recordar a Noé mientras vivimos en estos últimos tiempos. La gente recuerda a Noé emocionalmente, pero nosotros le honramos por su fe en la Palabra de Dios. Noé era un hombre cuya fe era muy grande. Durante los días del primer mundo era un siervo de Dios que tuvo una fe verdadera en la Palabra de Dios.
Los siervos de Dios son los que creen y predican la Palabra de Verdad de Dios. Estamos predicando el Evangelio del agua y el Espíritu, que es el Evangelio de Dios, pero si hay personas que nos piden que prediquemos otros evangelio, esas personas no son siervas de Dios. Aunque sigan pidiendo que prediquemos otros evangelios, estaremos predicando el Evangelio del agua y el Espíritu. Los que predican el Evangelio deben saber cómo ser pacientes y cómo soportarlo todo. Los siervos de Dios deben continuar predicando el Evangelio aunque los que les escuchen se rían de ellos. Dios los vengará personalmente.
Debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu hasta los confines de la tierra y no debemos cambiar nuestra fe hasta el día en que vuelva nuestro Señor. Noé fue aprobado por su fe en Dios, pero en aquel entonces la fe de la gente estaba corrupta. En aquel entonces, los hijos de Dios emprendieron el camino a la destrucción al dejarse llevar por la belleza de las hijas del hombre y al tomarlas como esposas. Por eso Dios hizo Su obra a través de Noé.
En estos tiempos, Dios obra a través de nosotros los que tenemos la fe de Noé y hemos nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. No es que tengamos nada de lo que alardear. Si alguien se ríe de nosotros, debemos construir un arca de fe cubriendo nuestros corazones con la brea de la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu como está escrito en la Biblia y predicarlo a todo el mundo. Los justos que han recibido la remisión de los pecados al tener fe en Jesús deben predicar el Evangelio del agua y el Espíritu para que la gente pueda recibir la vida eterna. Aunque la gente nos ridiculice y diga que somos asquerosos, tener fe y guardar el Evangelio del agua y el Espíritu es lo que merece la pena.
Cuando el Pastor Yongwha Lee murió, me dio mucha pena. Le dije a su familia que no llorase en su funeral pero yo fui uno de los primeros en llorar. Cuando le pedía al Pasto Lee cosas necesarias para predicar el Evangelio, nunca se negaba a dármelas. Le había hecho algunas peticiones al pastor con fe en Dios. Sé que ahora está con el Señor. El Pastor Lee se entregó a la justicia de Dios, como Noé. Era un siervo del Señor y sé que todos los colaboradores del Evangelio también son siervos del Señor.
Una vez yo creía que tenía que haber otras personas a parte de nosotros en el mundo que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, es decir, personas con nuestra misma fe. Y encontramos un grupo de cristianos que creían lo siguiente: “Nos hemos convertido en justos por fe en Jesús” y me preguntaba si tenían la misma fe que nosotros. Pero no la tenían. Estaban enseñando el precepto de que quien cree en la sangre derramada en la Cruz no tiene pecados. Hablaban tan llenos de gracia que hipnotizaban a la gente para que creyese que sus corazones estaban sin pecados, pero no enseñaban el Evangelio del agua y el Espíritu. Yo esperaba que predicasen el Evangelio del agua y el Espíritu por lo menos una vez durante sus sermones, pero no lo hicieron. Estaban diciendo que mientras que la gente creyese en Jesús, que había derramado la sangre en la Cruz, podría recibir la salvación. Estaba pensando que sería bueno si predicasen el Evangelio del agua y el Espíritu, aunque se metiesen conmigo por creer en este Evangelio verdadero y lo predicase. Pero no predicaban la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Al igual que los hijos de Dios estaban intoxicados por la belleza de las hijas del hombre, abandonaron el Evangelio del agua y el Espíritu a pesar de haberlo escuchado antes.
Si predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu a la gente, muchas personas recibirán la salvación de los pecados. Sin embargo, este mundo actual es tan malvado que, aunque la gente busque a Dios, es difícil que vaya a esta Iglesia de la Verdad. Y aunque reciban la salvación de laguna manera, es difícil para ellos crecer espiritualmente. ¿No fue doloroso para ustedes entrar en este Evangelio del agua y el Espíritu por fe y crecer espiritualmente?
Aún así, no podemos cambiar la Verdad del Evangelio para abrir las puertas de nuestra Iglesia a más gente. Si deteriorásemos la Verdad del Evangelio y predicásemos: “Aunque crean solo en la sangre de Jesús derramada en la Cruz, recibirán la salvación del pecado” nadie podría recibir la salvación. Si esto ocurriese, seríamos personas lamentables. Hoy en día no podemos recibir la perfecta remisión de los pecados si vamos a las iglesias del mundo, ¿cómo de lamentable es esto? Aunque le dijésemos a la gente: “Si creen solo en la sangre derramada en la Cruz, estarán sin pecados” la verdad es que los pecados no desaparecerían de los corazones de la gente. Si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y predicamos ese Evangelio verdadero a muchas personas según lo que Dios nos ha dicho, muchas personas recibirían la remisión de los pecados; pero si no predicásemos el Evangelio del agua y el Espíritu hoy en día, nadie podría recibir la remisión de los pecados.
Hemos predicado el Evangelio del agua y el Espíritu a los cristianos de este mundo diciendo: “Los pecados de este mundo ya no existen porque Jesús vino a este mundo y recibió el bautismo de Juan el Bautista”. Pero hay muchas personas que predican: “Si creen en la sangre sagrada de Jesús, estarán sin pecados”. Y la verdad es que su fe no vale para nada. Cuando veo esta fe, se me rompe el corazón. Dicen que están haciendo la obra de Dios, pero ¿cómo se beneficia el Evangelio si solo predicamos la sangre de la Cruz? Si dicen que no tienen pecados por simplemente tener fe en Jesús, ¿es cierto que no tienen pecados?
Debemos tener a prueba en sus corazones de que sus pecados han sido erradicados a través de la Palabra de Dios, es decir, al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. No debemos tener pecados en sus pecados. Sin embargo, los pecados no desaparecen por tan solo creer en la sangre derramada en la Cruz y no en el Evangelio del agua y el Espíritu. Así, casi todos los cristianos de hoy en día tienen una fe inútil. El hecho de que Dios borrase nuestros pecados por el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad y quien crea en esta Verdad no tendrá pecados gracias al poder del Evangelio. Por mucho que crea la gente en Jesús, si no cree en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, no podrá recibir la remisión de los pecados en sus corazones.
El Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio del hilo azul, púrpura y escarlata que aparecían en la puerta del Tabernáculo en el Antiguo Testamento. Este Evangelio se completó en el Nuevo Testamento de la siguiente manera: Jesús nació en este mundo y al recibir el bautismo de Juan el Bautista, tomó todos nuestros pecados para siempre, y eliminó todos los pecados de este mundo. Este Evangelio ha estado escondido en la Biblia para que solo los que buscan la verdad lo encuentren por la gracia de Dios. Por tanto, si no predicamos esta Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo, ni una sola persona de este mundo podrá recibir la remisión de los pecados.
No temo a nadie excepto a Dios. A los que se me resisten les digo: “Hablemos con la Biblia delante de si el Evangelio que predicamos es correcto”. Hemos recibido la salvación de los pecados y el juicio porque Jesús tomó todos nuestros pecados al haber recibido el bautismo y derramado la sangre como nuestro Salvador en nuestro lugar cargando con todos los pecados. Jesús nos ha librado del juicio por el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso predicar el Evangelio del agua, la sangre y el Espíritu es esencial.
Jesús es el Rey de reyes y el Creador. Pero se convirtió en un hombre, tomó los pecados de la humanidad y cargó con el juicio de los pecados en su lugar. Así ha salvado a los pecadores del mundo. Este es precisamente el Evangelio del agua y el Espíritu del que habla la Biblia. Dios nos ha salvado al venir a este mundo y tomar todos los pecados a través de Su bautismo. Así nos ha dejado completamente sin pecados y nos ha permitido entrar en la morada dorada, el Reino de los Cielos. Este es el verdadero Evangelio: el Señor tomó nuestros pecados al ser bautizado en el Jordán por Juan el Bautista, cargó con todos los pecados hasta la Cruz y pegó el precio del pecado al ser juzgado.
El Apóstol Pablo dijo que Jesús no nos ha salvado solo por el agua ni solo por la sangre. Jesús vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo para salvarnos. Y, se dice que estos tres están de acuerdo como uno (1 Juan 5, 1-8). La obra que Dios ha hecho para salvarnos de los pecados del mundo se cumplió con el Evangelio del agua y el Espíritu. Estos tres constituyen un solo Evangelio, es decir el Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestro Señor ha cumplido toda la justicia y nos ha salvado justamente al nacer de nuevo en este mundo y tomar los pecados a través de Juan el Bautista, el representante de la humanidad. Se dice que Su nombre es Maravillo, Consejero y Dios Poderoso (Isaías 9, 6). Nos ha salvado muy justamente.
El Señor nos ha salvado de los pecados por el agua y la sangre, Pero ¿hay algo sospechoso? Porque el Señor nos ha salvado a los que éramos pecadores, podemos recibir la salvación sin ningún problema. De la misma manera en que el cordero del Antiguo Testamento tomaba los pecados mediante la imposición de manos, en el Nuevo Testamento Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista para tomar todos nuestros pecados. Cargó con todos nuestros pecados justamente y los borró todos. Y, al ser crucificado justamente, recibió el juicio de nuestros pecados en nuestro lugar. Así, nos ha salvado justamente del juicio, el diablo y el poder de la oscuridad. Al creer en esto, hemos recibido la salvación. No tengo ninguna vergüenza.
Debemos entender cómo el cristianismo de todo el mundo se ha deteriorado. La gente que no conoce la historia es estúpida. A través de la historia debemos conocer el proceso de degeneración espiritual para no caer en dicha falacia. Aunque una persona haya nacido de nuevo, si esa persona sigue los valores del mundo, la persona estará en la vanguardia de la degeneración espiritual. Incluso si un predicador nacido de nuevo no predica el Evangelio del agua y el Espíritu, es posible reunir a mucha gente en la medida que desee. No es que yo no sepa reunir a personas, sino que estoy predicando el Evangelio del agua y el Espíritu para que la gente pueda recibir la remisión de los pecados al entregarles la Verdad. También podría haberme convertido en un predicador honrado por mucha gente sin ser perseguido si predicase el Evangelio dejando atrás el secreto de la fe escondido en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto es como el deterioro del sistema del Tabernáculo cuando la puerta estaba hecha de hilo azul, púrpura y escarlata. Pero predicar la Verdad deteriorada es un gran problema para un predicador del Evangelio.
La mayoría de los cristianos confiesan que han recibido la salvación solo por el poder de la sangre de Jesús derramada en la Cruz. Su fe es en vano porque no puede darles la salvación. Como el Espíritu Santo no está en sus corazones, no saben que su fe es incorrecta. Si no tenemos la Verdad firme del Evangelio del agua y el Espíritu, no podemos evitar ser engañados. Si hubiese predicado el Evangelio de solo la sangre de la Cruz, omitiendo el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista, me habría convertido en un estafador espiritual. Los cristianos que no han nacido de nuevo pueden dejarse engañar fácilmente, incluso cuando los falsos profetas les cuentan mentiras increíbles, porque no conocen el verdadero Evangelio. Es decir, no se dan cuenta de que se han convertido en esclavos del pecado. Satanás y sus siervos intentan convertir a la gente en sus esclavos metiéndolos en la prisión del pecado. Cuando un siervo de Satanás intenta esclavizar a la gente con sus pecados y debilidades, la gente no puede escapar.
En este mundo, hay muchos predicadores que no predican el Evangelio del agua y el Espíritu. Son seres malvados y estafadores espirituales que predican algo que no es la Palabra de Dios como si fuera el Evangelio y convierten a la gente en siervos de sus propios deseos. No son siervos de Dios sino siervos del hombre porque predican evangelios falsos y la gente que escucha estos evangelios imperfectos son siempre pecadores, por muy fuerte que sea su fe. Por mucho que crean en Jesús tienen pecados y por tanto hay muchas personas que se quejan de lo difícil que es tener fe por mucho que intentan creer en Jesús. Estas personas, como no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu, no pueden evitar creer ciegamente en los estafadores.
Sin embargo, en cuanto a los que conocen la Verdad del Evangelio, esta obediencia a ciegas no puede esperarse de ellos. La gente que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu tiene al Espíritu Santo dentro de sus corazones y por eso, ¿cómo van a obedecer a ciegas? El Espíritu Santo está en sus corazones y por eso no tienen una creencia incondicional. La gente que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu sigue a sus líderes solo si les guían según la Verdad de Dios. Pero si no les guían según la Verdad, simplemente no les seguirán ni se unirán a ese líder.
Los nacidos de nuevo no podemos cometer fraude espiritual. Sin embargo, los que predican sin tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu son estafadores espirituales. Satanás el Diablo nos dice que no prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu. Lo que más odia Satanás es la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu, es decir, el Evangelio tejido con hilo azul, púrpura y escarlata y lino blanco fino. Hoy he leído un libro de sermones pero por muy elocuente que sea, como no incluía el bautismo de Jesús, no vale para nada.
Está escrito: «Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó» (Génesis 6, 22). ¿No fue Noé un siervo fiel de Dios? Noé lo hizo todo como se lo pidió Dios. Y ustedes, si son verdaderamente el pueblo de Dios, deben obedecerle según Su Palabra. Es decir, debemos hacerlo para que el Evangelio del Señor florezca en esta tierra.