The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 7-1] < Génesis 7:1-5 > Deben entrar en el arca

< Génesis 7:1-5 >
«Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación. De todo animal limpio tomarás siete parejas, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, una pareja, el macho y su hembra. También de las aves de los cielos, siete parejas, macho y hembra, para conservar viva la especie sobre la faz de la tierra. Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice. E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová».
 
 
En el capítulo 7 del Libro de Génesis, encontramos la historia del diluvio de Noé. Leamos juntos el versículo 1: «Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación».
La palabra de Noé aquí significa descanso. En otras palabras, el padre de Noé le llamó Noé porque sería el que daría descanso a su pueblo (Génesis 5:29). Dios le dio descanso a Noé, y a través de Noé, Dios dio descanso a todo el mundo.
La gente era muy malvada durante los días de Noé. Como sus pensamientos, intenciones y acciones son constantemente malvados y por eso Dios decidió juzgar a toda la gente de aquel entonces. Había decidido juzgar al mundo con agua. Y por eso Dios le dijo a Noé: “Entra en el arca, tú y toda su familia”. Dios le dijo a Noé que construyese un arca y después le dijo que juzgaría al mundo con agua. Cuando Dios le habló a Noé sobre el juicio, también le dijo cómo evitar ese juicio al construir el arca.
Noé obedeció a Dios: «Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó» (Génesis 6:22). Cuando Noé terminó de construir el arca según el mandamiento de Dios, Dios le dijo: «Entra tú y toda tu casa en el arca». Dios quiso que la familia de Noé fuese salvada al hacerles entrar a todos en el arca.
En primer lugar, debemos prestar atención a la parte en la que Dios salvó a Noé. Dios quiere salvar a los que quieren seguir Su voluntad. Y por eso Dios les dice las mismas cosas. Dios no solo quiere que ustedes entren en el arca, sino también toda su familia. El mundo en los días de Noé fue juzgado. Pero Noé y su familia pudieron escapar este juicio al entrar en el arca.
De esta manera, si ustedes quieren recibir la salvación del juicio tendrán que entrar en la Iglesia de Dios. ¿Quién puede entrar en la Iglesia de Dios? Solo los que han recibido la remisión de los pecados pueden entrar en ella. Por tanto, no debemos estar satisfechos con ser los únicos que hemos recibido la remisión de los pecados y por tanto los que podemos entrar en la Iglesia, sino que debemos ver que los miembros de nuestra familia entren al hablarles del verdadero Evangelio. Asimismo, debemos guiar a toda la gente de todo el mundo a que entre en la Iglesia de Dios. Solo entonces podrá toda la gente de este mundo, no solo nosotros, debe ser salvada de la maldición del infierno.
Este mundo es malvado. Todos los que están fuera de la Iglesia porque no han nacido de nuevo serán devorados por Satanás. Incluso los que han recibido la remisión de los pecados están en peligro si no viven en la Iglesia de Dios. Si no están dentro de la Iglesia de Dios, aunque hayan recibido la salvación no podrán estar completamente protegidos. Queridos hermanos, se dice que Satanás busca a quien devorar como un león que ruge (1 Pedro 5:8). ¿Cuál sería el resultado de una persona nacida de nuevo que no vive dentro de la Iglesia? Que no podrán recibir la protección de Dios y su fe empezará a deteriorarse sin pensarlo. Por eso Dios no solo le dijo a Noé, sino también a los miembros de su familia que entrasen en el arca.
¿Por qué le dijo Dios a Noé que para recibir la salvación había que entrar en el arca? Porque Dios iba a juzgar a todos los que estaban fuera del arca; esto se debe a que Satanás es como un león que ruge y va buscando a quién devorar, incluso a la gente escogida de Dios. Por eso Dios le dijo a Noé que entrase en el arca sin falta. Nosotros también podemos ser devorados por Satanás si no estamos dentro de la Iglesia de Dios. Esto significa que incluso los que tienen la fe correcta la perderán si no entran dentro de la Iglesia de Dios. Es muy probable que la gente con un espíritu débil rechace el Evangelio de un día para otro si no se queda dentro de la Iglesia.
¿Cómo hace Satanás que incluso los justos que recibieron la remisión de los pecados rechacen su verdadera fe? El versículo «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8), significa que aunque hayamos recibido la salvación podemos ser devorados por Satanás. Y el plan de Satanás también es intentar devorar a los justos. Si una persona nacida de nuevo no se queda dentro de la Iglesia de Dios y se queda en el mundo, Satanás empezará a hacer que esa persona cometa pecados. Al hacer que esta persona no tenga miedo de cometer pecados, hará que cometa estos pecados sin miedo en su corazón. Hace que es persona cometa pecados de gran magnitud. Cuando cometemos pecados, todo lo que tenemos que hacer es tener la fe que dice: “Jesús tomó incluso estos pecados”, pero si no estamos dentro de la Iglesia de Dios, no podremos tener esta fe. Nadie puede luchar y vencer a Satanás solo. Si una persona comete pecados y se queda atrapado en su sentimiento de culpa, es posible que esa persona pierda la fe de creer en el Evangelio al estar atrapado por el pecado.
De esta manera es muy posible que los nacidos de nuevo sean devorados por Satanás si se quedan solos en el mundo. Si están fuera en el mundo, cometerán pecados constantemente y al final caerán. Al principio sentirán dolor después de pecar y después continuarán creyendo que Jesús eliminó esos pecados. Pero a medida que siguen cometiendo pecados repetidamente y a medida en que se hacen más graves, estarán llenos de pecados y sus espíritus cada vez tendrán menos sensibilidad al pecado. La Biblia se refiere a esto diciendo que sus conciencias estarán selladas con un hierro incandescente (1 Timoteo 4:2). “Tener su conciencia sellada con un hierro incandescente” significa que la conciencia ha sido quemada hasta desaparece por los pecados. Cuando su conciencia desaparece así, por mucho que intenten creer en Jesucristo como su Salvador, Satanás les robará su fe. Y cuando esto ocurra, cometerán pecados repetidamente y caerán. Sus corazones se dañarán y estarán tan muertos como uno pueda imaginar, y sus conciencias estarán selladas con un hierro incandescente y se endurecerán. Cuando son así, no pueden ofrecer la confesión de fe de que Jesucristo había tomado todos sus pecados para siempre. Dirán: “Querido Señor, por favor, perdona mis pecados y límpialos” sintiendo como si tuvieran pecados en sus corazones todos los días.
Por eso la Biblia dice que los nacidos de nuevo deben entrar en la Iglesia de Dios sin falta. Esto se debe a que los que no entran en la Iglesia de Dios pueden caer en la seducción de Satanás. El Señor nos advierte de que habrá personas que traicionarán a Cristo entre los nacidos de nuevo. Como Esaú vendió su derecho de primogénito por un plato de lentejas, si la gente abandona la Iglesia de Dios a pesar de haberse convertido en hijos de Dios nacidos de nuevo, venderán esa fe que les ha salvado por cosas materiales y dirán: “Podemos arrepentirnos todos los días y pedir perdón día sí y día no”. Esta es la misma fe que la de los practicantes de la religión. Satanás va buscando a quién devorar y después devora a la gente que encuentra, es decir, a los que viven en sus pensamientos de la carne. Debemos darnos cuenta de que estas personas existen. La Biblia las llama personas malvadas. Dios dijo que separaría a los malvados de los justos (Mateo 13, 49). Aunque estas personas recibiesen la remisión de los pecados una vez, su salvación será revocada, y tendrán que recibir la ira del juicio de Dios (Hebreos 6:4-8; 10:26-29).
Por eso Dios le dijo a Noé: “Entra en el arca, tú y toda tu casa”. Queridos hermanos, esto puede parecer una simple oren, pero para nosotros es una lección valiosa. Yo sigo viviendo dentro de la Iglesia de Dios siguiendo al Señor y sé que hay muchas personas que dicen tener el Evangelio aunque no viven dentro de la Iglesia de Dios. Es absolutamente inútil tener el Evangelio y no quedarse dentro de la Iglesia de Dios. Los nacidos de nuevo pueden estar unidos a la Iglesia de Dios.
Por ejemplo, algunas personas sirven al Señor dentro de la Iglesia de Dios como nosotros, pero un día deciden salir de la Iglesia e ir a las escuelas teológicas y a las iglesias del mundo. Al principio critican la fe de las iglesias del mundo como la fe incorrecta. Pero cuando los vemos unos años más tarde, podemos ver que sus almas, su fe y sus corazones son iguales que los de las personas de esas iglesias del mundo, que están haciendo lo mismo. Dicen que han ido a seminarios teológicos para obtener el título de pastores, que es aceptado por el cristianismo actual. Pero a pesar de haber estudiado en estos seminarios del mundo enseguida se encuentran intentando limpiar sus pecados mediante oraciones de arrepentimiento todos los días. Al final insisten que está bien limpiar esos pecados todos los días, negando el hecho de que Jesús tomó sus pecados para siempre y siguen diciendo que está bien seguir siendo pecadores, porque somos insuficientes hasta la muerte.
Solía conocer a un pastor hace mucho tiempo. Este hombre era un profesor en una escuela teológica en Busan (Corea). Yo fui a una reunión en Busan y allí vi un póster que decía que este pastor iba a celebrar una reunión de resurgimiento en una iglesia. Era un hombre que había recibido la remisión de los pecados cuando era un evangelista antes de convertirse en un profesor en una escuela teológica. Y por eso, curioso por ver cómo eran sus sermones, fui a esa iglesia donde se celebraban esas reuniones y me senté en la parte de atrás. Esta iglesia estaba en un sótano y tenía un aire deprimente, y el sermón también fue deprimente. El tema principal de su sermón ese día era “¿Cómo recibir el Espíritu Santo?”. Lo que este pastor decía era que si uno ora mucho para recibir el Espíritu Santo, esa persona recibe el Espíritu Santo, como fuego. Entonces, en medio de su sermón, tomó el micrófono y empezó a decir: “Puf, puf. Recibe el fuego. Puf, puf”. Y entonces empezó a volverse loco: “Salasalasala, Julalalalala, recibid el fuego, recibid el fuego, recibid el fuego”. Entonces me vio sentado en la parte de atrás y después de un momento acabó su sermón rápidamente.
Dios nos dijo que solo podemos recibir el Espíritu Santo cuando recibimos la remisión de los pecados. ¿Está escrito en la Biblia que la gente recibe el Espíritu Santo si un predicador dice: “Con fuego, fuego, fuego. Puf, puf” y la congregación responde: “Ven, Espíritu Santo. Por favor, ven. Creo, creo”? Después de la reunión, se quedó delante de la capilla saludando a la gente. Cuando me iba, le saludó y le pregunté: “Querido señor, ¿no recibió usted la salvación cuando era evangelista? ¿Cómo es posible que sea así ahora?”. La cara del pastor se volvió roja y me dijo: “Lo siento. Vamos a hablar aquí”. Entonces me llevó a un lugar solitario. No paró de repetir que lo sentía. Solo quería evitarme. Este hombre había cambiado porque se había ido de la Iglesia de Dios. Aunque había recibido la remisión de los pecados en sus días como evangelista, como no estar bajo el liderazgo de la Iglesia, se fue, estudió Teología y se convirtió en un profesor en una escuela teológica. Traicionó verdaderamente a Jesucristo.
Sea quien sea la persona, si uno no entra en la Iglesia de Dios después de haber recibido la remisión de los pecados, está destinado a ir al infierno. Como Dios le dijo a Noé: “Entra en el arca, tú y toda tu casa”, los nacidos de nuevo deben entrar en la Iglesia. Los que han nacido de nuevo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu deben residir dentro de la Iglesia de Dios.
En tiempos del diluvio de Noé, cuando las aguas retrocedieron, Noé envió un cuervo y una paloma desde el arca (Génesis 8:7-9). Se dice que la paloma volvió, pero el cuervo no. La gente de Dios que ha nacido de nuevo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu vuelve a la Iglesia de Dios. Si creen en el Señor, sea cual sea la posición que se les ha confiado en la Iglesia de Dios, deben renunciar a las cosas del mundo y volver. Y una vez dentro de la Iglesia deben ser moldeados para ser una nueva criatura y hacer la obra de servir al Señor.
Por desgracia, ese pastor dejó la Iglesia de Dios nacida de nuevo y siguió por ese camino. Y ahora no había marcha atrás. No solo creía ahora de manera errónea, sino que además hacía que otras personas creyesen de manera equivocada. Queridos hermanos, el precepto de “Si oran sin cesar, recibirán el Espíritu Santo” es una enseñanza falsa. La Biblia nos dice claramente: «Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hechos 2:38). La verdad es que si quieren recibir la remisión de los pecados, deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La Biblia nos dice que si reciben la remisión de los pecados al tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, el Espíritu Santo entrará en sus corazones. Por tanto, está completamente mal enseñar que si se ora ardientemente, se recibe el Espíritu Santo. Esta persona estará pisando con los pies sucios sobre Jesucristo. Cuando una persona pisa la Palabra de Dios, está pisando sobre Dios.
Los que han nacido de nuevo mediante el agua y el Espíritu deben dar testimonio de la Palabra de Dios según la conciencia de la fe. Pero a pesar de conocer la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu bien, si no damos testimonio de la Palabra según la Verdad y la contamos de manera diferente según la situación, no solo habrá maldiciones, sino también destrucción para nosotros. Seríamos «¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?» (Hebreos 10:29). Si seguimos haciendo esto y no nos arrepentimos de nuestra maldad, seremos arrojados al infierno sin falta.
Cuando el Señor Dios le decía a Noé: “Entra en el arca, tú y toda tu familia” estaba hablando de la importancia de la Iglesia de Dios. No debemos dejar la Iglesia de Dios. Digamos que un santo nacido de nuevo, sea quien sea, se va de la iglesia. ¿Creen que cometerá pecados o no? Sí, cometerá pecados. Cometerá pecados aún más fácilmente que antes de recibir la remisión de los pecados. Y después su conciencia se paralizará igual que ese pastor que dejó la Iglesia de Dios a pesar de haber recibido la salvación. Aunque era un predicador famoso, predicaba a la gente para que recibiese la remisión de los pecados ofreciendo oraciones de penitencia y recibiese el fuego del Espíritu Santo orando sin cesar con diligencia, pero esto es lo mismo que pisar sobre Dios. De la misma manera en que la gente que había fuera del arca de Noé fue juzgada, una persona así será juzgada y morirá. El juicio desciendo sobre los que están fuera del arca. Si Noé no hubiese entrado en el arca y se hubiese quedado fuera, habría muerte como los demás sin excepción el día de la ira de Dios. Por eso Dios le ordenó a Noé: «Entra en el arca, tú y tu familia» antes de juzgar al mundo. Con esto en mente, no solo debemos unirse a la Iglesia de Dios con fe nosotros, sino también nuestra familia y otras personas para poder mantenernos vivos; por tanto debemos guiar a estas personas a la Iglesia.
Al entrar en la Iglesia de Dios y quedarse allí durante algún tiempo, los ciegos espirituales verán y los sordos espirituales oirán. Incluso los que una vez eran siervos de Satanás, si residen en la Iglesia de Dios, la Palabra de Dios se quedará con ellos. Por eso es muy importante quedarse dentro de la Iglesia de Dios. Dios dijo: “Entra en el arca tú y toda tu familia”. Por eso debemos esforzarnos para guiar a nuestras familias a la Iglesia de Dios. Una vez entren en la Iglesia de Dios, su fe puede estar protegida.
¿Qué pasa cuando vemos a los que viven en el mundo después de haber dejado la Iglesia y haber creído en el Evangelio del agua y el Espíritu? Aunque no haya pasado mucho tiempo desde que dejaron la Iglesia, dicen que la salvación se encuentra en otras iglesias del mundo también. Si un santo nacido de nuevo sigue corriendo, intentando escuchar las enseñanzas de otras iglesias y no vuelve a la Iglesia durante muchos meses, esa persona se convertirá en un siervo de Satanás, y al final negará la Palabra de salvación de Dios. Y mirará otras cosas. No escuchará la Palabra de Dios, sino que intentará curar a los enfermos, hablar en lenguas y expulsar demonios; al final acabará negando a la Iglesia de Dios y estará atado a Satanás.
Dios nos dijo que entrásemos en el arca. Dios dijo: “Entra en el arca, tú y toda tu familia”, pero hay personas que no entran en el arca aunque hayan escuchado la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Una vez un hermano que se había ido de la Iglesia de Dios después de estar en ella durante un tiempo vino a visitar nuestra Iglesia de nuevo. Le pregunté: “¿Tienes un líder?”. Él me contestó: “No, no lo tengo”. Entonces yo dije: “¿Dónde está tu líder? No me importa que no me consideres tu líder porque yo soy imperfecto, pero ¿acaso no es Jesús tu líder?”. “Para mí no hay líder. Jesús también me dio la salvación, pero creo que hay salvación en otras religiones también”. Eso es lo que me dijo. Dios nos dijo que entrásemos en el arca de Noé, pero esta persona maldita había dejado la Iglesia y había caído en las falsas enseñanzas de este mundo.
Debemos recordar bien que Dios le dijo a Noé que entrase en el arca. Debemos unirnos de verdad de todo corazón a la Iglesia de Dios. Dios es el Rey, y es el Maestro dentro de Su Iglesia. Si afirman creer en Dios, aceptar la Palabra de Dios es de lo que se trata la verdadera fe. Por eso debemos reconocer la Palabra de Dios primero como verdadera y perfecta para entrar en la Iglesia de Dios. Solo cuando aceptamos el hecho de que las Palabras de las Escrituras son la Palabra de Dios, podemos entrar en la Iglesia de Dios. El hecho de que nuestros cuerpos físicos hayan entrado en el edificio de la iglesia no significa que estemos dentro de la Iglesia; estamos dentro de la Iglesia cuando nuestros corazones reconocen la Palabra de Dios como perfecta y verdadera. No importa que hayan pasado 10 años o unas semanas desde que uno recibe la salvación. La gente que reconoce la Palabra de Dios es la que entra dentro de la Iglesia de Dios y la gente que no acepta la Palabra de Dios es la que vive fuera de la Iglesia.
Esto es lo que significa que Dios le dijese a Noé que entrase en el arca; los que no entran en la Iglesia de Dios son los que no reconocen la Palabra de Dios. Hay personas que dicen: “¿Qué? ¿Es esto lo que significa? No, creo que lo que la gente del mundo dice parece más razonable”, pero esta gente no acepta la Iglesia de Dios.
Debemos dejar rompernos. ¿Cuánto ocurre esto? Cuando nos sometemos a la Palabra de Dios, entonces nos rompemos. ¿Acaso no tenemos muchos pensamientos de la carne en nosotros? Insistir en las razones del mundo y utilizar nuestra lógica diciendo: “Creo que esto es mejor que eso”, ¿no es negar la Palabra de Dios en nuestros pensamientos? Pero aunque lo hayamos hecho, si la Palabra de Dios dice algo contrario a nuestros pensamientos, debemos escapar de nuestros pensamientos y someternos a la Palabra de Dios. Debemos decir: “Sí, Señor. Tu Palabra es cierta”. Debemos permitir que la Palabra de Dios reine sobre nosotros y no al revés. Debemos confesar: “Aunque sea diferente a mis pensamientos, creo que la Palabra de Dios es la verdad”.
La gente que acepta la Palabra de Dios entra en el arca. Más precisamente, solo los que reconocen la Palabra de Dios como verdadera y perfecta pueden entrar en el arca y vivir en ella. Queridos hermanos, ¿saben lo bendito que es entrar en la Iglesia de Dios y vivir allí comiendo y bebiendo? La familia de Noé vivió dentro del arca hasta que pasó el juicio, y de la misma manera en que el juicio terminó, se asentaron en tierra firme y salieron del arca y empezaron a cultivar esa nueva tierra. Pudieron vivir una vida bella desde entonces. Recibieron estas bendiciones porque tuvieron fe en la Palabra de Dios. Por eso debemos reconocer la Palabra de Dios como verdadera y perfecta dentro de nuestros corazones y vivir dentro de esta Iglesia de Dios.
Si han nacido de nuevo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, deben esforzarse por entrar en la Iglesia de Dios. Solo porque sus cuerpos estén en el edificio de la iglesia no quiere decir que hayan entrado en la Iglesia de Dios. Si han entrado en la Iglesia de Dios de verdad, deben reconocer la Palabra de Dios como verdadera y perfecta. Como está escrito:
«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino» (Salmos 119:105). Los que aceptan la Palabra enseñada en la Iglesia de Dios y siguen viviendo con la Palabra de Dios como su señal mientras residen dentro de la Palabra son los que han entrado en la Iglesia de Dios.
Dios le dijo a Noé: «Entra en el arca, tú y toda tu familia». Deben entrar en el arca de Dios. Este es el mandamiento de Dios. Ni una sola persona está exenta de este mandamiento, sea quién sea. Aunque una persona sea líder de una iglesia antes de nacer de nuevo, si esa persona no acepta la Palabra de Dios y no entra en la Palabra, esa persona dejará a Dios. A pesar de haber sido un líder, esa persona será arrojada de la presencia de Dios si no entra en la Iglesia de Dios. Cuando se le dijo a Noé que entrase en el arca, también se le dijo que llevase a toda su casa, y él contestó: “Sí” y no dijo nada más. Sin añadir nada más a la Palabra de Dios, como por ejemplo: “Pero, querido Dios, tengo que entrar después de meter a todos los animales”, Noé fe el primero en obedecer y entrar cuando Dios le dijo que entrase. Entonces fue cuando Dios hizo que todos los animales entrasen en el arca.
Queridos hermanos, primero debemos entrar en el arca. Entrar en el arca es reconocer la Palabra de Dios y la Iglesia de Dios. Una persona que reconoce a Dios debe reconocer Su Iglesia como verdadera. Debemos darnos cuenta de que Dios nos habla a través de Su Iglesia. Y debemos creer en las palabras que salen de los siervos de Dios como las Palabras de Dios y aceptarlas. Aunque las palabras del líder sean difíciles de escuchar, deben reconocerlas como ciertas.
Debemos ser los primeros en entrar en la Iglesia y debemos guiar a nuestras familias a la Iglesia. Dios le dijo a Noé: “Entra en el arca” y después dijo: “porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación” (Génesis 7:1). Dios nos está diciendo que Noé era justo ante Él. Como Noé era justo, Dios le dijo que entrase en la Iglesia. Queridos hermanos, se dice que Noé era justo ante Dios, pero ¿qué es esta justicia? La fe de creer en la Palabra de Dios es la justicia. Saber que han encontrado la gracia de Dios al tener fe en la Palabra de Dios y estar agradecidos por esa gracia es lo que es ser justos a los ojos de Dios. Dios toma nuestra fe en Su Palabra como justicia.
Queridos hermanos, durante los días de Noé, los pensamientos de la gente eran malvados y corruptos. Si miramos el Libro de Génesis 6:5-7: «Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho». Dios se arrepintió de haber creado al hombre porque había pecado tanto a Sus ojos. Como los pensamientos de la gente eran malvados, sus acciones eran malvadas y sus corazones e intenciones eran malvadas, Dios había decidido en aquel entonces destruir a todo el mundo de la faz de la tierra. Noé también estaba incluido entre los que recibirían este juicio. Noé estaba también destinado a morir. Pero Dios había vestido a Noé con Su gracia. Noé había recibido la gracia especial de Dios porque había creído en la Palabra de Dios. Fue a la Iglesia de Dios por fe. Por eso fue considerado justo y fue rescatado de la destrucción del mundo.
Dios dice lo mismo a la gente de hoy en día. Dice que la gente que acepta la Palabra de Dios es justa. Dios dice que vio la justicia de Noé. Como Noé creyó en la Palabra de Dios y siguió Sus mandamientos, Dios vio esta justicia y salvó solo a Noé y a su familia cuando juzgó al mundo. En el día de ese juicio, los que habían recibido la gracia de la salvación fueron Noé y su familia de ocho. Esto significa que los que reconocieron la Palabra de Dios fueron solo ellos. En otras palabras, los que fueron juzgados no reconocieron la Palabra de Dios.
Reconocer la Palabra de Dios y creer en ella es el camino para adquirir la justicia ante Dios. Para los seres humanos no hay justicia. Pero tener fe en la Palabra de Dios es lo que nos hace adquirir la justicia de Dios. Queridos hermanos, ¿creen en esta Palabra de Dios? Si es así, deben convertirse en personas justas ante Dios. ¿Qué tipo de justicia es esta? Es la justicia de tener fe en la Palabra de Dios y la justicia que nos hace recibir la salvación a través de la Palabra, y es la justicia de convertirnos en los santos de Dios, la gente de Dios, las herramientas de la justicia y los trabajadores de Dios. Dios dio esta justicia a los que reconocieron la Palabra de Dios como perfecta y verdadera.
Dios dijo que cuando vio a Noé, encontró justicia en él. La gente que ha nacido de nuevo al tener fe en la Palabra de Dios es justa y está sin pecados. De hecho, son los santos. Dios se convierte en su Dios. La justicia de Dios está con esta gente que acepta la Palabra de Dios. No hay justicia en los seres humanos, pero nosotros hemos adquirido esta justicia al tener fe en Su Palabra. La justicia que podemos adquirir ante Dios es la justicia de tener fe en la Palabra de Dios y toda la demás justicia es falsa.
Queridos hermanos, Dios es justo. Por eso hemos recibido la justicia de Dios al creer en la justicia de la Palabra de Dios. El Libro de Romanos habla de convertirse justos por fe (Romanos 1:17; 4:1-3) y esto se refiere a adquirir esta justicia de Dios al creer en Su Palabra. Las Escrituras nos dicen: «Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios» (Romanos 4:2). Era una persona que creía en la Palabra de Dios. Por eso se dice que Abraham fue justificado al creer en la Palabra de Dios. Como Abraham tenía justicia adquirida por fe en la Palabra de Dios, pudo escapar del juicio, recibir la salvación y convertirse en un antecesor de la fe a través de esta justicia.
Queridos hermanos, nosotros somos iguales. Toda la gente del mundo es malvada a los ojos de Dios en sus pensamientos, acciones y planes. Nosotros no estamos exentos de ser malvados. Pero al ser liberador del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, nos hemos convertido en personas justas. Los que somos justos al nacer de nuevo del agua y el Espíritu somos siempre justos porque nos aferramos a la Palabra de Dios en nuestros corazones. Pero la gente que no ha nacido de nuevo siempre es malvada en todo lo que hace, incluyendo sus pensamientos y planes. En cuanto a los nacidos de nuevo, nuestra carne es malvada, pero como tenemos la justicia al creer en la Palabra de Dios, hemos recibido la salvación según esta fe. Y como llevamos a cabo la justicia en la Palabra y creemos en la verdad de esa Palabra, podemos seguir esa justicia.
Dios le dijo a Noé, que tenía fe en la Palabra de Dios, que entrase en el arca. Esto se debe a que había justicia en Noé. El que Dios le dijese a Noé que entrase en el arca significa que la Iglesia de Dios es necesaria para los justos. Podemos residir juntos dentro de la Iglesia de Dios como personas justas porque somos justos ante Dios. Dios obra dentro de Su Iglesia y nos alimenta y nos nutre dentro de esta Iglesia. Necesitamos la Iglesia porque Dios siempre está en ella, y a través de ella ha salvado a las almas. Para los que no son santos, la Iglesia es también necesaria para recibir la salvación, pero para los santos que han nacido de nuevo, la Iglesia es necesaria para que puedan vivir en la Palabra de Dios. Para los que no han nacido de nuevo, la Iglesia se convierte en un problema en sus vidas.
Para que los santos nacidos de nuevo puedan vivir una vida justa, necesitan la Iglesia de Dios; y para poder levantarse como justos, deben creer y seguir la Palabra de Dios. ¿Se dan cuenta de que la Iglesia de Dios es indispensable para los que hemos nacido de nuevo? Dios nos está mirando ahora y nos pregunta: “¿De verdad creéis en Mi Palabra? ¿Me reconocéis? ¿Reconocéis la Biblia? ¿Reconocéis la Iglesia? ¿Reconocéis a mis siervos? ¿Reconocéis al Espíritu Santo que trabaja dentro de los santos en esta Iglesia? ¿Reconocéis el hecho de que Dios es el Rey de esta Iglesia? ¿Reconocéis que Yo dirijo esta Iglesia?”. Estas son las cosas que Dios quiere ver en Sus santos. Espero que se den cuenta de que Dios está mirando ahora, de la misma manera en que Dios vio la justicia de Noé. Dios les está mirando. No podemos escapar y escondernos de Sus ojos. Dios nos está mirando siempre.
Queridos hermanos, debemos examinarnos a nosotros mismos: “¿De verdad creo en Dios dentro de mi corazón; ¿creo en la Palabra de Dios?, ¿creo en la Iglesia de Dios?”. Debemos creer en Dios. Esta fe debe estar dentro de nuestros corazones. Podrán tener fe si creen en la Palabra de Dios, pero si no creen de corazón, por mucho que estén dentro de la Iglesia, estarán fuera de la Iglesia de Dios. La fe de la gente espiritual que cree en la Palabra de Dios puede crecerá si se queda dentro de la Iglesia; pero la gente carnal que no cree en la Palabra de Dios, por mucho que esté en la Iglesia no tiene una fe que crezca. Por tanto, es beneficioso aceptar la Palabra de Dios dentro de nuestros corazones tan pronto como sea posible.
Ustedes también deben aceptar a la Iglesia de Dios y creer en que Dios está guiando Su Iglesia. Deben aceptar esta Iglesia de la misma manera en que aceptarían la Palabra de Dios. Esto es lo que significa tener un corazón espiritual. Esto es lo correcto ante Dios. Esta fe permite mantener la justicia de Dios y vivir una vida espiritual.