The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 8-1] < Génesis 8:20-21 > El plan y la intención de Dios para nosotros

< Génesis 8:20-21 >
«Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho».
 
 
Todos debemos examinar nuestros corazones ahora mismo para ver si somos malvados o no. Durante los días del Diluvio de Noé Dios había juzgado al mundo por la maldad extrema del hombre. Pero hoy en día Dios no juzga al mundo de la misma manera mirando la maldad de la gente. Si fuese así, Dios juzgaría los pecados de la gente como hizo en tiempos de Noé y no podríamos evitar el juicio de Dios. Como todos los seres humanos, incluidos nosotros, somos malvados ante Dios y no hay ni una sola persona buena, si Dios fuese a juzgar y castigar a toda esta gente malvada, nosotros no tendríamos más remedio que ser juzgados.
Noé salió del arca cuando las aguas retrocedieron. Entonces construyó un altar al Señor Dios y tomó de todo animal puro y toda ave pura y los ofreció como holocaustos en ese altar. Entonces Jehová Dios olió ese aroma dulce y dijo: “Nunca más juzgaré como he juzgado. Nunca más destruiré a todas las criaturas vivas”. Esto es muy importante. Si no fuese así, ¿por qué dijo Dios que nunca volvería a juzgarnos por nuestros pecados aunque fuésemos insuficientes ante Él e hiciésemos el mal?
Estamos viviendo en la era del Nuevo Testamento, un periodo de tiempo en el que Jesucristo ha perfeccionado nuestra salvación al venir al mundo. Como Jesús, el Hijo de Dios, tomó todos los pecados de la humanidad personalmente al venir a este mundo en la carne y recibió el bautismo de Juan el Bautista en el Río Jordán y fue juzgado a muerte en la Cruz en nuestro lugar, ya no nos juzga a los que creemos en esta Verdad. En otras palabras, el Hijo de Dios no tenía pecados y tomó los pecados del mundo en nuestro lugar y pagó el precio de esos pecados al sacrificarse por la humanidad. Por eso Dios dijo que nunca juzgaría este mundo por los pecados de la gente del mundo. Nosotros no estamos siendo juzgados por nuestros pecados porque Jesucristo fue bautizado y juzgado en nuestro lugar. Creemos en esto.
En este mundo no podemos encontrar ni una sola persona que no sea insuficiente. Nosotros somos malvados e insuficientes y por eso cometemos pecados todos los días. Así que la razón por la que Dios no nos juzga es que Jesús, Su Hijo que está limpio y sin pecados, vino a este mundo encarnado, fue bautizado por nosotros, murió en nuestro lugar en la Cruz y fue resucitado. Nosotros no seremos juzgados por nuestros pecados porque el precio por ellos ya ha sido pagado completamente, ya que Dios preparó una ofrenda completamente perfecta por nosotros y la sacrificó en nuestro lugar. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu con el que el Señor eliminó nuestros pecados completamente, nos hemos convertido en hijos de Dios Padre que es Santo. ¿Cómo de malvada es la humanidad? Dios dijo que todas las intenciones de los pensamientos de la gente son malvadas continuamente (Génesis 6:5). Pero entonces Dios olió el aroma de los animales puros siendo sacrificados y dijo que nunca más juzgaría al mundo por los pecados de los hombres (Génesis 8:21).
 
 
Debemos conocer y creer en el hecho de que los pensamientos de los corazones de la gente son malvados desde que nacen
 
Cuando un niño se convierte en adulto, ¿acaso no comete muchos más pecados? Como la gente es fundamentalmente malvada, Dios no puso Sus esperanzas en que la gente se hiciese virtuosa con la edad. Por eso Dios Padre abrió el camino para que nos convirtiésemos en santos al creer en la justicia de Jesucristo, Su Hijo. Solo el Hijo de Dios es verdaderamente bueno, y solo Él ha cumplido las acciones justas para salvarnos del pecado. Dios nunca esperó que los cristianos actuales fueran justos a través de la santificación incremental. Sin embargo, como seres humanos solemos esperar: “Mejoraré con la edad”. Pero, aunque tenemos estas esperanzas falsas, Dios no las tiene. Por tanto, en vez de tener esperanza en nuestras acciones pensando que mejoraremos con la edad, debemos poner nuestra esperanza en Jesucristo, quien ha salvado a la humanidad que no puede evitar pecar durante toda la vida. Dios Padre nos está diciendo que debemos poner nuestras esperanzas en el poder de la Verdad que Su Hijo ha cumplido al tomar todos los pecados del mundo para siempre a través de Su bautismo recibido de Juan el Bautista en el Río Jordán, y al morir en nuestro lugar en la Cruz.
Queridos hermanos, ¿tienen un corazón agradecido hacia Jesucristo? Si no tuviésemos la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu que nos dio Jesús, habríamos sido destruidos como pecadores. Se dice en el Libro de Hebreos: «Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» (Hebreos 9:27). Pero la gente sigue diciendo con dudas: “Hay muchas personas malvadas en este mundo, si Dios existe de verdad, ¿por qué deja a estas personas seguir viviendo?”. ¿Creen que somos diferentes a estas personas? Sinceramente todos somos pecadores más malvados que esta gente. Debemos meditar acerca de la Palabra del Señor: «El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella» (Juan 8, 7). No somos diferentes de estas personas que cometen adulterio porque el Señor dice: «Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón» (Mateo 5:28).
Una vez visité una prisión para predicar el Evangelio a los prisioneros. Entre ellos había uno que había cometido un crimen horrible pero era tratado como un hermano mayor a pesar de su edad. También había personas en el corredor de la muerte que eran tratadas con la mayor cordialidad. Los prisioneros le trataban como un hermano mayor porque nadie sabía cuándo moriría después de haber recibido la pena de muerte.
Si les preguntan qué tipo de crimen han cometido, contestarán que no han cometido ningún pecado. Aunque hay personas que admiten haber cometido un crimen, la mayoría se inventa una excusa para decir que no fue su culpa sino una circunstancia inevitable. Sin embargo, después de conocerme y escuchar la Palabra, empezaron a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y reconocieron que habían sido personas malvadas que cometieron muchos pecados grandes ante Dios. Todo el mundo distingue a los que han cometido pecados graves como pecadores graves y a los que han cometido pecados pequeños como pecadores leves, pero Dios los ve a todos iguales. Solo acepta a los que creen en el verdadero Evangelio como justos. En otras palabras, el hecho de que podamos vivir en este mundo ahora mismo es gracias al Evangelio del agua y el Espíritu que Jesús nos dio.
Según la ley Romana, durante los días de Jesús, la gente que cometía los pecados más horrorosos moría crucificada. Jesús también murió clavado a una Cruz por los soldados romanos, pero ¿qué tipo de pecado cometió mientras vivía en este mundo? Jesús nunca cometió ningún pecado en Su vida aquí en la tierra. Pero, en cuanto a nosotros, ¿hemos cometido pecados después de nacer en este mundo? Todos hemos pecado en un momento u otro? Pero Jesucristo nunca cometió ningún pecado, ni una sola vez.
Por eso Dios olió el aroma suave que subía del holocausto de los animales y aves puros y dijo: “Nunca más juzgaré al mundo por su maldad”. Y dijo: “Pero lo único que juzgaré ahora son los pecados de los que no creen en la obra justa que ha hecho Jesucristo, Mi Hijo”. Dios había cambiado a los receptores de Su juicio. Queridos hermanos, ¿lo entienden? Dios había cambiado la manera de cumplir Su justicia, aunque no cambio las normas para los pecados de la gente. De la misma manera en que la gente de los días de Noé era juzgada por no tener fe en la Palabra de Dios, incluso ahora, la gente que no cree en el bautismo de Jesús, el Hijo de Dios, y Su derramamiento de sangre, sufrirá el juicio por esos pecados. Jesús vino a este mundo, y para salvarnos de nuestros pecados al tomarlos sobre Su cuerpo, fue bautizado. Al derramar Su sangre en la Cruz, fue juzgado en nuestro lugar. Entonces, al tercer día después de Su muerte, resucitó y ahora está sentado a la derecha de Dios Padre.
Entonces, ¿de qué dependerá el factor que decide si recibimos el juicio por nuestros pecados ante Dios? Depende de la fe de nuestro corazón; depende de si creemos en Jesucristo o no, el Hijo de Dios Padre, que nos salvó de los pecados del mundo al venir a este mundo, ser bautizado por Juan el Bautista y derramar Su sangre. El bautismo que Jesús recibió y Su derramamiento de sangre en la Cruz fue suficiente para limpiar nuestros pecados. Por tanto, para todos los que creen que el Evangelio del agua y el Espíritu que nos dio el Señor, el juicio de los pecados ya ha pasado y nunca recibirán el juicio de nuevo. Sin embargo, los que se niegan a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu del Señor serán juzgados por sus pecados ante Dios y serán enviados al infierno. Esto se debe a que han rechazado la misericordia y el amor de Dios. Dios ha establecido que la gente nazca y muera una vez. Pero debemos reconocer que hay un juicio después (Hebreos 9:27). Una persona que cree en Jesucristo como el Salvador entrará en el Reino de Dios solo después de convertirse en una persona sin pecados. Pero una persona que niegue el Evangelio del agua y el Espíritu que fue cumplido por Jesucristo será juzgada por sus pecados y arrojada al infierno.
En la Cruz Jesucristo recibió el castigo más duro en el mundo por nuestros pecados. Recibió Este castigo por el pecado en la Cruz por nosotros al tomar todos nuestros pecados mediante Su bautismo. Éramos personas que solo tenían deseos malvados y cometían pecados según los deseos de la carne ante Dios. Pero hemos recibido la salvación de los pecados porque Jesucristo, el Hijo de Dios, recibió el juicio en la Cruz después de tomar todos nuestros pecados en el Río Jordán.
 
 
Justo antes del diluvio de Noé, todos los animales escogidos entraron en el arca
 
Dentro del arca había elefantes, simios, ciervos, cabras, búhos, palomas, etc. También estaba la familia de Noé. Ellos eran seres humanos. Todos merecían el juicio justo de sus pecados si no hubiesen creído en la Palabra de Dios basada en la justicia de Dios. Pero Dios había prometido que los salvaría a través de Su ofrenda por el pecado. En otras palabras, al ofrecer estos animales y aves puros a Dios, Dios dijo que nunca más los juzgaría al oler el aroma suave que subía de estos sacrificios. Todos los animales, aves y personas pudieron sobrevivir gracias a estos holocaustos. Es decir, nosotros podemos vivir gracias a Jesucristo, la sustancia del animal puro, quien recibió el bautismo y sufrió derramando Su sangre en la Cruz. Esta es la revelación del holocausto que Noé ofreció a Dios; incluso esos animales y personas que eran impuros pudieron recibir la salvación gracias a las ofrendas de Noé. Esta es la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Son personas virtuosas ante Dios? ¿O son malvadas? Somos fundamentalmente malvados. Esto no significa que esté bien hacer el mal a propósito. Aunque seamos malvados fundamentalmente, podemos vivir por fe porque hemos recibido la remisión de nuestros pecados por fe en el bautismo de Jesucristo, quien nos salvó de todo el mal. Aunque no podamos seguir viviendo con virtud en nuestras acciones, en nuestros corazones podemos hacer cosas que complazcan al Señor porque hemos recibido la salvación al tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, y al seguir al Señor de la salvación con nuestros corazones. Hemos recibido la salvación porque creemos en el Salvador Jesucristo, quien tomó todos nuestros pecados y sufrió en nuestro lugar como sacrificio.
Queridos hermanos, Noé había ofrecido animales en el altar a Dios, y el altar de los holocaustos es un lugar donde se juzgan los pecados. El altar de los holocaustos es el lugar donde se ofrecen sacrificios quedamos. Como los animales puros murieron como sacrificio en aquel entonces, todos los animales impuros pudieron vivir. De la misma manera, debemos recordar que pudimos vivir porque Jesús, que es santo y puro, tomó todos los pecados del mundo mediante Su bautismo y murió en la Cruz al derramar Su sangre. Dios es Santo. Y como Dios es santo no puede permitir la suciedad de los pecados y por eso tiene que juzgarlos.
Este mundo está lleno de pecados y nosotros somos fundamentalmente malvados. Por tanto, Dios tenía que juzgarnos, pero en vez de juzgarnos por nuestros pecados, Dios nos salvó de todos ellos al hacer que Su Hijo recibiese el bautismo mediante el cual todos los pecados fueron pasados a Él y así los redimió juzgando al Hijo de Dios en nuestro lugar. Debemos recordar que nuestros pecados habían sido pasados a Jesucristo. Y también debemos recordar que Jesucristo había tomado todos nuestros pecados, que era el que recibió el juicio por esos pecados en nuestro lugar. ¿Me entienden? Debemos recordar la justicia de Dios y Su amor inmenso. Asimismo, Dios envió a Su Hijo, y a través del sacrificio de Su Hijo, juzgó todos nuestros pecados y no nos juzgará más. Debemos recordar y creen en esta Verdad.
Dios no tiene ninguna esperanza en las obras de ningún ser humano, ni siquiera una poca. Dios es justo. Por tanto, tuvo que juzgar sin falta todos los pecados que la gente comete desde su nacimiento. Y por eso Dios aceptó a los animales puros en nuestro lugar en el altar de los holocaustos, y entonces decidió no juzgar a nuestros pecados. Por tanto, la muerte justa de Jesucristo es nuestra muerte. Y según Su promesa: “Nunca volveré a destruir a los seres vivos como he hecho”, gracias a los holocaustos de estos animales y aves puros, toda criatura viva en este mundo no será destruida. Debemos creer en esta Verdad.
Entre las obras que Jesucristo hizo después de venir a este mundo, las tres siguientes son las más importantes; primero el hecho de que está perfectamente limpio y puro y vino a este mundo. Para salvar a toda la humanidad, Jesús vino a este mundo en la imagen de un hombre del cuerpo de una virgen. Y en segundo lugar, Jesús, que nunca había pecado, tomó todos los pecados de este mundo de Juan el Bautista, el representante de toda la humanidad. De esta manera Jesús se convirtió en un pecador durante un tiempo al tomar los pecados del mundo ante Dios. Y en tercer lugar, Jesús nos salvó de todos los pecados al recibir en nuestro lugar el juicio más terrible por toda la gente del mundo.
Después de que Jesús muriese en la Cruz, Dios resucitó a Su Hijo muerto e hizo que se sentase a la derecha de Su trono. La resurrección de Jesucristo fue para salvar a la gente que cree en la justicia de Dios. Nosotros no morimos una vez y después desaparecemos, sino que vivimos de nuevo. Por eso Dios había establecido el sistema de sacrificios para salvarnos de los pecados. Nos lleva a los que creemos en Jesús y en el Evangelio del agua y el Espíritu al Reino eterno de Dios; pero juzga a los que no creen en la justicia de Dios. Para salvarnos a los que creemos en la justicia de Dios, Jesucristo, el Hijo de Dios, nos salvó al venir a este mundo, fue bautizado por Juan el Bautista, derramó Su sangre en la Cruz y fue resucitado de entre los muertos. Debemos creer claramente en la justicia y el amor de Dios.
 
 
Debemos conocer el plan de Dios
 
Debemos conocer y creer en el plan de Dios que nos salvó de todos los pecados del mundo a través de Su Hijo Jesucristo. Si leemos el Libro de Efesios 1, veremos estas Palabras: «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad» (Efesios 1:4-5).
Dios no juzgó a los animales impuros a través de los sacrificios de los animales y aves limpios. Debemos darnos cuenta de esto. Él dijo que incluso antes de la fundación del mundo, Dios nos había escogido en Cristo. Y en Su corazón Dios ha planeado salvarnos a estos pecadores tan débiles y malvados como nosotros para hacernos hijos Suyos; cuando nos convertimos en hijos Suyos, nos hacemos justos y sin culpa en Su amor y podemos recibir todas las bendiciones que nos da. Lo que estoy diciendo es que el corazón de Dios es así. Dios había planeado hacernos personas benditas. Estas es la base sobre la que podemos creer en Dios.
Si no conocemos el plan de Dios, por lo menos podemos creer en la obra de salvación que ha hecho. Sin embargo, si no conocemos el plan de Dios, no podremos creer y empezaremos a pensar: “¿Por qué hizo esto Dios? ¿Por qué lo hizo?”. Si miramos el libro de Efesios 1:4, veremos este pasaje: «En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad». La voluntad de Dios Padre es la siguiente: Dios Padre quería hacernos Sus Hijos a través de Su Hijo. Y por eso decimos que Dios es Misericordioso, Omnisciente, Omnipotente y Omnipresente y por eso le llamamos el Dios del Amor y el Salvador.
Nos hemos convertido en hijos de Dios después de recibir la salvación de todos nuestros pecados al creer en la justicia de Dios. Este es el don y la bendición de Dios. Dios nos dio el don de la salvación gratuitamente a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad de la salvación que nos permite convertirnos en hijos de Dios. Por eso alabamos a Dios de todo corazón, dándole gracias por la justicia que ha cumplido por nosotros. Estamos alabando la obra benevolente de Dios que nos ha salvado. Pero no podemos evitar estar agradecidos por la razón por la que nació En este mundo y por la salvación con la que nos ha salvado.
¿También ustedes piensan por qué han nacido en este mundo? Yo sé que ustedes también han sido personas que han intentado quitarse la vida y dejar este mundo temprano. Sin embargo, tenemos suerte de haber vivido lo suficientemente para conocer y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si muriésemos y recibiésemos el juicio de Dios sin haber recibido la remisión de nuestros pecados, seríamos enviados al lago eterno de fuego y azufre. Es un lugar donde el gusano nunca muere y todo el mundo se quemará y estará lleno de sal (Marcos 9:48-49).
La Palabra de Dios se cumplirá por completo en cuerpo y espíritu. Dios no nos habla con exageraciones. La gente va que va al Cielo es la que cree en Jesucristo y el Evangelio del agua y el Espíritu. La gente que todavía tiene pecados en sus corazones por no creer en el Evangelio del agua y el Espíritu será destruida.
Leamos el Libro de Efesios 1:7-9: «En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo». Siguiendo en el versículo 11 leemos: «En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad». Nuestra salvación se ha cumplido completamente según la voluntad de Dios. Dios quiso hacernos criaturas Suyas y convertirnos en Sus hijos. Por eso Dios nos hizo Sus hijos a través de Su Hijo.
Algunas personas dicen: “Mientras vayas a un lugar celestial, sea cual sea la religión en la que crees, ¿no es eso todo lo que importa?”. La gente puede pensar así, pero la obra de Dios de salvarnos de los pecados se ha cumplido por Su voluntad. El plan de Dios era que quien creyese en la salvación de Su Hijo se convirtiese en Su Hijo. Por eso el Señor dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Él dijo: “No penséis por vuestra cuenta. Sin creer en Jesús no podéis entrar en el Cielo”. Sí, esto es cierto. Sin tener fe en Jesús nadie puede nacer de nuevo ni convertirse en hijo de Dios. Esto es lo que Dios ha establecido.
Algunos teólogos que estudian la Biblia dicen que solo los que creen en Jesús ahora han sido escogidos por Dios, pero eso no es cierto. No es cierto que solo los que creen en Jesús hayan sido predeterminados para recibir la salvación de Dios. Dicen que si una persona cree en Jesús esta persona ha sido escogida, pero si no cree en Jesús es una persona que no ha sido escogida. Pero la Biblia no dice eso. La Biblia dice: «(Dios) el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Timoteo 2:4), y dice: «En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo» (Efesios 1:11-12). Nuestra fe no es lo primero, sino que lo primero es que Dios Padre eliminó todos nuestros pecados en Jesucristo. Dios hizo que, cuando Jesús eliminó todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, si creemos en esta Verdad podemos recibir nuestra salvación. Esta es la predestinación establecida por Dios.
Queridos hermanos, ¿viene Dios primero? ¿O viene los seres humanos primero? Dios viene primero. ¿Es el plan de Dios primero? ¿O es la fe del hombre primero? El plan de Dios es primero. La verdad es que hay un orden. Dios estableció Su plan. Dios ha salvado a toda la gente con Su Hijo y ha hecho que los que crean en este Hijo se conviertan en Sus Hijos. Esta era la voluntad de Dios y Su plan. Según la predestinación de Dios, nos hemos convertido en hijos de Dios al entrar en ese plan por fe. No es que nos hayamos convertido en hijos de Dios y en miembros de la Iglesia nacida de nuevo entra tanta gente porque seamos más listos que otros. La única diferencia es que hemos creído primero en lo que Dios decidió y cumplió para salvarnos. Si hay una diferencia entre nosotros y los que han nacido de nuevo de nuevo, es que Dios nos ha guiado en Jesucristo para entrar en la Iglesia de Dios, que es Su cuerpo, y que hemos seguido Su liderazgo.
Muchas personas hoy en día tienen muchos pensamientos propios. Por tanto, tienen que separar los pensamientos erróneos y deshacerse de ellos. Muchas personas dicen: “Voy a la iglesia y por lo tanto he sido escogido. Y como esa persona no cree en Jesús y sigue bebiendo alcohol, no ha sido escogida”. Estos son nuestros propios pensamientos y no la voluntad de Dios. El corazón de Dios quiere que esa persona se convierta en hija de Dios al tener fe en Jesucristo. Jesús eliminó todos los pecados de la humanidad sin discriminación. Queridos hermanos, ¿creen?
Dios olió el aroma suave de los animales y aves puros sacrificados en el altar de los holocaustos y dijo: «Nunca más volveré a maldecir el suelo por culpa del hombre». Dijo que no esperaría que los seres humanos se hiciesen justos con sus propios esfuerzos porque las imaginaciones de sus corazones son malvadas desde su juventud. Aún más, dijo que desde ese momento pondría Sus esperanzas en Su Hijo. Por eso envió a Jesús a este mundo. Y como Jesús obedeció la Palabra de Dios, pudimos recibir la salvación.
Antes de morir en la Cruz, Jesús tomó todos los pecados del mundo al recibir completamente el bautismo en el río Jordán. Antes de morir en la Cruz, Jesús oró en el Jardín del Getsemaní: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mateo 26:39). En ese momento Jesús ya había tomado todos los pecados del mundo en el Río Jordán antes de ser crucificado. Jesús conocía la voluntad de Su Padre. Por eso después de orar al Padre dijo: “¿Puedo evitar esto? Padre, si es posible, haz que pase esta copa de mí”. Entonces Jesús dijo: «Pero no sea como yo quiero, sino como tú». Esto significa: “Obedeceré si este es el Plan de Dios para salvar a todas estas personas malvadas recibiendo el juicio completo en la Cruz. Aunque nunca haya pecado, he tomado todos los pecados del mundo. Ser clavado a la Cruz y sufrir ese dolor es horroroso, pero obedeceré Tu voluntad”. Como Jesús sabía lo grande que sería la agonía de la pasión en la Cruz, oró al Padre para que esa copa le pasase durante un momento, pero al final Su corazón se calmó y deseó que se cumpliese el plan de Su Padre. Y así entregó Su cuerpo a los soldados romanos y renunció a Sí mismo. Jesús renunció a Sí mismo de esta manera al obedecer la voluntad de Su Padre para salvar a todos los malvados de este mundo. Al hacer esto, Jesucristo se convirtió en mi Salvador y en el suyo.
Dios había planeado salvarnos al oler el aroma suave de los animales puros sacrificados. Debemos conocer el corazón de Dios Padre. Y debemos creer en esto. ¿Piensan que conocen el corazón de Dios Padre? ¿Creen en este corazón? ¿Creen en que en el Río Jordán, Jesucristo tomó todos los pecados que cometemos durante todas nuestras vidas? ¿Creen en que Jesucristo sufrió en nuestro lugar el juicio en la Cruz por nosotros? ¿Creen en que Dios resucitó a Jesucristo para devolvernos la vida como hijos de Dios? Creer en la voluntad de Dios Padre es la verdadera fe, y el Evangelio del agua y el Espíritu es la verdadera Palabra que nos hace hijos de Dios. Ahora debemos confiar en el corazón del Padre y por fe estamos trabajando para darnos cuenta de la voluntad de Dios Padre. La voluntad de Dios se cumplirá dentro de ustedes como se hizo en el Cielo. Ahora la voluntad de Dios se ha cumplido dentro de nosotros.
¿Somos malvados? ¿O no lo somos? Aunque seamos malvados, hemos recibido la salvación al tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si esto es así, ¿en qué nos basamos para recibir esta salvación? Hemos recibido esta salvación por el sacrificio de animales limpios y aves limpias. Lo que esto significa es que hemos sido salvados gracias a Jesús. Aunque seamos malvados hemos recibido la salvación gracias a Jesús. Queridos hermanos, ¿creen en esto? Alabo al Señor.
No hay nada más que hacer. Si se dan cuenta de que son malvados, estarán agradecidos por la salvación que el Señor nos ha dado; pero si no se dan cuenta de que son malvados, no estarán agradecidos por esa salvación. Por eso Jesús dijo: «Porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, al arrepentimiento» (Mateo 9:13). Jesús está diciendo que vino a llamar a los que se dan cuenta de lo malvados que son.
Deben darse cuenta de lo malvados que son. Somos verdaderamente malvados. Si Jesús no hubiese venido a este mundo, todos habríamos sido destruidos por merecerlo. Pero a pesar de esto Dios se apiadó de nosotros al enviar a Jesucristo a este mundo para salvarnos. Somos muy afortunados. Por la gracia de Dios Padre, Jesús y el Espíritu Santo, hemos recibido la salvación y nos hemos convertido en hijos de Dios. Quiero que tengan esto en cuenta. Hablo del hecho de que Dios tuviese un plan según Su voluntad y cumpliese ese plan por el Evangelio del agua y el Espíritu a través de Jesucristo y ahora seamos justos al creer en ese Evangelio. No solo ustedes son malvados, sino que yo también lo soy. Sin embargo, gracias a Jesucristo, no tenemos que recibir este juicio.
Estoy muy agradecido al Señor por cumplir la justicia de Dios en nosotros.