The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 13-2] < Génesis 13:1-18 > El Señor está con los que han centrado sus corazones

< Génesis 13:1-18 >
«Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro. Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová. También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar. Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda. Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra. Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro. Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera. Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré. Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová».
 
 
Sé que todas las Palabras escritas en la Biblia son las que Dios nos da a nosotros hoy, y creo en esto.
En el pasaje de las Escrituras de hoy dice: «Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro» (Génesis 13:1-2). Cuando Abraham se fue de su tierra con su sobrino Lot, recibió mucha más riqueza gracias a su mujer Sara. Pero, debido a esta riqueza tan grande, surgió un problema entre él y su sobrino. En ese momento los dos hombres eran ganaderos, y a medida que creció su rebaño, la tierra donde pastaba se quedó pequeña. Lot pensaba que su tío Abraham estaba ocupando demasiada tierra y decidió dejarle. Entonces, ¿qué le dijo Abraham, nuestro padre de la fe, a Lot? Dijo: «Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda» (Génesis 13:9). Mirando lo que está escrito aquí podemos ver cómo era la fe de Abraham y la fe de Lot. La fe de estos dos hombres era diferente y por tanto no pudieron vivir en la misma tierra juntos. Su destino fue irse por caminos diferentes.
 
 
La gente de fe quiere vivir junta
 
Los que hemos recibido la remisión de los pecados en nuestros corazones al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden estar en una situación similar a la de Abraham. Aunque vivamos juntos en este mundo con personas que no han recibido la remisión de los pecados y sigamos predicándoles este Evangelio, es muy posible tener este mismo tipo de relación conflictiva, y por eso no podemos vivir con ellas, de la misma manera en que Abraham y Lot se pelearon por su ganado. Hay una gran diferencia entre los que tienen como meta predicar este Evangelio de Dios, es decir, la gente como Abraham, y los que buscan las cosas materiales como Lot. El principio puede ser el mismo o similar. Pero más tarde en su vida serán diferentes y no podrán vivir juntos.
Lo mismo pasa con la gente que vive dentro de la Iglesia de Dios. Por una parte encontramos a personas que buscan al Espíritu predicando el Evangelio del Señor, pero otras personas, hagan lo que hagan, buscan el dinero y los deseos carnales. Estas personas que han recibido la remisión de los pecados pueden vivir juntas, pero esto depende de si pueden unir su voluntad y del estado de su fe. Esto es igual que cuando Abraham y su sobrino Lot se separaron por su fe diferente. Al principio Lot se quedó con su tío porque era bueno para él. Y Lot siguió a Abraham aún más porque aprendió de Dios y creyó en Él por su tío. Abraham no era el que le guió al principio. Pienso que Lot había vivido confiando en su tío, pero cuando Abraham se fue de su tierra, Lot decidió irse con su tío. Reunieron muchas riquezas materiales después de irse de su tierra. En otras palabras, se hicieron ricos. Era como si Lot hubiese cumplido sus sueños y ya no necesitase seguir a su tío. Su tío se había convertido en un obstáculo para sus objetivos.
Ante esta situación insostenible, Abraham le dijo a Lot: «Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda» (Génesis 13:9). Cuando leemos estas palabras, pienso que el corazón de Abraham ya estaba decidido y sabía que no podía seguir con Lot. Y por eso, Lot dejó a Abraham y se fue a la tierra de Zoar. Y Dios dijo: “En aquel entonces, en la tierra de Zoar, la gente era muy malvada” y “Eran terribles pecadores ante Dios”. Como estas Palabras de Dios, Lot se convirtió en el predecesor de la gente que buscan las cosas materiales.
Por eso Dios dijo que juzgaría a la tierra de Zoar, pero Lot fue allí y vivió entre la gente de Zoar. Cuando pasó el tiempo y Dios estaba a punto de destruir la tierra de Zoar, es decir, la tierra de Sodoma y Gomorra según Su promesa, salvó a Lor y a su mujer y sus hijas. Pero la mujer de Lot, que no creyó en la Palabra de Dios, miró hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal. ¿Qué les pasó a las hijas que se fueron con él? Que tuvieron relaciones sexuales con su padre para asegurar su descendencia. Y sus descendientes se convirtieron en los moabitas y los amonitas que se levantaron contra Israel durante mucho tiempo. Entre las naciones que se levantaron contra los israelitas, los peores enemigos fueron los moabitas y amonitas. A través de los orígenes de estas dos tribus gentiles, Dios nos está diciendo cuál será el resultado de los que persiguen las cosas materiales.
 
 
¿Cuál es el objetivo de su vida?
 
Nosotros hemos empezado nuestra vida de fe al servir este Evangelio del Señor. Aunque empezamos en este camino correcto, debemos pensar constantemente “¿Cuál debe ser el objetivo de mi vida?”. Si el objetivo de una persona son las cosas materiales solamente, esta persona solo buscará oportunidades para recibir cosas materiales. Cuando tenga riqueza suficiente empezará a deshacerse de su fe y sus creencias por muy valiosa que sea. Si esto es así para nosotros, cuyo objetivo es el servicio del Evangelio y seguir al Señor, ¿qué tipo de acción debemos escoger? Debemos alejarnos de estas personas. Abraham le dijo a Lot: “Si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; o si tú vas a la derecha, yo iré a la izquierda”. Este tipo de actitud es la fe verdadera.
Cuando Abraham se dio cuenta de cómo era el corazón de Lot, vio que la fe de Lot se había acabado. Lot, que estaba en conflicto con Abraham por perseguir las cosas materiales, probablemente mostrase su deseo de separarse. Aunque no lo hubiese dicho directamente, probablemente buscaba una oportunidad porque le había dicho anteriormente a su tío que se quería ir. Después de ver este comportamiento, ¿qué le dijo Abraham, nuestro padre de la fe? Dijo: “Por favor, sepárate de mí”. No dudó, sino que le dijo claramente que se separase de él. “Puedes tomar la decisión. Mira toda esta tierra, Lot, si vas a la izquierda, entonces yo iré a la derecha. Si escoges el lugar más alto, yo iré al más bajo; o si vas a las llanuras, yo iré a la montañas”. Entonces Lot escuchó estas palabras de Abraham y tomó esa oportunidad para escoger la tierra de Zoar.
Entonces la tierra de Zoar era muy fértil. En el pasaje de las Escrituras de hoy se describe como un lugar que estaba bien regado como la tierra de Egipto. Esto significa que esta tierra era muy fértil. Como Lot tomó la tierra fértil, Abraham tuvo que dejarlo allí e irse a la montaña. En otras palabras, Lot le dijo que tomaría esa tierra porque lo pensó bien. Aunque Abraham y Lot habían estado juntos, se separaron al final porque Lot tenía sus planes.
Cuando se fue su sobrino, Dios se le apareció a Abraham y le dio bendiciones y gracia diciendo: «Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada» (Génesis 13:14-15). Dios es fiel a los que le son fieles.
Les debo decir que he pasado por muchas dificultades mientras sirvo al Evangelio. La verdad es que a veces me abrumaba y pensaba: “¿No puedo vivir por mi carne con toda comodidad?”. Pero si los nacidos de nuevo no tienen como meta predicar el Evangelio, ¿cómo van a pasarlo bien en este mundo? Si intentamos comer y vivir bien solo por nosotros mismos, ¿para qué vivimos? Todo lo que debemos hacer es tener éxito en ciertos ámbitos y vivir bien. Y después de amasar riquezas conducir un coche lujoso y viajar por el mundo jugando al golf con un par de secretarias. Por supuesto, esto es posible solo cuando Dios da permiso. No es algo que se pueda hacer así como así. Si Dios no nos da abundancia. ¿qué pasará? Con una botella de licor en un bolsillo iríamos de un lado a otro, haciendo ruido y al final viviendo a la intemperie moriríamos de hipotermia y saldríamos en el periódico. Así la noticia diría: “Un hombre se murió de frío por dormir en la calle”. Si los nacidos de nuevo no tienen una meta buena en sus vidas, acabarán muriendo así.
 
 
Debemos establecer nuestros objetivos bien
 
Sean quienes sean, los seres humanos son todos insuficientes y la carne es débil. Somos así. Sin embargo, dependiendo del objetivo de nuestras vidas, podemos ser fuertes. Podemos superar todas las dificultades mientras perseguimos esa meta. Todo el mundo pasa por situaciones difíciles. Y esos momentos difíciles se pueden multiplicar incluso en un día. Pero si una persona tiene el objetivo claro de vivir por el Evangelio de Dios en su corazón, entonces Dios le dará fuerzas para pasar por esas dificultades y le dará bendiciones. Permitirá que estas personas de fe pasen por los momentos más críticos. Solo Dios puede hacer esto; ¿hay alguien que tenga el poder de superar todos sus problemas sin esfuerzos humanos? No. Los seres humanos no son nada ante Dios.
Les pregunto a nuestros ministros, colaboradores y colaboradoras, y a nuestros hermanos y hermanas: “¿Tienen una meta establecida? ¿Han decidido vivir por el Evangelio del Señor?”. Lo mismo les pregunto a nuestros creyentes laicos. Si no deciden hacer esto, serán como Lot, como podemos ver en el pasaje de las Escrituras de hoy.
¿Qué les pasa a los que solo tienen su propio objetivo carnal y solo persiguen este objetivo? Que serán como Judas Iscariote que vendió a Jesús. El final de una persona así es la destrucción. Queridos hermanos, esta es la verdad. No les estoy obligando a ser personas espiritualmente perfectas. Todo lo que les pido es que tengan un objetivo claro en su vida, como Abraham, quien creyó en la Palabra de Dios y la siguió. Les pido que tengan esta misma fe, de la misma manera en que Abraham creyó que Dios le había preparado un lugar para vivir y que le guiaría a este lugar.
En el Libro de Hebreos leemos: «Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11:8-10). Abraham se había decidido desde el principio, pero su sobrino Lot no lo hizo, aunque siguiese a Abraham. Al principio siguió a Dios según la situación en la que se encontraba, pero cuando las cosas le fueron mejor dejó a Abraham. Pudo haberse ido por pequeños problemas o por aburrimiento. Pero la verdad es que Lot dejó a Abraham, su líder espiritual.
Hay un hermano en nuestra Iglesia que dirige nuestro coro. En estos últimos días de fiesta, lo he visto irse a casa solo, dejando a su mujer. Ha decidido dejar esta Iglesia e irse por su camino. Así que decidí hablar con su mujer y le dije que cogiese sus cosas y se fuera con él. Ella me dijo que no pasa nada en su relación. Entonces le pregunté por qué estaban viviendo separados, y ella me dijo que quería servir al Evangelio aquí. Así que para terminar le dijo: “No necesitas estar aquí. Vete con tu marido rápidamente. Aunque digas que las cosas están bien, puede haber un gran problema más adelante, así que vete con tu marido ahora mismo. Una mujer debe seguir a su marido”. Pero incluso después de esto hubo varios incidentes. Al final la mujer se fue con su marido y todo salió bien. Ahora al parecer están viviendo felices en la misma casa y en armonía.
Como esta pareja hay muchas personas que están dejando este Iglesia. Así que la pregunta es, ¿por qué deja de hacer la gente la obra de predicar este Evangelio del Señor? Esto se debe a que, como Lot, no tienen la meta de hacer la obra de Dios, sino de conseguir cosas materiales. Piensan que deben dejar la Iglesia de Dios y ganar dinero porque quieren vivir bien en este mundo. Por supuesto, les puede salir bien, pero hay más posibilidades de que les salga mal. Si la gente solo se preocupa de su bienestar carnal los resultados serán obvios.
Algunos santos dicen que es duro quedarse en la Iglesia, pero ¿qué vida no es difícil? Todo estilo de vida es duro. Si salen al mundo, ¿creen que la vida será fácil? No es así. Por supuesto, sé muy bien que están trabajando duro aquí dentro de esta Iglesia. Pero les puedo decir esto con toda seguridad: “Cualquier tipo de trabajo que hagan en la sociedad será más difícil y agonizante que el trabajo de la Iglesia”. Los que han tenido trabajos en el mundo lo saben bien. Hagan lo que hagan, ya repartan botellas de gas, trabajen en una oficina con un sueldo o tengan una pequeña empresa, todo es muy difícil. Algunas personas pueden abusar de ustedes, les pueden pegar con cuadernos o libros y reírse de ustedes. Por supuesto, para algunas personas todo va bien, pero una cosa es cierta, que no hay una sola persona que no pase por dificultades en su vida.
 
 
¿Han fijado su corazón por fe?
 
No voy a hablar mal de las personas que han abandonado la Iglesia del Señor. Pero quiero decirles esto claramente: los que estamos reunidos aquí, ¿hemos fijado nuestros corazones? ¿Han fijado sus corazones para vivir por el Evangelio del Señor hasta que vuelva el Señor? Si no es así, se encontrarán en una situación precaria, pensando: “Ahora mismo esta es mi situación, así que no tengo otro remedio que quedarme en esta Iglesia, pero en cuanto tenga un poco de dinero me iré de esta Iglesia”?
Queridos hermanos, si van a irse de esta Iglesia, háganlo rápido por favor. ¿Piensan que la obra del Señor no va a ir bien porque se hayan ido? No es así. Los que se hayan ido pueden vivir por su cuenta. No tengo nada que decirles. En cualquier caso, Dios juzgará a estas personas y recompensará a los fieles. Esto es lo que hará Dios. Pero aquellos que se quedan aquí tienen que servir al Evangelio aún más, mientras los que se han ido pueden vivir por lo que ellos quieran como bestias que perecerán.
Entonces, ¿por qué creen que hablo así con las venas que se me hinchan? Porque si la gente piensa tranquilamente en la meta de sus vidas durante tiempos tranquilos, no se va a de la Iglesia tan fácilmente. Se separan del Señor porque han estado calculando sus ganancias y sus pérdidas de su vida en la iglesia, sin haber fijado sus corazones en tiempos normales. Esto se debe a que, digan lo que digan los siervos del Señor, no meten estas palabras en sus corazones para fijar su objetivo claramente. Aunque quieran servir al Evangelio, en realidad piensan: “Si me llega una oportunidad ideal, me iré rápidamente para encontrar la manera de vivir bien”. Y cuando se encuentran con problemas en sus vidas, dejan al Señor y no pueden negar sus pensamientos carnales. Más tarde les entra el sentido común y se arrepienten y confiesan que no sabían lo que hacían. Por tanto, estoy diciendo que debemos pensar en esto ahora, mientras estamos en la Iglesia en paz. Estoy diciendo que deben pensar en esto cuando sus corazones están cómodos y no hayan pasado por dificultades.
 
 
¿Han decidido si van a tomar el camino de Lot o Abraham en su corazón?
 
Justo en este momento, cuando no han pasado todavía por muchas dificultades graves, debemos pensar en este mientras seguimos al Señor: “¿Debo vivir esta fe completamente por el Evangelio del Señor? Si no es así, después de haber servido al Señor, ¿debo vivir por mi cuanta cuando las cosas vayan bien?”. Debemos tener esto en cuenta y reflexionar una vez más. Estoy diciendo que debemos calcular el camino correcto y lo que debemos hacer. Y entonces debemos llevar nuestros corazones por uno de estos dos caminos. Solo hay dos caminos: el camino que tomó Abraham y el que tomó Lot. Sin embargo, debemos tener en cuenta que cuando fijemos nuestros corazones debemos pensar: “Iré donde me lleve la Palabra de Dios, como Abraham”. Dios es omnipotente y les guiará y les dará muchas bendiciones.
Pero si no han fijado sus corazones con seguridad, ¿qué ocurrirá? Que Satanás atacará su fe y sus creencias cuando quiera. Al principio este hombre llamado Lot también tenía los mismos objetivos que Abraham. Pero cuando empezó a tener riquezas materiales, dejó a Abraham. ¿Se fue porque lo consideraba su enemigo? No. Dejó a Abraham pensando: “Quiero estar con mi tío, esta tierra es demasiado pequeña para que todo nuestro ganado paste y críe. Así que me iré durante un tiempo. No somos enemigos”. Fue así desde el principio, pero ¿qué pasó al final? Se hizo cada vez más distante y después se convirtió en el padre de los moabitas y los amonitas que se levantaron contra los descendientes de Abraham al final.
Estoy seguro de que entre ustedes habrá algunos que estén viniendo a esta Iglesia contra su voluntad, sin tener elección. Yo también sé que hay algunos que se sientan aquí porque no tienen otra elección debido a sus circunstancias. Pero a pesar de esto tengo que decirles a estas personas que piensen en sus corazones y vivan una vida de fe sin dudar.
Queridos hermanos, ¿qué han decidido en sus corazones? “Este Evangelio es correcto y se debe servir a este Evangelio con todos nuestros corazones y fuerzas. Además, lo correcto es vivir por este Evangelio. Lo correcto es que vivamos dentro de esta Iglesia, recibiendo sus bendiciones y sufriendo sus dificultades. Yo voy a vivir así. De ahora en adelante viviré por Cristo y moriré en Cristo. Ahora mi vida es la vida por Cristo”. ¿Han decidido que su corazón puede ser así por fe? Si no, están pensando: “¿Estoy viviendo así porque no tengo otro remedio? Si cambian las circunstancias, ¿puedo irme?”. Queridos hermanos, debemos mirar en nuestros corazones y examinarlos. Pero la verdad es que hay muchas personas que no han fijado sus corazones todavía, aunque hayan pasado diez años desde que recibieron la remisión de sus pecados. Hay muchas personas así incluso después de diez, quince, veinte o treinta años. Así que debemos decidir ahora mismo por qué objetivo vamos a vivir.
 
 
Orienten sus corazones hacia Dios
 
En realidad, debemos decidir qué corazón vamos a tener: Pueden ser como Abraham diciendo que deben poner su corazón en Dios y vivir así, o como Lot diciendo que van a vivir de esa manera porque están en unas circunstancias difíciles ahora mismo, pero que cuando las circunstancias cambien se irán. Debemos saber que cuando nuestros corazones dejan a Dios, es muy difícil volver. Lo mismo pasa con los colaboradores de nuestro ministerio, incluyendo los pastores y los trabajadores de las misiones. Al principio pueden pensar: “Nunca he sido enemigo tuyo, Pastor Jong. No somos enemigos. Me voy porque soy insuficiente”, pero con el paso del tiempo ese corazón se hace malvado. El diablo captura ese corazón que se ha separado de Dios y más tarde esas personas se convierten en enemigas de Dios para siempre.
Queridos hermanos, piensen en esto una vez más. Como son seres humanos, son todos físicamente débiles e insuficientes, pero piensen que no son los únicos. Pueden considerarse ejemplos de buenos cristianos, pero cuando nuestras circunstancias y entorno cambian y experimentamos dificultades, ¿cuál será nuestra verdadera reacción a estas dificultades? No podemos ser honrados ni dignificados. Entonces debemos admitir que somos débiles y que nuestro corazón puede cambiar en cualquier momento. Así deben fijar sus corazones firmemente. Si han recibido la remisión de los pecados, han vuelto a la vida en Cristo, y han muerto en Cristo y resucitado en Cristo. Entonces, ¿por qué ponen excusas diciendo que están en una mala situación e intentan alcanzar objetivos carnales de ganar dinero? Si viven con los nacidos de nuevo dentro de la Iglesia, sus necesidades básicas, como comer y beber, estarán cubiertas. En realidad los que están viviendo dentro de la Iglesia están viviendo una vida cómoda. Estoy diciendo que todo lo que tienen que hacer es vivir una vida justa sin tener nada de lo que preocuparse.
Los predecesores de la fe han sentado los cimientos para que podamos vivir sin tener problemas siempre y cuando vivamos por el Evangelio. Por eso debemos vivir nuestras vidas de fe en esta Iglesia con mucha más comodidad mientras estemos dispuestos a vivir esta vida de fe correcta. Imaginen una situación en la que tienen que hacer eso para vivir una vida de fe correcta todo el tiempo. “Este es el verdadero Evangelio, pero ese es falso”. Imaginen que tienen que llevar una vida de fe poniendo todos los cimientos. No podrían hacerlo. Como su guía espiritual, les estoy diciendo que si yo estuviese en su lugar, llevaría una vida de fe buena dando las gracias a los predecesores de la fe por poner los cimientos de la Iglesia.
Los cimientos de la Iglesia ya han sido sentados. No tienen que librar batallas con maestros falsos. Si han fijado sus corazones con confianza, pueden vivir por el Señor como quieran porque estos cimientos ya han sido sentados. ¿Cómo podemos vivir una vida de fe sobre esos cimientos? No debemos dejar la Iglesia. Si dejan la Iglesia no podrán llevar una vida de fe correcta. Imaginen qué pasará cuando dejen de ir a la Iglesia pensando: “Aunque no vaya a la Iglesia, mi corazón está siempre en la Iglesia”. Una persona así no puede llevar una vida de fe buena.
Si alguien se separa de la Iglesia de Dios, estará más sucio que nunca y será más malvado que nunca e incluso más agresivo hacia Dios y más exaltado que nunca. ¿Cómo puede alguien vivir esta vida de fe? Por eso Dios les ha dado a la Iglesia y a sus predecesores de la fe. Y a través de estos siervos de Dios, nos está diciendo: “Fijen sus corazones sin dudarlo”. Por eso debemos dar gracias por las bendiciones de Dios a través de las que quiere darnos beneficios. Estoy diciendo esto y al mismo tiempo les pido que no piensen lo siguiente: “Ese pastor siempre está intentando enojarme”. Pero si lo hacen, estarán equivocados. ¿Son adultos que vienen a la Iglesia porque alguien les haya hecho venir? No piensen eso tan infantil. Ustedes siguen a sus líderes simplemente porque el Señor tiene razón y este Evangelio de Dios es correcto.
Por supuesto, hay dificultades cuando seguimos al Señor y Su Evangelio. Una de estas dificultades surge de sus propias debilidades, y la otra de los que están buscando una oportunidad para dejar al Señor en cualquier momento. Incluso en este momento hay algunas personas que están buscando una oportunidad sin haber fijado sus corazones bien. A estos creyentes quiero decirles esta Palabra de Dios: “Fijen sus corazones con confianza. Si no los fijan, serán destruidos”. Puedo decirles esto porque yo vivo fijando mi corazón, pero si no fuese así no podría decirles esto.
¿Cuáles piensan que son los verdaderos motivos de los que vienen a esta Iglesia sin haber fijado sus corazones de esta manera? Ir a la Iglesia de vez en cuando, comer buenas comidas e ir al baño, ya que no los importa si la obra de Dios va bien o no. Mientras no tengan ninguna pérdida física estarán satisfechos. No debemos ser así. El Señor dijo: «Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:10). Piensen en esto una vez más: “¿Estoy teniendo dificultades y agonía por la justicia? ¿O estoy teniendo problemas y agonía por mis propios deseos carnales?”. Cuando hacen esto, podrán saber si son personas espirituales o personas carnales.
Ahora mismo, ¿están en agonía porque la obra de Dios no va bien? Si no es así, ¿están agonizando porque sus cosas carnales no van bien? Les estoy preguntando de qué lado están ahora. Así se dejará bien claro si son como Abraham o como Lot.
Abraham dijo: «Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda» (Génesis 13:9). Abraham pensó que nunca iba a vivir con alguien como Lot porque había fijado su corazón para seguir a Dios. No importaba que fuese su sobrino. ¿Cuál creen que fue la razón? La razón es que Abraham sabía que lo que tenía en el corazón Lot era completamente diferente de lo que había en el suyo. Sabía que Lot se alegraría de que aumentase en número el rebaño de ovejas y cabras y que se levantaría contra Dios si sufriese alguna pérdida, aunque fuera pequeña. Estoy diciendo que el corazón de Abraham y el de Lot eran completamente diferentes.
 
 
La gente como la de Abraham y la gente como Lot
 
Es lo mismo en la Iglesia de Dios. La gente puede ser muy parecida desde un punto de vista carnal, pero sus corazones son muy diferentes. Si alguien es como Lot, cuyo corazón está puesto en este mundo, entonces esa persona no hace su obra ni es un santo fiel. No es nadie. Sin embargo, si alguien cree en el Evangelio de Dios y se dedica a predicar ese Evangelio, es muy diferente, aunque sea una persona horrible y sea propensa a dejarse llevar por los pensamientos carnales a veces. “Como he muerto en Cristo y he vuelto a la vida en Cristo no puedo dejar a Cristo. A veces paso por dificultades cuando tengo pensamientos carnales en mi corazón, pero aunque sea así, no puedo dejar la obra del Señor. Cristo me ha hecho suyo y Su trabajador, y así me ha permitido vivir por la justicia de Dios. Pase lo que pase, no puedo dejar esta obra”. Quien haya fijado su corazón así tiene una fe verdadera, es decir, es como Abraham.
Hay algunos creyentes incluso en la Iglesia de Dios que piensan: “Estoy aquí en esta Iglesia porque mis circunstancias son así, pero si tengo una oportunidad mejor, podré dejar de ir a la Iglesia en cualquier momento”. Pero, ¿qué pasará si tienen dudas? Como Lot en las Escrituras, sufrirán la destrucción al final. Queridos hermanos, por eso debemos fijar nuestros corazones firmemente. Dios es un Dios que busca dentro de los corazones, y no las apariencias externas. Dios lo sabe todo acerca de nosotros. Debemos ser personas espirituales porque incluso ahora Dios está buscando en nuestros corazones. Debemos estar sintiendo gozo y tristeza por la obra de predicar el Evangelio de Dios. Estoy diciendo que debemos sentir gozo y tristeza por nuestras obras espirituales como hacer la obra de salvar a las almas, no buscando las cosas de este mundo.
Pero, ¿cómo es la gente carnal? Siente gozo y tristeza, no por la obra de Dios sino por ella misma. En cuanto a la gente que no ha fijado sus corazones con seguridad ante Dios, sus gozos y penas están determinados por sus propios deseos, y se deprime cuando no consigue estas cosas carnales.
Por supuesto, incluso los que han fijado sus corazones ante Dios no puede dejar de lado estos deseos carnales que salen de ellos porque son humanos. Pero aún así, nuestro objetivo principal es hacer la obra de salvar a otras almas, y es el mayor objetivo de nuestras vidas. Les pido que sean personas que sienten las alegrías y las penas de la vida por la obra de Dios, es decir, personas que sienten gozo a veces, tristes otras veces, cansancio, alegría y disgusto por la obra de predicar este Evangelio. Aunque no podamos hacerlo completamente por lo menos debemos ser personas que sientan gozo y tristeza por la obra de Dios por lo menos con dos tercios de nuestros corazones.
“¿Vivo así porque estoy siguiendo a Dios? ¿Voy a quedarme sin dinero si sigo sirviendo al Señor de esta manera?”. ¿Están pensando así? Entonces intenten vivir en el mundo sudando sangre. Si lo hacen casi ni podrán alimentar a sus familias. No deben pensar que viven así porque estén sirviendo solo al Evangelio, aunque vivan bien en el mundo porque sean versátiles. Piensen en sus habilidades durante un segundo. Los seres humanos no tienen mucho de lo que alardear. Así que les digo lo siguiente a los trabajadores de nuestro ministerio: “Están bendecidos. Por supuesto no todo el mundo es igual, sino que algunas personas van por las calles oscuras borrachas. Otras personas holgazanas ahora no tienen hogar y no pueden alimentarse. ¿Es cierto o no? Si salen al mundo, no tendrán más remedio que vivir así. Pueden acabar viviendo debajo de unos periódicos en portales y estaciones de metro. Pero están viviendo con bendiciones porque por lo menos han encontrado al Señor”. Aunque hay personas que no están de acuerdo con mis palabras, otros ministros sí lo están. Por supuesto, sé que no todos ellos son horribles e incompetentes, pero lo digo porque yo también soy una persona horrible.
Queridos hermanos, si los que seguimos al Señor no trabajamos por la justicia de Dios, ¿qué gozo habrá en nosotros? ¿Para qué viviremos en nuestras vidas? Acabaremos bebiendo y alardeando de nuestro coraje ciego. Lo haremos porque no habrá gozo verdadero en nuestras vidas. La gente de este mundo que no ha recibido la remisión de los pecados vive así. Nadie tiene nada de lo que alardear.
Por supuesto, hay algunas personas que no son así. Me dicen: “¿Sabe cuántas personas en este mundo no son así?”. Pero lo que está claro es que muchas personas de este mundo tienen que estar locas por algo, buscando los gozos de esta vida. Ya sea ayudar a los demás, el alcohol, los cigarrillos, las drogas, el baile, el juego, la pesca, varios deportes o el sexo opuesto, la gente tiene que estar loca por algo, porque de lo contrario no podría vivir. El mundo es así. ¿Qué ocurre si alguien se vuelve loco por una obra que no es justa? Que su alma acabará muriendo en miseria. ¿Es cierto esto o no?
¿Qué piensan nuestros estudiantes de esto? ¿Dicen que no lo saben porque no han pensado en ello? Por un momento, me gustaría hablar a nuestros jóvenes estudiantes. A su edad, deben pensar en el universo y en la historia del mundo. También han llegado a una edad en la que todos pueden pensar en estas cosas bien y juzgar. Como sus sentidos todavía están agudos, pueden juzgar mejor cuando les habla un pastor. Cuando envejezcan, el mundo no les dejará en paz, y no les dará la oportunidad de pensar a fondo en estos asuntos. En realidad, los estudiantes de la escuela secundaria tienen mejor juicio que los universitarios o incluso los adultos. Estoy diciendo que los jóvenes estudiantes pueden averiguar lo que está bien o mal mejor. Cuando una persona llega el nivel de estudios universitarios, esa persona puede pensar con egoísmo o a medias, porque sus pensamientos se han endurecido y han caído en la carne. Por eso quiero que nuestros jóvenes estudiantes decidan rápidamente cómo van a fijar sus corazones por la justicia.
Ustedes dicen: “Es difícil, muy difícil. Seguir al Señor es muy difícil. La obra de predicar este Evangelio es demasiado difícil”. Tienen razón. Todo el mundo está cansado. Sí, hay muchos obreros que se quedan despiertos toda la noche para hacer la obra del Señor. Yo también me he dejado la espalda intentando hacer esta obra. Me han dicho que mis nervios se han estimulado demasiado modificando los borradores de los documentos. Una vez casi morí porque se me inflamó la espalda como un jorobado. Hace mucho tiempo trabajaba toda la noche muchas veces, pero ahora, aunque quiera no puedo. Cuando era joven, trabajaba sin que me importase mi salud, pero ahora, como he recibido buenos tratamientos, puedo hacer la obra del Señor. Como estoy viviendo por el Evangelio del Señor, es decir, porque estoy siendo usado para esta obra tan importante, estoy agradecido al Señor. Estoy agradecido porque me ha permitido hacer esta obra mientras vivo, sin dejarme morir. Pero aunque muriese, estaría agradecido.
 
 
He fijado mi corazón en cada momento importante
 
“Estás cansado porque no has fijado tu corazón. ¿Cómo puedes decir que tu carne está cansada? Ni siquiera hay mucho trabajo hoy en día”. Digo estas palabras a nuestros trabajadores. Primero presto atención a lo que dicen las personas, y si me doy cuenta de que mi decisión es correcta, les digo esas palabras. Entonces algunos contestan: “Tus palabras son correctas. Tu juicio es correcto. Yo soy ese tipo de persona”. Dios dijo que hay personas como Abraham y personas como Lot. Esto es precisamente lo que la Biblia nos dice. Siempre encontraremos personas como Abraham y Lot que han recibido la remisión de los pecados al mismo tiempo. La gente como Lot no ha fijado sus corazones ante Dios, pero la gente como Abraham sí que los ha fijado al creer en la Palabra de Dios y seguirla.
Por supuesto que hay momentos críticos para los que han fijado sus corazones ante Dios. Lo mismo fue verdad en el caso de Abraham, el padre de la fe. ¿Qué paso cuando Abraham y su mujer viajaron a Egipto? El Faraón, rey de Egipto, vio a la mujer de Abraham y quiso tomarla, diciendo que era bella. En ese momento tan crítico, pensando que el rey le iba a matar si dijese que esa mujer era su mujer, Abraham dijo: “Esta mujer es mi hermana” y entonces se la entregó a otro hombre diciendo: “Te deseo que todo te vaya bien, mi hermana”.
Para Abraham ese era su momento crítico. Dijo que su mujer era su hermana porque temía por su vida, ¿qué es esto si no es un momento crítico? Si lo pensamos claramente, Abraham en ese momento no tenía ninguna fidelidad. ¿Acaso un pandillero no protegería a su mujer aunque lo matasen a palos? Por esta razón estoy diciendo que Abraham tuvo sus momentos críticos en muchas ocasiones. Pero, a pesar de todo Abraham confió en Dios. Y por tanto, pudo recibir la salvación de Dios y vivir una vida justa. Así es la vida de fe.
Si han decidido vivir por el Evangelio, deben pensar en positivo y con creatividad: “¿Qué puedo hacer para vivir por este Evangelio? ¿Qué puedo hacer para predicar este Evangelio efectivamente?”. Al hacer esto, deben aceptar el reto y superar estas situaciones difíciles. La verdadera vida de fe consiste en hacer la obra de predicar y compartir el Evangelio del Señor a muchas personas con fe; no consiste en vivir sin saber adónde se va flotando por un río sin rumbo. Esta es la vida de Lot. Si viven según estas situaciones, serán como Lot. Y si cambian estas circunstancias, abandonarán su fe y se convertirán en enemigos de Dios. Así, queridos hermanos, deben fijar sus corazones. Fíjenlos con confianza.
A todos los trabajadores del ministerio, y a todos los santos nacidos en este mundo les puedo decir que he fijado mi corazón con confianza. Solo porque hayan fijado sus corazones una vez hace mucho tiempo, no quiere decir que eso sea suficiente. Deben fijar sus corazones una y otra vez cuando algo les pase. Deben fijar sus corazones cuando pasen por otra situación crítica. Deben esperar que la voluntad de Cristo se cumpla a través de sus vidas, aunque sean insuficientes. Esta es la actitud de los que han fijado sus corazones firmemente. Cuando hayamos fijado nuestros corazones firmemente de esta manera y vivamos por la voluntad de Dios, Él nos mantendrá y nos llevará por el camino recto. Nos protegerá. Pero si no fijan sus corazones y viven según las circunstancias, Satanás entrará en sus corazones y los arrasará. Y al final se les llevará. Esta es la razón por la que algunas personas que han recibido la remisión de los pecados se vuelven atrás después de haber seguido al Señor.
Hay una canción popular en Corea que dice: “Haced el bien mientras esté aquí”. En momentos normales, cuando estamos viviendo con fe, es decir, cuando no hay obstáculos para seguir a Dios, debemos mirar dentro de nuestros corazones y fijarlos. Cuando fijamos nuestros corazones durante estos tiempos normales, y cuando pasamos por momentos críticos en nuestras vidas, podemos seguir completamente al Señor de nuevo, pensando: “¿Acaso no he fijado mi corazón ante Dios?”. Pero cuando no hacemos nada en momentos normales, cuando pasemos por problemas reales, será demasiado tarde para fijar nuestros corazones. En ese momento, sabiendo que no podemos seguir al Señor, dejaríamos nuestra vida de fe enseguida. Podríamos llegar a esta conclusión por nuestra cuenta: “¡De ninguna manera! No puedo vivir con fe más”. La gente así no puede vivir con fe. Aunque pudiesen vivir por fe, como no fijan su corazón firmemente, se vienen abajo cuando se encuentran con algún problema. Por eso acaban no viviendo por fe.
“Aunque yo soy insuficiente, viviré por el Señor”. Mientras sus corazones sean así, todos los pensamientos malvados que les oprimen y les llevan a lugares que no deben se irán. Se irán del mismo modo en que Satanás se va cuando lo vencemos en nombre de Jesucristo.
En el último versículo de la Epístola a los Efesios, el Apóstol Pablo dijo lo siguiente: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable» (Efesios 6:24). Estas Palabras no son solo un saludo. Significan que la gracia de Dios y todas Sus bendiciones estarán sobre los que hayan fijado sus corazones en amar a Cristo. Dios ama a estas personas y les da las bendiciones celestiales.
Pero, ¿qué les pasará a los que no hayan fijado sus corazones y dicen seguir al Señor? Que pueden traicionarle en cualquier momento. Por este motivo debemos fijar nuestros corazones. La gente fija sus corazones ante el Señor como Abraham. Debemos vivir así. Hemos recibido la remisión de nuestros pecados, así que debemos vivir fijando nuestros corazones y recibir las bendiciones de Dios. Estoy diciendo que si seguimos viviendo sin fijar nuestros corazones, seremos engañados por el diablo y después nos convertiremos en enemigos de Dios.
La gente que trabajó con nosotros y después se fue, es decir, los que no viven por el Evangelio, dice cosas como esta cuando se va: “Me he ido de esta Iglesia porque soy débil. No me opongo al Evangelio. Ni tampoco odio a la Iglesia”. Al principio dicen cosas así. Pero miren después de un tiempo. Se levantan contra la obra que hace la Iglesia y dicen que otras personas son herejes.
Queridos hermanos, deben fijar sus corazones. Aunque sean insuficientes, pueden fijar sus corazones en Dios. Pueden fijar sus corazones diciendo: “Esto es cierto. Lo correcto es vivir por el Evangelio y los predecesores de fe que viven por el Evangelio están haciendo bien. Aunque no tenga fuerzas físicas, y aunque no tenga poder ni fe, lo correcto es vivir por el Evangelio así. Yo he fijado mi corazón para vivir por el Señor”. Desde una perspectiva carnal, no podemos vivir igual, pero si fijamos nuestros corazones de esta manera, todos podemos convertirnos en hijos iguales ante Dios.
Queridos hermanos, fijen sus corazones ante Dios. Dios solo da bendiciones y gracia a los que han fijado sus corazones de esta manera.