The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 15-6] < Génesis 15:3-11 > La semilla de la salvación por la Palabra de Dios

< Génesis 15:3-11 >
«Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra. Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar? Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino. Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves. Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba».
 
 
Queridos hermanos, no pueden imaginarse cuánto se separan nuestros corazones de Dios si no estamos en contacto con la obra de Dios y la Palabra de Dios aunque sea un solo día. Hoy me gustaría contarles las razones por las que debemos seguir la Palabra de Dios y hacer la obra de Dios todos los días.
Cuando Dios le prometió a Abraham: “Seré tu fuerza y tu escudo. Y seré tu recompensa enorme” y Abraham contestó: “E heredero de mi casa es Eliazar de Damasco. Lo que me has dado, las fuerzas que me has concedido y la protección que me has dado serán bendiciones que tendré que dar a Eliazar”. ¿Qué contestó Dios a esto?
Está escrito: «Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia» (Génesis 15:4-5). Dios le dijo a Abraham que mirase al cielo y contase las estrellas y le dijo: “¿Pueden contar todas las estrellas? Haré que tus descendientes sean así de numerosos”.
 
 
La verdadera fe consiste en tener esperanza en una situación desesperada
 
Si la fe de alguien es aprobada por Dios, esa fe es una fe grande. Esta fe de Abraham que aparece en el pasaje de las Escrituras de hoy recibió esta aprobación de Dios. Queridos hermanos, ¿cuál piensan que es la razón de esto? Es que Abraham creyó sin dudar en la Palabra de Dios en contra de toda esperanza.
Cuando Abraham salió de su tierra natal, Ur de los Caldeos, y llegó a la tierra de Canaán, tenía setenta y cinco años. Después vendió a su mujer, acumuló mucha riqueza gracias a esto, se separó de su sobrino Lot por esta riqueza y rescató a Lot y sus riquezas al luchar contra el Rey Quedorlaomer. Estos varios sucesos podrían considerarse como ocurridos en un periodo de un año. Es posible que todos estos eventos ocurriesen en un período de un año después de entrar en la tierra de Canaán.
Dios se le apareció a Abraham y le dijo: “Haré que tus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo”. Esto ocurrió cuando Abraham cumplió 76 años, un año después de haber salido de su tierra natal; así que la cuestión es ¿cuándo tiempo tardó esta promesa en cumplirse? Como Abraham tuvo a su hijo Isaac a los 100 años, la promesa se cumplió 24 años después. Es un período de tiempo bastante largo. Pero Abraham creyó claramente que la promesa de Dios se cumpliría un día. Dios dijo: “Eliazar de Damasco no es tu heredero. Te concederé un hijo de tu propia carne. Mira a ver si puedes contar las estrellas del cielo. Haré que tus descendientes sean incontables como las estrellas del cielo”. En aquel entonces Dios hizo que Abraham mirase al cielo hacia el mundo sereno de las estrellas y le dijo que haría que sus descendientes fuesen tan numerosos como esas estrellas. Y nuestro padre de la fe, Abraham, confió en esa promesa de Dios en su corazón sin ninguna duda a pesar de todo el tiempo que pasó.
Como Abraham creyó así, Jehová Dios se lo contó como justicia. Refiriéndose a su fe, Jehová dijo que era la fe más correcta. Aunque era muy viejo y no tenía hijos, creyó en la promesa de Dios que decía que le daría muchos descendientes, esto era contrario a toda esperanza. Está escrito: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Hebreos 11:1). Desde una perspectiva carnal esto nunca podría haberse cumplido. Pero si creemos que se cumplirá gracias a la Palabra de Dios, podemos tener esperanza en nuestros corazones; esto es de lo que se trata la fe verdadera.
En realidad Abraham tuvo otro hijo llamado Ismael que nació de una de sus siervas 10 años después de esa promesa. Pero este no era el hijo de la promesa. La promesa de Dios se cumplió solamente después de 24 años. Como Dios bendijo a Abraham esta promesa solo se cumplió a los 24 años, pero incluso antes de que se cumpliese, Abraham tuvo fe en esta promesa de Dios en su corazón y tuvo la prueba de la fe en él. La Palabra de la promesa que Dios le había dado era la prueba inamovible que estaba arraigada en su corazón. Creyó sin dudar confesando: “A través de mi mujer, Dios me dará un hijo y tantos descendientes como las estrellas del cielo”. Que el anciano Abraham tuviese tantos descendientes parecía imposible desde un punto de vista humano, pero a pesar de esto Abraham creyó en la Palabra de Dios como se le entregó.
 
 
La fe de Abraham
 
Hay una historia en la Biblia que muestra esta fe perfecta de Abraham mucho más claramente. Dios le dio a Abraham un hijo a través de su mujer Sara. Y Abraham llamó a ese hijo Isaac, que significa “risa” porque pensó “Dios me ha dado risa”. Pero cuando Isaac estaba creciendo, Dios le dijo que lo ofreciese como un holocausto. Dios le dijo a Abraham que ofreciese al hijo cortándolo en trozos como si fuese un animal de sacrificio. De esta manera, cuando la Palabra de Dios descendió sobre Abraham, ¿qué hizo Abraham? Abraham tomó a su hijo Isaac a la tierra de Moria pronto por la mañana sin dudarlo. Y según la Palabra de Dios, puso a su hijo en el altar e intentó matarlo y ofrecérselo a Dios.
¿Qué tipo de fe es esta fe de Abraham? Su fe era un compromiso con Dios; este Dios le había dado un hijo para ofrecerlo por fe si Él se lo pedía. Como tenía esta fe de que, aunque matase a su hijo, Dios lo devolvería a la vida de nuevo, creyó que podía sacrificar a su hijo como holocausto ante Dios. Como Dios le había prometido claramente que haría que su descendencia fuese tan numerosa como las estrellas del cielo a través de un hijo nacido de su carne, tuvo fe en lo siguiente: “Si Isaac muere, no tendré mi propio hijo. No tendré ningún otro hijo nacido de mi mujer. Si esto ocurriese entonces la Palabra de Dios no se cumplirá. Por tanto si mato a Isaac, Dios lo devolverá a la vida”.
¿Qué hizo Dios por Abraham cuando obedeció todas Sus Palabras con esta fe tan clara? Reconocer que era como su Abraham hubiese ofrecido a su hijo a Dios, Él intervino y paró a Abraham para que no matase a Isaac. Dios puso a prueba la fe de Abraham brevemente. Después Dios le dio grandes bendiciones, no solo a Abraham, cuya fe fue reconocida, sino también a su hijo Isaac.
Abraham, nuestro padre de la fe fue un hombre de gran fe. Y muchos escritores de las Escrituras, incluyendo el Apóstol Pablo suelen relacionar la fe de Abraham con nuestra salvación. El Apóstol Pablo dijo claramente: “Dios nos ha salvado por el agua y la sangre”. Aunque no hemos visto a Jesucristo en la sangre, nos hemos convertido en justos al creer en la Palabra de Dios de todo corazón, y al creer en las obras que Dios ha hecho, y al creer en este Evangelio en nuestros corazones. Podemos decir que estas palabras dicen claramente lo qué es la verdadera fe. Asimismo estas palabras reflejan el hecho de que la fe de Abraham se le contó como justicia ya que creyó sin dudar en la Palabra de Dios, como está escrito: «Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia» (Gálatas 3:6).
Queridos hermanos, somos iguales. Nosotros hemos recibido la salvación de nuestros pecados al creer en la Palabra de Dios. Aunque no hemos visto a Dios con nuestros ojos carnales, hemos recibido la salvación de nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de nuestros corazones. De la misma manera en que Abraham se convirtió en el padre de la fe al creer perfectamente y seguir la Palabra de Dios, nosotros también nos hemos convertido en personas justas sin pecados al creer en la Palabra de Dios. Las epístolas paulinas hablan de la fe de Abraham, quien creyó en Dios en esperanza, a pesar de que no había esperanza. Abraham pudo ser el verdadero padre de la fe porque había creído en la Palabra de Dios perfectamente con esperanza, aunque no había esperanza. Los que estamos reunidos aquí debemos hacer lo mismo. Debemos poseer esta fe que confía en la Palabra de Dios a pesar de que no haya esperanza al mirar hacia la Ciudad celestial que es eternamente mucho mejor que este mundo.
A veces pienso en la promesa que Dios le hizo a Abraham. Dios llamó a Abraham e hizo que mirase las estrellas del cielo que se ven en la noche. Imaginen que Dios les llamase y les dijese: “Salid un momento. Mirad al cielo”. ¿No creen que hubiesen pensado que ese cielo antiguo era precioso? Cuando era joven el cielo de la noche me parecía precioso. Me hacía un fuego por la noche y me tumbaba en una esterilla en una colina y mientras miraba al cielo escuchaba el sonido de las ranas. Entonces pensaba en todas las bendiciones de la naturaleza creada por Dios. Como mirando a un objeto mientras se escucha música, yo sentía las cosas en tres dimensiones. También tenía experiencias así mirando la Osa Mayor y contaba las estrellas, mientras estaba inmerso en una belleza increíble.
Si tuviésemos 76 años y nuestras mujeres fueran ancianas y no tuvieran la menstruación, y escuchásemos la Palabra de Dios diciendo: “Haré que tu descendencia sea tan numerosa como las estrellas”, ¿qué haríamos? Algunos creerían en la Palabra y otro no. Pero Abraham creyó en Su Palabra con toda seguridad. Debemos ser así. Si es la Palabra de Dios, debemos creer en ella, aunque estemos en una situación en la que no parezca que se pueda cumplir.
Durante toda la historia de esta tierra empezando con Adán y Eva, ha habido muchos padres de la fe, pero puede decirse que el más grande de los padres de la fe era este hombre llamado Abraham. Dios empezó a llevar a Abraham por el mundo del Cielo. Ahora y mucho después solo habrá una persona a la que Dios podrá decir que es su siervo. Solo hay un hombre al que Dios pudo nombrar entre todas las generaciones como ejemplo de fe. Y ese hombre es Abraham, aunque Noé y Enoc también pueden considerarse en un mismo plano.
Por supuesto, los no nacidos de nuevo no pueden entender la grandeza de Abraham. Aunque les digamos: “La fe de Abraham es muy grande” simplemente dicen: “Seguramente es porque es el padre de la fe”. Sin embargo, los que han nacido de nuevo intentan seguir al Señor perfectamente si son diferentes a esta gente. La Biblia menciona la fe de este Abraham en muchas ocasiones, pero un hombre del que habla el Apóstol Pablo más es Abraham. Queridos hermanos, quiero que recuerden esto. Dios puso a Abraham como ejemplo de nuestra fe. Nos dijo que si creemos como Abraham podremos vivir una vida justa de fe sin falta.
Incluso ahora podemos darnos cuenta de que esta fe de Abraham no tenía ningún fallo. Esto se debe a que Abraham siguió la Palabra de Dios sin dudar. Por supuesto que probablemente tenía muchos fallos desde una perspectiva carnal, pero Abraham es sin duda el padre de la fe. Incluso antes de nacer de nuevo reconocíamos a Abraham como el mayor hombre de fe, pero después de haber nacido de nuevo está mucho más claro que debemos ser como él. Por ejemplo, comparemos a Abraham con el Apóstol Pedro. Abraham tenía aspectos carnales y espirituales, pero tenía muchos más espirituales. Pero, ¿cómo era Pedro? Aunque era uno de los 12 discípulos de Jesús una vez fue caracterizado como un hipócrita espiritual (Gálatas 2:11-13).
A lo largo de su vida Abraham siguió la Palabra de Dios. Siguió al espíritu. Abraham escuchó la Palabra de Dios y siguió solo a Dios y eso es monumental. Nosotros, los que hemos sido salvados al recibir la remisión de los pecados, también debemos seguir la Palabra de Dios como Abraham. En el Antiguo Testamento Dios se le apareció a Abraham, no como una ilusión, sino como la Palabra de Dios. Solo cuando seguimos esta Palabra de Dios y creemos en ella podemos hacer la obra espiritual. Estoy diciendo que pensar en Dios y hacer la obra espiritual es seguir la Palabra de Dios.
Para los seres humanos hay una obra espiritual y una física. Aunque no podamos deshacernos de los deseos carnales, si pensamos en hacer la obra espiritual y seguimos los deseos espirituales, podremos llevar una vida justa al estar sumergidos en la obra espiritual. En el Libro de Génesis capítulo 13 leemos que Abraham vendió a su mujer. Y en el capítulo 14, junto con sus súbditos, fue a la guerra y adquirió mucha riqueza. De esta manera, aunque no se pudo distanciar completamente de las cosas carnales, ¿qué pasó después? En el capítulo 15, leemos como Abraham puso su fe en la Palabra de Dios y Dios reconoció su fe. Como esta fe fue aprobada por Dios los errores de Abraham, que una vez fue carnal, pudieron ser enterradas bajo su obra espiritual.
En realidad, Abraham era un ser humano como nosotros. A menudo sintió agonía y dolor por haber caído en la codicia carnal. También admitió que su propia carne ya había muerto. Sin embargo, como siguió y obedeció la Palabra de Dios y empezó a hacer la obra espiritual y la obra de salvar a las almas, sus debilidades espirituales fueron enterradas en esa obra espiritual que estaba haciendo y ya no tuvo fallos.
Queridos hermanos, es igual para nosotros. Cuando hacemos la obra espiritual y estamos locos por ella, nuestros pensamientos, acciones y fallos carnales se disiparán. Incluso nuestra suciedad carnal se deshará como la nieve en primavera dentro de un espíritu justo si hacemos la obra espiritual. Si seguimos haciendo la obra espiritual, nuestras debilidades carnales desaparecerán y ya no serán un problema ante Dios.
Dios le habló a Abraham y este Abraham creyó perfectamente en la Palabra de Dios y la siguió. Queridos hermanos, esta es la obra espiritual. Si era la Palabra hablada por Dios entonces Abraham creía en ella y la seguía. De esta manera creer en la Palabra de Dios y seguirla, es decir, hacer la obra espiritual, Abraham pudo vivir una vida justa a lo largo de toda su vida sin arrepentirse de ello. Abraham hizo lo que Dios le dijo exactamente y así hizo la obra espiritual. Y por eso fue posible que sus muchos descendientes se convirtiesen en el pueblo de Dios y recibiesen la protección de Dios y las bendiciones. Nosotros somos iguales. Nosotros también pudimos encontrar el camino de la fe y recibir las bendiciones de la fe del Señor gracias al ejemplo de la fe de Abraham, quien hizo todas estas obras espirituales siguiendo la Palabra del Señor.
 
 
Debemos hacer nuestra obra espiritual por fe
 
Si hacemos la obra de Dios y seguimos la voluntad de Dios, estaremos inmersos en la justicia de Dios y nos convertiremos en maestros de todas las criaturas. Como Abraham, cuando hacemos las obras espirituales para Dios nuestras debilidades y fallos desaparecerán. Y si estamos enterrados en la obra de Dios en vez de nuestra propia codicia, Dios nos aprobará y aprobará nuestra fe aunque seamos insuficientes. Asimismo, dentro de las posibilidades que Dios nos conceda podremos cosechar muchos frutos de la fe.
Creer en la Palabra de Dios es hacer las obras espirituales, es decir, la obra de Dios. Al creer en la Palabra que Dios nos dio, Dios reconoció a Abraham. Abraham creyó perfectamente en la Palabra de Dios que solo se cumplió a los 24 años. Y esto es algo que debe ser elogiado. Queridos hermanos, debemos tener esta fe verdadera. Por mucho que cambie este mundo debemos tener esta fe que cree solo en la Palabra de Dios.
Este mundo está cambiando más y más. No solo este mundo, sino también esta sociedad cristiana está cambiando de esta manera. Originalmente los teólogos metodistas y presbiterianos ni siquiera comían juntos. Ni siquiera se miraban a los ojos. No se miraban diciendo que era pecado mirarse a la cara. Pero ahora se sientan juntos y habla de la unificación doctrinal para ajustar su fe y adaptarla al siglo XXI. Estas personas, que solían evitarse, ahora intentan unirse hoy en día.
De esta manera, este mundo en el que vivimos cambia con el paso del tiempo. Pero por mucho que cambie este mundo debemos seguir creyendo en la Palabra de Dios. Por mucho que cambie este mundo, nosotros no cambiaremos. La gente de fe que sigue la Palabra y lleva a cabo la obra justa de Dios no cambiará por mucho que cambie el mundo. Diga lo que diga la gente, si la Palabra de Dios dice que es de esta manera, entonces es absolutamente cierto. Creemos que todo funcionará según la Palabra de Dios. Abraham, nuestro padre de la fe era así. Quiero que se den cuenta de que Abraham, cuya fe fue reconocida por Dios, siguió solamente la Palabra de Dios durante toda su vida e hizo las obras de Dios, es decir, la obra espiritual.
Debemos mirar una vez más el pasaje de las Escrituras de hoy. En el Libro de Génesis capítulo 15, versículo 7 leemos: «Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra». Y a partir del versículo 18 dice: «En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; la tierra de los ceneos, los cenezeos, los admoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos».
Como pueden ver aquí, Dios le dijo a Abraham claramente que iba a darle la tierra de Canaán. Le prometió personalmente que iba a darle esta tierra prometida. Entonces dijo que sacó a Abraham de Egipto para darle a él y a sus descendientes la tierra de Canaán. Entonces Abraham le preguntó: “Señor Dios, dijiste que me darías la tierra de Canaán a mí y a mis descendientes, pero ¿qué prueba tienes de esto?”. Así que Dios contestó: “Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino”. Y entonces Abraham lo trajo y lo puso en el altar ante Dios. Después de esto apareció el fuego de Jehová y pasó entre estos trozos de sacrificio.
Estos objetos de los que Dios habló a Abraham en aquel entonces fueron usados para los holocaustos. Así, el hecho de que Dios pasó entre estos objetos en la imagen del fuego significa que hemos ganado el Reino de los Cielos al recibir la remisión de nuestros pecados al creer en Dios. Dios, que había sido testigo de Su promesa a Abraham le habló en detalle una vez más: «A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates».
Dios dijo que le daría la tierra de Canaán a Abraham y sus descendentes. Queridos hermanos, ¿qué significa esto? Es precisamente lo mismo que Dios nos prometió cuando dijo que iríamos al Cielo. De la misma manera en que Dios le dio a Abraham y sus descendientes la tierra de Canaán, Dios nos está diciendo que nos dará el Reino de los Cielos a los que hemos nacido de nuevo del agua y el Espíritu de verdad al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Reino de los Cielos no es algo imaginario. Existe. Existe de la misma manera en que la tierra de Canaán existe entre el río de Egipto y el río Eufrates.
No sabemos demasiado acerca de la Vía Láctea que llena el cielo por la noche. Se puede ver desde lejos con los ojos, pero no podemos conocer su sustancia. Se nos dice que algunas estrellas que parecen brillar en el cielo ahora en realidad desaparecieron hace miles de millones de años. Esto se debe a que las estrellas están muy lejos de nosotros, a miles de millones de años luz. No podemos saberlo con exactitud y solo podemos maravillarnos y decir por fe: “Supongo que el mundo que Dios creó es inmenso”. Sin embargo, por lo menos creemos en esta Palabra. Dios nos ha dado el Cielo a los que hemos nacido de nuevo por fe. Aunque no sea visible con los ojos carnales, creemos.
Queridos hermanos, recuerden esto. Como el Señor murió en la Cruz, dijo: “Está acabado”. Y le dijo a uno de los criminales que estaba colgado a su lado: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lucas 23:43). Entonces el lugar donde reside el Señor es el Paraíso, que es el Reino de Dios y la tierra prometida de Canaán. El Reino de los Cielos existe. El Cielo es donde está el Señor. Quiero que sepan que la promesa de Dios de darles a los nacidos de nuevo el Reino de los Cielos es también específica y sustancial, al igual que la promesa de Dios a Abraham de darle la zona de tierra específica de un punto a otro.
 
 
¿Creen que el Reino de los Cielos existe?
 
Queridos hermanos, ¿creen que existe el Cielo? ¿Creen que este Reino de los Cielos es suyo? ¿Creen que el Reino de los Cielos es un lugar que ha sido preparado para ustedes? Si creen que hay un Reino de los Cielos, deben darse cuenta de que el infierno también existe. Jesús nos dijo que reuniríamos el grano, lo azotaríamos y guardaríamos el trigo en Su granero, pero quemaríamos la paja con un fuego que no se extingue. De esta manera, el infierno existe y hay claramente un Reino de los Cielos. Dios es Espíritu, pero no existe solamente en nuestra imaginación. Dios ha construido un mundo santo que tiene sustancia y ahora vive allí. Quiero que sepan que hay un lugar llamado el Reino de los Cielos y un lugar llamado infierno.
Nuestro Señor nos prometió que les daría la tierra de Canaán a Abraham y a sus descendientes como herencia. ¿Cómo mostró la prueba de esta promesa? Dios dijo: “Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino” y Abraham se lo ofreció a Dios. Entonces, Dios se apareció en forma de fuego entre estas ofrendas. A través de estas ofrendas, es decir la ofrenda del sacrificio de Jesucristo, quien se ofreció a Sí mismo a través de Su agua y sangre, Dios promete que les dará el Reino de los Cielos a los que han nacido de nuevo al creer en Él. Queridos hermanos, sin el holocausto no podemos recibir la remisión de los pecados. Después de tomar todos nuestros pecados a través de Su bautismo, Jesús fue voluntariamente al altar de los holocaustos y salvó a los que creen en Él al ser juzgado en su lugar por sus pecados, y se levantó de entre los muertos al tercer día. De esta manera, el holocausto que se ponía en el altar de los holocaustos simboliza el hecho de que el Señor nos ha salvado al ofrecer Su cuerpo como propiciación. Por eso Dios le dijo a Abraham que le llevase holocaustos específicos. Y al aparecerse encima de ellos, Dios le mostró a Abraham la prueba definitiva de Su promesa de que le daría el Cielo.
Sé que el Cielo está situado en el espacio. Sé que cuando los nacidos de nuevo mueren van a ese lugar. El Señor nos habló de esta verdad a través de la promesa que le hizo a Abraham. Así, los que vamos a entrar en el Reino de los Cielos primero debemos hacer la obra espiritual, es decir, la obra de Dios, mientras vivimos en este mundo. Mientras hacemos esta obra espiritual, aunque tengamos deseos carnales, son enterrados debajo de la obra espiritual y ya no son un problema ante Dios. Quiero que se den cuenta de esto.
Abraham solo creyó y siguió a Dios. Así, caminó por el camino justo. Yo entiendo que nosotros debemos ser así. Al hacer la obra espiritual constantemente, debemos deshacernos de nuestras debilidades carnales. Pero si no hacemos esta obra espiritual un día estaremos enterrados en la suciedad carnal. Los nacidos de nuevo deben ser como Abraham. Sé que si escuchamos y seguimos la Palabra de Dios como Abraham, nuestra vida entera estará inmersa en la obra espiritual y todas nuestras preocupaciones carnales, nuestros problemas, debilidades y fallos desaparecerán completamente.
Espero que yo pueda conocer personalmente a los siervos justos del Señor como Abraham, Moisés, el Apóstol Pablo, y los demás en el Reino de Dios. Por aquel entonces podré reconocerlos no en la carne, sino en el espíritu. No sé cómo es la imagen del Cielo, pero una cosa está clara, si seguimos la Palabra del Señor hasta el final iremos al Cielo. Abraham siguió caminando hacia Dios siguiendo la Palabra de Dios y por eso pudo recibir muchas bendiciones de Dios. Sé que si hacemos esta obra espiritual, nuestras debilidades y fallos serán enterrados debajo de la obra espiritual y desaparecerán. Sé que si seguimos haciendo esta obra espiritual, y si creemos solamente en la Palabra de Dios, nuestros corazones estarán llenos de fe en Dios aún más. Sé que Dios será nuestra fuerza, cubrirá nuestras insuficiencias y nos hará dar muchos frutos espirituales.
Como estoy celebrando muchas reuniones espirituales en todas las iglesias solo puedo estar con ustedes los fines de semana, pero quiero que vivan inmersos en esta obra espiritual por todos los medios. No miren sus propias debilidades. Las debilidades no pueden solucionarse con nuestra propia voluntad. Sigan haciendo la obra de Dios. Sigan la Palabra de Dios por fe y hagan la obra de Dios. Si hacen esto sé que serán grandes padres de fe como Abraham.