The New Life Mission

Sermones

Tema 23: Hebreos

[Capítulo 3-3] < Hebreos 3:1-19 > ¿Están permitiendo que el Señor viva en sus corazones?

< Hebreos 3:1-19 >
“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.
Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:
Si oyereis hoy su voz, 
No endurezcáis vuestros corazones, 
Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, 
Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, 
Y vieron mis obras cuarenta años. 
A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, 
Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, 
Y no han conocido mis caminos. 
Por tanto, juré en mi ira: 
No entrarán en mi reposo. 
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad”.
 
 
Siempre ha habido personas hostiles con los obreros de Dios
 
Este tipo de personas se resisten tanto a poner su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, la justicia de Dios, aunque estén dentro de la Iglesia de Dios. Su desobediencia perturba los corazones de los siervos de Dios todos los días. Aunque sus oídos siempre escuchan el Evangelio del agua y el Espíritu, sus corazones se niegan a creer en el Evangelio. Estas personas causan gran agonía a los siervos de Dios. No tengo ni idea de por qué no aceptan la verdad en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Cómo se convirtieron en personas tan tercas que no pueden creer en la Verdad de la salvación, aunque la conozcan? 
El Señor nos dice que sus corazones están llenos de deseos de este mundo y no tienen sitio para la justicia de Dios. Nos dice en el capítulo 2 del Evangelio de Lucas que algunas personas están preocupadas con el mundo y no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, aunque sepan que es la Verdad de la salvación. Hablando metafóricamente están sentados debajo de un árbol y el sol no les llega. Esto se debe a que se han alejado de la justicia del Señor. En el Libro de Hebreos puedo ver que el siervo de Dios que escribió el libro también tenía un corazón perturbado por culpa de estas personas. 
Muchos judíos estaban viviendo una mentira y no creían en la justicia de Dios, aunque dijesen creer en Jesús como su Salvador. Algunos de ellos seguían con sus doctrinas antiguas como si fueran la verdad. No tenían ningún deseo de abandonar su fe incorrecta y se mezclaron con los justos tan naturalmente. Para salvar a estas personas malvadas de sus pecados, un siervo de Dios escribió esta carta. En esta carta podemos ver cuántos decían tener fe en Jesús como su Salvador, pero después le traicionaron. 
 
 
Esto es lo que quiere explicar el autor de Hebreos
 
Está escrito: “Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Hebreos 3:13). El autor de este libro le pide a la gente cuyos corazones están endurecidos que crea en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, quiero preguntarles si de verdad creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Algunas personas dicen: “Yo solía creer en la justicia de Jesús, pero ya no me importa”. ¿Están diciendo que fueron salvadas de los pecados? Si dicen que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, aunque lo hiciesen en el pasado, están probando que no han sido salvados todavía. 
El siervo de Dios que escribió el libro de Hebreos nos está diciendo: “Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Hebreos 3:13). Si quieren creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, deben aceptar quiénes son ante Dios. En otras palabras, su corazón debe alejarse de los deseos carnales. Los que tienen deseos carnales no pueden servir al Evangelio del agua y el Espíritu, que es la justicia de Dios. Por eso debemos alejarnos de esta codicia. Entonces podemos tener una fe pura en Dios. 
En el Nuevo Testamento, Jesús les dijo a Sus discípulos que hay cuatro tipos diferentes de suelos que representan nuestros corazones: de estos cuatro tipos de suelos solo había uno bueno. Las semillas que cayeron al lado de la carretera fueron devoradas por los pájaros; las semillas que cayeron en un suelo con piedras brotaron, pero se marchitaron; las semillas que cayeron en un suelo con espinos crecieron con los espinos y se ahogaron; solo las semillas que cayeron en el buen suelo dieron una cosecha, cien veces más de lo que se plantó (Lucas 8:4-15). 
Queridos hermanos, mientras estamos aquí, algunas personas conocen el Evangelio del agua y el Espíritu, pero no creen de corazón. Sus corazones están tan llenos de los deseos del mundo que la salvación de Dios no llega a sus corazones. Sus corazones no están rectos ante Dios. Están intentando aprovecharse de la salvación de Dios para su carne. Están perdiendo espiritualmente para intentar beneficiarse en la carne a través del Evangelio. Cuando escuchamos el Evangelio del agua y el Espíritu, el estado de nuestros corazones es lo más importante para aceptar el Evangelio por fe o no. Percibieron el amor de Dios,la justicia de Dios cuando encontraron el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Estaba su corazón lleno de sus deseos carnales? Si es así, no aceptaron el Evangelio del agua y el Espíritu como si fuera suyo. ¿No estaban agonizando por sus pecados antes de conocer el Evangelio del agua y el Espíritu? Si hubiesen creído en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, ¿no habrían recibido la salvación en su corazón? Cuando escucharon el Evangelio del agua y el Espíritu por primera vez, ¿eran pecadores en sus corazones? Si su corazón hubiese estado lleno de deseos carnales, la salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu no habría llegado a sus corazones. En otras palabras, la salvación del Señor se determina según el estado del corazón de la persona que escucha el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Hoy, muchos de los que escucharon el Evangelio del agua y el Espíritu no son justos. Debemos escuchar el mismo Evangelio del agua y el Espíritu, pero el resultado final tiene que ser diferente debido al estado de nuestros corazones. Algunas personas pueden creer en Jesús con la intención de resolver sus problemas; otras pueden creer en Jesús con un corazón puro. Y otras quieren ser ministros con la intención de satisfacer sus deseos materiales. El Señor describe a estas personas como paja. No dependen del Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo cuando predican a la gente. Consideran que su ministerio es un simple trabajo. 
Como he dicho antes, estas personas son los trabajadores asalariados del cristianismo. Estas personas buscan tres cosas poderosas al mismo tiempo: poder, honor y riqueza. Ningún otro trabajo en el mundo puede ofrecer las tres cosas. Sin embargo, los líderes cristianos con deseos carnales pueden tener las tres cosas si quieren. Lo sé bien. Tienen el deseo de ser honrados por sus congregaciones y el deseo de tener fama, poder y riqueza al mismo tiempo. Por esta razón, escogen satisfacer sus deseos carnales y convertirse en mentirosos ante Dios. Entran en la Iglesia de Dios con estas intenciones y fingen ser justos. 
Siguen buscando oportunidades para seguir siendo hipócritas ante Dios. Incluso se llaman buenos pastores. Tienen la tendencia a poner mucho esfuerzo en aparentar ser buenos ministros, cuando en realidad solo buscan riqueza, fama y poder. No están siendo buenos ministros ante Dios. Dicen que su ministerio es por la gloria de Dios. Sin embargo, el fruto de su ministerio no puede esconder el hecho de que están haciéndolo por su beneficio carnal. Podemos ver que son maestros falsos al ver el fruto de su ministerio. El fruto de su ministerio puede verse en el edificio de su iglesia y cómo se hacen las ofrendas monetarias, pero están engañando a la gente. Podemos ver si son falsos maestros o no si observamos sus edificios, coches, riqueza y respeto en el mundo. Ponen todo su esfuerzo en ser reconocidos y alabados por la gente en la iglesia y la gente del mundo. Sin embargo, no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y rechazan la justicia de Dios. Y lo que es peor, prohíben a la gente que acepte el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Debido al estado de sus corazones, el Evangelio del agua y el Espíritu nunca se ha cumplido en sus corazones y han sido condenados por Dios. Si de verdad creen en la sangre de Jesús derramada en la Cruz, deben poner su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y convertirse en verdaderos creyentes ante Dios. La Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu les llevará a nacer de nuevo de sus pecados.
 
 
Algunas personas dicen que el Evangelio del agua y el Espíritu es muy creíble y atractivo
 
Dicen que solían pensar que el cristianismo era supersticioso, pero ahora que han escuchado el Evangelio del agua y el Espíritu creen que es la Verdad que da la salvación. La fe en el Evangelio del agua y el Espíritu está basada en la Palabra de Dios escrita y esta fe es la verdadera. El Evangelio del agua y el Espíritu es ciertamente la Verdad de la Biblia, así que muchas personas piensan que es creíble. Por otro lado, los falsos maestros piensan que serán famosos si utilizan el Evangelio para conseguir lo que quieran. En otras palabras, piensan en sus mentes: “Puedo hacerme popular si predico el Evangelio del agua y el Espíritu”. Si escuchan el Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad que les da la salvación, con esta intención, la Verdad no se arraigará en sus corazones. Si intentan aprovecharse del Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de la salvación no estará plantada en sus corazones. Es insensato alimentar sus deseos carnales utilizando el Evangelio del agua y el Espíritu antes de que haya sido plantado en sus corazones. 
¿Qué deben hacer para que sus corazones estén limpios? En primer lugar, deben retirarse del mal camino y volver a la Palabra de Dios. Entonces deben darse cuenta de sus pecados a través de la Ley de Dios. Y si quieren recibir la remisión de los pecados deben confesar: “Dios, soy un verdadero pecador” y meter el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones. 
 
 
Deben hacer esta confesión
 
“Señor, soy un pecador que intentó tener poder, honor y riqueza al creer en Ti. Por favor, sálvame de todos mis pecados. Por favor, sálvame de estos pecados que me condenan”. Deben ir ante Jesús con un corazón humilde, arrodillarse ante Él, hacer una confesión sincera y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón. Y deben darse cuenta de que Jesús tomó todos los pecados del mundo mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista en el río Jordán. Entonces deberían creer de corazón que Jesús murió con los pecados en la Cruz. “Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15). “Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado” (Hebreos 10:18). “Está acabado” (Juan 19:30). “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Si de verdad creen en todas estas palabras de Dios, han sido salvados por Dios. 
 
 
Sin embargo, los que no creen intentan utilizar el Evangelio del agua y el Espíritu para satisfacer sus deseos de la carne
 
Los que escuchan el Evangelio del agua y el Espíritu, pero no creen en él e intentan aprovecharse del Evangelio del agua y el Espíritu, deben arrepentirse de su maldad y pecados ante Dios. Deben hacerlo si no se han deshecho de los pecados de sus corazones que están en contra del conocimiento del Evangelio del agua y el Espíritu. Si quieren recibir la remisión de los pecados ante Dios, deben confiar en el Señor y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si quieren vivir una vida de fe ante Dios, deben depender de la Palabra de Dios. De lo contrario sus almas no serán salvadas de sus pecados. 
Ya sean pastores o laicos, son pecadores cuando tienen pecados en sus corazones. Si consideran que están enfermos por el pecado, deben confiar en Dios, el que sana todas las enfermedades, y en Su justicia. Deben creer en lo que Jesús, el Sanador de nuestros espíritus, hizo: fue bautizado por Juan el Bautista y murió en la Cruz. Todos los pecadores deben depender de la justicia de Jesús por sus pecados. Los que están controlados por sus pecados deben llevar su corazón pecador a Jesús, que es el Sanador. Deben orar: “Dios, puedo vivir si Tú me sanas. Si no me sanas, moriré. Creo en Ti, por favor, sáname de mis pecados”. 
A través del Evangelio del agua y el Espíritu Dios limpió nuestros pecados. Debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu completamente y sin dudar. Si no creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, no seremos sanados de nuestros pecados. Aunque un doctor dé un diagnóstico y recete un medicamento para un paciente, el paciente es responsable de tomar la medicación según la receta. Si muriese sería porque no confió en su médico. De la misma manera, los que parecen creer en  el Evangelio del agua y el Espíritu ante Dios, sin fe verdadera, no son sanados. Si vivimos de esta manera, acabaremos muriendo si buscamos riqueza, fama y poder en el mundo sin el Espíritu Santo dentro de nosotros. 
Cuando un pecador se niega a aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu para la salvación por sus deseos del mundo, la salvación nunca le llegará. Esta persona sabe que el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que trae la salvación en sus pensamientos, pero muere por seguir los deseos del mundo porque no puede servir a dos maestros. Por eso el pecado evita que entregue su corazón al Evangelio del agua y el Espíritu. El Libro del Apocalipsis dice que el Señor llama a la puerta de nuestros corazones: solo cuando le abrimos la puerta puede entrar; si no abrimos la puerta, no podrá entrar en nuestros corazones. 
 
 
Nuestro Señor ha venido como el Salvador a través del Evangelio del agua y el Espíritu
 
El Señor les dice a los pecadores: “Tú tenías pecados en tu corazón. Pero los eliminé a través del bautismo que recibí de Juan el Bautista. Recibí el castigo por tus pecados en la Cruz. Después resucité de entre los muertos y me convertí en tu Salvador”. Cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, podemos recibir la salvación de nuestros pecados. Todo lo que tenemos que hacer es llevarle nuestros pecados al Señor y pedirle que sane nuestros corazones del pecado. Entonces podemos averiguar que nuestro Señor tomó nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Podemos verlo por nosotros mismos. Podemos ver que nuestro Señor tomó nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. 
Nuestro Señor nos considera salvados desde el momento en que entendemos el Evangelio del agua y el Espíritu y ponemos nuestra fe en él. Desde ese momento, nuestros corazones están convencidos de que nuestros pecados fueron eliminados por el Evangelio del agua y el Espíritu. Hemos sido salvados de nuestros pecados al creer que nuestro Señor tomó nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Creemos que nuestro Señor tomó nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Hemos sido salvados perfectamente cuando confesamos  nuestros pecados y creímos en el Evangelio del agua y el Espíritu. A través del Evangelio del agua y el Espíritu hemos sido salvados de nuestros pecados para siempre. Ahora creemos que el Señor ha eliminado nuestros pecados de nuestros corazones
Por nuestra fe hemos sido bendecidos para estar unidos al Señor. El Señor toma el control de nuestros corazones desde el momento en que recibimos la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor quiere gobernar nuestros corazones. Podemos ser guiados por el Señor si le dejamos; cuando no le dejamos, el Señor no nos guía. Cuando dejamos que el Señor nos guíe, se convierte en nuestro Pastor y nosotros nos convertimos en el pueblo de Dios en la Iglesia de Dios. El Señor quiere guiar a Su pueblo a través de Sus siervos. Si creen en esta verdadera salvación en sus cabezas, entonces el Espíritu Santo no podrá tomar sus corazones y guiarles. Por tanto, el autor del libro de Hebreos nos dice que nos alejemos de todo el mal. 
Queridos hermanos, no importa en qué tiempos estemos viviendo porque debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu para recibir la salvación. Debemos tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu en este mismo momento. Por tanto, es crucial creer en el don del Señor, que es el Evangelio del agua y el Espíritu, en el presente continuo. El corazón que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu en el presente es lo que más importa. Todos teníamos pecados y no podíamos evitar el infierno, pero el Señor nos salvó cuando pusimos nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto es lo que marca la diferencia. 
¿Creen en la Verdad? ¿Creen en la Verdad que nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu? Todos nuestros pecados fueron pasados a Jesús para siempre a través de Su bautismo cuando fue bautizado por Juan el Bautista. ¿Creen en esta Verdad? ¿Creen que nuestro Señor tomó todos nuestros pecados a través de Su bautismo y murió en la Cruz? ¿Cargó Jesús con todos sus pecados para morir en la Cruz con ellos? ¿Han puesto su fe en el hecho de que nuestros pecados fueron transferidos a Jesús para siempre a través de Su bautismo y que Jesús llevó los pecados hasta la Cruz para morir y pagar la condena por ellos? ¿Creen que Jesús fue bautizado por Juan, murió y se levantó de nuevo por nosotros? Estar unidos con la justicia del Señor significa que tenemos esta fe que cree en la justicia de Dios. 
Si no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu en la Iglesia de Dios, serán rechazados por el Señor al final. ¿Cómo se sentirían si eso les pasara a sus pobres almas? ¿Quién sentiría que se ha cometido una injusticia más que los abandonados por Dios? ¿Están de acuerdo o no? Desde sus perspectivas, les parecería muy injusto. 
 
 
¿Estuvo la gente de los tiempos de Noé mirando mientras construía el Arca?
 
¿No creen? Podemos asumir que la gente miró cómo Noé construía el Arca. ¿Qué creen que la gente pensó cuando vio a Noé construyendo un Arca tan grande? Seguramente pensaría que era ridículo. En sus tiempos seguramente no había ningún barco tan grande como el Arca. La gente de la tierra seguramente fue a ver cómo Noé construía el Arca. Si hubiésemos estado allí, seguramente le habríamos preguntado: “Señor, ¿qué está haciendo?”. Los amigos de Noé seguramente le preguntarían: “¡Noé! ¿Qué estás construyendo?”. 
¿No creen que había personas que vivían cerca del Arca de Noé? La gente seguramente iba a Noé a preguntarle: “¿Para qué son estos cuartos?”. Noé seguramente contestó: “Son para los animales”. “¿Para qué estás construyendo esto? Los animales se pueden quedar fuera...”. “Dios dijo que juzgaría al mundo con lluvia. Dijo que el agua cubriría toda la tierra y mataría a todas las criaturas. Me dijo que construyese esta arca para prepararme para el día del juicio. Cuando llegue el día, podremos sobrevivir en el arca. Dios me avisó de que juzgaría al mundo con agua”. Noé seguramente les dijo eso. Por eso la gente de los alrededores seguramente fue a ver a Noé construyendo el arca. ¿Cuántas personas creen que fueron a ver el arca durante los cien años que le costó a Noé construir el arca? Solo Noé y la familia de Noé creyeron en lo que Dios les había dicho. Entonces, de repente el cielo se oscureció y empezó a llover. 
¿Cómo describimos una lluvia fuerte? Se dice que está lloviendo a mares. Cuando hay lluvia decimos que está cayendo. Cuando llueve muy fuerte oímos el sonido de la lluvia “pat, pat, pat”. Y describimos las lluvias fuertes como agua que cae del cielo. Durante los días de Noé, el cielo se volvió negro y empezó a caer agua. Empezaron a caer gotas de agua del tamaño de caramelos. El cielo estaba oscuro y se veían relámpagos en el cielo. ¿Cómo de alto es el Monte Everest? La gente dice que tiene 8,848 metros. Yo no existía en tiempos de Noé, así que es muy difícil saberlo. Pero seguramente costó mucho tiempo cubrir la montaña de agua. Un poco después de que empezara a llover se formaron pequeñas corrientes de agua y grandes valles. Las casas de algunas personas empezaron a llenarse de agua hasta el techo. 
¿Cómo creen que se sintieron entonces? Todo el mundo seguramente intentó evacuar a las montañas más altas. Para las esposas, preparar comida para la familia es muy importante. Algunas seguramente serían arrastradas por el diluvio mientras preparaban comida para llevarse. La gente que vivía en las montañas seguramente corrió a las cimas. Mientras corrían seguramente recordaron la advertencia de Noé. Muchas personas se lamentaron: “Noé tenía razón. ¡Cuántas veces estuvimos en el Arca mirando los cuartos!”. Queridos hermanos, ¿debemos ser como la gente de los días de Noé? Debemos tener cuidado de no ignorar a los siervos de Dios que predican la Palabra de Dios. 
Dios nos habla a través de Sus siervos e ignorar lo que dice es ignorar a Dios. Así que les digo que deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu antes de presentarnos ante el Señor cuando nos llegue la hora. No sabemos seguro si Noé construyó el arca en una montaña o en una playa, pero lo que es seguro es que Noé construyó el Arca como se lo ordenó Dios. El Arca tenía 250 metros de largo. 1 cúbito es aproximadamente 50 cm. Como el Arca tenía 50 cúbitos de altura, habría sido imposible construir un arca tan grande en otro sitio que no fuese un plano nivelado. Ya fuese en un plano o en una playa, muchas personas que habían entrado en el arca en algún momento fueron arrastradas por el diluvio. Los que estaban muriendo en el diluvio seguramente se sintieron arrepentidos. Los que habían estado en el arca seguramente se arrepintieron de no haber escuchado a Noé diciendo: “Estoy muriendo porque no creí en lo que dijo Noé”. 
Los que todavía estaban vivos seguramente les dijeron a sus familias: “Hijos, solo hay una manera de sobrevivir. Noé, el que pensábamos que estaba loco, tenía razón. El arca es suficientemente grande para todos. Vamos a buscarla”. Esperaban que la puerta todavía estuviese abierta. Pero la puerta ya se había cerrado. ¡Qué arrepentidos debían estar! Lo mismo ocurre con los que se enfrentan al juicio de Dios por sus pecados. Morirán porque no tienen fe en la Palabra de Dios. 
 
 
Entonces, ¿qué pasa con la gente de hoy en día? 
 
Afortunadamente, los que vivimos en esta era en la Iglesia de Dios, escuchamos el Evangelio del agua y el Espíritu todo el tiempo y vivimos vidas de fe. La gracia de Dios rebosa a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Mis sermones durante la conferencia de renacimiento espiritual son siempre acerca del Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, entre los que escuchan el Evangelio del agua y el Espíritu hay personas atrapadas en sus deseos carnales que no pueden ser liberadas de sus pecados. No pueden escuchar la Palabra de la salvación de Dios. Cuando sus corazones son tentados por los deseos de la carne no pueden experimentar la gracia de la salvación, aunque esté rebosando. Esto significa que el Evangelio del agua y el Espíritu no puede controlar sus corazones. 
¿Cómo ha ocurrido esto? Porque no aceptaron el Evangelio del agua y el Espíritu completamente de corazón. Solo los que se confían a sí mismos al Señor pueden recibir la verdadera salvación. Debemos recordar que la verdadera salvación no llegará a los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es el verdadero Evangelio. Algunos de ellos solo consideran la sangre derramada en la Cruz como el verdadero Evangelio. La verdad que no se puede negar es que creer en la sangre de la Cruz solo no da la salvación de los pecados. Tampoco la concede creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La verdadera salvación nos llega solo cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu desde el fondo de nuestros corazones, que es la bendición de Dios para todos nosotros. 
Creer en el Evangelio del agua y el Espíritu incluye reconocer que somos pecadores sin remedio que tenían que ir al infierno por sus pecados y que moriríamos en nuestros pecados sin la justicia del Señor. Cuando aceptamos el Evangelio del agua y el Espíritu de esta manera y creemos en él, aceptamos el hecho de que Dios nos ha salvado de todos los pecados. Sin embargo, no todo el mundo piensa lo mismo. Muchas personas piensan que son buenas fundamentalmente y no hace nada malo. El Señor dijo que no puede salvar a estas personas. Debemos vivir por nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón. Así es como podemos ser salvados de todos los pecados. 
Los que creemos ser santos y justos ante Dios no podemos ser salvados de todos los pecados, aunque recibamos la remisión de los pecados. ¿Por qué? Siempre somos vulnerables al pecado mientras vivimos en este mundo y solo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos ser salvados. Debemos reconocer el hecho de que pecamos constantemente. Si no sabemos que somos pecadores, el Evangelio del Señor no podrá salvarnos. Por tanto, debemos saber quiénes somos de verdad. Debemos reconocer que somos pecadores ante Dios y aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Después de recibir la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, debemos reconocer nuestra maldad. Incluso después de recibir la remisión de los pecados debemos reconocer nuestras debilidades por fe en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón y si cometemos pecados o no ante Dios. A través de nuestras buenas obras le damos gloria a Dios, y a través de nuestros errores debemos reconocer nuestras debilidades. Es muy triste ver a algunas personas orgullosas que todavía piensan que son buenas cuando deberían reconocer sus debilidades. Esta gente no conoce los doce tipos de pecados escondidos dentro de sus corazones. Deberían entender que, incluso los pecados que no saben que están en sus corazones fueron tomados por el Señor a través de Su bautismo. ¿No es extraño? Para algunas personas, creer en el Evangelio del agua y el Espíritu es fácil, pero para otras no funciona así. 
 
 
Debemos abrocharnos el primer botón de la Camisa
 
Cuando nos ponemos una camisa debemos abrocharnos el primer botón de la camisa. Ya empecemos por abajo o por arriba, debemos abrocharnos el primer botón primero. De lo contrario el resto de los botones acabará en el agujero incorrecto. Las Escrituras dicen: Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: “Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:7). En este momento, desde hace diez minutos, una o dos horas, somos pecadores ante Dios. Cuando nacimos éramos pecadores y hemos pecado desde que nacimos. No debemos olvidar que cometemos más que suficientes pecados para enviarnos al infierno. 
Por eso necesitamos a Jesús, quien vino por el Evangelio del agua y el Espíritu y se convirtió en el perfecto Salvador para nosotros. Por tanto, debemos entender que Jesús nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Incluso hoy debemos recibir la Palabra de Dios en nuestros corazones. Si no tenemos la fe correcta en el Evangelio del agua y el Espíritu ahora, el Señor no nos aprobará, aunque hubiésemos tenido una fe sólida en Él en el pasado. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre para los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. 
El efecto del Evangelio del agua y el Espíritu que eliminó todos nuestros pecados es el mismo hoy que ayer. En este mismo momento el efecto de la salvación durará para siempre. Jesucristo eliminó todos los pecados del mundo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. El Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor cumplió ha redimido todos los pecados del mundo sin dejar ni uno. Por esta razón debemos reconocer al Dios justo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Este reconocimiento afirma lo siguiente: “No podía evitar ir al infierno, pero el Señor eliminó todos mis pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu”. No solo debemos conocer y entender el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, sino que debemos reconocer y pasar nuestros pecados al Señor por fe. Dios nos aprueba cuando debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos decirles que todos reciben la verdadera salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Queridos hermanos, ¿quieren resolver el problema de sus pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Creen ahora en el Evangelio del agua y el Espíritu para su salvación? 
 
 
Dios Padre planeó salvarnos de los pecados del mundo a través de Su Hijo
 
Para ello Dios envió a Su Hijo Jesucristo. ¿Quién es Jesús? Es el único Hijo de Dios. ¿Qué relación tiene con nosotros? Es el Salvador que vino de Dios Padre. Dios Padre nos dijo que considerásemos a Jesucristo. Leamos Hebreos 3:1 juntos. “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús” (Hebreos 3:1). Jesús es el Apóstol de nuestra confesión. Los apóstoles en la iglesia cristiana primitiva eran discípulos de Jesús. Las Escrituras dicen que Jesús es el Apóstol del Cielo. Esto significa que fue enviado por Dios. En otras palabras, los discípulos de Jesús y Jesús mismo eran Apóstoles enviados por Dios. 
Por tanto, nuestra confesión es lo que nos guía a nuestra salvación al creer en la justicia de Jesús, quien no tiene pecados. Dicho de otra manera, recibir la remisión de los pecados al creer en la justicia de Jesús es la Verdad que nos llevará al Cielo. Esta fe que nos da la salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu es la verdadera fe. Por eso el autor del libro de Hebreos nos dijo que considerásemos al Sumo Sacerdote, Jesucristo. 
 
 
¿Por qué es Jesús nuestro Sumo Sacerdote? 
 
Porque Jesús eliminó todos los pecados del mundo para siempre. Tomó todos nuestros pecados a través del bautismo que recibió el bautismo de Juan el Bautista y pagó la condena de los pecados para abrir las puertas del Cielo. Es el Hijo de Dios que resolvió el problema de los pecados al tomar todos nuestros pecados y orar por ellos en la Cruz. Por esta razón la Biblia nos dice que consideremos al Sumo Sacerdote eterno del cielo, Jesucristo. Para darles la remisión de los pecados a los que creen en la justicia de Dios, fue bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos para ser nuestro Salvador. De esta manera Jesús es el Sumo Sacerdote del Cielo, el Juez y el Señor que vive con nosotros. 
Muchas personas piensan que irán al cielo porque creen en Jesús como su Salvador. Sin embargo, algunas de ellas serán juzgadas por su Salvador. A pesar de creer que van al cielo porque han aceptado a Jesús como su Salvador, van por el camino de la condena. Se dice que, cuando muramos, iremos a Jesús, quien está en la esquina de dos caminos divididos. Un camino lleva al cielo y otro al infierno. Muchas personas piensan que irán al cielo porque creen en Jesús como su Salvador. 
Le darán un saludo efusivo. “¡Hola! Creo en Ti como mi Salvador”. Cuando estén a punto de emprender el camino del cielo, un ángel les parará. “No podéis ir allí. Tenéis que ir al infierno”. “¡No! Creo que Jesús es mi Salvador”. Entonces el ángel se lo explicará. “¿No tienes pecados en tu corazón? Entonces no puedes ir al cielo”. Entonces, los que creyeron en Jesús religiosamente protestarán en voz alta: “Entonces, ¿quién no tiene pecados en este mundo? Todo el mundo tiene pecados. ¿Acaso no creí en Jesús como mi Salvador porque reconocí mis pecados y quería ir al cielo? Siempre creí en Jesús como mi Salvador cuando mi vida corría peligro”. Sin embargo, los ángeles le dirán: “Los que tienen pecados que se queden aquí, y los que no tienen pecados que se pongan allí”. A los que están en la fila equivocada, los ángeles les dirán: “Esta fila es para la gente sin pecados. Debéis iros a la otra fila”. Los ángeles seguirán diciendo: “De ahora en adelante, los que hayan recibido la remisión de los pecados al creer en la justicia de Dios que Jesús cumplió que se pongan aquí”. De esta manera, el Señor dividirá a la gente en dos grupos, un grupo de personas sin pecados porque cree en Jesús como su Salvador, y otro grupo de personas que cree en Jesús, pero siguió teniendo pecados. 
Jesús, que es el Sumo Sacerdote eterno del Cielo, estará esperándonos a las puertas del Cielo. La razón por la que llamamos a Jesús el Sumo Sacerdote eterno del Cielo es que preparó el camino al Cielo para los que creen en la justicia de Dios después de tomar todos los pecados del mundo a través del bautismo de Juan el Bautista, de entregarse a la Cruz y derramar Su sangre en nuestro lugar y resucitar de entre los muertos. Al hacer esto Jesús abrió las puertas del Cielo a los que creen de verdad en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Quién cumplió la obra de la justicia? Jesús, quien creemos que es nuestro Salvador. Es el Sumo Sacerdote eterno que cumplió la remisión de los pecados. Tomó todos los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista y pagó la condena en la Cruz para terminar la obra de la salvación para todos. Por eso Jesús es el Sumo Sacerdote eterno del Cielo. 
De la misma manera en que los sumos sacerdotes de la tierra intermediaban entre los israelitas y Dios a través del sacrificio de la redención, Jesús, como Sumo Sacerdote del Cielo, fue bautizado y se ofreció como sacrificio en la Cruz para que pudiésemos entrar en el Reino de los Cielos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso debemos considerar la Verdad de salvación. Cuando consideramos la justicia del Señor, podemos darnos cuenta de qué cumplió el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor nos salvó de los pecados del mundo para siempre. 
“El cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza. Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto” (Hebreos 3:2-8).
El autor del libro de Hebreos al describir a Jesucristo como Sumo Sacerdote del Cielo comparando la obra de Moisés con la de Jesús. Está escrito que Moisés fue fiel en toda Su casa como siervo, por el testimonio de las cosas de las que se hablaría después (versículo 5). Siguió diciendo: “Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios” (versículo 4); “Pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza” (versículo 6). El autor del libro está intentando decirnos aquí que deberíamos creer en la justicia de Jesucristo si vamos a construir una casa sobre la fe. Todas las casas están construidas por alguien y Dios es quien ha construido todas las cosas. Sabemos seguro que Dios es el Creador de todas las cosas. El Creador Dios es también Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote. 
Jesús es el Salvador que nos salvó de todos los pecados para siempre y, como Creador de todas las cosas, fue fiel a Su Padre. Nuestro Salvador Jesús obedeció la voluntad de Su Padre para Su rebaño, mientras que Moisés dio testimonio de que Jesús eliminaría todos nuestros pecados a través del bautismo. El siervo de Dios que escribió la carta a los Hebreos debía saber mucho acerca de la Ley de los sacrificios en el Antiguo Testamento. Ahora debemos aprender una lección importante de la parábola de Jesús de la casa construida sobre la roca en Mateo 7. Según Jesucristo: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mateo 7:24). Pero el Señor dijo: “Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena” (Mateo 7:26). Estos versículos se escribieron por nuestro bien. 
De la misma manera, el siervo de Dios nos advierte que debemos construir la casa de la fe que no se venga abajo; esta casa de la fe es Jesucristo, quien es el Maestro de todas las cosas y el Salvador que nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestra casa verdadera de la fe es Jesucristo. Entonces, ¿quién construye una casa de fe así? Jesucristo mismo construye esta casa a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando prestamos atención a la Palabra de Dios sobre la casa de fe, entenderemos que la Verdad es el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios se convierte en nuestra casa de fe en la que podemos vivir. Si ponen su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, podrán darse cuenta de que nuestro Señor es el Salvador. 
Jesucristo tomó todos nuestros pecados a través del bautismo que recibió el bautismo de Juan el Bautista y pagó la condena de los pecados. Por tanto, cuando creemos en el bautismo y en la crucifixión de Jesús, la salvación nos llegará. Al creer en la justicia del Señor y no tener pecados en nuestros corazones podemos convertirnos en la casa de Dios en la que puede morar el Dios santo. Los seres humanos somos lo recipientes que pueden contener a Dios. Está escrito en la Palabra de Dios. Está escrito que somos la casa de Dios si tenemos confianza en que la justicia de Jesucristo es la verdad hasta el final. Esto significa que debemos aferrarnos a la confianza en que Jesucristo nos salvó de todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu hasta el final. 
En otras palabras, para cumplir la justicia de Dios, el Señor eliminó nuestros pecados para siempre a través de Su bautismo, pagó la condena de los pecados y nos salvó de la condena eterna. Si nos aferramos a la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu hasta el final, somos Su casa. El Señor puede vivir en nosotros solo cuando nuestros corazones están limpios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque seamos insuficientes podemos recibir la salvación eterna solo cuando aceptamos el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón. Al tener esta fe podemos convertirnos en ciudadanos del Señor y vivir una vida de fe como Sus siervos. El Señor vive en nosotros para siempre al entrar en los corazones de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. 
El Señor también cumple la voluntad de Dios través de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Así que, de ahora en adelante, no debemos endurecer nuestros corazones, sino creer en la justicia de Dios con un corazón puro para recibir la remisión de los pecados. Para ello debemos presentarnos ante el Señor y creer en Él de corazón para ser perdonados por todos nuestros pecados. Todo lo que tenemos que hacer es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la justicia de Dios que Jesús ha cumplido. Si quieren que sus pecados sean eliminados para entrar en el Reino de los cielos, deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Deben orar de todo corazón: “Señor, ¿qué harás por mí si pongo mi fe en Tu justicia?”. Entonces el Señor dirá: “Te daré la remisión de los pecados, la vida eterna y las bendiciones por creer en Mi justicia”. Deben creer en la obra justa que nuestro Señor hizo para tomar nuestros pecados. 
 
 
Una vez intenté servir al Señor como un cristiano laico después de haber creído en la justicia de Jesucristo
 
Solía quedarme despierto toda la noche preparando mis sermones. No pueden saber lo que es la agonía de un pastor si no han preparado una comida para toda la familia. Una ama de casa se preocupa por los menús todo el tiempo. “¿Qué hago para desayunar? ¿Qué hago para comer y cenar? ¡Qué rápido ha pasado hoy! Por cierto, ¿qué hago para desayunar mañana?”. Los que nunca han preparado una comida no entienden esta agonía. Los ingredientes son todos los mismos, pero ¿cómo puedo complacer a todo el mundo con estos ingredientes? 
Tenemos aquí a las esposas de los pastores y a las hermanas que cocinan y estoy muy agradecido por esto. Hermanos, debemos estar agradecidos a las manos que han preparado nuestras comidas. Puede que se quejen por siempre comer el mismo menú. De hecho, todas las comidas son diferentes, aunque parezcan iguales. Solo los que preparan la comida saben lo duro que es prepararla. Los que comen creen que solo los menús especiales son extraordinarios. Pero ¿cuánto piensan que han trabajado para preparar la comida? 
Por eso he estado predicando el Evangelio del agua y el Espíritu durante más de 30 años. ¿Cuánto creen que se trabaja para conseguir esta comida espiritual? Aunque la gente no me aprecie, debo explicar el Evangelio del agua y el Espíritu a la gente como siervo de Dios. Los que predican el Evangelio del agua y el Espíritu todo el tiempo son los verdaderos predicadores de la justicia de Dios. Cualquiera puede predicar acerca de vivir una vida recta. Incluso los pastores que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden predicar estos mensajes. Sin embargo, el Evangelio del agua y el Espíritu no puede ser predicado por alguien que no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si los que no creen en el Evangelio predicasen el Evangelio del agua y el Espíritu, estarían mintiendo. Estarían predicando algo en lo que no creen. La gente puede predicar, pero solo unos pocos pueden predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Ahora voy a terminar el sermón de hoy. Queridos hermanos, por fe en la justicia de Dios debemos construir una casa de Dios en la que Él viva gozoso. Podemos convertirnos en la casa de Dios si creemos de verdad en la justicia del Señor. En el pasado fuimos pecadores que no pudieron evitar el infierno; fuimos cautivados por nuestros pecados y esclavizados por el Diablo. Pero ahora creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y en que el Señor es nuestro Maestro. Estamos contentos porque el Señor nos ama y nos deja hacer la obra justa de Dios. 
Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu no tenemos más pecados. El Señor fue bautizado, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos de nuevo para salvar a los que creen en la Verdad. El Señor se ha convertido en nuestro nuevo Maestro. Pagó nuestro rescate y nos salvó perfectamente. Al creer en la obra justa que el Señor cumplió en la tierra hemos recibido la remisión de los pecados y una vida nueva. Así es como el Señor se convirtió en nuestro Maestro. Ahora que el Señor es nuestro Maestro, quiere ser nuestro Señor. Quiere que hagamos la obra justa a través de nosotros. Y ha estado haciendo la obra justa a través de nosotros. Quiere que otras personas conozcan Su justicia y sean salvadas a través de nosotros. Quiere moldearnos para convertirnos en recipientes útiles. No endurezcan sus corazones ante el Señor. Si dejan que su corazón esté endurecido al seguir sus deseos carnales, sus corazones no estarán rectos. 
Si cometen un pecado ante Dios, confiesen ese pecado volviendo al Río Jordán y acérquense a la justicia de Dios. Recuperen la dureza del corazón al creer que el Señor ha eliminado todos sus pecados. El Señor preparó el camino para caminar rectos y nos dio la habilidad para hacerlo. En Su tiempo el Señor nos dará Sus bendiciones. Espero que los problemas de sus corazones se reduzcan considerablemente cuando dependan del Señor y Su justicia. Dios quiere quitarles las cargas. Aquí termino mi sermón.