The New Life Mission

Sermones

Tema 9: Romanos

[ Capítulo 7-6 ] < Romanos 7:14-8:2 > Alabado sea el Señor, Salvador de los Pecadores

< Romanos 7:14-8:2 >
“Porque sabemos que la ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido a la sujeción del pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo, pues no practico lo que quiero; al contrario, lo que aborrezco, eso hago. Y ya que hago lo que no quiero, concuerdo con que la ley es buena. De manera que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que mora en mí. Yo sé que en mí, a saber, en mi carne, no mora el bien. Porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero; sino al contrario, el mal que no quiero, eso practico. Y si hago lo que yo no quiero, ya no lo llevo a cabo yo, sino el pecado que mora en mí. Por lo tanto, hallo esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está presente en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo en mis miembros una ley diferente que combate contra la ley de mi mente y me encadena con la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Doy gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! Así que yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios; pero con la carne, a la ley del pecado. Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”
 
 
El hombre es un pecador que heredo el pecado
 
Todos los seres humanos heredaron el pecado de Adán y Eva y se convirtieron en semillas del pecado. Así, nacemos originalmente como herederos del pecado e inevitablemente nos convertimos en seres pecaminosos. Toda la gente del mundo no puede evitar convertirse en pecador debido a un antecesor, Adán, aunque nadie desea ser un pecador.
¿Cual es el origen del pecado? Es heredado de nuestros padres. Nacemos con pecado en nuestros corazones. Esta es la naturaleza heredada de los pecadores. Tenemos 12 clases de pecados que son heredados de Adán y Eva. Estos pecados–adulterio, fornicación, homicidio, robo, codicia, maldad, engaño, lascivia, envidia, blasfemia, orgullo e insensatez–están intrínsecos en nuestros corazones desde el mismo momento en que nacemos. La naturaleza básica del hombre es el pecado.
Así pues, nacemos con doce clases de pecado. No podemos hacer otra cosa que confesar que somos pecadores, ya que nacemos con pecado en nuestros corazones. Un ser humano nace como pecador e inevitablemente peca, ya que nace originalmente con pecado dentro de si mismo, aún suponiendo que él/ella no pecaran en toda su vida. Uno se convierte en pecador ya que nace con el pecado en su corazón. Aún suponiendo que no pecáramos en nuestra carne, no podríamos evitar convertirnos en pecadores porque Dios mira el corazón. Así que todos los seres humanos son pecadores ante Dios.
 
 
El hombre comete el pecado de la transgresión
 
Un ser humano también comete el pecado de la trasgresión. Él/ella cometen pecados con la carne, haciendo florecer el pecado original del interior. Llamamos a estos pecados “iniquidades” o “transgresiones.” Existen ofensas de nuestra conducta externa que se origina de las doce clases de pecado en nuestros corazones. La maldad del pecado de nuestro interior hace que un ser humano haga actos reprochables y por lo tanto hace a todos los seres humanos pecadores sin excepción. Un ser humano no aparenta ser un pecador cuando es muy joven. El pecado no se manifiesta fuertemente en un infante cuando él/ella es muy joven, igual que un árbol muy pequeño no da fruto. Pero el pecado comienza a manifestarse desde nuestro interior más y más conforme vamos creciendo y llegamos a saber que somos pecadores. Llamamos a estos pecados iniquidades o transgresiones y estos son los pecados que son cometidos a través de nuestra conducta.
Dios dice que ambos son pecados. El pecado del corazón y las obras ilícitas de nuestra carne, ambas, son pecados. Dios le llama al ser humano pecador. Todos los pecados están incluidos en los pecados del corazón y en los pecados de la conducta. Así que toda la gente nace en pecado ante los ojos de Dios, ya sea que pequen a través de su conducta o no.
Los incrédulos insisten en que el hombre nace bien originalmente y que nadie nace con maldad. Pero David confesó a Dios, “Contra ti, contra ti solo he pecado; he hecho lo malo delante de tus ojos, para que seas reconocido justo en tu palabra y tenido por puro en tu juicio. En maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre” (Salmos 51:4-5). Este pasaje quiere decir, “No puedo sino cometer pecados como estos, ya que originalmente soy una semilla del pecado. Yo soy un grave pecador. Así que si tú tomas mis pecados, puedo ser redimido de todos mis pecados y ser hecho justo. Pero, si tú no los quitas, tendré que ir al infierno. Tengo pecado, si tú dices que tengo pecado. Pero, no tengo pecado, si tú dices que no tengo pecado. Todo depende de ti, Dios, y de tú juicio.”
Hablando estrictamente a la vista de Dios, todos los seres humanos no pueden dejar de ser pecadores, ya que heredaron el pecado de sus padres. Son pecadores sin importar su conducta. La única forma para escapar del pecado es creyendo en la salvación de Jesús. La educación pública enseña a nuestros hijos la falsa afirmación, cuyo mensaje principal puede ser resumido de la siguiente manera: “Toda la gente nace con una buena naturaleza. Así que vivan virtuosamente de acuerdo a la buena naturaleza de los seres humanos. Puedes ser bueno si tan solo lo intentas.” Solo dicen cosas positivas. Los humanos viven bajo las enseñanzas de los principios morales. Pero, ¿por qué cometen pecado en sus corazones o en su carne, en su sociedad o en su casa? Lo hacen porque originalmente nacen con pecado. Los humanos nacen como semillas del pecado. Un ser humano no puede evitar el cometer pecado, aunque él / ella desean hacer lo bueno. Esto prueba que nacemos con pecado.
 
 
Debes conocerte a ti mismo
 
La gente no puede evitar cometer pecados en la carne durante toda su vida, ya que nacen en pecado. Este es el estado original de la humanidad–debemos conocernos a nosotros primero. Sócrates dijo, “¡Conócete a ti mismo!” Y Jesús dijo, “Tú eres un pecador porque fuiste concebido en pecado y formado en iniquidad. Así que debes recibir el perdón de los pecados.” Conócete a ti mismo. La mayoría de la gente se malinterpreta a si misma. Casi toda la gente vive y muere sin conocerse a si misma. Solo la gente sabia se conoce a si misma. Aquellos que perciben y creen en la verdad de Jesús después de saber que son semillas de maldad son sabios. Tienen el derecho de entrar al reino de los cielos.
Aquellos que no se conocen a si mismos enseñan a la gente a jugar al hipócrita y a no pecar más. Enseñan a la gente a no expresar los pecados de su interior. Los educadores religiosos los entrenan para no pecar y a suprimir sus pecados siempre que tratan de escurrirse de ellos. Todos ellos están camino al infierno. ¿Quiénes son? Son siervos de satanás, los falsos pastores. Lo que ellos enseñan no es lo que nos enseño nuestro Señor. Desde luego que nuestro Señor no nos enseño a cometer pecado. Pero, él nos dice, “Tú tienes pecado, eres un pecador y la paga del pecado es muerte. Vas en camino a la destrucción debido a tus pecados. Así que debes ser redimido de tus pecados. Recibe el regalo de la salvación que te salva de todos tus pecados. Entonces, todos tus pecados serán perdonados y recibirás vida eterna. Serás un justo, un santo precioso y un hijo de Dios.
 
 
¿Por qué dio Dios la Ley a los seres humanos?
 
Pablo dijo, “La ley, pues, se introdujo para que el pecado abundará; pero cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20). Dios nos dio la ley para que a través de ella nuestros pecados se manifestaran aún más (Romanos 7:13). Él dio a los pecadores su ley para que ellos reconocieran seriamente sus pecados.
Dios dio la ley a los israelitas cuando los descendientes de Jacob vivían en el desierto después del Éxodo. Dio 613 clases de mandamientos. ¿Por qué dio Dios la ley a los seres humanos? Dios les dio la ley, primero, porque él quería que reconocieran sus pecados, ya que no conocían sus pecados, y segundo, porque ellos nacen con pecado.
Los diez mandamientos de la ley muestran cuan grandes pecadores somos los seres humanos. “No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos. No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Jehová no dará por inocente al que tome su nombre en vano. Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en él obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da. No cometerás homicidio. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo” (Éxodo 20:3-17).
Dios dio a todos nosotros la ley y a través de ella, él nos enseñó exactamente la clase de pecado que tenemos en nuestros corazones. Dios nos enseño que somos totalmente pecadores ante él y nos mostró la verdad de que somos pecadores y no podemos guardar la ley.
¿Es posible que un ser humano pueda guardar la ley de Dios? Cuando Dios les dijo a los israelitas y a los gentiles que no tuvieran otros dioses ante él, él quería mostrarles que eran pecadores quienes desde el principio no podían ni siquiera guardar el primer mandamiento. A través de los mandamientos, se dieron cuenta que amaban a otras criaturas más que al Creador. Se dieron cuenta que tomaban el nombre de Dios en vano, que hacían y servían a ídolos que Dios odiaba y que ni siquiera descansaban cuando Dios les dio descanso por su propio bien. También descubrieron que no honraban a sus padres, asesinaban, cometían adulterio y que hacían toda clase de obras ilícitas que Dios les dijo que no hicieran. En resumen, no podían guardar La ley de Dios.
 
 
La Ley tiene dominio sobre aquellos cuyos pecados Todavía no han sido perdonados
 
¿Entiendes porque Dios nos dio la ley? Primero Dios dio la ley en nuestros corazones. Dios da la ley a aquellos que no han nacido de nuevo. “Hermanos (hablo con los que conocen la ley), ¿ignoráis que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive?” (Romanos 7:1). Dios dio la ley a aquellos que heredaron el pecado de sus antepasados y que todavía no han nacido de nuevo, para hacerlos lamentarse bajo el pecado. La ley tiene dominio sobre la persona mientras él / ella viven. Cada descendiente de Adán tiene las doce clases de pecado dijo que no mataras. Dios dio la ley a aquellos que tienen pecado en sus corazones y les dijo que tenían pecados fatales. Así, siempre que los pecados de homicidio o adulterio salen de nosotros y nos hacen pecar, la ley nos dice, “Dios te dijo que no cometieras adulterio. Pero cometiste adulterio de nuevo. Así que eres un pecador Dios te dijo que no mataras. Pero has matado con tu odio. Eres un pecador que asesina y comete adulterio. Dios te dijo que no robaras, pero robaste de nuevo. Así que eres un ladrón.” De esta manera, el pecado llega a existir cuando la ley existe.
Es por eso que Pablo dijo, “Hermanos (hablo con los que conocen la ley), ¿ignoráis que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive?” La ley tiene dominio sobre aquellos cuyos pecados todavía no han sido perdonados. A los gentiles, que no conocen la ley de Dios, su conciencia se convierte en ley para ellos. Cuando cometen maldad, sus conciencias les dice que han pecado. De la misma manera, la conciencia de los incrédulos funciona como ley para ellos y reconocen sus pecados a través de ella (Romanos 2:15).
¿Por qué no sirves al Creador, cuando aún tú conciencia te dice que existe un Creador? ¿Por qué no buscas a Dios? ¿Por qué engañas a tu corazón? Deberías avergonzarte de tus pecados y temeroso de que otra gente sepa acerca de tus pecados. Pero los pecadores que no admiten a Dios y que engañan sus corazones no tienen vergüenza.
Estamos avergonzados de nosotros mismos cuando vemos al cielo, la tierra, otra gente, o cualquier otra criatura, si tenemos pecado. Dios dio a los seres humanos una conciencia y la ley de la conciencia señala el pecado. Pero la mayoría de ellos vive sin Dios, jugando al hipócrita a los ojos de Dios y viviendo como les place, están destinados al infierno. Mientras que Pablo les recuerda poner atención a la ley, “Hermanos (hablo con los que conocen la ley), ¿ignoráis que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive?” Un ser humano debe nacer dos veces–una vez como pecador y después nacer de nuevo por la gracia de la redención de Dios para vivir como justo.
Pablo explico como el Señor nos salvó de la maldición de la ley de la siguiente manera: “Porque la mujer casada está ligada por la ley a su esposo mientras vive; pero si su esposo muere, ella está libre de la ley del esposo. Por lo tanto, si ella se une con otro hombre mientras vive su esposo, será llamada adúltera. Pero si su esposo muere, ella es libre de la ley; y si se une con otro esposo, no es adúltera” (Romanos 7:2-3).
Cuando una mujer casada tiene una aventura, es llamada adultera. Pero si el marido esta muerto y ella se casa con otro hombre, no hay nada de malo en ello. La misma lógica se aplica a nuestra liberación de la ley del pecado. La ley tiene dominio sobre todos los descendientes de Adán cuyos pecados todavía no han sido perdonados. Les dice, “Ustedes son pecadores.” Así qué vienen a confesar su pecaminosidad bajo la ley diciendo, “Debo ir al infierno. Soy un pecador. Es normal qué vaya al infierno debido a la paga de mis pecados.” Pero llegamos a morir a través del cuerpo de Cristo, la ley ya no puede tener dominio sobre nosotros, porque nuestra vieja naturaleza fue crucificada con Cristo al ser bautizado en él.
 
 
Nuestras viejas naturalezas están muertas
 
Nuestro Señor se encargó de nuestros viejos maridos y nos preparó para casarnos con él. “De manera semejante, hermanos míos, vosotros también habéis muerto a la ley por medio del cuerpo de Cristo, para ser unidos con otro, el mismo que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios” (Romanos 7:4). Dios dio la ley a todos los seres humanos, quienes nacieron con pecado debido a su antecesor común, Adán, para que el pecado pudiera revelarse aún más a través del mandamiento. Él los hizo habitar bajo el juicio de Dios, pero él los salvo a través del cuerpo de Cristo. Jesucristo murió en nuestro lugar. ¿No es correcto que vayamos al infierno de acuerdo a la ley de Dios? Es correcto. Sin embargo, el señor fue enviado al mundo, tomó todos nuestros pecados con su bautismo en el río Jordán, fue crucificado, juzgado y maldecido por la ira de la ley en lugar nuestro. A través de esto y solo de esto ahora podemos ser salvados y nacer de nuevo por creerlo.
Aquellos que no han nacido de nuevo deben ir al infierno. Deben creer en Jesús y ser salvados. Debemos morir una vez con Jesucristo. Si nuestras viejas naturalezas no mueren una vez, no podemos ser nuevas criaturas y entrar al reino del cielo. Si nuestras viejas naturalezas no han sido juzgadas de acuerdo a la ley a través de nuestra fe unida en Jesús, debemos ser juzgados y enviados al infierno. Todos aquellos que no han nacido de nuevo deben ir al infierno.
Los incrédulos viven bien, disfrutando todo lo que una buena vida puede dar, pero no les importa su eterno castigo. Todos los seres humanos deberían recibir el perdón de pecados por el Señor Jesús mientras viven en esta tierra. Cada vieja naturaleza tiene que morir una vez en unión con Jesús a través de la fe, ya que no podemos nacer de nuevo después de abandonar este mundo. Debemos morir una vez y ser liberados de nuestros pecados a través de nuestra fe en Jesucristo. ¿A través de quién? A través del cuerpo de Jesucristo. ¿Cómo? creyendo que Jesús vino a este mundo y quitó todos nuestros pecados. ¿Estas muerto? ¿Existe alguien que aún no haya muerto? Te puedes preguntar, “¿Cómo puedo llegar a morir? ¿Cómo puedo estar vivo ahora, si estaba muerto? Este es el secreto, es el misterio que ninguna religión puede resolver.
Solo los que han nacido de nuevo pueden decir que sus viejas naturalezas ya han muerto en unión con Jesús. Los pecadores pueden nacer de nuevo y sus viejas naturalezas pueden morir solo cuando escuchan la Palabra de Dios de los nacidos de nuevo. Y a través de esto pueden llegar a ser siervos de Dios. Todos los seres humanos deben escuchar a la Palabra de Dios de los santos nacidos de nuevo. No puedes nacer de nuevo cuando ignoras sus enseñanzas. Aún Pablo no podía nacer de nuevo sin Cristo, aunque él había aprendido la Palabra de Dios a través de Gamaliel, uno de los más prominentes maestros de la ley de esos días. ¡Cuan agradecidos estamos! Debemos de dar los frutos de la justicia para Dios creyendo en Jesucristo, quien se levanto de los muertos, cuando llegamos a estar muertos a través del cuerpo de Jesucristo por fe. Entonces podemos dar las nueve clases de frutos del Espíritu Santo.
 
 
Las pasiones pecaminosas en nuestros miembros Trabajaban para dar fruto de muerte
 
“Porque mientras vivíamos en la carne, las pasiones pecaminosas despertadas por medio de la ley actuaban en nuestros miembros, a fin de llevar fruto para muerte” (Romanos 7:5). “Mientras vivíamos en la carne” significa “antes de que naciéramos de nuevo.” Las pasiones pecaminosas en nuestros miembros trabajaban para dar fruto de muerte cuando no teníamos fe a través del cuerpo de Jesucristo. Las pasiones pecaminosas trabajaban constantemente en nuestros miembros en ese tiempo. Existen doce clases de pecado en el corazón. Puesto de manera diferente, esto quiere decir que existen doce clases de  de pecado almacenado en nuestros corazones. En la actualidad, por ejemplo, el pecado de adulterio puede salir de su almacén y agitar el corazón. Entonces el corazón da ordenes a la cabeza, “El adulterio sale de su hoyo y me dice que cometa adulterio.” Entonces la cabeza responde, “Muy bien. Daré la orden a los brazos y a las piernas para que lo lleven a cabo. Escuchen, brazos y piernas, hagan lo que quieran. ¡Aprisa!” La cabeza ordena a sus miembros ir al lugar donde la carne comete adulterio. Entonces, el cuerpo va y hace lo que la cabeza ordena. De la misma manera, cuando el pecado de homicidio sale de su hoyo, agita el corazón y el corazón hace que la cabeza se enoje con alguien. Entonces, la cabeza ordena al cuerpo para que se prepare para ello. Así trabaja el pecado en nuestros miembros.
Esta es la razón por la cual debemos recibir el perdón de nuestros pecados. Si no tenemos el perdón del pecado, no podemos evitar hacer lo que el corazón manda, aunque no es esto lo que queremos hacer. Todos deben nacer de nuevo por el verdadero evangelio. Uno puede llegar a estar completo cuando se nace de nuevo, así como la oruga se vuelve mariposa. Los pastores solo pueden servir al Señor realmente después de nacer de nuevo. Antes de nacer de nuevo todo lo que pueden decir es, “Amados santos, deben hacer lo bueno.” Es igual que decirle al enfermo que se sane solo. Presionan a sus congregaciones a limpiar sus corazones por si mismos, aunque ellos mismos no saben como limpiar sus propios corazones pecaminosos.
Las pasiones pecaminosas en nuestros miembros estaban trabajando para dar fruto de muerte. ¿Acaso una persona comete pecado porque él / ella quiere cometerlo? Cometemos pecado como siervos del pecado porque nacimos con pecado, ya que todos nuestros pecados aún no han sido borrados y porque estamos a punto de morir a través del cuerpo de Jesucristo. Pecamos, aunque odiamos hacerlo. Por lo tanto, todo mundo debe recibir el perdón de los pecados.
Es mejor para los pastores cuyos pecados aún no han sido quitados que dejen de servir al Señor. Sería mejor para ellos vender repollos chinos. Les recomiendo que hagan eso. Sería mejor para ellos hacer eso que engañar a la gente, diciéndoles mentiras para hacer mucho dinero y tomar ofrendas para si mismos, engordando como cerdos.
Si alguien no ha sido salvado de todos sus pecados, el pecado y su pasión en sus miembros están trabajando para dar fruto de muerte. Podemos servir al Señor bajo su gracia, recibiendo al Espíritu Santo después de que todos nuestros pecados son quitados. Pero no podemos servir al Señor bajo la ley. Nuestro Señor nos dice, “Pero ahora, habiendo muerto a lo que nos tenía sujetos, hemos sido liberados de la ley, para que sirvamos en lo nuevo del Espíritu y no en lo antiguo de la letra” (Romanos 7:6).
 
 
La ley hace que nuestros pecados se vuelvan Excesivamente pecaminosos
 
“¿Qué, pues, diremos? ¿Que la ley es pecado? ¡De ninguna manera! Al contrario, yo no habría conocido el pecado sino por medio de la ley; porque no estaría consciente de la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Pero el pecado, tomando ocasión en el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Así que, yo vivía en un tiempo sin la ley; pero cuando vino el mandamiento, el pecado revivió; y yo morí. Y descubrí que el mismo mandamiento que era para vida me resultó en muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó; y por él, me mató. De manera que la ley ciertamente es santa; y el mandamiento es santo, justo y bueno. Luego, ¿lo que es bueno llegó a ser muerte para mí? ¡De ninguna manera! Más bien, el pecado, para mostrarse pecado, mediante lo bueno produjo muerte en mí; a fin de que mediante el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso” (Romanos 7:7-13).
Pablo dijo que Dios nos dio la ley para hacer nuestros pecados excesivamente pecaminosos. Él también dijo, “Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el reconocimiento del pecado” (Romanos 3:20). Sin embargo, la mayoría de los cristianos están tratando de vivir por la ley, persiguiendo la justicia de la ley. Muchos pastores, que no han nacido de nuevo, están seguros de que se están enfermando debido a su desobediencia a la ley, y que ellos se pueden recuperar de su enfermedad, si tan solo vivieran por la ley.
¿Realmente podemos concluir que nuestra desobediencia a la ley causa todas nuestras enfermedades? Muchos cristianos, ministros así como sus seguidores, piensan que las cosas no van bien porque han fallado al vivir de acuerdo a la Palabra de Dios. Piensan que están enfermos debido a sus pecados. Así que le tienen miedo al pecado. Lloran todos los días. También podrían agregar un pasaje de la Biblia que dice, “Llora por siempre. Llora sin cesar. En todo llora,” aunque la Biblia nos dice, “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:16-18). Pero los falsos pastores enseñan a la gente a llorar por siempre, a llorar sin cesar, como si las arrugas de tanto llorar fueran indicadores de su fe.
Aquellos que tienen una fe legalista afirman que los que lloran tienen una buena fe. Los falsos pastores que no han nacido de nuevo comisionan a una mujer, a una diaconiza y a uno de los ancianos para llorar. No llores en la iglesia; llora en tu casa, si realmente tienes que llorar. ¿Por qué fue crucificado Jesús? ¿Para hacernos niños chillones? ¡Claro que no! Jesús quitó todo nuestro dolor, maldiciones, enfermedades y dolores de una vez y para siempre, para que su resurrección quitara todas nuestras lágrimas y en lugar de eso viviéramos felizmente. Así que, ¿por qué lloran? Deberían ser mandados a sus casas si tratan de llorar en la iglesia de Dios de los nacidos de nuevo.
 
 
¿Cuál es la diferencia entre los que han nacido de Nuevo y aquellos que no?
 
La ley nunca está equivocada. La ley es santa. Es verdaderamente justa, mientras que nosotros no lo somos. Somos opuestos a la ley, ya que nacemos con pecado como descendientes de Adán. Hacemos lo que no debemos hacer y no podemos hacer lo que deberíamos. Así que la ley manifiesta nuestra pecaminosidad.
“Porque sabemos que la ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido a la sujeción del pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo, pues no practico lo que quiero; al contrario, lo que aborrezco, eso hago. Y ya que hago lo que no quiero, concuerdo con que la ley es buena. De manera que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que mora en mí. Yo sé que en mí, a saber, en mi carne, no mora el bien. Porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero; sino al contrario, el mal que no quiero, eso practico. Y si hago lo que yo no quiero, ya no lo llevo a cabo yo, sino el pecado que mora en mí. Por lo tanto, hallo esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está presente en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo en mis miembros una ley diferente que combate contra la ley de mi mente y me encadena con la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:14-24).
Antes del pasaje, Pablo dice que todos nosotros, incluyéndolo a él mismo, deberían ser juzgados una vez por la ley. Él dice que solo aquellos que han recibido toda la ira y los juicios de la ley a través del cuerpo de Jesucristo pueden dar frutos de justicia para Dios. También dice que ninguna cosa buena habita en él y que alguien que no ha nacido de nuevo no puede hacer otra cosa que pecar. Como también alguien que ha nacido de nuevo. Pero, existe una diferencia obvia entre los dos. Aquellos que han nacido de nuevo tienen ambos la carne y el Espíritu, así que existen dos clases de deseos en ellos. Pero, aquellos que todavía no han nacido de nuevo solo tienen el deseo de la carne y solo quieren pecar. Así que todo lo que les importa es cuan hermoso es y constantemente cometer pecados. Esta es su meta en la vida, común para aquellos que no han nacido de nuevo.
El pecado hace que la gente cometa pecado. Romanos 7:20 dice, “Y si hago lo que yo no quiero, ya no lo llevo a cabo yo, sino el pecado que mora en mí.” ¿Existe pecado en los que han nacido de nuevo? No. ¿Existe pecado en aquellos que no han nacido de nuevo? ¡Si! Si tienes pecado en tu corazón, el pecado obra en la carne y hace que cometas más pecados. “Porque no hago el bien que quiero; sino al contrario, el mal que no quiero, eso practico. Y si hago lo que yo no quiero, ya no lo llevo a cabo yo, sino el pecado que mora en mí.” Los seres humanos no pueden evitar cometer pecados toda su vida, porque nacen con pecado.
Los nacidos de nuevo pueden dar los frutos del espíritu espontáneamente. Pero aquellos que no han nacido de nuevo no pueden dar tales frutos. No tienen misericordia de los demás. Algunos de ellos hasta matan a sus propios hijos, si estos los desobedecen. La crueldad sale de sus corazones y matan a sus hijos en sus corazones cuando estos los desobedecen. Aunque no los matan literalmente, con sus corazones los matan numerosas veces.
¿Entiendes lo que quiero decir aquí? Pero los justos no pueden hacer tal cosa. Puede que se metan a discutir, pero ellos no pueden y no tendrán corazones tan crueles, llenos de amargura y odio como lo tienen otros.
En vez de eso, los justos desean tener misericordia de la gente con todo su corazón, aún con aquellos con quienes puedan estar discutiendo acerca de las diferencias de opinión. “Por lo tanto, hallo esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está presente en mí.” Los seres humanos quieren hacer lo bueno porque fueron creados a la imagen de Dios. Pero mientras el pecado aún exista en sus corazones, solo salen cosas malas de ellos.
Los Cristianos que aún no han nacido de nuevo comentan entre si, lamentándose, “Realmente quiero hacer lo bueno, pero no puedo, no se porque pero no puedo.” Deben saber que no pueden hacer eso porque son pecadores que aún no han sido salvados. No pueden hacer lo bueno porque tienen pecado en sus corazones. Los nacidos de nuevo tienen los deseos del Espíritu, así como los deseos de la carne, pero aquellos que aún no han nacido de nuevo no tienen el Espíritu. Esta es la principal diferencia que distingue a los nacidos de nuevo de aquellos que no los son.
Pablo habla acerca de su estado cuando no había nacido de nuevo en el capitulo 7. Explicando la ley de Romanos 7:1 en adelante, él dice que no podía hacer el bien que quería hacer. Pablo, en otras palabras, no tenía el deseo de pecar y solo quería hacer lo bueno y sin embargo solo podía hacer aquello que no deseaba, mientras que lo que realmente quería hacer en su corazón le parecía imposible hacer. “¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Lamentaba este miserable destino, pero inmediatamente alaba al Señor, diciendo, “¡Doy gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!”
¿Entiendes lo que esto quiere decir? Nosotros, los nacidos de nuevo, podemos entender lo que dice, pero aquellos que no han nacido de nuevo nunca podrán entenderlo. Una oruga que jamás se ha convertido en mariposa nunca podrá entender lo que la mariposa dice. “¡wow! Canto canciones durante muchas horas al día sobre un árbol. ¿Cuán fresco es el viento? La oruga puede replicar desde el piso, ¿De verdad? ¿Qué es el viento?” Nunca podrá entender lo que la mariposa dice, pero la mariposa sabe lo que es el viento.
Debido a que Pablo había nacido de Nuevo, él podía explicar exactamente la diferencia entre aquellos que han nacido de nuevo y aquellos que no. Él dice que el Salvador que lo salvo es Jesucristo. ¿Nos salvó Jesucristo? ¡Claro que lo hizo! “Así que yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios; pero con la carne, a la ley del pecado.”
Aquellos cuyos pecados han sido quitados sirven a la ley de Dios con sus corazones. ¿A quién, entonces, sirven ellos con la carne? Sirven a la ley del pecado con su carne. A la carne le gusta pecar porque no ha cambiado para nada. La carne quiere las cosas de la carne y el Espíritu quiere las cosas del Espíritu. Así que aquellos cuyos pecados han sido quitados pueden y quieren seguir al Señor porque el Espíritu Santo ahora mora en ellos. Pero aquellos cuyos pecados no han sido quitados no pueden hacer otra cosa que seguir al pecado con sus mentes y sus corazones. Los nacidos de nuevo, pueden seguir a Dios con sus mentes, aún cuando la carne sigue al pecado.
 
 
La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos ha Hecho libres de la ley del pecado y de la muerte
 
Vamos a saltarnos Romanos 8:1 por ahora. Aquellos cuyos pecados han sido quitados por creer en la salvación de Jesús ya no son juzgados por la ley de Dios, aunque nacieron como pecadores. “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2).
Por lo tanto, ahora no existe ninguna condenación para aquellos que están en Cristo Jesús. ¡No existe ninguna condenación! Aquellos que han nacido de nuevo no tienen pecado y no puede existir ningún juicio sobre ellos. No permanece ningún pecado en su corazón ya que la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús los ha hecho libres de la ley del pecado y de la muerte. Nuestro Señor es el origen de la vida. Él llego a ser el Cordero de Dios, siendo concebido por el Espíritu Santo, y llevo todos los pecados del mundo sobre sí mismo en el río Jordán a través de su bautismo por Juan. Juzgado en nuestro lugar, él fue crucificado por nosotros. A través de esto, él quitó nuestros pecados completamente.
¿Tenemos que morir de Nuevo debido a nuestros pecados? ¿Tenemos algo por lo cual seamos juzgados? ¿Tenemos pecado dentro de nosotros, si todos nuestros pecados fueron pasados a Jesucristo a través de su bautismo? ¡Claro que no! No tenemos que ser juzgados, porque el Señor fue bautizado en el río Jordán, crucificado en nuestro lugar y resucitado de entre los muertos al tercer día para salvar a los pecadores.
La salvación de Dios nos libra de su juicio, mientras que la ley trae ira. “porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” La ira de Dios es revelada a aquellos que tienen pecado. Dios los envía al infierno. Pero, el Señor nos ha liberado de la ley del pecado y de la muerte, quitando todos los pecados de nuestro corazón. Él hizo a los creyentes, que están en Jesucristo, libres del pecado. ¿Han sido quitados tus pecados?
“Porque Dios hizo lo que era imposible para la ley, por cuanto ella era débil por la carne: Habiendo enviado a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justa exigencia de la ley fuese cumplida en nosotros que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:3-4).
Nuestro Señor nos dice claramente aquí que la carne es débil y que no puede obedecer los justos requerimientos de la ley. La ley de Dios ciertamente es buena y hermosa, pero no podemos vivir por ella debido a que nuestra carne es muy débil. La ley de Dios nos requiere perfección. Requiere que alcancemos la obediencia total de la ley de Dios, pero nuestra carne no puede vivir por los requerimientos de la ley debido a su debilidad. Así, la ley, trae la ira sobre nosotros. Pero, ¿para que esta Jesús, si después de todo vamos a ser juzgados?
Dios envió a su Hijo Unigénito a salvarnos. Dios nos dio su justicia, enviando a su propio hijo en semejanza de carne pecadora, por cuenta de nuestros pecados. Jesús fue enviado al mundo en semejanza de carne. “Él condeno al pecado en la carne.” Dios pasó todos nuestros pecados sobre Jesús para que los justos requerimientos de la ley pudieran ser cumplidos en nosotros, quienes no caminamos tras la carne, sino tras el Espíritu. Nuestros pecados son quitados por nuestra creencia en Jesucristo con nuestros corazones. Nuestros pecados son borrados cuando admitimos lo que Jesucristo hizo por nosotros.
 
 
Aquellos que viven de acuerdo al Espíritu y Aquellos que viven para la carne
 
Existen dos clases de cristianos: aquellos que siguen sus propios pensamientos y aquellos que siguen la Palabra de verdad. Los últimos pueden ser salvados, mientras que los primeros perecerán.
“Porque los que viven conforme a la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu Porque la intención de la carne es muerte, pero la intención del Espíritu es vida y paz” (Romanos 8:5-6). Aquellos que piensan que creer en Dios es vivir de acuerdo a la ley nunca podrán ser perfectos. “Porque los que viven conforme a la carne piensan en las cosas de la carne.”
Son cosas de la carne el solo cambiar el ser externo. Aquellos que hacen eso sacuden la Biblia y van a la iglesia cada Domingo con su porte santo, aunque pelean con sus esposas y son malvados en casa. Se convierten en ángeles los Domingos.
“Hola, ¿cómo has estado?”
“Qué bueno verte de nuevo.”
Dicen, “Amén” muchas veces siempre que el pastor predica con una voz santa y de una manera misericordiosa. Salen tranquilamente de la iglesia después del servicio de adoración, pero se vuelven diferentes tan pronto como la iglesia desaparece de su vista.
“¿Qué fue lo que la Palabra de Dios me dijo a mi? No puedo acordarme; vayamos por un trago.”
Son ángeles en la iglesia pero se vuelven seres carnales en un ratito, cuando se alejan de la iglesia.
Los pecadores, por lo tanto, deben orar a Dios de la siguiente manera: “Dios, por favor sálvame, soy un ser miserable. Yo no puedo entrar al reino del cielo e iré al infierno si tú no me salvas. Pero, si tú lavas todos mis pecados que cometa hasta el día que muera, podré entrar al reino del cielo por fe.” Deben depender totalmente de Dios.
Cada creyente puede recibir la redención de sus pecados y llevar una vida espiritual cuando él / ella siguen la Palabra de Dios. “Pero los que viven conforme al Espíritu (ponen sus mentes), en las cosas del Espíritu. Porque la intención de la carne es muerte, pero la intención del Espíritu es vida y paz.” Si pensamos y creemos de acuerdo a la verdad de Dios, la paz vendrá a nosotros. “Pues la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede. Así que, los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:7-8). Aquellos cuyos pecados aún no han sido quitados y que aún están en la carne nunca podrán agradar a Dios.
“Sin embargo, vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9). La gente esta confundida con estos pasajes ya que Pablo nos está hablando con palabras espirituales muy profundas. Aquellos que no han nacido de nuevo están confundidos con Romanos capítulos 7 y 8. Nunca pueden entender esta parte de la Biblia. Pero nosotros, los nacidos de nuevo, no estamos en la carne, y no vivimos solo para la carne.
Lee cuidadosamente lo que Pablo dice en el pasaje anterior. ¿Vive el Espíritu Santo en ti? Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, esta persona no es de él. Si no es de él, entonces esto quiere decir que esta persona es de satanás y es un pecador destinado al infierno.
“Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo está muerto a causa del pecado, no obstante el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos mora en vosotros, el que resucitó a Cristo de entre los muertos también dará vida a vuestros cuerpos mortales mediante su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:10-11). Amén
Nuestro Señor fue concebido por el Espíritu Santo, fue enviado al mundo en la carne y quitó todos nuestros pecados. El Señor ha venido a los corazones de los creyentes, quienes creen en la redención de los pecados y esta sentado en cada uno de los corazones. El Espíritu Santo viene al corazón y prueba que nuestro Señor Jesús lavó todos nuestros pecados, tan blancos como la nieve. Dios también dará vida a nuestra carne cuando Jesús venga de nuevo al mundo. “Aquel que levanto a Cristo de entre los muertos también dará vida a vuestros cuerpos mortales a través de su Espíritu quien mora en vosotros.”
 
 
El Espíritu da testimonio a nuestros espíritus de Que somos hijos de Dios
 
Debemos vivir por fe en Dios y por el Espíritu santo después de nacer de nuevo. “Así que, hermanos, somos deudores, pero no a la carne para que vivamos conforme a la carne. Porque si vivís conforme a la carne, habéis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las prácticas de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no recibisteis el espíritu de esclavitud para estar otra vez bajo el temor, sino que recibisteis el espíritu de adopción como hijos, en el cual clamamos: “¡Abba, Padre!” El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:12-17). Clamamos, “Abba, Padre,” porque hemos recibido el Espíritu de adopción y no el espíritu de esclavitud y de temor.
“El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.” Primero que nada, el Espíritu Santo da testimonio de que hemos recibido la remisión de pecados a través de las Palabra concreta de Dios. El segundo testimonio es que no tenemos pecado. El Espíritu ha dado testimonio de que somos salvos. El Espíritu Santo lo ha hecho en los corazones de aquellos cuyos pecados han sido quitados. “No hay justo, ni aún uno” (Romanos 3:10). Cierto, pero esto es antes de que Dios nos liberará. Debajo de ese pasaje, esta escrito que somos justificados gratuitamente por su gracia a través de la redención que es en Cristo Jesús (Romanos 3:24). También esta escrito que el Espíritu mismo da testimonio de que somos hijos de Dios. El Espíritu viene a nosotros cuando admitimos en nuestros corazones lo que Dios ha hecho por nosotros, pero si no lo creemos, no hay forma de encontrar al Espíritu dentro de nosotros. Si nosotros recibimos lo que Dios ha hecho por nosotros en nuestros corazones, el Espíritu da testimonio, “Ustedes son justos. Ustedes son mis hijos. Están justificados. Ustedes son mi gente.” “Entonces herederos–herederos de Dios y co-herederos con Cristo, si en verdad sufrimos con él, para que también seamos glorificados juntamente.” Es totalmente apropiado que los hijos de Dios sufran con el Señor, así como también sean glorificados con él. Aquellos que tienen el Espíritu Santo, siendo guiados por el Espíritu, descansan su esperanza en su entrada al reino de los cielos.
 
 
Vivimos en la esperanza del reino del milenio y el Reino de los cielos a pesar de los sufrimientos del Tiempo presente
 
Veamos Romanos 8:18-25. “Porque considero que los padecimientos del tiempo presente no son dignos de comparar con la gloria que pronto nos ha de ser revelada. Pues la creación aguarda con ardiente anhelo la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación ha sido sujetada a la vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sujetó, en esperanza de que aun la creación misma será librada de la esclavitud de la corrupción, para entrar a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una sufre dolores de parto hasta ahora. Y no sólo la creación, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo. Porque fuimos salvos con esperanza; pero una esperanza que se ve no es esperanza, pues ¿quién sigue esperando lo que ya ve? Pero si esperamos lo que no vemos, con perseverancia lo aguardamos.”
Somos los primeros frutos del Espíritu. Nosotros quienes somos nacidos de nuevo somos los primeros frutos de la resurrección. Tomaremos parte en la primera resurrección. Jesucristo es el primer fruto de la resurrección y nosotros somos quienes estamos adheridos a él. Aquellos que son de Cristo toman parte en la primera resurrección; entonces viene el fin. Los impíos tomarán parte en la segunda resurrección para ser juzgados. Es por eso que Pablo dice, “Porque considero que los padecimientos del tiempo presente no son dignos de comparar con la gloria que pronto nos ha de ser revelada.” Por la gloria aquí, él se esta refiriendo al milenio y al reino del cielo. Todos nosotros seremos cambiados cuando ese bendito tiempo venga. Los hijos de Dios se levantarán totalmente de entre los muertos y cada uno de ellos recibirá la vida eterna del Señor. La carne se levantará de nuevo de entre los muertos (nuestras almas ya se habrán levantado de nuevo de entre los muertos). Dios renovará todas las cosas y los justos vivirán felizmente como reyes durante mil años.
Todas las criaturas del universo esperan por la manifestación de los hijos de Dios. La creación será cambiada, como nosotros seremos cambiados. No existirán cosas tales como el dolor, el sufrimiento o la muerte durante el tiempo del milenio. Pero nosotros gemimos ahora. ¿Por qué? Porque la carne aún es débil. ¿Por qué gimen nuestras almas? Gimen por la redención de nuestros cuerpos.
“Y no sólo la creación, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo. Y no sólo la creación, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo. Pero si esperamos lo que no vemos, con perseverancia lo aguardamos” (Romanos 8:23-25).
Estamos esperando ansiosamente la adopción, porque somos salvados en esta esperanza. Nosotros, cuyos pecados han sido completamente quitados, entraremos al milenio y al reino del cielo. No pereceremos, aún si el mundo llega al final repentinamente. Nuestro Señor vendrá a este mundo de nuevo al final. Él hará todas las cosas nuevas y levantará la carne renovada de los justos. Él hará que reinen durante mil años.
El fin de este mundo es desesperación para los pecadores, pero esperanza nueva para los justos. Pablo tenía esa esperanza. ¿Gimes y esperas por la redención de tu cuerpo? ¿También el Espíritu esta esperando? Seremos transformados en cuerpos espirituales, como el cuerpo resucitado de Jesucristo, sin sentir dolor o debilidad.
 
 
El Espíritu Santo ayuda a los justos a tener fe
 
El Espíritu Santo nos ayuda a tener fe. ¿Esperamos lo que vemos? No, esperamos por lo que no podemos ver todavía. “Y asimismo, también el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades; porque cómo debiéramos orar, no lo sabemos; pero el Espíritu mismo intercede con gemidos indecibles. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el intento del Espíritu, porque él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios” (Romanos 8:26-27).
¿Que es lo que realmente quiere el Espíritu dentro de nosotros? ¿Qué nos ayuda a hacer él? ¿Qué esperanza tienes tú? Esperamos nuevos cielos y nueva tierra (2 Pedro 3:13), el reino del cielo. Ya no queremos vivir en este mundo que muere. Estamos cansados y así esperamos por el Día del Señor. Queremos vivir eternamente sin pecado, sin enfermedades, sin espíritus malvados; queremos vivir ahí felizmente con gozo, paz, amor y mansedumbre en comunión total con el Señor Jesús y los unos con los otros.
Así, el espíritu gime y hace intercesión por nosotros, esperando los nuevos cielos y la nueva tierra. Hablando francamente, nosotros, los justos, no tenemos placer en este mundo a excepción de, tal vez, un partido de fútbol con nuestros compañeros siervos de Dios. Vivimos en la tierra porque estamos interesados en predicar el evangelio. Pero sin esta gran comisión, los justos no tendrían razón para estar en este mundo.
 
 
Dios permite que todas las cosas trabajen juntas Para el bien de los que han nacido de nuevo, Quienes lo aman
 
Leamos Romanos 8:28-30. “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito. Sabemos que a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo; a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.”
En Romanos 8:28 Pablo dice, “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito.” Este pasaje es muy importante. Mucha gente piensa, “¿Por qué nací? Dios debería de haberme creado en un lugar donde satanás no existiera y el debió haberme permitido vivir en el reino del cielo desde el principio. ¿Por qué él me hizo de esta manera?” Alguna gente que nació en malas circunstancias tiene un rencor, primero contra sus padres y después en contra de Dios. ¿Por qué me hiciste nacer entre tanto sufrimiento?
Este pasaje nos provee con la respuesta correcta a tal pregunta. Nacimos como criaturas de Dios. ¿Es correcto? Somos su creación. Dios nos creó a su imagen de acuerdo a la semejanza de Dios, pero aún somos sus criaturas. Existe un propósito para que Dios nos coloque en este mundo. La Escritura dice, “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito.” Debido al pecado original heredado de Adán y Eva, nuestros antecesores, quienes fueron engañados por el demonio, nacimos como pecadores y sufrimos. Pero Dios envió a Jesucristo por nosotros para hacernos sus hijos a través de la fe. Ese es el propósito para que él nos creara. Él también esta deseoso de darnos vidas felices y eternas de bienes, con Jesucristo y Dios el padre en el reino del milenio y el reino del cielo.
“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito.” La voluntad de Dios para nosotros fue totalmente completada cuando nuestros pecados fueron quitados. ¿No es esto correcto? ¿No deberíamos de estar felices de que nacimos en este mundo? Cuando pensamos en la gloria que disfrutaremos en el futuro, no podemos evitar el estar felices por haber nacido de nuevo. Pero la mayoría de la gente no esta feliz y esto se debe a que rechazan el amor de Dios.
¿Sabes porque hay pecados y enfermedades y porque todo parece ir bien para la gente malvada, mientras que aquellos que tratan de hacer lo bueno solo parece que sufren? Esto se debe a que solo cuando sufrimos llegamos a conocer a Dios, encontrarnos con él y llegar a ser sus hijos, recibiendo el perdón de nuestros pecados. Dios aún deja a la gente malvada continuar viviendo en el mundo para hacer que todas las cosas trabajen para el bien de aquellos que lo aman a él.
No pienses de esta forma: “Yo no se porque Dios me hizo así. ¿Por qué Dios me permitió nacer en una familia tan pobre y sufrir? Dios nos permite nacer en este mundo bajo el reino de satanás y de la ley para convertirnos en sus hijos y hacernos vivir eternamente como reyes con nuestro señor en su reino. Todas las cosas trabajan juntas para lo mejor y Dios nos hizo sus hijos. Este es el propósito de Dios para hacernos de esta manera. No tenemos nada de que quejarnos o de que murmurar en contra de Dios. ¿Por qué fui hecho así? ¿Por qué soy de esta manera?” La buena voluntad de Dios se lleva a cabo a través de estas dificultades.
No te quejes de tus sufrimientos. Ya no cantes canciones tan pesimistas acerca de tu vida. “Entonces, tal como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio” (Hebreos 9:27). Existe la gracia de la salvación de Dios entre el nacimiento y el juicio. Creemos en Jesucristo, todos nuestros pecados han sido quitados por la gracia de Dios y reinaremos eternamente en el milenio y en el reino del cielo. Estamos a ser llamados “señor de toda la creación.” ¿Entiendes ahora porque Dios te hizo sufrir? Él nos dio sufrimientos y tribulaciones para bendecirnos haciéndonos sus hijos, haciéndonos regresar a Dios.
 
 
Dios nos predestino a ser conformados a la imagen De su Hijo
 
No toma mucho tiempo recibir la remisión de pecados, ser salvado del juicio de Dios y llegar a ser justificados. Somos justificados de una vez y para siempre y podemos llegar a ser hijos de Dios instantáneamente por fe. La salvación de Dios no es el resultado de un proceso a largo plazo de nuestra propia santificación. Dios nos salvo de una vez y para siempre y nos justifico de una sola vez.
“Sabemos que a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo; a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Romanos 8:29-30).
Mucha gente basa “las cinco doctrinas del Calvinismo” sobre estos pasajes. Pero están equivocados. Aquí, Pablo dice, “Sabemos que a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” Dios nos predestino para ser sus hijos en Jesús. Dios nos predestino para que naciéramos en este mundo bajo su plan. Él nos hizo. ¿Para ser conformados a la imagen de quien? Para ser conformados a la imagen de Dios, la imagen de su Hijo.
Dios nos permitió nacer y se propuso adoptarnos como sus hijos a través de Jesucristo, de acuerdo a su voluntad porque así le plació. Él prometió enviar a su Hijo para hacernos sus hijos, quienes estamos conformados a la imagen de su Hijo. Dios nos llamó a través de Jesucristo cuando éramos pecadores, como los descendientes de Adán. “Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Él nos llamó después de haber quitado nuestros pecados. Él nos llamó para justificarnos por fe.
 
 
Dios nos justificó y él nos glorificó
 
Dios llamó a los pecadores y los justificó de una vez y para siempre. Somos justificados una vez y por creer en Jesús como nuestro Salvador, no por una santificación incremental, como insisten lo teólogos. Dios llama a los pecadores y los justifica–esta es la razón por la cual él llama a los pecadores.
“Ya los que llamó, a éstos también justificó.” Aquellos que son llamados por Dios y que creen en lo que Jesucristo hizo llegan a ser justificados. Ciertamente teníamos pecado como los descendientes de Adán anteriormente, pero nuestros pecados fueron todos quitados cuando creímos en la verdad de que Jesús de hecho los quitó todos. Entonces, ¿tienes pecado o no? ¡Claro que no! ya no tenemos más pecado en nosotros. “Y a los que llamó, a éstos también justificó.”
Los justificados son aquellos quienes llegan a ser hijos de Dios. No es cierto que lleguemos a ser sus hijos en etapas, paso a paso. En lugar de eso, somos glorificados de una sola vez como los hijos de Dios por su redención.
“Y a los que llamó, a éstos también justificó.” Dios nos hizo sus hijos. Yo no puedo entender porque tantos cristianos creen en los tan llamados “cinco pasos para la salvación.” La Salvación y el llegar a ser hijos de Dios son hechos de una vez por todas. Toma algo de tiempo para que nosotros tomemos parte en la resurrección de nuestros cuerpos, ya que tenemos que esperar por la segunda venida de nuestro Señor, pero la liberación del pecado se obtiene de inmediato, en un pestañear. Podemos tener la redención instantánea cuando respondemos a la Palabra de la remisión de nuestros pecados que Dios, quien nos llama, nos ha ofrecido y aceptamos lo que él ha hecho para salvarnos. “¡Gracias, Señor, Aleluya¡ ¡Amén! Soy salvo porque tú me salvaste. No podría haber sido redimido si tú no hubieras lavado mis pecados. ¡Gracias, mi Señor! ¡Aleluya!” Nuestros pecados son borrados de esta manera.
La redención no requiere ni de nuestras obras, ni de nuestro tiempo. Nuestras obras no juegan ningún papel, ni aún el 0.1% en nuestra redención. Los calvinistas dicen que uno tiene que ser justificado paso a paso para ser redimido y entrar al reino de los cielos. Así como un gusano no puede correr 100 metros en un segundo no importa cuan duro lo intente, la gente no puede ser justificada por sus propios esfuerzos, no importa que tan buenos puedan ser o que tan duro intenten guardar la ley. Un gusano es un gusano no importa que tanto se bañe o se maquille con cosméticos caros. De la misma manera, mientras los pecadores tengan pecado en su corazón, aún son meramente pecadores no importa que tan bien se vean.
¿Cómo puede un pecador ser completamente justo, siendo santificado paso a paso? ¿Acaso la carne mejora con el paso del tiempo? No, la carne es impía y más malvada en cuanto envejece. Pero la Biblia dice, “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” Este pasaje arregla en línea lo que Dios hace de una sola vez por la gracia de Dios; no dice que la redención y la justificación sean completadas por partes. Alguien puede ser justificado de una vez y para siempre teniendo fe en el Señor, no incrementalmente.
Muchos teólogos, sin saber lo que están haciendo, insisten en teorías irrazonables y envían a la gente al infierno. Dios nos prometió redención y nos llamó a través de Jesucristo, nos justifico y glorificó a aquellos que respondieron a su llamado. “Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). ¿Nos glorificó Dios? ¡Claro! ¿Podemos ser glorificados por las buenas obras o por las tribulaciones? ¿Tenemos que esforzarnos para ser justificados? ¡Claro que no! Ya hemos sido justificados.
 
 
Nadie puede separarnos del amor de Dios
 
¿Quién puede estar en contra de nosotros, si Dios es por nosotros? Nadie. “¿Qué, pues, diremos frente a estas cosas? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? El que justifica es Dios. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, es el que también resucitó; quien, además, está a la diestra de Dios, y quien también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación? ¿Angustia? ¿Persecución? ¿Hambre? ¿Desnudez? ¿Peligros? ¿Espada? Como está escrito: Por tu causa somos muertos todo el tiempo; fuimos estimados como ovejas para el matadero Más bien, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 8:31-39).
Nadie puede separarnos del amor de Dios. Nadie puede hacernos, a los justos, pecadores de nuevo. Nadie puede estorbar a aquellos que han llegado a ser hijos de Dios y que vivirán en el milenio y en el reino del cielo. ¿Pueden las tribulaciones hacernos pecadores? ¿Pueden las angustias hacernos pecadores? ¿Puede la persecución hacernos pecadores? ¿Puede el hambre, la desnudez, los peligros o la espada hacernos pecadores de nuevo? “El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con él todas las cosas?” Dios nos da el reino del cielo. Él nos da las cosas gratuitamente ya que él no escatimo a su propio Hijo Unigénito para salvarnos. ¿Cuándo Dios estaba dispuesto a hacer el sacrificio más grande por nosotros, porque, entonces, no nos haría hijos suyos?
 
 
La redención que Dios distribuye sobre nosotros Es….
 
Dios dice que para ser redimido de nuestros pecados, debemos primero admitir que Jesucristo fue enviado en la carne de acuerdo a la voluntad de Dios Padre. En segundo lugar, debemos admitir que Jesús tomó todos nuestros pecados sobre el mismo a través de su bautismo en el río Jordán. En tercero, debemos confesar que Jesús fue crucificado por nosotros y finalmente, que él resucitó. No podemos ser salvados si no creemos en cada uno de los requerimientos arriba mencionados.
Aquellos que no creen que Jesús es el Hijo de Dios, o que él es Dios, están excluidos de la salvación de Dios. Si una persona niega la divinidad de Jesucristo, él / ella se convierten en hijos de satanás. Aquellos que niegan el hecho que Jesús tomó todos nuestros pecados cuando él fue bautizado por Juan el Bautista no pueden ser salvados tampoco. Jesús no puede convertirse en su Salvador. No pueden ser salvados en sus corazones, aunque creen en Jesús con sus pensamientos. Irán al infierno, aunque conocen a Jesús. Jesucristo murió en nuestro lugar ya que él tomó todos nuestros pecados con su bautismo. Jesús murió debido a nuestros pecados, no por los de él. Entonces él se levantó de entre los muertos para justificar a todos aquellos que creen y los levanta en resurrección.
 
 
Somos salvados por fe en su bautismo
 
Hasta ahora he predicado sobre el capitulo 7 en conexión con el 8. El capitulo 7 dice que alguien que tiene pecado no puede hacer lo bueno. Pero el capitulo 8 dice que ahora ya no hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús y que nuestra fe en Jesucristo nos limpia. Somos débiles y no podemos vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, así que Dios Padre envió a Jesucristo como nuestro Salvador y él tomó todos nuestros pecados con su bautismo cuando aún éramos pecadores. Somos salvos de todos nuestros pecados y hechos justos a través de Jesucristo. Esta es la verdad que Pablo enseña a través de los capítulos 7 y 8.
“Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo, quienes no camina de acuerdo a la carne, sino de acuerdo al Espíritu.” Ahora no tenemos pecado. ¿Estás en Jesucristo? ¿Admites lo que Jesucristo hizo por ti? Así como Pablo fue redimido de sus pecados, todos nuestros pecados también han sido quitados, a través de nuestra fe en el bautismo de Jesús y su sangre sobre la cruz. Hemos sido redimidos por creer en el bautismo, la sangre y la resurrección de Jesús. Si una persona arrogantemente rehúsa creer en el bautismo de Jesucristo y si la persona insiste en que Jesús fue bautizado solo para mostrarnos su modestia, Dios enviará a esa gente al infierno. No seas arrogante ante la Palabra de Dios. ¿Cómo pueden los ministros y los pastores ignorar el bautismo de Jesús cuando Pablo mismo hablo tanto acerca de ello? ¿Cómo pueden ignorar la fe de Pablo el apóstol, uno de los grandes padres de la de? ¿Cómo pueden ignorar las enseñanzas de un siervo de Dios, quien Dios mismo hizo apóstol?
Si queremos predicar acerca de Jesucristo, debemos predicar como esta escrito en la Biblia y debemos creer de acuerdo en la Biblia. El Señor nos dice, “Por tanto, Jesús decía a los judíos que habían creído en él: -Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32). Tú y yo llegamos a creer en el bautismo de Jesús como Pablo.
¿Cuando son tus pecados pasados al cuerpo de Jesucristo? Todos nuestros pecados fueron pasados a Jesucristo cuando él fue bautizado por Juan el Bautista. Jesús dijo a Juan, “¡Permítelo ahora! Porque así conviene que se cumpla toda justicia” Aquí, “Porque así” es “hoo’-tos gar” en Griego, que quiere decir “de esta manera,” más apropiado,” o “no hay otra manera de hacer esto.” Esta palabra muestra que Jesús irreversiblemente tomó todos los pecados de la humanidad sobre él mismo a través de su bautismo que recibió de Juan. Bautismo quiere decir “ser lavado.” Para que todos los pecados en nuestros corazones sean lavados, nuestros pecados deben ser pasados sobre Jesucristo.
Jesucristo tomó nuestros pecados, fue crucificado en nuestro lugar y fue sepultado en unión con nosotros. Pablo, así, declara, “Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gálatas 2:20). ¿Cómo podríamos ser crucificados, cuando de hecho fue Jesús quien fue ejecutado sobre la cruz? Estamos crucificados con Cristo porque creemos que Jesús tomó todos nuestros pecados sobre él mismo y fue crucificado por estos pecados.
Yo alabo al Señor quien me ha salvado de todos mis pecados. Podemos predicar atrevidamente el evangelio porque Jesús nos ha justificado. Yo doy gracias a nuestro Señor por salvarnos, cuya carne es débil y que hemos caído de su gloria, por todos nuestros pecados.