The New Life Mission

Sermones

Tema 23: Hebreos

[Capítulo 6-1] < Hebreos 6, 1-8 > El Evangelio del agua y el Espíritu que nos hace perfectos siempre

< Hebreos 6, 1-8 >
«Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite. Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada».
 
 
Acabamos de leer Hebreos 6, 1-8 en la lectura de las Escrituras de hoy, y me gustaría tomar esta oportunidad para examinar lo que dice la Biblia cuando habla del “arrepentimiento de obras muertas” (Hebreos 6, 1).
¿Qué significa exactamente que un cristiano haga obras muertas? Significa que no vive confiando en la justicia de Dios. Para que los pecadores cristianos vuelvan a Cristo y vivan una vida de fe correcta, primero deben saber qué es la justicia de Cristo, dejar de lado sus obras muertas que se hacen entre los infieles y volver a la presencia de Dios. En otras palabras, deben dejar de adorar este mundo, entender correctamente quién es Dios y qué es Su justicia y volver a Jesucristo. Para ello, deben darse cuenta de cómo Dios ha borrado todos sus pecados y qué bendición gloriosa nos dará en el futuro.
El escritor de la Epístola de Hebreos nos está advirtiendo a todos los cristianos que han ido por el mal camino espiritual para que entiendan la Verdad de la salvación y Cristo. Por eso Pablo dijo: «Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno» (Hebreos 6, 1-2). Comparando el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista en el Nuevo Testamento con la imposición de manos del Antiguo Testamento, este pasaje implica que los dos son lo mismo. También nos muestra que hemos muerto con Cristo y hemos resucitado con Cristo, y que quien no vive confiando en la justicia de Dios se enfrentarán al juicio de la ira de Dios.
Sin embargo, algunos cristianos confusos tienden a malinterpretar este pasaje y como resultado caen en una gran confusión. Así que piensan que todavía hay otra verdad que les perfecciona aún más a parte del bautismo de Jesús, Su muerte en la Cruz y Su resurrección. Consecuentemente piensan equivocadamente que es más importante confiar en su propia piedad y devoción para perfeccionarse en vez de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la única manera en la que uno puede morir con Cristo y resucitar con Cristo. En otras palabras, creen equivocadamente que pueden santificarse a la perfección confiando en su propia piedad y devoción.
Pero esta no es la voluntad de Dios. Todos debemos darnos cuenta aquí que, como Jesús se ha convertido en nuestro Salvador al ser bautizado por Juan el Bautista, morir en la Cruz, y levantarse de entre los muertos al tercer día, nos ha perfeccionado completamente. Por eso el escritor del Libro de Hebreos nos está enseñando aquí que el bautismo de Jesús, Su muerte en la Cruz y Su resurrección son elementos indispensables de la salvación en los que todos debemos creer.
En concreto, los bautismos y la imposición de manos mencionados en el versículo 2 simplemente implican que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista por la misma razón en que se realizaba la imposición de manos en el Antiguo Testamento, es decir, para cargar con todos nuestros pecados. Por tanto, como Jesús nos ha salvado al cargar con todos los pecados de este mundo a través de Su bautismo, al derramar Su sangre hasta morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos, Dios nos está advirtiendo que no sentemos de nuevo los cimientos de la doctrina de la resurrección y el juicio eterno, sino que vivamos por nuestra fe perfecta.
Los bautismos y la imposición de manos de los que habla el autor de la Epístola en Hebreos 6, 2 implican la Verdad de que Jesucristo cargó con todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado en este mundo. En otras palabras, está hablando de la Verdad de salvación al conectar la imposición de manos del Antiguo Testamento con el bautismo de Jesús. El autor está hablando también de la resurrección, diciendo que todos los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu tomarán parte de la primera resurrección que ha concedido el Señor. Por el contrario, los que se niegan a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y no nacen de nuevo y viven como pecadores todas sus vidas serán condenados por sus pecados cuando sean resucitados.
Creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Verdad elemental de la fe cristiana. Creemos que nuestro Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados para darnos la bendición de la resurrección. Tomemos un momento aquí para examinar los principios más elementales de nuestra fe en la justicia de Dios. Jesucristo es Dios mismo, pero para convertirse en nuestro Señor y Salvador, cargó con todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista. Y como Cristo cargó con todos los pecados de este mundo, fue crucificado hasta morir, pero se levantó de entre los muertos al tercer día después de ser enterrado en una tumba en una cueva. Como Dios y Juez, Jesucristo condenará a todo el que no crea en Él como Dios y arrojará a los que no crean al infierno. Pero los que crean en la justicia de Dios serán llevados al Reino de los Cielos y vivirán con Él para siempre. Por tanto, debemos creer en todas estas verdades que se encuentran en el Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
No debemos malinterpretar o malentender la lectura de las Escrituras de hoy de Hebreos 6, 1-8
 
Si la gente intenta entender el pasaje de las Escrituras de hoy según su propia interpretación sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, caerá en una gran falacia. Pero hay demasiados cristianos de hoy en día que malinterpretan este pasaje literalmente en su ignorancia de la justicia de Dios. Estos cristianos confusos ignoran la justicia de Dios que está en el centro de la fe cristiana y dicen: “Mira, ¿acaso no dice la Biblia aquí que debemos dejar la discusión de los principios elementales de Cristo?”. Pero hacer esto es caer completamente en una enseñanza errónea.
Los justos no deben levantarse contra los líderes de la Iglesia de Dios. Lo mínimo que pueden hacer como santos justos es no levantarse contra los siervos de Dios y el Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque se sientan dañados por algunos de sus líderes, deben intentar entender y recordar que incluso los líderes de su iglesia pueden ser tan débiles como ustedes y tener tantos fallos como ustedes. Entonces se darán cuenta de que Dios está intentando derrumbar su propia justicia y podrán dar gracias a Dios y una vez más confiar en Su justicia. A través de estas pruebas y tribulaciones pueden confiar en la justicia de Dios aún más. Si se unen con sus predecesores de la fe, podrán estar unidos a la Iglesia de Dios y podrán vivir el resto de sus vidas como soldados de Cristo. Por muchas debilidades que tengan ante Dios, mientras crean en Su justicia, no tendrán ningún pecado. Todos los que nos hemos convertido en justos al creer en la justicia de Dios hemos recibido la remisión de los pecados del Señor, nos hemos convertido en hijos de Dios y hemos obtenido la bendición de la vida eterna.
Nada puede bendecirnos que no sea la justicia de Dios que el Señor nos ha dado. Los cimientos de nuestra fe están puestos en la justicia de Dios, y por tanto no debemos poner otros cimientos. Si predicásemos sin entender la justicia de Dios revelada en las Escrituras, no estaríamos predicando de verdad. Dios nos ha hecho siervos Suyos para poder predicar Su justicia. No nos ha nombrado siervos de Su justicia por ningún otro motivo. ¿Creen que Dios nos ha puesto en este mundo por otro motivo? No, por supuesto que no.
Nuestro objetivo en esta vida es liberar a todos los que están atados por las falsas religiones y liberarles de todos sus pecados, no para atarlos más a la Ley y que acaben muriendo. Pero hay demasiados pastores que insisten en que sus congregaciones deben cumplir la Ley de Dios a ciegas, aunque no puedan cumplir todos los mandamientos. En realidad los pastores no están predicando para servir a la justicia del Señor. La Palabra de Dios nos ha dicho claramente que no debemos hacer esto. Por el contrario, Dios nos ha pedido que salvemos a todos los pecadores al predicar los principios elementales de Cristo. Esto es lo que el autor de la Epístola de Hebreos tenía en mente cuando dijo: «Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite» (Hebreos 6, 3).
 
 
El castigo que les espera a los que traicionen a la justicia de Dios
 
Todos debemos creer que el Señor cargó con todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista en este mundo, fue crucificado hasta morir mientras cargaba con todos los pecados del mundo, se levantó de entre los muertos después de ser enterrado y así se ha convertido en el Salvador vivo de todos los que creen en esta Verdad. Quien no crea en esta Verdad de salvación es un pecador que será condenado, y quien traiciona al Evangelio del agua y el Espíritu después de creer también será condenado. Esto se explica claramente en la lectura de las Escrituras de hoy.
Pasemos ahora a Hebreos 6, 4-6: «Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio». Las palabras «los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial» (Hebreos 6, 4) se refieren a los que en un momento de sus vidas, escucharon y creyeron en el Evangelio del agua y el Espíritu. El don celestial que se menciona en este pasaje se refiere al don de la salvación que Jesucristo nos ha dado al cumplir la justicia de Dios.
La Biblia dice claramente aquí que los que se separan después de haber probado la salvación que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu no pueden renovarse al arrepentimiento. Como esta gente acaba traicionando al Evangelio del agua y el Espíritu, incluso después de haber creído en él una vez, es imposible que reciba la remisión de los pecados de nuevo. Está escrito claramente que estas personas que traicionan a la justicia de Dios no pueden recibir la remisión de los pecados. Esto se debe a que dan mal nombre al Hijo de Dios y Su justicia. En otras palabras, traicionan y se levantan contra la justicia de Dios que Cristo ha cumplido por ellos.
He predicado el Evangelio del agua y el Espíritu a multitud de personas. Algunas de ellas creyeron en este Evangelio primero pero acabaron traicionándolo. ¿Qué les pasó a estas personas? Ninguna de ellas pudo arrepentirse. Aunque intenté hacer todo lo posible por predicarles el Evangelio del agua y el Espíritu de nuevo, se negaron a aceptarlo de nuevo.
Toda esta gente será condenada de manera justa por sus pecados porque no cree en la justicia de Dios. ¿De quién es la culpa? ¿Es culpa suya o de Dios? La culpa es de los que se niegan a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu después de escucharlo. Jesucristo nos amó todos por igual y cargó con todos los pecados para siempre a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Cargó con todos los pecados del mundo hasta la Cruz y fue condenado justamente por los pecados del mundo al derramar Su sangre. El Señor se levantó de entre muertos y se ha convertido en el verdadero Salvador de todos los que creen en la justicia de Dios.
Si Jesucristo no se hubiese levantado de entre los muertos después de haber sido crucificado hasta la muerte, no podría haberse convertido en nuestro Salvador de los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta obra de salvación no se hizo según los deseos de Jesús, sino en obediencia a la voluntad de Dios Padre, y por tanto, fue más que suficiente para permitirnos ser salvados por fe. Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo consultaron el uno con el otro y planearon nuestra salvación para cumplir esta obra de salvación y adoptar a todos los que creemos en la justicia de Dios como Sus hijos propios. Por tanto, quien cree en la justicia de Dios es salvado, pero quien no cree en esta justicia de Dios o quien la traiciona después de creer en ella, no puede escapar del castigo del infierno.
A través del pasaje de las Escrituras, el Señor nos está avisando que no debemos traicionar a la justicia de Dios, porque quien traiciona a la justicia de Dios será destruido para siempre sin falta. Quien se niegue a aceptar y creer que el bautismo de Jesús y Su sangre en la Cruz constituyen la justicia de Dios será destruido por sus pecados. Estas personas no pueden ser salvadas de sus pecados nunca. Por mucho que crean en Jesús como su Salvador y lo mucho que le sirvan, no pueden ser salvados de sus pecados. Por eso nuestro Señor nos pidió en el pasaje de las Escrituras que no traicionásemos Su justicia.
Está escrito en Hebreos 6, 7-8: «Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada».
La tierra aquí se refiere al corazón humano. Todo verdadero predicador da testimonio del bautismo de Jesucristo, Su sangre derramada en la Cruz, Su muerte y Su resurrección, y Su divinidad como el Hijo de Dios y Dios mismo. Y cuando los que escuchan esta Palabra de Dios la aceptan en sus corazones y creen en ella, el fruto de la fe nace en sus corazones. Cuando creen en la Palabra de Dios, se sienten obligados a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo, y vivirán el resto de sus vidas como soldados de Cristo. Pero, ¿qué pasará si se niegan a aceptar la Palabra de Dios de la justicia en sus corazones? Cuando se levantan contra la justicia de Dios con sus pensamientos carnales, serán destruidos.
Cualquier persona en el presente puede escuchar ahora el Evangelio del agua y el Espíritu, pero quien no crea en este Evangelio incluso después de escucharlo, será destruido. Hemos trabajado muy duro para enseñar a la gente acerca del Evangelio del agua y el Espíritu, pero si no creen en él después de escucharlo, serán condenados. Por el contrario, quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu recibirá la vida eterna de Dios. Ninguna persona en la Iglesia de Dios debe menospreciar esta salvación que Jesús ha cumplido a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz, que constituyen conjuntamente la justicia de Dios.
Pero algunas personas dicen: “Espero que el Pastor Paul C. Jong predique algo que no sea la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu”. Esto está mal porque cuando el Padrenuestro dice: “Danos hoy nuestro pan de cada día”, el pan de cada día es el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Qué será esta pan si no es el Evangelio del agua y el Espíritu? El hecho de que el Señor nos haya salvado a los que creemos en la justicia de Dios de nuestros pecados al venir a este mundo, ser bautizado, derramar Su sangre en la Cruz hasta morir, y levantarse de entre los muertos, es el pan que el Señor nos ha dado y es nuestro pan de cada día.
El Padrenuestro también nos enseña a orar así: “Perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden”. Muchos cristianos de hoy en día toman esta enseñanza como la base del argumento de que una persona ha recibido la remisión de los pecados al ofrecer oraciones de penitencia, pero esto es completamente incorrecto.
El Apóstol Pedro dejó claro que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para tomar todos nuestros pecados, diciendo claramente en 1 Pedro 3, 21: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo». Para permitirnos entrar en la presencia del Dios Santo con una conciencia limpia Jesús fue bautizado por Juan el Bautista y derramó Su sangre. Como el Señor tomó todos nuestros pecados al ser bautizado y cargó con la condena de nuestros pecados al derramar Su sangre en la Cruz, hemos sido salvados de todos nuestros pecados a través de la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Quien crea en la justicia de Dios es salvado de sus pecados. Y podemos creer en esta justicia de Dios.
La Palabra de Dios que leemos hoy en la Epístola de Hebreos dice: «Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno» (Hebreos 6, 1-2). Si simplemente miramos este pasaje sin prestar atención, acabaremos malinterpretándolo pensando que quiere decir que debemos dejar de lado nuestra fe elemental. Pero en realidad nos enseña que debemos anclar nuestras vidas en la fe en Jesucristo y plantarlas en los cimientos sólidos de que a través de la fe en la justicia de Dios fuimos bautizados con Jesucristo, morimos en la Cruz con Jesucristo hemos vuelto a la vida con Jesucristo.
La Palabra de Dios nos lo enseña todo a través de nuestra fe. Por tanto, ninguno debe predicar nada que no esté en la Palabra de Dios. También debemos molestarnos en hablar de problemas que no existen. ¿Somos Dios? No, por supuesto que no. Entonces, ¿por qué intentamos predicar algo que Dios no ha revelado en Sus Escrituras? Esto no tiene sentido.
Cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, muchas personas hoy en día nos preguntan: “Hay muchas personas que el pasado no escucharon el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿qué les ha pasado a estas personas?”. Pero debemos saber que Dios es justo. Todo lo que ha pasado, ha sido por la providencia de Dios. El hecho de que Dios nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu a través de Su Palabra es una bendición maravillosa. Pero, en vez de creer en la justicia de Dios, demasiados cristianos hoy en día no siguen la ética humana, intentando evitar que estos cristianos confusos escuchen el verdadero Evangelio. Estos pecadores cristianos tienden a ignorar el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y hacen hincapié en Su sangre derramada en la Cruz y Su resurrección.
Nuestra resurrección es física y espiritual. Como creemos en la justicia de Dios, nuestras almas murieron una vez y han vuelto a la vida, pero la resurrección de nuestros cuerpos sigue sin cumplirse. No es algo que haya pasado ya. Pero este cuerpo imperfecto nuestro será transformado cuando nuestras vidas en este mundo se acaben o cuando el Señor vuelva antes. El cuerpo que tenemos ahora tiene que ser resucitado por nuestro Señor.
No debemos llamar a otra cosa que no sea el Evangelio del agua y el Espíritu Su justicia. El Evangelio del agua y el Espíritu constituye la justicia de Dios y si de verdad hemos sido salvados de nuestros pecados al creer en este verdadero Evangelio, entonces debemos plantar nuestros corazones firmemente en esta Verdad y vivir con nuestra fe según esta Verdad. Es absolutamente necesario que todos nos demos cuenta de lo importante que es esta fe. Hoy en día hay muchos cristianos que dicen estar sin pecados aunque crean solamente en la sangre derramada en la Cruz mientras que rechazan el Evangelio del agua y el Espíritu. Estas personas suelen llamarse evangélicos. Pero si son los verdaderos evangélicos deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu predican solamente la sangre derramada en la Cruz, y aún así se llaman a sí mismos evangélicos. Incluso atraen a los verdaderos creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando sufro un ataque así, me siento incitado a luchar una batalla espiritual para aclarar de una vez por todas qué Evangelio es más poderoso, el Evangelio del agua y el Espíritu o el Evangelio de solo la Cruz. Hay muchas personas de todo el mundo cuya fe está confusa como la de estos evangélicos. Vayan donde vayan, desde Europa a las Américas, la mayoría de los cristianos creen solamente en la sangre en la Cruz. Todas estas personas confiesan que tienen pecados en sus almas. Cuando veo a estas personas sufriendo por el peso de los pecados, les ofrezco uno de nuestros libros que contienen el Evangelio del agua y el Espíritu y les pido que lo lean y consideren detenidamente qué es el verdadero Evangelio.
Hemos compartido nuestros libros sobre el Evangelio con todas las personas del mundo y muchas personas que los leen reaccionan con sorpresa. Muchos de ellos han enviado sus testimonios de salvación, diciendo que las doctrinas cristianas en las que han creído durante décadas eran todas mentiras, y que ahora han encontrado el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Les hemos obligado a escribir estos testimonios? No, por supuesto que no. Nos han enviado estos testimonios por su propia cuenta porque ahora creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón.
La obra que se está haciendo en la Iglesia de Dios la hace Dios mismo a través de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu en el fin de los tiempos. Esta es la prueba de la obra maravillosa de las bendiciones de Dios. Los Apóstoles predicaron el Evangelio del agua y el Espíritu y escribieron sus obras en Hechos de los Apóstoles por la inspiración del Espíritu Santo. Y en estos tiempos, la obra de Dios de predicar el Evangelio continúa a través de los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Hoy en día, muchos pentecostales quieren hablar en lenguas o ver visiones mientras oran, pero esto no es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu ni buscar la Verdad. Los que tienen una fe madura de verdad son los que buscan su razonamiento para creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y distinguen la justicia de Dios de la del hombre. Pueden distinguir lo que dicen los que creen en un evangelio falso de lo que dice la Palabra de Dios.
Ahora que están estudiando en la Mission School, deben tener un conocimiento claro del Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él sin dudar. En vez de vivir una vida de fe inestable con un conocimiento incompleto del Evangelio del agua y el Espíritu, deben reafirmar su fe en este Evangelio mientras son formados, creer en él hasta el final del mundo y disfrutar de la justicia de Dios solamente para siempre, al tiempo en que viven como soldados de Cristo.
Algunos de ustedes pueden decir, cuando se les dice que vivan por la justicia del Señor: “Tengo demasiadas debilidades en mis acciones para hacer eso”. Pero, ¿quién no tiene debilidades en sus acciones? Lo que importa no es sus acciones, sino el que decidan o no creer en la justicia de Dios que fue cumplida por Cristo, porque esta decisión determina si pueden ser soldados de Cristo e hijos de Dios, recibir Sus bendiciones, librar a otros de los pecados del mundo y caminar con la justicia del Señor hasta el fin del mundo. El verdadero Evangelio de la remisión de los pecados es el Evangelio del agua y el Espíritu; no es el Evangelio solamente de la sangre de la Cruz. El poder de este Evangelio del agua y el Espíritu no conoce límites. Después de todo, si el poder del agua y Espíritu no fuese tan grande, no podríamos haberlo predicado con tanta confianza. El poder de este verdadero Evangelio no tiene comparación.
Mis hermanos creyentes, un solo trabajador de Dios que cree al 100% en Su justicia puede salvar a toda la población de un país. Hay unos 250 países en este mundo, y si tenemos 250-300 trabajadores fieles y dedicados de Dios podremos transformar el mundo entero con el Evangelio del agua y el Espíritu. En el Antiguo Testamento, por ejemplo, Gideon pudo vencer a muchos soldados enemigos con solo 300 soldados. Esos 300 guerreros de Gideon ganaron de esta manera porque dejaron sus propios pensamientos carnales, confiaron en el siervo de Dios y Su Palabra en obediencia y cargaron fuerte contra el campo enemigo por fe. De la misma manera, por fe podemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, por fe podemos vencer cualquier problema, salvar a multitud de almas, reforzar nuestros corazones y seguir la justicia de Cristo.
Por el contrario, los que dicen que la sangre derramada en la Cruz constituye solamente la salvación no tienen nada más que pecados en sus corazones. Estas personas no pueden predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a ningún pecador que conocen.
Hay demasiados cristianos hoy en día que están tan encantados por estos falsos profetas que dicen tener poderes sobrenaturales que van en masa a estos charlatanes y les piden que les impongan las manos. Pero esto es completamente falso. Cuando una persona poseída por demonios pone las manos sobre otra persona, esta última acaba poseída. La Biblia dice que si un demonio se expulsa falsamente de una persona acaba entrando de nuevo en esa persona con aún más demonios. Así que esta persona acabará siendo poseída por una legión de demonios en vez de un demonio.
¿Qué es lo que necesita todo el mundo de verdad? El Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Qué proclama exactamente este Evangelio del agua y el Espíritu? Proclama que Jesucristo cargó con todos los pecados de la raza humana al haber sido bautizado por Juan el Bautista cuando vino a este mundo encarnado en un hombre. De la misma manera en que el animal del sacrificio cargaba con los pecados de los israelitas a través de la imposición de manos del Sumo Sacerdote, Jesús, el Hijo de Dios, cargó con todos los pecados de este mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, un descendiente de Aarón el Sumo Sacerdote. Entonces cargó con la condena de todos nuestros pecados al derramar Su sangre en la Cruz, se levantó de entre los muertos, y así se ha convertido en el Salvador de todos los que creen en la justicia eterna de Dios. Esto es lo que proclama el Evangelio del agua y el Espíritu, y creer en esta Verdad es la única manera de ser salvados de todos nuestros pecados. El Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio perfecto, y nuestra fe en este Evangelio es la fe que nos perfecciona. ¿Y qué hay de ustedes? ¿Creen en la justicia de Dios?
Por muchas debilidades que tengamos en la carne, mientras creamos en la justicia de Dios, podemos estar sin pecados como hijos de Dios. De la misma manera en que el hierro más duro se derrite si se echa en un horno, si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón y se aferran a él con todas sus fuerzas, sus pecados desaparecerán y se convertirán en una persona nueva. Así es como pueden convertirse en alguien que puede vivir por la justicia de Dios, alguien completamente sin pecados y alguien que puede hacer la obra justa de Dios. Quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu puede convertirse en una persona maravillosa gracias a la gracia de Dios. Y todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu serán encomendados por Dios por su fe fuerte en Su justicia.
El autor de la Epístola de Hebreos dio testimonio del poder del Evangelio del agua y el Evangelio y da testimonio de que Jesucristo es el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos. ¿Quién es Cristo? Es el Hijo de Dios Padre, pero también es el Creador del universo entero y todo lo que hay en él. De la misma manera en que toda casa es construida por alguien, este mundo no apareció por su cuenta, sino que apareció porque un Creador lo creó. Este Creador de todo el universo y todo lo que hay en él es Jesucristo. Es el Creador que hizo los cielos y la tierra. Y Este Creador, el Hijo de Dios y nuestro Maestro tuvo mucha compasión por nosotros como Sus criaturas y por eso vino personalmente a este mundo en obediencia a la voluntad de Dios Padre y sufrió una humillación y sufrimiento increíbles para salvarnos a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Sería maravilloso que todos los cristianos creyesen en la justicia de Dios, pero por desgracia este no es el caso. De hecho, la mayoría de cristianos no creen en la justicia de Dios y todos ellos serán destruidos por no creer. Hace tiempo, un cómico coreano famoso llamado Juil Lee murió después de perder la batalla contra el cáncer. Una de sus bromas era: “Siento ser tan feo”. Pero antes de morir dijo: “Perdón por no poder levantarme”, disculpándose a sus seguidores por haber perdido su batalla contra el cáncer. Lee tenía muchos seguidores y por eso multitudes fueron a dar el pésame a su funeral. Pero en una entrevista de televisión antes de su muerte, Lee dijo: “Nunca he hecho nada malo a nadie, ni he cometido ningún pecado, así que no entiendo porque tengo cáncer”. Lee no conocía sus pecados. Y no conocía el Evangelio del agua y el Espíritu tampoco.
Todos los seres humanos fueron creados por Jesucristo, pero muchos de ellos no reconocen a su Creador ni creen en Él, ni en que los creó y borró todos sus pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Este cómico del que les he hablado tenía muchos amigos cristianos en su vida, pero ninguno de ellos le predicó el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto nos demuestra lo importante que es orar por todo el mundo y predicar el Evangelio a todo el mundo.
Como creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, estamos muy felices y benditos en cuerpo y espíritu. Nuestro Señor Dios nos ha librado de todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu y nos ha dejado sin pecados, y no hay palabras para expresar lo agradecidos que estamos todos por esta bendición maravillosa. Así que todos debemos dar gracias al Señor por bendecirnos a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y por nombrarnos testigos perfectos. Y debemos alabar a Dios por darnos Su justicia.