The New Life Mission

Sermones

Tema 9: Romanos

[ Capítulo 8-9 ] (Romanos 8:28-30) Todas Las Cosas Nos Ayudan a Bien

(Romanos 8:28-30)
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo; para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.”

Hoy, quisiéramos considerar el pasaje anterior en Romanos capitulo 8. Se dice que Dios predestinó, llamó y glorificó a quienes estamos en Jesucristo, el Hijo de Dios. Hablaremos de esto y también acerca de cómo la gente tiende a entender la Doctrina de la Santificación Incremental.
Romanos 8:28 dice, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Tenemos que pensar quienes son “los que le aman.”
¿Acaso todas las cosas obraron para bien? Así dijo Dios. En el principio, antes de que Dios creara la gente, él planeo hacernos su pueblo de acuerdo a su propósito y ha hecho eso para bien en Jesucristo, su Hijo Unigénito.
Tenemos que recordar que en el Jardín del Edén se encontraba el árbol del conocimiento del mal y del bien. ¿Por qué plantó Dios este árbol? En primer lugar, hubiera sido mejor si Dios no hubiera plantado el árbol del conocimiento del bien y del mal. Mucha gente tiene curiosidad acerca de este punto.
Pero existía un profundo propósito y un plan de Dios. Dios creo a la gente para hacerla conforme a su propia imagen. De hecho, la humanidad no era diferente del resto de la creación hasta que recibimos la justicia de Dios.
 

¿Por qué plantó Dios el árbol del conocimiento del Bien y del mal?

Es por eso que debemos saber el porque Dios ordeno a Adán y a Eva que no comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal. ¿Cuál fue esa razón? Fue para guardar a los seres humanos bajo la ley de Dios y hacernos sus hijos redimidos a través de Jesucristo. Toda la justicia de Dios está escondida en la Palabra, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28), debemos encontrar la respuesta a la pregunta en el evangelio del agua y el Espíritu dado por Jesucristo.
Para hacer esto, primero debemos reconocer el evangelio de Dios. Entonces nos daremos cuenta que todo lo que Dios hace y planea es bueno. Pero para entender esta verdad debemos nacer de nuevo por la fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Debemos buscar la respuesta en el evangelio que Dios nos ha dado.
La razón por la cuál Dios nos creo, plantó el árbol del conocimiento del bien y del mal en el Jardín del Edén, permitió que Adán y Eva comieran de él, y nos hizo conocer la ley, fue para hacernos sus propios hijos. Nuestro Señor, quien nos libero a todos, permitió que todo esto pasara para que él pudiera darnos el perdón de pecados, la vida eterna, la gloria y el cielo. Dios hizo al hombre del polvo, y la humanidad fue hecha y nació para ser débil. La Biblia frecuentemente nos compara con los vasos de barro. Dios, quien es el alfarero, formo al hombre del barro. Él formo al hombre del polvo y soplo en él el amor del agua y el Espíritu. Dios nos ha dado la verdad del agua y el Espíritu para hacernos sus propios hijos.
Las artesanías que son hechas de barro se rompen fácilmente. De esta forma, Dios creo el espíritu y el cuerpo del hombre débil para poder hacerlo su hijo. Su propósito fue cumplido por Jesús, quien lavo todos los pecados de la humanidad y los revistió en la santidad de Dios, para darles vida eterna, haciéndoles nacer de nuevo con el evangelio del agua y el Espíritu. Es por eso que Dios nos hizo débiles e imperfectos desde el principio, en lugar de hacernos sin defectos.
 

¿Por qué Dios creo al hombre débil en el Principio?

¿Por qué Dios plantó el árbol del conocimiento del bien y del mal y luego les ordenó a Adán y Eva que no comieran de él? La razón detrás de esto debe ser entendida y creída dentro del evangelio del agua y el Espíritu. ¿Por qué dijo Dios que la simiente de la mujer heriría la cabeza de satanás, y que este dañaría su tobillo cuando Adán y Eva cayeran y pecarán? Todas estas cosas fueron para hacer a la gente sus propios Hijos. Era su plan para nosotros en Jesucristo, su Hijo Unigénito.
Entonces, ¿quienes son los “llamados” de acuerdo al propósito de Dios? Son aquellos que reconocen sus pecados e iniquidades y buscan el amor y la misericordia de Dios. Debemos darnos cuenta que la afirmación teológica de la Doctrina de la Elección Incondicional y la Doctrina de la Santificación Incremental está equivocada. La Doctrina de la Elección Incondicional está equivocada porque nuestro Dios, no es la clase de Dios quien tan solo escogería a alguien incondicionalmente, mientras que desechará a otros sin ninguna razón.
Más bien, aquellos a quien Dios elige y llama son aquellos que se lamentan por sus pecados y confiesan que no tienen otra opción que ir al infierno–aquellos sobre los cuales Dios tiene misericordia y a quienes llama con su evangelio del agua y el Espíritu.
Entre las innumerables personas que nacen en este mundo y regresan a Dios, ni uno solo es escogido o abandonado por Dios sin ninguna razón. Si Dios no te escogiera sin razón, protestarías ante Dios. Sería insensatez decir que Dios o alguien te hizo hijo del demonio sin ninguna razón. Esto no es lo que Dios ha hecho.
Si no has sido escogido por Dios, se debe a que tú no crees en el evangelio del agua y el Espíritu. Si tu no crees en el evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios, entonces Dios te abandonara, porque el señor dijo, “Porque  no he venido para llamar a justos, sino a pecadores” (Mateo 9:13). Lo que los teólogos han hecho, desafortunadamente, es convertir a nuestro Dios, en un Dios racista y prejuicioso.
 

¿Quienes son los llamados de acuerdo a la Voluntad de Dios?

Aquellos que son llamados por Dios son los pecadores que están atados al infierno. Ellos vienen a Dios y confiesan que merecen ir al infierno ya que son débiles y no tienen otra opción que desobedecer sus mandamientos hasta que mueren. Dios llamo a pecadores y purifico sus pecados con el evangelio del agua y el Espíritu. Él llamo a aquellos que no tienen otra opción que la de ser enviados al infierno y los libero de sus pecados con el evangelio del agua y el Espíritu.
Dios no vino a llamar a aquellos que son buenos y obedientes a la ley. Dios llama a aquellos que realmente tratan de vivir duramente de acuerdo a su voluntad, pero reconocen que sus debilidades los obligan a pecar, aunque ellos ponen su fe y dependen de Dios. El propósito de Dios es llamar a los débiles, a los enfermos y a los cansados para hacerlos justos, para hacerlos sus hijos. Este es el llamado de Dios de acuerdo a su voluntad. Todas las cosas nos ayudan a bien a aquellos que son llamados de acuerdo a su propósito.
Debemos creer en el llamado de Dios. No debemos decir que creemos en Jesús sin razón. Tal fe, no es la fe apropiada. La fe correcta es creer en el Señor de acuerdo al propósito de Dios, no tu propio propósito. Esto significa creer que Dios conoce nuestras debilidades bien, que él tomó nuestros pecados de una vez y para siempre y que él nos hizo sin pecado. Poniendo nuestra fe en el propósito de Dios, el bautismo y la sangre de Jesucristo, podemos convertirnos en sus hijos. Es la voluntad de Dios convertirnos en sus hijos sin pecado, cuando reconocemos y aceptamos su propósito–esta es la gente a quien Dios ama verdaderamente y a los que él llama.
 

¿Quienes son los escogidos por Dios?

Dios no tiene gente parada en dos líneas y escoge a cualquiera a su diestra, diciendo, “Ven y cree en Jesús y ve al cielo,” y luego a los de su izquierda y les dice, “Vayan al infierno.”
Los calvinistas afirman que Dios escoge a cierta gente sin ninguna razón y decidió abandonar al resto desde el principio. Pero Dios no es así. Dios hizo que todas las cosas ayudaran al bien a aquellos que son llamados de acuerdo a su propósito. Es insensato pensar que fuimos escogidos incondicionalmente sin razón.
¿Es Dios injusto? Ciertamente no. Todos somos iguales ante ambos, Dios y su ley. Todo el mundo es igual antes del juicio. Hemos recibido la gracia de la salvación de Dios, la cual nos salvó de nuestros pecados a través de Jesucristo. La oportunidad de creer en esta verdad también es igual para todo el mundo. Él permite a aquellos que acepten el propósito de Dios y conozcan sus debilidades para darse cuenta y creer en el evangelio del agua y el Espíritu.
Entonces, ¿cuál es la verdadera predestinación y elección? Para nosotros esto es el ser llamado de acuerdo al propósito de Dios en el evangelio del agua y el Espíritu que él nos ha dado. Es porque Dios ha quitado nuestros pecados a través de Jesús y planeo hacernos sus hijos, que naciéramos en este mundo y tuviéramos la oportunidad de oír el evangelio. Dios ha planeado todo esto en Jesucristo por adelantado. Este era el plan de Dios. Cuando venimos a la presencia de Dios, debemos considerar, por lo tanto, si somos como Jacob o Esaú.
Las Escrituras nos dicen que Dios amó a Jacob, mientras que él odió a Esaú. También habla acerca de Caín y Abel, y como Dios amó a Abel pero odió a Caín. ¿Acaso Dios odió a Esaú y a Caín, y amó a Jacob y a Abel sin ninguna razón? No. Fue porque Esaú y Caín solo confiaban en su propia fuerza y nunca pidieron la misericordia de Dios, mientras que Jacob y Abel conocían sus debilidades, pidieron la misericordia de Dios y confiaron en su palabra.
La Escritura explica la elección y predestinación de Dios, usando a estas personas como un ejemplo. ¿A que lado pertenecemos? ¿Podemos conocer a Dios si confiamos en nuestra propia fuerza, como lo hizo Esaú? ¡No, no podemos! La única forma en la que podemos conocer a Dios es conociéndolo a él a través del evangelio del agua y el Espíritu, que esta lleno de la misericordia de Dios. ¿En cuál de los dos lados estamos ante Dios? Nosotros somos los que queremos estar bendecidos en la presencia de Dios, pero siempre fallamos para hacer eso debido a nuestras debilidades. Aunque deseamos vivir de acuerdo al propósito de Dios, aún somos débiles y enfermos ante Dios y así lo único que podemos pedir es su misericordia.
Si deseamos ser bendecidos por Dios debemos hacernos como Jacob y tener la fe que tenía Abel. Debemos reconocer ante Dios el hecho de que somos débiles, enfermos y cobardes.
El Salmo 145:14 dice, “Sostiene Jehova a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos.” De verdad, todo el mundo se inclina delante de la presencia de Dios. Nosotros no tenemos valor. Hacemos compromisos por el beneficio más pequeño. Somos seres viles. En ocasiones podemos parecer audaces, pero solo es por momentos. Puede que en ocasiones parezcamos valientes, podemos darnos cuenta fácilmente cuan seres viles somos. Nos sometemos al fuerte y aún al mentiroso que nos mueve a desechar la verdad. Pero Dios ha llamado a los seres viles para amarlos y para darles salvación en Jesucristo y él los ha hecho sus hijos.
Debemos darnos cuenta cuan débiles y pecadores somos para poder ser amados por Dios. Debemos de preguntarnos si realmente podemos obedecer la ley a su satisfacción total. Entonces rápidamente tenemos que darnos cuenta de que simplemente no somos capaces de guardar la ley, y que como tal, no podemos vivir vidas perfectas. 
Si fuéramos perfectos, nunca necesitaríamos al Salvador. Si fuéramos perfectos, ¿para qué necesitáramos la ayuda y las bendiciones de Dios? Es porque somos tan débiles ante Dios que necesitamos de sus bendiciones. Necesitamos su misericordia. La compasión de Dios sobre nosotros fue tan fuerte que él envió a su Hijo Unigénito e hizo que él tomara todos nuestros pecados para lavarlos. Y Dios pasó el juicio sobre Jesús en lugar de nosotros, para que pudiéramos ser liberados del pecado. Esto es en lo que debemos creer.
Solo con esta fe podemos llegar a ser los amados hijos de Dios. Esto se debe a esta misericordia por la cual somos vestidos en su amor, y no debido a nuestros propios esfuerzos para alcanzar la salvación.
Aunque muchos cristianos enseñan y siguen las Doctrinas de Predestinación y Elección, también sienten ansiedad con  estas doctrinas. Esto se debe a que constantemente se preguntan si fueron escogidos por Dios o no.
Estas dos doctrinas hacen aproximadamente el 90% de la teología Calvinista. La pregunta es si, a pesar de su fe en Jesús, realmente han sido escogidos o no y esto es lo que les provoca la ansiedad. Pero lo importante no es saber si has sido escogido o no. Más bien lo que es importante para ti es creer en el evangelio del agua y el Espíritu para ser salvado recibiendo la justicia de Dios. Aquellos que han recibido esta justicia de Dios por fe son los escogidos.
Había una vez un doctor de teología quien era considerado como uno de los maestros de la teología conservativa. Él le dio gran valor a las enseñanzas del Calvinismo, tal como la Doctrina de la Predestinación y elección Divina.
Un día, él estaba dando una lección acerca de estos temas, cuando un estudiante preguntó, “Bien, ¿es usted un escogido por Dios? ¿Cómo puede saber a quienes ha escogido Dios?”
El teólogo respondió, “¿Quién puede saberlo? Lo sabremos cuando estemos ante Dios?”
Entonces, el estudiante preguntó de nuevo, “Entonces, ¿Qué hará usted cuando vaya ante Dios y él le diga que usted no está escogido?”
El profesor contestó, “¿Qué puedo hacer acerca de lo que Dios ya ha decidido por él mismo? Es por eso que te digo que solo lo sabrás cuando estés ante Dios.” 
Los estudiantes pensaron, “Es un hombre muy humilde. Aún una gran persona como él dice que no sabe si es uno de los escogidos o no. Así que es natural que nadie sepa si él / ella son escogidos o no.” 
Pero la verdad en la cual la justicia de Dios estaba escondida, ahora esta claramente manifestada. Existen unas pocas cosas que Dios ha ocultado al hombre, pero él las ha revelado a su debido tiempo. ¿Cómo pueden predicar los evangelistas, cuando no saben si son salvos y escogidos o no? Aquellos que son llamados por Dios son los que creen en la justicia de Dios.
Romanos 8:29 afirma, “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo;para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” Dios Padre nos predestinó para ser conformados a la imagen de su único Hijo, Jesucristo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Aquí, Jesús es llamado “el primogénito.” Si creemos en Jesús y en el evangelio del agua y el Espíritu que él nos ha dado, somos salvos de todos nuestros pecados y nos convertimos en hijos de Dios. Entonces, ¿qué sería Jesús en relación con nosotros? Él sería el hermano mayor. Él es el primogénito de Dios y nosotros somos sus hermanos y hermanas menores.
Hace mucho tiempo, cuando yo vivía en una casa de oración, un evangelista anciano me visito. Él había comenzado a creer en Jesús cuando estaba en China y luego se vino a Corea. Un día lo escuche orando, y esto es lo que decía: “Hermano Jesús y Dios Padre, muchas gracias por salvarme. Hermano Jesús, por favor ayúdame.” ¡Jesús es nuestro hermano!
Podemos preguntarnos si Dios sabe todo acerca de nosotros. La respuesta es si, él sabe todo de nosotros. Dios Padre sabe todo de nosotros. Él planeo salvarnos de nuestros pecados a través de su Hijo Unigénito, aún antes de la creación del mundo. Este era el plan de Dios. Su Hijo Jesús vino a este mundo, fue crucificado para salvarnos de nuestros pecados. Dios ya lo había planeado.
Podemos decir que antes de la fundación del mundo, Dios convocó una “conferencia tripartita.” La Divina Trinidad–el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo–planeo liberar a aquellos que creen en su justicia. Su plan era crear a la gente y hacerlos sus hijos para vivir junto con ellos en su Reino perfecto.
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estuvieron todos de acuerdo en el plan. Entonces, en el proceso de pensar acerca de cómo él debería crear al hombre y hacer de la humanidad sus hijos, Dios planeo enviar al Hijo, Jesús, al mundo y hacer que él se bautizara y muriera sobre la cruz, para que pudieran ser conformados a la imagen de su Hijo.
¿Cuál era el propósito de Dios al crearnos? Fue para que nos convirtiéramos en sus hijos. ¿Es Jesús el primogénito de Dios? Si, si lo es y debido a que hemos llegado a ser los Hijos de Dios, somos también sus hermanos.
Mientras vivió en esta tierra durante 33 años, Jesús experimentó todas las debilidades y limitaciones humanas. Es por eso que cuando oramos, decimos, “Jesús, soy tan débil. Así es como soy. Por favor ayudame y protégeme. Toca los corazones de la gente para que acepten tú Palabra, los cuides, les des gracia y los ayudes.” El Señor escucha y responde nuestras oraciones. Orar a Jesús y orar a Dios es lo mismo.
¿Cuál era el propósito de Dios al crearnos? Fue para hacernos sus hijos. Dios sabe todo de nosotros. El nos hizo para que naciéramos en este mundo y salvarnos de todos nuestros pecados a través del bautismo de Jesús y su sangre sobre la cruz, porque él nos predestino, aún antes de la fundación del mundo, para ser adoptados como sus propios hijos e hijas. Por lo tanto, no solo conoce nuestra vida y muerte, sino cada movimiento. Él sabe cuando nacimos, de quien íbamos a nacer, cuando nos casamos, cuando tuvimos nuestros hijos y todo lo que pasó en nuestras vidas. Dios, quien sabe todo de nuestras vidas, nos dio el evangelio del agua y el Espíritu para que creyéramos en Jesucristo y convertirnos en hijos de Dios.
Dios nos conoció y nos predestino. En Romanos 8:30 afirma, “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” No puedo enfatizar lo suficiente lo importante que es para nosotros entender y creer en este pasaje.
Mucha gente toma el versículo anterior para apoyar la Doctrina de la Santificación Incremental. Basado en este pasaje–que Jesús nos predestino, nos llamo, nos justifico y nos glorifico–afirman que esta es la razón por la cual aunque tenemos pecado en nuestros corazones, Dios nos considera sin pecado y que después de pasar por un periodo de santificación, seremos glorificados, como si hubiera pasos a través de los cuales pudiéramos ser santos.
¿Acaso Dios no predestino a todos los pecadores para llamarlos en Jesucristo? Él nos llamo a todos y aún así alguna gente no responde a su llamado. Son como Esaú y Caín. Ellos son los que serán enviados al infierno.
 

En la misericordia de Dios

Dios Padre planeo llamarnos en su Hijo Unigénito, Jesucristo, y nos predestino para adoptarnos como sus propios hijos, lavando nuestros pecados con el agua y la sangre. La gente que no va a Dios, aun cuando él los llamo, están fuera de la salvación de Dios. Tal gente está excluida de su gracia, atada al infierno. Pero también existe la gente que obedeció al llamado de Dios. Ellos dicen, “Señor aunque soy así de débil, ¿aceptaras a alguien como yo?
Dios dice, “Claro que si.”
“¿De verdad? ¿Me aceptaras aunque soy tan débil?”
“Claro que si te aceptare.”
“Dios, no tengo nada especial que ofrecerte y no te puedo prometer que seré bueno de ahora en adelante.”
“Aun así te aceptare.”
“No estoy seguro de que mejorare y tampoco tengo la habilidad para hacerlo.”
“Aun así, te aceptare.”
“Es probable que no me conozcas. Te decepcionaras de mi.”
¿Acaso no nos sentimos apenados, como si quisiéramos escondernos, cuando sabemos como somos y aún así alguien dice que él/ella creen en nosotros? ¿Por qué queremos escondernos? Queremos escondernos porque no somos capaces de ser mejores y no podemos ni mantener lo que hasta ahora hemos hecho.
Es por eso que seguimos preguntando, “¿Me aceptaras aunque soy muy débil? ¿De verdad me aceptaras? ¿Me es permitido creer en ti? ¿Puede alguien como yo recibir el perdón de pecados? ¿Puede alguien como yo ser justo aún cuando no soy capaz de ser bueno en el futuro tampoco?” Pero nuestro Dios tiene la habilidad de convertir un olivo silvestre en uno de cultivo.
Originalmente éramos olivos, los cuales son silvestres por naturaleza, pero llegamos a ser olivos cultivados por el evangelio que Jesús nos ha dado. Él nos llamó, a quienes no hacemos otra cosa que pecar. ¿Nos llamó cuando éramos un poquito débiles? Él nos llamó a pesar de que estábamos absolutamente deseando habilidad. Él nos llamo en Jesucristo a pesar de nuestras serias limitaciones y grandes debilidades. Él nos llamo a nosotros que estábamos enfermos. ¿Qué hizo después que nos llamo? Quito todos nuestros pecados y nos dio su justicia para que pudiéramos tener vida eterna.
¿Como hizo todas estas cosas? En el capitulo 3 de Mateo, se nos dice que Jesús vino al mundo y fue bautizado para cumplir toda la justicia de Dios puesta para toda la humanidad. Jesús fue bautizado por Juan, tomo sobre sí mismo todos los pecados de la humanidad, murió en la cruz llevando todos los pecados y se levanto de entre los muertos al tercer día para salvarnos de los pecados del mundo. Él nos dio vidas nuevas y al hacerlo así, él nos justificó y lavo todos nuestros pecados. Jesús nos llamo, lavó nuestros pecados con el agua y con la sangre, nos dio la justicia de Dios, nos purificó y luego nos justificó a nosotros a quienes él justificó, convirtiéndonos en hijos de Dios.
Jesús nos glorifico para entrar al cielo y vivir eternamente como hijos de Dios. ¿Entiendes esto? Pero las doctrinas religiosas enseñan que, aunque eres pecador, si crees en Jesús, con el tiempo serás gradualmente santificado y que para cuando mueras, estarás delante de Dios como una persona perfecta. Esto va en contra de la verdad. Esta no es la fe verdadera. Esta clase de fe es para la Doctrina de la Santificación, no para la verdad.
El Señor nos salvo de nuestros pecados y Dios nos predestinó, nos llamó, lavo nuestros pecados con el agua y con la sangre todo de una vez, nos hizo sus hijos, quienes somos santificados y nos bendijo para que pudiéramos entrar en el reino de Dios en gloria. Esta es la verdad, y así es como él hablo de la verdad, poniendo todas las bendiciones juntas en Jesucristo en una oración. Este pasaje no esta hablando acerca de los siete pasos de la Doctrina de la Santificación Incremental. No esta diciendo que gradualmente seremos perfectos después de pasar por los siete pasos para ser totalmente santificados.
Romanos 8:30 no dice que Dios nos llamará después de que creamos en Jesús o de que llegaremos a la santificación mientras envejecemos. Tampoco dice que gradualmente subiremos la escalera de la santificación paso a paso hasta que finalmente alcancemos la santificación completa. Cuando conocimos a Jesucristo y Jesucristo nos llamo, él perdono nuestros pecados de una vez y para siempre con el agua y la sangre. Es cuando venimos a Dios con este evangelio de verdad que estaremos en sus brazos.
Alguna gente dice, “Yo antes ni siquiera conocía mis propios pecados, pero después de oír el sermón, empiezo a darme cuenta. Existe uno o dos pecados que recuerdo del pasado y probablemente seguiré pecando en el futuro, así que no puedo creer en Dios.” Pero esto no es cierto. En vez de eso deberíamos de pensar así, “¡Ah! Es verdad. Yo no conocía mis propios pecados, aún cuando los estaba cometiendo. Toda la Palabra de Dios es verdad. Debo de creer en su Palabra, pero no soy capaz de vivir de acuerdo a ella. Soy inevitablemente un grave pecador, que está destinado al infierno. Es por eso que Jesús vino.”
Somos purificados creyendo en Jesús y recibiendo el perdón de pecados. Llegamos a ser santificados y nos convertimos en hijos de Dios, somos capaces de entrar al cielo y ser glorificados. Esta es la justicia de Dios y la verdad.
Dios nos predestinó, nos llamó, justificó y nos glorificó. Tú puedes pensar que la Doctrina de la Santificación Incremental es correcta diciendo, “Cambiare gradualmente y seré una persona sin pecado.” Pero tu llegas a ser justificado y santificado todo de una vez, en el mismo momento en que crees en el evangelio del agua y el Espíritu. Tú corazón no cambia en pasos. Tu corazón queda sin pecado de una sola vez y es tu fe la que gradualmente crece conforme crees en la Palabra de Dios y en su iglesia.
Nuestra fe crece gradualmente conforme somos alimentados por la Palabra de Dios, para eventualmente alcanzar un punto en donde podemos enseñar a otros. Pero la idea de que llegaremos a ser hijos de Dios después de que llegamos a ser más completos y más sin pecado no esta basada en la Biblia. Somos santificados y purificados de una sola vez.
¿Acaso Dios nos llamo de acuerdo a su predestinación en Cristo Jesús? Si, él lo hizo. Él nos llamo en Jesucristo y nos justificó y nos purificó. Dios nos justificó y nos hizo puros a través de Jesucristo, nos tomo como sus hijos y nos glorificó para entrar en su reino.
Llegamos a ser justos de una vez creyendo en la salvación de Jesucristo, quien cumplió toda la justicia de Dios. Hemos sido bendecidos porque obedecimos el llamado de Dios y creímos que Jesús lavó todos nuestros pecados, para hacernos, a pesar de nuestras limitaciones, los hijos de Dios justos y sin pecado, el pueblo de su reino.
Es por eso que la Doctrina de la Santificación es incorrecta. No tiene sentido. La Biblia nos dice claramente, “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” La fe crece gradualmente, pero el perdón de los pecados, el ser hijos de Dios y entrar al cielo–todas estas pasaron de una vez y para siempre. ¿Crees esto?
Fuimos capaces de llegar a ser hijos de Dios creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Dios ha salvado nuestras vidas inútiles de todos los pecados a través de la gracia del agua y el Espíritu. ¿Hicimos algo por Dios, de alguna manera, en nuestra salvación? ¿Contribuimos para ser justificados? No existe nada que hayamos planeado y nadie decide creer en Jesús aún antes de que él/ella haya nacido de nuevo. ¿Existe alguien que haya decidido creer en Jesús mientras que él/ella están en el vientre de su madre?
Escuchamos la verdad de aquellos que predicaban el evangelio del agua y el Espíritu, nos dimos cuenta que era verdad y pensamos entre nosotros, “No tengo otra opción que la de creer; una persona pecaminosa como yo debe de creer en ello.” A partir de ese momento comenzamos a creer en el evangelio del agua y el Espíritu, recibimos el perdón de los pecados y llegamos a ser hijos de Dios.
Solo los justificados son los hijos de Dios. Dios los glorifica por siempre con las riquezas y honores eternos del reino del cielo. Esto es de lo que se trata el ser glorificado. Dios nos ha dado estas bendiciones a los creyentes que aceptan el evangelio del agua y el Espíritu. 
¡Alabado sea el Señor!