The New Life Mission

Sermones

Tema 9: Romanos

[Capítulo 9-1] Introducción al Capítulo 9

¡El evangelio del agua y el Espíritu para ambos los Israelitas y los Gentiles!
¿Por qué Pablo dijo que tenía gran tristeza y constante dolor en su corazón por los hombres de su propio país? Se debe a que Pablo tenía un deseo por sus hermanos, tan queridos por su corazón que él estaba dispuesto a ser maldecido y cortado de Cristo por amor a ellos. De acuerdo a su propia carne, él verdaderamente deseaba que su propio pueblo se salvara.
En esta última era, estamos grandemente interesados en predicar el evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Esparcir este evangelio de la verdad es el mayor interés de Dios y al mismo tiempo, el mayor objetivo para los creyentes nacidos de nuevo. Ya sea que los israelitas acepten o no el evangelio del agua y el Espíritu en los últimos días es otro punto que atrae nuestra atención. Debemos seguir orando por los israelitas para que puedan ser salvos, ya que cuando ellos acepten el evangelio del agua y el Espíritu, nosotros sabemos que la segunda venida del Señor es inminente.
Mis temas de oración para este año son, orar por la evangelización mundial y la aceptación del verdadero evangelio por parte de los israelitas. También estoy orando por que los israelitas sean siervos de Dios para su propia gente. Dios una vez dio su ley a los israelitas y él también los hizo un reino de sacerdotes ante sus ojos. Cristo mismo vino, de acuerdo a la carne, de los israelitas, pero ellos se rehusaron a creer en él y aún están en contra de Dios, constantemente volviéndose en contra de su voluntad.
 

El Señor nos dijo que iba a ser difícil encontrar fe Cuando él volviera

Es la voluntad de Dios que el evangelio del agua y el Espíritu, habiéndose originado en Jerusalén, se esparciera a todo el mundo. Sin embargo, los corazones de las personas están endurecidos en la actualidad. Mucha gente se ha apartado de la búsqueda de la verdad.
Recientemente una película titulada “La última tentación de Cristo” que describía a Jesús como un hijo ilegitimo fue presentada en Corea. Estaba llena de blasfemias y su tema central era que Jesús nunca fue Dios, sino un hombre ordinario, como era el Príncipe Sidarta de la India, mejor conocido como Buda. Esta película pisotea la verdad de que Jesús es Dios y nuestro Salvador. Es por eso que Dios dijo, “Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8).
Jesucristo, en quién creemos, es Dios, mas alto que cualquiera de sus creaciones y digno de alabanza por toda la eternidad. Nacido de los israelitas, él tomó todos los pecados de la humanidad siendo bautizado por Juan, sangrando y muriendo sobre la cruz, levantado de entre los muertos el tercer día y se convirtió en el salvador para todos aquellos que creen en él. El Señor, quien es la justicia de Dios, nos libero de nuestros pecados justificando a aquellos que creen en él.
Pablo nos dijo que sin importar cuantos israelitas haya, los descendientes de Abraham, aquellos que pueden ser los hijos de Dios solo son aquellos que creen en Jesús.
Los israelitas estarán encarando muchas pruebas y tribulaciones en el futuro. La voluntad de Dios es que algunos de ellos llegarán a creer en nuestro Señor como su Salvador. Aunque nuestro Señor ha quitado todos los pecados del mundo, incluyendo los de los israelitas, ellos aún se niegan a creer en Jesús como su Salvador.
¿Eres débil? Algunos podemos ser más débiles o más fuertes que otros. Pero ante Dios, todos estamos llenos de iniquidades. Podemos llegar a ser hijos de Dios, que estén libres de pecado, solo por creer que nuestro Señor vino a esta tierra, tomó nuestros pecados sobre sus hombros por su bautismo y fue juzgado y castigado en lugar nuestro muriendo en la cruz. Debemos alabar y creer en el poder de Dios y que nos ha hecho sus hijos, libres de pecado. Nuestro Señor es verdaderamente maravilloso.
Alguna gente cree que todo existe por los hombres. Por ejemplo, piensan que las leyes son promulgadas por los hombres y existen para ellos. Sin embargo, debemos darnos cuenta que no todo se origina de los hombres; las cosas solo son posibles por la voluntad de Dios. Dios creo este mundo y todo el universo. Aún las leyes creadas por los hombres que nos gobiernan están consolidadas, en su esencia, por la voluntad de Dios.
Debido a que Dios trabaja en todo y todo se desarrolla de acuerdo a su voluntad, debemos de descubrir su justicia en todas las cosas. Cuando éramos débiles, cuando pecábamos en contra de Dios y cuando estábamos separados de él debido a nuestra pecaminosidad, Dios prometió enviarnos a Jesucristo. Él cumplió su promesa con la encarnación de Jesús y su bautismo, a través del cual él nos libero de los pecados del mundo.
Ahora, cuando el evangelio del agua y el Espíritu se ha predicado en cada rincón del mundo, el plan original de Dios será completado. Cuando vemos como se están desarrollando los eventos del mundo, podemos ver como los Estados Unidos e Israel están en el centro. Yo creo que sin la intervención de Dios, otra guerra mundial es muy probable.
Cuando el World Trade Center se colapsó, su tremendo impacto se sintió por todo el mundo. Si el mundo se involucra en otra guerra, en este momento y hora, ¿qué pasará con nosotros? Seguramente no seremos capaces de recuperarnos de otra guerra. Aún la naturaleza no puede recuperarse de los daños de una destrucción total por parte de nosotros. Tengo la esperanza de que todos ustedes oren para tener la capacidad de predicar el evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo en paz. Nuestra preocupación es que sin paz en el mundo, no podamos ser capaces de hacerlo. Todos debemos orar por paz y luchar para eliminar la guerra y el terrorismo.
Ninguna religión hecha por hombres puede eliminar los pecados de los hombres. Solo Jesucristo, y solo él, puede liberarnos de nuestros pecados. Solo a través de su bautismo por Juan y su sangre sobre la cruz pueden nuestros pecados ser borrados y juzgados. Esta bendición es dada a aquellos que creen en la justicia de Dios. La única forma en que podemos ser liberados de nuestros pecados es creyendo en al bautismo de Cristo y su sangre. No hay otro camino. No somos expiados por oraciones ritualisticas de arrepentimiento, como mucha gente religiosa prefiere hacerlo. En lugar de eso, el único camino para la expiación de nuestros pecados es creer en la justicia de Dios que nos ha liberado de todos nuestros pecados, completa y totalmente, a través de la encarnación de Jesús, quién tomo todos nuestros pecados por su bautismo y muerte en la cruz.
 

Somos salvados de todos nuestros pecados Creyendo en la verdad del evangelio del agua y el Espíritu

Esta verdad debe ser predicada a cada rincón del mundo. Debemos reconocer que es el pecado de los israelitas así como de los gentiles el no creer en esta verdad. Todos deben de creer en el evangelio del agua y el Espíritu.
Ambas nacionalidades, la israelí y la gentil, no pueden hacer otra cosa que pecar mientras vivimos en este mundo. Pero nuestro Señor se hizo cargo de todos estos pecados de una vez y para siempre por su bautismo. ¿Podría haber una verdad más simple y clara, que la verdad del bautismo y su sangre sobre la cruz? ¿Por qué Juan bautizó a Jesús? Él fue bautizado por Juan y crucificado para que él de una sola vez quitara nuestros pecados. El no creer en esta verdad o no aceptándola en sus corazones, la gente se dirige hacia su propia destrucción debido a sus pecados.
El bautismo que Jesús recibió “porque así” (Mateo 3:15) cumple toda justicia. La palabra ‘porque así’ es ‘hoo’-tos gar’ en Griego, la cual significa ‘en esta manera,’ ‘más apropiado,’ o ‘no existe otra forma aparte de esta.’ Esta palabra muestra que Jesús irreversiblemente tomó los pecados de la humanidad sobre él a través del bautismo que el recibió de Juan. Debido a que Jesús tomo sobre si todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan, él fue capaz de cargar la cruz y derramar su sangre por nosotros. Debemos darnos cuenta que esta es la verdad de la expiación por la cual toda la raza humana puede ser redimida de sus pecados.
Nuestro Señor nos dijo, “Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” El bautismo de Jesús y su sangre son la verdad de Dios, la cual nos libera de nuestros pecados; esta totalmente sustentado en la palabra escrita de Dios. La verdad de la expiación es para durar, con el evangelio del agua y el Espíritu, por la eternidad. El que Dios Padre decidiera que los pecadores fueran expiados por el bautismo de Jesús y su sangre sobre la cruz es su voluntad. Cuando creemos en su bautismo y sangre para nuestra redención, creemos en lo que Dios ha puesto para nosotros. Nuestros pecados son expiados solo cuando creemos en la verdad del agua y el Espíritu.
Si tú crees, en este mismo momento, en el bautismo y su sangre sobre la cruz, la verdad de la expiación como tú redención, entonces ahora estás justificado. Si, por otro lado, no crees, entonces aún eres un pecador. “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” Podemos ser perdonados de todos nuestros pecados y convertirnos en hijos de Dios solo creyendo en Jesucristo como nuestro Salvador. No existe razón para que alguien no crea en la verdad de este evangelio del agua y el Espíritu. No existe nadie que no necesite este evangelio del agua y el Espíritu. No existe nadie que no necesite este evangelio de redención. Todos lo necesitan. ¿Por qué alguien no querría creer en el, cuando la verdad del evangelio del agua y el Espíritu está tan claramente puesto ante él/ella, si no fuera por su falta de deseo de ser limpiado de sus pecados?
Muchos alrededor del mundo han aceptado el evangelio del agua y el Espíritu y lo están predicando para esparcirlo aún más. Algunos de ellos han pedido ser distribuidores voluntarios de nuestros libros. Si tú puedes ser liberado de tus pecados por solo creer en la sangre de la cruz, entonces todo el mundo habría sido justificado, libre del pecado. Si alguien solo cree en la sangre de la cruz, ese alguien continuaría en pecado, a pesar de las repetidas oraciones de arrepentimiento diarias, ya que tales oraciones son rutina, hiendo con la emoción y meramente un ejercicio en rituales religiosos.
Si tú estas tratando de lavar tus pecados ofreciendo oraciones de arrepentimiento, en realidad estas cometiendo un grave pecado en contra de Dios, ya que tu acto degrada la justicia de Dios, la cual puede ser cumplida, no por tu propio esfuerzo, sino solo por el bautismo de Jesús y su sacrificio sobre la cruz, a través del cual Jesús tomó todos tus pecados y fue castigado en tú lugar.
Si tú aceptas a Jesús como tú Salvador, cree que tú expiación es a través del bautismo de Jesús y su crucifixión. Jesús prometió liberar a los pecadores de sus pecados, y él vivió para cumplir su promesa siendo bautizado por Juan en el río Jordán y sangrando en la cruz para cumplir la justicia de Dios. ¿Qué razón hay para que nosotros creamos en esta verdad? Debes creer en el bautismo de Jesús y en el derramamiento de su sangre sobre la cruz como tú redención.
La verdad de que Jesús tomó todos los pecados del mundo sobre sí mismo cuando él fue bautizado se encuentra en Mateo 3:13-17. Solo aquellos que no desean ser perdonados por todos sus pecados se rehusarían a creer en esta verdad. Tú te puedes convertir en hijo de Dios y recibir la vida eterna solo creyendo en la verdad del evangelio del agua y el Espíritu–ninguna otra cosa te liberará de tus pecados. No existe nada más maravilloso que el creer esta verdad, ninguna otra cosa, de Dios, que sea un mejor regalo que su perdón. Entre los muchos regalos que Dios nos ha proporcionado, la expiación de nuestros pecados es el mejor regalo de todos.
El Segundo mejor regalo que Dios nos ha dado es el milenio que viene sobre el cual reinaremos, y el tercer regalo es que viviremos a partir de ahí en el reino del cielo y reinaremos con Dios por toda la eternidad. Dios ha permitido, aún en esta última era, esta verdad de la redención para ser revelada a los israelíes y a los gentiles.
Como se profetizó en las Escrituras, dos siervos de Dios se levantarán de entre los israelitas y Dios realizará muchos milagros increíbles del evangelio a través de ellos. Los Israelíes escucharán entonces el evangelio del agua y el Espíritu a través de los dos siervos, quienes serán levantados por Dios de su propia gente y muchos creerán en Jesús como su Mesías. Esperamos ese día, como lo espero Juan diciendo, “Ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:20).
Cuando el tiempo llegue en que el señor vuelva de nuevo, te darás cuenta de cuan agradecido estas por haber creído en esta verdad, por la cual fuiste perdonado y salvado. Es el más ardiente deseo de mi corazón que tú seas liberado de todos tus pecados por creer en la verdad del evangelio del agua y el Espíritu. El mundo puede cambiar, pero el evangelio del agua y el Espíritu, por el cual Dios nos ha salvado de nuestros pecados, no cambia nunca y es una verdad eterna. Debemos creer en esta verdad para recibir la salvación de la expiación que no cambia. Que la verdad de la redención de Dios sea tuya.
 

Dios nos ha liberado haciéndonos vasos de Misericordia

Romanos capítulo 9 menciona que Dios salvó a Jacob porque lo amó más que a Esaú. Así, Jacob fue hecho un vaso Esto trae la pregunta de ¿por qué? Esto es, ¿Acaso Dios favoreció más a Jacob que a Esaú? Sin duda habrá mucha gente que argumentará, “Debido a que Dios escogió unilateral y perjudicialmente amar a una persona, mientras decidió odiar a la otra incondicionalmente, su predestinación y selección estuvieron equivocadas.”
Cuando vemos el mundo creado por Dios, podemos ver cuan maravillosa y pura es su creación. Plantas, animales y todas las otras cosas que fueron creadas por Dios parecen tan perfectas. ¿Cómo, entonces, podría Dios amar a una persona mientras que odia a la otra por propensión? Pero esto no es el caso.
Debido a la desobediencia de Adán y Eva, el pecado entro al mundo, y debido a este pecado, todos los que vinieron después de ellos estaban destinados a continuar en pecado y no podían evitar su condenación al infierno. Solo porque Dios salvó a Jacob del pecado y no liberó a Esaú, no implica que él haya hecho algo malo. Ante sus ojos, Dios tenía todo el derecho para hacerlo de esa manera.
Podemos encontrar a muchos que se han comportado como Esaú dentro de la comunidad cristiana. Normalmente esa persona nunca faltaría a un servicio, sin importar cuando y donde sea, desde el primer servicio de la mañana, hasta la adoración de la noche. Algunos puede que hasta pasen más tiempo en la iglesia que en casa, transportándose del trabajo a la iglesia, no a sus casas. Podemos llamarlos ‘corredores religiosos.’ Sin embargo, entre ellos existen muchos que no toman en serio la justicia de Dios. Esto se debe a que están tratando de construir su propia justicia, y al hacerlo así, son ignorantes de la justicia de Dios.
Aún aquellos que ignoran la justicia de Dios querrán ir al cielo y que sus pecados les sean perdonados. Pero sus esfuerzos están ahí tratando de establecer su propia justicia ante Dios y ante los demás, no intentando ser salvados de sus pecados. Dios dijo a aquellos que no creen en su justicia, que la fe en esa justicia de Dios no es para todos.
¿Que clase de gente, entonces, puede creer en la justicia de Dios? Es la gente que reconoce su pecaminosidad, quienes, en sus propias mentes se dan cuenta de que no son dignos de nada. Son la clase de gente que cuando descubren la justicia de Dios a través de su expiación manifestada en el evangelio del agua y el Espíritu, inmediatamente creen en el y se vuelven a la gloria de Dios. El que creamos en la gloria de Dios y así seamos salvados quiere decir que somos dignos de lástima que necesita la justicia de Dios. De otra manera, estaríamos condenados a vivir en pecado por el resto de nuestras vidas.
Pero aquellos que buscan su propia justicia ante Dios son aquellos que son orgullosos. Tal persona puede decir, “Señor, di mi diezmo, permanecí despierto toda la noche ofreciéndote oraciones, nunca deje de asistir a los servicios matutinos durante los últimos 10 años y he hecho buenas obras para ti.”
Sin embargo, Dios se agradaría más si él/ella hubieran reconocido que no poseían ninguna justicia y por lo tanto necesitaban creer en la justicia de Dios a través de la expiación del agua y el Espíritu, en lugar de tratar de mostrar, por su propio esfuerzo, algo que él / ella no pueden y no tienen.
Aún ahora, en la comunidad cristiana, existe mucha gente que esta haciendo toda clase de cosas para tratar de mostrar su propia justicia. Algunos aún fielmente tratan de acomodar sus palabras. Pero debido a que no creyeron en la justicia de Dios manifestada a través del evangelio del agua y el Espíritu, sus pecados no han sido completamente lavados. Dios determinará su final. Todos tenemos la esperanza de que se conviertan enverdaderos hijos de Dios a través de la remisión de los pecados por su fe en el bautismo y la sangre de nuestro Señor como la expiación verdadera.
Sobre los vasos de salvación, el apóstol Pablo dijo que Dios tiene misericordia de quien él quiere tener misericordia y tiene compasión de quien él quiere tener compasión. ¿Quiénes son, entonces, la gente que recibe la misericordia de Dios? Ninguno de los seres humanos puede vivir por la Palabra de Dios, aunque realmente lo desean hacer. Se tropiezan una y otra vez a pesar de su sincero deseo de creer y vivir por su Palabra. Terminan sintiéndose mal ante Dios, son movidos por la culpa y piensan que deben ser condenados al infierno. Así, le piden a Dios que tenga misericordia de ellos, reconociendo que son una pena en ambos, en este mundo terrenal y en el reino de Dios. Por que saben que no pueden ser salvados a menos que Dios tenga misericordia de ellos, desesperadamente se la piden. 
La liberación del pecado, en otras palabras, es encontrada por aquellos sobre quienes Dios siente pena y en aquellos sobre quienes él tiene misericordia. Sobre esta gente, Dios otorgó el evangelio del agua y el Espíritu, haciendo que su Hijo Unigénito tomara todos los pecados sobre sí mismo con su bautismo, muriera en la cruz y resucitara de entre los muertos–todo para liberarnos de una segura destrucción. Nuestro Padre tiene misericordia sobre aquellos que son dignos de compasión.
Pero parece existir más gente sobre la cual Dios siente ira que aquellos sobre los cuales él tiene misericordia en este mundo. Dios nos dijo que en la comunidad cristiana de hoy, existen ambos, los vasos de misericordia y los vasos de ira. Existen, en otras palabras, la gente que es amada por Dios y la gente que no es amada por él.
Romanos 9:17 nos dice, “Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.” Dios permitió que gente como el Faraón se levantara para que su poder pudiera ser conocido. Sin embargo, para los vasos de misericordia él ha mostrado su amor, para que su nombre pueda ser declarado por todo el mundo. Debido a nuestros pecados y a la ira de Dios, todos estábamos destinados al infierno. Pero fuimos salvados de todos nuestros pecados ya que Dios ha puesto sobre nosotros su amor de justicia, ya que él tuvo misericordia sobre aquellos que creyeron en él.
Aquellos que no creen en la justicia de Dios y solo están interesados en perseguir su propia justicia se están volviendo en contra de Dios. Esta es la gente que Dios ha dejado para recibir su ira; para que su poderosa ira sea demostrada, deben de existir aquellos que están en contra de él y a través de esto, la justicia del juicio de Dios es demostrada.
La gente que es como Faraón son aquellos que han rechazado el amor de la justicia de Dios. A Faraón, Dios dio diez plagas, la muerte fue la última. A aquellos que han rechazado a Dios, solo les espera el lago de fuego sin fin. Esta es la ira del poder de Dios. Existe mucha gente poderosa en este mundo y muchos que niegan a Dios, pero eventualmente Dios los derribara, para proclamar el poder de su ira. Es por eso que el deja los corazones endurecidos de aquellos que lo niegan.
Lo que es importante para nosotros es saber como podemos ser vasos de misericordia, porque haciendo esto podemos creer en el amor de la justicia de Dios. No tenemos nada de que jactarnos delante de Dios; más bien nacimos para creer en su justo amor. La Biblia nos dice una historia acerca de un cobrador de impuestos y un Fariseo orando delante de Dios. Dios tuvo misericordia del primero, pero ninguna para el segundo. La gente que es como el recaudador de impuestos son aquellos que reconocen ante Dios que no han hecho nada bueno y que han sido destituidos de su gloria; por lo tanto, le piden a Dios su misericordia. 
Esta es la clase de gente que estará revestida en el amor de la justicia de Dios. Pero la gente que es como el Fariseo constantemente se jacta acerca de lo mucho que han hecho por Dios–que dieron sus diezmos, que ayunaron dos veces por semana, que oraron y que eran religiosamente devotos. Dependiendo de cómo nos situemos delante de Dios, estaremos revestidos con la justicia del amor de Dios o estaremos sujetos a la ira de su castigo. Si endurecemos nuestros corazones ante Dios, nuestros pecados permanecerán por siempre sin ser perdonados. Sin perdón, nuestro destino será el infierno.
El evangelio del agua y el Espíritu ha sido predicado por todo el mundo. Los no salvos permanecen así solo porque su corazón esta endurecido. No existe nada justo en los humanos, y solo por fe podemos ser revestidos en el justo amor de Dios. Dios odia a aquellos que, aunque fueron creados por Dios, se rehúsan a reconocer su justicia. Pero aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu, la justicia de Dios, serán todos amados por él y recibirán vidas eternas.
Muchos cristianos en este mundo actual viven como vasos de ira ante Dios. Es por eso que necesitamos aprender del libro de Romanos lo que es la justicia de Dios. La razón por la cual Dios ama a algunos y no a otros, se debe a que algunos creen en su justicia mientras que otros no. Esta es la verdad de la cual deseo hablar. Lo que Dios hizo a Jacob y a Esaú fue correcto. Entre los que creen en Jesús, existen muchos que quieren ser amados por Dios sin tener que creer en el evangelio del agua y el Espíritu. Esta gente es como Esaú y Dios los juzgará de acuerdo a sus pecados.
Dios ha enviado a su Hijo para ser bautizado por Juan para poder tomar todos los pecados del mundo de una sola vez. ¿Crees en esta verdad? ¿Realmente crees en lo profundo de tú corazón? Seremos liberados de una sola vez de todos nuestros pecados cuando creamos en la verdad del evangelio del agua y el Espíritu, por la cual es mostrada la justicia de Dios. Jesús tomo todos los pecados de este mundo y los puso sobre su hombro, murió en la cruz y resucitó de entre los muertos, todo de una sola vez, para que nosotros, también, podamos ser libres de nuestros pecados de una sola vez.
Pero si intentamos ser expiados sin creer en la justicia de Dios, estaremos pecando en contra de él. Si no creemos en su justicia, entonces significará que Jesucristo tiene que ser bautizado y morir cada día por nuestros pecados. ¿Crees que Dios, en su infinita sabiduría, escogería tal camino? Para liberarnos de nuestros pecados, Dios envió a su Hijo Unigénito una sola vez para ser bautizado, crucificado y resucitado por todos nuestros pecados una sola vez, para poder salvarnos completamente todo de una sola vez.
Nuestro Dios es un Dios justo. Dios planeo la remisión de nuestros pecados dentro de su justicia. Dios no borra nuestros pecados solo porque oramos por su perdón cada vez que pecamos. En vez de eso, el borró todos los pecados de aquellos que fueron redimidos de una sola vez creyendo en su justicia de una vez por todas.
¿Que pasa entonces con los pecados que cometemos a diario? Nos ocupamos de ellos cuando agradecidamente adoramos a Dios por su justicia y le damos toda la gloria a él solamente. Desde el punto de vista de Dios, Jesús de una sola vez tomó sobre sí mismo todos los pecados del mundo con su bautismo, sangro en la cruz y fue juzgado en lugar nuestro y así de una sola vez quito todos nuestros pecados para nuestra completa salvación. El amor de la justicia de Dios había sido completado, su plan para eliminar todos los pecados del mundo de una vez.
Romanos 9:25 afirma, “Como también en Oseas dice:
Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo,Y a la no amada, amada.” Si, Dios dijo que él los llamaría su pueblo, a aquellos que no eran su pueblo. Debido a que la justicia de Dios en la cual creemos no es una teoría, sino una realidad, somos liberados de todos nuestros pecados creyendo en su justicia. Ya que es una realidad, aquellos que ignoran su justicia serán odiados y juzgados como Esaú. No existe nadie que pueda jactarse de su justicia ante Dios.
Para liberarnos de todos nuestros pecados, Dios nos salvó con su justicia. ¿Cómo entonces podríamos dejar de darle gracias y de alabarlo a él? No podemos hacer otra cosa que predicar el evangelio de la justicia de Dios en agradecimiento y fe.