The New Life Mission

Sermones

Tema 24: SERMONES PARA LOS QUE SE HAN CONVERTIDO EN NUESTROS COLABORADORES

[24-25] < Mateo 6, 5-8 > Cómo debemos orar a Dios

< Mateo 6, 5-8 >
«Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis».
 
 
¿Cómo debemos orar a Dios?
 
Hoy me gustaría explicarles cómo debemos orar al Señor. En primer lugar, el Señor dijo aquí, en el pasaje de las Escrituras de hoy, que cuando oremos a Dios, no debemos ser como los hipócritas. Esto significa que no debemos orar solo para mostrar nuestra piedad a los demás en medio de la iglesia o en los rincones para ser vistos. ¿A quién debemos orar? Por supuesto debemos orar a la justicia de Dios.
Como personas justas, ¿hay alguna cuota que tengamos que alcanzar cuando oramos a Dios? No, la cantidad de oraciones no importa. Lo que importa es que oremos a Dios sincera y honestamente. Es natural que oremos a Dios con lealtad. Sin embargo, la cuestión es cómo deberíamos orar. ¿Debemos orar en voz alta en medio de una calle llena de gente para que todo el mundo lo oiga? No, como ya he dicho, no es así. El Señor nos dijo que orásemos en silencio ante Dios, para que solo Él nos oiga. Dios Padre entonces escuchará nuestras oraciones y las contestará.
Para orar a Dios de la manera correcta, lo primero que tenemos que hacer es eliminar cualquier obstáculo entre nosotros y Él. Solo entonces podemos ir ante Dios. Esto significa que, si hay algún obstáculo que nos impida acercarnos a Dios con una conciencia limpia, debemos eliminarlo. Estos obstáculos podrían ser no vivir siguiendo los mandamientos de Dios o no querer perdonar los errores de nuestros hermanos y hermanas. Todas estas cosas que hacen que sea imposible vivir en la luz son obstáculos y debemos eliminarlos antes de ir ante la presencia de Dios Padre, porque el Padre lo ve todo en secreto.
Por tanto, es imprescindible que nos examinemos a nosotros mismos para ver si hemos vivido en la luz ante Dios, y si hay algo malo en nuestras vidas, debemos recordar que todos los pecados fueron pasados a Jesucristo para siempre cuando fue bautizado por Juan el Bautista, y orar para poner nuestra fe en la justicia de Dios. Para ello la fe en la justicia de Dios es obviamente indispensable, pero también es necesario que reconozcamos y confesemos todos nuestros errores. De esta manera, al poner nuestra fe en la Palabra de Verdad de Dios, podemos resolver todos los problemas y transgresiones.
En segundo lugar, cuando nos presentamos ante Dios y oramos, no debemos orar solo por nuestros beneficios carnales. Estas oraciones son muy problemáticas. El Libro de Santiago dice: «Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (Santiago 4, 3). ¿Qué significa este pasaje? Significa que Dios no contesta las oraciones que se ofrecen por un motivo malo. El no responder es la respuesta de Dios a estas oraciones erróneas.
Por tanto, cuando vayamos ante Dios debemos resolver el problema de nuestros pecados primero, y después, no debemos orar por nuestros placeres carnales. Dicho de otra manera, solo debemos orar por el bien del Reino de Dios sin más razones egoístas. Todos debemos pensar en lo que complace a nuestro Dios y orar por esto. Si oramos a Dios solo por la gratificación de nuestros deseos carnales, nuestras oraciones no serán contestadas.
El problema del pecado de todo el mundo solo puede resolverse con fe en el Evangelio del agua y el Espíritu cumplido por el Señor. Y solo puede resolverse si creemos en la Palabra de Dios. También podemos resolver los demás problemas si le pedimos ayuda a Dios. Sin embargo, incluso los justos pueden tener un problema cuando intentan acercarse a Dios y orarle. El peor problema ocurre cuando oramos solo por nuestras necesidades en vez de orar por la justicia de Dios. Estas oraciones nublan nuestras mentes. No pueden hacer fuertes nuestros corazones. De hecho, evitan que nuestros corazones tengan valor. Esto se debe a que cuando se ofrecen estas oraciones, nos acercamos a Dios solo por nuestro bien. Por el contrario, el Señor nos dijo claramente en Mateo 6, 33: «Buscad primero el Reino y su justicia y lo demás se os dará por añadidura». El Señor nos dijo que primero orásemos por el Reino de Dios y Su obra de salvación. Estas oraciones son lo que Dios quiere de nosotros. Cuando oramos, debemos tener la actitud correcta del corazón que Dios quiere que tengamos. Nuestras oraciones no se encontrarán con ningún obstáculo.
Cuando no hay ningún obstáculo que nos impida acercarnos a Dios podremos orar con toda confianza. Y desde entonces todas nuestras necesidades quedarán cubiertas. De esta manera, todos los obstáculos entre Dios y nosotros serán eliminados. Entonces podremos orar a Dios con sinceridad. Podemos orar a Dios con confianza por Su justicia.
 
 
Debemos ofrecer oraciones que Dios quiera escuchar de nosotros
 
Cuando oramos, debemos hacerlo de la siguiente manera: “Señor, oramos por los siervos de Dios que predican Tu Evangelio. Protégenos y envíanos Tu poder para que Tu obra maravillosa de predicar el Evangelio pueda realizarse por todo el mundo. Te pedimos que nos envíes muchas almas, ayudes a Tus siervos a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu aún con más confianza y que salves del pecado a todas las almas que escuchen este Evangelio”. Cuando oramos así, saldrá coraje de nuestros corazones, y podemos ofrecer una oración de fe. Y también debemos orar de la siguiente manera: “Padre, por favor, cuida de todos nuestros hermanos y hermanas para que tengan buena salud. Da fuerzas a todos Tus siervos y bendícelos para que el Evangelio del agua y el Espíritu siga predicándose por todo el mundo”. Esto significa que debemos orar por el bien de Dios y para construir y expandir Su Reino, sin querer gratificar nuestros deseos carnales. Estas oraciones son las verdaderas oraciones que se le ofrecen a Dios.
Si queremos orar por el Reino de Dios, debemos orar confiando en la Palabra de Dios. Para hacerlo primero tenemos que resolver el problema de nuestros pecados. Y debemos dejar de lado nuestros deseos carnales antes de acercarnos a Dios y orar por Su bien primero. Nuestras oraciones deben hacerse con sinceridad, entonces la fe surgirá y nuestros corazones tendrán valor. Debemos orar por otras almas, nuestros hermanos y hermanas, los siervos y trabajadores de Dios, y debemos acercarnos a Dios con los problemas que tiene Su pueblo y orar en su nombre. En resumen, debemos ofrecer oraciones de justicia a Dios. Por eso, cuando oramos, debemos orar con confianza a Dios, quien ve en secreto, y debemos buscarle a Él a solas en vez de orar en voz alta delante de otras personas.
Esto se debe a que nuestra esperanza está en el Reino de los Cielos. El propósito de nuestras oraciones debería ser por lo tanto la obra justa de Dios ante todo. Nuestra oración debe ser contestada solamente por Dios. Esto se debe a que Dios puede escuchar todas nuestras oraciones y contestarlas. Quiero volver a repetirlo una vez más: antes de presentarse ante Dios para orar, deben resolver primero el problema de sus pecados, y no deben ser egoístas. Y deben orar para la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu, los siervos de Dios, la salvación de las almas perdidas, y los problemas a los que se enfrentan sus hermanos y hermanas.
Cuando oran así, su fe y su alma se benefician. Estas oraciones son ofrecidas por el Reino de Dios. Pueden orar de la siguiente manera: “Señor, hazme vivir una vida justa. Hazme vivir por Tu justicia. Dame fe en la Palabra de Dios. Lléname con el Espíritu Santo y dame fuerzas para servir al Evangelio aún más. Dame un corazón justo”.
Los que oran sinceramente no oran para alardear ante los demás, sino que piden cosas a Dios. Estas personas se presentan ante la justicia de Dios y pide Su ayuda en una conversación personal con Dios. Cuando le piden ayuda a Dios, lo más importante es que deben resolver el problema de sus pecados desde el principio y después abandonar sus propios deseos y orar por el Reino de Dios. Entonces pueden ofrecer la oración adecuada. Todos debemos orar a Dios de la manera correcta.
Entonces es muy importante aprender qué tipo de oración es la oración correcta. Nuestro Señor dijo en el pasaje de las Escrituras de hoy: «Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público» (Mateo 6, 5-6). Por tanto, como el Señor nos está enseñando aquí, todos debemos orar sinceramente por la justicia de Dios. Como siervos de Dios y santos debemos ofrecer estas oraciones.
Cuando oramos lo más importante es que debemos resolver el problema de nuestros pecados primero al creer en la Palabra de Dios que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos dejar de lado nuestros propios deseos, orar por el beneficio del Reino de Dios y por fin orar por nuestras necesidades. Las oraciones que se ofrecen de esta manera se convierten en oraciones de intercesión que van por todo el mundo. Para que esto ocurra, debemos orar por la expansión del Reino de Dios primero.
 
 
Las oraciones que se ofrecen por la expansión del Reino de Dios
 
Jesús nos ha enseñado: «Buscad primero el Reino y su justicia y lo demás se os dará por añadidura» (Mateo 6, 32). Entonces, ¿qué significa buscar primero el Reino de Dios y Su justicia? Significa buscar primero el interés del Reino de Dios. ¿Qué tipo de oraciones buscan el beneficio del Reino de Dios entonces? Estas oraciones son las siguientes: “Señor, por favor, cuida de los siervos de Tu Reino y está siempre con ellos. Deja que el Evangelio del agua y el Espíritu se extienda por toda la tierra y deja que el Evangelio sea testificado a todas las tribus. Haz que todo en este mundo crea en Tu Evangelio, hasta los confines de la tierra. Y bendice a todas las familias de los justos también para que sus almas sean salvadas del pecado. Señor, nosotros también te pedimos que nos bendigas con prosperidad abundante para que podamos predicar Tu Evangelio con más vigor. Danos salud para que podamos dedicarnos completamente a Tu Reino. Bendice a todo el mundo en Tu obra que estamos haciendo. Llénanos del Espíritu Santo. Haz que nuestra fe sea aún más fuerte. Fortalece la fe de todos nuestros hermanos y hermanas. Permanece con ellos para siempre y resuelve sus problemas. Consuélalos, Señor, y dales salud cuando estén enfermos. Cuídalos con Tu poder. Haz que nuestras amadas familias también crean en Ti para que sus almas sean salvadas. Aleja a tus siervos de la tentación, consuélalos, dales fuerzas y protégelos, para que nunca se cansen y abandonen su fe. Y cuando tengamos problemas, ayúdanos a superarlos. En el nombre de Jesús”.
Debemos orar así porque el Señor dijo: «La oración eficaz del justo puede mucho» (Santiago 5, 16). Todos nosotros debemos orar de manera que complazca al Señor, y no hay nada que no podamos hacer si tomamos fuerzas de estas oraciones de fe. Por muy insuficientes que seamos, como Dios escucha las oraciones de los justos podemos conseguirlo todo a través de nuestras oraciones de fe. Por eso debemos orar a Dios. Y todos podemos orar a Dios porque somos «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios» (1 Pedro 2, 9).
Ninguna persona justa debe sentirse defraudada por nada. Todos los justos deben orar a Dios por fe. Y todos los justos deben saber cómo orar a Dios en meditación profunda, teniendo una conversación sincera y personal con Dios. Solo entonces podrán encontrar ayuda de Dios, recibir Su poder y Sus bendiciones durante toda la vida.
Dios escucha nuestras oraciones cuando oramos en secreto. Contesta los deseos de nuestros corazones. Jesucristo está siempre con nosotros. Podemos orar a Dios gracias a la justiciad e Jesucristo y somos el pueblo bendito de Dios. Por eso los que pueden orar a Dios sinceramente pueden vivir por la justicia del Señor. Al creer en la justicia de Dios, todos podemos orar a Dios y vivir una vida justa.
Todos tenemos que alcanzar la madurez espiritual. Y con la madurez espiritual debemos saber cómo orar a Dios correctamente con la mente y el corazón adecuados, cómo buscar la justicia de Dios y Su Reino, cómo orar por nuestros hermanos y hermanas, cómo orar por otras almas y cómo orar por nosotros mismos. La Biblia dice que si no sabemos por qué debemos orar, el Espíritu Santo se convierte en nuestro Intercesor y ora a Dios Padre por nosotros con gemidos que no se pueden pronunciar (Romanos 8: 26).
Por tanto, es muy importante aprender a cómo orar. Todos deben aprender a cómo orar adecuadamente. Como justos debemos saber cómo mover el corazón de Dios para ayudarnos en todo. De hecho, todos queremos convertirnos en personas de oración que pueden pedirle cosas a Dios. Así que debemos orar sin cesar.
Todos los justos deben orar cuando se encuentren con dificultades. Las oraciones son una de las armas más poderosas que tenemos. De la misma manera en que la Palabra de Dios es nuestra arma poderosa cuando luchamos contra el Diablo, las oraciones fervientes son otra arma poderosa cuando luchamos contra nuestras dificultades. Todos los problemas son resueltos cuando nos presentamos ante Dios y oramos por fe. Cuando los justos oramos, Dios nos ayuda. El pueblo de Dios y Sus siervos que saben cómo confiar sus problemas a Dios nunca fracasa. Aunque tropiecen se levantan y Dios les ayuda a recuperarse.
Mis queridos hermanos, para orar correctamente a Dios deben tratar con sus pecados poniendo su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si creen en este verdadero Evangelio, que es la Palabra de Dios, sus corazones estarán sin pecados sin falta. Después podrán buscar la justicia de Dios y orar con un corazón puro.
¿Entienden correctamente cómo deben orar? ¿Pueden orar correctamente ahora? Todos somos sacerdotes reales que pueden orar a Dios por fe.
Del pasaje de las Escrituras de hoy hemos aprendido cómo orar. ¿Hay algún obstáculo que nos impida orar a Dios? Si tienen pecados, este es el primer obstáculo que deben eliminar. ¿Cómo pueden eliminar este obstáculo del pecado? Al poner su fe en la Palabra de Dios, primero deben admitir ante Él que han cometido pecados. Y deben reconocer por fe que todos sus pecados fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado y que fue condenado completamente por todos sus pecados en la Cruz. También deben creer que les devolvió a la vida cuando resucitó. El problema de sus pecados ha sido resuelto. Entonces pueden orar a Dios, pero no deben orar por sus propios deseos o avaricia, sino que deben orar por el Reino de Dios primero. Entonces deberán orar a Dios sinceramente y correctamente.
¿Por qué debemos orar constantemente? Debemos orar por el Reino de Dios y Su justicia. ¿Qué es la justicia de Dios entonces? No es más que el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Han resuelto el problema de sus pecados al poner su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu? Si es así gracias a esta fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de Dios, se han convertido en personas sin pecados. Por eso deben pensar siempre en la Verdad de que Jesús ya cargó con todos sus pecados al ser bautizado.
Hoy algunos siervos de Dios están viajando a un país remoto para predicar el Evangelio. Por eso debemos acabar este sermón uniendo nuestras manos para orar. Oremos a Dios: “Pare, Tus siervos van a viajar a una tierra lejana para predicar Tu Evangelio. Te pedimos que los protejas y les des salud para que vuelvan a salvo. Haz que el Evangelio sea proclamado y obre a través de estos siervos. Señor, algunos de nuestros familiares no han sido salvados. Oramos por ellos también, para que sus almas sean salvadas. Te pedimos que protejas a todos nuestros hermanos y hermanas también. Protégelos de la tentación y muéstrales el camino cuando pasen por dificultades en este mundo. Llénalos del Espíritu Santo. Hazlos gente de fe. Dales Tu poder y bendícelos. En el nombre de Jesús. Amén”.