The New Life Mission

Sermones

Tema 23: Hebreos

[Capítulo 10-3] < Hebreos 10:26-36 > Sus vidas de fe requieren paciencia continua

< Hebreos 10:26-36 >
“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante. Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.”
 
 
Nuestra reunión de resurgimiento espiritual empezará mañana y les pido a todos que oren. Es maravilloso ver unas flores tan hermosas al lado del púlpito. Todos los días, noche y día, hay mucho que hacer por la obra de Dios. 
Acabamos de leer hebreos 10:26-36 como pasaje de las Escrituras de hoy. Ahora me gustaría explicarles lo que la Biblia enseña con este pasaje de las Escrituras. La Biblia dice en Hebreos 10:26-27: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios”. Este pasaje nos enseña que, si traicionamos la justicia de Dios, después de recibir el conocimiento de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, seremos juzgados por Dios. Entonces, es necesario hacerse la siguiente pregunta: ¿Por qué nos dio esté aviso el siervo de Dios que escribió la Epístola de Hebreos? Para contestar esta pregunta primero debemos entender las circunstancias del pueblo de Israel en aquel entonces. Cuando el autor de la Epístola de Hebreos escribió esta carta de consejo espiritual al pueblo de Israel, esparcido por todo el mundo conocido, estaba sufriendo mucho. En aquel entonces, el Imperio Romano había colonizado a Israel, y los israelitas estaban siendo castigados por Roma por sus frecuentes rebeliones. Después de haber adoptado una política de conquista y esclavitud con Israel, Roma envió al General Tito a invadir y conquistar la tierra de Israel. 
 
 
El autor escribió la Epístola a los hebreos para proporcionar alimento espiritual al pueblo de Dios
 
En el pasaje de las Escrituras de hoy, el autor de la Espístola de Hebreos estaba diciendo al pueblo de Dios que no tracionase a Jesús ni la Verdad de la justicia de Dios por muy difíciles que fuesen sus circunstancias. Les estaba diciendo: “Habéis llegado hasta aquí, habéis recibido la salvación al creer en la justicia de Jesús y habéis perdido todas vuestras posesiones terrenales, incluso a vuestros hermanos y hermanas, mientras defendíais vuestra fe valiosa. ¿Vais a traicionar a la justicia de Jesucristo ahora después de tantos años y muchos sacrificios? ¿Vais a decidir malgastar todos vuestros sacrificios y ser juzgados por Dios?”. 
En Hebreos 10:30-31 el autor cita la Palabra de Dios: “Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”. Aquí, Dios nos está diciendo que, cuando llegue el juicio final, nuestro Señor juzgará primero a Su pueblo. No debemos olvidar que el Señor nos ha salvado a los que creemos en la justicia de Dios, al venir a este mundo encarnado en un hombre, ser bautizado por Juan el Bautista para cargar con todos nuestros pecados, morir en la Cruz cargando con todos los pecados del mundo y al levantarse de entre los muertos. 
Como todos hemos recibido la remisión de los pecados al creer en la justicia de Dios, ¿cómo podemos abandonar nuestra fe cuando las circunstancias son difíciles? ¿Cómo podemos condenar nuestro propio futuro de esta manera? En otras palabras, si traicionamos a Dios y renunciamos a nuestra fe en Su justicia para creer en otra cosa, recibiremos el juicio terrible de Dios. Esto es peor que nuestras circunstancias actuales. Después de todo, ¿cómo no vamos a temer las consecuencias de la apostasía si conlleva enfrentarse al juicio de Dios que es mucho más terrible que las circunstancias a corto plazo? 
Por tanto, Dios nos está pidiendo que no abandonemos nuestra fe diciendo: “Vuestro sufrimiento presente se acabará muy pronto. ¿Renunciaríais a Mí por impaciencia para ser juzgados por Mí más tarde? ¿Qué es lo peor que os puede pasar ahora? ¿Acaso la muerte física no es solo temporal? Si Me traicionáis ahora, moriréis para siempre. Así que debéis soportar vuestro sufrimiento presente pensando en la gloria que vendrá”. 
La Biblia nos dice: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante” (Hebreos 10:32-34). Dicho de otra manera, la Biblia nos está diciendo: “¿No habéis sufrido así sabiendo que Dios os daría Su Reino?”. Las escrituras siguen diciendo: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:35-36). 
La Palabra de Dios que hemos leído hoy se escribió hace unos 1900 años. En aquel entonces Dios les dijo a los creyentes que aguantasen. En mi sermón les estoy pidiendo que aguanten como los predecesores de la fe cuando pasen por tribulaciones como ellos. Aguantar por fe es absolutamente indispensable para los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. La paciencia es también importante para nosotros como aguantar y perseverar en las dificultades. Mientras que el dolor temporal que estamos sufriendo ahora requiere que seamos pacientes solo durante un tiempo, vivir nuestra fe hasta el día en que regrese Jesucristo requiere una perseverancia tremenda. 
 
 
Todo el mundo tiene dificultades para soportar el dolor
 
Mientras que no es difícil sufrir dolor a corto plazo, sufrir dolor a largo plazo es difícil. Lo último es lo que es necesario para vivir nuestra fe hasta que regrese el Señor. El mayor problema de nuestras vidas de fe es cuando la promesa del Señor no se cumple inmediatamente. En otras palabras, sufrimos más intentando aguantar y perseverar esperando el día en que regrese el Señor. Por eso Dios dijo: “Porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:35-36). 
Como Dios dijo aquí, estamos viviendo nuestras vidas de fe confiando en el Evangelio del agua y el Espíritu para ver el regreso prometido del Señor. Muchas veces tenemos que pasar por dificultades por la obra del Señor. Pero, debemos sufrir mucho para poder predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y servirlo. Cuando vivimos nuestra fe para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, empezamos a darnos cuenta de que nuestras vidas de fe requieren perseverancia. Para recibir las bendiciones prometidas por Dios debemos sufrir ahora. Todos debemos correr por fe hasta el día en que entremos en el Reino del Señor. 
Es mucho mejor sufrir con mucho que hacer por Dios que preocuparnos por no tener mucho que hacer por Él. ¿Están de acuerdo? Es mucho mejor estar ocupados con la obra de Dios. Yo también me siento realizado haciendo la obra de Dios con ustedes y estoy seguro de que ustedes también. Sé lo que hay en sus corazones sin tener que ir a donde trabajan. Todos están muy ocupados con la obra de Dios como yo, pero están contentos como yo lo estoy. 
Estar contentos con la obra de Dios es lo que significa vivir su fe. Así que pueden ver por qué hay tanto que hacer. Hay tanto trabajo que hacer que estamos abrumados, pero al mismo tiempo, estamos llenos de gozo por este trabajo. Esta mañana he visto a Hagyung, una niña pequeña, llorando en la entrada. No sé exactamente por qué estaba llorando, pero en mi corazón le dije: “Hagyung, tú también tienes que aguantar. Tienes que pasar por todo y perseverar cuando crezcas”. De la misma manera, todos los obreros de Dios y los santos deben sufrir todas las dificultades que Dios les traiga para poder entrenarlos. 
No hay nadie aquí que pueda vivir su fe sin paciencia. Todos nosotros debemos pasar por muchas dificultades cuando predicamos la justicia de Dios, porque no tenemos otra opción. Esto se debe a que solo entonces se puede cumplir la justicia de Dios. La obra justa de Dios requiere perseverancia hasta que el Señor la complete y nos recompense al final. 
Como creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, estamos trabajando duro para predicar la justicia de Dios. Si no superamos nuestras dificultades, al confiar en nuestra fe en la justicia del Señor, no podemos vencer. Para tener victoria en nuestras vidas de fe, debemos asegurarnos de que nuestra fe en Dios y Su justicia persevera para poder empezar a dar frutos. Debemos defender nuestra fe en la justicia de Dios pase lo que pase. Esto es obvio, pero no puedo dejar de resaltar lo importante que es para todos defender nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y la justicia de Dios. Estoy seguro de que la mayoría de ustedes saben de lo que estoy hablando ya que les he hablado de esto antes. 
Por desgracia, hay muchas personas en nuestra Iglesia que han abandonado su fe y no hace falta decir que esto está mal. Pero esto nos puede pasar a todos si no perseveramos en nuestras dificultades por el bien de la justicia del Señor. Cuando tengamos dificultades, debemos orar al Señor para que nos ayude y obedecer Su voluntad al confiar en Dios y Su Palabra. Entonces, veremos que todos nuestros problemas se resuelven gracias a la justicia del Señor. Si no soportamos nuestras dificultades por fe, acabaremos traicionando la justicia del Señor. 
Debemos soportarlo todo confiando en la justicia de Dios. Sean cuales sean las dificultades por las que estén pasando, deben poner toda su fe en la justicia de Dios. Si soportamos todas nuestras dificultades pacientemente para predicar la justicia de Dios, nuestro trabajo duro nos recompensará con el fruto de la justicia. El fruto de la justicia de Dios es Su don para los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Es absolutamente maravilloso. 
Después de todo, ¿no han escuchado las noticias maravillosas de todo el mundo que dicen que muchas personas han sido salvadas de todos sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu predicado por nosotros? Esta mañana, mientras escuchaba el informe de nuestras actividades misioneras, he oído que alguien en Kenya ha leído nuestros libros sobre el Evangelio. Este hombre leyó dos de nuestros libros, el primer libro de sermones que publicamos y otro libro de sermones sobre Génesis. Pero, a pesar de que era relativamente nuevo en el Evangelio del agua y el Espíritu, su testimonio de fe fue maravilloso. 
De esta manera, cuando escuchamos o leemos acerca de la remisión de los pecados que Dios les ha dado a estos nuevos creyentes y sus testimonios de fe, todos somos edificados. Estoy completamente seguro de que estos frutos de la justicia salieron de nosotros porque hemos vivido por fe para predicar la justicia de Dios así. Como hemos trabajado duro y hemos aguantado con paciencia por el bien de la obra buena de Dios, los frutos de la justicia están naciendo por todo el mundo. En otras palabras, estamos dando estos frutos de la justicia porque estamos trabajando duro para predicar el Evangelio y apoyar el ministerio. Al principio solo nacieron unos pocos frutos, pero ahora estamos escuchando que nacen frutos nuevos por todo el mundo. 
Esto se debe a que hemos perseverado y hemos vivido por fe por el bien de la justicia de Dios. Nuestro Señor ha eliminado todos los pecados de este mundo para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu hemos sido salvados de nuestros pecados para siempre. Y al tener fe en la justicia del Señor le seguimos por fe. Por tanto, todos debemos seguir haciendo la buena obra del Señor todos los días y vivir por fe hasta que el día de la voluntad del Señor se cumpla en este mundo. No importa lo mucho o lo poco que podamos contribuir; lo que de verdad importa y lo que debemos entender es que debamos hacer la obra justa de Dios para dar frutos maravillosos. 
He sufrido mucho guiándoles a la justicia de Dios. Sé que debo entrenarles pacientemente para que se conviertan en obreros valiosos de Dios y por esa razón los amo mucho en mi corazón y les enseño con tanta paciencia. Ahora puedo verlos convertirse en el recipiente en el que Dios quiere que se conviertan. Y yo también me trato con la misma paciencia. 
Hoy es el Día de los Padres en Corea y para marcar esta ocasión los hijos ponen un clavel en los pechos de sus padres como señal de amor y respeto. Esta mañana yo también he recibido un clavel y otros regalos de los niños de nuestra Iglesia, pero no he hecho nada para merecerlos. De alguna manera me parece un poco injusto para los hijos porque me tienen que respetar como un adulto, mientras que no he hecho nada especial por ellos. Así que me siento un poco mal por los regalos que he recibido hoy, pero al mismo tiempo estoy aún más agradecido a los niños de nuestra Iglesia. 
Los jóvenes deben respetar y honrar a los mayores con un corazón sincero. Este tipo de actitud es obvio. Después de todo, ningún hijo puede imaginar lo grande que es el amor de sus padres por él. Solo cuando se convierten en padres y crían a sus propios hijos pueden empezar a entender el amor profundo de sus padres por ellos. Pero cuando crecen lo suficiente para apreciarlo sus padres puede que no estén con ellos. Como sus padres solo pueden vivir 70 o 80 años por media, cuando se den cuenta de su amor, ya habrán muerto. Hay algunas cosas que son irreversibles en este mundo y una de ellas es que, cuando sus padres mueren, no pueden amarles y honrarles por mucho que quieran. 
Estoy muy agradecido a nuestro Señor por venir al mundo, encarnarse en un hombre, cargar con todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan Bautista, y sacrificarse en la Cruz por nosotros, todo para salvarnos de los pecados del mundo. Ahora entendemos completamente cómo el Señor ha salvado a los que creen en la justicia de Dios de todos nuestros pecados al ser bautizado por cargar con nuestro sufrimiento. Cuando alabamos a Dios por Su justicia, le alabamos por ser bautizado por Juan el Bautista, por sufrir en la Cruz y así salvarnos a todos los que creemos en la justicia de Dios. 
Piensen en lo doloroso que sería tener que sufrir como Él. Imaginen ser crucificados. Imaginen cómo sería ser crucificados, desnudados, pateados y odiados. Si estuviésemos en esa situación, quizás sabríamos mejor la magnitud del dolor que tuvo que soportar el Señor por nosotros. De hecho, solo si nos ponemos en el lugar del Señor podemos empezar a apreciar, aunque sea mínimamente, el sufrimiento que Cristo soportó por nosotros. 
Podemos tener empatía con otra persona solo si nos ponemos en su lugar. Se dice que, aunque otra persona se esté muriendo, ese sufrimiento no es tanto como el de un mero constipado para uno mismo. En otras palabras, por muy pequeño que sea su propio sufrimiento, es mayor que cualquier otro dolor sufrido por otra persona. Solo cuando hacen que el dolor de esa persona sea suyo pueden tener empatía. Solo cuando se ponen en el lugar de la persona y aprecian su dolor pueden tener compasión por esa persona. Si piensan que no tienen nada que ver con esa persona, no podrán tener empatía. De la misma manera, si no tienen una relación personal con Jesús, no pueden apreciar lo que ha hecho por ustedes. 
Cuando el Señor vino a este mundo por nosotros, tomó todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista. Y para salvarnos de todos nuestros pecados cargó con la condena de todos nuestros pecados al sufrir la crucifixión. Solo cuando consideramos seriamente lo que sufriríamos podemos apreciar la pasión de Cristo y creer en Él. Entonces podemos entender el tremendo sacrificio que el Señor hizo por nosotros, todo para salvarnos de nuestros pecados. Debemos seguir la justicia de Dios con gozo. Así que estoy intentando hacer todo lo que puedo por ustedes, para apoyar la obra del Señor con la menor cantidad de problemas. 
Siempre estoy pensando en lo que puedo hacer para ayudarles. Les estoy diciendo esto para que entiendan lo que deseo. Sé muy bien lo duro que es servir a la justicia de Dios después de un día sin descansar. El verano está cerca y cuando pienso en ustedes trabajando duro bajo el sol abrasador, siento su dolor. Aunque no les puedo ayudar en todo lo que hacen, deben saber que deseo ayudarles en todo lo que pueda. Sé lo mucho que están sufriendo por hacer la obra de Dios. Pero deben aguantar por fe. Debemos perseverar por el bien de la justicia de Dios. Solo entonces podemos salvar a multitud de almas de sus pecados y recibir la vida eterna. 
No quiero pasar esta hora predicando un sermón que vayan a olvidar pronto. Puede que escuchen este sermón con un oído y les salga por el otro, pero eso no es lo que quiero. Estoy absolutamente convencido de que la Palabra de Dios que estoy predicando ahora es verdadera. Por eso grabo y transcribo mis sermones para que sean publicados y alcancen a todo el mundo. Como la Palabra que estoy predicando aquí es la Palabra de Dios, quiero que tenga un efecto poderoso sobre todo el que la lee o la escucha. 
Si lo que estoy predicando aquí no es cierto, es obvio que no deben escucharlo y mucho menos grabarlo o transcribirlo. Pero si es cierto debe ser grabado y conservado para todo el mundo y las generaciones futuras. Por eso estoy trabajando con ustedes con tanta convicción. Todas las mañanas escucho del Reverendo Shin el estado de nuestra misión. Le he pedido que lo registre. Le he pedido que grabe y transcriba los informes de la misión también. 
No estoy seguro si ha hecho lo que le he pedido; por ahora no me ha dado ninguna transcripción, así que quizás solo haya tenido tiempo de grabarlos y no los ha transcrito todavía. O quizás se ha olvidado porque no se lo he recordado. Sea cual sea la razón, estoy seguro de que cuando nuestros santos escuchen o lean los informes de la misión, recibirán muchas fuerzas. 
Aunque estemos pasando por muchas dificultades en nuestras vidas de fe, debemos pasarlas por fe. No debemos ser impacientes y acabar traicionando la justicia de Dios. Les pido que no dejen que les pase esto. La Biblia dice: “Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo” (Hebreos 10:30). En 1 y 2 Corintios las Escrituras nos dicen que Dios juzgará a Su pueblo primero y después juzgará a los que no creen. Hay muchas personas malvadas incluso entre los que dicen creer en la justicia de Dios y Dios juzgará primero a esas personas. Por tanto, debemos vivir por fe para que ninguno de nosotros sea juzgado por Dios. 
Si se levantan contra Dios y se oponen a Su Iglesia, serán juzgados sin falta. No les estoy amenazando, sino que les estoy diciendo lo que dice la Palabra de Dios. Después de todo, ¿cómo puede un hombre débil como yo amenazarles? Piensen en esto. No me tendrían miedo, aunque les amenazara. Nunca me han gustado los enfrentamientos. Nunca he pegado a nadie en mi vida, ni siquiera cuando era un niño. Cuando juego al fútbol me atacan siempre, pero yo nunca he empujado a nadie. Si alguien se vuelve agresivo contra mí, siempre me echo para atrás e intento razonar con esa persona. No solo odio la violencia, sino que también le tengo miedo. Así que soy la persona menos indicada para amenazarles. No soy yo quien dijo que juzgará a quien traicione Su justicia, sino Dios. Y como esto es lo que Dios dijo, juzgará a estas personas sin falta. 
Debemos recordar que nuestros antecesores de la fe, que caminaron antes que nosotros, pudieron encontrarse cara a cara con el Señor porque sufrieron con paciencia y aguantaron. Hoy también el Señor quiere esto de nosotros. Ahora que hemos conocido al Señor, debemos aguantar con paciencia. Cuando el Señor vuelva a este mundo, cuando estemos en Su presencia, podremos ver al Señor cara a cara en Su Reino. Por eso la paciencia es tan importante. Debemos aguantar en todas nuestras dificultades. 
Como dice Proverbios, la paciencia es amarga, pero su fruto es dulce, y todo llega al que espera. Debemos aguantar todas las dificultades por el Señor. Y si le pedimos al Señor que nos ayude y nos ayudamos los unos a los otros en la Iglesia de Dios, entonces podremos superar nuestras dificultades. Sabemos que el fruto dulce nos espera después de nuestras dificultades. Sabemos que nos esperan las bendiciones abundantes de Dios. Y sabemos que Dios bendecirá a Su Iglesia y a todos y cada uno de nosotros en todo lo que hacemos por la predicación de Su Evangelio. ¡Aleluya!