The New Life Mission

Sermones

Tema 3: El Evangelio del agua y del Espiritu

[3-7] < Hebreos 7:1-28 > El Sacerdocio Cambiado

< Hebreos 7:1-28 >
“Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.
Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico(porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquél de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.
Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, 16no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. Pues se da testimonio de él:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.
Y esto no fue hecho sin juramento; porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo:
Juró el Señor, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.
Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.”
 
 
JESÚS MINISTRÓ EL SACERDOCIO CELESTIAL
 
¿Quién es superior, el sumo sacerdote Melquisedec o el sumo sacerdote terrenal de la orden de Aarón?
El sumo sacerdote Melquisedec
 
En el Antiguo Testamento, había un sumo sacerdote llamado Melquisedec. En el tiempo de Abraham, Quedorlaomer y los reyes que se aliaron con él tomaron todo los bienes de Sodoma y Gomorra y todos sus víveres y se fueron de ahí. Abraham armó a sus sirvientes entrenados, aquéllos que nacieron en su casa y los guió a la guerra.
Allí, derrotó a Quedorlaomer, el rey de Elam, y a los reyes que se aliaron con él y rescató a su sobrino Lot y sus posesiones. Después de que Abraham volvió de derrotar a sus enemigos, Melquisedec, el Rey de Salem y sumo sacerdote de Dios, sacó pan y vino y bendijo a Abraham. Y Abraham le dio el diezmo de todo (Génesis capítulo 14).
En la Biblia, se ilustra en detalle la grandeza del sumo sacerdote Melquisedec y los sumos sacerdotes en su orden. El sumo sacerdote Melquisedec era “el rey de paz,” “el rey de justicia,” sin padre, sin madre, sin genealogía. Sin tener principio de días ni final de vida, pero hecho como el Hijo de Dios, él sigue siendo sacerdote continuamente.
La Biblia nos dice que consideremos cuidadosamente la grandeza de Jesucristo quien era el sumo sacerdote de la orden de Melquisedec, comparando el sacerdocio de Jesús del Nuevo Testamento y con el del sumo sacerdote Aarón del Antiguo Testamento.
Los descendientes de Leví se hicieron sacerdotes y recibían el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque ellos fueran descendientes de Abraham. Y cuando Abraham dio el diezmo al sumo sacerdote Melquisedec, Leví todavía estaba en los lomos de su padre.
¿Fueron los sacerdotes del Antiguo Testamento mayores que Jesús? Se explica en la Biblia. ¿Es Jesús mayor que los sumos sacerdotes terrenales? ¿Quién debe ser bendecido por quien? El escritor de Hebreos habló de esto desde el principio. “Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.” Abraham fue bendecido a través del sumo sacerdote Melquisedec.
¿Cómo le hacemos para vivir nuestra fe? ¿Debemos confiar en los mandamientos de Dios a través del sistema sacrificatorio del tabernáculo santo del Antiguo Testamento, o debemos confiar en Jesucristo que vino a nosotros como el sumo sacerdote celestial a través de su sacrificio del agua y el Espíritu?
Dependiendo de lo que elijamos, nosotros somos bendecidos o condenados. ¿Vivimos según la palabra de Dios y la ofrenda diaria de sacrificios, o escogemos creer en la salvación que Jesús nos ha dado ofreciéndose una vez para siempre con el agua y la sangre? Nosotros tenemos que elegir una de estas dos.
En los días del Antiguo Testamento, el pueblo de Israel admiraba a los descendientes de Aarón y Leví. En los días del Nuevo Testamento, si nosotros nos preguntamos quién es mayor, ¿Jesús o los sacerdotes del orden de Aarón?, Entonces, sin duda alguna, podemos contestar que Jesús es mayor. Pero aunque las personas conocen este hecho claramente, muy pocos siguen su fe.
La Biblia nos da una respuesta definida a esta pregunta. Nos dice que Jesús quien era de una tribu diferente de la que había servido alguna vez al altar tomó el sacerdocio celestial. “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley.”
Dios le dio al pueblo de Israel mandamientos y 613 artículos detallados de la Ley, a través de Moisés. Moisés les dijo al pueblo que vivieran según la Ley y los mandamientos, y el pueblo estaba de acuerdo en hacerlo.
 
¿Por qué Dios hizo a un lado el primer pacto y estableció el segundo?
Porque el hombre era demasiado débil para vivir de acuerdo al primer pacto.
 
En la Biblia, todo el pueblo de Israel hizo un juramento para vivir los mandamientos de Dios en el Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, y Deuteronomio. Dios les proclamó cada mandamiento y ellos dijeron “Sí” a cada mandamiento sin vacilación.
Pero podemos ver que después del Deuteronomio, de Josué en adelante, ellos nunca han vivido según los mandamientos de Dios. Y de Jueces a 1 Reyes y 2 Reyes, ellos empezaron a desacreditar a sus líderes, y después, ellos decayeron tanto que cambiaron el sistema sacrificatorio del tabernáculo santo.
Y finalmente en Malaquías, ellos trajeron animales no aptos para ser ofrecidos a pesar de la instrucción de Dios de ofrecerlos sin mancha. Ellos le pidieron a los sacerdotes, “Por favor pasa por alto esto,” “Por favor acepta este.” En lugar de ofrecer los sacrificios según la ley de Dios, ellos la cambiaron arbitrariamente.
El pueblo de Israel nunca guardó completamente la ley de Dios incluso ni una vez en el tiempo del Antiguo Testamento. Ellos se olvidaron y simplemente ignoraron la salvación revelada en el sistema. Por consiguiente Dios tenía que cambiar el sistema sacrificatorio. En Jeremías, Dios dijo, “Yo haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.”
Veamos Jeremías 31:31-34. “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”
Dios dijo que Él haría un nuevo pacto. Él ya había hecho un pacto con el pueblo de Israel, pero ellos no vivieron por la palabra de Dios. Así, Él decidió hacer un nuevo pacto de salvación con su pueblo.
Ellos habían hecho un juramento ante Dios, “Nosotros sólo te rendiremos culto a ti, y viviremos por tu Palabra y mandamientos.” Dios les había dicho, “No tendrán dioses ajenos delante de Mí” y el pueblo de Israel había dicho, “Seguro, nosotros nunca rendiríamos culto a ningún otro dios. Tú eres el único Dios para nosotros. Nunca podrá haber ningún otro dios para nosotros.” Pero ellos no guardaron su juramento.
El centro de la Ley consiste en los Diez mandamientos: “No tendrás dioses ajenos delante de Mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás. Acuérdate del día de reposo para santificarlo. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano. Honra a tu padre y a tu madre. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. No codiciarás la casa de tu prójimo” (el Éxodo capítulo 20).
También se subdivide en 613 artículos detallados que serían guardados a lo largo de sus vidas. “Qué no hacer a las hijas, y qué no hacer a los hijos, qué hacer a las madrastras. . . .” La ley de Dios les ordenó hacer todas las cosas buenas y no hacer ninguna cosa mala. Éstos son los Diez mandamientos y los 613 artículos detallados.
Pero entre toda la humanidad, no ha habido ni siquiera uno que pueda guardar todos los artículos de su Ley. Por consiguiente Dios tenía que determinar otra manera para que ellos pudieran ser salvados de todos sus pecados.
¿Cuándo se hizo el cambio de sacerdocio? Después de que Jesús vino a este mundo, el sacerdocio cambió. Jesús tomó el sacerdocio de todos los sacerdotes del orden de Aarón. Él hizo a un lado el sacrificio de los tabernáculos que eran derecho inherente de los sacerdotes del orden de Leví. Él solo ministró el sumo sacerdocio celestial.
Él vino a este mundo, no como un descendiente de Aarón, sino como descendiente de Judá, la tribu de reyes. Él se ofreció a sí mismo como sacrificio a través de su bautismo y su sangre en la cruz salvando a toda la humanidad de sus pecados.
Ofreciéndose a sí mismo, Él hizo para nosotros posible resolver el problema del pecado. Él lavó todos los pecados de la humanidad a través del sacrificio de su bautismo y sangre. Él ofreció para siempre un sacrificio eterno por el pecado.
 
 
JUNTO AL CAMBIO EN EL SACERDOCIO HUBO TAMBIÉN UN CAMBIO EN LA LEY
 
¿Cuál es el cambio en la ley de la salvación?
El sacrificio eterno único de Jesucristo
 
Estimados amigos, el sacerdocio del Antiguo Testamento se cambió en el Nuevo Testamento. En los días del Antiguo Testamento, el sumo sacerdote entre los descendientes de Aarón, de la casa de Leví, ofrecía el sacrificio de expiación por los pecados del último año de los Israelitas. El Sumo Sacerdote entraba en el Lugar Santísimo. Él iba ante el propiciatorio con la sangre del animal del sacrificio. Sólo el sumo sacerdote podría ir más allá del velo que era el Lugar Santísimo.
Pero después de la venida de Jesús, el sacerdocio de Aarón le fue transferido a Él. Jesús tomó el sacerdocio eterno. Y Él ministró el sacerdocio eterno ofreciéndose a sí mismo, para que toda la humanidad pudiera salvarse de todos sus pecados.
En el Antiguo Testamento, el sumo sacerdote tenía también que expiar por sus pecados poniendo sus manos en la cabeza del toro antes de que él pudiera ministrar por todo el pueblo. Él pasaba sobre el toro sus pecados imponiéndole las manos, diciendo, “Dios, yo he pecado.” Entonces él mataba el animal y rociaba su sangre sobre y delante del propiciatorio siete veces.
Si el sumo sacerdote Aarón no estuviera completo en sí mismo, usted puede imaginar cuan débil eran las personas. Un hijo de Leví, el sumo sacerdote Aarón era un pecador, por lo que él tenía que ofrecer un toro para expiar sus propios pecados y aquéllos de su familia.
El Señor dijo en Jeremías capítulo 31, “yo romperé el pacto. Yo he hecho pacto contigo, pero tú no lo has guardado. Por consiguiente yo haré a un lado el pacto que no pudiste santificar y podré darte un nuevo pacto de salvación. Yo ya no los salvaré a través de Mis mandamientos, sino que les ofreceré la salvación a través del evangelio del agua y el Espíritu.”
Dios nos dio el nuevo pacto. Llegado el tiempo vino Jesús a este mundo en la semejanza de hombre, se ofreció a sí mismo para llevarse los pecados del mundo y derramó su sangre en la cruz salvando a quienes creemos en el. Él se llevó los pecados de toda la humanidad a través de su bautismo.
La ley de Dios fue puesta a un lado y fue reemplazada. El pueblo de Israel podría salvarse si ellos hubieran vivido según la ley de Dios, pero ellos no lo hicieron así. “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él” (Romanos 3:20).
Dios quería que los Israelitas comprendieran que ellos eran pecadores y que la Ley no podía salvarlos. Él los salvó a través de la ley de salvación del agua y el Espíritu, no a través de sus obras. En su amor infinito, Dios nos dio un nuevo pacto por el que nosotros podríamos salvarnos de todos los pecados del mundo a través del bautismo y la sangre de Jesús.
Si usted cree en Jesús sin saber el significado de su bautismo y sangre, toda su fe es en vano. Cuando usted hace eso, usted está en más problemas que cuando usted no creía en absoluto en Jesús.
Dios dijo que Él tenía que hacer un nuevo pacto para salvar a la humanidad de sus pecados. Como resultado, nosotros no nos salvamos ahora por la ley de nuestras obras, sino por la justa ley de la salvación a través del agua y la sangre.
Él lo prometió y cumplió su promesa para nosotros los que creemos en Jesús. Y Él nos habló sobre la grandeza de Jesús. Él nos dijo cuan grande es Él comparándolo con los sacerdotes de la orden de Aarón en el Antiguo Testamento.
Nosotros venimos a ser especiales por creer en la salvación a través del agua y la sangre de Jesús. Piensa en esto. No importa cuan sabio y bien hablado es su pastor, ¿cómo puede ser él mayor que Jesús? De ninguna manera. Nosotros sólo podemos salvarnos a través del evangelio del agua y la sangre, nunca obedeciendo simplemente los mandamientos de Dios. Porque el sacerdocio fue cambiado, la ley de salvación también fue cambiada.
 
 
LA SUPERIORIDAD DEL AMOR DE DIOS
 
¿Qué es superior. El amor de Dios o la ley de Dios?
El amor de Dios
 
Nosotros sólo podemos ser salvados cuando creemos en Jesús. Conociendo cómo nos salvó Jesús, cuan grande es el amor de Dios para nosotros. ¿Entonces cual es la diferencia entre la fe en los mandamientos y fe en la grandeza del amor de Dios?
Los legalistas pusieron más importancia en sus propias doctrinas denominacionales y en las experiencias personales que en la palabra de Dios. Mientras la fe espiritual en Jesús es creer en la grandeza de la salvación cumplida a través del agua y el Espíritu.
Incluso hoy, muchas personas dicen que el pecado original se perdona, pero que ellos tienen que arrepentirse todos los días por sus pecados diarios. Muchas personas creen esto e intentan vivir sus vidas según los mandamientos del Antiguo Testamento. Ellos siguen desapercibidos de la superioridad de la salvación de Jesús que vino del agua y el Espíritu.
En el Antiguo Testamento, los Israelitas tenían que vivir por la ley de Dios para ser salvados de sus pecados, pero ellos no podrían salvarse. Porque el Señor conoce nuestras debilidades y nuestro estado incompleto, Él hizo a un lado sus mandamientos. Nosotros nunca podemos salvarnos a través de nuestras obras. Jesús dijo que Él nos salvaría a través de su evangelio del agua y el Espíritu. Él dijo, “Yo liberaré a todos ustedes de sus pecados por Mí mismo.” Dios lo profetizó en Génesis.
“Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). Después de que Adán y Eva pecaron y cayeron, ellos hicieron vestidos de hojas de higuera en un intento de guardar su maldad delante de Dios. Pero Dios los llamó y les hizo vestidos hechos de piel como un símbolo de salvación. Génesis habla de dos tipos de vestidos de salvación. Uno era hecho de hojas de la higuera, y el otro era hecho de pieles. ¿Cuál piensa usted que es el bueno? Por supuesto que los vestidos de piel son mejores porque la vida de un animal fue ofrecida para proteger al hombre.
Los vestidos de hojas de higuera se marchitan pronto. Como usted sabe, una hoja de higuera se parece a una mano con cinco dedos. Así que, ponerse un vestido de hojas de higuera significa esconder los pecados de uno detrás de las buenos obras. Si usted se pusiera vestidos de hojas de higuera y se sentara, las hojas pronto se rasgarían en pedazos. Yo acostumbraba a hacer armaduras de hojas de raíz de flecha para jugar al soldado cuando yo era un niño. Pero no importa qué tan cuidadosamente yo las llevaba, ellas se rasgaban al final del día. De la misma manera, la frágil carne del hombre hace imposible la santificación.
Pero la salvación del agua y la sangre, el bautismo de Jesús y su muerte en la cruz salvó más que suficientes pecadores para testificar de la grandeza del amor de Dios. Eso muestra cuan superior es el amor de Dios sobre la ley de Dios.
 
 
AQUÉLLOS QUE TODAVÍA TIENEN FE EN LA LEY DE DIOS
 
¿Por qué los legalistas hacen nuevas ropas con sus obras cada día?
Porque ellos no saben que sus obras no pueden hacerlos justos.
 
Aquéllos que hacen sus vestidos con las hojas de la higuera están llevando vidas legalistas. Estos creyentes mal encaminados tienen que cambiar sus vestidos frecuentemente. Ellos tienen que hacer vestidos nuevos todos los domingos cuando van a la iglesia. “Querido Dios, yo pequé mucho la semana pasada. Pero Señor, yo creo que tú me salvaste en la cruz. ¡Señor, por favor lava mis pecados con la sangre de la cruz!” Entonces cosen allí a un nuevo juego de los vestidos para ellos y justo ahí. “Oh, alabe al Señor. ¡Aleluya!”
Pero pronto ellos tienen que hacer otro juego de vestidos en casa. ¿Por qué? Porque los viejos se han gastado. “Querido Señor, yo he pecado de nuevo durante los últimos tres días. Por favor perdóname.” Ellos hacen y usan nuevos vestidos de arrepentimiento una y otra vez.
Al principio, los vestidos pueden durar varios días, pero después de un rato, ellos necesitan un nuevo juego todos los días. Como ellos nunca pueden vivir bajo la ley de Dios, ellos se avergüenzan de ellos mismos. “Oh, esto es muy embarazoso. ¡Señor, oh, Señor, yo he pecado!” Y ellos tienen que hacer nuevos vestidos de arrepentimiento. “Oh, Señor, es tan difícil hacer vestidos de hojas de higuera hoy.” Ellos trabajan duramente para coser un nuevo juego.
Dondequiera que tales hombres clamen al Señor, es para confesar sus pecados. ¡Ellos muerden sus labios y claman a Dios, “Dios!” Y se mantienen haciendo nuevos vestidos todos los días. Entonces, ¿Qué pasa cuándo ellos se cansan de esto?
Una vez o dos veces por año, suben a las montañas y ayunan. Ellos intentan y hacen vestidos superfuertes y excelentes. “Señor, por favor lava mis pecados. Por favor hazme nuevamente. Yo creo en Ti, Señor.” Ellos piensan que es bueno orar por la noche. Así que, ellos descansan durante el día y en cuanto llega la oscuridad, ellos se agarran a los árboles con todas sus fuerzas, o entran a las cuevas oscuras y claman a Dios. “¡Señor, yo creo!” “♪Yo me arrepiento y lleno mi corazón con un pensamiento contrito♪” Ellos oran estrepitosamente y gritan, “yo creo.” De esta manera ellos hacen vestidos especiales que esperan les duren un tiempo largo, pero ellos nunca duran tanto.
¡Oh, que vigorizante es bajar de las montañas después de orar ahí! Es como una brisa refrescante, o como una lluvia primaveral que rocía los árboles y las flores, sus almas están llenas con la paz y la gracia del Omnipotente. Sintiéndose más puros que el espíritu de la montaña, ellos enfrentan al mundo vistiendo sus nuevos vestidos especiales.
Pero en cuanto ellos vuelvan a su casa e iglesia, y comienzan a vivir de nuevo, los vestidos se ensucian y empiezan a deteriorarse.
¿Sus amigos les preguntan, “Dónde has estado?”
“Bueno, estuve fuera durante algún tiempo.”
“¡Parece que has perdido algo de peso!”
“Bueno, sí, pero ésa es otra historia.”
Ellos nunca divulgan que ayunaron, ellos sólo van a la iglesia y oran. “Yo nunca desearé a las mujeres. Nunca mentiré. No codiciaré la casa de mi vecino. Yo amaré a todas las personas.”
Pero en el momento en que ellos ven a una mujer bonita de busto grande y piernas delgadas, la santidad en sus corazones cambia al instante en lujuria pura. “¡Mira esa falda tan corta! ¡Las faldas se están poniendo cada vez más cortas y más cortas! ¡Yo tengo que ver esas piernas de nuevo! ¡Oh! ¡No! ¡Oh, Señor! ¡Yo he pecado de nuevo!”
Los Legalistas parecen muy piadosos, pero usted debe saber que ellos tienen que hacerse vestidos nuevos cada día. El legalismo es la fe en los vestidos de hojas de higuera, la fe equivocada. Muchas personas intentan duramente vivir piadosamente según la ley de Dios. Ellos llenan sus pulmones hasta el tope en las montañas para que su voz empiece a parecer bastante piadosa.
Los Legalistas muestran una figura impresionante cuando dirigen las reuniones de oración en la iglesia. “¡Santo Padre en el Cielo! Nosotros hemos pecado esta semana. Por favor perdónanos. . .” Ellos rompen en lágrimas y el resto de la congregación les sigue. Ellos piensan para sí mismos, “Él debe haber pasado un tiempo largo en las montañas orando y ayunando. Parece tan piadoso y fiel.” Pero debido a que su fe es legalista, incluso antes de que termine la oración, el corazón del legalista se empieza a llenar de arrogancia y de pecado.
Cuando las personas hacen nuevos vestidos especiales de hojas de higuera, estos pueden durar cuanto mucho dos o tres meses. Pero tarde o temprano, los vestidos se vuelven harapos y ellos tienen que hacer un nuevo juego y continuar con sus vidas hipócritas. Ésta es la vida de los legalistas que intentan mantener la ley para ser salvados. Ellos tienen que hacer nuevos vestidos de hojas de higuera incesantemente.
El legalismo es la fe en las hojas de higuera. Los Legalistas le dicen, “Todos ustedes han pecado durante la última semana, ¿No es así? ¡Entonces, arrepiéntanse!”
Ellos le gritan con fuerte voz. “¡Arrepiéntase! ¡Ore!”
Un legalista sabe hacer que su voz se escuche santa. “¡Señor! Lo siento. Yo no viví la Ley. Yo no guardé Tus mandamientos. Perdóname Señor, perdóname una vez más.”
Ellos nunca pueden vivir bajo la Ley aunque intentan hacerlo valientemente. De hecho ellos están desafiando la ley de Dios y al propio Dios. Ellos son arrogantes ante Dios.
 
 
EL GUSTO DE CHUDAL BAE
 
¿Por qué Dios hizo a un lado la Ley?
Porque no sirvió para salvarnos del pecado.
 
Había una vez un hombre joven llamado Chudal Bae. En 1950, durante la Guerra coreana, los soldados comunistas entraron y pidieron que él barriera el patio en el día Sábado en un intento de robarle su firme fe religiosa y hacerle un comunista. Pero este joven hombre religioso se negó a obedecer sus órdenes. Ellos insistieron, pero el joven hombre se negó de nuevo.
Finalmente, los soldados lo ataron a un árbol y apuntaron sus rifles hacia él. “¿Qué prefieres, barrer el patio o ser asesinado?”
Cuando lo obligaron a tomar una decisión, él dijo, “yo moriría antes que trabajar en el santo día Sábado.”
“Tu hiciste tu elección, y estaremos muy contentos de complacerte.”
Y entonces ellos le dispararon. Después, los líderes de la iglesia lo hicieron diácono póstumamente para conmemorar su fe religiosa de inquebrantable.
Pero su fe religiosa estaba mal encaminada. ¿Por qué él no podría barrer el patio y haberles predicado el evangelio a esos soldados? ¿Por qué tuvo que ser tan terco y morirse por ello? ¿ Lo alabará Dios por no haber trabajado en el día Sábado? No.
Nosotros debemos llevar una vida espiritual. No son nuestros hechos sino nuestra fe la que es importante en la presencia de Dios. Los líderes de la iglesia quieren celebrar a alguien como Chudal Bae porque quieren presumir la superioridad y la ortodoxia (verdad) de su propia denominación. Esto es como los Fariseos hipócritas que desafiaron a Jesús.
No hay nada que podamos aprender de los legalistas. Nosotros debemos aprender sobre la fe espiritual. Debemos ponderar por qué Jesús tuvo que ser bautizado y derramar su sangre en la cruz, y debemos informarnos de la naturaleza del evangelio del agua y el Espíritu.
Debemos tratar de encontrar las respuestas a esas preguntas primero, y después tratar de extender el evangelio a todas las personas del mundo, para que ellos puedan nacer de nuevo. Nosotros debemos consagrar nuestras vidas a las obras espirituales.
Si un predicador le dice, “Sea como este joven Chudal Bae. Guarde el Sábado santo,” él sólo está intentando que usted vaya a su iglesia los domingos.
Aquí hay otra historia. Había una mujer que tenía que pasar por muchas pruebas para ir a la iglesia los domingos. Sus suegros no eran cristianos, y ellos se esforzaban en impedirle ir a la iglesia. Ellos le dijeron que trabajara el domingo. Pero ella fue a los campos los sábados por las noches y trabajó bajo la luz de la luna para que la familia no tuviera ninguna excusa para impedirle ir a la iglesia el domingo.
Claro que es importante ir a la iglesia, ¿pero es suficiente venir a rendir culto todos los domingos sólo para mostrar cuan fieles somos? El verdadero creyente es nacido de nuevo de agua y el Espíritu. La verdadera fe empieza cuando alguien nace de nuevo.
¿Puedes tú salvarte de tus pecados manteniendo la ley de Dios? No. Yo no estoy diciéndote que ignores la Ley, pero todos nosotros sabemos que es humanamente imposible guardar todos los artículos de la Ley.
Santiago 2:10 dice, “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.” Por consiguiente piensa primero cómo tu puedes nacer de nuevo del evangelio de agua y el Espíritu. Después, ve a una iglesia dónde puedas escuchar el evangelio. Tú puedes llevar una vida fiel después de nacer de nuevo. Entonces, cuando el Señor llame, tú puedes ir ante Él con la alegría.
No gaste su tiempo yendo a una iglesia falsa, no gaste su dinero haciendo ofrendas mal encaminadas. Los sacerdotes falsos no pueden impedir que vaya al infierno. Primero oye el evangelio del agua y el Espíritu y nace de nuevo.
Piensa en la razón por la que Jesús vino a este mundo. Si nosotros pudiéramos entrar en el reino del cielo viviendo según la Ley, Él no habría tenido que venir a este mundo. Después de que Él vino, el sacerdocio cambió. El legalismo se volvió cosa del pasado. Antes de que nosotros fuéramos salvados, pensábamos que podríamos salvarnos viviendo según la Ley. Pero esto no es más una señal de verdadera fe.
Jesús nos salvó de todos los pecados del mundo con su amor, con el agua de su bautismo, con su sangre y el Espíritu. Él cumplió nuestra salvación a través de su bautismo en el Jordán, Su sangre en la cruz, y su resurrección.
Dios puso las regulaciones anteriores a un lado porque eran débiles e inútiles. “(Pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios. Y esto no fue hecho sin juramento” (Hebreos 7:19-20). Jesús hizo un juramento y nos salvó de todos nuestros pecados con su bautismo y sangre. El martirio fuera del legalismo es una muerte infructuosa, y la única verdadera fe es creer en el evangelio del agua y el Espíritu.
Nosotros tenemos que tener la fe fructífera. ¿Qué piensa usted es bueno para su alma? ¿Sería bueno asistir a la iglesia regularmente y vivir por la Ley, o sería bueno asistir a la iglesia de Dios dónde se predica el evangelio de nacer de nuevo de agua y el Espíritu, para que usted pueda nacer de nuevo? ¿Qué iglesia y qué predicador serían más beneficiosos a su alma? Piense sobre esto y escoja lo que sería bueno para su alma.
Dios salva su alma a través de un predicador que tiene las palabras del evangelio del agua y el Espíritu. Todos debemos tomar la responsabilidad por nuestra propia alma. Un creyente verdaderamente sabio es uno que compromete su alma con la palabra de Dios.
 
 
JESUS VINO A SER SACERDOTE A TRAVÉS DE UN JURAMENTO
 
¿Fueron los descendientes de la orden de Leví hechos sacerdotes a través de un juramento?
No. Únicamente Jesús fue hecho sacerdote a través de un juramento.
 
Hebreos 7:20-21 dice, “Y esto no fue hecho sin juramento; porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec.”
Y Salmos 110:4 dice, “Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre Según el orden de Melquisedec.” El Señor hizo un voto. Él hizo un pacto con nosotros y nos lo mostró a través de la Palabra escrita. “Yo seré el sumo sacerdote eterno en el orden de Melquisedec. Melquisedec es rey de justicia, rey de paz y el sumo sacerdote para siempre. Yo me haré el sumo sacerdote eterno en el orden de Melquisedec para tu salvación.”
Jesús vino a este mundo y se volvió la garantía de un mejor pacto (Hebreos 7:22) En lugar de la sangre de toros y cabras, Él se ofreció a sí mismo como sacrificio bautizándose y derramando su sangre en la cruz lavando todos nuestros pecados.
En los tiempos del Antiguo Testamento, cuando un sumo sacerdote moría, su hijo continuaba el sacerdocio cuando él llegaba a los 30 años. Cuando él envejecía y su hijo alcanzaba la edad de 30, él pasaba el sacerdocio a su hijo.
Había muchos descendientes del sumo sacerdote. Así que David preparó un sistema por el cual todos ellos asumieron su papel en su momento. Como todos los descendientes de Aarón eran designados sacerdotes, ellos tenían el derecho y la obligación de ministrar el sacerdocio. Lucas dice, “Zacarías, de la división de Abías. . . .Así este era, el que él estaba sirviendo como sacerdote ante Dios en el orden de su división. . . .”
Jesús vino a este mundo y ministró el sacerdocio para siempre. Él vino como sacerdote de las cosas buenas por venir. Él cumplió la salvación de nacer de nuevo de agua y el Espíritu.
Los descendientes de Aarón eran débiles e incompletos. ¿Qué pasó cuándo un sumo sacerdote moría? Su hijo tomaba el sumo sacerdocio, pero tales sacrificios nunca podrían ser suficientes para asegurar la salvación de la humanidad. La fe a través del hombre nunca puede estar completa.
En el tiempo del Nuevo Testamento, Jesús vino a este mundo. Pero él no necesitó ofrecer sacrificio continuamente porque él vive para siempre. Él se llevó nuestros pecados para siempre con su bautismo. Él se ofreció y fue crucificado para hacer completamente libre del pecado a todos losque creen en él.
Ahora, él está vivo y se sienta a la derecha de Dios para testimonio nuestro. “Amado Padre, puede que ellos todavía estén incompletos, pero ellos creen en mí. ¿Yo no me llevé todos sus pecados hace mucho tiempo?” Jesús es el Sumo Sacerdote eterno de nuestra salvación.
Los sacerdotes terrenales nunca estuvieron completos. Cuando ellos murieron, sus hijos tomaron el sacerdocio. Nuestro Señor vive para siempre. Él cumplió la salvación eterna para nosotros viniendo a este mundo, bautizándose por Juan el Bautista, y después derramando su sangre en la cruz por todos nuestros pecados.
“Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado” (Hebreos 10:18). Jesús testifica a nuestra salvación hasta el fin del tiempo. ¿Has nacido de nuevo de agua y el Espíritu?
“Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (Hebreos 7:26). “Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; Pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre” (Hebreos 7:28).
Lo qué me gustaría decirte es que Jesucristo, sin mancha, lavó nuestros pecados una vez por siempre a través del agua de su bautismo y su sangre en la cruz. Él no nos salvó de todos nuestros pecados por la ley de obras, sino llevándose todos nuestros pecados y siendo juzgado para siempre.
¿Crees tú que él nos salvó de todos nuestros pecados a través de la salvación eterna? Si lo crees, eres salvado. Pero si no lo crees, tú todavía tienes mucho que aprender sobre la salvación eterna de Jesús.
La verdadera fe viene del evangelio del agua y el Espíritu, estrictamente basado en la Escritura. Jesucristo, el Sumo Sacerdote celestial eterno, se volvió nuestro Salvador eterno a través de su bautismo y sangre en la cruz.
 
 
TENEMOS QUE ENTENDER NUESTRA FE COMPLETAMENTE
 
¿Qué significa “creer en Jesús?”
Tener fe en el bautismo de Jesús su muerte en la cruz.
 
Tenemos que pensar a cerca de cómo podemos creer en Jesús de la manera correcta y ver nuestra fe recta. ¿Cómo podemos creer en Jesús de la manera correcta? Lo podemos hacer creyendo en el evangelio del bautismo de Jesús y su sangre en la cruz.
La fe correcta es creer en las obras de Jesús, su bautismo y sangre, sin agregar nuestras propias nociones equivocadas. ¿Lo crees? ¿Pero cómo está tu condición espiritual? ¿Confías en tus propios obras y esfuerzos?
No ha pasado mucho tiempo desde que yo empecé a creer en Jesús, yo sufrí durante aproximadamente 10 años debido al legalismo. Pero eventualmente me cansé de ese tipo de vida. No me gusta ni siquiera recordar ese tiempo. Mi esposa está sentada aquí ahora. Ella sabe cuan terrible fue para nosotros.
Los domingos, yo decía, “Cariño, disfrutémonos hoy.”
“¡Pero hoy es domingo!”
Ella ni siquiera lavaba la ropa el domingo. Un domingo, mis pantalones estaban rasgados. Pero ella me dijo que esperara hasta el lunes. De hecho, yo era aun más insistente para que nosotros observáramos el Sábado correctamente. Pero era muy difícil. Nosotros nunca descansamos los domingos porque era muy difícil guardar el Sábado correctamente. Yo todavía recuerdo esos días.
Queridos amigos, para creer de verdad en Jesús, nosotros tenemos que creer en la expiación de nuestros pecados a través de su bautismo y sangre en la cruz. La verdadera fe es creer en la divinidad y humanidad de Jesús y en todas las cosas que él hizo en este mundo. El verdadero creyente cree todas sus Palabras.
¿Qué significa “para creer en Jesús?” Es creer en el bautismo de Jesús y su sangre. Así de simple. Todo lo que tenemos que hacer es buscar en la Biblia y creer en el evangelio. Nosotros todos debemos creer de la manera correcta.
“Gracias, Señor. ¡Ahora sé que no se hace a través de mis esfuerzos! Por la Ley es el conocimiento del pecado (Romanos 3:20). Yo lo entiendo todo ahora. Yo pensé que porque la Ley era buena, y porque era el mandamiento de Dios, yo debía intentar vivir por ella. Lo intenté duramente hasta ahora; pero ahora veo que estaba equivocado pensar que podría vivir según la Ley. ¡Ahora veo que nunca puedo guardar los mandamientos de Dios! Por consiguiente, a través de la ley de Dios, comprendo ahora que mi corazón está lleno de pensamientos malos y transgresiones. Yo entiendo ahora que la Ley se da para poner en nosotros el conocimiento del pecado. Oh, gracias, Señor. Yo entendí mal tu voluntad e intenté duramente guardar la Ley. Era muy arrogante incluso en el intento. Yo me arrepiento. ¡Yo sé ahora que Jesús fue bautizado y derramó su sangre por mi salvación! ¡Yo creo!”
Tú tienes que creer franca y puramente. Sólo debes creer en las palabras escritas en la Biblia. Es la única manera en que tú puedes nacer de nuevo.
¿Qué es creer en Jesús? ¿Es algo que nosotros tenemos que completar durante un período de tiempo? ¿Nuestra fe es una religión por la que usted tiene que trabajar? Las personas han hecho los dioses, y ellos han hecho las religiones para encajar a esos dioses. La religión es un proceso a través de la cual se alcanza una meta ─ la bondad del hombre.
¿Entonces qué es la fe? Significa creer en Dios y admirarlo a él. Admiramos la salvación de Jesús y le agradecemos esta bendición. Ésta es la verdadera fe. Ésta es la diferencia entre la fe y la religión. Una vez que usted puede distinguir entre esos dos, usted consigue 100 puntos para su comprensión de la fe.
Los teólogos que no nacen de nuevo nos dicen que debemos creer en Jesús y debemos vivir piadosamente. ¿Uno puede ser fiel sólo por ser piadoso? Claro que tenemos que ser buenos. ¿Quién lleva vidas más piadosas que aquéllos que hemos nacido de nuevo?
Pero el punto es que ellos están diciendo esto a los pecadores. Hay 12 tipos de pecados dentro del pecador promedio. ¿Cómo puede él vivir piadosamente? Ciertamente, su mente puede comprender lo que él tiene que hacer, pero su corazón no puede llevarlo a cabo. Cuando un pecador camina fuera de la iglesia, viviendo piadosamente se vuelve una teoría nomas, y su instinto lo lleva a pecar.
Por consiguiente tenemos que decidir en nuestros corazones si vamos a vivir por la ley o nos salvaremos creyendo en el bautismo de Jesús y su sangre en la cruz, teniendo fe en el Sumo Sacerdote eterno del reino del cielo.
Recuerde que Jesús es el verdadero sumo sacerdote para aquéllos que creen. Seamos todos salvados conociendo y creyendo en la verdadera salvación a través del bautismo de Jesús y su sangre en la cruz.
 
 
EL NACIDO DE NUEVO NO TEME AL FIN DEL MUNDO
 
¿Por qué el nacido de Nuevo no teme al fin del mundo?
Porque su fe en el evangelio del agua y del Espíritu los liberó del pecado.
 
Cuando usted nace de nuevo, usted no tiene que tener miedo del fin del muno. Muchos Cristianos en Corea clamaron que el mundo se acabaría en los 28 de octubre de 1992. Qué sería un día tumultuoso y terrible, dijeron. Pero todas sus exclamaciones resultaron ser falsas. El que verdaderamente ha nacido de nuevo vive piadosamente, predicando el evangelio hasta el último momento. Aunque este mundo se acabe, lo que todos nosotros tenemos que hacer es predicar el evangelio del agua y el Espíritu.
Cuándo el novio viene, las novias que verdaderamente han nacido de nuevo de agua y el Espíritu pueden encontrarse con Él con gran alegría, diciendo, ¡“Oh, finalmente has venido! Mi carne todavía está incompleta, pero Tú me amaste y me salvaste de todos mis pecados. Así que yo no tengo ningún pecado en mi corazón. Gracias, Señor. ¡Tú eres mi Salvador!”
Jesús es el novio de todos los justos. El matrimonio se lleva a cabo porque el novio ama a la novia, no al revés. Yo sé que a veces pasa así en este mundo, pero en el cielo, es el novio quien decide si el matrimonio se lleva acabo. Es el Novio quien elige casarse basado en su amor y oferta de salvación, sin tener en cuenta a las novias. Así es cómo se hace el matrimonio en el cielo.
El Novio conoce todo acerca de las novias. Debido a que sus novias queridas eran muy pecadoras, Él tuvo piedad de ellas y las salvó de todo el pecado bautizándose y derramando su sangre en la cruz.
Nuestro Señor Jesús no vino a este mundo como un descendiente de Aarón. Él no vino a este mundo para ofrecer un sacrificio terrenal. Había Levitas suficientes, descendientes de Aarón, para hacer el trabajo.
De hecho, el carácter principal de los sacrificios del Antiguo Testamento no era otro más que el propio Jesús. Por consiguiente, cuándo la realidad vino a este mundo, ¿Qué pasó con su sombra? La sombra fue puesta a un lado.
Cuando Jesús vino a este mundo, Él nunca ofreció sacrificios como lo hizo Aarón. Él se ofreció a sí mismo por la humanidad bautizándose y derramando su sangre para la salvación de los pecadores. Él cumplió la salvación en la cruz.
Para aquéllos que creen en el bautismo de Jesús y su sangre en la cruz, la salvación no es incierta. Jesús no expió nuestros pecados de una manera incierta. Él lo hizo claramente. “Yo soy el camino y la verdad, y la vida.” (Juan 14:6) Jesús vino a este mundo y nos salvó con su bautismo, Su muerte, y su resurrección.
 
 
EL ANTIGUO TESTAMENTO ES EL MODELO DE JESÚS
 
¿Cuál fue la razón para establecer otro pacto?
Debido a que el primer pacto no fue firme y fue inútil.
 
El Antiguo Testamento es la sombra del Nuevo Testamento. Aunque Jesús nunca ofreció sacrificios como los sumos sacerdotes del Antiguo Testamento, Él ministró un mejor sacerdocio, el sacerdocio celestial eterno. Debido a que las personas en este mundo son pecadoras desde su nacimiento, ellos vienen a ser pecadores, y nunca pueden volverse justos a través de la ley de Dios. Por consiguiente Dios estableció otro pacto.
Nuestro Padre en el cielo envió a su único Hijo a este mundo y nos pidió a cambio que tuviéramos fe en su bautismo, su sangre, y su resurrección. Éste es el segundo pacto de Dios. El segundo pacto nos exige que creamos en el evangelio del agua y el Espíritu.
El Señor ya no está pidiéndonos obras buenas. Él no nos dice cómo vivir para ser salvos. Él sólo nos pide que creamos en la salvación a través de su Hijo. Él nos pide que creamos sobre todo en su bautismo y sangre en la cruz. Y nosotros tenemos que decir sí.
En la Biblia, la casa de Judá mantuvo la realeza. Todos los reyes de Israel nacieron en la casa de Judá hasta el Rey Salomón. Inclusive después de la división del reino, la casa de Judá sostuvo el trono del Reino del sur hasta su derrumbamiento en 586 D.C. Así que, las personas de Judá se mantuvieron para los Israelitas. La tribu de Leví era de sacerdotes. Cada tribu de Israel tenía su propio papel. Dios prometió a la tribu de Judá que Jesús provendría de ellos.
¿Por qué Él hizo este pacto con la tribu de Judá? Haciendo este pacto era igual que hacer un pacto con todas las personas del mundo porque los Israelitas representan a todas las personas del mundo. Jesús cumplió el nuevo pacto que era la salvación de la humanidad a través de su bautismo su muerte en la cuz, y su resurrección.
 
 
LOS PECADOS DEL HOMBRE NO PUEDEN SER LAVADOS MEDIANTE EL ARREPENTIMIENTO
 
¿Los pecados del hombre son lavados mediante el arrepentimiento?
No.
 
En Jeremías 17:1, está escrito que el pecado de hombre se graba en dos lugares. “El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares.”
Nuestros pecados se graban en nuestros corazones. Es así cómo nosotros sabemos que somos pecadores. Antes de creer en Jesús, no se es consciente de que uno es un pecador. ¿Por qué? Porque no se tiene la ley de Dios en el corazón. Por consiguiente, una vez alguien cree en Jesús, él comprende que él es un pecador ante Dios.
Algunos sólo comprenden que ellos son pecadores 10 años después de creer en Jesús. “¡Oh, estimado! ¡Yo soy un pecador! ¡Pensé que yo era salvo, pero de algún modo, todavía soy un pecador!” El darse cuenta viene a él un día cuando él se ve finalmente como él es. Él estuvo tan contento durante diez años, pero de repente él ve la verdad. ¿Sabes por qué? Él viene a darse cuenta de esto porque finalmente él puede ver sus pecados y transgresiones a través de la ley de Dios. Él ha creído en Jesús durante 10 años sin nacer de nuevo.
Desde que él no puede borrar sus pecados de su corazón, él sigue siendo un pecador ante Dios. Algunos toman 5 años, y otros toman 10 años para alcanzar esta realización. Algunos vienen a darse cuenta después de 30 años, algunos después de 50 años, y algunos nunca comprenden la verdad hasta el fin. “Querido Dios, yo era bueno antes de que yo tuviera los mandamientos en mi mente. Yo estaba seguro que yo estaba guardando bien la Ley, pero ahora yo comprendo que he pecado todos los días. Simplemente como el apóstol Pablo dijo, “Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí” (Romanos 7:9). Yo soy un pecador aunque crea en Cristo.
Son sus propios pecados que le impiden vivir por la palabra de Dios. Sus pecados se graban en su corazón. Porque Dios graba sus pecados allí, cuando usted inclina su cabeza para orar, todos sus pecados surgen. “¡La sorpresa! Yo soy el pecado que usted cometió.”
“Pero yo te expié hace 2 años. ¿Por qué te estás mostrando ahora de nuevo y de repente? ¿Por qué no te has marchado?”
“¡Oh, no sea tan sucio! Yo me grabé en su corazón. No importa lo que usted piense, usted todavía es un pecador.”
“¡No! ¡No!”
Así que, él que se arrepiente de nuevo por los pecados que él cometió hace 2 años. “Por favor perdóname, Señor. Yo todavía me atormento por los pecados de antes que yo cometí. Yo me arrepentí de mis pecados, pero ellos todavía están conmigo. Por favor perdóname, porque yo he pecado.”
¿Pero esos pecados se marchan con el arrepentimiento? Debido a que los pecados del hombre se graban en sus corazones, ellos nunca pueden borrarse sin el evangelio del agua y el Espíritu. Sólo a través del evangelio del agua y el Espíritu pueden hacer que la expiación se logre. Nosotros sólo podemos salvarnos a través de nuestra fe en el verdadero evangelio de Jesús.
 
 
YO SERÉ SU SALVADOR
 
¿Cómo debemos responder al nuevo pacto?
Tenemos que creerlo en nuestros corazones y predicarlo a todo el mundo.
 
Nuestro Señor en el cielo hizo un nuevo pacto con nosotros. “Yo seré su Salvador. Y los haré completamente libres de todos los pecados del mundo a través del agua y la sangre. Yo bendeciré a todos aquéllos que ciertamente creen en Mí.”
¿Tú crees en este nuevo pacto con Dios? Nosotros podemos salvarnos de todos nuestros pecados y nacer de nuevo cuando creemos en la verdad de su pacto y su salvación a través del agua y la sangre.
Nosotros no confiamos en un doctor si éste no nos diagnostica correctamente. Un doctor primero tiene que diagnosticar a sus pacientes correctamente y después prescribe la medicina apropiada. Hay todas las clases de medicinas, pero él tiene que saber cuál usar exactamente. Una vez que un doctor diagnostica a sus pacientes correctamente, hay muchas medicinas disponibles para sanarlos. Pero con un mal diagnóstico, todo lo que esas buenas medicinas pueden hacer es que el paciente se ponga peor.
Igualmente, cuando usted cree en Jesús, usted tiene que diagnosticar la condición de su espíritu basado en la palabra de Dios. Cuando usted examina su espíritu con la palabra de Dios, usted puede ver como es exactamente la condición de su espíritu. El Doctor de los espíritus puede sanar a todos sus pacientes sin excepción. Todos pueden nacer de nuevo.
Si usted dice, “yo no sé si yo fui redimido,” significa que usted no es salvado. Si un pastor es de verdad un discípulo de Jesús, él tiene que poder resolver el problema del pecado para sus seguidores. Entonces, él puede resolver los problemas de su fe y guiarlos espiritualmente. Él tiene que ser capaz de ver exactamente las condiciones espirituales de sus seguidores.
Jesús vino a este mundo para llevarse todo el pecado del mundo. Él vino, se bautizó y murió en la cruz. Cuándo Él expió por todo el pecado, ¿Omitió Él tus pecados? La palabra del agua y el Espíritu cubre los pecados de todos los creyentes.
El evangelio es como la dinamita. Explota todo, desde los altos edificios hasta las montañas. La obra de Jesús es exacta. Él limpia los pecados de aquéllos que creen en Él con su evangelio del agua y el Espíritu. Miremos el evangelio del agua y el Espíritu como él se expresa en la Biblia.
 
 
EL EVANGELIO DE LA IMPOSICIÓN DE MANOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
 
¿Cuál fue el propósito de la imposición de manos en el Antiguo Testamento?
Su propósito fue pasar los pecados sobre la ofrenda de pecado.
 
Busquemos la verdad del evangelio de redención en Levítico 1:3-4. “Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová. Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya.”
Este pasaje nos dice que la ofrenda quemada debe ofrecerse a la puerta del tabernáculo de reunión ante el Señor imponiendo las manos en la cabeza de la ofrenda, y la ofrenda debe ser un animal vivo sin mancha.
En el tiempo del Antiguo Testamento, un pecador ponía sus manos en la ofrenda para hacer la expiación de sus pecados diarios. Él mataba la ofrenda de pecado ante el Señor y el sacerdote tomaba algo de la sangre y lo ponía sobre los cuernos del altar de la ofrenda quemada. Él vertía entonces el resto de la sangre sobre la base del altar y el pecador era perdonado por el pecado de un día.
Para el pecado de un año, está escrito en Levítico 16:6-10, “Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto.” Como está explicado en la Biblia, la víctima propiciatoria “Azazel” quiere decir “para echarlo fuera.” Así se expiaban los pecados de un año en el décimo día del séptimo mes.
En Levítico 16:29-30, está escrito, “Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová.”
Éste era el día en el que los Israelitas expiaban el pecado de un año. ¿Cómo podía hacerse esto? Primero, el sumo sacerdote Aarón tenía que estar presente en el sacrificio. ¿Quién representó al pueblo de Israel? Aarón. Dios designó a Aarón y a sus descendientes como los sumos sacerdotes.
Aarón ofreció el toro para expiar por él y para su casa. Él mataba al toro y salpicaba algo de su sangre sobre y delante del propiciatorio siete veces. Él tenía que expiar en primer lugar para él y su casa.
La expiación significa transferir los pecados de uno a la ofrenda de pecado y permitir que la ofrenda de pecado muera en el lugar de uno. El pecador es quien debería morir, pero él podía expiar sus pecados pasándolos sobre la ofrenda y haciéndolo morir en su lugar.
Después de que sus pecados y los de su casa fueron expiados, él ofrecía una cabra ante Dios enviando otra cabra en el desierto como una víctima propiciatoria “Azazel” en la presencia del pueblo de Israel.
Una cabra se ofrecía como la ofrenda del pecado. Aarón ponía sus manos en la cabeza de la ofrenda de pecado y confesaba, “Oh Dios, Tu pueblo Israel violó todos los Diez mandamientos y los 613 artículos de Tu Ley. Los Israelitas se han vuelto pecadores. Yo impongo mis manos ahora en esta cabra para transferirle todos nuestros pecados anuales.”
Él cortaba la garganta de la cabra y entraba en el lugar Santísimo dentro del tabernáculo con su sangre. Entonces salpicaba algo de la sangre sobre y delante del propiciatorio siete veces.
Dentro del lugar Santísimo estaba el arca del pacto. Su tapa es llamada el propiciatorio, y en él están las dos tablas de piedra del pacto, están la vasija de oro con maná, y la vara de Aarón que había rebrotado.
La vara de Aarón significa la resurrección, las dos tablas de piedra del pacto su Justicia, y la vasija de oro de maná su palabra de Vida.
Hay una tapa en el arca del pacto. La sangre se rociaba ante el propiciatorio siete veces. Había allí campanillas de oro que colgaban del dobladillo de la túnica del sumo sacerdote que sonaban cuando él salpicaba la sangre.
En Levítico 16:14-15, está escrito, “Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre. Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio.”
Las campanillas sonaban cada vez que él salpicaba algo de la sangre de la cabra, y todos los Israelitas que estaban reunidos afuera oían el sonido. Desde que la expiación por sus pecados tenía que ser hecha a través del sumo sacerdote, el sonido de las campanillas significaba que sus pecados habían sido perdonados. Era el sonido de bendición para todo el pueblo de Israel.
Cuando las campanillas sonaban siete veces, ellos decían, “Ahora yo he sido relevado. Yo había estado angustiado por el pecado del año entero, y ahora yo me siento libre.” Y las personas regresaban a sus vidas, sintiéndose libres de la culpa. El sonido de las campanillas en ese momento era igual que las buenas noticias de nacer de nuevo de agua y el Espíritu.
Cuando oímos el evangelio de redención del agua y el Espíritu y lo creemos en nuestros corazones y lo admitimos con nuestras bocas, esto es lo que el evangelio del agua y el Espíritu es. Cuando la campanilla sonaba siete veces, se limpiaban todos los pecados anuales de los Israelitas. Sus pecados se lavaron ante Dios.
Después de ofrecer una cabra para los Israelitas, el sumo sacerdote tomaba otra cabra e iba hacia las personas que esperaban fuera del tabernáculo. Mientras ellos miraban, el Sumo Sacerdote Aarón ponía sus manos en la cabeza de la otra cabra.
En Levítico 16:21-22, “y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.”
El sumo sacerdote, Aarón, ponía sus manos en la cabeza de la otra cabra (la víctima propiciatoria “Azazel”) y confesaba todos los pecados anuales de los Israelitas ante Dios. “Oh Dios, los Israelitas pecaron ante ti. Nosotros violamos los Diez Mandamientos y todos los 613 artículos de tu ley. Oh Dios, yo paso todos los pecados anuales de los Israelitas sobre la cabeza de esta cabra.”
Según Jeremías 17:1, los pecados se graban en dos lugares. Uno está en el libro de las obras, y el otro está en las tablas de sus corazones.
Así que si las personas van a expiar sus pecados, sus pecados tienen que ser borrados del libro de las obras y de las tablas de sus corazones. En el día de expiación, la cabra era para los pecados escritos en el libro del Juicio y la otra era para aquellos grabados en las tablas de sus corazones.
 
¿Qué le enseñó Dios a los Israelitas a través del sistema sacrificial en el Antiguo Testamento?
Que el Salvador vendría y echaría fuera sus pecado una vez para siempre de la manera más perfecta
 
Imponiendo las manos en la cabeza de la cabra, el sumo sacerdote mostraba a las personas que sus pecados anuales se transferían a la cabra. Cuando los pecados se pusieron en la cabeza de la cabra, un hombre seleccionado llevaba la cabra al desierto.
Palestina es una tierra de desierto. La cabra que llevaba todos los pecados anuales de los Israelitas era llevada por un hombre seleccionado para esta tarea al desierto dónde no había ni agua ni hierba. Las personas estaban de pie mirando a la víctima propiciatoria “Azazel” ir hacia el desierto.
Ellos dijeron, se decían a sí mismos, “yo me debía haber muerto, pero la cabra murió a cambio por mis pecados. El pago del pecado es la muerte, la cabra se muere en mí lugar. Gracias cabra. Su muerte significa que yo puedo vivir.” La cabra fue llevada lejos al desierto y los Israelitas fueron perdonados por el pecado de un año.
Cuando el pecado en su corazón se pasa a la ofrenda de pecado, usted se limpia. Así es de simple. La verdad siempre es muy simple una vez que nosotros la entendemos.
La cabra desaparecía en el horizonte. El hombre que la llevaba regresaba sólo después de soltarla. Todos los pecados anuales de los Israelitas se habían ido. La cabra vagaba en el desierto sin agua ni hierba, y moría con el valor de los pecados de un año de los Israelitas.
El pago del pecado es la muerte, y la Justicia de Dios era cumplida. Dios sacrificó la cabra para que los Israelitas pudieran vivir. Se lavaron todas las transgresiones de los Israelitas durante el año.
Así se perdonaron el pecado de un día y el pecado de un año en los tiempos del Antiguo Testamento, era el pacto de Dios que nuestros pecados se perdonarían en forma similar una vez y para siempre. Fue su pacto que él nos enviaría al Mesías y nos liberaría de todos nuestros pecados de por vida. El pacto se llevó a cabo a través del bautismo de Jesús.
 
 
PARA NACER DE NUEVO DE AGUA Y EL ESPÍRITU EN EL NUEVO TESTAMENTO
 
¿Por qué Jesús fue bautizado por Juan el Bautista?
Para cumplir toda justicia quitando todos los pecados del mundo.
El bautismo de Jesús en el Nuevo Testamento fue la imposición de manos del Antiguo Testamento.
 
Leamos Mateo 3:13-15. “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.”
Jesús fue al Jordán y fue bautizado por Juan el Bautista y haciéndolo así, él cumplió toda justicia. Él fue bautizado por Juan. Juan era el más grande entre los nacidos de mujer.
Mateo 11:11-12 dice “Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia.”
Juan el Bautista fue elegido por Dios para ser el representante de la humanidad y lo envió 6 meses antes que a Cristo. Él era un descendiente de Aarón y el último Sumo Sacerdote.
¿Juan el Bautista dijo cuándo Jesús vino a él, “yo necesito ser bautizado por ti, y tu vienes a mí?”
“Permítelo así ahora, porque a sí conviene que cumplamos toda justicia.” Su propósito era liberar a la humanidad del pecado para que ellos pudieran volverse hijos de Dios. Jesús le dijo a Juan, “Nosotros tenemos que completar el evangelio de nacer de nuevo de agua y el Espíritu. Así que bautízame ahora.”
Juan bautizó a Jesús. Esto fue hecho por Jesús, ser bautizado para llevarse todos los pecados del mundo. Porque él fue bautizado en la manera más conveniente, nosotros fuimos propiamente salvados de todos nuestros pecados. Jesús fue bautizado para que todos nuestros pecados pudieran pasarse sobre él.
Jesús vino a este mundo y fue bautizado cuando él tenía 30 años. Fue su primer ministerio. Jesús cumplió toda justicia cubriendo todos los pecados del mundo, consagrando así a todas las personas.
Jesús vino a este mundo y fue bautizado de la manera más correcta para liberarnos de todos nuestros pecados. “Por que así” toda justicia fue cumplida.
Dios dijo, “Éste es mi Hijo amado en quien yo tengo complacencia” (Mateo 3:17). Jesucristo sabía que él se llevaría todos los pecados de la humanidad y sangraría hasta la muerte en la cruz, pero él obedeció a su voluntad del Padre, diciendo, “pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). La Voluntad del Padre era lavar todos los pecados de la humanidad y así ofrecer la salvación a las personas del mundo.
Así Jesús, el Hijo obediente, obedeció la Voluntad del Padre y fue bautizado por Juan el Bautista.
En Juan 1:29, “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Jesús quitó todo el pecado y derramó su sangre en la Cruz del Gólgota. “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” Testificado por Juan el Bautista.
¿Tú tienes pecado o no? ¿Eres tú un hombre justo o un pecador? La verdad es que Jesús quitó el pecado del mundo y fue crucificado en la cruz por nosotros.
 
¿Cuándo fueron transferidos los pecados de los pecadores a Jesús?
Jesús tomó nuestros pecados cuando fue bautizado por Juan el Bautista en el Jordán.
 
Después de que nacemos en este mundo, nosotros pecamos incluso entre las edades de 1 a 10. Jesús quitó esos pecados. Nosotros también pecamos entre las edades de 11 a 20. Los pecados nosotros cometemos en nuestros corazones y en nuestras acciones, él los quitó todos.
Nosotros también pecamos entre las edades de 21 a 45. Él también los quitó todos. Él asumió todos los pecados del mundo y fue crucificado en la cruz. Nosotros pecamos desde el día que nacemos hasta el día que morimos. Pero él se los llevó todos.
“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Todo pecado, del primer hombre, Adán, hasta los del último hombre nacido en este mundo – donde sea que este pueda estar – Él los quitó todos. Él no seleccionó y escogió que pecados él tomaría.
Él no decidió amar sólo algunos de nosotros. Él vino en carne y asumió todos los pecados del mundo y fue crucificado en la cruz. Él recibió el Juicio por todos nosotros y cubrió los pecados de este mundo para siempre.
Nadie fue excluído de su salvación. “Todos los pecados del mundo” incluyen todos nuestros pecados. Jesús los tomó todos.
Con su bautismo y sangre, Él limpió todos los pecados del mundo. Él se los llevó a través de su bautismo y fue juzgado por nuestros pecados en la cruz. Antes de que Jesús muriera en la cruz, él dijo, “consumado es” (Juan 19:30), significando que la salvación de la humanidad estaba completa.
¿Por qué Jesús fue crucificado en la cruz? Porque la vida de la carne está en la sangre, y la sangre hace la expiación por la vida de uno (Levítico 17:11) ¿Por qué Jesús tuvo que ser bautizado? Porque él quiso asumir todos los pecados del mundo.
“Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed” (Juan 19:28). Jesús murió, sabiendo que todos los pactos de Dios en el Antiguo Testamento estaban cumplidos con su bautismo en el Jordán y su muerte en la cruz.
Jesús supo que la redención se cumplió a través de él y se dijo, “consumado es.” Entonces murió en la cruz. Él nos santificó, se levantó de entre los muertos al tercer día y ascendió al Cielo, donde ahora está sentado a la derecha de Dios.
El lavamiento de todos los pecados a través del bautismo de Jesús y su muerte en la cruz es el evangelio bendito de nacer de nuevo de agua y el Espíritu. Créalo, y usted será perdonado de todos sus pecados.
Nosotros no podemos expiar nuestros pecados orando por el arrepentimiento todos los días. La redención se concedió una vez para siempre únicamente a través del bautismo de Jesús y su muerte en la cruz. “Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado” (Hebreos 10:18).
Ahora todo lo que nosotros tenemos que hacer es creer en la redención a través del bautismo de Jesús y su crucifixión. Crea y usted se salvará.
Romanos 5:1-2 dice, “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.”
No hay ninguna otra manera de ser justificado, sólo creer en el evangelio bendito de nacer de nuevo de agua y el Espíritu.
 
 
EL PROPÓSITO DE LA LEY DE DIOS
 
¿Podemos ser santificados mediante la Ley?
No, no podemos. La ley sólo puede hacer que nos demos cuenta de nuestros pecados.
 
En Hebreos 10:9, está escrito, “y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último” Nosotros no podemos santificarnos a través de la Ley. Esta sólo nos hace pecadores. Dios no mencionó esto para que nosotros obedezcamos la Ley.
Romanos 3:20 dice, “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Dios le dio la Ley a los Israelitas a través de Moisés después de que habían pasado 430 años desde que Abraham había recibido el Pacto. Él les dio la Ley para que ellos pudieran saber lo que significa pecar ante Dios. En la ausencia de la ley de Dios, la humanidad no tendría ningún conocimiento de pecado. Dios nos dio su Ley para que nosotros pudiéramos llegar al conocimiento del pecado.
Así que el único propósito de la Ley es permitirnos saber que todos somos pecadores ante Dios. A través de este conocimiento, nos es posible volvernos a Jesús creyendo en el evangelio bendito de nacer de nuevo de agua y el Espíritu. Éste es el propósito de la Ley que Dios nos dio.
 
 
EL SEÑOR HA VENIDO A HACER LA VOLUNTAD DE DIOS
 
¿Qué tenemos que hacer ante Dios?
Tenemos que creer en la redención de Dios a través de Jesús.
 
“He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último” (Hebreos 10:9). Debido a que nosotros no podemos santificarnos por la Ley, Dios no nos liberó con su Ley, sino con su redención completa. Dios nos salvó con su amor y justicia.
“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Hebreos 10:10-12).
Él se sentó a la derecha de Dios porque su trabajo de redención estaba completo y no había nada más que hacer. Él no se bautizará ni se sacrificará de nuevo para salvarnos.
Ahora que todos los pecados del mundo han sido lavados, todo lo que Él tiene que hacer es proporcionar la vida eterna a aquéllos que creen en Él. Él ahora sella a aquéllos que creen en la salvación del agua y el Espíritu con el Espíritu.
Jesús vino a este mundo y se llevó todos los pecados del mundo y murió en la cruz, completando así su trabajo. Ahora que el trabajo del Señor está acabado, Él se sienta a la derecha de Dios.
Nosotros debemos creer que nuestro Señor Jesús nos salvó del pecado para siempre. Él nos hizo perfectos para siempre con su bautismo y sangre.
 
 
AQUÉLLOS QUE SE VUELVEN ENEMIGOS DE DIOS
 
¿Quiénes son los enemigos de Dios?
Aquéllos que creen en Jesús pero que tienen pecado en sus corazones
 
En Hebreos 10:12-14, el Señor dice, “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;porque con una sola ofrenda ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados.” Él dijo que esperaría hasta que el último juicio decida el destino de sus enemigos.
Sus enemigos todavía dicen, “Dios, por favor perdona mis pecados.” Satanás y sus seguidores no creen en el evangelio del agua y el Espíritu y continúan pidiendo su perdón.
Nuestro Señor Dios no los juzgará ahora. Pero en el día de la Segunda Venida de Jesús, ellos serán juzgados y se condenarán para siempre al infierno. Dios los tolerará hasta ese día en espera de que ellos se arrepientan y se vuelvan justos a través de la redención.
Nuestro Señor Jesús se llevó todos nuestros pecados y murió por nosotros los que creemos en Él. Jesús algún día aparecerá por segunda vez para liberar a todos aquéllos que creen en Él. “Oh por favor ven pronto a nosotros, Señor.” Él vendrá por segunda vez para tomar a los puros para vivir para siempre con Él en el reino de cielo.
Aquéllos que insisten que son pecadores cuando el Señor regrese no encontrarán ningún lugar en el cielo. En el último Día, ellos serán juzgados y serán echados en el fuego del infierno. Este castigo espera a aquéllos que se niegan a creer en nacer de nuevo de agua y el Espíritu.
Nuestro Señor Jesús considera a aquéllos que no creen en la verdad como sus enemigos. Por eso nosotros tenemos que luchar contra esta falsedad. Por eso tenemos que creer en el evangelio bendito del nuevo nacimiento de agua y el Espíritu.
 
 
NOSOTROS DEBEMOS CREER EN EL EVANGELIO DEL AGUA Y EL ESPÍRITU
 
¿Hay alguna necesidad de expiar por nuestros pecados ahora que nuestras deudas (pecados) han sido pagadas completamente?
No, no la hay.
 
Hebreos 10:15-16 dice, “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré.”
Después de que Él cubrió todos nuestros pecados, Él dijo, “Éste es el pacto que yo haré con ellos.” ¿Qué es este pacto? “Yo pondré Mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré.” Primero intentamos llevar una vida legalista según su Ley, pero nosotros no podíamos salvarnos por la Ley.
Después venimos a saber que Jesús ya había salvado a aquéllos que creen en sus corazones el evangelio bendito de nacer de nuevo de agua y el Espíritu. Cualquiera que cree en el bautismo y sangre de Jesús es redimido.
Jesús es el Señor de salvación. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Jesús vino al mundo como nuestro Salvador. Debido a que nosotros no podemos salvarnos a través de nuestras obras, Jesús nos salvó y grabó en las tablas de nuestro corazón que Él nos salvó con su Ley de amor y salvación.
“Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado” (Hebreos 10:17-18).
Ahora Él no recuerda más nuestras injusticias. Ahora que Él se ha llevado todos los pecados, nosotros los creyentes no tenemos más pecado para ser perdonados. Nuestras deudas fueron pagadas por completo y no quedó nada pendiente. Los hombres son salvados por la fe en el ministerio de Jesús que nos salvó a través de su bautismo y sangre en la cruz.
Ahora todo lo que tenemos que hacer es creer en el agua y la sangre de Jesús. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Crea en la salvación en Jesús. Obtener la redención es más fácil que respirar. Todo lo que usted tiene que hacer es creer las cosas como son. La salvación sólo es creer en la palabra de Dios.
Crea que Jesús es nuestro Salvador (en el bautismo de Jesús y su muerte en la cruz), y simplemente tenga fe en que la salvación es suya. Niegue sus propios pensamientos y simplemente crea en la salvación de Jesús. Yo oro para que usted realmente crea en Jesús y esté listo para ser llevado a la vida eterna con Él.