The New Life Mission

Sermones

Tema 24: SERMONES PARA LOS QUE SE HAN CONVERTIDO EN NUESTROS COLABORADORES

[24-34] < Génesis 12, 1 > Tengan paciencia esperando el Reino de los Cielos

< Génesis 12, 1 >
«Pero Jehová había dicho a Abram:
Vete de tu tierra y de tu parentela, 
y de la casa de tu padre, 
a la tierra que te mostraré».
 
 
Noé tuvo una familia de ocho personas, incluyendo sus tres hijos llamados Cam, Sem y Jafet. Todos los seres humanos en este mundo descienden de estos tres hijos de Noé. Sem, Cam y Jafet tuvieron hijos y esos hijos siguieron multiplicándose. 
Antes del diluvio de Noé, la esperanza de vida para los seres humanos era de 900 años. Pero después del diluvio la esperanza de vida descendió drásticamente, de 900 años a unos 200 años, y podemos ver esto cuando Abraham murió a los 175 años. Sin embargo, Noé no empezó a construir el arca hasta los 500 años de edad, y a los 600 años la lluvia empezó a caer durante 40 días y noches inundando todo el mundo. Después de retirarse las aguas, Noé y su familia desembarcaron del arca y la raza humana empezó a multiplicarse de nuevo a través de sus tres hijos. La gente en aquel entonces vivía mucho tiempo todavía, y por eso era común que varias generaciones viviesen en la misma casa. En otras palabras, todo el clan vivía junto. 
Sem engendró a Arfaxad a los 100 años. Después de engendrar a Arfaxad, Sem vivió 500 años y tuvo más hijos e hijas. Y nueve generaciones después de Sem, Abraham nació. El padre de Abraham se llamaba Taré, un descendiente de Sem, y por tanto Abraham también era descendiente de Sem. Está escrito en Génesis 11, 10-11: «Estas son las generaciones de Sem: Sem, de edad de cien años, engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio. Y vivió Sem, después que engendró a Arfaxad, quinientos años, y engendró hijos e hijas». Por eso, Génesis 11 recoge la genealogía de Sem durante diez generaciones hasta Abram, Nacor y Harán, los tres hijos de Taré. Pero vemos aquí que, aunque Sem engendró a Arfaxad a los 100 años, sus descendientes tuvieron a sus primeros hijos a los 30. Costó 290 años que los descendientes de Sem llegasen a su décima generación. Según mis cálculos, utilizando la diferencia generacional entre el primogénito de Sem y sus descendientes, se tardó 290 en llegar a la décima generación. 
Pero Sem vivió 600 años. Tuvo a Arfaxad a los 100 años, dos años después del diluvio y vivió otros 500 años y tuvo más hijos. Pero, mientras que Sem vivió durante 600 años, solo costó 290 años antes de que pudiese ver su décima generación de descendientes. Esto significa que Sem vivió lo suficiente para pasar tiempo con sus descendientes hasta la décima generación. Así que, cuando nació la décima generación, Sem estaba vivo todavía. Como Sem tuvo su primer hijo a los 100 años de edad, si añadimos 290 años, tenía 390 años; y como Sem vivió durante 600 años, todavía era de mediana edad cuando la décima generación nació. En otras palabras, Sem estaba todavía en lo mejor de la vida. Al ver esto me doy cuenta de cómo la fe de los antecesores en la antigüedad se transmitió a su descendencia. 
Sem era el hijo de Noé. Vio cómo su padre Noé construyó el arca, subió a ella y fue testigo del juicio de Dios con sus propios ojos. Sem pudo heredar la fe de su padre intacta y pasarla a sus descendientes como testigo vivo de la fe de Noé. Podemos imaginar a Sem teniendo a muchas generaciones de descendientes sentados en su regazo escuchando la historia del diluvio. 
En Corea, cuando los ancianos cuentan historias acerca del pasado a sus nietos, a menudo hablan de la pobreza y el hambre que pasaron. Los nietos no pueden entender completamente qué sintieron, ya que ahora viven en una era de prosperidad, así que se preguntan por qué sus abuelos no comieron fideos instantáneos. Pero en aquel entonces no existían. Yo soy bastante mayor como para recordar el primer presidente de Corea del Sur. He vivido en todas las presidencias y he sido testigo de la historia tumultuosa de la Corea del Sur moderna, desde su fundación hasta los días de la industrialización y la difícil transición a la democracia. Yo sé cómo eran las cosas con el Presidente Lee, el primer presidente, y cómo fueron con el Presidente Park, quien presidió la industrialización de Corea. 
La pobreza era tan intensa y extendida bajo la administración de Lee. En aquel entonces la mayoría de los coreanos eran tan pobres que tener tres comidas al día se consideraba un lujo. El arroz era tan escaso que muchas personas comían raíces de hierba y corteza de árboles. Así de pobre era Corea del Sur bajo la primera presidencia. No fue hasta la administración de Park cuando grandes cantidades de harina y leche en polvo fueron recibidas como ayuda humanitaria. Todavía recuerdo cuando me descubrieron entrando en la cocina a escondidas para comer la leche en polvo cruda. Casi me ahogo. En aquel entonces el arroz era demasiado caro para la mayoría de coreanos, así que tenían que comer harina y maíz. 
Más adelante, se introdujeron los fideos instantáneos. Por supuesto, hoy en día son baratos y están disponibles en todas partes, pero cuando era niño eran muy caros y me solía pelear por ellos. Incluso las galletas eran difíciles de encontrar y eran algo que solo se podía encontrar en el ejército. Cuando un hombre casado era recluido en el ejército, sus hijos esperaban emocionados a que su padre volviese a casa para tomar algunas de esas galletas. Así de pobre era Corea en aquel entonces. Incluso los fideos instantáneos eran considerados un lujo que solo los ricos podían permitirse. Solía preguntarme si había algo que quisiese más que unos fideos instantáneos. Más adelante, cuando se hicieron más asequibles, una vez me comí tres paquetes yo solo. Había sido mi deseo de la infancia el llenar mi estómago, no por beber agua para calmar el hambre, sino por comer demasiada comida. Cuando se introdujeron los fideos instantáneos, solía dejarlos a remojo en la sopa para que se extendiesen y sentirme más lleno. Ahora, por supuesto, Corea es un país mucho más próspero, pero no hace mucho la pobreza y el hambre eran comunes. La gente de mi generación fue testigo de esto. 
 
 
“Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”.
 
«Pero Jehová había dicho a Abram:
Vete de tu tierra y de tu parentela, 
y de la casa de tu padre, 
a la tierra que te mostraré».
Dios no le dijo nada Abraham acerca de la fe o del diluvio. Como Sem vivió durante 600 años, todavía estaba vivo en los días de Abraham. Sem estaba vivo. Aunque Taré solo vivió 70 años, cuando hacemos algunos cálculos podemos ver que Sem todavía estaba vivo en los días de Abraham. Taré nació en la novena generación de los descendientes de Sem y tuvo tres hijos, incluyendo Abraham. Esta genealogía de Sem no debería ignorarse, ya que nos muestra que la fe de Sem se había pasado de generación en generación. No solo se pasó la carne y la forma de vida, sino la fe espiritual directamente de los antecesores. Así que la fe de Sem fue pasada directamente de sus descendientes ya que todos vivían juntos como una familia y Abraham pudo seguir a Dios por fe. 
Lo mismo es cierto en el presente. En esta era también hay personas que están por delante espiritualmente y otras que siguen. Y los predecesores de la fe que han recibido la remisión de los pecados primero están pasando su fe y sus experiencias espirituales a sus seguidores, que son sus descendientes espirituales. Cuando los santos jóvenes tienen problemas, sus predecesores de fe les enseñan lo que tienen que hacer. Por ejemplo, los nuevos santos a menudo encuentran difícil tratar sus problemas carnales. Esto se debe a que, incluso los santos, a pesar del hecho de que han nacido de nuevo, tienen dos tipos de deseos en sus corazones. No estarían confusos si solo tuvieran un deseo, pero como tienen dos tipos de deseos, quieren hacer cosas diferentes sin la Iglesia. Como estos jóvenes santos todavía tienen deseos fuertes de la fe, se preguntan a menudo por qué no pueden hacer ciertas cosas. El dilema es que tienen dos tipos de deseos: los deseos de la carne y los del Espíritu. Sin embargo, los santos maduros espiritualmente pueden tratar con los dos tipos de deseos. 
Precisamente por este motivo los predecesores de la fe comparten comunión con los santos más jóvenes. Como los anteriores han tenido la experiencia de tener ambos tipos de deseos, saben cuáles son los beneficiosos. Por eso les pido encarecidamente a estos hermanos recién redimidos en la Iglesia que no sigan los deseos de la carne. En otras palabras, los predecesores de la fe ya han pasado por lo que ustedes están pasando ahora, así que saben lo que es bueno para ustedes, y por eso les aconsejan que hagan ciertas cosas y otras no. 
¿Qué le habría dicho Sem a Abraham si se hubiese sentado a hablar con él? Sem había estado en el arca con su padre Noé y entonces había visto el diluvio con sus propios ojos y lo sabía todo acerca de él. Por tanto, le habría dicho a Abraham que tuviese fe, le habría enseñado a cómo vivir, le habría pedido que siguiese la Palabra de Dios y le habría aconsejado que no hiciese nada según sus propios deseos carnales. Esto se debe a que Sem, como persona que había caminado con Abraham, lo sabía todo acerca de lo que había ocurrido en los días de Noé, y por eso le habría enseñado a Abraham la manera correcta de vivir. Los santos que han recibido la remisión de los pecados recientemente todavía están luchando con sus deseos carnales y los deseos del Espíritu, y no saben qué deseo es el adecuado para seguir. Por supuesto, cuando su fe crece y siguen a Dios, Dios les da la sabiduría para distinguir los deseos correctos, los bendice con bendiciones materiales también y les guía en cuerpo y espíritu. Sin embargo, como hay tantos creyentes nuevos que no se dan cuenta de esto, todavía quieren tener las cosas de la carne, y cuando Dios prohíbe estas cosas piensan que Dios no es razonable y están resentidos. Pero los creyentes jóvenes deben darse cuenta de que este es un deseo de la carne. Cuando su fe crece en la Iglesia, se dan cuenta con sus experiencias una a una de que los líderes de la iglesia tienen razón. Dios siempre quiere lo que es bueno para ustedes; nunca quiere nada malo para ustedes. 
Los santos redimidos se deben reunir para formar la Iglesia de Dios. Es absolutamente importante que los que han recibido la remisión de los pecados deben vivir juntos en la Iglesia de Dios. Desde los abuelos a los nietos, todos viven como una sola familia. Este es el cuerpo de la Iglesia de Dios. Todos los que están aquí reunidos en la Iglesia son parte de la misma familia. Este es el cuerpo de la Iglesia de Dios. Todos los reunidos aquí en la Iglesia son parte de la misma familia, por muy mayores o jóvenes que sean. De hecho, de la misma manera en que Sem y sus descendientes hasta la décima generación, incluyendo Abraham, vivieron juntos como una familia, lo mismo es cierto de esta Iglesia. Los santos más jóvenes deben escuchar a sus predecesores de la fe, verlos en acción y seguirles por fe. 
En la antigüedad, los predecesores de la fe vivieron como una sola familia. Pasaron su fe a sus descendientes. Cuando volvemos al pasaje de las Escrituras de hoy, vemos que Dios le dijo a Abraham: «Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré». Aquí Dios le dijo a Abraham que dejase su país, su propia familia y la casa de su padre y fuese a una tierra que Dios le mostraría. Abraham había vivido toda su vida en su país con su familia, pero ahora Dios le estaba diciendo que dejase todo y a todo el mundo y se fuese a una tierra que le mostraría. 
Los tres hijos de Noé eran Sem, Cam y Jafet. De entre los descendientes de Noé, Dios llamó a Abraham, un descendiente de Sem. Taré era un descendiente de Sem y engendró a Nacor, Harán y Abraham. Pero Dios solo le dijo a uno de estos hijos que dejase su país, su familia y la casa de su padre y se fuese a una tierra que Dios le mostraría. En otras palabras, de los tres hijos de Noé, Dios escogió a Sem y de entre uno de los tres hijos de Taré, un descendiente de Sem, Dios le habló a Abraham. 
Esto es muy importante. Hay muchas personas de diferentes razas y etnias en todo el mundo. Pero, de entre todas estas personas que viven en el mundo, solo unas pocas han sido escogidas por Dios. Hemos sido escogidos. Hemos sido escogidos por Dios entre la multitud de personas que viven en este mundo para que vivamos por fe y recibamos la bendición de convertirnos en hijos de Dios. Al ser escogidos por Dios en Cristo, hemos sido bendecidos para convertirnos en hijos de Dios y en el pueblo de Su Reino. Esta es una bendición tremenda. Dios no habló a Nacor o Harán, sino que solo le habló a Abraham. Específicamente, el Señor Dios le dijo a Abraham: «Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré». Como Abraham, todos nosotros, los que hemos recibido la remisión de los pecados, somos el pueblo bendito de Dios escogido en Cristo. En otras palabras, de entre toda la gente de este mundo, nosotros hemos sido los escogidos por Dios como Su pueblo espiritual como Abraham y Sem. 
 
 
Deben saber lo bendecidos que están gracias a la Iglesia de Dios
 
Para entender esto completamente, deben madurar en su fe. Cuando su fe madura, pueden darse cuenta de que han sido salvados a través de la Iglesia de Dios y de que ahora están viviendo con su fe en Su Iglesia. Cuando se dan cuenta de lo bendecidos que están en la Iglesia de Dios, no pueden dejar de dar gracias a Dios por Su Iglesia y por los líderes de su iglesia. Por el contrario, si su fe sigue sin madurar, estarán enojados cuando la Iglesia les dé consejos, preguntándose si de verdad tienen que seguir su consejo. Aunque Taré tuvo tres hijos, Dios solo le habló a Abraham. Solo Abraham y sus descendientes fueron bendecidos por Dios. 
Lo mismo es cierto acerca de ustedes. Como hemos sido escogidos en Jesucristo, los que nos hemos convertido en personas benditas somos el pueblo de Dios y Sus hijos. Dios le dijo a Abraham que dejase su país, su familia y la casa de su padre. Dios también le dijo que fuese a una tierra que le mostraría. ¿Habría sido fácil para Abraham dejar a su padre, su país y su familia? Ya les he dicho que la gente de aquel entonces vivía en una gran familia. Todo el clan vivía cerca. Aunque seguramente vivían en casas diferentes, todos vivían en la misma aldea o comunidad. Así que no es sorprendente que Dios le pidiese a Abraham que dejase su casa. Pero Dios le dijo que lo hiciese y fuese a una tierra que Él le mostraría. 
¿Dónde está la tierra que Dios le iba a mostrar a Abraham? ¿Dónde se asentaron Abraham y sus descendientes al final? ¿Dónde fue Abraham? A la tierra de Canaán. Más adelante, los descendientes de Abraham se fueron de Egipto y entraron en la tierra de Canaán una vez más. Egipto aquí se refiere a este mundo y la tierra de Canaán al Reino de los Cielos. Después de vivir como esclavos durante 400 años, los descendientes de Abraham cruzaron el río Jordán, el río de la muerte y entraron en la tierra de Canaán bajo el liderazgo de Moisés y Josué. Vivieron allí y siguen viviendo allí ahora. 
¿Qué nos está diciendo Dios a los que hemos recibido las mismas bendiciones que Abraham? Dios está diciendo que debemos salir de nuestro país, nuestra familia y la casa de nuestros padres para ir a una tierra que nos mostraría. ¿Dónde está esta tierra? Es el Reino de los Cielos y Dios nos está diciendo que vayamos a esta tierra que nos mostrará. Esto significa que, aunque seguimos viviendo en este mundo, no debemos dejar que nuestros corazones estén contentos o tristes a causa de este mundo. De entre los descendientes de Sem, Abraham es quien recibió Sus bendiciones; Abraham fue a quien Dios le pidió que se fuese de su país, dejase a su familia y la casa de su padre; y Abraham es a quien Dios le pidió que entrase en la tierra de Canaán. Hoy todos nosotros debemos darnos cuenta de que Dios nos está diciendo lo mismo a nosotros también. 
 
 
La tierra que el Señor nos está mostrando
 
Es absolutamente imperativo que todos nos demos cuenta de dónde está la tierra que nos ha mostrado Dios. ¿Dónde está esa tierra? Es el Reino de los Cielos. No es este mundo, sino un nuevo cielo y tierra, el Reino de Dios. Para nosotros, los descendientes espirituales de Abraham escogidos en Cristo, Dios nos está diciendo que nos dará la tierra de Canaán. Nos está diciendo que nos dará el Reino de los Cielos. 
¿Qué tipo de tierra es esta tierra de Canaán, el Reino de los Cielos? ¿Dónde está esta tierra que Dios nos está mostrando? Leamos el Libro de Apocalipsis aquí: 
«Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron» (Apocalipsis 21, 1-4). 
Está escrito también en Apocalipsis 22, 1-5: «Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos».
La tierra a la que Dios mandó a Abraham a que fuese era la tierra de Canaán. De la misma manera, Dios nos está diciendo que salgamos de nuestro país, nuestra familia y la casa de nuestro padre para ir a una tierra que nos mostraría, y esta tierra es el Reino de los Cielos. Aunque sigamos viviendo en este mundo ahora mismo, Dios nos está diciendo que nos dará Su Reino y nos está diciendo que vayamos a esta tierra. Dios nos está mostrando un cielo y una tierra nuevos. ¿Dónde está la tierra a la que Dios nos está mandando? Esta tierra que Dios nos ha mostrado no está en esta tierra, sino el Reino de los Cielos. Esta tierra en la que entraremos y viviremos es el Reino de los Cielos. Dios nos está mostrando el Reino de los Cielos. Con Su Palabra nos está diciendo que es allí donde entraremos y viviremos. 
Es absolutamente importante para nosotros obedecer a Dios. Es también imperativo que escuchemos atentamente a los siervos de Dios. No puedo resaltar lo suficiente lo importante que es que todos nuestros santos distingan la voluntad del Señor mientras vivimos en este mundo. Todos nosotros no solo nos damos cuenta de que hemos recibido la remisión de los pecados, sino que debemos tener presente que Dios nos ha ordenado ir a Su tierra prometida. Dios nos está diciendo que nos vayamos de este mundo y vayamos a Su Reino. Dicho de otra manera, nuestros corazones deberían estar puestos en el Reino de los Cielos donde entraremos y viviremos en el futuro. Somos las personas que vivirán en ese reino. 
La gente hoy en día habla de la brecha generacional. Alguien me llamó vieja gloria una vez, mientras que insistía en que él era de una nueva generación. ¿Qué generación creen que está mejor preparada para vivir una vida de fe correcta: los jóvenes o los viejos? ¿Están mejor equipadas las nuevas generaciones para vivir una vida de fe correcta? A los ojos de Dios, ¿qué generación está viviendo una vida más correcta? Deben saber la respuesta correcta a esta pregunta importante. Pueden poner su esperanza en el Reino de los Cielos solo si se han convertido en una vieja gloria en este mundo. Solo entonces podrán mirar la tierra que Dios nos ha dado en sus vidas. 
Pasemos un momento considerando qué significa exactamente la nueva generación. La gente de la antigua generación tenía sueños y esperanzas en su juventud. Tenía ambiciones y esperanzas para el futuro, creyendo que cumpliría todo lo que quisiera si trabajaba duro. Como tenían un sueño nadie tuvo que decirles que estudiasen mucho. Estudiaron mucho hasta la madrugada, incluso en tiempos en los que no había electricidad. ¿Han utilizado alguna vez carbón para escribir? Yo solía utilizar carbón para escribir en mi niñez. No es porque fuese un estudiante bueno, sino porque tenía un sueño y una esperanza. Quería tener éxito, salir de la pobreza y escapar del hambre constante que pasaba. Así que trabajé duro e hice todo lo posible para ser diligente. Mi generación es así. 
Por el contrario, la gente joven de hoy en día, la denominada nueva generación, no tiene sueños. No tienen esperanza, no tienen ningún objetivo en la vida. Saben muy bien que nada cambiará por mucho que trabajen y que el mundo está condenado. Saben lo que le pasará a este mundo. Saben que este mundo se va a venir abajo. Y saben que nada de lo que hagan tendrá ningún significado. Por eso muchas personas jóvenes hoy en día están viviendo por el momento y persiguiendo los placeres temporales, porque no tienen esperanza para el futuro por mucho que trabajen. Esto es lo que define a esta nueva generación. En vez de tener una mentalidad más progresiva, la gente joven de estos tiempos no tiene sueños. No tienen dónde ir. No hay nada más que destrucción esperándoles. Así que viven por el momento. 
Debemos ser personas antiguas. Aunque no tengamos esperanza en este mundo, debemos tener esperanza en el Reino de los Cielos en nuestras vidas. Aunque no tengamos esperanza en este mundo, debemos vivir todos los días con esperanza. No debemos ser como las personas jóvenes de estos tiempos. No debemos convertirnos en una generación sin esperanza. Los cristianos debemos tener un sueño. Debemos vivir por fe con la esperanza de que, al recibir la remisión de los pecados, iremos al Reino de los Cielos que nos mostró Dios y viviremos allí en toda la gloria. 
¿Saben lo carnal que es esta generación joven? Todos los jóvenes quieren ser altos hoy en día. Algunos incluso se someten a operaciones quirúrgicas para aumentar su altura, cortando los huesos de sus piernas e insertando barras de hierro entre ellos para extender la longitud. Así de superficial es la nueva generación. A los jóvenes no les importan los efectos secundarios de una operación tan arriesgada; lo único que les importa es verse mejor aquí y ahora. Una vez vi a algunas personas famosas en la televisión hablar de sus hábitos en el terreno de lo amoroso. Cuando hablaban de cuánto tiempo esperaban antes de besar a una cita, algunos famosos decían que unas pocas horas, otros que una hora y otros incluso cinco minutos. Estos son los valores que tienen las nuevas generaciones. 
Este mundo pecador está condenado. La Biblia dice que habrá guerras y rumores de guerra al principio de la era de las aflicciones. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que las bombas atómicas cayesen en Hiroshima y Nagasaki en Japón? ¿Cuántas personas murieron o fueron heridas por esas terribles bombas? Con la proliferación de armas nucleares ahora hay un elevado número de países que poseen armas nucleares y estas armas son miles de veces más destructivas que las bombas atómicas que cayeron en Hiroshima y Nagasaki. Las antiguas bombas atómicas no son nada comparadas con las armas termonucleares de hoy en día. Cada estado nuclear posee armas nucleares que son miles de veces más poderosas. Por eso hay tantas personas que se oponen a la proliferación de las armas nucleares. 
La nueva generación lo sabe. Los jóvenes de hoy en día saben lo terrible que es el mundo y la era tan desesperada en la que están viviendo. Hay desastres por todas partes y nadie puede predecir cómo y cuándo se producirán. Si el cinismo es lo que plaga a la nueva generación es porque la gente joven de hoy en día no tiene esperanza ni sueños en este mundo. No estoy hablando de tendencias temporales que son visibles. Estoy diciendo que los pensamientos de la gente y su fe no tiene remedio en la juventud de hoy en día. La nueva generación solo vive para los placeres de este mundo; su eslogan es “vive hoy y muere mañana” precisamente porque no tiene esperanza. Esta falta de esperanza plaga al mundo entero. 
Pero los creyentes no debemos ser así en esta nueva generación, sino que debemos aferrarnos a nuestros valores tradicionales, aunque se rían de nosotros por ser anticuados. Aunque ser anticuado no sea bueno en algunos casos, cuando se trata de la fe, es bueno ser anticuado. Nuestra fe debe basarse en la Palabra de Dios y fundarse en Su instrucción. Esta fe ha sido pasada por nuestros antecesores de la fe. Este tipo de fe puede ser anticuada, pero es la única fe correcta que nos lleva al Reino de los Cielos. Dios nos está pidiendo que vayamos al Reino de los Cielos. Nos está diciendo que vayamos a la tierra que nos mostrará. Así que, en vez de poner nuestros corazones en este mundo, debemos ponerlos en el Reino de los Cielos; y mientras vivimos en este mundo debemos seguir los pasos de la generación antigua en vez de la nueva generación. En nuestras vidas de fe y en nuestro camino espiritual debemos vivir como la generación antigua. La gente de la generación antigua puso su vista en el futuro. Vivió por el futuro. No vivió por el momento. Los creyentes debemos esperar al Reino de los Cielos en nuestras vidas. 
El verano pasado, mientras conducía para ir al Centro de Formación de Discípulos de Inje desde mi casa, me quedé parado en un atasco. Había tanto tráfico porque muchas personas estaban de camino a la playa de vacaciones, pero en la dirección contraria no había casi ningún coche. Así que, mientras estaba parado en mi coche, empecé a observar qué tipo de personas iban de vacaciones para pasar el rato. Había parejas jóvenes y familias, pero me resultó extraño no ver a nadie de más de 50 años. Si la gente iba de vacaciones en familia, esperaba ver a algunos abuelos, pero no vi a ninguno. La gente que vi parecía muy contenta; cuando paré en una estación de servicio, vi que todos estaban contentos por estar de vacaciones. 
De esta manera el mundo está siguiendo la mentalidad de las nuevas generaciones, pero ¿cuánto durará esta búsqueda de la gratificación instantánea? Me pregunto qué pasará para que la gente de hoy en día esté completamente arruinada. Cuando Samaria se quedó sin comida durante el sitio del ejército sirio (2 Reyes 6, 24-25), la gente murió de hambre. De la misma manera, aunque estamos viviendo en una era de avances científicos impresionantes, todo lo que se necesita para que el mundo sea completamente destruido es que las cosechas se echen a perder por el mundo por un desastre natural. Estoy seguro de que si esto ocurre, la nueva generación no podrá sobrevivir. Será absolutamente imposible mantener su estilo de vida. Cuando no haya comida y los precios de la comida suban por los cielos, todo lo demás, incluyendo la ciencia, se quedará obsoleta. Por muy avanzada que esté la ciencia, nadie puede vivir sin comida. Algunas personas incluso pueden pensar que la ingeniería genética proporcionará la solución. Pero hay mucha incertidumbre sobre las complicaciones para la salud de las cosechas y el ganado modificado genéticamente. Mientras que los avances en genética pueden parecer prometedores, pueden provocar todo tipo de efectos secundarios en el cuerpo humano. Todas las almas en este mundo están viviendo como la generación antigua o la nueva, pero la nueva será destruida sin falta. Por el contrario la generación antigua de la fe que tiene la tierra que Dios le ha mostrado, la nueva generación come y bebe sin pensarlo disfrutando de un momento que se evapora y al final es destruida. No hay mañana para esta gente. 
Debemos tener la fe de la antigua generación y mirar hacia el futuro mientras vivimos en el presente. Debemos vivir con un sueño. Si viven en el momento preocupados por qué comer y beber y qué comprar, no tendrán futuro. Si ponemos la vista en el futuro, debemos vivir todos los días por fe y ser diligentes en nuestra vida diaria. Paso a paso, deben moverse hacia la tierra de Canaán por fe. Esto es lo que Dios nos está ordenando. 
Dios le dijo a Abraham que dejase su país, su familia y la casa de su padre y que fuese a una tierra que le mostraría. ¿Adónde nos dirige Dios entonces? Nos dirige a la tierra de Canaán. Nos dirige al Reino de los Cielos. Dios escogió a Abraham. Pero no le dijo a Abraham que podía malgastar su vida sin esperanza como hace mucha gente joven hoy en día; Dios le dijo a Abraham que viviese con fe y mirase hacia el futuro. Al final, nuestro destino final es el Reino de los Cielos. Dándonos cuenta claramente de que iremos al Reino de los Cielos, debemos entender lo que Dios nos está pidiendo, quererlo y obedecerlo. Y debemos vivir por fe en nuestras vidas diarias. 
El Reino de los Cielos es donde Dios nos está dirigiendo. Dios quiere que recibamos la remisión de los pecados para entrar en el Reino de los Cielos. Nacimos en este mundo por esto, para entrar en el Reino de Dios. Nuestras vidas en este mundo no son todo lo que existe. Si fuese así, yo sería el primero en decir que deberíamos comer, beber y disfrutar de la vida solamente hasta que muramos. Pero tenemos al Reino de los Cielos esperándonos, y por eso debemos predicar el Evangelio en nuestras vidas mientras caminamos hacia esta tierra a la que Dios nos ha dicho que entremos. Tengo toda confianza en que todos los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu iremos al Reino de los Cielos. Si Dios está en sus corazones de verdad, estoy totalmente convencido de que entrarán en el Reino de Dios. Si, por el contrario, solo tienen una comprensión abstracta del Evangelio del agua y el Espíritu; si no la han aceptado en su corazón y no han creído en ella con sinceridad; o si rechazan la fe de la generación antigua y prefieren la vanidad de la nueva, solo les espera la destrucción. Todos debemos vivir por la fe de la generación antigua heredada de nuestros antecesores espirituales. 
Para predicar esta fe nuestra y entrar en el Reino de los Cielos, debemos predicar el Evangelio a todas las almas perdidas de este mundo durante el resto de nuestras vidas, y la Iglesia debe moverse en esta dirección sin dudar. Así que todos debemos ser fieles y diligentes en todos los aspectos de nuestras vidas, desde nuestros trabajos al ministerio del Evangelio; debemos predicar el Evangelio; debemos poner nuestras esperanzas y sueños en el Reino de los Cielos; no debemos comprometernos nunca con el mundo, sino defender nuestra fe y mantener nuestra justicia; y, al tener en cuenta el futuro de nuestras almas y cuerpos, debemos vivir diligentemente por fe.