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Sermones

Tema 17: La relacion entre el ministerio de Jesus y el de Juan el Bautista

[Capítulo 17-6] < Juan 1, 30-36 > ¿Conocen los ministerios de dos siervos de Dios?

( Juan 1, 30-36 )
«Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios. El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios».


El pasaje de las Escrituras de hoy es Juan 1, 30-36. Los siervos de Dios que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu saben que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador de los pecadores. Por eso los que conocen a Dios de verdad y creen en Él correctamente, saben que Juan el Bautista llevó a cabo un ministerio valioso e indispensable como siervo de Dios.


En el Antiguo Testamento algunos siervos fueron escogidos para ser dedicados a Dios

Los nazaritas como Sansón fueron escogidos por Dios antes de que nacieran para dedicarle sus vidas. Como un nazarita, Juan, que bautizó a Jesús, también nació en este mundo como un hombre escogido por Dios incluso antes de que fuera concebido en el vientre de su madre, Isabel. Así que cuando Isabel concibió a Juan el Bautista, un ángel dijo: «Porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre» (Lucas 1, 15). Como muestra este pasaje, Juan el Bautista era un hombre escogido por Dios.
Cuando Juan el Bautista creció y dio testimonio de Jesús como el Hijo de Dios, el Espíritu Santo le hizo darse cuenta de quién era Jesús. Así que confesó: «Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo» (Juan 1, 33).
Juan el Bautista era un hombre al que Dios le había confiado una misión especial. Antes de poner sus manos sobre la cabeza de Jesús para bautizarle, Juan el Bautista había recibido una revelación del Espíritu Santo que decía: «Cuando bautices a la gente y veas que el Espíritu Santo desciende sobre una de esas personas, esa persona será el Hijo de Dios». Está escrito: «Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios» (Juan 1, 33-34). Así que Juan el Bautista se convirtió en el hombre que pasó los pecados de la humanidad a Jesús mediante el bautismo. Después de bautizar a Jesús, Juan el Bautista dio testimonio de Él: «¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan 1, 29). Así Juan el Bautista pudo dar testimonio de que el Jesús bautizado era el Hijo de Dios y el Salvador que cargó con los pecados del mundo.
Juan el Bautista dio testimonio de Jesús: «Él es el Hijo de Dios, el Cordero de Dios y el Salvador que fue profetizado en todo el Antiguo Testamento». El Hijo de Dios vino al mundo como un hombre, aceptó todos los pecados del mundo mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y dio testimonio de Sí mismo para demostrar que es el eterno Salvador de la humanidad. Como parte de su ministerio, Juan el Bautista habló de esto y dijo que Jesucristo cargó con los pecados de la humanidad y que derramó Su sangre en la Cruz y se levantó de entre los muertos. Cuando Juan el Bautista bautizó a Jesús, reconoció sin duda alguna que Jesús era el Hijo de Dios. Dios hizo que fuera imposible que cualquiera que conoce Su justicia negase que Juan el Bautista es el siervo de Dios que pasó los pecados de la humanidad a Jesús a través del bautismo. En otras palabras, Dios se aseguró de que todos los que creen en Su Hijo supieran que Juan el Bautista es el último profeta del Antiguo Testamento y el último Sumo Sacerdote de este mundo, que pasó los pecados de la humanidad a Jesús mediante el bautismo.
Si alguien no entiende esto, no cree en la Palabra de Dios sinceramente, ni ha encontrado al Salvador mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Para poder ser salvados de los pecados del mundo según la Palabra escrita, debemos entender el ministerio de Juan mediante el cual pasó los pecados del mundo a Jesús de una vez por todas, y debemos creer en este ministerio.
El Apóstol Juan, un discípulo de Jesús, da testimonio en 1 Juan 5, 5-8: «¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan».
Juan el Bautista también dio testimonio de esta Verdad, de que Jesús cargó con los pecados del mundo al ser bautizado, de que moriría para la propiciación de esos pecados y de que Jesús era el Hijo de Dios. Por eso el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús están interrelacionados. El ministerio de Juan el Bautista no sólo pasó los pecados de la humanidad a Jesús mediante el bautismo, sino que dio testimonio de Jesús: «Jesucristo es el Salvador de la humanidad. Él es el Salvador y el Mesías que cargó con los pecados del mundo y los borró para siempre». A través de los ministerios de Juan el Bautista y Jesús podemos encontrar la Verdad de la salvación y podemos saber que Jesucristo es nuestro Salvador. Por lo tanto, ha sido posible que fuésemos salvados por fe ahora. Si creemos de verdad en la Palabra de Dios y la seguimos, podremos conocer todo el ministerio de Juan el Bautista, y será imposible que no creamos que es un siervo de Dios.
Juan el Bautista dio testimonio de Jesús cuando estaba en el mundo y dijo que Jesús era el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad. Pero pocos conocen este testimonio. Juan el Bautista dio testimonio de la Verdad: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Pero hay incluso menos personas que conocen la conexión entre esta Verdad y el ministerio de Juan el Bautista, e incluso aún menos creen en esto. Gracias a que Juan el Bautista, que bautizó a Jesús, Jesús pudo tomar sobre Sí mismo los pecados de la humanidad de una vez por todas. Antes de lo que sucedió en el pasaje de las Escrituras de hoy, Juan el Bautista era el único que sabía que Jesús era el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad, el verdadero Mesías que tomó los pecados del mundo en Su bautismo y que pagaría la condena de todos los pecados en la Cruz.


El testimonio de Juan el Bautista era real

Al ser bautizado Jesús, Juan el Bautista les pasó los pecados de una vez por todas. Entonces dio testimonio de esta Verdad a todos los que creen en Jesús como el Salvador de la humanidad. El testimonio de Juan el Bautista dio a conocer a todos que Jesús quitó los pecados de la humanidad al bautizarle. El ministerio de Juan el Bautista consistió en bautizar a Jesús.
Cuando Juan el Bautista bautizaba a la gente en el río Jordán, Jesús se le acercó y quiso que le bautizara. Jesús le dijo: «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3, 15). Jesucristo dijo esto para cargar con los pecados de todo el mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Cuando Juan el Bautista bautizó a Jesús, el Espíritu Santo descendió del cielo como una paloma y Dios Padre dijo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia».
Juan el Bautista no sólo bautizó a Jesús para cumplir la justicia de Dios, sino que también hizo posible que a través de su testimonio nos diéramos cuenta de que es nuestro verdadero Salvador. Gracias a que Dios Padre le ordenó a Juan el Bautista que pasase los pecados del mundo a Jesús y gracias a que Jesús los aceptó al ser bautizado, la voluntad de Dios Padre se cumplió, y por eso todos fuimos salvados de los pecados del mundo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos dio. Jesús se manifestó en este mundo a través de Juan el Bautista. Por eso podemos creer que Jesucristo, que vino por el agua y el Espíritu, es el Salvador de la humanidad. Dicho de otra manera, Juan el Bautista dio testimonio de Jesús para revelarse a este mundo como el Salvador de toda la raza humana.
A través del testimonio de Juan el Bautista, Dios nos hizo darnos cuenta y creer que Jesús es el Salvador que cargó con todos nuestros pecados y los borró al ser bautizado. Así que hoy es posible para todos nosotros darnos cuenta de que Jesús es el Salvador de la humanidad, y de que a través del bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz, todos podemos tener una fe verdadera. Gracias a que Jesús cargó con los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, y gracias a que fue crucificado para cargar con la condena de todos los pecados de este mundo, quien cree en esto puede nacer de nuevo y formar parte del pueblo de Dios. A todos los que creen en Jesús y saben que es el Salvador que los libró de sus pecados, Jesús les ha dado la prueba y la seguridad de que quien cree en Su Evangelio del agua y el Espíritu ha recibido el perdón de los pecados. 
A los que creen en el bautismo de Jesucristo a través del testimonio de Juan el Bautista, es decir, los que creen que Jesús es el Hijo de Dios y Dios mismo, que borró los pecados del mundo al ser bautizado en el río Jordán, y que acabó con todos nuestros pecados y su condena al ser crucificado y condenado en nuestro lugar, a todos estos Dios les ha hecho nacer de nuevo. Por lo tanto, deben creer que Dios ha borrado todos sus pecados y que han sido salvados al creer en este Evangelio del agua y el Espíritu.
A través de Su Hijo, Dios ha dejado sin pecado a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y los ha salvado del pecado, por muy malvados e insuficientes que sean. Esta es la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Si alguien cree en el Evangelio del agua y el Espíritu de Jesús de corazón, será una persona sin pecado. Quien crea en Jesús como su Salvador, estará sin pecado, pero los que no crean en Jesucristo, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, seguirán siendo pecadores. Todo el mundo puede estar sin pecado si cree que Jesús, de quien dio testimonio Juan el Bautista, y que vino por el agua y la sangre, es el Salvador (1 Juan 5, 6-8). Por muy violentos, insuficientes, débiles e imperfectos que seamos, si creemos en Jesús como nuestro Salvador y en el Evangelio del agua y el Espíritu, recibiremos el perdón de los pecados y seremos justos.
La gente no puede seguir siendo pecadora por no creer que Jesús es el Salvador que le ha salvado del pecado. Sin embargo, los que creen que Jesús es el Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, reciben el perdón de todos sus pecados. Si de verdad creemos en Jesucristo como nuestro Salvador, debemos darnos cuenta de que al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, Jesús pagó la condena de todos de una vez por todas y los borró. 


Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán

Mateo 3, 13 dice: «Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él». Jesús fue a que Juan el Bautista le bautizase, y le dijo: «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3, 15). 
Juan el Bautista era un siervo de Dios enviado por Él, y Jesús, al ser bautizado por Juan, el representante de la humanidad, cargó con todos nuestros pecados de una vez por todas y los borró. Por tanto, para tomar los pecados del mundo, Jesús quiso ser bautizado por Juan el Bautista. Aunque Juan el Bautista no quiso bautizarle al principio, al final aceptó y bautizó a Jesús en actitud sumisa y así Jesús pudo aceptar los pecados del mundo. Cuando Juan el Bautista puso sus manos sobre la cabeza de Jesús y le bautizó, Jesús tomó sobre Sí mismo los pecados del mundo mediante este bautismo, Su muerte en la Cruz y Su resurrección. Después de ser bautizado por Juan, Jesús salió del agua, y esto simbolizó Su resurrección tras Su muerte en la Cruz.
Esto es lo que se prometió en la Palabra de Dios del Antiguo Testamento. El bautismo que Jesús recibió en el Nuevo Testamento fue el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento contenida en el sistema de sacrificios: para borrar los pecados de Su pueblo, Dios utilizaba un cordero para transferirle los pecados que el pueblo de Israel había cometido durante un año a través de la imposición de manos del Sumo Sacerdote en el Día de la Expiación. Así que, al ser bautizado, Jesús quitó los pecados del mundo y los hizo desaparecer.
El día después de que Jesús fuese bautizado, cuando Juan el Bautista vio a Jesús caminando, dijo: «¡Mirad todos! ¡Mirad a ese Hombre! Es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Es el Cordero de Dios, el Salvador de la humanidad que ha cargado con los pecados del mundo. Es el Salvador de los pecadores, es vuestro Salvador y el de todo el mundo». Juan el Bautista dio testimonio de la verdadera sustancia de la salvación. Dio este testimonio porque sabía quién era Jesús.
Jesús era en realidad el Cordero de Dios que cargó con los pecados del mundo. Cuando Juan el Bautista bautizó a Jesús, este último se pudo convertir en el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo. Por eso Juan el Bautista dijo al día siguiente: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Al ser bautizado, Jesús tomó sobre Sí mismo los pecados del mundo, y al derramar Su sangre en la Cruz y ser condenado, salvó a toda la raza humana perfectamente. ¿Cómo puede quedar entonces algún pecado? Dado que Jesús cargó con todos los pecados en Su bautismo y derramó Su preciosa sangre para pagar el precio del pecado, ¿cómo puede quedar un solo pecado?
Si no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, sus pecados permanecerán intactos. Pero si de verdad creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, todos sus pecados desaparecerán y obtendrán la completa remisión de los pecados. ¿Cómo es posible? Si alguien tiene fe en que Jesús cargó con los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, esta persona será salvada incondicionalmente. La salvación del pecado no se consigue por medios humanos, sino que ha sido completada por el Salvador. Si alguien tiene la mínima fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, será salvado de todos sus pecados. Así que no hay nadie que no pueda recibir la remisión de los pecados si se cree en el Evangelio del agua y el Espíritu y en Jesús correctamente. Jesús vino por el agua y el Espíritu, y todo el que cree en Él correctamente ha recibido la remisión de los pecados. Como Jesús tomó los pecados del mundo al ser bautizado, es imposible que alguien crea que todavía tiene pecados.
Si todavía tienen los pecados intactos en su corazón, esto se debe a que no reconocen a Jesús ni creen que se haya convertido en la propiciación de sus pecados. Si de verdad creen en Jesús, ¿cómo pueden tener pecados si Jesús ya los ha hecho desaparecer? ¡Es imposible! Así que, si creen en el sacrificio expiatorio de Jesús, están sin pecado; pero si no creen, seguirán teniendo pecados.


Para nacer de nuevo todo el mundo debe entender y creer en los ministerios de dos siervos escogidos

Al creer en Jesús como su Salvador pueden ser salvados del pecado, si no lo hacen serán condenados. Por muy insuficientes, malvados, débiles, depravados, crueles, violentos, codiciosos o cobardes que seamos, si creemos en Jesús no tenemos pecados. Todo el mundo está sin pecado si conoce el Evangelio de Jesús y cree en él correctamente. Por eso es tan importante que conozcan a Jesús a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Entonces ¿cómo deben conocer a Jesús? Primero hay que conocer el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él para saber quién es Jesús. Del mismo modo en que Pedro conoció a Jesús y confesó: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16, 16), nosotros también podemos conocer a Jesús y confesar lo siguiente: «Señor, Tú eres el Cristo, el Rey de reyes, y el Dios de la creación. Eres Dios y el Hijo del Dios viviente. Eres el Sumo Sacerdote del Cielo, el Profeta y el Rey. Eres mi Dios, mi Rey, el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos que ha borrado mis pecados de una vez por todas, y el Profeta que me ha enseñado esta Verdad». Todos los que han recibido la remisión de los pecados pueden confesar su fe así.
Después de que Juan el Bautista fuese martirizado, la gente de aquel entonces pensaba cosas raras de Jesús. Como Jesús resucitó a los muertos y curó a los enfermos, algunas personas pensaron que Jesús era Juan el Bautista. El Rey Herodes, por ejemplo, pensó: «¡Juan el Bautista ha resucitado! Jesús es su reencarnación». Herodes tenía miedo porque había matado a Juan el Bautista. Otros dijeron: «No, Jesús no es Juan el Bautista. Puede que sea Elías. Elías ascendió a los Cielos sin probar la muerte, quizás haya vuelto. Sólo Elías podría hacer estas cosas». Otros dijeron: «No, ese Hombre no es Elías, es demasiado compasivo. Puede que sea Jeremías. Aunque es frío en ocasiones, es muy comprensivo y está lleno de compasión. Quizás sea Jeremías, el Profeta de las Lágrimas».
Cada persona tenía una idea diferente sobre Jesús. Pero Jesús le preguntó a Pedro: «Pedro, ¿quién dices que soy Yo?». Pedro contestó: «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». En esta breve respuesta está la fe de Pedro. Aunque Pedro era un simple pescador, era un hombre de tanta fe que señaló la exacta esencia de Jesús con su respuesta.
Los que creen en Jesús correctamente como su Salvador pueden explicar la esencia del Evangelio del agua y el Espíritu clara y simplemente. Pueden decir: «Jesús ha perdonado mis pecados con el agua y la sangre». Cuando Pedro confesó su fe a Jesús, Él le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos». En otras palabras, Dios Padre hizo que Pedro supiera eso.
Esto también tiene que ver con ustedes. Cuando aceptaron este Evangelio, ¿quién les enseñó esta Verdad a sus corazones? El Señor fue quien les enseñó la Verdad y les hizo creer en ella, diciéndoles: «Os he salvado de todos vuestros pecados por el agua y la sangre». El Señor es quien nos hizo entender y creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. 
Mucha gente dice que cree en Jesús como su Salvador, pero sólo lo creen por sus emociones. No conocen a Jesús correctamente. Este es un fenómeno muy común en el cristianismo de hoy en día. Mucha gente ha creído en Jesús durante décadas sin saber que es el Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando se les pregunta: «¿Quién es este Jesús en el que creen?», ellos contestan: «Bueno, creo en Jesús, pero no conozco este Evangelio del agua y el Espíritu». ¿En qué se basaba esta gente para decir que creía en Jesús durante tantas décadas? Estas personas creyeron en Jesús mediante sus emociones.
Pedro sabía exactamente quién era Jesús cuando creyó en Él. Dijo: «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Con esta confesión, Pedro estaba diciendo: «Eres mi Dios, mi Salvador y mi Profeta. Pero también eres el Hijo de Dios y Dios mismo». Por eso Pedro creyó en Jesús correctamente; pero hoy en día, muchos cristianos dicen que creen en Jesús, aunque no conocen Su justicia. Todos los cristianos que dicen creer en Jesús deben conocerle correctamente y creer en Él de acuerdo con Su Palabra.
Deben entender el papel de Juan el Bautista correctamente. Deben conocer a todos los siervos de Dios que aparecen en el Antiguo Testamento. Este conocimiento es indispensable en cualquier aspecto de la vida. ¿Cómo se puede creer en Jesús cuando se es ignorante? La noción de que se puede ser salvado si se cree en Jesús de cualquier manera, aunque no lo conozcamos, es una mentira a los ojos de Dios. Es simplemente un pensamiento humano. Aunque crean en Jesús, si no reconocen la divinidad de Jesús, que Él es básicamente Dios mismo, esta fe es en vano.
Gracias a que Jesús es el Hijo de Dios, fue bautizado por nuestro bien para aceptar los pecados del mundo y llevó a cabo el ministerio de morir en la Cruz. Esto es lo que Dios ha hecho para salvar del pecado a los pecadores. Al creer en esta justicia de Dios estamos sin pecado. Si Jesús fuese un hombre normal, sería imposible ser salvados del pecado y además Jesús sólo hubiera sido reconocido como un hombre sabio del mundo. Si creen en Jesús según las reglas del mundo y piensan en Él como un gran sabio, no podrán ser salvados del pecado.
Jesús es Dios. Es el Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Sólo el Hijo de Dios pudo convertirse en el Salvador de la raza humana porque todo el mundo había caído en el pecado. Deben entender que como Jesús es Dios y no es un mero hombre, Su bautismo y Su muerte en la Cruz son efectivos para los que creemos en Él. Todo el que cree en la justicia de Jesús de corazón, alcanza la salvación por fe, y por esta fe todo el mundo puede nacer de nuevo. Por lo tanto, deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Los que no han nacido de nuevo, aunque digan creer en Jesús, todavía tienen pecados. Para esta gente, aunque Juan el Bautista diera testimonio de que: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo», esta Palabra de Dios es sólo un pasaje y sus pecados siguen intactos en sus espíritus. Como esta gente no cree en la Palabra de Dios que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu, los pecados del mundo siguen intactos. Como los pecados del mundo siguen en los corazones de estas personas, no pueden decir que no tienen pecado, aunque crean en Jesús. Del mismo modo, como siguen cometiendo pecados una y otra vez durante todas sus vidas, siguen siendo pecadores y no pueden decir que son personas justas. En otras palabras, como creen en Jesús sin conocer Su justicia correctamente, siguen siendo pecadores y no pueden convertirse en justos y por tanto vivirán y morirán sujetos a los pecados del mundo.
Si conocen el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús correctamente, y si creen en ellos correctamente, pueden estar sin pecados por muy débiles que sean, y podrán decirle a todo el mundo que son justos. ¿Cómo es posible? Pueden decir que son justos porque creen en la justicia de Dios. Como creen en la justicia de Dios ahora están sin pecado.
¿Cómo deben vivir entonces los nacidos de nuevo? Jesús dijo que deben nacer de nuevo del agua y el Espíritu. Esto significa que nacemos de nuevo al creer que Jesús es Dios y el Hijo de Dios, que es el Salvador que ha salvado a los pecadores mediante Su bautismo y derramamiento de sangre y que es el Profeta que nos ha enseñado, es decir, al creer que Jesús nos ha salvado al ser bautizado por Juan el Bautista y derramar Su sangre en la Cruz.


Nacer de nuevo es recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu

En el Evangelio del agua y el Espíritu, “el agua” se refiere al bautismo de Jesús y “el Espíritu” implica que Jesús es Dios mismo. Aunque Jesús es Dios, este Dios exaltado vino al mundo en persona como un Hombre, tomó nuestros pecados sobre Sí mismo al ser bautizado, y derramó Su sangre en la Cruz. Él es el Salvador que nos dejó sin pecado a los que creen en Él de corazón. Nosotros nacimos de nuevo al creer en el bautismo que Jesús recibió y la sangre que derramó como propiación de los pecados. Nuestra salvación se alcanza al creer que Jesús es el Hijo de Dios y Dios mismo, que todos nuestros pecados se pasaron a Él a través de Su bautismo y que derramó Su valiosa sangre en la Cruz para perdonar todos esos pecados. Creer en esto es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto se debe a que Jesús es Dios mismo y nuestro Salvador. La razón por la que debemos creer en la divinidad de Jesús, en que Jesús es Dios, es que creemos que Dios vino al mundo como el Salvador, Jesús, tomó los pecados sobre Sí mismo al ser bautizado en Su cuerpo, derramó toda la sangre que había en Su cuerpo en la Cruz para borrar nuestros pecados y así nos ha salvado a los que creemos en esta Verdad. Esta es la fe que hace posible que todo el mundo nazca de nuevo.
La Biblia dice que Jesucristo era el que vino por el agua y la sangre (1 Juan 5, 6). El agua aquí se refiere al bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista, mientras que la sangre se refiere a la sangre que Jesús derramó en la Cruz. Jesús dijo que a no ser que nazcamos de nuevo del agua y el Espíritu, no podremos ver el Reino de Dios ni entrar en él. Además, dijo que quien nace de nuevo del agua y el Espíritu puede llamar a Dios su Padre. Dios ha hecho posible que todo el mundo nazca de nuevo si cree en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista, en la Verdad de que es Hijo de Dios y en Su ministerio. Quien crea que Jesús ha borrado todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista por nuestro bien, nacerá de nuevo. En otras palabras, al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, podemos estar sin pecado. Jesús dijo que todos los que creen que Jesús es Dios y su Salvador, que Dios se ha convertido en su Salvador personal, se convertirán en el pueblo de Dios.
Como nacidos de nuevo y personas justas, ustedes y yo podemos declarar el motivo y la base de nuestra fe a todo el mundo diciendo: «He sido salvado del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu». Esto es lo que significa nacer de nuevo al creer en Jesús. Podemos convertirnos en personas justas si nacemos de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesús nos ha dado.
Nacer de nuevo del agua y el Espíritu significa, por encima de todas las cosas, que nuestros pecados son borrados al creer que Jesús los aceptó y los hizo desaparecer al ser bautizado por Juan. Los que creen que todos sus pecados fueron pasados a la cabeza de Jesús a través de Juan el Bautista, son los que han obtenido la completa remisión de los pecados. Esta gente nace de nuevo al creer que Jesús es Dios en Espíritu, y que este Jesús, que cargó con todos los pecados y fue condenado por ellos al derramar Su valiosa sangre en la Cruz, es Dios. Además, esta fe cree que Jesús, que vino por el bautismo y la sangre para salvar a la humanidad, no es meramente un hombre, sino que es Dios mismo.
Jesús dijo en el capítulo 3 de Juan que uno puede entrar en el Reino de Dios y verlo sólo si nace de nuevo del agua y el Espíritu. Aquellos de nosotros que creemos en esto somos los que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu. Cuando nos preguntamos cómo hemos nacido de nuevo, la respuesta es que se nace de nuevo al creer que Jesús es Dios, que vino al mundo encarnado en la imagen de un hombre, que fue bautizado, que fue condenado en la Cruz y que nos ha salvado perfectamente de todos los pecados.
Los que creen que Dios nos ha salvado a todos de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu son los nacidos de nuevo. Ahora han nacido de nuevo una vez más. Como seres humanos, no podemos evitar morir por culpa de nuestros pecados; y al pasar estos pecados a Jesús a través de nuestra fe en el bautismo y la sangre, todos nuestros pecados fueron borrados cuando Jesús fue bautizado. Cuando murió en la Cruz, nosotros también morimos, y cuando se levantó de entre los muertos, también fuimos devueltos a la vida con Jesús. Así que creer en todas estas cosas de corazón es la fe que nos salva del pecado.
Sin embargo, los que no creen que Jesús es Dios y el Hijo de Dios, y que Jesús nos ha salvado a través del agua y la sangre, no pueden nacer de nuevo porque sus pecados no han sido borrados. Entre los que profesan creer en Jesús como su Salvador, los que creen en Su agua y sangre han nacido de nuevo del agua y el Espíritu. Pero hay gente que no cree que Jesús, que ha borrado sus pecados a través del agua y la sangre, sea Dios, y que este Dios les haya salvado de esta manera. Estas personas no han nacido de nuevo todavía. Esto significa que todo el mundo sigue siendo pecador si no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu.
El destino del hombre es nacer como un pecador y seguir siendo pecador hasta el fin de sus días. La gente sigue siendo pecadora porque no cree de corazón en la Verdad de salvación de que Jesús, su Salvador, es el Hijo de Dios y Dios mismo: que este Dios vino al mundo encarnado en un hombre, fue bautizado y derramó Su sangre en la Cruz, se levantó de entre los muertos al tercer día, y que así nos hizo justos y parte del pueblo de Dios. Por eso todos nosotros debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y así recibir la remisión de los pecados y nacer de nuevo.
Cuando les digo que deben tener fe en Jesús como su Salvador, puede que piensen en alguna creencia o superstición, en alguien que cree en Jesús como su Salvador sin entender lo que esto significa. Pero eso no es lo que quiero decir. La verdadera fe es conocer la Palabra de Dios sin falta y creer en ella. Esta es la verdadera fe. Para ilustrar esto más fácilmente, les explicaré la fe con la siguiente analogía.
Imaginemos que estamos en un tren en marcha. Mientras estemos en él seguiremos moviéndonos sin importar en que parte del tren estemos sentados. Así si estamos en el primer vagón, o en el que está al lado del conductor, nos movemos de igual manera. Pero no somos nosotros los que nos estamos moviendo, sino que es el tren el que se mueve y lo hace porque tiene un motor. El resto del tren se mueve gracias al motor porque el conductor lo maneja. Así que cuando subimos a un tren podemos llegar a nuestro destino sin importar en qué vagón estemos sentados. Obviamente sería incorrecto pensar que el tren se mueve por sí sólo. Un tren sin motor no es un tren, sino un montón de metal.
Así la fe también requiere unos cimientos tan importantes como el motor de un tren. La verdadera fe consiste en creer en el poder de la base del bautismo de Jesús, Su Cruz, Su muerte y Su resurrección. Si creen en Jesús ciegamente, sin entender correctamente cómo les ha salvado a través del agua y la sangre, su fe no es una fe verdadera. Si esto no es fe, ¿qué es la fe entonces? Es como perseguir un espejismo. Creer en Jesús sin conocer el agua y el Espíritu es como creer en un fantasma. No es diferente a crear un dios ficticio y arrodillarse ante él.
Mis queridos hermanos, para nacer de nuevo del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, deben entender correctamente el ministerio de Jesús y deben comprender el ministerio de Juan el Bautista correctamente. Si Juan el Bautista no hubiese sabido que Jesús era el Salvador, entonces hoy en día no estaríamos libres del pecado. Si Juan el Bautista no hubiese tenido esta fe pura en que pasó los pecados del mundo a Jesús al bautizarle, ¿cómo podría haber dado testimonio de Jesús al pueblo de Israel diciendo que era el Cordero de Dios que cargaba con los pecados del mundo? No podría haber dado testimonio de esto a no ser que hubiese sabido lo que sabía. Además, necesitaba pruebas para dar este testimonio. ¿Qué pruebas? Tenía que haber pruebas de la Palabra que demostrasen que Juan el Bautista había pasado los pecados del mundo a Jesús al bautizarle. Los que tienen estas pruebas son los que han bautizado a Jesús para pasarle todos sus pecados.
Por tanto, un pecador nace de nuevo si cree en el bautismo de Jesús y Su sangre en la Cruz; de otra manera ningún pecador podría haber nacido de nuevo. Si quieren nacer de nuevo, deben entender el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él. Cuando conozcan el Evangelio del agua y el Espíritu y crean en él de la manera adecuada, esta es la verdadera fe de nacer de nuevo del pecado. Deben darse cuenta de que Jesús, Dios, cargó con todos los pecados del mundo de una vez por todas al recibir bautismo en Su cuerpo como Sumo Sacerdote del Cielo. Deben darse cuenta de que Jesús fue condenado en la Cruz una vez, y que se levantó de entre los muertos al tercer día. También deben darse cuenta de que ahora está sentado a la derecha del trono de Dios Padre. Jesús nos prometió que volvería a llevarnos a todos, a Sus creyentes. Ustedes pueden nacer de nuevo del pecado si entienden lo que estoy diciendo y creen en ello. Si, por el contrario, creen ciegamente que Jesús es su Salvador sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu que les ha dado, no podrán nacer de nuevo.
¿A quién se lleva Jesús al Reino de los Cielos? A los que han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Quién ha nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? Los que saben que Jesús es Dios y el Hijo de Dios han pasado todos los pecados del mundo a Jesús en Su bautismo, mediante el cual borró todos los pecados y fue condenado al derramar Su sangre en la Cruz y se levantó de entre los muertos. Esta gente es la que nace de nuevo del agua y el Espíritu. Este es el mensaje esencial del Evangelio del agua y el Espíritu, y esta es la Verdad de nacer de nuevo.
En los días del Antiguo Testamento, había un profeta llamado Habacuc, y el Señor dijo a través de él: «He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá» (Habacuc 2, 4). Los seres humanos son orgullosos como Lucifer, ya que su veneno les ha infectado a todos. Sin embargo, este pasaje dice que incluso los más malvados pueden ser justos y los que son justos viven por fe.
Si creen que Jesús es Dios de todo corazón, que cargó con sus pecados y los hizo desaparecer cuando fue bautizado por Juan el Bautista, que fue condenado en la Cruz en su lugar, que se levantó de entre los muertos de nuevo al tercer día, que está sentado a la derecha del Padre y que volverá como el Juez, entonces podrán nacer de nuevo y convertirse en una persona por esta fe. Si creen de esta manera, el Espíritu Santo vendrá a sus corazones y los sellará con su aprobación: «Has nacido de nuevo. Eres parte de Mi pueblo». Así es como están sin pecado por fe. Los justos que han sido salvados del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu no tienen pecado a los ojos de Dios, por muy insuficientes que sean. Están sin pecado en la fe y en realidad. Aunque cometan pecados, siguen estando sin pecado. No tienen ningún pecado en absoluto. ¿Tienen ustedes algún pecado? No, todos sus pecados han desaparecido.
Los que no conocen ni creen que Jesús sea el Salvador que ha borrado todos sus pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, son cristianos herejes. Por el contrario, los que creen de verdad en el bautismo de Jesús y su sangre en la Cruz son verdaderos cristianos que no tienen pecados. Todo el que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu tiene derecho a conocer la justicia de Dios y cree en Él correctamente.
Juan el Bautista conocía a Jesús muy bien. Por eso dio testimonio de Jesús en Juan 1. 29: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Juan el Bautista dio testimonio de que no hay pecado en el mundo. Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu también dan testimonio de que no tienen pecado, pero los que no creen en este Evangelio del agua y el Espíritu todavía tienen pecados.
A través del pasaje de las Escrituras de hoy en Juan 1, 30-36, podemos ver que el nacer de nuevo depende de si creemos en Dios conociendo la justicia de Jesús. Debemos conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y debemos creer en ella de todo corazón. Creer así es la verdadera fe a los ojos de Dios.
Para terminar, diré que conocer el bautismo de Jesús, la sangre que derramó en la Cruz y la gracia de Su muerte y resurrección es la fe que salva y es la Verdad. Les pido que crean.