The New Life Mission

Sermones

Tema 3: El Evangelio del agua y del Espiritu

[3-18] < Juan 21:15-19 > Nuestro Señor nos ha bendecido para seguirle, aunque tengamos tantas debil

< Juan 21:15-19 >
“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme”.
 
 
Una verdad obvia 
 
Acabamos de leer Juan 21:15-19 como pasaje de las Escrituras de hoy. En este pasaje Jesús le preguntó a Pedro tres veces: “¿Me amas?” y Pedro contestó y dijo: “Sí, Señor, sabes que te amo”. Cada vez que Pedro contestaba, el Señor le decía: “Alimenta a Mis corderos”, “Cuida de Mis ovejas” y “Alimenta a Mis ovejas”. El Señor entonces le dijo a Pedro: “Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras”. Esto ocurrió después de que el Señor fuese crucificado y se levantase de entre los muertos. 
En aquel entonces, algunas personas habían visto la resurrección de Jesús con sus propios ojos, mientras que otras habían oído hablar de ella. De cualquier forma, Pedro, Santiago y otros discípulos habían ido al Mar de Tiberíades a pescar. Al parecer estaban muy decepcionados con ellos mismos por cómo se comportaron cuando Jesús fue crucificado hasta morir. Aunque el Señor se había levantado de entre los muertos por ellos, habían vuelto a su pasado. Así que trabajaron duro toda la noche para pescar, pero no pescaron nada. Jesús, que estaba en la orilla, les preguntó si habían pescado algo, y cuando dijeron que no, Él les dijo: “Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis”. Cuando hicieron lo que les pidió, la red estaba llena de peces. 
Uno de los discípulos de Jesús dijo: “Es el Señor”. Al escuchar esto, Pedro se puso la prenda que se había quitado, se tiró al mar y nadó hasta la orilla donde estaba el Señor. Cuando los discípulos llegaron a la orilla vieron al Señor esperándoles con una hoguera, pescado y pan. Pero ninguno de ellos le preguntó: “Señor, ¿has resucitado?”. La resurrección era demasiado real. El Señor resucitado había aparecido en las orillas del Mar del Tiberíades y les dijo que echasen las redes al otro lado de la barca. Aunque los discípulos estaban sentados en la orilla ahora, ninguno de ellos podía preguntar: “Señor, ¿has resucitado?”. ¿Por qué no podían preguntar esto? Porque estaba completamente claro que Jesús había resucitado de entre los muertos. Esto se debe a que el Jesús resucitado estaba delante de sus propios ojos, y había hecho una hoguera, cocinado pescado y preparado pan y les estaba diciendo que comiesen. Ninguno de ellos podía preguntarle si era Jesús, porque estaba delante de ellos y no era un sueño ni una visión. Antes de que pasase esto, los discípulos habían escuchado que Jesús había resucitado. Así que, aunque no habían visto a Jesús después de Su crucifixión y entierro, ahora lo estaban viendo con sus propios hijos, y ahí mismo estaba delante de sus ojos en plena luz del día resucitado. 
Hablando espiritualmente, esto es como la validez incuestionable del Evangelio del agua y el Espíritu. Está tan claro que el Señor ha borrado todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu que es imposible preguntar si este Evangelio es cierto o no. Ninguno de ustedes puede cuestionar el Evangelio del agua y el Espíritu porque todos nuestros pecados han sido eliminados. El Evangelio del agua y el Espíritu proclama que Jesucristo cargó con nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista. Al ser bautizado por Juan el Bautista, Jesús cargó con los pecados del mundo, los llevó a la Cruz, derramó Su sangre hasta morir en la Cruz, se levantó de entre los muertos de nuevo y así se ha convertido en nuestro Salvador. Como nuestro Señor ha eliminado todos nuestros pecados de esta manera, ¿tenemos algún pecado en nosotros? No, por supuesto que no. No es necesario hacerse esta pregunta, ya que es indisputablemente cierto que el Señor ha eliminado nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. El que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no tengan más pecados es absolutamente cierto. 
 
 
A pesar de nuestras debilidades 
 
El Señor se apareció a Sus discípulos y le preguntó a Pedro: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?”. Pedro le contestó: “Señor, sabes que te amo”. Pudo decir esto tres veces. Pedro no tuvo otro remedio que decir: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”. Los discípulos se llenaron de emoción cuando lo vieron. Estaban abrumados por el hecho de que Jesús había venido a buscarlos después de Su resurrección. Cuando Jesús fue arrestado por los soldados romanos en el jardín del Getsemaní, Pedro le siguió hasta la corte de Pilato. Pero allí negó a Jesús tres veces. Pedro no simplemente negó conocer a Jesús, sino que también lo renunció vehementemente hasta tres veces. La tercera vez que Pedro negó a Jesús, el gallo cantó. Entonces Jesús se dio la vuelta mientras era interrogado y miró a Pedro, y cuando Pedro le vio, su rostro cayó y salió corriendo. Recordando lo que el Señor le había dicho, que le negaría tres veces antes de que cantase el gallo, Pedro se sintió avergonzado y lloró amargamente. 
Jesús nunca había cometido ningún pecado, pero fue interrogado ante Pilato, y después de ser azotado cuarenta veces menos una, Su cuerpo quedó destrozado y cubierto de sangre. Le pusieron una corona de espinos en la cabeza de Jesús, le escupieron, le pegaron en la cara y clavaron un cartel en la Cruz con el título “El Rey de los Judíos” en hebreo, griego y latín. El Maestro de Pedro, Su Dios y Su Salvador, en quien había confiado y a quien había seguido, estaba lleno de sangre. Pero, Pedro había negado a este Jesús tres veces. Pedro escuchó que Jesús había muerto en la Cruz. Y también había ido a Su tumba. Pero Jesús no estaba en la tumba. Pedro estaba agonizando tanto, y aunque Jesús había resucitado, estaba demasiado avergonzado para presentarse ante Él. Para salvar a toda la raza humana, Jesús había cargado con todos los pecados del mundo al ser bautizado. Y al cargar con los pecados del mundo, fue crucificado y sufrió todo tipo de insultos, crueldad y por fin la muerte. Había derramado toda la sangre de Su corazón y había muerto. Fue enterrado y, al levantarse de entre los muertos, había salvado a toda la raza humana, incluyendo a Pedro. 
Sin embargo, mientras Jesús estaba sufriendo de esta manera por la salvación, Pedro y los demás discípulos había huido y lo único que pudieron hacer fue volver a su antigua ocupación de pescadores. Por eso los discípulos estaban demasiado avergonzados de sí mismos para decirle nada al Señor. Pero, Jesús se les apareció en la orilla del Mar de Tiberíades y les dijo que comiesen su desayuno. Les preparó pescado y pan y les dijo que comiesen. 
 
 
¿Me amas más que estos?
 
Jesús le dijo a Pedro aquí: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?”. Pedro le contestó: “Señor, sabes que te amo”. Jesús le hizo esta pregunta a Pedro tres veces y las tres veces Pedro contestó: “Sí, Señor; tú sabes que te amo”. Y el Señor le dijo en esas tres ocasiones: “Alimenta a Mis corderos”, “Cuida de Mis ovejas” y “Alimenta a Mis ovejas”.
Estamos siguiendo la justicia del Señor. Pero debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿estamos siguiéndole lo suficiente para satisfacer el deseo del Señor? De la misma manera en que Pedro tenía muchas debilidades, nosotros tenemos muchos fallos también. Incluso los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu pueden perder sus fuerzas y se les hace difícil dar otro paso para seguir al Señor cuando se ven cara a cara con sus debilidades. Por eso el autor de la Epístola de Hebreos dice: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1-2). 
Cuando pasan 15, 20 o 30 años desde que recibimos la remisión de los pecados en nuestros corazones al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, habrá muchas veces en que nos sintamos muy avergonzados de nosotros mismos para seguir al Señor. De la misma manera en que Pedro y sus hermanos de la fe se fueron a pescar al Mar de Galilea, habrá momentos en los que nosotros fallaremos al Señor y estaremos demasiado avergonzados para seguirle. En otras palabras, aunque creamos en el Señor, a veces sucumbimos a nuestras debilidades. Aunque nuestra fe debería hacerse más fuerte con el paso del tiempo, a veces no lo hace. 
El Apóstol Pablo dijo: “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16). Nuestra fe debería hacerse más fuerte y deberíamos servir a la justicia del Señor mejor, pero por el contrario, nos encontramos buscando los deseos de la carne. Debemos vivir nuestras vidas de fe con santidad y con confianza como juramos seguir al Señor cuando encontramos el Evangelio del agua y el Espíritu, pero no lo hacemos. Aunque debemos confiar en el Señor de todo corazón y seguirle totalmente, a veces no podemos hacerlo. A veces seguimos a los líderes de nuestra Iglesia, no por fe, sino por nuestros cálculos carnales, preocupados por lo que nos vayan a decir. Y al caer en la debilidad de la carne acabamos haciendo lo que hizo Pedro. Estas cosas suelen pasarnos mientras seguimos al Señor. 
Aunque amamos al Señor, a veces nos sentimos tan mal por nosotros que cuestionamos si podemos seguir al Señor. Sabemos que debemos seguir al Señor, al Evangelio del agua y el Espíritu, y la vida de la justicia, porque son la Verdad; sin embargo, cuando nos miramos a nosotros mismos, estamos demasiado avergonzados. Con el paso del tiempo perdemos nuestras fuerzas espirituales y nos convertimos en personas astutas. Pero, por fuera nos comportamos de manera diferente ante la Iglesia de Dios para complacer a todo el mundo y no ofender a nadie. Conocemos todos los detalles de la administración de la Iglesia, los protocolos, los modales adecuados, e incluso sabemos cómo ganarnos el favor de los líderes de nuestra Iglesia. Aunque intentemos seguir al Señor, por culpa de nuestras debilidades, perdemos nuestra fuerza espiritual y nuestra autenticidad. Vemos esto cuando pausamos por un momento y nos examinamos. 
El Señor lo sabe todo acerca de nuestras debilidades y personalidades. Sabe que somos débiles y conoce nuestros pecados. Sabe que, incluso después de recibir la remisión de los pecados, hemos pecado por nuestras debilidades. Pero, a pesar de estas debilidades, Jesús vino a buscar a Pedro y a Sus otros discípulos, le preguntó a Pedro si le amaba o no, y le dijo que alimentase a Sus corderos, cuidase a Sus ovejas y alimentase a Sus ovejas. Cuando Jesús le dijo a Pedro que cuidase de Sus ovejas, le estaba pidiendo que cuidase de ellos. Esto significa que el Señor confió Sus ovejas a Pedro. De la misma manera, el Señor ha levantado a líderes para la Iglesia de Dios y les ha confiado la tarea de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo con sus colaboradores. El Señor ha hecho esto porque lo sabe todo de nosotros. 
 
 
Hace posible que sigamos al Señor, aunque seamos débiles como Pedro
 
Podemos seguir al Señor a pesar de nuestras debilidades porque creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. En la Biblia, el agua se refiere al hecho de que Jesús cargó con todos los pecados del mundo cuando fue bautizado por Juan el Bautista. Creemos que Jesús tomó sobre Sí mismo todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista. Y creemos que Jesús, al haber cargado con los pecados del mundo a través de Su bautismo, fue crucificado hasta morir, se levantó de entre los muertos y así nos ha salvado. Creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor ha cumplido. El Espíritu Santo es Dios. Jesús también es Dios. El Padre de Jesucristo también es Dios. Cuando Jesús vino a este mundo encarnado en un hombre, tomó todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista. Como resultado, Jesús fue crucificado para morir cargando con todos los pecados de la humanidad. Y al levantarse de entre los muertos nos ha salvado. 
Creemos en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu ahora. Pero, de la misma manera en que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿podemos seguir siempre al Señor adecuadamente? No, por nuestra cuenta no podemos siempre seguir al Señor sin falta. Sin embargo, como el Señor nos ha salvado perfectamente, podemos seguirle, aunque tengamos muchas debilidades ante Él. Aunque tengamos muchas debilidades, podemos seguir al Señor porque nos ha salvado al ser bautizado por Juan el Bautista para cargar con todos nuestros pecados, morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos. Como nuestro Señor se ha convertido en nuestro Salvador de esta manera, podemos seguirle. 
Como el Señor que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu nos ha dejado sin pecados, ahora podemos seguir Su justicia. Si no así, sería imposible seguir al Señor. Como el Señor tomó nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, cargó con la condena de nuestros pecados al morir en la Cruz, y nos dio vida nueva el levantarse de entre los muertos, ahora podemos seguir al Señor. Como el Señor nos ha dado la vida eterna, como nos ha dado el Reino de los Cielos, como se ha convertido en nuestro Pastor, y como Su s bendiciones son ilimitadas, podemos seguir al Señor al creer en esta Verdad. ¿No están de acuerdo? Sí, es cierto. 
Podemos seguir al Señor y Su justicia porque Su gracia está en nuestros corazones. Se debe a que el Señor ha eliminado todos nuestros pecados perfectamente con el Evangelio del agua y el Espíritu, y a que nos ha hecho hijos de Dios sin pecados. Es porque que el Señor nos ha dado vida eterna. Es porque nos ha dado el Reino eterno de Dios a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y es porque nos ha dado la casa celestial construida con doce piedras preciosas. Por eso hemos recibido las bendiciones del Señor. Como creemos en esta Verdad, y como la gracia del Señor es tan abundante, podemos seguir al Señor a pesar de nuestras debilidades. Por eso estamos siguiendo al Señor. No estamos siguiendo al Señor porque tengamos justicia propia. Tampoco estamos siguiendo al Señor porque nuestras debilidades no hayan quedado expuestas. Por el contrario, estamos siguiendo al Señor, aunque nuestras debilidades hayan quedado expuestas completamente expuestas. 
Todavía podemos seguir al Señor porque Su amor y gracia son mayores que nuestros pecados y debilidades. El Señor ha hecho todo para que le sigamos siempre. Por eso podemos seguir al Señor a pesar de nuestras debilidades. A pesar de lo inadecuados que seamos por nuestra cuenta, todavía podemos seguir al Señor adecuadamente y para siempre. 
 
 
¿Están estancados espiritualmente por nuestras debilidades y fallos?
 
Estoy seguro de que esto es cierto de todos ustedes. ¿No se defraudan a sí mismos cuando miran sus personalidades y ven lo egoístas que son? Cuando la Iglesia les pide que hagamos algo, lo primero que hacen es calcular las ganancias y los costes. Hay demasiados creyentes que calculan las ventajas y desventajas según sus pensamientos carnales en vez de confiar en Dios, e intentan no hacer la obra si no les interesa. Todo esto constituye un pecado a los ojos de Dios. Trabajar como un pastor confiando en los propios medios y astucia es también un pecado. Si no convertimos a otros en gente de fe y los convertimos en personas de la carne, esto también constituye un pecado. 
Mientras vivimos nuestras vidas en este mundo, ¿cuántas debilidades vemos? Aun así, debemos seguir la justicia del Señor. Podemos seguir al Señor de esta manera porque nos ama, y porque se ha convertido en nuestro Salvador. Les he hablado en muchas ocasiones sobre la justicia de Dios. El Señor ha hecho posible que sigamos Su justicia, porque nos ha dado una vida nueva y eterna y nos ha bendecido para entrar y vivir en el Reino de los Cielos. Como el Señor no ha dado tantas bendiciones y como creemos en ellas, podemos seguir la justicia del Señor. Si ponemos nuestros pecados y debilidades y el amor de nuestro Señor y los pesamos, nuestras debilidades no son nada comparados de los dones del Señor. Pero esto no significa que cualquiera deba pecar a propósito. Es elemental que vivamos según la voluntad del Señor. Como el Señor nos ama, y como nos ha dado tantas bendiciones, no podemos evitar seguir Su justicia. 
¿Y qué hay de ustedes? ¿Sienten que pueden seguir al Señor o todavía no están seguros? Por muchas debilidades que tengan, ¿acaso no pueden seguir orando al Señor? Por supuesto que sí. Por muy inadecuados que seamos, ¿no les contestará el Señor cuando le oren? Por supuesto que les contestará. ¿Podemos vivir como instrumentos de la justicia o no? Todos podemos vivir como instrumentos de la justicia. Todos podemos renovar nuestras vidas todos los días para siempre brillar como el sol naciente. Esta es la vida que estamos destinados a vivir como justos. Y esta es la vida bendita que Dios nos ha dado. 
Aunque tenemos muchas debilidades, como el Señor no tiene debilidades, podemos seguir Su justicia. Esto se debe a que el Señor nos ama más de lo que le amamos. Pueden amar al Señor porque el Señor nos ama más que le amamos nosotros. Así que es más que posible que todos sigamos la justicia del Señor. Esto no es por nuestra propia fe, sino porque el Señor lo ha hecho así. 
 
 
El Señor ha levantado a obreros de Dios
 
Jesús le dijo a Pedro: “De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras” (Juan 21:18). Esto significa que el Señor levantó a Pedro como líder de la Iglesia para liderar la Iglesia Primitiva. El Señor también ha levantado a sus colaboradores como obreros de Dios y pequeños pastores. Y les confió la labor de servir a Su Evangelio. Dios ha hecho lo mismo por nosotros hoy. ¿Están pensando para sí mismos: “somos inadecuados para hacer la obra de Dios; estoy hecho para ser una persona laica”? Pero no es así. 
Hay varias alabanzas en nuestro libro de himnos que han sido compuestas por nuestro Hermano Minwoo. Yo le considero un hombre laico. No he pasado mucho tiempo con el Hermano Minwoo, ni le he hablado mucho; solo lo he visto pocas veces en la Iglesia. Sin embargo, cuando leo la letra de los himnos que ha compuesto, veo que este hermano tiene mucha espiritualidad en él. Tengo mucho respeto por él. No solo miro la apariencia externa de la gente. Sé quién ha compuesto todos y cada uno de estos himnos. Aunque no comparta todo lo que tengo en la mente con ustedes, puedo ver que es todo la obra de Dios. Así que quiero trabajar con el Hermano Minwoo. No solo quiero trabajar con el Hermano Minwoo, sino con todos ustedes. Todos somos trabajadores de Dios. No es cierto que algunos de nosotros seamos laicos y otros ministros. Todos nosotros somos obreros de Dios. Todos somos ministros. Todos somos pastores. ¿No están de acuerdo? La tarea confiada a cada uno de nosotros es diferente; todos somos obreros de Dios. 
Mis queridos hermanos, el Señor nos ama tanto que ha eliminado nuestros pecados, nos ha hecho hijos Suyos y nos ha dado la vida eterna. Nos ha dado el Reino de los Cielos. Incluso en este momento está trabajando con nosotros. Por tanto, mis queridos hermanos, no nos falta nada para vivir como obreros de Dios. Somos los siervos de la justicia que son más que capaces de complacer al Señor al someterse a Su obra y obedecer Sus mandamientos por fe. Así es como somos. No se queden atrapados por sus propias debilidades ni se sometan a los deseos de Satanás. 
El Diablo nos ataca al explotar nuestras debilidades humanas. Intenta hacernos tropezar con nuestros fallos humanos, diciendo: “¿Qué podéis hacer cuando sois tan inútiles?”. Somos de una semilla fundamentalmente diferente a la del Diablo. La gente de este mundo es del Diablo, mientras que somos de Dios. Todos podemos seguir al Señor por fe. Todo lo que tienen que hacer es creer en lo que el Señor les ha dado y seguirle. Esto es lo que hace todo siervo de la justicia. La Biblia dice que los justos vivirán por fe solamente. Estoy agradecido a nuestro Señor por esto. 
Aunque no sé mucho comparado con lo que sabe el Señor, aun así, sé muy bien que nuestros ministros, hermanos y hermanas, y nuestros colaboradores en el extranjero están sufriendo por sus debilidades. Pero estas debilidades no me importan. Todo lo que les pido que recuerden son las bendiciones que el Señor les ha dado y que acepten la voluntad del Señor. Entonces se convertirán en obreros del Señor. Nadie puede hacer la obra de Dios por sí mismo, pero juntos podemos cumplir esta obra. Todos podemos convertirnos en instrumentos de la justicia. Podemos ir al Señor y vivir una vida que le complazca como instrumentos de la justicia. Considero que solo el Hermano Minwoo un instrumento de la justicia, pero también al resto de ustedes. No tengo ninguna duda de que todos pueden convertirse en obreros fieles. No se queden atrapados por sus debilidades. El Señor estará entristecido si lo hacen y les dirá: “¿Es eso todo lo que os he dado?”. 
Imaginen por un momento que alguien les da una caja llena de diamantes brillantes. Pero, digamos que todavía van vestidos con harapos. ¿Qué pensaría la persona que les da los diamantes? Estaría avergonzada, pensando: “¿Es esto todo lo que le he dado?”. Así que el Señor se sentiría igual si no reconociésemos cuánto nos ha dado. No tenemos nada de lo que estar avergonzados. Somos los siervos de la justicia. Somos los instrumentos de la justicia. Hay muchas bendiciones que recibir todavía, riquezas tanto terrenales como celestiales que las palabras no pueden describir. Así que debemos vivir por fe como instrumentos de la justicia y seguir al Señor hasta el día en que lo veamos cara a cara.