The New Life Mission

Sermones

Tema 3: El Evangelio del agua y del Espiritu

[3-23] < Marco 7, 20-23 > ¿Cuál es el pecado original de los seres humanos?

< Marco 7, 20-23 >
«Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre».
 
 
Cuando entendemos a los seres humanos, nos damos cuenta de que somos una masa de pecados. Los seres humanos somos semillas del pecado que no pueden evitar cometer pecados durante toda su vida. Por tanto, los seres humanos cometen pecados llenos de lascivia, orgullo, pensamientos malvados, odio, asesinato, hurtos y todo tipo de males. ¿Me creen si les digo que los seres humanos son seres que hacen estas cosas? ¿Creen que los seres humanos engañan y roban tanto? ¿Me creerían si les dijese que los seres humanos cometen adulterio? ¿Me creerían si les dijese que ustedes son este tipo de personas? 
Toda esta gente es humana. ¿Creen en la Palabra del pecado innato original según las Escrituras que dice que los seres humanos nacen con pecados malvados y cometen una cantidad enorme de pecados malvados? La carne humana solo comete pecados durante toda su vida. No es una exageración decir que el cuerpo de un ser humano es una fábrica de producir pecados. El cuerpo humano se nutre del pecado que Dios odia como su comida diaria. La carne de un ser humano disfruta de cometer pecados, disfruta el adulterio, la lascivia e ir contra Dios. 
Un cuerpo humano comete pecados desde el nacimiento hasta el momento de su muerte. No solo disfruta del pecado el cuerpo humano, sino que además disfruta de seguir sus deseos carnales. Isaías 1, 4 dice que los seres humanos son una raza de obradores de iniquidad e Isaías 59 dice que hay todo tipo de cosas sucias y embarazosas dentro del corazón humano. Así, un ser humano es una masa de pecados. Entonces, si deducimos de la Palabra de Dios que un ser humano es una masa de pecados, podemos recibirla en nuestro corazón. Y debemos reconocer ante la presencia de Dios que somos este tipo de pecadores y esperar las enseñanzas de Jesús. 
Los seres humanos son lascivos. Cuando una persona se examina claramente puede concluir que es lasciva y que la lascivia es la persona misma. Una persona que sea honesta consigo misma aceptará que los seres humanos poseen doce tipos de pecados de los que habla Dios. Aún así, no parece que haya muchas personas que reconozcan ser lascivas, ser masas de pecados. Muchas personas viven una vida como bestias en este mundo porque no creer ser lascivas. 
Los humanos han creado la cultura de la lascivia porque son una raza de obradores de iniquidad. Una persona puede avergonzarse si es la única persona lasciva del mundo haciendo cosas lascivas, pero hemos creado una cultura tan lasciva que nadie se avergüenza de ello. Sin embargo, todo el mundo se siente avergonzado en la conciencia por sus comportamientos de pecados. Esto se debe a que Dios nos ha dado conciencia a los seres humanos. La conciencia del ser humano es un siervo de Dios que ha enviado como Su ayudante. 
Adán y Eva se escondieron entre muchos árboles después de cometer pecados. Muchos árboles implican una sociedad humana cubierta con una cultura lasciva. Sin embargo, no pudieron esconder el mal en sus corazones. Incluso ahora, muchas personas que son masas de pecados se esconden entre la gente detrás de la cultura del pecado y siguen viviendo como prisioneros que esperan su ejecución. 
 
 
Todo el mundo vive sin entenderse a sí mismo
 
Los seres humanos siguen viviendo sin entenderse a sí mismos. Cuando ocurre algo sorprendente y depravado hay personas que se cuestionan cómo una persona puede hacer esas cosas y cómo un hijo o hija puede hacer cosas tan horribles a sus propios padres. E insisten en que no son así originalmente aunque todo el mundo sea así. Pero no podemos entender a los seres humanos. Y para entenderse a uno mismo bien, debemos presentarnos ante el Evangelio original y nacer de nuevo por la Palabra original del Evangelio de sabiduría. 
Hay muchas personas en este planeta que mueren sin conocerse a sí mismas incluso después de haber vivido una vida entera. Cuando miramos este mundo detenidamente, hay muchas cosas extrañas. Cuando miramos a la gente detenidamente, vemos que hay algunas personas que fingen ser muy justas. Incluso cuando alguien habla vulgarmente, dicen: “¿Qué demonios es esto? ¿Cómo puede una persona educada decir estas cosas?” Dicen que una persona no debe decir esas cosas cuando señala algo que está mal. Dicen que a un ladrón se le debe llamar Señor Ladrón. Esto es hipocresía y arrogancia. 
 
 
Dios dice: “Conócete a ti mismo”.
 
Cuando miramos a una persona, vemos que no se conoce a sí misma. Aunque Sócrates dijo: “Conócete a ti mismo”, la gente no se conoce a sí misma; no sabe qué pecados tienen dentro. Marcos 7, 21-23 dice que hay 12 tipos de pecados dentro del corazón de una persona originalmente. Dentro del corazón hay asesinato, lascivia, envidias, hurtos, pensamientos malvados, insensatez y muchos otros pecados, pero veo a la gente vivir sin saber que es hipócrita y hablando con buenas palabras aunque tengan el veneno de serpiente en sus corazones. Esto se debe a que no se conocen a sí mismos. 
Hay muchas personas en este mundo que no se conocen a sí mismas. Por tanto, hay muchas personas que caen en el infierno después de engañarse a sí mismos y vivir la vida entera siendo engañadas sin creer en la salvación del Evangelio original. Hay muchas personas que van al infierno engañadas por sí mismas. Cuando algunas personas van al infierno después de vivir en este mundo, el Príncipe del Hades les pregunta: “¿Por qué habéis venid al infierno?” Y las personas responden: “Pensé que iría al Cielo aunque pensaba que fulanito que vivía al lado debería haber venido aquí. No es justo que esté yo aquí.” Probablemente pensarán: “Pensé que por lo menos era un poco mejor que los demás. No sé por qué he venido aquí”. Todas las personas que no se conocen a sí mismas y no creen en el Evangelio original de la salvación han ido al infierno. 
¿Qué es un ser humano? Como ya he dicho en la introducción, los seres humanos son lascivos. Los seres humanos son una raza de obradores de iniquidad. 
Parece que está bien decir que todo el mundo es lascivo, pero si escogiese a una sola persona y dijese que es lasciva, recogería sus cosas y se iría inmediatamente. Pero, si hubiese señalado a cualquier persona y hubiese dicho: “Eres una masa de pecados y eres una persona lasciva” sería verdad. Todos somos así Ante la presencia de Dios. Cuando una persona escucha que el hombre es originalmente una raza de obradores de iniquidad, simplemente piensa: “¿Es verdad?” y piensa que solamente se aplica a otras personas. Sin embargo, si contestan: “Sí, yo soy así” cuando se les dice que son ese tipo de personas entonces están siendo sinceros. Sin embargo, hay muchas personas que ponen muchas excusas y culpan a otras personas. Estas personas son ignorantes y no se conocen a sí mismas. Esa persona, ustedes y yo somos una masa de pecados. Somos una raza de obradores de iniquidad que no pueden evitar ser lascivos desde el principio. Necesitamos la sabiduría del Evangelio original de Jesús porque somos una raza lasciva de pecados, y de lo contrario, si solo tuviésemos algunos fallos y no fuésemos lascivos, ¿para qué necesitaríamos la sabiduría del Evangelio original de Jesús? Jesús no habría venido a este mundo si no fuésemos malvados originalmente. 
 
 
Los seres humanos derraman pecados en todo momento porque son pecadores originales
 
Los pecados han llenado el corazón de un ser humano, llenan el alma. Digamos que el agua dentro de un vaso es el pecado dentro del alma de una persona, y entonces se sale cuando la persona va de un lado a otro mientras vive en este mundo, ¿no es así? Sí, se derramará. Se derrama si una va de lado a lado. La gente va por todo el mundo derramando pecados de esta manera por todo el mundo. Los seres humanos cometen pecados mientras viven en este mundo porque son una masa de pecados. 
La gente no sabe bien qué tipo de pecadores son. Aunque tengamos pecados en el corazón y pequemos durante toda nuestra vida, pensamos: “No soy lascivo originalmente. Soy así porque alguien me obligó a ser lascivo. No soy lascivo originalmente. Simplemente tengo que eliminar los pecados lascivos que he cometido”. Estas personas dicen que no son lascivas originalmente e intentan limpiarse constantemente con buenas obras y oraciones de penitencia cuando sus pecados salen a la luz. ¿Acaso no vuelve a salir el pecado después de limpiarlo? Sí. Como el corazón de una persona está lleno de pecados, comete pecados con su comportamiento también. No importa cuánto se limpie el exterior de una persona. Por mucho que se limpie ética o moralmente, no vale para nada porque sigue teniendo pecados dentro de su corazón. Se cometen pecados durante toda la vida con un corazón que tiene asesinato, adulterio, hurto y todos los demás pecados. Por eso los seres humanos cometen muchos pecados durante sus vidas. 
 
 
Los humanos intentan cubrirse cuando no se conocen a sí mismos
 
La gente intenta cubrirse cuando no sabe que es una masa de pecados originalmente. Digamos por ejemplo que el pecado dentro del corazón de una persona se sale un poco. Después de limpiarlo se sale un poco más, y tiene que limpiar los pecados constantemente con un pañuelo y una toalla. Entonces, cuando eso no es suficiente, tiene que limpiarlos una y otra vez con una alfombra, y sería ideal si una persona no tuviese que derramar pecados después de decidirse a no hacerlo, pero no estamos limpios por muchas veces que limpiemos esos pecados. Derramamos pecados hasta el momento en que morimos. Los seres humanos tenemos comportamientos lascivos hasta que morimos. Por tanto, una persona que comete pecados debe recibir a Jesús como el Salvador que nos ha salvado de los pecados para recibir la salvación. Y para recibir la remisión de los pecados, primero debemos conocer nuestra naturaleza original tal y como es. 
Digamos que hay dos personas que tienen los mismos pecados dentro de ellas como dos vasos iguales llenos de agua. Una persona se mira a sí misma y piensa: “Soy una persona lasciva originalmente” y por tanto se dedica a mejorar y a buscar al Salvador. La otra persona no puede mirar la masa de pecados que hay dentro de sí misma y piensa: “Soy bastante decente”. Una persona que cree que es decente, limpia sus pecados durante toda su vida. Y tiene cuidado de que sus pecados no rebosen y se derramen, y durante toda su vida intenta esconder que es una masa de pecados originalmente cubriendo este pecado y el otro. 
De esta manera hay personas que viven con miedo de que sus pecados rebosen mientras viven sus vidas enteras con pecados lascivos en sus corazones. Vivir con tanto cuidado no ayuda a nadie a ir al Cielo ya que por dentro son masas de pecados y no se dan cuanta de que vivir así los va a mandar al infierno. Van al infierno después de vivir con tanto cuidado. Una persona que vive con cuidado es pecadora y comete todo tipo de pecados a escondidas aunque la masa de pecados no salga a la luz demasiado. 
¿Admiten las personas tienen corazones lascivos, pensamientos malvados, de hurto y orgullo dentro de sus corazones? Podemos saber que un ser humano es lascivo al ver que la gente comete todo tipo de pecados lascivos aunque nadie se los haya enseñado. Una persona no lo sabe bien cuando es joven porque no tiene mucho que enseñar, pero no hay manera de esconder la masa de pecados cuando crece. Una persona no puede evitar derramar pecados constantemente. Deja salir algunos aquí y allí y se arrepiente. Se arrepiente diciendo: “No debería haberlo hecho”, pero sigue derramando pecados durante toda su vida aunque todos los días se arrepienta. Es así porque nació como una masa de pecados. 
Estoy diciendo que una persona recibe la perfecta remisión de los pecados que el Señor nos da solo si sabe que originalmente es una raza de obradores de iniquidad. Una persona que sabe que es una masa de pecados ante la presencia de Dios creería sin dudarlo si alguien le dijese que Jesús borró todos sus pecados al hacer obras justas. Sin embargo, una persona que dice: “He cometido estos pecados hasta ahora y no son muchos” rechazará fundamentalmente el hecho de que Jesús tomó con todos sus pecados sobre Si mismo al recibir el bautismo y cargar con los pecados hasta la Cruz. Sin embargo, una persona que merece ser salvada recibe la remisión de los pecados al creer que es una masa total de pecados y al creer en la Palabra de la Verdad de que el Señor ha resuelto todos los pecados en la Cruz perfectamente después de recibir el bautismo en el río Jordán. 
Estoy diciendo que estamos viviendo sin entendernos correctamente aunque hayamos recibido la remisión de los pecados. No tenemos pecados si nuestro Señor ha borrado todos los pecados del mundo mediante Su bautismo y la sangre y recibimos la remisión de los pecados si creemos en esto. 
Por tanto, Dios hizo una nueva alianza diciendo: «He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá» (Jeremías 31, 31). Esto significa que Dios establecerá una nueva alianza en vez de la antigua alianza. La nueva alianza era la voluntad de Dios de que el Señor vendría a este mundo y salvaría a los pecadores traicioneros al tomar todos los pecados originales y personales y borrarlos perfectamente, los pecados de las personas lascivas que cometen pecados lascivos durante toda su vida. Con la nueva alianza Dios salva a esta gente y se convierte en su Dios. Dijo: “Borraré los pecados de toda la gente lasciva y me convertiré en su Dios y ellos serán Mi pueblo”. La nueva alianza sigue diciendo: «Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado» (Jeremías 31, 34). 
La nueva alianza de Dios dice que no podemos convertirnos en personas justas al cumplir la Ley porque no podemos convertirnos en personas justas cumpliendo la Ley. Los legalistas cometen muchos pecados y le piden al Señor: “Señor, borra mis pecados. He cometido muchos pecados hoy. Límpiame, Señor, límpiame, por favor”. Esta es la fe legalista. En el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento había que pasar los pecados diarios mediante la imposición de manos sobre la cabeza de un macho cabrío o un cordero y había que pasar los pecados anuales a manos del Sumo Sacerdote, y por tanto se tenía que seguir ofreciendo sacrificios, aunque si uno cometía un pecado, seguía siendo pecador. Por tanto, el perdón del pecado no es posible por la Ley. Así, la nueva alianza de Dios era necesaria para todos los pecadores, como dijo el Señor: “Porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, al arrepentimiento”. 
Dios había decidido tener a estas personas lascivas como la mujer de Hosea como Su esposa. Como en el ejemplo que le he comentado antes, ambos individuos estaban llenos de pecados. Nacieron con la misma carne con los mismos pecados. Pero uno vivió con cuidado de no derramar sus pecados e incluso creyó en Jesús con cuidado. Esto significa que algunas personas tienen mucho cuidado de no derramar sus pecados. Y cuando derraman una sola gota de pecados de alguna manera, ofrecen oraciones de penitencia para borrar sus pecados, diciendo: “Señor, he cometido un pecado hoy. Por favor, perdona este pecado solo”. Solo limpian los pecados que creen tener y que han confesado. Son siempre pecadores por dentro y siempre están deprimidos aunque intenten ser buenos cristianos con hipocresía por fuera. 
Queridos hermanos, somos esa gente lasciva. Debemos saber que estábamos destinados a ir al infierno. Solo entonces podemos estar agradecidos al Señor por eliminar nuestros pecados y por haber recibido la remisión de nuestros pecados cuando se derraman y cuando recuerdan que el Señor ha salvado a personas tan lascivas como nosotros. Así podemos estar agradecidos siempre. 
Hay muchos prisioneros traidores entre la gente que está en la cárcel. Entre ellos, algunos están condenados a muerte mientras que otros están condenados a cadena perpetua. Y hay muchos tipos de pecadores que están encarcelados por hurto, por atraco y otros por ofensas extrañas. Y cuando voy a la cárcel a predicar la palabra dicen: “Pastor, ¿acaso nunca ha pecado usted? Estamos en la cárcel porque tuvimos mala suerte y nos atraparon, pero usted, pastor, está viviendo libre porque sus pecados están escondidos muy bien y no le han atrapado. ¿Cree que es mejor que nosotros? ¿Por qué nos encierran así? ¿Qué pecado hemos cometido comparados con otras personas?”. Así los prisioneros nunca piensan que cometen pecados. 
En realidad tienen razón. Aunque no hayamos matado a nadie, tenemos odio por otras personas en nuestros corazones. Entonces, es lo mismo que cometer un asesinato desde el punto de vista de Dios. Esto significa que matar o tener odio es el mismo pecado a los ojos de Dios. Dios mira el centro de los corazones de la gente, no el aspecto exterior. Entonces, no debemos estar encarcelados. 
Cuando solíamos ir a una granja hace mucho tiempo, había abono cubierto con esterillas de paja. Si no se levantaban las esteras de paja no se veía el abono. Los seres humanos también son así de sucios; cuando nos quitamos la cubierta de la bondad humana y los actos pretenciosos de la justicia, no hay criatura más sucia que los seres humanos. Hay muchos tipos de pecados dentro de una persona cuando se quita la cubierta completamente y se puede ver el interior ante la presencia de Dios. Pero el Señor ha hecho justa a la persona que admite que es así mediante la salvación del Evangelio original según esta nueva alianza. 
Debemos saber que hemos recibido la remisión de los pecados gracias a la justicia de Dios. Hemos recibido la remisión de los pecados gracias a la justicia del bautismo que nos da la salvación original de Jesús. Nadie puede recibir la remisión de los pecados mediante su propia justicia. Una persona que alardea de sus buenas obras y no cree en la justicia de Dios no puede recibir la remisión de los pecados. Una persona que no tiene ninguna justicia propia recibe la remisión de los pecados al presentarse ante el Señor y creer en la justicia que el Señor le ha dado. 
 
 
Dios no ha salvado a los que pecan poco
 
Dios no salva a los que pecan solo un poco. Esto significa que Dios ni siquiera mira a las personas que dicen: “Dios, tengo unos pocos pecados”. Entonces, ¿por quién se preocupa Dios? Dios mira a las personas que se han convertido en pecadores completamente y dicen: “Dios, voy a ir al infierno. Soy una masa de pecados. Dios, por favor, sálvame”. El Señor salva a una persona que se confía a sí misma al Señor completamente orando: “Señor, recibiré la salvación cuando Tú me salves, e iré al infierno si no me salvas. No puedo ofrecer oraciones de penitencia más. Pecaré de nuevo después de ofrecer oraciones de penitencia. Por favor, Señor, perdóname”. 
Una persona no puede escapar de los pecados al ofrecer las oraciones de penitencia. Una persona que confiesa: “Dios, ten misericordia y sálvame de los pecados”, Puede recibir la salvación al creer que Jesús ha perdonado todos sus pecados completamente al tomar los pecados sobre sí mismo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. 
Está escrito en el Libro de Isaías 59, 1: 
«He aquí que no se ha acortado 
la mano de Jehová para salvar,
ni se ha agravado su oído para oír» 
Dios no puede considerar a los humanos aceptables porque originalmente son una masa de pecados. Dios podría haber considerado a alguien aceptable si tuviese uno o dos pecados, pero no podría mirar a una persona así porque todo el mundo es una masa de pecados. La Palabra en el Libro de Isaías dice que la mano de Dios no se acortado para no poder salvar, y que Sus oídos no se han tapado para escuchar las palabras que gritamos: “Por favor, perdóname”. Dios dijo: «Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír» (Isaías 59, 2) y esto significa que aunque Dios ha abierto las bendiciones del Cielo, las puertas del Cielo, nadie puede entrar por ellas porque los seres humanos tienen demasiados pecados a los ojos de Dios. 
Si una persona que es una masa de pecados fuese perdonada por cierto error que comete una y otra vez ofreciendo oraciones de penitencia, Dios tendría que matar a Su Hijo cada vez que la persona orase por el perdón de sus pecados. Sin embargo, Dios no quiso matar a Su Hijo una y otra vez. Por tanto, Dios dijo: “No vengáis a Mí con los pecados que cometéis todos los días. Y enviaré a Mi Hijo para salvaros a todos de vuestros pecados eliminándolos. Por tanto debéis entender cómo Mi Hijo tomó todos los pecados que cometéis y podéis ver si esto es cierto o no al creer en el Evangelio de la salvación que Mi Hijo ha cumplido por vosotros. Este es el amor más grande”. Él dijo: “Recibid la salvación al creer en Mi Hijo. Yo, Jehová Dios, enviaré a Mi Hijo y borraré todos vuestros pecados, todos los pecados personales, y todas las iniquidades. Creed en Mi Hijo y recibid la salvación de vuestros pecados, porque sois masas de pecados”. 
Las Escrituras dice qué tipos de pecados hay en el corazón de una persona. Leamos la Palabra del Libro de Isaías 59, 3-8: 
«Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, 
y vuestros dedos de iniquidad; 
vuestros labios pronuncian mentira, 
habla maldad vuestra lengua. 
No hay quien clame por la justicia, 
ni quien juzgue por la verdad; 
confían en vanidad, y hablan vanidades; 
conciben maldades, y dan a luz iniquidad. 
Incuban huevos de áspides, 
y tejen telas de arañas; 
el que comiere de sus huevos, morirá; 
y si los apretaren, saldrán víboras. 
Sus telas no servirán para vestir, 
ni de sus obras serán cubiertos;
sus obras son obras de iniquidad, 
y obra de rapiña está en sus manos. 
Sus pies corren al mal, 
se apresuran para derramar la sangre inocente; 
sus pensamientos, pensamientos de iniquidad; 
destrucción y quebrantamiento hay en sus caminos. 
No conocieron camino de paz, 
ni hay justicia en sus caminos; 
sus veredas son torcidas; 
cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz».
Está escrito: «Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad». Esto significa que una persona comete pecados a lo largo de toda su vida. Todo lo que hace una persona es pecar. A continuación está escrito: “vuestros labios pronuncias mentiras”. Esto significa que todo lo que dice una persona es una mentira. El Señor dijo: «Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira» (Juan 8, 44). La gente que no ha nacido de nuevo dice cosas así: “Estoy diciéndolo honestamente” o “De verdad te lo digo”. Usan palabras como honestamente o verdaderamente con todo lo que dicen, pero todo es mentira aunque lo hayan dicho con sinceridad o no. La palabra escrita nos dice esto: «Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira». 
Todo el mundo es así y no solo las personas especiales. Los pecados rebosan de una persona sin límite. Esto se debe a que todo el mundo es una masa de pecados. Sin embargo, el poder de Dios es maravilloso; por el poder de Dios una persona que es una masa de pecados recibe la salvación de los pecados. El pecado rebosa sin control incluso cuando el corazón de una persona está en paz y la carne está reconfortada. El pecado rebosa de esta manera sea cual sea la situación. Pero lo que es maravilloso es que incluso un pecador cuyos pecados rebosan puede recibir la remisión de los pecados de nuestro Salvador. El Señor vino a salvar a estos pecadores. Quiero que conozcan la salvación y la reciban al creer en Jesús, que ha venido por el agua y el Espíritu. 
La Palabra en el Evangelio de Marcos, capítulo 7 nos dice lo que es el pecado original de una persona. La gente tiene su propia subjetividad acerca del pecado original. Algunas personas piensan que sus errores son el pecado original. Como estos humanos tienen su propia teoría acerca del pecado, la gente ha caído en la confusión sin conocer el pecado original de los humanos, así como los pecados personales. Por tanto, debemos hablar de nuevo acerca de cómo los individuos pueden caer en la confusión. 
Veamos un ejemplo comparando el estándar del pecado del deber filia en Papua Nueva Guinea y en Corea. En Corea, cuando los padres mueren, los hijos tienen el deber de enterrarlos bajo tierra y cortar el césped de la tumba varias veces al año mientras vivan. Pero en Papua Nueva Guinea, cuando los padres mueren, algunas tribus consideran que el deber de los hijos es reunirse alrededor del cuerpo y comérselo. Lo hacen para que el cuerpo no sea devorado por los animales salvajes o insectos. Entonces, podemos ver que el concepto de deber filial y el concepto del pecado pueden variar. 
Sin embargo, Dios dice en las Escrituras que el pecado original de una persona, que está dividido en doce tipos de pecadores que son las tendencias a cometer pecados que una persona ha heredado de sus antecesores, y los pecados que una persona comete mientras vive en este mundo son los pecados de un ser humano. 
 
 
El pecado del que el Señor ha hablado a la gente que cree en el Señor
 
A la gente que cree en Dios, el Señor le dice que no creen en la Palabra de Dios y desecharla es un pecado. El Señor nos avisa y nos regaña a los que creyentes que son como los fariseos diciendo: “Debéis creer en Mi Palabra del agua y el Espíritu, la Palabra de la salvación de los pecados, sin omitir nada”. Todos los cristianos pecadores, incluyendo los líderes religiosos y las sectas de varias denominaciones, no creen en la Palabra de Dios porque prefieren creer en las palabras de sus líderes de la fe y los teólogos de sus denominaciones, las palabras de los pastores más experimentados que tienen un carácter respetable e integridad más que en la Palabra de Dios. Están diciendo que sus palabras son las doctrinas ortodoxas. El Señor reprendió a estos líderes religiosos. 
De esta manera el Señor considera esto un pecado fundamental. Así, cuando vio a los fariseos, eran pecadores absolutos que eran especialistas en hipocresía. Por tanto, el Señor los reprendió como hipócritas y dijo: “¿En qué tipo de dios creéis? ¿De verdad me admiráis y me adoráis? Alardeáis de Mí, el Dios Jehová, pero, ¿qué creéis que soy? ¿Qué es honrarme? Creéis en Mí solo por fuera”. Debemos entender que Dios consideró esto un gran pecado desde Su punto de vista. 
El mayor pecado que existe en el universo es el pecado de rechazar la Palabra del Evangelio de la sabiduría original de nacer de nuevo mediante el agua y el Espíritu que está escrito en la Palabra de Dios. En otras palabras, es el pecado de no creer en la Verdad de salvación de corazón. Entre todos los pecados, el Señor dijo que el pecado más traicionero y que lleva al infierno es no creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que borró todos los pecados de los pecadores del mundo; este Evangelio fue completado por el Señor cuando recibió el bautismo, murió en la Cruz y resucitó de entre los muertos. Para la persona que cree en Jesús, no creer en la Palabra de Dios y desecharla es un pecado que lleva al infierno y nada más. Y las cosas incorrectas que hemos hecho por nuestras debilidades, los errores que cometemos, son los pecados de iniquidad en las Escrituras. 
Dios dividió el pecado original y los pecados personales de los seres humanos, y nuestro Señor reprendió a los fariseos y escribas como hipócritas porque no reconocían que la Palabra de Dios los hace grandes pecadores ante la presencia de Dios aunque no hubiesen incumplido la Ley misma ante la presencia de Dios. En el Pentateuco del Antiguo Testamento podemos ver que hay muchos mandamientos que dicen qué hay que hacer y qué no hay que hacer. Todas estas Palabras son mandamientos de Dios para la humanidad. Aunque no podemos cumplir la Palabra de Dios al 100% por la imposibilidad de cumplir la Palabra, debemos reconocer la Ley de Dios como la Palabra de Dios: “Esta es la Palabra de Dios que nos ha dado” y debemos reconocer toda la Palabra escrita en las Escrituras como la Palabra de gracia y el mandamiento de Dios en las Escrituras como la Palabra de la gracia y el mandamiento de Dios porque es todo la Palabra que Dios nos ha ordenado. Y debemos creer que “la Palabra de Dios es la ley, el mandamiento y la vida”. Dios hizo que Sus siervos pusieran por escrito la Palabra de Dios y nos dijo que creyésemos en ella. 
¿Quién escribió la Palabra de las Escrituras? Dios escribió Su Palabra a través de Sus siervos inspirados por el Espíritu Santo. Como dijo Dios: “Soy Jehová”. Esto significa que Dios es el Dios no creado que existe por Sí mismo. 
Dios creó los cielos y la tierra como está escrito: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra» (Génesis 1, 1). Después de esto hubo luz cuando Dios dijo: “Que haya luz” y creó el universo entero y todo lo que hay en él, estableció la ley de la salvación mediante la Palabra del sistema de sacrificios que creó y la Palabra se encarnó y se manifestó Entre nosotros, y este Jesús es Dios. Jesús se manifestó exactamente según la Palabra que dio en el Antiguo Testamento y Jesús, que es Dios, codificó la ley de la salvación y la ley de la gracia y la bendición. Por tanto, creemos en la Palabra de las Escrituras como la Palabra de Dios. 
Está escrito en el Evangelio de Marcos 7, 8: «Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira» y hay 613 estatutos con mandamientos de Dios para la humanidad. Están escritos como dos tipos de palabras: cosas que hacer y cosas que no hacer; y creer y no creer. Nos dice que debemos creer en todas las Palabras benditas como “Honrar a los padres, no matar, no cometer adulterio, no robar, no dar falso testimonio, etc”. Dios nos ha dado 613 estatutos de mandamientos diciendo a los seres humanos lo que deben creer y lo que no. Son los mandamientos de la Ley de Dios. Debemos obedecer las cosas que nos manda la Ley por fe porque no son las palabras de los humanos, sino los mandamientos de Dios. Debemos creer en la Palabra de Dios y seguirla aunque no tengamos la habilidad de vivir por la Palabra de Dios; debemos creer de corazón que Su Palabra es justa y vivir por fe en la Palabra. 
¿Hay algo injusto en la Palabra de Dios? No. Sin embargo, los israelitas dejaron de lado la Palabra de Dios y no creyeron en Jesús aunque Jesús fue a ellos, pero ellos le rechazaron. Y pusieron más autoridad en las palabras de sus líderes de aquel entonces que en la Palabra de Jesús y las palabras de sus ancianos tenían más autoridad que la Palabra de Dios para ellos. Por tanto, incluso durante el tiempo en que Jesús estaba en este mundo, la gente creía y veneraba las palabras heredadas de los ancianos y vivían por ellas, y está escrito: «Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen» (Marcos 7, 3). Por tanto, Jesús dijo que no creer en la Palabra que nos dio y desecharla, no reconocer en el corazón que la Palabra de Jesús es la Palabra de Dios, es el mayor pecado. 
Debemos conocer el objetivo de la Ley. En otras palabras, debemos saber por qué Dios nos ha dado 613 estatutos que nos dicen qué hacer y qué no hacer con todo detalle. Primero, la Palabra de la Ley que Dios nos dio es la verdad y nos dio la Palabra para establecer los criterios de la verdad, y esa Palabra se convirtió en la Ley que Dios le dio a la humanidad. La humanidad recibió la salvación de los pecados al distinguir la verdad de la mentira por la Palabra de la ley que Dios nos ha dado y recibió la salvación de los pecados al creer en la verdad. En segundo lugar, el Señor dijo que debemos creer en la Palabra que Jesús nos dio y vivir como personas de Dios. Por tanto, debemos vivir por fe. Sin embargo, todos los que creemos en Dios nos hemos convertido en pecadores ante la presencia de Dios porque no pudimos vivir según la Palabra de Dios, y por tanto fue necesario recibir la salvación al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que se cumplió al enviarnos a Jesús. 
Sin embargo, los seres humanos se distancian de Dios y se acercan al Diablo porque no reconocen la Palabra que Jesús nos dio y no la respetan. Por tanto, no creer en la Palabra de Jesús constituye el pecado más grande de la humanidad. Aunque no cumplir la Palabra de Dios y tener fallos también son pecados, no creer en la Palabra de Dios y rechazarla merece el odio de Dios y todas estas personas están destinadas a ir al infierno por culpa del pecado de no creer en Su Palabra. El pecado peor de todos que merece ir al infierno ante la presencia de Dios es el pecado de rechazar la Palabra de Dios y no creer en ella. 
¿Cuál creen que es el objetivo de la Ley que Dios ha dado a la humanidad? Es hacer que la gente se de cuenta de sus pecados y vuelva a Dios. Dios quiso que la Ley, que es el mandamiento de Dios, hiciese que la gente que se había alejado de Dios por no creer en la Palabra, volviese a Dios, y está compuesta por cosas que se deben y no se deben hacer. La Ley era nuestro tutor para llevarnos a Jesús (Gálatas 3, 24-25). Dios nos dio 613 estatutos para que pudiésemos darnos cuenta de nuestros pecados por la Ley y volviésemos a Dios y nos convirtiésemos en justos al recibir la remisión de los pecados a través de la fe que cree en Jesús. 
Un santo nacido de nuevo conoce bien la razón por la que Dios nos ha dado la Ley a los humanos porque el Libro de Romanos 3, 20 dice que Dios nos ha dado la Ley para que los seres humanos se den cuenta del pecado. Entonces, ¿de qué nos damos cuenta a través de la Ley de Dios? La Ley nos hace darnos cuenta de las debilidades humanas; nos damos cuenta a través de la Ley que es imposible cumplir los mandamientos de Dios, la Ley. 
¿De qué más nos damos cuenta a través de los 613 estatutos de los mandamientos de Dios? Nos damos cuenta de los pecados éticos de los seres humanos. También nos damos cuenta de la verdad sobre Dios. Nos damos cuenta de los fallos que tenemos, de que no podemos cumplir la Palabra de Dios y de la desesperación de la carne. En resumen, nos damos cuenta de que estamos destinados a ir al infierno por nuestros pecados. 
Entonces, ¿qué debemos hacer después de darnos cuenta de que estamos desesperados por nuestros pecados? ¿Debemos intentar cambiar esta desesperación por la fe que creer perfectamente cuanto antes? No, sino que debemos reconocer primero nuestra desesperación. Entonces debemos recibir la salvación al creer en el Evangelio original del agua y la sangre de Jesús, que es el Salvador, y darle gracias. La gente que cree en la Palabra del agua del Evangelio del agua y el Espíritu debe darse cuenta de que Dios nos ha hecho darnos cuenta de que somos pecadores y aceptar la salvación que Jesucristo nos ha dado al librarnos de todos los pecados del mundo, del pecado, por el agua y la sangre. 
El objetivo que Dios tenía al dar la Ley a los seres humanos era el de enseñarles a darse cuenta de que son pecadores. Y debemos saber que Dios envió a Su Hijo Jesús para darnos la remisión de todos nuestros pecados al hacer que Jesús tomase todos los pecados de la humanidad por el bautismo que recibió. De esta manera Dios nos ha dado la Ley para hacernos Sus Hijos a través de Su salvación de todos los pecados en Jesucristo. Dios nos dio la Ley de Dios a los que somos descendientes de Adán para hacernos hijos Suyos. Debemos darnos cuenta de lo que es el pecado y saber que somos pecadores absolutos para convertirnos en hijos de Dios y ser librados de nuestros pecados al creer en el bautismo que Jesús recibió y la sangre que derramó. Y debemos vivir dando gloria de Dios. 
Debemos pensar en la Palabra de las Escrituras como la Palabra de Dios. De lo contrario, si creemos en la Palabra con pensamientos malvados y confundidos que salgan de nosotros, caeremos en el error y en la destrucción. Por tanto, debemos aprender y creer en la Palabra de Dios basada en la Palabra del agua y el Espíritu. Hermanos y hermanas, incluso los israelitas, los fariseos y los escribas no podrían haber reprendido a los discípulos de Jesús por comer pan sin lavarse las manos si lo hubieran pensado a la luz de la Palabra de Dios. El Señor dijo que una persona está llena de 12 tipos de pecados que hay dentro de una persona. 
¿Qué tipos de pecados hay dentro de una persona? En el Evangelio de Marcos 7, 21-23, el Señor dijo que los humanos están sucios porque tienen 12 tipos de pecados, como está escrito: «Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre». Estaba diciendo que todos los seres humanos tenemos originalmente estos 12 tipos de pecados que hacen al mundo, a otras personas y a sí mismos sucios. 
Está escrito en el Libro de Salmos 8, 3-4: 
«Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre, 
para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites».
¿Por qué nos pide Dios a los seres humanos que nazcamos de nuevo del agua y el Espíritu? Se dice que Dios pide advierte a los humanos porque los quiere. Y el Señor había creado a los seres humanos y tuvo misericordia de ellos y los amó unilateralmente por el amor de Dios y la salvación del agua y el Espíritu, y por tanto borró todos los pecados de los humanos unilateralmente y los salvó. Y dijo que los haría Su pueblo. 
Está escrito en Salmos: «¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!» (Salmos 8, 1). Este es el salmo que el autor de Salmos escribió después de darse cuenta de que Jesús es el Salvador que le salvó de todos los pecados. Y el Apóstol Pablo habla de la misma fe aquí en el Nuevo Testamento. Está diciendo que la salvación es la mayor obra y más maravillosa entre las obra que Dios ha hecho por nosotros, y que una criatura ha alcanzado el estado de deidad es una verdad gracias a la misericordia y compasión de Dios. 
Debemos creer en la Palabra bendita de Jesús: la salvación del agua y el Espíritu es el núcleo del amor de Dios para los humanos. El Señor nos ha enseñado que es insensato intentar cumplir la Ley aunque seamos débiles y esto viene de la ignorancia humana. Así entendemos que es en vano intentar vencer el pecado mientras vivimos bajo la Ley. Dios quiere que la gente como nosotros, que es malvada y está destinada al infierno, se dé cuenta de lo que es el pecado a través de la Ley y se convierta en personas nacidas de nuevo al creer en la Palabra del Evangelio de la Verdad de que Jesús nos ha salvado al venir por el agua y la sangre y el Espíritu. 
 
 
Los seres humanos nacieron como una masa de pecados y sus corazones están llenos de pecados que cometen durante toda la vida
 
Jesús dijo que los pecados que salen del corazón de una persona contaminan a la persona. El Señor dijo que la comida no podía contaminar a la persona, pero los 12 tipos de pecados que salen de una persona ensucian a la persona. Cometemos pecados porque nacemos con varios tipos de pecados como descendientes de Adán. Si una persona que nació con pecados conoce el objetivo de la Ley de Dios, debe abandonar la noción de intentar cumplir la Ley de Dios con sus propios esfuerzos y creer en la Palabra de Dios con sus propios esfuerzos y en la Palabra de Verdad de nacer de nuevo. Cometemos pecados porque nacimos con varios tipos de pecados como descendientes de Adán. Si una persona que nació con pecados conoce el objetivo de la Ley de Dios, debe dejar de lado la noción de intentar cumplir la Ley de Dios con sus propios esfuerzos y creer en la Palabra de Verdad de nacer de nuevo. Si alguien quiere recibir la remisión de los pecados, debe creer que Jesús fue bautizado para cargar con los pecados del mundo, que derramó la sangre para perdonar esos pecados y que Jesús es Dios mismo y el Hijo de Dios Padre y el Salvador de toda la humanidad. 
Toda la Ley y los mandamientos de Dios son justos, pero los seres humanos son una masa de pecados por los pecados que han heredado desde que estaban en el vientre de sus madres. Cuando miramos los doce tipos de pecados que están completamente en contra de los mandamientos de Dios, podemos entender que somos personas que tenemos que recibir la misericordia y salvación de Dios. Un pecador busca la salvación de la remisión de los pecados que solo se recibe mediante la Palabra del agua y el Espíritu de Jesús. 
Leamos la Palabra de las Escrituras que escribió David en Salmos 51, 4. David confesó: 
«Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio».
Esto significa que David reconoció totalmente que era una masa de pecados y que era un pecador si el Señor dijo que era un pecador, y que era una persona justa si el Señor dijo que era justa, y que recibiría la salvación si el Señor dijo que le salvaría y que iría al infierno si el Señor lo enviaba al infierno. Esta fe es la fe recta y esta disposición del corazón puede recibir la remisión de todos los pecados. 
Como todos los humanos somos descendientes de Adán, tenemos la maldad en nuestros corazones, el corazón que comete asesinatos dentro del corazón y el corazón de nuestros padres desobedientes, y muchos otros pecados a parte de estos. La verdad que debemos entender aquí es que todas las Palabras de Dios son verdades justas y que debemos reconocer que los seres humanos somos una masa de pecados. Pero, ¿reconocen los seres humanos la Palabra de Dios? La noción que insiste: “No fue un pecador ayer porque hice algunas buenas obras, pero hoy sí soy pecador porque he hecho algo malo” no es la verdad, sino un pensamiento humano. Así que es necesario que un ser humano tenga un corazón obediente hacia la Palabra de verdad de que un humano no puede evitar ir al infierno porque es una masa de pecados desde que nace ante la presencia de Dios, aunque no haya incumplido ningún estatuto de la Ley de Dios. Una persona que admite esta Palabra de la Verdad de Dios es la persona que sabe que es una masa de pecados. 
Los humanos son una raza de obradores de iniquidad, no porque cometan adulterio, asesinato, hurto y no puedan amar a los demás, sino porque nacieron como masas de pecado original desde el nacimiento; no pueden evitar ir al infierno porque nacieron con la naturaleza de pecadores que es completamente contraria a la santidad; y por tanto, deben confesar que son una masa de pecados y reconocer y creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado porque no pueden hacer ninguna obra justa. 
¿Acaso una persona que nació con el corazón de asesinar se convierte en una persona justa sin pecados ante la presencia de Dios solo por no cometer pecados? Los humanos son pecadores originalmente, una masa de pecados, hipócritas e injustos que están destinados al infierno. Jesús les dijo a los fariseos y a los escribas que no podrían evitar el castigo del infierno diciendo: “¡Ay de vosotros escribas y fariseos, hipócritas!”. Los seres humanos no pueden evitar cometer pecados durante todas sus vidas porque nacieron como masas de pecados. ¿Cometen pecados durante toda la vida? ¿Es cierto? Si esto es correcto, crean en el Evangelio de la remisión de los pecados. Quiero que crean en esto y reciban la salvación. ¡Que Dios esté con ustedes siempre!