The New Life Mission

Sermones

Tema 3: El Evangelio del agua y del Espiritu

[3-25] < Mateo 21, 32 > La relación entre el ministerio de Juan el Bautista y el Evangelio de la Ex

< Mateo 21, 32 >
«Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle».
 
 
Juan el Bautista fue enviado por Dios
 
La Biblia da testimonio de Juan el Bautista en Juan 1, 6-7: «Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él». Como está escrito aquí, Juan el Bautista “vino como testimonio, para dar testimonio de la Verdad, para que a través de él todos creyesen”. El testimonio de Juan el Bautista hablaba de que Jesús cargó con los pecados del mundo, y si no hubiese venido a dar testimonio del Evangelio de Jesús del perdón de los pecados, no podríamos haber creído en Jesús y aunque hubiésemos creído, habría sido en vano. Al hablar de Juan el Bautista, el Apóstol Juan está explicando el Evangelio del perdón de los pecados a través de alguien que encontró a Jesús antes que nosotros y por eso nosotros también podemos conocerle y creer en Él. 
 
 
¿Quién era Juan el Bautista?
 
Está escrito en Lucas 1, 76-77: «Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, Para perdón de sus pecados». El profeta del Altísimo aquí es Juan en Bautista, el representante de toda la raza humana que, al pasar los pecados del mundo al Señor Jesús a través del bautismo, hizo saber a todos los creyentes del Señor que habían sido salvados del juicio y han recibido la remisión de los pecados. La Biblia también explica la razón por la que Juan el Bautista fue enviado a este mundo como representante de la humanidad para pasar todos los pecados del pueblo de Dios a Jesús, y Lucas 1, 78 da testimonio de que este motivo es “la tierna misericordia de nuestro Dios”. Mediante el testigo de Juan el Bautista, todos los seres humanos conocieron la salvación del Señor, como está escrito: «Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora» (Lucas 1, 78). 
Jesús es nuestra garantía que nos asegura que la redención nos ha dejado a todos sin pecados. ¿Quién nos lleva por el camino de la paz en este mundo? Jesús. Pero como Juan el Bautista pasó todos nuestros pecados a Jesús a través de Su bautismo y nos llevó al Evangelio de la redención de los pecados del Señor, sin su testimonio nadie puede alcanzar la salvación con su propio conocimiento. 
Examinemos la Palabra con más detalles para ver quién era Juan el Bautista. Está escrito en Lucas 1, 1-14: «Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido. Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada. Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento».
El Evangelio de Lucas empieza diciendo que su autor, Lucas había examinado los eventos de Jesús en detalle desde el principio, y empieza contando el linaje de Juan el Bautista. También vamos a empezar viendo el linaje de Juan el Bautista aquí y examinando su nacimiento y ministerio en detalle.
Lucas, un discípulo de Jesús, predicó el Evangelio a un gentil eminente llamado Teófilo. Pero este hombre no conocía la Palabra de las Escrituras y por tanto era necesario que Lucas explicase la Palabra en detalle y por eso empezó hablando del linaje de Juan el Bautista. 
Está escrito: «Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada. Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor». 
Aquí vemos a Zacarías el sacerdote ejerciendo el sacerdocio según el orden de su división. Y Lucas claramente testifica aquí que la mujer de Zacarías, Isabel, era descendiente de Aarón. Entonces, debemos averiguar cuál era el linaje de Zacarías, es decir, a qué casa de los israelitas pertenecía. 
Lucas 1, 8 dice: “Mientras estaba (Zacarías) sirviendo como sacerdote ante Dios en el orden de su división”. En este pasaje vemos a Lucas dando testimonio de que Zacarías era de la casa de Aarón, el Sumo Sacerdote, porque era de la “división de Abías” uno de los nietos de Aarón. Y para enfatizar el linaje puro del Juan el Bautista como descendiente directo de Aarón, el Sumo Sacerdote, Lucas también dice que la mujer de Zacarías, Isabel, era descendiente de Aarón también. 
Juan el Bautista nació de su padre Zacarías. Ahora debemos investigar el linaje de Zacarías, el sacerdote. CUando pasamos a 1 Crónicas 24, 10, vemos que la Biblia dice: «la séptima a Cos, la octava a Abías». Dios había hecho a Moisés Su representante, y Aarón, el hermano de Moisés, era el Sumo Sacerdote para servir a Dios ante el pueblo de Israel. Dos de los hijos de Aarón murieron mientras ofrecían incienso a Dios con fuego profanado que no estaba consagrado. Después de su muerte, hubo dos sacerdotes llamados Eleazar e Itamar, ambos hijos de Aarón. Entonces Dios hizo que los descendientes de Aarón ofrecieran sacrificios y le sirviesen en el Tabernáculo. Pero el número de los descendientes de Aarón aumentó con el tiempo. Así que en los tiempos de David, tuvo que reorganizar el sistema de sacerdocio según la división de los 24 nietos de Aarón. En otras palabras, David separó a los sacerdotes en divisiones para turnarse en ofrecer sacrificios, y este es el “orden de la división” mencionado en Lucas 1, donde se dice que Zacarías entró en el Templo del Señor para servirle según el orden de su división cuando le tocó en suerte. 
Cuando David restauró el sistema de sacrificios del Tabernáculo, también reorganizó el orden en el que los sacerdotes realizaban los sacrificios. David reformó el sistema de sacrificios porque los israelitas habían adorado a ídolos durante tiempos de Saúl, y confió el sacerdocio a los descendientes de Aarón para pasar los pecados de los israelitas a los animales a ser sacrificados por su redención y salvación. Y como había muchos descendientes de Aarón, David estableció un orden en el que los sacerdotes se turnaban para entrar en el Santuario y servían al Señor según caía la suerte. En otras palabras, David creó un orden para que los sacerdotes se turnasen para entrar en el Tabernáculo y sirviesen a Dios según este orden. 
1 Crónicas 24, 10 dice en referencia a este orden: “el octavo de Abías”; y Lucas 1, 5 dice: “Había....cierto sacerdote llamado Zacarías, de la división de Abías”, y esto prueba que Zacarías era un sacerdote descendiente de Aarón que pertenecía a la división de Abías, uno de los nietos de Aarón. Entonces, claramente, el padre de Juan el Bautista, Zacarías, era un sacerdote de la división de Abías y de Aarón, el Sumo Sacerdote. Además, la Biblia también dice aquí que Isabel era descendiente de Aarón también (Lucas 1, 5). Así que, tanto el padre como la madre de Juan el Bautista eran descendientes de Aarón, el Sumo Sacerdote. Era imperativo que Lucas explicase esto claramente a Teófilo primero antes de explicarle que Juan el Bautista había pasado todos los pecados a Jesús. Por tanto, debemos pasar a la Palabra de las Escrituras para ver dónde se dice que los descendientes de Aarón sirvieron como Sumos Sacerdotes. 
 
 
Juan el Bautista nació en la casa del Sumo Sacerdote
 
En primer lugar, los descendientes de Aarón heredaron el ministerio del sacerdocio del Día de la Expiación. Está escrito en Levítico 16, 30-34: «Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo. Hará la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas. Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación. Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó». 
En Números 20, 28-29 la Biblia dice: «Y Moisés desnudó a Aarón de sus vestiduras, y se las vistió a Eleazar su hijo; y Aarón murió allí en la cumbre del monte, y Moisés y Eleazar descendieron del monte. Y viendo toda la congregación que Aarón había muerto, le hicieron duelo por treinta días todas la familias de Israel». Como podemos ver aquí, Dios entregó el cargo de Sumo Sacerdote a Aarón y este cargó fue pasado a sus hijos, y este estatuto se estableció para siempre (Levítico 16, 33-34). Entre todos los hijos de Israel, Aarón y sus hijos fueron confiados con el sacerdocio para servir a Dios. Así es como Aarón y sus hijos se convirtieron en la casa del Sumo Sacerdote que otorgaba la remisión de los pecados al pueblo de Israel. 
Está escrito en Éxodo 28, 1-2: «Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón. Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura».
Dios también dijo en Éxodo 29, 1-9: «Esto es lo que les harás para consagrarlos, para que sean mis sacerdotes: Toma un becerro de la vacada, y dos carneros sin defecto; y panes sin levadura, y tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite; las harás de flor de harina de trigo. Y las pondrás en un canastillo, y en el canastillo las ofrecerás, con el becerro y los dos carneros. Y llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua. Y tomarás las vestiduras, y vestirás a Aarón la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, y le ceñirás con el cinto del efod; y pondrás la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra pondrás la diadema santa. Luego tomarás el aceite de la unción, y lo derramarás sobre su cabeza, y le ungirás. Y harás que se acerquen sus hijos, y les vestirás las túnicas. Les ceñirás el cinto a Aarón y a sus hijos, y les atarás las tiaras, y tendrán el sacerdocio por derecho perpetuo. Así consagrarás a Aarón y a sus hijos». 
Entonces, no hay duda de que Dios utilizó a la casa de Aarón, el hermano de Moisés, como la casa del Sumo Sacerdote para representar al pueblo de Israel. Nadie puede disputarlo. Mediante el mandamiento de Dios la casa de Aarón asumió el cargo del sumo sacerdocio. No cualquier persona podía ser el Sumo Sacerdote, sino solo una persona de la casa de Aarón podía ser el Sumo Sacerdote para entrar en el Lugar Santísimo del Tabernáculo y redimir todos los pecados anuales de todo el pueblo de Israel para siempre. Así que Dios le dijo a Moisés que nombrase a su hermano Aarón Sumo Sacerdote (Éxodo 29, 1), y le dijo a Moisés que hiciese vestiduras adecuadas para el Sumo Sacerdote como le había mostrado y pusiese estas vestiduras sobre su hermano Aarón. 
Esto significa que Dios mismo nombró a Aarón Sumo Sacerdote e hizo que sus hijos y descendientes se convirtiesen en sacerdotes. Dios había dicho que el cargo de Sumo Sacerdote debía siempre recaer sobre los hijos y descendientes de Aarón; los descendientes de Aarón tenían que hacer de Sumo Sacerdote hasta después de la era del Antiguo Testamento y la llegada del Nuevo Testamento con Jesús; y este era un estatuto eterno de salvación establecido por Dios para la redención de los pecados. 
Por eso Lucas específicamente dice que Zacarías era de la casa de Aarón, el Sumo Sacerdote, para explicar que Juan el Bautista era el último Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento. Como Juan el Bautista pasó todos los pecados del mundo a Jesús en nombre de toda la raza humana, la alianza en el Antiguo Testamento terminó, y de ahí en adelante empezó la era de Jesús, la era de la gracia. Así es como Dios distingue la historia de la humanidad en dos períodos distintos. 
 
 
Juan el Bautista bautizó a Jesús
 
Llamamos a Juan “Juan el Bautista” porque bautizó a Jesús. ¿Qué quiere decir bautismo en la Biblia? La palabra bautismo en “βάφτισμα” (baptisma) en griego, que significa sumergir, lavar, pasar o transferir. 
Como hemos mencionado, el bautismo significa pasar o transferir. Como Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús; al aceptar todos los pecados de todos los pecadores de este mundo, Jesús fue ejecutado en nuestro lugar para pagar el precio del pecado; se levantó de entre los muertos; y así se convirtió en el Salvador de todos los que creen en esta Verdad. El Señor fue bautizado para cargar con nuestros pecados en nuestro lugar y fue crucificado hasta morir en nuestro lugar. Esto se debe a que el precio del pecado es la muerte. 
Como ya he mencionado, la palabra bautismo también significa lavar. Esto significa que como Jesús fue bautizado para la remisión de los pecados de Juan el Bautista en el río Jordán, aceptó todos nuestros pecados y los eliminó. Como todos los pecados de toda la raza humana fueron pasados al cuerpo de Jesús a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista y Jesús redimió todos los pecados del mundo con Su cuerpo, hemos sido salvados creyendo en esta Verdad. 
Cuando examinamos a fondo el bautismo de Jesús y su significado, podemos ver que tiene cuatro significados: “lavar”, “pasar”, “transferir” y “enterrar”. Durante la era del Antiguo Testamento, cuando el pueblo de Israel buscaba la remisión de los pecados, llevaba un animal puro especificado por Dios, como una cabra, un cordero, un toro, o una paloma, y ponía las manos sobre la cabeza del animal para pasarle los pecados. Este rito tenía el mismo significado que el del bautismo que Jesús recibió en la era del Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel pasaba los pecados a una cabra mediante la imposición de manos sobre su cabeza, y esta cabra, como había aceptado los pecados de los israelitas, era sacrificada en su lugar para redimir sus pecados. De la misma manera, Jesús también aceptó todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista (el representante de toda la humanidad); derramó Su sangre hasta morir para redimir todos nuestros pecados, se levantó de entre los muertos y así nos ha salvado a todos los creyentes. En el Antiguo Testamento, Aarón, el Sumo Sacerdote imputaba (transfería) los pecados de los israelitas a una cabra mediante la imposición de manos sobre su cabeza como su representante, le cortaba el cuello y le sacaba la sangre, ponía la sangre sobre el altar de los holocaustos y la sacrificaba a Dios en nombre del pueblo de Israel. En el Nuevo Testamento, Juan el Bautista era el representante de toda la raza humana. 
 
 
El mayor hombre nacido de mujer
 
Cuando pasamos a Mateo 11, 11, vemos que Jesús testifica: «Entre los nacidos de mujer no ha habido uno mayor que Juan el Bautista». La implicación está clara: Juan el Bautista estaba completamente cualificado para ser el Sumo Sacerdote de toda la humanidad. En esta capacidad como Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento bautizó a Jesús. Si Aarón era el Sumo Sacerdote del pueblo de Israel, entonces Juan el Bautista era el Sumo Sacerdote de la humanidad, y según el estatuto eterno del sacerdocio establecido por Dios, pasó todos los pecados del mundo a Jesús para siempre al bautizarlo. Su padre, Zacarías, era un descendiente de Aarón, de la misma manera que su madre Isabel era de la casa de Aarón y como solo los descendientes de Aarón podían ser Sumos Sacerdotes, Juan el Bautista tenía todo derecho a asumir el cargo de Sumo Sacerdote. 
 
 
¿Quién es Abías?
 
1 Crónicas 24 describe el orden en que los descendientes de Aarón ejercían sus funciones de sacerdocio para ofrecer sacrificios a Dios, y Abías aparece en la clase octava. Cuando pasamos a Lucas 1, 9 en el Nuevo Testamento, vemos que se escogía un sacerdote como en el Antiguo Testamento “según la costumbre del sacerdocio” y el que era escogido sucedía al Sumo Sacerdote. Esta tradición continuaba durante generaciones hasta que llegó a Zacarías, el padre de Juan el Bautista. 
El padre de Juan el Bautista, Zacarías, era un sacerdote nacido como descendiente de Aarón, de la clase de Abías, y siguiendo este linaje, Juan el Bautista era el Sumo Sacerdote y representante de toda la humanidad. 
Como analogía, un cachorro de león solo puede nacer de un león. De la misma manera, Juan el Bautista nació de la casa de Aarón, el Sumo Sacerdote, y como el último Sumo Sacerdote que cumplió la Palabra de Dios de salvación, tuvo un papel importante de enlace entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Para resaltar esto, Jesús dijo que Juan el Bautista era el mayor hombre nacido de mujer. La prueba de esto se encuentra en Mateo 11, 11-13. Jesús dio testimonio de Juan el Bautista y testificó que era el Elías que se profetizó que volvería en el Antiguo Testamento (Mateo 11, 13-15), y esta promesa aparece en Malaquías 3, 4. 
 
 
Escuchemos los testimonios de los apóstoles sobre el bautismo de Jesús
 
El bautismo de Jesús es el medio por el que nuestro Señor cargó con todos los pecados del mundo y los redimió. Su bautismo es testificado en muchos lugares de las Epístolas escritas por los Apóstoles Pablo, Pedro y Juan. 
En primer lugar, debemos escuchar lo que la Palabra dice sobre el bautismo de Jesús en las epístolas paulinas. Está escrito en Romanos 6, 2-7: «En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 
¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado». 
Al creer que había sido bautizado con Jesús, la fe del Apóstol Pablo estaba fijada en el Evangelio que proclamaba que Jesús había redimido todos los pecados de la humanidad al ser bautizado. El verdadero Evangelio de la redención de los pecados del que habla la Biblia es el Evangelio del agua y la sangre, el Evangelio del bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz. En otras palabras, el Evangelio de la remisión de los pecados testificado por los Apóstoles en la Biblia proclama que Jesús eliminó todos los pecados del mundo al ser bautizado. 
Entonces debemos escuchar el testimonio del Apóstol Pedro acerca del bautismo de Jesús y cómo cargó con los pecados. Dijo en 1 Pedro 3, 21: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo». El Apóstol Pedro está diciendo que el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista es el antitipo de la salvación de los pecados. 
Cuando leemos lo que está escrito en las epístolas del Apóstol Juan acerca del bautismo de Jesús vemos que la Biblia dice en 1 Juan 5, 5-8: «¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan». El Apóstol Juan también dijo que la salvación de nuestros pecados se alcanza creyendo en el Salvador que vino por el agua y la sangre. 
 
 
La diferencia entre la fe de los Apóstoles y la de los líderes cristianos de hoy en día
 
Entonces podemos ver que la fe de los Apóstoles en la Biblia es muy diferente de la fe de los teólogos de hoy en día que está puesta solamente en la sangre de Jesús. En contraste con los teólogos que creen en la sangre de Jesús solamente, la Biblia da testimonio del bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz como la salvación de los pecadores. Es absolutamente imperativo para nosotros llegar a un conocimiento correcto del bautismo de Jesús y Su sangre y creer en este Evangelio de la redención de los pecados correctamente. Los Apóstoles dejaron claro en la Biblia que el bautismo de Jesús (agua) es el antitipo que nos salva de nuestros pecados (1 Pedro 3, 21) y a través de este Evangelio de salvación, el Evangelio del bautismo y la sangre de Jesús, podemos superar este mundo al creer en la Verdad de la salvación. El bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz son tratados en la Biblia de la misma manera para constituir el Evangelio de la redención. Las Escrituras hablan claramente en ambos Testamentos de que el Evangelio de la redención de los pecados está constituido por el bautismo y la sangre de Jesús que han borrado los pecados del mundo. 
Mateo, un discípulo de Jesús, dice en Mateo 3, 15-16: «Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él». 
Antes de este pasaje, Mateo describió la circunstancias en las que Jesús fue bautizado (Mateo 3, 13-14). Y aquí en Mateo 3, 15-16 se dice que Juan el Bautista pasó todos los pecados del mundo a Jesús a través de Su bautismo, la salvación de la expiación de los pecados. Y da testimonio de la justicia de Dios de la salvación, el Evangelio de la redención de los pecados, proclamando que como Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, todos los pecados de la gente fueron pasados a Cristo. Al cargar con todos los pecados del mundo a través de Su bautismo, Jesús dio testimonio durante tres años, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos al tercer día y cumplió toda la salvación de Sus creyentes de todos sus pecados, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios Padre. 
Asimismo, los discípulos de Jesús también escribieron que Jesús aparecería una segunda vez a todos los que hubiesen recibido la remisión de los pecados al creer en el bautismo del Señor y Su sangre en la Cruz, a los que están esperando al Señor sin pecados. Está escrito en Hebreos 9, 28: «Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan». Cuando Jesús fue bautizado, Dios Padre dio testimonio de Jesús diciendo: “Este es Mi Hijo amado” y Juan el Bautista también dio testimonio al día siguiente de que era Jesús quien había aceptado todos los pecados del mundo a través de Su bautismo y los había expiado. 
Los teólogos de hoy en día no conocen la Biblia y por eso no conocen el bautismo y la sangre de Jesús que han eliminado todos los pecados de la humanidad. Sé que esto es porque sus ojos espirituales están cerrados, y por tanto no pueden alimentarse de la Palabra celestial. Por tanto, muchos cristianos piensan que Jesús cargó con los pecados del mundo de cualquier manera, pero estos pensamientos salen de las creencias que no conocen la Verdad de la salvación, sin reconocer que Jesús fue bautizado y derramó Su sangre para redimir todos los pecados. Esta noción, en otras palabras, sale de la ignorancia de los cristianos actuales que no conocen el bautismo de Jesús ni el Evangelio de la expiación de los pecados. 
En el Antiguo Testamento, cuando Aarón el Sumo Sacerdote pasaba los pecados a un animal que iba a ser sacrificado mediante la imposición de manos sobre su cabeza, y este animal sangraba, Aarón liberaba al pueblo de Israel de sus pecados. De la misma manera, y según esta manera de recibir la salvación prometida, Jesús tuvo que venir como el Cordero del sacrificio del Nuevo Testamento, y por tanto Juan el Bautista era absolutamente indispensable como representante de la humanidad para pasar los pecados a Jesús. Esto es precisamente la razón por la que Dios Padre envió a Juan el Bautista seis meses antes de enviar a Jesús. 
Juan el Bautista era el siervo profetizado en el Libro de Malaquías del Antiguo Testamento. Era el mensajero de Dios del que Dios escribió y profetizó en Malaquías 3, 1-3, y cuando pasamos a Mateo 11, 10-11 en el Nuevo Testamento, vemos que el Señor necesitaba a este siervo de Dios para bautizarle y pasarle todos los pecados de la humanidad, para que pudiese expiar esos pecados como Salvador de la humanidad. Por eso Juan el Bautista pasó los pecados de la humanidad a Jesús en obediencia a Sus mandamientos (Mateo 3, 15). 
El cordero del sacrificio del Antiguo Testamento aceptaba una cantidad limitada de pecados y moría por ellos, pero como mucho pagaba por los pecados de un año de los israelitas, pero en contraste Jesucristo tenía que aceptar todos y cada uno de los pecados de todo el mundo a través de Su bautismo sin dejar ni uno, y tuvo que ser crucificado hasta morir para pagar el precio de los pecados y hacer el sacrificio eterno de todos los pecados del mundo. Por eso Jesús tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista, morir en la Cruz, levantarse de entre los muertos al tercer día y eliminar todos los pecados para librar a toda la raza humana de los pecados del mundo. Y Dios nos ha salvado de todos los pecados a los que creamos en el bautismo y la sangre de Jesús, en la salvación del Evangelio de la redención de los pecados. 
 
 
Juan el Bautista era el mensajero de Dios
 
La Palabra de Dios que da testimonio de Juan el Bautista se encuentra en Mateo 11, 7-15. Leamos este pasaje juntos: «Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están. Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga». 
Muchas personas fueron al desierto para ver a Juan el Bautista, que gritaba al pueblo de Israel para que se arrepintiese. Jesús había visto esto, y por eso les preguntaba a las multitudes reunidas a Su alrededor: “¿Para qué fuisteis al desierto? ¿Para ver a un hombre vestido con vestiduras finas?”. Entonces les dijo que los que llevaban vestiduras finas estaban en casas de reyes, mientras que Juan el Bautista, un profeta, vivía en el desierto. 
Aquí, Jesús estaba diciendo la verdad de que Dios Padre había nombrado a Juan el Bautista para ser el representante de la humanidad, y que le había enviado para bautizar a Jesús. Nuestro Señor dio testimonio de Juan el Bautista y dijo: “¿Por qué fuisteis al desierto? ¿Qué esperabais ver allí cuando fuisteis a un hombre llevando vestiduras de piel de camello? ¿Fuisteis a ver a un hombre en vestiduras finas? Esas personas viven en casas de reyes. Pero Juan el Bautista es mayor que los reyes. Entonces, ¿por qué fuisteis al desierto? ¿A ver a un profeta? Sí, fuisteis a ver a un profeta, pero Juan el Bautista es más que un profeta”. Entonces, Jesús dio testimonio de que Juan el Bautista era el mayor hombre nacido de mujer. 
En la era del Antiguo Testamento, incluso los reyes no eran mayores que los profetas. ¿Quién era mayor que todos estos profetas en el Antiguo Testamento? Era Juan el Bautista. Jesús testificó que Juan el Bautista era el representante de toda la humanidad, diciendo que era el hombre mayor de todos los seres humanos. Jesús también dijo que Juan el Bautista era el siervo de Dios enviado a este mundo seis meses antes que Él, para pasar todos los pecados del mundo bautizándolo, porque está escrito: «Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escritote aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él» (Mateo 11, 9-10). El Señor estaba dando testimonio de que su mensajero prometido era Juan el Bautista. 
Juan el Bautista dio testimonio de Jesús diciendo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Era Juan el Bautista quien dio testimonio de que Jesús tomó todos los pecados del mundo y que era el Hijo de Dios; y Juan era el mayor de todos los profetas, en realidad de toda la humanidad. Como Juan el Bautista era un descendiente directo de Aarón, puede ser llamado el último Sumo Sacerdote legítimamente. Cuando nos damos cuenta en el Antiguo Testamento que Dios había nombrado a Aarón para ser el Sumo Sacerdote de Israel durante 40 años, y que Dios confió el sacerdocio para siempre a sus descendientes, deben tener toda confianza de creer en Juan el Bautista como representante de la raza humana y sacerdote que pasó todos los pecados del mundo a Jesús. 
La Biblia dice: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» (Mateo 11, 12). Este pasaje significa que Jesús se ha convertido en el Salvador de toda la humanidad al aceptar todos los pecados del mundo a través de Juan el Bautista. Jesús testificó que Juan el Bautista le había pasado todos los pecados. En Mateo 11, 12, Jesús estaba hablando del Evangelio de la redención de todos los pecados de la humanidad, testificando que todos los pecados fueron pasados a Jesús a través del bautismo de Juan el Bautista. El Señor habló acerca del Evangelio de Su bautismo y sangre y los que creen en este Evangelio del Reino de los Cielos creyeron que Jesús fue crucificado hasta morir porque había cargado con todos los pecados del mundo a través de Su bautismo. 
 
 
El testimonio de Zacarías
 
Entonces debemos centrar nuestra atención al padre de Juan el Bautista, Zacarías, y escuchar el testimonio que dio después de escuchar a un ángel hablar del nacimiento y futuro ministerio de su hijo. En Lucas 1, 67-68 está escrito: «Y la mano del Señor estaba con él. Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo, Y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordarse de su santo pacto; Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, Que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días. Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, Para perdón de sus pecados, Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó desde lo alto la aurora, Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz. Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel». 
Aquí Zacarías estaba profetizando sobre su hijo Juan el Bautista como siervo de Dios, explicando qué tipo de profeta sería y cómo ejercería su sacerdocio. Lo que Zacarías dijo aquí es que Juan el Bautista “daría el conocimiento de salvación a Su pueblo mediante la remisión de los pecados” y profetizó la Palabra del Evangelio de salvación. Juan el Bautista dio testimonio de Jesús a todos nosotros los que creemos en Jesús. Y también dio testimonio del Evangelio de la redención de los pecados por nosotros, testificando que somos salvados al creer en el bautismo y la sangre de Jesús. Juan nos enseñó la prueba de que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el bautismo y la sangre de Jesús, el Evangelio de la redención de todos nuestros pecados. 
Lucas 1, 76 dice: «Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos». El pasaje se refiere a Juan el Bautista. Para expiar nuestros pecados Jesús cargó con todos los pecados del mundo a través de Su bautismo. Y Juan el Bautista, al decir que había pasado todos los pecados del mundo a Jesús a través del bautismo que le administró, nos dio a conocer la salvación de la redención de los pecados. 
Todos los creyentes pueden descubrir la Verdad de que Jesús cargó con los pecados del mundo y los llevó a la Cruz a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista e hizo posible que todos creyésemos en esta redención perfecta de los pecados para ser salvados. Gracias a la Palabra de Dios que declara que Jesús nos salvó perfectamente podemos creen en nuestro Señor y al creer en el bautismo y la sangre de Jesús podemos ser salvados. Y a través de Juan el Bautista todo el mundo debe darse cuenta de que Jesús es el Salvador que expió todos los pecados del mundo. 
Si no conocemos el bautismo que Juan el Bautista administró a Jesús, el Evangelio de la redención de los pecados, ¿cómo podríamos creen en Jesús como nuestro Salvador con total seguridad? Sin conocer la Verdad del Evangelio de la remisión de los pecados, no hay salvación ni vida eterna. Si creen en Jesús sin darse cuenta del ministerio de Juan el Bautista, su fe es imperfecta y estarán viviendo una vida cristiana imperfecta. Y estarán confiando solo en doctrinas teológicas. Sin embargo, si conocen la Verdad y se dan cuenta de quién es Juan el Bautista y qué tipo de bautismo le dio a Jesús para la salvación de la humanidad y la remisión de los pecados, entonces se librarán de todos los pecados por fe. 
Antes de la caída del hombre no había pecados y por tanto no había necesidad de la remisión de los pecados. Pero cuando Adán y Eva cayeron, el pecado entró en el mundo y fue necesaria la redención para todos los pecados. Con el tiempo, pasando por los días de Abraham, Isaac y Jacob, y llegando al éxodo de los descendientes de Jacob de Egipto, cuando el pueblo de Israel cruzó el Mar Rojo y vivió en el desierto Dios les dio a Ley a través de Moisés. 
Al mismo tiempo Dios instituyó el sistema de sacrificios del Tabernáculo a través del cual se expiaban los pecados al pasarlos a animales que serían sacrificados como cabras, toros o corderos. Desde entonces empezó la era de la Ley y ese periodo era de sufrimiento porque la Ley no podía proporcionar la remisión completa y eterna de los pecados, y por tanto los israelitas tenían que esperar a que regresase el Mesías. 
Esta era de la Ley acabó a los ojos de Dios con el bautismo de Jesús que marcó el inicio de la era de la gracia. Todos los sacrificios del Antiguo Testamento que apuntaban hacia la salvación prometida acabaron con el bautismo que Juan el Bautista le dio a Jesús. En otras palabras, la salvación prometida del pecado se cumplió completamente a través del bautismo de Jesús y Su sangre que eliminó todos y cada uno de los pecados de toda la raza humana. 
Zacarías, un sacerdote de la casa del Sumo Sacerdote, oyó a Dios decir que le daría un hijo. Desde una perspectiva humana, era imposible que una mujer anciana tuviese un hijo, pero la mujer de Zacarías concibió un bebé, y la virgen María también quedó en cinta. Un ángel se le apareció a María y le dijo: “Salve muy favorecida” y María dijo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 38). María encontró gracia a los ojos de Dios y fue bendecida para dar a luz a Jesucristo. 
Sin embargo, esta bendición no parecía una bendición ya que la Ley judía dictaba un castigo duro si una mujer que no estaba casada se quedaba embarazada. Entonces tener un bebé fuera del matrimonio traía una gran vergüenza a la mujer y arruinaba su vida, pero por la gracia de Dios María fue bendecida con un gran honor y gloria que sobrepasaba su sufrimiento carnal. De todas formas, después de confesar su fe, María concibió un hijo. La concepción de Jesús también fue profetizada por el ángel de Dios. De esta manera, Jesucristo nuestro Señor nació a través del cuerpo de la virgen María. 
María no era descendiente de Aarón. Era descendiente de Judá. Su prometido José era también descendiente de Judá. Esto se debe a que como Rey de reyes, Jesucristo tenía que ser un descendiente real. Y Juan el Bautista tuvo que venir a través del linaje de Aarón, de la casa del Sumo Sacerdote. 
Antes de enviar a Jesús, Dios Padre envió a Juan el Bautista, Su siervo y profeta. Solo entonces se cumplió la profecía del Antiguo Testamento para creer en Dios. Y como el cargo del Sumo Sacerdote fue establecido por Dios para siempre, como descendiente de Aarón, Juan el Bautista fue el último Sumo Sacerdote de la raza humana que pasaría los pecados del mundo a Jesús a través del bautismo de Jesús. 
Aarón fue el primer Sumo Sacerdote de Israel y era el hermano mayor de Moisés. El abuelo de Aarón era Levi (uno de los doce hijos de Jacob), su abuelo era Coat, su padre era Amram, su madre era Jocabed y su hermana mayor era Miriam (Éxodo 6, 16-20). Aarón tuvo cuatro hijos llamados Nadab, Abijú, Elemazar e Itamar (Éxodo 6, 23; Números 3, 2). Desde el día en que Moisés fue llamado por Dios para sacar a Su pueblo de Egipto, Aarón le ayudó y habló en su nombre ya que Moisés era lento de habla (Éxodo 4, 10; 7, 10). Y cuando la alianza entre Dios y el pueblo de Israel fue afirmada en el Monte Sinaí, Aarón participó en la ceremonia y vio a Dios con Moisés y setenta ancianos de Israel, lo que demuestra que eran oficialmente los representantes del pueblo de Israel (Éxodo 24, 1-11). Y cuando se construyó el Tabernáculo a través de Moisés para el pueblo de Israel, Aarón y sus cuatro hijos fueron ungidos por Dios y consagrados como Sus sacerdotes (Éxodo 28, 41; 40, 13-16). 
Aarón ejerció como el primer Sumo Sacerdote de Israel durante 40 años y por eso la tribu de Rubén se quejó de esta autoridad exclusiva del sacerdocio. Así que para demostrar que la casa de Aarón era la elegida, Dios ordenó que cada tribu de Israel presentara una vara y la vara de Aarón fue incluida para representar la tribu de Levi. Entre las doce varas, fue la de Aarón la que floreció, demostrando claramente que el sacerdocio de su casa había sido otorgado por Dios para representar al pueblo de Israel (Número 17, 1-10). 
Cuando Aarón murió a los 123 años, sus vestiduras pasaron a su hijo Eleazar, y se convirtió en el Sumo Sacerdote en su lugar (Números 20, 23-29). El autor del Libro de Hebreos testificó que Aarón era el Sumo Sacerdote de la tierra, mientras que Jesús era el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos (Hebreos 7, 11-18). 
 
 
No hay duda de que Juan el Bautista era el Sumo Sacerdote que bautizó a Jesús mediante la imposición de manos para la redención de los pecados del mundo
 
Jesús mismo testificó que Juan el Bautista era el representante de toda la raza humana, como dijo en Mateo 11, 10-11: «Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él». Como dijo Jesús aquí, Juan el Bautista había cumplido su sacerdocio pasando los pecados de la humanidad a Jesús. 
 
 
Se empezó a entrar en el Cielo a partir de los días de Juan el Bautista
 
La Biblia dice en Marcos 1, 1-8: «Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas. Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo».
Cuando hacemos algo importante, lo planeamos. De la misma manera, Dios preparó a Juan el Bautista como el primer paso para borrar los pecados del mundo.
Examinemos a Juan el Bautista más a fondo, a quien preparó el camino al Reino de los Cielos. Cuando pasamos el Libro de Malaquías en el Antiguo Testamento, podemos ver que los sacerdotes de aquel entonces estaban corruptos. Así que no hubo ningún sacerdote justo hasta que Jesús vino a este mundo por primera vez como nuestro Señor. Los sacerdotes de aquel entonces estaban tan corruptos que habían olvidado los estatutos de la Palabra de Dios y habían abandonado el sistema de sacrificios y Sus mandamientos. Así que Dios tuvo que traer un sacerdote a este mundo para que fuese Su mensajero y Su ayudante. Por eso Dios envió a Su mensajero y este mensajero no es otro que Juan el Bautista que preparó el camino al Reino de los Cielos. 
Juan el Bautista fue enviado e este mundo seis meses antes que Jesús. Para pasar los pecados de los israelitas al chivo expiatorio Dios siempre había usado al Sumo Sacerdote como su representante, y por esta razón tuvo que enviar a Juan el Bautista. Por eso Dios envió a Juan el Bautista a este mundo como el representante de la humanidad. Sin embargo, como Juan el Bautista no podía vivir con los sacerdotes corruptos, vivió solo en el desierto y gritó al pueblo de Israel para que se arrepintiese. 
Marcos 1, 2-3 cita al profeta Isaías diciendo: «Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas». ¿Qué gritó este hombre en el desierto? Gritó el bautismo del arrepentimiento para la remisión de los pecados. 
En la Biblia la palabra bautismo es “βάφτισμα” (baptisma) en griego, que significa sumergir o enterrar, y denota el significado de la imposición de manos del Antiguo Testamento. Dicho de otra manera implica pasar o transferir algo. 
El bautismo que Juan el Bautista proclamó era doble. El primer bautismo era el del arrepentimiento, que llamaba a todo el mundo a volver a Cristo, el Mesías, el Cordero del sacrificio eterno del Cielo (Hebreos 10, 12), y el segundo bautismo era el que Juan el Bautista le dio a Jesús, a través del cual los pecados fueron pasados al cuerpo de Jesús. Como profeta, Juan el Bautista estaba proclamando que todo el mundo debía arrepentirse de los pecados y creer en Jesús, quien tomó todos los pecados del mundo a través de Su bautismo, y también dijo que todo el mundo era un pecador ante Dios. Entonces muchas personas fueron a Juan el Bautista y fue bautizado por agua para confirmar que eran pecadoras ante Dios. 
El bautismo denota lavar, pasar y la muerte. Juan el Bautista bautizaba al pueblo de Israel para admitir que eran pecadores ante Dios y volver a Él. Y otro tipo de bautismo, el que le dio a Jesús, era el bautismo de la salvación para toda la raza humana, uno que pasó todos los pecados al Hijo de Dios durante la remisión de los pecados. Jesús dijo en Mateo 3, 15: «Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia». La palabra de la redención de los pecados que profetizaba el bautismo de Jesús que cargaría con todos los pecados fue cumplida por completo. 
Todo cristiano que vive en este planeta debe creer en el bautismo y la sangre de Jesús, el Evangelio de la redención de los pecados. Para nosotros, Juan el Bautista pasó todos los pecados del mundo a Jesús mediante el bautismo de la redención de los pecados como ordenó el Señor y así es como Juan el Bautista preparó el Reino de los Cielos para que pudiésemos entrar en él creyendo en Jesús, y así es como Jesús se convirtió en el camino al Cielo. 
Está escrito en Marcos 1, 14-15: «Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio». El Evangelio significa buenas noticias y es “euggelion” en griego. Se refiere al Evangelio del Cielo que proclama que, cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista por la redención de los pecados, aceptó todos los pecados del mundo y los eliminó. Por este bautismo, todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús a través de Juan el Bautista cuando fue bautizado. En otras palabras, el Evangelio que ha traído la redención de los pecados de la humanidad no es otro que el Evangelio del bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz. Todos los pecados del mundo se refieren a los pecados de todo el mundo, y por eso estos pecados no solo incluyen nuestros pecados, sino los de sus futuros nietos. Además, sus pecados también incluyen los pecados del pasado, presente y futuro, incluyendo no solo los pecados que cometen con sus acciones, sino también los que cometen con su mente. Y el mundo aquí se refiere al planeta tierra desde el principio al final, y Jesús ha redimido estos pecados cometidos en el mundo. 
 
 
Juan el Bautista vino por el camino de la justicia
 
Juan el Bautista vino por el camino de la redención de los pecados y el camino de la justicia, ofreciendo la Verdad de salvación a la humanidad, como está escrito en Mateo 21, 32: “Pues Juan vino por el camino de la justicia”. Juan el Bautista fue enviado a este mundo por Dios para pasar todos los pecados del mundo a Jesús, y para llevarnos a todos por el buen camino, el camino de la justicia, para recibir la remisión de los pecados por fe. Y como Juan el Bautista pasó todos los pecados del mundo a Jesús y dio testimonio de este camino de la redención de los pecados, gracias a este testimonio, muchas personas fueron salvadas al darse cuenta de esta Verdad de salvación y creer en ella. 
Jesús dijo en Mateo 21, 32: «Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle». Donde dice Jesús “Juan vino en camino de justicia” estaba hablando del hecho de que Juan el Bautista era el último Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento (Mateo 11, 13), y que había pasado todos los pecados de la humanidad a Jesús al bautizarle. 
Entonces, ¿por qué los publicanos y las prostitutas creen en el bautismo de Jesús como su salvación a través de la cual Juan el Bautista había pasado todos los pecados del mundo al Señor? Debemos considerar con cuidado por qué estas prostitutas y publicanos fueron salvados de todos sus pecados al creer en la obra justa de Jesús y Juan el Bautista, mientras que otros fueron destruidos por no creer que Juan el Bautista había pasado los pecados del mundo a Jesús. Los publicanos y las prostitutas eran pecadores típicos llenos de pecados. Si Juan el Bautista no hubiese bautizado a Jesús para pasarle todos os pecados del mundo para siempre, los publicanos y prostitutas no podrían haber sido salvados de todos sus pecados. Pero creyeron en la salvación de Jesús de todo corazón y fueron salvados por esta fe, es decir al creer que Juan el Bautista había pasado todos los pecados del mundo a Jesús a través de Su bautismo que sería la redención para siempre. Y como creyeron en Jesús como el Hijo de Dios y su Cordero del sacrificio enviado por el Padre para salvarnos de los pecados, fueron redimidos de todos los pecados del mundo y alcanzaron la salvación eterna por fe. 
Sin el papel que cumplió Juan el Bautista en el Evangelio de la remisión de los pecados, ¿cómo podríamos recibir la remisión de los pecados por fe? Quizás digan que no importa porque creen en Jesús de cualquier manera. Pero para salvarles de todos sus pecados, Dios ha cumplido la salvación de la remisión de los pecados al pasar sus pecados a Jesús a través del bautismo de Juan el Bautista. ¿Puede Jesús entonces convertirse en su Salvador aunque no crean en su redención de los pecados? ¿Pueden nacer de nuevo solo al creer en Jesús de cualquier manera, aunque entierren sus pecados sin pasarlos al Señor a través de Su bautismo? Piensen en esto. 
Para librarles de todos los pecados del mundo y de su precio, Dios envió a Juan el Bautista a este mundo y había planeado pasar todos los pecados a Jesús a través de Juan el Bautista. Como Dios había decidido pasar todos sus pecados a Jesús a través de Su bautismo, no podrán ser salvados si rechazan esta decisión de Dios. Si rechazan la decisión de Dios de salvarles a través del bautismo y sangre de Jesús, en vez de ser salvados por Dios, irán directamente al infierno por rechazar Su plan. Así que les pido que piensen en este con cuidado y honestidad y que piensen en la Palabra de Verdad para ver qué es lo correcto. 
Lo correcto es ser salvado al creer en Jesús según la decisión de Dios. ¿Qué tienen en mente entonces? ¿Todavía se aferran a sus pensamientos? Deben dejar de lado todos sus pensamientos y creer en la Verdad de que Jesús ha redimido todos los pecados a través de Su bautismo de la redención de los pecados recibido de Juan el Bautista. Crean en esta voluntad de Dios, quien les ha salvado a través del agua y el Espíritu. Si creen que todos sus pecados fueron pasados a Jesús, entonces estarán sin pecados por fe, y se convertirán en personas justas, y todas las personas que crean en esta Verdad irán al Cielo según la ley de la gracia de Dios. 
Si rechazan el Evangelio de la redención de los pecados y se niegan a admitir que sus pecados fueron pasados a Jesús a través de Juan el Bautista, entonces estarán rechazando la salvación de Dios. ¿Seguirán rechazando el camino de la justicia que Juan el Bautista preparó para Jesús? Deben darse cuenta que si rechazan esta Verdad, estarán rechazando la voluntad de Dios y todos Sus planes, y se convertirán un pecadores depravados negando la Verdad con sus propios pensamientos. 
El día después del bautismo de Jesús, cerca del lugar donde Juan el Bautista había bautizado a Jesús, dio testimonio del Señor y proclamó: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Al aceptar todos los pecados del mundo Jesús fue crucificado hasta la muerte tres años después para pagar el precio de los pecados. 
El pecado no tiene peso. No tiene color, no tiene olor, no tiene forma ni hace ningún sonido. Y como no se puede detectar con los sentidos físicos mediante la vista, el olfato, el gusto o el oído, no pueden sentirlo. No intenten sentir basándose en sus propias emociones que los pecados del mundo han desaparecido. Las emociones cambian. Pero la Palabra de Dios, la Verdad que ha borrado los pecados del mundo nunca cambia. Así que les pido que sientan esta Verdadera Palabra de Dios por fe, al creer en lo que Juan el Bautista ha testificado: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. El Señor está testificado que la redención de los pecados de la humanidad se hizo mediante el bautismo y la sangre, y nos está diciendo que vivamos como Sus discípulos y prediquemos el Evangelio de Su bautismo y sangre. 
El Profeta Isaías testificó: 
«Hablad al corazón de Jerusalén; 
decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, 
que su pecado es perdonado; 
que doble ha recibido de la mano de Jehová 
por todos sus pecados» (Isaías 40, 2). 
De hecho, para redimir los pecados, Jesús los aceptó a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, murió en la Cruz para pagar el precio del pecado y superó la muerte al levantarse de entre los muertos. Lo primero que hizo Dios al redimir todos nuestros pecados y salvarnos fue enviar a Juan el Bautista a este mundo. Dicho de esta manera, para librarnos a los pecados Dios envió a su emisario real. La Biblia no dice claramente, porque está escrito en Malaquías 3, 1: «He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos». Juan el Bautista es el mensajero de Dios que fue prometido. 
Este siervo de Dios, Juan el Bautista, puso todos los pecados del mundo sobre Jesús a través de Su bautismo. Esta era la manera en que Juan el Bautista preparó el Reino de los Cielos para que Jesús trajese la remisión de los pecados; era el camino de la salvación; y no había ninguna otra manera de ser salvados. Jesús dijo: “Soy el camino, la verdad y la vida”. El camino de la salvación consistía en que Jesús redimiese los pecados del mundo a través de las manos de Juan el Bautista cuando le bautizó. Esta es la Verdad y al creer en este Evangelio de Verdad hemos recibido vida nueva. 
¿Qué hay de ustedes entonces? Pasaron todos sus pecados a Jesús cuando Juan el Bautista lo bautizó? ¿Creen en esto? Este era el plan predeterminado de salvación de Dios y un diseño maravilloso de Su sabiduría infinita. Pero si lo rechazan, no podrán no podrán ser parte de Dios por rechazar su camino de la salvación, en la Verdad que Dios pasó todos sus pecados a través de Juan el Bautista. Les pido que no rechacen este camino de vida. 
Jesús dijo en Mateo 11, 12: «Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo toman por fuerza». El que los violentos tomen el Reino de los Cielos por la fuerza significa que entran en el Cielo los que creen que todos los pecados del mundo fueron transferidos a Jesús cuando fue bautizado por Juan el Bautista, porque estas personas están sin pecados. El Reino de Dios, el Cielo, pertenece a los que creen que todos sus pecados fueron pasados a Jesús a través de Juan el Bautista y la salvación se alcanza cuando se cree en el Evangelio de la redención de los pecados proclamando que Juan el Bautista pasó todos los pecados del mundo a Jesús. 
Mis queridos hermanos, ¿quién hizo posible que creyésemos en Jesús y preparó el camino del Cielo por nosotros? Es Juan el Bautista. De la misma manera en que Dios prometió enviar a Su mensajero para preparar el camino del Señor, Juan el Bautista pasó todos nuestros pecados a Jesucristo, y al hacerlo, hizo posible que estuviésemos sin pecados y fuésemos justos e hijos de Dios, y nos preparó para entrar en el Cielo. Este mensajero, Juan el Bautista, enviado por Dios preparó el camino al Cielo como nuestro representante para poder entrar en el Reino de los Cielos. Preparó el camino para que naciésemos de nuevo. 
Está escrito en Mateo 3, 13-17: «Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia». 
Juan el Bautista hizo lo correcto pasando todos los pecados del mundo a Jesús, y este es el Evangelio de la redención de los pecados, la justicia de Dios, y el camino de la salvación manifestado a través de Juan el Bautista. La salvación solo se alcanza si nos damos cuenta de la redención de nuestros pecados en nuestras vidas y creemos de todo corazón en el bautismo, la sangre y la resurrección de Jesús que constituyen el Evangelio. A través de Su bautismo Jesús cumplió toda la justicia de Dios. Al aceptar todos nuestros pecados pasados a Él por Juan el Bautista, todos los pecados pasaron a Su cabeza. Y redimió los pecados con Su propia muerte en la Cruz y completó la salvación de la humanidad. 
El Libro de Hebreos dice que Jesús es el Sumo Sacerdote del Cielo según el orden de Melquisedec. Jesucristo no tiene ningún linaje ni es descendiente de Aarón. No tienen linaje porque no es descendiente de ningún hombre, sino que es Hijo de Dios, el Creador que nos hizo, y el que existe por Sí mismo. Pero a pesar de esto, abandonó la gloria del Cielo y vino a este mundo a salvar a Su pueblo. Para ser más exactos, cuando Su pueblo bendito cayó en la tentación de Satanás y estaba sufriendo bajo el yugo de Satanás, fue bautizado en el río Jordán por la redención de sus pecados. 
Leamos Mateo 3, 15 de nuevo con una voz: «Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó». Aquí vemos que Jesús le pidió al representante de la humanidad que le bautizase. Juan el Bautista le obedeció, Jesús bajó la cabeza y fue bautizado. De la misma manera en que el Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento ponía las manos sobre el chivo expiatorio para pasar los pecados anuales del pueblo de Israel, Juan el Bautista tenía que pasar los pecados del mundo a Jesús al bautizarle para la remisión de los pecados de la raza humana. 
 
 
Dios nos ha salvado según el principio de representación
 
Cuando el presidente de un país visita otro país y da un discurso sobre su legislatura, el presidente habla en nombre de toda la nación. De la misma manera, Juan el Bautista pasó todos los pecados del mundo a Jesús como representante de toda la raza human. 
He dicho que la palabra bautismo tiene el significado espiritual de lavar, enterrar, pasar y transferir. De la misma manera en que el chivo expiatorio del Antiguo Testamento murió cuando los pecados de los israelitas le eran transferidos, Jesús también murió y fue enterrado precisamente por todos los pecados que se le habían pasado. 
Está escrito en Levítico 16, 21: «Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto» Como muestra este pasaje, todos los años en el Día de la Expiación, Aarón ponía las manos sobre el chivo expiatorio en nombre de todo el pueblo de Israel según el principio de representación, y cuando quitaba las manos de la cabeza del animal, todos los pecados anuales de los israelitas habían pasado al chivo a través de las manos de su representante. El pueblo de Israel entonces era redimido de todos los pecados que había cometido durante todo el año. 
De la misma manera, la voluntad para la remisión de los pecados de la humanidad se cumplió a través del bautismo de Jesús. En el Antiguo Testamento, el chivo expiatorio aceptaba los pecados de los israelitas cuando el Sumo Sacerdote ponía las manos sobre su cabeza (Levítico 16, 21), mientras que en el Nuevo Testamento Jesús aceptó todos los pecados de la raza humana al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. Estos dos ritos de sacrificios eran la misma ofrenda del pecado. 
Cuando Jesús le dijo a Jesús: «Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia», estaba diciendo que cumpliría finalmente toda la justicia al recibir el bautismo de Juan. Aquí la palabra así se refiere al rito del bautismo, es decir, el que Juan el Bautista bautizase a Jesús y Jesús recibiese este bautismo, y la frase toda justicia en el texto original significa de la manera más adecuada o más apropiada. En otras palabras, cuando Jesús dijo: “Pues conviene así que cumplamos toda justicia”, estaba diciendo que era adecuado que aceptase los pecados de todo el mundo al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Dicho de otra manera, nuestro Señor estaba diciendo a Juan el Bautista: “Todo el mundo debe ser arrojado al infierno, porque todo el mundo tiene pecados. Todos sufren por el pecado. Todo el mundo está siendo atormentado por el Diablo y nadie puede ser bendito por el pecado. Así que para que pueda bendecir y enviar a todo el mundo al Cielo, quiero ser bautizado por ti. Me bautizarás en nombre de todo el mundo como el representante de la humanidad porque eres un descendiente de Aarón. Recibiré este bautismo de ti y toda la justicia será cumplida”. Así que cuando Jesús le ordenó a Juan el Bautista que le bautizase, puso las manos sobre la cabeza de Jesús en obediencia. Cuando Jesús quitó las manos, todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesucristo. 
¿Cometió Jesús algún pecado? No, por supuesto que no. Como Jesús fue concebido por el Espíritu Santo, nació sin pecados. Y el Señor no cometió ningún pecado mientras vivió en este mundo. Aunque todos los seres humanos nacen sin pecados, Jesús nació sin pecado. Y no cometió ningún pecado mientras vivió en este mundo, ni tampoco ningún error. 
Entonces, ¿por qué tuvo que ser crucificado Jesús hasta morir? Esto se debe a que había tomado todos nuestros pecados sobre Sí mismo en el río Jordán como la primera cosa que hizo en Su vida pública. A través de Juan el Bautista, el último Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento y el representante de la humanidad, Jesús había aceptado todos los pecados del mundo. Y durante los siguientes tres años Jesús predicó Su salvación por toda la tierra de Israel. Aunque encontró a una mujer sorprendida en adulterio, le dijo: “Yo tampoco te condeno. No puedo condenarte tampoco. Yo debo ser juzgado. Debo morir en la Cruz en tu lugar”. 
Asimismo, cuando Jesús oró en el Jardín de Getsemaní la noche antes de ser sacrificado, le pidió a Dios Padre tres veces que pasase el cáliz de la crucifixión si era posible pero como sabía que era la voluntad del Padre, se sometió en obediencia y le dijo al Padre: “Hágase Tu voluntad y no la mía”.
Desde entonces hasta que fue llevado a la corte de Pilato, Jesús fue torturado y azotado tanto como un criminal condenado a muerte y Su cuerpo estaba destrozado y medio muerto. Cuando Pilato, el gobernador, le preguntó: “¿Eres Tú el Cristo? ¿Eres Tú el Salvador, el Hijo de Dios?”. Jesús dijo: “Soy quien dices que soy. Tú lo has dicho”. Entonces Pilato le dijo: “Si te comportas bien, te liberaré. Tengo esta autoridad”, pero Jesús le dijo: “Tú no tienes autoridad propia, sino la que se te ha otorgado desde el Cielo” y permaneció en silencio como una oveja delante de su esquilador. 
¿Por qué permaneció callado Jesús como una oveja delante de un esquilador? Porque había cargado con todos nuestros pecados y por tanto tenía que pagar el castigo de la crucifixión en nuestro lugar, ya que solo así podría acabar la guerra de la raza humana y hacer que no fuese necesario que los seres humanos sufriesen por los pecados, y así liberarlos de la esclavitud del pecado. Y este es el Evangelio de la redención de los pecados que Jesús cumplió a través de Su bautismo y Su sangre derramada en la Cruz. 
 
 
El Señor había redimido todos los pecados del mundo
 
Como hemos visto en Juan 1, 29: «El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Claramente, Juan el Bautista había bautizado a Jesús por la redención de los pecados de la humanidad. El día después de ser bautizado, cuando Jesús se le acercó, Juan el Bautista testificó: “Mirad. Es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Juan el Bautista pudo dar testimonio de Jesucristo como el Salvador porque le había pasado los pecados de la humanidad al bautizarle. 
Como testificó Juan el Bautista aquí, Jesús era el Cordero de Dios que quitó los pecados del mundo. El Hijo de Dios había venido a este mundo y cargado con todos los pecados del mundo. Juan el Bautista testificó aquí que Jesús era el Cordero de Dios que tomó todos los pecados del mundo. El Hijo de Dios había venido a este mundo y cargado con todos los pecados del mundo. Juan el Bautista dio testimonio una vez más, como está escrito en Juan 1, 35-36: «El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios». 
Juan el Bautista llamó a Jesús Cordero de Dios como una expresión para mostrar cómo los animales del sacrificio del Antiguo Testamento debían morir en nombre del pueblo de Israel para que Jesús se convirtiese en nuestro Cordero del sacrificio para cargar con todos nuestros pecados y ser sacrificado en nuestro lugar. Dicho de otra manera, el Hijo de Dios, el Creador que nos hizo, vino a este mundo para salvarnos y para redimir todos los pecados en nuestro lugar, fue bautizado por Juan el Bautista y derramó Su sangre en la Cruz, redimiendo así todos los pecados del mundo, los suyos y los míos, y todos y cada uno de los pecados que se cometen desde la creación del mundo hasta el fin del mundo, originales y personales, por muy graves que sean. 
Hace unos 2,000 años Jesús había borrado todos los pecados del mundo. La historia está dividida entre a.C. y d.C. basándose en el año en que Jesucristo vino a este mundo, y el 1 d.C. denota el año de la venida del Señor y a.C. la era antes de Cristo. El 30 d.C. fue cuando Jesús tomó todos los pecados del mundo, y ahora hace más de 2,000 años desde la llegada de Jesucristo. 
En el 30 d.C. Jesucristo aceptó todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista para su redención y al día siguiente, Juan el Bautista dio Su testimonio y dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. El día después, cuando Juan el Bautista vio a Jesús de nuevo, dio testimonio una vez más y dijo: “He aquí el Cordero de Dios (que quita el pecado del mundo)”. Juan el Bautista dio testimonio del Evangelio de la redención de los pecados, diciendo: “Jesús ha quitado todos los pecados. Vuestra guerra ha acabado. Están sin pecados. No importa qué tipo de pecados tengáis, el Hijo de Dios los ha eliminado”. 
Mis queridos hermanos, Dios ha eliminado todos nuestros pecados al enviar a Jesús a este mundo. Juan el Bautista dio testimonio de Jesús como Cordero de Dios (Juan 1, 29) después de pasar todos nuestros pecados a Él porque había venido “por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él” (Juan 1, 7). Sin el testimonio de Juan el Bautista, ¿cómo podemos saber si Jesús tomó todos los pecados del mundo o solo nuestro pecado original? Aunque la Biblia dice que Jesús murió por nuestros pecados, es Juan el Bautista quien dio testimonio de que Jesús cargó con los pecados del mundo y los eliminó. Juan el Bautista era el puente que conectaba el Antiguo Testamento con el Nuevo Testamento y era el siervo de Dios indispensable para cumplir la Palabra del Antiguo Testamento. Les pido que crean en esto y sean salvados. 
Juan el Bautista dio testimonio del Evangelio de la redención de los pecados, y los que creen que todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús a través de Su bautismo, y que derramó Su sangre en la Cruz como resultado, pueden ahora creer en Jesús para ser salvados. Gracias a este testimonio de Juan el Bautista, toda la raza humana puede alcanzar su salvación. 
Le doy gracias a Dios Padre por enviarnos a Juan el Bautista y Jesús y por dejar que Jesús cargase con todos nuestros pecados y los eliminase.