The New Life Mission

Sermones

Tema 3: El Evangelio del agua y del Espiritu

[3-27] < Hebreos 7, 1-28 > El cambio de sacrificio

< Hebreos 7, 1-28 >
«Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio. Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. Pues se da testimonio de él: 
Tú eres sacerdote para siempre, 
Según el orden de Melquisedec.
Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios. Y esto no fue hecho sin juramento; porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo: 
Juró el Señor, y no se arrepentirá: 
Tú eres sacerdote para siempre, 
Según el orden de Melquisedec.
Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. 
Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre».
 
 
En el Antiguo Testamento hay un sacerdote llamado Melquisedec. Cuando leemos Génesis 14, vemos que Abraham tomó un ejército formado de su casa para librar una batalla contra Chedorlaeomer, el rey de Elam, y otros reyes que se aliaron con él, y que rescató a su sobrino Lot después de vencerlos a todos. En aquel entonces, cuando Abraham volvía de la guerra, un sacerdote llamado Melquisedec le llevó pan y vino y le bendijo. Así que Abraham separó una décima partes del botín de guerra y se lo dio a Melquisedec el Sacerdote (Génesis 14, 17-20). 
Al mencionar este Sacerdote Melquisedec, el pasaje de las Escrituras de hoy habla de la exaltación del sacerdocio de Jesús en la orden de Melquisedec. El Sacerdote Melquisedec era el rey de paz y rey de la justicia, sin padre o madre, sin genealogía, y sin principio ni final pero hecho como Hijo de Dios, es para siempre un sacerdote. Es el rey de la justicia y el rey de la paz. El Libro de Hebreos hace una comparación contraria entre el sacerdocio del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento y al hacer eso la Biblia nos pide que comparemos el sacerdocio de Jesús en la orden de Melquisedec y el sacerdote Aarón en el Antiguo Testamento, y debemos pensar en lo exaltado que está Jesús. 
Los descendientes de Abraham acabaron dando el diezmo de todo a los sacerdotes levitas, aunque eran su propia familia. Pero en realidad, aunque la Ley vino de Moisés en el Antiguo Testamento, Aarón fue nombrado para cumplir el sacerdocio del Sumo Sacerdote del pueblo de Israel, y como Sumo Sacerdote, Aarón era la máxima autoridad entre los israelitas. Es interesante que Abraham también diera el diezmo al Sacerdote Melquisedec. 
¿Significa esto que los Sumos Sacerdotes del Antiguo Testamento eran más exaltados que Jesús? La Biblia compara dos tipos de sacerdocio aquí, los Sumos Sacerdotes terrenales y el sacerdocio de Jesús, ¿quién es más exaltado? ¿Quién sería bendecido por quién y a quién deberíamos pedir bendiciones? Estas preguntas son formuladas por el autor del Libro de Hebreos desde el principio del pasaje de las Escrituras de hoy. Está escrito: “El menor está bendecido por el mayor”. Abraham también fue bendecido por el Sacerdote del Altísimo. 
¿Cómo deberíamos vivir nuestras vidas de fe? ¿Debemos confiar en la Ley y confiar en las instituciones del Tabernáculo y el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento? ¿O debemos confiar en el sacrificio del agua y el Espíritu ofrecido por Jesús cuando vino a este mundo a salvarnos? El que estén bendecidos o malditos depende en cuál de estos dos tipos de sacrificios confiamos. Así que el pasaje de las Escrituras de hoy es muy importante. Debemos escoger si vamos a Dios intentando cumplir Su Palabra con lealtad y ofreciendo sacrificios legalistas todos los días, o si vamos a vivir nuestras vidas de fe creyendo en la salvación que Jesucristo ha cumplido por nosotros a través de Su agua y sangre al ofrecer Su propio cuerpo y hacernos personas sin pecados para siempre. Debemos escoger entre una de estas dos opciones para nuestras vidas de fe. 
En el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel tenía mucho respeto por los descendientes de Levi, especialmente los descendientes de Aarón. Pero, aunque la mayoría de cristianos saben esto, muchos de ellos no lo muestran en sus vidas de fe. La Biblia dice lo siguiente: «Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley» (Hebreos 7, 12). Con este pasaje la Biblia nos está diciendo que Jesús, que pertenecía a otra tribu que no oficiase en el alta en el Antiguo Testamento, sería confiada con el sacerdocio. 
A través de Moisés, Dios dio 613 estatutos y mandamientos de la Ley al pueblo de Israel. Moisés había instruido al pueblo que viviese por esta Ley. Y el pueblo de Israel contestó con una voz que viviría por la Ley ante Dios. Cuando pasamos al Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), vemos que el pueblo de Israel prometió a Dios vivir por Su Palabra de la Ley. Todos dijeron que sí a todos los mandamientos que Dios les dio y juraron obedecer Sus mandamientos incondicionalmente. Sin embargo, cuando pasamos el Libro de Deuteronomio y pasamos al Libro de Josué, vemos que el pueblo de Israel nunca había vivido según la Ley de Dios. Cuando pasamos a la era de los Jueces y leemos 1 y 2 Reyes, vemos que el pueblo de Israel había empezado a negarse a obedecer a sus líderes espirituales, y además estamos corrompiendo incluso el sistema de sacrificios al ofrecer sacrificios de cualquier manera. El Libro de Malaquías dice que, aunque Dios les dijo a los israelitas que ofreciesen sacrificios puros, no le escucharon y llevaron corderos con todo tipo de taras que no podían ni vender, diciendo a los sacerdotes: “Acepta esta ofrenda aunque sea solo esta vez”. A pesar de que todos los sacrificios tenían que ofrecerse según los requisitos establecidos por Dios los israelitas ofrecían sacrificios como ellos querían. 
De esta manera, los israelitas no cumplieron la Ley de Dios completamente ni una vez en el Antiguo Testamento. Por eso Dios tuvo que cambiar el sistema de sacrificios por el pueblo de Israel. Cuando pasamos al Libro de Jeremías, vemos que Dios dice que establecería otra ley para Judá. 
Pasemos a Jeremías 31, 31-34: «He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado». 
Nuestro Señor dijo aquí que establecería una nueva alianza con la casa de Israel y con la casa de Judá, y por eso, aunque Dios había hecho una alianza con el pueblo de Israel a través de la Ley, no había vivido según la Palabra de Dios, y por tanto Dios decidió establecer una alianza de salvación en vez de la Ley. Los israelitas le pidieron a Dios: “Te adoraremos a Ti solo y viviremos según Tu Palabra y Tus mandamientos”. Cuando Dios les dijo: “No tendréis otros dioses ante Mí”, ellos contestaron: “Sí, Señor, no tendremos otros dioses. Tú solo eres nuestro Dios. El Señor es el único Dios. No puede haber otro dios para nosotros”. Pero, a pesar de esto, los israelitas no pudieron cumplir su promesa de adorar a Dios solamente. 
La Ley incluye los Diez Mandamientos, que especifican las reglas básicas que todo el mundo tiene que seguir: “No tomaréis Mi nombre en vano; no os postraréis ante otros dioses, no crearéis ídolos ni os postraréis ante ellos; santificaréis el sábado; honraréis a vuestros padres; no mataréis; no cometeréis adulterio; no robaréis; no daréis falso testimonio; no codiciaréis”. La Ley también incluye muchos otros estatutos que deben cumplirse en la vida diaria, especificando con todo detalle lo que el pueblo de Dios debe y no debe hacer. Todo lo que es bueno, la Ley nos lo ordena, y todo lo que es malvado, la ley nos dice que no lo hagamos. Sin embargo, en toda la raza humana, no hay una sola persona que pueda cumplir la Ley de Dios completamente. Por eso Dios tuvo que establecer otra manera de alcanzar la salvación del pecado de vez de la Ley. 
¿Cuándo fue cambiado el sistema de sacrificios exactamente? El sacerdocio fue cambiado después de que Jesús viniese a este mundo. Cuando Jesús aceptó las tareas de sacerdocio de Aarón, el Sumo Sacerdote, el Señor acabó con los ritos de sacrificios del Templo, que habían sido administrados solemnemente por los descendientes de Levi. El Señor asumió el sacerdocio como Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos. Vino a este mundo no como un descendiente de Aarón, sino como descendiente de Judá, y sacrificó Su propio cuerpo a Dios Padre para la salvación de la raza humana de los pecados, para que todo el mundo fuese redimido de todos los pecados a través del bautismo del sacrificio y la sangre de Jesús. Y al hacer esto, el Señor ha hecho posible que toda la raza humana resolviese el problema de los pecados por fe. A través de este sacrificio que nos ha traído la salvación a la humanidad, a través del sacrificio del bautismo y la sangre de Jesús, El Señor ha resuelto el problema de los pecados de la raza humana. Ha ofrecido el sacrificio eterno de la salvación. 
 
 
«Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley» 
 
El sistema de sacrificios y el sacerdocio del Antiguo Testamento han cambiado en el presente Nuevo Testamento. En la era del Antiguo Testamento el pueblo de Israel tenía que ofrecer el sacrificio del Día de la Expiación una vez al año a través de los levitas, especialmente a través de los descendientes de Aarón. En aquel entonces, los pecados de los israelitas eran redimidos solamente si ofrecían un sacrificio a través de Aarón, el Sumo Sacerdote y sus descendientes. Y cuando el Sumo Sacerdote entraba en el Santuario y en el Lugar Santísimo más allá del velo una vez al año, tenía que llenarlo con incienso y llevar la sangre del animal del sacrificio en la presencia de Dios. Solo el Sumo Sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo en el Santuario una vez al año. 
Sin embargo, cuando Jesús vino a este mundo, el sacerdocio de Aarón pasó a Jesús. Jesús recibió el sacerdocio eterno. Y como el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos cumplió este sacerdocio perfectamente al ofrecer Su propio cuerpo para la remisión de los pecados de la raza humana. 
En el Antiguo Testamento, incluso el Sumo Sacerdote no era perfecto y por tanto tenía que pasar sus pecados al animal del sacrificio mediante la imposición de manos sobre su cabeza y confesar: “Señor, he pecado mucho”. Al pasar todos los pecados del mundo al animal del sacrificio mediante la imposición de manos, el Sumo Sacerdote mataba al animal, rociaba la sangre sobre el Arca del Testimonio siete veces, ponía el resto de la sangre sobre los cuernos del altar de los holocaustos, cortaba el animal en trozos, y ofrecía el holocausto quemando la sangre y la grasa sobre el altar de los holocaustos. Como Aarón, el Sumo Sacerdote, tenía muchos fallos, ¿cuánto peor sería la gente común? Aunque Aarón era un descendiente de Levi y el Sumo Sacerdote terrenal, pudo ofrecer el sacrificio del Día de la Expiación una vez al año según la Ley de Dios. Y este sacrificio no podía eliminar los pecados de los israelitas para siempre (Hebreos 10, 1-4). 
Sin embargo, nuestro Señor nos hizo una nueva promesa a Su pueblo en Jeremías 31, diciendo: “Aboliré la Ley. Aunque haya establecido la alianza de la Ley, nunca os he visto cumplir Mi Ley completamente, ni una sola vez. Así que aboliré esta Ley que no os ha dado ningún beneficio y en su lugar haré una alianza nueva y estableceré otra ley de salvación. Con esta nueva ley, os salvaré personalmente mediante el sistema de sacrificios del agua y el Espíritu, en vez de confiar en las obras de la Ley”. Así que cuando llegó el momento de la salvación, el Señor vino a este mundo en la carne, cargó con todos los pecados del mundo al ser bautizado en Su propio cuerpo y derramó Su sangre en la Cruz. Al ofrecer asó a Dios el sacrificio que redimió todos los pecados del mundo, el Señor nos ha salvado a los creyentes. Con esta salvación del agua y el Espíritu ha borrado todos los pecados de la raza humana para siempre. 
La Ley de Dios debía ser cambiada y abolida. Aunque la salvación podía ser alcanzada solo si se cumplía la Ley según la Palabra del Antiguo Testamento, Dios sabía que esto estaba fuera del alcance de Su pueblo. Está escrito: “Por la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3, 20). Dios le ha dicho a Su pueblo que la salvación no puede alcanzarse a través de la Ley; les ha hecho darse cuenta de sus pecados, y a los que creemos en la ley de salvación del Señor del agua y el Espíritu, no la ley de las obras, nos ha dado la salvación. A través de esta nueva alianza de salvación, en la que toda la raza humana es salvada por el amor de Dios, es decir, a través del bautismo y la sangre de Jesús que cargó con todos los pecados del mundo, Dios ha librado a la raza humana de todos los pecados del mundo. 
Si creen en Jesús sin entender el significado del bautismo de Jesús y Su sangre, su fe en Jesús es en vano. Si creen en Jesús equivocadamente de esta manera, su corazón estará aún más atormentado. Por eso Dios dijo en este Libro de Hebreos que para salvarnos a los seres humanos del pecado, no tuvo otro remedio que hacer una nueva promesa. Pero esta vez, prometió salvarnos a todos los que creemos en Jesús de todos nuestros pecados a través de la ley justa de la salvación, del agua y la sangre, en vez de la Ley de las obras. Y ha cumplido esta promesa. La Biblia también nos demuestra aquí lo superior y más distinguido que es Jesús comparado con los sacerdotes del Antiguo Testamento según la orden de Aarón. 
Nuestra fe se distingue primero al creer en la salvación del agua y la sangre de Jesús. ¿Puede un pastor ser mayor que Jesús, por muy santa que suene su voz, lo educado que sea y lo distinguido que sea? No, por supuesto que no. Jesús es quien nos salvó a través del Evangelio del agua y la sangre; ningún hombre puede salvarse a sí mismo al guardar la Ley. De la misma manera en que el sacerdocio de la salvación de los pecados ha cambiado, la ley de la salvación por la que Dios nos salva también ha cambiado. 
 
 
La preeminencia del amor de Dios
 
Podemos ser salvados solo si nos damos cuenta exactamente cómo Jesús nos ha salvado y solo cuando entendemos y confiamos en la preeminencia del amor de Dios. ¿Entonces qué es la fe legalista y qué es la fe en la preeminencia del amor de Dios? La fe legalista de hoy en día hace hincapié en la propia denominación, las creencias y experiencias, mientras que la fe espiritual es la que cree en una salvación superior que ha venido por el agua y el Espíritu. Los que tienen esta fe espiritual creen concretamente en la salvación de Jesús del agua y el Espíritu y viven su vida entera por el Evangelio. 
Incluso hoy en día hay muchos cristianos que creen y predican que han sido redimidos de sus pecados originales solamente, y buscan perdón por sus pecados personales, y creen que sus pecados futuros serán perdonados con el tiempo. Estos cristianos que viven vidas de fe según el Antiguo Testamento todavía confían en la Ley de Dios y la cumplen. Como siguen ignorando la preeminencia de la salvación del Señor que vino por el agua y el Espíritu, están viviendo sus vidas de fe sin conocer la Verdad de la regeneración. 
Aunque el Antiguo Testamento dice que uno puede ser salvado a través de las obras de la Ley, al observar la Palabra de Dios, esto no lo puede conseguir nadie. Como nuestro Dios nos conocía bien a los seres humanos y sabía que éramos débiles e imperfectos, abolió la ley antigua de salvación que requería que todo el mundo cumpliese la Ley para alcanzar la salvación. Pero nadie podía alcanzar la salvación por la Ley. Así que, a través del Evangelio del agua y el Espíritu, Jesús dijo: “Yo os salvaré de todos los pecados a través de Mi agua y sangre”. Asimismo, Dios nos había hablado de esta salvación en el Libro del Génesis. 
Está escrito Génesis 3 15: 
«Y pondré enemistad 
entre ti y la mujer, 
y entre tu simiente y la simiente suya;
ésta te herirá en la cabeza, 
y tú le herirás en el calcañar»
Cuando Adán y Eva cayeron en el pecado, Dios les hizo túnicas de piel de un animal. Se mencionan dos tipos de vestiduras de salvación en el capítulo 3 de Génesis, uno es la cobertura de hojas de higuera, y el otro son las túnicas de piel. ¿Cuál prefieren entre las coberturas de hojas de higuera y las túnicas de piel? Seguro que prefieren las túnicas de piel. Las túnicas de piel son mejores porque la vida de un animal se sacrificaba para devolver a un hombre a la vida. Las cubiertas de hojas de higuera no son buenas ya que hay que seguir haciéndolas para cubrir los pecados y fallos. Las hojas son anchas, en forma de mano, y cualquier vestidura hecha de hojas se puede rasgar fácilmente. En mi infancia solía hacerme vestiduras de hojas de árbol y jugaba a ser un soldado cuando jugaba en el campo, pero por muy bien que estuviesen hechas, se rompían al final del día y que quedaba desnudo. Pero, por el contrario, el bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz, que juntos constituyen el amor supremo de Dios y la salvación de los pecadores, no la justicia del hombre, han salvado a toda la raza humana de todos los pecados del mundo más que suficientemente. Esta es la preeminencia del amor de Dios. 
 
 
Los que siguen viviendo una vida de fe legalista
 
Cualquiera que se haga vestiduras de hojas de parra como en el Antiguo Testamento está viviendo una vida de fe falsa. Estos falsos cristianos frecuentemente cambian sus vestiduras como un acto de penitencia. Como estas vestiduras no duran mucho, tienen que seguir cambiándolas casi todos los días. Incluso ahora, los que practican una fe legalista se hacen vestiduras nuevas de hojas de parra y se las ponen para ir a la iglesia. Entonces le dicen a Dios: “Señor este pecador malvado ha cometido muchos pecados esta semana. Señor sé que Tú me has salvado al ser crucificado. Por favor, limpia mis pecados con Tu preciosa sangre”. Hacen sus propias vestiduras de salvación y gritan: “¡Gracias, Señor! ¡Aleluya!”. Cuando vuelven a casa, se hacen otras vestiduras en un par de días porque las vestiduras que llevaban se han roto. Así que oran a Dios: “Señor, he pecado estos tres últimos días. Por favor, perdóname”. De esta manera se hacen sus propias vestiduras una vez más para hacer penitencia. 
Al principio, se hacen vestiduras nuevas y se las ponen cada par de días, pero enseguida se sienten obligados a hacerse vestiduras nuevas cada día. Cuando descubren que no pueden vivir por la Palabra de Dios, se hacen vestiduras nuevas de penitencia, diciendo a Dios: “Señor, estoy avergonzado. He pecado de nuevo”. Llaman al Señor pero les es difícil hacerse vestiduras de salvación. Cuando esta gente invoca el nombre del Señor solo lo hacen para confesar sus pecados a Dios. Al final, necesitan hacerse vestiduras cada día. ¿Qué pasa cuando no pueden mantener este ritmo? Que se limitan a hacerse una vestiduras duraderas un par de veces al año, a parte de las vestiduras que se hacen todos los días o semanas. Por ejemplo algunos suben a una montaña para ayunar y orar, diciendo: “Límpiame, Señor. Renuévame. Creo en Ti, Señor”. En vez de orar durante el día, descansan por el día y oran por la noche, sujetándose a un pino o metiéndose en una cueva, y gritan al Señor: “Señor, creo en Ti”. Ofrecen oraciones de penitencia y lloran pidiéndole al Señor que perdone sus pecados. De esta manera se hacen vestiduras de fe y se las ponen. Aunque piensan que estas vestiduras especiales hechas de oraciones y ayunos les durarán mucho tiempo, pero en realidad, incluso esas vestiduras no les duran mucho. 
Después de orar de esta manera, bajan de la montaña sintiéndose mejor y renovados, alabando al Señor de camino a casa y listos para vivir una vida cristiana con virtud. Al hacerse vestiduras especiales de fe y ponérselas, se sienten llenos del Espíritu Santo al bajar de la montaña, pero cuando vuelven a casa, vuelven a su iglesia, se reúnen con sus hermanos cristianos y se vuelven a ensuciar. Sus amigos les preguntan: “¿Dónde habéis estado?”. “Oh, he ido a visitar un sitio”. “Parece que has perdido mucho peso”. “Sí, algo pasó de camino”. No les cuentan a nadie cómo habían ayunado, van a la iglesia y oran, y después se deciden a no desear a ninguna otra mujer, a no mentir, a no odiar a nadie, sino a amar a todo el mundo. Todo esto es admirable, pero el problema es que cuando ven a una mujer con poca ropa pasar por delante, sus corazones santos se convierten en corazones llenos de lujuria. Se quedan admirando lo corta que es la falda de una mujer y aunque se odian a sí mismos por mirarla, no pueden dejar de hacerlo. Así que se encuentran preguntándole al Señor que perdone sus pecados de lujuria una vez más, diciendo: “Señor, he pecado de nuevo”. 
Mis queridos hermanos, deben creer aquí que, aunque esta fe legalista puede parecer santa, no dura ni siquiera un par de días, y hace que una persona se haga vestiduras nuevas una y otra vez. Deben entender que este tipo de fe legalista que hace vestiduras de hojas de higuera es incorrecta. Pero muchos cristianos intentan vivir una vida santa según la Ley con todas sus fuerzas. Subidos encima de una montaña, gritan el nombre del Señor como si esto hiciese sus voces santas, y rezan por la congregación, lloran y gritan diciendo: “Oh, Padre nuestro, todos hemos pecado esta semana. Por favor, perdona a estos pecadores”. Todo el mundo en la congregación acaba llorando y pensando: “Este hombre es tan espiritual. Debe haber ayunado y orado en la montaña. Su fe es tan buena”. Sin embargo, como la fe de esta gente es tan espiritual, la arrogancia les vence antes de que la oración haya terminado y acaban corruptos en sus propios pensamientos enseguida. 
Cuando alguien hace una vestidura legalista especial de hojas de higuera con oraciones y ayuno, le dura dos meses. Después de dos meses, se convierte en un harapo, y de nuevo la persona tiene que hacerse vestiduras nuevas todos los días y seguir viviendo una vida legalista e hipócrita. Esta es la vida de la fe falsa que se vive confiando en las obras legalistas de la tierra como hojas de higuera. La fe legalista es la fe de las hojas de higuera. Los legalistas dicen: “Habéis pecado esta semana pasada, ¿no es así? Arrepentíos”. Visitan diferentes iglesias y gritan a la congregación: “¡Arrepentíos! ¡Orad por la penitencia!”. Al aprender a sonar y actuar espiritualmente, le dicen a Dios: “Señor, soy muy insuficiente. No he vivido por Tu Palabra. No he vivido por Tu Ley”. Estos cristianos que intentan cumplir la Ley todos los días, aunque saben que esto es imposible, están en contra de Dios, retando Su Ley, y mostrando arrogancia ante Dios. 
 
 
Un ejemplo típico de fe legalista en Corea
 
Durante la Guerra de Corea (1950-1953), cuando el Ejército Comunista de Corea del Norte invadió a Corea del Sur, muchos cristianos fueron perseguidos. Entre ellos había un hombre llamado Chudal Bae, un cristianos joven que fue asesinado por su religión. El día del Señor, algunos soldados del Corea del Norte le pidieron que barriese el patio. Pero Bae se negó a hacerlo, diciendo que era el día del Señor. Se negó a barrer el patio porque quería santificar el día del Señor. Al escuchar esto, los soldados insistieron aún más, aunque fuese solo para romper su fe. Pero Bae siguió negándose a obedecer hasta el final. Los soldados le arrestaron y lo ataron a un árbol. Y apuntándole con una pistola le dijeron: “Ahora, ¿vas a barrer el patio o quieres morir?”. Le obligaron a tomar una decisión y Bae dijo: “No voy a barrer el patio en este día santo aunque me matéis”. “Bien si es así, espero que no te arrepientas”. Entonces le dispararon. Más adelante, la denominación de Bae lo nombró diácono después de morir para conmemorar su fe. 
Esta fe, mis queridos hermanos, es completamente incorrecta. Bae debería haber barrido el suelo como se lo dijeron y predicado la salvación de Jesús a los demás soldados; no había ninguna razón por la que ser tan terco para acabar muriendo al final. ¿Les recompensa Dios por no trabajar el Día del Señor? No, por supuesto que no. La fe es algo que se practica espiritualmente y no en términos carnales. Pero los líderes cristianos de hoy en día pone a la gente como el diácono Bae en un pedestal, y lo hace para establecer las ideas de su denominación y sus tradiciones. De la misma manera en que los fariseos en la Biblia se aferraban a sus tradiciones, estos cristianos confusos se levantan contra Jesús con hipocresía. 
Los líderes cristianos de Corea invocan con frecuencia al diácono Bae en sus sermones, diciendo a la congregación: “¿Por qué tuvo que ser bautizado y crucificado Jesús por nosotros? ¿Qué es el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Cuál es el verdadero Evangelio?”. Estas son las preguntas espirituales que debemos hacernos. Hay muchos cristianos en Corea y por todo el mundo que no han nacido de nuevo; por su bien debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo, para que esta gente pueda nacer de nuevo. Todos nuestros esfuerzos en la vida de fe deben dedicarse a estas obras espirituales para hacer posible que todas las almas nazcan de nuevo espiritualmente. Creer en Jesús a ciegas no es suficiente; deben creer en Jesús correctamente. 
Les voy a contar otra historia aquí para ilustrar mi explicación. Hace mucho tiempo había una mujer cristiana casada con un hombre no creyente. Como su marido no era cristiano y sus suegros tampoco lo eran pasó por muchas dificultades para guardar el Día del Señor. Un sábado por la noche, para guardar el Día del Señor, la mujer salió al campo y cosechó todas las cosechas sola. Sabía que su suegro le diría: “No vayas a la iglesia mañana porque tenemos que recoger las cosechas” todo para evitar que fuese a la iglesia. Así que fue al campo sola el sábado por la noche pasó toda la noche recogiendo las cosechas y después al día siguiente fue a guardar el Día del Señor. No debemos perdernos ninguna reunión de la iglesia como esta mujer. Pero solo porque una persona guarde el día del Señor no significa necesariamente que la fe de esta persona sea verdadera. A los ojos del Señor ¿acaso la verdadera fe no se trata de creer en la Palabra de Jesús y recibir la remisión de todos los pecados al nacer de nuevo a través del agua y el Espíritu? La verdadera fe empieza cuando uno nace de nuevo. 
¿Pueden ser salvados si creen en Jesús de una manera legalista? No, no pueden. Lo que quiero decir es que no deben vivir según la Ley, porque eso es completamente imposible. Por supuesto, esto no significa que esté defendiendo la fe legalista. 
El Libro de Santiago dice que si uno incumple un solo estatuto de la Ley a pesar de cumplir el resto, esta persona es culpable de incumplir toda la Ley. Así que si creen en Jesús, deben pensar en cómo pueden nacer de nuevo a través del Evangelio del agua y el Espíritu; deben ir al sitio donde puedan encontrar el Evangelio de la Palabra del agua y el Espíritu de Jesús. Solo entonces pueden nacer de nuevo y vivir con fe. Y después de vivir su vida de fe así, irán al Señor cuando les llame. No malgasten su tiempo y su dinero yendo a iglesias pecadoras en vano, solo para ver cómo sus almas siguen siendo pecadoras y arrojadas al infierno. Debemos escuchar la Palabra de Jesús del agua y el Espíritu, nacer de nuevo y vivir una vida de fe verdadera. 
Piensen detenidamente en por qué Jesús vino a este mundo. Si todos los creyentes legalistas en este mundo pudiesen ir al Cielo, Jesús no habría venido a este mundo. Deben entender que después de la venida del Señor, el sacerdocio que les salva del pecado ha cambiado. La fe también ha cambiado, de ser legalista a ser espiritual. En los días del Antiguo Testamento, la salvación se alcanzaba si se cumplía la Ley con las obras propias, pero de lo contrario no se alcanzaba. Hoy en día, la fe real no es así. 
Jesús nos ha dicho que nos ha salvado a todos de los pecados del mundo a través del agua y el bautismo, Su sangre y Su Espíritu. En otras palabras, nos ha salvado por la ley de salvación de Su agua, sangre y amor. Y ha cumplido completamente nuestra salvación a través del bautismo que recibió en el río Jordán, la sangre que derramó en la Cruz hasta morir y Su resurrección. Como los mandamientos antiguos no son beneficiosos para nosotros, nuestro Dios nos ha salvado de todos los pecados a través de Su bautismo y sangre, prometiéndonos personalmente: «(pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios. Y esto no fue hecho sin juramento» (Hebreos 7, 19-20). Ser martirizado para defender la fe legalista es en vano, mientras que la fe para conocer y creer de todo corazón en el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu es la verdadera fe. 
Mis queridos hermanos, todos debemos tener una fe beneficiosa. ¿Qué tipo de fe sería beneficiosa para nuestra alma? ¿Está bien ir a la iglesia y practicar una fe legalista? ¿O está bien ir a la verdadera Iglesia que les enseña la Palabra del agua y el Espíritu, les ayuda a creer en esta Palabra y lleva a otras almas a nacer de nuevo del agua y el Espíritu? ¿Qué iglesia y qué pastor es más beneficioso para su alma? Todo lo que les pido es que vayan a la iglesia que les sea más beneficiosa. 
Dios salvará su alma a través de alguien que tenga el Evangelio de la Palabra del agua y el Espíritu. Elijan con cuidado, porque su alma es su propia responsabilidad. La gente verdaderamente sabia es la que confía su alma a la Palabra de Dios. 
 
 
Jesús fue nombrado Sacerdote con un juramento
 
Está escrito en Hebreos 7, 20-21: «Y esto no fue hecho sin juramento; porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec»
Cuando pasamos a Salmos 110, 4, la Biblia dice: 
«Juró Jehová, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre
Según el orden de Melquisedec».
El Señor Dios juró en la Palabra escrita: “Seré un sacerdote eterno según la orden de Melquisedec. El Sacerdote Melquisedec es el rey de la justicia, el rey de la paz y el sacerdote eterno. Yo seré vuestro Melquisedec, el sacerdote eterno”. 
Cuando Jesús vino a este mundo, nos dio una mejor garantía de esta salvación prometida del pecado (Hebreos 9, 21-30). En vez de redimir nuestros pecados a través de la sangre de un animal como un toro o una oveja, Jesús fue bautizado en Su cuerpo y derramó Su propia sangre en la Cruz, y así cargo con todos nuestros pecados y los eliminó. 
En el Antiguo Testamento, cuando el Sumo Sacerdote estaba muriendo, su hijo le sucedió como Sumo Sacerdote a los 30 años. Si el Sumo Sacerdote estaba a punto de morir y tenía un hijo de 30 años, le pasaba el sacerdocio a ese hijo. De esta manera incluso después de la muerte del Sumo Sacerdote, el sacerdocio se pasaba continuamente a sus descendientes. Al final, en tiempos de David, había tantos descendientes de Aarón que la tribu del sacerdocio tuvo que crear un orden y administrar sacrificios según este orden. Al principio, Aarón, el Sumo Sacerdote, solo tenía pocos hijos, pero más tarde, tuvo muchos descendientes. Como todos los descendientes de Aarón tenían la responsabilidad y el derecho de practicar el sacerdocio, se turnaban en el sacerdocio, como esta escrito en el Evangelio de Lucas: «No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo» (Lucas 1, 8-9). 
Jesús se ha convertido en la garantía eterna y mejor de la salvación de los pecadores. El Señor ha cumplido por completo la salvación de Dios del agua y el Espíritu. Ha hecho posible que todo el mundo nazca de nuevo. Los descendientes de Aarón en el Antiguo Testamento eran siempre imperfectos e inadecuados. Cuando un sacerdote moría, su hijo le sucedía en el sacerdocio, pero los sacrificios ofrecidos por estos sacerdotes no podían hacer que el alma estuviese completa de nuevo. La fe basada en la Ley no puede hacer que nadie sea perfecto para siempre, como está escrito: «Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.» (Hebreos 10, 4). 
Sin embargo, nuestro Señor vino a este mundo en la era del Nuevo Testamento. Y el Señor no tiene que redimir los pecados continuamente. Esto se debe a que el Señor vive para siempre. A través de Su bautismo, el Señor cargó con todos nuestros pecados para siempre, y al entregar Su cuerpo en la Cruz y derramar Su sangre hasta morir, nos ha perfeccionado de todos los pecados a todos los que creemos en la salvación del agua y la sangre cumplida por el Señor. Ha traído la salvación a todo el mundo, para que todo el mundo sea salvado de los pecados para siempre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y el Señor está vivo ahora, sentado a la derecha de Dios Padre, y está garantizando nuestra salvación ante el Padre e intercediendo en nuestro lugar, diciéndole al Padre: “Padre, aunque estas personas están llenas de debilidades, todavía creen en Mí. ¿Acaso no cargué con todos sus pecados a través de Mi bautismo y sangre?”. Nuestro Señor es el Sumo Sacerdote eterno de la salvación. 
Cuando el sacerdote terrenal moría, su hijo se convertía en el sacerdote, pero esto era imperfecto y no había fin para sus ofrendas. Por el contrario, como nuestro Señor vive para siempre, ha cumplido la remisión eterna de nuestros pecados al venir a la Tierra de Israel, ser bautizado y derramar Su sangre en la Cruz, Todo para salvarnos de los pecados del mundo. Está escrito: «Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado» (Hebreos 10, 18). El Señor siempre garantiza nuestra salvación y regeneración. ¿Y qué hay de ustedes? ¿Han nacido de nuevo a través de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu?
Hebreos 7, 26 dice: «Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos». Más adelante está escrito: «Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre» (Hebreos 7, 28). 
Lo que estoy intentando decir aquí es que nuestra salvación no vino por la Ley, no se alcanzó por nuestras obras virtuosas, y mucho menos por un hombre imperfecto. El perfecto y puro Jesús aceptó todos los pecados del mundo para siempre a través de Su bautismo; fue condenado por todos estos pecados al derramar Su sangre en la Cruz para siempre para dejarnos sin pecados a Sus creyentes; y ahora tenemos a este Salvador de nuestro lago, que además es nuestro Sumo Sacerdote celestial. ¿Creen entonces en Jesús? El Señor no nos ha salvado a través de la Ley, sino a través de Su bautismo y sangre el Señor nos ha salvado de todos los pecados del mundo. ¿Creen en esto? Quien crea en esta Verdad será salvado, pero quien no crea será condenado al infierno. 
La verdadera fe se consigue al aprender la Biblia basándose en la Palabra del agua y el Espíritu. Jesús, que es nuestro Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos, se ha convertido en nuestro Salvador eterno a través del bautismo que recibió y la sangre que derramó en la Cruz. 
 
 
El verdadero conocimiento de la fe
 
Mis queridos hermanos, antes de creer en Jesús a ciegas, deben entender cuál es la manera correcta de creer en Él. ¿Qué significa creer en Jesús espiritual y correctamente? Significa creer en la Palabra del Evangelio del bautismo de Jesús y Su sangre, la Palabra por la que el Señor nos ha salvado de los pecados del mundo. Esta es la manera correcta de creer en Jesús. Los que creen completamente en la obra del bautismo de Jesús y Su sangre sin añadir ninguna obra propia son los que creen en Jesús correctamente y sinceramente. ¿Y qué hay de ustedes? Todos creen en Jesús, pero ¿cómo está su situación espiritual? Aunque crean en Jesús, ¿siguen sin confiar en sus propias fuerzas y confían en sus esfuerzos propios intentando hacer todo lo posible para edificar su propia fe?
Aunque no vivido mi vida de fe durante mucho tiempo, hubo un tiempo en que luché mucho con mi fe legalista durante 10 años. Fue un período oscuro y difícil. Solo pensar en esto me da dolor de cabeza. Mi mujer está aquí con nosotros, pero también solía ser tan legalista que cada vez que le pedía que hiciese algo el Día del Señor, se negaba diciendo que el Día del Señor era sagrado. Ni siquiera hacía la colada y mucho menos disfrutar. Lo dejaba todo hasta el lunes. Pero en realidad, yo era aún más legalista que mi mujer. Era muy difícil para mí guardar el Día del Señor. Me acuerdo que me esforzaba mucho en guardar el Día del Señor en vez de descansar y por eso me cansé aún más. 
Mis queridos hermanos, creer en Jesús con sinceridad es creer en Su Palabra de que Jesús ha redimido todos nuestros pecados a través de Su bautismo y Su sangre derramada en la Cruz. Los que creen que Jesús es Dios y Hombre, y los que creen en Su obra de redención, Su bautismo y sangre, y todo lo que ha hecho por nosotros en este mundo, son los creyentes mejores y más leales. 
¿Qué significa creer en Jesús correctamente entonces? Significa creer en el bautismo de Jesús y en Su sangre. ¿Cómo de simple y fácil es eso? Si esto es lo que nos dijo el Señor entonces cuando un pastor predica, todo lo que tienen que hacer es ver si lo que el pastor está predicando se encuentra en la Palabra de Dios, y si está en ella digan amén y crean. Esto es lo que significa creer correctamente. Cuando la Biblia dice: «Por la ley es el conocimiento de los pecados» (Romanos 3, 20), deben decir simplemente: “Gracias, Señor. Ahora veo que la salvación no se alcanza con mis propios esfuerzos. Hasta este día he estado intentando cumplir la Ley pensando que es buena y debe cumplirse, pero ahora me he dado cuanta de que intentar cumplir la Ley es una fe falsa. Ahora sé que la Ley no puede cumplirse por completo. Me has dado la Ley para que reconozca mi corazón sucio, mis obras malas y mis pecados. Gracias, Señor! En mi ignorancia, he estado intentando cumplir la Ley. Por favor, perdóname por enfrentarme a Tu perfección. Ahora creo que has borrado todos mis pecados y me has salvado al ser bautizado y derramar Tu sangre por mí”. De esta manera, deben ser honestos ante Jesús y creer en Él de todo corazón. Deben creer en la Palabra de Dios escrita completamente sin ninguna reserva. Solo entonces podrán nacer de nuevo. 
¿Qué significa tener la fe correcta en Jesús? ¿Es la fe algo que se inventan por el camino? ¿Es algún tipo de religión? No, por supuesto que no. La religión no es algo que se hayan inventado. Se trata de crear un dios propios y edificar la fe propia. Crearse una meta y correr hacia ella es de lo que se trata la religión. 
¿Qué es entonces la fe? En chino, la palabra fe está compuesta de dos caracteres, uno denota creencia y el otro reverencia. La verdadera fe consiste en creer en la obra de salvación que Jesús cumplió en este mundo al venir a este mundo y ser bautizado para cargar con todos los pecados por nuestra salvación, venerar la sangre de Cristo derramada en la Cruz y simplemente aceptar esta obra de salvación en nuestros corazones por fe. Esta es la fe verdadera. Esto es lo que separa la fe de una mera religión. Y su fe es aceptable a Dios si pueden hacer esta distinción claramente. 
Los legalistas de hoy en día que no han nacido de nuevo enseñan que uno debe creer en Jesús y vivir con virtud. Pero solo porque nuestras acciones sean virtuosas, ¿significa que creemos en Jesús correctamente? Por supuesto que todo el mundo debería vivir con virtud. Después de todo, ¿hay alguien que viva una vida más recta que nosotros? Sin embargo, el problema es que se les dice a los pecadores que vivan con virtud. Como los pecadores no han nacido de nuevo, y como hay doce tipos de pecados en sus corazones, ¿cómo van a vivir una vida recta? Mientras que entienden que deben vivir con virtud, sus corazones no practican esta enseñanza. Para estos pecadores cristianos, vivir virtuosamente cuando salen de la iglesia es más que una conjetura teórica, porque todos cometen pecados instintivamente. 
Por tanto, debemos decidirnos a vivir una vida legalista de fe en vano, o alcanzar nuestra salvación creyendo en el bautismo y la sangre del Señor Jesucristo, el Sumo Sacerdote eterno de la salvación que descendió del Reino de los Cielos. Debemos darnos cuenta de que los que creen en Jesús de verdad tienen al Sumo Sacerdote con ellos; por eso debemos ser salvados para siempre de todos los pecados al entender y creer en el bautismo de Jesús y Su sangre que constituyen nuestra verdadera salvación; y todos debemos vivir una vida de fe verdadera hasta que entremos en el Reino de los Cielos. 
 
 
Los nacidos de nuevo no tienen miedo del fin del mundo
 
Si alguien cree en Jesús y su alma ha nacido de nuevo, nunca tendrá miedo del fin del mundo. Los que no han nacido de nuevo tienen miedo del fin del mundo. Muchos profetas del fin de los tiempos dicen que el mundo acabará en cierta fecha, pero los que han nacido de nuevo predican el Evangelio de los Cielos y viven una vida aún más recta en estos últimos tiempos. Mientras permanezcamos durante estos últimos días en el mundo predicando el Evangelio del agua y el Espíritu, todo lo que tenemos que hacer para prepararnos para el fin del mundo es creer en esta Palabra del Evangelio de corazón, sin importar cuando venga el Señor. Cuando vuelva nuestro Novio, todo lo que tenemos que hacer es saludarle y decirle: “Señor, estoy contento de que estés aquí. Aunque estoy lleno de fallos, me has salvado por amor. Gracias, Señor”. Jesús es el Novio de la justicia que nos ha salvado. Es el Novio que amó a Sus novias primero, no porque las novias le amasen a Él. Por supuesto, mientras que en este mundo esto es bastante común, cuando se trata del matrimonio con Jesús, no es así. Por el amor del Novio y Su salvación podemos casarnos con Jesús sin importar los fallos de la novia. Esta es la regla del matrimonio del Reino de los Cielos. 
Solo porque la novia le diga al Novio diga “Te quiero”, el Novio no le dice: “Me gusta que me ames. Yo también te amo”. El Novio lo sabe todo acerca de la novia. El Novio cargó con los pecados de la novia a través de Su bautismo y la tomó como Suya al derramar Su sangre precisamente porque tenía mucha compasión por ella, y como el objeto de Su amor era una pecadora, para que no fuese arrojada al infierno. 
Nuestro Señor no vino como un descendiente de Aarón bajo la Ley. No vino para ofrecer el sacrificio al sacarle la sangre a un animal como el Sumo Sacerdote terrenal, ni ejerció el sacerdocio terrenal. No era necesario que nuestro Señor hiciese todas estas cosas, ya que había muchos levitas y descendientes de Aarón en este mundo para administrar sacrificios terrenales. 
En realidad, la sustancia real del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento era Jesús. La Biblia dice que el sistema de sacrificios de la Ley es la sombra de las cosas buenas por venir y no la sustancia (Hebreos 10, 1). Con la venida de Jesús, la sustancia del sistema de sacrificios se reveló en este mundo. ¿Entonces seguiría Jesús Su sombra? No, la sombra sigue a los movimientos de la sustancia. ¿Tiene sentido que la sustancia siga a la sombra? No. Cuando nuestro Señor vino a este mundo, no realizó ningún sacrificio literal en el Santuario como Aarón había hecho. Sin embargo, Jesús ofreció Su propio cuerpo a Dios en nombre de todos los pecadores a través de Su bautismo y sangre, y en la Cruz completó la perfecta salvación que libra a todos los pecadores de todos los pecados. 
Mis queridos hermanos, como personas que creen en el bautismo de Jesús y Su sangre, nuestra remisión de los pecados está completamente asegurada. No hay duda de que cuando Jesús vino a este mundo, cumplió Su obra de salvación por nosotros. Si no están seguros de esto, pueden preguntarse exactamente cuándo Jesús les salvó, cuándo eliminó sus pecados presentes, cuándo eliminó sus pecados futuros y cuándo eliminó sus pecados pasados. Pero nuestro Señor no nos ha salvado de esta manera tan incierta. Nos ha salvado de todos los pecados definitivamente sin ninguna duda. Jesús es el camino, la verdad y la vida, y este Señor vino al mundo y nos salvó con toda certidumbre, todo a través de Su bautismo sangre, muerte y resurrección. 
 
 
El Antiguo Testamento es la figura de Jesús en el Nuevo Testamento
 
El Antiguo Testamento es la sombra del Nuevo Testamento. Aunque el sacerdocio del Señor no era el del Sumo Sacerdote como el de los descendientes de Aarón, se le entregó un cargo aún mejor como Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos ante Dios Padre. Como nadie en este mundo puede cumplir la Ley, todo el mundo es un pecador y por tanto es absolutamente imposible que una persona sea justa cumpliendo esta Ley de Dios. Por eso fue necesario que Dios hiciera otro requisito. Al enviar a Su Hijo a este mundo, Dios Padre ha pedido a todo el mundo que tenga fe en la salvación del bautismo, sangre, muerte y resurrección de Su Hijo. Y ha establecido una nueva ley de salvación para que todo el que crea en el bautismo de Su Hijo y Su sangre pueda ser redimido de sus pecados sin falta. Esta es la segunda alianza. 
La segunda alianza nos pide que tengamos fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Dios ya no nos pide que vivamos con piedad, sino que nos pide lo siguiente: “¿Creen que Mi Hijo les ha salvado al ser bautizado y derramar Su sangre? ¿Creen en la salvación que Mi hijo ha cumplido por ustedes al ser bautizado y derramar Su sangre en la Cruz?”. Todos debemos contestar que sí creemos en esto. 
En la Biblia, la casa de Judá se refiere a la tribu real. David era de este linaje real. La tribu de Judá también representaba al pueblo de Israel. La tribu de Levi, por otra parte, era la tribu del sacerdocio. Y cada tribu tenía confiada una tarea en particular. Así que Dios había prometido a la casa de Judá que Jesús nacería de esta tribu. Lo que Dios le prometió a la casa de Judá era una promesa hecha a la raza humana entera. A través de Su bautismo, Su muerte en la Cruz, y Su resurrección, nuestro Señor ha cumplido la salvación de toda la humanidad de todos los pecados. 
 
 
Sus pecados no son eliminados al ofrecer oraciones de penitencia
 
Jeremías 17, 1, explica dónde están escritos nuestros pecados, y dice que están escrito en dos sitios: «El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares». Como demuestra el pasaje, uno de los dos sitios donde están escritos los pecados es su propio corazón. Así es como se sabe que se es un pecador. Pero no conocen los pecados antes de creer en Jesús. Esto se debe a que la Ley de Dios no está en su corazón. Así que, crean en Jesús correctamente o no, cuando creen en Él, por lo menos se dan cuenta de que son pecadores ante Dios Padre y Jesús. 
Algunos cristianos tardan mucho tiempo antes de darse cuenta de sus pecados; incluso para algunos de ellos se trata de una década antes de que puedan decir: “Soy un pecador. Pensaba que había recibido la remisión de los pecados, pero todavía soy un pecador”. En primer lugar, estos cristianos se regocijaron al creer en Jesús, pero después de haber creído en Jesús durante diez años, acaban diciendo: “Señor, soy un pecador”. 
¿Cuál es la explicación? Que estas personas se han dado cuenta de sus pecados y fallos a través de la Ley de Dios. Aunque creen en Jesús, no han nacido de nuevo, y por tanto Dios ha escrito todos sus pecados en las tablas de sus corazones. Así que sus pecados no han desaparecido y siguen intactos en las tablas de sus corazones, y como resultado, se han convertido en cristianos pecadores. Solo después de haber creído en Jesús durante 5 o 10 años se dan cuenta de que son cristianos pecadores. Les cuesta mucho tiempo darse cuenta de sus pecados, saber que son pecadores y darse cuenta de que de la misma manera en que eran pecadores antes de creer en Jesús, siguen siendo pecadores después de creer en Jesús. Esto demuestra lo insensible que es el hombre ante el pecado. 
Para algunos cristianos, se tarda aún más darse cuenta de que son pecadores, 30 años o más, 50 años para otros, y una vida entera para algunos, y admitir: “Señor, cuando no tenía la Ley y Tus mandamientos, estaba bien. Pero cuanto más conozco la Ley, más pecador me hago, como dijo el Apóstol Pablo: “pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte” (Romanos 7,8-10). Tenía confianza en cumplir Tu Palabra, pero ahora que miro cómo fue mi vida, veo que en vez de cumplir Tu Ley, pequé cada día. Señor, aunque creo en Ti, soy un pecador”. 
Son los pecados lo que hacen imposible vivir según la Palabra de Dios. Los pecados de todo el mundo están escritos en sus corazones. Como Dios ha escrito todos y cada uno de los pecados en las tablas de los corazones, cuando un pecador cristiano invoca el nombre del Señor y se arrodilla para orar, sus pecados salen del corazón y su conciencia le dice: “Hola, has cometido estos pecados, ¿no es así?”
“Ya fue redimido de ellos hace dos años”.
“¿Por qué sigues recordándolos y por qué han salido para molestarte? ¿Cuándo recibiste la remisión de los pecados?”.
“¿De qué hablas? ¿Y por qué dices estas cosas?”. 
Su conciencia dice entonces: “Dios ha escrito tus pecados en tu corazón y por eso no puedes negarlos. Estás negando a Dios. No seas arrogante, eres un pecador”. 
“No, no lo soy”
Así es como un pecador cristiano le pide a Dios que le perdone por pecados cometidos hace dos años, diciendo: “Señor, por favor, perdóname. A pesar de mis esfuerzos, estoy atormentado por los pecados que están escritos en las tablas de mi corazón. Cuando pienso en lo que ocurrió hace dos años estoy lleno de remordimientos, pero no puedo cambiar el hecho de que he pecado. No me gusta recordar esto, pero he pecado ante Ti”. 
Pero, ¿se redimen los pecados ofreciendo las oraciones de penitencia con palabras vacías? Sin la Verdad de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu no se eliminan los pecados, porque todos los pecados están escritos en las tablas del corazón con una pluma de hierro. Por tanto, la remisión de los pecados se obtiene a través de la Palabra de Verdad del agua y el Espíritu. Y uno puede ser salvado solo si cree en el bautismo de Jesús y Su sangre que constituyen el verdadero Evangelio. 
 
 
A través del Evangelio Original, el Señor nos ha prometido convertirse en nuestro Salvador
 
Nuestro Dios le hizo una promesa nueva a toda la raza humana diciendo: “Si creéis en Mí, seré vuestro Salvador. Os libraré de todos los pecados del mundo perfectamente a través del agua y la sangre. Quien crea en Mí, será vestido de Mi gracia”. Nos ha dado una alianza nueva y perfecta. ¿Creen en esta nueva alianza de Dios? Son redimidos de todos sus pecados y nacen de nuevo al creer en la Palabra prometida de la Verdad de todo corazón, y al creer en la obra de salvación prometida y cumplida por Jesús en este mundo a través de Su agua y sangre. 
No pueden confiar en un médico que no pueda diagnosticar correctamente. El diagnóstico debe ser correcto para que el médico pueda dar el correcto tratamiento. Hay todo tipo de medicamentos increíbles hoy en día pero no se pueden utilizar con confianza si el médico no realiza un diagnóstico fiable. Así que, siempre que su médico realice el diagnóstico correcto, hay muchos medicamentos que pueden ayudarle. Pero si el diagnóstico es incorrecto, solo sentirán los efectos secundarios del medicamento por muy bueno que sea. 
Es igual cuando creemos en Jesús, ya que es absolutamente indispensable que nuestra condición espiritual sea diagnosticada correctamente basándonos en la Palabra de Dios. Cuando un médico espiritual habla con alguien y hace un diagnóstico con la Palabra de Verdad, puede decirle fácilmente qué enfermedades tiene y cómo vive su vida de fe. Estos médicos espirituales pueden llevar a cada miembro de la iglesia a nacer de nuevo sin excepción. Todos los miembros de la congregación se vuelven justos al 100%. Pero, los que son guiados por médicos espirituales falsos cómo recibir la remisión de los pecados. Esta no es la verdadera salvación del pecado. Si un pastor dice ser discípulo de Jesús, por lo menos debe saber cómo hablar del problema de la regeneración espiritual y resolver el problema del pecado por su congregación. Entonces el pastor debe ayudar a la congregación a resolver sus varios problemas de fe guiados por el Espíritu Santo. Las enfermedades físicas no deben ser el centro de nuestro ministerio; si alguien miembro de la iglesia está enfermo, el pastor debe aconsejarse a que vaya a ver a un médico. Pero cuando un miembro de a iglesia pide consejo espiritual, el pastor está obligado a proporcionar el diagnóstico espiritual y averiguar si esta persona es pecadora o justa. 
Jesús tuvo que venir a este mundo para borrar todos los pecados del mundo, y por eso fue bautizado y crucificado hasta morir. ¿Era esta obra de salvación insuficiente como para dejar los pecados intactos? No, por supuesto que no. Ha eliminado todos los pecados con la obra del Evangelio del agua y el Espíritu. El Evangelio dinamita. La dinamita es tan explosiva que puede destruir un edificio y no dejar restos de él. Una bomba nuclear puede destruir una montaña entera y reducirla a polvo e incluso incinerar la atmósfera. Lo que Jesús cumplió en este mundo es el Evangelio poderoso, el Evangelio del agua y el Espíritu. Es dinamita. Con este verdadero Evangelio del agua y el Espíritu, Jesús ha erradicado completamente todos los pecados de Sus creyentes. 
 
 
Dios nos prometió que no recordaría nuestros pecados y obras malvadas
 
Está escrito en Hebreos 8, 10-12: «Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades». Amén. Nuestro Señor dijo aquí que salvaría a todo el mundo a la perfección, desde el más pequeño hasta el más grande. 
En el Antiguo Testamento, el Sumo Sacerdote entraba en el Santuario una vez al año. Después de poner las manos sobre una cabra para pasar los pecados de la gente, el Sumo Sacerdote le sacaba la sangre y la llevaba al Santuario de Dios, y la rociaba sobre el propiciatorio siete veces. Así es como los pecados de los israelitas fueron redimidos en el Antiguo Testamento, y por tanto el pueblo de Israel no podía ignorar el sistema de sacrificios, porque su sustancia no había sido manifestado todavía. Sin embargo, el Antiguo Testamento fue abolido cuando su sustancia llegó. Esto no significa que el Antiguo Testamento fuese abolido por completo, sino que el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento estaba obsoleto. 
En Israel, la gente todavía sacrifica toros y corderos para buscar la remisión de los pecados. Pero han pasado 2,000 años desde que Jesús recibiese el bautismo de la remisión de los pecados en el Río Jordán y muriese en la Cruz. Hace casi 2,000 años nuestro Señor resolvió todos los problemas de los pecados. ¿Dejó de lado Dios el problema del pecado de los israelitas y lo dejó sin resolver? No, ha eliminado todos los pecados del mundo. Pero, a pesar de esto, incluso el pueblo de Israel sigue sacrificando corderos y toros. En el futuro el pueblo de Israel volverá a construir el Templo de nuevo en Jerusalén donde solía estar el Templo antiguo. Restaurarán el sistema de sacrificios allí. Entonces la historia de la humanidad acabará. 
Toda la Palabra del Antiguo Testamento es una analogía para mostrar la verdadera sustancia del Nuevo Testamento. Una analogía es algo que se usa para explicar algo real ilustrándolo con algo imaginado. Por ejemplo, una parábola utiliza una historia ficticia para que sea fácil para la audiencia entender el mensaje. 
A través del sistema de sacrificios establecido por Dios en el Antiguo Testamento, nuestra conciencia no puede ser perfecta. Para que la gente del Antiguo Testamento reciba la remisión de los pecados, tenían que llevar un cordero, poner las manos sobre su cabeza y matarlo, pero esto no podía hacerles perfectos para siempre. ¿Qué he dicho que era el significado de la imposición de manos? Significa pasar. 
La palabra Levi significa unidad e implica que para que Dios se una con los humanos, debemos ser santos. ¿Qué hacían los israelitas para unirse con Dios? Tenían que sacrificar un animal después de poner las manos sobre su cabeza. Y después tenían que cortarle el cuello, sacarle la sangre, poner su sangre en los cuerpos del altar de los holocaustos y ofrecérsela a Dios quemando la carne y la grasa en el altar en su lugar. Gracias al sacrificio de este animal los israelitas eran redimidos de sus pecados. Sin embargo, a través de este sistema de sacrificios en el que la remisión de los pecados se obtenía ofreciendo un cordero o una cabra día tras día, los israelitas no podían limpiar su conciencia. 
Hoy en día, no se sacrifica ningún toro ni cordero como ofrenda de sacrificio. Sin embargo, todavía hay muchos cristianos que practican una fe legalista, que es lo mismo que sacrificar un cordero o un toro. Oran a Dios: “Por favor, Señor, perdóname. He pecado. Perdona mis pecados. No puedo borrar mis pecados. Son tan persistentes que no van a desaparecer simplemente de mi corazón. Señor, te pido que elimines todos los pecados de mi corazón. No me importa cómo lo hagas siempre que los elimines. He ayunado durante 20 días intentando eliminar los pecados, pero siguen en mi corazón. ¿Vas a redimirlos solo si ayuno durante 40 días?”. 
Muchas personas han muerto mientras ayunaban durante 40 días. Pero, ¿pueden eliminar los pecados del corazón orando y ayunando? No, es imposible. Nadie puede eliminar los pecados a través de estas ofrendas de ayuno y oración; la conciencia de una persona no lo permite. Los pecados que están nuestros corazones no pueden ser eliminados simplemente con suplicar o pedirle a Dios que los elimine, sino al creer en el Evangelio de la Palabra del agua y el Espíritu. 
Todos los pecados son redimidos solo al creer en la Palabra de Dios del agua y el Espíritu es absolutamente imposible eliminar los pecados del corazón al ofrecer oraciones de penitencia o ayunar. Nadie puede hacerlo. Está absolutamente fuera del alcance de cualquier persona. El sistema de sacrificios del Antiguo Testamento y sus sacrificios diarios fueron revelados por Dios solo hasta que fueron reformados por Jesús en el Nuevo Testamento. Por eso nuestro Señor dijo en Su Palabra escrita: «Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención» (Hebreos 9, 11-12). 
Para redimir nuestros pecados, Jesús aceptó todos los pecados del mundo sobre Su cuerpo puro y cargó con todos ellos al ser bautizado en el río Jordán y al aceptar toda la responsabilidad de todos y cada uno de los pecados, murió en la Cruz por nosotros; y así nos ha salvado a través de Su propia sangre, no la sangre de chivos, toros o corderos. Entonces, como Jesús cargó con todos los pecados del mundo en el Río Jordán a través de Su bautismo, ¿hay algo en nuestra conciencia que nos impida ir ante la presencia de Dios al confiar en Jesús? No, no hay nada que nos impida acercarnos a Dios, siempre y cuando creamos en Él de verdad. El bautismo de Jesús era un paso necesario para cargar con los pecados del mundo y Su sangre fue derramada como consecuencia. 
¿Cuándo tomó Jesús todos nuestros pecados? Cargó con todos los pecados cuando fue bautizado como el primer acto de Su vida pública. Lo primero que hizo Jesús cuando empezó Su ministerio público en este mundo fue ser bautizado. Como todos saben, Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, pero Juan se negó al principio. Está escrito en Mateo 3, 13-15: «Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó». Aquí Jesús explicó la razón por la que fue bautizado por Juan el Bautista: «Pues conviene así que cumplamos toda justicia». En otras palabras, era necesario que Juan el Bautista bautizase a Jesús y que Jesús fuese bautizado para realizar la obra justa de pasar los pecados del mundo a Jesús. Dicho de otra manera, Jesús estaba diciendo que era necesario para Él borrar todos los pecados al ser bautizado. Esto es lo que el pasaje significa aquí: era necesario que Jesús fuese bautizado y borrase todos los pecados con justicia. 
Mis queridos hermanos, nuestro Señor vino a este mundo para redimir todos los pecados bajo la Ley de la primera alianza. En otras palabras vino a borrar todos los pecados que violaban la Ley. Y al volver a este mundo nuestro Señor fue bautizado por Juan el Bautista y murió en la Cruz en lugar de Sus creyentes para cumplir la promesa de la salvación eterna y las bendiciones celestiales para todos los que son llamados por Jesús. Y se levantó de entre los muertos al tercer día, ascendió a los Cielos y ahora está sentado a la derecha del trono del Reino de Dios Padre. 
Está escrito: «Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive» (Hebreos 9, 16-17). Todo último testamento es efectivo solo cuando la persona que lo otorgó está muerta. Aunque un padre haya preparado un testamento, no es efectivo para ninguno de sus hijos mientras esté vivo. Pero cuando el padre está muerto, su último testamento es efectivo para los hijos que están vivos. De la misma manera, Jesús nos había prometido que vendría a este mundo y nos salvaría a través de Su cuerpo, diciendo: “Vendré a salvaros. Yo borraré todos vuestros pecados con Mi bautismo, Mi muerte en la Cruz y Mi resurrección. Os salvaré perfectamente de todos los pecados del mundo. Os haré Mi pueblo. A través del agua y el Espíritu os libraré de las artimañas del Diablo, de la muerte y de las maldiciones del pecado”. 
Entonces, ¿cómo cumplió el Señor esta promesa? Para cumplir esta promesa, nuestro Señor fue concebido por el Espíritu Santo en el vientre de la virgen María y nació encarnado en un hombre. El que Jesús naciese en este mundo encarnado significa que el espíritu de Dios se convirtió en hombre. Jesús vivió una vida privada durante 29 años. Y lo primero que hizo en Su vida pública fue salvarnos de los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. 
¿Por qué fue bautizado Jesús? Para cargar con todos nuestros pecados y los pecados del mundo. ¿Por qué tuvo que morir Jesús en la Cruz? Porque había cargado con los pecados a través de Su bautismo, tuvo que derramar Su sangre en la Cruz para pagar la condena de nuestros pecados. Al hacer estas cosas, como Jesús se levantó de entre los muertos de nuevo al tercer día y ascendió a la mano derecha del trono de Dios Padre, nos ha salvado a los que creemos en Él. 
¿Qué significa la ascensión al Cielo? Significa que al haber cumplido toda Su obra de salvación como había prometido y al haber ascendido al Cielo, nuestro Señor ha completado la nueva alianza que hizo por nosotros: Nos ha salvado de todos los pecados a través de Su agua, sangre y resurrección. En otras palabras, el último testamento del Señor de la salvación de los pecados del mundo es ahora efectivo para todos los que creen en el Señor. La salvación de todos los pecados nos ha llegado a los que creemos en Jesús. 
Está escrito en Hebreos 9, 22-28: «Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan».
Mediante los sacrificios diarios ofrecidos por el hombre no podíamos ser perfeccionados, y por tanto, Jesús vino a este mundo y salvó a todas las criaturas de los pecados personalmente a través de Su bautismo y sangre. Bajo la Ley del Antiguo Testamento, los animales de los sacrificios tenían que morir una y otra vez. Cuando un Sumo Sacerdote moría, otro Sumo Sacerdote tenía que ser nombrado. Pero ahora, como el Señor vino a cumplir Su nueva promesa para salvarnos personalmente, nos ha librado de todos los pecados del mundo a través de Su bautismo y sangre, redimiendo así todos los pecados para siempre de una vez. Para dejarnos sin pecados para siempre, el Señor fue bautizado en Su cuerpo por Juan el Bautista y para librarnos de la condena del pecado, entregó Su cuerpo en la Cruz y fue condenado por todos nuestros pecados. Por eso Hebreos 9, 28 dice que cuando Jesús aparezca al final de los tiempos: «así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan». 
Está escrito: «Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio». Como nacimos con pecados como descendientes de Adán, debemos morir, ser arrojados al infierno y destruidos. Sin embargo, como nuestro Señor vino a este mundo, cargó con todos los pecados del mundo cometidos por nosotros durante toda nuestra vida, tanto en nuestros corazones, acciones o pensamientos, fue condenado por todos y cada uno de esos pecados, y los he eliminado todos. Al hacer esto, ha asegurado que todos los que creemos en esta Verdad no seremos juzgados y con Su Palabra de Verdad nos ha permitido vivir para siempre en el Reino de los Cielos. Por eso nuestro Señor vino a este mundo, fue bautizado en el río Jordán, derramó Su sangre en la Cruz y se ha levantado de entre los muertos, todo para salvarnos a todos. 
 
 
El Evangelio Primitivo del bautismo de Jesús
 
La Biblia dice en Mateo 3, 13-17: «Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia». Aquí Jesús dice que cumpliría toda la justicia de Dios al ser bautizado por Juan el Bautista. 
¿Qué significa esto exactamente? La justicia de Dios se refiere a Su justicia y amor, es decir, a Su salvación justa. Jesús quería ser bautizado para aceptar todos los pecados de la humanidad, y por eso le dijo a Juan el Bautista: «Permíteme hacer ahora pues conviene así que cumplamos toda justicia». ¿Qué significa la palabra bautismo? Es baptisma en griego, y significa enterrar, sumergir, pasar o transferir. Recuerden que en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel ponía las manos sobre los animales para sacrificarlos. ¿Qué significa la imposición de manos entonces? Levítico 1, 3 explica que la imposición de manos tiene el mismo significado que el bautismo, es decir, también significa pasar, transferir y enterrar. 
¿Qué había que hacer en el Tabernáculo del Antiguo Testamento para que los israelitas redimiesen sus pecados? Por muchos sacerdotes que hubiese y gente reunida, cualquier ofrenda hecha sin un animal era completamente inválida. Por tanto, Jesús es la figura más importante para toda la raza humana y los pecadores de este mundo. Jesús es el Creador y nuestro Salvador, y este Dios vino al mundo encarnado en un hombre, aceptó todos los pecados al ser bautizado, se sacrificó a Sí mismo en la Cruz y así se convirtió en el Sumo Sacerdote para cada pecador. 
En el Antiguo Testamento, cuando se ofrecía el sacrificio del Día de la Expiación el Sumo Sacerdote ponía las manos sobre la cabeza de un chivo y confesaba todos los pecados del pueblo de Israel en su nombre, diciendo: “Señor, el pueblo de Israel ha adorado a ídolos, ha tomado Su nombre en vano, ha cometido asesinatos y adulterio, no ha santificado el sábado y ha incumplido todos los estatutos de la Ley. Ahora le paso estos pecados anuales a este chivo expiatorio” (Levítico 16, 21). El Sumo Sacerdote le cortaba el cuello al chivo y le sacaba la sangre, la llevaba al Lugar Santísimo y la rociaba allí, y ofrecía el sacrificio en presencia de Dios. Entonces tomaba la otra cabra, ponía las manos sobre su cabeza y confesaba los pecados de todos los israelitas mientras miraban. Pero esta vez, en vez de cortarle el cuello al chivo y sacarle la sangre, el Sumo Sacerdote se la entregaba a un hombre y este la llevaba al desierto y la abandonaba allí. Así es como el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento era salvado de sus pecados anuales. Sin embargo, para la gente del Nuevo Testamento, creer en Jesús como su Cordero del sacrificio, en Su bautismo y sangre, es la salvación de todos sus pecados. 
 
 
El significado de la redención
 
Redimir los pecados significa pasarlos al Cordero del sacrificio. Como todos los pecados del mundo fueron pasados al cuerpo de Jesús a través de Su bautismo quien cree en esta Verdad del bautismo y sangre de Jesús está sin pecados. En el Antiguo Testamento, la muerte del chivo expiatorio era la muerte del pueblo de Israel, y el sufrimiento del chivo era su sufrimiento. Los pecados de los israelitas eran redimidos a los ojos de Dios porque uno de los dos chivos era ofrecido a Dios. Pero la Biblia dice que todos los pecados están escritos en dos sitios. Uno es el Libro del Juicio y el otro es la tabla del corazón humano. Los pecados de los israelitas escritos en el Libro del Juicio ante Dios fueron eliminados cuando el Sumo Sacerdote ponía las manos sobre la cabeza de un chivo expiatorio, y su sangre se ponía sobre los cuernos del altar de los holocaustos. Sin embargo, los pecados escritos en la tabla de los corazones permanecían, y esto se resolvía con un chivo expiatorio. La palabra chivo expiatorio significa liberar. De la misma manera, Dios Padre liberó a Su Hijo Jesús en el mundo para que eliminase nuestros pecados. 
En el Antiguo Testamento, cuando el pueblo de Israel expiaba sus pecados anuales el Día de la Expiación, uno de los dos chivos, el chivo expiatorio, aceptaba todos los pecados del mundo y era llevado al desierto de la mano de un hombre adecuado. El pueblo de Israel miraba cómo el chivo expiatorio era llevado al desierto de Palestina mientras cargaba con todos los pecados, hasta que ya no podía ver al chivo. Al aceptar los pecados de los israelitas mediante el la imposición de manos del Sumo Sacerdote, el chivo moría en un lugar alejado. Era abandonado lejos para vagar por el desierto y morir solo. Esto es lo que completaba la ley de Dios que declaraba que el precio del pecado era la muerte. 
En el Antiguo Testamento nuestro Señor resolvió el problema del pecado de esta manera. Al ser bautizado y morir, ha eliminado nuestras transgresiones, tan lejos como el Este está del Oeste (Salmos 103, 12). El Antiguo Testamento es la promesa de Dios, el Nuevo Testamento es el cumplimiento de una nueva promesa, y nuestro Señor cumplió esta promesa al ser bautizado cuando vino a este mundo. Como Jesús fue bautizado, todos los pecados de la humanidad fueron pasados al cuerpo de Jesús. Como dijo Jesús: “Pues conviene así que cumplamos toda justicia” (Mateo 3, 15), ha cumplido toda la justicia de Dios al ser bautizado por Juan el Bautista. A través de Su bautismo, al aceptar todos los pecados de la humanidad Jesús ha salvado de todos los pecados a todo el mundo que crea en esta Verdad. Este es el sacrificio de la redención que Jesús ha hecho por nosotros. 
Juan el Bautista bautizó a Jesús en el Nuevo Testamento. ¿Quién era este hombre que bautizó a Jesús? Era un descendiente de Aarón, el Sumo Sacerdote. Para completar y cumplir la profecía del Antiguo Testamento, Jesús había enviado al descendiente de Aarón como el Sumo Sacerdote terrenal; cuando Jesús, el Sumo Sacerdote del Cielo vino a este mundo a través de la virgen María, el Sumo Sacerdote terrenal y el Sumo Sacerdote celestial se encontraron; y al trabajar juntos todos los pecados del mundo fueron eliminados completamente. La única tarea del Sumo Sacerdote terrenal era pasar los pecados de la gente al Cordero del sacrificio. No tenía otra tarea que pasar los pecados. 
Por el contrario, Jesús se convirtió en nuestro Redentor, y al ofrecer Su cuerpo a Dios Padre y cargar con todos los pecados de la humanidad y del mundo, resolvió el problema del pecado. Por eso Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. Y cuando Jesús le dijo a Juan el Bautista: “Permíteme hacer ahora pues conviene así cumplir toda justicia”, Juan bautizó a Jesús y le pasó todos los pecados del mundo sobre Su cabeza. Después de ser bautizado para aceptar todos los pecados del mundo, Jesús vivió tres años más en la tierra, hasta que fue crucificado hasta morir. 
¿Por qué creen que Jesús fue bautizado? En la Biblia china la palabra “bautismo” se traduce como lavar. Es decir que Jesús aceptó los pecados del mundo y por eso nuestros pecados fueron salvados. Mis queridos hermanos, cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, todos nuestros pecados fueron pasados a Jesús, y por tanto todos los pecados del mundo fueron eliminados de nuestros corazones. Jesús fue bautizado por inmersión y esta inmersión significa Su muerte. Dicho de otra manera, Jesús murió y fue enterrado precisamente porque había aceptado todos nuestros pecados, los pecados del mundo. Como Jesús había aceptado todos nuestros pecados a través de Su bautismo, tuvo que ser ejecutado. ¿Por qué murió Jesús en la Cruz en nuestro lugar? Fue crucificado hasta morir para borrar los pecados del mundo porque había cargado con ellos al ser bautizado en el río Jordán. 
El objetivo por el que Jesús nació como un Hombre y fue bautizado a los 30 años fue cargar con los pecados del mundo a través de Su bautismo y completar Su obra de salvación en la Cruz. Y cuando Jesús fue bautizado, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos al tercer día, dio testimonio de Sí mismo durante 40 años, ascendió al Cielo y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios Padre, nos salvó a todos los que creemos en esta verdadera salvación. Incluso ahora el Señor está vivo y está sentado a la derecha del trono de Dios y este Señor se ha convertido en nuestro propio Salvador. Este es el Jesús real en el que cree todo cristiano ortodoxo. En otras palabras, creemos en el Jesús que ha resuelto todos los problemas del pecado con Su bautismo y sangre. De todos los seres humanos, Juan el Bautista fue designado por Dios para ser su representante y pasó los pecados del mundo a Jesús al bautizarle. 
En el Antiguo Testamento, cuando pasamos a Josué 3, 14-17, vemos que los sacerdotes cargaban con el Arca del Testimonio y pasaban por el río Jordán cuando el río estaba rebosando durante el tiempo de la cosecha. En cuanto los sacerdotes entraron en el río, el agua dejó de fluir corriente arriba y el banco se convirtió en tierra seca. Esto implica que el problema del pecado del hombre fue resuelto perfectamente en el río Jordán. En este río Jordán, a través del bautismo que Jesús, Su Hijo, recibió, Dios acabó con los pecados que Satanás había provocado en el hombre para atormentarle y traerle la muerte y las maldiciones. La condena de los pecados del mundo ha acabado. Jesús ha cumplido toda la justicia a través de Su bautismo. 
Jesús cargó con todos los pecados. Cuando había sido bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán y salió del agua, Dios Padre dijo: “Este es Mi Hijo amado, en quien tengo Mi complacencia”. El agua le llegaba hasta la cintura cuando Jesús fue bautizado. ¿Qué significa este bautismo por agua? Es la imposición de manos del Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento es la sombra del Nuevo Testamento. Jesús es la sustancia real. Y cuando Jesús fue bautizado, aceptó todos los pecados de toda la raza humana, y por este motivo entró en el agua. El bautismo aquí nos dice que Jesús cargó con todos nuestros pecados y cuando Jesús aceptó nuestros pecados a través de Su bautismo, el entrar en el agua implica Su muerte. De esta manera, el que Jesús fuese bautizado por Juan el Bautista significa que aceptó todos nuestros pecados. El bautismo significa transferir pasar, enterrar y sumergir. Este bautismo que Jesús recibió es lo que cumplió toda la justicia de Dios. 
¿Saben lo que significa “toda justicia”? La frase “toda justicia” es “πάσαν δικαιοσύνην” (pasan dik-ah-yos-oo’-nayn) en griego, lo que denota justicia. Esto significa que Jesús nos ha salvado justamente al aceptar todos los pecados del mundo a través de Su bautismo. La palabra así es “οϋτως” (hoo’-tos) en griego, y significa de esta manera, de ninguna otra manera y de la manera más adecuada. En otras palabras, mediante este método Jesús cargó con todos nuestros pecados personalmente al ser bautizado y eliminó todos los pecados de la humanidad de manera justa, no solo con palabras; esto significa que el Señor nos ha hecho a Sus creyentes completamente sin pecados. Como el río Jordán es el río de la muerte y el precio del pecado es la muerte Jesús pudo morir en la Cruz por todos los pecados del mundo porque había aceptado todos los pecados de la humanidad al ser bautizado en el río de la muerte. Esto se debe a que el río Jordán es el río de la muerte y por eso Jesús fue bautizado en este río y murió en la Cruz. Y al levantarse de entre los muertos de nuevo nos ha salvado a todos Sus creyentes. 
Jesús fue bautizado para salvarnos justamente. Deben entender esto cuando creen en Jesús. Hay muchos cristianos en Corea y en todo el mundo que creen en Jesús de la manera equivocada. Muchos de ellos dicen que su propia denominación es la mejor y que su pastor es el mejor, pero muchos de ellos creen en Jesús sin entender Su bautismo. Pero, ¿cómo es un pastor el mejor? Jesús es el mejor y Su Palabra de Verdad es la mejor. ¿Puede alguien ser salvado sin la Palabra de Verdad de Jesús? No, por supuesto que no. Un pastor no está cualificado para ser un verdadero pastor solo porque se haya graduado de un seminario. Incluso los pastores deben recibir la remisión de los pecados al creer en el bautismo de Jesús y Su sangre; ningún pastor es espiritual por su cuenta, ya que todo ser humano es imperfecto ante Dios. 
Cuando Jesús salió del agua después de aceptar todos nuestros pecados a través de Su bautismo, los cielos se abrieron y Dios Padre dijo: “Este es Mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia”. El que Jesús entrase en el agua implica Su muerte en la Cruz. El que fuese bautizado significa que aceptó todos nuestros pecados. De esta manera, el Señor ha eliminado todos nuestros pecados. La Biblia dice: «Y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan» (Hebreos 9 28). 
La segunda aparición del Señor aquí se refiere a la Segunda Venida del Señor como el Juez. Se llama la Segunda Venida porque es el regreso del Señor. Cuando el Señor vino por primera vez, vino a salvar a los pecadores, pero cuando venga por segunda vez, vendrá a llamar a los justos y a juzgar a los pecadores. Así que la Biblia dice que el Señor vendrá por segunda vez para los que le esperen ansiosos sin pecado. 
Para librar a la raza humana del pecado, Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. Fue bautizado por Juan en el río Jordán para que todos los pecadores se convirtiesen en personas justas al creer en Jesús como su Salvador Dios. El bautismo que Jesús recibió en el río Jordán y la sangre que derramó en la Cruz constituyen el cambio de sacrificio de salvación escrito en el Nuevo Testamento. ¡Aleluya! Le doy gracias infinitas al Señor por salvarnos a través de este sacrificio cambiado.