The New Life Mission

Sermones

Tema 13: Evangelio de Mateo

[Capítulo 1-3] (Mateo 1:18-25) Jesús fue concebido por el Espíritu Santo

( Mateo 1:18-25 )
«El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS».
 

El capítulo 1 del evangelio según Marcos describe el nacimiento de Jesús detalladamente. Según la razón humana, es imposible que una virgen que no ha estado nunca con un hombre pueda tener un niño. Un embarazo sólo es posible cuando se ha tenido lugar una relación sexual entre un hombre y una mujer. Por tanto, a lo largo de toda la historia, este tipo de nacimiento extraordinario sólo se ha visto en el mito. Sin embargo, éste fue posible gracias a Dios.
Podremos entender esto si examinamos minuciosamente la razón por la que Jesús nació. La razón por la que Jesucristo, que es Dios en Su esencia, nació de la Virgen María en forma humana, fue la salvación de Su pueblo de todos sus pecados. En otras palabras, para salvar a los pecadores de sus pecados, Él mismo tuvo que venir como el Salvador. Para salvar a los pecadores, era necesario Uno que estuviera sin pecado para la propiciación por nuestros pecados (1 Juan 2:2), y ese era Jesucristo, que era Dios mismo.
Para una virgen que está prometida en matrimonio, el tener un hijo fuera del matrimonio es un acto criticable por la sociedad como un acto ilícito. Este pecado merecía la pena de muerte ente los judíos por aquel entonces. La Ley de Israel ordenaba que quien cometiera adulterio debía ser lapidado. Según el pasaje de las escrituras de hoy, María y José estaban prometidos en matrimonio; ambos temían a Dios. Así, debido al maravilloso acontecimiento que tuvo lugar, aprendieron a seguir los planes de Dios con fe temiendo a Dios.
Las Escrituras recogen en concreto este hecho histórico en Isaías 7:14: «He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel». Y también en Isaías 9:6 dice: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz».
Así mismo en Miqueas está escrito: «Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad». Este pasaje profetiza el nacimiento de Jesús clara y concretamente.
Los Libros de Miqueas e Isaías son profecías escritas por los profetas Miqueas e Isaías, ya que la Palabra de Dios estaba en ellos, inspirados por el Espíritu Santo. Sabían, a través de la profecía de Dios, acerca del nacimiento de Jesús, quien nacería unos 700 años después, y lo dejaron por escrito.
A parte de estos pasajes, existen muchas otras partes de la Biblia que profetizan el nacimiento de Jesús directa o indirectamente. Esto es asombroso. El nacimiento de Jesús era un misterio impensable, a no ser que estuviera diseñado y hecho por Dios mismo. Esto demuestra que Dios Padre planificó el nacimiento de Jesús desde la eternidad, desde el principio, antes de que existiera la Tierra (Proverbios 8:23).
La Biblia está compuesta de 39 Libros del Antiguo Testamento y 27 Libros del Nuevo Testamento, haciendo en total 66 Libros. El Antiguo Testamento se compone de los Libros de la Ley y los Libros de las profecías; mientras que el Nuevo Testamento alberga los Evangelios, las Epístolas y el Apocalipsis. El Antiguo Testamento se encuentra en gran parte escrito en hebreo y arameo, y el Nuevo Testamento en griego. La fuerza del hebreo reside en su significado preciso y la del griego en su extenso vocabulario.
Se dejó constancia de la Biblia durante 1600 años, en varios siglos, por más de cuarenta personas en diferentes lugares. Como consecuencia existe una falta de credibilidad en su unificación por lo general. Sin embargo ésta no fue escrita por la inteligencia de ningún hombre, sino que fue escrita mediante la inspiración del Espíritu Santo. Por tanto, todas las profecías del nacimiento de Jesús coinciden con los acontecimientos y los hechos históricos.
2 Timoteo 3:15-17 dice: «Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra». Este pasaje demuestra claramente que la Biblia es auténtica y que su autor es Dios mismo. Y debemos saber que, no sólo en Isaías, sino en los 66 Libros del Antiguo y Nuevo Testamento de la Biblia, existen profecías y pruebas del nacimiento y la obra de Jesucristo.
Lucas 24:27 dice: «Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían» y el versículo 44 dice: «Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos». Estos pasajes esclarecen que Jesucristo es el maestro de quien se habla en la Biblia.
Entonces, ¿por qué nació Jesús, quien fue profetizado y testificado a través de los siglos, del cuerpo de la Virgen María como un ser humano? En el nombre “Jesús”, la intención y el significado de Su nacimiento quedan claramente reflejados. Del mismo modo en que damos significado a los nombres cuando nombramos las cosas, Jesús significa “el que salvará a su pueblo de sus pecados”. El hecho de que recibiera el nombre de Jesús de entre todos los nombres es una señal que muestra la propósito de Su nacimiento.
El Creador Todopoderoso vino a este mundo en un humilde forma humana. Esto demuestra la asombrosa gracia que Él tiene para nosotros. La razón por la que Jesús vino como un ser humano es que Él nos quiere muchísimo.
Juan 3:16 dice: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Lo que este pasaje nos quiere decir es que cualquiera que crea en Dios puede entrar en el Cielo.
No habría nadie en este mundo que sacrificase a su hijo por un criminal. Esto es así en los seres humanos, de ahí que el hecho de que el Creador naciera en un cuerpo humano para los humanos, que son como insectos, nos dice cuánto ama el Dios de la Trinidad este mundo. Por tanto, si alguien rechaza su amor incondicional, se merece ser condenado por tal terquedad.
Juan 8:24 dice: «Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis».
Aquí, ¿qué significa el pasaje “si no creyereis que yo soy Él?”. Esto quiere decir “si no crees que Dios mandó a su único Hijo y que ese único Hijo es Jesucristo”. La razón por la que Jesús vino a este mundo fue salvar a los pecadores de todos sus pecados tal y como está escrito en el capítulo primero del evangelio de Mateo.
La obra del Antiguo y Nuevo Testamento es obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es real y está vivo. Del mismo modo que es verdad que Jesús vino a este mundo para tomar todos los pecados del mundo, que fue crucificado en la Cruz y que resucitó al tercer día, el Espíritu Santo es otra Persona, y el verdadero Espíritu del Dios Santo como Jesús. El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo es también Dios mismo.
Como he mencionado antes, la obra de la Biblia es obra del Espíritu Santo. En Génesis 1:2 está escrito: «Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». El Espíritu de Dios en este pasaje es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo existe realmente tal y como Dios Padre y Jesús existen realmente. El Espíritu Santo ha sido mencionado en el pasaje de las Escrituras que hemos leído hoy: «Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo». Este pasaje nos dice que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo en la Virgen María. 
Así pues, en realidad, Dios Padre, Dios Hijo y el Espíritu Santo son el mismo Dios para nosotros. Para que Jesús viniera al mundo como nuestro Salvador, hubo colaboración entre Dios Padre y el Espíritu Santo que hizo posible que Jesús fuera nuestro Salvador. Sin embargo, algunas personas encuentran esta parte difícil de creer y piden pruebas que expliquen esto, diciendo que es absurdo. Entonces puedo explicarle a esta gente la obra de la Trinidad detalladamente basándome en las Escrituras de la obra de Dios Padre, Jesús el Hijo y el Espíritu Santo. Exactamente igual que usted existe, Jesús, el Espíritu Santo y Dios Padre realmente existen. De la misma manera que todos somos humanos, pero cada individuo es diferente y único con respecto a los demás, la función de cada uno en la Trinidad es diferente, pero son un único Dios. Les digo que el Espíritu Santo es el Espíritu divino.
Espíritu divino, el Espíritu Santo es una Persona que tiene su propia personalidad independiente. Fue obra del Dios de la Trinidad que el Salvador de la humanidad, Jesús, vino a este mundo a través de María. Así sabemos que en la obra de la salvación, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajaron juntos. Por esto Jesús mandó a sus discípulos: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19) en el momento antes de ascender a los Cielos. La obra de Dios que creó el universo y todas las obras de Dios no las hace Dios Padre solo, o Su Hijo Jesucristo, sino que las hacen Dios Padre, Jesús el Hijo, y el Espíritu Santo juntos al tomar decisiones sobre todas las obras y llevarlas a cabo.
Fuimos salvados de nuestros pecados por creer en lo que el Salvador ha hecho por nosotros. Del mismo modo que Jesús es un ente real, el Espíritu Santo es un ente real como otra personalidad del Dios maravilloso. Así como Jesús es un Ser real, el Espíritu Santo es un Ser real como otra Persona del Dios maravilloso como Jesús lo es. Por lo tanto, todas las obras del universo son obra del Dios de la Trinidad. De hecho, el Espíritu Santo, no sólo reside en los corazones de aquellos que creen en el Evangelio del agua y del Espíritu, sino que también nos habla y nos enseña la verdad, y nos guía en el camino de la vida.
Echémosle un vistazo a Juan, capítulo 14. Juan 14:25-26 dice: «Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho».
Esta es la razón por la que la Biblia llama al Espíritu Santo el Abogado. El Espíritu Santo que el Padre enviará “os lo enseñará todo y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho”. El Abogado Espíritu Santo nos enseña la verdad. Él nos enseña la verdad sobre todas las cosas, tales como lo que complace a Dios Padre y cuál es Su voluntad. También es el Espíritu Santo quien nos recuerda lo que el Señor nos enseñó. Por eso la Biblia nos dice: «Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros» (1 Juan 2:27). Esto significa que el Espíritu Santo nos enseña cosas sobre Dios y reside en nuestros corazones. Por eso el Espíritu Santo es el Abogado.
Las Escrituras describen a Jesucristo en detalle así como las obras del Espíritu Santo. Todos los Libros del Nuevo Testamento, como por ejemplo los cuatro Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas de Pablo, Santiago, Pedro y Juan, e incluso el Apocalipsis son enseñanzas de Jesús. En la época de los cuatro Evangelios, el Señor mismo nos enseñó. Cuando la época de los cuatro Evangelios terminó, Jesús ascendió al Cielo. Él prometió que mandaría el Espíritu Santo el día de Pentecostés, y desde entonces ha sido la era del Espíritu Santo.
Estamos en la época del Espíritu Santo. Esta época en la que usted yo vivimos es la época en la que el Espíritu Santo obra. Esta época en la que usted y yo vivimos es la época del Espíritu Santo, y el Espíritu Santo reside en nosotros, y nos hace difundir el evangelio. Y Él nos ayuda a entender la Verdad, reprocha nuestros pecados, nos guía a seguir la voluntad de Dios, y nos proporciona aquello que nos falta. También nos ayuda a darnos cuenta de lo que está mal, y nos recuerda la Palabra de Dios.
El Evangelio del agua y el Espíritu es el evangelio del Espíritu Santo. Esto quiere decir que el Espíritu Santo obra con el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Por qué hace el trabajo el Espíritu Santo? Porque esta es la época del Espíritu Santo. Jesucristo nació en este mundo, tomó nuestros pecados sobre sí mismo mediante su bautismo, fue juzgado, ascendió al Cielo, y volverá algún día. Hasta que Jesús vuelva, el Espíritu Santo obra junto con la Palabra escrita.
El Espíritu Santo es el Dios que obra a través de la Palabra de Dios. Cuando María aceptó el mensaje de Dios, el Espíritu Santo obró para tener al niño Jesús. El Espíritu Santo aportó la habilidad que hizo posible que el niño Jesús naciera porque María, que escuchó las palabras de Dios, aceptó su mensaje diciendo: “¡He aquí la esclava del Señor! Hágase en mí según tu palabra”. Así, el Espíritu Santo obra a través de lo que fue profetizado.
Mateo 1:22-23 dice: «Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros». Debemos saber que el Espíritu Santo obra por aquellos que creen el la Palabra escrita de Dios.
En Lucas, la Biblia nos dice que el ángel Gabriel, que se apareció a Isabel, también se le apareció a María y le dijo: «¡Bendita tú eres entre todas las mujeres! ¡Darás a luz a un hijo que será grande!». Con “un hijo que será grande se refería al Salvador”. Entonces María tuvo miedo y le preguntó: «¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón?». Gabriel le dijo: «Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril» Entonces María aceptó las palabras de Dios que el ángel le había dicho y ella dijo: «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia». Y el ángel se marchó, y entonces Jesús nació de ella. Este es un buen ejemplo de cómo obra el Espíritu Santo.
En esta era, el Espíritu Santo sigue en el mundo obrando en nuestros corazones. ¿Cómo obra el Espíritu Santo? Si creemos en la Palabra escrita de Dios, el Espíritu Santo obra a través de la Palabra de Dios. Cuando difundimos el Evangelio a aquellos que todavía no han aceptado a Jesús, es el Espíritu Santo quien obra en ellos. Cuando usted y yo difundimos el Evangelio y la Palabra de Dios, el Espíritu Santo que está en nosotros obra en aquellos que todavía no han nacido de nuevo. Cuando el Evangelio ha sido difundido, el Espíritu Santo obra en ellos, ayudándoles a entender el Evangelio. Cuando la gente lo escucha y piensa en el Evangelio, el Espíritu Santo les enseña el significado de la Palabra de Dios, y obra en ellos para ayudarles a entender el Evangelio. Consecuentemente, la gente recibe la remisión de los pecados. Ya que Dios nos da el conocimiento mediante Su Palabra, el Espíritu Santo obra a través de lo que está escrito en las Escrituras.
Nuestra Salvación fue ideada por Dios en Jesucristo antes de la Creación, y Jesucristo, el Hijo vino a este mundo y llevó a cabo nuestra salvación a través del agua de Su bautismo y Su sangre. Y el Espíritu Santo aseguró la redención que hemos recibido y que fue ideada por Dios Padre y ejecutada por el Hijo. El Espíritu Santo, como el Abogado, nos ayuda a tener una gran fe, diciendo: “Estás creyendo correctamente, cree así, es lo correcto”.
Así, el Espíritu Santo es el Abogado y el Maestro de cada uno de nosotros. Por eso, la época del Espíritu Santo es la época del Nuevo Testamento, y la época del Nuevo Testamento es la época del Espíritu Santo. Por tanto, debemos saber que estamos viviendo la época del Espíritu Santo.
Es cierto que María concibió un hijo por obra del Espíritu Santo al aceptar la Palabra de Dios que Él le dio, y por obra del Espíritu Santo, el niño Jesús nació en este mundo. Damos gracias a nuestro Dios que nos dio la salvación. La obra del Espíritu Santo nos permite ser salvados.
El haber sido concebido por el Espíritu quiere decir que la salvación viene de Dios. No viene de un gran fundador de una religión, sino que es obra de Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo para hacernos Sus hijos. Así es como fuimos salvados de nuestros pecados y recibimos la remisión de los pecados. Así es como el hecho de que fuéramos salvados es obra del Espíritu Santo. Y así es como estamos agradecidos.
Por norma general, conocemos a Jesús bastante bien, pero no sabemos mucho del Espíritu Santo. Sin embargo, en realidad, es el Espíritu Santo quien reside en nosotros. Así como se dice que Jesús está en el Espíritu Santo y el Espíritu Santo en Jesucristo, el Hijo en el Padre y el Padre en el Hijo, fue Jesús quien limpió todos nuestros pecados antes de ascender al cielo, y ahora es el Espíritu Santo quien reside en nosotros por nuestra fe. Jesucristo, de verdad, vino a este mundo, perdonó todos nuestros pecados, los suyos y los míos, y ascendió, y ahora tenemos la fe que cree en Jesucristo y en la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo reside en nuestros corazones. Ustedes y yo estamos bajo el control del Espíritu Santo.
Por tanto, debemos conocer muy bien al Espíritu Santo. Si ustedes y yo no dejamos satisfecho al Espíritu Santo que reside en nosotros, disgustamos a Dios. Si complacemos al Espíritu Santo que vive en ustedes y en mí al seguir sus instrucciones, no sólo somos felices, sino que además Dios está contento. Por tanto, al mismo tiempo que nuestra fe que cree en Jesucristo en nuestros corazones debería permanecer inalterable, ustedes tienen también que ser conscientes de que el Espíritu Santo está con ustedes. Cuando somos conscientes del Espíritu Santo, entonces podemos tener una relación adecuada con Dios. Y sólo cuando somos conscientes del Espíritu Santo, Él obra en nosotros, e intercede ante Dios por nosotros, nos ayuda a entender la voluntad de Dios, y nos guía por los caminos de la Justicia. Pero si no satisficiéramos al Espíritu Santo, se pondrá de mal humor y nos diría: “Vale, haz lo que quieras, ocúpate de ello por tu cuenta”, entonces nos sentiríamos como si hubiéramos sido abandonados por Dios y estaríamos deprimidos y confusos, y nos sentiríamos separados de Dios por unas 9000 millas. Entonces, debemos conocer bien al Espíritu Santo que vive en nosotros. A través de la obra del Espíritu Santo en ustedes y en mí, Jesús nos ha salvado y el Espíritu Santo continúa obrando en nosotros para guiar nuestro camino.
¿Entienden esto? —Sí—. La razón por la que ustedes entienden esto es porque han recibido la remisión de sus pecados, y ahora el Espíritu Santo vive en ustedes. Aquellos que no han sido salvados y, por consiguiente, no tienen el Espíritu Santo en sus corazones, no pueden entender la Palabra de Dios y dicen que no tiene sentido. No hay nada más lógico que la Biblia, que fue escrita e inspirada por el Espíritu Santo. La introducción, el cuerpo y la conclusión están claros y son obvios en la Biblia. No obstante, aquellos que no han nacido de nuevo todavía no pueden ver la autenticidad de la Biblia en absoluto. Jesús los llama ciegos, diciendo: «Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?» (Lucas 6:39).
Una vez conocí a un pastor. Este pastor me dijo un día: “Si me puede explicar mediante la razón humana cómo pudo Jesús nacer del cuerpo de una virgen, entonces creeré en la Palabra de Dios tal y como es”. Este pastor tenía este tipo de fe como muchos otros teólogos. Me quedé consternado al oírle decir que creería en Jesús si le podía explicar cómo una virgen que no conoce varón pudo tener un hijo. Entonces le pregunté:
“¿Eres pastor?”.
“Sí, soy pastor, y además soy el director de una asociación de estudiantes cristianos en una universidad”.
“¿Director? ¿Cuál es la función de un director?”.
“La función es ayudar a los estudiantes a entender el Cristianismo para que tengan fe”.
“Como director, ¿no cree usted en el nacimiento de Jesús? ¿No cree que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo en la Virgen María, que nació en este mundo, y que nos salvó de nuestros pecados?”.
“No, lo creo”.
“Entonces, en primer lugar debería avergonzarse de sí mismo. En segundo lugar, no puede hacerse llamar pastor que guía a sus ovejas. Usted es simplemente un pastor profesional que ejerce para ganarse la vida”.
También dijo que una gallina puede poner huevos sin fertilizar, pero tener un hijo sin conocer varón es imposible.
Yo le dije: “Por eso digo que usted no puede ser un pastor auténtico, sino que hace este trabajo para ganarse la vida. ¿Cómo puede guiar a los estudiantes hacia Jesús si ni siquiera entiende ni tiene fe en esto? Debería dejar la organización cristiana de estudiantes que dirige. No los puede guiar hacia Jesús. Está arruinando sus almas”.
Es lamentable que alguien que se hace llamar pastor no entienda el nacimiento de Jesús por obra del Espíritu Santo. A decir verdad, si el Espíritu Santo no vive en ti, es imposible entender el nacimiento de Jesús tal y como está escrito en la Biblia. ¿Cómo entienden ustedes el nacimiento de Jesús? Existe una cosa llamada inseminación artificial hoy en día; sin embargo, ésta requiere esperma y un óvulo para la concepción. Entonces ¿cómo pudo ser posible que naciera con tan sólo uno de ellos? No obstante, el nacimiento de Jesús fue posible porque fue obra de Dios.
El acontecimiento del nacimiento del niño Jesús de la virgen María por obra del Espíritu Santo fue profetizado unos 700 años antes de que Jesús naciera. ¿Por qué se escribió el pasaje en Isaías: «He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel»? Cuando Dios nos quiere hacer saber Su asombroso plan para nosotros, normalmente lo revela a través de un acontecimiento especial que no es posible mediante la fuerza humana.
Hubo una vez en que Israel fue tomado por sus enemigos y todo el pueblo de Israel fue hecho prisionero. Era imposible recuperar este país de los enemigos. Sin embargo, Dios prometió que este país sería restaurado en 70 años. Nadie creyó, pero el milagro ocurrió en manos de Dios.
Igualmente el asombroso milagro profetizado por el profeta Isaías, “He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel”, ocurrió realmente. Es imposible desde la razón humana, pero Dios había prometido que obraría este milagro, y Él realmente lo hizo. ¿Cómo obra Dios para salvarnos a ustedes y a mí? Del mismo modo que mandó a sus profetas para profetizar, Él todavía manda a Sus siervos, los ángeles, para entregar Sus mensajes y salva a cualquiera que crea en los Mensajes. Por tanto, la salvación para ustedes y para mí es la obra del Espíritu Santo.
A través de las obras del Dios de la Trinidad—Dios Padre, Jesús el Hijo, y el Espíritu Santo— hemos sido salvados. Incluso ahora, Dios manda el Espíritu Santo a cualquiera que acepta Su Palabra y los hace hijos de Dios. Cuando fuimos salvados, ¿fuimos salvados o recibimos el Espíritu Santo porque alguien gritó: “Recibe el fuego” o “Recibe el Espíritu Santo”? No. El Espíritu Santo obra siempre a través de la Palabra escrita. Ya leamos la Palabra nosotros mismos o ya alguien nos la predique, si creemos en la Palabra, el Espíritu Santo obra en nosotros para ayudarnos a entender la Palabra y darnos seguridad. Así, el Espíritu Santo cumple la Palabra en nosotros tal cual está escrita. Por eso Dios da el Espíritu Santo como un regalo a aquellos que creen en la Palabra.
Ustedes y yo recibimos una asombrosa salvación por obra del Espíritu Santo. Aquí, que la Virgen María concibiera al niño Jesús por su fe en la Palabra, y que ustedes y yo seamos salvados por creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, es el mismo principio. Si crees en la Palabra de Dios, recibes la remisión de tus pecados y entonces te conviertes en un hijo de Dios. Cuando te conviertes en hijo de Dios, el Espíritu Santo vive en ti.
Jesucristo es el Hijo de Dios, que vino por obra del Espíritu Santo. Jesús, el Hijo de Dios estaba sin pecado. Él obra en nosotros del mismo modo en que está escrito el pasaje de hoy. Cuando María aceptó el mensaje de los ángeles, la Palabra se convirtió en carne y nació el niño Jesús. Así obra la Palabra. Así es como Jesús se convirtió en nuestro Salvador.
Al decir “obra del Espíritu Santo”, podemos pensar que el Espíritu Santo se apareció a María y le dijo: “Obraré a través de ti a partir de ahora”, e hizo una especie de magia. Eso no es lo que pasó. Así no fue como Dios obró. Cuando Dios manda Su Palabra, si la aceptamos Su Palabra, el Espíritu Santo obra en nosotros junto con la Palabra de Dios y como consecuencia, la Palabra se cumple en nosotros al haber creído. El mismo principio se puede aplicar al nacimiento de Jesús y ser nacido de nuevo. Así es como ocurrió cuando ustedes recibieron la remisión de sus pecados. Así ocurrió cuando yo nací de nuevo. Cuando aceptamos y creemos en la Palabra de Dios, nuestros pecados son perdonados realmente y el Espíritu Santo nos lo asegura.
Así es como Jesús y el Espíritu Santo obran. ¿No es asombroso? María aceptó la Palabra de Dios y el niño Jesús nació. ¿Qué ocurrió cuando ustedes y yo aceptamos la Palabra de Dios a través del bautismo de Jesús y la sangre derramada en la Cruz? ¿Nacieron sus almas de nuevo convirtiéndose en los justos o no? Sí, nacieron de nuevo. ¿Estaba el Espíritu Santo en Jesús o no? Sí, estaba en Jesús. El Espíritu Santo estuvo en Jesús desde Su nacimiento. ¿Está el Espíritu Santo en nosotros que hemos sido nacidos de nuevo del agua y el Espíritu? Sí, lo está. Es el mismo milagro. Es la misma Palabra.
¿Entiendes la Palabra de que Jesús nació por obra del Espíritu Santo? —Sí—. Es la misma obra. Es asombrosa. Por tanto, cuando recibimos la remisión de nuestros pecados al aceptar a Jesús, esto no es el final. El Espíritu Santo que vive en nosotros, nos enseña y nos guía como un Maestro. Así pues, es el Espíritu Santo quien reina sobre nosotros, enseñándonos y guiándonos.
Por tanto, no estamos solos. Dios, el Espíritu Santo está siempre con ustedes. Ustedes están con Dios. Del mismo modo, el Espíritu Santo también nos ayuda en nuestra flaqueza cuando tenemos problemas o estamos en apuros. Porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; mas el Espíritu Santo aboga por nosotros con gemidos inenarrables (Romanos 8:26). Cuando no sabemos qué hacer, es el Espíritu Santo quien nos enseña, “Eso no se debe hacer, esto sí”. Nos recuerda la Palabra de Dios y nos conforta. En nuestras penas, alivia nuestros corazones y nos conforta. Así estamos siempre con el Espíritu Santo.
Ustedes y yo recibimos la asombrosa salvación. La salvación que ustedes y yo hemos recibido es realmente asombrosa. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo crearon el universo para que ustedes y yo pudiéramos recibir esta salvación y convertirnos en hijos de Dios. Debemos saber esto.
¿Por qué creó Dios el mundo? Él creó el mundo para que gente como ustedes y yo, aquellos que han recibido la remisión del pecado, pudiéramos ser señores de este lugar. Por eso nuestra salvación fue planificada antes de la creación. Había estado planificado desde tiempos inmemorables que hoy, ustedes y yo, seríamos salvados de nuestros pecados. Según la Divina Providencia que Dios planificó antes de la Creación, no sólo hemos sido salvados de nuestros pecados, sino que nos hemos convertido en hijos de Dios en los que el Espíritu Santo vive. Por tanto, en realidad, vivimos como príncipes y princesas, como hijos de Dios, en Su Reino. Aunque no seamos príncipes y princesas en este mundo, somos hijos de Dios y príncipes y princesas en Su Reino. Somos gente muy importante, los verdaderos Vips. Somos gente importante que ha recibido la verdaderamente asombrosa salvación.
Por eso la Navidad es extraordinaria y tiene un gran significado. Cuando el niño Jesús nació tras haber sido concebido por el Espíritu Santo, al haber aceptado María la Palabra de Dios, y al nacer el niño Jesús a los 10 meses; la obra de nuestra salvación empezó. Por eso recordamos y celebramos la Navidad. Cantamos “Noche de paz, noche de amor; ha nacido el Señor” el día en que el Señor nació de la Virgen María, que aceptó la Palabra de Dios que Dios le envió. Conmemoramos el día de tan maravillosa obra.
Para ser precisos, el día en que nació Jesús no fue un día frío que heló la superficie de las aguas, sino un día cálido en que los pastores salieron con sus ovejas. Más que darle importancia a la fecha exacta, hemos designado un día en el que el mundo entero se reúne para conmemorar el día que abrió las puertas de la salvación, tras la concepción por obra del Espíritu Santo, y para recordar la salvación recibida en nuestros corazones. Lo que es importante no es el día en sí mismo, sino el hecho de que Jesús vino a este mundo, y que María aceptó la Palabra de Dios para que el niño Jesús naciera.
Meditamos sobre la asombrosa salvación una vez más al conmemorar este día. Debemos obligarnos a ser de nuevo aquellos que complacen al Espíritu Santo al recordar la salvación recibida por obra del Espíritu Santo y que Él vive en nosotros. Hermanos cristianos, somos gente realmente bendecida con asombrosas bendiciones. María se consideraba la bendita, pero ustedes y yo estamos igual de bendecidos. ¿Es esto cierto? —Sí—.
¿Es la Navidad un día para irse de juerga con nuestros amigos, amigas, pecadores y familiares? ¿O es una noche de paz, noche de amor que debemos pasar haciendo buenas obras mientras conmemoramos y recordamos que el Señor vino a salvarnos? Es un día para hacer obras buenas. Se lo digo por adelantado. Se lo digo por miedo a que haya alguien aquí que haya malinterpretado el significado de la Navidad y se arrepienta de no estar por ahí de fiesta. Digo esto por miedo a que pueda haber alguien que piense: “¿Por qué no estoy por ahí bebiendo como el resto del mundo, en vez estar aquí en silencio?”; y se sienta dominado por el complejo de inferioridad. La mejor manera de pasar la Navidad es hacerlo de manera tranquila, meditando sobre el significado es este día, o haciendo buenas obras. No podría haber unas navidades más memorables si proclamáramos el Evangelio en estas Navidades, y como consecuencia, alguien recibiera la remisión de los pecados. Tal y como el niño Jesús nació porque María aceptó la Palabra de Dios; si un pecador se convierte en una persona justa y nace de nuevo como un niño Jesús en este mundo al aceptar la Palabra cuando compartimos el Evangelio, ¿puede haber una Navidad más significativa que esa? Espero que ustedes tengan este tipo de Navidad justa, y si es posible, una Navidad significativa.
Les animo a mirar a su alrededor para ver si hay alguien en pena o dolor en estas navidades. La Navidad es un día de fiesta que todo el mundo celebra. No obstante, debemos recordar que puede ser un día triste para algunos para poder hacer esta Navidad, una Navidad que beneficie a otros.
La Navidad es un día feliz y grato. Por mi parte, espero que la publicación de nuestros libros sobre el evangelio sea rápida para poder repartirlos en Navidad. He oído que mi primer libro será enviado a América mañana, y espero que el libro pueda ser colocado en Amazon.com pronto, para que más gente los pueda leer el año que viene. Ya que hay libros que se están publicando en chino, espero que la publicación se haga pronto para ser distribuidos en Hong Kong y China el año que viene. Del mismo modo en que María concibió al niño Jesús al aceptar la Palabra de Dios, espero que los chinos acepten a Jesús y reciban la remisión del pecado también. ¿No esperan ustedes lo mismo? —Sí—. Espero que tengan una Navidad significativa y acogedora con otras personas justas si es posible de alguna manera.
Demos gracias a Dios por nuestra salvación y Su protección. Vemos muchos accidentes todos los períodos navideños, y damos gracias a Dios por protegernos de estos accidentes. Hay muchos accidentes de tráfico causados por conducir bajo los efectos del alcohol; así como crímenes cometidos por gente joven por dinero para cubrir el presupuesto para sus placeres. Deberíamos tener cuidado durante las vacaciones navideñas.
Espero que recen constantemente por Su protección, por la difusión del Evangelio, por Su Reino, por su seguridad, por la seguridad de Su Iglesia, y la seguridad de los siervos de Dios y hermanos cristianos, y por la salvación de las almas.